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martes, 30 de marzo de 2010

Herrerías dixit

El pasado domingo, a la hora de los toros aquí, pasó por la tele una entrevista con el inefable Rafael Herrerías, guardaplaza (no encuentro otra manera de describirlo) del coso más grande del mundo.

Entre las perlas que soltó, se encuentran algunas como estas:

- Los que protestan los toros son reventadores pagados
- Cayetano pensó que esto era la revista Hola y resultó ser un petardo…
- Los que triunfan en España no son los que necesariamente interesan aquí
- Los que llevan gente a la plaza son Ponce, El Juli, Tomás, Pablo Hermoso y Castella
- No me fijo en los jueces ni comulgo con ellos. Es abominable que se reglamente la subjetividad. Los jueces deben cumplir con las exigencias del público, respetando las tradiciones…
- Ser empresario de la Plaza México implica administrar las vanidades de los taurinos…
- Los toreros que cortan una orejita no quieren repetir porque tienen que cuidar su carrera, eso le pasó al Zapata, al Cejas, a Joselito Adame
- Lo bueno de la temporada grande fue que en casi todas las corridas se cortaron orejas, la aceptación de Manolo Mejía, la aparición de ganaderías nuevas…
- Lo malo, la reglamentación, el Zapata y Arturo Macías, que ya no son mis cuates
- No es que yo sea malo, lo que pasa es que tengo que cumplir...

En la entrevista intentó mostrar una cara amable, pero al final su actitud bronca e impositiva acabó por aflorar y mostrarnos al personaje que estamos acostumbrados a ver. Pero no se queden con mi resumen, formen su propia opinión. Pueden verlo de viva voz aquí.

domingo, 21 de febrero de 2010

Sois la ocasión de lo mismo que culpáis...

Se la van a cargar…

Hace algunos años, no más de diez, creo, un sorprendido y molesto Enrique Ponce declaraba entrebarreras, con cierto aire doctoral, a un entrevistador de la televisión mexicana en el transcurso de una corrida del 5 de febrero, tras de llevarse una fuerte bronca por su imposibilidad de realizar algo parecido a una faena al impresentable inválido que le había salido por la puerta de toriles, que de mantenerse esa actitud por los públicos mexicanos, nos íbamos a cargar la fiesta, como ya había sucedido en algunos lugares de España… y agregaba que la exigencia de un toro de mayor presencia y más raza que el que se acababan de llevar las mulillas, era en detrimento del espectáculo y de los intereses de todos.

Siento mucho no haber tenido la precaución de haber guardado en vídeo la corrida de mérito o de haber conservado el recuento periodístico del exabrupto del torero valenciano para precisar la fecha y algunos detalles más de esa ocasión, pero me resulta evidente que es su criterio en lo que a la presencia y selección del ganado se refiere, el que se aplica, en lo que al menos teóricamente es la primera plaza de América.

Las distintas varas de medir

Esta temporada 2009 – 2010 en la cual su compadre y supuesto socio, Rafael Herrerías volvió a ser desde el inicio la cabeza visible de los asuntos de La México, se advierte que existen dos varas de medir. La primera, que comprende a los toreros que prácticamente están en el paro y que tienen que salirle a corridas de toros bien comidas, con su edad aparente. Toros duros dirían algunos, a los cuales, los nombres más rutilantes del firmamento taurino, no osarían ponérseles enfrente, creo que ni asados con patatas. Esos toros dan pocas opciones cuando no hay sitio, por lo que las oportunidades dadas con ellos, no son tales.

Pero si se es alguien, se puede aspirar a un trato distinto. Un ejemplo reciente de ello, es lo que sucedió con el niño de Pedro Gutiérrez Moya, El Niño de la Capea. Para su primera aparición en el Coso de Insurgentes, estaba programada inicialmente una seria corrida de San Marcos. La oportuna intervención de su progenitor consiguió que la mitad del indeseable encierro fuera sustituido por cuatro chivos de Carranco y eso que el Capeíta no pinta nada ni aquí, ni allá, pero ser hijo de…, como contar con cierta tarjeta de crédito, tiene sus privilegios y eso le valió ser tratado de manera distinta a los desheredados. Al final, los sustitutos no le dieron opciones y la benévola orejita que se llevó ese día, la cortó al toro que no quería. Lecciones que da la vida.

El remedio y el trapito…

Tras de que no terminaron de cuajar los que habrían de ocupar el sitio que dejó vacante Manolo Martínez a mediados de la década de los ochenta, se reinició la contratación de toreros hispanos para variar la conformación de los carteles de las temporadas grandes de la capital mexicana. A la llegada de Enrique Ponce y con la posterior alternativa de El Juli, se inició la etapa de las manías, que coincidió con la escasez de toreros nacionales para hacerles frente, pues solamente contábamos aquí con Zotoluco para darles la cara. A José Tomás no lo menciono, pues Herrerías en esos tiempos no lo contaba entre sus opciones para armar sus temporadas.

También estaba Pablo Hermoso de Mendoza, pero con un capital más limitado, pues el toreo a caballo es una vertiente de este arte que no ha penetrado a profundidad en la afición mexicana por una parte y por la otra, dada la reticencia del estellés a alternar con rejoneadores mexicanos, resulta complicado colocarlo en carteles variados en una misma temporada, por eso Pablo Hermoso de Mendoza trae su propia fiesta en toda la República Mexicana.

Herrerías – y su quizás alter ego Ponce – discurrió por esos días que para llenar la mega – plaza, la solución era programar a dos de los toreros de la manía con uno de los nuestros y buscó fórmulas para burlar tanto los Estatutos Sindicales de la torería mexicana, como la Ley de Espectáculos del Distrito Federal obteniendo victorias pírricas, pues al final de cuentas no pudo justificar los medios empleados y tampoco pudo exponer con ecuanimidad y claridad las razones reales que le empujaron – aparte de las meramente comerciales – a presentar carteles así, dado que lo único que alcanzaba a balbucear era que eso era lo que a él como empresa le convenía y punto. Quizás, si hubiera recurrido a las razones de la historia y a los hechos recientes, hubiera acogido para sí el favor de la opinión pública, pero los bravucones siempre acaban perdiendo, porque antes de reflexionar se enojan.

Pero su intento no quedó en balandronada. Al final de cuentas, la Asociación Sindical de toreros mexicanos, la Asociación de esquiroles que Herrerías formó y la Asociación de Empresarios hicieron un convenio mediante el cual, en determinadas plazas y en determinadas circunstancias, se podrían dar corridas de toros con mayoría de toreros extranjeros en el cartel, es decir, se admitió la fórmula Herrerías, aunque no fuera aplicable en la Ciudad de México, por impedirlo la Ley de Espectáculos Públicos allí vigente.

Así, en Aguascalientes, Monterrey, Guadalajara, Juriquilla, León y alguna otra plaza y feria, se pueden ofrecer una cantidad limitada de festejos en esas condiciones. La información se puede leer aquí y aquí. Así pues, obtenida la aquiescencia para la fórmula Herrerías, se pensó que los males de nuestra fiesta estaban remediados per sécula.

¿La maldición gitana?

En el fondo, resulta que el punto de busca estaba en otro sitio, precisamente en los toros que se ponía a lidiar a los maniáticos en las principales plazas de México. Si en lugar de recomendar a esos diestros (con Ponce y El Juli a la cabeza de la fila) el lidiar ganado de vacadas que se distinguen por su borreguez, quizás este asunto no nos estaría ocupando. Si revisamos corrida a corrida lo que lidiaron esos artistas, tanto en sus comparecencias en la gran plaza, como en las listadas antes, veremos primero, que eran en su mayoría reses que no eran de recibo en un festejo anunciado como corrida de toros y por el otro, que en lo que a comportamiento se refiere, no fueron precisamente bravas, sino todo lo contrario.

Xajay, José Garfias, Barralva (lo mexicano), Reyes Huerta, De Santiago, Montecristo, Mimiahuápam, Begoña, Vistahermosa, Bernaldo de Quirós, etc., son una parte de los hierros que han pasado por las espadas de esos conspicuos miembros del escalafón taurino y si verificamos crónica a crónica, vídeo a vídeo, podremos constatar que la suerte de varas fue un simulacro y que de todo lo que salió por toriles, difícilmente podremos armar un toro de lidia auténtico, sino solamente, algo que se les parece. Hace ya algunos ayeres escribió don José Sánchez de Neira:

…Que eran grandes y estaban gordos y bien criados: ¿y qué? gordos, y grandes, y limpios, y lustrosos, llevan carretas algunos bueyes murcianos, que da gozo ver por las calles de Madrid, haciendo comprender que a unos y a otros se les alimenta bien, hay esmero en atenderlos, y no se escatiman gastos; pero no es eso únicamente lo que exige el toro de lidia, cuya bondad se aprecie por su forma estética… Aparte de la sangre de casta, que en su mayoría es indispensable para que dé buen resultado al lidiarle… además de la mayor bravura que en las tientas acredite, si se hacen escrupulosamente, lo cual dudo, bueno es atender a otras particularidades que distinguen al toro fino del basto… De cien reses que se aparten con esas señales, noventa resultan en la lidia bueyes mansurrones; y precisamente acontece lo contrario cuando se presentan finos de estampa o lámina... (La Lidia, Año XII, Núm. 14, Madrid, 24 de junio de 1894)

 
El problema es cuando les sale a esos toreros un toro bravo, como el de la maldición gitana. Ya vimos el pasado 5 de febrero que tanto Rafael Ortega como Sebastián Castella tuvieron uno en sus manos y seguramente fue tal su sorpresa, que no supieron qué hacer con ellos, más que tratar de hacerlos ver mal. Orteguita fracasó en su intento, terminando abroncado y en la enfermería y Castella, más avezado, medio metió en el garlito al feriante público asistente a La México, que se quedó con la duda cuando el cinqueño no se tragó las dosantinas que el franchute le quiso endilgar como a los borreguetes que de ordinario enfrenta allí, algunos creyeron el cuento del toro malo, pero no todos. Lo paradójico del asunto es que hoy en día cuando sale el toro bravo o no se sabe qué hacer con él, o no se le quiere ver. ¡O tempora, o mores!

Por las afueras

Se pensó que la fórmula Herrerías sería la superación de lo sucedido en México y así en Guadalajara y Juriquilla se programaron corridas en las cuales El Juli y Castella iban en el mismo cartel con un torero mexicano. El resultado final de ambos festejos, celebrados en la vecindad del 5 de febrero, fue un fracaso casi absoluto, salvado por toritos de regalo, pues los bueyes apartados por los veedores de los toreros no caminaron, tuvieron que jalar de los sobreros para tratar de compensar las pérdidas de tardes de entradas caras y resultados nulos.

Así pues, ¿somos los que pedimos el toro íntegro y bravo los que nos cargamos esta fiesta? Creo que no. En la medida de lo que cabe y aplicándola al caso, hago una mala paráfrasis de la Redondilla de la inmortal Sor Juana Inés de la Cruz, que viene como anillo al dedo a estas cuestiones (la versión original y completa se puede consultar aquí):

Taurinos necios que acusáis
a la afición sin razón,
sin ver que sois la ocasión
de lo mismo que culpáis…

Espero haberme hecho entender.

domingo, 26 de julio de 2009

La culpa no es del indio...


…pero tampoco del compadre. El pasado viernes circuló en varios medios especializados la siguiente especie, manifestada por Pedro Bello, quien funge como Director General de Concertación Política del Gobierno del Distrito Federal, a propósito de la cancelación de la reunión que se tenía programada entre la empresa de la Plaza México y las autoridades de la Capital mexicana:

La cancelación de la reunión fue una decisión del Secretario Ávila, por el agravio que ha sufrido el Gobierno del Distrito Federal, y es que el gobierno no cerró la plaza, la cerró el empresario y sólo él es el responsable de abrirla y dar las novilladas que faltan.



¡Ahora resulta que desde la peculiar óptica de quienes detentan la Plaza México, son las autoridades las que tienen que resolver un problema que ellos mismos crearon!

Hasta donde mi entender alcanza, la suspensión de la temporada de novilladas se debe a la enésima pataleta – porque no encuentro otra forma de calificar su actitud – de Rafael Herrerías, que cuando no puede salirse con la suya, recurre al insulto, la agresión y toma como rehén a la fiesta, exigiendo como injusto rescate, la satisfacción de sus intereses particulares, que no son, casi siempre, los de la afición que paga su entrada a la plaza.

Herrerías, los dueños del dinero que lo avituallan y ahora al parecer, los demás estamentos taurinos, pegan una nueva embestida bajo la bandera de la autorregulación, exigiendo que se elimine el requisito obligatorio de dar una docena de novilladas, para poder ofrecer a la venta el derecho de apartado y dar la temporada de corridas de toros. El problema es que, las autoridades del Distrito Federal, desinteresadas en el tema de los toros, hasta ahora han actuado con tibieza y no se atreven a sancionar los actos que ellos mismos califican de agravio, cometidos por el empresario en contra de uno de sus representantes – el Juez de Plaza y matador de toros en el retiro Ricardo Balderas –, así como tampoco se han atrevido a meterle en cintura revocándole la licencia que tiene para poner a funcionar la plaza de toros más grande del mundo.

Suspender una reunión en la que seguramente se produciría un diálogo de sordos, de ninguna manera va a poner al autorregulado Herrerías en su sitio. Lo que se tiene que hacer con ese señor es aplicarle la legislación sin contemplaciones y sin el temor de las consecuencias que pueda acarrear el indirecto enfrentamiento con Televisa y Miguel Alemán Magnani – miembro de una prominente familia de la política mexicana –, que al final del día, es de donde presumiblemente salen los dineros para soportar su dictadura en ese lugar, (otras voces también ubican como socio capitalista al diestro valenciano Enrique Ponce), aunque de cara al público, la entidad se haya retirado del negocio de los toros, por mera corrección política.

¿O será que acaso se revive el tema de derribar la Plaza México? No olvidemos que en la reciente defunción del Toreo de Cuatro Caminos, uno de los más activos participantes fue el ganadero de Xajay, Javier Sordo-Madaleno Bringas, en su faceta de constructor, así que no nos extrañe que detrás de todo esto, se encuentre un bien concertado movimiento para demostrar la improductividad de la plaza y facilitar un nuevo y productivo desarrollo inmobiliario, pues el sitio geográfico que ocupa dentro de la ciudad es inmejorable.

Más no todo es negativo en la gran ciudad. Sin aspavientos innecesarios, buscando nuevos toreros, Pepe Arroyo inauguró ayer su XIX Temporada de Novilladas en su plaza Antonio Velázquez y sobre todo, sin pedir que las reglas se tuerzan en su personal beneficio, sino solamente ajustándose a ellas y de paso, demostrando que las cosas se pueden hacer, cuando hay voluntad, apegándose a lo que el Derecho manda. ¿Entenderá esto algún día el que dice mandar en la Plaza México?

Yo sé que es demasiado pedir, pero no pierdo la esperanza de que, pasadas las cuestiones electorales, los que ahora tienen el poder, se aprieten los machos y como el toro, pongan a cada quien en su sitio, que la maltrecha fiesta en este país lo necesita y con urgencia. Espero también, que ese darle con la puerta en las narices a Herrerías y a sus pretensiones autorregulatorias sea el inicio de ello.


Por último y sin ser a propósito de este asunto, viene bien a lo aquí planteado la reciente entrada titulada En el gallinero de la bitácora de Sol y Moscas, la que no tiene desperdicio.

La fotografía de la Plaza México es obra de CEPx09.

sábado, 28 de marzo de 2009

Apostillas a un par de entrevistas o la paja en el ojo ajeno


Entre los días 11 y 15 de este mes de marzo, por separado el periodista y apoderado de toreros Carlos Yarza para el portal Televisa Deportes y la reportera Vania Ravelo para el diario Récord de la Ciudad de México, publicaron entrevistas al empresario de la Plaza México, Rafael Herrerías.

La primera de ellas, dada a conocer en tres partes y la segunda a dos páginas completas del tabloide deportivo referido, tienen puntos que admiten más de algún comentario. En esta oportunidad haré mención a las que en lo personal me llaman la atención y al final señalaré las ligas en las que se pueden consultar en su integridad las entrevistas, para que cada quien se forme su propia opinión sobre el particular.

Sobre la designación de las Autoridades de Plaza, dijo a Carlos Yarza:

“…nadie me ha sabido explicar los métodos de selección para el presidente de la Comisión Taurina, para sus miembros y para los nombramientos de Jueces de Plaza y Jueces de Callejón, todavía nadie me lo ha podido decir… no creo que haya más gente que quiera que esto esté bien que nosotros mismos, porque si la plaza está llena el torero cobrará más, el ganadero también a la empresa le irá bien, toda la economía que genera este espectáculo estaría más contento… ojalá algún día algún jefe de gobierno nos tome en cuenta y decir, dentro de las normalidades legales que existen para abrir un centro de espectáculos hagan lo mejor posible y verán que no nos equivocamos… la Ley de Espectáculos Públicos para el futbol tiene cuatro artículos, la taurina tiene cincuenta y tantos, nomás así te la dejo, lo que digan los dueños, que se pongan de acuerdo los equipos, ¿tú has sabido de algún pleito como los que hay en un partido de futbol, en la Plaza México? No. ¿Por qué en los demás mandan los dueños, en la lucha libre, en el teatro, en el cine, en los espectáculos? Aquí hacemos muchos espectáculos, no tenemos ningún problema, no te llegan a decir el tiempo de la canción de fulanito no puede pasar de cuatro minutos, no puede haber más de catorce canciones y no puede haber más de ocho músicos, es decir, es lo que la gente quiere ver, y aquí todas son restricciones para la gente, a ti te amarran las manos y luego te critican, eso si los impuestos los cobran bien puntuales”.


Como se puede observar, el desprecio del empresario por la Autoridad sigue siendo la constante de su conducta, no deja de insistir en sus pretensiones autorregulatorias, de manera en poder hacer una fiesta a su manera, sin importarle la historia y las tradiciones en las que se sustenta, con tal de dar el chou que la mayoría quiere, como ya lo había apuntado en alguna entrada anterior.

También se olvida Herrerías de que en esta fiesta hay demasiadas variables que están fuera del control de quienes pagamos – para decirlo en términos de marketing somos los consumidores finales – el espectáculo y que por esa razón, no es sana la autorregulación que abandera y agregaría yo, mucho menos, cuando alguien como él es el líder del movimiento.

Sobre el mismo particular le declaró a Vania Ravelo:

“¿Qué petición concreta les hará? (a las autoridades)

Que la comisión taurina esté integrada por un representante del gobierno que le informe a su jefe y otro más de cada agrupación, nadie más. Buscar un método de selección para los jueces de plaza, no funciona la Comisión Taurina, no cumplen con los artículos que les competen del Reglamento Taurino”.


El remate resulta interesante. Promueve que la dirección legal de la fiesta esté en manos de las fuerzas vivas de ella, con exclusión de nuevo, de los que le dan viabilidad económica, de los que pasamos por las taquillas y con nuestro dinero, nuestra opinión y nuestra presencia en los tendidos hacemos posible en buena medida que esto siga adelante. En pocas palabras, quiere una fiesta a modo, para hacer y deshacer a su antojo, sin importar lo que los aficionados podamos pensar, creer o sentir respecto de ella.

Una obviedad en el ambiente mexicano es que hay dos círculos aparentemente inexpugnables en torno a las cosas del toreo. Uno, el que regenta el propio Herrerías y que tiene como epicentro la Plaza México y el otro, el que se concentra en Espectáculos Taurinos de México (ETM), empresa que controla plazas en Aguascalientes, León, Irapuato, Ciudad Juárez, Acapulco, Monterrey y Guadalajara y que además han iniciado hace algunos años, el apoderamiento de algunos toreros que promueven principalmente en sus plazas.

Es del dominio público el enfrentamiento entre Herrerías y Alfredo Sahagún, encargado de la plaza de Guadalajara y en general con la gente de ETM y con Juan Arturo Torres Landa, propietario de la plaza de Juriquilla y también apoderado o protector de algunos diestros. Eso ha motivado que los toreros que manejan esas empresas, se vean con dificultades o definitivamente vetados para actuar en la Plaza México. Hay en ambas entrevistas datos interesantes sobre estas cuestiones:

A Carlos Yarza le manifestó:

“…hay plazas que los empresarios son trabajadores que van a un sueldo, no ven por la responsabilidad de las plazas, es decir quisiéramos que hubiera empresarios, también hay muchos empresarios nuevos, empresarios taurinos nuevos, que no tienen ningún antecedente… es un negocio sui géneris, no estamos de acuerdo pero de pronto llega gente y hace cosas que denigran a la fiesta… se puede hablar, ¿no quieren hablar conmigo?, ahí está Juan, yo no hablaría con Sahagún, por ejemplo, no le creo nada, ni con El Pollo, no les creo nada, pero hay gente con las que puede hablar… cuando te interesa te arreglas con el que sea y cuando al otro le interesa también se arregla, entonces aquí el problema es que desconozco las situaciones por las que actúan de esa manera yo las desconozco”.


Herrerías siempre se ha caracterizado por querer imponer sus criterios por sobre de todas las cosas. Así, si no se quiere hablar con él, o es él el que no quiere hablar con determinada persona, tiene sus alfiles para hacer llegar sus determinaciones, pero no deja mucho espacio para la solución negociada de los conflictos ni para la resolución concertada de las dificultades que al final del día, afectan no a las cabezas involucradas, sino al colectivo de la fiesta.

Parece que después de casi dos décadas de andar en esto, piensa que es lo mismo andar repartiendo mandobles a los que pretenden cargar en hombros a su torero cuando éste no lo desea, que tratar de conciliar toda una gama de intereses contradictorios.

A Vania Ravelo le abundó lo siguiente acerca de este mismo tema:

“…si Sahagún tuviera su plaza llena siempre yo lo admiraría, le preguntaría ‘cómo le haces’, pero hay que ver Guadalajara. No hay a quién voltear a ver. Ricardo Sánchez en Aguascalientes, es buen muchacho, pero lo están ensuciando, el gobierno subsidia Aguascalientes, la feria es la empresa más rica del país, ¿por qué me hacen la guerra?


En cuanto a la plaza vacía, creo que Herrerías no tiene mucho que señalar, pues hace años que la que él tiene arrendada no se ve colmada hasta arriba, así que poco hay que agregar a este respecto. En cuanto a los subsidios oficiales, es su propia actitud hacia todo lo que signifique autoridad, lo que ha ahuyentado cualquier tipo de apoyo de ésta a su actividad.

En Aguascalientes, tanto el pueblo como su Gobierno ven a la fiesta como parte de sus tradiciones y de su cultura, razón por la cual se apoya de muchas maneras, entre ellas la económica, su promoción y desarrollo y en cuanto a que se le hace la guerra, creo que el que se la hace, de todo lo transcrito, se desprende que es él mismo y su incapacidad de ver la viga en el ojo propio y sí la paja en el ajeno.

Aquí dejo las ligas a las entrevistas completas, para que puedan obtener las conclusiones personales que consideren prudentes, al margen de la apreciación personal que les presento en este caso. Ojalá que esto haya resultado de su interés.

Primera parte de la entrevista de Carlos Yarza.

Segunda parte de la entrevista de Carlos Yarza.

Tercera parte de la entrevista de Carlos Yarza.

N.B. La entrevista de Vania Ravelo para Récord fue reproducida en formato *.jpg, así que redirijo al sitio donde están las cuatro fracciones de la imagen del diario en que se publicó.

Primera parte.

Segunda parte.

Tercera parte.

Cuarta parte.

jueves, 8 de enero de 2009

A propósito del anterior...

La noticia de los últimos días es que el inefable Rafael Herrerías vuelve a hacerse – públicamente – cargo de los asuntos de la Plaza México, después de poco menos de tres años de haberse apartado de la posición. En realidad nunca dejó de ser el poder tras el trono, pues ahora se publicita, es el Presidente del Consejo de Administración de la sociedad arrendataria del coso.

Seguramente volverá a verse abiertamente su forma de mandar arrebatada, impositiva y las más de las veces, desapegada de la razón, pero lo más preocupante es que se mantendrá, por quién sabe cuánto tiempo más, una forma de hacer fiesta que solamente ve a las cosas de los toros como un negocio de retorno rápido de la inversión y no como una actividad que en el fondo, tiende a promover la cultura, las artes y el turismo, entre otras cosas más susstanciales.

Volverá a aplicar su filosofía de que los toros son un chou en el que se tiene que dar gusto a la mayoría y ya deja entrever que el renovar la baraja taurina no será su preocupación primordial, pues escudándose en el manido pretexto de que al público hay que darle lo que pide, se decantará mejor por insistir en que la Ley de Espectáculos del Distrito Federal está mal por no permitirle armar carteles con la mayoría o la totalidad de toreros extranjeros y denostando a todo aquél que no se apegue a sus mandatos.

Lo peor es que advierte que seguirá en esto, utilizando una expresión de Miguel Ríos, hasta que el cuerpo aguante, lo que puede ser un lapso de tiempo muy corto o muy, muy largo. Hacer empresa en la Plaza México no es solo tratar de sacar de ella talegas de dinero, la función más importante de un empresario allí, es consolidar a los valores de la torería y en eso, con todos sus defectos, el único que ha podido con esa plaza es el Dr. Alfonso Gaona y allí está la historia para avalarlo.

Post - Scriptum: Las ligas hacia los sitios que guardan las célebres expresiones del empresario, están incluidas en el texto.

La fotografía es obra de CEPx09.

Edito para dejar algunas ligas a algunos artículos de prensa, en los que se ilustra de cuerpo entero a este personaje:

Su despedida de la Plaza México.
Otra sobre ese mismo tema, vista desde España.
Su visión de los toreros mexicanos.

Espero ahora sí, haber concluido.
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