Mostrando entradas con la etiqueta Plaza de la Carretera de Aragón. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Plaza de la Carretera de Aragón. Mostrar todas las entradas

domingo, 11 de octubre de 2026

11 de octubre de 1928: Edmundo Maldonado El Tato recibe la alternativa en Madrid

Edmundo Maldonado El Tato nació en la Ciudad de México, exactamente en Azcapotzalco, el 15 de marzo de 1906. Durante su infancia, su familia se trasladó al entonces pueblo de Tacuba y allí fue donde se desarrolló como persona y dónde se hizo torero. Don Heriberto Lanfranchi le registra una primera actuación vestido de luces, precisamente en la plaza De la Rosa, de esa localidad, el 12 de noviembre de 1925, misma de la que en lo personal, en los medios de prensa a mi alcance, no encontré referencia alguna.

Su primera actuación en el Toreo de la Condesa se produjo el 23 de mayo de 1926, alternando con Manuel Gómez Blanco Yucateco y el onubense Jesús Trinidad Litri en la lidia de novillos de Zotoluca. El cronista de El Universal Taurino que firmó como Verdugones, refiere entre otras cuestiones acerca de la actuación de El Tato, lo siguiente:

Me refiero a Edmundo Maldonado “Tato”, mozalbete acido en Azcapotzalco, criado en el pueblo de Tacuba, donde aún se llevan a la práctica los juicios salomónicos y aclamado hoy en la plaza “El Toreo” ... Maldonado, que es un recién nacido en esto de los toros, pues hoy se ha puesto por primera vez un traje de luces que por cierto era de “Chicuelo” ... “Tato” promete llegar muy arriba. Yo no he querido detallar su labor, prefiriendo dar una impresión fría, desapasionada, serena, de lo que hizo en esta su primera novillada formal. ¡Qué siga por buen camino, y que Dios lo cuide! …

El Tato salió en hombros de El Toreo y de la crónica de Verdugones se puede extraer que, para ese cronista, esa era la primera novillada que toreaba vestido de luces, agregando yo, que en otro pasaje, señalaba, que el vestido que llevaba, perteneció en su día a Chicuelo.

Años después, Rafael Solana Verduguillo, al relatar la historia de Tres Décadas de Toreo en México, hace las siguientes reflexiones sobre ese momento histórico de la novillería mexicana:

La temporada de novilladas del año de 1927 estuvo llena de promesas. Nunca, antes de entonces, habían contado los empresarios de las llamadas temporadas “chicas” con una lista tan larga de toreros que interesaran a tal grado... Bautista Villaseca, contratista en carnes, radicado en el pueblo de Tacuba, tenía también un muchacho a quien ayudaba, y despuntaba como un artista muy fino: Edmundo Maldonado “Tato” ... Todos los nuevos espadas que presentaban a los señores Morín y Villalobos triunfaban la tarde misma de su debut. A la lista de victoriosos que formaban “El Tato”, Paco Gorráez, Heriberto García, Jorge Álvarez, Jesús Solórzano, “Armillita Chico”, etc., bien pronto se agregaron dos nombres más: los de Alberto Balderas y José Muñoz...

Si bien la cita se refiere a la temporada siguiente, es importante destacar un detalle. En la plaza de Tacuba ya entrenaba y enseñaba el toreo Samuel Solís. Aunque Verduguillo señala que a El Tato lo ayudaba el señor Villaseca, su apoyo era más en los despachos que en la transmisión de la técnica del toreo. No encontré referencia escrita de que haya sido discípulo de Samuel Solís en el aprendizaje del oficio del toreo, pero si lo aprendió en la plaza de toros que en su día estuvo ubicada en las inmediaciones de lo que actualmente es la confluencia de las avenidas Marina Nacional y Mariano Escobedo en la capital mexicana, es altamente probable que el discípulo de Ojitos haya sido al menos, su primer mentor.

Creo, para concluir con este apartado, que la temporada novilleril mexicana de 1927 tuvo un solo nombre, el de Fermín Espinosa Armillita Chico y los demás que sacaron la cabeza ese ciclo, tuvieron que esperar su momento para encontrar su sitio en la historia.

A España en 1928

El Tato se marchó a España en el año de 1928 con el propósito de torear novilladas allá y buscar una alternativa con fuerza, que le proyectara a hacer una carrera más o menos larga como matador de toros. Logra presentarse en la plaza de Tetuán de las Victorias, a las puertas de Madrid el 13 de mayo de ese año, alternando con Pedro Morales Sanluqueño y Miguel Olza Vaquerín, en la lidia de novillos de Leopoldo Abente. Después de torear tres tardes consecutivas allí en Tetuán, recorre la geografía hispana actuando en plazas de primer orden como Zaragoza, Valencia, Barcelona y se presenta en Madrid el 15 de agosto de 1928, para lidiar novillos de Gabriel González en unión de Fermín Esteban, Sacristán Fuentes y Francisco Gómez Aldeano. Esta fue la impresión que causó por esos andares, según la pluma de Marcelo, cronista del diario madrileño La Voz:

Rodolfo Gaona, el torero de Méjico que se abrió paso en una época de grandes figuras y que ocupó un puesto de vanguardia por derecho de conquista, fue el precursor de la invasión coletuda de la patria de Moctezuma. Nada podemos ni debemos objetar por el intercambio de artistas, ya que los españoles tienen de par en par abiertas las plazas mejicanas, como las tuvieron siempre, y si gozamos de este régimen de cortesía allí, justo es que aquí sean objeto de recepción afectuosa los diestros del otro lado del mar que saben torear y quieren dar acabadas pruebas de su gentileza... El último, por ahora, es Edmundo Maldonado, y aunque parezca por el nombre que es diputado o candidato, al menos, por el distrito de Guanajuato, nosotros nos atrevemos a decir que es torero, y torero de buen estilo, valiente y enterado. Hábil con el capote, maneja bien la muleta y castiga y manda. Con el acero entra decidido y sabe jugar muy bien la izquierda, pasa salirse de la reunión con soltura, sin tropiezos ni embarullamiento... ¡Ah!, se apoda nada menos que Tato, y como no es el primero que usa el remoquete que llevó el yerno de Curro Cúchares, esperamos de él, de Edmundo Maldonado, que no lo profane, como aquellos lo hicieron en sus incursiones por el campo de la Historia...

Así de buena fue la impresión dejada por El Tato en su andar en las filas de la novillería durante la temporada de novilladas del año 1928 en las plazas españolas. Por esa razón no sería sorprendente que recibiera la alternativa al cierre del calendario en una plaza de importancia.

La Corrida de la Prensa de 1928

De acuerdo con las diversas crónicas del festejo, la celebración del tradicional festejo a beneficio de la Asociación de la Prensa madrileña, pasó por diversas vicisitudes que difirieron su celebración hasta el 11 de octubre de ese calendario. Cuenta Rafael Hernández y Ramírez de Alda Rafael en La Libertad:

Después de varias suspensiones, de confeccionar diversos carteles, de vencer dificultades sin cuento, pudo celebrarse ayer la tradicional corrida de la Prensa, en la que Fortuna, Valencia II, Villalta y el nuevo doctor Tato de Méjico se disputaban el premio de la oreja de oro que anualmente concede nuestra Asociación. Se llenó la plaza; el otoño nos obsequió con uno de sus días más bellos, y la fiesta tuvo la virtud de agradarle al público...

De lo transcrito, se desprende el cartel de toreros, que se las verían con cuatro toros de Manuel Martín Alonso, antes del Duque de Veragua, de Madrid y otros cuatro de Manuel García, antes de Aleas, de Colmenar Viejo. 

Aparte de la Oreja de Oro en disputa, que fue la última de su naturaleza que se puso en juego en una corrida de esta naturaleza, en los carteles anunciadores del festejo se hizo saber que tras del paseíllo, se entregaría a Diego Mazquiarán Fortuna, la Cruz de Beneficencia en reconocimiento a su hazaña del 23 de enero anterior, en la avenida Conde de Peñalver, donde estoqueó un toro desmandado, para evitar que causara una desgracia.

Y una vez que partieron plaza Fortuna, vestido de violeta y oro; Valencia II, de blanco y oro; Nicanor Villalta, con terno malva y oro; y, El Tato, con vestido grana y oro, y celebrada la entrega de la presea anunciada al primer espada, salió el primero de la tarde, llamado Rosquillero, de Martín Alonso, toro colorado con el que Edmundo Maldonado El Tato, se convertiría en matador de toros. Escribió Federico M. Alcázar, para el diario El Imparcial:

Empieza el festejo. La Plaza se va llenando poco a poco, y cuando sale el primer toro, de Veragua, quedan unos pequeños claros en la sombra... Tato de Méjico, que toma la alternativa, empujado por el triunfo que consiguió en esta Plaza la última novillada quo toreó, da unos lances, en dos tiempos, con suavidad y templo de buen torero. Los aplausos se repiten en el primer quite, y se hacen extensivos a Fortuna al echarse el capote a la espalda y rematar tocando el testuz... Ceremonia de alternativa. Fortuna arma matador de toros a Tato de Méjico. Felicitaciones de rigor… El de Veragua llega a la muleta agotado, pero docilón, y el nuevo doctor empieza con dos muletazos por bajo, y luego torea en redondo y de pecho, parado, suave y artista. Se rompe el aplauso, y continúa la faena, dando algunos pases de admirable factura. Arranca derecho y coloca una corta arriba. Dobla el toro y se aplaude al flamante matador...

Mejor estuvo ante el octavo de la corrida, lidiado ya con el auxilio de la luz eléctrica, según cuenta Maximiliano Clavo Corinto y Oro para el diario La Voz:

La pelea que hace “Señorito” es de manso sin atenuantes. No nos ha salido uno bravo de verdad… Conste también este detalle. Huyendo de todo cuanto ve moverse en la plaza y buscando la barrera a todo trapo se consigue hacerle tropezar con los jacos de tanda, y con tal mal estilo pelea con ellos que no hay caperuza porque hay hombres de buena voluntad... La noche se nos echa encima en el primer tercio y el alumbrado eléctrico se hace para acabar la corrida... Final: Tato de Méjico hace ahora los verdaderos honores a su doctorado y al cartel que me dicen tiene en Madrid. La faena que hace el mejicano al colmenareño es de artista brillante. Sobre la mano derecha da una serie de parones con absoluta rigidez, llevando al bicho clavado en los vuelos de la franela con extraordinario temple. El público se entrega al Tato en una ovación grande y en un olé general y entusiasta. Falta a la bonita faena, sin embargo, un digno remate. Tato da un pinchazo sin bajar lo suficiente la mano izquierda, media estocada ida, otro pinchazo, y la cosa se hace pesada al final. Con un descabello al primer golpe termina la corrida de la Oreja de Oro, en la que me parece que el diestro Fortuna va a salir doblemente condecorado...

Como podemos apreciar, sin haber triunfado con rotundidad, El Tato justificó su inclusión en un cartel de tan grande tradición y también el hecho de que se le haya investido matador de toros en la plaza de toros más importante del mundo.

La alternativa de El Tato fue la tercera de un torero mexicano en la plaza de la Carretera de Aragón, después de las de Ponciano Díaz celebrada el 17 de octubre de 1887 y de Refulgente Álvarez, del 17 de julio de 1927. También fue la última de un paisano nuestro en ese redondel, porque el siguiente mexicano que se doctoró en Madrid, ya lo hizo en la plaza de Las Ventas.

El Tato se presentaría como matador de toros en El Toreo de la Condesa el 20 de octubre de 1929 y se marcharía a torear a Colombia en 1934, país en el que estableció su residencia, falleciendo en su capital, Bogotá, el 29 de mayo de 1964.

domingo, 20 de septiembre de 2026

18 de septiembre de 1931. Carnicerito de México confirma su alternativa en Madrid

Carnicerito de México se había presentado como novillero en Guadalajara el primero de marzo de 1925, para después hacerlo el 31 de mayo siguiente en el Toreo de la Condesa. Posteriormente recibiría una alternativa en El Progreso de la capital tapatía el 6 de marzo de 1927 de manos de Luis Freg, lidiándose toros de El Carnicero. Renunciaría a ese doctorado, pues volvería a actuar como novillero en El Toreo en 1928 y sería uno de los triunfadores de la temporada en esa plaza el año de 1929, junto con Alberto Balderas, Esteban García, Carmelo Pérez y Jesús Solórzano, alternando con los tres últimos en la disputa de la Oreja de Plata, mismo que se llevó el último de los nombrados.

Marcha a España al año siguiente y se presenta en aquellos ruedos el 4 de mayo en la plaza de Tetuán de las Victorias, alternando con Miguel Morilla Atarfeño y Juan Martín Caro Chiquito de la Audiencia en la lidia de novillos de Antonio Llanos. Actuaría siete tardes consecutivas en esa plaza, para presentarse en Sevilla el 22 de junio siguiente, en Madrid el 3 de agosto, en Zaragoza el 21 de septiembre y en Barcelona el 26 de octubre. Sumó en esa campaña 29 novilladas.

Entre los novilleros mexicanos que hacían campaña española en ese calendario, destacaron además de Carnicerito, Julián Pastor, Jesús Solórzano, Alberto Balderas y Luciano Contreras.

La alternativa definitiva en Murcia

Los triunfos que conquistó en la novillería le consiguieron la alternativa, la que se programó para el domingo 13 de septiembre de 1931 en la plaza de La Condomina de Murcia. El cartel se formó con un encierro andaluz de Miura, el borojeño Domingo Ortega y el bilbaíno Jaime Noaín. Era, en el lenguaje mercadológico de estos tiempos, un cartel juvenil, porque los tres compartieron varios carteles en su etapa de novilleros.

El 28 de octubre del año anterior, Carnicerito y Luciano Contreras habían dado una gran tarde de toros en una novillada que torearon mano a mano en La Condomina, razón por la que el torero de Tepatitlán tenía buen ambiente entre la afición murciana. El primero de la tarde se llamó Cebolleto, un toro quedado ante el cual solamente pudo estar valiente. Refiere la crónica del ABC madrileño que pudo rehacerse ante el que cerró plaza y que de no fallar a espadas pudo cortar alguna oreja. Al final del festejo se llevaron en hombros a los tres diestros, aunque solamente el vizcaíno Noaín había cortado apéndices.

José González no dejó pasar mucho tiempo para confirmar su alternativa en la plaza de la Carretera de Aragón. Apenas cinco días después de doctorarse, en una corrida calificada de extraordinaria, se decidió a la ratificación y así, para el jueves 18 de septiembre de ese 1931, fue anunciado junto con Manolo Bienvenida como padrino, Domingo Ortega como testigo y toros toledanos de Celso Cruz del Castillo, de encaste Saltillo.

Cuando sale el toro y todo lo descompone

La corrida de don Celso Cruz del Castillo no cumplió con las expectativas que en ella se pusieron, de hecho, puso en entredicho el prestigio de su criador. Las crónicas en su conjunto, coinciden en el hecho de su mal comportamiento en el ruedo y de que fue la causante de que un cartel que provocò un lleno en la plaza, terminara siendo un festejo en el que reinó el aburrimiento, a pesar del esfuerzo desplegado por los toreros. Cuenta Cèsar Jalòn Clarito, en su crónica aparecida en el diario El Liberal, la misma noche del festejo: 

Los toros de D. Celso Cruz del Castillo, de Maqueda, según dicen los carteles – sin duda por error o por errata, pues es Malqueda el verdadero nombre de origen que le va al ganado –, hace años que se juegan con tan mal éxito de presentación como de bravura. Lo chico y lo flaco en ellos suele ser tan corriente como lo manso. De algunos de esos males salieron redimidos en la corrida extraordinaria de ayer. No eran chicos – por lo menos cuatro de ellos – ni estaban flacos. Habían crecido y engordado con la ayuda de Dios... y de la Empresa, que les dio de comer unos meses en sus prados. Pero quizá esta misma circunstancia contribuyó a que el capítulo de la mansedumbre rebasase el nivel acostumbrado, a que fuesen los toros todavía más mansos, por más grandes…

Refiere el autor de unas de las más celebres Memorias que conoce la historia del toreo, que la corrida que permitió a Carnicerito de México confirmar su alternativa en Madrid, ya había estado por la Plaza de la Carretera de Aragón, pero que tuvo que ir a los predios de La Muñoza a terminar de ponerse, porque no estaba en condiciones cuando originalmente fue programada.

Por su parte, Rafael Hernàndez y Ramìrez de Alda, firmando como Rafael en el diario madrileño La Libertad, en torno a esta misma circunstancia, reflexiona:

Salieron al ruedo seis toros de D. Celso Cruz del Castillo, uno de los cuales fue retirado por estar cojo, y sustituido por otro de don Luis Bernaldo de Quirós, todos ellos gordos, finos, bien encornados y de bonito tipo; pero todos, ¡ay!, lo mismo los de D. Celso que el de D. Luis, mansurrones, quedadotes, sin genio ni estilo alguno, propios para que en ellos se estrellasen todas las ilusiones y todos los buenos deseos de los lidiadores. Como ocurrió…

Además de lo que apuntó Clarito, el cronista de La Libertad relaciona el hecho de que uno de los toros de Cruz del Castillo - el tercero - fue devuelto a los corrales. La razón legal esgrimida fue una supuesta cojera, pero lo que refieren varias de las crónicas, la razón legítima, es que se exigía su vuelta a los corrales por su manifiesta mansedumbre. A saber.

La realidad es que, siendo el toro el eje de esta fiesta, lo que puedan hacer o dejar de hacer los toreros está sujeto al comportamiento que estos desplieguen en la arena. Entonces, esos fueron los mimbres que tuvo la terna hace 95 años por estas fechas.

La actuación de Carnicerito

Ya apuntaba en líneas anteriores que la tarde fue cuesta arriba. Pero el diestro jalisciense no era de los que se detuvieran ante los obstáculos, por escarpados que parecieran. Ya había dejado por sentada esa arista de su personalidad torera durante su paso por las filas de la novillería, como lo advierte Federico M. Alcázar en su crónica publicada en El Imparcial al día siguiente de la corrida:

Carnicerito de Méjico no es una novedad. Tampoco un improvisado. Ha hecho la carrera paso a paso, derrochando bastante más valor que el que tienen estos fenómenos caniculares. Llega a la alternativa en sazón. Podrá o no tener una tarde brillante, pues eso depende en gran parte del ganado; pero lo que sí podemos afirmar rotundamente es que, con éxito o sin él, no saldrá de la plaza fracasado. Conoce el toreo con buenas maneras y, sobre todo, tiene valor para arrimarse. Esperemos el resultado... No me gusta este primer toro. De salida echa la cara al suelo, escarba y empieza a probar. Mal síntoma. Carnicerito le busca y tantea en varios terrenos, por fin logra dar tres verónicas paradas y ceñidas. Pero el de Cruz del Castillo se va. Sale suelto en el primer puyazo y continúa tardo y reservón... El nuevo matador de toros coge las banderillas por complacer al respetable, pues el toro no está para lucimientos. Cuartea un par bueno y repite con uno en tablas valentísimo. Se aplauden... Carnicerito encuentra al manso como salió del chiquero: con la cara por el suelo y sin embestir. Empieza con cuatro pases por bajo, en los que para, aguanta y se dobla valientemente... Como no es posible el lucimiento se decide a matar y señala un buen pinchazo; repite con otro de idéntica factura y descabella. Palmas y pitos al toro en el arrastre...

Dejó constancia Carnicerito de que, si bien el valor era su divisa, tenía el oficio bien aprendido y podía con los toros que le salieran. La cuestión del lucimiento ya es una externalidad, a veces posible, a veces no.

Por su parte, el ya citado Rafael, resume una tarde que entre líneas, advierte como un error de la administración del torero, según podemos leer:

Carnicerito de Méjico tomó la alternativa en las peores condiciones que pudieron ofrecérsele. En una corrida en que el fracaso era inevitable para cualquiera que no fuera un lidiador muy hábil y un torero muy completo, tuvo el buen gusto de no recurrir a esas temeridades novilleriles que le hubieran llevado a la enfermería sin que por eso se pudiera decir que habla estado bien. Su voluntad la demostró cogiendo las banderillas en el primer toro y jugándose la piel para clavarle dos pares y medio en los terrenos de dentro, donde lo que se contrasta es más el valor que el dominio de la suerte... En sus dos toros estuvo cerca y, en resumen, se puede decir de él que despachó los dos toros sin mengua para su decoro profesional y sin que el público, que se dio cuenta de la clase de enemigos que tenía, subrayara con protestas su labor. Puede decirse que el nuevo doctor quedó pendiente de otro examen para calificarle oportunamente...

Poco se puede agregar al análisis de Hernández y Ramírez de Alda, salvo tener en cuenta la consideración que hace acerca de la incomprensión de la concurrencia al esfuerzo del torero por agradar.

Por su parte, Gregorio Corrochano, en su tribuna del ABC madrileño, resume lo sucedido de la siguiente manera:

Poco tiene que contar la corrida de ayer. Si no se hubiera celebrado hubiera ganado – ganar por no perder – el crédito de una divisa, el de algún torero y el de algún negociador que recurriera al crédito para satisfacer una afición. Porque la corrida fue así... Lidiáronse toros de D. Celso Cruz del Castillo, que no pudieron jugarse en junio por falta de trapío, engordados en los prados de la empresa. Si alguna bravura tenía, el pienso se la quitó... Carnicerito de México eligió mala tarde para refrendar su alternativa. Buscó la emoción en banderillas, y, a decir verdad, la encontró. No banderilleó bien, pero la emoción estaba lograda. Muleteó con muchos toreros alrededor, muchos. Le estorbaron todo lo que pudieron. ¿No se dan cuenta los toreros de lo que estorban en tropel? Se van acercando, acercando, como si no vieran bien desde más atrás y quisieran verlo de cerca. Con esto, el toro se descompone más; el torero no sabe por qué hace aquello el toro y el peligro que se quiere evitar se aumenta, y el deslucimiento es el dueño del ruedo...

Una apreciación adicional la de don Gregorio encontramos aquí, en el sentido de la lidia defectuosa por parte de las cuadrillas. En fin, que las cosas no se dieron, al parecer, en ningún sentido para encaminarse por un sendero de triunfos.

El resto de la corrida

Manolo Bienvenida fue el mejor librado de la terna, cuando le realizó una gran faena al segundo de la tarde Arrojador, tras de la que dio una muy aclamada vuelta al ruedo, después de una insistente petición de oreja que no fue atendida. Por su parte, Domingo Ortega tuvo una tarde para el olvido, le tocó despachar al tercero bis, de Bernaldo de Quirós y al quinto, de la ganadería titular, siendo abroncado en ambos y al retirarse de la plaza, cuenta Corinto y Oro:

El diestro Ortega, al salir de la plaza, fue objeto de ruidosas protestas, y tuvo que protegerlo la autoridad contra las agresiones del público…

El toro de la confirmación de Carnicerito de México se llamó Estudiante, fue negro, bragado y veleto de encornadura.

domingo, 12 de julio de 2026

10 de julio de 1910: El encuentro de El Papa Negro y Viajero de Trespalacios

El Nuevo Mundo, Madrid, 14 de julio 1910

Escribía don Manuel Serrano García Vao Dulzuras en su anuario Toros y Toreros dedicado a la temporada 1910:

Un ejemplo de voluntad firme, de afición grande, de pundonor exagerado es el que ha dado el joven Manuel Mejías, y ha sido una lástima que, cuando mayor era la velocidad adquirida, haya encontrado un obstáculo que le ha impedido continuar la marcha triunfal con tan grandes resultados emprendida con paso firme y puesta la vista en un punto al que quería llegar y podía llegar, según hemos visto por el esfuerzo realizado... Llevaba cinco años de alternativa, en los que no había perdido terreno, sino al contrario, había ganado todos los años un poco, pero no lo suficiente para ocupar el lugar que desde luego era su ilusión, como es la de todos... Tuvo un rasgo de clarividencia y un arranque de valor, y se presentó al empezar la temporada de 1910 ofreciendo a los públicos todo el gran toreo que tiene dentro, y sacando de lo más hondo de sus reservas un excelente matador de toros, que había estado oculto mucho tiempo... Los ímpetus que traía eran avasalladores; de los que espantan, alegran, entusiasman, producen estupefacción y arrollan todo lo que cogen por delante...

En ese sentir, el joven Bienvenida había contratado para ese calendario más de medio centenar de festejos y para el 10 de julio de 1910, llevaba cumplidos 19 contratos, de los cuales, 16, se verificaron en las plazas de Sevilla, Madrid y Lisboa, tres de primera línea. Para esa tarde del 10 de julio de 1910, refiere Luis de Armiñán, la empresa de Madrid a traves de Manuel Retana, propuso inicialmente un cartel en el que El Papa Negro alternara con Machaquito y con Rafael El Gallo, pero, don Manuel se empeñó en hacerlo en solitario:

Se lo agradezco, don Manuel, pero llevo una temporá magnífica y deseo redondearla aquí, antes de completarla en el norte. Tengo sueños, esperanzas muy grandes. Ruegue a mis compañeros que me cedan la fecha... ¿Qué toros tienen ustedes? … En «La Muñoza» hay dos corridas del conde de Trespalacios... A Manolo le agradaba entonces el ganado de Trespalacios, prócer extremeño... Retana y Bienvenida escogieron los más gordos y entre ellos, uno que les gustó mucho... Era cárdeno, chorreado, alto de cuerna, número 13 en su camada, se llamaba «Viajero». El buen sastre no quería lidiarle... Mira Manolo, que tiene cara de guasa, es descaradillo y alto de agujas...

Bienvenida manifestó su gusto por ese último ejemplar y hasta anunció que lo echaría en tercer lugar.

La corrida del 10 de julio de 1910

Bienvenida vistió ese domingo un terno grana y oro y llevó como sobresaliente de espadas al entonces novillero Alfonso Cela Celita y presidió el festejo don Antonio Rosado.

Ante el primero, llamado Cometa y el segundo Jardinero, Bienvenida lució sobre todo en los primeros tercios. Saludó en los medios tras el arrastre del que abrió plaza y su labor fue silenciada al terminar la lidia del segundo. 

Viajero de Trespalacios

Quien firmó como Don Benigno, encargado de la información taurina del diario El Mundo de Madrid, relata lo siguiente:

El socio que sale ahora se llama Viajero, viste de cárdeno y es algo mayor que los otros... Bienvenida da tres lances, muy bueno el primero, bueno el siguiente y atropellado el otro... Tampoco es bravo este toro, y tardea como los otros para acometer cuatro veces, la cuarta en los toriles, por dos caídas... Vuelve a parear Bienvenida, clavando un par al cambio, un poco pasado, pero dejando llegar... Bienvenida brinda al público de sol y se va solo al toro... Cita de largo, acude el toro, codicioso, derrota al bulto y engancha á Bienvenida por la pierna izquierda, lo tira a lo alto y en el suelo le mete la cabeza, sin acertarle... Acuden los capotes y Bienvenida se lleva la mano á la pierna, sin poderse levantar, y en brazos de los peones es conducido a la enfermería... La impresión en el público es enorme y el sentimiento general. Este era el primer toro que salía propósito para quo se luciese el torero... De la enfermería dicen que es un puntazo lo de Bienvenida. Parecía más...

La realidad se iría develando al paso de las siguientes horas, porque todavía el parte facultativo rendido por el servicio médico de plaza era escueto y daba espacio al optimismo:

«Durante la lidia del tercer toro ha ingresado en esta enfermería e1 diestro Manuel Megías (Bienvenida), con una herida contusa en la región de1 tercio medio del muslo izquierdo y en la cara interna, de cinco centímetros de extensión y unos seis de profundidad, y otra en la cara posterior, de tres centímetros de extensión y que interesa sólo la piel y tejido celular. – Doctor Julián de la Villa.»

La cirugía se realizó en la enfermería de la plaza y se reportó que no había mayores lesiones que las descritas en el parte, por lo que en esa misma tarde se trasladó al torero herido a su domicilio para su recuperación, señalando el doctor de la Villa que estaría recuperado en unos veinte días.

Al día después del percance

En la madrugada posterior a la cornada, Bienvenida comenzó a sentir fiebre y dolor en la región herida, por lo que pidió la intervención del doctor Pindado, para hacer una nueva exploración de sus lesiones. En el ejemplar del diario El Mundo salido el 11 de julio de 1910, se publicó la siguiente información firmada por su cronista Don Benigno:

A las doce le curó el doctor Pindado... Al trasladarle de cama se vieron dos charcos de sangre en el suelo, señal de que Bienvenida había sufrido una hemorragia de consideración durante la noche... El doctor Pindado procedió a reconocer minuciosamente la herida, y se encontró con que la de la parte anterior del muslo, que se creyó puntazo, era un cornalón, según el tecnicismo médico de los toreros, cuya profundidad no pudo determinarse, pero que excede de 12 centímetros... Ni con el dedo ni con unas pinzas, al limpiar con algodones la herida, pudo encontrar el doctor Pindado el fondo de aquella... Sin embargo, como no hay vasos ni tendones interesados, esta no es grave. De ella extrajo el médico un trozo de taleguilla...

Tras de la cura, y ya sintiéndose mejor, el torero habló con los periodistas, explicando el mecanismo de la cornada:

Yo cité al toro de largo, esperándole con los dos pies juntos para darle así un pase natural. Él se vino a mí, se ilusionó con el bulto y yo le quise dejar llegar y le dejé, le dejé, y cuando le metí la muleta, él no hizo caso, se metió por debajo y me pudo... Este es uno de los salarios del oficio... Cuando se los pagan a uno, no hay más remedio que cobrarlos...

Con esa entereza asumió Bienvenida el gravísimo percance que había sufrido.

El duro trance de la recuperación

En cuanto pudo viajar, Bienvenida volvió a su casa en Sevilla, pero se percató que no podía mover la pierna herida. Pidió la opinión del médico Gonzalo Blanco, quien, tras valorarlo, concluyó que tenía seccionado el nervio ciático y de allí inició un peregrinar por diversas clínicas y consultorios donde la respuesta a sus interrogantes caía en el mismo casillero: había quedado inútil para seguir siendo torero. 

Hasta que encontró al doctor Decref quien había atendido a un picador suyo, Monerri, quien había sufrido una seria lesión tras de una caída de un caballo. Decref le diseñó una especie de prótesis que le ayudaba a caminar y le aplicó sesiones de electroterapia, las que se sumaron a una cirugía que logró unir los cabos del nervio seccionado, y que permitieron que, con el tiempo, la pierna recobrara su movilidad.

El devenir del torero

Bienvenida reapareció hasta el mes de abril de 1911, temporada en la que no tuvo muchos éxitos, debido a su disminuida condición física. Para el año de 1912, arrancaba una temporada que sería definitoria en su futuro como torero, pero el 26 de mayo, en Madrid, el pitón de otro toro, éste llamado Ropero de la ganadería de Esteban Hernández, le hirió de gravedad de nueva cuenta en el muslo izquierdo. 

Escribió en su día Verduguillo:

Yo creía que a 'Bienvenida' lo había quitado de torero la cornada que le dio el 10 de julio de 1910 en la plaza de Madrid el toro 'Viajero', cárdeno, número 13, de la ganadería de Trespalacios, al iniciar su faena con el llamado pase de la muerte... El mismo “Bienvenida” me sacó del error:

- No – me dijo una noche – el toro que me cortó la carrera fue “Morito”, negro zaíno, número 45, de la ganadería de don Esteban Hernández, en Madrid, el 14 de mayo de 1912...

El nombre del toro y la fecha no coinciden, pero la corrida a la que me refiero es la misma a la que hizo mención el torero en esa conversación, porque ese 14 de mayo de 1912, no hubo toros en Madrid.

Bienvenida toreó por última vez vestido de luces en España el 9 de septiembre de 1924 en Bélmez, Córdoba, mano a mano con Manolo Belmonte, para lidiar toros de Pérez de la Concha y fue aquí en México, en el Toreo de la Condesa donde lo hizo por última vez en su vida, el 20 de marzo de 1927, en un festejo benéfico, matando él dos toros de San Diego de los Padres y sus hijos Manolo y Pepe, cuatro erales de Xajay.


domingo, 3 de mayo de 2026

3 de mayo de 1931: Alberto Balderas confirma su alternativa en Madrid

La temporada española de 1930 vio llegar allá a varios novilleros mexicanos que después escribieron páginas importantes en la historia del toreo. Jesús Solórzano, Carnicerito de México y quien ocupará el espacio de este domingo, Alberto Balderas, quien después sería conocido como El Torero de México. De los nombrados, fue el que más festejos toreó esa campaña, presentándose en 28 tardes y haciéndolo en las principales plazas de España y actuando en las plazas de Barcelona, Madrid, Sevilla, Bilbao, Murcia y Alicante, entre las de más renombre.

La conclusión de ese andar entre los novilleros le permitió recibir la alternativa en Morón de la Frontera el 19 de septiembre de ese año.

Le apadrinó Manolo Bienvenida y ofició como testigo el gitano malagueño Andrés Mérida, cediéndosele al toro Hocicudo de Guadalest. La terna completa tuvo un sino trágico. Padrino y testigo murieron muy jóvenes, a causa de enfermedades y El Torero de México, en las astas de los toros. Cuenta don Armando de María y Campos:

Muchos cronistas sevillanos fueron a Morón de la Frontera a cumplir su cometido... conviene usar la que publicó esa misma noche el diario sevillano “La Unión”. Es una reseña breve, espontánea, de simple información y por ello, valiosísima... Se ha celebrado la tercera corrida de feria, que tenía el aliciente de la alternativa del novillero mexicano Alberto Balderas. Como padrino del nuevo doctor figuraba el joven maestro en lides taurómacas Manolo Bienvenida... El lleno es rebosante. Primero. – Balderas ejecuta cuatro verónicas muy templadas y artísticas... Después coge las banderillas y coloca un par de frente muy bueno; otro de poder a poder y el tercero al cambio... Manolo Bienvenida, con el ceremonial de rigor, doctora al mexicano... Balderas inicia su faena de muleta con un pase al natural; otro, rodilla en tierra, los dos de calidad excelente. Sigue muy valiente y artista y en cuanto iguala el toro atiza un espadazo en hueso. Repite con una gran estocada que tumba al toro. (Ovación grande y oreja). También da el diestro la vuelta al ruedo para recoger los aplausos del público...

Después de esa tarde, Balderas torea en Olivenza, Quintanar de la Orden, Oporto, plaza en la que tenía gran cartel y cierra su campaña europea en Lisboa, para regresar a México y prepararse para actuar en la temporada del Toreo de la Condesa.

La confirmación madrileña

Para el año de 1931, Alberto Balderas y Jesús Solórzano volverían a España para tratar de confirmar sus alternativas en Madrid. En esa tesitura, la de Balderas quedó pactada para la cuarta corrida del abono, a celebrarse el domingo 3 de mayo de 1931. Al efecto, se anunció un encierro del Marqués de Villamarta para Cayetano Ordóñez Niño de la Palma, el valenciano Vicente Barrera y Alberto Balderas, quien confirmaría su alternativa.

Los toros que se lidiaron

Al final de cuentas, de la corrida de Villamarta solamente se corrieron cuatro de los toros anunciados. El segundo y el sexto de la función fueron devueltos después de salir al ruedo, por debilidad manifiesta, dicen la mayoría de las crónicas. En primer lugar, cito la de Federico Morena, quien en el diario Heraldo de Madrid, salido al día siguiente de la corrida, reflexionó lo siguiente:

El marqués de Villamarta va también, como el abono madrileño, de mal en peor. Fracasó en Sevilla y ha fracasado ayer, de modo más rotundo, en Madrid. Los toros de esta cuarta y menguada corrida fueron desiguales, y tan chicos algunos que no arrancaron 1a protesta porque encubrieron la pequeñez del cuerpo con el tamaño de la armadura. Por lo demás, hubo toros de fea «construcción» y altos de agujas, y tampoco demostró el ganadero gran escrúpulo en cuanto a la edad de los cornúpetos... ¡Verdad, marqués, que se deslizó en la corrida más de un utrerillo! El toro que abrió plaza, «Giraldillo», fue, sin duda, excelente para el ganadero, pues derribó, y derribó con fuerza, las cuatro veces que arremetió contra los caballos; pero, ciertamente, no tuvo buen estilo para los infantes. No doblaba con franqueza por el lado derecho, se tapó en banderillas y, en fin, llegó al tercio final un poco huido... El segundo, cojo, fue sustituido por un boyancón, admirablemente criado, eso sí, de D. Manuel Aleas... Nos engañó el tercero, de verdad. Lanzóse al salir sobre los peones como un rayo y dobló admirablemente, y con inmejorable estilo, a diestra y siniestra; pero al instante se fue del capote de Barrera varias veces, con marcada tendencia a los chiqueros. Se vencía un poco por el lado derecho. Dolióse al castigo, Y llegó a la muerte aplomadote da puro soso... Del cuarto no se puede decir que honrase al ganadero. Fue un toro poco boyante. Se arrancó bien a los caballos, pero con muy poca codicia, y en la hora suprema mostróse incierto y «esaborío»... El quinto, «Maquinista», fue un toro «imberbe». Se dejó torear mejor que sus hermanitos. ¡La juventud!... E1 sexto, chico también, nos resultó cojo. Y fue una verdadera lástima, porque se comía, materialmente, el capote, y Balderas le toreó a la verónica gracioso y artístico. El sustituto, ¡oh dolor!, fue otro buey de la señora viuda de Soler... Demostrado queda que el marqués de Villamarta fracasó en Madrid... Aquí se demuestra casi todo...

Por su parte, César Jalón Clarito en el número de El Liberal salido el 5 de mayo siguiente, dijo:

¡Villalón, Villagodio, Villamarta, Villarroel! ... De esta pesada retahíla – pesadilla de la fiesta hace diez o doce años – han desaparecido los Villalón y Villagodio. Dos de Villarroel apenas se lidian. Y quedan únicamente en el morcado loe toros de Villamarta. De éstas fueron los de la peor corrida de feria de Sevilla y los de la cuarta corrida del abono, digamos padecida mejor que celebrada, el domingo, en Madrid… Mal de presentación. Cuatro con el tipo exigible; pero dos que ni aun disfrazados con cabezas dé toro podían admitirse, Mal de estado físico – y eso que este año no hay glosopeda –. Hubo que retirar del ruedo el segundo y el sexto porque no se tenían en pie y sustituirlos con uno de Aleas y otro de Soler. Y peor que de todo de bravura. verdad que cumplieron en el tercio de varas y algunos hasta recargaron. Cumplen ya todos los toros- ¡Todos! Hasta ese de Aleas, que no quería nada con nadie. Hasta el de Soler, que salía rebrincando de las varas, con más peligro en las patas que en las astas. Todos cumplen ya. Y cuanto más mansos, antes y mejor, porque se saca rara vez la suerte a su sitio, a la raya del tercio, y casi nunca se hace limpiamente y sin acoso; los mansos, aquerenciados con las tablas, se encuentran en ellas los puyazos, no sólo sin buscarlos, sino cuando creen que van huyendo de ellos...

De acuerdo con lo escrito por los cronistas, el encierro no era de los que podría permitir a los toreros mayores florituras. 

La corrida de la confirmación

Ya hablaba Federico Morena de que la temporada iba con malos rumbos. La entrada fue aceptable, pero la plaza no se llenó y los toros, salvo uno – el quinto – se encargaron de hacer que la tarde fuera casi soporífera. Y el mismo cronista del Heraldo de Madrid dejó dicho que el toro con el que Balderas confirmó su alternativa se llamó Giraldillo y casi toda la prensa madrileña trató al confirmante despiadadamente, en una gama de tonalidades – casi todos en un breve párrafo – que oscilaban entre el considerarlo un indocumentado, hasta aquella que dejó en blanco y negro que su paso por el ruedo madrileño de esa tarde, estuvo dominada por el miedo. Pero también hubo opiniones ecuánimes, más desarrolladas y fundadas. Entre ellas está la de Maximiliano Clavo Corinto y Oro, quien en el diario La Voz, salido al día siguiente de la corrida, escribió:

Mala suerte la del mejicano Balderas en una tarde tan importante para él como la de la confirmación de su alternativa en Madrid. El Balderas aquel de agradables recuerdos por su fino estilo de torero en su etapa novilleril no pudo ayer mantener el prestigio que un día conquistara, se le vio muchos ratos animoso, como se le vio también apuntar lo que otras veces le vimos en momentos determinados. De los ocho lances que dio a su primer toro, en tres cargó la suerte y templó como cumplía a sus buenas maneras. Cogió banderillas (mal hecho, porque el bicho tenía fuerza, pero no alegría) y sólo consiguió demostrar un buen deseo en el único par que clavó. Comenzó bien la faena de muleta, estropeada luego por el viento, que dejaba descubierto al lidiador, y por un gañafón peligroso que le tiró el Villamarta. Con decisión arrancó a matar dos veces, dando un pinchazo hondo en la primera y una corta buena, en un viaje honrado, en la segunda. (Aplausos) … En último lugar se las entendió el mejicano con el bicho de Soler, un sardo descaradote de pitones que embistió muy poco y con muy mal estilo. De la sesión de lances apuntamos a Balderas dos con relativa elegancia. Huido el morlaco, imposibilitó todo lucimiento en quites. Otro destello de buena voluntad, en un par de banderillas, que, como en el otro, tampoco debió coger, porque el enemigo no se prestaba. Balderas comenzó por bajo, cerca y bien la faena de muleta. Nos gustó un pase de pecho y nos agradó su propósito de torear al natural; nada más que el propósito, porque el “género” no estaba para estas exquisiteces. Procuró luego “tirar” del boyancón pisándole su terreno casi entre los pitones, pero no cristalizó el afán del diestro por buscar aplausos entre los pitones y las pezuñas del bicho se quedó enredada tres veces la muleta. Hay días aciagos y los dioses se recrean en que estos días sean los en que el viento debiera soplar más favorablemente. Tres pinchazos y otro desarme; por fin, dos intentos de descabello, clavando en el último un palmo de estoque. Lo dicho: hay días aciagos. Balderas es joven, es fuerte y sabe torear; lo ha demostrado. Otra corrida, dos toros, no dos mulos con los que haya que andar a trastazos, y el Balderas de los buenos recuerdos recientes quizá vuelva a resurgir en su verdadera salsa...

Corinto y Oro deja bien claro que, ni el de Villamarta – ganadería titular –, ni el sobrero de la Viuda de Soler eran toros para conseguir lucimiento, aunque también reconoce que el confirmante, en su intento de agradar a la afición de Madrid, realizó algunas cosas que no venían al caso.

Por su parte Federico Morena en el Heraldo de Madrid, de la misma fecha, relató:

El mejicano Balderas, buen torerito indiscutiblemente, refrendó su alternativa en la fiesta de ayer. No tuvo suerte con su lote. Es decir, si el público hubiese aceptado el sexto toro, quizá hubiera promovido un «escándalo», porque, a juzgar por lo que vimos, era un toro «de carril». Pero llovía sobre mojado y al «respetable» se le habían hinchado las narices, con razón. Lo sensible es que pagó las consecuencias el que menos culpa tenía... De cualquier modo, Balderas está donde estaba. Ni ha perdido ni ha ganado en la estimación del público con la corrida de ayer. Salió del paso decorosamente... y hasta la próxima. Pero a lo largo de la corrida pudimos saborear algunos lances a la verónica plenos de gracia y de enjundia torera, como aquellos que sacó en un quite durante la lidia del primer toro y, con especialidad, los que dio al sexto, impecables, en que apenas el público, entregado a la protesta airada, paró seguramente... Con la muleta no puede decirse que estuvo mal, dada la índole de sus toros. Al contrario, mostróse valeroso, y en algunos momentos estuvo sobre las circunstancias. Tengo anotados en su haber muletazos de positivo mérito, que el público, justiciero siempre, jaleó sin reservas. Pero he de recomendar al neófito que sujete mejor la muleta, para evitar los desarmes tan continuados y que tanto deslucen una faena... Balderas no pudo ayer demostrar sus condiciones de excelentísimo banderillero. En sus dos toros tomó los rehiletes, y en ambos tuvo que contentarse con poner un solo par decorosamente.  El buey de la viuda desarmaba de un modo atroz. No era posible meterle mano, y el incipiente espada respiró fuerte cuando le vio doblar… Esperemos la repetición para juzgar a Balderas, en definitiva. Ayer, repitámoslo, ni ha perdido ni ha ganado en la estimación del público...

La línea de razonamiento de Morena es similar a la del cronista de La Voz, en el sentido de que Alberto Balderas intentó estar por encima de las condiciones de los dos toros que le salieron, sin que ese esfuerzo se recompensara con lucimiento. 

La realidad es que ambos relatores dejan en claro una cuestión, lo realizado en esa tarde era del mérito suficiente para volverle a ver con otro tipo de ganado, que al menos en el papel, pudiera garantizarle la posibilidad de hacer el toreo que mostró en sus presentaciones allí como novillero.

De lo que terminó perdiéndose Madrid

Al final de cuentas, la afición de Madrid y la de España entera, no tuvo la ocasión de ver a Alberto Balderas en plenitud. Él fue un torero que, como Silverio Pérez – toda proporción guardada – nos lo quedamos para nosotros en toda su grandeza. Y eso es algo que nadie nos puede disputar.

domingo, 5 de abril de 2026

6 de abril de 1931: Jesús Solórzano confirma su alternativa en Madrid

El lunes 6 de abril de 1931 fue la fecha fijada para la Corrida de la Beneficencia, dice su cartel anunciador, a favor del Hospital Provincial de esta Corte, con un cartel integrado con ocho toros de don Bernardo Escudero Bueno antes del señor Marqués de Albaserrada, para Nicanor Villalta, Joaquín Rodríguez Cagancho, Francisco Vega Gitanillo de Triana y Jesús Solórzano, quien confirmaría la alternativa que recibió en Sevilla el 28 de septiembre del año anterior.

La situación política en España estaba revuelta, había campañas políticas para las elecciones municipales que se celebrarían el siguiente domingo 12, y en las cuales, la historia nos enseña, en las principales urbes de la Península Ibérica, los candidatos de orientación republicana triunfaron en las urnas, hecho que motivó que un par de días después, el Rey Alfonso XIII pactara la entrega del poder a quienes impulsaban la implantación de un estado republicano y su salida del país, pero sin abdicar a su trono. 

Esta Corrida de Beneficencia tiene un acento singular, porque fue la última que se celebró en una España monárquica hasta el 10 de junio de 1976, cuando en la plaza de Las Ventas, los rejoneadores Joaquín Moreno de Silva y Joao Moura, junto con los toreros de a pie Santiago Martín El Viti, Francisco Ruiz Miguel y Julio Robles enfrentaron toros del Conde de Mayalde, Lisardo Sánchez y de Fermín Bohórquez para rejones. A este último festejo asistió don Juan Carlos I con su esposa doña Sofía, sin que exista en la prensa de 1931, relación en el sentido de que Alfonso XIII haya ocurrido a la Plaza de la Carretera de Aragón.

La confirmación de alternativa de Jesús Solórzano

El primer toro de Bernardo Escudero que salió al ruedo fue nombrado Espartero, de pelo negro, y era el que estaba destinado para que quien pasaría a la posteridad como El Rey del Temple ratificara en la capital española su alternativa sevillana. La crónica madrileña en lo general coincide en que el diestro moreliano resolvió esa tarde halagüeñamente, aunque tampoco falta quien vea las cosas de manera negativa. Escribe Federico Morena para el diario Heraldo de Madrid salido a las calles la noche misma del festejo:

Los espadas, aprovechando las buenas condiciones de la res, se lucen en los quites, y el público, complacido, les aplaudo sin regateos… Jesús toma los palos y clava un buen par al cuarteo. (Palmas.) El bicho da en escarbar en la arena. Pero el de Méjico no encuentra dificultades en esta suerte, y prende otros dos pares, cuadrando en la cara y levantando muy bien los brazos. (Ovación.) … Ceremonia de alternativa, Jesús toma los avíos de matar de manos del aragonés. Brinda largo y sale al tercio en busca del de Albaserrada. Un pase ayudado por alto, magnífico… La muleta a la zurda y un natural, perfectamente ejecutado, que liga con el de pecho… Muy torero; sí, señores... Unos pases de buena factura sobre la derecha, y la alegría de unos molinetes. El público, encantado… Cuadra el bicho y el espada arranca derecho; pero se lleva el estoque, luego de un pinchazo hondo, ladeadito. Media estocada atravesadilla y otro pinchazo... Intenta el descabello y acierta al tercer empujón... Esto ha deslucido un poco la faena; pero el espada oye justas palmas...

Por su parte, Maximiliano Clavo Corinto y Oro, en La Voz, también aparecido la noche misma de la corrida, reflexiona:

Se trata de un toro negro, buen mozo y desarrollado de armas. Solórzano le sale al tercio del 1, y parando, templando y mandando admirablemente le pega cinco verónicas y media de las que acreditan a un torero... En el primer quite vuelve a apretarse el hombre, aunque el bicho se le pone por delante en una verónica, y en el segundo se nos aprieta también Villalta; otro quite del mejicano, admirable, cargando la suerte... Solórzano coge los palos, y comienza dibujando un par de frente de los de lujo. Repite con otro idéntico, de profesor, y cierra el tercio con un tercero con los terrenos cambiados, igualmente admirable... ¡Como la seda va el festejo, mi amigo! … Villalta, con las efusiones de rúbrica, entrega los trastos a don Jesús, que empieza con un ayudado estatuario, al que empalma un natural y otro de pecho, superiores. Continúa sobre ambas manos, muy cerca y muy valiente, un poco embarullado de tanto querer apretarse. El público bate aplausos en honor de la valentía y el estilo, aplausos que también merece el toro. En el primer empujón se le va la mano, y resulta un metisaca, y en el segundo, en línea recta, coloca una estocada corta que no hace el daño suficiente. Todavía hay un pinchazo en lo duro, y remata descabellando a la tercera... Estilo y muchas cosas de torero bueno, pero un poco de precipitación en la faena y al matar... Aplausos al torero y al toro...

De quienes salieron al día siguiente del festejo, que coincidieron con la mayoría, está Rafael Hernández y Ramírez de Alda firmando como Rafael, en su tribuna de La Libertad, quien contó:

Con tipo de torero, con seguridad de buen lidiador y con excelente estilo toreó por verónicas al primer toro y remató con quietud en los pies y temple y soltura en los brazos... El público, con ese certero instinto de las muchedumbres, vio desde aquel momento que en el mejicano hay un torero y un artista grande, y se declaró en su favor. Puede decirse que estaba roto el hielo. Hizo luego tres quites muy artísticos, toreando con mucha finura y parándose mucho con los toros... Cuando tomó los trastos de manos de Villalta ya tenía Solórzano ganado al público. Pero faltaba verle con la muleta, que es la piedra de toque del toreo. Y le vimos en una faena breve, pero torera y emocionante. Empezó con un ayudado, haciendo la estatua; siguió con un natural ceñidísimo, que ligó con el de pecho, aún más ceñido, y, entra olés y ovaciones, siguió toreando con la derecha muy artista y muy valiente. Mató de un pinchazo sin soltar, atacando con fe; media tendenciosa, otro pinchazo y un descabello al cuarto intento. No le acompañó la suerte al matar; pero, no obstante, el público le aplaudió con calor, tanto por la buena faena de muleta como para rubricar con su beneplácito la confirmación de la alternativa...

Por su parte, Gregorio Corrochano, en el ABC madrileño también salido al día siguiente del festejo, opina abiertamente en contra de la opinión general:

Decíamos que el primer toro fue excepcional. Yo no conozco el temperamento de Solórzano y no sé la importancia que dará a las cosas; pero supongo que le dará mucha rabia acordarse de este toro. Y lo supongo, porque a mí me ocurrió algo parecido. Verá usted, Solórzano. En una ocasión tropecé con una billetera. Quiero decir, mujer que vende billetes de Lotería. Ya sabe usted lo que porfía una billetera por vender. Otras veces me había porfiado, yo había adquirido y nunca logré premio alguno. Este día me resistí más. Ella, viendo que se escapaba el parroquiano, llegó a meterme un billete en el bolsillo. Decidido como estaba a no claudicar, saqué el billete y se lo devolví imperativo. Pero en este forcejeo había visto el número, un número insignificante de pocos guarismos, y le conservé en la memoria. A los pocos días, al leer un periódico, vi aquel número que me habían metido en el bolsillo y que yo no quise estaba premiado con el gordo. Cada vez que me acuerdo me da mucha rabia. Rechazar el premio gordo, cuando se ha tenido en el bolsillo es horrible. Por esto supongo la rabia que le dará a usted cuando se acuerde del toro de su alternativa en Madrid. Porque ese toro, para un torero, es meterle en el bolsillo el premio gordo. Y usted también lo rechazó. Lo mío tiene la disculpa del jugador quebrantado. Lo de usted era más claro. Para un torero no era difícil ver que aquel toro en Madrid era la reputación y el éxito. El premio gordo, créame usted. ¡Qué faena se pudo hacer! Y después de haber toreado bien de capa y banderilleado con facilidad y aceptación estaba el aplauso esperándole. La faena fue precipitación, falta de sosiego, sin dominio y atropellada; lo que pudo ser grande quedó en vulgar; lo que pudo ser el premio gordo quedó en un premiecillo de treinta pesetas. Buen toro se desaprovechó. Después de visto esto, lo del octavo era de esperar. A salir del paso, a terminar. Lo que me pasa a mí cuando juego a la Lotería; ya no me interesa. Después de haber rechazado el premio gordo... lo mismo me da jugar que no jugar, como a usted le sucedió en el octavo...

Juzga con dureza don Gregorio, quien un par de meses después, tendría ocasión de rectificar, expresamente, cuando le tocara relatar el encuentro de Solórzano con Revistero de Aleas, asunto que ya he tenido ocasión de contar por estas páginas virtuales.

El triunfo de Nicanor Villalta

Todos los cronistas coinciden en que la corrida de Bernardo Escudero fue buena, pero que de ella destacaron dos toros, el primero y el quinto. Este último fue el segundo del lote del aragonés Nicanor Villalta, con el que, terminó alzándose como el triunfador de la tarde. Escribe el ya citado Federico Morena:

QUINTO. – «Banderillo», cárdeno. Saca muchas libras. Y, sin embargo, corretón... Entra Villalta en acción... En el primer quite se echa el capote a la espalda, y nos alegra un poco la existencia con unos lances novedosos y pintureros. ¡Pero Villalta! … Solórzano cierra, el tercio de quites con cuatro lances muy vistosos, rodilla en tierra, que son premiados con nutrida salva de aplausos... Nicanor brinda a Ortega, el nuevo fenómeno, que ocupa, con Dominguín, una barrera del 2... El viento arrecia... Villalta empieza la faena con un pase ayudado por alto, luego da un natural, que liga con el de pecho, magnífico... El viento corta la faena. Moja la muleta y hace un faenón, así, como suena, con pases al natural y de pecho soberanos. Y luego torea en redondo y se mete materialmente en el toro. El público jalea entusiasmado al pundonoroso espada aragonés... Sigue toreando bravamente sobre ambas manos y mete, en fin, un soberano volapié. El toro cae con las cuatro patas por alto... El público, puesto en pie. aclama al baturro, que recibe un regalo del brindado, y algo que para él vale mucho más: las dos orejas y el rabo de «Banderillo» … El entusiasmo que hay en la plaza es indescriptible... ¡Bravo, Villalta! … ¡Viva Aragón! …

Nicanor Villalta fue sacado en hombros de la plaza al finalizar el festejo entre la algarabía de la concurrencia. El torero de Cretas se consolidaba como uno de los toreros favoritos de la afición madrileña.

Cagancho y Gitanillo de Triana

Los dos toreros gitanos también tuvieron su instante de lucimiento esa señalada tarde. Sin redondear ninguno de ellos una faena para la historia, dejaron su impronta en los quites al tercero de la tarde. Contó a sus lectores Federico M. Alcázar en su tribuna de El Imparcial, aparecido al día siguiente de la corrida:

El tercio de quites de los gitanos. – Gitanillo abre el capote en el tercer toro y hace un quite asombroso, inenarrable. Se pica Cagancho y le sigue otro inmenso. Se desborda el entusiasmo, y otra vez repitan loa gitanos el quite entre las aclamaciones de la muchedumbre. El estilo pasa de un capote a otro, depurándose, refinándose hasta lo inverosímil en Gitanillo, y adquiriendo en Cagancho ese colorido y esa gracia gitana que es la nota más acusada de su personalidad y el tono más encendido de su arte. El público los obliga a saludar al cambiar el tercio... Gitanillo vuelve, en el cuarto, a provocar el entusiasmo con el capote, toreando magníficamente...

Por su parte, César Jalón Clarito, en El Liberal, también al día siguiente del festejo, reflexionó sobre este pasaje de la corrida:

Flojo, desanimado el resto de la corrida, aún tuvo, sin embargo, otro momento destacable: el del portentoso tercio de quites de los dos gitanos al toro segundo. Cagancho y Gitanillo, tan parecidos y tan distintos – acontece con su fisonomía física que con su fisonomía artística –, enlabiaron una pintoresca disputa. A un quite del uno contestaba el otro mejorándolo. Así cantan por martinetes. Los lances de Gitanillo, largos, como sacados de un registro más hondo y estirados hasta el no hay más allá. Los de Cagancho, más ricos en garbo y en «color». Por eso digo que pareciendo iguales, son distintos. Ei público, claro, se entusiasmó en grande y loa ovacionó por igual: a los dos mucho…

Las faenas son un todo, pero a veces, un detalle, un lance o un remate se quedan para la memoria. Así le ocurrió ese Lunes de Pascua a los trianeros de la calle del Evangelista y de la calle de la Verbena con su toreo de capa.

A propósito de la Beneficencia

La Corrida de Beneficencia se ha considerado la fecha cumbre de la temporada española. Siempre. Por esa razón se exige para ella un cartel singular, redondo, En 1931 se ofreció en la segunda fecha de la temporada. Escribe Federico M. Alcázar:

De la corrida de Beneficencia, de esta corrida que fue famosa en otros tiempos cuándo había famosos toreros, tampoco queda más que el nombre y algún bello rostro de mujer perdido entre el público municipal y espeso. Perdió su prestigio tradicional y con su prestigio su abolengo. Hoy es una corrida más, con la única diferencia de que se lidian ocho toros y consiguientemente cuesta más dinero… Hasta las mujeres que esperaban esta corrida con impaciencia para lucir la airosa mantilla de blondas, le han vuelto la espalda con un gesto de desdén… Se va perdiendo lo castizo, lo típico, lo racial. El cosmopolitismo tiende a uniformar los pueblos y con los pueblos las costumbres. Los rasgos diferenciales, las virtudes específicas van desapareciendo para dar paso a una civilización aparatosa y sensual. Hombres y mujeres se clasifican por series como productos industriales. Lo grave es que esta clasificación alcanza también a los espíritus… Pero algo queda, al menos en España. Queda la fiesta de más recia, opulenta y viril hermosura del mundo, y con ella ese arrebato de las multitudes que pone en el alma temblores de emoción y en el corazón latidos de angustia...

Las reflexiones que hizo el cronista madrileño hace 95 años no tienen desperdicio, sobre todo aquellas que se refieren a lo que él llama cosmopolitismo y que hogaño entendemos como globalización, cosa que nos trata de igualar, de estandarizar, de convertir, efectivamente, en una especie de productos industriales.

Hoy como ayer, se sigue cumpliendo aquello de que no hay nada nuevo bajo el sol…

domingo, 8 de junio de 2025

8 de junio de 1933: Armillita corta un rabo en Madrid en el homenaje a Martín Agüero

Foto de Baldomero aparecida en el diario La Nación
Madrid 9 de junio de 1933

El quinto toro de la sexta corrida del abono madrileño de 1928, celebrada el domingo 20 de mayo, llamado Aceitero, marcado con el número 6, de los herederos de Esteban Hernández, ganadería conocida en sus mejores días como los pablorromeros de Madrid, le infirió una cornada al diestro bilbaíno Martín Agüero.

El parte facultativo que rindió el doctor Jacinto Segovia acerca del percance sufrido fue el siguiente, según se publicó en el diario La Libertad:

«Durante la lidia del quinto toro ha ingresado en esta enfermería el espada Martin Agüero con una herida por asta de toro en la cara posterior, tercio superior, del muslo izquierdo, que interesa piel, aponeurosis, músculos abductores, y tiene dos trayectorias: una hacia la tuberosidad isquiática y otra hacia fuera. Pronóstico menos grave. – El profesor Segovia.» 

En una primera impresión parecía un percance menor que permitiría a Agüero regresar a los ruedos en unas cuantas semanas, pero de la descripción de las lesiones, no se advierte un puntazo corrido en el pie izquierdo y que quizás, junto con el compromiso circulatorio en el miembro herido, impidió que la herida le cicatrizara debidamente. Pudo reaparecer el 29 de junio siguiente, y el 9 de agosto vuelve a ser herido en Bayona. Después de ese percance suma cinco tardes más en el calendario, advirtiéndose que tenía serias dificultades para caminar y reponerse delante de los toros.

Con esas limitaciones físicas, seguirá en los ruedos las campañas de 1929 y 1930 y en 1931, se le somete a una intervención quirúrgica para amputarle los dedos del pie izquierdo, anunciándose por la prensa taurina de la época por el mes de julio, que había quedado imposibilitado para torear. Martín Agüero tenía apenas 28 años de edad.

En 1933, hizo pública su retirada de los ruedos, porque después de probarse con vacas en tentaderos, se percató de que no estaba ya apto para enfrentar a los toros en los ruedos y así lo comunicó epistolarmente a la prensa española de la época. Publicó el diario madrileño La Libertad el 3 de febrero de ese año:

Martin Agüero se retira. El que fue excelente estoqueador de toros, Martin Agüero, nos escribe una carta en la que nos comunica que el intentar entrenarse para reanudar su profesión y convencerse de que no está en condiciones paira ello, ha decidido retirarse del toreo... Las esperanzas que abrigaban el matador bilbaíno, sus amigos y los aficionados a la fiesta taurina no se han confirmado, y Martin, inútil a consecuencia de la operación que tuvo que sufrir en el pie derecho, no volverá a vestir el traje de luces... Sinceramente lo lamentamos, porque toreros del temple de Martín Agüero, toreros de tan acrisolada honradez profesional, toreros que se «vayan detrás de la espada» y den con el pecho en el morrillo de los toros, van quedando tan pocos que no es fácil resignarse con la desaparición de uno de los más caracterizados cultivadores de la escuela. Y, además, cuando el torero se retira porque ha logrado alcanzar la meta de sus aspiraciones... pero en este caso de Martín Agüero, cuando en plena juventud y lleno de afición se anhela el triunfo y se ve rota la carrera, desvanecidas las ilusiones y truncado el porvenir, sólo puede producir amargura y tristeza...

Tras de hacer pública su necesaria decisión, los estamentos de la fiesta se pusieron en movimiento para intentar auxiliar al compañero caído, como enseguida lo veremos.

La solidaridad del toreo

Anunciado el retiro de Martín Agüero y las causas del mismo, prontamente se movilizaron los distintos estamentos de la fiesta para auxiliar al torero de Bilbao. No fue precisamente un camino de rosas el llegar a la corrida que en este momento me ocupa y una posterior celebrada en su tierra natal, como lo narra Alfonso, cronista del diario El Liberal, en su edición del 9 de junio de 1933:

Bombita tuvo el rasgo, de todos conocido y alabado, de crear el Montepío. Ha habido necesidad de llegar a estos tiempos para que la benéfica institución haya dejado de ser un culto para los toreros... Bombita, Vicente Pastor, Marcial Lalanda y Domingo Ortega han hecho verdaderos sacrificios para el sostenimiento de la misma. Hay que pintar el cuadro con toda dureza para que no se repita el caso de que un hombre como Martín Agüero, cuando se hallaba en el apogeo de su arte y de su fama, por un desgraciado accidente tuvo que abandonar la profesión, y se ha visto en la imprescindible necesidad de organizar este beneficio. Pues bien; cuando esto sucede hay diestros... que se niegan a torear la corrida del Montepío, o piden cifras tan fantásticas, que de antemano sabe cuál ha de ser la contestación... Hay que hacer un escarmiento serio para terminar con estas cosas. Medios legales existen para que los hombres de corazón – en la plaza y en la calle – se nieguen a actuar con los que anteponen su conveniencia particular al interés general de los compañeros desvalidos. Aislarlos es un beneficio...

Y, sin embargo, la corrida se pudo organizar, contando con Nicanor Villalta, Fermín Espinosa Armillita, Domingo Ortega y Fernando Domínguez, quienes enfrentarían en el inicio, un encierro de Julián Fernández, antes Vicente Martínez, del que al final, solamente se aprobaron cuatro toros, completándose el lote, con otros cuatro salmantinos de Clairac.

La corrida contó, además, con la presidencia honoraria de Vicente Pastor, diestro madrileño en el retiro, quien, en su día, también fuera presidente del Montepío de Toreros.

Los triunfos de Armillita y Ortega

Las crónicas de casi todos los diarios de Madrid se ocuparon de señalar primordialmente la faena de Domingo Ortega al toro Tesorero, número 32, corrido en tercer lugar, ante el que el torero toledano recuperó, en el sentido colectivo de los cronistas, el sitio que parecía tener perdido. Le cortó las dos orejas y se llevó una de las grandes ovaciones de la tarde.

Por su parte, Armillita tuvo una labor breve ante el primero de su lote, de Julián Fernández, el que casi al abrirse de capa lo volteó y le destrozó la taleguilla, dejando para la posteridad una imagen suya poco frecuente, pues tuvo que terminar la corrida con un pantalón de arenero, pues los destrozos a su vestido de luces, eran irreparables.

Armillita visto por Roberto Domingo
Diario La Libertad, Madrid 9 de junio 1933

Ante el sexto de la tarde, Saltillo, negro bragado y escurrido de carnes, de Clairac, realizó una de las grandes faenas de su historia en los ruedos hispanos. Escribió Rafael Hernández y Ramírez de Alda, firmando como Rafael para el diario La Libertad:

Su segundo toro fue bravo y lo aprovechó Armillita para hacer una faena grande y completa, una faena de maestro y de artista. Empezó toreando de capa con mucho temple y mucha quietud y siguió en quites derrochando arte y valentía. El toro, bravo y noble, se arrancó bien a los caballos… Tomó Armillita los palos, y después de citar insistentemente para quebrar clavó un gran par al cuarteo. Volvió a citar al quiebro, y a fuerza de aguantar obligó al toro a que se arrancara; pero tan de cerca que no había sitio para ejecutar la suerte, y así resultó el par desigual y Armillita atropellado. Sin embargo, fue tan grande el valor con que aguantó al toro, que se le ovacionó con entusiasmo. Cerró el tercio con otro par al cuarteo muy bueno y se reprodujeron las ovaciones… Brindó la muerte del toro desde el centro del ruedo e inició la faena con un pase por alto superior, y seguidamente, con la muleta en la izquierda, dio seis naturales admirables de temple, de mando y de valor, y luego, ligado con ellos, uno de pecho soberbio, corriendo bien la mano y pasándose todo el toro por delante. Estalló la ovación en honor del gran torero y ya siguió durante toda la faena, en la que hubo pases de todas marcas y adornos de todo género, incluso un molinete de rodillas, realizado todo con una elegancia, un arte y una maestría imponderables. Entrando bien dio una estocada que mató sin puntilla, y a petición unánime del público se le concedió una oreja, luego la otra y el rabo (que Armillita tiró con muy buen acuerdo) y dio la vuelta al ruedo entre aclamaciones y tuvo que salir a los medios y aun se le ovacionaba durante la lidia del otro toro. Un éxito, en suma, tan grande como merecido...

La tarde triunfal del homenaje y beneficio a Martín Agüero quedó redonda, con esta importante faena del Maestro de Saltillo.

Nicanor Villalta y Fernando Domínguez terminaron por enfrentarse a los huesos del encierro y terminaron por demostrar su voluntad de agradar y de auxiliar a su compañero caído ante las astas de los toros.

El homenaje a Martín Agüero

Tras despachar al tercero de la tarde, Domingo Ortega sacó a Martín Agüero al ruedo y le invitó a dar la vuelta al ruedo junto con los demás diestros actuantes en el festejo. Escribió Eduardo Palacio en su crónica aparecida en el diario ABC de Madrid:

Martín Agüero salió al ruedo de la mano de Ortega en el toro en que triunfó plenamente el de Bórox, y ambos y los otros tres espadas escucharon muchos aplausos... Ver a Martín Agüero cojeando sobre la arena donde tantas tardes triunfara su gallardía, en ese coso que fue el de sus éxitos y del que salió en hombros infinidad de veces, producía una tristeza infinita. No obstante, el inválido, correspondiendo a los aplausos que se le tributaban, sonreía satisfecho, reconociendo que aquella prueba de cariño era el epílogo de la historia brillante de un pundonoroso matador de toros. Y así era, en efecto...

Era un reconocimiento justo, aunque la plaza no se haya llenado. Quizás si se hubiera dado en domingo, la entrada pudo ser otra. En fin...

Termino estos apuntes con una reflexión que hizo en su día el citado Eduardo Palacio, en el introito de la crónica de esta corrida histórica:

El 31 de agosto de 1924 tomó en Málaga la alternativa de manos de Chicuelo, que le cedió el toro de Pablo Romero, “Sotillo”, chorreao en verdugo, el diestro bilbaíno Martín Agüero, que contaba a la sazón veintidós años de edad… llegó a sumar cincuenta y dos corridas el año 27, y eso que perdió algunas por diversos percances, marchando luego a Méjico ventajosamente contratado, y realizando allí una brillante campaña. Regresó a su patria, y la temporada de 1928 se le presentaba espléndida, teniendo ya en su haber las orejas de oro de la Asociación de la Prensa de los años 26 y 27, cuando en la corrida del domingo 20 de mayo, alternando con Fuentes Bejarano y Mendoza, un toro de los lidiados, su segundo, de D. Esteban Hernández, le infirió una cornada en un muslo y un puntazo en el pie derecho, determinando esta última lesión, tras dos años de lucha y sufrimientos, el tener que abandonar el arte a que había consagrado sus desvelos, por encontrarse cojo. Su última actuación fue en Logroño, el 24 de septiembre del 30, matando un toro de Murube, tan admirablemente, que cortó la oreja del bicho…. Tristezas, ingratitudes, decepciones del pobre inválido, y una lucha homérica para llegar al día de ayer, en la que se verificó, ¡al fin!, una corrida en su beneficio. Antes de hablar de ella quiero en estas líneas enviar a Martín Agüero un fuerte abrazo, compendio de la sincera admiración que le profesé siempre, como artista y como hombre. Primero supo luchar con los toros; después ha sabido luchar denodadamente con otra fiera más temible: la adversidad. Y ni con aquéllos ni con ésta trató de defenderse con ningún truco. A los primeros dio su valor sin par y su arte, y a esta ha hecho frente con una sonrisa de desdén y la firmísima voluntad de consagrarse al trabajo. Por eso deseo al valiente inválido que, como fin de su jornada, encuentre convertidas en rosas las espinas que bordearon el camino de su triunfo. Todo lo merece por bueno y por hombre...

Martín Agüero, quien nos dejó para la posteridad la muestra de la manera de matar correctamente a los toros y que también ha sido el inspirador de uno de los más hermosos pasodobles que la música del toreo conoce, falleció en el año de 1977, perseguido por las secuelas de la cornada de Aceitero. Que haya encontrado el merecido reposo.

domingo, 20 de octubre de 2024

14 de octubre de 1934: Se celebra el último festejo de la historia de la Plaza de la Carretera de Aragón

El paseíllo final, Madrid 14 de octubre de 1934
Foto: Baldomero - Archivo de la Comunidad de Madrid

La plaza de toros conocida como la de la Carretera de Aragón, de la Fuente del Berro o de Felipe II en Madrid, fue proyectada por los arquitectos Emilio Rodríguez Ayuso y José Álvarez Capra. Se inauguró el 4 de septiembre de 1874 con una corrida de toros en la que participaron los espadas Manuel Fuentes Bocanegra; Rafael Molina Lagartijo; Francisco Arjona Currito; Salvador Sánchez Frascuelo; Vicente García Villaverde; José Lara Chicorro; José Machío y Ángel Fernández Valdemoro, para enfrentar toros del Duque de Veragua; Antonio Hernández; Núñez de Prado; Puente y López antes Aleas; Anastasio Martín; Miura y López Navarro.

Tenía una capacidad para algo más de trece mil espectadores y fue el sitio donde se escribieron importantes páginas de la historia de la tauromaquia y también el sitio en el que se definió el curso de la lidia en el sentido que actualmente la concebimos, cuando el 24 de mayo de 1928, ya en el ocaso del escenario, Chicuelo mostró ante Corchaíto de Graciliano Pérez Tabernero que el toreo tenía que tomar un rumbo nuevo. Ya por esos días estaba presente también la propuesta de Gallito, en el sentido de que las plazas de toros tenían que ser de gran capacidad para atraer más afición a los festejos y a precios más accesibles.

Es así que al término de la década de los veinte se inicia la edificación de la plaza de toros de Las Ventas, a partir de un proyecto del arquitecto José Espeliú quien fue asesorado por Joselito. Ese nuevo coso tendría casi el doble de capacidad del de la Fuente del Berro y tendería a sustituirlo en un futuro no muy lejano. Fue inaugurada, aunque se diga otra cosa, el 17 de junio de 1931, porque en esa fecha se dio allí la primera corrida de toros y quedó como la primera plaza de Madrid, a partir del mes de octubre de 1934.

El festejo final de la plaza de la Carretera de Aragón

Para el domingo 14 de octubre de ese 1934 se anunció una corrida de toros con el caballero en plaza Antonio Cañero, quien enfrentaría en primer término dos toros de Martín Martín y los diestros Marcial Lalanda, Joaquín Rodríguez Cagancho y Rafael Vega de los Reyes Gitanillo de Triana, quienes lidiarían toros de Ángel Sánchez y Sánchez, antes Trespalacios. Al final de cuentas, de estos últimos solamente se lidiaron cinco, porque el quinto de la corrida fue de Clairac.

Escribió Federico Morena en su tribuna del Heraldo de Madrid:

Todas las despedidas son tristes; pero plugo a los hados que ésta fuese altamente cordial. Toreros y aficionados separáronse con un «adiós» y un «hasta luego» cariñosísimos. El «adiós» para esta plaza de nuestros amores, que cumplió ayer sus destinos y que se entregará hoy resignadamente a la piqueta demoledora. El «hasta luego» como testimonio elocuente y magnífico de futura convivencia de los tres espadas y este buen público – ¿cómo bueno?; ¡jamón serrano! – de Madrid...

El primer toro de la tarde fue, decía, para Antonio Cañero, quien solamente pudo salir en esa oportunidad al ruedo, pues al intentar finiquitarlo pie a tierra, fue herido por el mismo. Escribió Recorte para el diario madrileño La Libertad:

Don Antonio Cañero lidió uno de los toros de D. Martín Martín, haciendo gala de sus grandes condiciones de caballista, teniendo rasgos de artista del toreo a caballo. El toro era bronco y tardo, teniéndole que desafiar en los terrenos de adentro para ponerle varios rejones y banderillas, un par de éstas excelentemente ejecutado y en condiciones comprometidas. Una de las veces, con la jaca castaña, desafió tan cerradamente al toro en la puerta de las cuadrillas, que alcanzó a la jaca, hiriéndola en el ijar derecho, dando muestras de gran contrariedad el caballista. Echó pie a tierra, y al dar el primer muletazo con la mano derecha, lo empuntó y campaneó, y con la cara ensangrentada pasó a la enfermería... Rota quedó aquí esta primera parte de la corrida, por la expectación que invadió la plaza, a pesar de que el novillero Trasmonte se ofreció para matar al novillo, cuyo ofrecimiento fue denegado por el presidente, originándose una gran protesta del público, acaso por la carestía de las localidades; pero tuvo su compensación, como se verá luego...

El parte que rindió el doctor Jacinto Segovia, jefe de los servicios médicos de la plaza fue el siguiente:

Durante la lidia del primer toro ingresó en esta enfermería el rejoneador D. Antonio Cañero con una herida en la región glútea derecha, que interesa tejido subcutáneo, aponeurosis y músculos glúteos, de 12 centímetros de extensión, con una trayectoria paralela al recto. Pronóstico menos grave. – Doctor Segovia.

Ese percance, que impidió que Antonio Cañero lidiara a su segundo toro, se traduciría en uno de los factores del éxito de la tarde final de la plaza, como adelanta el cronista y como podremos ver enseguida.

El cierre triunfal a cargo de Marcial Lalanda

El más grande de toda la torería... – dice su pasodoble – tuvo su gran triunfo con el cuarto de lidia ordinaria, cortándole las dos orejas. Escribió Recorte en el diario La Libertad:

...habría sido suficiente su faena de ayer al cuarto de la tarde, en esta parte de la lidia, para evidenciar que su figura se alza gloriosa, plena de luz y colores frescos, animada por un sentido científico de la lidia de reses bravas. Fue un toro berrendo, manso y difícil; lo desafió con un escalofriante pase por el lado izquierdo con las dos rodillas en tierra: pisó el terreno del toro, metiéndole la muleta en el hocico; le dio tres naturales, de los que salió humillado el animal; siguió pisándole el terreno y yéndosele a cada pase el bicho, insistiendo valerosísimo tan cerca y tan temerariamente hasta obligarle a tomar la muleta y así hacerle girar una vuelta completa, confundidos artista y toro, una vuelta tan emocionada que arrancó una ovación clamorosa, continuando con pases de todas las marcas. Y esta faena, que fue brindada al público, tuvo como remate un pinchazo en lo alto, seguido de una entera hasta el puño bien ejecutada y un descabello al primer golpe. Esta vez la plaza entera pidió las orejas, que se le concedieron, teniendo que dar la vuelta al ruedo y salir por tres veces también a saludar desde el tercio...

Y para redondear el gran suceso, pidió el que debió ser el segundo de Antonio Cañero – quien los enfrentaba en puntas – para que saliera en octavo sitio y le fue concedido por la presidencia. Ese toro lo brindó a Gregorio Corrochano. Así lo vio el propio brindado, en su tribuna del ABC madrileño:

Pero Cañero había sido herido por el primer toro. Y quedó el otro sin lidiar. No sé de dónde salió la voz de que Lalanda, acabada la corrida, mataría el toro de Cañero. Lalanda lo pidió. Y así cerraba Marcial la tarde. Salió el toro que, como el otro de Cañero, era del Conde de Orgaz, y salió dificilísimo. Manso, sin embestir, y cuando arrancaba, peligroso. Muy difícil. Menos mal que Marcial venía en tren que no le desluciera ningún torito y el público vio la importancia del regalito. Tuvo la delicadeza de brindármelo, como el último toro que se lidiaba en la plaza...

No siempre los toros de regalo resultan el pasaporte al triunfo. Ya pudimos leer que Marcial Lalanda en este caso no lo requería para esos efectos, sino para tener en su haber, quizás, el mérito de haber sido el torero que mató el último toro en la hoy llamada Plaza Vieja de Madrid y también, para dejar que la concurrencia disfrutara de su espectáculo completo. Así es ya la historia.

También triunfó Cagancho

Cagancho también tuvo una tarde brillante. Y destacó, de acuerdo con el común de las crónicas, por haber rematado debidamente las quintaesencias de su toreo, con el manejo de la espada. Alfonso, cronista de El Liberal, así describe su tarde:

El toreo parsimonioso y a la par alegre de Cagancho, tenía a la hora de matar un amargo contraste. Le fallaba el acero. ¡Cuántas bellas faenas se han perdido por esa dificultad! El gitano tenía más miedo a dejarse ir “tras de la espá” que el que dicen que sienten cuando ven a su vera a la Guardia Civil. Pues el domingo Cagancho nos hizo sentir de cerca las sensaciones del arte del volapié. Y a su primero, al que había toreado bien de cerca, lo mató de una estocada en lo alto, entrando desde cerca lentamente, muy derecho y saliendo limpio por los costillares. Un toro admirablemente muerto. Y, sin embargo, eso no fue nada al lado de lo que realizó en el siguiente. Una faena con pinturerías y gracia gitana. Adornos y majezas, vistosidad y desplantes. Esperó el momento de tener al público en situación, montó la espada para decir el clásico: “Vamos a ver si se mata así”, que tantas veces se ridiculiza después y ajustándose a las más clásicas y exigentes condiciones de la suerte del volapié, clavó todo el acero en lo alto del morrillo, haciendo rodar al bicho sin puntilla. El público – al que había brindado el toro –, entusiasmado y sorprendido por la audacia y gallardía del gitano, reclamó la oreja, que le fue concedida, y Cagancho dio la vuelta al ruedo en el último toro que mató en esta plaza...

Joaquín Rodríguez Ortega comenzaba a demostrar a los públicos de la capital española una de las divisas de su hacer ante los toros, el extraordinario manejo de la espada y no desaprovechó esta importante ocasión para hacerlo.

Por su parte, Gitanillo de Triana tuvo una tarde de poca fortuna con dos toros complicados que apenas le permitieron lucir por momentos en el toreo a la verónica.

Algunos datos para la historia

El rejoneador Antonio Cañero, quien lidiaría los dos primeros toros del festejo, llevó como auxiliadores a los banderilleros Emilio Ortega Orteguita y Faustino Vigiola Torquito II. No se le anunció sobresaliente, porque de no poder finiquitar a los toros desde el caballo, se advertía que él mismo lo haría pie a tierra. Por esa razón fue herido por el primero de su lote.

Las cuadrillas de los toreros a pie fueron integradas por los picadores Juan Atienza, Miguel Atienza y José Atienza; Francisco Zaragoza Trueno y Agustín Ibáñez Marinero; Francisco Chaves y Antonio Chaves, siendo picadores de reserva Antonio Vega y Carlos Ruiz. Como banderilleros salieron Eduardo Lalanda, Antonio Gallego Cadenas y Bonifacio Perea Boni; Alfredo Gallego Morato, Eduardo Pérez Bogotá y Antonio Vargas; Manuel Álvarez Andaluz, Manuel Ponce y Gabriel Moreno. Y como dato adicional, el último par de banderillas que se puso en esa plaza, correspondió a Bonifacio Perea Boni.

Agregaré lo que apunta Recorte en La Libertad:

La corrida empezó a las tres y media, siendo la entrada floja, acaso por las circunstancias por que atraviesa España en estos días…

Así terminaron los días gloriosos de una plaza de toros que fue ejemplar en su tiempo, poniendo siempre a la vista que la fiesta de los toros es una manifestación artística en la que la vida y la muerte se enfrentan sin cortapisas, y dejando tras de sí una enorme carga de la mejor historia taurina.

Aldeanos