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domingo, 18 de agosto de 2013

23 de agosto de 1931: El adiós de Luis Freg

El anuncio de la corrida en Mundo Deportivo
El pasado 7 de junio se discutía sobre lo inusitado que resultaba un cartel en Madrid, en la llamada Feria del Arte y la Cultura en la que dos toreros mexicanos – Joselito Adame y Juan Pablo Sánchez – alternaban con El Cid. En los próximos días se cumplen 82 años de un hecho en el que, cuatro toreros mexicanos – sí, ¡cuatro! – actuaron en Barcelona en la misma tarde.

Fue la del día 23 de agosto de 1931, fecha en la que, habiendo cedido Eduardo Pagés la Plaza Monumental de la capital catalana a Luis Freg para organizarse un beneficio y despedida, logró que participaran en ese esfuerzo junto con él Juan Espinosa Armillita, Pepe Ortiz y Alberto Balderas, quienes lidiarían un encierro compuesto por ocho toros salmantinos de Alipio Pérez Tabernero Sanchón.

Luis Freg había toreado apenas cinco tardes en España el calendario anterior y todas en Barcelona. El toreo había evolucionado y quizás el hecho de ser El Rey del Acero ya no era suficiente para mantenerse en el gusto de una afición que había tenido la oportunidad de apreciar una profunda transformación en la manera en la que los toreros se conducen ante los toros. Por su parte Armillita apenas había actuado un par de tardes el calendario anterior y junto con Freg, tendría esta tarde su única corrida del calendario.

Pepe Ortiz
El Orfebre Tapatío Pepe Ortiz reaparecía en Barcelona después de 5 años y Alberto Balderas iniciaba en los ruedos hispanos un camino que terminaría alrededor de una década después en las astas de Cobijero en el ruedo del Toreo de la Condesa.

La convocatoria a la corrida tenía como aliciente adicional el sorteo entre los asistentes de 380 pesos mexicanos – en monedas de oro – en tres partidas de 150, 120 y 110 pesos cada una. 

Trincherilla, cronista del semanario barcelonés La Fiesta Brava, relata los siguientes prolegómenos del festejo:
¿Despedida de Luis Freg? Así se anunció... Yo no puedo creerlo. No es posible que esta sea la última vez que en Barcelona aplaudamos a este torero, todo hombría, todo dignidad… Las ovaciones cálidas, entusiastas que sonaron en su honor, le fueron otorgadas a impulsos de un sentimentalismo hacia el torero que, cosido a cornadas en veinte años de ostentar orgulloso por los ruedos el glorioso airón de su pundonor profesional, amargado, desilusionado por la injusticia con que le tratan las empresas pone final a sus luchas, sacrificando su afición cada vez con más fuerza sentida. No. Porque más que un torero que se va, pareció un novillero que llega, rabioso por alcanzar su puesto, desbordante de afición y ambicioso de gloria… No quiero creer que Luis Freg no vuelva a pisar más estos ruedos, escenarios de sus mayores triunfos… No se va Luis por propio impulso. A ello le obliga el desdén con que se ve tratado quien es merecedor de las mayores admiraciones. Bien claro lo ha dicho… Y eso no puede ser, no debe ser. El domingo nos demostró que “aún” puede codearse dignamente con los gerifaltes de la torería, quienes tienen mucho que aprender de él. Y no me refiero a su pundonor, que eso es virtud intransferible, sino a sus cualidades de TORERO, así, con mayúsculas…
La afición de Barcelona se entregó sin reservas a Luis Freg en esta última tarde. Terminó cortando una oreja a cada uno de los toros que le cupieron en suerte y al final incluso, se le intentó sacar en hombros de la plaza, sin que el torero así lo permitiera. La relación citada antes lo cuenta así:
Torerísimas fueron las verónicas que Freg ejecutó esta tarde en las que paró, templó y mandó como los grandes estilistas… Erguido, arrogante inició el trasteo en su primero, que pasó todo entero bajo los pliegues del rojo engaño, quieto como un poste Freg, sin enmendar su terreno, jugando los brazos acompasadamente y dejándose acariciar la pechera por el pitón del enemigo… Continuó toreando por naturales y de pecho, altos y cambiándose de mano la muleta, muy ajustado, de impecable ejecución. Una gran faena para justificar a un gran torero… Amagó un pinchazo por desigualarle el toro al emparejar y cobró una gran estocada poniendo en el ataque su proverbial majeza… Estalló la ovación clamorosa, emocionante, se le concedió la oreja y recorrió el ruedo recibiendo las más francas demostraciones de entusiasmo… Un “regalo” fue el quinto toro. Tardeaba, pero cuando fe arrancaba lo hacía descompuesta y con fuerza de ciclón… Brindó en los medios la muerte de este bicho y sin arredrarle el peligro desafió de largo para el ayudado por alto, grandioso, emocionante. Repitió el muletazo y en el tercer viaje sufrió un acosón serio. Intervino Ribera eficazmente para quebrantar al morito que seguía sin abrir la boca y humillando… Jugándoselo todo, aprovechó Luis una igualada para entregarse en un estoconazo formidable, hasta las uñas. Duro en doblar el toro, apeló al descabello el matador acertando al segundo golpe… ¿Quién acierta a reflejar la emoción que produjo este momento? Volvió Luis a cortar la oreja. En tanto el público, en pie, daba rienda suelta a su sentimiento aclamando al torero que se iba en pleno triunfo… Acabada la corrida, el público cogió en volandas a Luis Freg, lo pascó por el ruedo e intentó llevarlo en triunfo hasta el hotel, a lo que se opuso resueltamente el diestro… Empresario de esta corrida era Luis Freg. Buscando un beneficio que le ayudara a vivir un retiro holgado la vida y su dinero… No creemos que el resultado material de esta corrida sea óptimo. Cuando más, habrá asegurado las pérdidas…
Pepe Ortiz tuvo una muy interesante reaparición en Barcelona. Un lustro antes había retomado su alternativa mexicana, causando una muy buena impresión, pero no había vuelto a la Monumental de las cuatro cúpulas. En este regreso causó una muy buena impresión según podemos leer:
Reaparecía Pepe Ortiz, a quien desde su alternativa en esta misma plaza el 20 de junio de 1926 no habíamos vuelto a ver. Por eso más que reaparición suya fue un debut… Había curiosidad por juzgar a este torero de quien tantos y tan entusiastas elogios ha venido haciendo la crítica de su país, y recientemente la madrileña… Torero finísimo con el capote, lanceó suavemente a su primero, sujetando al toro que quería irse. Luego en su quite nos maravilló con la suerte de su invención, esas "orticinas" deslumbrantes de alegría, elegancia y vistosidad, bellísimo lance en el que el genio creador de este gran torero se muestra con toda su imponderable grandeza y del que teníamos una idea remotísima a través de la grotesca interpretación que le diera Bienvenida… Ciertamente es incomprensible este desvío de las empresas, porque en Pepe Ortiz hay un artista magnifico, un torero de personalidad acusadísima. Pronto apreció esto el público, que se entregó al tapatío en los primeros momentos y tuvo para él entusiastas y fervorosos aplausos… José Ortiz, a pesar de que el ganado no se prestó para el lucimiento del artista, obtuvo un éxito muy estimable y dejó al público con el deseo de volverlo a ver pronto... La figura de Ortiz había despertado en Barcelona extraordinario interés, interés que no resultó en ningún momento injustificado, pues desde los primeros capotazos el mejicano se nos reveló como un torero excepcional, en quien concurren un sin fin de cualidades de las que forman un torero… Ortiz practicó durante toda la tarde un toreo preciosista y valiente, admirablemente ligado con los conocimientos taurinos, que le valió constantes ovaciones…
Por su parte, Alberto Balderas logró destacar en el primero de su lote. La relación de su actuación que hace el corresponsal de El Heraldo de Madrid es de la siguiente guisa:
Cuarto. Con muchas arrobas. Balderas entusiasma al respetable con unos lances por bajo llenos de suavidad y temple. En quites compite con Ortiz, a cual más adornado. Los montados abusan del palo, destrozando al bicho. Balderas coge palos y prende un superiorísimo par de frente. Cierran los de turno. El toro llega al último tercio bronco y avisado. Balderas, dominador e inteligente, liga una faena sobria y serena, que corona con media en las agujas. (Ovación, petición de oreja, vuelta y salida.)
El Rey del Acero
Juan Armillita no tuvo suerte en la única tarde que toreó en ese calendario. Era la antepenúltima que torearía en los ruedos hispanos vestido de oro, pues su destino estaba en la grandeza de los hombres que visten de plata, donde fue una primera figura.

Pese a la incredulidad del cronista barcelonés, la tarde que nos ocupa fue la última que toreó Luis Freg en ruedos españoles. Su carrera se prolongaría en México todavía tres años más y terminaría de manera abrupta, con su muerte por ahogamiento en el río Palizar en Campeche el 12 de noviembre de 1934.

En cuanto al sorteo de los pesos mexicanos, el corresponsal de La Voz de Madrid, señala lo siguiente:
Se sortean monedas de oro mejicanas, por valor de 2.500 pesetas, y corresponde el primer premio al número 9.057; el segundo, al 3.163, y el tercero, al 1.653…
Don Luis de la Torre El – Hombre – Que – No – Cree – En – Nada, resume así el paso por los ruedos de Luis Freg:
No fué Luis Freg un lidiador que se distinguiera por un estilo depurado en su toreo de capa, ni tampoco fué un muletero preciosista, pero supo usar el capotillo y de la roja franela, ejecutando todas las más bellas suertes con el clasicismo y la escuela imperantes con anterioridad al revolucionismo traído por Juan Belmonte... lo que los hizo descollar como figura prominente dentro de las modalidades de la época, fué su estoque formidable, unido a un valor rayano en heroísmo. Estas cualidades lo hicieron acreedor a ser calificado en tierras españolas con las significativas designaciones de “El Rey de Acero” y “Don Valor”, con que ampliamente era reconocido en toda España... Excepción hecha de Salvador Sánchez “Frascuelo”, la historia taurina no señala lidiador alguno tan castigado por los toros como lo fuera nuestro compatriota Luis Freg. Calculándose en los veinticinco años de su carrera, no menos de sesenta cornadas recibidas, de las cuales más de treinta fueron graves y no menos de cinco de las que ponen en inminente peligro la vida... Torero sin estrella, ni en su propia Patria pudo lograr la aceptación definitiva de los públicos, muy merecida si en cuenta se toma su preponderancia como estoqueador puro, certero, valeroso, y buscada por él al no escatimar esfuerzo alguno, aún a costa de su sangre, generosamente ofrendada en aras de la fiesta..

domingo, 15 de agosto de 2010

15 de agosto de 1929. Alberto Balderas se presenta en la Plaza de Madrid

El 15 de agosto es la fiesta religiosa más importante de Aguascalientes, que en su carta de fundación es nombrada la Villa de Nuestra Señora de la Asunción de las Aguas Calientes. Igual en Madrid se celebra a la Virgen de la Paloma y en Sevilla a la Virgen de los Reyes y aunque aquí no hay festejos taurinos en la fecha desde que se dejó de cultivar la vid, en la capital de España es tradicional el festejo de esa fecha desde hace muchísimos años.

El del año de 1929 contó con la presentación de dos novilleros. El norteamericano Sidney Franklin – de quien me he ocupado en otro lugar aquí mismo – y el mexicano Alberto Balderas, posteriormente conocido como El Torero de México y que terminó su carrera en los ruedos pasando a engrosar la lista de aquellos diestros que pasan a demostrar que, como lo escribe el padre Ramón Cué, el toreo es juego de tres...

Alberto Balderas Reyes nació en la Ciudad de México en abril de 1910 y su padre, Antonio, era violinista. El mismo Alberto intentó seguir la profesión paterna y para ello ingresó al Conservatorio Nacional de Música, por donde tuvo un fugaz paso y él mismo afirmaba haber sido discípulo del maestro José Rocabruna. Al abandonar los estudios de música, comienza a aprender los secretos del toreo bajo la dirección de Samuel Solís, el que fuera discípulo de Ojitos, quien pronto encuentra una pareja interesante formada por el propio Alberto y José El Negro Muñoz.

Se presenta como novillero en el año de 1926 y la temporada de 1929 decide hacerla en España, en busca de la alternativa, por lo que marcha para allá junto con su compañero El Negro Muñoz, quien terminará destacando en el mundo de las letras y de la gastronomía. Pronto adquiere predicamento en las plazas de Tetuán y Carabanchel, en las cercanías de Madrid, por lo que se anuncia su debut en la de la Carretera de Aragón para el día de la Virgen de la Paloma de ese año, en festejo que se lidiarán novillos de don Andrés SánchezCoquilla – por Joselito Romero y los debutantes Sidney Franklin y Alberto Balderas.

La visión del torero acerca de este acontecimiento

Alberto Balderas logró hacer el viaje trasatlántico gracias a su amigo Arnulfo Reina, quien le facilitó los recursos necesarios, llegando incluso a hipotecar su casa. A Reina le escribía con frecuencia. Tras de la muerte de Balderas, en 1943, don Armando de Maria y Campos publicó un libro titulado Vida y Muerte de Alberto Balderas, en un capítulo de esa obra, don Armando transcribe varias de esas misivas. Una de ellas está dedicada a su presentación madrileña y en lo que interesa, dice lo siguiente:

Madrid, 19 de agosto… Mi debut en la plaza de Madrid fue un triunfo grande; me soltaron una corrida inmensa y muy fuerte, y el toro más grande me tocó a mí y pesaba 30 arrobas, y en el que la armé pesaba 27. Salí con un vestido nuevecito verde y oro y un capote rosa y oro, ¡ya se imaginará como me vería cuando hice el paseo!; ¡me dieron una ovación! Como ya casi todo Madrid me había visto en Carabanchel y en Tetuán, pues en cuanto me anunciaron, se llenó la plaza de bote en bote. La prensa se ha portado muy dura conmigo; desde que llegué han querido pegarme, y como ven que soy el amo, tratan de hacerme como a Rodolfo; pero no le hace, pelearemos como los buenos mexicanos; yo nada más le digo que con lo que he hecho aquí, si fuera español, la prensa y todo el mundo, me pondrían en el cielo. Usted se habrá fijado en los periódicos que le he mandado, que lo que ponen es casi a la fuerza; si pusieran lo que he hecho, más pronto sería el amo, pero lucharé y mi tierra tiene que ser la número uno. Le contaré mi debut. Salió el primero mío con un temperamento y colándose por el derecho una enormidad, pero yo, toreando, agarré banderillas y le puse tres pares inmensos y me hicieron que pusiera otro. Pero va lo grande. Cogí la muleta y como el toro era difícil y con nervio, nadie creía lo que iba a hacer. Este fue el mérito. Salí con el pase de la muerte y en seguida me lié con 7 naturales, que me salieron muy bonitos. Puse en pie a la gente, que rabiaba, y como el toro tenía temperamento, parecía que en cada natural me cogía; le di pases de todas marcas, pero tuve la mala suerte de no agarrarle la estocada, que si no, me dan la oreja y todo el toro; di la vuelta al ruedo y salí a los medios y seguían pidiendo la oreja, pero aquí son así, como le digo, que si hubiera nacido aquí, con lo que hice, me hubieran dado el toro. Salió el sexto que era muy grande y muy gordo, pero muy bonito; a éste lo toree con el capote muy bien, me eché el capote a la espalda y le di cuatro gaoneras que recordé al Indio; me dieron la ovación y le prendí tres pares y siguieron las ovaciones. Pero el toro perdió la vista y ya no le hice lo que quería, le pegué duro y lo mandé de un pinchazo y una entera que bastó, Me despidieron con una fuerte ovación. Fue un debut muy grande, de primera, por ser una verdadera corrida de toros y creyeron que no podría, y demostré que soy torero, no como muchos que hacen el ridículo…
Lo que dijo la prensa

A ocho décadas vista, creo que el trato de la prensa no fue tan malo como Balderas lo describe y para aclarar mi aserto, cito brevemente algunos de los comentarios aparecidos en los principales diarios madrileños que comentaron el festejo.

Eduardo Palacio en el ejemplar del ABC de Madrid del 16 de agosto de 1929 dijo:

...Alberto Balderas en suma, sin lograr, repito, un gran éxito, ha dejado en el paladar de la afición madrileña un excelentísimo sabor. Su repetición será sin duda, un verdadero aliciente en cualquier cartel...
Don Nino en El Heraldo de Madrid, en su edición nocturna del mismo 15 de agosto de 1929 señala:

…a la hora de comenzar el festejo, no hay una sola localidad por ocupar... Balderas requiere las banderillas y pone un par, finísimo de factura. Otros dos medios, superiores de ejecución y uno entero, bastante como para acreditarle como banderillero de alta categoría… Balderas comienza con un ayudado magnífico. Hay un natural bueno, otro mejor, uno más superior, otro enorme, uno más estupendo, otro magnífico. Uno cambiado y otro de pecho. Faena de torero grande y de artista consumado. Cierto que por el lado derecho por la dificultad anteriormente apuntada, Balderas tuvo que emplear todo su saber e inteligencia. Un pinchazo arriba entrando con asco, varios achuchones y una hasta la mano algo contraria. Esto quiere decir que el mejicano ejecutó la suerte sin trampa ni cartón…
Por su parte, EneDé en El Imparcial, edición del 16 de agosto de 1929 manifiesta:

Un lleno rebosante significa algo. ¿Interés, atracción, esperanza? El cartel ofrecía eso y mucho más… Ganado de Coquilla. He aquí satisfechas, en colmo todas las interrogantes. Seis ejemplares preciosos de tipo, bravura, nobleza. En este punto no puede exigirse más. ¡Bien por el ganadero!... el joven mejicano Alberto Balderas, que traía preocupada a la gente, tuvo un excelente debut, aunque sin escándalo, porque probó, que es lo que hay que hacer, que es un torero de los pies a la cabeza...
Por último, Corinto y Plata en La Voz del 16 de agosto de 1929 expresa:

…TERCERO: "Bonito" de nombre, cárdeno de pelo y feo de tipo. El toro arremete con brío y Balderas lancea perdiendo terreno porque el enemigo achucha en serio, particularmente por el lado derecho. No nos divertimos con la actuación de ninguno de los tres espadas que extreman la prudencia con este enemigo nervioso y pronto. Balderas coge las banderillas y prende un par finísimo, aguantando mucho y de superior ejecución. (Ovación). Con gran estilo deja luego medio par y repite con uno entero bueno. (Palmas). Balderas se ve apurado en el primer pase, pero el hombre se rehace y mete acto seguido cuatro naturales, los dos últimos superiores. (Ovación). Continúa con la izquierda y da otro par de naturales, que liga admirablemente con el de pecho. (Otra ovación). Hay vista para librarse de las arrancadas y hay dominio... y a veces hay precauciones, pero desde luego es un torero que además torea con la izquierda. Cuando puede, porque el toro está inquieto en demasía, señala un pinchazo sin ahondar. Luego deja una entera ayudando bastante el toro, que cae delantera y de la parte de acá. Descabella y hay palmas a la faena. La ovación se cuaja a lo último y hay vuelta…
Aclaración pertinente: Los subrayados son obra de este amanuense.

En conclusión

Si acaso, la opinión menos obsequiosa fue la de Corinto y Plata, aunque de la misma se puede ver que le reconoce el que sabe torear al natural. Todas las aquí transcritas le ven como un buen banderillero – signo distintivo de los discípulos de Samuel Solís –, como un torero con poder al torear con la muleta y advierten además que merece ser visto de nueva cuenta en la Plaza de Madrid.

Este fue uno de los prolegómenos de la carrera de un torero que recibiría la alternativa en Morón de la Frontera el 19 de septiembre de 1930 de manos de Manolo Bienvenida y llevando como testigo a Andrés Mérida, mediante la cesión del toro Hocicudo, del Marqués de Guadalest y que concluiría abruptamente el 29 de diciembre de 1940 en las astas del toro Cobijero de Piedras Negras en el Toreo de la Condesa de la Ciudad de México, pero de este y quizás otros aspectos de su vida en los ruedos, me ocuparé después, si así me lo permiten.

domingo, 1 de agosto de 2010

5 toros de Coquilla... y 2 sueños (I/II)

En el año de 1936 España iniciaba una Guerra Civil, que como todas las de su género, me parece que tuvo un absurdo substrato. En ese mismo calendario se rompieron las relaciones entre las torerías de México y de la Península, por causas de origen más político que taurino. En ese entorno se encontraba Domingo González Mateos Dominguín, empresario, apoderado y padre de toreros en agraz. Siendo junto con Eduardo Margeli accionista de la empresa que tenía a su cargo los asuntos de la Plaza de el Toreo de la CondesaEl Toreo de México S.A. –, su permanencia en el coso más grande de México se veía comprometida, pero también en su tierra estaba en aprietos, pues por causa de la Guerra la actividad taurina se paralizaría prácticamente y en esas condiciones, había que buscar en dónde sacar adelante el quehacer familiar.

Pepe Dominguín, en Mi Gente, lo cuenta de la siguiente manera:


Desembarcamos en Veracruz. Allí, un propio del coronel Escalante nos esperaba para hacer el viaje a México D.F., en tren… El panorama era malo. La propiedad de la plaza había sido nacionalizada, y mi padre tuvo que malvender sus acciones por lo que le quisieron dar, y gracias. De todas formas, con el dinero conseguido, parte del cual nos dieron en joyas, tendríamos para vivir unos meses…
Creo que el punto de vista de Pepe Dominguín tiene que ser aclarado. La propiedad de El Toreo no fue nacionalizada – eso sucedería años después, a la muerte de Maximino Ávila Camacho –. Su socio Eduardo Margeli había sido asesinado unos meses antes y en esas condiciones, los sucesores de éste enajenaron sus derechos sobre el coso a una nueva sociedad. La ruptura de los estamentos taurinos de ambos países hacía insostenible, por ese momento, la presencia de cualquier español en la empresa de la principal plaza de México, motivo por el que, lo más razonable resultaba, en ese espacio de tiempo, liquidar sus negocios en ella y dedicar el producto a otra cosa. También hay que aclarar que el pago que Dominguín recibió no fue el total, porque los hechos que dan pábulo a esto que les cuento, vendrían al final a cerrar la cuenta del asunto.

El primer sueño

En esos meses de 1936 en que los Dominguín vivieron en la calle Tuxpan de la capital mexicana, Domingo González comenzó a fraguar el futuro de su familia. Los toros en España estaban fuera de toda cuestión, así que de ver a sus chicos torear en los tentaderos a los que acudía con los toreros que apoderaba o en festivales privados, le surge la idea de que podrían hacerlo profesionalmente. Es aquí en México, en las ganaderías de Piedras Negras y La Laguna donde parece definirse su destino. Vuelvo al testimonio de Pepe Dominguín que es en el siguiente sentido:

En la hacienda de don Wiliulfo González, dueño de las ganaderías de Piedras Negras y La Laguna, toreamos unas vacas en un tentadero. Los resultados fueron buenos y mi padre pensó en lanzarnos a torear en público, pero otra vez el odioso pleito entre toreros españoles y mexicanos lo hizo imposible, por más gestiones que a altos niveles se hicieron, viendo así desparecer otra posibilidad de ganar algún dinero para casa… Imposibilitados para nuestro quehacer, pensó mi padre en el regreso a España. Habían transcurrido nueve meses desde nuestra llegada y el panorama no estaba ni medianamente claro…Después de unos meses de permanencia en una casa situada a un lado de la playa de San Pedro en Estoril… nos mudamos a la capital, a Lisboa… Un día, terminadas las clases, nos reunió a Domingo (dieciséis años), Luis Miguel (diez años) y a mí (catorce años) en su despacho y seriamente nos trasladó la proposición que le habían hecho. Él sabía que aquel primer paso de torear en público, podía significar el comienzo de una vida profesional que hasta entonces en nosotros no había pasado de ser un diversión sin más trascendencia… Casi al unísono, juntándose sus últimas palabras con las primeras nuestras, dijimos: ‘¡Adelante! ¡Queremos torear! ¡Yo sí! ¡Yo también! ¡Y yo!...

El sueño de Dominguín de verse perpetuado en los ruedos y de tener en sus manos el futuro de una dinastía de toreros estaba a punto de iniciar su vuelta a la realidad. En México se decide el destino y en Portugal y América del Sur se dan los escenarios en los que se inicia el camino de una de las sagas toreras más importantes de la historia.

5 toros de Coquilla

Decía al inicio de todo esto, que pese a las licencias literarias de Pepe Dominguín, el trato que se le dio a su padre aquí en 1936 no fue tan malo. Tanto así, que al año siguiente vuelve con toda su familia y al menos 5 encierros españoles con la finalidad de lidiarlos en México. Su amistad con Armillita – torero al que apoderó en España y de quien fue entrañable amigo – y el afecto y sociedad de negocios que tenía en esta última etapa con el coronel Manuel Escalante – su compadre – le permitieron organizar en El Toreo algunos festejos que le facilitaron el cerrar sus cuentas en lo referente a ese escenario y a sus negocios taurinos en México, al menos por esos tiempos.

Esta es la versión de Pepe Dominguín:

Mi padre, inquieto, aventurero nato, lleva a cabo, en aquellas fechas, algo casi irrealizable. Logra sacar de España toros sementales bravos para México y entre ellos alguna vaca de vientre… La mercancía que lleva es muy codiciada. Escasea la sangre brava nueva que de vigor y raza a la que allí existe, venida a menos porque los climas y el hábitat merman al cabo del tiempo esa fiereza del toro ibérico, único, bello y rebelde… A mi padre no le perdonan su afán de lucha, de gladiador de la vida, que, continuamente, le lleva a estar en la brecha con un nuevo y original negocio… Y llegan sus envidiosos enemigos a conseguir que se le aplique un famoso artículo, llamado el 33, que viene a ser algo así como la expulsión de los extranjeros no gratos. Y se lo aplican. Pero antes de que lo detengan y se den el gustazo de vejarle, él se embarca en Veracruz, vestido de vieja turista ‘gorda, rubicunda y miope’. Así sale y deja en México montones de amigos y a unos cuantos que en la orilla ven cómo Dominguín les despide detrás de las gafas y de la peluca rubia ‘sonriente y bobalicona’, mientras abraza con gran firmeza un gran bolso donde van los dólares…
Refuto de nueva cuenta al autor de Mi Gente. La sangre de Saltillo importada por las familias González y Llaguno y la de ParladéCampos Varela que trajo la familia Madrazo en ninguna forma estaba mermada. El manejo en las casas matrices de Piedras Negras y San Mateo tendían a crear un toro que, si bien era predominantemente de origen Saltillo, tendía ya a ser de un encaste propio creado por esos ganaderos mexicanos – sin dejar de mantener, hasta hoy una base saltilla pura – y en lo que refiere a lo de los señores Madrazo en La Punta, mantuvieron en pureza esa sangre – en la dehesa y en las plazas – hasta que por los avatares de lo que resultó ser una desastrosa reforma agraria, su ganadería se extinguió prácticamente a mediados de los años setenta.

La realidad es que Dominguín traía de España cinco encierros; de Antonio Pérez de San Fernando, Graciliano Pérez Tabernero, María Montalvo, Rafael Lamamié de Clairac y Sánchez Fabrés hermanos antes Coquilla y entre esos encierros venían una decena de vacas de esta última ganadería, según resulta de la historia de un par de vacadas mexicanas, que ligada con lo que Pepe Dominguín nos narra, adquiere consistencia al menos en ese aspecto y como veremos, esos toros no estaban destinados, en principio, a servir de simiente a ganaderías mexicanas, sino a morir en la plaza.

La corrida de Coquilla no llegó a la plaza completa. Para el domingo 20 de marzo de 1938, haciendo empresa Dominguín y Escalante – así lo reza el programa que anuncia el festejo –, en el viejo Toreo de la Condesa se anunciaron 2 toros de San Diego de los Padres para el caballero portugués Simao da Veiga y para la terna formada por Armillita, Alberto Balderas y Lorenzo Garza, 5 de Coquilla, con divisa amarillo y verde y uno de Graciliano Pérez Tabernero, con divisa celeste, rosa y caña.

Los toros de Coquilla fueron quizás los más atractivos de los encierros españoles lidiados en esas calendas, pues en la prensa se les publicitaba como los sanmateos españoles y también en algún medio de difusión se hizo la precisión que los toros eran de los señores Sánchez Fabrés hermanos, antes Coquilla. Este encierro, como todos los demás ganados importados en esa ocasión por Dominguín se repusieron del viaje en la Hacienda de los Morales, propiedad entonces de don Carlos Cuevas Lascuráin, él mismo, ganadero de reses de lidia. Hasta los potreros de Los Morales acudió, el maestro Carlos Ruano Llopis a pintar el encierro en el campo, utilizándose en las entradas a la plaza como alegoría, la fotografía del pintor en plena faena artística, tras del cercado. Luego, captó la atención el toro Lobito, que pronto hizo buenas migas con Enrique Cosío Charifas, el encargado de acercarles el pienso y el agua en los corrales de la plaza y se publicaron fotografías de ambos en franca convivencia amistosa.

Aunque el aspecto más interesante de todo el cartel era el hecho de que Alberto Balderas toreara para la empresa de Dominguín. En 1934 El Torero de México entró en una guerra mediática con Domingo Ortega y con Dominguín a causa de lo que se dice fue un boicot, de estos dos últimos, hacia Balderas, que públicamente retó a Ortega a torear mano a mano con él y cuando el de Bórox recogió el guante, Alberto siguió aumentando condiciones a su reto inicial, lo que al final dejó a la afición sin la posibilidad de verles en el ruedo. Precisamente una de las condiciones extraordinaria era que la empresa que diera la corrida en El Toreo, no fuera la allí constituida, es decir la de Margeli y DominguínEl Toreo de México S.A. – sino otra de capital enteramente mexicano, de allí que llamara la atención que Alberto Balderas estuviera anunciado en este singular festejo.

El día de mañana concluiré con estos apuntes.
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