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domingo, 3 de junio de 2012

Detrás de un cartel (V)


Programa de mano de la
novillada del 29 de julio
de 1962
Fernando de la Peña es uno de esos toreros mexicanos que desde los últimos años cincuenta nos hicieron imaginar una inacabable sucesión de grandes tardes. Su concepción del toreo caminaba por las veredas del arte, pero a diferencia de los toreros de esa cuerda, tenía más que el valor justo para estar delante de los toros y cuando hacía falta, sabía pelearse con ellos y arrancarles las orejas sin tener que esperar que le saliera el que le permitiera las verónicas de alhelí.

Después de presentarse en la Plaza México en 1960 y hacer un par de sólidas campañas en México, dirige sus pasos a España en el año de 1962, para presentarse en la Plaza de Las Ventas el día de Santiago Apóstol alternando con Clemente Antolín El Millonario y Manuel Rodríguez en la lidia de un encierro complicado de Francisco Marín Marcos. Esta actuación la saldó dando una vuelta al ruedo tras la muerte del que cerró plaza, lo que le valió para que lo repitieran en el ruedo madrileño al domingo siguiente, en el festejo dominical que anuncia el cartel que da motivo a esta entrada.

Ese domingo Fernando de la Peña cortaría su primera oreja en el ruedo venteño. Formó cartel con el torero de Arnedo Antonio León y el salmantino José Luis Barrero. Los toros fueron de Ana Peña. La relación de su actuación la hace Andrés Travesí en el ABC de Madrid y de ella recojo lo que sigue:



... Nos pareció que el mejicano Fernando de la Peña sabe lo que trae entre manos. Da órdenes a sus peones, para impedirles los frecuentes desmanes a que nos tienen acostumbrados. Está pendiente de la lidia. Veroniqueó aceptablemente, arrimándose mucho. Hizo un par de chicuelinas, estrechándose, pero con reposo. Con la muleta me gustó más en el sexto que en el tercero. En éste empezó con cuatro ayudados por alto. Luego, tres redondos; bueno, por largo, el último; cuatro naturales, aguantando, y uno bueno, de pecho; otra serie corta, de derechazos; y otros tres naturales. Acertó a clavar una estocada caída y cortó la oreja, y dio la vuelta al ruedo con casi unánime complacencia... Al sexto lo dobló muy bien por bajo, con una rodilla hincada en la tierra, mandando. Dos tandas de pases en redondo y de ellos uno excelente. Cuatro naturales bajando la mano y llevando al toro prendido en la punta del engaño; otros tres, mejores. Por no igualar bien al toro y perfilarse con poca decisión, pinchó tres veces antes de clavar una estocada. Dio la vuelta al ruedo a hombros de los entusiastas de siempre...

Fernando de la Peña (Cª 1963)
Todavía volvería a cortar otra oreja en Las Ventas, esta vez a un novillo del Marqués de Albaserrada el 1º de mayo de 1963, alternando con Antonio Medina y Efraín Girón, lo que lo hace miembro de un selecto grupo de novilleros mexicanos que han logrado cortar más de un apéndice en sus comparecencias en la principal plaza del mundo.

Fernando de la Peña recibió la alternativa en Barcelona el 12 de septiembre de 1963, de manos de Antonio Bienvenida y llevando como testigo a José Martínez Limeño, siendo el toro de la ceremonia Fechorías de Graciliano Pérez Tabernero. Confirmó su alternativa en la Plaza México el 12 de enero de 1964, apadrinado por Humberto Moro, que le cedió al toro Jaleador, de José Julián Llaguno y fungió como testigo Joaquín Bernadó. La confirmación en Madrid se verificó el 22 de agosto de 1965, cuando Antonio Chenel Antoñete en presencia de Luis Parra Jerezano, le cedió un toro de Escudero Calvo Hermanos.

Tras de sufrir varios percances serios y los vaivenes de varios movimientos de política sindical taurina, las actuaciones de Fernando de la Peña disminuyen sensiblemente a partir del año de 1966. Su despedida formal de los ruedos se da en la Plaza Monumental Monterrey el el 21 de julio de 1974, alternando con Jesús Delgadillo El Estudiante y Óscar Realme en la lidia de toros de La Playa, en un festejo que representó también para Óscar Realme una despedida no anunciada. Fernando de la Peña apenas tenía 35 años de edad. La historia que hay detrás de este cartel, me sirve para recordarle en esta tarde de triunfo, que al final de cuentas solamente resultó ser un anuncio de lo que pudo ser.     

viernes, 27 de abril de 2012

Tal día como hoy. 1969: Cortando tres orejas, Manolo Martínez se alza como el triunfador de la Feria


Tras de su presentación en nuestro serial abrileño de 1967, en una corrida extraordinaria, Manolo Martínez reaparecía en la Plaza de Toros San Marcos en la corrida que daba término a la Feria, alternando con Joaquín Bernadó y Alfonso Ramírez Calesero Chico, para lidiar un encierro de Suárez del Real. La corrida adquiría cierta significación, aparte de la propia que le correspondía por su lugar en las celebraciones sanmarqueñas, porque el torero de Monterrey estaba a punto de salir a iniciar su primera campaña en ruedos europeos. De hecho, tras de esta actuación, solamente se presentaría el 1º de mayo en Tepic y el 4 en Querétaro para matar en solitario toros de Javier Garfias y de allí partir a España, para presentarse en la Corrida del Corpus en Toledo el día 5 de junio de ese 1969.

El triunfo de Manolo Martínez

En su crónica publicada en el diario El Sol del Centro al día siguiente del festejo, don Jesús Gómez Medina se ocupa exclusivamente de la actuación del que estaba en camino de ser el mandón. No hace una sola referencia a las actuaciones ni de Joaquín Bernadó, ni del hijo mayor de Calesero. Del preámbulo recojo estas impresiones:

No pudo haber sido más torero el adiós de Manolo Martínez; en pleno triunfo, entre aclamaciones, aplausos y música y llevando consigo las dos orejas del último astado que lidió en Aguascalientes... Porque el de la Sultana del Norte se halla a punto de atravesar el charco, en ruta hacia la Madre Patria a donde marcha en pos del espaldarazo consagrador de los públicos hispanos. Pero, antes, busco que su adiós a la plaza que durante estos breves días, se transforma en el aula máxima del toreo, en la academia del arte taurino, revistiése la brillantez y la solemnidad más singulares...

Manolo Martínez enfrentó esa tarde a dos toros de nombrados por su criador como Pepinillo y Ruizeño, ambos de muy diferentes condiciones. Y con ellos realizó dos faenas de gran intensidad de acuerdo con el relato que hace el invocado don Jesús Gomez Medina. El quinto, Ruizeño, fue el del gran triunfo y sobre este, el cronista escribió:

...“Ruizeño”, era por el contrario un adversario difícil, peligroso; con fuerza y sentido. Por ello puso en apuros a un banderillero tan diestro como Rutilo Morales... Y en el ambiente de la plaza brotó la incógnita: “¿Sería capaz Manolo Martínez de hacerle faena a un enemigo con tales características...?” Pues sí; ¡también al enemigo difícil le hizo la faena y, encima, le cortó las dos orejas!... ¿Es o no es todo esto, demostración de torerismo?... Porque triunfar con el toro dócil, pastueño, que más que enemigo resulta colaborador del torero, esto muchos lo hacen. Vencer, en cambio, tras de remontar la corriente; llegar al éxito tras de haber superado obstáculos y luego de poner en riesgo la epidermis, esto es privativo de los menos. De los ases, de las figuras, de los toreros de época, como este Manolo Martínez... Pero digamos ahora someramente cómo fue la faena del gran triunfo del reinero. Dos o tres muletazos de exploración como para medir, para calibrar al astado, y acto seguido, sin más trámites, sin nuevas dilaciones, a pararle y a correr la mano y a enrollarse a “Ruizeño” con la seguridad, con la facilidad y la frescura que se emplearían para torear a un toro de cartón.... A fuerza de aguante, Manolo desengañó al astado. Vamos, se apoderó de él, como se dice en la jerga taurina. Y logrado esto, hizo con el bicho cuanto le vino en gana. Lo toreó por derechazos templados y mandones, rítmicos y señoriales – ¡derechazos de Manolo Martínez! –; se lo pasó por la mismísima camisa en los pases de pecho escultóricos, ajustadísimos. Y además, el péndulo, los molinetes, los de la firma combinados con el trincherazo. ¡Todo cuanto en gana le vino ejecutó!... Y, como epílogo, un espadazo desprendido, que pronto surtió efectos.... Vendría luego la escena que antes aludimos; el triunfo, el apoteosis de Manolo Martínez; la concesión de las dos orejas, la vuelta al ruedo, las aclamaciones... En suma, la entrega de un público plenamente rendido frente a la evidencia de que, con Manolo Martínez, el toreo mexicano está en el camino de adquirir una dimensión y un esplendor que antaño tan solo supieron darle los llamados toreros de época, las figuras cumbres de nuestra torería...

En efecto, la visión de don Jesús no estaba apartada de la realidad que estaba por venir. Sería cuestión de un par de temporadas más para que Manolo Martínez consolidara su posición al frente de la torería mexicana y efectivamente, se convirtiera en una figura de épica y de época, todavía a estas fechas vara de medir en estas cuestiones.

El festejo de hoy. 2ª novillada de feria: 6 novillos de José Julián Llaguno para Ricardo Frausto, Manuel Fernández Mazzantini y Efrén Rosales.

domingo, 10 de abril de 2011

La Feria de San Marcos y su actual estructura a 40 años vista, IV

13 de abril de 1971: Se inicia la venta de las entradas para los festejos feriales. Bernadó se cae de la Feria.

Anuncio publicado en El Informador
de Guadalajara a mediados de abril de
1971
Cinco días antes de arrancar los festejos feriales se inició la venta de las entradas a ellos y la respuesta de público y afición fue de una gran afluencia a los sitios en donde se estaban distribuyendo. El mayor atractivo parecía estar en las corridas nocturnas, no obstante el resultado poco halagador de la del 6 de febrero anterior, cuando se celebró la inauguración del alumbrado de la Plaza de Toros San Marcos.

La venta de las entradas a las corridas de la Feria de San Marcos, comenzó además en medio de una especie de competencia desleal que agencias de viajes locales y de ciudades vecinas, como Guadalajara, hacían promocionando excursiones a España para acompañar a Eloy Cavazos, Curro Rivera, Antonio Lomelín y a los toros de Mimiahuápam en su presentación en la Plaza de Las Ventas de hace 40 años. Si bien el evento principal de la excursión era la Feria de San Isidro, que no coincidía en fechas con la nuestra, las excursiones sí se consideraron un factor de distracción a esta primera edición de una feria a la española que se daba en México, después de la experiencia no repetida de la Feria Guadalupana del Toreo de Cuatro Caminos de 1956.

Al final de cuentas, se vería que el negocio de las excursiones a Europa no hizo mella en nuestra feria y que a diferencia de la Guadalupana, la ideada y puesta en marcha por Guillermo González Muñoz había llegado para quedarse, crecer y servir de modelo en la organización de otras a lo largo y ancho del territorio mexicano.

Se cae Bernadó de los carteles

Doy un salto en el tiempo, pues esta cuestión la considero de algún modo como previa. En la víspera de su presentación en la feria, se anunció que el diestro de Santa Coloma de Gramanet, Joaquín Bernadó, no actuaría en ninguna de las dos fechas que tenía contratadas. La nota aparecida en el diario El Heraldo de Aguascalientes del día 21 de abril dice lo siguiente:

No viene Bernadó; en su lugar fue contratado “Finito”
En atención a que el diestro Joaquín Bernadó, que a la fecha se encuentra en la Madre Patria, definitivamente no viajará a México para cumplir los compromisos que tiene adquiridos con la empresa del Coso San Marcos, ésta se ha visto obligada a modificar los carteles para los que estaba ajustado el torero catalán.

Bernadó, en efecto, tenía comprometidas dos fechas, la del jueves 22 y la del domingo 25. En la primera iba a alternar con Joselito Huerta y Manolo Martínez, lidiando toros de Cabrera; el domingo venidero, tomaría parte en la corrida concurso, con reses de Suárez del Real.
“FINITO” SUSTITUYE A BERNADÓ
Para que ocupe el lugar que, con exceso de irresponsabilidad ha dejado vacante Bernadó, la empresa de nuestra plaza de toros contrató de inmediato al magnífico y valiente torero norteño Raúl Contreras “Finito”. Será éste por tanto, quien alterne mañana con Huerta y Manolo Martínez y también quien actúe el domingo próximo, al lado de otros cinco espadas: los dos ya mencionados, más Alfredo Leal, Chucho Solórzano y Manolo Espinosa.


Bernadó tuvo su última actuación en México en Acapulco el 5 de abril y ya en España, actuó en Madrid el 18 de abril, en la 2ª de la temporada, justo en la fecha en la que nuestra feria se inició, lo que me deja la idea de que tendría tiempo de haber regresado a cumplir con los dos compromisos aquí contraídos, sin embargo, también considero que el iniciar la campaña española en Las Ventas quizás le sugirió que esta podía ser intensa y prefirió cuidar la de allá. Ese año lo terminó con 19 corridas toreadas, a bastante distancia del primero del escalafón, que fue El Cordobés, que cerró el calendario con 87.

Aviso de la empresa publicado en los diarios locales
dando a conocer la ausencia de Joaquín Bernadó y su sustitución por Finito
Como lo señala la información periodística, lo sustituyó el chihuahuense Raúl Contreras Finito y se ofreció a la afición inconforme con ello, la devolución del precio de sus entradas – un hecho inusitado aquí – y sin desdoro de la torería y de la clase de Bernadó, la afición salió ganando, pues Finito intentaba recuperar el terreno perdido por percances y accidentes y salió, en las dos tardes que toreó, a jugarse la vida hecho un león.

Una observación: Pese a lo agresivo de la nota periodística y del desplegado pagado por la empresa, la sangre no llegó al río. Al año siguiente, Joaquín Bernadó volvió a estar entre nosotros, para lidiar la corrida más grande y pesada que haya pisado un ruedo en este país.

Todo listo entonces

Así pues, todo estaba ya listo para que la noche del domingo 18 de abril de 1971, se diera la primera corrida de la Feria de San Marcos. En su día, espero contarles lo que sucedió en ella.

Anuncio de la venta al público de las entradas a los
festejos de Feria


martes, 5 de mayo de 2009

Tal día como hoy: 5 de mayo de 1972. Se lidia la corrida más grande de la Historia del Toreo en México.


NECESARIA ACLARACIÓN: Hoy debiera celebrarse la novena corrida de la Feria de San Marcos. Por las razones que han sido profusamente difundidas, esta corrida y las que siguen, no se llevarán a cabo. La razón de seguir publicando estos recuerdos, es que el trabajo ya lo tengo hecho y me parece algo ocioso dejarlo “añejar” un calendario completo, así que seguiré las fechas del cartel original de los festejos y por ello, publicando estas ideas, ya que Ustedes hasta ahora, no han expresado objeción.

La corrida con la que se cerró la feria del año de 1972 pasaría al capitulado de los grandes acontecimientos de la historia de la Plaza de Toros San Marcos y de nuestra feria abrileña, por haberse lidiado en ella lo que en presencia, tipo y en el ineludible baremo de la báscula, resulta ser la corrida de toros más grande que se haya jugado en la Historia del Toreo en México.

Para la fecha se anunció la presencia del torero de Santa Coloma de Gramanet, Joaquín Bernadó que durante varios años de la década anterior había tenido triunfos significados en el serial sanmarqueño, como en el de 1964, en la que se alzó como triunfador máximo. Jesús Solórzano hijo, quien en estricto sentido realizaría una gesta al enfrentar este encierro, pues su cuerda como torero era la del arte y no precisamente la del poderío, aunque conociera a profundidad la técnica del toreo y tuviera los argumentos para resolver solventemente una contrata como esta y la reaparición de un torero de la tierra que tenía por divisa el valor a toda prueba, Fabián Ruiz, quien después de una gravísima cornada penetrante de tórax sufrida en Tijuana, luchaba por retomar el paso y ser una figura de los redondeles.

El encierro provenía de La Punta y era producto del reordenamiento que don Francisco Madrazo Solórzano daba a su ganadería, diezmada por la persistente sequía y por las mermas que le causó la Reforma Agraria, por lo que los toros a lidiarse venían del cruce de sus vacas de origen Parladé – Campos Varela, con toros provenientes de San Miguel de Mimiahuápam, los números 80, el 110 de nombre Vencido y 193 de nombre Ventanito, de origen Llaguno con goterones de sangre del Conde de la Corte, según lo explicaba en la remembranza del pasado 26 de abril.

Los punteños lidiados esta histórica tarde fueron: Sombrerero, número 61 con 580 kilos; Lagrimoso, número 40, con 635 kilos; Recobito, número 75, con 630 kilos; Carretero, número 20, con 640 kilos; Enanito, número 25, con 672 kilos y Candilejo, número 49, con 730 kilos. El promedio de peso del encierro fue de 647.833 kilogramos exactos. Los nombres de los toros corresponden a los de las familias que se formaron con los toros y vacas que en 1925 llegaron de España para la formación definitiva de la vacada de los señores Madrazo.

La crónica del festejo realizada por Everardo Brand Partida para El Sol del Centro del 6 de mayo de 1972 nos presenta el siguiente juicio:

‘La Corrida del Toro’, esa fue innegablemente, la que ayer se dio en el Coso San Marcos, porque en el ruedo estuvieron, - únicamente ellos – los seis cromos seleccionados especialmente por don Francisco Madrazo, para el colofón de la Feria Taurina de 1972. Seis torazos con edad y presencia, que promediaron en la romana 650 kilogramos y que derrocharon bravura y nobleza al transcurso de la lidia de cada uno de ellos, en forma especial los corridos en primero y quinto lugares, ya que este último ‘Enanito’, marcado con el número 325, mereció los honores del arrastre lento.

Es precisamente ellos, de los toros, de quien debe hablarse, porque el encierro de ayer, lidiado en el Coso de la calle Democracia es, hasta la fecha, es hasta la fecha, el más grande y parejo de los que se han lidiado en plazas mexicanas, porque dieron un juego extraordinario para la lidia tras de pelear bravamente con las cabalgaduras y haciendo honor a su divisa, evidenciaron un magnífico estilo de bravura y poder, que no fue descifrado por los espadas actuantes, que se conformaron – cabe así asentarlo – con pararse enfrente de los punteños.

Contrariamente a lo que suponía el grueso de los aficionados tomando en consideración el peso de los astados, éstos no salieron parándose ni a la defensiva. Llegaron al tercio mortal plenos de facultades, esto es, con poder, embistiendo ‘de aquí hasta allá’, francamente, con estilo definido, con son y solo necesitaban que un torero se les parara, los templara y los mandara para que hubieran pasado a formar parte de un capítulo memorable de la historia taurina mexicana y hubieran cubierto de gloria a su divisa y a su criador, el pundonoroso ganadero don Francisco Madrazo.

El encierro de ‘La Punta’, bonito en verdad, demostró que los toros no llegan al último tercio con media embestida, semi – parados o completamente a la defensiva exclusivamente por su peso. No, los punteños fueron graneados – no cebados o engordados prematuramente para cumplir con el requisito del peso –, se les apreció fibra y poder y su sangre brava les hizo embestir en todo momento. Si acaso solo un detalle fue apreciado con desagrado por los aficionados, que hicieron un entradón en la Plaza, y es que los seis toros estaban astillados de los pitones. Que uno o dos lo estén, tiene una explicación lógica, pero que los seis torazos lidiados en el ruedo del Coso San Marcos salgan astillados de los pitones, eso es ya otra cosa…

A Joaquín Bernadó le tocaron en suerte Carretero y Lagrimoso; a Jesús Solórzano Recobito y Enanito, el que fue premiado con el arrastre lento y a Fabián Ruiz le correspondieron Candilejo y Sombrerero. La única oreja del festejo la cortó Fabián precisamente a Candilejo, al que liquidó de una estocada y cuatro golpes de descabello.

Asistí a ese festejo y realmente recuerdo solamente el entradón, la expectación que causó cada uno de los toros en el ruedo y el hecho de que al final de la tarde, el único que haya cortado una oreja haya sido Fabián Ruiz, precisamente a Candilejo, el toro más grande y pesado de la corrida, aunque la realidad es que ese encierro y ese festejo es uno de los grandes hitos de los ya ciento trece años de historia de la Plaza de Toros San Marcos, tanto que hoy hay en sus muros tres placas que recuerdan o refieren el evento, una dedicada al Encierro, otra a Fabián Ruiz y una tercera al paso de Jesús Solórzano por ese ruedo, en la que se incluye su actuación en esta memorable tarde.

El cartel que estaba anunciado para hoy: Corrida de la Oreja de Oro. Toros de Corlomé para Óscar Sanromán, Israel Téllez, Juan Antonio Adame, Guillermo Martínez, Aldo Orozco y Víctor Mora.
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