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miércoles, 2 de diciembre de 2009

La erosión genética del toro de lidia

Hoy una de las noticias importantes que corren por la blogosfera es la desaparición en los hechos de las ganaderías de Juan Sánchez Fabrés, Clairac y Atanasio Fernández. La pérdida del material genético generado históricamente en esas vacadas representa un paso más en el proceso de erosión genética del toro de lidia. Un concepto generalmente aceptado de lo que es la erosión genética es: La pérdida de material o de especies vivas, inducida por la acción del hombre, sea por no cultivar esas especies o por provocar por otros medios su extinción.

Generalmente esa pérdida de especies se inicia cuando los humanos comenzamos a manipular los productos de la naturaleza. Casi siempre, se hace buscando el obtener un producto nuevo que agrupe la mayor cantidad de las ventajas de los demás considerados individualmente. Cuando esa manipulación llega a su culmen, se dice que se ha obtenido una variedad o especie mejorada, misma que de inmediato se coloca en la preferencia de los cultivadores, propiciando la extinción de las variedades originarias.

Los genetistas afirman que la extinción de variedades deja poco margen a los cultivadores para el error o la imprevisión, ejemplificando con el colapso de la Civilización Maya en el año 900 de nuestra era, señalando que lo que les sucedió, se debió a que su alimentación dependía de solo un puñado de variedades de maíz, mismas que sucumbieron a algún tipo de hongo o virus que les dejó sin alimento.

El corolario de esta situación, es que si bien la uniformidad genética tiene la virtud de reunir en individuos de un solo tipo un buen número de ventajas, igualmente recolecta en esos mismos individuos un gran número de desventajas y cuando se presentan problemas que se desarrollan a partir de éstas últimas, todos los ejemplares de la especie mejorada, sufrirán las mismas consecuencias negativas.

Por otra parte, al comenzarse a aprovechar las especies mejoradas, las originarias comienzan a caer en desuso y en consecuencia, se inicia el camino de su extinción.

Es este el fenómeno de la erosión genética, beneficio y azote de la ganadería y agricultura modernas.

El toro de hoy
Con independencia de su encaste, el toro de hoy es el producto de una selección esmerada y reiterada. En el lenguaje de los genetistas, es una especie mejorada. Pepe Alameda nos lo explica así:


…En el arco que va de finales del siglo XIX a principios del XX, acontece algo que tiene la mayor importancia en la evolución de la fiesta. Se precipita la selección del toro. Es algo que el público no ve, solo lo verá después, por sus resultados. Es un giro total, un cambio radical de motivaciones. Podríamos explicarlo así: En la etapa anterior el toro determinaba el toreo; de ahora en adelante, el toreo determinará al toro. Empiezan los ganaderos a seleccionar los toros, buscando hacerlos más aptos sobre todo para la muleta, que es el capítulo fundamental del toreo moderno…


Es decir, el toro de lidia ha sido adaptado genéticamente a la forma en que será lidiado. La determinación del rumbo hacia donde se llevarán las adaptaciones, se puede fijar por los públicos o por los toreros y salvo casos excepcionales, estos son los que han determinado esa transformación.

Recuérdense las preferencias de Guerrita por los toros del Saltillo; el llamado pleito de los miuras de Bombita y Machaquito; la influencia del diestro de Tomares en el nacimiento de la ganadería de San Mateo y la de Juan Belmonte en la transformación de La Punta. En alguna forma y en su tiempo, estas influencias significaron la expresión de la preferencia de esos toreros por determinadas características genéticas en los toros que habrían de lidiar.

Si observamos, las influencia de los toreros a que me he referido, se producen al principio del presente siglo y se han ido acrecentando conforme el tiempo pasa. Así escuché expresarlo a Sancho Dávila, ganadero de lidia y matador de toros en el retiro en 1991, durante una entrevista concedida a Federico Sánchez Aguilar para el programa Los Toros que por esas fechas pasaba por Radio Exterior de España, señalando que la selección del toro que sale a las plazas está determinada por las figuras del toreo, quienes lo prefieren suave, pastueño y con poca raza. Añadió que el setenta u ochenta por ciento de los toros que se lidian en España, desciende del tronco Murube - Ybarra - Parladé.

México y España

En México y en España predominan los encastes de origen Vistahermosa. Aquí se afincó lo proveniente del Marqués del Saltillo vía la familia Llaguno con sus hierros fundacionales de San Mateo y Torrecilla. En España, como ya se asentó, predominan los toros encastados en Murube - Ybarra – Parladé.

Lo que en su día afirmó Sancho Dávila quiere decir que la mayor parte de la ganadería brava española es genéticamente idéntica - la nuestra adolece del mismo problema - y que por lo mismo, los males que la aquejan son generalizados, pues los toros tienen muchas virtudes iguales, pero también defectos idénticos.

Así, podemos apreciar que en México y en España el descastamiento es cotidiano. El pretendido mejoramiento genético del toro de lidia logró una especie mejorada, pero a la par de que se logró individuos con una gran cantidad de características positivas, muchas de las negativas se fundieron en esas nuevas especies, convirtiéndose en constantes aquí y allá.

Nuestros días

Aunque resulta evidente que ya se ha advertido el problema del desgaste que ha producido el reducido espectro genético del ganado de lidia a causa de la exclusión del mercado de encastes que resultan antipáticos para los diestros que mandan. Hoy en día, parecen seguir siendo los propios toreros y sus apoderados, los más preocupados por la uniformidad de las condiciones genéticas – buenas y malas – de los toros actuales y por ello resulta increíble que no busquen preservar los troncos originarios - o lo más parecido a ellos –, para tener manera de subsanar las evidentes fallas de las especies mejoradas.

Para nadie es un secreto que esas especies mejoradas rinden en la bonanza, pero son víctimas también de las mismas calamidades. La mayoría de los toros de este tiempo tienen una identidad genética que si bien parece asegurar el éxito dadas algunas condiciones, también los hace vulnerables a los mismos desastres. Una vez que los toros empezaron a caerse o a mostrar mansedumbre, solo fue cuestión de tiempo para que se extendiera hacia las demás ganaderías del mismo origen.

Por seguir las cosas en la forma en la que se están llevando, la fiesta se ha sumido en una crisis muy grave, más que nada, porque quienes por tradición, afición o negocio, se dedican a la crianza del toro de lidia, o no han dedicado los recursos necesarios para preservar la mayor gama de encastes, o quienes tienen los materiales genéticos originarios, a fuerza de ser excluidos de las plazas, prefieren retirarse del negocio, no obstante que poseen lo necesario para que en momentos de necesidad, se pudieran superar los problemas de las especies mejoradas con ayuda de la ingeniería genética, ciencia que parece ya haber entrado en auxilio de las tradiciones de nuestro campo bravo, pues como afirman los genetistas: El provocar la erosión genética con especies mejoradas, es como quitar las piedras de los cimientos, para reparar el tejado de una casa.

En el estado actual de cosas, es necesario que las cosas apunten al cambio y este no implica deshacerse de los troncos ganaderos tradicionales. Ya es tiempo de que en los principales ruedos de México y España podamos ver toros encastados en ramas diversas a las comerciales de costumbre, porque de seguir permitiéndose que ganaderías históricas vayan al matadero por ser inviable su operación, lo más seguro es que muy pronto, esto termine siendo un juego, como el de Las Vegas, quizás.

Espero que SolySombra de Camposyruedos se considere servido con esta aportación.
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