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domingo, 21 de diciembre de 2014

21 de diciembre de 1969: Ante Cagancho, triunfos de Alfredo Leal y Ángel Teruel

Alfredo Leal
(Imagen cortesia del blog Toreros Mexicanos)
Voy a hablar de nuevo acerca de Alfredo Leal. Y es que es uno de los toreros que en los principios de mi afición cautivaron mi gusto por la manera tan pura en la que hacía el toreo, pero sobre todo, porque en el ruedo, parecía torero. Quizás se me pueda responder que no rayó a las alturas que sus aptitudes parecían prometer, pero tampoco se me podrá negar que cuando se quiere traer al recuerdo a un diestro mexicano de clase y gallardía, uno de los primeros que salen a la discusión es precisamente el llamado El Príncipe del Toreo.

La efeméride

La tercera corrida de la temporada 1969 – 70 en la Plaza México fue anunciada con toros zacatecanos de José Julián Llaguno para Alfredo Leal, Eloy Cavazos y el madrileño Ángel Teruel. Los tiempos eran otros y la empresa que regentaba los destinos de la plaza de toros con más capacidad en el mundo no se preocupaba por cumplir con el derecho de apartado en busca de ofrecer después de satisfecho éste, carteles de mayor fuste. Es más, la celebración del 5 de febrero ni siquiera cobraba carta de naturalidad – eso llegaría hasta un cuarto de siglo después según lo contaba en este sitio de esta misma Aldea –, así que para dar lustre a la temporada, domingo a domingo se tenían que ofrecer carteles que llevaran a la gente al coso y no esperar conmemoraciones que más que taurinas, resultan ser meros happenings sociales.

Tengo la impresión de que esa tarde Alfredo Leal iba de telonero de Cavazos y de Teruel esa tarde. Para esas calendas, el que después sería llamado El Pequeño Gigante de Monterrey se encaramaba en la cabeza del escalafón nacional y Ángel Teruel había terminado su campaña española con la friolera de 77 festejos toreados, incluyendo una salida en hombros de la madrileña plaza de Las Ventas el 12 de mayo, día de su confirmación de alternativa – con corte de 3 orejas – así que Alfredo Leal, en principio, estaría llamado a ser un convidado de piedra en un festejo de esos a los que a veces se da en llamar de triunfadores.

Más la suerte a veces tiene caminos por los cuales, lo que se pretende que resulte no sale tal cual y así fue esa tarde de domingo de hace 45 años y fue precisamente Alfredo Leal quien refrendó su calidad de gran torero con una faena que queda para el recuerdo en la historia de la gran plaza.

La relación más prolija del festejo la hace Carlos León, el cáustico cronista del extinto diario Novedades de la Ciudad de México en la sección a su cargo titulada Cartas Boca Arriba, en forma epistolar, dirigida en esta oportunidad al general Ignacio M. Beteta y antes de entrar en materia, recojo este párrafo de ella, misma que creo que viene como anillo al dedo respecto de lo que en estos tiempos ocurre:
En el toreo, aunque es un arte donde también se dibujan momentos estéticos, no cabe lo apacible ni la belicosidad termina jamás. Es lucha permanente entre la fiera y el hombre, aunque aquélla ya no sea tan feroz, ni éste, por lo mismo, pueda enfatizar su hombría. Más no en balde, como en la oficialidad de la milicia, la espada es lo importante, lo que da rango, lo que hace que al propio lidiador se le llame el espada; porque el título de matador de toros se otorga, precisamente, al que sabe matarlos. Y al que no es capaz ni de matar el tiempo, transcurren los minutos y se le va vivo el enemigo. Y entonces, aunque uno esté en favor del desarme, tiene que armarse, al menos de paciencia…
Alfredo Leal y Cuate de Reyes Huerta

Respecto de la actuación del Príncipe del Toreo, Carlos León reflexionó lo siguiente:
Regalo principesco de Leal. – Alfredo, héroe ya de mil batallas, es un estratega de los ruedos. No tiene necesidad de ir a la línea de fuego, cuando, capitán general, puede ganar una batalla – como la que hoy ganó – sin por ello tener que oler a pólvora. Allá en la vanguardia que se rajen la cara con cualquiera de los “juanes” y los reclutas de la fiesta, que cuando se ha llegado a “Príncipe del Toreo” es muy difícil meterse en la refriega de ser carne de cañón… Por eso, a veces, como los mariscales de campo, ve las batallas a distancia con los prismáticos de su prudencia. Ya es raro que se meta en las trincheras como cualquier soldado desconocido y anónimo, pues, como usted bien lo sabe, en las grandes batallas pasa a la posteridad y a la historia el nombre de quien las dirigió, sin que nadie se acuerde de los que propiciaron la victoria con su sangre y con su vida… Hoy, en esta tarde pajarera, en que los seis toros de Don José Julián Llaguno vinieron bautizados con nombres de aves, Alfredo vio salir de la jaula de los sustos a “Gorrión” y le dio su alpiste de excelentes verónicas, lo mismo al saludarlo que en un quite. Y en la faena – que brindó a Mario Ramón, hijo de usted y cuñado de él – ha estado sobrio y elegante ante un enemigo sosillo, evidenciando los bien ganados entorchados de su mariscalato. Mató de certera estocada y ha salido al tercio a recoger la ovación… Más tarde con “Cuervo”, un pajarraco que se caía y de pocos vuelos para la embestida, Alfredo se concretó a sacudirle las plumas. Pero después, a petición del pueblo que exigía su aguinaldo, regaló un séptimo toro. Era de las dehesas de Don Reyes Huerta y resultó ser un dechado de docilidad, uno de esos regalitos que el Niño Dios destina a los que se han portado bien durante el año, el bicho de entra y sal, de carretilla, de arrancadas borregunas, pero que estaban pidiendo a gritos un torero… Y el torero allí estaba, para cuajar una de las mejores faenas de su carrera, sin entrega alocada ni desmedido arrojo, sin apearse de su trono principesco, pero trazando sobre el fabriano de la arena las pinceladas magistrales de sus muletazos. Nada de brocha gorda, sino con la transparencia de las acuarelas. Todo pausado y medido, hasta que el bello trasteo adquirió proporciones de faenón. Breve con la tizona, Alfredo el Grande ha cortado las dos orejas, para epilogar la tarde con las aclamaciones delirantes en la salida triunfal. Mejor regalo de Navidad no lo hubieran esperado los aficionados…
Ángel Teruel. Un brindis a Cagancho

El madrileño se fue sin apéndices en las manos, pero también hizo toreo del bueno. Brindó el segundo de su lote a Cagancho, que ocupaba una barrera de sombra. Vuelvo a la crónica de Carlos León, que dijo en su día esto:
Faenón también de Teruel. – Vea usted, mi general. Ese chavalillo vestido de corinto y plata es Ángel Teruel. Tan madrileño que nació en el número 11 de la madrileñísima calle de Embajadores, el 20 de febrero de 1950. Y la juventud será divino tesoro, pero esos mismos 19 años lo obligan a regresar de inmediato a España, para prestar su servicio militar como soldado del reino. Y lo que yo le decía a usted: él es un artista, pero tiene que vestir el uniforme, porque la guerra es la guerra y todavía no acabamos de civilizarnos… Bien había estado con “Colibrí”, aunque se apagó apenas salido del nido. Pero Angel se le arrimó, sobre todo en la emotiva primera parte del trasteo, rabioso en cuatro muletazos sentado en el estribo, y luego muy y muy artista, siempre cerca de los pitones y sacando muletazos excepcionales. Lo que se dice una faena pulcra, pero sin alturas de epopeya, aunque le han ovacionado fuerte… Lo grande – y sobre todo lo meritorio – fue lo que Teruel le hizo a “Canario”, un toro manso que saltaba al callejón y rehuía la pelea. Tras brindarlo al gitano “Cagancho”, a quien el público aplaudió con cariño, el madrileño sacó al toro de la querencia de los tableros y lo llevó a los medios. ¡Y cómo lo ha toreado! ¡Con qué garbo, con qué majeza, con qué gracia! Haciendo honor a la que tuvo a raudales el torero calé, le ha bordado un faenón impecable. Por desgracia, y tal vez porque ha subido el precio del acero, Teruel no consiguió que el suyo tuviera el temple necesario. Y se le fueron los apéndices cuando de sobra los tenía conquistados, perdiendo la batalla en el instante supremo. No obstante, el faenón de consagración ante el público metropolitano allí quedó como un limpio ejemplo de lo que es el bien torear. Dos vueltas al ruedo premiaron su cátedra de artista y, en cuanto vuelva de reconquistar el Peñón de Gibraltar de manos de los “Beatles”, aquí será esperado como uno de los elegidos...
Ángel Teruel
(Imagen cortesía de pcctoros)
Eloy Cavazos enfrentó a Jilguero y a Halcón en segundo y quinto lugar y solamente pudo ofrecer a la concurrencia sus habilidades de estoqueador, pues como se desprende de la narración transcrita, los toros de don José Julián Llaguno – cinqueños por cierto – no permitieron mayores florituras.

El 21 de diciembre de 1969

Es una fecha que representa un interés especial para mí. Hoy hace 45 años que mi padre, el cirujano Jesús González Olivares ejerció por vez primera como Jefe de los Servicios Médicos de la Plaza de Toros San Marcos en Aguascalientes. Don Guillermo González Muñoz también daba su primera corrida de toros como empresario – ya había ofrecido novilladas antes – con Rafael Rodríguez, Joselito Huerta y Raúl García, quienes lidiaron una corrida del ingeniero Mariano Ramírez. Hubiera querido escribir sobre ese festejo, pero la hemeroteca está en reparaciones y no tuve acceso al material necesario. Sirva esto para recordarlo.

domingo, 16 de noviembre de 2014

16 de noviembre de 1952: La primera alternativa de Alfredo Leal

Le llamaban El Príncipe del Toreo
Alfredo Leal Kuri fue parte de una generación de toreros que hicieron el parteaguas de la historia de la fiesta en México, de aquellos que hicieron posible el hablar del antes y el después de una Edad de Oro, de la generación del 48 que fue encabezada por Los Tres Mosqueteros, aunque en ella también se formaron con honores el propio Leal, y aunque presentados en las dos temporadas anteriores, también la integraron Héctor Saucedo, Nacho Treviño, Jorge El Ranchero Aguilar, Juan Estrada, Alfonso Pedroza La Gripa, Curro Ortega, Fernando López El Torero de Canela, Tacho Campos, Rubén Rojas El Jarocho, Paco Ortiz y otros varios que caminaron más o menos largo en lo que Díaz Cañabate llamara en su tiempo El Planeta de los Toros, pero que tuvieron la virtud de demostrar a la afición que el trono que pronto dejarían vacante Fermín, Garza, Silverio y El Soldado, podría ser dignamente ocupado por un largo tiempo.

Alfredo Leal debutó como novillero en la plaza más grande del mundo el 11 de junio de 1948, flanqueado por nuestro Alfonso Pedroza La Gripa y Tacho Campos, para lidiar novillos de don Jesús Cabrera, ganadero que tendría predilección por las cristalinas maneras de este torero. Da la vuelta al ruedo tras la lidia del novillo Muñequito en esa oportunidad y se abre las puertas de las demás plazas de la República y así, el 26 de septiembre de 1948, hace su única aparición con ese carácter en el viejo Progreso de Guadalajara, sustituyendo a Rafael Rodríguez, quien dos domingos antes había irrumpido como volcán en la Plaza México. Actuó Leal junto a Arcadio Ramírez y Joaquín Díaz para despachar novillos de Santín. Don Paco Madrazo recuerda así esa actuación: Es un diestro de fino hacer y limpio trazo… La gente comenzó a hablar de Leal, un torero de cristal….

Tras recibir en 1949 dos cornadas de un novillo de La Punta en la Plaza México, Alfredo Leal se aparta de los ruedos, para volver con el ánimo renovado en la temporada novilleril de 1952, misma de la que resulta ser uno de los triunfadores y con ello se ganó el derecho a recibir la alternativa en la siguiente “temporada grande”, misma que se programó para la tercera corrida del ciclo, en la que se anunció originalmente un encierro de Zacatepec para Carlos Arruza – quien toreaba la que resultó ser la campaña de su despedida –, José María Martorell y el toricantano. Al final de cuentas, se lidiaron solo cuatro de los toros del encierro titular y por una cuestión administrativa – el hierro de mayor antigüedad tenía que abrir y cerrar plaza – los dos sustitutos de La Laguna vinieron a corresponder al toricantano.

El toro de la cesión se llamó Cortapelo y Alfredo Leal estuvo bien con él. La tarde fue para su padrino Carlos Arruza, quien realizó una de sus grandes obras en la Plaza México ante Bardobián de Zacatepec. Los sucesos de la corrida los cuenta así la crónica de agencia publicada en el diario El Informador de Guadalajara, del día siguiente del festejo:
México, D.F., noviembre 16. - Ante un lleno imponente se efectuó esta tarde una corrida en la Plaza México, alternando Carlos Arruza, José María Martorell y Alfredo Leal, habiendo recibido este último la alternativa de manos de Arruza. Se lidiaron cuatro toros de Zacatepec y dos de La Laguna; estos exclusivamente para Leal, quien estuvo desafortunado en su faena. 
Al primer toro de la alternativa, bravo y pegajoso, le hizo Leal una empeñosa faena, coronándola con una impresionante estocada de efectos rápidos. A su segundo le hizo un trasteo anodino, en el que a menudo fue el toro el que se impuso al diestro. Lo terminó con una buena estocada, ante la indiferencia general. 
Arruza se enfrentó a su primero, que resultó el manso de la tarde. Lo banderilleó sin fortuna, pero le hizo una faena dominadora, con muletazos por bajo muy bien rematados, inclusive varios derechazos, antes de matarlo con una estocada caída. A su segundo le cuajó un extraordinario quite por gaoneras; lo banderilleó en forma magistral y le hizo una gran faena con pases de todas marcas; naturales pletóricos de mando, derechazos pausados y dos muletazos de su invención, pasándose la res por la espalda; le hizo un gran molinete de rodillas y mató de una soberana estocada, todo lo cual convirtió la plaza en un manicomio. Se le dieron las dos orejas y el rabo, y se le hizo dar varias vueltas al ruedo. 
Martorell también logró una buena actuación. Veroniqueó toda la tarde en forma espectacular, con las manos muy bajas, haciendo que la música sonara varias veces en su honor. Cuajó dos dramáticas faenas, metido siempre entre los pitones para hilvanar naturales y derechazos indiscutiblemente emocionantes. Mató a su primero de una buena estocada y le cortó la oreja, dando la vuelta al ruedo. En su segundo también cortó oreja en medio de aclamaciones”. 
La crónica atribuye a José María Martorell el haber cortado dos orejas esa tarde. Por su parte, la estadística que recuperó don Luis Ruiz Quiroz para la obra Plaza México. Historia de una cincuentona monumental, señala que solamente cortó la oreja al quinto de la tarde. El texto de la obra, escrito por don Daniel Medina de la Serna, coincide en lo esencial con la crónica que transcribo, en el sentido de que la alternativa de Leal fue anodina.

La falta de un triunfo sonado en esta fecha le impidió a Alfredo Leal el caminar con la dignidad de matador de toros de inmediato. Tanto así, que al año siguiente renunció a ella y marchó a España a torear como novillero y a conseguir de nuevo la categoría de matador de alternativa, la que ahora sí, paseó con categoría por casi tres décadas por los ruedos del mundo. Pero ese es un asunto del que me ocuparé más adelante en esta misma bitácora.

Alfredo Leal falleció en la Ciudad de México el 2 de octubre de 2003.

Aquí inserto un vídeo de una actuación de Alfredo Leal, a mitad de los años sesenta, en la plaza de toros El Progreso de Guadalajara, donde se puede apreciar la gran calidad de su toreo. Ojalá que lo disfruten.




domingo, 24 de marzo de 2013

Detrás de un cartel (VII)



Alfredo Leal fue llamado El Príncipe del Toreo. Creo que no es necesario aclarar que el sobrenombre le viene de la elegancia de su porte y de la que llevaba implícita en sus maneras al hacer el toreo. Aunque el 16 de septiembre de 1952 había recibido en la Plaza México una alternativa de manos de Carlos Arruza y fungiendo como testigo José María Martorell, renunció a esa dignidad en 1953 para ir a España a hacer campaña como novillero. Debutó en Madrid el jueves 26 de agosto de ese año alternando con Luis Francisco Peláez y Alfonso Gómez en la lidia de novillos de Juliana Calvo, Alicio Tabernero y Sánchez de Terrones, con una actuación que le vale la repetición el domingo siguiente, tarde en la que corta una oreja a un novillo de Alicio Tabernero

Su última comparecencia madrileña en el escalafón inferior en Las Ventas se produjo el 20 de septiembre de ese 1953 fecha del cartel que da pie a que yo meta hoy los míos, cuando para lidiar de nueva cuenta novillos de don Alicio Tabernero, de Villanueva de Cañedo, Salamanca, se le anunció junto con el murciano Ramón Barrera y el donostiarra José María Recondo. Al final solamente se lidiaron cuatro novillos de los anunciados, porque el tercero fue devuelto a los corrales por su invalidez ostensible – cojeaba visiblemente decía la crónica del ABC – y fue sustituido por uno de Ángel Rodríguez de Arce y el quinto, desde el reconocimiento fue sustituido por uno de José Tomás Frías. Así, Leal mató el de Rodríguez de Arce y solamente uno de los titulares.

La entrada fue un lleno, aunque hoy como ayer, la concurrencia fue variopinta, como lo refleja la relación del festejo que para el ABC madrileño escribió quien firmó como M.M.CH.:

Otra novillada sin pena ni gloria la del domingo en Madrid. La cátedra en pleno se congregó en torno al ruedo de las Ventas, atraída por la buena impresión que los tres espadas causaran en anteriores actuaciones. Tarde espléndida, y ni un solo claro en los tendidos. La profusión de cámaras fotográficas y folletos bilingües, en la zona de sombra, denunciaba la presencia de un elevado número de espectadores extranjeros. No hubo pena ni gloria para nadie; ni para los toreros, que si no lograron cosechar nuevos laureles, salvaron el escollo decorosamente y salieron indemnes en que se vieron metidos a lo largo de la lidia; ni para el público, que si no llegó a sestear presa del tedio, tampoco encontró motivo para entusiasmarse…

Más adelante veremos que el juicio inicial del cronista es demasiado duro conforme al resultado del festejo. Ramón Barrera y José María Recondo resultaron volteados sin consecuencias por sus novillos y aunque Leal no se escapó de recibir su dosis de leña, saldó su actuación con vuelta al ruedo y ovación – según el ABC – o con dos vueltas al ruedo – según la Hoja del Lunes – ya vemos también que entonces tampoco había acuerdo en eso. En lo que sí coinciden ambas crónicas, es en el buen hacer del Príncipe. El de Tanda, que escribió la crónica para la Hoja del Lunes, dijo lo siguiente:

Novillada a plaza llena en Las Ventas… Alfredo Leal apencó con el mulo jugado en tercer lugar, reservón y de sentido, y tanto se paró en los ayudados por alto y se recreó en los redondos, y obligó en los naturales, sin que su enemigo se prestara a entrar francamente a ninguno, que el público ovacionó al mejicano con calor en diversos momentos de la valerosa faena, así como le hizo dar la vuelta al ruedo al rematarla con un pinchazo, media estocada y un descabello al cuarto intento... Al sexto lo recogió sobre la derecha para ligarle algunos redondos y ayudados de buena ejecución, que se le aplaudieron, y también dio la vuelta al ruedo al poner fin a su meritoria labor con una estocada y un descabello al segundo golpe…

En tanto, la relación del ABC nos traslada la siguiente información:

El mejicano Alfredo Leal es, a nuestro juicio, el más "puesto" de la terna. A él le tocó cargar con el sustituto de Rodríguez de Arce, cuya muerte brindó a su compatriota Juan Silveti, que ocupaba una barrera. En primer lugar se hizo aplaudir en una serie de ayudados por alto muy ceñidos y muy quietos. El novillo embestía bien, cuando por fin se decidía después de dudar mucho, y Leal se hizo aplaudir nuevamente toreando al natural, después de porfiar mucho. En una ocasión llegó a dar dos vueltas en torno a la res en su intento de lograr la arrancada. Muy tranquilo, volvió a lucirse nuevamente con la muleta en la derecha. Después de un pinchazo logró, entrando muy bien, una estocada perpendicular y descabelló al cuarto golpe. El diestro dio la vuelta al ruedo y el toro fue pitado en el arrastre... En el sexto, muy abierto de cabeza, se hizo aplaudir al ahormar al bicho con pases de castigo por bajo. Al torear en redondo sufrió, sin descomponerse, una impresionante colada. Sigue toreando muy bien en redondo y se aplauden tres estatuarios muy ceñidos. Después de sufrir un achuchón se dispone a entrar a matar, pero se le pide más faena y accede. Toma la muleta con la izquierda y porfía de nuevo, pero el bicho se le cuela por debajo del engaño y el diestro sale nuevamente achuchado. Tras meter el estoque hasta el puño, descabella al segundo golpe y es despedido con aplausos...

Como vemos, hay disparidad en el resultado final de la actuación de Alfredo Leal de ese 20 de septiembre de hace 60 años, pero coincidencia en lo relativo a su tesón, a su valor y a sus buenas maneras.

Al inicio de la temporada siguiente, el 18 de abril de 1954, en Sevilla, Cayetano Ordóñez hijo, ante Manolo Carmona y con la actuación del rejoneador Ángel Peralta, le cedería la muerte de Dadivoso, negro, número 75 de don Tomás Prieto de la Cal, invistiéndolo como Matador de Toros nuevamente. Este doctorado lo confirmaría en Madrid una semana después, el día de San Marcos de 1954 nuevamente de manos del hijo mayor del Niño de la Palma y con el testimonio de Jerónimo Pimentel, con el toro Encendedor de María Matea Montalvo para continuar una carrera en los ruedos que culminaría bien entrados los años ochenta del pasado siglo.

Alfredo Leal falleció en la Ciudad de México el 2 de octubre de 2003

Retales de la prensa de la fecha

Los diarios de esas fechas consignaban que el mismo 20 de septiembre de 1953, Joselillo de Colombia recibió la alternativa de manos de Antonio Bienvenida en Lorca, en tanto que mi compatriota Luis Solano la recibió de manos de Cayetano Ordóñez hijo en Barcelona, llevando como testigo al también mexicano Anselmo Liceaga. También referían que Juan Posada cortaba 4 orejas en Logroño junto a Antonio Ordóñez y Pedrés. Por otra parte daban cuenta de que el novillero mexicano Rafael García – allá llamado García Olmos – toreó ese día en Córdoba. En otra noticia, se recuerda el 51º aniversario de la alternativa de Vicente Pastor.

Por otra parte, me llama la atención el hecho de que se anunciaba la Corrida del Montepío de Toreros para el jueves 24 de septiembre con el rejoneador Ángel Peralta, Julio Aparicio, Antonio Ordóñez y Jumillano, para lidiar todos toros de Manuel Sánchez Cobaleda. Ante tal anuncio, el Real Madrid, que tenía pactado en su Estadio de Chamartín un partido contra el F.C. Nancy de Francia, adelantó un día su juego para no perjudicar en la taquilla al Montepío de Toreros y además solicitó un palco e hizo un donativo de cinco mil pesetas para que los visitantes franceses asistan a la corrida. ¿Alguna diferencia con los tiempos que corren?

Así son las historias detrás de este cartel.

sábado, 21 de abril de 2012

Tal día como hoy: 1972. Alfredo Leal borda al natural un toro de Las Huertas


Prudente aclaración: A partir de hoy y hasta el día 13 de mayo, apareceré por aquí con más frecuencia de la acostumbrada. El motivo de mi presencia será la de recordar con Ustedes algunos hechos ocurridos en nuestra Feria de San Marcos en otros tiempos. Espero que encuentren interesantes esos recuerdos, que son los hechos que han dado su grandeza a esta Fiesta y a esta Feria.

La Feria de 1972

El ciclo de San Marcos de 1972 nació entre aires de tormenta. Tras de los repetidos triunfos de Manolo Martínez en el año anterior, era, para afición y empresa, un ingrediente necesario en los carteles del ciclo abrileño. En las noticias previas al anuncio de la composición de la Feria, se mencionó con insistencia su nombre como el eje de la misma, pero al final, la noticia que sacudió el ambiente taurino de Aguascalientes, fue el que la empresa que dirigía Guillermo González Muñoz no había podido llegar a un arreglo con el diestro regiomontano y que por ello, se quedaba fuera del serial, descansando todo el peso de éste en Curro Rivera, que como principal atractivo, mataría en solitario una corrida de Torrecilla el día del Santo Patrono.

Otro de los hechos a destacar, sería que la noche del lunes 24 de abril, uno de los diestros que tenía una impecable trayectoria en los ruedos de ambos lados del Atlántico y una clase privilegiada, pondría punto y final a su andar por las arenas. Alfredo Leal, El Príncipe del Toreo había escogido el escenario de la Plaza de Toros San Marcos para matar lo que debería ser el último toro de su vida.
Ese era el escenario en el cual se presentaba el festejo que hoy les quiero recordar.

La corrida del 21 de abril de 1972

Para esa tercera corrida de feria, se anunciaron 8 toros de Las Huertas, ganadería entonces propiedad de Luis Javier Barroso Chávez, que lidiarían el nombrado Alfredo Leal, Joaquín Bernadó, Alfonso Ramírez Calesero chico y Jesús Solórzano hijo. La nota previa al festejo, señalaba que el encierro era disparejo, una escalera, según podemos leer enseguida:

La verdad no nos gustó el encierro de Las Huertas que se lidiará esta noche: es disparejo, fuera de tipo y algunos toros dan la impresión de estar pasados de edad. Pero como dijo Alfonso Ramírez “Calesero”: “Yo no quiero que me gusten, quiero que me embistan...

Ante esa corrida, el festejo se fue deslizando entre altibajos, hasta que salió el quinto de la noche, llamado por el ganadero Lupillo, por ser hijo de Guadalupano, un toro que indultara Raúl García en la Plaza México el día de San José de 1967. 

La crónica del festejo a que hago referencia es de Francisco Lazo, cronista titular del diario deportivo Esto de la Ciudad de México y que por ese año ejerció de cronista huésped en el diario local El Sol del Centro, en virtud de que el cronista titular, don Jesús Gómez Medina ocupó el Palco de la Autoridad durante ese calendario, incluida la Feria, por lo que de esa relación recojo lo siguiente acerca de la faena del Príncipe del Toreo a ese toro de Las Huertas:

Lanceó en el centro del anillo, cargando ligeramente sobre la pierna de salida, a ritmo lento. Y con la muleta, echándola apenas adelante, embarcaba, templaba y mandaba, muy erguido, moviendo solo el brazo, con elegancia. Eran los primeros muletazos, bellos en ejecución, pero aún sin el sentimiento que iba a desbordar Alfredo sobre el ruedo de la plaza de San Marcos... Y ahora con la izquierda, más lento todavía, haciendo flamear el trapo rojo en el último tiempo, con un suave muñecazo. Trataba al toro con delicadeza para hacerlo sentir a gusto y sentirse él, Alfredo, igual. Y todo allí, en el centro del anillo, sin paréntesis que pudieran romper la continuidad, que sacaran de su embeleso al torero y cortaran aquél coro de ¡torero, torero!, o las aclamaciones que de tan continuas, parecían una sola... Pocas, pocas veces se ha visto torear así; repetimos, pocas veces se encuentran un toro de tanta calidad y un torero de tanto arte... Se echó la espada a la cara Alfredo y el público, engolosinado gritaba ¡no, no!, pues quería seguir disfrutando de aquellos momentos. Solo que era ya hora de entrar a matar, y lo hizo Leal, muy derecho, dejando una estocada entera, un tanto traserilla, que hizo rodar sin puntilla al noble animal. Petición unánime. Dos orejas concede la autoridad, solamente, quizás por la colocación defectuosa del acero. A Leal no le importaban los trofeos, como tampoco pareció importarle al público. Y juntos, torero y aficionados se entregaron a la celebración, uno sonriendo ampliamente y los otros vitoreándolo. Y le dijo Alfredo al “Chacho” Barroso: “¡Qué toro!”. Y le respondió el ganadero: “¡Qué torero!”...

El resultado final de la corrida redundó en una tesonera actuación de Joaquín Bernadó, una desdibujada y abúlica presentación de Calesero chico y una entonada presentación de Jesús Solórzano hijo, quien se vio en la necesidad de regalar un sobrero de Jesús Cabrera, al inutilizarse su segundo toro. Con la lidia de nueve toros, el festejo concluyó cuando faltaban quince minutos para las doce de la noche.

Leal y su anunciada despedida

Tras de su faena al quinto de la noche, refiere Francisco Lazo en su crónica la siguiente declaración de Alfredo Leal:

Sí; me voy. Pero deseo hacerlo con dignidad... y toreando así como pude hacerlo hoy. Hubo momentos en que no escuchaba nada, como si el toro y yo estuviéramos en el vacío, él embistiendo y yo llevándolo suavemente... Luego parecía reventar todo y escuchaba la aclamación. ¡No veas que feliz me siento...!

El Príncipe del Toreo toreó la corrida del 24 de abril anunciada como la de su despedida y cuajó otro toro por naturales, de Jesús Cabrera, la ganadería que fue el cimiento de muchos de sus éxitos. Sin embargo, después de esa noche decidió que no podía seguir sin torear y aquí le tuvimos el año siguiente y en los ruedos de México pudimos disfrutar de su arte y de su clase durante todavía algo más de una década.

El festejo de hoy. 1ª novillada de feria: 6 novillos de Real de Saltillo para Antonio Lomelín hijo, Ricardo Frausto y Joaquim Ribeiro El Cuqui.

sábado, 23 de abril de 2011

La Feria de San Marcos y su actual estructura a 40 años vista, VII

23 de abril de 1971: Baile de corrales, tedio y una oreja para Alfredo Leal

La tercera corrida de la feria de 1971 fue accidentada. El encierro de Javier Garfias fue rechazado por impresentable y de los toros que trajo para sustituir lo que envió de inicio, solo superaron el reconocimiento tres. Al final, se remendó el encierro con otros tantos de El Junco y si sumamos el de rejones que era de Suárez del Real, en la noche de ese 23 de abril, acabaron lidiándose toros de 3 hierros distintos. El problema fue, que no se le anunció a la poca concurrencia al festejo, ni el cambio en los toros a lidiar, ni la procedencia de lo que iba saliendo de toriles.

Así pues, poco para contar hay de la corrida. La versión de don Jesús Gómez Medina en El Sol del Centro, aparecida al día siguiente del festejo, es del tenor siguiente:

Tediosa y deslucida resultó la 3a de Feria 
Una ensalada de toros sin casta y sin bravura, estropeó el festejo 
Tras la fiesta de toreo grande en que el arte de Manolo Martínez convirtió a la corrida del jueves, la de ayer, en cambio, fue apenas un tibio remedo de la anterior. 
En ocasiones, inclusiva, la parodia degeneró en caricatura grotesca del espectáculo taurino, haciendo más rotundo el contraste con la brillante jornada de la víspera. Así ocurrió al comparecer el sexto, un astado con tipo y hechuras de buey, en el que los espectadores, que no los aficionados, creyeron encontrar un toro bravo. 
Esto nos lleva a considerar la importancia definitiva que tiene las buenas o malas condiciones de los bureles, para la brillantez o fracaso de un festejo. No en balde se llama éste – y se llamará mientras exista – corrida de TOROS; aunque el público actual, tan enemigo de ahondar en los problemas de la fiesta, menosprecia al astado, al que inclusive llega a olvidar, y no tiene ojos y atención, sino para el torero. 
Una desagradable ensalada cornuda 
A última hora, en atención a que la ganadería de Garfias no podía presentar un encierro decoroso, se hizo necesario completarlo con tres toros de El Junco, amén del de rejones, de Suárez del Real. Fue, pues, aquello, una ensalada cornupetil formada con ingredientes de mala calidad. 
Más censurable aún es hecho de que no se haya informado al público sobre la procedencia de cada astado. De esto, la culpa íntegra es de la autoridad; debió ésta exigir que, con el nombre y el número de cada toro, se anotase también el nombre de la vacada de donde procedía; mas está visto que tan respetable señor, a tono con la época de viajes interplanetarios por que atravesamos, continúa viviendo en la luna. 
Pero, en fin, olvidemos este pequeño detalle y concretémonos a considerar que está visto que, en el Coso San Marcos, es de todo punto inútil sugerir modificaciones que contribuyan a dar más brillantez y categoría al espectáculo. Quede todo como está, por los siglos de los siglos... 
Ahora bien, de los siete bureles lidiados, el de rejones fue más o menos manejable; los seis restantes, sosos, tirando a mansurrones. Los mejores, el primero de lidia ordinaria y el quinto; el peor, el último, manso a carta cabal. 
La corrida 
Poco hay que decir de ésta. Gastón Santos, ejecutor brillante del rejoneo a la portuguesa, lució ampliamente su habilidad y gallardía como jinete y clavó varios rejones y pares de banderillas entre ovaciones. Se adornó inclusive con la suerte de la rosa y, luego de un rejón de muerte, en su sitio, echó pie a tierra para terminar con la vida de su enemigo con habilidad y decisión. Palmas estruendosas y vuelta al ruedo. 
Alfredo Leal, con su primero, exhibió su buen estilo, su excelente planta torera. Muleta en mano, tras dos espectaculares pases por la espalda, a pie quieto, eslabonó tandas de templados y quietos derechazos y pases naturales; se adornó en diversas formas, con oportunidad y buen gusto, y concluyó con la vida de su enemigo mediante un pinchazo y la estocada. Ovación, oreja y la vuelta al ruedo de rigor... 
La entrada, la más floja de la Feria. Indudablemente los aficionados “olieron” lo que iba a ser la corrida...

Así pues y con todo en contra, Alfredo Leal, con su clase y su torería salvó del desastre un festejo que iba encaminado a ello, más que nada, por la falta de seriedad del ganadero titular, que no presentó el encierro adecuado a la categoría de la plaza y del festejo para el que había sido contratado y por los despropósitos de la Autoridad, que tampoco cumplió con su cometido, advirtiendo a la afición de los cambios sufridos en el programa inicialmente anunciado, pero eso, seguirá sucediendo per sécula. Hasta mañana en este mismo espacio.

lunes, 18 de abril de 2011

La Feria de San Marcos y su actual estructura a 40 años vista, V

18 de abril de 1971: Cortando tres orejas, Manolo Martínez se alza como el triunfador de la primera corrida de feria

Pese a ser domingo, para incrementar el atractivo del inicio de la feria taurina de hace 40 años, Guillermo González Muñoz propuso una corrida nocturna como arranque del serial. Los toros seleccionados para ese efecto fueron de don Valentín Rivero Azcárraga (Valparaíso) y la terna encargada de hacerles frente se integró por Alfredo Leal, Manolo Martínez y Jesús Solórzano, quienes ante una buena entrada en el tendido de sombra y un gran lleno en el que tradicionalmente es el de sol, dieron inicio a una Feria de San Marcos que marcaría un cambio de rumbo definitivo en la manera de hacer las cosas para los empresarios taurinos de México.

Aunque la entrada pareciera no reflejarlo, el festejo generó expectación, en nota aparecida en El Sol del Centro, el mismo día de su celebración, se hacía notar lo siguiente:


Hoy la primera gran corrida de Feria
Manolo Martínez, Alfredo Leal y Solórzano se las verán con un precioso encierro de Valparaíso 
Con una auténtica euforia taurina, el Coso San Marcos abre sus puertas hoy por la noche para recibir a los aficionados que ávidos de emociones, acudirán a presenciar la primera corrida nocturna de la Feria Nacional de San Marcos, con un cartel lleno de atractivos por la actuación de varias de las principales figuras como lo son, indudablemente, Manolo Martínez, Alfredo Leal y Jesús Solórzano, quienes despacharán un magnífico encierro de seis ejemplares de la prestigiada ganadería zacatecana de Valparaíso... 
Toros de reserva 
Considerando la categoría de la corrida de toros de esta noche, don Valentín Rivero, propietario de la ganadería de Valparaíso, ha dispuesto enviar tres toros de reserva para que la afición tenga plena garantía de que sus toros responderán en la pelea, demostrando con ello su profesionalismo y la importancia que concede a preservar la fama de que goza la ganadería zacatecana.

¿Qué sucedió en el festejo? De la relación escrita por don Jesús Gómez Medina para el diario El Sol del Centro y aparecida al día siguiente de la corrida, extraigo lo siguiente:

TRES OREJAS A MANOLO EN SU DEBUT 

Gran faena de Solórzano malograda con el acero. Alfredo Leal, discreto 

Alfredo Leal, entre tanto, no pudo sino exhibir su bien hacer de manera ocasional. Porque sus tres enemigos – regaló uno, el séptimo – más que del toreo eslabonado, por abajo, tan grato a los públicos de hoy, requerían de la destreza del lidiador que, ciertamente, encontraron en Leal, que no en balde, es un torero cabal... anticipemos desde ahora a fin de que los aficionados calibren mejor lo realizado por los espadas, que los de Valparaíso no fueron un dechado de bravura. Por el contrario, varios de ellos mansurronearon de principio a fin, buscando el alivio de los tableros. Hubo otros, como el cuarto y el quinto, con genio, que trataron siempre de hacer presa en el torero... El mejor en cuanto a estilo y docilidad fue el octavo, que hubiera lucido más si lo pican y lidian en mejor forma. 

El triunfador 

Sí, indudablemente lo fue Manolo Martínez. Su madurez, el sitio que tiene ante los bureles quedaron puestos de relieve desde el primero momento: desde que, con sabios capotazos se apoderaba de su primer enemigo para terminar lanceándolo en forma espléndida por el lado izquierdo. El de Valparaíso terminó defendiéndose, buscando el alivio de los chiqueros. Pues bien; allí fue Manolo y precisamente en tal sitio le cuajó un trasteo mandón, poderoso, obligando al mansurrón y haciéndolo pasar en derechazos de recto trazo; erguido, sintiendo y haciendo sentir la hondura de un arte en el que las más puras esencias del toreo se complementan con una madurez tan lograda, con un aplomo de figura cumbre de la torería... Y en el quinto, todo lo anterior llevado a planos superiores aún, el arte y el temple y el mando de Manolo Martínez sublimados, consiguiendo transformar en dócil instrumento de su gran triunfo a un astado que, momentos antes, aparecía insumiso y fieramente hostil. ¡Prodigios del torerismo! ¡Maravillosos efectos de tener “sitio” en los ruedos! Y la locura en los tendidos...

El arte y la clase de Solórzano 

Hasta que salió el octavo, segundo de obsequio, la actuación de Solórzano no había tenido otros períodos lucidos que un lance a pies juntos y la media verónica del tercero... Pero ya está aquí el octavo, más terciado que sus hermanos. Una verónica a pies juntos, de clara ejecutoria solorzanista, y en otro sitio, el lance al natural, abierto el compás, con ritmo y sabor. Y una media verónica que fue un remoto trasunto de la de “Redactor”. Luego un tercio de banderillas accidentado por las deficiencias peoneriles, en que hubo un par, el primero de los que clavó Chucho, de exquisita ejecución y superior colocación. Y una faena brindada a todo el pópulo, iniciada con pases por alto, positivamente estatuarios, a los que se sucedieron las series de derechazos de longitud excepcional; tirando su embestida y ligando el toreo como toda una figura... Adornos mil. Las ovaciones y la música. El triunfo, en suma, ya casi en la espuerta. Pero, al prolongar la faena, el toro empezó a defenderse y necesitó Chucho de tres pinchazos antes del espadazo final. La última ovación de la jornada nocturna acompañó a Solórzano en su recorrido por la arena...

Como se puede deducir de lo escrito por don Jesús Gómez Medina, un Manolo Martínez arrollador estaba dando consistencia a la experiencia que hacía Guillermo González. El Príncipe del Toreo, sin faltar a su indudable categoría, solamente pudo cumplir aún regalando un toro y Jesús Solórzano por la espada, perdió la oportunidad de salir también en volandas del Coso de la calle de la Democracia junto con quien ya se perfilaba como el mandón de las cosas de los toros en este país.

Tras de este festejo, habría un paréntesis de tres días, para dar paso a cinco corridas seguidas, del 22 al 26 de abril, fecha en la que se verificaría la despedida del último gran ídolo que ha tenido la afición de Aguascalientes, El Volcán Rafael Rodríguez.

De lo sucedido en esos festejos, espero darles cuenta en su momento. Hasta entonces.

Prudente aclaración: Este año, en reconocimiento a la trascendente obra de don Guillermo González Muñoz y al 40º Aniversario de la Feria de San Marcos en su actual vertiente taurina, a diferencia de los anteriores, solamente recordaré las efemérides de las corridas del año de 1971. Ya en 2012, si hay tiempo y modo, continuaré con la manera anterior de hacer estos recuentos.
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