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domingo, 23 de agosto de 2026

21 de agosto de 1935: La inmortal tarde de Armillita en Bilbao

Hace algunos años, con motivo del centenario del natalicio del maestro Armillita, tuve la ocasión de dedicar algunas líneas a este tema. En alguna ocasión, contaba entonces, tuve el honor de sentarme a la mesa del maestro y uno de los temas obligados en ella, era el recuento, aunque fuera breve, de sus hazañas en los ruedos. En el capítulo de su andar por España, siempre salía a flote su faena al toro Centello de Aleas, en Madrid, el 5 de junio de 1932 y él se encargaba de terciar con recordarnos su faena al toro ensabanao de Juan Pedro Domecq y Núñez de Villavicencio – anunciados todavía como antes Veragua – en Bilbao, verificada el 21 de agosto de 1935.

En esa primera relación, me acogí a lo que escribieron los cronistas de los principales diarios de Madrid, quienes cubrieron esa Semana Grande bilbaína en calidad de enviados especiales, pero al paso del tiempo, la disponibilidad de nuevos medios de consulta, nos deja a la vista la opinión de otros medios, sobre todo locales, que completan, a mi juicio, la visión de lo que fue esta gran tarde de toros. En particular, son dos diarios, La Gaceta del Norte y El Noticiero Bilbaíno, ambos de la capital de Vizcaya, los que nos dan una visión más extensa de la enorme tarde del Maestro de Saltillo.

La visión de la tarde en La Gaceta del Norte

El cronista de la Gaceta del Norte firmaba como Desperdicios y en el introito de su crónica, deja claro que, como a su parecer, ni Domingo Ortega ni Vicente Barrera quisieron o pudieron sumarse a la ocasión de triunfo que la suerte les puso delante, dedicaría todo su espacio a la labor de Armillita. De ese relato extraigo lo siguiente:

Armillita, que vestía de heliotropo y oro, comenzó con el pase del sarcófago helado y al dar un natural pierde el refajo... Lo recupera y obsequia a “Arrempuja” con tres naturales magnos que, liga con el de pecho, y sufre otro desarme. (Ovación)… Sigue valentísimo y artista y hace de “Arrempuja” – tipo perfecto de nobleza – lo que quiere... La plaza arde de entusiasmo. Se aplaude, se aclama, se grita... Toca la música. Se da suelta a esas dos palomas que tiene para los instantes emocionantes la Comisión y “Armillita”, después de un pinchazo en los altos, entra a matar con el máximo decoro y deja una en el sitio de honor, pero un poco atravesada… ¡Se está muriendo “Arrempuja” y todavía quiere embestir el bravo animalito!... Ovación a “Armillita” y bronca al presidente porque no le concede el galardón auricular... Ovación al toro al que hay que dar la vuelta al ruedo como homenaje a su bravura y a su gran estilo... Tiene que salir Armillita a los medios con toalla y todo... Mocito... Ensabanao... Toro magníficamente criado. A pan y manteles y probablemente con su copita de coñac después del café, ya que eso a Domecq le debe de salir por una friolera... ¡Soberbia salida de gran toro! … le banderillea magistralmente “Armillita” que, tras brindar a los niños de la Santa Casa de Misericordia, saluda a “Mocito” como hay que saludar a toros así. Con tres naturales espléndidos, monumentales, a los que sirve de colofón el de pecho que ordena el arte y el buen gusto... Toca la música, pero como si no tocase, porque el clamor popular va subrayando el molinete de rodillas, los pases en redondo, los deliciosos de cabeza a rabo, la gama entera de primorosas locuras con que este torero excepcional va correspondiendo a la bravura inagotable y la nobleza infinita de su gran adversario... Y como remate glorioso de aquel atracón de arte sereno, de dominio emocionante de la res, media estocada en todo lo alto que acaba para siempre con la vida de “Mocito”, el toro que abrió para Domecq la puerta grande de nuestras ferias, humilló nuestra soberbia de aficionados inteligentes, y proporcionó a “Armillita” el más definitivo de sus triunfos... “Mocito” será el tema de las conversaciones este invierno, ¡Qué bien nos va a venir para los días lluviosos que os cuando a la gente le da por hablar de política!...

Entre el relato, Desperdicios deja ver la inconformidad de la afición y la crítica de Bilbao con el anuncio de los toros de Domecq, cuestión que expresará más claramente su colega de El Noticiero Bilbaíno, según lo veremos un poco más adelante.

En El Noticiero Bilbaíno

Por su parte, Alegrías, el cronista de El Noticiero Bilbaíno, coincidió con su colega Desperdicios acerca de la tarde de Ortega y Barrera, pero reprochándoles el que, teniendo la categoría que ostentaban, desperdiciaran una corrida como la de Domecq de manera tan insulsa. De lo que escribió Alegrías, resalto:

A tal señor, tal honor. Y a tales toros, modelos de bravura y nobleza, tal torero modelo de valentía, técnica, voluntad... y, – que no me oigan algunos – arte. “Armillita” tuvo la suerte – en esto la suele tener a menudo – de que le tocaran dos toros tan completos en bravura y nobleza como “Arrempuja” y “Mocito”, pero “Mocito” y “Arrempuja”, también tuvieron la suerte – para lucir más – de caer en manos de torero tan completo y tan noble, que da todo lo que tiene, como Fermín Espinosa “Armillita”... Con los palos estuvo mejor que nunca. A “Arrempuja” le puso tres pares, dos al cuarteo y uno de poder a poder, formidables, pues Fermín ganó la cara guapamente y a fuerza de riñones y facultades por arrancar el veragüeño con gran genio, por no haber sido suficientemente picado. ¡A ver si nos enteramos! Y a “Mocito”, dos al cuarteo y uno por dentro tremebundo... Sin embargo, donde radico el gran éxito fue en el muleteo y con la espada... En el quinto, que brindó a los niños de la Misericordia, aún estuvo mejor “Armillita”. Un alto y uno de pecho, grandiosos, precedieron a tres naturales, el segundo perfectísimo, y el de pecho con la izquierda bravísimo y luego a una faena, en los medios, variadísima, de perfectos perfiles y de un dominio y valentía insuperables mezclando lo clásico con lo cascabelero y con lo emocionante ya que “Mocito”, sin sacar aún la lengua, embestía con fuerza y se revolvía. Entrando a ley cobró el azteca media estocada lagartijera que hizo cisco al modelo de toros bravos que fue el ensabanao de Domecq... Con el entusiasmo del público vino el cortejo de orejas, rabos, salidas al centro de la pista y vueltas al ruedo... “Armillita”, ídolo de este público, ha firmado con pluma de oro la feria próxima. Suponemos que ¡por fin! será cobrando como los demás...

Mas condensada es la relación de Alegrías, pero es coincidente con todas las aquí expuestas, en la grandeza de la obra de Armillita y la cierra con ese deseo de que vuelva al año siguiente y de que se le paguen honorarios de figura del toreo. No sé si Alegrías pudo volverlo a ver, pero ya no al siguiente calendario, sino hasta una década después.

La corrida de Juan Pedro Domecq

El anuncio de la corrida de Domecq no fue bien recibido ni por la afición ni por la crítica bilbaínas y una vez desembarcada, sus recelos parecían confirmarse, según refiere el ya citado Alegrías en El Noticiero Bilbaíno

:

A raíz del desencajonamiento de los toros de nuestra feria, apareció en estas columnas una apreciación acerca de la presentación de las reses en la que no salía muy bien parada la escrupulosidad del ganadero. La censura, que era acre, indudablemente, no era mía. Indispuesto al terminar aquella operación, un compañero, competente en la materia, fue el que escribió la opinión. Pero yo, cuando me enteró telefónicamente de lo escrito, le demostré, con toda franqueza, mi disconformidad con el tono mesurado con que censuraba el pobre y destartalado aspecto del envío de la Casa Domecq. Y aún le insté para que el dictamen se escribiera más acerbamente... Desde luego, las censuras a la presentación siguen, pero, acaso influenciado por el éxito de la sangre brava, ya me parecen algo excesivas en lo que a mis deseos atañe. Pero, desde luego, también que sí a precio tal se nos ha de servir casta y docilidad tan singulares, bien a gusto debemos pagarlo. Que esta corrida de Domecq fue excepcional... “Pescador”, jabonero melocotón, gordo, cortito, bien armado y basto, fue el primero y aguantó cinco puyazos – uno le sobraba – sin mostrar poderío, llegando aplomadote al final. “Lavaíto”, cárdeno, terciado, poca cosa para estos festejos, fue el tercero que, aunque empezó saliendo suelto del castigo al final embistió a los jacos con genio y con genio hizo el último tercio. “Cañamón”, negro, bragao, lucero, con cara de señor maduro y muchas chuletas, cumplió muy bien en cuatro lanzadas fuertes que le atizaron y llegó nobletón al acto final. “Solitario”, un jabonero, muy bizco, muy basto, escurrido de carnes, y muy feo, en una palabra, tomó muy voluntarioso cuatro varas y fue en todo momento un toro seco, durillo, pero noble como él solo… Y hemos dejado aparte, porque así lo merecen, a “Arrempuja”, número 38, negro bragao y a “Mocito”, numero 6, ensabanao…

Variopinto el encierro, acusando la fuerte presencia de la sangre de Veragua todavía, pero también dispareja en tipo, acusó bravura y el juego particularmente de dos toros debidamente aprovechados despejó en buena medida los recelos iniciales de los aficionados de Bilbao, quienes dejaron la plaza de Vista Alegre satisfechos con el juego que dieron.

Armillita capitán general de la tauromaquia

Una de las breves crónicas de los diarios madrileños, en este caso, del diario La Libertad, firmada por Recorte, abre con una reflexión que en ese día pudo parecer un ditirambo más, pero que, en retrospectiva, refleja, creo, el real estado de las cosas en la fiesta de aquellos días:

La temida afición vizcaína ha rubricado esta tarde con gruesos caracteres el título de capitán general de la tauromaquia a favor de Fermín Espinosa (Armillita)… El título no ha sido cosa de otorgamiento, sino consecuencia de un detenido y concienzudo examen, que ha durado varias temporadas y cuyo último ejercicio se ha verificado en la tarde de hoy ante el completo tribunal. Las papeletas han sido de esas que por brillantes son difíciles cuando el opositor no está todo lo empollado que se precisa para desarrollar el tema. En el presidente del tribunal pudo apreciarse de manera muy ostensible marcado antagonismo con el examinando; pero, a su vez, la gran masa de vocales hizo también muy patente su protesta, abucheando a la presidencia cada momento que el artista opositor despejaba una de las muchas incógnitas que tiene la papeleta artístico - taurina... Armillita, hasta ahora general, ha ascendido hoy al tercer entorchado, o bien se ha doctorado con todas las notas sobresalientes...

Como se puede leer, esa tarde de hace noventa y un años, se consideró que Armillita alcanzó la cima de la torería. Una actuación redonda esa tarde en Bilbao, así pareció confirmarlo.

domingo, 16 de agosto de 2026

15 de agosto de 1946: La postrera lección magistral de Armillita en Sevilla

Para la Corrida de la Prensa de 1946 en Sevilla, se escogió la fecha del jueves 15 de agosto, festividad de Nuestra Señora de la Asunción, que en la capital hispalense se celebra como el día de la Virgen de los Reyes. El cartel anunciado para la ocasión tenía su miga, pues se compuso con el joven rejoneador Pepe Anastasio, nieto del ganadero Anastasio Martín y para la lidia ordinaria Fermín Espinosa Armillita, Rafael Vega de los Reyes Gitanillo de Triana y Luis Miguel Dominguín. El encierro a lidiarse sería de Manuel González Martín, antes de Juan Contreras, al igual que el corrido el año anterior.

La presencia de Armillita en el cartel era quizás el mayor atractivo, después del triunfo que consiguió en el mismo festejo a beneficio de la asociación mutualista a beneficio de los redactores periodísticos. También la presencia de Gitanillo de Triana y la presentación como matador de toros del casi recién alternativado Luis Miguel Dominguín enriquecían el atractivo de la combinación. Escribió Fernando López Grosso El Chico del Baratillo en Lunes – la Hoja Oficial sevillana - del 12 de agosto de ese año:

Presiden el cartel las reses de Contreras, prestigioso ganadero, que envía una selección admirable... Pepe Anastasio Martín, verdadera realidad en la lidia a caballo, nos ofrecerá su toreo campero grato, animado y valeroso de rejonear, banderillear y dar muerte con el rejón a un enemigo de pujanza y fuerza... Respecto a Armillita, el primer espada, de la terna, aún recordamos en Sevilla el toro que lidiara después de brindarlo a Juan Belmonte, donde el torero mejicano demostró su extraordinaria competencia y arte, que en la corrida de la Prensa afirmará de seguro... Gitanillo de Triana, con su toreo por “bulerías” y si alguien exige más, fandanguillos gitanos, martinetes, “repajolera gracia”, recuérdese su actuación durante la Feria de San Miguel, también torea en nuestra corrida... Y como nota muy destacada también la reaparición de Dominguín, este Luis Miguel que, en el cuarto de la tarde del mes de julio de 1944, cuando en el ruedo del Baratillo se despedía de novillero con reses del duque de Tovar, dio la vuelta al ruedo, mostrando dos orejas ganadas a pulso por su arte y valor, “luciendo” las taleguillas destrozadas por las astas del enemigo... Cierto es que no es posible formar un cartel más completo ni más atrayente que el de la corrida de la. Asociación de la Prensa de Sevilla para el jueves próximo día 15, festividad de Nuestra Señora de los Reyes, a las ocho de la tarde...

El día de la corrida

Al final de cuentas, no se pudieron lidiar los siete toros de Manuel González Martín como estaba anunciado. El de rejones, fue uno de Salvador Guardiola, y en el apartado, otro se inutilizó y fue sustituido por un toro de doña Julia Cossío, que era la titular del hierro que en su día fue de Guadalest. Este último fue el primero de la lidia ordinaria. 

El atractivo cartel provocó una gran entrada en la plaza de la Maestranza, con la seguridad de que se viviría una tarde memorable como la del año anterior. Y en esta oportunidad, la expectación no condujo a la decepción, según lo veremos en lo que adelante intentaré exponer.

Una nueva lección magistral de Armillita

La crónica más sentida y literariamente compuesta que encontré sobre este festejo, es la que escribió Antonio Olmedo Don Fabricio para el ABC de Sevilla. En ella, refiere el cambio de etapa que se avizoraba en el horizonte de la fiesta y exponía como en esta tarde histórica, se reunían dos etapas de la fiesta:

...ayer pisaron el ruedo de la Maestranza dos toreros que representan la era que se va y otro que es digno representante de la época que llega, y como los tres abundaran en las normas del clasicismo, ramificado al nacer en Hillo y Romero, los tres hubieron de ser aclamados por maestros indiscutibles de la torería. Así se logró, se logra y se logrará el arte del toreo, ayer, hoy v siempre...

Pareciera que Don Fabricio apostaba por la modernidad y el porvenir, pero hay una vertiente del toreo que se sobrepone a cualquier versión evolutiva que pueda tener y que termina por poner de acuerdo a todos, y unas líneas más adelante, lo terminará por aceptar implícitamente cuando nos cuenta lo realizado por el Maestro de Saltillo:

Armillita, el más calificado representante de la época que se va, se mostró ayer tan animoso, como cuando estaba al comienzo de su brillante carrera. Toreó de capa en toda oportunidad con reposo v mando, y realizó en su primero un tercio de banderillas estimabilísimo... A este toro, de Guadalest. como queda dicho, le vio pronto el lado bueno - el izquierdo - y la faena que en él realizara tuvo por base una serie de seis naturales excelentes: segundo y tercero, perfectos, coreados por los entusiastas. En la parte adjetiva de la faena descolló un molinete de rodillas de mucha emoción por lo arriesgado. Mató Armillita de una certera estocada y le fueron concedidas las dos orejas, con los honores inherentes que le fueron rendidos, después de arrastrado el toro, al que le dedicaron palmas los aficiónanos. La faena de Armillita a su segundo fue de viejo lidiador, destroncando a la res con pases por bajo muy ajustados, para estirarse más tarde en redondos, molinetes v cambios de mano muy espectaculares. Muerta la res con arreglo al arte. Armillita dio vuelta al ruedo, exhibiendo la oreja del animal, concedida a petición unánime. Bien por el veterano maestro...

Armillita, vestido de salmón y oro, tuvo dos toros para realizar toda la gama del toreo. Primero, el de arte y lucimiento y después, el de dominio y poder, dejando claro que el aforismo aquel de que todos los toros tienen su lidia es valedero. Las crónicas de esta tarde no reflejan la presencia de un testigo de excepción – Juan Belmonte – como en la corrida del año anterior, pero la afición de Sevilla fue clara en su veredicto.

Esta sería la última actuación de Armillita en la plaza de toros de Sevilla.

Gitanillo y Luis Miguel

La tarde de Rafael Vega es considerada como una de las mejores de su paso por el coso del Baratillo. Relata Don Fabricio:

Dijo Gitanillo ayer el cante grande, al lancear a manos bajas y suerte cargada en ese añejo estilo del que sólo él guarda la solera. Fueron sus faenas diferentes, pero sumamente meritorias ambas. La de su primero, fundamentada en dos series de naturales, ligando al remate el pase de pecho, clásico, en que la muleta acaricia los lomos del animal en toda su extensión. Finalmente, unos adornos, moderno estilo, pero de antigua esencia, y luego la ejecución de la suerte suprema con arrestos y tino. El entusiasmo cundió, y Rafael dio la vuelta al ruedo con las dos orejas del animal en sus manos, durando la ovación largo rato...

Por su parte, Luis Miguel Dominguín salió a pelear un sitio entre las figuras, mismo que esperaba ocupar al precio que fuera:

Toreó Dominguín, en todo momento, de capa como mejor no cabe; banderilleó al tercero de la tarde, sobresaliendo en dos pares al quiebro, modelo de gallardía y perfección el segundo, y realizó una inenarrable faena en su primero, comenzada con cuatro emocionantes pases en el estribo, para desgranar a seguidas el más completo repertorio, a planta, más que quieta, estática, y figura erguida. Ayudados, naturales, molinetes de rodillas: todo, en fin, cuanto es dable hacer en el toreo lo realizó Dominguín con majestuosidad de rito para matar finalmente a la ley. Cortó las dos orejas del animal, dio la vuelta al ruedo y salió varias veces al tercio a saludar, sacando luego a sus compañeros a compartir las ovaciones...

El segundo toro de Luis Miguel fue condenado a banderillas negras y con él también demostró valor y un gran conocimiento de la lidia. Al final del festejo:

Los tres espadas y el rejoneador salen en hombros de la Plaza. Es la mejor corrida desde hace muchos años. La Asociación de la Prensa no recuerda otra igual desde la temporada Valencia II y Maera...

El recuento de las grandes tardes

Cuando se relataba la salida en hombros de los toreros, se hablaba de la brillante redondez de la tarde. El Chico del Baratillo en la hoja oficial Lunes salida el día 19 siguiente al de la corrida, hace las siguientes reflexiones:

Es curioso recordar los buenos espectáculos taurinos que han ofrecido siempre “los chicos de la Prensa” y citamos primero el de la fecha 24 de junio de 1917 cuando el inolvidable Joselito lidió seis toros de doña Carmen de Federico. La comisión organizadora agregó al aliciente de la tarde el regalo de la cabeza disecada del toro que mejor lidiara Gallito aquella tarde y resulto que el Jurado pasó serios apuros para escoger la mejor faena, pues José lidió los seis toros de manera sorprendente, cortando orejas en cinco de ellos. La mejor faena de Joselito fue en el quinto en los tres tercios v dicho Jurado – con el público también – acordó que fuera la cabeza de este toro la disecada, que le correspondió en sorteo a don José Luis Folache… Y a los siete años surge otra combinación organizada por la Asociación de la Prensa el día 10 de junio de 1924 con reses de don Félix Suárez para los diestros Valencia II y Maera, corrida también super extraordinaria, donde el valor v la emoción se derrochó a torrentes… Ahora, a los veintidós años, ha sucedido igual: es decir, eme la afición ha vuelto a remover sus alegrías v sus esperanzas, pues con corrida como la del día 15, donde el arte y el valor se han confundido de tan grandiosa forma, no es posible que se olvide en el transcurso de los años v siempre se diga lo que en las otras dos citadas: ¡Aquella corrida de la Prensa de Sevilla! … Armillita. un torero de sabor v calidad; Gitanillo de Triana, arte y esencia, oro puro del crisol del barrio trianero y Dominguín, el torero largo con el capote, excelente banderillero y muletero de gran clase… Puede estar muy satisfecha la Asociación de la Prensa de Sevilla por este gran triunfo artístico, y ya tiene en su haber tres fechas imborrables; 1917, 1924 y 1946…

Vendrían después otras tardes memorables también, pero para esa fecha, la terna de fechas seleccionadas era considerada la mejor selección de un festejo que se celebraba desde el año 1909.

México y la Corrida de la Prensa de Sevilla

La presencia de toreros mexicanos en la Corrida de la Prensa sevillana no es extraña, es más, en el primer festejo a beneficio de la Asociación de la Prensa de Sevilla, actuó un torero mexicano, Eligio Hernández El Serio, el 11 de julio de 1909. Después, de manera intermitente, participaron diestros como Luis Freg – en dos ocasiones, una en la Maestranza y otra en la Monumental –, Vicente Segura, el ya invocado Armillita – también en dos oportunidades –, Luis Procuna, Humberto Moro, Jesús Córdoba, Juan Silveti, Joselito Huerta, Carlos Arruza – como rejoneador –, Manolo Arruza, y Alejandro Silveti.

De esta relación vale la pena destacar que Luis Freg es el único que ha sido herido en una corrida de esta naturaleza, en la Maestranza, en 1912, y que el mismo Freg es el único torero mexicano que actuó en la extinta plaza Monumental de Sevilla. Por otra parte, Carlos Arruza y Juan Silveti se vieron continuados en ella, cuando años después, sus hijos Manolo y Alejandro también se presentaron en una corrida a favor de la Asociación de la Prensa de Sevilla.

En el año de 1978, además de la actuación de Manolo Arruza, asistió a la corrida el Presidente de México, José López Portillo, que hacía gira por España y en la de 1954, se produjo en una misma tarde, la única actuación de Jesús Córdoba y Juan Silveti en este tipo de festejos.

La Corrida de la Prensa deja mucho material para contar todavía. Ya habrá oportunidad para hacerlo.

domingo, 22 de febrero de 2026

20 de febrero de 1966: La despedida de Calesero en la Plaza México

Calesero inició el año de 1966 con una campaña de festejos de despedida que terminaría el 14 de mayo del año del año siguiente y que constaría de 18 festejos. Como le contó al doctor Alfonso Pérez Romo, aunque ya tenía más de 25 años de alternativa, se iba cuando todavía le podía a los toros y a los públicos, no porque ya le costara estar delante de ellos. Mantenía, lo que años después describiera el Notario sevillano don Luis Bollaín como el cuerpo enjuto, pero sin encorsetar... y el atractivo de verle desde el paseo: ¿Qué se le podrá ver a este singular azteca en desfile al frente de la cuadrilla o cruzando en recta el redondel...? Calesero seguía siendo atractivo para la afición y para las masas.

El adiós en la Plaza México

La despedida de Calesero en la capital mexicana se anunció para el domingo 20 de febrero de 1966. Le acompañarían en el cartel Manuel Capetillo y Raúl García, formando un compendio de tres épocas del toreo mexicano ante toros de Valparaíso. No hay necesidad de aclarar que la plaza de toros más grande del mundo se llenó, porque, aunque en ella, en sus dos décadas de existencia, Calesero apenas había cortado una oreja, aquel domingo 12 de enero de 1954, cuando en la tarde de la reaparición de Armillita, Carlos León le propuso para un hipotético Premio Nóbel del Toreo. Así estaría el Poeta del Toreo esa tarde y así esperaba verle la gente, cada vez que le veían anunciado en los carteles. Escribe Daniel Medina de la Serna:

Nunca fue una figura del toreo, pero sí fue, junto con Pepe Ortiz, uno de los toreros que con más arte y sabor manejaron el capotillo. Siempre fue visto con agrado, a pesar de su desesperante falta de corazón, completando cualquier cartel; algún lance, algún quite, algún remate luminoso se llevaba el aficionado en la retina, aunque fueran otros los diestros que partieran el bacalao...

Quizás no fuera una figura del toreo al uso, de los que cortan orejas todas las tardes. Pero habrá que hacer notar que entre esa tarde de 1954 y este año de su despedida, Calesero encabezó el escalafón de sus pares en varias temporadas y tuvo presencia en todas las plazas importantes de la República. Estaba allí porque interesaba, porque llevaba a la gente a las plazas. Ser figura del toreo no es necesariamente cosa de números, también puede serlo de sello, de dejar recuerdos en la memoria colectiva.

La 11ª corrida de la temporada 1965 – 66 

Calesero vistió el mismo terno grana y oro que sacó el domingo anterior en Aguascalientes, donde mató seis toros y les cortó ocho orejas y un rabo en una tarde que ha quedado como una de las importantes de la historia de la centenaria Plaza de Toros San Marcos. Es recibido con afecto por la afición. Refieren las crónicas:

...como en sus días de novillero; con una tarde de lágrimas, de palomas y de golondrinas, dijo adiós a los toros, cercado por su público capitalino, que llenó casi por completo la Plaza más grande del mundo, la México, el más gitano de todos los diestros de México en todos los tiempos: Alfonso Ramírez “Calesero”, a quien sus hijos menores cortaron la coleta a las cinco y media de la tarde… Con medio siglo en los garbosos hombros, llevados con la ligereza de los 25 abriles, majo y señorón, Alfonso ha vestido esta tarde principescamente y desde el tercio escucha la primera de las grandes ovaciones, que le obligaron a dar una lenta vuelta al ruedo, devolviendo ya sombreros, antes de que apareciera el primer toro… La gente se le entregó y el torero de Aguascalientes dejó el capote de brega para abrir los brazos y circundar el anillo con el mismo cariño que desciende en oleadas desde los tendidos. Cuando se despidió Fermín Espinosa “Armillita”, la vuelta al ruedo la dio con el capote de paseo sobre el hombro derecho. “Calesero” dio hoy sin acompañamientos, limpio el cuerpo, como para poner banderillas...

Le tocaron en suerte los toros Trompetista y Mañanero, curiosamente ambos anunciados con 478 kilos de peso. La actuación de Calesero ante el primero de ellos, según relato de Carlos Loret de Mola Médiz, firmando como Luis Soleares, es en el siguiente tenor:

En su primer toro, “Trompetista”, Calesero torea a un milímetro de la cornada, como un jabato, empezando con un farol de rodillas en tablas, tras de lo cual dibujó seis verónicas majestuosas y una media. Hace un quite primoroso por chicuelinas y termina con una larga cordobesa. Cerca de cincuenta mil almas aplauden con delirio. La gente lo obliga a banderillear y por cumplir, deja un cuarteo abiertillo... Cuando toma la muleta y brinda al público con ánimo cariñoso, comprendemos que esta será en realidad su última faena, porque, ¿quién podrá estar seguro de que su próximo toro, que será el último, se deje torear como éste? … “Calesero” se arrodilla entablerado y da un ayudado por alto. Luego en el tercio, un cambiado. Vienen cuatro derechazos templadísimos y el de la firma, el pase de Granero, cambio por la cara y luego con la izquierda tres naturales y en el cuarto el aire lo descubre y el toro lo derriba en forma impresionante. Se levanta y vuelve sin mirarse la ropa y sin la zapatilla derecha. Más derechazos, el de pecho, naturales con remate por arriba, trincherazos en medio del alarido en los tendidos, más derechazos y naturales. Se perfila y receta una casi entera que con descabello al segundo intento resulta única. Ovación que él corresponde desde el tercio...

Pudo haberle cortado la oreja a ese primero de su lote, de acuerdo con la descripción del cronista, pero la falla con la espada le impidió ser premiado más allá de la salida al tercio. 

El segundo de su lote fue un toro complicado, pero Calesero no quiso simplemente salir del paso, sigue escribiendo el cronista, en su relato publicado en el diario El Siglo de Torreón:

En el cuarto se escuchan “Las Golondrinas”. “Mañanero”, de 478 kilos, cárdeno bragado y descaradillo de pitones. El burel tira hachazos y tiene genio que va creciendo. No se deja lidiar, pero “Calesero” ha de despedirse como un torero y le hace una lidia dominadora, señorial y breve, en la que intercala algunos derechazos de gran finura, mientras en los tendidos caen las notas de "Las Golondrinas" y la gente se pone, poco a poco, de pie, para aplaudirle. "Calesero" se perfila y coloca una media estocada en el hoyo de las agujas haciendo doblar a “Mañanero” cerca de toriles... Y así dobla el último toro de la extensa vida de uno de los mayores artistas del toreo mexicano...

Calesero demostró que todos los toros tienen su lidia, no necesariamente traducida en una faena de lucimiento, sino adecuada a sus condiciones, así, demostró que era un torero completo, enterado de su oficio y que merecidamente cerró una extensa historia en los ruedos del mundo en la Plaza México.

A propósito de su adiós, reflexiona Pedro Ponce, cronista de la Revista Taurina, en el número aparecido el 27 de febrero de ese 1966:

Un lance como esa media verónica, un quite como ese por chicuelinas, bastarían para que de un torero se hablara toda una temporada, o muchas temporadas, como cuando Pepe Ortiz dio la larga cordobesa, o cuando hizo el quite de oro; pero la gente decía que “Calesero” “bajaba con la muleta”... porque no le daba a cada toro doscientos muletazos iguales que hoy quiere ver el público grueso... El público actual no se merece a “Calesero”, Alfonso ha hecho bien en irse… Pero su grandeza se impuso. Siempre dio un calosfrío verlo dar aquellos lances de cielo; y por eso dio tres vueltas al ruedo, una de ellas en hombros, y por eso cortó la oreja de un toro al que solamente le espantó las moscas... Esos lances allí quedaron para la historia, ya puede llover un siglo, que no se van a despintar...

Le fue concedida la oreja de Mañanero, por el conjunto de su labor en la tarde y en reconocimiento a las realizaciones de toda su carrera en los ruedos. Una vez que paseó la oreja, los miembros de su cuadrilla, Rafael Osorno y Jesús Belmonte lo pasearon en hombros, para después ir a los medios a que le cortaran el añadido:

...los banderilleros, los picadores, viejos conocidos como Rafael Osorno y Jesús Belmonte, le levantan en hombros, y seguido y escoltado por todos los toreros, da su segunda vuelta al ruedo. La ovación se torna cada vez más fuerte y cariñosa y revolotean palomas en los tendidos. Lo dejan sus peones y le siguen sus hijos menores, quienes, en los medios abrazan a su padre y le cortan la coleta...

Así fue el cierre de la historia de Calesero en la Plaza México, vestido de luces.

Una reflexión final

Años después, don Jesús Gómez Medina, a propósito de un homenaje que se le hacía a Calesero en esta su tierra, reflexionaba lo siguiente:

En un país donde hasta los hechos históricos y los héroes patrios se crean por decreto y en el que los victimarios descienden hasta convertirse en los glorificadores de sus propias víctimas; el pueblo, instintivamente, reconoce más autenticidad y descubre merecimientos más positivos en quienes, para encumbrarse, no utilizaron el crimen o el despojo, sino que triunfaron y dieron lustre y prestigio a su ciudad con armas e instrumentos mucho más limpios y legítimos; con la manifestación de un arte capaz de generar entusiasmos, y haciendo vibrar en el ánimo de la multitud la fibra de emoción estética que cada uno llevamos dentro… Por ello se justifica reconocer a Alfonso Ramírez, porque durante muchos lustros, ha iluminado con la claridad de un arte auténtico, depurado, exquisito en ocasiones, los redondeles de México y también de la Madre Patria y de América del Sur, porque sus jornadas triunfales han sido compradas al rudo precio del esfuerzo, de la entrega y de la ofrenda de la propia sangre; porque su inspiración se ha traducido en nuevos lances que enriquecieron el acervo del toreo; porque su afición, a despecho del tiempo, subsiste intacta; y, finalmente - quizás en primer término - porque siempre y en todos los sitios, el Poeta del Toreo, el triunfador, ha dado realce y renombre a su ciudad natal: Aguascalientes...

Todavía hoy es válida la apreciación de don Jesús. El legado de Calesero a la fiesta de los toros, a 60 años de su despedida de los ruedos sigue teniendo peso específico. Hemos de aprovecharlo para que el toreo pueda seguir adelante.

lunes, 19 de enero de 2026

La redondez de una tarde de toros (III/y II)

Armillita y Pituso; Solórzano y Batanero; Manolete y Molinero. Toros de La Punta

El toreo de capa de Jesús Solórzano

Decía líneas arriba que al Rey del Temple la afición ya lo daba por liquidado y que poca o ninguna esperanza tenía en él al verlo anunciado en un cartel en la principal plaza del país. En el transcurso de su crónica, El Tío Carlos agradecía a Manolete por venir a despertar o sacudir la modorra de nuestros toreros, que estaban, amodorrados por no tener quien les disputara el sitio que ocupaban. Pues esta tarde Jesús Solórzano también salió a demostrar que no estaba en liquidación y que tenía los medios y las armas para hacer frente a cualquier torero con el que se le pusiera a alternar.

Declaró sus intenciones desde que se abrió de capa con Peregrino, el primero de su lote, con el que reiteró que era uno de los intérpretes más puros del toreo a la verónica en México; después, en su turno al quite en el primero de Manolete, volvió a manifestarse así. Pero su actuación brillante vino con el quinto del encierro, faena de cuyo inicio relata don Carlos Septién García:

Cuando Jesús Solórzano se irguió en el tercio y recibió a “Batanero”, quinto de la tarde; número 62, negro, con un lance lleno de pereza, la gente gritó de gusto. Pero cuando Jesús tendió los brazos nuevamente y sin mover un centímetro los pies, recibió nuevamente al toro y así dejó caer hasta 7 verónicas impregnadas de la heráldica belleza del Virrey de Mendoza, la gente saltaba, se abrazaba y un grito unánime salía de todas las bocas: ¡Viva Morelia! … Sí. Porque el capote de Jesús parecía una roja capa cardenalicia puesta a ondear al aire de la tierra, suspendida indolentemente de “los brazos de piedra” de aquella catedral moreliana... Ovacionaza. Ovación que no paró hasta que había terminado el primer tercio. Entonces Jesús fue obligado a salir y saludar a la enardecida multitud...

De gran magnitud debió ser ese inicio de la obra de El Rey del Temple, para que se le llamara a saludar desde el tercio en lo que se preparaban los banderilleros. La motivación para lucir con la muleta estaba puesta sobre la mesa. El conjunto de su actuación, lo resume en esta forma El-hombre-que-no-cree-en-nada:

Chucho Solórzano, el estupendo torero moreliano que entró a acompañar a los dos colosos de la torería contemporánea, no se dejó opacar por ninguno de sus alternantes. Próximo a retirarse, quiso, en medio de los genios que formaban la atracción del cartel, demostrar una vez más su potencialidad de torero grande, y queriendo que el público no olvidara la justificación del mote de “Rey del Temple” con el que se le ha conocido, toreó a su segundo enemigo en forma verdaderamente maravillosa. Ocho lances naturales sin moverse un milímetro del lugar donde colocó las plantas de los pies fue el prólogo al toreo de capa más brillantes que se haya visto en el transcurso de muchos años. Pero no se detuvo allí, y al tomar la muleta, decidido a superarse, también plasmó una faena de las grandes, de las que bastan por sí solas para demostrar que se es torero. Y como sus compañeros, se llevó a casa la oreja de su bravísimo enemigo…

El gran torero de Morelia demostró que tenía los arrestos para salir adelante en cualquier situación y que, a pesar de que pocas oportunidades se le ofrecían en los escenarios principales, seguía siendo una figura del toreo.

Manolete y Molinero

La reaparición de Manuel Rodríguez Sánchez en El Toreo era quizás uno de los eventos más esperados en esa temporada 1945 – 46, después de que su presentación se viera abruptamente concluida y de que la continuidad de sus actuaciones allí se suspendiera por el tiempo de su recuperación tras la cornada que recibió la tarde de su confirmación de alternativa.

La ilusión de la afición por verlo era tal, que la afición de la capital lo sacó al tercio a saludar, apenas terminado el paseíllo. Escribe Francisco Montes:

El entusiasmo desbordante tomó caracteres de apoteosis cuando aparecieron al frente de las cuadrillas Fermín Espinosa “Armillita”, de precioso terno azul celeste y oro; Jesús Solórzano, de marfil y bordados de metal preciado, y Manuel Rodríguez “Manolete”, de pizarra y el mismo metal. La ovación que principió con el paseo de cuadrillas no terminó sino hasta que las mulillas arrastraron al sexto de la tarde… Terminado el paseíllo, la multitud aclamó al diestro cordobés que reaparecía después de su grave cornada la tarde de su presentación en nuestro coso máximo, y también sus alternantes compartieron el mismo honor...

El primer toro de su lote fue Molinero, ante el cual el Monstruo de Córdoba salió a poner al corriente a la afición capitalina. Cuenta El Tío Carlos:

Manuel Rodríguez se armó de toda arma, irguió su personalísima figura, citó como se cita en los libros de estampas. El toro, cerrado en el tercio. El torero, imperioso e inmóvil. La muleta ondeando levemente en las duras manos... Dos muletazos altos, afinados y rectos como una aguja de catedral medieval. Un derechazo. Y luego, el portento: cuatro naturales jalando al toro, metiéndolo en la muleta, obligándolo a trazar el arco rotundo de los naturales, dejándoselo a la espalda en un alarde de imperio... Allí, con el toro ya agotado, vino lo más grandioso: tres pases naturales, obligando materialmente al aplomado a tomar la muleta, tirando de él firme y suavemente. Y cuando en el centro de las tres suertes el bicho casi se quedó de plano, Manuel Rodríguez no enmendó un ápice, ni huyó. Simplemente acentuó el trazo de la muleta, corrió el brazo con un mando enérgico e hizo girar al toro hechizado una y otra vez. Era aquello como dos naturales en uno... ¡Ah toreros!: cómo nos han robado durante años el último tiempo del pase natural; cómo ahora, después de Manuel Rodríguez, no será posible dar naturales a medias, inacabados; cómo se tendrá que torear en los tres tiempos del pase, y cómo nos fijaremos cada vez más en ese último tiempo que hoy se nos aparece como una revolución porque ustedes lo habían cercenado de la más bella de las suertes... Y con el toro desigualado, dejó una estocada casi entera, ligeramente delantera, a la que entró con verdadero ímpetu... La oreja, el rabo, la vuelta al ruedo, la salida a los medios...

Tras de la lidia de este tercero de la tarde, Manolete invitó a don Francisco Madrazo y a sus alternantes a dar una vuelta al ruedo acompañándolo. Alguna crónica refiere al respecto: En la arena había zapatillas de encopetadas damas, pieles, bastones y la sonrisa franca y ancha del ganadero...

La dimensión de los naturales de Armillita

En diversos pasajes de su crónica, El Tío Carlos se empeña en señalar que Armillita toreó por naturales cortos, trayendo yo al punto de la discusión una cuestión que casi tres lustros antes surgió cuando el Maestro realizó en Madrid su histórica faena al toro Centello de la Viuda de Aleas.

En aquella ocasión, los naturales que fueron el eje de su tarde tuvieron una característica: el torero echaba adelante la muleta, para enganchar al toro y trayéndolo toreado, realizar la suerte.

Relató Federico Morena, cronista del diario Heraldo de Madrid:

«Centello» tomó el engaño rectamente. Y la muleta pasó airosamente a la mano zurda. No era el noble bruto pronto a la arrancada. Y el torero supo aprovechar esta circunstancia para imprimir a la faena más relieve, mayor brillantez. Echó el artista la muleta atrás y adelantó el cuerpo arrogantemente. Pisaba el terreno de los valientes. Entonces la muleta avanzó despaciosa, sin dudas ni vacilaciones, hasta dar suavemente con los vuelillos en el hocico de la res. Y vino la arrancada: una arrancada templadísima. El espada tiró del toro, y se lo llevó al costado, y dobló la cintura sobre el pitón, y obligóle a trazar con el espinazo una curva considerable… ¿Es así como se torea al natural? La plaza crujió en un alarido de asombro. Y otra vez la muleta avanzaba, y prendía al bicho, y tiraba de él, dominadora, triunfante. ¡Y así hasta cinco veces! Cinco naturales perfectos…

Por su parte, Rafael Hernández y Ramírez de Alda firmando como Rafael, para el diario La Libertad, escribió:

Fueron primero cuatro pases naturales, adelantando la muleta hasta provocar la embestida del toro y llevándole toreado con un temple, un arte y una elegancia exquisitos, hacerle girar en torno de la figura, sin mover los pies, mandando con la muleta y ejecutando, en suma, el pase natural de manera tal que no se concibe nada más perfecto. Y después de esos cuatro naturales, aun lo repitió en dos pases más de la misma inimitable factura... Ante aquello, ¿qué importancia tenía lo demás? El público pidió la oreja estando todavía el toro vivo…

Y es que, en esos días, el toreo de muleta, sobre todo el natural, se hacía poniéndose a la distancia, citando al toro con un toque o con la voz y si era pronto, éste se arrancaba y así se hacía la suerte. Pero la forma que describen los cronistas que aplicó Armillita con Centello, al parecer se utilizaba con toros quedados, desde los días de Antonio Fuentes y que en esos días puso de moda Domingo Ortega, según narra Federico M. Alcázar en su crítica de la actuación del Maestro Fermín esa tarde, de la que extraigo:

Pero lo más interesante y ruidoso por los comentarios apasionados que está suscitando, es un recurso que está empleando Ortega con los toros quedados y que, a juzgar por los síntomas, van a seguirlo los demás toreros con todos los toros… El recurso a que me refiero es éste: cuando un toro está muy quedado y no embiste al cite natural se le sesga al pitón contrario, adelantándole las «bambas» de la muleta al hocico y enganchándolo… Este recurso, empleado con los toros prontos, a los que basta pisarles el terreno para que se arranquen, es una pamplina innecesaria y hasta una ventaja porque al toro bravo hay que dejarlo llegar, parar y aguantarle, que este es el valor supremo. Todo el mérito que tiene en los toros quedados de corta arrancada lo pierde con los bravos de arrancada larga y franca… El domingo empleó este recurso Armillita innecesariamente, pues era un toro bravísimo de los llamados de bandera para los toreros, que cuando le pisaban un poco el terreno se arrancaba veloz… La gente no reparó que el toro no necesitaba de este recurso para torearle reposadamente al natural. Y esto no es por restarle mérito a los cuatro pases naturales, que fueron colosales…

Esas y otras cosas, se las cuenta Alcázar en una carta abierta a Carlos Quirós Monosabio, quien aquí en México no se distinguió por reconocer los méritos de Armillita. Después de ser el pontifex maximus del gaonismo, no toleró que llegara un torero a ocupar el trono que el Califa de León dejó vacante con su retirada, y de esa manera, los amigos más o menos concuerdan en sus apreciaciones.

Y en esa línea de pensamiento me da la impresión de que así como con clarividencia unos años antes de ese 5 de junio de 1932, vio el toreo que estaba por venir, cuando describió la faena de Chicuelo a Corchaíto de Graciliano Pérez Tabernero en ese mismo ruedo y lo describió en su misma tribuna de El Imparcial, en esta oportunidad no supo percibir el golpe de timón que un torero mexicano daba a la forma de hacer el toreo y que implicaba ya no el esperar la arrancada del toro, sino provocarla y obligarla a ir en una determinada dirección. Es decir, era la pieza del rompecabezas que faltaba, para completar lo que el torero nacido en Triana en la calle Betis, pero criado en Sevilla en la Alameda de Hércules había iniciado más o menos un lustro antes.

El círculo se iba cerrando, lo que inició Gallito con el toro de Martínez aquél de la encerrona madrileña, lo prosiguió Chicuelo con Lapicero y Dentista aquí en México y después con Corchaíto en Madrid y lo remató debidamente Fermín el Sabio con Centello. Allí nacía el natural largo al que alude El Tío Carlos en su crónica y que representó en su día el fondo de una obra histórica y la continuidad de lo que Alameda ha llamado el hilo del toreo.

Por eso, cuando Armillita dio los naturales cortos, y toreó como Manolete, no estaba haciendo nada nuevo, sino que retornaba a unas formas que le eran ya conocidas y que, en alguna forma, habían dejado de ser comúnmente aceptadas, hasta esos tiempos otra vez. Por eso afirmaba al inicio, Fermín Espinosa era un torero capaz de cantar todos los palos. Y recurría al adecuado cuando era conveniente o necesario. Como en esta triunfal tarde de hace 80 años.

Aviso parroquial: los resaltados en los textos transcritos son imputables exclusivamente a este amanuense, por no obrar así en sus respectivos originales.

domingo, 18 de enero de 2026

La redondez de una tarde de toros (III/I)

Armillita y Pituso; Solórzano y Batanero; Manolete y Molinero. Toros de La Punta

La temporada 1945 – 46 en el Toreo de la Condesa giró en torno a la figura de Manolete, a quien se intentó traer a México desde el ciclo anterior, pero por el tiempo en el que se trató de negociar la reanudación de las relaciones taurinas hispano – mexicanas, eso ya no fue posible. Su presentación en nuestras plazas se arregló para el 9 de diciembre de 1945, fecha en la que confirmaría su alternativa, aunque ya el 25 de noviembre anterior, presenció la corrida en El Toreo desde un palco de contrabarrera, con la finalidad de conocer la plaza y de calibrar a la afición ante la cual se presentaría en un par de domingos más.

La tarde de esa confirmación de alternativa, el segundo toro de su lote, Cachorro, le infirió una cornada que le impidió terminar su actuación esa tarde, permitiéndole reaparecer hasta el 12 de enero siguiente en Irapuato, para actuar el día 16 en Monterrey y quedar listo para volver a la plaza de la colonia Condesa el miércoles 16 de enero siguiente, para alternar con Fermín Espinosa Armillita y Jesús Solórzano en la lidia de un encierro de La Punta. Era la 12ª corrida de esa temporada y primera del ciclo que se ofrecía a mitad de semana.

El contexto una tarde histórica

Esa tarde se presentaba cuesta arriba para el Maestro de Saltillo, quien a pesar de haber cortado una oreja el domingo anterior, salió junto con sus alternantes, entre el desagrado de la concurrencia, debido a que se acusaba a Tono Algara, el gerente de la empresa capitalina, de controlar el negocio de la reventa. En ese sentido, se pasó la factura a los diestros actuantes, por considerar que estaban en complicidad con la empresa. Además, la crónica especializada ya advertía que la torería nacional requería de un revulsivo que le hiciera salir de una zona de confort que le había creado la ausencia de competencia del otro lado del Atlántico por ya una década larga.

Por otra parte, la presencia de Jesús Solórzano en el cartel se advertía como una concesión amistosa de la empresa hacia sus parientes los ganaderos, porque desde hace tiempo ya la afición le consideraba liquidado y sin atractivo para engalanar carteles de fuste en temporadas de lustre, no obstante que El Rey del Temple tenía la onza y la capacidad para cambiarla en cualquier momento.

A quien la afición de la capital esperaba, quien quiera que fueran sus alternantes, era al Monstruo de Córdoba. Después de que poco más de un mes atrás apenas pudieran verle un toro y algunos lances más, esperaban verle ahora sí en plenitud. 

El encierro de La Punta

Creo que no es ocioso repetir aquí que los toros de La Punta eran de origen Parladé en pureza. Por esa razón fue que Manolete los prefirió en las corridas que toreó en México. Me llama la atención la diferencia con la que los cronistas de la época describen la catadura de la corrida que don Francisco y don José C. Madrazo enviaron a El Toreo, porque hay profundas divergencias en sus apreciaciones. Escribe en su columna de La Lidia, El-hombre-que-no-cree-en-nada:

Seis ejemplares de magnífica presentación, bravos, encastados, alegres, finísimos. Todo un señor encierro para tres toreros de verdad, quienes supieron sacar partido en todos los momentos, produciendo en el público esa impresión inolvidable que dejan quienes pueden hacerlo con la mayor amplitud, absoluto desahogo y el máximo de lucimiento...

Por su parte, el cronista de ese mismo semanario, firmando como Francisco Montes, refiere:

Brava corrida de La Punta. Los señores Madrazo enviaron para este magno acontecimiento una corrida bien presentada, de fina estampa y de bravura ejemplar salieron algunos de sus bureles...

Por su parte, don Carlos Septién García, firmando como El Tío Carlos en su crónica para el diario El Universal, califica al primero de joven, dice que el segundo estaba astillado, que el tercero era chico, y el cuarto brocho. En tanto que Heriberto Lanfranchi afirma que los toros fueron terciados, pero finos y bien armados

Así pues, hay pareceres en todos los sentidos. Lo que sí es trascendente es que cualquiera que haya sido su presencia, el juego que dieron en el ruedo tuvo transmisión hacia los tendidos y eso fue fundamental para el resultado del festejo.

La tarde triunfal de Armillita

El primero de la tarde fue nombrado Consentido, número 146 y con él, Armillita se mostraría como el torero poderoso y conocedor de la lidia que se había labrado un sitio como figura del toreo prácticamente desde su adolescencia. Relata Francisco Montes para La Lidia:

Dio principio a su faena con tres estatuarios pases ayudados por alto, llevó a “Consentido” a los medios y le ligó seis naturales plenos de maestría que hicieron trepidar la plaza desde sus cimientos, siguió con un pase de costado, tres derechazos imponentes, un molinete y un artístico cambio de muleta por la cara, volvió a torear con la izquierda y ligó dos naturales maravillosos que remató con artístico adorno por la cara; luego vinieron tres doblones con una rodilla en tierra, toreros y mandones; adornos por la cara para conseguir la igualada y dejar el acero en todo lo alto, rodando el burel sin puntilla. La ovación creció de tono y los gritos de ¡TORERO!, ¡TORERO!, ¡TORERO!, atronaron el espacio. Las orejas, el rabo y vueltas al anillo fueron el premio a la primera gran faena del Coloso del Norte en esta tarde...

En cuanto al uso del acero, hay también discrepancias en las narraciones, porque Rodolfo Guzmán, enviado del diario El Siglo de Torreón y El Tío Carlos, refieren que antes de la estocada, Armillita pinchó en lo alto. No obstante ello, la magnitud de la faena no fue emborronada por tal fallo con el acero. 

Este toro lo había brindado al licenciado Javier Rojo Gómez, Gobernador del Distrito Federal, quien el siguiente 16 de abril, pondria en vigencia un decreto que impedía la celebración de más de dos festejos taurinos a la semana en la Ciudad de México.

Pero aún faltaba el triunfo grande, la demostración de Fermín El Sabio, de que él podía cantar todos los palos. Y aunque luego nos queda la idea de que esa demostración la presentó el 15 de diciembre del año siguiente, la realidad es que fue este miércoles de hace 80 años cuando dejó establecido que no había forma de torear que él no pudiera dominar.

La manía de contar los naturales a Armillita

El cuarto de la corrida fue anunciado como Pituso y llevaba herrado el número 139. Este sería el toro con el cual Armillita dejaría en claro a propios y a extraños que el toreo no tenía secretos para él. 

Pituso no se prestó para muchas florituras en los dos primeros tercios de la lidia, pero con la muleta, Armillita daría una de sus lecciones magistrales. Así la describe El Tío Carlos:

Brindó “Armillita” al ganadero y marchó hacia el toro. Había expectación en el ámbito. Todavía estaban allí, firmes y palpitantes los naturales increíbles de Manuel Rodríguez al tercer toro. La multitud oscilaba entre el deseo y la duda. Pero algo se presentía... Fermín se situó en su tercio preferido, el de sombra y porra. Allí ejecutó dos pases altos. Y se echó la muleta a la izquierda para comenzar a escribir uno de los más clásicos, profundos y firmes párrafos de su nobilísima historia torera, si no es el que más... Fueron seis naturales portentosos y su remate también con la izquierda, recogiendo la muleta en forma de abanico; es decir, siete naturales. Dos de aquellos pases serán inolvidables por la inminencia del cite, la hondura del temple, la longitud del mando: dos pases modelo de naturales en corto... Vino un pase por alto, para reponer a “Pituso”... Y en seguida, exactamente en el mismo sitio donde negreaban las pisadas de toro y torero durante los primeros naturales, Fermín volvió a citar con la mano izquierda... Ahora fueron cuatro naturales prodigiosos por la precisión, el poderío y el terreno. Fueron rematados en la misma torerísima forma que los otros: con un pase natural recogiendo la muleta. Total, cinco... Y en el mismo sitio, confirmó el empeño. Fueron en esta última serie magnífica, tres naturales más – el tercero enormísimo –, con su remate. Es decir, cuatro... En total, Fermín había trazado 17 naturales. Y sobre la arena quedaba un círculo de escaso diámetro, dentro del cual las huellas atestiguaban el dominio y el engranaje, la ligazón, de aquel trasteo portentoso... Luego vinieron dos derechazos y uno de la firma ceñidísimo. Pero para esto, debemos advertir que el lado derecho del toro era difícil; y que sólo un torero como Fermín Espinosa pudo hacer a ese animal tan grandiosa faena basada en el único lado propicio: el izquierdo... Abaniqueó Fermín al toro para llevárselo hasta los medios. Entre paréntesis: este abaniqueo en el medio o al final de una faena, que ha sido censurado por algunos críticos, sirve precisamente para impedir que los peones entren a capotear sin ton ni son para mover al toro – como ocurre a los matadores adocenados –. El abaniqueo de Fermín, de Manolete, de Arruza, de Martín Vázquez, es un alarde de dominio de los toreros que no necesitan cirineos. Claro que hay casos en que se utiliza como modo de eludir una faena; y entonces debe ser censurado... En los medios Fermín se adornó en dos molinetes - el uno por delante y el otro por detrás -. Dobló para igualar y se tiró a matar recto, señalando un pinchazo. Volvió a citar al natural con insistencia sin obtener arrancada alguna más, y se tiró entonces al volapié enterrando el estoque hasta el puño y calando al animal...

En esta oportunidad no hubo conflictos de cuentas, como la tarde aquella de Nacarillo. Pero por lo visto, les gustaba hacerle números al Maestro.

Por su parte en su crónica aparecida en el semanario La Fiesta, Roque Armando Sosa Ferreyro, firmando como Don Tancredo, refiere:

Como primer espada y máximo triunfador, Armillita merece la atención de las primeras referencias y los más cumplidos elogios, pues ésta ha sido una de sus más grandes tardes, quizá la de mayor relieve en México por cuanto hizo gala de toda su maestría, de un valor sereno y positivo, de facultades portentosas, y además –y ojalá así sea siempre– de celo con el toro y con la gloria, dando a su toreo una emoción, una gallardía, una finura y elegancia que don Fermín Espinosa no acostumbra prodigar… A “Pituso” le hizo un trasteo inolvidable. El animal se ceñía por el lado derecho y Armillita lo lanceó muy bien por el izquierdo… De nuevo pidió los garapullos y encendió el entusiasmo, la emoción y la alegría con tres soberbios pares de banderillas… Y vino lo sensacional, lo extraordinario, la enorme, histórica faena: tras dos muletazos de tanteo, quince pases naturales en tres tandas… al estilo de Manolete, de perfil, acortando la distancia que lo separaba del toro con pasos menudos y flameando suavemente el engaño, que llevaron al frenesí a los aficionados, mientras se extendía por el ruedo una alfombra de sombreros y la ovación se hacía interminable. Y como remate, muletazos de adorno, medios pases por la cara, molinetes y cambios de muleta por la espalda. Echándose fuera atizó media estocada, y después una honda en todo lo alto. Ovación, oreja y rabo, música, el delirio. Tres vueltas al ruedo y dos salidas a los medios… ¿No decían que Armillita era un torero caduco, en plena decadencia? …

Concluyo esta primera parte, con lo que a propósito de la actuación de Armillita escribiera El-hombre-que-no-cree-en-nada, resumiendo el hacer del Maestro esa tarde:

“Armillita”, para con quien el público se encontraba de uñas por su apatía en muchas de sus últimas actuaciones, dio el desquite completo, cuajando dos faenones imborrables, plenos de torerismo, de sabiduría, de arte sin igual. Esos dos trasteos, compuestos de todos los pases imaginables, desde el verdadero natural que prodigó hasta el cansancio, enloqueciendo a la multitud, hasta el adorno pinturero y gallardo que vino a ser la pimienta de aquellos manjares maestramente confeccionados. ¿Cuántos pases naturales desgranó el maestrazo de Saltillo? Difícil es decirlo, pues la embriaguez en que se encontraba todo el público estoy seguro impidió poder contarlos, ¡BASTE DECIR QUE VIMOS FUE SENCILLAMENTE PRODIGIOSO! …

Y dada la extensión que van tomando estos apuntes, los concluiré el día de mañana.

Aviso parroquial: los resaltados en la transcripción de la crónica de El Tío Carlos son obra imputable exclusivamente a este amanuense, por no obrar así en su respectivo original.

domingo, 8 de junio de 2025

8 de junio de 1933: Armillita corta un rabo en Madrid en el homenaje a Martín Agüero

Foto de Baldomero aparecida en el diario La Nación
Madrid 9 de junio de 1933

El quinto toro de la sexta corrida del abono madrileño de 1928, celebrada el domingo 20 de mayo, llamado Aceitero, marcado con el número 6, de los herederos de Esteban Hernández, ganadería conocida en sus mejores días como los pablorromeros de Madrid, le infirió una cornada al diestro bilbaíno Martín Agüero.

El parte facultativo que rindió el doctor Jacinto Segovia acerca del percance sufrido fue el siguiente, según se publicó en el diario La Libertad:

«Durante la lidia del quinto toro ha ingresado en esta enfermería el espada Martin Agüero con una herida por asta de toro en la cara posterior, tercio superior, del muslo izquierdo, que interesa piel, aponeurosis, músculos abductores, y tiene dos trayectorias: una hacia la tuberosidad isquiática y otra hacia fuera. Pronóstico menos grave. – El profesor Segovia.» 

En una primera impresión parecía un percance menor que permitiría a Agüero regresar a los ruedos en unas cuantas semanas, pero de la descripción de las lesiones, no se advierte un puntazo corrido en el pie izquierdo y que quizás, junto con el compromiso circulatorio en el miembro herido, impidió que la herida le cicatrizara debidamente. Pudo reaparecer el 29 de junio siguiente, y el 9 de agosto vuelve a ser herido en Bayona. Después de ese percance suma cinco tardes más en el calendario, advirtiéndose que tenía serias dificultades para caminar y reponerse delante de los toros.

Con esas limitaciones físicas, seguirá en los ruedos las campañas de 1929 y 1930 y en 1931, se le somete a una intervención quirúrgica para amputarle los dedos del pie izquierdo, anunciándose por la prensa taurina de la época por el mes de julio, que había quedado imposibilitado para torear. Martín Agüero tenía apenas 28 años de edad.

En 1933, hizo pública su retirada de los ruedos, porque después de probarse con vacas en tentaderos, se percató de que no estaba ya apto para enfrentar a los toros en los ruedos y así lo comunicó epistolarmente a la prensa española de la época. Publicó el diario madrileño La Libertad el 3 de febrero de ese año:

Martin Agüero se retira. El que fue excelente estoqueador de toros, Martin Agüero, nos escribe una carta en la que nos comunica que el intentar entrenarse para reanudar su profesión y convencerse de que no está en condiciones paira ello, ha decidido retirarse del toreo... Las esperanzas que abrigaban el matador bilbaíno, sus amigos y los aficionados a la fiesta taurina no se han confirmado, y Martin, inútil a consecuencia de la operación que tuvo que sufrir en el pie derecho, no volverá a vestir el traje de luces... Sinceramente lo lamentamos, porque toreros del temple de Martín Agüero, toreros de tan acrisolada honradez profesional, toreros que se «vayan detrás de la espada» y den con el pecho en el morrillo de los toros, van quedando tan pocos que no es fácil resignarse con la desaparición de uno de los más caracterizados cultivadores de la escuela. Y, además, cuando el torero se retira porque ha logrado alcanzar la meta de sus aspiraciones... pero en este caso de Martín Agüero, cuando en plena juventud y lleno de afición se anhela el triunfo y se ve rota la carrera, desvanecidas las ilusiones y truncado el porvenir, sólo puede producir amargura y tristeza...

Tras de hacer pública su necesaria decisión, los estamentos de la fiesta se pusieron en movimiento para intentar auxiliar al compañero caído, como enseguida lo veremos.

La solidaridad del toreo

Anunciado el retiro de Martín Agüero y las causas del mismo, prontamente se movilizaron los distintos estamentos de la fiesta para auxiliar al torero de Bilbao. No fue precisamente un camino de rosas el llegar a la corrida que en este momento me ocupa y una posterior celebrada en su tierra natal, como lo narra Alfonso, cronista del diario El Liberal, en su edición del 9 de junio de 1933:

Bombita tuvo el rasgo, de todos conocido y alabado, de crear el Montepío. Ha habido necesidad de llegar a estos tiempos para que la benéfica institución haya dejado de ser un culto para los toreros... Bombita, Vicente Pastor, Marcial Lalanda y Domingo Ortega han hecho verdaderos sacrificios para el sostenimiento de la misma. Hay que pintar el cuadro con toda dureza para que no se repita el caso de que un hombre como Martín Agüero, cuando se hallaba en el apogeo de su arte y de su fama, por un desgraciado accidente tuvo que abandonar la profesión, y se ha visto en la imprescindible necesidad de organizar este beneficio. Pues bien; cuando esto sucede hay diestros... que se niegan a torear la corrida del Montepío, o piden cifras tan fantásticas, que de antemano sabe cuál ha de ser la contestación... Hay que hacer un escarmiento serio para terminar con estas cosas. Medios legales existen para que los hombres de corazón – en la plaza y en la calle – se nieguen a actuar con los que anteponen su conveniencia particular al interés general de los compañeros desvalidos. Aislarlos es un beneficio...

Y, sin embargo, la corrida se pudo organizar, contando con Nicanor Villalta, Fermín Espinosa Armillita, Domingo Ortega y Fernando Domínguez, quienes enfrentarían en el inicio, un encierro de Julián Fernández, antes Vicente Martínez, del que al final, solamente se aprobaron cuatro toros, completándose el lote, con otros cuatro salmantinos de Clairac.

La corrida contó, además, con la presidencia honoraria de Vicente Pastor, diestro madrileño en el retiro, quien, en su día, también fuera presidente del Montepío de Toreros.

Los triunfos de Armillita y Ortega

Las crónicas de casi todos los diarios de Madrid se ocuparon de señalar primordialmente la faena de Domingo Ortega al toro Tesorero, número 32, corrido en tercer lugar, ante el que el torero toledano recuperó, en el sentido colectivo de los cronistas, el sitio que parecía tener perdido. Le cortó las dos orejas y se llevó una de las grandes ovaciones de la tarde.

Por su parte, Armillita tuvo una labor breve ante el primero de su lote, de Julián Fernández, el que casi al abrirse de capa lo volteó y le destrozó la taleguilla, dejando para la posteridad una imagen suya poco frecuente, pues tuvo que terminar la corrida con un pantalón de arenero, pues los destrozos a su vestido de luces, eran irreparables.

Armillita visto por Roberto Domingo
Diario La Libertad, Madrid 9 de junio 1933

Ante el sexto de la tarde, Saltillo, negro bragado y escurrido de carnes, de Clairac, realizó una de las grandes faenas de su historia en los ruedos hispanos. Escribió Rafael Hernández y Ramírez de Alda, firmando como Rafael para el diario La Libertad:

Su segundo toro fue bravo y lo aprovechó Armillita para hacer una faena grande y completa, una faena de maestro y de artista. Empezó toreando de capa con mucho temple y mucha quietud y siguió en quites derrochando arte y valentía. El toro, bravo y noble, se arrancó bien a los caballos… Tomó Armillita los palos, y después de citar insistentemente para quebrar clavó un gran par al cuarteo. Volvió a citar al quiebro, y a fuerza de aguantar obligó al toro a que se arrancara; pero tan de cerca que no había sitio para ejecutar la suerte, y así resultó el par desigual y Armillita atropellado. Sin embargo, fue tan grande el valor con que aguantó al toro, que se le ovacionó con entusiasmo. Cerró el tercio con otro par al cuarteo muy bueno y se reprodujeron las ovaciones… Brindó la muerte del toro desde el centro del ruedo e inició la faena con un pase por alto superior, y seguidamente, con la muleta en la izquierda, dio seis naturales admirables de temple, de mando y de valor, y luego, ligado con ellos, uno de pecho soberbio, corriendo bien la mano y pasándose todo el toro por delante. Estalló la ovación en honor del gran torero y ya siguió durante toda la faena, en la que hubo pases de todas marcas y adornos de todo género, incluso un molinete de rodillas, realizado todo con una elegancia, un arte y una maestría imponderables. Entrando bien dio una estocada que mató sin puntilla, y a petición unánime del público se le concedió una oreja, luego la otra y el rabo (que Armillita tiró con muy buen acuerdo) y dio la vuelta al ruedo entre aclamaciones y tuvo que salir a los medios y aun se le ovacionaba durante la lidia del otro toro. Un éxito, en suma, tan grande como merecido...

La tarde triunfal del homenaje y beneficio a Martín Agüero quedó redonda, con esta importante faena del Maestro de Saltillo.

Nicanor Villalta y Fernando Domínguez terminaron por enfrentarse a los huesos del encierro y terminaron por demostrar su voluntad de agradar y de auxiliar a su compañero caído ante las astas de los toros.

El homenaje a Martín Agüero

Tras despachar al tercero de la tarde, Domingo Ortega sacó a Martín Agüero al ruedo y le invitó a dar la vuelta al ruedo junto con los demás diestros actuantes en el festejo. Escribió Eduardo Palacio en su crónica aparecida en el diario ABC de Madrid:

Martín Agüero salió al ruedo de la mano de Ortega en el toro en que triunfó plenamente el de Bórox, y ambos y los otros tres espadas escucharon muchos aplausos... Ver a Martín Agüero cojeando sobre la arena donde tantas tardes triunfara su gallardía, en ese coso que fue el de sus éxitos y del que salió en hombros infinidad de veces, producía una tristeza infinita. No obstante, el inválido, correspondiendo a los aplausos que se le tributaban, sonreía satisfecho, reconociendo que aquella prueba de cariño era el epílogo de la historia brillante de un pundonoroso matador de toros. Y así era, en efecto...

Era un reconocimiento justo, aunque la plaza no se haya llenado. Quizás si se hubiera dado en domingo, la entrada pudo ser otra. En fin...

Termino estos apuntes con una reflexión que hizo en su día el citado Eduardo Palacio, en el introito de la crónica de esta corrida histórica:

El 31 de agosto de 1924 tomó en Málaga la alternativa de manos de Chicuelo, que le cedió el toro de Pablo Romero, “Sotillo”, chorreao en verdugo, el diestro bilbaíno Martín Agüero, que contaba a la sazón veintidós años de edad… llegó a sumar cincuenta y dos corridas el año 27, y eso que perdió algunas por diversos percances, marchando luego a Méjico ventajosamente contratado, y realizando allí una brillante campaña. Regresó a su patria, y la temporada de 1928 se le presentaba espléndida, teniendo ya en su haber las orejas de oro de la Asociación de la Prensa de los años 26 y 27, cuando en la corrida del domingo 20 de mayo, alternando con Fuentes Bejarano y Mendoza, un toro de los lidiados, su segundo, de D. Esteban Hernández, le infirió una cornada en un muslo y un puntazo en el pie derecho, determinando esta última lesión, tras dos años de lucha y sufrimientos, el tener que abandonar el arte a que había consagrado sus desvelos, por encontrarse cojo. Su última actuación fue en Logroño, el 24 de septiembre del 30, matando un toro de Murube, tan admirablemente, que cortó la oreja del bicho…. Tristezas, ingratitudes, decepciones del pobre inválido, y una lucha homérica para llegar al día de ayer, en la que se verificó, ¡al fin!, una corrida en su beneficio. Antes de hablar de ella quiero en estas líneas enviar a Martín Agüero un fuerte abrazo, compendio de la sincera admiración que le profesé siempre, como artista y como hombre. Primero supo luchar con los toros; después ha sabido luchar denodadamente con otra fiera más temible: la adversidad. Y ni con aquéllos ni con ésta trató de defenderse con ningún truco. A los primeros dio su valor sin par y su arte, y a esta ha hecho frente con una sonrisa de desdén y la firmísima voluntad de consagrarse al trabajo. Por eso deseo al valiente inválido que, como fin de su jornada, encuentre convertidas en rosas las espinas que bordearon el camino de su triunfo. Todo lo merece por bueno y por hombre...

Martín Agüero, quien nos dejó para la posteridad la muestra de la manera de matar correctamente a los toros y que también ha sido el inspirador de uno de los más hermosos pasodobles que la música del toreo conoce, falleció en el año de 1977, perseguido por las secuelas de la cornada de Aceitero. Que haya encontrado el merecido reposo.

domingo, 29 de diciembre de 2024

15 de diciembre de 1929: Félix Rodríguez y Cafetero de Piedras Negras

En memoria de don Antonio Ramírez González, quien el día de ayer hizo el último paseíllo.

La temporada de novilladas 1929 tuvo como principales triunfadores a Carmelo Pérez, Esteban García, José González Carnicerito y a Jesús Solórzano y como lo señala bien Verduguillo, el único que escapó a un destino trágico fue quien después sería conocido como El Rey del Temple, pero sin dejar de pagar su cuota de sangre, porque fue muy castigado por los toros. 

Así, la temporada 1929 - 30 en el Toreo de la Condesa tenía como bases entre los toreros mexicanos a Juan Silveti y a Pepe Ortiz, quienes encabezarían el elenco de los nuestros junto con los recién alternativados Heriberto García, Paco Gorráez y Edmundo Maldonado Tato, y con los que recibirían el doctorado en ese ciclo, Carmelo Pérez y Jesús Solórzano.

A esos siete diestros nacionales se sumarían los hispanos Joaquín Rodríguez Cagancho, Antonio Márquez, Ricardo González, Mariano Rodríguez Exquisito y quien me ocupa en estas líneas, el santanderino Félix Rodríguez.

Los dos toreros que más actuaciones sumaron y que tuvieron triunfos destacados en la temporada fueron Cagancho, que terminó siendo declarado el triunfador de ella y Heriberto García, quien se reveló además como un extraordinario estoqueador y que en su faena al toro Vigía de La Laguna, alcanzó uno de los puntos destacados de su trayectoria en los ruedos.

La temporada capitalina de Félix Rodríguez

El torero de Santander tuvo seis actuaciones en esa temporada, prácticamente consecutivas, a partir del 1o de diciembre de ese 1929, una tarde lluviosa, en la que, al decir de Heriberto Lanfranchi, la corrida debió suspenderse, pero al haberse dado, todo el mundo salió perjudicado con la decisión de la autoridad.

Al final de cuentas, Félix Rodríguez solamente pudo mostrar algo de lo que la prensa de la época dio a conocer de su paso por los ruedos hispanos, donde en ese calendario, de acuerdo con el anuario Toros y Toreros de Uno al Sesgo, actuó en 65 corridas. El juicio que hace de este diestro don Tomás Orts Ramos en ese resumen es el siguiente:

Perdió además 6 corridas, por diferentes causas. Ocupa el tercer lugar, por el número de actuaciones entre los matadores de toros, y aunque su campaña ha tenido grandes desigualdades, en nada ha bajado su cartel, porque como a todos los toreros de su clase y estilo, el público les concede un margen amplio de crédito, sabiendo que pueden volver por sus fueros y prestigios cuando se les antoje...

Es decir, plantea con claridad meridiana que Félix Rodríguez no era un torero que se distinguiera por ser consistente en su actuar en los ruedos.

La novena corrida de la temporada 1929 – 30

Para el domingo 15 de diciembre de 1929 se anunció la alternativa de Jesús Solórzano, quien la recibiría de manos del nombrado Félix Rodríguez y contando con el testimonio de Heriberto García. Los toros anunciados fueron de Piedras Negras, aunque al final terminaron lidiándose solamente cuatro de estos, pues el primero de la tarde y de la alternativa de Solórzano, llamado Cubano, y el quinto - bis, un retinto nombrado Lamparillo, segundo de Heriberto, fueron de La Laguna.

Por las disposiciones reglamentarias de la época, a Félix Rodríguez le correspondió lidiar a los toros tercero y cuarto de la corrida, siendo este último en donde pudo acreditar a la afición de la capital el por qué de su renombre. El toro se llamó Cafetero y fue de Piedras Negras. De la crónica de Armando de María y Campos, firmando como El Duque de Veragua, publicada en el semanario El Eco Taurino, extraigo:

En cuarto lugar, sale “CAFETERO” – número 27, cárdeno oscuro, morcillo, bragado y de muy buena construcción en general –, y con el primer capote que se encuentra es con el de “Posadero”. Salta al callejón, señal de que no es bravo. Félix lo torea de capa y de la serie de lances que da, no se nos olvida una verónica, uno doblando con el toro y el valiente remate de rodillas, aunque perdiera el capote. Pican “Cicoto” y “Marinero” y el toro se va creciendo por momentos. Félix corto y emocionante. Heriberto muy torero y Solórzano hace el gran quite de la tarde, embarrándose materialmente el toro a la cintura. Oye imponente ovación, música y sale al tercio a saludar... Lo parean rápidamente Delgado y Espinosa, y nos volvemos todos ojos para ver a Félix que sale con la muleta en la izquierda, arrastrándola indolentemente. Recordemos que a Félix se le llama en España “el torero de la mano izquierda” y que de él se ha dicho que su pase natural no se parece al de ningún otro torero, así de personal y emocionante es... El primer pase es el natural. Excelente principio. Un ayudado para colocarse él mismo el toro donde le convenía, y se pasa otra vez la muleta a la zurda. Y ante nuestros ojos atónitos - no incrédulos - Félix va desenvolviendo la película lenta de un inacabable pase natural, que liga con otro y con otro, y con otro, hasta sumar seis, que remata con uno de pecho, prodigio de sencillez y de emoción. Echad sobre un terciopelo negro un puñado de brillantes: uno, dos, tres, hasta seis, y una clara esmeralda, y tendréis un símil exacto de esta parte de la faena de Félix. En los tendidos la ovación es imponente. Y sigue la faena, con el toro bravísimo que se ha encontrado a un torero, a un gran torero, que no en balde torea en España ochenta y tres corridas, cerca de la mitad en Andalucía. ¿Es o no es Félix un torero jándalo? Y sigue por naturales... Como un Creador que arrojara sobre el tapiz azul del cielo puñados de luceros, así Félix Rodríguez sigue toreando al natural. Una vez, y otra, y otra, hasta consumar el clásico pase en redondo, y luego lo repite, como si quisiera ratificarlo, hacerlo otra vez, y otra, para que no quepa duda de que él es más que un Maestro del pase natural: un Rector del clásico muletazo. ¡De once pases naturales se compuso la segunda parte de esta faena!, una de las más grandes – y desde luego la más clásica que se ha hecho en la plaza de “El Toreo” –, que cerró con el áureo broche del pase de pecho, lento, echándose por delante a todo el bravísimo “Cafetero”... Hay una pausa. El jándalo Félix se retira a reponerse de una vasca imprevista, y que sirve para que “Cafetero” se refresque un poco... Y sigue la borrachera de naturales. Sobre el terciopelo negro de la tarde brillan hasta veinte clarísimos diamantes: los ¡veinte naturales! que Félix le ha sabido, y le ha podido, y le ha querido dar a este toro de Piedras Negras, bravo, qué duda cabe, pero que principió saltando al callejón... Sí, no se nos engañaba, no se nos contaba un cuento japonés, cuando se nos aseguraba que Félix Rodríguez torea al natural de modo personalísimo, cómo que sus naturales no son naturales – ¿por qué han de ser “naturales” estos pases maravillosos que Félix crea a la vista de miles de espectadores? – sino “legítimos” ... De hoy en adelante el pase clásico no será más un “bastardo” en el arte del toreo, no será un “natural”, porque ya tiene un padre que lo ha reconocido – veinte veces en una tarde –, y este es Félix Rodríguez. De hoy en adelante ese difícil pase que se da con la mano izquierda “situándose el lidiador en la rectitud del cornúpeta, teniendo el engaño en la mano de cobrar y a una distancia regular, dejando que el toro llegue a milímetros del trapo, cargándole la suerte y dándole lenta salida hacia el terreno que queda atrás del torero”, ya no se considerará como un pase natural, sino por un pase legítimo, de Félix Rodríguez... Una estocada atacando con fe, y las dos orejas, el rabo, dos vueltas al ruedo y una ovación imponente...

De María y Campos ve la faena como una obra bien compuesta, importante y merecedora de la atención que los aficionados le dieron por la emoción que les causó, y que al paso de los años, es como se quedó en la memoria colectiva, porque así es como la recoge la historia.

Más no todas las opiniones fueron encaminadas en el mismo sentido. La versión de Edmundo Fernández de Mendoza, Martín Galas, director y cronista del semanario El Taurino, es duramente crítica, a partir básicamente de dos hechos: que le pareció que el toro no tenía el suficiente trapío y de que la faena se realizó exclusivamente por naturales. Lo cito:

El toro menos toro de la camada de ayer, se lidió en cuarto turno; se llamó “Cafetero”, fue negro listón, bragado, bien encornado, sacudido de carnes, sin fuerza y pastueñote desde que pisó el ruedo. Félix le largó tres mantazos sin gracia, sin alegría, sin nada de lo que dicen sabe hacer con el capote. El bicho visitó el pasillo y cuando volvió a la escena, “El Sereno” ejecutó dos lances, distanciado, y moviéndose más de la cuenta, dobló dos veces con el burel y remató sin apretarse. El burel se arrancó de largo a “Azuquita”, que picó en los bajos; Félix hizo una chicuelina; pero Chucho Solórzano vino a demostrarle cómo se hacen esos lances, en el quite que le correspondió. Y, en la comparación, perdió Santander. Solórzano instrumentó después superior verónica y recortó como los grandes toreros. Heriberto también hizo superior verónica y remató con una artística rebolera. Para los dos mexicanos hubo palmas abundantes... Y entonces, con un becerro adelantado, como queda dicho, sin fuerza, francote y noble, Félix realizó una faena izquierdista, compuesta de naturales y de pecho, ligando los muletazos, corriendo muy bien la mano en unos y enmendándose en otros. Pero, en honor de la verdad, estuvo muy bien en conjunto, sobresaliendo cuatro naturales que le resultaron chipén. ¡Si así fuera siempre y con toros, otro gallo nos cantara, señor Rodríguez! No le escatimo a usted el elogio, porque ya se vio algo de lo mucho bueno que dicen sabe usted hacer; pero esto no es bastante. Faenas por naturales, desde el principio hasta el fin, se las hemos visto varias veces a Manuel Jiménez, que es, de los toreros que conocemos, quien mejor ejecuta el clásico muletazo fundamental del toreo. ¡Ojalá que usted repita esta hazaña, grande como fue, con toros hechos, que embistan fuerte y que tengan lo suyo en la sesera, porque, entonces, nos cansaremos de tocarle palmas, como se las tocó la mayoría del público, deseoso de que usted demostrara que en verdad es torero! ¡Ya veremos después, que para todo hay tiempo! … Volvió el matador a echarse fuera y a alargar el brazo, cuando entró a herir y esto restó méritos a la labor de Félix, pues el estoque quedó atravesado. Y entonces vimos lo que no se había visto antes en “El Toreo”: ¡Se concedieron al señor Rodríguez las orejas y el rabo de “Cafetero”! La ovación, por lo que hace a la faena, fue justificadísima, que, por lo que se refiere a la estocada, “El Sereno” no la merecía tan grande... 

Como se ve, Martín Galas no reconocía tanto mérito a Félix Rodríguez y he de agregar, que la línea editorial del semanario que dirigía, iba por el mismo sentido. Hay en el número del 16 de diciembre de 1929, donde se publicó la crónica a la que vengo aludiendo, un artículo demoledor de Enrique Arzamendi, criticando la actuación del torero de Santander.

Años después, en su revisión histórica de la fiesta que vivió, Rafael Solana, Verduguillo, relata lo siguiente:

La nota cumbre de la corrida de la alternativa de Chucho fue una de su padrino, Félix Rodríguez, a quien en España se apodaba "El Sereno", a un toro con poco respeto de Piedras Negras llamado "Cafetero", le hizo el diestro santanderino un trasteo exclusivamente sobre la mano izquierda y cortó orejas y rabo. Éste había de ser su único éxito en México; todo el resto de su actuación aquí fue una cadena de desastres... Félix, por cierto, salió en tan mal estado físico aquella tarde, a causa de las continuas fiestas que aquí llevaba, que tuvo que interrumpir varias veces su faena para ir discretamente a un burladero a "cambiar la peseta", un espectáculo bastante lamentable, si se tiene en cuenta que dieciocho mil pares de ojos se dedicaban a tan poco vistosos menesteres...

No es excesivo recordar que Verduguillo dirigió varios años a El Universal Taurino que es el antecedente directo del semanario que dirigía Martín Galas. Quizás la formación periodística y taurina dio un punto de vista semejante a ambos, pero aunque Félix Rodríguez dividió las opiniones de la prensa, la memoria de su triunfo quedó en los escritos para la posteridad.

El impacto de Félix Rodríguez

El diestro de Santander vivió deprisa y murió joven, a los 38 años de edad. Según a quien se lea, tenía padecimientos de distinta índole, que iban desde los reumáticos hasta aquellos de transmisión sexual. Creo que por lo que se narra de su forma de vivir, esta última opción es la más factible y era en esos días también la menos tratable médicamente.

Sin embargo, el impacto que causó como torero en sus pares fue grande. Me contaba don Arturo Muñoz La Chicha, banderillero de la Triana de mi tierra, que un torero que infundió respeto nada menos que al maestro Fermín Espinosa Armillita, fue precisamente Félix Rodríguez. Y hurgando las hemerotecas me encuentro esto que escribió José Luis Benlloch:

Comenzando por el gran Armillita, que cuando le pregunté en el callejón de La Monumental de Barcelona, en la que estaba acompañando a su hijo Miguel, después gran amigo y entonces novillero que seguía la huella de su padre, “El torero más grande que usted conoció en su larga carrera debió ser Joselito El Gallo, ¿verdad?”; me respondió inmediatamente: “No; Joselito era muy bueno, pero el mejor torero que yo he conocido se llamaba Félix Rodríguez”. Y me contó una serie de cosas que revelaban en aquel torero un personaje singular e irrepetible. Para terminar recordando con los ojos semientornados: “Aquel no era un torero, era un sueño vestido de luces”...

Un sueño vestido de luces... Me quedo con la opinión más autorizada, la de Armillita, quien dijo que fue el mejor torero que había conocido, y eso es lo suficiente para que cualquiera que se haya vestido de luces pueda ser considerado un ser superior. Por eso, Jorge Laverón no exageraba al considerar que pudo ser el verdadero sucesor de Gallito, pero citando de nuevo a La Chicha, le gustaba la jarana y le encantaban las gitanas...

En fin, que en México pudo ser visto, aunque fuera por una sola tarde.

Aviso parroquial primero: De la alternativa de Jesús Solórzano, ya me había ocupado en este sitio.

Aviso parroquial segundo: Los resaltados en los textos transcritos son obra imputable solamente a este amanuense, pues no obran así en sus respectivos originales.

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