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domingo, 13 de julio de 2014

Relecturas de Verano VIII; Escrito con Tiza. Memorias de Pepe Manteca

Hoy les presento un libro que no es estrictamente de toros, pero que nos presenta a un personaje que está vinculado con la fiesta y con sus personajes de una manera tal, que tiene cabida en una biblioteca taurina y por supuesto, en esta Aldea.

Francisco Javier Orgambides Gómez y José María Otero Lacave son colaboradores del Diario de Cádiz. En Escrito con Tiza, recogen las memorias de José Ruiz Calderón – Manteca – coloquialmente Pepe Manteca –, quien regenta una popular taberna en el barrio de La Viña en la llamada tacita de plata que es parte del paisaje más castizo de esa ciudad.

Pepe Manteca nació en 1934 en el barrio de la Viña, en la calle Lubet esquina a la Palma, donde su padre tenía un almacén de ultramarinos. “Creo que fui el primer niño, o el segundo, que se bautizó en La Palma, ya  que a esa iglesia la acababan de hacer parroquia”.  Cuando Pepe tiene muy pocos años, su padre, Lorenzo Ruiz Manteca, se traslada a la calle Libertad, esquina a Desamparados, enfrente de la plaza de Abastos, para hacerse cargo del almacén ‘El nuevo mundo’. En ese ambiente del mercado transcurren los primeros años de Pepe Manteca. Allí se aficiona a los gallos de pelea, a jugar al toro y a escuchar a los flamencos. “Yo no quería ir al colegio. Yo quería torear con los chiquillos, espatarrarme. No quería estudiar, me gustaba pasear los gallos, darles de comer y estar en la calle…” 
Pepe Manteca fue aspirante a torero, inició su formación en la escuela taurina de la calle Mateo de Alba de Cádiz y comenzó a torear en la época en la que iniciaban sus armas Juan García Mondeño, Curro Girón y Miguel Mateo Miguelín entre los notables y fue apoyado por los ganaderos de la familia Sánchez Ibargüen. Actuó en las plazas de su región de nacimiento y en los pueblos aledaños a Madrid.

Sigo el relato de Otero:
El padre de Pepe, un montañés de Tesanillo, era gran aficionado a los toros y al flamenco. Puso su empeño en que su hijo fuera torero y lo llevó a la escuela taurina que había en la calle Mateo de Alba. El director de la escuela era Manuel Jiménez Chicuelín, de Córdoba,  y de profesor figuraba  Sebastián Suárez Chanito. Junto a Manteca asistían a la escuela, entre otros, los hermanos Villodres, Manuel Irigoyen, Antonio Pica, Servando Muñiz y Chano Rodríguez. Después de debutar con la Escuela Taurina, Manteca inicia un largo recorrido por los pueblos de la provincia. Becerradas y tientas acompañado de otros jóvenes aficionados de Cádiz. Lorenzo Ruiz mantenía gran amistad con el ganadero Sánchez Ibargüen y Pepito pasa largas temporadas en la finca ‘Las Posadas’, donde comienza a aprender el oficio. Manteca cuenta con su propia cuadrilla. Pacorro, El Aceitunero y Manuel Jiménez Chele lo acompañan en sus actuaciones por la provincia…
José María Otero, José Ruiz Calderón Pepe Manteca y
Francisco Javier Orgambides
Tras de dejar los ruedos fue emigrante en Alemania; se dedicó a exportar gallos de pelea a Puerto Rico y a Estados Unidos y terminó administrando la bodega que es actualmente un símbolo de Cádiz – Casa Manteca – un comercio que en una sección expende abarrotes, pescado y mariscos y en la otra, tiene una especie de bar en el que se sirven al por menor bebidas y alimentos y al que han ocurrido toda clase de figuras del toreo y del flamenco, como Antonio Mera Almendrita,  Cojo Peroche, Manuel El Fotógrafo, Eugenio Salas Niño de los Rizos, Curro Balilla, Antonio Pérez El Torrija o el mismo Camarón de la Isla. Por los de los toros, asistían el crítico Antonio Rosales Don Puyazo, Manolo Belmonte, Enrique Bernedo Bojilla, Antonio Burgos, Curro Romero, Rafael de Paula, Joaquín Núñez del Cuvillo, Rafael Ortega, Jaime y Francisco Mora – Figueroa o Francisco Ruiz Miguel.

En ese mismo relato a José María Otero, José Ruiz Calderón cuenta lo que sigue:
Ha sido exportador de gallos de pelea a América y durante varios años viajaba con los gallos a Miami. Pepe no olvida nunca cuando fue detenido por el FBI en el aeropuerto de Miami. “Creí que me moría. Me llevaron a un cuarto para interrogarme porque habían encontrado unas medicinas en el equipaje. Creían que era droga y se trataba de medicina para los gallos. Y yo venga a dar voces y a decir que era para los gallos, para los kikirikis…hasta que vino el intérprete y todo se aclaró. Luego me hice amigo del policía y nos fuimos a tomar unos vasitos”.
Estas y otras vivencias están reunidas en Escrito con Tiza, un libro en el que el anecdotario propio de un hombre que quiso ser torero y que terminó siendo un punto de referencia para los más variopintos personajes de la fiesta y del cante y que en Cádiz es un paso obligado para todo aquél que tenga intención de conocer las reales entrañas de la antigua Gades.

Escrito con Tiza. Memorias de Pepe Manteca. – Francisco Javier Orgambides Gómez y José María Otero Lacave. – Industrias Gráficas Gaditanas, Puerto Real, Cádiz, 1ª edición, 2003, 199 Págs. (Con ilustraciones en blanco y negro). ISBN 84 – 88837 – 35 – 6.

domingo, 19 de septiembre de 2010

Relecturas de verano I: Don Puyazo

Era un hombre que aprendía de la materia que escribía, de toros, pero que no necesitaba de ningún maestro para escribir: La pluma era lo suyo.

Rafael Ortega Domínguez
Matador de Toros

El primer encuentro

Hace casi diez años llegó a mis manos un ejemplar de la obra de mi amigo y colega, natural de Cádiz, la llamada tacita de plata que remata el Rincón del Sur, Francisco Javier Orgambides Gómez. El libro se titula Don Puyazo y tiene como finalidad el recordar o como fue en mi caso, el dar a conocer la persona y la obra de don Antonio Rosales Gómez, quien bajo el seudónimo que intitula la obra, a través de la radio y de los medios escritos, dejó para la posteridad su visión de la historia taurina de su tiempo.

Comencé la lectura y me fue imposible suspenderla, pues la obra invita a que uno la lea de corrido, de portada a portada, de un tirón, pues muchos de los conceptos de Don Puyazo siguen vigentes hoy en día y sus reflexiones, valen todavía para muchas cosas que suceden hic et nunc en el que Díaz Cañabate llamara el planeta de los toros.
La radio

En 1895 Marconi descubre el hecho de que se pueden transmitir mensajes telegráficos sin necesidad de hilos que los conduzcan. De aquí, a la transmisión de la voz humana por ese mismo medio, solamente había un pequeño paso. Puede decirse que la radio había nacido y ella sería el vehículo a través del cual, se llevaría a muchas gentes alrededor del mundo, información y esparcimiento.

La Fiesta de Toros no podía permanecer ajena a la revolución que para la comunicación representó la radiodifusión y así, la producción de programas con temática taurina cobra muy pronto un importante sitio dentro de las llamadas cartas de tiempo de las emisoras, primero en España y después en los demás países en los que tenemos el privilegio de disfrutar de la Fiesta de Toros, pues sus temas siempre atraen la atención de quienes nos consideramos aficionados a ella.

Don Puyazo vivió la historia de la radio gaditana casi desde sus inicios, pues nos relata Francisco Javier que ya en 1930 participa en el Noticiero Gaditano de su tierra y combina las actividades frente al micrófono con las de escribir para la prensa diaria. Es a partir de 1942 que inicia su andadura como cronista taurino, misma que reunirá en una serie de muy bien logrados Cuadernos Taurinos, mismos que cincuenta y dos años después, representaron – si mis cuentas no fallan –, dos mil setecientos cuatro volúmenes en los que se compila la historia taurina de ese tiempo y el pensamiento de su autor acerca de ella, que curiosamente, cubre la mayor parte de la segunda mitad del pasado siglo, lapso de tiempo en el que su autor los hizo públicos y con ellos, creó opinión.

Don Puyazo

Antonio Rosales Gómez nació en Cádiz en 1909. Como ya lo he mencionado, a partir de 1930 se dedica a los menesteres de informar a través de la radio y de la prensa escrita y es en 1942 cuando logra la feliz combinación del trabajo con la afición, iniciando cada martes, la emisión de sus Cuadernos Taurinos, en los que recoge y analiza la historia taurina de su tiempo.

Quizás lo más importante de esa visión de la historia, que durante ese medio siglo presentó don Antonio, montado sobre los lomos del mítico Veneno y con la vara en ristre, fue el sentido regional que dio al análisis que de la misma hizo, reflejando lo que la información que era objeto de sus opiniones podía representar para el entorno taurino de Cádiz principalmente. Los aficionados a los toros estamos acostumbrados, sobre todo hoy en día, a conocer versiones más cosmopolitas de las noticias, mismas que son difundidas en cuanto representan un interés para quienes las reciben. Las noticias locales o regionales, poca difusión tienen, porque supuestamente a pocos interesan. Así, las noticias taurinas viajaban por las ondas o por los teletipos y llegaban desnudas, con la finalidad de que cada uno de los que las recibían, sacara sus propias conclusiones, las que seguramente variarían, de acuerdo con el lugar en el que fueran analizadas.

La lectura de Don Puyazo nos revela dos grandes pasiones: La que seguramente tuvo el personaje de la obra por la Fiesta de los Toros y la que sin duda también tuvo por que en Cádiz se conservara y se desarrollara ésta. Estos aspectos se advierten con claridad meridiana al ir avanzando la lectura, sobre todo, en la transcripción del Cuaderno número 773 – que abre la obra – y con el dedicado a la Plaza de Toros gaditana, que sucumbió a la picota en el año de 1976, debido a la incuria de que fue objeto. Cádiz se quedó sin plaza, pero cada martes, don Antonio seguiría analizando la información taurina y señalando la influencia que seguramente tendría en el Rincón del Sur.

Otro aspecto interesante de su labor, debidamente reseñada por Francisco Javier, fue la de llevar a los medios el recuerdo o la información de aquellos que en su día fueron toreros de medio sol, a través de su Galería de Toreros Olvidados, en la que aquellos a los que la cortedad de sus hazañas, poco espacio les conseguían en los medios. Es este un aspecto justiciero de su obra periodística, pues a todos, los de arriba y los de abajo, les procuraba su lugar, uno que muchas veces, en la vorágine de los acontecimientos, no es debidamente reconocido por aquellos que tienen confiada la tarea de dar cuenta de lo que en el planeta de los toros sucede.

Los géneros

La obra de Francisco Javier nos revela a un Don Puyazo poseedor de una extensa cultura, pues no solamente se limitaba a opinar sobre la información que difundía a manera de editorial o de ensayo, sino que hacía de la variedad literaria uno de los secretos de su éxito y así, vemos que lo mismo preparaba una farsa o un sainete para criticar tal o cual situación o preparaba verdaderos recitales radiofónicos de poesía taurina, de la cual, no me resisto a transcribir lo siguiente, de su Oda a Juan Belmonte:

En la taza de la plaza
Se vierte de sol el oro;
Al caer, cobre el icono del toro
De un hachazo de charol
Temblando en cada cairel
Queda una gota de sol.
Con dinámica bravía
De una vieja estampa ibera
Belmonte, junto a la fiera
Traza geometría torera

O sus Juzgados de Ultima Instancia Taurina, en los que sometía a imaginario juicio a quienes por su actitud irreverente hacia las cosas de la fiesta, mismo en el que se ventilaban con imparcialidad – tan ausente de la justicia de los hombres –, los aspectos positivos y negativos del personaje que por esa emisión, ocupaba el banquillo de los acusados.

En fin, que mucho más se puede comentar de la obra de Don Puyazo, porque durante mas o menos medio siglo, presentó y analizó la información taurina del tiempo que iba viviendo y actualizó también la de tiempos pretéritos, en un afán de formar aficionados a los toros con una verdadera Cultura Taurina.

El resultado de la obra

Francisco Javier Orgambides Gómez ha logrado en un breve número de páginas, el que quienes no somos de Cádiz, conozcamos la personalidad y lo más significativo de la obra de Don Puyazo, subsanando en alguna forma la omisión que señala el torero gaditano José Luis Galloso, al referirse a lo escaso de los reconocimientos hechos a la obra de don Antonio, que al contrario de muchos que ejercen esa azarosa profesión, obtuvo el reconocimiento de sus conciudadanos y de sus escuchas y lectores, lo que demuestran el Hostal, la marca de vino fino y los dos pasodobles que ostentan el nombre de su personaje radial Don Puyazo.

Curro, considero que la faena ha sido justa, aunque como todas aquellas que perduran en nuestra memoria, nos queda el deseo de haber visto más. No obstante, estoy seguro que como en mi caso, el pañuelo de todos tus lectores saldrá a sus balcones en cuanto culmine la lectura de tu bien preparado libro.

Reconocimientos

No puedo terminar este intento de reseña, sin expresar a la Diputación Provincial y a la Asociación de la Prensa de Cádiz, mi reconocimiento y gratitud por el esfuerzo realizado y el interés mostrado por dar a conocer la obra de uno de los más preclaros periodistas taurinos de esa Provincia, emblemática del llamado Rincón del Sur. Considero que ese interés se ve satisfecho con creces y en mi caso particular, considero que debiera considerarse la publicación completa de los archivos de Don Puyazo, pues contienen mucha información que hoy resulta invaluable para los aficionados a los toros, que aunque reflejan la visión de lo que parece un tiempo ido, presentarán en el fondo la esencia de una fiesta que requiere, con mucho, que se muestre lo que debe ser en realidad, en estos tiempos revueltos, en los que tan vilipendiada es.
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