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lunes, 12 de julio de 2010

Juan sin Miedo (I/II)

Apostillas a una (insulsa) entrevista

El pasado martes inició la Feria de Pamplona. El cartel de apertura fue una novillada en la que actuaron Cristian Escribano, Juan del Álamo y Diego Silveti. En el entreacto del quinto y sexto novillo, el entrevistador de Canal Plus, David Casas se acercó a conversar con Juan Silveti Reynoso, abuelo de Diego y padre de David y Alejandro, estos dos, como él, matadores de toros e integrantes de la tercera generación de diestros de alternativa que llevan el apellido Silveti.

Casas preguntó meras fruslerías al Tigrillo, lo que de suyo representa una pena, pues es Juan Silveti hijo, quizás uno de los pocos puentes que nos quedan para conocer y entender los orígenes de la fiesta que hoy vivimos y con un valor añadido en el caso de este torero, que es el haber sido parte de las entrañas de esto de ambos lados del Atlántico. Por eso afirmo que Juanito Silveti – como también se le llama de manera cariñosa – tiene mucho y muy bueno que contarnos.

Pero Casas se perdió, guiado por Molés, en una serie de intrascendencias, motivadas, deduzco, del desconocimiento de lo que ha sido el paso por los ruedos y por la vida de Juan Silveti Reynoso y acabaron comentando – a medias y sin referir la sustancia – la actuación del torero en Madrid el 25 de mayo de 1952, cuando por percances de Rovira y de Pablo Lozano, se quedó solo con una corrida de Pablo Romero, terminando por salir en hombros esa memorable jornada.

Tal pareciera que tomaron, antes del festejo, un libro de los varios que sumarizan la historia de la Plaza de Las Ventas y allí vieron el tema que convirtieron en tópico – seguramente el de Suárez Guanes, pues la expresión de se decía que parecías un torero español así lo delata, pues en esa obra de 1991, se contiene el comentario en ese sentido –, cuando del Tigrillo hay más hazañas que contar, como la del 12 de octubre de ese 1952, cuando él, Antonio Bienvenida y Manolo Carmona tuvieron ante toros del Conde de la Corte una tarde muy importante a beneficio del extinto Montepío de Toreros o la de los toros de Guardiola en Sevilla, el 17 de junio de 1954, cuando con Jesús Córdoba y Cayetano Ordóñez, abrió la Puerta del Príncipe en la Corrida de la Prensa. Pero no, ni al que cargaba el micrófono, ni al que le hacía de apuntador, se les pasó siquiera por la mente eso.

Pero dónde preguntador y apuntador de plano patinaron, fue cuando le preguntan a Juan Silveti Reynoso el por qué de los sobrenombres de Juan sin Miedo o El Tigre de Guanajuato. Allí estuve a punto de caer de la silla, sobre todo, al ver que con socarronería, el abuelo – que orgulloso debe estar de serlo – de Diego Silveti, respondía algo así como esto: …es que en México la gente es muy inclinada a poner apodos… y lo hizo el Tigrillo a sabiendas de que, quien le transmitía la pregunta de Molés, ni idea tenía de lo que inquiría y seguramente de que el mismo Molés tampoco hablaba de un tema que conociera.

Belmonte Mexicano, Juan sin Miedo, El Tigre de Guanajuato, El Hombre de la Regadera, El Meco, El Hombre del Mechón y El Resucitado entre los más conocidos, era don Juan Silveti Mañón, padre del entrevistado y bisabuelo del novillero actuante, pero de eso, ni idea en los hacedores de la transmisión televisiva. De allí que diríamos, en cadena mundial, Juan Silveti Reynoso materialmente se cachondeara de ellos con la respuesta que les dio.

La verdad es que aparte de la hilaridad que me produjo el gesto del torero, resulta que me sugirió tema para presentarles esta semana, pues hay días en los que simplemente no se me ocurre nada nuevo, como no sea el deseo de ofrecerles algo aquí. Así que independientemente de lo insulso de la entrevista a la que aludo, al menos me surgió algo interesante de ella y es lo que enseguida les presento.

Belmonte Mexicano

Cuenta Verduguillo lo siguiente:

A mediados de 1914, para ser más exactos, al iniciarse el segundo trimestre de aquél año trágico y sangriento, se presentaron en mi oficina dos personas, conocida la una, mayor de edad, desconocido el joven que le acompañaba… Uno de ellos era el viejo banderillero Margarito de la Rosa, el otro un mocetón alto, fuerte, seco… Frecuentemente se llevaba la mano al cuello de la camisa con ganas de arrancárselo… Margarito hizo la presentación: ‘Este se llama Juan Silveti y le dicen «Belmonte Mexicano»’. Entramos en conversación; me enteré desde luego que el muchacho había nacido en Marfil, lugar cercano a Guanajuato y que la mayor parte de su vida la había pasado en Celaya al lado de su madre; allí le brotó el sarampión de la afición taurina… Ese era el Silveti que me fue presentado en el año de 1914, un muchacho fuerte, sano de cuerpo y alma… Debuta Juan como novillero y arma el escándalo grande. Repite el siguiente domingo y al otro y al otro; llena la plaza como antes la habían llenado Merced Gómez primero y luego Luis Freg. Es el amo de la novillería. Su estilo es basto, no tiene la finura de Cayetano González, pero derrocha valor por toneladas. Pelea con los toros cuerpo a cuerpo y se apodera de ellos. Lo diré de una vez: Silveti fue un gran dominador con la mano derecha; cuando cogía la muleta con la zurda, no sabía correr la mano…

Este es el perfil que don Rafael Solana nos dibuja de quien es todavía un ícono en la tauromaquia mexicana y nos deja en claro que su primer sobrenombre fue el de Belmonte Mexicano, que con ese se anunciaba en los carteles y que al poco tiempo, dejaría atrás por mérito propio, para adquirir otros, que como hemos visto, trascienden el tiempo y a quien los llevó orgullosamente por los ruedos del mundo y por la vida.

El Resucitado

El 25 de junio de 1916 Juan Silveti está en Valencia y va a tener allí su segunda actuación en ruedos hispanos. Hay un encierro de Palha para Luis Freg, Saleri II y él. Todavía se le conoce y anuncia como Belmonte Mexicano, pero el segundo toro de la tarde cambiará la apreciación de la afición acerca del torero y también la manera de llamarle en los carteles.

Ese domingo fue particularmente ocupado para los servicios médicos de las plazas en España. En Carabanchel, Mariano Montes y Bernardo Casielles resultaron heridos; en la Monumental de Barcelona, el novillero Marchenero y el banderillero Compare también pasan con los facultativos y en Tetuán por su parte, los novilleros Madriles y Morato también caen víctimas de las astas de los toros. En Valencia, Juan Silveti pasaría a formar parte de esa nómina de sangre y por poco no lo cuenta.

La cornada en la prensa madrileña

En El País (26 de junio):

Silveti, que debutaba en esta Plaza, fue cogido al hacer el primer quite con media verónica; el toro le prendió por una pierna, le derribó, recogiéndole en el suelo por el pecho y volteándole aparatosamente. Silveti cayó como desvanecido, pero se levantó cayendo enseguida de rodillas y viendo el público que arrojaba mucha sangre por el pecho. Cayó otra vez a la arena, de donde le recogieron los monos. El público se horrorizó al ver que la arena estaba llena de sangre y que el diestro estaba pálido y contraído. Según parece, la herida ha interesado la pleura y un pulmón. La impresión del público es enorme. A poco de ingresar el diestro mejicano en la enfermería, nos dan el siguiente parte facultativo:

El diestro Silveti sufre una herida penetrante de pecho, de diez centímetros, superficial y fracturas de la quinta y sexta costillas, situada en la cara anterior del tórax, estando interesado el pulmón derecho y la pleura. Pronóstico grave.

Me dicen de la enfermería que el diestro herido está postradísimo, habiéndosele dado, para reanimarle, inyecciones de suero fisiológico y de aceite alcanforado. Los médicos han establecido turnos y han rectificado el primer parte, diciendo que el estado del diestro es muy grave. Pasará la noche en la enfermería de la Plaza y se suspenderá una verbena que se debería celebrar en sus dependencias.

Por nuevas noticias que llegan de la enfermería, se sabe que el estado de Silveti es muy grave. El diestro, a consecuencia de la gran cantidad de sangre perdida, ha sufrido varios colapsos. Se pensó, en vista de la gravedad, administrar al diestro los últimos Sacramentos; pero se desistió de ello a ruegos del hermano del herido, que expresó el temor de que la ceremonia impresionara a éste mucho. Témese esta noche fatal desenlace en la enfermería. Después de vestirse los toreros han vuelto a la Plaza y no les han dejado entrar en la enfermería. Su paisano Freg está afectadísimo. Silveti toreaba hoy por segunda vez en España.

En El Heraldo de Madrid (26 de junio por la noche):

El estado de Silveti. Por telégrafo. Valencia 26 (1m). Solo funciona el pulmón izquierdo de Silveti. Los diestros Freg y «Saleri» con sus cuadrillas se han ofrecido incondicionalmente y permanecen a la puerta de la enfermería. Los médicos turnan. Se ha rogado a la estación del Norte que las máquinas que pasan junto a la enfermería eviten en lo posible el ruido. Se teme que se presente la pulmonía traumática. Se reciben muchos telegramas y muchas personas acuden a la enfermería...

Valencia, 26 (2:40 t). Ha sido trasladado «Silveti» al Hospital, aplicándosele inyecciones de aceite alcanforado, dándosele antes un sorbo de «champagne». También se le aplicó un terrón de hielo. Se le ha levantado el apósito, viéndose que la herida presenta el mismo aspecto de gravedad.

El Heraldo de Madrid (27 de junio por la noche):

Estado de Silveti. Por telégrafo. Asistido por dos monjas. - Una de ellas, mejicana. - Palabras del diestro. - Viaticado. - Aumenta el pesimismo. Valencia 27 (4, 5 t). Silveti está asistido por dos monjas, una de las cuales es mejicana. El diestro confraternizó con ella, recordando a sus familias. La monja mejicana le entregó una medalla de la Virgen de Guadalupe, patrona de Méjico. Silveti le pidió otra de la Virgen del Carmen, siendo complacido. En vista del estado del herido, la monja le pidió que se confesase. Silveti contestó: «Soy bueno, esperamos unos días. Deme agüita hermana, pues tengo mucha sed». Esta madrugada se agravó subiéndole la fiebre a 38 grados. Ahora tiene Silveti 37 grados y medio y 140 pulsaciones. Aumenta el pesimismo de los médicos.

El Liberal, diario de Madrid, en su ejemplar correspondiente al 22 de agosto de ese año, informa lo siguiente:

Silveti, restablecido. El novel matador de toros mejicano, Juan Silveti se encuentra totalmente restablecido de la gravísima herida que le causó en Valencia un toro de Palha en día 25 de junio último. Silveti, a quien las Empresas de Bilbao y Sanlúcar de Barrameda habían hecho ofrecimientos que reanudase sus tareas, pero no lo hará hasta el día 3 de septiembre, en que probablemente toreará en el Puerto de Santa María. Después es casi seguro que se presente al público madrileño en una Plaza de las proximidades de la villa y corte.

Como podemos ver, la cornada que le infirió Jilguero de Palha fue gravísima. La versión de Verduguillo es que Juan Silveti fue dejado en la enfermería de la plaza esperando su pronto deceso y que la atención médica que se le proporcionó fue ya cuando se vio que superó la noche siguiente a la cornada. Por lo que se lee en los diarios consultados, esa es una versión alejada de la realidad, pues al diestro herido se le atendió con los medios que en ese día había al alcance.

El día de mañana concluiré con estos apuntes.

martes, 16 de diciembre de 2008

El toro de Palha de los Llaguno

Ya había publicado en otro tiempo y lugar otra versión de este trabajo, pero no he dejado de seguir buscando datos a propósito del tema y es ahora que me he topado – no puedo describirlo de otra manera – con información que nos lleva hasta el año de 1887, donde en la Plaza de Toros de San Rafael de la capital mexicana (Semanario La Banderilla números 3, 4 y 5 correspondientes a los días 27 de noviembre y 4 y 11 de diciembre de 1887), se lidiaban toros de la Hacienda de San Mateo del Estado de Zacatecas, apenas 17 años después de que la familia Llaguno la adquiriera de los sucesores de el último Conde de San Mateo y Valparaíso, don Juan Nepomuceno Moncada Berrio y de la Campa y Cos. Esa circunstancia hace todavía más interesante la presencia del toro de Palha que Bombita obsequiara a los hermanos Antonio y Julián Llaguno en 1907, como cimiento de la fundación y mejora de la base genética de esta ganadería madre de la cabaña brava mexicana.

El asunto que nos ocupa

En este año en que se cumplió el primer centenario de la llegada a Zacatecas del ganado español de Saltillo y que marca en cierta manera, la revolución de la fiesta de los toros en México – se suma al fasto el centenario también de la alternativa de don Rodolfo Gaona –, quiero apuntar lo que considero una teoría personal sobre un aspecto del origen de San Mateo, hoy por hoy básicamente la ganadería madre de toda la cabaña brava mexicana.

Trataré de explicar de una manera breve y espero que entendible, en lo que consiste esa teoría, que gira alrededor de un toro portugués de Palha, sobrero de una corrida que se lidió en la ciudad de México y obsequiado por Ricardo Torres Bombita, a los hermanos Antonio y Julián Llaguno.

La corrida de la que provino el toro de don José Palha Blanco, se celebró el 17 de febrero de 1907 en la antigua Plaza México y fue la 17ª de esa temporada. Los espadas actuantes fueron Antonio Fuentes y el ya mencionado diestro de Tomares, que enfrentaron a dos toros nacionales de San Diego de los Padres y a cuatro lusitanos del origen que da título a este trabajo.

En la información sobre el festejo, que me ha sido proporcionada gentilmente por don Heriberto Lanfranchi, resulta que sobresalió el quinto de la tarde, un arrogantísimo cárdeno que fue bravo y noble y tomó seis varas recargando, causando cinco tumbos y matando un caballo. Correspondió al elegantísimo Antonio Fuentes, que lo mató bien.

Es un hecho notorio, que los hermanos Llaguno fundaron un encaste particular a partir de una reducida base de ganado comprado al Marqués del Saltillo. En 1908, adquirieron dos machos, el número 10 negro zaino, de nombre Conejo, con nota de tienta superior y el número 59, llamado Trianero, cárdeno oscuro, muy bueno en el tentadero. Cabe señalar que este último toro, aparentemente nunca padreó en San Mateo, pues existen notas de que fue vendido a don Benjamín Gómez Gordoa, ganadero de Malpaso, pero luego, existen otros documentos que lo ubican años después en la posesión de don Antonio y don Julián.

Las vacas fueron la Lebrijana, número 7; la Recobera, número 40; la Vidriera, número 11; la Zapita, número 6; la Gandinguera, número 42 y la Platillera, número 39. La Gandinguera y la Platillera fueron las únicas que tuvieron familias extensas; la Lebrijana y la Recobera se extinguieron casi al llegar a México y la Vidriera aportó uno de los toros padres que hicieron prácticamente la ganadería.

En 1911, don Antonio Llaguno acude personalmente a Sevilla a adquirir una segunda piara de vacas, pues la compra anterior la hizo por intermedio de su amigo Bombita y trajo para sus potreros de Pozo Hondo a la Cominita, número 66; Guantera, número 93; Campanera, número 141; Andaluza, número 148; Pardita, número 150; Remolona, número 154; Zorrilla, número 159; Cumplida, número 161; Vencedora, número 168 y Coquinera, número 172.

Esa base se continuó en mayor medida por parte de la Cumplida y la Vencedora, que fueron las que mayor progenie dejaron, aunque la calidad se decantó por el lado de la Pardita y la Guantera y en las ganaderías que tienen líneas puras de lo de San Mateo aún se encuentran ejemplares que llevan estos nombres.

México se convulsionó con una guerra civil que tuvo principalmente como origen la lucha por la tenencia de la tierra y se desarrolló entre 1910 y 1917 en su etapa armada más cruenta. Concluyó con la promulgación de la Constitución Política que mutatis mutandis sigue vigente en estos días – ha sufrido muchas reformas a la fecha – y con una Reforma Agraria que estableció límites a la propiedad rural. Algunos de los escenarios más cruentos de esa guerra civil fueron precisamente las grandes extensiones en las que se criaba ganado de cualquier tipo, estando en peligro la vida del ganadero y del ganado.

Como todos los conflictos fratricidas, las heridas que se causan tardan mucho tiempo en cerrar y a veces no cierran nunca. Por eso, los señores de San Mateo movieron de sus tierras de Zacatecas a unos cercados que en ese tiempo estaban en las cercanías de la ciudad de México, en los parajes conocidos como Sotelo y Taxqueña, la base de su ganadería. Se han tejido leyendas de que don Antonio protegió su simiente española en las habitaciones de su casa de la colonia Santa María la Ribera, pero su propia familia se ha encargado de desmentir eso. Los toros pastaban en Sotelo y Taxqueña, lugares que después utilizaron durante años para aclimatar las corridas que lidiarían en la Capital de la República, después de la Revolución.

Es sabido también que la base de Saltillo sirvió para fundirla con el ganado nacional que los Llaguno tuvieron seleccionado desde finales del Siglo XIX y a partir de reiteradas cruzas, ir fijando los caracteres que los ganaderos pretendían, eliminando por absorción, los correspondientes al ganado criollo que sirvió nada más como base de expansión.

Es aquí donde comienza el juego del toro de Palha, que fue obsequiado por Ricardo Torres Reina a los hermanos Llaguno en 1907, tras de que el día de Navidad del año anterior, matara la primera corrida anunciada a nombre de San Mateo en la Plaza de Toros San Marcos de Aguascalientes, compuesta por ganado criollo seleccionado para la ocasión. El toro portugués, de indudable procedencia vazqueña, sirvió como raceador en Pozo Hondo. Quizás no daría las características que los ganaderos pretendían, pero agregaría un porcentaje de sangre brava de origen conocido a sus reses, lo que en el inicio, no tenían.

Cuando al año siguiente llegan los primeros ganados de Saltillo, era necesario reproducirlos en pureza, pero también mezclarlos con lo nacional y abrir en cuanto fuera posible, alguna otra línea genética que permitiera opciones a los ganaderos, dada la base de sangre tan limitada con la que contaban. De allí que se conservara al toro de Palha, aún con la nueva adquisición.

En 1912, cuando el conflicto revolucionario cobraba intensidad, los Llaguno trasladan de Zacatecas a Sotelo entre otros haberes, 136 vacas de San Mateo, 108 novillos, el toro de Palha y el toro Trianero de Saltillo, según remisión hecha el 9 de noviembre de 1912 por el administrador de los ganaderos Manuel J. Varela. Me llaman particularmente la atención estos dos últimos toros padres, pues cualquiera pensaría que habiéndose decantado por la base de Saltillo, el toro portugués dejaría de tener utilidad y por el Trianero, si en 1908 se le vendió a don Benjamín Gómez Gordoa, ¿qué hacía en San Mateo?

El toro de Palha me lo explico en el sentido de que tenía que seguir cubriendo vacas mansas para dejar hijas de media casta que pudieran ser cubiertas por los toros de pura sangre saltilla. Y del Trianero, los dos recientes cronistas de la gran obra de don Antonio Llaguno, la de Luis Niño de Rivera y el bibliófilo José Antonio Villanueva Lagar, ninguna mención hacen a su presencia genética en los libros de San Mateo, que tuvieron a la vista para escribir sus obras. ¿Sería su función la misma que la del toro portugués? Seguramente.

Así pues y vistas las evidencias de la historia, considero que el toro de Palha resulta ser un importante gozne en la historia de San Mateo, pues en torno a ellos gira la pervivencia del encaste que le es mayoritario, al aportar – lo asumo, pues no encuentro otra razón lógica para conservarlo en esas condiciones – a las madres que darían lugar a un nuevo encaste que es el mayoritario y singular en la cabaña brava mexicana.
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