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domingo, 23 de enero de 2011

¿Hacia un nuevo Pacto de Texmelucan? (II/II)

La Temporada Relámpago


La imagen habla por sí sola
 La gestión de Torres Caballero concluyó el 10 de marzo de 1940. Para entonces ya estaba constituida la sociedad Unión Taurina S. de R.L., mediante la cual, los ganaderos del Pacto de Texmelucan se constituyeron en empresa de El Toreo, designando como Gerente al ganadero de Quiriceo, Jorge Jiménez del Moral. Esa sociedad ofreció una Temporada Relámpago, que inicialmente constaría de 7 festejos, pero que como su antecesora, terminó una corrida antes de lo originalmente anunciado.

Los toreros que harían breve serial, que se desarrollaría entre el 24 de marzo y el 28 de abril de 1940, serían Fermín Espinosa Armillita, Jesús Solórzano, Alberto Balderas y Silverio Pérez, que se enfrentarían a encierros de Piedras Negras, La Laguna, La Punta, San Diego de los Padres, Coaxamalucan y Rancho Seco. Es en esta temporada es cuando Silverio Pérez se encuentra con Pizpireto de La Punta y realiza una de las más recordadas faenas de su historia en los ruedos.

La Temporada 39 – 40 y la Relámpago se realizaron con llenos en todos sus festejos. La primera inició animosa y conforme fue avanzando, esa alegría de la afición se transformó en animosidad hacia los hermanos Llaguno y Lorenzo Garza principalmente, a quienes culpaban del fracaso de ella. Por su brevedad, la segunda transcurrió con el gusto de la afición, que después de 14 fechas, esperaba ver a los toreros preteridos en la anterior y disfrutó de la presencia y del juego de los toros de las ganaderías de Tlaxcala, de La Punta y de San Diego de los Padres, que superaron con mucho el promedio de lo que se apreció en la anterior.

Al final de cuentas, para 1941 los bandos se reunificaron, pues entendieron que ninguno de los dos tenía la fuerza suficiente para echar fuera al otro, aunque quizás las oposiciones personales tardaron más en darse por terminadas.

El golpe de mano de don Antonio Llaguno

¿Cuál fue la motivación de don Antonio Llaguno para apostar en la forma que lo hizo en la temporada 1939 – 40? Creo que encontraremos algunas respuestas en el siguiente desarrollo que hace Luis Niño de Rivera en su obra Sangre de Llaguno:


...Había sin lugar a duda ganaderos de prosapia y de prestigio que dominaban el panorama nacional, como los González de Piedras Negras, los Barbabosa de Atenco, Santín y San Diego de los Padres, don José María González Pavón de Tepeyahualco, y los de la Peña de El Cazadero, entre no muchos otros... Los Llaguno naturalmente no pertenecían a la grey taurina de esos tiempos, eran unos intrusos propiamente, sin abolengo dentro de la fiesta brava, que de buenas a primeras querían irrumpir en el medio sin mayor legitimidad... Para el 16 de octubre de 1930, fecha en la cual se reunieron doce ganaderos de bravo, representando once hierros, con el propósito de formar una asociación civil, que a la postre llevó el nombre de Unión de Criadores de Toros de Lidia A.C., Antonio y Julián Llaguno gozaban de un elevado prestigio como criadores. La decisión que tomó Antonio fue de no formar parte de esa asociación civil, puesto que en su opinión no tenía nada que compartir con los demás ganaderos, ni había olvidado los menosprecios y malos tratos recibidos... No solo nunca ingresó a la unión, sino que poco antes de morir pidió a su hijo y a su hermano que nunca lo hicieran...


Publicidad de los logros ganaderos, no
de lidia de don Antonio Llaguno
 Esa falta de empatía con los que les antecedieron en el inicio de la crianza del toro de lidia en México por una parte y por la otra, el hecho de que don Antonio y don Julián Llaguno iniciaban una nueva forma de llevar una ganadería brava, apoyados en los conocimientos obtenidos en el manejo de ganado de abasto y lechero, actividad en la que también sobresalieron, son los que le motivaron en un inicio a mantenerse fuera de la Unión de Criadores, aunque habrá que dejar claro que por su parte, en 1938 auspició la formación de la Unión Mexicana de Ganaderos de Reses Bravas, en la que aparte de San Mateo y Torrecilla participaban las ganaderías de Torreón de Cañas, Carlos Cuevas, Lorenzo Garza, Heriberto Rodríguez y Ayala entre las más destacadas, dándose la temporada 39 - 40 con las 5 primeras la temporada en cuestión.


Entonces, me parece que la apuesta no era tanto el signo de una lucha por el poder en la fiesta, sino un intento de obtener el espacio que correspondía a una nueva manera de llevar la ganadería mexicana, menos dejada al azar y más apoyada en lo que las ciencias zootécnicas y pecuarias tenían dispuesto hasta ese momento, un espacio que don Antonio creyó que estaba listo en ese momento.

Luis Niño de Rivera afirma que don Antonio Llaguno salió airoso del trance, pero la historia nos demuestra que pasarían aproximadamente tres décadas para que su concepto en la crianza del toro acabara por imponerse, pues es prácticamente hasta la década de los setenta del pasado siglo, cuando las ganaderías que descienden del tronco San Mateo acaparan el gusto de los toreros y las que en su día formaron el Pacto de Texmelucan, pasan a un plano más discreto.

La situación en nuestros días

Resulta curioso que en el grupo de ganaderos que sostienen la candidatura de José Arturo Jiménez Mangas se encuentre la médula del grupo de los que importaron simiente española en la década de los noventa o adquirieron de ella después de traída al país, proponiendo con esa importación una nueva manera de criar al toro de lidia en México.

Ese grupo de ganaderos, por encaste, son los siguientes:

Domecq: Benigno Pérez Lizaur – Santa María De Xalpa; José Antonio González Esnaurrizar – El Grullo; José González Dorantes – La Joya; Octaviano García Rodríguez (Hijo) – Los García; Juan Pedro Barroso Díaz Torre – Jaral De Peñas y Villa Alegre.

Santa Coloma - Buendía: José Arturo Jiménez Mangas – San José y El Rosedal; Eduardo Martínez Urquidi – Los Encinos; Jorge Medina Ibarra – Medina Ibarra; José Chafik Hamdam Amad – San Martín.

Atanasio Fernández: Ramón Álvarez Bilbao – Barralva.

Murube: Sergio Hernández González – Rancho Seco.

A estos ganaderos se suman otros de notable presencia en el campo bravo mexicano, como los señores Marco Antonio González Villa de Piedras Negras; Fernando de la Mora Ovando de Fernando de la Mora; Germán Mercado Lamm de Montecristo y Cieneguilla; Javier Sordo Bringas de Xajay y Villar del Águila; Marcos García Vivanco de San Mateo, San Marcos y San Lucas, los sucesores de Felipe González González de Coaxamalucan, Roberto Gómez Canobbio de Teófilo Gómez y Galindo y Pedro Garfias Sitges de Garfias entre los más destacados.

Como se puede ver, la médula del grupo que impulsa la candidatura del ganadero de San José está conformada por varios de los más destacados criadores mexicanos de este momento, lo que me sugiere que el gobierno de la Asociación de Criadores y quizás la manera de hacer las cosas en la fiesta aquí en México está por llegar a un punto de inflexión en el cual, las cosas pudieran mantenerse tal cual están o cambiar de una manera radical, no al extremo de los años 39 y 40 del siglo pasado, pero sí en una manera similar, dado que hay algunas circunstancias que se asemejan.


La afición recriminaba la reiterada presencia de Garza y
El Soldado en los carteles
 En primer término, los ganaderos que apoyan la candidatura de José Arturo Jiménez Mangas, al aceptar que la simiente nacional requería al menos ser refrescada con sangre española, implícitamente proponen una nueva forma de criar al toro de lidia en México. Esta actitud guarda cierto paralelismo con la de don Antonio Llaguno de hace 71 años, cuando creyó que estaba en la posibilidad de demostrar que los tiempos habían cambiado y que las cosas deberían hacerse de una forma diferente a la que venían haciéndose desde décadas atrás.

En segundo término, aunque no hay conflictos legales por la tenencia de la principal plaza de la Capital de la República en sí, pero en la actualidad, la sociedad que hace empresa en la Plaza México y su principal cabeza visible enfrentan problemas judiciales de tipo fiscal, aun sub – iudice, pero problemas legales al fin, que como en 1939 – 40 podrían generar un vuelco en la manera en la que ese escenario se maneja.

Y aparte, aunque la reacción es diferente, la afición está descontenta con la forma en la que las cosas de los toros les son ofertadas, tanto en el aspecto de promoción empresarial, como en el de la manera en la que el toro se comporta en el ruedo en los últimos años. Hoy la afición no llena la plaza y protesta, simplemente no acude más que a los festejos que en el papel son los más señalados.

Quizás esos son los motivos que impulsan a los ganaderos que secundan la candidatura de Jiménez Mangas para ocupar la Presidencia de la Asociación de Criadores de Toros de Lidia, la visión en ellas de una oportunidad de cambiarlas y de dar un nuevo rumbo a la fiesta de toros en México.

Lo que pudiera esperarse

José Marrón Cajiga está físicamente disminuido. Llega este domingo 23 de enero a la Asamblea de los ganaderos en condiciones precarias de salud tras de pasar por una cirugía que por la descripción que él mismo hizo a los medios – y por lo que mis amigos cirujanos me refieren de ella – fue una reparación de una hernia hiatal, lo que requiere un extenso periodo de recuperación. Aún así, ha anunciado que irá por la reelección en su cargo.

La duda aquí es, si logra la reelección, sus condiciones de salud le permitirán mantenerse al frente de los asuntos de la agrupación, o sí una vez logrado su objetivo, tendrá que retirarse a convalecer y dejar sus responsabilidades en manos del resto del Consejo Directivo. Esto puede, al final de cuentas, convertirse en un hándicap en su contra a la hora de la toma de la decisión por los votantes, pues todo indica que no estaría en condiciones de garantizar su presencia en la dirección de los asuntos de la Asociación de manera personal, al menos por un tiempo.

En conclusión


La recepción de la afición a Balderas y
Solórzano en la Temporada Relámpago
 Las similitudes de lo sucedido en 1939 y 40 con la actualidad no son absolutas. No creo que los criadores de toros de lidia se fragmenten en dos grupos antagónicos capaces de dividir a la fiesta, así como tampoco existen toreros con la fuerza suficiente para por ellos mismos, atraer a la afición sin necesidad de los demás – nacionales y extranjeros – de tal manera que esos factores pueden excluirse.

La única y principal circunstancia que coincide con aquellos tiempos, es el intento de proponer una forma nueva y diferente de criar toros de lidia. Un grupo emergente de ganaderos, pero en esta oportunidad apoyado por varios criadores de gran prosapia, intenta acceder al gobierno de la Asociación Nacional de Criadores de Toros de Lidia, para desde allí, impulsar esa nueva visión.

Aquí el cuestionamiento es: ¿tendrán los seguidores de Jiménez Mangas el suficiente tirón al interior de su agrupación para lograrlo?

La respuesta no la conozco, pero sí estoy seguro, como aficionado, que ya es tiempo de que en las plazas se vea mayor variedad genética en el ganado que se lidia y la emotividad que genera la bravura del toro, misma que, hace muchos años solo vemos esporádicamente.

domingo, 24 de enero de 2010

Relecturas de invierno I: Sangre de Llaguno

Escribía un ilustre iusromanista, nacido en los Países Bajos, pero mexicano hasta la médula, Guillermo F. Margadant, que la historia no es una serie de vistas fijas, sino que es como una película en la que hay varias tramas paralelas que transcurren al mismo tiempo, pero en lugares diferentes y que al final inciden en el desenlace. En Sangre de Llaguno, así nos presenta Luis Niño de Rivera las de la ganadería de San Mateo y de la Familia Llaguno, enlazando la historia patria con la universal y con la del toreo y en ese enlace, algunos pasajes influyen directamente sobre la trama y otros tendrán utilidad solamente para ubicar en tiempo y espacio eventos trascendentes en el devenir ganadero de Llaguno – San Mateo, lo que no deja in abstracto la presentación que de ellas se nos hace en la obra.

Me parece importante la presentación de la genealogía de los Marqueses del Saltillo, de quienes se habla en el ambiente taurino mexicano como una serie de personajes míticos, de los que la mayoría de los que los mencionan, ni siquiera saben ya no sus nombres, sino siquiera sus apellidos, precisando con puntual atención los pasos de una generación a otra, bien verificada en los archivos parroquiales de Sevilla. Lo único que le faltó a Luis, a mi juicio, fue el abundar, ya entrado en el tema, en la salida de la ganadería de la familia Rueda – Quintanilla – Osborne Böhl de Faber, para pasar a manos de las familias Moreno Ardanuy – Moreno de la Cova – Moreno de Silva, que es la que en la actualidad mantiene lo que de ella permanece en tierras hispanas.

A partir de analizar los libros de la ganadería, entre 1908 y 1953, Luis Niño de Rivera logra presentar algo así como el genoma en macro del toro de lidia mexicano, pues desentraña las principales líneas o familias surgidas de las 16 vacas y dos toros traídos por los hermanos Antonio y Julián Llaguno, de una manera bastante esclarecedora, dejando patente la gran obra ganadera realizada por el genio que fue el primero de los nombrados.

Ya en análisis de los aspectos propiamente familiares, Niño de Rivera nos deja ver que la transición del ganadero Antonio Llaguno González al ganadero José Antonio Llaguno García realmente nunca se produjo. El hijo lo acompañó en su andadura, pero el viejo aparentemente no se preocupó por enseñarlo; así como él entendió los vericuetos de la genética de una manera intuitiva, creyó que su hijo, sangre de su sangre, saldría como muchos de sus toros Superior Superiorísimo en ese aspecto y aprendería – o intuiría – de la misma manera en la que él lo hizo, pero no fue así, por eso la trayectoria de José Antonio Llaguno García como ganadero fue más breve y menos regular, diferente que las de sus primos hermanos, los Llaguno Ibargüengoitia, que abrevaron todo el conocimiento que Don Julián se preocupó por transmitirles.

En cuanto a la presentación material del libro, me parece que es de formato feo – a imagen y semejanza del pocket book americano – y creo que la calidad de la obra merecía uno mejor, con mayor cantidad de ilustraciones, aunque la justificación de los editores reside en el hecho de que al presentarlo así, se consigue una mayor penetración de la obra. Veo que también tiene algunos gazapos ortográficos, pero estos seguramente no son culpa del autor. Aparte, considero que faltaron un índice onomástico y árboles gráficos de la progenie de las vacas españolas, que harían más explícito el trabajo.

Concluyo citando a Don Paco Madrazo, ganadero también de prosapia, quien en su libro, El Color de la Divisa, publicara en 1985 en una carta abierta dirigida a José Antonio Llaguno García estos sentidos razonamientos:

…Hoy la mayor parte de los ganaderos mexicanos se enorgullecen de tener en sus piaras reses procedentes de Saltillo – ellos así lo dicen – y qué lástima me da el que hayan olvidado, a veces, que las vacas y toros que les han dado prestigio a través de los años son de San Mateo…

Yo creo que ellos deben reconocer la gran afición de tu padre y de tu tío para hacer, con muchos sacrificios, una ganadería de bandera, y que ya dejen de decir que tienen sangre de Saltillo, cuando lo que tienen, es sangre de San Mateo…

¿Por qué no les gritas que tu padre, y vamos tomando como fecha la venida de las vacas españolas – 1908 – hasta el 15 de enero de 1953 en que murió, estuvo al frente de una extraordinaria ganadería hecha a base de esfuerzos, de malos ratos y de romperse día a día con la vida del campo y de los toros, para qué hoy tanto ignorante diga y anuncie que tiene sangre de Saltillo?

Ya no somos ganaderos de bravo, ni lo seremos jamás. Nuestra vida entre los toros será hoy dispersa, vaga y al poco tiempo, olvidada…


José Antonio Llaguno García nunca escribió el libro que le pedía su amigo – y compañero de infortunio – Paco Madrazo, pero en el que pone a la consideración de todos nosotros, Luis Niño de Rivera reivindica en buena medida ese justo reclamo de alguien que sí entendió la realidad de la existencia de la Sangre de Llaguno, un libro que vale la pena leer y releer.

Sangre de Llaguno
Luis Niño de Rivera
Editorial Punto de Lectura - UNAM
1ª edición, México, 2004
ISBN: 9707310588



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