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domingo, 24 de agosto de 2014

24 de agosto de 1944: El Talismán Poblano se presenta en España

Las gestiones iniciadas en el verano de 1943 por Luis Briones y culminadas por Antonio Algara para reanudar el intercambio entre las torerías de España y México, aparte de permitir a afición y públicos el volver a ver o conocer a los que encabezaban los escalafones en ambos países, dio oportunidad a muchos toreros mexicanos de cruzar el Atlántico para intentar relanzar sus carreras.

Uno de esos casos es el de Felipe González El Talismán Poblano, quien al decir de Guillermo Salas Alonso en la temporada de novilladas de 1942 en el Toreo de la Condesa había toreado nueve festejos consecutivos y había salido en hombros en siete de ellos, logrando apuntalar una campaña novilleril que le llevó a recibir una alternativa en su natal Puebla de los Ángeles el 16 de enero de 1944, apadrinándole Silverio Pérez, quien le cedió los trastos para matar al toro Peñista de Coaxamalucan, en presencia de Luis Castro El Soldado.

Sin confirmar esa alternativa en la capital mexicana, El Talismán Poblano marchó a España y su presentación en aquellas tierras fue en la ciudad de Barcelona, en la plaza de Las Arenas, un lugar natural de ingreso para nuestros toreros a tierras hispanas. Afirmo que el ingreso natural de nuestros toreros a España era por Barcelona, porque desde la década de los veinte del pasado siglo, fue por la Ciudad Condal donde iniciaban sus campañas. Barcelona era la plaza que iniciaba más temprano su temporada y casi siempre la última en concluirla y es proverbial la preferencia que tuvo don Pedro Balañá por nuestros toreros.

Felipe González actuó como novillero para reiniciar su andar por los ruedos en Barcelona y eso implicó en alguna medida un acto de renuncia y en otro sentido una cuestión de corte jurídico, pues en el convenio negociado en el verano del 43, se pactó que solamente tendrían validez las alternativas recibidas o confirmadas en El Toreo de la Ciudad de México, cuestión no subsanada hasta la revisión de 1951, en la que se declararon válidas todas aquellas que se reconocieran como tales en cada uno de los países parte del traído y llevado convenio.

Así pues, el jueves 24 de agosto de 1944 se anunció un encierro de Hoyo de la Gitana para Pepín Martín Vázquez, que se despedía de la novillería en Barcelona – recibiría la alternativa allí mismo, en la Monumental el 3 de septiembre siguiente –, Manolo Cortés, quien reaparecía después de haber sido herido allí mismo en Las Arenas y el debut en España y en Barcelona, de Felipe González. Eduardo Palacio, cronista titular de La Vanguardia, escribió lo siguiente sobre la actuación del debutante:

«Uso moderadísimo»... Con un lleno completo se celebra en la tarde de hoy, jueves 24 de agosto, una novillada extraordinaria en la que han de lidiar seis reses de Hoyo de la Gitana los diestros Pepín Martín Vázquez, Manolo Cortés y el mejicano Felipe González, que hace su presentación en España. A las siete en punto desfilan las cuadrillas, saludándose la presencia de Manolo Cortés, convaleciente de su cogida en esta misma plaza, con grandes aplausos que el muchacho, modestamente, comparte con sus compañeros de terna, a los que obliga a salir a los medios... El mejicano Felipe González, cuya actuación en esta corrida era la primera que hacía en España, se destapó en el último bicho de la fiesta, al que veroniqueó muy bien, lanceándole de frente por detrás, con mucho garbo y valor y tornando a ser ovacionado en el tercio de quites, que resultó tan completo por parte de los tres diestros, que hubo de acompañarles la charanga y los aplausos de la multitud, que llenaba el coso. Clavó después tres formidables pares de rehiletes, ganando con guapeza la cara de aquel toro que llevaba en todas sus arrancadas la velocidad de un expreso conducido por un maquinista alienado, y tornaron a hacer humo las palmas del concurso. Encendióse en esto la luz artificial y bajo ella, realizó el muchacho una faena valerosa; pero quizá y sin quizá, demasiado dilatada, a la que, al fin, puso punto con una estocada que las sombras de la noche no me permitieron apreciar; pero que fundadamente sospecho no debía haber quedado muy en su sitio, cuando se apresuró el diestro a sacar el acero del cuerpo del novillo, que, seguidamente, se rindió a los pies del cachetero. Esto, no obstante, la multitud despidió con grandes aplausos a Felipe González…

El título de la crónica hace referencia a la supuesta existencia en la enfermería de Las Arenas, del mítico bálsamo de fierabrás, que supone aplicado a un valentísimo Manolo Cortés, quien no acusó los efectos del percance sufrido en su actuación anterior y en cuanto a la actuación de Pepín Martín Vázquez, el cronista se limita a señalar que pasó de puntillas en esa su última actuación como novillero en la capital catalana.

Felipe González se presentaría en Madrid el jueves siguiente – 31 de agosto – alternando con Jaime Marco El Choni y Agustín Parra Parrita en la lidia de novillos de Concha y Sierra y la Viuda de Soler (3º), cortándole una oreja a este último y permanecería en España toda la campaña de 1945, regresando a México para recibir una segunda alternativa el 30 de diciembre de ese año, en Ciudad Juárez, de manos de Carlos Vera Cañitas y fungiendo como testigo Gregorio García, siendo los toros de Presillas.

En 1955 ingresó a la Unión Mexicana de Picadores y Banderilleros y destacó como uno de los principales hombres de plata durante las décadas siguientes. Sus hijos Felipe y Sergio fueron también matadores de toros y después cambiaron el oro por la plata, destacándose también en ese escalafón.

El Talismán Poblano falleció el 3 de febrero de 1994.

domingo, 17 de junio de 2012

1946: Pepín Martín Vázquez y Caribeño de Xajay


El cartel original de la Corrida
de la Rosa Guadalupana
En marzo del pasado año, al responder a uno de los comentarios que recibió la entrada que dediqué a la presencia de Pepín Martín Vázquez en la plaza  El Progreso de Guadalajara – en específico, uno de José Morente –, hacía notar mi contrariedad por no tener a mano la información relativa a lo que quizás haya sido su obra más acabada en nuestros ruedos y que ha trascendido su tiempo, porque Luis de Lucía, director de la película Currito de la Cruz (CIFESA, 1948), utilizó la filmación de esa faena a manera de stock shots para la cinta en cuestión, estelarizada por el diestro sevillano.

Hoy, sin mediar efemérides alguna, obra en mi poder la información de la prensa especializada de la época, que hace el recuento de aquella corrida celebrada el jueves 14 de febrero de 1946 a beneficio del Sanatorio de Toreros de la Capital Mexicana y en la que disputándose la Rosa Guadalupana, alternaron para lidiar toros de Xajay; Fermín Espinosa Armillita, Silverio Pérez, Gitanillo de Triana – que sustituía a Manolete –, Pepe Luis Vázquez, Luis Procuna y  el ya nombrado Pepín Martín Vázquez.  

Originalmente se había anunciado en el cartel a Manolete, pero éste presentó un certificado médico invocando una exacerbación de las lesiones sufridas semanas antes en la tarde de su presentación en El Toreo. Eso ocasionó que se decretara una suspensión en contra del Monstruo de Córdoba por la Unión de Matadores y provocó una escisión en su seno, según lo contaba el pasado 19 de febrero, pues pudo el torero actuar sin problemas el día 5 anterior – inauguración de la Plaza México – y el 16 y 17 posteriores, pero de eso me ocuparé dentro de unos párrafos.

La gran faena de Pepín Martín Vázquez

Pepín Martín Vázquez con Rafael Albaicín y
Antonio Velázquez, Madrid, 1945
Borroneado, el toro que abrió plaza, le sirvió a Armillita para escribir una de las grandes páginas de su historia. Con Gorrito, Bateo, Almendrado y Barranqueño, Silverio, Gitanillo, Pepe Luis y Procuna poco tuvieron para decir a la afición que llenó hasta la azotea el viejo Toreo de la Condesa. Fue hasta que salió el sexto, Caribeño, que se perfiló una competencia por la obtención del trofeo donado por la redacción de la Revista de la Basílica y que en ese año, ocupó el lugar que tradicionalmente correspondía a la Corrida de la Oreja de Oro, que reunía a los toreros más destacados de la temporada en su disputa.

Francisco Montes, cronista por esas calendas del semanario La Lidia, en el número 168, fechado el 22 de febrero de 1946, describe de esta guisa la actuación del torero de la calle de la Resolana:

La “Rosa Guadalupana” para “Armillita”... Pepín Martín Vázquez también merecía el trofeo
Por fin vimos lo que vale Pepín Martín Vázquez
Las dos orejas y el rabo de “Caribeño” fueron el premio a la exquisita, fina y artística faena que ejecutó el sevillano Pepín Martín Vázquez al burel que cerró plaza en esta magnífica corrida en que vimos la grandeza de su arte que arrebató las pasiones en los tendidos y en que puso de manifiesto lo que vale este pequeño, pero inmenso torero, al que el público lo sacó de la plaza en hombros y llegó al hotel con el lujoso terno azul celeste y oro hecho garras… Inició su triunfal actuación con lances preciosistas que remató con media dibujada, estallando calurosa la ovación unánime en los tendidos… De la primera vara libró con temerarias y artísticas gaoneras que estrujaron a la multitud y remató con media revolera plena de gracia y majestad. “Armillita” quitó con un lance, dos chicuelinas y remató con el manguerazo de Villalta… Por primera vez en México tomó los palos el sevillano y después de mucho insistir quebró por fuera y dejó los palos igualados, escuchando fuerte ovación; en vista de que el burel no se arrancaba con franqueza, optó por que sus peones cerraran el tercio… Dio principio a su faena con ambas rodillas en tierra y ligó tres pases por alto, en los cuales aguantó de verdad, ya de pie se echó la muleta a la mano del corazón y ligó tres naturales con el forzado de pecho, resbaló y “Armillita” hizo un quite oportuno; echando coraje se levantó el pequeño y fue a su enemigo para engranar cuatro naturales bellos, hondos, artísticos y señoriales que arrebataron a la plaza entera, rematando por alto y luego con apretado molinete, siguió un pase de costado, un derechazo fantástico, el pase de la firma y entró a matar dejando la estocada de muchas tardes, se perfiló muy en corto, flexionó la pierna como mandan los cánones y arrancando muy derecho hizo la cruz a la perfección y dejó el acero en los propios rubios, se tambaleó el burel y rodó a los pocos segundos en medio del delirio del público puesto de pie. Las dos orejas y el rabo le fueron concedidas además de la vuelta al ruedo. Y como final fue sacado en hombros de la entusiasta multitud… Por fin nos recreamos con el arte exquisito de este torero privilegiado que con tan mala suerte ha tropezado en los sorteos de las corridas que ha lidiado en la capital…

Como podemos ver, del título de la crónica se refleja que para Francisco Montes, el otorgamiento del galardón fue correcto, pues en su opinión, cualquiera de los dos toreros, Armillita o Pepín Martín Vázquez, de haberlo obtenido, se lo hubiera llevado con justicia.

La crónica que envió el corresponsal de la agencia que remitía la información al diario El Informador de Guadalajara, refiere lo siguiente:

Fue dura la pelea de ayer en El Toreo por La Rosa Guadalupana entre Fermín y Pepín Martín Vázquez. 

El sevillano merecía este bello trofeo
Los dos recibieron oreja y rabo, pero se cree que la estocada de Pepín fue muy superior a la de Fermín, que se quedó con el emblema... 
Reñidísima resultó la competencia por el trofeo Rosa Guadalupana, en la corrida a beneficio del Sanatorio de Toreros, efectuada hoy en la plaza El Toreo... El público se dividió para conceder el premio, entre “Armillita” y el sevillano Pepín Martín Vázquez. Varias veces se tuvo que consultar al público y por una ligerísima mayoría, tal vez no apreciada por todos, el trofeo fue concedido al saltillense… Ambos toreros cortaron oreja y rabo, y tal vez la faena de Pepín fue más bien coronada al lograr un soberbio volapié, mientras que “Armillita” mató de una estocada un poco caída… A “Armillita” se le concedió el galardón y a Pepín una extraordinaria ovación...

Ante la casi imperceptible mayoría en los tendidos – aquí en México esos trofeos se conceden por aclamación popular cuando hay igualdad en el número de trofeos obtenidos –, el cronista de la agencia informativa, toma como referente diferenciador – y como elemento decisorio, a su juicio – la gran estocada de Pepín Martín Vázquez.

El día siguiente

En el número 169 del semanario La Lidia, fechado el 1º de marzo de 1946, el periodista Alberto Lázaro, en su columna Cargando la Suerte, hace una serie de reflexiones en torno a la amplia polémica que generó la concesión de la Rosa Guadalupana a Armillita, dejando de lado a Pepín Martín Vázquez el 14 de febrero anterior. Su reflexión se titula El color del cristal y en ella, considera justificada la concesión del trofeo al Maestro de Saltillo. De ella extraigo lo que sigue:

…Ahora bien, ¿el trofeo debe concretarse a ser otorgado a quien haga la mejor faena de muleta o a quién realice la más brillante lidia en todo un toro?... Si ha de ser por la mejor faena de muleta, pensamos que esta es aquella en que el torero, maestro en la técnica que desarrolla de acuerdo con las condiciones del toro, manda en todos los instantes sobre el bruto, le impone su voluntad, engrana los pases, aprovechando las oportunidades para lucir su arte y desarrollar belleza o simplemente maestría, según el astado se lo permita... Si juzgamos ya concretando, la faena de “Armillita” con “Borroneado” podemos llegar a esta conclusión: Se ajustó en un todo a las condiciones del astado, que terminó aplomado y noble; que por falta de alientos con frecuencia se quedaba ya en la suerte, muy a pesar del mando imperioso del torero; que fue hecha en un palmo de terreno y que durante ella hubo ligazón perfecta y dominio absoluto; que el torero dio verdadera cátedra exhibiendo sus enormes recursos ya para pasarse al toro, bien para torearlo por la cara, que éste, cuando de verdad es toreo y el de “Armillita” lo fue, es de maestros y ofrece gran valor si es adecuado a condiciones y circunstancias... Por su parte, la faena de Pepín Martín Vázquez con “Caribeño”, graciosa, llena de salero, valiente, corajuda, clásica porque en ella brilló el pase natural, si fue muy espectacular, si se antojó muy bella y graciosa, careció de ligazón perfecta, no se hizo en un palmo de terreno, ni hubo dominio y maestría... Recuérdese que Pepín en varias ocasiones, entre natural y natural mejoraba su terreno mediante una carrerita, que combinada con otras hizo que la faena no se ligara como mandan los cánones; en un palmo de terreno y con dominio absoluto por parte del torero... Ahora que si el trofeo debe otorgarse a quien haga la lidia más completa de un toro, en los tres tercios, nos parece fácil calificar, ya que Pepín con banderillas no demostró la suficiencia del maestro, habida cuenta de que tampoco fueron sus tres pares de los mejores que le hemos visto... Esto es lo que miraron mis anteojos; que por lo demás cada quien es dueño de sus propios gustos, siempre que no olvide que no es lo mismo decir: “a mí me gustó más la obra de fulano”, que sostener: “la obra de fulano fue la mejor”...

Pepín Martín Vázquez en México, 14 de febrero de 1946
En descargo de Alberto Lázaro, he de decir que siempre reconoció su militancia como armillista y en este caso la sostiene y además, como lo señala al final del extracto que les presento, no expresa su gusto, sino que manifiesta sus razones por las que cree mejor la faena de Armillita sobre la de Pepín Martín Vázquez.

Las consecuencias del festejo

Ya les decía que la corrida tuvo un más allá. La Unión de Matadores de Toros que presidía Luciano Contreras decretó a Manolete una suspension en sus derechos sindicales. La prensa mexicana, de esos días  en específico, la agencia que remitía noticias al diario El Informador de Guadalajara – publicó la siguiente información:

…La Unión de Matadores de Toros, del cual es Secretario Luciano Contreras, anunció un veto a Manolete, por dos años para no torear en plazas mexicanas… La determinación de la Unión, obedece por no haber toreado hoy el diestro cordobés estando anunciado, pretextando estar enfermo, pero los médicos que lo reconocieron dictaminaron que estaba bien. Esto viene a suspender la corrida “mano a mano” que estaba anunciada para el sábado próximo en la Plaza México con Silverio Pérez. Se dice también que el cordobés está siendo atacado por un diestro mexicano, que hace labor subterránea en contra de él…

Al final de cuentas, Manolete no dejó de torear ninguna de las corridas que tenía contratadas en México en ese año de 1946 y volvería al siguiente calendario, aunque las relaciones profesionales entre las torerías de España y México, que apenas se habían reanudado un par de años antes, se agriaron y a mediados de 1947 se darían por interrumpidas. No se volverían a reanudarse hasta 1951.

Pero el corolario aquí es que la gran obra de Pepín Martín Vázquez con Caribeño de Xajay sigue viva en la memoria colectiva y nos recuerda que el hijo del Señor Curro nos anunció con ella un modo nuevo de hacer el toreo, uno que se quedaría para la posteridad.

domingo, 13 de marzo de 2011

Pepín Martín Vázquez, un poco de su paso por México (comentario a toro pasado)

Pepín Martín Vázquez visto por Pepe Sala
Creo que no es necesario abundar en la sustanciosa brevedad del paso de Pepín Martín Vázquez por los ruedos. Esa brevedad nos ha dejado pocas imágenes a quienes por un mero accidente demográfico, no tuvimos el privilegio de verle en las plazas y tenemos que arreglárnoslas con lo que los veinticuatro por segundo nos alcanzan a transmitir, con todas las virtudes y los defectos que esa manera de recolectar y reproducir sucesos tiene.

Una de las mejores escenas que se conservan en ese formato – ya digitalizado –, recopilado en su inmortal Currito de la Cruz (Luis de Lucía, 1948), es la de la lidia al toro Caribeño de Xajay, la tarde del Jueves 14 de febrero de 1946 (corrida por la Rosa Guadalupana, a beneficio del Sanatorio de Toreros) en el viejo Toreo de la Ciudad de México donde su padre, el señor Curro se presentó en 1908 y su tío Manolo en 1914.

Pepín Martín Vázquez llegó a nuestro país para la temporada 1945 – 46, la segunda después la reanudación de las relaciones taurinas con España, tras de la ruptura de 1936 junto con Manolete, Pepe Luis Vázquez, Luis Gómez Estudiante, Manolo Escudero, Rafael Vega de los Reyes Gitanillo de Triana, Joaquín Rodríguez Cagancho, Eugenio Fernández Angelete y Rafael Perea Boni para integrar esa temporada con los más importantes de la baraja mexicana.

Menciono como dato adicional, que en esa temporada se inauguró la Plaza México – 5 de febrero de 1946 – y de esos toreros hispanos solamente actuaron en la Plaza México Manolete y El Boni. En años venideros lo harían Cagancho, Gitanillo de Triana y Manolo Escudero. Los demás, pasaron a formar parte de la historia y la leyenda de El Toreo – que sucumbió a la picota ese calendario también –, pero quedaron inéditos en la plaza de toros más grande del mundo.

Después de su confirmación en El Toreo – 16 de diciembre de 1945 –, Pepín Martín Vázquez se presentó en Guadalajara, en cuya plaza El Progreso tuvo tres actuaciones, dos de ellas, de acuerdo con las crónicas, que aún sin corte de apéndices – retazos de toro al fin – pueden considerarse señaladas. La primera fue el día de Año Nuevo de 1946, cuando mano a mano con Luis Procuna, dio cuenta de un encierro de Zacatepec. Pepín Martín Vázquez salió en hombros según la crónica, pese a haber pinchado sus tres toros.

En columna diversa a la crónica del festejo, titulada El Deporte en Si Bemol y publicada en el diario El Informador de Guadalajara, en su edición del 2 de enero de 1946, Don Detalles resume la actuación de Pepín así:


Quizá nadie pueda decir que Pepín Martín Vázquez vino a darle una bañada en Guadalajara a Luis Procuna, pero muy cerca estuvo de ello. El español encendió el entusiasmo en las graderías, como hacía mucho que no lo veíamos, y se reveló como lo que es: el mejor de los españoles que aquí hemos visto… Queremos decir únicamente que el chico nos ha dado la mejor tarde de toros que hemos tenido en mucho tiempo, y que desde ese punto de vista, para nosotros puede ser mejor que el propio Manolete… y que por eso se llevó de Guadalajara una de las más calurosas ovaciones que se hayan dispensado a un torero en la tierra tapatía. Pepín gustó; entusiasmó; dio la sensación de lo que debe ser un torero bueno, y nos dejó el buen sabor de haberle visto una de sus mejores actuaciones... Pepín Martín tiene la madera del torero. Y no solamente la madera; tiene también la pose, la afición, la voluntad y todo lo que constituye un diestro de verdad. Ahora es demasiado joven, pero ya se nota en él lo que será después, y pronto. Tan pronto que quizá sea dentro de una semana. En una palabra: que hemos tenido la mejor corrida del año, y ojalá que no sea la última vez que veamos aquí a Pepín Martín... La temporada parecía que habría de pasar sin mucha pena, y sin mucha gloria también, pero ahora esto se compone, y ojalá, como decimos, que vaya de bueno en mejor.”

La segunda tarde que quiero traer al recuerdo es la del 13 de febrero de 1946, en la que para dar cuenta de un encierro de Lucas González Rubio – puro Parladé vía La Punta y Matancillas – alternó con Fermín Rivera y Carlos Vera Cañitas. La corrida fue accidentada por cuestiones climatológicas, pero el celo de Pepín Martín Vázquez lo sacó a flote – materialmente – y volvió a dejar en alto el pabellón de su torería. De la crónica de Puntillero, publicada en El Informador, extraigo lo siguiente:
…Serán las cabañuelas o la visita extraordinaria de la Virgen de Zapopan, pero llevamos unos días metidos en agua como si estuviéramos en junio, y lo que es peor en granizo o lluvia a punto de congelación, y no se escapó de este tiempo el magnífico cartel de toros que se nos ofrecía para ayer por la tarde... A su segundo y sexto de la tarde, de cuyo nombre no podemos dar razón, pues era de quince letras, como palabra alemana y para cuando se logró hacerlo salir de toriles, el agua estaba en toda su fuerza y nosotros guarnecidos en las alturas de la plaza, allí fue donde el españolito nos demostró toda su sangre y su vergüenza torera… Los triunfos de sus alternantes y las buenas condiciones en que le llegó su enemigo a pesar de su mala salida, de haber habido sol, y menos lodo en el suelo, aún estuviéramos comentando las hazañas del sevillano… En medio del aguacero desencadenado, agarra la muleta, el piso del redondel era peor que de algodón o de barro batido, empieza por alto con la derecha – y antes había tenido lucidas actuaciones con el capote –. Sigue la faena sobria y torerísima entre la que se pudo ver un natural citando como a cinco metros de distancia, aguantando toda la embestida del toro a esa longitud y despidiéndolo de la suerte derecho, muy digno del aplauso. Salidas de suertes como solo Rafael “El Gallo”, “Cagancho” y este Pepín nos las han dado, porque después de pasarse al toro muy torero, librarse de él es gracia aparte… Todo el toreo alegre nos lo dio Pepín, en medio del charco en que toreaba, no se podía pedir más al fijarse dos pinchazos y una pescuecera que acabó con su enemigo. De haber habido sol y público no congelado por la fría lluvia, Pepín obtiene otro clamoroso éxito en nuestra plaza

Como se puede deducir de la lectura de los textos que aquí inserto, esas dos actuaciones en El Progreso fueron de una gran importancia, pues en ellas dejó la impronta de un toreo distinto, heraldo de una nueva manera de enfrentar a los astados, aunque en plena euforia manoletista, complicada de explicar y así, se recurría al lugar común, al falso espejo, a la comparación cuestionable – …salidas de suertes como solo Rafael “El Gallo”, “Cagancho” y este Pepín nos las han dado… – ante el pasmo que produce al narrador una tauromaquia distinta a la que marcaba esos tiempos y que era la esperada y que le impide el describir con lucidez y precisión lo que realmente ve, aunque en el fondo perciba algo diferente y novedoso – …se pudo ver un natural citando como a cinco metros de distancia, aguantando toda la embestida del toro a esa longitud y despidiéndolo de la suerte derecho… – por estar preñado de gusto, de clase y de personalidad.



No obstante, la cortedad de la presencia de Pepín Martín Vázquez en México – 70 días – sería como su paso por los ruedos. El infortunio, encarnado en el certero pitón de un toro de Concha y Sierra en la plaza de Valdepeñas y la intransigencia entre las representaciones sindicales de los toreros de aquí y de allá, impidió que pudiéramos seguir disfrutando de la profunda y singular tauromaquia del diestro de la calle de la Resolana.

Pocos años después, a causa principalmente de ese percance, Pepín Martín Vázquez dejó de vestirse de luces y se retiró del ambiente taurino. Hace unos días entró en la inmortalidad. Yo le recuerdo ahora, quizás a destiempo, pero no quiero que parezca que su paso por México aunque breve, quedó desapercibido.

N.B. Los subrayados en los textos citados, son obra de este amanuense.

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