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domingo, 10 de mayo de 2026

10 de mayo de 1957: José Ramón Tirado confirma su alternativa en Madrid

José Ramón Tirado, Julio Aparicio y Antoñete
Foto: Martín Santos Yubero - Archivo Comunidad de Madrid

José Ramón Tirado llegó a España de la mano de Rafael Sánchez El Pipo hace 70 años. El diestro de Mazatlán y el apoderado nacido en Córdoba eran proclives a realizar acciones que llamaran la atención, por los medios que fueran. Javier Manzano, autor de un interesante libro titulado Antoñete. La tauromaquia de la movida, en su página personal al referirse al encuentro de El Pipo con Tirado, escribe:

Su primera peripecia, añagaza y osadía la perpetró a finales de los 50 con el mexicano José Ramón Tirado a quien para darle a conocer en España le inventó la siguiente historia contada por él mismo: “iba a llegar Franco de un viaje y llamé a Tirado para que sacase un billete de avión para ese mismo día pero que no viajase. En el aeropuerto estaba toda la prensa esperando al Caudillo y yo a través de un fotógrafo amigo hice correr el rumor de que el torero que llegaba ese día no lo haría porque se había tirado del avión. Al momento todos los periodistas estaban a mi alrededor y yo inventando la historia; al día siguiente todo el mundo conocía a Tirado. Pero no me quedé ahí, sino que la seguí alimentando y un par de días después me inventé que un barco había rescatado al torero en alta mar y que aquello era un milagro. Tirado volvió a llenar páginas de periódicos y revistas, y esa temporada todo el mundo quería verle torear...

Ese aparente desacato le valió para que José Ramón toreara esa campaña 42 novilladas, quedando cuarto en ese escalafón, detrás solamente de Chamaco, Jaime Ostos y Curro Girón y le permitió recibir la alternativa el 12 de octubre de ese mismo año en la Mérida extremeña, apadrinándole Litri y llevando el testimonio de Antonio Ordóñez. El toro de la ceremonia se llamó Cuellolargo y fue de don Manuel González.

José Ramón Tirado regresó a torear el invierno a México, y confirmó su alternativa en la capital con el toro Remador de La Laguna, volviendo a ser su padrino Miguel Báez Litri, y fungiendo como testigo el Güero Miguel Ángel García.

El San Isidro de 1957

Rafael Sánchez El Pipo, tenía su manera de resolver las cosas. José Ramón Tirado ya tenía cierto predicamento en Madrid, porque allí se había presentado el 8 de julio del año anterior, y le cortó una oreja al primero de su lote; reapareció cuatro días después y se volvió a llevar una oreja del que cerró plaza y en su tercera oportunidad, el 29 de ese mismo mes de julio le cortó las dos orejas al tercero de la tarde, de Garro y Díaz Guerra.

Esa cadena de triunfos en la Villa y Corte la vendió bien don Rafael y le escrituró tres tardes para ese San Isidro del 57. Creo importante anotar aquí que Joselito Huerta, figura cimentada, apenas logró firmar una en esa feria. La confirmación de la alternativa en la apertura de la feria, con Julio Aparicio y Antoñete; la reaparición al día siguiente, con Aparicio otra vez y Manolo Vázquez y cerraría ese serial el 17 de mayo con Manolo Vázquez y Gregorio Sánchez. Y los toros eran los que exigían las figuras, por su orden, de doña Eusebia Galache, Atanasio Fernández y Barcial. Iba colocado como figura del toreo, aunque tuviera todo que demostrar.

José Ramón Tirado en su confirmación

Al final de cuentas Tirado no logró asegundar los éxitos que como novillero firmó la temporada anterior. Hay una amplia gama de apreciaciones entre los cronistas de aquellos días, pero todos coinciden en el hecho de que, ya no realizó el toreo destinado a conectar con los tendidos que le caracterizó en las presentaciones anteriores. Escribe Juan León en su crónica para el diario madrileño Arriba:

Este mejicano supo conquistarse grandes sectores de opinión con sus actuaciones novilleriles en el coso de las Ventas. Se le recibió, pues, con agrado, y él supo en sus primeras intervenciones con el capote hacerse aplaudir con fuerza, sobre todo, en su primer quite, echándose el capote a la espalda y pasándose muy cerca a su enemigo. Se 1e aplaudió también en la solemnidad de la confirmación, cuando Julio Aparicio le hizo entrega de las armas toricidas... Brindó al público y se fue al toro para citarle con el pase cambiado que tanto le acreditó en esta plaza: adelantar la muleta por delante y sacarla luego por la espalda, cuando el toro llega a jurisdicción. Siguió con dos ayudados por alto y uno de pecho. Citó con la derecha, y al segundo pase en redondo se le llevó el toro la muleta, cuajando seguidamente una buena serie de esta misma clase. Cambió de mano y logró tres naturales y el de pecho. Las embestidas de la res eran tardas y nada alegres, desluciendo los buenos deseos del diestro. Aliñó, para un pinchazo y una estocada desprendida, escuchando palmas y algún pitito...

Por su parte, Antonio Bellón, titular de la crónica taurina en el diario Pueblo, refiere:

A Tirado, un alboroto emocionante de ovaciones, sus ceñidísimas y reposadas gaoneras le dejaron su boyantillo primer toro donde más aire hacía: en la boca de riego. Su vaciarse el toro por la espalda tras angustiosa espera arrancó aclamaciones. Luego, en lucha contra viento y marea, salía airoso en redondeados redondos, y ovacionado, matando pronto, y en el huidizo sexto, acosadísimos los rehileteros, al borde del percance el Portero de Méjico, los focos encendidos, el público frío y enfriado, el espada en su macheteo preventivo no estudiaba la embestida del toro, mató aliviado, y al embotársele el verduguillo, se llevó un recado...

Y por su parte, Manuel Casanova, director del semanario El Ruedo, firmando como Emecé, refiere:

Entre el explicable nerviosismo en la tarde de confirmación de su alternativa, entre el viento que tanta desconfianza pone en los toreros, y entre que los toros que le correspondieron no fueron de los de «faena hecha», lo cierto es que la primera actuación del mejicano José Ramón Tirado como matador de toros en Madrid resultó bastante deslucida... En diestros cuya casi única tecla es la emoción, cuando ésta falta, se desvanece poco menos que en absoluto la posibilidad del éxito. Así le ocurrió en la tarde del viernes a Tirado. Salvo unas verónicas al toro de su alternativa y un ceñido quite por gaoneras, y más tarde en la faena de muleta una serie de redondos con la mano derecha, sus restantes intervenciones carecieron de brillantez. Todo lo sacrificaba en su primera faena a dar ese pase espectacular de adelantar la muleta por delante y sacarla por la espalda, en el que destacó su personalidad como novillero. Lo dio al fin, aunque a destiempo. Lo demás ya fue cuesta abajo. Unos pases discretos, un pinchazo y una estocada desprendida pusieron fin al trance de la confirmación, que la hizo con «Medianejo», número 80, berrendo en negro...

Por lo relatado en las crónicas que se transcriben, tal pareciera que la afición de Madrid esperaba al torero explosivo, que procuraba el hacer pirotécnico, exclusivamente de cara a la galería, para celebrar su hacer en el ruedo. Pero, por otra parte, también se puede apreciar que los elementos jugaron a la contra en el hacer del torero, que se vio afectado por el viento y las naturales incomodidades que éste produce.

El condicionamiento de una campaña

Las dos tardes que le restaban a José Ramón Tirado en Madrid no le resultaron triunfales tampoco, lo que condicionó en mucho el desarrollo de su temporada española del año 57, misma que cerró apenas con 6 tardes, las tres de Madrid, dos en Barcelona y una final en Palma de Mallorca el 9 de julio de ese año, con la que concluyó su paso por los ruedos hispanos.

A mediados de agosto, ya estaba toreando en plazas de México.

Una remembranza de El Pipo

Decía al principio de estas líneas que Rafael Sánchez Ortiz El Pipo, fue el artífice de la sorpresiva irrupción de José Ramón Tirado en ruedos de España, pero ese apoyo no fue gratuito. Observando su desarrollo como apoderado, he adquirido la impresión de que sabía descubrir toreros, llevando de las capeas o de las tapias a diestros como El Cordobés, José Fuentes o Curro Vázquez. Dirigiendo las carreras de otros toreros que dejaron historia como José María Clavel, José María Montilla, Paco Pallarés, o Antonio Ruiz Espartaco padre. Entre los nuestros, aparte de Tirado, también llevó las cosas de Manuel Capetillo.

Normalmente recordamos a El Pipo por las cuestiones que lo vinculan con la picaresca que se infiltra en esta fiesta – como la anécdota que cuenta Manzano –, pero era un aficionado sagaz, que sabía ver las virtudes de los aspirantes a toreros y no paraba en mientes para tratar de que llegaran a ser figuras del toreo.

Ser apoderado de toreros es algo más que ser un administrador. El ejemplo de El Pipo creo que lo deja claro.

domingo, 8 de diciembre de 2024

La permanente solidaridad del toreo

El pasado domingo veía por la televisión el festival taurino que, en lo que ayer fuera la Chata de Vista Alegre, en Carabanchel, se ofreció para recaudar fondos para ayudar a aliviar los estragos que una DANA causó en diversas poblaciones de la Comunidad Valenciana. El final inesperado que tuvo, al más puro estilo de las obras del boom latinoamericano de la literatura, me recordó otro evento similar, celebrado en 1986, también ideado para intentar paliar en alguna medida las desgracias causadas por la erupción del volcán Nevado del Ruiz en Colombia. Y leyendo sobre este último festival, encontré lo que me parecen ciertos paralelismos. Es por eso que hoy trataré de exponerles lo que sucedió ese 5 de abril de hace ya casi 39 años y plantear lo que creo que son esos puntos de contacto.

Apuntes sobre una tragedia… ¿anunciada?

El volcán Nevado del Ruiz se ubica en la parte central de la cordillera de los Andes, entre los departamentos colombianos de Tolima y Caldas. Para 1985, la última erupción importante que tenía registrada databa del año 1845, pero ya a finales de 1984 se había advertido que el llamado León durmiente mostraba signos de actividad. Se afirma que las previsiones para un evento volcánico de gran magnitud fueron tardías y así, el 13 de noviembre de 1985, se produjo una gran erupción que afectó señaladamente a la ciudad de Armero, que prácticamente quedó sepultada bajo los materiales arrojados por las avalanchas causadas por la erupción.

Se habla hoy en día de una suma de entre 20 y 30 mil personas fallecidas o desaparecidas; 4000 heridos; más de 20,000 personas sin hogar por la destrucción de alrededor 5,000 viviendas. Se estima que los damnificados llegaron a los 250,000; y, las pérdidas materiales fueron estimadas entre 35 mil y 50 mil millones de pesos colombianos.

Sin duda, la fuerza de la naturaleza causó a las personas y a sus bienes una serie de daños, muchos de ellos irreparables. Las crónicas periodísticas de la época dejan ver que el resultado catastrófico pudo al menos ser amortiguado, si se hubiera respondido con diligencia a las advertencias de los geólogos y vulcanólogos que detectaron la inusual actividad del Nevado del Ruiz. Más el hubiera no existe y en esos días ya no quedaba más que tratar de paliar las consecuencias en la medida de lo posible.

La respuesta del planeta de los toros

Relatan tanto Vicente Zabala Portolés – en Tiempo de Esperanza –, como José Carlos Arévalo y José Antonio del Moral – en La Guerra Secreta – que, en medio de, justamente una guerra por los destinos de la plaza de Las Ventas, la Federación Nacional Taurina, encabezada en esos días por don Lucio de Sancho y la Embajada de Colombia en España, coordinaron sus esfuerzos para organizar un festejo taurino que generara recursos a favor de los damnificados en la región de Caldas – Tolima en Colombia. Pronto empezó Lucio de Sancho a encontrar respuestas y quizás las más resonantes fueron las de la Comunidad de Madrid, que puso a disposición la plaza de Las Ventas y la de Manuel Benítez El Cordobés, que, teniendo catorce años sin actuar allí y cuatro, retirado de los ruedos, era casi la garantía del lleno absoluto. Y el Huracán de Palma del Río” se mostraba animoso. Esto declaró a José Luis Suárez Guanes para el ABC madrileño:

Estoy encantado de hacerlo. No se puede decir que contento, pues el motivo de que se trata es por una verdadera tragedia, por una auténtica catástrofe. Pero yo no tengo más remedio que torear. Le debo mucho a Colombia. Indudablemente también se lo debo a todos los países donde se dan corridas de toros, pero Colombia, especialmente, siempre me trató muy bien y ahora es la ocasión de correspondería. Aprovecho esta ocasión para decir que también me ofrecí en su día para actuar con destino a los dañados por el terremoto de México, pero no he encontrado ninguna respuesta…

Me sorprende la última frase, en el sentido de que también se apuntó para aquel festival que se celebró el 12 de octubre de 1985 en la Plaza México, también a beneficio de los damnificados del sismo del 19 de septiembre anterior. Hubiera sido un ingrediente más de categoría al rico cartel que ese día se presentó y que representó, si la memoria no me traiciona, la última tarde en la que allí actuaron Antoñete y Manolo Vázquez.

El anuncio original del festival, programado para el día 5 de abril de 1986, contemplaba a Julio Aparicio, Antonio Chenel Antoñete, Andrés Hernando, Manuel Benítez El Cordobés, Sebastián Palomo Linares y los novilleros José Miguel Arroyo Joselito y Walter Castillo Macareno de Colombia, quienes lidiarían novillos de distintas ganaderías. El cartel comenzó a sufrir modificaciones, porque un problema de salud de Julio Aparicio motivó que se anunciara su sustitución por Paco Camino, que fue quien apareció en los carteles, cuando el festejo se anunció públicamente.

Al acercarse la fecha del festejo, se le adicionaron dos ingredientes adicionales: la transmisión por televisión a varios países de Hispanoamérica y la presencia en los tendidos de Julio Iglesias, invitado especialmente por El Cordobés y quien haría el viaje desde Miami para presenciar la reaparición de su compadre en el ruedo de Las Ventas. Así pues, en el papel, todo apuntaba a la redondez del evento.

La hora de la verdad

El sábado 5 de abril de 1986 fue un día lluvioso y frío, pero eso no impidió que la afición de Madrid y de muchos otros lugares del mundo se congregara en la plaza de Las Ventas. El reclamo de la presencia allí de El Cordobés después de casi tres lustros de ausencia tenía su encanto y un profundo toque de nostalgia. Escribe Vicente Zabala Portolés en el introito de su crónica para el ABC madrileño:

A la hora en punto, con el cielo entoldado, la gente se apretuja en los tendidos de la Monumental. Paraguas, gabardinas, impermeables. Da lo mismo, como si el tiempo se hubiera detenido en los años en que la gente comenzó a comprarse el coche, el piso y el chalé; como si viviéramos en el país de las horas extraordinarias, la chapuza, la seguridad ciudadana y la cartilla de la Caja de Ahorros con unas perras «por si una enfermedad»; como si tuviéramos no sé cuántos miles de obreros – ¿por qué no decirlo también? – currando en Alemania y enviando divisas; como si hubiéramos entrado en el túnel del tiempo, para instalarnos en la década de los años 60, así estaba ayer de pletórica de euforia la Monumental de las Ventas a la hora del paseíllo…

Para esa hora, ya se había anunciado que Paco Camino no actuaría por haber presentado un parte médico y que el novillo que le tocaba en suerte sería lidiado por Antoñete, quien se quedó con la encomienda por sorteo y en ese sorteo se llevó la suerte de la tarde.

El toro que correspondía a Paco Camino era de Torrestrella y su turno se corrió al quinto sitio. Ante él, Antoñete realizó una obra verdaderamente importante, tanto por su estructura y contenido, como por el hecho de que fue parte de la salvación de una tarde que se iba por el despeñadero. Escribe Joaquín Vidal para el diario El País:

Una muleta en la mano, se supone, sirve para torear. Unas veces, librando broncas embestidas, como hicieron Hernando y Palomo con dignidad; otras, para recrear el toreo sublime. Antoñete lo recreó ayer, en algunos pasajes del primer toro y, sobre todo, en los monumentales naturales que le sacó al noble Torrestrella. Adelante el engaño, lo traía toreado para ligar naturales hondos, y el de pecho de cabeza a rabo, y restallaban los oles, y los gritos de ¡torero!, con el ruido del mar embravecido. En redondo toreó peor el maestro: ahora la muleta quedaba atrás, y el pico delante y arriba. Pero se reconcilió con el arte mediante un trincherazo de cartel…

Por su parte, Zabala Portolés, en retrospectiva, en su libro Tiempo de Esperanza, reflexiona así la actuación triunfal de Antoñete esa lluviosa tarde:

El del mechón blanco tuvo la suerte de llevarse un gran toro de Álvaro Domecq. Le llegó la hora de su particular venganza. Un tonto a mi lado dijo eso de ¡vaya toro que le ha tocado a ese torero! Le respondí sin vacilar: ¡y vaya torero que le ha tocado a ese toro! … Una y otra vez la muleta del torero de Las Ventas se adelantaba hasta el morro para tirar rítmicamente del burel jerezano... Perdió la noción del espacio... Entre serie y serie abría la boca como un pájaro pión, porque se ahogaba él mismo de la emoción que le producía contemplar a la cátedra puesta en pie aclamándole, gritándole ¡torero!, ¡torero! … Y vuelve otra vez a llevar el trapo a los ojos del de Torrestrella, como para cegarle... y como ciego de temple, de gusto, diría yo, sigue la trayectoria que le marca el mando de "Antoñete"... En pleno delirio de los graderíos, cita a recibir... deja una estocada corta. La plaza se pone blanca de pañuelos. El cielo, también conmovido, cierra la llave del grifo del agua... Una oreja. La otra. Hay quien pide el rabo. Con los despojos en la mano inicia una lenta vuelta al redondel, mientras la afición le vitorea y le pide a gritos que vuelva a los toros...

El otro triunfador fue un novillero, el más prometedor en ese momento de la entonces Escuela Nacional de Tauromaquia – hoy Escuela de Tauromaquia de la Comunidad de Madrid – llamado José Miguel Arroyo y apodado Joselito. El chaval se llevó también las dos orejas del novillo de Carlos Núñez que le tocó en suerte. Escribió Vicente Zabala para el ABC:

El joven Joselito estuvo muy bien con el que brindó a Lucio de Sancho. Llevó a cabo una bonita faena, sacando partido del buen son del toro de Núñez, al que toreó primorosamente con la izquierda. Soberbio el volapié, entrando con arrestos. Las dos orejas para el crío. Le viene de perlas este triunfo de cara al futuro, que se le presenta esperanzador. Esta vez le ha visto mucha gente, y han salido hablando mucho – y bien – de este Joselito que lleva el toreo en la cabeza y la afición a punto, incluso desmedida. Como debe ser…

Por su parte, Joaquín Vidal, en El País le refiere lo siguiente:

La apoteosis del papa torero de Madrid enlazaría, ratito después, con la de Joselito, otro madrileño, un chavalín, aún monaguillo, aunque ya ascenderá. Ejercitaba el toreo con la facilidad y la cadencia de los virtuosos; un temple inacabable en la largura de los naturales y redondos; el de pecho cerniendo la embestida al hombro contrario; la personalidad en la interpretación de las suertes, y un aplomo pasmoso para ceñir el pitón a distancias de escalofrío. Finalmente, los ayudados, al estilo de los maestros, para cuadrar, y la estocada volcándose sobre el morrillo…

Como se ve y como podemos comparar con el festival de hace una semana, resulta ser el novillero que viene cerrando la tarde, quien provoca que todo el mundo se haga lenguas con su toreo. En el caso del festejo de 1986, fue el penúltimo, el del primer día de este diciembre, fue la torera Olga Casado, quien, además, debutaba con picadores.

¿Y El Cordobés?

Manuel Benítez se situó en el centro de la polémica. No habrá que perder de vista que el influjo de su nombre fue seguramente, el que llenó los tendidos de la monumental madrileña, pero como decía el introito de la crónica de Zabala en el ABC, su toreo era ya de otro tiempo y además, con cierta sorna, señalaba que el novillo que mataría en el festival, sería quizás más grande que muchos de los toros que mató vestido de luces.

Por su parte, Joaquín Vidal relató:

El Cordobés, – ¡Manolooo!, para los fans – traía preparado su show, con participación de Julio Iglesias, y estaba en el tendido todo el cordobesismo nostálgico dispuesto a reafirmar su militancia en fervorosa adhesión a Manolo ¡Manolooo! La afición madrileña apenas tenía voz entre tanto alboroto y el toreo parecía que tampoco tendría cabida en la fiesta. Pero habían comparecido también allí dos toreros, Antoñete y Joselito, y a impulsos del toreo sublime – ¿no es siempre sublime el toreo? – limpiaron de bufones y bufonadas el histórico ruedo de Las Ventas…

Y para más INRI, al rematar un quite, se le tiró un espontáneo, quien por esos días afirmaba ser hijo de Benítez, pero sin aportar mayores evidencias. Manuel Díaz El Manolo, fue sacado del ruedo de mala manera por la cuadrilla de su entonces, presunto padre. (Video en esta liga)

Mal saldó sus cuentas y aunque José Carlos Arévalo y José Antonio del Moral intentaron aliviar su situación señalando que el triunfo y el fracaso fueron de dos toreros retirados, que ni El Cordobés volvería a la lucha, y tampoco Antoñete cambiaría el devenir del toreo, que, en todo caso, la lucha estaba en otros campos de la propia fiesta.

Al final de todo, como el pasado domingo, los mayores dejaron que Joselito fuera quien saliera en hombros de la plaza, reconociendo a una nueva generación de toreros que pedía paso. Y quedó también claro en esa tarde que el toreo eterno es el que pone de acuerdo a todos y el que permanece en todo tiempo y en todo lugar.

domingo, 15 de octubre de 2023

Manolo Vázquez, a 40 años de su despedida de los ruedos

Manolo Vázquez
Foto: Santos Yubero
Manolo Vázquez, llamado por muchos El Brujo de San Bernardo, fue un torero de dinastía, formado en el matadero donde trabajaba su padre y miembro de una extensa familia de toreros, porque aparte de su hermano Pepe Luis – el Sócrates de San Bernardo le apodaban –, otra figura fundamental en la historia del toreo, sus hermanos Rafael y Juan fueron novilleros primero y hombres de plata después, y Antonio también recibió la alternativa y posteriormente cambiaría el oro por la plata también.

Manolo Vázquez se vistió de luces por primera vez el 13 de junio de 1947 en Cabezalavaca, Badajoz y debutó con picadores en Ciudad Real el 11 de julio del año siguiente. Su presentación en Madrid ocurrió el 4 de junio de 1950, alternando con los hermanos Juan de la Palma y Antonio Ordóñez. Recibió la alternativa el 6 de octubre de 1951, cuando Pepe Luis su hermano, en presencia de Antonio Bienvenida, le cedió al toro Perdulario, de Domingo Ortega y la confirmó en Madrid una semana después, con el mismo cartel de toreros, pero con toros de Fermín Bohórquez. Le cortó la oreja a Calamar, el toro de la ceremonia.

Una carrera con pausas

Manolo Vázquez toreó ininterrumpidamente desde la fecha de su alternativa hasta 1962. Se apartó de los ruedos durante el año de 1963 y volvió a la actividad el año de 1964, para anunciar su despedida la tarde del 28 de septiembre de 1968, en Sevilla, cuando alternó con Alfredo Leal y Curro Romero en la lidia de toros de Concha y Sierra. Después de esa corrida se mantuvo fuera de los ruedos durante 13 años. Esa temporada de 1981 se convirtió en la novedad en el escalafón y en el ejemplo para los nuevos aficionados. A propósito de su actuación en Sevilla el día de la alternativa de su sobrino Pepe Luis, escribió Joaquín Vidal:

Manolo Vázquez resucitó el toreo puro y este fue el acontecimiento verdadero del domingo en la Maestranza… El veterano matador ha vuelto, doce años después de su retirada, para explicarles a las jóvenes promociones qué es, exactamente, torear… Torear es aquello de aplicar las suertes adecuadas a las características y estados de los toros. Es decir, lo de Manolo Vázquez el día de la “operación retorno”. Y a mayor abundamiento, instrumentar esas suertes como mandan los cánones, en el marco de la regla de oro del toreo, que es parar – templar – mandar…

En ese año de su reaparición fue que lograría abrir por primera vez la Puerta del Príncipe en Sevilla, fue el 18 de junio, en la Corrida del Corpus y a ese propósito, escribió Filiberto Mira:

Estimulado Manolo por los muy artísticos quites que hicieron al cuarto toro Curro Romero y Rafael de Paula, se la jugó muy de verdad. En cinco minutos – suficientes – cuajó (tras muy apretadas chicuelinas después de su turno) una faena, tan sevillana como superclásica, que fue exaltación y resumen de cuanto el toreo atesora como representación plástica de belleza, enjundia y gracia”

A propósito de esa campaña de reaparición, escribía Joaquín Vidal que la vuelta de Antoñete y la de Manolo Vázquez más que dejar satisfechas las aspiraciones de los aficionados viejos, representó una verdadera revolución que llevó a la juventud a las plazas y le dejó claro que el toreo era más que la producción en serie de las figuras de aquel momento. Le comentó El Brujo de San Bernardo al cronista de El País a ese propósito:

Mi personalidad en el ruedo consiste en mi forma de concebir el toreo, que, buena o mala, es distinta a la de mis compañeros. Reaparecí porque pensaba que aún podía aportar algo importante a la fiesta… Luego, todo se desarrolló bien. Aquel día fue cuando, ¡al cabo de tantos años!, Sevilla vio a Manolo Vázquez quiero decir que reconoció mi categoría. La tarde del Corpus supuso el refrendo, y la de la feria de San Miguel, la confirmación definitiva…

Esa fue la cimentación de las últimas temporadas de Manolo Vázquez, quien terminaría su andadura vestido de luces el 12 de octubre de 1983.

La víspera de la despedida

La víspera de la tarde final, Manolo Vázquez fue entrevistado por Rafael Moreno para el ABC de Sevilla y le externó varias cuestiones interesantes:

Estoy muy ilusionado, ¿sabes?, muy ilusionado... me siento muy a gusto toreando, que mi vida es esto... pienso que todavía podría hacer cosas importantes, pero hay una razón por encima de todas las demás y es que ha llegado la hora y no tiene vuelta de hoja... Las fuerzas no me faltan; no me sobran tampoco, pero tengo las precisas para ponerme delante del toro... Cuando tomé la alternativa... mi ilusión era alcanzar una meta. Ahora esa ilusión de entonces se ha transformado en la alegría de haber alcanzado muchas cosas...

Después reflexionó sobre su hacer ante los toros, que como escribió Joaquín Vidal, causó una revolución en los tendidos de las plazas:

Las formas han sido siempre las mismas. Únicamente en mi primera etapa esas formas eran las juveniles, y ahora creo que les he imprimido más pureza, más sentimiento. Ahora creo que toreo con más cadencia, con más reposo. Quizá eso es lo que ha sorprendido al público. Ahora puede que toree con más profundidad...

Así se veía un torero que dejaba los ruedos alrededor de tres décadas después de haber recibido la alternativa y que intentaba encajar el efecto que producía lo que le hacía a los toros a una afición y con un público que quizás no había nacido en ese entonces. Así llegaba a la que sería su última tarde.

La corrida del 12 de octubre

Para el miércoles 12 de octubre de 1983 se anunció un mano a mano entre Manolo Vázquez, quien llevó un terno turquesa y oro y Antonio Chenel Antoñete quien salió vestido de lila y oro, para enfrentar toros de Juan Pedro Domecq (1o y 6o); Núñez Moreno de Guerra (2o); González - Sánchez Dalp (3o); y, Manolo González (4o y 5o). El sobresaliente fue Manuel Rodríguez El Estudiante.

De la actuación de Manolo Vázquez en esa señalada tarde, escribió Joaquín Caro Romero para el ABC hispalense:

La corrida de ayer en Sevilla, en la tarde histórica de la despedida de Manolo Vázquez, superó con creces todos los pronósticos acerca de su resultado... Decir adiós a una gloriosa profesión saliendo a hombros por la Puerta del Príncipe es un caso sin precedentes... El público, que abarrotaba la plaza, dedicó al gran maestro una enorme ovación antes que soltaran a su primer toro... Con su segundo, Manolo hizo una faena de ensueño sobre ambas manos... La música, como en el toro que abrió plaza, volvió a acompañar la inauguración y el levantamiento de la estatua de la maravilla. Dos series con la derecha y una con la izquierda pusieron el coso a revientacalderas. Luego, media docena de pases con la diestra, con las plantas como atornilladas en el albero, ligando y mandando en trance de inspiración, en las fronteras de las irrealidades sublimes, que el toreo, como la vida es sueño. Y es éxtasis...

Caro Romero se lamentaba de la brevedad del espacio y del tiempo para describir lo vivido en la Maestranza esa tarde y de prisa, pero con emoción, expuso su punto de vista de lo allí sucedido. Por su parte, Joaquín Vidal, enviado especial del diario madrileño El País, relata:

Por la puerta del Príncipe salía a hombros Manolo Vázquez, después de haber protagonizado una tarde memorable. Su despedida ha sido una continua apoteosis. Cuando su propio hijo le cortaba la coleta, rodeado de la cuadrilla y fotógrafos, lloraba el torero y yo creo que llorábamos todos en la plaza. La emoción era incontenible. Las restantes cuadrillas, con Antoñete al frente, se rompían las manos de aplaudir. Éramos conscientes de que habíamos vivido un acontecimiento histórico y nadie quería abandonar los tendidos. ¿Qué había ocurrido allí? A las cinco en punto de la tarde, hora torera y hora de romance, había comenzado el gran acontecimiento... Pero la apoteosis se produjo en el tercero, un cinqueño terciado, manso, que acabó nobilísimo. O nobilísimo lo convirtió Manolo Vázquez en los ayudados por alto ganando terreno y curvando a la cadera la trayectoria del viaje; los remates por bajo en ligazón; las series de redondos y naturales. Del toreo puro hacía esencia, y aquello ya no era torear, sino oficiar de pontifical el rito de la tauromaquia. De frente o cargando la suerte, ligando pases de pecho de espeluznante exposición, pero también de mágico dibujo. Lo tendidos se cuajaban de pañuelos la gente daba brincos y la Maestranza era un clamor: “¡torero, torero!”. Manolo Vázquez caminaba en majestad; ebrio de torería reemprendía el toreo de filigrana. Y, además, pases de pecho en vaivén, ligados, del corte de esos que han dado fama al torero de la vertical impavidez; hasta esos dio, a manera de lección, y como con desdén. Un alarde de poderío, que abandonó, porque el toreo auténtico, y el difícil, es el otro, el que había desgranado y siguió desgranando después, en medio del delirio. La grandeza de la faena de Manolo Vázquez convirtió la Maestranza en un manicomio...

A Manolo Vázquez le dieron una vuelta al ruedo a hombros los miembros de su cuadrilla y fueron relevados – relata Vidal – por la afición sevillana para cruzar la Puerta del Príncipe con él en andas y en olor de multitud se lo llevaron por el Arenal.

Al día siguiente

El citado Rafael Moreno, del ABC de Sevilla acudió a recabar las impresiones de Manolo Vázquez al día siguiente de su triunfal corrida de despedida. En cuanto comenzaron el diálogo, comenzaron las sorpresas:

Sí, es verdad... me han ofrecido, ¡fíjate!, cinco corridas de toros en la feria de Sevilla del año que viene y veinte corridas más a lo largo de la temporada... De dinero me han dicho que lo que ha ganado este año Paco Ojeda se iba a quedar en pañales... Hay cosas que no son cuestión de dinero. Yo volví a los toros cuando creí que debía hacerlo y me he ido cuando he creído que había llegado el momento de irme. Creo que he hecho lo que tenía que hacer...

La honradez del torero, ante todo. Por esas fechas era Ojeda el que más cobraba y al menos, de palabra, la oferta para que reapareciera Manolo Vázquez el siguiente abril, era con unos honorarios más sustanciosos. Y, sin embargo, se resistió a poner donde dije digo, digo Diego

Concluyo reproduciendo estas reflexiones de Joaquín Vidal acerca de lo que aportó Manolo Vázquez al toreo y que, a veces perdemos de vista, analizando únicamente hechos aislados:

Dijeron de Manolo Vázquez en su primera época que había puesto el toreo de frente. Lo decían por su característica forma de citar al natural, el pecho por delante, juntitas las zapatillas, la pañosa cogida por el centro del estaquillador y adelante también; “¡Vente, torito, vente!”, solía gritar con su voz aguda. Pero lo decían también porque acabó con la moda de torear de espaldas que unos cuantos pretendían perpetuar, a raíz de la invención de una desafortunada suerte que llamaban espaldina… Ahora ha puesto el toreo en su sitio. La gran aportación de Manolo Vázquez en su retorno a los ruedos – y la de Antoñete, en parecida dimensión – ha consistido en exhibir el toreo tal cual es; tal cual había sido siempre hasta que llegaron las figuras de las exclusivas. Estas figuras, cuya hegemonía ha durado dos décadas, impusieron la regularidad de su oficio, el cual excluía arte y se limitaba a reiterar pases de muleta, muchos pases, siempre los mismos pases, adocenados, monótonos, cortos, citando de perfil y ahogando las embestidas…

domingo, 1 de octubre de 2023

30 de septiembre de 1965: una espléndida tarde de Joselito Huerta en Madrid

En 1962, don Livinio Stuyck intenta dar un giro a la programación taurina de Las Ventas y crea un breve ciclo de final de temporada al que denomina Feria de Otoño, que en esa primera edición constó de tres corridas de toros. Al año siguiente el abono lo dividiría entre dos corridas y dos novilladas y ofrecería cinco festejos para el calendario de 1965. La idea del creador de la Feria de San Isidro no fue muy bien recibida por la crítica de la época. Dice Antonio Díaz – Cañabate:

¿Qué les ha pasado a las mujeres, que se han quedado en casa? ¡No les gustaba el cartel, no son partidarias de estas corridas otoñales, que con el absurdo nombre de Feria se ha empeñado en organizar la empresa contra el viento y la marea de los toreros, que no quieren ni venir a ella? ¿Para qué esta inoportuna Feria? ¿Para ganar unas pesetas? Pues sólo va a ganar la enemiga y la inquina de los sufridos abonados, a los que se obliga a sacar, a regañadientes, las localidades de cinco corridas sin el menor interés...

Por su parte, el controvertido Manuel Lozano Sevilla, opina al respecto:

Indudablemente esta feria de otoño está hecha un poco a contrapelo: los ases no han querido contratarse por lo avanzado de la época, lo que significa que los carteles carezcan de interés, o de garra, como ahora se dice, y el público se retrae. ¡Para que luego digan algunos «inocentes» que no es cierto que los toreros de postín se nieguen a torear en Madrid! Sí, si... Por eso en esta feria de otoño no figuran ni Antonio Ordóñez, ni «el Viti», ni «el Cordobés», ni los muy poquitos que les siguen en méritos…

Son dos puntos de vista que van en una misma dirección, en el sentido de que la Feria de Otoño parecía no tener razón de ser. El del cronista del ABC parte de la idea de que la empresa solamente busca un beneficio económico a partir de la venta del abono y el del que fuera taquígrafo personal del entonces Jefe del Estado, aparecida en el diario La Vanguardia de Barcelona, va por la idea de que los toreros de la parte alta del escalafón no gustan de comparecer en la Villa y Corte. Como sea, en esos días, esa feria no tenía un espacio propio y definido.

Vendría a ser hasta entrados los años ochenta, cuando Manolo Chopera entró a dirigir los destinos de Las Ventas, que la Feria de Otoño cobrara entidad e interés propios, convirtiéndose, como lo es hasta hoy, en uno de los verdaderos acontecimientos del cierre de la temporada taurina en España. 

La temporada 1965 de Joselito Huerta

Abrió su campaña europea en Sevilla, plaza en la que una década antes había recibido la alternativa. El 27 de abril tuvo una buena tarde ante un muy buen encierro de Celestino Cuadri, que saldó con una vuelta al ruedo tras una sentida petición de oreja. Después actuó en plazas como Valencia, Madrid, donde el 20 de mayo cortó una oreja a los toros de Baltasar Ibán que le tocaron en suerte; en Pamplona, en una tarde en la que su entonada actuación y la de José Fuentes, forzaron a Antonio Ordóñez a obsequiar el sobrero; Málaga y, San Sebastián entre las plazas más destacadas, sumando en total 25 actuaciones en ruedos europeos.

Quizás esta fue la temporada más redonda de las que realizó El León de Tetela por aquellas tierras, porque pudo dejar por sentada su madurez como torero y la realidad de su poderío ante los toros en una temporada en la que la atención de la afición y de los públicos estaba dirigida a otras cuestiones menos sustanciosas.

La corrida del 30 de septiembre de 1965

Era el festejo de apertura de la entonces vilipendiada Feria de Otoño. Se anunció un encierro de toros murubeños de don Félix Cameno García de la Higuera para Antonio Chenel Antoñete, Joselito Huerta y José Luis Barrero. Antoñete volvía por una tercera tarde en la temporada venteña después de que el 8 de agosto anterior, le cortara dos orejas a un toro de ese mismo hierro, en una corrida que teóricamente, era la última que torearía, porque después de ella, se pasaría a las filas de los de plata. Por su parte, el salmantino Barrero, que adquirió predicamento como novillero sin presentarse en Las Ventas, intentaba relanzarse en esta oportunidad.

Joselito Huerta enfrentó al segundo y al quinto del festejo y ante dos toros de condiciones que hoy calificaríamos de “complicadas”, solventó una actuación que fue más allá de la dignidad. Antonio Díaz – Cañabate, en su crónica para el ABC madrileño, destaca:

Joselito Huerta consiguió con la muleta hacer embestir al segundo, que era manso. Mansedumbre demostrada a las claras en el primer tercio. Le obligó, le embarcó con mando, que es lo que necesitaba el toro... El quinto llegó a la muleta tan quedado como el segundo... Huerta, a fuerza de porfiarle, obtuvo los pases, que fueron necesariamente cortos, porque el toro no acompañaba el viaje del torero. En un molinete, Huerta se cayó, y se alejó de la cara del toro rodando por la arena, rodamiento que gusta mucho a la gente, que le aplaudió con calor... Y en vista de eso dio la vuelta al ruedo...

Por su parte, el ya invocado Manuel Lozano Sevilla, en lo que publicó en La Vanguardia de Barcelona, reflexionó:

También ha estado lucido toda la tarde el mejicano Joselito Huerta. Para mi gusto el mejor torero que actualmente existe en su país. Toreó artísticamente con el capote; hizo un soberbio quite por gaoneras en el primero de la tarde, ovacionado fuertemente, y sus faenas fueron toreras, con pases de muy buen son, llevando toreadísimos a sus enemigos. Y el público lo agradeció ovacionándole, porque todo lo que se realiza con verdaderos toros tiene mucha más importancia que lo que se hace con becerros. Mató con decisión, señalando dos inedias estocadas en la yema, la segunda precedida de un pinchazo en buen sitio, y el torero dio la vuelta al ruedo al finalizar su labor en ambos toros, con petición de oreja...

Y en la Hoja del Lunes aparecida el 4 de octubre siguiente, con el resumen general de la feria, Isidro Amorós Don Justo, se refiere a su actuación de la siguiente manera:

Huerta estuvo tesonero, peleón. Al primero, un manso que huía hasta de su sombra, le sacó muletazos sueltos. No hubo conjunción; sí estimable pundonor. Como en el quinto, un carifosco grande, de mucho respeto, al que castigaron de forma demoledora en cuatro varas. Traserísimas; tan cruentas como perjudiciales. Valiente el mejicano, promovió el entusiasmo al estimarse su entrega. Lástima que abuse del toreo horizontal. Media espada en cada toro; la primera, en su sitio, pero saliendo perseguido y desarmado al ejecutar la suerte, y la segunda, alargando el brazo, luego de haber pinchado en hueso. Así finiquitó el azteca a sus enemigos…

Aunque hay inconsistencia en el recuento del reconocimiento popular a la actuación de Joselito Huerta, el recuento anual que hace el semanario madrileño El Ruedo, consigna justamente lo que describe Lozano Sevilla, vuelta al ruedo en el primero de su lote y otra vuelta al ruedo tras petición en el quinto de la tarde.

La tarde de Antoñete

No puedo soslayar que el triunfador del festejo fue Antoñete, quien, como decía líneas arriba, el 8 de agosto anterior, había salido a torear a Las Ventas, con la finalidad de arramblar unas pesetas para comprarse unos vestidos de plata, porque estaba decidido a pasarse a las filas de los banderilleros. Ese domingo, tarde de la confirmación de Pepe Osuna, le cortó las dos orejas al segundo toro de su lote de don Félix Cameno y afortunadamente para él y para la fiesta, tuvo ocasión de replantearse su carrera.

En esta tarde otoñal, se encontró a Mancheguito, el único toro del que las crónicas consignan nombre, al que le cortó una oreja. Un toro del que apuró la última gota de su casta y en el que todos los alternantes, en el tercio de quites, pudieron catar su bravura. Escribe Don Justo:

…Toro, como también es frecuente oír, bueno para el torero. ¡Tan bueno! Hasta hubo un buen tercio de quites. Antoñete por verónicas, puso en marcha la sonería del toreo bueno. Joselito Huerta, finísimo, cambiándose el capote por la espalda. Barrero, por chicuelinas, muy quieto. ¡Si sería bueno “Mancheguito”! ¡Si tendría “son”! Siguió con “son” en el último tercio, y Antoñete comenzó la faena con tres muletazos por alto, echando la pierna para adelante, de mucho empaque; perfecto el engarce con el de pecho… Ahí radicó el mérito del torero, que desde ese momento se puso por encima del toro. Gran mérito el de coger el temple e imponer su mando para que los pases bien iniciados no se frustraran, para hacerlos más largos. Mejores, por la izquierda. Naturales de verdad, cargando la suerte, sin apoyos antinaturales del estoque y retorcimientos. ¡Qué bien! Como al entrar a matar, con estilo de estoqueador...

De lo que he podido leer, esa tarde resultó ser algo así como el ensayo general de la faena del ensabanado de Osborne, que tendría lugar en mayo del año siguiente. Pero esa historia y otras, algún día trataré de contarlas por aquí.

El valor de estos acontecimientos

1965 fue el año de las 111 corridas de El Cordobés, afición y públicos estaban más pendientes de enterarse si El Mechudo se atrevería a romper la marca que Juan Belmonte dejó sentada desde 1919 que del toreo puro y duro que se verificaba en los redondeles. Y así, el 3 de octubre de 1965, en jornada doble, a mañana y tarde, Manuel Benítez sumó los dos festejos que le sirvieron para dejar como un mero antecedente lo que el Pasmo de Triana consiguió en la era de los trenes de vapor. Lo hizo por la mañana en Segovia y por la tarde en Toledo, a plaza llena en ambos sitios, no obstante las quejas de la afición lugareña que se lamentaba de los incrementos superiores al diez por ciento en los precios ordinarios de las entradas, por entrar a esos festejos.

También fue el año en el que, los toreros se perdieron el respeto en el ruedo y en Aranjuez, el 1º de mayo, El Cordobés y Paco Camino se liaron a bofetadas por un quite realizado a destiempo. En esa tarde, tratando de meter paz, el toricantano Vicente Punzón, le brindó el sexto a ambos contendientes. Todo el mundo se acuerda del rifirrafe entre las dos figuras, pero pocos recuerdan el pacifista gesto del toledano Punzón, quien intentó devolver al festejo la cordura y la seriedad que nunca debió perder.

Por último, el 13 de julio, El Cordobés toreó por última vez en Pamplona, en medio de una bronca de inenarrables proporciones. Al salir de la plaza se sacudió el polvo de las zapatillas y juró no volver allí, lo que cumplió. Años después, cuando novillero, su hijo Manuel Díaz se presentó allí y le hicieron pagar las cuentas pendientes de su padre. Tampoco ha vuelto a torear a aquellas tierras.

Así estaba el planeta de los toros hace 58 años. La estrella de El Cordobés encandilaba a muchos, pero en los momentos oportunos, el buen toreo resplandecía y ponía las cosas en su sitio.

domingo, 7 de septiembre de 2014

Barcelona, 6 de septiembre de 1964: la alternativa definitiva de El Estudiante

El Estudiante
(Publicidad de los años sesenta)
Jesús Delgadillo López nació en Aguascalientes, en su castizo Barrio de Triana, por la calle de La Alegría, hoy nombrada en uno de sus tramos en honor a Alfonso Ramírez Calesero, muy cerca del templo en el que se venera a su Cristo Negro, el día 8 de octubre de 1938. Se presentó como novillero en Guadalajara, el 5 de junio de 1955 en una novillada de selección junto con Jesús Gómez, Jesús de Anda, Pedro Jiménez Pedrín, Gabriel Linares y Rodolfo Ramírez El Pirata y en ese festejo Jesús ya utilizó el sobrenombre de El Estudiante, pues al tiempo estudiaba teneduría de libros en la Academia Rodríguez Dávila de esta ciudad Capital. 

En estos años el nombre de El Estudiante como novillero estuvo ligado al de varios toreros más que lograron traspasar los límites del anonimato y así actuaron en las plazas de México su paisano Víctor Mora, el mazatleco José Ramón Tirado, el guanajuatense Héctor Obregón, el tlaxcalteca Fernando de los Reyes El Callao, el regiomontano Américo Garza Romerita y el que en su día fuera apoderado de Arturo Gilio, Marcelo Acosta, entre otros toreros que lograron sacar la cabeza y hacer a la afición de ese tiempo concebir esperanzas de que en ellos habría una figura del toreo en ciernes.

Sus actuaciones en la temporada 1955 – 1956 le permitieron obtener su inclusión en el cartel del Estoque de Plata, celebrado en también en Guadalajara el 28 de octubre de 1956, fecha en la que para despachar una novillada de Matancillas, José Ramón Tirado, Rubén Aviña, Carlos Saldaña y El Estudiante, partieron plaza vestidos de luces en El Progreso. En esa tarde se llevó el gato al agua el venezolano Saldaña, quien tuvo la que quizás sería más importante tarde de su vida torera en México. 

En 1957 logra actuar hasta 18 tardes en las plazas de Ciudad Juárez, Nogales y Tijuana y en el siguiente año, actúa en cuatro novilladas seguidas en El Toreo de Cuatro Caminos, dejando constancia de que estaba ya listo para el cambio de escalafón.

La Feria de San Marcos de 1958 iniciaba su ciclo de tres corridas con una en la que El Príncipe del Toreo, Alfredo Leal, otorgaría a El Estudiante la borla de matador de toros, fungiendo como testigo el poblano Joselito Huerta, con toros de don Lucas González Rubio, un festejo en el que efectivamente los tres alternantes triunfaron. 

Después de actuar en seis tardes el año de su doctorado, el 18 de enero de 1959, Jorge Aguilar El Ranchero, le cedería al toro Coreano de La Laguna, ante el también tlaxcalteca Fernando de los Reyes El Callao, quedando revalidada su alternativa sanmarqueña en el coso de Insurgentes y como causara buena impresión en esa fecha, el 7 de abril de ese mismo año se le incluye en el cartel de triunfadores que se disputaban la Rosa Guadalupana, mismo en el que para estoquear ocho toros de Mimiahuápam, partieron plaza Curro Ortega, El Ranchero Aguilar, Jaime Bravo, Joselito Huerta, Antonio del Olivar, José Ramón Tirado, Fernando de los Reyes El Callao y El Estudiante.

Al final de ese festejo, el huamantleco de la triste mirada y del hondo toreo, El Callao, saldría con el trofeo en disputa dentro de la espuerta. Así, durante 1959, Jesús completaría una docena de actuaciones en plazas mexicanas. Entre 1960 y 1963 suma veinticuatro actuaciones, destacando la que tuvo en Aguascalientes el primero de enero de este último año, en la que con Luis Procuna y Pablo Lozano, dio cuenta de un encierro de Peñuelas, cortando las orejas y el rabo al sexto de la tarde.

El anuncio de la alternativa
Esta tarde resultaría ser un parteaguas en la vida taurina de El Estudiante, pues su compañero de cartel, el castellano Pablo Lozano, quien años después tuviera bajo su responsabilidad los destinos de la Plaza de Las Ventas de Madrid, advirtió que Jesús tenía aptitudes para caminar en la fiesta y le sugiere ir a España a probar suerte como novillero allá, renunciando al doctorado obtenido en el ruedo sanmarqueño casi un lustro antes.
Retomando el rumbo en España

Siguiendo el consejo de Lozano, el 20 de junio de 1963 se presenta de nueva cuenta como novillero en la Plaza Monumental de Barcelona, para despachar novillos del Conde de Ruiseñada en unión de Curro Montenegro y José María Aragón, logrando actuar en tres tardes más en cosos hispanos ese año.

1964 representa un buen año para el torero de Aguascalientes pues logra presentarse en 9 oportunidades dentro del escalafón novilleril, siendo cuatro de esas actuaciones en la plaza de Las Ventas, cortando además, una oreja en su debut, el 19 de julio de 1964, al lado de Eduardo Ordóñez y José Luis González Copano, para lidiar cinco novillos de Luis Frías Piqueras y uno – sexto – de Carlos Sánchez Rico. En su día, Antonio Díaz – Cañabate escribió:
Otro buen novillo fue el tercero, menos bravo, bastante menos que el primero, en el primer tercio, pero más noblote en el último. En el bochorno de la tarde canicular, el novillo, al tomar la muleta de “El Estudiante”, daba la sensación de que se bebía un apetitoso refresco de grosella bien helado, que “El Estudiante” le servía complacido, ya con la mano derecha, ya con la izquierda. Al novillo y al público le gustaron más los refrescos de la mano izquierda. ¡Oh, sí, nos venían muy bien, nos oreaban como una brisa que rompe el ardor! Fueron pocos estos buenos naturales y su corta cantidad acrecentó su valía. Entrando con arrestos cobró una estocada. El presidente concedió una oreja. Los insaciables pidieron otra, negada con buen criterio y “El Estudiante” se hartó de dar vueltas al ruedo...
En su presentación en Palma de Mallorca, es herido de consideración por un novillo de Enriqueta y Serafina Moreno de la Cova, llevándose a la enfermería una oreja y el 15 de agosto de ese año, en Madrid, tiene un encuentro con la otra muerte en el ruedo y le corresponde atestiguar junto al ya nombrado Copano y José Luis Teruel El Pepe, el fallecimiento del banderillero gitano Manuel Leyton Peña El Coli, quien fue herido por el primero de los únicos tres de Ángel Rodríguez de Arce corridos esa infausta tarde pues al conocerse la muerte del subalterno, se suspendió la novillada.

El 6 de septiembre de 1964 vuelve a recibir la alternativa, la definitiva, tras de justificarse en las dos temporadas novilleriles anteriores y así, en la Monumental de Barcelona, el gran estoqueador de Zaragoza, Fermín Murillo, con el testimonio de Curro Romero, le cede a Murciano, el primero de los seis de Torrestrella que se lidiaron esa tarde, dando Jesús la vuelta al ruedo en el sexto. Julio Ichaso, cronista del diario barcelonés La Vanguardia, cuenta así el hecho:
Le otorgó la alternativa con el conocido ceremonial, Fermín Murillo, presenciándola como testigo Curro Romero, con el toro lidiado en primer lugar, número 130, «Murciano», jabonero sucio o burraco, pues el pelo de las reses tiene muchas denominaciones, que el nuevo doctor lanceó con poco lucimiento, debido al viento, que descubría peligrosamente... Previo brindis al público, sus primeros muletazos fueron por bajo. Ya en el centro del ruedo, vinieron unos estupendos pases con la derecha. Llevaba al toro muy obediente a la flámula. (Olés y música). Hubo otra tanda, pero que muy buena de pases, también con la diestra y molinetes de rodillas emotivas y espectaculares. Después de unos naturales agarró, con habilidad, una estocada y el puntillero puso todo lo demás con el cachete para finiquitar al animal. (Petición de oreja, vuelta al ruedo con sostenida ovación y salida al tercio)...
El 12 de octubre de ese mismo año confirma su alternativa barcelonesa en Las Ventas, formándose el cartel con un novillo de Castillejo para el rejoneador Fermín Bohórquez, quien actuó a mitad del festejo y para los de a pie, toros salmantinos de Ricardo Arellano y Gamero Cívico. El padrino de la ceremonia fue Antonio Ortega Orteguita quien esa tarde confirmó a Santiago Castro Luguillano y a El Estudiante. El toro de la confirmación de Jesús se llamó Gladiador. Andrés Travesí relató así su actuación en el ABC madrileño:
Hacía tiempo que no veíamos una corrida de toros tan mala como la de ayer... Los seis bichos fueron mansurrones y difíciles y dos de ellos tuvieron que ser condenados a banderillas negras. Los toros recortaban peligrosamente, y como la lidia no fue buena llegaron al último tercio probones, achuchando a los de a pie. Y poco más puede decirse de este saldo de ganado que nos hizo pasar muy malos ratos... El mejicano Jesús Delgado, que tenía aceptable cartel en Madrid como novillero, no pudo hacer nada en su primera salida como matador. Fue el único de los tres que utilizó el capote en alguna ocasión suelta. Al segundo, mansurrón y distraído, lo pasó por la cara con precauciones y lo despenó de un estoconazo afortunado y un descabello y escuchó muchas palmas. En el sexto no mejoró la labor y mató de media, una entera, y descabelló al cuarto intento...
Uno de los momentos más importantes de su carrera, lo alcanzaría El Estudiante casi un año después de su confirmación y así, el 8 de agosto de 1965, alternando con Antoñete y el albaceteño confirmante Pepe Osuna, cortó una oreja al tercero de los toros murubeños de don Félix Cameno lidiados en la fecha. Esta tarde trascendería también, porque Antonio Chenel, cortó dos orejas al cuarto de la tarde, lo que le llevó a la Feria de San Isidro del siguiente año, en la que realizó la faena inolvidable del toro Atrevido de José Luis Osborne, el toro blanco de la leyenda del 15 de mayo de 1966. El relato de Gómez Figueroa en la Hoja Oficial del Lunes siguiente al festejo es así:
También Jesús Delgado (El Estudiante) supo tocar esa fibra sensible del público que termina por ganarse su admiración y simpatía. Largas cambiadas, un airoso quite con cierto aire de “ballet”, una faena bastante completa e inspirada, un estoconazo eficaz y naturalmente, la oreja para El Estudiante. Como el último de la tarde resultó manso y con dificultades, El Estudiante se desprendió de él no pronto, pero sí con decisión. Pinchó dos veces, clavó media estocada y utilizó dos veces el verduguillo. Fue despedido con una ovación...
La última etapa

Durante 1964 y 1965 Jesús permanece en España y es hasta 1966 que reaparece en su patria, ligando seis tardes, dos de ellas en El Toreo de Cuatro Caminos. En 1967 confirma su alternativa barcelonesa en la Plaza México, misma que ocurrió el 22 de enero de ese año, siendo su padrino Joaquín Bernadó y actuando como testigo Raúl García para lidiar a la usanza española seis toros de Tequisquiapan y uno de Pastejé para el centauro potosino Gastón Santos, cerrando ese año en Guadalajara el 17 de diciembre con el potosino Pepe Luis Vázquez y Alfredo Leal en la lidia de toros de Cerro Viejo.

En 1971 se viste de seda y alamares sólo una vez para doctorar en la propia plaza de San Marcos a su vecino de barrio, el dinástico Armando Mora ante el testimonio de Fernando de la Peña. Esa tarde Jesús realizó una de sus mejores faenas en la plaza de su tierra, al cortar las dos orejas al segundo de la tarde después de una faena completa, de la que merece recordarse el testimonio de don Jesús Gómez Medina:
La estocada de la tarde. Ocurrió en la primera década del siglo, Bombita y Machaquito detentaban el mando del cotarro taurino durante el interregno que medió entre la despedida del Guerra y la aparición de Joselito y Belmonte… Y una tarde, en Madrid, Machaco se fue tras del estoque con férrea determinación y lo clavó todo en el morrillo de un imponente miureño. Del pitón de éste pendían luego los encajes de la camisa del bravo cordobés, en testimonio de cómo se entregó Rafael González en el trance supremo… Don Modesto, pontífice de la crítica taurina de la época, emocionado ante la hazaña del Machaco, urgió al escultor Mariano Benlliure – ¡Apresúrate ilustre alfarero! – decíale en su crónica el célebre revistero. Y Benlliure, tan buen aficionado como artista eximio, atendió el reclamo de don José de la Loma y sus manos prodigiosas produjeron esa estupenda obra de arte que se llama “La Estocada de la Tarde”… Ayer, en la muerte del segundo burel, la sombra de Machaquito pareció aletear sobre el coso. Porque al igual que entonces lo hiciera Rafael González, El Estudiante se perfiló marchosamente, fija la mirada en el morrillo de “Guapo”; el estoque centrado entre ambos pitones y tan cerca de estos, que la punta parecía reposar sobre el testuz. Y al arrancar, lo hizo recta y decididamente, con tal precisión y maestría, que mientras la mano izquierda vaciaba la acometida del corlomeño, la diestra, empuñando el alfanje, concluía su viaje en el morrillo de “Guapo” del que emergía tan solo la bola de la empuñadura… ¡Fue la estocada de la tarde! ¡De esta y muchas más!... Los espectadores al unísono brincaron de sus asientos y tributaron a Delgadillo una cálida, estruendosa ovación. Y tras la ovación, las orejas, ganadas en la mejor forma, con la verdad incuestionable del acero”. (El Sol del Centro, 29 de marzo de 1971)
Alternativado por primera vez en la feria de su tierra, la despedida tenía razón para darse en ese mismo marco y así, el 30 de abril de 1982, tras de varios años de ausencia de los ruedos, hizo su presentación en la Plaza Monumental y al mismo tiempo tuvo su despedida de los ruedos, alternando con Eloy Cavazos y Humberto Moro hijo, en la lidia de seis toros de San Manuel, dando la vuelta en tras la lidia del cuarto de la tarde, el último que mató vestido de luces.

Después de esa señalada fecha, Jesús Delgadillo se mantuvo ligado a la fiesta de los toros y con frecuencia toreaba festivales benéficos. La última actuación pública que ha tenido, fue el 8 de diciembre de 1996, en un festejo organizado en honor del subalterno hidrocálido que muchas tardes le acompañó, don Arturo Muñoz La Chicha, obteniendo las orejas del novillo de Ángel Lascuráin que sorteó esa fecha.

La tauromaquia de Jesús Delgadillo

Las transcripciones que se hacen a lo largo de este texto, nos reflejan que El Estudiante ha sido un torero de los llamados de escuela, de los que ejecutan las suertes con clasicismo y que conocen y realizan una gran cantidad de ellas. Banderillero fácil, clavaba los palos por los dos lados del toro, cuestión que poco se ve, dado que por lo general se tiende a dominar la ejecución del segundo tercio por un solo perfil.

El Estudiante en su última tarde 8/XII/1996
Con la muleta, Jesús Delgadillo gustó de trastear con la mano baja y aprovechando su estatura, daba dimensión a las suertes, pero cargando la suerte, a lo clásico y resultando ser un brillante ejecutor del pase natural. Las crónicas invocadas nos exhiben también que era un formidable estoqueador, que redondeaba sus faenas con el filo de su espada, como escribiera en alguna de ellas don Jesús Gómez Medina y en más de alguna oportunidad, fue su solo alfanje el que le deparó tardes de triunfo.

En suma, un torero conocedor de su oficio, dominador de los toros cuando así se requería y con la facilidad de transmitir a los tendidos la valía de su quehacer en el ruedo, lo que se refleja en las importantes tardes de triunfo que tuvo durante su carrera activa.

Arrastre

El Estudiante es uno de los toreros de Aguascalientes que no tuvieron temor de salir de sus confines para buscar el triunfo en la difícil profesión de ser torero. De los toreros de su tierra, es uno de los que más veces ha actuado en la Plaza de Las Ventas y de los mexicanos que allí lo han hecho, sólo le aventajan en número de actuaciones Carlos Vera Cañitas, Miguel Espinosa Armillita Chico y Eulalio López Zotoluco cabiéndole a Jesús el honor de ser junto con el Volcán Rafael Rodríguez, Joselito Adame y Arturo Saldívar uno de los matadores de toros de Aguascalientes, que vestido de luces, ha cortado oreja en la principal plaza de toros del mundo.
En este día se celebran cincuenta años de su definitiva alternativa como matador de toros y El Estudiante aún conserva la figura que le hiciera parecer torero para poder ser torero. Medio siglo hace y aún se recuerdan sus hazañas, las que son una de las columnas que sostienen la taurinidad de Aguascalientes. ¡Enhorabuena Maestro!

domingo, 10 de marzo de 2013

8 de marzo de 1953: Antoñete recibe la alternativa en Castellón

Antoñete en Caracas, con un toro mexicano de
don Manuel de Haro (Cª 1977)
El pasado viernes se cumplieron 60 años de que Antonio Chenel Antoñete fuera investido como matador de toros por Julio Aparicio en la Feria de la Magdalena de Castellón de la Plana, otorgándole una dignidad que llevó por los ruedos del mundo durante casi medio siglo, proclamando siempre una tauromaquia pura, ejemplar y modélica que a despecho del así llamado cambio de los tiempos, nunca perdió su solidez y su aroma.

La de 1953 fue una temporada que inició temprano en el calendario. Ese domingo 8 de marzo aparte de la corrida de Castellón, se dieron dos festejos en Madrid – uno en Las Ventas y otro en La Chata de Carabanchel – y también en Barcelona y Calatayud se celebraron novilladas y la prensa de la época relata el verificativo de una corrida en Casablanca en la que actuó mi compatriota Jesús Córdoba.

Otro aspecto de interés que rodeaba la alternativa de Antoñete es que durante el año de 1952, Antonio Bienvenida había lanzado su campaña contra la manipulación de las astas de los toros – afeitado – y algunos medios de comunicación se habían hecho eco de ella. En el ambiente de esa justa reivindicación, muchas figuras se negaron a alternar con el hijo del Papa Negro, pero al tiempo, al menos en las plazas de más predicamento se comenzaban a ver corridas de mayor arboladura y en apariencia, intactas.

Antoñete contó a Manuel F. Molés lo siguiente:

La gente – rememora Antonio – como si fueran a ver toros contra leones. La campaña contra el afeitado fue de un eco enorme. La verdad es que se afeitaba tanto como se afeita ahora, para las figuras y en las plazas que podían. En las plazas grandes, y sobre todo en las corridas de toreros modestos, el toro salía sin tocar. Pero se formó la mundial y a la postre salió una corrida de Curro Chica, astifina, esaboría, sin clase y con sólo un toro medio bueno al que Aparicio le cortó una oreja. (Antoñete. El Maestro. Pág. 57)

El cartel del 8 de marzo de 1953 en Castellón lo formaron Julio Aparicio, Pedro Martínez Pedrés y Antoñete, que recibiría la alternativa. Los toros serían de los que llevaban en el anca la corona de Braganza, es decir de Curro Chica, de Jerez de la Frontera. El toro de la cesión se llamó Carvajal, número 54, de pelo negro.

Las crónicas del festejo son casi partes informativos de la misma. Tanto la Hoja del Lunes de Madrid del día siguiente de la corrida, como el ABC del 10 de marzo, reproducen la siguiente información generada por la agencia CIFRA:

Castellón de la Plana, 8. – Lleno completo. Toros de Francisco Chica. – Antoñete, que tomaba la alternativa, toreó bien de capa al primero y lo muleteó aceptablemente para una estocada. Se le ovacionó. En el sexto hizo una buena faena, lo despachó de una estocada, un pinchazo y un descabello y fue ovacionado. – Aparicio veroniqueó superiormente al segundo, le hizo una gran faena y lo mató de una estocada. Cortó una oreja. En el otro cumplió con la muleta y acabó con una estocada. – Pedrés muleteó aceptablemente a su primero y lo mató de tres pinchazos y un descabello. En el otro, por el estilo con la muleta, para acabar con media estocada y un descabello. – Pesos: 278, 268, 287, 309, 303 y 286.

Una crónica algo más prolija aparece en el diario que en la fecha se nombraba Nueva España. Diario de Falange Española, Tradicionalista y de las J.O.N.S y que hoy es el Diario del Altoaragón, de Huesca, aparecida al día siguiente de la corrida y que es del tenor siguiente:

Antoñete obtuvo un éxito en Castellón el día de su alternativa. – Castellón de la Plana. Corrida de la Magdalena. Toros de Curro Chica, de Jerez de la Frontera. Alternativa de Antoñete. – Antoñete, en su primero, estuvo valiente y fue ovacionado. A su segundo le hizo una buena faena, acabando de una estocada, pinchazo y descabello. El diestro es despedido con una gran ovación. Aparicio hizo entrega en el primero a Antoñete de los trastos de matar. – Aparicio, en su primero, oyó música en la lidia y se adornó en varios pases de rodillas. Mató de una estocada casi entera y cortó una oreja, aunque el público pedía las dos. Ovación. – A su segundo, Aparicio le hizo una buena faena y lo mató de una casi entera, con derrame. Se lanzó un “capitalista” que fue cogido y recibió una cornada que le produjo destrozos en las partes blandas de la pierna derecha. – Pedrés, en su primero, tiene que salir al quite del “capitalista” que se lanza al ruedo y que después de que se dan dos pases es retirado del ruedo por los peones. El diestro acabó con el toro, después de una faena lucida, de tres pinchazos y descabello; a su segundo enemigo, Pedrés lo toreó por bajo y lo mató de media y descabello.

De la relación que hace J. Lloret, corresponsal del semanario El Ruedo, extraigo lo siguiente:

Dos factores principales contribuyeron al brillante resultado económico de la corrida: el día primaveral que hizo y la propaganda que durante todo el invierno se ha venido haciendo en torno al toro de lidia... En cuanto a peso y edad, vino a Castellón una corrida seria. Pertenecían los toros a la ganadería andaluza de don Francisco de la Chica, y como decimos estuvieron muy bien presentados, ya que dieron un peso en bruto de 501, 516, 530, 557, 549 y 535 kilos, respectivamente, por orden de salida. La corrida no ofreció dificultades para los lidiadores, ya que ninguno de los seis bichos acusó peligro. Cierto que casi todos ellos llegaron muy aplomados al último tercio, pero cúlpese de ello a la poca fuerza que sacaron. Los menos apropiados para el lucimiento fueron los corridos en primero y cuarto lugar, es decir, el toro de la alternativa de Antoñete y el segundo de Julio Aparicio, diestro este último que cortó la única oreja del festejo... Creemos que con Antoñete estamos en presencia de un torero de extraordinarias proporciones, a pesar de que su primera actuación como matador de toros no ha sido muy afortunada. Antoñete es un torero de clase y además lidiador, condición ésta muy interesante si hay que enfrentarse con corridas cuajadas. En su primero se lució en unos lances muy buenos; pero luego los picadores se ensañaron con el bicho y ante la bronca del público el novel matador de toros se desconcertó. En su segundo creímos que iba a llegar la faena grande; pero el toro se vino abajo y el madrileño sólo pudo conseguir unos pases muy buenos con la derecha y dos series de naturales soberbios que ligó con el pase de pecho. Lo que hizo fue de tal calidad que pudo haber cortado la oreja si la estocada no hubiese resultado atravesada...

Entrada a la corrida de la
alternativa de Antoñete
Como podemos ver, el recuento que hace Antoñete en 1996 del resultado de la tarde de su alternativa a través del juego de los toros, no difiere en mucho con lo que las crónicas periodísticas dijeron en su día. Los toros no se prestaron a florituras y los toreros les dieron la lidia que éstos pidieron, siendo reconocidos por ella, pero sin aires de apoteosis. Eran otros tiempos.

Fueron compañeros suyos de quinta entre otros Dámaso Gómez y Manuel Jiménez Chicuelo II y entre los que son o se arraigaron de este lado del mar, Luis Solano, Miguel Ortas y José Zúñiga Joselillo de Colombia y en cuanto a sus actuaciones, siguió a Pedrés que sumó 48; Antonio Ordóñez con 47; César Girón, 41; Jorge Ranchero Aguilar, 39 y Antoñete con 36 al igual que Jumillano, para ser el quinto lugar de su escalafón.

Decía al inicio que Antoñete ejerció su ministerio de matador de toros durante casi medio siglo. Medio siglo en el que vivió con intensidad muchas luces y sombras para escribir una historia con la que, quizás, sin proponérselo, se convirtió en referente de varias generaciones de aficionados y de toreros y con un mérito agregado, atrajo al mundo de la fiesta a personas a las que sin su manera de ser y de ver la vida, quizás no las hubiera interesado en él.

Concluyo esta remembranza con una reflexión de José Carlos Arévalo a propósito de la faena de Antoñete a Atrevido de Osborne en 1966 y que creo que presenta con claridad la manera en la que El Maestro entendía el toreo:

La lidia es un arte de preguntas y respuestas que se hacen mutuamente el torero y el toro. Según este pensamiento, a la par esencial y estratégico, basta para garantizar nuestra atención a la lidia. Toro y torero se niegan en cada embestida y la afirmación de uno supone el fracaso del otro. Solo cuando la conjunción de ambos disuelve (¿o agudiza?) la pugna, el misterio del toro ha sido descubierto y el toreo resplandece. Es mentira, es una superficial tentación platónica creer que la faena ideal cae del cielo, que la regala el toro, que se la regala y nos la regala el torero. Sí así fuera, la lidia carecería de sentido y el arte de torear no justificaría tan paciente espera...
Un interesante documento visual se encuentra en los primeros tres minutos del No – Do del 29 de junio de 1953 (mismo que pueden ver en esta ubicación). No lleva imágenes de la corrida de la alternativa de Antoñete, aunque el cartel de toreros sea el mismo – Aparicio, Pedrés, Antoñete – porque estas corresponden a la Corrida de Beneficencia de ese año. No obstante, nos deja ver lo que sería la primera edad del Torero de Madrid por antonomasia y tener una aproximación a lo que fue la tarde de su alternativa. Los toros fueron de Sánchez Cobaleda.

domingo, 3 de junio de 2012

Detrás de un cartel (V)


Programa de mano de la
novillada del 29 de julio
de 1962
Fernando de la Peña es uno de esos toreros mexicanos que desde los últimos años cincuenta nos hicieron imaginar una inacabable sucesión de grandes tardes. Su concepción del toreo caminaba por las veredas del arte, pero a diferencia de los toreros de esa cuerda, tenía más que el valor justo para estar delante de los toros y cuando hacía falta, sabía pelearse con ellos y arrancarles las orejas sin tener que esperar que le saliera el que le permitiera las verónicas de alhelí.

Después de presentarse en la Plaza México en 1960 y hacer un par de sólidas campañas en México, dirige sus pasos a España en el año de 1962, para presentarse en la Plaza de Las Ventas el día de Santiago Apóstol alternando con Clemente Antolín El Millonario y Manuel Rodríguez en la lidia de un encierro complicado de Francisco Marín Marcos. Esta actuación la saldó dando una vuelta al ruedo tras la muerte del que cerró plaza, lo que le valió para que lo repitieran en el ruedo madrileño al domingo siguiente, en el festejo dominical que anuncia el cartel que da motivo a esta entrada.

Ese domingo Fernando de la Peña cortaría su primera oreja en el ruedo venteño. Formó cartel con el torero de Arnedo Antonio León y el salmantino José Luis Barrero. Los toros fueron de Ana Peña. La relación de su actuación la hace Andrés Travesí en el ABC de Madrid y de ella recojo lo que sigue:



... Nos pareció que el mejicano Fernando de la Peña sabe lo que trae entre manos. Da órdenes a sus peones, para impedirles los frecuentes desmanes a que nos tienen acostumbrados. Está pendiente de la lidia. Veroniqueó aceptablemente, arrimándose mucho. Hizo un par de chicuelinas, estrechándose, pero con reposo. Con la muleta me gustó más en el sexto que en el tercero. En éste empezó con cuatro ayudados por alto. Luego, tres redondos; bueno, por largo, el último; cuatro naturales, aguantando, y uno bueno, de pecho; otra serie corta, de derechazos; y otros tres naturales. Acertó a clavar una estocada caída y cortó la oreja, y dio la vuelta al ruedo con casi unánime complacencia... Al sexto lo dobló muy bien por bajo, con una rodilla hincada en la tierra, mandando. Dos tandas de pases en redondo y de ellos uno excelente. Cuatro naturales bajando la mano y llevando al toro prendido en la punta del engaño; otros tres, mejores. Por no igualar bien al toro y perfilarse con poca decisión, pinchó tres veces antes de clavar una estocada. Dio la vuelta al ruedo a hombros de los entusiastas de siempre...

Fernando de la Peña (Cª 1963)
Todavía volvería a cortar otra oreja en Las Ventas, esta vez a un novillo del Marqués de Albaserrada el 1º de mayo de 1963, alternando con Antonio Medina y Efraín Girón, lo que lo hace miembro de un selecto grupo de novilleros mexicanos que han logrado cortar más de un apéndice en sus comparecencias en la principal plaza del mundo.

Fernando de la Peña recibió la alternativa en Barcelona el 12 de septiembre de 1963, de manos de Antonio Bienvenida y llevando como testigo a José Martínez Limeño, siendo el toro de la ceremonia Fechorías de Graciliano Pérez Tabernero. Confirmó su alternativa en la Plaza México el 12 de enero de 1964, apadrinado por Humberto Moro, que le cedió al toro Jaleador, de José Julián Llaguno y fungió como testigo Joaquín Bernadó. La confirmación en Madrid se verificó el 22 de agosto de 1965, cuando Antonio Chenel Antoñete en presencia de Luis Parra Jerezano, le cedió un toro de Escudero Calvo Hermanos.

Tras de sufrir varios percances serios y los vaivenes de varios movimientos de política sindical taurina, las actuaciones de Fernando de la Peña disminuyen sensiblemente a partir del año de 1966. Su despedida formal de los ruedos se da en la Plaza Monumental Monterrey el el 21 de julio de 1974, alternando con Jesús Delgadillo El Estudiante y Óscar Realme en la lidia de toros de La Playa, en un festejo que representó también para Óscar Realme una despedida no anunciada. Fernando de la Peña apenas tenía 35 años de edad. La historia que hay detrás de este cartel, me sirve para recordarle en esta tarde de triunfo, que al final de cuentas solamente resultó ser un anuncio de lo que pudo ser.     

miércoles, 26 de octubre de 2011

Recuerdos de un torero...


Antoñete en Caracas, con un toro mexicano de
Manuel de Haro

El pasado mes de mayo vio la luz Recuerdos de un torero, libro que recoge remembranzas y memorias de ese gran torero de plata que ha sido don Andrés Luque Gago. En ellas recoge sus recuerdos de escuchar hablar de toros a Rafael El Gallo y a Juan Belmonte; su visión de lo que fue la torería de Manolete; su paso por los ruedos como novillero amparado por uno de los grandes apoderados que la historia de eso ha conocido, su tío Andrés Gago y por supuesto, una extensa trayectoria como primero en las cuadrillas de figuras del toreo como Luis Miguel Dominguín, Antonio Ordoñez, Antonio Bienvenida, Rafael de Paula - con él le ví en México - o Paquirri.

También fue con Antoñete. En los años sesenta, cuando se decía que Antonio Chenel había resucitado. De esa época, en el capítulo 12 del libro, publicado por la editorial Isla de Siltolá, en su colección Levante, dice lo siguiente acerca del torero de Madrid:

Grandes expectativas con Antonio Chenel, Antoñete
Antes de acabar la temporada del año 1966, José Ignacio Sánchez Mejías me ofreció continuar a las órdenes de otro de los toreros que apoderaba, esta vez, Antonio Chenel, Antoñete. Ese año había hecho la famosa faena al toro blanco de José Luis Osborne en Madrid.  
Estuve con él las temporadas de 1967 y 1968. Las dos tuvieron altibajos debidos a las inoportunas lesiones; también triunfos excepcionales, como la tarde de los toros de Urquijo, en Madrid, alternando con Antonio Ordóñez y Manolo Cortés. No toreamos muchas corridas, pues cada vez que triunfaba volvía a lesionarse y tenía que parar.  
Una lástima, ya que estaba dotado con unas cualidades excepcionales y, en esa época de apogeo de El Cordobés y la heterodoxia, muchos aficionados empezaban a reclamar los cánones puristas, sobre todo en Madrid. Fue una época apasionante, había muy buenos toreros y mucha variedad. A las figuras se había unido una nueva generación con toreros como Diego Puerta, Paco Camino y Santiago Martín El Viti.  
Todos toreaban más por ese motivo, Antoñete no podía rentabilizar los éxitos por culpa de las lesiones, casi siempre roturas, que tardan en curarse mucho más tiempo que las heridas. Las expectativas siempre eran máximas, había motivos para ello.  
Tenía un concepto puro, muy lúcido en la elección de los terrenos y las distancias, excepcional en las largas. El sentido estético y la hondura recordaban detalles que había visto a Juan Belmonte en los festivales; y su capacidad para colocarse a la de Manolete; sin embargo, era un torero muy distinto a ambos, respecto del primero por su toreo fundamentado en la relación de suertes fundamentales ligadas; del segundo por la relación completa de esos muletazos iniciados por delante, mucho más largos.  
Siempre fue una referencia del toreo puro, de la clarividencia para la elección de los terrenos y las distancias en función de las cualidades de cada toro. Tenía un valor frío y sereno, casi siempre oculto por la pasión de su temple y la estética consecuente. La limitación del número de corridas no disminuyó su vitola de torero importante. Tenía grandes cualidades y mucha clase.  
Pronto se convirtió en un torero de toreros y eso le dio un prestigio que lo avaló siempre. En cierto modo, en la década de los sesenta también anticipó, como Manolo Vázquez antes, la que sería la magistral etapa de principios de los ochenta, en la que, respetado por las lesiones, mantuvo la máxima categoría como figura del toreo.  
En sus cuadrillas seguí llevando el peso de la lidia. Paraba los toros y se los enseñaba por ambos pitones. Una vez fijados y mostrados intentaba molestarlos lo menos posible. Antoñete les sacaba cuanto tenían dentro. Con capote y muleta se empleaba, sobre todo, en las suertes fundamentales. Desplazaba y les podía tanto que éstos quedaban sometidos con autoridad. Aparentaba una facilidad inusual en los toreros con tanta profundidad. Su sentido del temple hacía el milagro.  
De nuevo, fueron dos años magníficos en lo profesional y lo personal. Siempre fue persona de pocas palabras, de trato muy agradable y especial. Daba gusto viajar con él y salir a la plaza a sus órdenes. La convivencia era muy grata, todos estábamos a gusto y nos sentíamos realizados a su lado. Nos daba sitio como toreros y nos apreciaba como personas.  
Cuidaba mucho a las cuadrillas, tanto en la elección de los miembros, que consideraba imprescindibles para el resultado artístico y, por encima de ello, para su integridad; como en el trato que les dispensaba. Eso aumentaba su cartel entre los taurinos y los toreros.  
Su planta de matador de toros, joven, seguro de sí mismo, le proporcionaba un atractivo que sabía gestionar delante de los toros y, fuera de las plazas, le aseguraba el éxito entre los taurinos.  
No paraba de fumar, incluso en la plaza lo hada entre toro y toro. Su imagen con el cigarrillo, habitual en algunos toreros desde tiempos de Manolete, le daba un aire actual, que lo caracterizaba. El mechón blanco en la parte delantera del pelo completaba una imagen personal, la imagen de un gran torero...

Este es el recuerdo que un torero hace de otro torero, y la historia nos demuestra que ambos supieron equilibrar, cada uno a su aire, la miseria de ser hombres con el prodigio de serlo, y provocar en quienes los aclamaron y en quienes los seguimos admirando, un orgullo profundo como aficionados pensantes a la misma Fiesta que ellos tanto amaron y a la que tanta grandeza dieron.

Aldeanos