Mostrando entradas con la etiqueta Miguel Ángel. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Miguel Ángel. Mostrar todas las entradas

domingo, 12 de agosto de 2012

Un picador de vuelta al ruedo: Sixto Vázquez (I/II)


A toro pasado…

Sixto Vázquez visto por Antonio
Casero
(ABC, Madrid 02/08/1955)
El último día de julio se cumplieron 57 años de que Sixto Vázquez, picador de toros mexicano, fuera premiado con la vuelta al ruedo en la plaza de toros de Madrid. El hecho ocurrió en la novillada del postrer domingo de ese julio de 1955, en la que para dar cuenta de un encierro de Domingo Ortega, fueron acartelados el granadino Rafael Mariscal, el debutante bilbaíno Enrique Orive y el mexicano Jaime Bravo que sería quien llevara en su cuadrilla al torero de a caballo que me motiva a escribir estas líneas.

Llego con retraso a recordar la efeméride, pero creo que además de rememorar ese fasto, vale abundar en otros aspectos de la vida en los ruedos del torero michoacano, quien llevó a planos muy altos el nombre de México con su quehacer en los ruedos.

Sixto Vázquez Rocha

Es originario de Uruapan, Michoacán, lugar en el que nació el 3 de enero de 1916. Tanto Cossío, como Ángel Villatoro señalan que su padre, Eutimio, fue banderillero y picador de toros, por lo que a partir de eso puedo afirmar que desde su infancia vivió ligado a la fiesta y a su ambiente. Desde 1935 se integra a una cuadrilla que presentaba un espectáculo que combinaba el llamado deporte nacional – la charrería – con la tauromaquia, iniciando allí su paso como matador de novillos.

Se presenta en El Toreo de la Condesa el jueves 1º de mayo de 1941, en una novillada extraordinaria acartelado con Saúl Guaso, Felipe Escobedo, Luis Molinar y Rutilo Morales – ni Guillermo E. Padilla, ni Heriberto Lanfranchi en su obras históricas consignan el nombre del sexto alternante y procedencia del ganado – y es ovacionado al retirarse a la enfermería, pues fue herido por su novillo. Esa actuación le ganó dos presentaciones más ese año, también en jueves, los días 23 de octubre, cuando alternó con Tanis Estrada, Eusebio Ortega Villalta, José Gomar, Guillermo Romero y Alejandro Jiménez y su actuación le permitió repetir el siguiente domingo en el cartel final de la temporada alternando con Miguel González El Temerario y Paco Rodríguez en la lidia de novillos de Sayavedra.

Fueron sus compañeros de quinta toreros de la talla de Luis Procuna, Félix Guzmán, Rafael Osorno, Cañitas y Manuel Gutiérrez Espartero entre los más destacados.

Regresaría entre las filas de los toreros de a pie al año siguiente y tan temprano como el 29 de enero de 1942 – jueves – alternó con Antonio Toscano y Luis Molinar en la lidia de novillos de Quiriceo, derrochando valor y cerró su paso por el ruedo de la Colonia Condesa el 18 de junio de ese mismo año alternando con Enrique Medina y Rutilo Morales cortando una oreja. Sixto Vázquez fue uno de los novilleros que alcanzaron a hacer la transición hacia la Plaza México y actuó en ella una tarde; fue la del 28 de julio de 1946, cuando para lidiar novillos de Piedras Negras alternó con Félix Briones y Rafael Martín Vázquez.

Es quizás a partir de esa fecha – contaba ya con treinta años de edad – que decide pasar a las filas de los toreros de a caballo, tras de una actuación que no le proyectó a la posibilidad de recibir la alternativa, pues a partir de 1948 es ya miembro de la Unión Mexicana de Picadores y Banderilleros.

Madrid, 31 de julio de 1955

Sixto Vázquez se va a España en 1955 formando parte de la cuadrilla del Güero Miguel Ángel García, pero pronto en esa temporada se verá varado, pues el 2 de mayo su matador será gravemente herido en la plaza de Sevilla por un novillo de don Felipe Bartolomé. Una cornada de esas que en el momento hizo temer por su vida – de la que ya escribí aquí en otro espacio – y que a la larga, quedó demostrado que terminó con su carrera en los ruedos y fue también en alguna medida, la causante de su prematura muerte.

Sixto Vázquez picando al 4° de la tarde
del 31/07/1955 (Foto El Ruedo, cortesía
El Desjarrete de Acho)
Por esa razón pasa a formar parte de las cuadrillas de Jaime Bravo – principalmente – y de Antonio del Olivar y es con el primero, con el que vivirá el trascendente hecho para él como torero y por qué no, para la historia del toreo, dado que, hasta donde mi entender alcanza, lo que logró ese domingo 31 de julio de 1955, no se ha vuelto a repetir en el ruedo de la plaza de Las Ventas de Madrid.

He podido recopilar varias relaciones del suceso y creo de interés y de justicia el dar espacio aquí a varias de ellas, sobre todo, por lo que a mí me parece la extraordinaria coincidencia que guardan sobre la actuación de Sixto Vázquez. Veremos adelante que difieren sobre todo, al juzgar la condición del cuarto novillo de la tarde, que es en el que se produjo el hecho, hoy legendario, pero en la realización del torero michoacano, no hay división de opiniones.

Comienzo con la que me resulta la más novedosa, aparecida en la Hoja del Lunes de Madrid, del día siguiente al festejo. Y afirmo que es novedosa, porque fuera de los libros que he leído y que tengo conocimiento que escribió, no sabía que don Luis Uriarte Don Luis también escribía crónica, ignorancia de la que me sacó el doctor Rafael Cabrera Bonet, a quien agradezco su orientación a ese respecto:

Un picador da la vuelta al ruedo en Madrid
Un picador de toros
Don Luis
¿Ven ustedes como es bonita la suerte de varas? ¿Ven cómo todas las suertes del toreo son bonitas cuando se ejecutan bien? ¿Ven en definitiva, cómo en estos casos se pone en evidencia que la gente entiende de toros como por intuición, de un modo instintivo, y sabe apreciar lo que es bueno aunque no lo haya paladeado nunca? Porque ayer vimos picar clásicamente en la plaza de Las Ventas, y nos unimos en el aplauso, tan unánime como estruendoso, los que ya vamos siendo viejos aficionados, y hemos conocido la suerte de varas todavía en cierto esplendor, y los nuevos o de esta época, en la que la mayoría de ellos no han tenido la ocasión de presenciar lo que es un puyazo con arreglo a los cánones taurinos… El acontecimiento – que de tal categoría se nos antoja el hecho – surgió en el cuarto novillo. No era bravo, ni con mucho, el pupilo de Domingo Ortega, que echaba el hocico al suelo y escarbaba en la arena, lo cual “no es de bravura señal buena”. El picador mejicano Sixto Vázquez estaba de turno y sólo verle adelantarse al cite ya levantó en parte de los graderíos un murmullo de expectación. ¿Qué era aquello? El jinete solo, en la rectitud del toro, citando guapamente y con alegría de artista, sin permitir que ni un monosabio agarrase las riendas del caballo ni lo tocase con la vara, sino retirados a bastante prudencial distancia. ¿No es saber montar a caballo lo primero que necesita un picador? Era bonito, bonito ver al jinete evolucionar de un lado a otro, para colocar, él solito, al toro en suerte; verle citar levantando el brazo de la vara y aún irguiéndose y botando sobre la silla para alegrar al morlaco, y verle, en suma, cuando conseguía provocar la arrancada, echar la vara, bien cogida por el centro, ni larga ni corta, como requería la distancia a que citaba, y clavar la puya con seguridad y firmeza, no en los riñones – que es donde ahora se clava para destrozar a los toros –, sino en el morrillo – que es donde debe clavarse para ahormarles la cabeza y dejarlos en buenas condiciones para el resto de la lidia –. ¡Ah! Y como buen artista de su especialidad profesional, manejar las riendas con la mano izquierda – como la derecha para castigar con brazo fuerte –, no hacia su derecha, para tapar la salida del toro, en busca de la fementida “carioca”, sino hacia su izquierda, en clásico estilo de marcar la salida por donde y como es debido para quedar nuevamente en suerte. Así por tres veces consecutivas él solito – insistimos en repetirlo – y con gallardía y prestancia de gran picador de toros. Tres ovaciones acogieron cada una de sus tres hazañas, y otra ovación clamorosa le acompañó hasta que se retiró por la puerta de caballos. Después, cuando Jaime Bravo acabó con el novillo, el público reclamó la presencia en el ruedo de Sixto Vázquez y le hizo dar la vuelta al ruedo entre una nueva ovación… ¿Cuánto tiempo hacía que no habíamos visto este soberbio espectáculo? ¡Qué no haya quien diga que no es bonita, ni siquiera necesaria la suerte de varas! Lo que no lo es, ahí está la prueba, es que no haya picadores que no sepan ejecutarla ni apenas montar a caballo. Como si dijéramos que no es bonito el toreo porque no hubiera toreros que supieran hacerlo. Entonces negaríamos hasta la belleza y la verdad pura del arte de lidiar toros... Justifiquemos la crónica: a tal picador, tal honor. También la gente subalterna tiene su corazoncito...

Una segunda versión es la que firma Federo Faroles y que apareció publicada el 2 de agosto en La Vanguardia de Barcelona y que en lo medular señala:

¡A LA PLAZA! ¡A LA PLAZA...!
PÉSIMA NOVILLADA
…Los seis astados, de bonita lámina y desarrollada cornamenta, dieron aceptable juego en el tercio de varas y embistieron con nobleza a los de a pie, aunque casi siempre fueran desperdiciadas sus cualidades por la pésima lidia que recibieron. Una excepción hubo en la tarde, concretamente en el cuarto novillo... El protagonista de la excepción es mejicano de nacionalidad y picador de profesión. Se llama Sixto Vázquez. Puso tres varas al cuarto novillo, ovacionadas largamente, y se vio obligado a dar la vuelta al ruedo en cuanto el diestro de «tanda» terminó con su enemigo. Las tres varas fueron tres lecciones de bien picar. Es decir, de citar al toro con la voz, con la cabalgadura, con la puya... Alejando a los monosabios, dando la salida al novillo por la cara del caballo, sin hacer «cariocas» ni acometer perforaciones excesivas. Bien por Sixto Vázquez, picador mejicano y buen picador…

La unanimidad hasta ahora es impecable. Se destaca el hecho de que Sixto Vázquez sea un gran jinete – hecho que se hace evidente al no requerir que los monosabios le auxilien para mover al caballo o para colocarlo –, luego, el hecho de que pique en lo alto con la finalidad de permitir a su matador el debido lucimiento en el tercio final y no caído o trasero para inutilizar al toro y sobre todo, la forma de usar la mano izquierda con la rienda para marcar al toro el fin de la suerte cuando ya se ha picado, sin barrenar y sin aprovechar el que el toro esté metido en el peto. En suma, se describe con claridad la forma clásica en la que la suerte de picar debe ser ejecutada.

Pero aún hay más sobre este tema. Lo dejo para la próxima semana en la que espero concluir con lo hoy iniciado.

Aclaración pertinente: Los subrayados en las crónicas transcritas son imputables exclusivamente a este amanuense.

domingo, 30 de mayo de 2010

Miguel Ángel

El tema de hoy no se refiere al artista del Renacimiento que es uno de los más altos referentes de la cultura universal. La única coincidencia está en el nombre y es uno de los casos que nos recuerdan que el drama de la fiesta no está sujeto a un guión escrito previamente, ni que las lesiones que sufren los diestros en el redondel son de las que se curan sin secuelas. Esta historia de un valentísimo y carismático torero mexicano del mediodía del pasado siglo, nos deja claro que los toros pueden dar dinero, posición y fama, pero también – y de eso tenemos algunos ejemplos recientes – dan graves cornadas que en determinadas circunstancias pueden terminar con la vida de quienes las reciben.

Miguel Ángel García Medrano

Fue originario de Apan, Hidalgo, donde nació el 29 de octubre de 1929. Su presentación como novillero en la Plaza México ocurre el 30 de julio de 1950 y entre ese domingo y el 22 de julio de 1951, Miguel Ángel – así se anunciaba en los carteles – entraría definitivamente en el ánimo de la afición de la capital mexicana. En esta última fecha alternaba con Julio Pérez Vito y Fernando de los Reyes El Callao y aunque la tarde fue del tlaxcalteca de la mirada triste con Cuadrillero de San Mateo, en su turno al quite con este toro, el Güero - en México llamamos güero a los rubios - realizó uno por gaoneras que terminó por definirle ante la afición de la capital mexicana. En palabras del bibliófilo Daniel Medina de la Serna:


El Güero Miguel Ángel era un desesperado en busca de gloria… o tal vez de la muerte; la aguja de su brújula no sabía marcar otro derrotero que el del ‘arrimón’ ahora sí y mañana también y a la menor oportunidad o provocación, clavaba los pies en la arena y pegaba, sin darle ninguna importancia a los pitones, sus gaoneras tremebundas. Nunca fue un torero de arte, ni de clase, pero sí un torero con emoción de alto voltaje…
Se mantuvo en el interés de la afición, aunque con pronunciados altibajos hasta el año de 1953, cuando marcha a España a hacer campaña como novillero, de la mano del Coronel Escalante, que lo puso a cargo de Domingo González Dominguín, para que lo apoderara en la península, presentándose en Las Ventas el 4 de octubre de ese calendario.

Bajo el signo de la sustitución

Algunas de las fechas señaladas de la carrera de Miguel Ángel García estarían marcadas por el signo de la sustitución. Su presentación en la Feria de Abril sevillana, el 2 de mayo de 1954 se dio por ese medio, cuando Jaime Ostos, por motivos relacionados con su servicio militar, no estuvo en posibilidad de actuar junto al lusitano Paco Mendes y Pepe Ordóñez para despachar un encierro de don Felipe Bartolomé. Así fue que Domingo González le consiguió al Güero la oportunidad de actuar en la Maestranza y de iniciar temprano y en una feria de importancia su temporada de ese año.

El primer novillo de la tarde le correspondió a Miguel Ángel y lo sucedido lo describió así Gómez Bajuelo, cronista del diario ABC de Sevilla en su edición del 4 de mayo siguiente:




El signo dramático de la Feria...

La Feria de este año ha tenido un signo dramático. Con él, más acusado aún, se cerró la novillada del domingo. Toreros de todas las categorías – matadores, banderilleros, picadores y hasta "espontáneos" – quedaron prendidos de las astas de las reses y pasaron triste y obligada visita a la enfermería. ¿Desentrenamiento, impericia, pujanza del toro en abril? Tal vez haya habido de todo un poco. Lo cierto es que el balance ha sido doloroso. Y no más en sus consecuencias, porque en Sevilla, la intervención facultativa es firme vehículo de la misericordia divina…

…Un espontáneo, en varios pases, descabaló la pureza inicial del arranque del novillo. Esto hubiera sido suficiente para que Miguel Ángel, rehusando el propósito preconcebido, se hubiera atenido a las circunstancias. Pudo más su afán valeroso. Y en terrenos del 2, sin esa soledad que fija más la atención del bicho, intentó el cambio de rodillas. Este alcanzó al espada que, entre la emoción del público, con mueca de dolor en el rostro, caminó hacia la enfermería en los diligentes brazos de las asistencias...
La cornada que recibió Miguel Ángel fue gravísima, el primer parte facultativo rendido por el doctor Leal Castaño fue el siguiente:


Fue asistido durante la lidia del primer toro, el mejicano Miguel Ángel, de una herida que le interesa la bóveda del palatino, alcanzando el peñasco, con fractura del mismo; parálisis del nervio facial y otorragia. Pronóstico: gravísimo.
Una vez que el torero fue trasladado a la clínica de Nuestra Señora de los Reyes, con el equipo adecuado, se practicaron nuevos estudios y se rindió un parte complementario, mismo que ya refleja otras lesiones que no se apreciaron en las primeras curaciones practicadas en la enfermería:


El diestro mejicano Miguel Ángel García, sufre una herida por asta de toro que interesa paladar interior y posterior y que atravesando la fosa tiroidea derecha alcanza el peñasco, fracturando la base del cráneo con parálisis del nervio facial. Gran otorragia. Pronóstico gravísimo. Durante la cura se le hizo una transfusión de sangre de 200 centímetros cúbicos.
La evolución de la recuperación del torero fue objeto de seguimiento por los diarios españoles de la época, que reproducían los partes que periódicamente remitía el equipo médico encargado de su atención. Se vio la conveniencia de hacer llegar a la madre de Miguel Ángel a acompañarle y facilitarle su restablecimiento, de lo que el semanario madrileño El Ruedo publicó un amplio reportaje gráfico y que está a la vista en la bitácora del Aula Taurina de Granada que con acierto y afición administra el buen amigo Paco Abad.

El torero se recuperó y logró tomar la alternativa al final de la temporada. Fue en Palma de Mallorca, el 26 de septiembre, cuando José María Martorell ante el testigo Victoriano Posada, le cedió a Miguel Ángel García el toro Barreto de Ramos Matías Hermanos. Ya como matador de toros, el valiente torero de Apan regresó a México. También les reenvió al reportaje gráfico de El Ruedo que obra en el Aula Taurina de Granada.

La debacle

Miguel Ángel confirmó su alternativa en la Plaza México el 16 de enero de 1955. Lo apadrinó Ricardo Balderas que le cedió al toro Trueno Verde de Torrecilla delante del cordobés José María Martorell, pero la crisis estallaría al domingo siguiente, en la confirmación de Jumillano y así lo contó en su día Pocapena en el diario Esto:


Miguel Ángel dio la vuelta al ruedo, salió a los medios a saludar y se fue a la enfermería donde los médicos que lo asistieron diagnosticaron que no estaba en condiciones físicas para seguir toreando. Al torero no le convenció la opinión de los facultativos y volvió al callejón, donde su apoderado, amigos y compañeros pudieron apreciar, por incoherencias manifiestas en su conversación, que era un disparate salir a despachar al segundo suyo, último de la corrida y el de más peso, pues dio en la romana 540 kilos…
José Octavio Cano, en el mismo diario, le dirige estas sentidas reflexiones:


Con una nerviosidad terrible he seguido las incidencias trágicas de tu negativa a dejarte sacar de la plaza porque los médicos ordenaban que tu no estabas en condiciones de poder lidiar al sexto. Y sin embargo lo hiciste…

Te impusiste al fin de cuentas sobre los gendarmes, sobre los médicos, sobre la multitud que acabó pidiendo que te fueras. Pero sigo creyendo que a pesar de todo, ni los médicos, ni la autoridad, ni nadie, debieron haberte dejado continuar. Los ruedos de las plazas de toros no deben convertirse nunca en piedra de sacrificios humanos…

Lo que me parece necesario y urgente, por razones puramente buenas, es que por este año al menos, es que te retires de los toros, Miguel Ángel. Tú necesitas rehacerte física y moralmente. Y digo moralmente, porque los pitos que has escuchado en tus dos tardes te han herido… Creo que te han hecho muy mal en traerte en estas condiciones y sobre todo en haberte lanzado a los ruedos a una lucha desigual con los hombres y con los toros.
Y es que, cuenta también Daniel Medina de la Serna, al mediar el festejo, Miguel Ángel comenzó a insistir a gritos que estaba en Sevilla y que en su siguiente toro iba a pegar un repaso a todos esos gachupines. Eso motivó que el Juez de Callejón pidiera que los médicos lo examinaran y tras hacerlo, ellos determinaron que no estaba en aptitud de continuar en la lidia. El hecho trascendió y de nuevo es el semanario de Madrid, El Ruedo, el que publica un amplio reportaje gráfico sobre el asunto, el que también pueden ver en la casa de Paco Abad.

Aún tendría arrestos para ir de nuevo a España, confirmar en Madrid el 19 de mayo de ese 1955, curiosamente entrando al cartel de nuevo por la vía de la sustitución, en este caso - paradójicamente - de Pepe Ordóñez. Esa tarde, Manolo Vázquez – que también sustituía a Antonio Ordóñez – le cedió al toro Ratonero, de Carlos Núñez, en presencia de Jumillano. Esa campaña española le redituaría un total de 6 corridas de toros.

Su tristísimo final

Miguel Ángel se mantuvo en activo hasta 1959, cuando toreó su último festejo en la Plaza México. Fue un festival a beneficio de la Unión Mexicana de Matadores, en el que alternó con los rejoneadores hermanos Ruiz Loredo, Andrés Blando, Ricardo Balderas, Pepe Luis Vázquez - mexicano - y El Callao. Los altibajos de su estado mental ya no le permitían mantener una actividad constante en los ruedos y por eso mismo, las empresas no hacían el intento de contar con él. Tras del festejo, manifestó lo siguiente al semanario capitalino Claridades:


He acostumbrado a las empresas a que me la juego cada vez que salgo y no me perdonan que alguna tarde no corte orejas… últimamente me regatean los centavos en forma que me hace pensar que ya está bien de lucha inútil y que mejor será que me retire…

Miguel Ángel García fue encontrado sin vida en una banca del Paseo de la Reforma de la Ciudad de México en septiembre de 1974. Su cadáver ingresó a la morgue como desconocido y cuando ya los estudiantes de medicina lo utilizaban para prácticas anatómicas, uno de los médicos forenses advirtió las cicatrices de las cornadas en sus muslos y le comentó a Pepe Alameda el hallazgo, quien acudió a identificarlo y permitió así que sus familiares pudieran darle la debida sepultura.
Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...

Aldeanos