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domingo, 20 de septiembre de 2026

18 de septiembre de 1931. Carnicerito de México confirma su alternativa en Madrid

Carnicerito de México se había presentado como novillero en Guadalajara el primero de marzo de 1925, para después hacerlo el 31 de mayo siguiente en el Toreo de la Condesa. Posteriormente recibiría una alternativa en El Progreso de la capital tapatía el 6 de marzo de 1927 de manos de Luis Freg, lidiándose toros de El Carnicero. Renunciaría a ese doctorado, pues volvería a actuar como novillero en El Toreo en 1928 y sería uno de los triunfadores de la temporada en esa plaza el año de 1929, junto con Alberto Balderas, Esteban García, Carmelo Pérez y Jesús Solórzano, alternando con los tres últimos en la disputa de la Oreja de Plata, mismo que se llevó el último de los nombrados.

Marcha a España al año siguiente y se presenta en aquellos ruedos el 4 de mayo en la plaza de Tetuán de las Victorias, alternando con Miguel Morilla Atarfeño y Juan Martín Caro Chiquito de la Audiencia en la lidia de novillos de Antonio Llanos. Actuaría siete tardes consecutivas en esa plaza, para presentarse en Sevilla el 22 de junio siguiente, en Madrid el 3 de agosto, en Zaragoza el 21 de septiembre y en Barcelona el 26 de octubre. Sumó en esa campaña 29 novilladas.

Entre los novilleros mexicanos que hacían campaña española en ese calendario, destacaron además de Carnicerito, Julián Pastor, Jesús Solórzano, Alberto Balderas y Luciano Contreras.

La alternativa definitiva en Murcia

Los triunfos que conquistó en la novillería le consiguieron la alternativa, la que se programó para el domingo 13 de septiembre de 1931 en la plaza de La Condomina de Murcia. El cartel se formó con un encierro andaluz de Miura, el borojeño Domingo Ortega y el bilbaíno Jaime Noaín. Era, en el lenguaje mercadológico de estos tiempos, un cartel juvenil, porque los tres compartieron varios carteles en su etapa de novilleros.

El 28 de octubre del año anterior, Carnicerito y Luciano Contreras habían dado una gran tarde de toros en una novillada que torearon mano a mano en La Condomina, razón por la que el torero de Tepatitlán tenía buen ambiente entre la afición murciana. El primero de la tarde se llamó Cebolleto, un toro quedado ante el cual solamente pudo estar valiente. Refiere la crónica del ABC madrileño que pudo rehacerse ante el que cerró plaza y que de no fallar a espadas pudo cortar alguna oreja. Al final del festejo se llevaron en hombros a los tres diestros, aunque solamente el vizcaíno Noaín había cortado apéndices.

José González no dejó pasar mucho tiempo para confirmar su alternativa en la plaza de la Carretera de Aragón. Apenas cinco días después de doctorarse, en una corrida calificada de extraordinaria, se decidió a la ratificación y así, para el jueves 18 de septiembre de ese 1931, fue anunciado junto con Manolo Bienvenida como padrino, Domingo Ortega como testigo y toros toledanos de Celso Cruz del Castillo, de encaste Saltillo.

Cuando sale el toro y todo lo descompone

La corrida de don Celso Cruz del Castillo no cumplió con las expectativas que en ella se pusieron, de hecho, puso en entredicho el prestigio de su criador. Las crónicas en su conjunto, coinciden en el hecho de su mal comportamiento en el ruedo y de que fue la causante de que un cartel que provocò un lleno en la plaza, terminara siendo un festejo en el que reinó el aburrimiento, a pesar del esfuerzo desplegado por los toreros. Cuenta Cèsar Jalòn Clarito, en su crónica aparecida en el diario El Liberal, la misma noche del festejo: 

Los toros de D. Celso Cruz del Castillo, de Maqueda, según dicen los carteles – sin duda por error o por errata, pues es Malqueda el verdadero nombre de origen que le va al ganado –, hace años que se juegan con tan mal éxito de presentación como de bravura. Lo chico y lo flaco en ellos suele ser tan corriente como lo manso. De algunos de esos males salieron redimidos en la corrida extraordinaria de ayer. No eran chicos – por lo menos cuatro de ellos – ni estaban flacos. Habían crecido y engordado con la ayuda de Dios... y de la Empresa, que les dio de comer unos meses en sus prados. Pero quizá esta misma circunstancia contribuyó a que el capítulo de la mansedumbre rebasase el nivel acostumbrado, a que fuesen los toros todavía más mansos, por más grandes…

Refiere el autor de unas de las más celebres Memorias que conoce la historia del toreo, que la corrida que permitió a Carnicerito de México confirmar su alternativa en Madrid, ya había estado por la Plaza de la Carretera de Aragón, pero que tuvo que ir a los predios de La Muñoza a terminar de ponerse, porque no estaba en condiciones cuando originalmente fue programada.

Por su parte, Rafael Hernàndez y Ramìrez de Alda, firmando como Rafael en el diario madrileño La Libertad, en torno a esta misma circunstancia, reflexiona:

Salieron al ruedo seis toros de D. Celso Cruz del Castillo, uno de los cuales fue retirado por estar cojo, y sustituido por otro de don Luis Bernaldo de Quirós, todos ellos gordos, finos, bien encornados y de bonito tipo; pero todos, ¡ay!, lo mismo los de D. Celso que el de D. Luis, mansurrones, quedadotes, sin genio ni estilo alguno, propios para que en ellos se estrellasen todas las ilusiones y todos los buenos deseos de los lidiadores. Como ocurrió…

Además de lo que apuntó Clarito, el cronista de La Libertad relaciona el hecho de que uno de los toros de Cruz del Castillo - el tercero - fue devuelto a los corrales. La razón legal esgrimida fue una supuesta cojera, pero lo que refieren varias de las crónicas, la razón legítima, es que se exigía su vuelta a los corrales por su manifiesta mansedumbre. A saber.

La realidad es que, siendo el toro el eje de esta fiesta, lo que puedan hacer o dejar de hacer los toreros está sujeto al comportamiento que estos desplieguen en la arena. Entonces, esos fueron los mimbres que tuvo la terna hace 95 años por estas fechas.

La actuación de Carnicerito

Ya apuntaba en líneas anteriores que la tarde fue cuesta arriba. Pero el diestro jalisciense no era de los que se detuvieran ante los obstáculos, por escarpados que parecieran. Ya había dejado por sentada esa arista de su personalidad torera durante su paso por las filas de la novillería, como lo advierte Federico M. Alcázar en su crónica publicada en El Imparcial al día siguiente de la corrida:

Carnicerito de Méjico no es una novedad. Tampoco un improvisado. Ha hecho la carrera paso a paso, derrochando bastante más valor que el que tienen estos fenómenos caniculares. Llega a la alternativa en sazón. Podrá o no tener una tarde brillante, pues eso depende en gran parte del ganado; pero lo que sí podemos afirmar rotundamente es que, con éxito o sin él, no saldrá de la plaza fracasado. Conoce el toreo con buenas maneras y, sobre todo, tiene valor para arrimarse. Esperemos el resultado... No me gusta este primer toro. De salida echa la cara al suelo, escarba y empieza a probar. Mal síntoma. Carnicerito le busca y tantea en varios terrenos, por fin logra dar tres verónicas paradas y ceñidas. Pero el de Cruz del Castillo se va. Sale suelto en el primer puyazo y continúa tardo y reservón... El nuevo matador de toros coge las banderillas por complacer al respetable, pues el toro no está para lucimientos. Cuartea un par bueno y repite con uno en tablas valentísimo. Se aplauden... Carnicerito encuentra al manso como salió del chiquero: con la cara por el suelo y sin embestir. Empieza con cuatro pases por bajo, en los que para, aguanta y se dobla valientemente... Como no es posible el lucimiento se decide a matar y señala un buen pinchazo; repite con otro de idéntica factura y descabella. Palmas y pitos al toro en el arrastre...

Dejó constancia Carnicerito de que, si bien el valor era su divisa, tenía el oficio bien aprendido y podía con los toros que le salieran. La cuestión del lucimiento ya es una externalidad, a veces posible, a veces no.

Por su parte, el ya citado Rafael, resume una tarde que entre líneas, advierte como un error de la administración del torero, según podemos leer:

Carnicerito de Méjico tomó la alternativa en las peores condiciones que pudieron ofrecérsele. En una corrida en que el fracaso era inevitable para cualquiera que no fuera un lidiador muy hábil y un torero muy completo, tuvo el buen gusto de no recurrir a esas temeridades novilleriles que le hubieran llevado a la enfermería sin que por eso se pudiera decir que habla estado bien. Su voluntad la demostró cogiendo las banderillas en el primer toro y jugándose la piel para clavarle dos pares y medio en los terrenos de dentro, donde lo que se contrasta es más el valor que el dominio de la suerte... En sus dos toros estuvo cerca y, en resumen, se puede decir de él que despachó los dos toros sin mengua para su decoro profesional y sin que el público, que se dio cuenta de la clase de enemigos que tenía, subrayara con protestas su labor. Puede decirse que el nuevo doctor quedó pendiente de otro examen para calificarle oportunamente...

Poco se puede agregar al análisis de Hernández y Ramírez de Alda, salvo tener en cuenta la consideración que hace acerca de la incomprensión de la concurrencia al esfuerzo del torero por agradar.

Por su parte, Gregorio Corrochano, en su tribuna del ABC madrileño, resume lo sucedido de la siguiente manera:

Poco tiene que contar la corrida de ayer. Si no se hubiera celebrado hubiera ganado – ganar por no perder – el crédito de una divisa, el de algún torero y el de algún negociador que recurriera al crédito para satisfacer una afición. Porque la corrida fue así... Lidiáronse toros de D. Celso Cruz del Castillo, que no pudieron jugarse en junio por falta de trapío, engordados en los prados de la empresa. Si alguna bravura tenía, el pienso se la quitó... Carnicerito de México eligió mala tarde para refrendar su alternativa. Buscó la emoción en banderillas, y, a decir verdad, la encontró. No banderilleó bien, pero la emoción estaba lograda. Muleteó con muchos toreros alrededor, muchos. Le estorbaron todo lo que pudieron. ¿No se dan cuenta los toreros de lo que estorban en tropel? Se van acercando, acercando, como si no vieran bien desde más atrás y quisieran verlo de cerca. Con esto, el toro se descompone más; el torero no sabe por qué hace aquello el toro y el peligro que se quiere evitar se aumenta, y el deslucimiento es el dueño del ruedo...

Una apreciación adicional la de don Gregorio encontramos aquí, en el sentido de la lidia defectuosa por parte de las cuadrillas. En fin, que las cosas no se dieron, al parecer, en ningún sentido para encaminarse por un sendero de triunfos.

El resto de la corrida

Manolo Bienvenida fue el mejor librado de la terna, cuando le realizó una gran faena al segundo de la tarde Arrojador, tras de la que dio una muy aclamada vuelta al ruedo, después de una insistente petición de oreja que no fue atendida. Por su parte, Domingo Ortega tuvo una tarde para el olvido, le tocó despachar al tercero bis, de Bernaldo de Quirós y al quinto, de la ganadería titular, siendo abroncado en ambos y al retirarse de la plaza, cuenta Corinto y Oro:

El diestro Ortega, al salir de la plaza, fue objeto de ruidosas protestas, y tuvo que protegerlo la autoridad contra las agresiones del público…

El toro de la confirmación de Carnicerito de México se llamó Estudiante, fue negro, bragado y veleto de encornadura.

domingo, 20 de octubre de 2024

14 de octubre de 1934: Se celebra el último festejo de la historia de la Plaza de la Carretera de Aragón

El paseíllo final, Madrid 14 de octubre de 1934
Foto: Baldomero - Archivo de la Comunidad de Madrid

La plaza de toros conocida como la de la Carretera de Aragón, de la Fuente del Berro o de Felipe II en Madrid, fue proyectada por los arquitectos Emilio Rodríguez Ayuso y José Álvarez Capra. Se inauguró el 4 de septiembre de 1874 con una corrida de toros en la que participaron los espadas Manuel Fuentes Bocanegra; Rafael Molina Lagartijo; Francisco Arjona Currito; Salvador Sánchez Frascuelo; Vicente García Villaverde; José Lara Chicorro; José Machío y Ángel Fernández Valdemoro, para enfrentar toros del Duque de Veragua; Antonio Hernández; Núñez de Prado; Puente y López antes Aleas; Anastasio Martín; Miura y López Navarro.

Tenía una capacidad para algo más de trece mil espectadores y fue el sitio donde se escribieron importantes páginas de la historia de la tauromaquia y también el sitio en el que se definió el curso de la lidia en el sentido que actualmente la concebimos, cuando el 24 de mayo de 1928, ya en el ocaso del escenario, Chicuelo mostró ante Corchaíto de Graciliano Pérez Tabernero que el toreo tenía que tomar un rumbo nuevo. Ya por esos días estaba presente también la propuesta de Gallito, en el sentido de que las plazas de toros tenían que ser de gran capacidad para atraer más afición a los festejos y a precios más accesibles.

Es así que al término de la década de los veinte se inicia la edificación de la plaza de toros de Las Ventas, a partir de un proyecto del arquitecto José Espeliú quien fue asesorado por Joselito. Ese nuevo coso tendría casi el doble de capacidad del de la Fuente del Berro y tendería a sustituirlo en un futuro no muy lejano. Fue inaugurada, aunque se diga otra cosa, el 17 de junio de 1931, porque en esa fecha se dio allí la primera corrida de toros y quedó como la primera plaza de Madrid, a partir del mes de octubre de 1934.

El festejo final de la plaza de la Carretera de Aragón

Para el domingo 14 de octubre de ese 1934 se anunció una corrida de toros con el caballero en plaza Antonio Cañero, quien enfrentaría en primer término dos toros de Martín Martín y los diestros Marcial Lalanda, Joaquín Rodríguez Cagancho y Rafael Vega de los Reyes Gitanillo de Triana, quienes lidiarían toros de Ángel Sánchez y Sánchez, antes Trespalacios. Al final de cuentas, de estos últimos solamente se lidiaron cinco, porque el quinto de la corrida fue de Clairac.

Escribió Federico Morena en su tribuna del Heraldo de Madrid:

Todas las despedidas son tristes; pero plugo a los hados que ésta fuese altamente cordial. Toreros y aficionados separáronse con un «adiós» y un «hasta luego» cariñosísimos. El «adiós» para esta plaza de nuestros amores, que cumplió ayer sus destinos y que se entregará hoy resignadamente a la piqueta demoledora. El «hasta luego» como testimonio elocuente y magnífico de futura convivencia de los tres espadas y este buen público – ¿cómo bueno?; ¡jamón serrano! – de Madrid...

El primer toro de la tarde fue, decía, para Antonio Cañero, quien solamente pudo salir en esa oportunidad al ruedo, pues al intentar finiquitarlo pie a tierra, fue herido por el mismo. Escribió Recorte para el diario madrileño La Libertad:

Don Antonio Cañero lidió uno de los toros de D. Martín Martín, haciendo gala de sus grandes condiciones de caballista, teniendo rasgos de artista del toreo a caballo. El toro era bronco y tardo, teniéndole que desafiar en los terrenos de adentro para ponerle varios rejones y banderillas, un par de éstas excelentemente ejecutado y en condiciones comprometidas. Una de las veces, con la jaca castaña, desafió tan cerradamente al toro en la puerta de las cuadrillas, que alcanzó a la jaca, hiriéndola en el ijar derecho, dando muestras de gran contrariedad el caballista. Echó pie a tierra, y al dar el primer muletazo con la mano derecha, lo empuntó y campaneó, y con la cara ensangrentada pasó a la enfermería... Rota quedó aquí esta primera parte de la corrida, por la expectación que invadió la plaza, a pesar de que el novillero Trasmonte se ofreció para matar al novillo, cuyo ofrecimiento fue denegado por el presidente, originándose una gran protesta del público, acaso por la carestía de las localidades; pero tuvo su compensación, como se verá luego...

El parte que rindió el doctor Jacinto Segovia, jefe de los servicios médicos de la plaza fue el siguiente:

Durante la lidia del primer toro ingresó en esta enfermería el rejoneador D. Antonio Cañero con una herida en la región glútea derecha, que interesa tejido subcutáneo, aponeurosis y músculos glúteos, de 12 centímetros de extensión, con una trayectoria paralela al recto. Pronóstico menos grave. – Doctor Segovia.

Ese percance, que impidió que Antonio Cañero lidiara a su segundo toro, se traduciría en uno de los factores del éxito de la tarde final de la plaza, como adelanta el cronista y como podremos ver enseguida.

El cierre triunfal a cargo de Marcial Lalanda

El más grande de toda la torería... – dice su pasodoble – tuvo su gran triunfo con el cuarto de lidia ordinaria, cortándole las dos orejas. Escribió Recorte en el diario La Libertad:

...habría sido suficiente su faena de ayer al cuarto de la tarde, en esta parte de la lidia, para evidenciar que su figura se alza gloriosa, plena de luz y colores frescos, animada por un sentido científico de la lidia de reses bravas. Fue un toro berrendo, manso y difícil; lo desafió con un escalofriante pase por el lado izquierdo con las dos rodillas en tierra: pisó el terreno del toro, metiéndole la muleta en el hocico; le dio tres naturales, de los que salió humillado el animal; siguió pisándole el terreno y yéndosele a cada pase el bicho, insistiendo valerosísimo tan cerca y tan temerariamente hasta obligarle a tomar la muleta y así hacerle girar una vuelta completa, confundidos artista y toro, una vuelta tan emocionada que arrancó una ovación clamorosa, continuando con pases de todas las marcas. Y esta faena, que fue brindada al público, tuvo como remate un pinchazo en lo alto, seguido de una entera hasta el puño bien ejecutada y un descabello al primer golpe. Esta vez la plaza entera pidió las orejas, que se le concedieron, teniendo que dar la vuelta al ruedo y salir por tres veces también a saludar desde el tercio...

Y para redondear el gran suceso, pidió el que debió ser el segundo de Antonio Cañero – quien los enfrentaba en puntas – para que saliera en octavo sitio y le fue concedido por la presidencia. Ese toro lo brindó a Gregorio Corrochano. Así lo vio el propio brindado, en su tribuna del ABC madrileño:

Pero Cañero había sido herido por el primer toro. Y quedó el otro sin lidiar. No sé de dónde salió la voz de que Lalanda, acabada la corrida, mataría el toro de Cañero. Lalanda lo pidió. Y así cerraba Marcial la tarde. Salió el toro que, como el otro de Cañero, era del Conde de Orgaz, y salió dificilísimo. Manso, sin embestir, y cuando arrancaba, peligroso. Muy difícil. Menos mal que Marcial venía en tren que no le desluciera ningún torito y el público vio la importancia del regalito. Tuvo la delicadeza de brindármelo, como el último toro que se lidiaba en la plaza...

No siempre los toros de regalo resultan el pasaporte al triunfo. Ya pudimos leer que Marcial Lalanda en este caso no lo requería para esos efectos, sino para tener en su haber, quizás, el mérito de haber sido el torero que mató el último toro en la hoy llamada Plaza Vieja de Madrid y también, para dejar que la concurrencia disfrutara de su espectáculo completo. Así es ya la historia.

También triunfó Cagancho

Cagancho también tuvo una tarde brillante. Y destacó, de acuerdo con el común de las crónicas, por haber rematado debidamente las quintaesencias de su toreo, con el manejo de la espada. Alfonso, cronista de El Liberal, así describe su tarde:

El toreo parsimonioso y a la par alegre de Cagancho, tenía a la hora de matar un amargo contraste. Le fallaba el acero. ¡Cuántas bellas faenas se han perdido por esa dificultad! El gitano tenía más miedo a dejarse ir “tras de la espá” que el que dicen que sienten cuando ven a su vera a la Guardia Civil. Pues el domingo Cagancho nos hizo sentir de cerca las sensaciones del arte del volapié. Y a su primero, al que había toreado bien de cerca, lo mató de una estocada en lo alto, entrando desde cerca lentamente, muy derecho y saliendo limpio por los costillares. Un toro admirablemente muerto. Y, sin embargo, eso no fue nada al lado de lo que realizó en el siguiente. Una faena con pinturerías y gracia gitana. Adornos y majezas, vistosidad y desplantes. Esperó el momento de tener al público en situación, montó la espada para decir el clásico: “Vamos a ver si se mata así”, que tantas veces se ridiculiza después y ajustándose a las más clásicas y exigentes condiciones de la suerte del volapié, clavó todo el acero en lo alto del morrillo, haciendo rodar al bicho sin puntilla. El público – al que había brindado el toro –, entusiasmado y sorprendido por la audacia y gallardía del gitano, reclamó la oreja, que le fue concedida, y Cagancho dio la vuelta al ruedo en el último toro que mató en esta plaza...

Joaquín Rodríguez Ortega comenzaba a demostrar a los públicos de la capital española una de las divisas de su hacer ante los toros, el extraordinario manejo de la espada y no desaprovechó esta importante ocasión para hacerlo.

Por su parte, Gitanillo de Triana tuvo una tarde de poca fortuna con dos toros complicados que apenas le permitieron lucir por momentos en el toreo a la verónica.

Algunos datos para la historia

El rejoneador Antonio Cañero, quien lidiaría los dos primeros toros del festejo, llevó como auxiliadores a los banderilleros Emilio Ortega Orteguita y Faustino Vigiola Torquito II. No se le anunció sobresaliente, porque de no poder finiquitar a los toros desde el caballo, se advertía que él mismo lo haría pie a tierra. Por esa razón fue herido por el primero de su lote.

Las cuadrillas de los toreros a pie fueron integradas por los picadores Juan Atienza, Miguel Atienza y José Atienza; Francisco Zaragoza Trueno y Agustín Ibáñez Marinero; Francisco Chaves y Antonio Chaves, siendo picadores de reserva Antonio Vega y Carlos Ruiz. Como banderilleros salieron Eduardo Lalanda, Antonio Gallego Cadenas y Bonifacio Perea Boni; Alfredo Gallego Morato, Eduardo Pérez Bogotá y Antonio Vargas; Manuel Álvarez Andaluz, Manuel Ponce y Gabriel Moreno. Y como dato adicional, el último par de banderillas que se puso en esa plaza, correspondió a Bonifacio Perea Boni.

Agregaré lo que apunta Recorte en La Libertad:

La corrida empezó a las tres y media, siendo la entrada floja, acaso por las circunstancias por que atraviesa España en estos días…

Así terminaron los días gloriosos de una plaza de toros que fue ejemplar en su tiempo, poniendo siempre a la vista que la fiesta de los toros es una manifestación artística en la que la vida y la muerte se enfrentan sin cortapisas, y dejando tras de sí una enorme carga de la mejor historia taurina.

domingo, 4 de febrero de 2024

El día que Larita cortó un rabo en Madrid

Larita triunfante visto por Roberto Domingo
El Liberal, Madrid, 10/05/1921

Matías Lara Larita
es todo un caso dentro de la historia del toreo. Nativo de Málaga, estuvo activo en los ruedos como matador de toros durante diecinueve años, siendo alternativado en su tierra el 1º de septiembre de 1914 por Paco Madrid, en presencia de Juan Belmonte. No encajaba en aquel aforismo que decía que, para ser torero, había que parecerlo, porque era corto de estatura y definitivamente obeso, pero se distinguía por tener un valor a toda prueba, que le permitía enfrentar las corridas más complicadas sin mostrar apuro alguno y salir casi siempre, airoso de tales pruebas.

Juan Belmonte afirmaba que era el torero más valiente que él había conocido, por la razón de que no les tenía miedo a los toros. Y agregaba El Pasmo: “Larita” se encierra con seis Palhas y está tan tranquilo como si se hubiera encerrado con seis gallinas... usted no sabe lo que es un Palha visto de cerca, ni quiera Dios que lo sepa...

La 8ª corrida del abono de la temporada madrileña de 1921

Ese es el bosquejo del torero que fue anunciado para actuar el domingo 8 de mayo de 1921. Inicialmente iría acartelado con Curro Martín Vázquez y Pedro Carranza Algabeño II, para enfrentar una corrida portuguesa precisamente de Palha. Posteriormente el señor Curro presentó un parte facultativo que establecía que estaba impedido para actuar en esa fecha, por lo que le sustituyó Domingo González Dominguín.

La corrida que envió don José Palha no fue de esas de ¡Horror, terror y furor! que se anunciaban en los carteles como reclamo para su divisa. Revoleras, en el diario madrileño La Correspondencia Militar del día siguiente al del festejo, resume así el comportamiento del encierro:

El ganado, los terroríficos Palhas, fueron en conjunto bien presentados; hubo en ellos toda la gama de la ganadería portuguesa, desde la catedral que salió en cuarto lugar, al carabao del sexto, con unos cuernos que eran un par de lanzas, hasta el primero, más pequeño y escurrido de carnes que los demás...; pero en general, una corrida bonita, de lámina y de arrobas… La nueva Empresa sigue presentándonos «toros», y cuando en el ruedo hoy toreros con toros hechos, nos divertimos... En la pelea fueron algo desiguales...

Por su parte, don Gregorio Corrochano, en el ABC madrileño del día 10 de mayo siguiente, reflexiona:

De los seis toros de Palha, no hubo nada más que uno francamente bravo, el sexto; los demás no fueron bravos, ni los dos fogueados ni los otros tres; pero todos fueron fáciles para el torero, y nada peligrosos. Como se trata de toros portugueses, los calificamos con frase de un ganadero portugués, Gama, aquel escrupuloso ganadero, que no regateó a Murube para hacer una buena ganadería, que luego vendió a Antonio Pérez, cuando veía toros como éstos decía: “Mansos, mai sin maldade”.

Lo que sí, es que el encierro fue variopinto, como correspondía a su origen en la época, y así por su orden, salieron: Campanero, número 90, jabonero sucio; Bombita, número 67, cárdeno oscuro; Rendero, número 91, cárdeno salpicado; Guerrita, número 99, berrendo en negro; Pastor, número 63, berrendo en jabonero y Gabado, número 9, castaño.

Fueron condenados a banderillas de fuego cuarto y quinto de la corrida, los dos berrendos.

La actuación de Larita

Larita salió vestido, según a quien se lea, de tabaco y oro según El Toreo; gris y negro, de acuerdo a El Imparcial o de paja y negro conforme a La Correspondencia de España; la realidad es que era un vestido de torear que se salía de lo digamos, ordinario, como lo pretende describir P. Álvarez, en el último de los diarios citados:

El torero vestía una «toilette» casi original. No era el traje morado y negro con que toreó una nocturna y luego se fue a Teléfonos a celebrar una conferencia; el de ayer era color paja y negro. Su hechura, sus adornos, y la colocación de éstos eran el origen del comentario. En cuanto a la primera, no sabemos claramente su clasificación. Lo que sí podemos decir es que era una casaquilla ancha y larga, dando al torero un volumen aparente, mayor del que tiene, ya algo exagerado, porque Larita no es de cintura mimbreña y flexible. Más que chaquetilla, pudiera ser ranglán, «matinée», salida de teatro o copia del paletó de Fernando VII. Tal vez haya visto lo que nos recordaba un grabado de «La Lidia» antigua, en la que estaba Cúchares. Él ya lo dijo a los espectadores: soy torero antiguo… Aquellos agremanes y azabaches pudieran ser también de alguna manteleta que usaran las contemporáneas de Cúchares o la propia María Castaña…

Pues con ese desarreglo, que quizás llamaba a la hilaridad, Larita salió a jugarse alegremente la vida y se alzó con el triunfo. Pronto demostró que iba con seriedad, como lo describe Barbadillo en su crónica de El Imparcial madrileño del 10 de mayo siguiente:

Al primer bicho, cornalón y grande, y quedadote, y manso como todos – si se exceptúa al lidiado en último lugar, noble y bravo – de la temida y dura vacada portuguesa, lo principió a veroniquear muy cerca y apretado. Al tercer lance dio la res un hocicazo en un brazo al torero y lo tiró a rodar. Se alzó Larita e hizo su habitual gesto de despreocupación, y se echó a reír la gente. Fue de las pocas veces que la gente se rio. Que era anteayer “una cosa muy seria” ver a aquel hombre jugarse la vida con aquel brío, con aquel “desparpajo” – si vale la palabra –, con aquella pasmosa e inverosímil naturalidad… Peleó la res mansurroneando y tardeando y al llegar la hora de banderillear cogió el diestro dos pares de rehiletes, y después de jugar con el cornúpeta, entrecruzó los palos como si fuesen muleta y estoque para un pase ayudado, y en esta forma, a cuerpo limpio, dio el ceñido pase a la res. Es una suerte especial del torero, la hace “como quien lava” … clavó los cuatro arpones en el ancho de un duro. Fue formidable la ovación. Cogió los trastos de matar. El bicho le achuchaba por los dos lados; más por el derecho. El hombre lo trasteó, solo en los medios, brevemente, aguantando y pegando de verdad. Y se fue el bruto a las tablas del 6, y al hilo de estas tablas, dándole la espalda al toril y en donde el toro había de empujarle atrozmente, entró el diestro por dentro, se echó encima, cruzó soberbiamente y salió el animal rodado de la mano, con el estoque entero por la cruz… Así, a lo menos, es como hay que matar… Y la ovación enorme, la oreja, la vuelta, la salida a los medios, la apoteosis. Había sonado la hora de Larita…

Pero faltaba la guinda de su actuación. El cuarto de la tarde, el berrendo número 99, nombrado Guerrita por su criador fue el que le permitió redondear el triunfo ya conseguido. P. Álvarez, en La Correspondencia de España, escribió:

El toro, que había sido fogueado, estaba emplazado frente al 5, con la cabeza por el suelo y sin arrancarse. Se llegó con la muleta en la mano izquierda, y tan cerca estuvo de él, que, dándole un palo con el estoque en el testuz, el berrendo embistió, dándole dos pases, y teniendo de nuevo que avisarlo con el estoque para que se moviera… Después de tres pases dio un pinchazo que fue aplaudidísimo, media estocada, y luego hizo Larita la nota de valentía de la tarde: con el toro en los medios plegó la muleta, metió el brazo por encima del testuz y con tranquilidad grande arrancó una banderilla, sacó con ella el estoque y descabelló. La ovación fue enorme. Se le concedieron las dos orejas y el rabo, echando éste al palco de la Empresa, donde estaba D. Federico Blanco, a quien brindó la muerte del toro…

Por su parte, Gregorio Corrochano, en el ABC hizo el siguiente análisis de esta su segunda faena:

El cuarto se lo brindó a la Empresa. El toro llegó muy tardo, a pesar de los avivadores de fuego. Larita le tanteó con la mano izquierda, y como el toro no se arrancaba y estaba muy cerca, le dio con el estoque en el hocico. Entonces el toro se arrancó muy fuerte, y, a pesar de ello, Larita repitió la suerte. Tanto, esta faena como la otra fueron muy breves; éste fue el mayor acierto de Larita, pues estos toros medio mansos hay que aprovecharlos. Esto lo saben todos los toreros; lo qué ocurre es que no siempre el torero tiene decisión para aprovechar. Mató de dos medias estocadas, la primera ligeramente atravesada, y la segunda ligeramente tendida, porque el toro derrotó mucho. Y en los medios, sin el alivio de los tableros, plegó Larita la muleta, como despreciando esta defensa, sacó el estoque con una banderilla y descabelló. Más ovaciones y más orejas. Tarde completa, de conjunto, lucida...

Del conjunto de la actuación de Larita, Antonio Casero, que hacía e ilustraba la crónica en esos días para el Heraldo de Madrid, hizo las siguientes reflexiones:

Ayer vimos a un torero serio y valiente, y aunque derrochó alegrías, se vio en la plaza lo que hacía mucho tiempo no veíamos: torear, banderillear y matar, como dicen que lo hacían aquellos toreadores de redecilla y castoreño… Ayer olía la plaza a torero pundonoroso, a torero sin estética; pero con más corazón de artista que el que más tenga, y sobre todo que sacó al público del letargo que venía padeciendo… Ayer salía la gente de la plaza animosa, con cara de haberse divertido. En los corrillos, en las mesas de los cafés, en todas partes, se hablaba del éxito de Larita. ¿Qué alguien discute todavía tal o cual detalle? Discutan lo que quieran; pero lo que es indudable es que gracias a él ayer hubo alegría en la plaza y olor a torero de los que no se peinan con cosmético, y el público salió contento, que es lo que se trataba de demostrar... El triunfador Larita salió de la plaza por la puerta grande, en hombros de las huestes que lo vitoreaban...

La impronta de Larita en la historia

Antes del de Larita, se habían cortado dos rabos en la Plaza de la Carretera de Aragón, uno por José Roger Valencia, todavía novillero, el 11 de noviembre de 1918 y otro por Gallito, el 10 de octubre de 1918 y años después, Nicanor Villalta cortaría otro a un toro de Aleas, cerrando la contabilidad del coso en ese aspecto.

Así fue la tarde en la que Larita cortó un rabo en Madrid. Larita, ese torero que, al decir de Corrochano:

Yo no sé si digo bien al llamar torero a Larita. Torero, suele ser un muchacho muy atildado, de posturas estudiadas, como una damisela, que sale a la plaza a coquetear más que a matar toros. Y Larita es, un hombre gordo, muy ancho, casi apaisado, descuidado en el vestir, que no estudió la sonrisa para el tendido, y que toda su coquetería consiste en poner la barriga en la cara de los toros…

Ojalá hubiera más toreros como Larita, con menos poses y más entrega. Quizás la fiesta no estuviera hoy en entredicho.

Aviso parroquial: Una excelente recopilación del paso por los ruedos de Larita, la pueden encontrar en este sitio del blog de la Asociación El Toreo en Red Hondo. Ojalá les resulte de interés.

domingo, 9 de octubre de 2022

25 de septiembre de 1931: David Liceaga confirma su alternativa en Madrid

David Liceaga a la verónica
Foto: Orduña
Prestada del blog Toro, Torero y Afición

Hace algo más de un año, por estas mismas páginas virtuales, recordaba el nonagésimo aniversario de la primera campaña que hizo por ruedos europeos David Liceaga, así como de la alternativa que, el 21 de junio, en la plaza de Barcelona, le otorgó Manolo Bienvenida, en presencia de Domingo Ortega, cediéndole al toro Chuponero del Marqués de Guadalest. A partir de esa fecha, el torero nacido en Romita, Guanajuato – aunque hay quien afirma que nació en la Ciudad de México – quedaba a disposición de las empresas para dar variedad a los carteles de esos días.

La alternativa en la Monumental catalana era la segunda que recibía el Maestro incómodo – Leonardo Páez dixit – pues como triunfador de la temporada de novilladas de 1930 en El Toreo, fue reconocido con la concesión del doctorado en la temporada grande, misma que recibió el domingo 11 de enero de 1931, cuando Manuel Jiménez Chicuelo le cedió al toro Palillero de Zacatepec, en presencia de Carmelo Pérez.

Como lo explicaba en los recuerdos de esa alternativa barcelonesa, David Liceaga coronaba con ella una brillante campaña novilleril, en la que llegó a torear hasta tres domingos seguidos en la Maestranza de Sevilla, compartiendo carteles con su compañero de quinta, Alberto Balderas

La tarde de la confirmación en Madrid

En corrida extraordinaria dentro del abono madrileño, se anunció para el viernes 25 de septiembre de 1931, un encierro de patas blancas de José Encinas para Nicanor Villalta, Domingo Ortega y David Liceaga, que se había presentado como novillero en la Plaza de la Carretera de Aragón el 30 de mayo anterior, alternando con Juan Martín Caro Chiquito de la Audiencia, Manuel Fuentes Bejarano y Antonio García Maravilla, en la lidia de 7 novillos de don Alipio Pérez Tabernero y uno de Clairac, octavo bis. Esa tarde cortó una oreja y Recorte, en el diario La Libertad del día siguiente al del festejo, escribió:

En Liceaga hemos observado condiciones para ser matador de toros en plazo breve. Además de lo ya dicho, tiene valor, como demostró en el revolcón peligroso que le dio el toro de la oreja durante la faena de muleta…

Esas fueron las condiciones en las que llegó a la tarde de su confirmación, esperando refrendar el buen momento que había dejado patente la tarde de su debut.

El toro de la confirmación se llamó Buñuelo, negro, girón y bien armado según las crónicas y el segundo de su lote fue Prisionero según unas crónicas o Caminante, según otras. La versión de César Jalón Clarito, en su tribuna del diario El Liberal del día siguiente al del festejo, es en el siguiente sentido:

...Torero de raza mejicana, si se entiende que el genio torero de aquella raza era así: fino, compuesto, más pagado de la bella forma que de la eficacia, más atento al adorno que a dominar. Mientras los toreros españoles han sacrificado toda su iniciativa taurina a una copia, no siempre vil, de Belmonte, los mejicanos han tenido frecuentemente su espejo en Gaona... Ninguno de ellos me lo hubiera recordado tanto como este David Liceaga, confirmado torero ayer, sino porque en su repertorio natural o instintivo intercala a ratos, cuando se preocupa, «pasos de toreo» de dos diestros que han hecho furor en su tierra: de Chicuelo y de Márquez... Salpicada de ovaciones y de olés toda la obra torera – lances de capa, pares de banderillas por ambos lados y faenas de muleta «redondeadas» por el estoque –, he estado yo más atento que a reseñarla al detalle, a penetrarme de los rasgos salientes de un nuevo astro. Repertorio de quites. Conocimiento de la suerte de banderillas, que sus enormes facultades le permitirán ejecutar en todos los terrenos. Mano izquierda desenvuelta. (Se ha despegado los dos toros tomándolos en medio palmo de tierra.) Y facilidad asimiladora. Del Gaona que no quebrantaba – la muleta y el capote no hacían más daño que un pañolillo de seda – salta Liceaga en el último toro a los pases con los pies juntos de Chicuelo y después al toreo de costado de Márquez, tan justamente tomado de su patrón, que si en vez de un ahijado artístico de allí, en vez de Solórzano, lo sería Liceaga... Mi interés, mi curiosidad – lo confieso – pueden en mí más que, mi entusiasmo. El entusiasmo no es obra de un día. Aunque – sin duda por haberlo visto más – Liceaga no sólo ha confirmado su alternativa con ovaciones entusiastas, sino que se ha llevado el título de la confirmación a hombros de sus entusiastas...

La suma de su actuación esa tarde, definitivamente deja en claro que, sin despojos en las manos, tuvo una tarde muy interesante, sombreada quizás, por la gran faena de Nicanor Villalta al toro Cabrero, segundo de la función, al que le cortó las dos orejas. Por su parte, Maximiliano Clavo Corinto y Oro, en el nocturno La Voz del día de la corrida, le vio de la siguiente manera en el segundo de su lote:

...Brinda el mejicano a su íntimo amigo el aficionado valenciano señor Musolé y comienza con tres soberbios y espeluznantes muletazos de estatua por alto, juntos los pies y rígido. Los olés y la ovación pueden oírse desde la avenida mejicana de Bucareli. Continúa el nuevo y ya profesor toreando a medio centímetro de los pitones, en un combate por altos y de pecho todo valentía. Salsa y enjundia de torero de clase extra... Tanto entusiasma la faena, que el público, cuando se prepara para matar dos veces, le pide a grito pelado que siga toreando. Y sigue el mozo desde cerca y con un estilo admirable, siempre pisándole el terreno al toro, entre incesantes aclamaciones. Después de un pinchazo arriba agarra una estocada corta en lo alto, que cae tendenciosa, dentro de un viaje de absoluta decisión. Un descabello a pulso al primer golpe y con el toro arrancado y ovación final, con salida en hombros, como los héroes de punta...

Por su parte, Federico M. Alcázar, en El Imparcial, recoge las siguientes impresiones:

...Villalta entrega los trastos al nuevo doctor. El toro está quedado, y Liceaga le llega con la muleta a los hocicos y corre superiormente la mano en dos naturales, que se jalean. Se queda el de Encinas, y el mejicano le porfía hasta darle con las «bambas» en la cara. Se arranca el toro sin fijeza y el muchacho le da otros dos naturales con más voluntad que lucimiento. Se lleva el toro a los medios, pero tampoco logra que embista. A fuerza de pisarle el terreno y atravesarse provocando la arrancada logra dar dos pases por bajo y dos de pecho estupendos. Hay facilidad, finura y sosiego, condiciones de excelente torero. Además, está cerca del toro con sentido, que es una de las cosas más difíciles. Entra muy bien a matar y coloca una estocada superior. Le ovacionan y da la vuelta al ruedo. «Debut» lisonjero, con la promesa de más espléndidos resultados... Y vamos con el último. Jirón también, pero con manchas, casi berrendo. Liceaga lancea con más voluntad que lucimiento, pues el toro echa la cara arriba y tiene tendencia a la huida. Se aplaude a Villalta en un quite, y Ortega remata el suyo con media verónica estupenda. Banderillea Liceaga, prendiendo un par al cambio desigual; repite con uno al cuarteo, cayéndose un palo, y termina con un tercero estupendo. que se aplaude... El nuevo matador de toros brinda a un amigo y comienza con tres pases por alto estatuarios, inmóviles, sacando la muleta por el rabo. Estalla la ovación y Liceaga se queda con la muleta en la zurda y liga tres naturales buenos. Continúa con la derecha toreando en redondo y de pecho colosalmente. Cada muletazo es una explosión de entusiasmo. La faena es de una finura, un arte y un sabor torero magníficos. Lo más sorprendente en este muchacho es la tranquilidad, el sosiego y el sentido con que ejecuta el toreo. El público se entrega al nuevo matador de toros, que continúa la faena por altos y de pecho estupendos. Pincha arriba y repite con una corta defectuosa. Le despiden con una ovación y unos espontáneos le alzan en hombros. Alternativa brillante de un buen torero, un artista admirable, sobre todo en el último tercio. Torero fino, bonito, fácil y con el valor necesario. Es de lo mejorcito que ha venido de Méjico...

Y tercia don Gregorio Corrochano, en su sitio del ABC de Madrid, escribió:

...Liceaga tomaba la alternativa en Madrid. Estuvo valiente, fácil, ágil, muy ágil, y tranquilo en la cara de los toros. Tiene unas facultades extraordinarias que, bien empleadas, pueden ser buenos recursos. En el tercio de banderillas, al que le vimos aficionado, pueden serle de gran utilidad y rendimiento. Banderilleó los dos toros con facultades... El primero era un toro mansote, pero Liceaga, muy cerca, desafiando mucho, entre los pitones, sacó partido del toro. Entró derecho a matar y dio una estocada entera, de la que murió el toro. El torero dio la vuelta al ruedo. Tiene un toreo alegre y simpático. Al sexto toro – esto es lo terrible de la alternativa, la distancia del primero al sexto – le dejó pasar con los pies juntos tres o cuatro veces, y yo, que no soy partidario del toreo a pies juntos, hubo un momento en que me asusté, porque el toro se volvió una vez un poco vencido, y Liceaga, sin enmendarse, le esperó. El público se emociona también; sigue la faena ya con mejor estilo, esto es, llevando al toro más toreado, y mató de un pinchazo, media atravesada y un descabello a toro arrancado. Salió en hombros. Sereno, alegre y ágil, muy ágil...

Los siguientes días de David Liceaga

El torero de Guanajuato sumó apenas cuatro corridas esa campaña del 31, pero su buen hacer le obtuvo el verse anunciado en la feria de San Miguel en Sevilla, en idéntico cartel al de la tarde de su alternativa, pues le precedían en la lidia Manolo Bienvenida y Domingo Ortega, ante los toros del Marqués de Guadalest.

Volvería a México y en la temporada 1931 – 32, tendría en El Toreo un par de tardes rotundas, pues en la del 17 de enero de 1932, le cortó el rabo a Hortelano de La Laguna y el 5 de febrero siguiente obtuvo el de Consentido, también de La Laguna en la primera corrida de la Oreja de Oro.  Regresaría a España en 1932, toreando seis festejos y de regreso en México tendría, el 5 de febrero de 1933, una tarde en la que se produjo un hecho entonces inusitado, pues el toro Ilustrado del Marqués de Villamarta que le tocó en suerte, fue indultado en El Toreo de la Condesa.

En 1938 renunciaría a la alternativa que recibió en Barcelona y la tomaría en definitiva en El Toreo de la Condesa, el 18 de diciembre de 1938, siendo su padrino Fermín Espinosa Armillita y atestiguando la ceremonia Silverio Pérez. Los toros fueron de La Punta y el de la alternativa fue llamado por sus criadores Cabrero. Esa tarde, lo grande lo realizó ante el sexto, Trianero, al que le cortó el rabo.

Todavía le quedaban grandes faenas por firmar a David Liceaga: las de Bombonero de La Laguna, Azafranero de Carlos Cuevas, Zamorano de San Mateo, Bonfante de Xajay, Afinador de Torrecilla, Cirquero de Zotoluca o Florista, también de Torrecilla. Algunas ya las he tratado de contar por aquí, y seguramente me ocuparé de las otras.

David Liceaga fue el primer diestro en torear una despedida en la Plaza México, fue el 2 de febrero de 1947. Reaparecería el 20 de junio de 1948 en Ciudad Juárez, Chihuahua y seguiría actuando con frecuencia, hasta llegar a la que fue su última corrida en Mérida, Yucatán, el 11 de enero de 1959.

David Liceaga, tronco de una larga dinastía de toreros, falleció en León, Guanajuato, el 2 de noviembre de 1996.

Aviso parroquial: Los resaltados en los textos de Clarito, Corinto y Oro, Alcázar y Corrochano son obra de este amanuense, pues no obran así en sus originales... Esta es la entrada número 700 de este blog...

lunes, 25 de julio de 2022

Hace 90 años: Armillita y seis toros de Marcial Lalanda en Madrid (II/II)

Pasajes de la corrida del 24 de julio de 1932
Roberto Domingo
La Libertad, Madrid, 26 de julio de 1932

Puestas las cosas como quedaron, el diario ABC madrileño anunciaba el domingo 24 de julio del 32 en su sección Cartelera madrileña lo siguiente:

Plaza de toros de Madrid. – Hoy, domingo 24 de julio de 1932, a las cinco y cuarto de la tarde, tendrá lugar el esperado acontecimiento taurino del año. Los seis toros de la ganadería de D. Marcial Lalanda, que tantos comentarios han despertado entre la afición, los matará el artista mejicano Armillita Chico, que en su última actuación se consagró como una de las primeras figuras del toreo. Esta corrida ha despertado enorme expectación.

Por otra parte, en el número del 29 de julio del semanario La Fiesta Brava de Barcelona, José Díaz de Quijano Don Quijote, escribía:

¡Gallardo modo de saldar un incidente que sí ha tenido mucha publicidad, no nos interesa por lo que tenga relación entre el artista y la Empresa! ... Sólo nos incumbe recoger la bizarría del gesto que supone, como fin y coronamiento del incidente, encerrarse sólo, en la Plaza de Madrid, con los mismos seis toros de la corrida suspendida, origen de él... Sea cual fuere el resultado artístico de la hazaña (escribo en vísperas del acontecimiento), basta ese bello gesto para registrarlo como algo insólito en estos tiempos, como algo que tiene aroma y empaque de antigua estampa, gesto de figura de otra época... Celebraré que la suerte acompañe a Fermín Espinosa en la proeza, y que nos pueda brindar una segunda edición de la faena cumbre del 5 de junio, la mejor de la presente temporada.

Con esos deseos y a la hora anunciada, salió Fermín Espinosa por la puerta de cuadrillas, vestido de verde con bordados en pasamanería negra, llevando entre sus cuadrillas a Alfredo Gallego Morato, Luis Suárez Magritas, Eduardo Anlló Nacional y Antonio Duarte y a caballo, a Pablo Suárez Aldeano, Dacio Martín Pontonero, y Sevillanito. Como sobresaliente fue el novillero Eulogio Domingo. Fue llamado varias veces a agradecer ovaciones en el tercio antes de que saliera el primero de la tarde, parecía que todo marcharía sobre ruedas.

Los toros que se lidiaron, de acuerdo con lo publicado por los diarios La Nación de Madrid y El Adelanto de Salamanca se llamaron por su orden Relator, negro, número 9 con 430 kilos; Pegajoso, berrendo en negro, número 25, con 475 kilos; Peruano, negro bragado, número 20, con 471 kilos; Hierrodulce, berrendo en negro, número 1, con 474 kilos; Reculón, número 8, con 468 kilos y Pescador, número 7, con 474 kilos.

La conjura de la prensa madrileña

La historia nos deja claro que Armillita no asegundó su triunfo del 5 de junio anterior, pero la mayor parte de la prensa de Madrid de la época parece haberse empeñado en establecer que su actuación fue un rotundo fracaso. Pondré aquí extractos de las firmas más conspicuas, para que se pueda apreciar la forma en la que se le tiraron al cuello al Maestro de Saltillo.

El ya nombrado Carlos Revenga Chavito, en La Nación tituló su crónica Armillita Chico fracasa en Madrid de manera rotunda. La absurda vanidad de un torero y entre otras cosas escribió:

...El público, inocente y cándido, acudió al circo taurino ayer, domingo, hasta llenarlo, y acogió la presencia de Armillita Chico con una ovación de simpatía, de aliento, de esperanza... No me alegré al ver los carteles, porque desde el primer momento adiviné que se trataba de la absurda vanidad de Armillita Chico, que, cegado, equivocado, se creía con arte suficiente para matar los seis toros y divertir al respetable... Yo, de haber escrito algo, hubiera sido para decir que incluyeran el nombre de algún otro torero, pues Armillita, él solo, aburriría a la afición... Durante la lidia de los seis toros, con la capa dio unos lances compuestitos, que no convencieron a nadie; unas chicuelinas feas, y ejecutó un quite rabiosete, y tal... Prodigó los lances movidos, encorvados, medrosos, sosos, faltos de temple, de mando, de gracia, de valor, de deseos de agradar... Con la muleta toreó siempre muy movido, indeciso, con precauciones, sin ton ni son... El fracaso de Armillita Chico fue grande y merecido, pues no tuvo ni un solo destello de arte y valor... Abandonó la plaza en medio de una gran bronca y varios guardias...

Por su parte, José Luis Mayral Martínez Corinto y Plata, en La Voz, asevera:

... ¿Análisis técnico de la actuación de Armillita? Sería largo, penoso, improcedente. Decoro y decisión al matar a su primero; dos pares de banderillas en su segundo; unos quites apretados, repartidos entre los seis toros; unos naturales buenos ligados con algún pase de pecho, creemos recordar que al quinto toro. Y eso fue. Nada más que eso. Muy poco para diluido entre la lidia de seis toros: lo suficiente para taparse y para no quedar mal en una corrida corriente, en la que hubiese despachado dos toros nada más... El triunfo grande fue del ganadero D. Marcial Lalanda: dos toros excelentes, dos regulares y dos, aunque sin exceso de bravura, manejables y sin dificultades insuperables. Con esto de ayer y con cuidar de que no se filie a las reses con nombres extraños, desacostumbrados, que puedan dar lugar a coincidencias indiscretas, se puede seguir adelante, camino de otros éxitos...

El que deja un mensaje lacónico, pero contundente, es quien firma como Cayetano, en el diario madrileño Luz:

...Ayer hubo toros, hubo buenos peones que los supieron torear y un equivocado: el público, que confió en el valor de Armillita Chico... Lo único que probó el mejicano es su constancia: salió decidido a no arrimarse y lo cumplió. ¡¡Es todo un carácter!! ...

Gregorio Corrochano, en el ABC, con algo más de clase, también atiza a Armillita y al propio ganadero, por no salir a matar sus propios toros:

Para torear seis toros hace falta estar sobrado de recursos, de valor, de entusiasmo. Salir a poder con los seis. En esta corrida los toros dudaron mucho y Armillita dudó más, y anduvo como borrado, casi invisible, toda la tarde. Y yo lo sentí mucho. Hubiera deseado una tarde decidida, que fuese una lección a los toreros españoles que no quisieron la corrida de Marcial, incluyendo el propio ganadero. Porque ¿para cuándo se deja la ocasión de ser torero? Al ver don Marcial que no querían sus toros, debió decirle a Marcial: toréalos tú.

Como se puede apreciar de lo citado, los principales de la crónica taurina madrileña de la época parecieron querer acabar con Armillita. No le quisieron perdonar el que se hubiera salido de la corrida que perdió su carácter de extraordinario el 9 de junio anterior cuando Manolo Bienvenida se cayó de ella por una lesión, siendo sustituido por un torero que a esa fecha apenas tenía una tarde toreada en la temporada. En retrospectiva, veo también la mano negra de Marcial Lalanda, ganadero en la oportunidad, líder del escalafón en el calendario y presidente de la Unión de Toreros, es decir, tenía todo el poder en sus manos para tratar de echar fuera del primer círculo a cualquiera.

Los que mostraron objetividad

Pero no todos los escribas se sometieron a los poderes fácticos. En la prensa de esos días encontré un par de relaciones que vale la pena tener en cuenta. Expresan puntos de vista diametralmente opuestos a los revisados hasta este momento, y si bien no presentan una tarde triunfal de Fermín Espinosa, creo que ponen las cosas en su justo sitio.

La primera es la de Rafael Hernández y Ramírez de Alda Rafael, encargado de la crónica taurina en el diario madrileño La Libertad, que tituló su reseña Los toros de Marcial y el rasgo de Armillita, de la que extraigo:

... ¿Fracasó Armillita Chico? Si se atiende a que no alcanzó grandes ovaciones, ni cortó orejas, ni salló en triunfo, entonces sí, hay que declarar que fracasó. Pero si se tiene en cuenta la consideración que hemos expuesto anteriormente y la forma en que pelearon los toros, no sería justo decir que fracasó el torero mejicano, porque otros muchos, aunque con menos frialdad, hubieran estado peor que él... No hubo, en realidad, ni éxito ni fracaso. Ocurrió lo que los aficionados esperaban. Armillita, torero fácil y seguro, se deshizo fácilmente de la corrida, enviando al desolladero en poco más de hora y medía los seis toros más gordos, la corrida mejor presentada y de más respeto que se ha lidiado esta temporada en Madrid. Pero, eso sí, en medio del mayor aburrimiento del público, porque toda la corrida se deslizó en un tono gris, sin emociones ni incidentes... El éxito lo tuvo Armillita Chico antes de la corrida. Llenar la plaza de Madrid a fines del mes de julio es un éxito grande, y ese se lo apuntó el mejicano, que oyó al hacer el paseo una cariñosa y larga ovación... Yo creo que Marcial no ha tenido acierto al enviar a Madrid una corrida tan bien criada y tan bien armada, porque, entre otras razones, y no es la menor la de que él sigue siendo torero, ha contribuido a que se forje en torno de su ganadería una leyenda terrorífica que dista mucho de ser acertada...

La segunda es la que firma V. Bejarano en El Adelanto de Salamanca. La titula Nada menos que todo un hombre y trae pasajes de esta guisa:

...Armillita Chico ha demostrado que salía dispuesto a evitar la actuación del “sobresaliente”; que es torero fácil, quizá excesivamente fácil, y por esto no produce emoción, que lo mismo le dan seis toros que sesenta; que sabe tanto como el que más; y que cuando a otros les llega el agua al cuello, a él ni a los tobillos... consciente Marcial de su deber, ha mandado una corrida de toros como se debe mandar a la plaza de Madrid. Nada de “corridón”, una corrida gorda, bien puesta de cabeza, de tipo fino, una corrida preciosa... Es cumplir su mayor obligación como ganadero nuevo, pues en los demás aspectos, él no puede dar más que lo que compró. Que después vendrá el modificarlo, si fuera menester, conforme lo demanden su afición a la nueva modalidad taurina en que ingresa y conforme a su competencia, que es grande... Un “quid pro quo” absurdo, apartó a Armillita Chico de la plaza de Madrid, momentáneamente. Se salvaron los “tiquis miquis” con la empresa y Armillita Chico pudo ver en práctica su ofrecimiento y su deseo de torear él solo los seis toros que hubieron de quedar sin torear el día que se le anunció y que hubo que suspender la corrida... El público, apasionada y engañadamente injusto. Esperaba seis (SEIS, ni una menos) faenas como AQUELLA, y no se da cuenta que AQUELLO sólo lo hace el que sabe (este Armillita) cuando puede. Y hoy no “se” ha podido... Excelente “debut” de Marcial como ganadero. Tanto han gustado sus toros al público, sus bravísimos toros, que como bravos se ovacionó a casi todos en el arrastre, y para uno se pidió el máximo honor de la vuelta al ruedo...

Creo que la lectura de estos dos pasajes nos permite ver que la actuación del Maestro Armillita no fue lo triunfal que se hubiera podido esperar, pero tampoco el gran fracaso que plantearon las crónicas de los principales escribidores madrileños de esas calendas.

No obstante, el hecho merece ser recordado, sobre todo porque en estos tiempos que corren resulta impensable que un torero mexicano vuelva a enfrentar, solo, seis toros en la plaza de toros de Madrid, vamos, ni siquiera en la de Vistalegre, así pues, estamos recordando un hecho singular, que en la historia de nuestra fiesta ha ocurrido un par de ocasiones. Esta que traigo aquí ahora, ha sido la segunda y seguramente, la última.

Aviso parroquial: Los resaltados en los textos transcritos son obra exclusiva de este amanuense, pues no constan así en sus originales.

domingo, 17 de mayo de 2020

Talavera de la Reina. La prensa regional toledana un siglo después (II/II)

Entrada a la corrida del 16 de mayo de 1920 en Talavera
Cortesía: Colección de D. Gabriel Vegas
Retomo aquí lo dejado pendiente ayer, y presento la conclusión de la revisión hemerográfica sobre la muerte de Gallito.

En el Eco Toledano

Verde y Oro era la firma taurina de El Eco Toledano. Diario defensor de los intereses morales y materiales de Toledo y su provincia, dirigido por su propietario Antonio Garijo. Su versión de los hechos es menos prolija y más compuesta en un sentido literario. En algunos pasajes da la impresión de haber combinado sus notas del festejo con la versión de algún otro asistente de confianza y después haber compuesto la crónica para no dejar a su diario sin la información del momento, eso se nota sobre todo, cuando invoca el lugar común de la herida en la femoral como causa de la muerte del diestro de Gelves y cuando complementa su relación con datos de otros sitios, como veremos enseguida:
Las víctimas del toreo 
Muerte de Joselito, en Talavera 
El lidiador más sabio y alegre que conocieron los tiempos, ha perdido ayer tarde la vida en una plaza de toros de quinto orden, pues de otra categoría no podemos calificar la de Talavera de la Reina de nuestra provincia. 
¡Pobre Gallito! Nos parece un sueño que haya matado un toro al que desde el año 1912, puso con su querido compañero Juan Belmonte, la Fiesta Nacional a un nivel no conocido en ninguno de los anales de la tauromaquia. 
Un morlaco de la ganadería no asociado de la Sra. Viuda de don Venancio Ortega, tiró al maestro, uno de esos cornalones que llamamos de caballo, seccionándole la femoral y produciéndole enorme destrozo en la región de los intestinos, falleciendo el gran torero, apenas llegó a la enfermería, en brazos de las asistencias. 
La tragedia ocurrió cuando se hallaba pasando de muleta al quinto toro de la citada ganadería, que era gordo, astifino y largo de cuello. Parece ser que a José no le gustó el bicho desde que salió de los chiqueros y le tomó justificadas precauciones, que fueron en aumento; y al disponerse a prepararle con un pase para abrirle más de tablas y estando el espada casi materialmente metido entre los pitones con el fin de que el toro se confiara y no se le fuera, no tuvo éste más que largar el pescuezo, pegar el hachazo y quedarse con el muchacho, al que volvió a recoger del suelo. 
El momento fue de inmensa emoción en el público y las cuadrillas, que con Sánchez Mejías al frente, continuaron la lidia bajo la impresión que es de suponer. 
Después... ¡el horrible cuadro de dolor para todos! Joselito ya sabéis lo querido que era para los suyos y por todos los aficionados y no aficionados. 
La ciencia no pudo salvar al que ya salió casi muerto del asta del toro. 
En Talavera, en Toledo, en Madrid, en... toda España ha producido la fatal noticia una honda pena. ¡Un diestro de esa categoría, en sus veinticuatro años de edad; millonario e ir a morir a una plaza de un pueblo, como quien dice! 
A José lo acompañaba desde a el año pasado cuando la cogida que tuvo en Madrid con aquél Benjumea, una mala estrella, hasta el punto que anteayer mismo en esta misma plaza, el último día que pisó en ella un sarraceno que le despidió para siempre con un almohadillazo que le alcanzó la cara... ¡Quién diría a Joselito que aquello era el fin de su historial en el ruedo de su más afecto, el de Madrid! 
No acierto a escribir, queridos lectores, una sensación nerviosa me embarga desde ayer, porque para mí en la fiesta de los toros me arrastraban desde hace ocho años nada más José y Juan. Sin ellos no sabía ir a la plaza. 
Ese gran carro con las dos poderosas ruedas que transportaba a la afición y formaba los dos bandos en que la tenía dividida, queda desecho. 
La fiesta ha perdido el ciento por ciento de su entusiasmo e interés. 
A las empresas les ha llegado un golpe inaguantable y los toreros han perdido al maestro de maestros. 
Talavera de la Reina, nombre que ha de quedar grabado en los fastos del toreo, se ve invadida de aficionados y gentes de todas clases, altas, medias y bajas categorías que han ido a rendir el último adiós a Joselito
Más de doscientos automóviles llegaron de Madrid. ¡De toreros no digamos nada! Su inseparable Belmonte fue presa de un fuerte síncope al saber la triste noticia y está abatidísimo. 
¡Y Rafael! ¡Pobre Rafael! ¡No quería ver el cadáver cuando llegó! 
Bombita, Gaona, Fortuna, La Rosa... ¡todos los diestros, ex diestros y admiradores que ayer estaban en Madrid, están en Talavera desde anoche. 
El cuerpo de Joselito será embalsamado y transportado por ferrocarril a Sevilla, donde recibirá sepultura en el suntuoso panteón de familia, del Cementerio de San Fernando. 
Descanse en Paz el torero más grande que conoció el revistero y amigo imparcial, que vierte lágrimas por su muerte.
Un breve análisis de las dos crónicas

Me llama la atención que en la extensa crónica de El Castellano, se pronuncie el nombre completo de la titular de la ganadería que lidió los toros del festejo, es decir, el de doña María Josefa Corrochano Viuda de Ortega, dejando claro su parentesco (algo que siempre escuché, pero de lo nunca que tuve real certeza) con Gregorio Corrochano y que por la corrección política que exigió en su día el respeto al cronista más influyente de su tiempo, se dejó pasar a la historia como el de la Señora Viuda de Ortega, ocultando sus demás señas, para no avergonzar o dejar en entredicho al venerable don Gregorio.

Igualmente me llama la atención que se exprese el origen de Bailaor, pues resulta ser similar a lo que hoy conocemos como los patasblancas o encaste Vega Villar, producto de un cruce entre Veragua y Santa Coloma, aunque en sus inicios. ¿Sería que Corrochano aconsejaba a sus parientes como llevar la ganadería? ¿O sería que seguían los pasos de Pepe Vega y esta tragedia les cortó el camino? Además, leo una información que no recuerdo haber visto en ningún otro lugar, y es el parte facultativo de la herida que le costó la vida a Joselito. Aunque lo que les presento se trata de prensa regional, contiene información que al paso del tiempo se vuelve invaluable, como podemos ver.

El último parte facultativo

El reporte de la necropsia practicada al día siguiente por los médicos José Fernández Sanguino, Antonio Fernández Sanguino y Fermín Muñoz Urra, refiere lo siguiente:
En la inspección exterior, una herida de forma circular, de siete centímetros de diámetro, en la región hipogástrica derecha. En la cavidad abdominal, perforación de peritoneo y rotura de tres asas intestinales. Desgarro de la aorta descendente a nivel del cuerpo de la segunda vértebra lumbar. Hemorragia interna, producida por la herida arterial, mortal en pocos minutos y sin posibilidad de ninguna intervención científica.
De manera tal que queda confirmado el parte facultativo que se contiene en la relación de El Castellano y la necesaria mortalidad de la cornada que Bailaor infirió al considerado el más poderoso de los toreros.

Los infaltables

En la edición de El Castellano del día 18 de mayo de 1920, en su primera plana (la noticia de la muerte de José en Talavera se dejó para la tercera), quien firmó como Estebanillo González alza su voz y a partir de la reciente muerte de Gallito en Talavera, encuentra una razón para pedir la abolición de la fiesta de los toros. Su arenga de ocasión es la siguiente:
¡No más toros! 
No incurriremos en la vulgaridad de hablar contra las corridas de toros en nombre de la civilización, ni menos vituperaremos a nuestra patria por no haber sabido europeizarse, como por ahí dicen algunos ignorantes. 
Entre el repugnante boxeo que tanto interés despierta entre ingleses y yanquis y las corridas de toros, preferimos éstas cincuenta veces, por ser menos crueles, por haber en ellas más arte y sobre todo, por ser algo nacional. 
Pero aún llevando hasta el extremo nuestra benevolencia, tampoco podemos admitir que las corridas de toros sean precisamente una escuela de ahorro y de cultura. De esto se ha dicho ya tanto, que sería superfluo añadir nuevas consideraciones. 
También en nombre de la Agricultura nacional y en nombre de la Sociología se ha pedido la supresión de las corridas de toros, pues grandes dehesas que ahora se dedican a la cría de reses de lidia podrían ser cultivadas provechosamente y dar empleo y sustento a centenares de familias; razón que no deja de tener peso en la actual crisis de subsistencias. 
Valgan lo que valiesen estas razones, decimos que nunca se presentará ocasión más propicia para prohibir las corridas de toros. 
Ha perdido la vida un torero que por su habilidad, por su juventud y por sus cualidades personales gozaba en toda España de las simpatías aún de aquellos que no son aficionados a las corridas de toros. 
La prohibición de las corridas sería un funeral espléndido a la memoria de Joselito. Después de él, nadie. 
Nosotros propondríamos que por suscripción nacional se erigiese un gran monumento al gran torero muerto en Talavera. Podría ser un monumento alegórico a esa que ha dado en llamarse fiesta nacional y para el cual sobrarían motivos ornamentales en la historia de la tauromaquia. En ese monumento podrían inmortalizarse las grandes eminencias en el arte de Cúchares
Y cuando estuviese erigido el monumento, propondríamos también que las cortes publicasen una ley con estos dos únicos artículos: 
Para satisfacción y consuelo de los aficionados, se permite celebrar una última corrida en cada plaza. 
Una vez celebrada esta corrida de consolación, se derribarán todas las plazas que no puedan aplicarse para otros usos y quedarán prohibidas para siempre las corridas de toros. 
Más difícil que esto era la prohibición de las bebidas alcohólicas y ha bastado la voluntad de Wilson para lograrlo. 
España debería gratitud al hombre público que lo intentase.
Los argumentos de quien pide la supresión de las corridas de toros no nos suenan extraños hoy. Habla ya, desde hace cien años, de la integración de España a Europa y de la necesidad de tierras para el cultivo, y curiosamente, el quizás argumento central de su disertación, se constriñe a la protección de la vida y la integridad física de quienes tomaron al toreo como forma de vida. En esta última cuestión es en lo único que difiere su postura de la de los actuales abolicionistas, que se preocupan más por la integridad del toro que se lidia, que por los hombres que se enfrentan a él. Como podemos ver, a un siglo vista, nada nuevo hay bajo el sol.

Concluyendo

Así es como se vio en la cercanía del tiempo y del espacio la muerte de Gallito. No son los renombrados escritores, ni las tribunas de importancia las que transmiten la información, pero como decía al inicio, tiene el valor agregado de que se publicó de inmediato, fijándola para la posteridad y dejando claros algunos datos que la historia oficial a veces oculta o pasa por alto.

Espero que estos puntos de vista, poco leídos, estudiados y dados a conocer, les hayan resultado de interés.

Agradecimiento

Quiero agradecer al aficionado gallista don Gabriel Vegas, el haberme facilitado las imágenes que ilustran estas dos participaciones.

Igualmente hago notar que otra versión de estas dos entradas la publiqué aquí y aquí hace diez años.

Los originales de las crónicas transcritas las pueden encontrar en estas ubicaciones:

Diario El Castellano del 17 de mayo de 1920.

Diario El Castellano del 18 de mayo de 1920.

Diario El Eco Toledano del 17 de mayo de 1920.

Diario El Eco Toledano del 18 de mayo de 1920.

sábado, 16 de mayo de 2020

Talavera de la Reina. La prensa regional toledana un siglo después (I/II)

Cartel de la corrida del 16 de mayo de 1920
Cortesía: Colección de D. Gabriel Vegas
Hoy se cumplen cien años de la muerte de Gallito en Talavera de la Reina. Las versiones que  más conocemos son las consideradas oficiales, las que publicaron los escritores más renombrados de ese tiempo y la de Gregorio Corrochano es la que tiene primacía sobre las demás, dado que él fue testigo de excepción de la tragedia de ese 16 de mayo en el coso que, el 29 de septiembre de 1890 inauguraran Fernando Gómez El Gallo y Antonio Arana Jarana lidiando toros de Enrique Salamanca.

No obstante, existen otras versiones de los sucesos que Guerrita llegara a calificar en el momento como el fin del toreo, y algunas de ellas con el valor añadido de la inmediatez. En el repositorio de la Biblioteca Virtual del Centro de Estudios de Castilla La Mancha y en la de Prensa Histórica del Ministerio de Cultura encontré dos diarios toledanos de la época, El Castellano y El Eco Toledano, en los que con cierta profusión de detalles se narran los sucesos de la última corrida lidiada por el menor de Los Gallos.

Los ejemplares de estos dos diarios vieron la luz al día siguiente del suceso, lunes, a despecho de la Ley del Descanso Dominical de Antonio Maura, en vigor desde septiembre de 1904 y que aunque un año después había levantado la prohibición del trabajo en domingo para los periódicos, justamente el 15 de enero de 1920 volvió a reiterar la prohibición de laborar ese día para los periódicos. 

Creo que aquí es donde reside uno de los grandes valores de la información en ellos contenida, porque a despecho de las sanciones que pudieran recibir derivadas de la Ley de Maura, los editores de dichos periódicos primaron la inmediatez en la transmisión de la noticia trascendente y también si consideramos que los diarios principales no darían la noticia sino hasta el martes 18 de mayo, debido al referido descanso.

¿Por qué fue Gallito a Talavera?

Existen diversas versiones que justifican la presencia de Gallito en Talavera ese 16 de mayo. La más común es la que sitúa a José y a Juan, el 15 de mayo, comentando la insufrible situación que pasaban en el abono madrileño, donde la afición, por la escasa presencia de los toros y el nulo juego que daban, llegaba incluso hasta a las manos con los toreros. En ese diálogo, se llega al consenso de que hay que retirarse de Madrid por un tiempo y allí surge para Joselito la posibilidad de ir a Talavera, una plaza de la que se ha escrito, le hacía mucha ilusión, porque la había inaugurado su padre.

Tanto así, que Francisco Narbona y Antonio García Ramos, en la biografía que escriben de Ignacio Sánchez Mejías, afirman que el cartel original del festejo del 16 de mayo de 1920 en Talavera estaba conformado por los toros de la Viuda de Ortega para Rafael El Gallo, Ignacio Sánchez Mejías y Larita, pero que al quedar desligado José de su compromiso madrileño, se decidió que la corrida fuera un mano a mano entre él e Ignacio, con el mismo encierro, producto de un cruce entre vacas de Veragua y toros de Santa Coloma.

Creo que esta versión es buena como recurso literario y nada más. Si se revisa la prensa madrileña de esas fechas, se podrá encontrar en el semanario El Toreo de Madrid, en su número del 10 de mayo de 1920, el anuncio de que el cartel de las fiestas de Talavera sería el mano a mano entre Gallito y Sánchez Mejías con toros de Ortega y en los días subsecuentes, el diario El Heraldo de Madrid anunciaba que la Compañía de Ferrocarriles de Madrid, Cáceres y Portugal ofrecía un tren especial para la corrida además de los ordinarios, que saldría a Talavera a las 7:30 de la mañana y regresaría a Madrid a las 8:30 de la noche de esa misma fecha.

Entonces, la versión literaria es solo eso, literatura.

En tiempos recientes se ha hecho pública una versión políticamente incorrecta sobre la presencia de Gallito en Talavera. Es la que presenta Domingo Delgado de la Cámara en su libro Avatares Históricos del Toro de Lidia y que cito enseguida:
…La obra de Joselito fue admirable: creó el toro moderno… Pero también hizo otras cosas menos buenas y más vergonzantes. En el cortijo de Los Merinales por orden de Joselito se instaló una barbería para adecentar las corridas que torreaban los fenómenos. Los Merinales era un apeadero ferroviario donde se embarcaban todas las corridas de las ganaderías sevillanas. Pero antes de ser encajonados, los toros pasaban por un pequeño trámite. Una menudencia sin importancia que llenó de ira a Gregorio Corrochano cuando se enteró. 
Corrochano lo hace público; Joselito se indigna, pues lo considera una traición personal. Durante el año de 1919 no se hablan. Los palos que atiza Corrochano a Joselito desde su tribuna de ABC son tremendos. Al final hubo paz. A Joselito no le interesaba tener en contra al crítico más influyente de la historia. En el transcurso de la comida reconciliatoria se llegó al siguiente acuerdo: Corrochano se compromete a retractarse de lo dicho y a poner bien a Joselito; José a cambio se compromete a torear la corrida de feria del pueblo de Corrochano, un pueblo sin la menor importancia taurina llamado Talavera de la Reina. Esa y no otra fue la razón por la que Joselito fue a torear a Talavera…
Quizás una combinación de los dos motivos expuestos nos de la motivación exacta del por qué de la presencia de Joselito en Talavera ese día. Don Miguel Lizón cuenta que José pretendía que le acompañara a la corrida José María de Cossío, quizás para tener otro testigo de calidad en lo que allí sucediera, pero la compañía del enciclopedista del toreo no fue posible por un compromiso familiar, así que tuvo que asistir al compromiso sin esa deseada compañía.

En el diario El Castellano

Es el número 3,262 de El Castellano. Diario de información el que contiene la relación de los sucesos de la corrida del día anterior en Talavera de la Reina. No menciona el nombre de su director, aunque por un anuncio contenido en su cuarta página, deduzco que lo publicaba la Editorial Católica Toledana, que para aprovechar la imprenta, ofrecía servicios de impresión en general a la comunidad.

La descripción de los acontecimientos, remitida por el cronista A. Zamora por la vía telegráfica a la redacción de El Castellano el día de los hechos es la siguiente:
Desde Talavera. Corrida tristemente memorable. Emocionante cogida de Gallito. La muerte del gran torero 
¿Presentimientos? 
¡Qué mala cara tienes! 
La expectación reinante entre la afición para presenciar la corrida de feria de ayer en Talavera de la Reina era grandísima. 
El viernes, a las tres de la tarde, ya se habían agotado las localidades en taquilla, que pasaron en su inmensa mayoría a mano de los revendedores. Localidad hubo que se pagó a 50 pesetas, sin que las autoridades pusieran coto a estos abusos; pues momentos antes de empezar la corrida, en las inmediaciones de las puertas de entrada a la plaza, el comercio clandestino de billetes era escandaloso y público. 
La animación en las inmediaciones del edificio y particularmente en su interior, fue como jamás se ha conocido en Talavera.
La plaza se hallaba ocupada en su totalidad, abundando en palcos y gradas inmensidad de bellas señoritas ataviadas con la clásica mantilla española y el castizo mantón de Manila. 
En el palco de la presidencia tomó asiento, además del alcalde D. José González de Rivera, el gobernador civil de esta provincia, D. José De Figueroa y otras distinguidas personalidades. 
Las cuadrillas fueron acogidas con una gran ovación al hacer el paseo, al compás del pasodoble Gallito por ser la primera vez que pisaba este ruedo. 
El tiempo amenazaba con lluvias, que por fortuna no se confirmaron. 
La lidia de los cuatro toros primeros fue corriente, dadas las condiciones que reunía el ganado, que cumplió bastante bien en el primer tercio, poniéndose difícil en los dos restantes. 
Al cuarto toro le banderillearon, a petición del público, los maestros, saliendo por delante Sánchez Mejías, que arrancando desde el estribo y a cuatro pasos del de Ortega, prendió un soberbio par, sobrado de valentía. 
Joselito puso uno en los medios muy artístico y muy valiente. Mejías cambió a cuerpo limpio en la preparación de su segundo par, que después clavó saliendo del estribo. 
Joselito cerró el tercio con otro par de poder a poder. 
Lidia del quinto toro 
El quinto toro de Dª. María Josefa Corrochano, viuda de Ortega, llamado Bailaor, brocho y cornicorto, negro zaíno, de cinco años, hijo de la vaca Bailaora de Veragua y del toro Canastillo de Santa Coloma, comprado a D. Dionisio Peláez, hizo una pelea en varas de toro bravo, certero y pegajoso. 
Entró a los caballos cinco veces desde largo, dejando sobre la arena los cinco pencos. 
En banderillas presentaba alguna dificultad e hizo varias arrancadas fuertes con ánimo de cobrar caza. 
Joselito, que vestía por última vez terno grana y oro, se dirigió al toro con cierta desconfianza, toda vez que la gente le oyó decir al bicho: ¡Qué mala cara tienes! 
¿Presentiría el Wilson del toreo lo que pocos momentos más tarde iba a ocurrirle? 
Joselito lo tomó con un ayudado, cambiándose luego la muleta por la espalda y después de otros pases vistosos, el toro tomó la querencia de un caballo situado en los tercios entre el 1 y el 2. 
Con pases de tirón trató de sacarlo de su querencia, llegando a distanciarle en parte del caballo muerto. 
Cogida de Joselito 
Al intentar un nuevo pase por bajo se le arrancó el toro con tal ímpetu, que no pudiendo defenderse el torero de la terrible acometida, salió enganchado en el pitón izquierdo, volteado y derribado, quedando tendido en la arena con las manos sobre el vientre y en estado cadavérico, pasando en hombros de sus banderilleros a la enfermería. 
La aparatosa cogida del diestro emocionó enormemente al público y lidiadores, quienes desde un principio sospecharon el fatal desenlace que pudiera tener. 
Su cuñado Sánchez Mejías quedó en el terrible trance de tener que terminar con la vida del toro que había causado la sensible desgracia del rey de los astros coletudos, haciéndolo con valentía y estando el cornúpeto materialmente encima del caballo, al que tal querencia había tomado. 
El público pedía a voces que se suspendiera la fiesta; pero Sánchez Mejías dio prueba de su valor temerario dirigiéndose al presidente y solicitando que diera suelta al toro que cerraba plaza. 
Este pisó el ruedo demostrando mayor bravura que sus antecesores, arrancándose tan fuertemente a los caballos que ocasionó en una caída estrepitosa varias lesiones a los picadores Ceniza y Zurito
Sánchez Mejías, en los quites, estuvo monumental y después cogió los palos, siendo perseguido tan de cerca por su enemigo que saltaron juntos al callejón, librándose milagrosamente de un serio percance. 
No se arredró Ignacio y uno tras otro, sopló tres soberanos pares que entusiasmaron al público, que llegó a olvidar por breves instantes la emoción sufrida momentos antes. 
Con la muleta, puesto que el toro se puso algo más difícil, trató de aliviar cuando antes, despachándolo de un pinchazo, una estocada medio caída y un descabello con la puntilla. 
En la enfermería 
Al ingresar Joselito a la enfermería de la plaza, a hombros de su cuadrilla, dijo estas últimas palabras, perdiendo poco después el conocimiento: 
¡Que llamen a mi médico, que me muero en Talavera! 
Depositado en la mesa de operaciones fue reconocido por los doctores, Sres. Luque y Ortega, quienes certificaron que durante la lidia del quinto toro había ingresado en la enfermería el diestro José Gómez (Gallito) con una herida penetrante de vientre en la región inguinal derecha con salida del epiplón, intestinos, vejiga y gran shock traumático y probable hemorragia interna. Otra herida en el tercio superior e interno del muslo derecho
Muerte de Gallito 
A consecuencia de estas heridas, falleció el infortunado Joselito a las siete horas y dos minutos de la tarde, sin que los esfuerzos de la ciencia pudieran hacerle reanimar. 
Por el sacerdote D. Francisco Vázquez le fueron administrados los últimos sacramentos. 
El diestro de Gelves murió rodeado de su hermano Fernando, su cuñado Sánchez Mejías y los individuos de su cuadrilla que estaban visiblemente emocionados. 
La cabeza del toro 
Sánchez Mejías mandó cortar la cabeza del toro Bailaor causante de esta desgracia, que ha sido enviada a Madrid para ser disecada y conservada como triste recuerdo. 
Otros detalles 
El gobernador civil, Sr. Figueroa, se emocionó grandemente con la inesperada desgracia y ordenó que la estación telegráfica de Talavera permaneciera funcionando toda la noche. 
Le pusieron telegramas a Rafael Gómez (El Gallo), al doctor de Joselito, D. Agustín Mascarell y a otros amigos y deudos del finado. 
Esta plaza, donde Joselito ha hallado su muerte, fue inaugurada por su difunto padre, Fernando Gómez (El Gallo), en el año 1891, matando él solo toros de D. Enrique Gutiérrez Salamanca.
Dejo en este punto la recolección de los sucesos de esa prensa regional toledana, para continuar el día de mañana con el otro diario encontrado.

Aldeanos