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domingo, 2 de agosto de 2020

Toros en la frontera. Un patrimonio perdido

Plaza de Toros El Toreo de Tijuana
Aunque el toreo se arraigó en la frontera entre México y Estados Unidos en el último tercio del siglo XIX como consecuencia de la herencia cultural compartida de quienes hacían la vida a uno y otro lado de la línea divisoria y secundariamente, al tráfico de bienes y de personas generado por el tendido de vías férreas que comunicarían a ambos países, es en la segunda mitad del siglo XX cuando la zona se convierte en un importante bastión para la fiesta de los toros en México. 

En el caso particular de Tijuana, durante la época de la prohibición, el hotel y casino de Aguacaliente y la cercanía de esta ciudad con la llamada Meca del Cine, fueron un atractivo para personajes importantes de la farándula, lo que motivó que al atractivo del juego, de la posibilidad de consumir bebidas alcohólicas sin disimulo y sin tener que guardar fingidos recatos que a veces imponía la extrañamente pacata sociedad norteamericana, se adicionara la fiesta de los toros, que en esos días y en muchos por venir, no era considerada políticamente incorrecta de ninguno de los lados de la línea fronteriza. También habrá que tener en cuenta que la base naval de San Diego fue un asiento de muchos nuevos aficionados, que al terminar su servicio allí, la diseminaron por el resto del territorio estadounidense.

Con menos atractivos lúdicos quizás, pero con un mercado potencial del lado estadounidense, estaban Ciudad Juárez, que tenía una fortificación del ejército del país vecino cerca de El Paso y tuvo un efecto y vocación similar al de la base de San Diego; pero además estaban en esa línea divisoria Nogales, San Luis Río Colorado, Ciudad Acuña, Nuevo Laredo, Reynosa y Matamoros y en todas esas localidades que veían transcurrir la existencia entre dos naciones y en ellas la tauromaquia tuvo un lugar destacado entre las diversiones públicas y fue la fuente de una afición seria, informada y conocedora. No era un remedo de fiesta o un mero mexican curios. La fiesta de la frontera Norte era la verdadera fiesta de los toros.

Por razones de tiempo y espacio tomaré como ejemplo la temporada de 1963, misma en la que se dieron en esa franja la friolera de 63 festejos entre mayo y septiembre – con algunos festejos residuales hasta noviembre – y que representan la cuarta parte de todos los que se dieron en la República ese año. A esos festejos acudieron las principales figuras de la época y presentaron sus encierros las mejores ganaderías del momento y por supuesto, las empresas dieron oportunidades a toreros emergentes para que pudieran demostrar que estaban listos para mejores empresas.

La temporada del 63

La parte mayor de ese calendario gravitó en las plazas de Tijuana (26) y Ciudad Juárez (22), que fueron las dos que más festejos dieron en México ese año. Superaron en número a la Plaza México (15), aunque habrá que señalar que ese año la temporada capitalina se repartió con El Toreo de Cuatro Caminos (12) – aunque administrativa y políticamente no sea parte de la capital mexicana –, por lo que sumando los festejos de los dos cosos, se supera en uno la cantidad ofrecida por las dos plazas de Tijuana. También esas dos ciudades de frontera dieron más corridas que Guadalajara (10) y Monterrey (12) y plazas como Nogales (8) o Nuevo Laredo (7) dieron más festejos que Aguascalientes (6), e incluso Acapulco, hoy irremisiblemente perdida para los toros, dio casi un número igual de festejos que la capital del país (14).

La competencia entre dos empresas, la que dirigía el doctor Alfonso Gaona y la que encabezaba el Mayor Salvador López Hurtado hizo posible esa circunstancia. Este último había edificado dos plazas monumentales en Ciudad Juárez (1957 – 2005) y otra en Tijuana (1960) para competir respectivamente con la Alberto Balderas y El Toreo. En la revista Toros de Jim Fergus, publicada del lado americano, ambas empresas hicieron el anuncio de sus elencos para la temporada de esa ciudad bajacaliforniana. El Mayor López Hurtado ofrecía presentar a los mexicanos Alfonso Ramírez Calesero, Andrés Blando, Pepe Luis Vázquez, Jesús Córdoba, Manuel Capetillo, Joselito Huerta, Jorge El Ranchero Aguilar, Humberto Moro, Antonio del Olivar, Eduardo Moreno Morenito y Felipe Rosas; a los españoles Pepe Osuna, Juan Jiménez El Trianero, Victoriano La Serna, Juan Bienvenida, Antonio Ortega Orteguita, Paco Corpas y Curro Montes; a los venezolanos César Girón y Curro Girón. También anunció a Jaime Bolaños, aunque no actuó y como pendientes de contrato a Diego Puerta y Antonio Campos El Imposible.

Por su parte, el doctor Gaona ofreció como bases de su temporada a Luis Procuna, Juan Silveti, Alfredo Leal, Jaime Bravo y José Ramón Tirado; a los españoles Joaquín Bernadó, Juan García Mondeño, Diego Puerta y Paco Camino y al portugués José Julio.

El contingente de diestros que actuaron en alguna de las plazas de la frontera y que no fueron anunciados en elenco alguno fue encabezado por Fermín Rivera, Luis Briones, Antonio Velázquez, Rafael Rodríguez, Félix Briones, Raúl Acha Rovira, Fernando de los Reyes El Callao, Raúl García, Víctor Huerta, Jaime Rangel, Emilio Rodríguez, Jesús Peralta, José Luis Ramírez, Tomás Abaroa, Rodolfo Palafox, Benjamín López Esqueda, José Gómez, Joselito Méndez y Rubén Salazar; el venezolano Rafael Báez; el colombiano Pepe Cáceres; los españoles Enrique Vera, Martín Sánchez Pinto y Juan Gálvez y el portugués Manolo dos Santos

También actuaron los rejoneadores Juan Cañedo, Gastón Santos y Mauricio Locken. Así pues, en las 63 corridas que se celebraron en la frontera de México con los Estados Unidos, estuvo presente casi todo el mundo taurino.

Las ganaderías que lidiaron sus toros en la frontera fueron entre otras Torrecilla, Jesús Cabrera, Santo Domingo, Tequisquiapan, Mimiahuápam, José Julián Llaguno, Valparaíso, Corlomé, Golondrinas, Ernesto Cuevas, Javier Garfias, La Laguna, Las Huertas, Ramiro González, Reyes Huerta, Boquilla del Carmen, La Punta, Matancillas, Santa María, Peñuelas, Viuda de Franco, El Romeral, Santoyo, Juan Aguirre, Hermanos Trouyet, Mariano Ramírez, Atlanga, Rancho Seco y Coaxamalucan

He de hacer notar que de acuerdo a la información recopilada por don Luis Ruiz Quiroz en su Resumen Estadístico 1958 – 1963, resulta complicado precisar, en el caso de de Tijuana y Ciudad Juárez, avanzada ya la temporada, en qué plaza se celebraron los festejos, porque de la composición de los carteles se advierte la presencia de toreros del elenco de una y otra empresa entreverados en los mismos carteles, lo que me deja suponer que no tenían pacto de exclusiva con la empresa que los anunció inicialmente.

La afición del lado americano

Peñas y clubes taurinos existen en los Estados Unidos desde hace más de 70 años, siendo de los vigentes el más antiguo Los Aficionados de Los Ángeles, en El Paso hay una agrupación cercana también a esa antigüedad y desperdigadas por toda la Unión Americana hay agrupaciones de aficionados anglosajones que entienden y sienten lo que es esta fiesta. Desde 1964 además, hay una Unión de Bibliófilos Taurinos (TBA) que a diferencia de las de nuestras tierras, funciona a distancia, por correspondencia diríamos, dada la distancia a la que se encuentran ubicados sus integrantes. 

El caso de los Bibliófilos americanos es curioso en muchos aspectos más. Contaba Bob Archibald – aficionado alumni de la base naval de San Diego – que cuando concibió a los TBA, en 1964 publicó una especie de anuncio clasificado en la revista de Jim Fergus convocando a los interesados en el tema y que el primero que acudió al llamado, fue precisamente Fergus. A la fecha TBA cumple 56 años de fructífera existencia.

Esos aficionados procuran asistir a festejos y ferias no solamente en la frontera, sino que viajan de manera individual u organizada a México, Sudamérica o Europa y disfrutan de festejos, del ambiente y de la cultura de los países que visitan y además se preocupan por difundir y comunicar sus impresiones a la demás afición. De esos grupos de aficionados surgieron fotógrafos como Lyn Sherwood o Don Mengason o escritores como el propio SherwoodTony Brand, Sarita Rosenfield o Luis M. Stumer.

También las estrellas de Hollywood se prodigaban en su asistencia a esos festejos y no era raro ver ocupando barreras a actores de la talla de Gilbert Roland, Rita Hayworth, Marilyn Monroe quien incluso llegó a acudir acompañada por su entonces esposo, el Yankee Clipper Joe Di’Maggio e incluso Walt Disney frecuentaba los tendidos de las plazas de Tijuana, para decepción de aquellos que lo plantean hoy como un tótem del animalismo rampante.

Publicaciones en inglés, otro de los efectos

Hacer una relación de todas las publicaciones que se generaron en la franja fronteriza con motivo de la fiesta debe ser complicado, sin embargo, la afición traída del norte de la línea divisoria pronto encontró la manera de difundir y comunicar lo que sucedía en ese tramo territorial y lo que se producía en otros lugares del llamado planeta de los toros, así, podemos recordar entre otras algunas publicaciones como las siguientes:

Corrida. The American Review of Bullfighting (1956), publicada en mimeógrafo por J.R. Ramadier y Tony Brand; le sigue Toros, nacida inicialmente como Toros y Tauromaquia (1957 – 1966), su editor era Jim Fergus, surge como un boletín mimeografiado y concluye su andadura como una revista de una gran calidad; después está Matador – Life and Culture of the Spanish World, editada por Jim Matthews, de corta vida, fue una revista de gran calidad que solamente publicó dos números en 1964 y un especial sobre El Cordobés en 1968; Clarín, Bullfight Review in English (1965 – 1990), editada por Lyn Sherwood, que comienza con una frecuencia semanal y posteriormente se vuelve mensual, sus últimos años fue de aparición irregular; Bullfight World (1984 – 1990), otra empresa editorial de Lyn Sherwood y last but not least, Cartel: Newsletter of Mexican Toreo (1986 – 1990), editada por David Tuggle.

Como decía antes, estas publicaciones no se restringían a los sucesos de la fiesta en la frontera, sino que cubrían los acontecimientos en otras latitudes y en el caso de Luis M. Stumer, uno de los corresponsales de la revista de Jim Fergus, durante 1968, publicaba en Madrid una reseña en inglés de lo que pasaba en la fiesta de este lado del mar, bajo el título de Bulls.

Aparte de todo ello, estaban los programas de los festejos impresos en la lengua de Shakespeare, algunos en formato de revista, como los titulados Tijuana: Program y Programs: International Bullfight. También es de tenerse en cuenta que el semanario El Redondel llevó durante muchos años una columna en esa lengua, escrita y firmada por la doctora Lee Burnett incansable bibliófila taurina.

Un territorio perdido

Hoy en día la frontera norte de México es una tierra perdida para los toros. En el centro de la República y especialmente en el altiplano, los festejos son escasos durante el verano y durante esa estación del año, durante mucho tiempo ese límite territorial fue el lugar donde tenía lugar la cita de vida y muerte de toros y toreros. Es interesante ver que al menos en Tijuana y Ciudad Juárez, en ese año del 63, había días en los que se daban toros en las dos plazas en una misma fecha, por ejemplo, el 26 de mayo de ese año, entre esas dos ciudades se dieron cuatro corridas de toros y el primero de septiembre, que era la víspera del labor day de los americanos hubo toros en Ensenada, Tijuana, Ciudad Juárez, Nogales, Nuevo Laredo, Reynosa y Matamoros y como un dato adicional, ese día la ganadería de don Javier Garfias lidió dieciséis toros; seis en Tijuana, seis en Juárez y cuatro en Ensenada.

También representó para algunos toreros de nuestra Edad de Oro la oportunidad de seguir en activo, pues ya vimos que Fermín Rivera, Luis Procuna y Luis Briones actuaron en esas plazas fronterizas y fue para otros, quizás la única vez que actuaron en territorio mexicano como el caso de Juan Bienvenida o Victoriano La Serna hijo. 

Por otra parte, en 1963, quizás se inició el camino a la pérdida del territorio fronterizo para la fiesta, pues cuenta Dick Frontain que en ese año, don Pedro González empresario y propietario de la plaza de Nogales, como resultado de una serie de negocios fallidos, tuvo que dar en pago muchos de sus bienes a instituciones de crédito, el coso taurino entre ellos y aunque los toreros y ganaderos se empeñaron en ayudarle a salir del bache, la temporada excepcionalmente larga que se dio en esa ciudad no fue suficiente para rescatar ese reducto taurino.

Hoy los tiempos son otros. La recuperación del espacio de la frontera para la fiesta está en la franja de lo muy difícil a lo imposible, pero nunca hay que olvidar que alguna vez esas tierras, también lo fueron de toros. 

Agradezco a mis amigos Doblón y David Tuggle, editor responsable de La Busca, órgano de difusión de los TBA, la ayuda que me proporcionaron para armar estos pergeños y expreso mi recuerdo a Arturo Díaz, quien dedicó algunos de los últimos años de su vida a investigar sobre este tema, pero el tiempo se le acabó.

domingo, 15 de marzo de 2015

Relecturas de invierno (IX)

Fifty Years of La Busca

Ya había presentado a Ustedes por aquí a los Bibliófilos Taurinos de los Estados Unidos (TBA por sus siglas en inglés) y tuve la ocasión de hacer notar que la afición a los toros los límites geográficos y lingüísticos que en un sano ejercicio lógico pudieran corresponder trasciende a quienes tenemos afición a esta fiesta.

Señalaba en alguna de esas colaboraciones que muchos angloparlantes se han visto atraídos por las corridas de toros después de leer a Hemingway o por haber asistido personalmente a algún festejo taurino. Para ellos resultaba un problema el mantener la recién adquirida afición a la tauromaquia ya que no resulta ser parte de la cultura en la que se encuentran inmersos. En 1964, un estadounidense, Bob Archibald, concibió una red de correo de las personas con un interés común por la literatura relacionada con las corridas de toros. 

Así nacieron los Taurine Bibliophiles of America (TBA), una agrupación que no mantiene reuniones ordinarias porque sus miembros están dispersos principalmente en todo el territorio de los Estados Unidos y en  otros países del mundo. TBA centra su actividad principalmente en los libros de tema taurino escritos en lengua inglesa. Varios de sus miembros poseen colecciones de libros reconocidas mundialmente. 

TBA publica un boletín trimestral, La Busca, que contiene reseñas de libros, ensayos y artículos de opinión para compartir experiencias o discutir puntos de vista acerca de toros y toreros. De allí el título de la obra que en este día les presento. Es un libro que contiene una bien lograda antología de textos publicados en ese boletín, durante el último medio siglo. De su introducción traduzco y copio:
“Fifty Years of La Busca” es una colección de materiales obtenidos de 323 números de “La Busca” y “El Clarín de la Busca” publicados entre 1964 y 2014. Un conteo rápido nos indica que en esos cincuenta años, alrededor de 190 personas han contribuido con materiales a las dos publicaciones periódicas, como reseñas de libros y películas, artículos, poemas, fotografías y otras expresiones artísticas. Actualmente se prepara un índice de las publicaciones realizadas y tiene más de 2,000 entradas. Así que, “Fifty Years of La Busca” (un título elegido deliberadamente, mejor qué, por ejemplo, “Lo mejor de La Busca”) es necesariamente una selección. 
La naturaleza de la selección depende del propósito de la obra final. En este caso y previa consulta con la dirección, se realizó con la intención de recopilar material que tuviera interés que trascendiera al tiempo (tanto para su lectura, como para referencia), material que represente la aportación de TBA a la cultura taurina y que permita a este volumen ser un complemento adecuado al anterior “Bullfight Literature in English: An Annotated Bibliography” 
Los artículos incluidos en este volumen se agruparon por tema y como tales, contienen ensayos tópicos y reseñas de libros y películas. Como complemento de la “Bibliography” de TBA, la antología no contiene reseñas específicas de libros en idioma inglés... 
La obra está dividida en quince apartados, dedicados por su orden a la Historia de TBA; Aficionados, libros y vivencias; Autores taurinos y sus libros; Poesía; Música; Arte y fotografía; Cine; Toros, ensayos y revisiones; Historia del Toreo; El Toreo, ensayos y revisiones; Toreros, ensayos y revisiones; Literatura temprana; Documentos taurinos clásicos, traducción y discusión; Apéndices e Ilustraciones especiales de arte y fotografía.

Entre las colaboraciones que forman el volumen se encuentran las que suscriben Bob Archibald, Gil Arruda, Dick Frontain, Jeff Ramsey, Allen Josephs, Hugh Hosch, Arturo Díaz, Gerhard Korda, Jim Verner y last but not least, el editor de la obra, David Tuggle.

El paso por las páginas de Fifty Years no deja una sensación de estar delante de un texto exótico, independientemente de que la mayoría de las colaboraciones en él publicadas estén en una lengua que no es la nativa de la tauromaquia. Y es que, a pesar de la digamos, traducción de la fiesta al idioma inglés, los autores de cada una de ellas han sabido llevar no solo el significado de las palabras al nuevo lenguaje, sino todo el sentido necesario para que esa traducción no resulte ser más que un mero cambio de idioma, pero no un cambio de sentido a lo que se quiere y se debe expresar.

Quiero reconocer aquí la labor de David Tuggle, quien como editor responsable y en importante medida antólogo de la recopilación que hoy puedo comentarles, estructuró un trabajo que presenta con claridad y precisión lo que han sido estos primeros cincuenta años de La Busca: una verdadera contribución a la difusión de la vertiente cultural de la tauromaquia.

Referencia Bibliográfica: Fifty Years of La Busca. – H. D. Tuggle, Editor. – La Busca Vol. LI Nos. 323 – 324. – 1ª edición, E.U.A., 2014, 342 páginas, con ilustraciones en blanco y negro y color. – Introducción I – II. – 2 apéndices, 17 páginas. – Sin ISBN.

domingo, 5 de enero de 2014

Relecturas de invierno (VII)

Los Bibliófilos Taurinos de los Estados Unidos (TBA)

Muchos estadounidenses se han visto atraídos por las corridas de toros después de leer a Hemingway o por haber asistido personalmente a algún festejo taurino. Para ellos resultaba un problema el mantener la recién adquirida afición a la tauromaquia ya que no resulta ser parte de la cultura en la que se encuentran inmersos. En 1964, Bob Archibald concibió una red de correo de las personas con un interés común por la literatura relacionada con las corridas de toros. 

Así nacieron los Bibliófilos Taurinos de los Estados Unidos (Taurine Bibliophiles of America, por sus siglas, TBA), una agrupación que no mantiene reuniones ordinarias porque sus miembros están dispersos principalmente en todo el territorio de los Estados Unidos y en  otros países del mundo. TBA centra su actividad principalmente en los libros de tema taurino escritos en lengua inglesa. Varios de sus miembros poseen colecciones de libros reconocidas mundialmente. 

TBA publica un boletín trimestral, La Busca, que contiene reseñas de libros, ensayos y artículos de opinión para compartir experiencias o discutir puntos de vista acerca de toros y toreros. Las aportaciones de sus miembros se utilizan para integrar las ediciones de La Busca así como la correspondencia relacionada con el tema que se sostiene con los miembros. TBA pertenece a la Asociación Nacional de Clubes Taurinos (NATC por sus siglas en inglés), una agrupación de peñas regionales de gente interesada en reunirse para compartir su interés común en la fiesta de los toros.

A partir del año 2012, TBA inició una nueva serie de publicaciones, iniciada con la traducción al inglés de La Tauromaquia de Pepe – Illo y continuada en 2013, con la de la obra dieciochesca de Emanuel Witz titulada Combat de Taureaux en Espagne, misma que me tiene hoy aquí con Ustedes.

Combat de Taureaux en Espagne

La edición que es objeto de la traducción es una facsimilar del año de 1993, traducida al español y comentada al pie por quien fuera Secretario de la Unión de Bibliofilos Taurinos de España, don Diego Ruiz Morales (1914 – 2006) y que contiene a su vez el manuscrito que en dos partes se ubica en el año de 1760, siendo la primera parte las observaciones de Witz entre 1740 y 1760 y la segunda un juego de dibujos del propio autor que ilustran diversos aspectos de la corrida de toros de aquellos días.

La edición de TBA, traducida al inglés por Farrell Brody contempla las notas de Ruiz Morales, agregando algunas aclaraciones al texto para el lector de habla inglesa, sobre temas que, comprensibles para el lector hispano, requieren de alguna aclaración para quien se desarrolló en un ambiente cultural distinto.

La obra de Witz inicia con la siguiente declaración:
Casi todos los viajeros que han conocido el Reino de España hablan de los famosos “Combat de Taureaux”, pero ninguno ha escrito con precisión y detalle sobre ellos como las personas curiosas demandan. Aparte, uno debe residir en ese país por varios años para ver una variedad de esas luchas y poder así hacer una relación completa de ellas. Yo he permanecido en este reino por más de veinte años y he tenido la ocasión de ver muchas de esas corridas a las que los españoles llaman “Fiestas de Toros” y creo que he podido observar sus principales circunstancias, las cuales, a pedido de personas interesadas, pensé poner sobre el papel y acompañarlas de las ilustraciones necesarias para hacer entendibles estas descripciones…
A partir de esa introducción, Emanuel Witz describe en sus apuntes con alguna prolijidad los distintos hechos que se suceden en una corrida de toros, lo que nos presenta una visión amplia de lo que implican esos festejos y no la referencia a uno de ellos en particular. De la narración de Witz podemos observar que la corrida de hogaño guarda importantes semejanzas con la que él nos expone, pero que en el devenir de tres siglos y medio, algunas diferencias de fondo se ha generado, pero dejan clara la relación de causa a efecto entre el desarrollo del festejo del siglo XVIII y el actual.

La lectura de la obra en sí y la comprensión de sus anotaciones y comentarios, tanto a los textos como a las ilustraciones que la componen le llevan a uno más allá de la mera anécdota de haber leído la traducción de un clásico. En este caso Farrell Brody – principalmente – encontró el sentido adecuado de los textos en idioma inglés para no desnaturalizar su sentido original.

La obra contiene además traducciones de algunos puntos específicos o comentarios de José Aledón Esbrí, Muriel Feiner, Jane Hurwitz, Jock Richardson y Hal Marcovitz. La traducción al inglés de las notas de don Diego Ruiz Morales es obra de Gastón Ramírez Cuevas. La memoria biográfica y bibliografía agregada al final con la obra del citado Ruiz Morales es obra de don Rafael Cabrera Bonet y el trabajo general de edición del libro corresponde a David Tuggle.

Sin duda que Combat de Taureaux… resulta ser una obra de lectura interesante y hasta cierto punto necesaria para el aficionado a la fiesta y a la literatura taurina, porque en algún punto cercano a la obra en comento convergen en su origen ambas actividades.

Referencia Bibliográfica: Combat de Taureaux en Espagne. The bullfight in Spain (Cª 1760). – Emanuel Witz. – Trad. Farrell Brody. – Notas y Comentarios, Diego Ruiz Morales. – Harpado Books. – 1ª edición, Vail, Arizona, E.U.A., 2013, 103 páginas, con ilustraciones en blanco y negro. – Introducción I – XII. – 3 apéndices, 23 páginas. – Sin ISBN.
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