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domingo, 13 de septiembre de 2020

En el centenario de Carlos Arruza (XII)

Carlos Arruza, el solidario. México (I)

Carlos Arruza

La mitad del siglo XX representó un tiempo de profundo cambio para la fiesta en México. Personalmente considero que fue el momento del tránsito de una Edad de Oro brillante en lo histórico y en lo taurino, hacia una Edad de Plata que representó también una etapa de gran lucimiento para nuestra tauromaquia, ya cimentada en nuevos valores y sobre todo en la transformación del toro mexicano, que a partir de esas calendas sería ya el único en lidiarse en nuestras plazas.

Una década después, los toreros que tomaron la estafeta de manos de los maestros de la etapa dorada eran ya quienes tenían en sus manos el devenir del toreo en nuestra patria, aunque todavía por esas fechas, algunas de las figuras de la etapa anterior tuvieran actuaciones esporádicas como en los casos de Lorenzo Garza, Luis Castro El Soldado o Fermín Rivera

Cañitas

Entre esos toreros de la Edad de Oro que seguían activos se encontraba Carlos Vera Cañitas, quien recibió la alternativa en 1941 y que fuera parte importante de la etapa final en la historia del Toreo de la Condesa. También Cañitas gozó de popularidad en ruedos españoles y en esos momentos, quizás la estadística de la fiesta no tenía la importancia que hoy se le adjudica, pero ya era el diestro nacional que más tardes había actuado en la plaza de Las Ventas en Madrid con catorce, sitio que conservó desde junio de 1951 y hasta mayo de 2018, cuando Joselito Adame alcanzó primero y superó después esa marca.

En 1960, Cañitas trataba de relanzar su carrera en los ruedos y llegar a actuar formalmente en la Plaza México, pues su única actuación allí tuvo lugar el mediodía del 10 de abril de 1955, alternando con Fermín Rivera y Nacho Treviño en la lidia de toros de Santa Martha. Ese festejo con entrada gratuita, fue organizado para la filmación de la película El Niño y El Toro – en inglés The Brave One –, de Irving Rapper. Ni antes, ni después había pisado ese ruedo vestido de luces y, los hados apuntaban a que ya no lo haría.

En ese plan de relanzamiento, Carlos Vera se contrató para actuar en el Toreo de Cuatro Caminos el 21 de agosto de 1960 para alternar con Luis Briones y Juan Estrada – otros dos sobrevivientes de la etapa dorada – en la lidia de toros de Ayala. El cuarto de la tarde se llamó Buen Mozo y a juzgar por las fotografías de la época, lo era. En la parte final de la faena, que tuvo sus momentos de brillantez, el toro de Ayala prendió a Cañitas en la entrepierna derecha. La gravedad del percance se percibió de inmediato, pues el terno blanco con pasamanería negra que vestía el torero se tiñó de sangre.

El parte médico rendido por los doctores Javier Ibarra hijo y Manuel Castañeda Uribe fue devastador:

Sufre una herida por cuerno de toro situada en el Triángulo de Scarpa derecho, de cuatro centímetros de orificio de entrada, que interesa piel, tejido graso, aponeurosis, desgarrando los músculos de la región, contundiendo la arteria femoral común y seccionando la arteria femoral profunda, además de la vena femoral. Gran hemorragia arteriovenosa, por lo que hubo de practicársele una transfusión sanguínea de 1,200 centímetros cúbicos. Pronóstico reservado.

La reserva del pronóstico derivaba de la situación que tenía la circulación sanguínea del torero herido en el miembro afectado. No era la primera cornada que recibía en la región y con los procedimientos médicos comúnmente aceptados en la época, los vasos afectados eran ligados en los cabos afectados y la continuidad circulatoria se dejaba a lo que los médicos llaman circulación colateral. Así pues, admitiendo que se usara el mismo procedimiento en esta herida de Cañitas, esa reserva derivaba de la necesidad de esperar que tras la ligadura de las femorales – arteria y vena – afectadas por el cuerno de Buen Mozo, la circulación se restableciera en la extremidad afectada.

Pero la suerte y el destino de Cañitas ya estaban echados. Cinco días después de la cornada, la prensa nacional daba a conocer lo siguiente:

Hubo necesidad de amputarle la pierna herida a Cañitas. – México, D.F., agosto 25. – Al mediodía de hoy fue amputada la pierna derecha, hasta arriba de la rodilla, al torero Carlos Vera “Cañitas”, cornado el pasado domingo… Los médicos tomaron esta medida extrema ante el peligro de que se presentara una septicemia gaseosa, al no haberse restablecido la circulación sanguínea en el miembro herido… Todavía cuando era llevado a la sala de operaciones, “Cañitas” confiaba en que se le practicase una operación más para restablecer la circulación, pero el intenso color amoratado, en algunas partes negruzco de la pierna derecha, indicaba que la amputación debería hacerse desde luego… El doctor Javier Ibarra afirmó: “si existiera una brizna de esperanza, no amputaríamos el miembro”… Dijo inicialmente que se había temido que la amputación se haría casi desde la cadera. El tipo de corte que le fue hecho permite la rehabilitación por miembros artificiales… (El Informador, Guadalajara, 26 de agosto de 1960)

Así pues, el valentísimo Carlos Vera Cañitas había terminado su carrera en los ruedos, como El Tato, como más recientemente Rocky Moody. Quedaba entonces, condenado a seguir sus labores en la Procuraduría de Justicia de la capital mexicana, donde obtuvo un empleo cuando las oportunidades de vestirse de torero comenzaron a escasear.

Cañitas falleció en la Ciudad de México el 19 de febrero de 1985. 

Curro Ortega

El surgimiento del precoz Curro Ortega – curiosamente también “Cañitas” fue un torero que se inició casi desde niño – transcurre ya en la Edad de Plata del toreo mexicano. La alternativa la recibió en Acapulco en 1950 y tuvo actuaciones en ruedos hispanos, aunque no confirmara su alternativa en Madrid. 

Curro Ortega es de la generación de toreros que surgieron en la primera temporada novilleril de la Plaza México con Joselillo y Fernando López y paradójicamente es uno de los que a despecho de no haber encabezado el llamado escalafón menor en esos días, realizó una carrera más o menos larga en los ruedos del mundo.

En la frontera norte era un fijo en las temporadas veraniegas que por esos rumbos se daban y en esa frontera se encontraría con el final de su paso por los ruedos, pues en el mismo 1960, el 25 de septiembre, paradójicamente un mes exacto después de la retirada forzada de Cañitas, se anunció para lidiar toros de Pozo Hondo con Antonio Velázquez y Jaime Bravo en El Toreo de Tijuana.

Esa corrida pareció torcérsele a Curro Ortega desde el inicio. Aunque las notas de prensa publicadas en la época señalan que fue herido por el segundo de la tarde, en realidad la grave cornada que recibió fue al abrirse el festejo, pues Jim Fergus, testigo presencial, en su revista Toros correspondiente al mes de octubre de ese 1960, refleja que por un error de los torileros, el primero del lote de Curro – teóricamente el segundo de la tarde – salió al ruedo para iniciar el festejo:

25 de septiembre (Tijuana – Centro) Curro Ortega fue gravemente herido por el primer toro de la corrida. Curro era el segundo espada del cartel, pero por un error en los chiqueros, se abrió el festejo con el primero de su lote. Un incierto toro de Pozo Hondo de aproximadamente 400 kilos de peso prendió a Curro durante la faena de muleta. El torero, que acababa de completar una primera tanda de naturales, iniciaba la segunda al momento del percance. Al caer al suelo, se hizo evidente que la herida era de varias trayectorias, pues el cuerno le penetró el muslo izquierdo, arrancando tanto la vena como la arteria femoral…

Fue atendido en la enfermería por el equipo comandado por los doctores José Rodríguez Olivas y Gustavo Arévalo, quienes inhibieron inicialmente la hemorragia y posteriormente lo trasladaron al hospital del Dr. Rodríguez Olivas para continuar el tratamiento de la herida. El pronóstico se reservó, pero la visión general era más o menos optimista, pues los facultativos declararon al citado Fergus, que quizás el sábado siguiente el diestro estaría en condiciones de volver a la Ciudad de México y continuar su tratamiento allá y descartaron definitivamente un desenlace como el de Cañitas:

Curro fue trasladado a la enfermería de inmediato y en unos 12 minutos, un equipo de cinco cirujanos, encabezados por el Dr. Gustavo Arévalo hicieron una cura de urgencia, procedimiento que duró más de dos horas. Después fue trasladado al hospital del Dr. José Rodríguez Olivas, jefe de los servicios médicos de la plaza… El lunes fue un día crítico para Curro y para el martes comenzó a dar muestras de mejoría, pudiéndose anticipar que sería trasladado a la Ciudad de México el siguiente sábado. El Dr. Rodríguez descartó la posibilidad de que el diestro herido perdiera la extremidad lesionada, como en el caso de “Cañitas”...

Sin embargo, en el número siguiente de Toros se desplegaba esta información:

Una mala circulación consecuencia de percances anteriores, derivaron en la amputación de la pierna derecha de “Cañitas”. Por ese mismo motivo Curro Ortega ha quedado impedido de continuar toreando. Después de la cornada de hace unos días en Tijuana, los médicos le han advertido que otra herida podría causarle daños irreparables...

Como datos curiosos, el día que Curro Ortega fue herido, Carlos Arruza también toreaba en Tijuana, en la Monumental, formando cartel con Calesero y Manolo dos Santos para lidiar toros de la Viuda de don Miguel Franco y ganadería de Pozo Hondo que lidió ese 25 de septiembre del 60 en Tijuana, es la que hoy se anuncia como San Lucas y fue formada por José Antonio Llaguno García en 1955, con vacas y sementales de San Mateo. Lidió su primera novillada en 1958 en Acapulco y su primera corrida ese mismo año en Nogales.

Así pues, también la suerte de Curro Ortega quedó echada en un ruedo mexicano. Tendría que dedicarse a otra cosa, pues ya la vuelta a las plazas no quedaba en su futuro.

Curro Ortega falleció en la Ciudad de México el 30 de septiembre de 2012.

Carlos Arruza y sus gestos solidarios

En el caso de Cañitas, en cuanto se supo el final triste que tuvo su carrera en los ruedos, tanto el doctor Alfonso Gaona, como quienes hacían empresa en el Toreo de Cuatro Caminos pusieron a la disposición del diestro esos escenarios para que se organizara un festejo benéfico. En el caso de Curro Ortega no tengo información publicada de que así haya sido. De cualquier forma, faltaba que alguien pusiera manos a la obra para lograr la celebración de esas fechas para auxiliar y honrar a los toreros caídos en el ejercicio de su ministerio.

Carlos Arruza surge como el que tomaría el bastón de mando para lograr aliviar, cuando menos en lo económico, las penas de sus iguales. Daniel Medina de la Serna, para el caso de Cañitas, afirma que también se unieron al proyecto don José Murillo Alvírez, Manuel González Pinocho y José Juárez Gitanillo de México. Consiguieron una corrida de don Jesús Cabrera y para el 16 de septiembre de 1960, en la Plaza México, se anunció al propio Carlos Arruza, quien se presentaría como rejoneador en ese escenario, Alfonso Ramírez Calesero, Luis Procuna, Rafael Rodríguez, Jorge El Ranchero Aguilar y José Zúñiga Joselillo de Colombia.

La gran plaza se llenó y aunque el clima y los toros no colaboraron, pues se devolvió al quinto por manso y fue sustituido por uno de Santín y el sexto se inutilizó y fue reemplazado por otro de Ajuluapan, in extremis, Joselillo de Colombia realizó una faena vibrante al sexto, anunciado como Sombrerero y le cortó las dos orejas. Se afirma, sin desglosar cifras, que Carlos Vera Cañitas recibió de sus iguales y de la afición una suma cercana al medio millón de pesos, cantidad que le permitiría reencaminar sus pasos por la vida ya fuera de los ruedos.

Escribía en alguna parte de esta serie que Carlos Arruza era un hombre inquieto. Y a fe mía que esa inquietud la desplegaba siempre en causas nobles. Anunciado el final del paso por los ruedos de Curro Ortega, aprovechó el impulso adquirido con la organización del festejo pro Cañitas y se avocó a actuar en igual forma a favor de Ortega. Tomó la palabra de los empresarios del Toreo de Cuatro Caminos, dada en principio para auxiliar a Cañitas y para el 30 de octubre de ese mismo año, consiguió una corrida de Valparaíso para volver a actuar como rejoneador y anunciar su despedida de la afición de la capital mexicana en esa faceta de su paso por los ruedos y completar el cartel con Manolo dos Santos, Manuel Capetillo, Juan Silveti, Alfredo Leal, Joselito Huerta y Antonio del Olivar. Es de señalarse que el toro que enfrentó Arruza fue uno de San Mateo, lo que le agrió un poco la amistad con don Valentín Rivero, quien esperaba que el Ciclón se enfrentara a uno de sus toros en esa tarde. Arruza cumpliría varios compromisos más y torearía su última corrida en este ciclo el 6 de noviembre siguiente en Tijuana, plaza en la que retornaría a los ruedos el 20 de junio de 1965.

A diferencia de la corrida a favor de Cañitas, la de Curro Ortega fue un éxito redondo. Arruza le cortó las dos orejas a Azteca; Manuel Capetillo una a El Diablito; Juan Silveti, el rabo a Farolero – toro de arrastre lento – y Joselito Huerta también obtuvo el rabo de Soldado, que recibió el homenaje de la vuelta al ruedo a sus despojos. Manolo dos Santos, Alfredo Leal y Antonio del Olivar estuvieron empeñosos y tuvieron momentos de lucimiento. Como afirma Horacio Reiba, todos estuvieron a la altura en este festejo que resultaría histórico.

Curro Ortega también recibió una suma importante para reencaminar sus pasos por la vida. Jim Fergus, en el número correspondiente al mes de noviembre de su citada publicación, refleja algunas cifras de la siguiente manera:

Curro Ortega recibirá $252,877.70 pesos ($20,230.00 dólares) como producto de la corrida celebrada en su beneficio el pasado 30 de octubre en El Toreo. Dicha suma incluye además diversos donativos por $19,753.00 dólares y $12,000.00 dólares por concepto de la venta de la carne de los toros lidiados ese día, sumando en total lo que se entregará al torero la cantidad de $455,175.00...

En ambas situaciones – la de Cañitas y la de Curro Ortega – la inquietud y el sentido de solidaridad de Carlos Arruza para con sus iguales, lograron algún alivio para sus aflicciones y demostraron que los toreros se pueden ayudar entre sí en momentos de tribulación.

El próximo 16 de septiembre se cumplen 60 años del primer festejo al que he hecho referencia y el segundo, al decir del nombrado Horacio Reiba, resultó un punto de inflexión en nuestra historia patria taurina:

Esta corrida memorable – siete orejas y dos rabos de los de antes – marcó la frontera entre la década de transición que clausuraba y la de realizaciones plenas que estaba a punto de comenzar. Porque los años sesenta serían muy diferentes: las figuras de esa tarde histórica afianzaron su soberanía; la reanudación del convenio trajo la gran generación de los Camino, Puerta, Viti y El Cordobés; Arruza volvió a montar para maravillarnos fugazmente hasta su muerte. Y mediado el decenio, Manolo Martínez lanzaría el guante que iban a recoger los Cavazos, Rivera y Ramos, para adentrar nuestra Fiesta en una época bajo cuyos aparentes esplendores iba a germinar, por desgracia, la semilla de su posterior degradación…

Así pues, es como Carlos Arruza mostró que no solamente en los ruedos es donde los toreros deben responder a los estados de necesidad de sus iguales. Y en este caso con un valor añadido, se hizo historia y se encaminó la del porvenir. Más no serían estos los únicos hechos notables del Arruza solidario como veremos en la siguiente entrega de estos pergeños…

Aviso parroquial: Agradezco al amigo Doblón (@toritosyburros), el haberme facilitado la información aparecida en la revista Toros de Jim Fergus.

domingo, 28 de julio de 2019

30 de julio de 1950. Por primera vez se transmite en señal abierta de televisión un festejo taurino en México

Miguel Ángel García
Foto: Mayo
Ya me había ocupado en esta bitácora de los asuntos de la fiesta con la televisión mexicana (aquí y aquí), pero las líneas pergeñadas tenían más que ver con asuntos de política y de administración del medio de comunicación que con la historia de su presencia en la fiesta. En ese espacio de hace más o menos una década, apuntaba también que el primer festejo transmitido, en una forma experimental por el ingeniero Guillermo González Camarena en una especie de circuito cerrado, fue la novillada que se dio en la Plaza México el domingo 4 de octubre de 1946, en la que ante novillos de Milpillas actuaron Saúl Guaso, Roberto Muñoz Ledo y Joselito Ríos y señalaba también que el segundo de la tarde mandó al taller de las reparaciones a Muñoz Ledo, quien salió de allí para cortarle la oreja al del lugar de honor.

Sin embargo, tendría que pasar casi un lustro para que se volviera a ver en la pequeña pantalla un festejo taurino. Rebuscando información sobre el tema, me encontré en la red una vista previa – ya lo tengo encargado – del libro del historiador y docente Carlos Silva titulado Los días que cambiaron México, en el que hace un breve, pero sustancioso resumen de la historia de la televisión mexicana y deja ver por qué tomó el camino que actualmente lleva. De la obra que cito, en su capítulo titulado La televisión comercial, copio esto:
..En 1946 se inauguró la primera estación de televisión experimental, con el auspicio de la Dirección de Telecomunicaciones. La señal quedó registrada con las siglas XH1GC - Canal 5, usando las iniciales de González Camarena... Las transmisiones experimentales se extendieron por dos años, y por la inexistencia de aparatos televisivos, los programas se transmitían cada sábado para ser vistos en los cines de la capital... 
...a finales de 1947 el presidente Miguel Alemán Valdés comisionó a González Camarena y Salvador Novo para que viajaran a Europa y “realizaran un estudio sobre el funcionamiento de la televisión y determinar las condiciones necesarias para traerla a México”. Novo analizaría los aspectos culturales, educativos y socioeconómicos y González Camarena los técnicos. El viaje resultó del todo fructífero, y casi un año después González Camarena realizó varios programas. Para uno de ellos, el de septiembre de 1948 que se transmitió desde el Estadio Nacional, ya contaba con siete receptores televisivos (de su propiedad), que se distribuyeron por varios puntos de la ciudad. Los temas fueron variados, sobre todo dedicados a productos de las casas comerciales y muebleras que apoyaron con dinero las transmisiones. Sin embargo, prevalecieron los temas de la agenda presidencial. (“Exposiciones objetivas de la Presidencia”). 
Y aunque González Camarena obtuvo la concesión televisiva para la trasmisión de su canal 5, paradójicamente, un empresario (de radio y prensa escrita) vio en la televisión un negocio con un potencial inacabable. En 1949, Rómulo O’Farrill acompañado de su hijo viajó a Estados Unidos y realizó un convenio con la compañía RCA para traer a México todos los implementos técnicos y poder instalar una estación de televisión, que tuvo su primera sede en los pisos 13 y 14 del edificio de la Lotería Nacional. “Fue tal la conmoción, la sorpresa y la curiosidad de las personas que causó la instalación de la antena trasmisora y el receptor de microondas, que el tráfico estuvo detenido por más de cuatro horas.” 
El 26 de julio de 1950 se realizaron las primeras trasmisiones de prueba. Apareció a cuadro Gonzalo Castellot leyendo las noticias del periódico Novedades y posteriormente Aurelio Pérez hablando sobre toros. De hecho, al día siguiente el mismo Aurelio Pérez (quien firmaba sus crónicas periodísticas bajo el seudónimo de Villamelón) transmitió en vivo una corrida desde la Plaza México. 
Las pruebas y experimentos habían terminado, y el 31 de agosto de 1950 se realizó la primera trasmisión comercial de televisión en México...
El profesor Silva incurre únicamente en un gazapo con el calendario. El festejo taurino transmitido en vivo no se celebró el 27 de julio de 1950 porque era jueves. La novillada a la que hace referencia se llevó a cabo el domingo siguiente, es decir, el 30 de julio de ese año

La novillada

La cuarta novillada de la temporada 1950 se formó con Curro Ortega, Antonio Gómez y el debutante Miguel Ángel García, ante novillos de La Laguna (5) y Zotoluca. Curro Ortega se presentaba en la temporada aunque su paso por el ruedo de la gran plaza ya databa desde el año de 1946 y Antonio Gómez se había ganado la repetición en su debut el domingo anterior. Por su parte, Miguel Ángel iniciaba ese domingo un camino de más sombras que luces que ya he apuntado también en esta ubicación y que terminaría en una tragedia.

La relación del festejo que encontré es la que publicó el semanario La Lidia de México, en su número 320, fechado el 4 de agosto de 1950 y he de señalar que ninguna mención hace al hecho de que el festejo haya sido televisado. Igualmente he de anotar que el ejemplar tampoco contiene alguna nota diversa que haga referencia a la presencia de las cámaras de televisión en la plaza de toros y es que ese medio de entretenimiento aún era cosa de iniciados.

La crónica a la que aludo, titulada Novillada intrascendente está firmada por Paquiro y de ella extraigo estos pasajes:
Escasísimas oportunidades tuvo el público para aplaudir, ya que el festejo se simbolizó por el fastidio que originó. – Curro Ortega, aparte de ahuyentar a la gente de los tendidos, demostró que nada tiene que hacer en los ruedos. – Oyó un aviso. – Antonio Gómez, con el segundo toro, lo mejor de la tarde. – Sus muletazos fueron torerísimos. – Miguel Ángel García – muy verde – tuvo detalles. – La Laguna mandó un encierro bravo, fácil, propicio, del que sobresalió el sexto, “Chinito”. 
Una vez más los tendidos registraron bajísima entrada. Daba tristeza contemplar las graderías de la “México” semi vacías y conteniendo un importante porcentaje de turistas. Porque la verdad de las cosas es que los aficionados autóctonos y auténticos prefirieron quedarse en casa, a desafiar otra tormenta – que al fin y al cabo no se produjo – y a soportar al diestro que figuró como primer espada y que bien sabe que nada tiene que hacer en los redondeles… 
Antonio Gómez estuvo en torero toda la tarde. Discreto en el triunfo. Pero torero cabal.
Cierto es que no se puede pedir a los diestros que siempre estén en plan de apoteosis, y mucho menos, tratándose de un principiante como Gómez. Pero el hecho de que haya estado sereno, entendido, capaz, tranquilo y muy dueño de la situación, es un dato halagador, como halagador fue su éxito brillante del día de su presentación. 
Gómez, aparte de capacidad, demostró que es un artista. Todo lo hizo con gusto, con sabor, con tino, sintiendo el toreo e interpretándolo con verdadera inspiración. La esperanza que en él fincó la afición desde su debut quedó plenamente ratificada. 
Si en esta novillada se escucharon palmas, ello fue obra de Gómez que, en realidad no fue ovacionado como se debía, ya que el trasteo que le instrumentó al segundo de la tarde fue magnífico y enaltecedor. 
“Rasposo” se llamó este bicho. De 336 kilos, cárdeno y bien armado. Lo saludó Antonio con una tanda de verónicas en la que hubo tres muy buenas. El remate fue artístico. En su quite volvió a instrumentar la verónica aguantando a ley. Ovación. Miguel Ángel dio la sorpresa de la tarde al burilar otras verónicas templadísimas. Recortó y se llevó sonora ovación. Inició Antonio Gómez su faena con pases por alto. Estéticamente hizo la estatua el muchacho. Citó de largo y ligó una tanda de naturales en un palmo de terreno. Se adornó y al fin cuajó el forzado de pecho de gran calidad. Continuó con torerísimos derechazos para terminar con una serie de manoletinas muy ajustadas. Puso el punto final con el de pecho. Ahí terminó su trasteo que mucho dice de la capacidad torera y artística de Antonio Gómez que había conseguido una actuación serena, templada, torera… 
Miguel Ángel. La primera intervención en su debut fue estrepitosa. En el quite del segundo toro, echó las manos abajo y templó a ley varias verónicas. Un monumento. Pero después Miguel Ángel, aunque derrochó valor y voluntad, no logró que la gente lo tomara en serio. Está auténticamente verde. Carente de posibilidades y recursos para solucionar el problema que significa el vestirse de torero en el coso más grande del mundo. 
El sexto, “Chinito”, por principio de cuentas, le propinó tremenda paliza en el rumbo del burladero de matadores. Y con la franela Miguel Ángel dio la impresión de que solo ha aprendido un solo pase: el forzado de pecho, porque este lo repitió con tal insistencia que hasta llegó a fastidiar. Nuevamente sufrió enormidades antes de acertar con la estocada final. 
Obligación de Miguel Ángel es aprender el toreo. Su valor y voluntad representan significativa “madera”… 
Don Romárico González tuvo a bien enviar un encierro cómodo, bien presentado y con inocente bravura. Cierto es que los picadores ejercieron sus funciones en forma salvaje restándoles facultades a los bichos, que de esta manera llegaron al tercio final un tanto agotados y carentes de alegría. Pero si los diestros así lo hubieran querido, a la mayoría de los laguneros le hubieran sacado mayor partido. 
Traían sangre buena, noble y no necesitaban sino que les llegaran cerca y los aguantaran toreramente. 
La divisa tabaco y rojo escuchó ovaciones.
Terminando

Como podemos apreciar de lo aquí transcrito, desde el título se nos indica que el festejo apuntó apenas algunos detalles en la actuación de dos de los diestros actuantes – los más nuevos – y el buen juego de los novillos de La Laguna. Lo único que la hace trascender es precisamente el hecho de que fue transmitida por televisión, en señal abierta, para que todo aquél que tuviera un aparato receptor y la antena necesaria para ello, hubiera podido apreciar desde la comodidad de su hogar el festejo celebrado. No encontré en la prensa de la época algún anuncio de que se fuera a realizar la transmisión y creo que no hay un censo de cuantos aparatos de televisión había en los hogares mexicanos en esa época, así que es casi imposible saber la penetración que tuvo la transmisión que es motivo de estas líneas, así que me quedo con el único hecho constatable, que es que se realizó.

domingo, 25 de enero de 2009

Hoy hace medio siglo (II): Antonio del Olivar confirma en México


La segunda corrida de la temporada 1959 de la Plaza México fue también una confirmación de alternativa. Esa tarde, Manuel Capetillo le cedió a Antonio del Olivar los trastos para dar muerte a Viajero de Pastejé, en la presencia de Curro Ortega. La corrida se saldó con el triunfo del confirmante, que se llevó la oreja de Aragonés, el toro que cerró plaza.

Celayense por adopción, Antonio Oliver López nació en la Mérida mexicana el 20 de octubre de 1935 y se convierte en Antonio del Olivar cuando don Francisco Madrazo y García Granados, el señor de La Punta le nombra así al comenzar a apoyar en su carrera en los ruedos, convencido de que las estéticas maneras del diestro le llevarían a caminar largo en las arenas de los redondeles.


Antonio del Olivar se distinguió por calidad al hacer el toreo y así se recuerdan de él faenas como la de su presentación como novillero en El Progreso de Guadalajara, o como la de su debut en la Plaza México, cuando cortó la oreja de Faisán de Santo Domingo. Este triunfo en particular le valió para torear en 8 de las 30 novilladas de esa temporada, llevándose la Oreja de Plata y en 7 el año siguiente dentro del serial del ruedo capitalino.


Marcha a España y se presenta en Las Ventas el 19 de junio de 1955, tarde en la que da una vuelta al ruedo. Salda la temporada con seis festejos menores (2 en Madrid, 2 en Sevilla y 2 en Barcelona) y la corrida de su alternativa, el 12 de octubre, precisamente en el ruedo venteño, recibiendo los trastos de manos de Luis Parra Parrita para pasaportar a Empalagoso, número 14, de don Tomás Prieto de la Cal. Fungió como testigo de la ceremonia Alfonso Merino y el toricantano se llevó la oreja del sexto de la tarde.


Entre la tarde de su alternativa y el fin de la temporada española de 1957, suma 31 corridas de toros, destacando la del 28 de abril de 1957 en Las Ventas, cuando da la vuelta al ruedo tras la lidia del tercero de la tarde, que pasa a la historia por ser aquella en la que un entonces ignorado Manuel Benítez Pérez, años después célebre como El Cordobés, se tira de espontáneo. Entre el 4 y 18 de agosto de ese año actúa tres tardes seguidas en Barcelona. La primera implicó el estoquear una corrida de Miura que según las crónicas promedió 670 kilos y en la tercera, Antonio corta el rabo de Zurdito de don Felipe Bartolomé.


En México queda memoria de su faena a un toro de La Punta en El Progreso tapatío, malograda con la espada el 19 de enero de 1958; la que realizó a Andaluz de Coaxamaluca el 15 de febrero de 1959 en la Plaza México, la de Barquillero de Pastejé, la tarde de la confirmación de Paco Camino en México, la de Soy de Seda de Piedras Negras, en la que su actuación con el capote fue calificada como una apología de la verónica o la del toro Calé, de Arroyo Hondo, el día de la inauguración de la Monumental de las Playas en Tijuana.

El 4 de marzo de 1962, cuando actuaba en el Toreo de Cuatro Caminos con Juan Silveti y Fermín Murillo, recibe una cornada muy grande en la región perineal del toro Gavilán de El Rocío. La herida tuvo tres trayectorias y una de ellas de 30 centímetros de extensión, recibida al intentar un pase de pecho.


Recuperado de la cornada, Antonio del Olivar no deja de ser parte de carteles importantes, como las confirmaciones de El Viti, Joaquín Bernadó o El Cordobés, aquél que se le tirara de espontáneo algunos años antes y tiene una tarde memorable el 16 de febrero de 1964, cuando actuando con Diego Puerta y Abel Flores El Papelero, corta las dos orejas de Cantaclaro de Santa Marta, toro de regalo.


Antonio del Olivar fue Secretario General de la Asociación Nacional de Matadores de Toros y Novillos en México, de 1969 a 1975, año en el que concluyó su gestión por haberse despedido de los ruedos el 24 de diciembre de 1974, en la plaza Rodolfo Gaona de su tierra adoptiva, en una corrida en la que alternaron con él Manolo Martínez y Curro Leal en la lidia de toros del Doctor Castro.

Este es mi recuerdo de Antonio del Olivar, un fino torero mexicano, en el cincuentenario de su confirmación de alternativa y que es el primer torero de estas tierras que recibiera la alternativa en la madrileña plaza de Las Ventas.

Post - scriptum: Agradezco a Callao la aportación de algunas de las imágenes que ilustran este texto.
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