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domingo, 24 de marzo de 2013

Detrás de un cartel (VII)



Alfredo Leal fue llamado El Príncipe del Toreo. Creo que no es necesario aclarar que el sobrenombre le viene de la elegancia de su porte y de la que llevaba implícita en sus maneras al hacer el toreo. Aunque el 16 de septiembre de 1952 había recibido en la Plaza México una alternativa de manos de Carlos Arruza y fungiendo como testigo José María Martorell, renunció a esa dignidad en 1953 para ir a España a hacer campaña como novillero. Debutó en Madrid el jueves 26 de agosto de ese año alternando con Luis Francisco Peláez y Alfonso Gómez en la lidia de novillos de Juliana Calvo, Alicio Tabernero y Sánchez de Terrones, con una actuación que le vale la repetición el domingo siguiente, tarde en la que corta una oreja a un novillo de Alicio Tabernero

Su última comparecencia madrileña en el escalafón inferior en Las Ventas se produjo el 20 de septiembre de ese 1953 fecha del cartel que da pie a que yo meta hoy los míos, cuando para lidiar de nueva cuenta novillos de don Alicio Tabernero, de Villanueva de Cañedo, Salamanca, se le anunció junto con el murciano Ramón Barrera y el donostiarra José María Recondo. Al final solamente se lidiaron cuatro novillos de los anunciados, porque el tercero fue devuelto a los corrales por su invalidez ostensible – cojeaba visiblemente decía la crónica del ABC – y fue sustituido por uno de Ángel Rodríguez de Arce y el quinto, desde el reconocimiento fue sustituido por uno de José Tomás Frías. Así, Leal mató el de Rodríguez de Arce y solamente uno de los titulares.

La entrada fue un lleno, aunque hoy como ayer, la concurrencia fue variopinta, como lo refleja la relación del festejo que para el ABC madrileño escribió quien firmó como M.M.CH.:

Otra novillada sin pena ni gloria la del domingo en Madrid. La cátedra en pleno se congregó en torno al ruedo de las Ventas, atraída por la buena impresión que los tres espadas causaran en anteriores actuaciones. Tarde espléndida, y ni un solo claro en los tendidos. La profusión de cámaras fotográficas y folletos bilingües, en la zona de sombra, denunciaba la presencia de un elevado número de espectadores extranjeros. No hubo pena ni gloria para nadie; ni para los toreros, que si no lograron cosechar nuevos laureles, salvaron el escollo decorosamente y salieron indemnes en que se vieron metidos a lo largo de la lidia; ni para el público, que si no llegó a sestear presa del tedio, tampoco encontró motivo para entusiasmarse…

Más adelante veremos que el juicio inicial del cronista es demasiado duro conforme al resultado del festejo. Ramón Barrera y José María Recondo resultaron volteados sin consecuencias por sus novillos y aunque Leal no se escapó de recibir su dosis de leña, saldó su actuación con vuelta al ruedo y ovación – según el ABC – o con dos vueltas al ruedo – según la Hoja del Lunes – ya vemos también que entonces tampoco había acuerdo en eso. En lo que sí coinciden ambas crónicas, es en el buen hacer del Príncipe. El de Tanda, que escribió la crónica para la Hoja del Lunes, dijo lo siguiente:

Novillada a plaza llena en Las Ventas… Alfredo Leal apencó con el mulo jugado en tercer lugar, reservón y de sentido, y tanto se paró en los ayudados por alto y se recreó en los redondos, y obligó en los naturales, sin que su enemigo se prestara a entrar francamente a ninguno, que el público ovacionó al mejicano con calor en diversos momentos de la valerosa faena, así como le hizo dar la vuelta al ruedo al rematarla con un pinchazo, media estocada y un descabello al cuarto intento... Al sexto lo recogió sobre la derecha para ligarle algunos redondos y ayudados de buena ejecución, que se le aplaudieron, y también dio la vuelta al ruedo al poner fin a su meritoria labor con una estocada y un descabello al segundo golpe…

En tanto, la relación del ABC nos traslada la siguiente información:

El mejicano Alfredo Leal es, a nuestro juicio, el más "puesto" de la terna. A él le tocó cargar con el sustituto de Rodríguez de Arce, cuya muerte brindó a su compatriota Juan Silveti, que ocupaba una barrera. En primer lugar se hizo aplaudir en una serie de ayudados por alto muy ceñidos y muy quietos. El novillo embestía bien, cuando por fin se decidía después de dudar mucho, y Leal se hizo aplaudir nuevamente toreando al natural, después de porfiar mucho. En una ocasión llegó a dar dos vueltas en torno a la res en su intento de lograr la arrancada. Muy tranquilo, volvió a lucirse nuevamente con la muleta en la derecha. Después de un pinchazo logró, entrando muy bien, una estocada perpendicular y descabelló al cuarto golpe. El diestro dio la vuelta al ruedo y el toro fue pitado en el arrastre... En el sexto, muy abierto de cabeza, se hizo aplaudir al ahormar al bicho con pases de castigo por bajo. Al torear en redondo sufrió, sin descomponerse, una impresionante colada. Sigue toreando muy bien en redondo y se aplauden tres estatuarios muy ceñidos. Después de sufrir un achuchón se dispone a entrar a matar, pero se le pide más faena y accede. Toma la muleta con la izquierda y porfía de nuevo, pero el bicho se le cuela por debajo del engaño y el diestro sale nuevamente achuchado. Tras meter el estoque hasta el puño, descabella al segundo golpe y es despedido con aplausos...

Como vemos, hay disparidad en el resultado final de la actuación de Alfredo Leal de ese 20 de septiembre de hace 60 años, pero coincidencia en lo relativo a su tesón, a su valor y a sus buenas maneras.

Al inicio de la temporada siguiente, el 18 de abril de 1954, en Sevilla, Cayetano Ordóñez hijo, ante Manolo Carmona y con la actuación del rejoneador Ángel Peralta, le cedería la muerte de Dadivoso, negro, número 75 de don Tomás Prieto de la Cal, invistiéndolo como Matador de Toros nuevamente. Este doctorado lo confirmaría en Madrid una semana después, el día de San Marcos de 1954 nuevamente de manos del hijo mayor del Niño de la Palma y con el testimonio de Jerónimo Pimentel, con el toro Encendedor de María Matea Montalvo para continuar una carrera en los ruedos que culminaría bien entrados los años ochenta del pasado siglo.

Alfredo Leal falleció en la Ciudad de México el 2 de octubre de 2003

Retales de la prensa de la fecha

Los diarios de esas fechas consignaban que el mismo 20 de septiembre de 1953, Joselillo de Colombia recibió la alternativa de manos de Antonio Bienvenida en Lorca, en tanto que mi compatriota Luis Solano la recibió de manos de Cayetano Ordóñez hijo en Barcelona, llevando como testigo al también mexicano Anselmo Liceaga. También referían que Juan Posada cortaba 4 orejas en Logroño junto a Antonio Ordóñez y Pedrés. Por otra parte daban cuenta de que el novillero mexicano Rafael García – allá llamado García Olmos – toreó ese día en Córdoba. En otra noticia, se recuerda el 51º aniversario de la alternativa de Vicente Pastor.

Por otra parte, me llama la atención el hecho de que se anunciaba la Corrida del Montepío de Toreros para el jueves 24 de septiembre con el rejoneador Ángel Peralta, Julio Aparicio, Antonio Ordóñez y Jumillano, para lidiar todos toros de Manuel Sánchez Cobaleda. Ante tal anuncio, el Real Madrid, que tenía pactado en su Estadio de Chamartín un partido contra el F.C. Nancy de Francia, adelantó un día su juego para no perjudicar en la taquilla al Montepío de Toreros y además solicitó un palco e hizo un donativo de cinco mil pesetas para que los visitantes franceses asistan a la corrida. ¿Alguna diferencia con los tiempos que corren?

Así son las historias detrás de este cartel.

sábado, 21 de abril de 2012

Tal día como hoy: 1972. Alfredo Leal borda al natural un toro de Las Huertas


Prudente aclaración: A partir de hoy y hasta el día 13 de mayo, apareceré por aquí con más frecuencia de la acostumbrada. El motivo de mi presencia será la de recordar con Ustedes algunos hechos ocurridos en nuestra Feria de San Marcos en otros tiempos. Espero que encuentren interesantes esos recuerdos, que son los hechos que han dado su grandeza a esta Fiesta y a esta Feria.

La Feria de 1972

El ciclo de San Marcos de 1972 nació entre aires de tormenta. Tras de los repetidos triunfos de Manolo Martínez en el año anterior, era, para afición y empresa, un ingrediente necesario en los carteles del ciclo abrileño. En las noticias previas al anuncio de la composición de la Feria, se mencionó con insistencia su nombre como el eje de la misma, pero al final, la noticia que sacudió el ambiente taurino de Aguascalientes, fue el que la empresa que dirigía Guillermo González Muñoz no había podido llegar a un arreglo con el diestro regiomontano y que por ello, se quedaba fuera del serial, descansando todo el peso de éste en Curro Rivera, que como principal atractivo, mataría en solitario una corrida de Torrecilla el día del Santo Patrono.

Otro de los hechos a destacar, sería que la noche del lunes 24 de abril, uno de los diestros que tenía una impecable trayectoria en los ruedos de ambos lados del Atlántico y una clase privilegiada, pondría punto y final a su andar por las arenas. Alfredo Leal, El Príncipe del Toreo había escogido el escenario de la Plaza de Toros San Marcos para matar lo que debería ser el último toro de su vida.
Ese era el escenario en el cual se presentaba el festejo que hoy les quiero recordar.

La corrida del 21 de abril de 1972

Para esa tercera corrida de feria, se anunciaron 8 toros de Las Huertas, ganadería entonces propiedad de Luis Javier Barroso Chávez, que lidiarían el nombrado Alfredo Leal, Joaquín Bernadó, Alfonso Ramírez Calesero chico y Jesús Solórzano hijo. La nota previa al festejo, señalaba que el encierro era disparejo, una escalera, según podemos leer enseguida:

La verdad no nos gustó el encierro de Las Huertas que se lidiará esta noche: es disparejo, fuera de tipo y algunos toros dan la impresión de estar pasados de edad. Pero como dijo Alfonso Ramírez “Calesero”: “Yo no quiero que me gusten, quiero que me embistan...

Ante esa corrida, el festejo se fue deslizando entre altibajos, hasta que salió el quinto de la noche, llamado por el ganadero Lupillo, por ser hijo de Guadalupano, un toro que indultara Raúl García en la Plaza México el día de San José de 1967. 

La crónica del festejo a que hago referencia es de Francisco Lazo, cronista titular del diario deportivo Esto de la Ciudad de México y que por ese año ejerció de cronista huésped en el diario local El Sol del Centro, en virtud de que el cronista titular, don Jesús Gómez Medina ocupó el Palco de la Autoridad durante ese calendario, incluida la Feria, por lo que de esa relación recojo lo siguiente acerca de la faena del Príncipe del Toreo a ese toro de Las Huertas:

Lanceó en el centro del anillo, cargando ligeramente sobre la pierna de salida, a ritmo lento. Y con la muleta, echándola apenas adelante, embarcaba, templaba y mandaba, muy erguido, moviendo solo el brazo, con elegancia. Eran los primeros muletazos, bellos en ejecución, pero aún sin el sentimiento que iba a desbordar Alfredo sobre el ruedo de la plaza de San Marcos... Y ahora con la izquierda, más lento todavía, haciendo flamear el trapo rojo en el último tiempo, con un suave muñecazo. Trataba al toro con delicadeza para hacerlo sentir a gusto y sentirse él, Alfredo, igual. Y todo allí, en el centro del anillo, sin paréntesis que pudieran romper la continuidad, que sacaran de su embeleso al torero y cortaran aquél coro de ¡torero, torero!, o las aclamaciones que de tan continuas, parecían una sola... Pocas, pocas veces se ha visto torear así; repetimos, pocas veces se encuentran un toro de tanta calidad y un torero de tanto arte... Se echó la espada a la cara Alfredo y el público, engolosinado gritaba ¡no, no!, pues quería seguir disfrutando de aquellos momentos. Solo que era ya hora de entrar a matar, y lo hizo Leal, muy derecho, dejando una estocada entera, un tanto traserilla, que hizo rodar sin puntilla al noble animal. Petición unánime. Dos orejas concede la autoridad, solamente, quizás por la colocación defectuosa del acero. A Leal no le importaban los trofeos, como tampoco pareció importarle al público. Y juntos, torero y aficionados se entregaron a la celebración, uno sonriendo ampliamente y los otros vitoreándolo. Y le dijo Alfredo al “Chacho” Barroso: “¡Qué toro!”. Y le respondió el ganadero: “¡Qué torero!”...

El resultado final de la corrida redundó en una tesonera actuación de Joaquín Bernadó, una desdibujada y abúlica presentación de Calesero chico y una entonada presentación de Jesús Solórzano hijo, quien se vio en la necesidad de regalar un sobrero de Jesús Cabrera, al inutilizarse su segundo toro. Con la lidia de nueve toros, el festejo concluyó cuando faltaban quince minutos para las doce de la noche.

Leal y su anunciada despedida

Tras de su faena al quinto de la noche, refiere Francisco Lazo en su crónica la siguiente declaración de Alfredo Leal:

Sí; me voy. Pero deseo hacerlo con dignidad... y toreando así como pude hacerlo hoy. Hubo momentos en que no escuchaba nada, como si el toro y yo estuviéramos en el vacío, él embistiendo y yo llevándolo suavemente... Luego parecía reventar todo y escuchaba la aclamación. ¡No veas que feliz me siento...!

El Príncipe del Toreo toreó la corrida del 24 de abril anunciada como la de su despedida y cuajó otro toro por naturales, de Jesús Cabrera, la ganadería que fue el cimiento de muchos de sus éxitos. Sin embargo, después de esa noche decidió que no podía seguir sin torear y aquí le tuvimos el año siguiente y en los ruedos de México pudimos disfrutar de su arte y de su clase durante todavía algo más de una década.

El festejo de hoy. 1ª novillada de feria: 6 novillos de Real de Saltillo para Antonio Lomelín hijo, Ricardo Frausto y Joaquim Ribeiro El Cuqui.
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