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viernes, 24 de abril de 2009

Tal día como hoy: 24 de abril de 1967. Se presenta Manolo Martínez en Aguascalientes


Hoy hace 42 años que en la segunda corrida de feria que se dio en la Plaza de Toros San Marcos actuaron Raúl García, Raúl Contreras Finito y un joven diestro regiomontano llamado Manolo Martínez, que por primera vez actuaba en esta ciudad, ante toros michoacanos de El Junco.

Como se puede ver del programa de la feria, esta corrida no estaba contemplada originalmente para el serial, pero se fraguaba ya el asalto a la cumbre del torero de Monterrey y la búsqueda del sitio privilegiado que ocupaba por esos días Manuel Capetillo, que era el eje del serial como se concibió primeramente, al estar anunciado en los dos carteles de los que constaba.

La relación que hizo de la fecha don Jesús Gómez Medina en El Sol del Centro, tiene por notas destacadas lo siguiente:



…Interrogado el Pasmo de Triana sobre el concepto del toreo, luego de explicar su parecer al respecto, terminó por aseverar categóricamente:

‘Mi visión en esto de torear se condensa en una sola frase: temple. Torear es templar, es llevar al toro pendiente del engaño, no quitárselo nunca mientras siga su impulso…’

Y añadía el más grande de los transformadores del toreo:

‘Yo creo que habrá un torero que sepa medir el empuje de todos los toros y que saque de ellos el mejor partido; creo en fin, que todos los toros tienen lidia y que a todos se les puede sacar un provecho para el lucimiento. Lo que se necesita es medir el impulso inicial de la embestida y mediante el temple, aprovecharlo para consumar la suerte.’

Estos y otros conceptos fluían a la mente mientras Manolo Martínez toreaba de muleta a su primer enemigo; un toro cárdeno, asaltillado, con buen estilo, con sedeña embestida, más con poquísima fuerza. Pero el capote y la muleta de este torero nacido en Monterrey – como Lorenzo el Magnífico, con cuyo arte tiene el de Manolo Martínez muchos puntos de contacto – lograron el prodigio de hacer pasar una y cien veces a un astado de muy menguadas energías.

¡El capote y la muleta de Manolo Martínez, manejados rítmica, acompasada, suavemente!

¡Con temple, en suma!

La apoteosis del templeApenas salió el de El Junco, Manolo Martínez se plantó en la arena. Y en esa actitud, garboso, erguido, vertical, pero con una verticalidad exenta de rigideces, con una quietud tan solo quebrantada por el perezoso movimiento de los brazos que manejaban el engaño, trazó el de Monterrey tres lances a pies juntos, tres parones esculturales. Fijó luego al cárdeno, añadió otros lances con el compás abierto y remató superiormente.

El toro – lo mostró desde el primer momento – tenía magnífico estilo. Embestía con suavidad y nobleza ducales, pero andaba muy menguado de fuerza. Por eso tan solo recibió un puyazo, en el que dobló los remos…

Pero tenía casta y casta de excelente calidad. Y como Manolo Martínez lo toreó con un temple exacto, exquisito, más a la vez imperioso, inflexible de su muleta, jardín del arte del toreo, fueron brotando en series que semejaban ramilletes de rosas purpúreas de los pases naturales, los derechazos, bañados de fragancia y torerismo con claveles nacidos en los cármenes del Alcázar sevillano…

La firmeza del trazo y el ritmo suave, uniforme del engaño, lograban el prodigio de alargar la trayectoria del muletazo.

¡Y con cuanta gallardía, con qué nuevo e impetuoso clasicismo el gran torero norteño cerraba cada serie con el broche emocionante de los pases de pecho!

Intercalados en la faena, el trincherazo y los pases de la firma surgieron como la pincelada colorista y alegre que alternaba con la solemne cadencia del toreo en redondo.

Y cuando las menguadas fuerzas del cárdeno parecían agotadas del todo, fue dable admirar de que manera Manolo Martínez, llegando al terreno necesario, insistiendo, inclusive provocando al burel con golpes del muslo en el pitón alargaba inverosímilmente el trasteo y prolongaba, acrecentándola, la locura colectiva, al consumar nuevas y mejores series de naturales y derechazos.

Cumplíase en esta forma la teoría belmontina: ‘Lo que se necesita es medir el impulso inicial de la embestida, y mediante el temple, aprovecharla para consumar la suerte’…

Así describió el cronista la primera de las 58 actuaciones que Manolo Martínez tendría en nuestras plazas y lo que a mi juicio resulta ser el inicio de su andadura para tomar el mando de la fiesta en México. También actuaría Martínez en la corrida del día siguiente, el principal de la feria, ya acartelado con Capetillo, pero su declaración de intenciones quedó establecida en esta fecha que hoy recuerdo para quienes me distinguen con su visita por esta Aldea.

Manolo Martínez solamente estaba anunciado en el segundo cartel de la feria y en las apenas 45 corridas que llevaba toreadas a esa fecha, únicamente se había encontrado con el tapatío en enero en León y en México en la corrida del Estoque de Oro y en Irapuato, estas dos últimas durante el mes de abril.

Entonces, Pepe Luis Méndez, matador de toros retirado y a la sazón, apoderado del diestro veía la necesidad de mantener al ya llamado Milagro de Monterrey en la cercanía de Capetillo, en preparación de lo que culminaría el 3 de diciembre de ese año en El Toreo de Cuatro Caminos, ante los toros de don Luis Barroso Barona, que sería el encumbramiento de Martínez y la eventual retirada del Mosquetero, como lo apunté en una entrada anterior.


Esa es, desde mi punto de vista, la razón de insertar una corrida que tiene todos los visos de extraordinaria en un día laborable – lunes – dentro de una feria ya hecha, pues de otro modo, carecería de razón, sobre todo si se considera que su torero ya tenía un puesto dentro de ella y en el día principal, pero se trataba de ir por todo y esa era la única manera de lograrlo.

El cartel para hoy: Toros de Medina Ibarra para Rafael Ortega, Antonio Barrera, Fabián Barba y Juan Antonio Adame.
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