domingo, 28 de abril de 2024

Abril de 1974: la última feria de la Plaza de Toros San Marcos (IX)

Octava corrida de feria: El gran cierre de una intensa semana de toros

Los siete días que corrieron del 21 al 27 de abril de 1974 representaron un amplio muestrario de casi todo lo que puede presentar la fiesta de los toros. Triunfos, broncas, engaños a la afición, pero también el hecho de que con algo de inteligencia y de voluntad, el rumbo se puede corregir y se puede ofrecer a la afición una fiesta que se acerque lo más posible a lo auténtico. No es mucho pedir, por el que paga un boleto por entrar a la plaza, que lo que se le presenta a partir de la hora anunciada, cuando menos aparente ser lo que se le anunció. Y en esa feria de hace medio siglo, cuando se reiteró el tratar de dar gato por liebre, los que llenaron los tendidos de la plaza San Marcos, dieron a entender su exigencia y su enojo. Quizás por ello en el tramo final fue que el rumbo se rectificó.

La octava corrida consecutiva de ese serial se dio el domingo 28 de abril de ese año y fue un mano a mano entre Curro Rivera y Mariano Ramos, quienes enfrentarían un encierro de don Jesús Cabrera. Curro había tenido una feria en la que había pasado de puntitas, dejando ver por momentos la calidad y la personalidad de su hacer ante los toros, pero sin convencer a la afición, misma que se lo reprochaba y con la que mantenía un notorio diferendo. Por su parte, Mariano Ramos repetía su arrolladora actitud del ciclo anterior, aprovechando los toros buenos y arrancándole las faenas a los que no lo eran. Quería, a cualquier precio, subirse al carro de los triunfadores.

El sumario del festejo

Alejandro Hernández, en su crónica aparecida en el Heraldo de Aguascalientes, hace un buen sumario de los sucesos de esa tarde:

Tarde redonda fue la de ayer, siendo la octava de la feria en la que con la participación de Currito Rivera mano a mano con Mariano Ramos, quienes lidiaron una buena corrida de don Jesús Cabrera, cortándoles a los toros seis orejas y un rabo, resultando cuatro toros muy bravos con los montados y todos muy fáciles y de buen estilo para los de a pie… Completa y redonda fue la actuación de los dos toreros que compusieron el cartel, siendo estos, dos figuras verdaderas y que demostraron por qué lo son, peleándose las palmas, no dejándose ganar la pelea, luchando por estar mejor uno que el otro. Así es como deben estar las figuras...

Otra vez hubo lluvia de apéndices, pero afición y público que llenaron de bote en bote el coso de la calle de la Democracia salieron satisfechos de lo que pudieron apreciar allí y aún más, porque tuvieron la oportunidad de ver a dos toreros disputarse las palmas sin cuartel, como pocas veces se ve ya.

La gran tarde de Curro Rivera

Anticipaba que Curro Rivera había tenido un tránsito de altibajos en las tres tardes anteriores en las que había participado ya en el serial y que eso le estaba pasando factura con los ocupantes de los tendidos, que esperaban de él algo más de entrega. Había cortado una oreja el día del Santo Patrono, pero a un torillo de escaso respeto, así que tenía todavía cuentas pendientes aquí. De su actuación, escribió así don Jesús Gómez Medina:

Perdido el rumbo y quizás más que esto, yerta la ambición, desprovisto, al parecer de todo estímulo, de la garra, del deseo y del anhelo de triunfo que debe obsesionar de continuo al torero, Currito Rivera caminaba por los senderos del toreo sin mayores tropiezos, pero, también, sin gran fortuna. Diríase que se concretaba a vegetar antes que a intentar la escalada de nuevas cumbres… Pero ayer, en un 28 de abril de perfiles memorables en los anales del vetusto tauródromo, el vástago de Fermín, el de San Luis Potosí, pareció reencontrarse: resurgieron la ambición y el afán y, desplegando las alas, fue a plantar su pendón en la cúspide más alta del Himalaya taurino… ¡Ah!, porque cómo toreó Curro Rivera... Con qué gusto, con cuánta entrega, con qué sentimiento tan auténtico actuó, especialmente toreando de muleta a “Gordito” y en particular al estupendo “Gallardo”, el toro de su gran triunfo… ¿Para qué ponderar, por otra parte, el aguante impar, el temple exacto, exquisito y el mando imperioso, inexorable, con los que Curro toreó a “Gordito” y a “Gallardo”; especialmente a este último? Y, encima, el perfecto encadenamiento de las suertes y la diversidad de éstas, en las que las suertes de raigambre más clásica se dieron la mano con las creaciones del toreo de hogaño… Un soberbio estoconazo, añadido a la faena que lo precedió, valióle las dos orejas del primero con la consiguiente vuelta al ruedo. Y del tercero, el maravilloso “Gallardo”, al que pinchó superiormente en todo lo alto, lo despachó luego de una estocada entera, para vivir luego su momento de apoteosis: las dos orejas, el rabo y la triple vuelta en triunfo bajo el estruendo del grito “¡torero... torero!”; acompañado en dos de ellas, del don Chucho Cabrera, el triunfal ganadero y Guillermo González, certero organizador de estas memorables jornadas taurinas…

Curro Rivera se resarció en esa su actuación final de sus inconsistencias anteriores y dejó claro que su sitio de figura del toreo seguía intacto. Eso le valdría, al final de cuentas, para convertirse en uno de los consentidos de la afición de esta tierra.

El imparable ascenso de Mariano Ramos

Con dos años y medio de alternativa, Mariano Ramos intentaba llegar y mantenerse en la cúspide del escalafón mexicano. Para conseguirlo tenía que imponerse a todos los toros una tarde y otra también, y en todas las plazas. Aguascalientes y su feria no iban a ser la excepción. De esa manera, se alzó con en triunfo en las tres tardes anteriores en las que se presentó y mantuvo su crédito al alza. 

El triunfo de Mariano Ramos se concretó con el segundo de la corrida, al que le cortó las dos orejas. Fue una faena en la que el torero tuvo que imponerse a las condiciones de un toro quedado y que embestía descompuesto. Relató don Jesús Gómez Medina en su crónica para El Sol del Centro:

Lo que Mariano Ramos fue capaz de realizar ante “Jacalero”, el primero de sus tres enemigos; la forma en que toreó, especialmente con la muleta, a un toro reservón, aplomado, que traía la cabeza suelta al principio y al que terminó subyugando en forma total, supeditado por completo el astado ante el derroche de serenidad, de seguridad y dominio del joven as; asustado, tal vez, el propio burel frente al sereno desenfado con que su matador lo citaba, lo encelaba ofreciendo el cebo de su propio cuerpo y provocaba la embestida pegando con el muslo en el pitón de "Jacalero"; y además, la manera de correr la mano, de templar de manera prodigiosa y de ligar los muletazos por sobre todos los obstáculos, sensacionalmente, prodigiosamente; y todo ello sin alardes ni ufanías, sino con la autenticidad de un valor fundamentado en el cabal conocimiento de las propias y vastísimas posibilidades; todo ello realizado, insistimos, ante un rival que no era propicio en forma alguna, terminó por emocionar y entusiasmar al máximo a los aficionados… ¡Era, aquella, la lección más completa de torerismo y maestría! ¡La evidencia más contundente de que Mariano Ramos es ya, indiscutiblemente, innegablemente, una espléndida realidad, un auténtico y formidable astro taurino! …La estocada que coronó la insospechada y brillantísima faena frente a “Jacalero”, precedió al otorgamiento de las dos orejas y a una doble y triunfal vuelta al ruedo, entre aclamaciones, música y todo lo demás…

Una vez más el poderío de la muleta de Mariano Ramos le procuró un triunfo de importancia. Nuevamente, dejaba sentado que tenía interés en ocupar un sitio de primacía entre la torería mexicana y lo consiguió, porque a partir de esas fechas, fue pieza importante en carteles y ferias postineras en toda nuestra república.

El encierro de don Jesús Cabrera

La ganadería de don Jesús Cabrera se formó con lo más puro que tuvo en su día don Antonio Llaguno en San Mateo, al formarla Lorenzo Garza. El listón lo mantuvo en altura don Jesús durante todos los años que tuvo en su dirección la vacada. La tarde del 28 de abril de 1974 volvió a reafirmar esa circunstancia:

¡Cuánta calidad y que acopio de nobilísimo estilo en los bureles de don Jesús Cabrera!; de los que el tercero, el “Gallardo” de la extraordinaria faena de Curro, mereció, para sus despojos, los honores del arrastre lento, y para su criador, ¡la vuelta en el triunfo en torno a la barrera! …Por eso ayer, como la víspera, hubimos de volver al cielo los ojos iluminados de entusiasmo, para agradecer el regalo impagable de otra gran tarde de toros… Y ayer, una vez más, al concluir el festejo, de los añosos muros del Coso San Marcos, rejuvenecidos al conjuro de las singulares proezas de que habían sido testigos, brotó un aroma que, en las alas del triunfo, fue a posarse y a impregnar el Jardín vecino… Porque ayer, de nueva cuenta, la Feria toda olió a toreo...

Así lo deja en claro don Jesús Gómez Medina. De allí podemos desprender y reiterar que no hay fiesta si no hay toro y que cuando lo hay, las cosas pueden alcanzar cotas altísimas. Estas líneas de hoy pueden servir, indiciariamente, de prueba de ello.

Faltaba todavía una corrida y una novillada para celebrar el ciclo, pero se celebrarían hasta el 1º y 5 de mayo. En su momento trataré de ocuparme de ellos en este mismo espacio. Hasta entonces.

sábado, 27 de abril de 2024

Abril de 1974: la última feria de la Plaza de Toros San Marcos (VIII)

Séptima corrida de feria: Cuando las aguas vuelven a su cauce… ¡La gloria de una tarde de toros!

La corrida anunciada para el 27 de abril de hace medio siglo era un mano a mano entre Manolo Martínez y Eloy Cavazos, quienes se entenderían – o tratarían de hacerlo – con un encierro de Valparaíso. Desde los corrales de la plaza se veía una mejoría en puerta. La corrida no era pareja en presentación, pero sí mejor que lo que se había visto en la semana anterior. Eso daba esperanzas de que las cosas mejoraran, porque el rumbo que iban tomando, según hemos ido leyendo en estos días, no era precisamente el que se pretendía.

Hasta el tono de la crónica de don Jesús Gómez Medina es distinto. Sin dejar de señalar lo que no se ajusta a los cánones, con su prosa, intenta dejar patente la grandeza de los momentos vividos ese sábado de abril:

La diáfana tarde de abril – torera tarde de feria – se vistió de gloria y, arropadas en el nimbo luminoso que de ella surgía, caminaron en triunfo por un sendero cuajado de claveles y ofrendas y entre los jubilosos “hosannas” que brotaban de millares de enfebrecidos corazones, Manolo Martínez, Eloy Cavazos y el ganadero Valentín Rivero… ¡Admirable trilogía de vencedores, que transportaron el arte del toreo a la cúspide señalada a los elegidos! Maravillosa conjunción de torerismo y de arte en los espadas, y de aterciopelado estilo e incomparable docilidad y alegría en los bureles, para forjar con tan excepcionales elementos, la jornada de éxito rotundo, reiterado, estruendoso, que había estado ausente en el transcurso de la feria…

En una breve parrafada nos expresa el resultado de la tarde y la función que en el mismo desempeñaron cada uno de los actores de la corrida. Con este breve introito, podría entenderse que la tarde fue triunfal. Y a fe mía que lo fue, una de las grandes tardes de la historia reciente de la Plaza de Toros San Marcos.

Manolo Martínez

Esta actuación la saldó el llamado Milagro de Monterrey cortándole la oreja al primero de la tarde Saleroso y el rabo al quinto Fundador. No se salvó de un par de volteretas, una en el primero y otra en el segundo de su lote, pero eso no impidió que entregara a la afición de Aguascalientes todo su saber para forjar una importante efeméride en la historia de nuestra fiesta:

¡La gloria de una tarde de toros! ... La gloria de la tarde para ti, Manolo Martínez, en cuyo arte se funden la sobriedad y la hondura del toreo rondeño en la noble indolencia y el ritmo atemperado y entrañable de un estilo surgido del mestizaje; que manejas el capote con la acompasada elegancia con que se lleva un manto cardenalicio y que, en tu muleta, atesoras por igual la exquisitez del temple y la férrea e incontrastable solidez del acero; que no en balde naciste a la vera de la Fundidora regiomontana. Y que ayer, como para redondear tu personalidad artística, te mostraste, en dos ocasiones, como un estoqueador de perfiles clásicos… El quinto se llamó “Fundador”, como un bravo sanmateíno inmortalizado por Lorenzo el Magnífico en el antiguo Toreo… Pues bien; el “Fundador” toreado ayer por este nuevo coloso regiomontano está ya inscrito en la lista de los toros inmortales. Y esto, a despecho de que el cárdeno no tenía toda la alegría y acometividad que fueran de desearse… llegó el momento final; armóse Manolo de toda arma y, al conjuro del temple surgió la gran faena. ¡La gran faena, la faena cumbre de Manolo Martínez! ¿Para qué intentar su descripción? Baste el consignar que fue aquello la fiesta del bien torear; la demostración más cabal de que el temple, “caricia suave”, consigue hacer pasar y repetir incontables veces, a bureles al parecer despojados de toda acometividad; reaviva la bravura que yacía hundida, adormecida, en las entrañas de los astados; y ennoblece a las suertes y las vuelve más intensas y emotivas en virtud de la lentitud a la que son realizadas. Y sí a esto agregamos la ligazón, el cabal redondeamiento de las series y, además, la elegancia, el garbo con que actúa Manolo... Torear – escribió Federico M. Alcázar – torea cualquiera. Lo difícil es torear con arte. Y más difícil que torear con arte, es torear con garbo, porque el garbo es un don de los elegidos... De los elegidos, como este Manolo Martínez que, para concluir en tono mayor una faena que había transcurrido en pleno delirio, se acostó en el morrillo, al volapié neto, y dejó un estoconazo desprendido, mortal de necesidad. Tremenda ovación. Las dos orejas y el rabo. La vuelta triunfal, a paso lento. Y una segunda, en compañía del ganadero…

La tarde de Eloy Cavazos

Quien haya leído los escritos de don Jesús Gómez Medina, sabrá que Eloy Cavazos no era, precisamente, un torero de su predilección. Sin perder la ecuanimidad que debe guardar todo aquel que relata o reseña festejos taurinos, siempre encontraba la forma de dejar claro que el de la Villa de Guadalupe no era un torero que llenara sus aspiraciones como aficionado. En la crónica de este festejo deja claro que independientemente de sus apreciaciones personales, la objetividad va por principio, como enseguida lo veremos.

La gloria de la tarde para ti, Eloy Cavazos, que ayer dejaste facilonas pinturerías y te revelaste, para nuestro asombro y nuestra delicia, como un torero de dimensiones en verdad extraordinarias, al realizar un toreo macizo, rotundo, hecho de quietud, de templanza y mando, del que nos habías dado ya un anticipo en tu actuación del pasado 23 de diciembre, y que ayer culminó en tus faenas al estupendo “Rumboso” y al sexto, “Abrileño”, en las que tu arte, despojado de iridiscencias cascabeleras, adquirió la intensidad, el señorío y la limpidez de aquello que pudiera constituir un dechado de bien torear… Eloy Cavazos, volvemos a decirlo, dejó de ser ayer el torero que busca el aplauso fácil y se transformó ante nuestros deslumbrados ojos, en un señor torero... Eloy Cavazos; un artista todo sensibilidad, volcó en cada pase el caudal emotivo de su corazón y saturó la plaza, ya no con la superficial alegría del torero cascabelero, sino con la entrañable verdad del arte auténtico, del toreo verdad, del toreo eterno...

Paradójicamente, fallos con la espada nada más permitieron a Eloy Cavazos cortar el rabo de Rumboso, que hizo cuarto, en lo que resultó ser una corrida dispareja en presencia, pero extraordinaria corrida en cuanto a juego, enviada por don Valentín Rivero Azcárraga.

Los toros de Valparaíso

Sin toros no puede haber fiesta. De los apuntes anteriores ya se puede advertir que una corrida de buen origen y mejor selección estrecha los efectos del azar en el resultado de un festejo taurino. Escribió don Jesús a este propósito:

Y la gloria de la tarde para usted, don Valentín Rivero, en cuyos bureles alentó ayer, de nuevo, la sangre prócer que hiciera la gloria y fuera el origen de tantas preclaras ganaderías; que en la dócil bravura de los seis bichos que llevaron su señal, se incubó la singular brillantez de esta tarde llamada a hacer historia; y cuya perspicacia y pupila de criador de reses bravas se pusieron de relieve al pugnar, contra el parecer de los apoderados, por la inclusión del ya ilustre “Rumboso”, dentro del lote que habría de ser lidiado…

Qué importante es la opinión del criador en la formación de los lotes que se han de lidiar en un festejo. De primera mano, don Jesús Gómez Medina conoció que los apoderados de los diestros actuantes – José Chafik y Rafael Báez – pretendían dejar fuera a Rumboso, quiero pensar que para dejar en su lugar a un toro más recortado y agradable a la vista de sus poderdantes. Al final, el criterio del ganadero, que es quien sabe lo que lleva a las plazas, fue lo que se impuso y Eloy Cavazos, que fue quien se lo llevó en el sorteo, sacó el premio mayor.

Pareceres divergentes

Alejandro Hernández, en el Heraldo de Aguascalientes, consideró que la concesión de trofeos fue algo exagerada, al inicio de su crónica, escribió:

Cuatro orejas y 2 rabos, los que debieron ser cinco orejas, fue el resultado del mano a mano en el que alternaron Manolo Martínez y Eloy Cavazos, lidiando la corrida de don Valentín Rivero, quien, como gran triunfador, dio en dos ocasiones y con cada torero, la vuelta al ruedo, además de haberse premiado a uno de sus toros con otra vuelta...

Parte del interés de todo esto, es que cada quien puede tener y sostener su opinión. Quizás la concesión de ambos rabos le pareció excesiva a Alejandro por la forma en la que los toreros manejaron la espada, pero al final, el juez supremo, la afición, estuvo conforme. 

En conclusión

La nave parecía enderezarse, después de la tempestad vivida en los tres festejos anteriores. Esta tarde de toros – porque el festejo fue vespertino – dejó en claro que esta fiesta es grandeza, y que nada más hay que respetar sus valores fundamentales y sus principios, para que aquella resplandezca.

Aviso parroquial: Este amanuense se plagió, evidentemente, parte del subtítulo de esta entrada, de la crónica del festejo escrita por don Jesús Gómez Medina. A confesión de parte, relevo de prueba.

viernes, 26 de abril de 2024

Abril de 1974: la última feria de la Plaza de Toros San Marcos (VII)

Sexta corrida de feria: Mariano Ramos repite, llevándose el Escapulario de San Marcos

Cuando la feria se anunció, un puesto estaba vacante en la corrida del Escapulario de San Marcos. La oferta de la empresa era que se lo disputarían José Manuel Montes, quien recibiría la alternativa el 24 de abril y Jesús Delgadillo El Estudiante, con su actuación el día siguiente y el que tuviera el triunfo más resonante, ocuparía esa vacante en el cartel del sexto festejo del serial.

Ya repasamos que en la corrida del día 24, tras de la alternativa de José Manuel Montes, dada la brillante actuación que tuvo, sin esperar a los sucesos de la noche siguiente, don Guillermo González de inmediato señaló que ese puesto vacante era para el toricantano, deshaciendo la competencia inicialmente propuesta y cerrando desde entonces, el cartel del viernes 26 siguiente, que completaban Manolo Martínez, Eloy Cavazos, Antonio Lomelín, Curro Rivera y Mariano Ramos con un encierro de Las Huertas, de don Luis Javier Barroso Chávez.

El trofeo en disputa, como en los últimos años, era cedido por la Casa Pedro Domecq, que en esos ayeres hacía una extraordinaria labor de difusión de nuestra feria y de la fiesta de los toros y de la manera acostumbrada, se entregaría al torero que triunfara mediante el corte de más apéndices o en defecto de éstos, por aclamación popular.

El encierro de Las Huertas tuvo mucho para toreársele, no fueron toros de entra y sal – asistí a ese festejo – y así lo deja entender don Jesús Gómez Medina en el introito de su crónica cuando escribe:

Torear es dominar… Torear es el arte de imponer a la bestia la ley y la norma prescritas por el cerebro y el corazón del hombre, y hacer de aquella el coadyuvante para la realización de la obra plástica, gallarda, plena de bizarría y de emoción que es el toreo… Se podrá torear con mayor o menor grado de elegancia o de emotividad, se podrá imprimir una dosis más alta de calidad a lo que se realiza ante la medialuna, siempre pregonera de la muerte, de los pitones. Pero siempre, en su origen y en su esencia, el toreo es el arte de dominar a la astada bestia… Ahora bien, este ejercicio dramático y bello que es el toreo, y, particularmente, el toreo moderno, tiene como sus tentáculos primordiales el aguante y el temple. Y quien para y templa, manda… De aquí la preferencia de los públicos hacia el toreo reposado, de pie quieto y de ritmo preciso, ajustado más al lento diapasón de un corazón bravío que a la briosa acometida de la fiera. Y de aquí también que quien sea capaz de conjuntar, se convierta en adalid triunfador, en el héroe ante cuyo pedestal se vuelca la admiración colectiva…

Y a partir de esa concepción de lo que es el toreo, observa en adelante, como se construyeron dos situaciones, una de triunfo y otra que se quedó a las puertas, como enseguida veremos.

La gran noche de Mariano Ramos

Mariano Ramos se llevó por segundo año consecutivo el Escapulario de San Marcos. Y lo conquistó pudiéndole al toro que le tocó en suerte, Perfumado, para después torearlo a placer. Así nos lo describe don Jesús:

“Perfumado” fue un toro muy bien cortado, fino, caído y apretadillo de pitones. Muy en tipo murubeño. Tras una breve intervención de la peonería, Mariano Ramos salió a enfrentársele: un lance para sujetar y acto seguido, la lección de toreo a la verónica, aguantando, con mando y con temple, con ligazón, para concluir con media de gallardo trazo. Un puyazo, recargando; y, al librar, el joven astro de la torería mexicana echó las manos abajo, abierto el compás, en tres lánguidos lances al natural, recreándose en ver que los pitones de “Perfumado” le pasaban cerca, muy cerca. Más, ¿qué importaba esto último, si el burel iba prendido y seguía como embrujado el lento movimiento del percal? ¿Si iba dominado, en suma? ...El de Las Huertas, siendo bravo, no era fácil: tenía raza, temperamento. ¡Ah!; pero frente a él estaba un torero que, muleta y estoque en mano, fue estructurando un trasteo en el que, sobre los cimientos inamovibles del aguante, del temple y del mando, florecieron también la brillantez, la emoción y la variedad. Trincherazos escultóricos; las tandas de derechazos formando apretado y lucido ramillete; los naturales, algunos de los cuales tuvieron un ritmo a tal grado perezoso que parecían no concluir nunca. Y la bizarría de los remates, el toque espectacular del toreo de adorno y el detalle de torero con cabeza, toreando por alto para refrescar al enemigo... Al remate de una serie de muletazos en los medios, igualó “Perfumado”. Fue entonces Mariano por el estoque mortal – ¿por qué muchos de los toreros de hogaño no acostumbran llevar siempre el acero de veras? –; cuando regresó al toro, éste había cambiado, comenzó a avisarse, a ponerse receloso y su matador a pasar apuros para lograr que cuadrara. Por último, un pinchazo y un horrendo metisaca dieron cuenta del bravo “Perfumado”. Por esta circunstancia, Mariano Ramos perdió unos apéndices que, prácticamente, eran ya suyos; más no la ovación estruendosa mientras recorría en triunfo el ruedo...

Poder primero, para torear después… Suena sencilla la fórmula, pero pocos son los que tienen la manera de resolver esa ecuación. A fe mía que Mariano Ramos ha sido uno de los pocos toreros de los últimos tiempos que ha sabido hacerlo, y bien.

José Manuel Montes sorteó otro toro que, dirían las publicrónicas de hogaño, se dejó, pero veremos que solamente pareció hacerlo, como veremos:

El sexto, “Vencedor”, permitió que Montes lo toreara aseadamente a la verónica. Vino luego un herradero horrendo mientras actuaban los montados; más, ya fuese porque la ración de acero lo asentó o porque José Manuel le echó coraje y reciedumbre a cuatro toreros doblones rematados rodilla en tierra, es lo cierto que “Vencedor”, en cuanto Montes lo aguantó y lo llevó bien prendido, templado, en el refajo, pasó una y muchas veces en el toreo en redondo, logrando con ello, calentar de firme a los aficionados que aclamaban su decisión y el sabor y la longitud – y desde luego, el aguante, el temple y el mando –, que José Manuel imprimía a su actuación… Hubo en los medios, un cambio por la espalda sensacional por lo ceñido y por lo mucho que aguantó el espada. Pero sobrevino un achuchón con la consiguiente voltereta y el oportunísimo quite de Cavazos; con el incidente, Montes perdió la serenidad y el rumbo y de allí en adelante todo transcurrió entre sustos y movimiento de pinreles. Y con el estoque, una pena, hasta llevarse un aviso, no obstante que se empleó la máxima tolerancia antes de ordenarlo. En suma: que a José Manuel Montes le brotó el verdor cuando a punto se hallaba de escalar la cima triunfal…

Montes perdió los terrenos primero, fue achuchado y después terminó por perder los papeles… Y como atinadamente escribió don Jesús Gómez Medina, acusó el verdor en el momento menos indicado.

El resto de la corrida

Manolo Martínez abrevió ante un marmolillo que no auguró nada, desde su salida; por su parte, Eloy Cavazos se mostró tesonero frente a otro toro parado, pero una gran estocada haciéndolo él todo le valió dar una vuelta al ruedo.

Antonio Lomelín tuvo un brillante segundo tercio destacando el segundo par, de poder a poder, pero allí se le acabó la cuerda al toro y Curro Rivera se llevó el hueso del encierro, al que fue difícil picar, y como se cambiara el tercio y su piquero Julio Acosta insistiera en hacerle sangre, fue multado desde el palco. La gente se metió con ambos.

Arrastrado el sexto, sin necesidad de consulta, don Edmundo Fausto Zorrilla entregó a Mariano Ramos el trofeo en disputa, siendo levantado en hombros por los entusiastas, quienes lo pasearon alrededor del redondel. Y para concluir, un apunte de don Jesús que valía entonces y también es bueno hoy y siempre:

“Un entradón, el quinto de la serie. Y dos sustos mayúsculos para la multitud de turistas que atestan el callejón… ¿Hasta cuándo durará esta anomalía, Adolfo de la Serna?”

Como podemos ver, la codiciada localidad de callejón ha estado atestada hoy y siempre. Han ocurrido accidentes en ella. Ojalá no se produzca allí nunca una real desgracia.

jueves, 25 de abril de 2024

Abril de 1974: la última feria de la Plaza de Toros San Marcos (VI)

Quinta corrida de feria: El día del santo, estalla la ira de los justos…

Decía hace un par de días que cuando el toro falta, todo se descompone. Pues resulta también que cuando está presente en la plaza, también las cosas suelen torcerse, como ocurrió el día de San Marcos de hace medio siglo, cuando se anunció un encierro de Piedras Negras para que lo enfrentaran Jesús Delgadillo El Estudiante, Antonio Lomelín y Curro Rivera. Las crónicas de la fecha señalan que la corrida tuvo edad, trapío y el peso adecuado para ser lidiados en un festejo de esta naturaleza, pero, como veremos adelante, aún así, no cumplieron con su destino final.

La corrida que envió don Raúl González aparentemente no tuvo la fuerza necesaria para mantenerse en el ruedo. Escribe don Jesús Gómez Medina:

Un encierro, un lote con edad y trapío, sí; también con bravura, pues cuando pudieron, fueron al caballo. ¡Ah! Pero con una debilidad de remos tan aplastante que dieron pábulo al estallido de la indignación popular. El ganadero, a manera de explicación a lo anterior, adujo la existencia de materias nocivas en el piso de los toriles. Más sea esta o no la razón de lo ocurrido; ya se trate de un lamentable síntoma degenerativo originado en la consanguinidad; en suma, sea cual fuere la causa, lo único positivo, por hoy, es que la divisa rojinegra echó un baldón en su añejo historial… Y esto, a reserva de lo que arroje la investigación solicitada por Raúl González…

Recuerdo la transmisión radiofónica de la corrida, en la que el ganadero de Piedras Negras explicaba al micrófono, primero por el sonido local y después por el de la radio, que los toros habían sido intoxicados o drogados de alguna manera que impedía su normal desplazamiento en el ruedo. También me llega a la memoria la monumental rechifla que se llevó cuando usó el sonido local, porque a la concurrencia que llenó la San Marcos, no le parecía creíble el argumento de don Raúl González, pero también me queda todavía la impresión de que se necesitan muchos redaños para hacer lo que hizo en esos momentos complicados.

La ira de los justos

La bronca que se fue produciendo al rodar por la arena los piedrenegrinos fue in crescendo. Que se caiga un toro, pasa; dos, pues quizás, pero cuando la tónica del festejo es que vayan rodando por la arena uno tras otro de los que componen el encierro, es para acabar con la paciencia hasta del Santo Job. En esos casos, es cuando la multitud en el tendido se convierte en una sola voz y reclama lo que por derecho le corresponde, una fiesta íntegra. Así lo percibió don Jesús Gómez Medina:

Desde que a la democracia auténtica la expulsaron de los recintos parlamentarios y de las lides políticas, es tan solo en las plazas de toros donde tan discutida como ilustre dama conserva, íntegras, todas sus prerrogativas y todos sus fueros… Son los tauródromos, en efecto, el postrer reducto del "ágora" donde mantiene aún plena vigencia y logra su cabal realización este concepto nacido en los tiempos clásicos de la vieja Grecia. Es allí, indudablemente, el sitio donde el pueblo ejercita real y positivamente su soberanía: y esto lo pone de relieve aclamando, pitando, aplaudiendo o zahiriendo sin cortapisas ni restricciones a cuantos factores se combinan para la verificación del espectáculo, sean ellos toreros, ganaderos, empresarios e inclusive autoridades. A éstas, quizás, con más fuerza: ¡dígamelo a mí! …Nada pues, más natural que ayer, al considerarse defraudados los espectadores por las misérrimas y deleznables características de los astados de Piedras Negras, su protesta haya estado, asimismo, en forma reiterada, tumultuosa…

Se reclama pues, a todas las fuerzas vivas de la fiesta, a todos los que de manera directa intervienen en la organización y realización de los festejos. Y sí, en el tendido hay una auténtica democracia, la que se hace presente cuando el interés primordial del que paga por ingresar a la plaza es defraudado por aquellos que, en principio, tienen el indeclinable deber de preservar y mantener la autenticidad en lo que en el ruedo sucede. En esos casos, definitivamente, la ira que se expresa, es más que justificada.

El transcurso del festejo

Poco hay que relatar acerca de esa corrida. El único que lidió su lote completo de los toros anunciados, fue El Estudiante, porque los de Piedras Negras que sorteó, Polvo de Oro y Conquianero, pudieron mantenerse de pie, aunque sin representar complicación alguna, pues dicen los cronistas que entre su exagerada debilidad y la falta de sitio mostrada por el torero de nuestra Triana, poco trascendió a los tendidos.

Antonio Lomelín fue quien se encargó de aplacar en algo el incendio en los tendidos, cuando tomó los palos para banderillear al quinto – bis, un torillo de Suárez del Real y Curro Rivera al lidiar a otro torete de Gustavo Álvarez que cerró el festejo y al que le cortó una oreja. Al final, se lidiaron tres toros del encierro titular (1º, 2º y 4º), dos de Gustavo Álvarez (3º y 6º) y uno de Suárez del Real (5º). Vale reseñar también que el tercero – bis, de Piedras Negras, nada más salir al ruedo se desplomó y tuvo que ser apuntillado allí mismo.

La versión del ganadero de Piedras Negras

En la crónica del festejo aparecida en el Heraldo de Aguascalientes, sin firma, se contiene esta versión de lo sucedido en los chiqueros de la plaza, atribuida a don Raúl González:

El ganadero de Piedras Negras, Raúl González, aseguró ayer que al hacerse la revisión de los chiqueros encontró varias cosas anormales que según él iban en contra del buen juego de sus toros, comunicándolo de inmediato a la empresa como a los matadores antes del festejo y además entregó una bolsa de polietileno con tierra en la que se encontraron vestigios de amoniaco y otras sustancias, dijo… Esperemos el dictamen de las autoridades que tomaron conocimiento de éste lamentable caso, en la investigación de que si fue amoniaco o falta de comida o bien consanguinidad, pero pasemos al toro, que es lo nuestro…

La investigación efectivamente fue ordenada por las autoridades municipales, misma que fue encomendada al Mayor Médico Veterinario Álvaro González Haro, quien dictaminó en el siguiente sentido, al alcalde don Ángel Talamantes Ponce:

Por medio del presente me permito informar a Ud., el resultado de la inspección sanitaria verificada a (SIETE TOROS), que fueron lidiados en la plaza de toros San Marcos el día de ayer, la cual, según el diagnóstico del C. Mayor Med. Veterinario Álvaro González Haro, es la siguiente: Ganglios: Cervicales, Mediastínicos, Mesentéricos, Crurales: NORMALES. Pulmones, Hígados, Corazones, Rumen, Intestinos, Riñones: NORMALES. Canales: Lesiones traumáticas propias de la lidia. Atentamente: Mayor Médico Veterinario: Álvaro González Haro (rúbrica). Administrador: Javier Cuéllar Díaz (rúbrica).

Lo que no se practicó, a mi juicio, o no se dio a conocer, fue una batería de análisis de sangre y orina que pudieran determinar la presencia de sustancias tóxicas en el torrente circulatorio de los toros, únicamente se acredita la integridad de los toros lidiados y muertos en la plaza de toros en la víspera. No obstante, esto viene a representar el primer examen post mortem de la historia reciente de la fiesta en Aguascalientes que, documentado, trasciende al público.

Los toros devueltos al corral

En las páginas interiores de El Sol del Centro del día 30 de abril aparece, sin firma, una nota en la que se hace alusión al dictamen rendido acerca de la salud de los toros lidiados el día 25 de abril y al mismo tiempo se relata que los dos de Piedras Negras que sobrevivieron por haber sido devueltos a los corrales, fueron toreados a puerta cerrada por Alfredo Gómez El Brillante y José Antonio Picazo El Zotoluco, anunciados para actuar en la novillada del 5 de mayo siguiente. Entre otras cosas, esa información revela:

¿Recuerdan ustedes a los toros reumáticos de Piedras Negras que en la corrida del pasado 25 de abril fue necesario devolver a los chiqueros precisamente por eso: por su absoluta invalidez que los hacía inaptos para la lidia? Pues bien; dos días más tarde, a puerta cerrada dichos bureles fueron lidiados por los novilleros Alfredo Gómez y José Antonio Picazo y, ante la sorpresa general, aquella invalidez que provocó las airadas y justificadísimas protestas generales y consecuentemente, la vuelta al corral de los piedrenegrinos, había desaparecido por completo…

Así entonces, el 27 de abril, una vez que reposaron y que dejaron de respirar el encerrado ambiente de los chiqueros de la plaza, esos dos toros se comportaron con absoluta normalidad. Del juego que dieron, se dijo entonces:

Vimos, en cambio a dos toros que fueron repetidas veces al caballo con presteza; que recargaron de firme ante el jamelgo; y que más tarde permitieron a los mencionados novilleros que los toreasen de muleta larga y exitosamente… Con mayor lucimiento, más quieto y centrado con el toro, que mostró gran docilidad y nobleza, Alfredo Gómez, que inclusive hizo demostración de temple y limpieza en sus muletazos. Por todo ello, cuando liquidó al de Piedras Negras, fue calurosamente aplaudido por los numerosos aficionados presentes… El burel que lidió José Antonio Picazo estaba reparado de la vista, circunstancia que, como es natural, creó ciertas dificultades al joven torero; el cual, pese a todo, lidió con acierto y despachó con prontitud al cárdeno piedrenegrino…

Y por supuesto, volvió a surgir la interrogante acerca del origen del comportamiento de esos toros el día que estaba originalmente anunciada su lidia:

¿La inaudita endeblez exhibida por los de Piedras Negras en el lamentable festejo del día 25 fue, como ahí se dijo, producto de una causa externa, o como parecen demostrarlo hechos posteriores, el resultado de una debilidad congénita agravada por las fatigas de un largo viaje, de las que no pudieron recuperarse los astados?

Ambos cuestionamientos pueden aceptarse como válidos. No olvidemos que la plaza San Marcos tiene apenas tres corraletas y que en una feria en la que se ofrecen corridas en días seguidos, resulta complicado tener los encierros con la anticipación suficiente para que reposen del traslado y se aclimaten debidamente; pero, también puede resultar válido el argumento de la causa externa, dolosa, porque el dictamen veterinario a mi juicio, resultó incompleto, toda vez que solamente se redujo a una exploración física de los cadáveres de los toros, pero no se profundizó en las cuestiones químicas y metabólicas que pudieran haber esclarecido ese capítulo de la intoxicación por agentes externos.

En fin, que todo esto sucedió hace 50 años y hoy resulta ser, cuando mucho, parte del anecdotario de la historia de nuestra feria… El día que estalló la ira de los justos…

miércoles, 24 de abril de 2024

Abril de 1974: la última feria de la Plaza de Toros San Marcos (V)

Cuarta corrida de feria: La alternativa de José Manuel Montes como parte del fin de fiesta…

La Plaza de Toros San Marcos fue escenario de los festejos taurinos de abril en 77 de sus 78 años de existencia, y resto a la cuenta la feria de 1947, en el que pretextándose la epidemia de la fiebre aftosa y a pesar de haber toros en los corrales del coso, no se autorizó la celebración de corridas por la autoridad, permitiéndose sin embargo las demás diversiones públicas. De estos hechos dio cuenta en su día don Luis de la Torre El – hombre – que – no – cree – en – nada y en estas virtuales páginas está reseñado su parecer sobre este asunto.

Pero en la existencia del coso, las ceremonias de alternativa no fueron hecho frecuente, apenas recibieron – entre 1910 y 1973 – el grado de matador de toros al cierre del año de 1973, trece diestros – Manuel Pérez Casquero, Juan Patlán, Ignacio Gómez, Salvador Freg, Julián Rodarte (2 veces), José Sapién Formalito, Heriberto García, Tacho Campos, Jesús Delgadillo El Estudiante, Rubén Salazar, Oscar Rosmano, Armando Mora y David Vito Cavazos – todos ellos mexicanos, a excepción de Casquero, originario de Madrid y Oscar Rosmano, portugués.

La décimo quinta ceremonia, se verificaría la noche del 24 de abril de 1974, cuando ante toros de Suárez del Real, Manolo Martínez, en presencia de Mariano Ramos investiría como matador de toros al novillero hidrocálido José Manuel Montes, quien contó lo siguiente a los redactores de El Sol del Centro la víspera de la corrida:

Comentó que hasta el momento tiene toreadas 65 novilladas, 12 de ellas en la Plaza México, donde ha quedado constancia de su valentía y de su arte y otras 5 en Caracas, Venezuela... Confía plenamente en que la afición en general y la de Aguascalientes en especial, estará alentándolo esta noche, pues será uno de los factores decisivos que lo impulsen a demostrar lo que puede hacer frente a los astados... Además, si hay suerte, José Manuel tiene ofrecimientos para torear en las plazas de Tijuana y de Ciudad Juárez y ello representa un más que halagüeño porvenir para su futuro como matador de toros...

El encierro de Suárez del Real

Al anotar los sucesos del festejo de la víspera, decía que la feria del 74 parecía irse torciendo en el renglón ganadero. Esta cuarta fecha, nocturna, parece confirmar la apreciación hecha por este amanuense, según lo que nos dejó escrito don Jesús Gómez Medina en su crónica de ese festejo:

Decididamente el grave problema de la devaluación que en forma drástica fustiga al mundo todo, ha hecho presa, también del espectáculo taurino… A la devaluación, a la desvalorización de las castas en las ganaderías, ha venido a sumarse otra disminución tanto o más sensible: la del trapío, edad y peso de los bureles… Pues en efecto, hoy en día es ya un hecho generalmente aceptado – cuando menos por los médicos veterinarios del Coso San Marcos – que, en festejos con matadores de toros, se lidien astados que, por su edad y kilos, resultan más idóneos para que se les enfrenten los novilleros… Como acaeció ayer, cuando, en el cuarto festejo ferial, se corrió un encierro de Suárez del Real falto de respeto y, a la vez, sin bravura, sin la acometividad que debieran ser las características de todo astado destinado a la lidia…

Y es que, el Reglamento vigente en la época, del 12 de marzo de 1972, daba al Jefe del Servicio Veterinario de Plaza la facultad de verificar que los toros reunieran las cualidades necesarias para ser lidiados y de decidir si eran o no aptos para la lidia, el Juez de Plaza solamente estaba facultado y obligado a asistir al enchiqueramiento, de allí que, don Jesús, que era al mismo tiempo el encargado del palco de la autoridad, insistiera en sus crónicas en el quehacer de los veterinarios.

La alternativa de José Manuel Montes

El primero de esa noche se llamó Mandarín, número 43, negro bragado. Ese fue el toro con el que José Manuel Montes se convirtió en matador de toros. Ante él, el toricantano tuvo una actuación destacada que terminó en polémica. Esto cuenta don Jesús Gómez Medina al respecto:

Antes del solemne trámite de la cesión de trastos, José Manuel había lanceado al natural, a pies juntos y por gaoneras más tarde, entre aplausos encendidos. Y muleta en mano, eslabonó un trasteo en diversos sitios, sobre la mano derecha, en pugna siempre con la escasa acometividad de “Mandarín” y logrando, en repetidas ocasiones, calentar al cotarro con su derroche de determinación y buenos deseos; aunque sin estructurar ni redondear propiamente una faena. Con media en lo alto concluyó José Manuel con el bicho de su doctorado. La petición de oreja, se impone anotarlo, fue nutrida. La autoridad – quien esto escribe – estimó que resultaba incongruente galardonar a un nuevo MATADOR DE TOROS por lo realizado ante un novillo. Y estallaron las pasiones. Y brotó la grosería del flamante matador, acicateado, para ello, por su bilioso mentor. Y todo quedó en una vuelta al ruedo entre ovaciones clamorosas. Las cosas, como fueron…

Esta corrida la escuché por la radio, allí se dijo que en medio de la bronca al Juez, su asesor, don Arturo Muñoz La Chicha, por su cuenta, sacó un pañuelo blanco y le otorgó una oreja al nuevo matador de toros, misma que le fue entregada y que emberrinchado, paseó en una aclamada vuelta al ruedo.

En El Heraldo, Alejandro Hernández cuestiona lo que consideró un verdadero atropello de don Jesús Gómez Medina, en los siguientes términos:

…el público con los pañuelos pidió las orejas de “Mandarín”, pero en un alarde de mucha autoridad negó tales preseas y a una pregunta nuestra después de terminado el festejo, nos dijo que para él no mereció nada, negándose a dar más explicaciones como era su deber. A nuestra forma muy particular de ver las cosas, en muchachos como éste, puede estar el futuro de la fiesta y no hay por qué tratar de taparle el paso de una forma o de otra, pero también es justo decir, que el detalle irrespetuoso que tuvo José Manuel para con el Juez, un torero serio y un hombre con educación no debe jamás hacerlo, haciendo valer esto, con la orden de detención dictada por Gómez Medina, Juez de Plaza… Y es que, en este punto, del juez, es donde queremos ser escuchados por las H. Autoridades. ¿Por qué no integrar una tercia de personas con capacidad como para ser jueces y nombrarlas con permanencia de un año? ...Una pregunta al señor Juez: ¿Qué se necesita para que un torero corte o se le otorguen los apéndices? ¿Que la faena sea de su gusto, o que el torero sea de su agrado?

Al final de cuentas, José Manuel Montes salió ganando, porque antes de finalizar la corrida, don Guillermo González anunció que, el sexto puesto del festejo del día 26 de abril, presuntamente en disputa entre él y El Estudiante, desde ese momento era para el recién alternativado, así, a Jesús Delgadillo no se le dio ni siquiera la oportunidad de competir por él. 

Mariano Ramos realiza la faena de la noche

Si efectivamente la corrida fue totalmente falta de trapío y de condiciones para ser lidiada en un festejo de estas características, me siento compelido a pensar que quizás a Alejandro Hernández no le falta algo de razón en sus comentarios. Porque en principio, don Jesús Gómez Medina dijo que le negó los apéndices a José Manuel Montes por haber realizado una faena a una res indigna de ser lidiada por un matador de toros, pero, por otro lado, le otorgó dos orejas a Mariano Ramos por una faena a otro astado, supongo, de las mismas condiciones. En su relato, don Jesús no distingue diferencias entre uno y otro toro, según vemos enseguida:

Para no desentonar del resto del encierro, los dos enemigos que cupieron en suerte a Mariano Ramos resultaron otros tantos mansos sin pizca de codicia o alegría. Y, encima con mal estilo. Y si con el tercero, gazapón, con la cabeza entre las patas, Mariano estuvo apenas discreto; con el quinto, pese a sus pobres condiciones, el novel as de la torería azteca a fuerza de insistir, de ponerse cerca y, más tarde, de aguante y de mando, logró imponerse al mansurrón “Dos de Oros”, y toreó en redondo, con la diestra y también con la izquierda, con quietud y poderío; intercalando adornos y remates de buena calidad, para concluir con un estoconazo en buen sitio, cuando la plaza toda se había entregado ya a su cabal demostración de torerismo. Gran ovación. Petición de apéndices, que se otorgaron por partida doble. Y una doble vuelta, también, en torno a la barrera, entre ovaciones, música y toda suerte de aclamaciones…

Esas fueron las actuaciones más destacadas de la noche del 78 aniversario de la Plaza de Toros San Marcos. Manolo Martínez, señalan las crónicas, estuvo torero, pero ante un par de marmolillos que no le permitieron mayor lucimiento. 

Así fue como se produjeron los sucesos del festejo en el que se verificó la última alternativa que se ha otorgado en la Plaza de Toros San Marcos. El día de hoy, hace 50 años.

martes, 23 de abril de 2024

Abril de 1974: la última feria de la Plaza de Toros San Marcos (IV)

Tercera corrida de feria: Cuando no llega el toro y todo se descompone

En las informaciones previas al serial de hace medio siglo, se hacía un serio reclamo por un grupo de aficionados organizados en el Círculo Taurino de Aguascalientes, exigiendo respeto a las tradiciones históricas de la fiesta de los toros en el desarrollo de la Feria Nacional de San Marcos. De lo leído, no se pedía nada extraordinario, solamente observar los mínimos indispensables para preservar la seriedad en los festejos del serial abrileño. También se hizo constar la réplica de quienes consideraron en esos días que el avance de los tiempos requería otra aproximación a lo tradicional y se debía de revisar la forma de conducir las fiestas de los toros.

El cronista tiene que contar algo cuando asiste con ese carácter a los festejos, aunque los sucesos allí ocurridos no merezcan ser relatados. Entonces, el de la pluma algo debe escribir en torno al festejo y el ambiente que lo rodea. En esta ocasión don Jesús Gómez Medina se vio en esa encrucijada y recurrió a retomar las cuestiones relacionadas con esos temas de los días previos al inicio del serial, manifestando entre otras cuestiones lo siguiente, dirigiéndose al ingeniero Jorge López Yáñez:

Pues bien, estimado “Vago”; nunca, ni en el más optimista de nuestros sueños, imaginamos que la modesta, aunque entusiasta actuación del Círculo Taurino ni que la cordial excitativa que, al iniciarse la presente feria, el propio círculo dirigió de consumo a empresarios, toreros, ganaderos y aficionados, darían pábulo a la admirable pieza literaria; a la maravillosa creación artística que, en el huehuenche más auténtico, vio la luz en un diario de esta ciudad... la exposición de motivos, los razonamientos y las conclusiones contenidas en esa pieza literaria impar, cuyo autor – porque insisto, lo de “Los Cinco” no es más que una patraña – tiene abiertas desde ese día, las puertas de todos los augustos recintos donde se rinda pleitesía al bien razonar y al mejor decir... Aunque en rigor, el desplegado de marras tuvo la importancia y la trascendencia del parto de los montes...

El cronista sacó adelante su cometido en parte con estos razonamientos, reiterando su idea de que todas las tradiciones de la fiesta deben y merecen ser respetadas.

Cuando la ausencia del toro lo descompone todo

En su llamémosle, misiva al Vago López Yáñez, también don Jesús se ocupa de establecer por qué una corrida que en el papel era atractiva, con un cartel de toreros formado por Manolo Martínez, Eloy Cavazos y Mariano Ramos, quienes enfrentarían un encierro de Gustavo Álvarez y hermanos, se fue por el precipicio, precisamente por el mal juego de los toros:

Como tú sabes, en las dehesas de dicha vacada tuvo puesto un bien surtido harem aquel famoso toro “Espartaco”, indultado tras una brillante faena de Joselito Huerta. Pero, si juzgamos los resultados, el que en realidad sentó sus reales y dejó lamentable descendencia en dicha finca, fue el histórico buey Apis... Difícilmente, en efecto, se puede conjuntar un encierro tan parejo, tan uniforme en la carencia de casta, en la mansedumbre y mal estilo... En suma: un encierro indigno de una feria como la de San Marcos, que ni siquiera tuvo el exculpante de haber estado bien presentado...

En ese aspecto coincidirá Alejandro Hernández en su tribuna de el Heraldo de Aguascalientes, pero buscando otras intenciones, según podremos leer:

Seguros estamos que al paso que vamos, muy pronto nos quedaremos sin este bello espectáculo, y ni escribir queremos sobre la bueyada que envió un ganadero (?). ¿Será esta la ganadería que dicen que es de José Chafik? ¿Será esta la ganadería por la que anda muy interesado el apoderado de Manolo Martínez... Como verán, lo manso del ganado dio al traste con un cartel del que mucho se esperaba...

La realidad es que la ganadería de Gustavo Álvarez y hermanos es la que fundó originalmente en 1948 el ingeniero Mariano Ramírez con vacas y sementales de Pastejé, con la que, lidiando como San Antonio, se presentó en Irapuato en 1953. No le gustó a don Mariano el juego de sus toros y en 1957 le vendió a su paisano don Gustavo Álvarez Alba ese ganado murubeño, al que fue haciendo distintos agregados de sangre Llaguno, hasta que, en 1979, sus descendientes la enajenaron a Julio Moreno, que es el actual titular de los derechos del hierro en la ANCTL

José Chafik, en 1974, junto con don Marcelino Miaja tenía ya ocho años de ser titular del hierro de San Martín, aquel que fundara Juan Aguirre Conejo Chico, con vacas y sementales de San Mateo, y la historia de esta ganadería es de sobra conocida.

Quizás la confusión de Alejandro Hernández deriva de que Espartaco, el toro de Cantinflas indultado por Joselito Huerta en el Toreo de Cuatro Caminos, padreó un breve tiempo en San Martín, antes de hacerlo con los señores Álvarez.

La actuación de los diestros

Después de esta digresión histórica, regreso al juego que dieron los toros de los hermanos Álvarez. La realidad es que de los seis presentados, a juicio de don Jesús, el que medio se dejó meter mano, fue el primero de la noche, de nombre Justiciero:

Brilló, esplendoroso, durante la lidia del primero, un castaño aldinegro que resultó, quizás, el menos malo del sexteto. Consecuencia esta, en buena parte, de la forma como Manolo aguanta a sus enemigos, los centra en el engaño y los lleva con mando y temple ejemplares. Así lo hizo al torear de capa; lances suavísimos con el engaño a media altura, rematados con media superior. Y con la franela, empleando similares procedimientos, con la derecha y también con la otra mano, varias tandas de pases de calidad; remates plenos de sabor y torerismo; todo ello precursor de dos pinchazos y una entera desprendida. Ovación y vuelta al ruedo...

Eloy Cavazos cortó la única oreja de la jornada al quinto, nombrado Abogao. Explica Alejandro Hernández:

Con su segundo, el que entendía por el nombre de “Abogao”, lo recibió con dos valientes faroles de rodillas, en los que se pasó muy cerca los pitones de la res... En su faena muleteril, a base de exponer y no irse de la cara de su enemigo, ligó series de muleta con ambas manos, no importándole las ásperas acometidas de la res, recibiendo por esto muchos aplausos y como mató muy bien, el juez no tuvo impedimento alguno y le concedió una oreja, la que también pedía el público con sus pañuelos, recorriendo Eloy el anillo en medio de gran alboroto...

La relación que hace don Jesús Gómez Medina deja claro que el peor librado de la terna fue Mariano Ramos, quien pechó con lo más malo de la corrida:

No salió mejor librado, por lo que respecta a la falta de calidad de sus enemigos, Mariano Ramos. Con el agravante de que sus dos toros fueron, amén de mansos, faltos de fuerza, y el sexto, de mal estilo, con sentido. Ello no arredró a Ramos, que expuso más allá de lo previsible, si bien con resultados muy relativos en cuanto a brillantez. Inclusive se halló a un paso de sufrir una cornada, como también le ocurrió a uno de sus rehileteros; todo ello a consecuencia de las malas ideas del sexto boyancón.

Parecía que las cosas comenzaban a torcerse en el renglón ganadero en este capítulo final de la Plaza de Toros San Marcos como escenario de nuestra feria, y el siguiente par de festejos parecería confirmar que las cosas iban en esa dirección, aunque en estas cuestiones de los toros, la definitividad no resulta ser algo que se presente con frecuencia.

lunes, 22 de abril de 2024

Abril de 1974: la última feria de la Plaza de Toros San Marcos (III)

Segunda corrida de feria: Orejas para todos los rejoneadores

La década de los setenta trajo un revulsivo para el toreo a caballo en los ruedos europeos. Los hermanos Ángel y Rafael Peralta junto con Álvaro Domecq y el lusitano José Samuel Lupi, integraron una formación que pronto fue llamada Los Cuatro Jinetes del Apoteosis y toreaban alrededor del centenar de tardes por temporada. Con el avance de la década se les agregaron nombres como Manuel Vidrié, Javier Buendía o el Conde de San Remy, quienes le dieron, insisto, nueva vida al toreo ecuestre.

En México, el rejoneo avanzaba con más lentitud, pues a más de Juan Cañedo, quien para esos días ya estaba en el retiro y de Gastón Santos, quien era el principal representante de nuestros toreros a caballo, contados eran aquellos que lo practicaban de manera profesional. Pero el hecho de que al otro lado del mar se desarrollara una nueva etapa de esta vertiente de la fiesta, invitó a varios a intentar desarrollarse en ella y así, los hermanos Felipe y Evaristo Zambrano, Jorge Hernández Espinosa primero y después su hijo Jorge Hernández Andrés ofrecieron a las empresas opciones en este sentido.

Así y con la llegada de don Pedro Louceiro a México, se empezó a buscar la manera de ofrecer a la afición mexicana en las ferias y temporadas al menos una Corrida del Arte del Rejoneo, en la que los toreros a caballo no fueran meros teloneros del espectáculo esperado por las mayorías, y así, en Aguascalientes, el 22 de abril de 1974, se ofreció por primera vez una de ellas.

La corrida del arte del rejoneo

El anuncio del festejo era en sí atractivo. Se invitaba a la asistencia a la corrida, indicando que se presentarían en ella cinco millones de pesos en caballos. De hecho, a la hora del sorteo – allí estuve – en el patio de caballos de la Plaza San Marcos, varios de esos hermosos ejemplares estuvieron allí a la vista del público, de manera que se pudiera constatar la calidad de las monturas de quienes actuarían esa noche.

También en los corrales estaba un muy bien presentado encierro de El Rocío, ganadería de origen Murube, fundada por don Manuel Buch y en esas calendas ya propiedad de don Luis Javier Barroso Chávez, que llamó la atención de los aficionados. A este propósito escribió para El Heraldo de Aguascalientes, su cronista Alejandro Hernández:

Con menos de media entrada en ambos tendidos y muy buena en el callejón, se dio la segunda corrida de feria con la participación de los rejoneadores Gastón Santos, Pedro Louceiro, Felipe Zambrano y Jorge Hernández Andrés que lidiaron una verdadera corrida de toros procedente de la ganadería de El Rocío que resultaron bravos para los montados…

Quien escribió la breve reseña que apareció en El Sol del Centro – no aparece firmada – asegura que la entrada cubrió tres cuartas partes de los tendidos. Mi personal recuerdo en este caso, se ajusta más al de la media entrada, porque la realidad es que fue muy floja la asistencia a esta corrida, lo novedoso del festejo no fue atractivo suficiente para llevar a la gente a los toros.

El triunfo de don Pedro Louceiro

Al final de cuentas quien se alzó como el triunfador de la corrida fue el rejoneador lusitano Pedro Louceiro, quien cortó dos orejas al toro que lidió en solitario, que fue el segundo de la noche. Así describe Alejandro Hernández su actuación:

En segundo término y su casaca de tabaco y oro, el maestro del rejoneo Pedro Louceiro, quien recibió al astado a porta gayola, clavándole el primer rejón de castigo ante el asombro del respetable por lo valeroso de la acción… Toda una señora cátedra nos ha ofrecido don Pedro Louceiro, en las suertes del rejoneo, al clavar rejones y banderillas con gran acierto y en muy buen sitio, en el terreno de adentro, o sea, pasándose el caballista entre el toro y las tablas, resultando en un espacio donde apenas cabía el caballo. También supo lucirse al torear con el caballo, llevando al toro prendido en la cola del equino, con gran temple y suavidad, mató desde su montura, consiguiendo que la res doblara merced a la magnífica colocación del rejón de muerte, ya que éste quedó en todo lo alto, para que el juez le otorgase las dos orejas, y dar con ellas la vuelta al ruedo…

En retrospectiva, creo que puedo afirmar que don Pedro era el rejoneador que más sitio tenía de los actuantes esa noche, lo que le permitió aprovechar a cabalidad al buen toro de El Rocío que le tocó en suerte.

El resto de la corrida

Gastón Santos le cortó una oreja al toro que abrió plaza y Felipe Zambrano recibió, después de fallar varias veces con el rejón de muerte, las dos orejas de su toro, mismas que se le obligó a tirar. Por su parte, Jorge Hernández Andrés también fue premiado con las dos orejas del toro que mató en solitario.

Los dos últimos toros de la corrida fueron lidiados en colleras. El quinto de la noche le correspondió a Gastón Santos y Pedro Louceiro y fue de Las Huertas, según las crónicas, en tanto que el sexto, éste sí, de la ganadería titular, fue para Felipe Zambrano y Jorge Hernández Andrés. Ambas colleras fueron ovacionadas tras de terminar su actuación.

El caballo Triunfador

Triunfador uno de los caballos de la cuadra de Gastón Santos, fue alcanzado y herido en el vientre por el primero de la tarde, al tratar de clavar un par de banderillas a dos manos. Al parecer la herida revistió gravedad, según escribió el relator de El Sol del Centro:

Al final del festejo Gastón se mostraba alarmado, pues uno de sus caballos, “Triunfador”, al que alcanzó el primer toro, estaba grave, acusando una cornada en el vientre. Le inyectaron suero y el caballista potosino ordenó que posteriormente fuera llevado a San Luis donde le operaría un veterinario de las confianzas del torero. Se mostraba pesimista y creía que su caballo, ya de quince años, moriría finalmente…

En la crónica de El Heraldo, se afirma que la cornada pudo ser causada por el hecho de que Triunfador ya tenía quince años de edad y por ello, sus facultades estaban ya mermadas. Ya no se informó en el resto de la feria, sobre el estado del caballo.

Hacia el futuro

Sería hasta el 4 de mayo de 1995 cuando la Feria de San Marcos volviera a ver una corrida de rejones en su programa. El cartel para esta oportunidad lo integraron Gerardo Trueba, Rodrigo Santos, Enrique Fraga y José Antonio Hernández Andrés quienes lidiaron toros de La Soledad, que dieron buen juego, concediéndose el arrastre lento a Hidrocálido, el 5º de la tarde, que fue lidiado en collera por Enrique Fraga y Gerardo Trueba, en tanto que Rodrigo Santos y José Antonio Hernández Andrés hicieron lo propio en el sexto y último de la tarde.

El resultado numérico de esa corrida fue que Rodrigo Santos cortó 2 orejas; Enrique Fraga, otras 2 orejas; José Antonio Hernández Andrés, una y Gerardo Trueba saldó su presentación con una vuelta al ruedo. Por otra parte, las crónicas destacan el toreo de muleta de Hernández Andrés al 4º, cuando se bajó del caballo a terminar con él pie a tierra tras fallar con el rejón de muerte.

Posteriormente se ha regresado al formato tradicional de llevar a un rejoneador por delante o al de la llamada corrida mixta, aunque este año, el día 1º de mayo, se retoma este tipo de corrida de toros, infrecuente todavía en nuestro país.

domingo, 21 de abril de 2024

Abril de 1974: la última feria de la Plaza de Toros San Marcos (II)

Primera corrida de feria: Antonio Lomelín se alza con un importante triunfo

Raúl Acha Rovira tenía en 1974 un par de años apoderando a Antonio Lomelín. Y a fe mía que había apostado su resto al torero de Acapulco que, como él, se distinguía, por la pureza y la pulcritud con la que ejecutaba la suerte suprema. Ya había dejado Lomelín su signatura en Las Ventas de Madrid tanto en la fecha de su confirmación de alternativa, cuando salido prácticamente de la nada, le cortó tres orejas a los toros de Alonso Moreno de la Cova que le tocaron en suerte, para abrir la Puerta de Madrid y alzarse como uno de los triunfadores de esa temporada de la capital hispana. Un año después, volvió a lucirse con los toros de Mimiahuápam que en el mismo escenario se lidiaron y reiteró su peso específico en la principal plaza de toros del mundo.

Pero también había pagado ya una importante exhibición de la cuota de sangre que conlleva la fiesta de los toros, pues en agosto de 1971, un toro también de Mimiahuápam, en Tijuana, le partió el hígado y por su rebeldía y los deseos de ser alguien en la fiesta, su vida corrió serio peligro. Pero esas cuestiones también las tenía asumidas el torero guerrerense, quien seguramente entendía, como Frascuelo, que los toros dan cornadas, porque no pueden dar otra cosa.

Aquí en Aguascalientes, Antonio Lomelín empezó a acreditar su calidad a partir del serial abrileño de 1972, cuando se alza como triunfador de la corrida del día de San Marcos y se lleva el Escapulario de Oro disputado, al cortar la oreja al tercer toro de esa tarde. A partir de ese serial, sería prácticamente un fijo en nuestras ferias abrileñas.

La primera corrida del serial 1974

Para el domingo 21 de abril de 1974 se anunció un encierro del ingeniero Mariano Ramírez para Eloy Cavazos, Antonio Lomelín y Curro Rivera. El cartel era redondo. La ganadería de don Mariano había sido la triunfadora del serial anterior, lidiando dos encierros completos más algún toro suelto, resultando casi todos, de bandera. Los diestros alternantes, por su parte, tuvieron también destacadas actuaciones, así que, en la tarde de ese domingo inaugural, la plaza San Marcos lució un lleno total.

De la crónica escrita por don Jesús Gómez Medina para El Sol del Centro, extraigo lo siguiente acerca de los toros lidiados en esa fecha:

No fue del todo parejo en tipo y trapío el lote que envió el Ing. Mariano Ramírez. En general el encierro acusó falta de brío, de fuerza. ¡Ah!, pero el quinto, “Carcelero”, tuvo bravura y raza de la mejor calidad. La entrada, un llenazo. El primero de la serie…

Resume don Jesús en breves líneas el hecho de que solamente uno de los toros lidiados, el quinto, se prestó para florituras y recalca la gran entrada que registró el coso de la calle de la Democracia.

Antonio Lomelín y Carcelero 

El quinto de la tarde fue nombrado Carcelero por su criador, y al final de cuentas, resultó el toro que salvó al festejo del naufragio. Antonio Lomelín tuvo una actuación muy afortunada ante él, según podremos leer enseguida lo que en su día contó don Jesús Gómez Medina:

Cuando el matador toma las banderillas, adquiere, ante el público, el compromiso de realizar la suerte no como un rehiletero común y corriente, sino en forma más lucida que los subalternos… Y Lomelín, que a su primero habíale colgado dos pares caídos y un tercero superior; al banderillear a requerimiento popular, al magnífico “Carcelero”, cuajó cuatro estupendos pares de garapullos. El segundo, de poder a poder, piramidal por la forma en que alzó los brazos y cuadró ante los pitones… Y el cuarto, un par al quiebro en los medios de la plaza, nos hizo recordar aquel otro quiebro en el centro del ruedo que Fermín Espinosa cuajara con “Pichirichi” de Zacatepec, en una tarde en que el Maestro de Saltillo competía, en el segundo tercio, con David Liceaga y Carlos Arruza… Ayer, al clavar ese cuarto par, Antonio Lomelín competía con Antonio Lomelín… Acto seguido, con la plaza en ebullición, la faena. ¡La gran faena! El toreo en su expresión integral, puesto que la faena de Lomelín, cimentada sobre los recios pilares del aguante, el temple y el mando, tuvo también la preciadísima virtud de la ligazón; de la continuidad y brillantez en los muletazos y la extensión en las series a que daban pábulo la noble bravura y la alegría de “Carcelero”. Con la diestra, primero, y después también con la llamada mano torera por excelencia, Lomelín cuajó tandas de seis o más pases cabalmente enlazados, sin solución de continuidad, sin pausas entre una y otra suertes… Y todo esto, insistimos, con total quietud, toreando exclusivamente con uno y otro brazos. ¡Temple en la muleta y temple en el corazón! ¡Con entrega, en suma! …Pues bien: para que aquel todo que principió en los sedeños lances al natural prosiguió en los formidables pares de banderillas y alcanzó su cénit en el brillante trasteo muleteril estuviese bien “arrematao”, en cuanto la rediviva casta de "Carcelero" se lo permitió, Antonio Lomelín se echó sobre el morrillo para dejar una estocada desprendida, que poco después hacía doblar al bravo burel del Ing. Ramírez… Clamorosa ovación. Las dos orejas y el rabo que muchos protestaron pero que, a mi juicio merecía la rotundez de una actuación uniformemente triunfal. Y una doble vuelta al ruedo entre toda clase de homenajes… En resumen: un gran triunfo de Antonio Lomelín un torero que está dando vigorosos aldabonazos en la puerta del templo mayor del toreo mexicano…

La faena de Lomelín, de acuerdo con lo descrito por don Jesús, fue redonda, completa y si hay el interés de buscarle algún pecado, quizás el de la estocada desprendida, pero el cronista y juez de plaza justifica en su texto la concesión de los máximos trofeos a partir de la redondez de su actuación.

La tarde de los alternantes

Eloy Cavazos, contra su habitual manera de actuar, pinchó a los dos toros de su lote, los que no se prestaron para el lucimiento, no obstante, tras de terminar con el cuarto, logró ser invitado a dar la vuelta al ruedo. Por su parte, Curro Rivera, según observó en su día don Jesús Gómez Medina, se vio falto de decisión, aunque por momentos lograra engarzar algunos muletazos de indudable valía, preguntándose qué era lo que requería para superar ese estado de ánimo. Saldaría también esa su primera comparecencia en la feria, con una vuelta al ruedo.

Las cuestiones filarmónicas

Y continuaba en la prensa la polémica sobre la cuestión de si la música debía o no de estar presente durante la actuación de los toreros en la plaza. Escribió don Jesús Gómez Medina:

Y para beneplácito de los verdaderos aficionados y a despecho de quienes confunden la plaza de toros con la Plaza de Garibaldi, fueron muchos los que ayer se opusieron enérgicamente a que las faenas muleteriles se convirtieran, sin causa para ello, en meras audiciones de música populachera…

Por su parte, Alejandro Hernández, quien cubrió en este año su primera feria completa para El Heraldo de Aguascalientes, reflexionaba en el siguiente sentido, a propósito de la actuación de Eloy Cavazos ante el primero de su lote:

Al tercio final llegó el toro agotado y defendiéndose, optando su matador por tomar ciertas precauciones, al intentar correr ambas manos, sucediendo esto en medio de peticiones al juez, para que le concediera a la Banda que interpretara música de fondo a lo que él trataba de realizar. En esto queremos informarle al Matador, que según versa el reglamento taurino vigente en esta plaza, no es la Autoridad la que debe conceder o autorizar que se interprete la música, sino el director de la banda, a su pleno criterio, juzgando la calidad de la faena que en esos momentos ejecute el torero, así como también si ésta va en decadencia o desmejora, inmediatamente suspenderá dicha audición...

Al parecer las posiciones estaban ya tomadas, el diario más antiguo de la ciudad – El Sol – se pronunciaba por limitar en lo posible la actuación de la Banda Municipal durante las faenas, en tanto que El Heraldo tomaba partido en el sentido contrario. La polémica quedaba servida… Y sigue estándolo.

Esos fueron los acontecimientos más destacados de la corrida de feria de hoy hace medio siglo. Mañana continuaré con estos apuntes. Hasta entonces. 

sábado, 20 de abril de 2024

Abril de 1974: la última feria de la Plaza de Toros San Marcos (I)

La Feria de San Marcos del año 74 se anunció con un par de festejos menos que la del año anterior. Constaría lo ofrecido por don Guillermo González Muñoz de nueve corridas de toros y una novillada, a celebrarse entre los días 21 de abril y 5 de mayo, dándose de forma ininterrumpida los primeros ocho, siendo nocturnos los de los días 22, 23, 24, 25 y 26 de abril y vespertinos los demás. La novillada de triunfadores fue la que cerró el ciclo. Los carteles anunciados fueron los siguientes:

Domingo 21 de abril, 5 de la tarde. Toros del ingeniero Mariano Ramírez para Eloy Cavazos, Antonio Lomelín y Curro Rivera.

Lunes 22 de abril, 9 de la noche. Toros de El Rocío para los caballeros en plaza Gastón Santos, Pedro Louceiro, Felipe Zambrano y Jorge Hernández Andrés

Martes 23 de abril, 9 de la noche. Toros de Gustavo Álvarez y hermanos para Manolo Martínez, Eloy Cavazos y Mariano Ramos.

Miércoles 24 de abril, 9 de la noche. Toros de Suárez del Real para Manolo Martínez, Mariano Ramos y José Manuel Montes, quien recibió la alternativa.

Jueves 25 de abril, 9 de la noche. Toros de Piedras Negras para Jesús Delgadillo El Estudiante, Antonio Lomelín y Curro Rivera.

Viernes 26 de abril, 9 de la noche. Toros de Las Huertas, para Manolo Martínez, Eloy Cavazos, Antonio Lomelín, Curro RiveraMariano Ramos y quien resultara triunfador entre Jesús Delgadillo El Estudiante y José Manuel Montes. En la corrida se disputaba el Escapulario de Oro de San Marcos.

Sábado 27 de abril, 5 de la tarde. Toros de Valparaíso, para Manolo Martínez y Eloy Cavazos, mano a mano.

Domingo 28 de abril, 5 de la tarde. Toros de don Jesús Cabrera, para Curro Rivera y Mariano Ramos, mano a mano.

Miércoles 1º de mayo, 5 de la tarde. 6 toros de don Guadalupe Medina y uno de Mariano Ramírez, para el rejoneador Felipe Zambrano, Alfonso Ramírez Calesero Chico, Ernesto San Román El Queretano y Rafael Gil Rafaelillo

Domingo 5 de mayo, 5 de la tarde, tradicional novillada de feria. Novillos de Garabato para Alfredo Gómez El Brillante, Rafael Íñiguez El Rivereño y José Antonio Picazo El Zotoluco. Se disputaban el Cristo Negro del Encino.

Uno de los atractivos novedosos del serial era la inclusión por vez primera en nuestra feria de una corrida de rejones, la segunda del ciclo, a celebrarse el lunes 22 de abril por la noche, en la que Gastón Santos, Pedro Louceiro, Felipe Zambrano y Jorge Hernández Andrés intentarían dejar patente la importancia del llamado Arte de Marialva y la posibilidad de que tuviera un espacio propio dentro de ferias y temporadas en nuestras plazas, como lo había obtenido ya en las europeas y que en casi todas las ferias y temporadas llevaba la Corrida del Arte del Rejoneo con un importante éxito. El experimento tardó en arraigar en nuestra tierra, pero ya tiene un sitio entre la afición mexicana.

La reacción al anuncio y la polémica desatada

La afición local y también la foránea que visitaba entonces Aguascalientes al reclamo de los festejos taurinos de abril, aceptó de buen grado el anuncio de la empresa de la Plaza San Marcos, y en el entorno nuestro, sobre todo, por la inclusión de dos toreros de la tierra, el trianero Jesús Delgadillo El Estudiante, quien tenía ya algunos calendarios de no actuar en nuestros festejos feriales y José Manuel Montes, triunfador de las últimas temporadas novilleriles dadas en el mismo coso de la calle de la Democracia y quien recibiría la alternativa la noche del 24 de abril. 

Pero, por otra parte, se comenzó a criticar públicamente la manera de llevar algunos aspectos de los festejos. En la edición del 19 de abril de 1974 del diario El Sol del Centro, don Jesús Gómez Medina, a la sazón Juez de Plaza, entre otras cuestiones escribe:

...en efecto, de poco tiempo a esta parte, los festejos taurinos se vienen convirtiendo en algo así como en verbena o concierto populachero. Y lo más grave del caso es que los principales causantes de esta degeneración – ¿podría titulársele de otra manera? – son los propios lidiadores. Los toreros que, seguramente por no contar en su bagaje artístico don recursos de mejor especie para provocar el entusiasmo popular, apelan al fácil recurso de pedir, apenas iniciada su labor muleteril, los acordes de la música vernácula, del corrido de moda; que ya, en estos tiempos, hasta el castizo pasodoble está entrando en desuso... Sería hasta en fecha reciente cuando la mediocridad repetimos, de algunos lidiadores, iniciaron la transformación de las faenas muleteriles en conciertos verbeneros, en los que la ingenuidad, por no decirlo más enérgicamente, de los espectadores, vibra al estruendo del “Corrido del Norte”, del de San Luis Potosí, de “Jesusita en Chihuahua”, de “¡Ay que rechulo es Puebla!”, de “Zacazonapan” y de otras producciones musicales de parecido jaez...

Y es que, conforme al Reglamento vigente en la época, la actuación de la Banda Municipal quedaba a juicio de su director – en ese entonces, don Fernando Soto García – y se había vuelto un verdadero desorden el asunto de la música en las faenas, tocándose cualquier cosa, no nada más pasodobles. Así, el 20 de abril siguiente, en inserción pagada, el recientemente formado Círculo Taurino de Aguascalientes, presidido por el ingeniero Jorge López Yáñez, hizo una serie de peticiones a autoridades y empresa, de las que destaco tres de sus puntos:

4º. – A los matadores de toros, de quienes esperamos la mayor entrega y seriedad en su actuación, queremos hacerles notar que no toleramos que, para encubrir la falta de arte o de brillantez en sus faenas, sean ellos mismos los que soliciten la intervención de la música, lo que está totalmente fuera de la tradición taurina.

5º. – Al juez de plaza, que vele por el cumplimiento del reglamento taurino vigente, auxiliándose del cuerpo técnico que el mismo previene.

6º. – De la afición hidrocálida esperamos que, dentro de los límites del mayor entusiasmo, sepa guardar la dignidad y compostura, así como el ineludible respeto para los elementos que participan en el espectáculo, y que, al ser oportuno, demande el otorgamiento de los trofeos para los matadores, en la forma tradicional: haciendo ondear el clásico pañuelo blanco...

Como se puede ver, la peña de aficionados presidida por El Vago López Yáñez no pedía nada fuera de su sitio, simplemente esperaba que se respetara el reglamento vigente y que quienes pagamos un boleto por ir a la plaza, colaboráramos ajustando nuestra conducta a lo que marcan las inveteradas tradiciones de esta fiesta.

Pero, independientemente de la justeza de las peticiones del Círculo Taurino, al día siguiente, en el diario El Heraldo de Aguascalientes, replicó el llamado Grupo de los Cinco, integrado por Héctor de Granada – ya para esas fechas gerente operativo de la empresa de la San Marcos –, Gabriel Salazar, Paco Muro, Mario Rentería y José Luis Ornelas, grupo que emprendió la loable aventura de ponerse a dar novilladas en la misma plaza, antes de que don Guillermo González la adquiriera, en busca de sacar algún torero de esta tierra. Allí surgieron Jesús Ávila, Pepe Caro, Mauricio Lavat, Armando Mora, Juan Palomo, Alfredo Muñoz y muy significadamente el que recibiría la alternativa el día 24 de abril.

La réplica de Los Cinco fue en el sentido de que el Círculo Taurino no tenía derecho ni autoridad para opinar porque no había hecho nada en bien de la fiesta, en tanto que ellos sí habían organizado novilladas y dado oportunidades a más de veinte novilleros. Por ello, en defensa del aficionado que se ha adaptado a la actualidad y que paga su boleto, afirmaron, si éste desea que toque la música, la banda debe tocar.

En los hechos, recuerdo que la ejecución de obras ajenas a la fiesta decayó en esa feria del 74. La única que no se pudo – ni se ha podido – desterrar del pentagrama del ensamble que ameniza los festejos taurinos en Aguascalientes, es una conocida obra del chileno Juan S. Garrido, la que, por coherencia y salud mental propia, no menciono aquí por su título. Pero sí, en las plazas de toros la música ha de ser única y exclusivamente el pasodoble.

Barruntando una nueva época

En la citada columna de don Jesús Gómez Medina, también se dejaba una especie de aviso de lo que estaba por venir:

Se dice ahora que el viejo circo está a punto de desaparecer; que la que hoy principia va a ser la última de su dilatado historial. ¿Será verdad? ¿Quién lo sabe? ... Pero, ocurra esto o no, lo positivo es que, cuando sus añosos portones se cierren tras el último espectador, adentro quedará el recuerdo y el perfume de muchas gestas del toreo, de tantas proezas taurinas, de incontables tardes de toros en que los aficionados, ahítos de emociones, testificaron, sí, que esta es la más hermosa de todas las fiestas...

No le faltaba razón a lo expresado por don Jesús. La feria del 74 fue la última que se celebró en la plaza de la calle de la Democracia, pero afortunadamente sigue en pie y siendo escenario de la fiesta.

La feria de hace 50 años dejó mucho para recordar. En los próximos días trataré de ir recordando lo que sucedió en cada uno de los festejos que la formaron, y en los que se dieron triunfos de importancia, pero también hechos que no dieron, en su día, precisamente lustre a nuestro serial.  

Aldeanos