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lunes, 21 de octubre de 2019

Re – crónica de un petardo consumado… a 45 años vista (II/II)

Manolo Martínez
Después del fárrago que les receté ayer, retomo lo iniciado con algo de lo que escribió acerca del festejo quien firmó como Don Antonio, para el semanario El Ruedo, en su ejemplar aparecido el 22 de octubre de 1974:
…Tuve ocasión de comprobar que mi decisión de no ir a Marbella había sido acertada. Parece que en estos montajes televisivos vía satélite los organizadores piensan que somos nosotros, los aficionados, quienes estamos en la luna y que todo es lícito para sus fines comerciales. Ya lo pude comprobar en la primera corrida «universal» difundida hace años desde la plaza de Jaén. Esta ha venido a ser la segunda estocada transoceánica dada al buen nombre de la Fiesta. Y no me gusta asistir al espectáculo de ver cómo se dan todas las bazas al enemigo, cómo los aficionados pierden toda razón para seguir siéndolo, cómo se arrastran no siete torillos deficientes y deplorables, sino siete harapos desgarrados de lo que debiera ser el manto regio de la corrida de toros... 
Paco Camino anduvo vacilante, incierto, dubitativo toda la noche. Los planos en que nos mostraban más cercano su rostro siempre eran con la mirada puesta en lo que otros tenían que decidir... Apuntó algún detalle de su clase... pero como los toros no tenían claridad, ni fuerza, ni presencia, la cosa quedó deslucida en sus cuatro... Camino se largó de la plaza abochornado y molesto, mientras por los micrófonos internacionales, vía satélite, gritaba llamándole Pepe Alameda: «¡Paco... Paco... Espera... Paco...!»... 
Manolo Martínez nos recordó – ¡y cómo no! – al de hace pocos años en su primera temporada en España. Tampoco fue favorecido por el ganado, pero sí por el señor presidente que le concedió la oreja del segundo cuando nadie se la pedía. Esto es así hasta el extremo de que las cámaras de TV hurtaron el plano del público y los pañuelos mientras Alameda no pudo dejar de traslucir su sorpresa al decir: «¡Le han dado la oreja a Manolo Martínez...!».
¡Eso sí! Nos enteramos a conciencia de lo que era un «martinete». Y de lo gran torero que Manolo Martínez es... en Méjico...
Al final de cuentas, Paco Camino y Manolo Martínez cortaron una misericordiosa oreja cada uno, aparentemente no pedidas por la concurrencia. Triste saldo para tanto boato previo.

Una versión edulcorada del festejo

Encontré en las páginas del diario mexicano El Siglo de Torreón del 21 de octubre de 1974, la siguiente reseña, remitida por la United Press International (UPI) y que dejo aquí a la letra:
Manolo Martínez cortó oreja y Paco Camino rehusó otra 
Marbella, (España), (UPI). – El éxito artístico de la corrida celebrada anoche en la Plaza “Nueva Andalucía” en la que Paco Camino y el mexicano Manolo Martínez lidiaron toros de los Herederos de Carlos Núñez, no respondió a la expectación que había despertado. 
Los toros, en general bien presentados, fueron difíciles para los diestros, por las escasas fuerzas. Los más manejables fueron el primero, segundo, quinto y el sobrero. El tercero, después de un puyazo y un par de banderillas rodó por la arena y hubo de ser apuntillado.
Camino sacó buena faena al primero con tandas de derechazos y naturales y terminó de estocada desprendida. Petición de oreja y saludos. No pudo hacer nada en el tercero que se tumbó y fue apuntillado. En el quinto sobresalieron tres series de naturales y el de pecho para pinchazo y media desprendida. Oreja que el diestro rehusó. En el sobrero sacó superiores tandas de naturales y derechazos, entre los olés del público. Mató de dos pinchazos y estocada, petición de oreja. 
Martínez, que vestía traje negro y oro, faena reposada y amena en el segundo, en la que sobresalieron naturales, derechazos y martinetes. Citó en la suerte contraria y dejó más de media que fue suficiente. Oreja y vuelta. Comenzó bien con el cuarto, pero se le coló y optó por abreviar dejando cuatro pinchazos y casi media. 
En el sexto faena muy torera que refrendó de estocada caída y delantera, palmas. 
Martínez quiso regalar un toro, pero no se lo permitieron. 
Preguntado sobre qué le había parecido el festejo, dijo que: “me siento muy disgustado. La corrida ha sido fatal, de poca casta”.
En ese tenor se informó a la afición mexicana que no tuvo la oportunidad de ver el festejo.

Alguna cuestión previa a destiempo

En el primer ejemplar de El Ruedo citado, se hace un resumen de lo que implicó el festejo en su organización, haciendo ver que al menos en el costo de los honorarios de los toreros, fue en su día, el más caro de la historia. Me llama la atención que esa publicación haga notar que lo que hipotéticamente cobró Paco Camino importó el doble de lo que se llevó Manolo Martínez. Lo publicado es lo siguiente:
La corrida del día 20 en Marbella
Plaza: Andalucía la Nueva
Localidad: Marbella
Clase del festejo: Corrida de toros.
Hora: Corrida nocturna.
Toreros: Paco Camino, de España y Manolo Martínez, de Méjico, mano a mano.
Toros: De Herederos de Carlos Núñez o Joaquín Buendía.
Honorario de los toreros: Según contrato, a convenir. Según informaciones dignas de crédito, diez millones de pesetas, Paco Camino y cinco millones de pesetas, Manolo Martínez.
Divulgación: Transmitida por T.V. color a España, Méjico y países taurinos de habla española.
Organización: «Televisa» cadena de la televisión mejicana.
Es de destacar que antes del anuncio formal de la corrida, existía la posibilidad de que los toros a lidiar fueran de don Joaquín Buendía, de encaste Santa Coloma, pero al final los organizadores y quizás también, los toreros, se decantaron por el encierro de Núñez.

Comentarios a – posteriori

Quien firmó como Uno del Uno, en la columna titulada Chilindrinas toreras, en el número de El Ruedo aparecido el 22 de octubre de 1974, escribió lo siguiente a propósito de este accidentado festejo:
Martínez a «desagusto» 
En otro lugar de este número damos cuenta de los antecedentes, opiniones y resultados de la «irrespetuosa» – por  llamarla de algún modo fino – corrida de Marbella. De entre la mucha cháchara, para despistar, que escuchamos por los micrófonos, nos llamaron la atención dos pequeñeces. Y las dos, referentes a Manolo Martínez, el torero mejicano. 
La primera: que el diestro dijo que estaba «desagusto» con la corrida. Lo cual, si algún tiempo fue vocablo en uso – lo cual habría que consultar –, hace tiempo arcaico que dejó de serlo. Y lo correcto hubiera sido decir «disgusto». 
Como estábamos a disgusto cuantos sentíamos tantas y tan seguidas faltas de respeto al público internacional, tanto agravio para la Fiesta, tanta falta de amor propio en los toreros, tanta vergüenza ajena al escuchar como Pepe Alameda – el comentarista mejicano – trataba de hacernos ver blanco lo negro (mi receptor no captó otro cromatismo) o confundir los colores para quienes veían la corrida en toda su gama de matices. 
La segunda: Martínez afirmó que la corrida había salido mala (de acuerdo) y falta de casta (en desacuerdo). La corrida salió escasa, floja, inválida y mansa. Pero, ¿sin casta? Martínez tiene confundidos los conceptos. Una cosa es la mansedumbre y otra la casta. Casta es eso que hizo que Manolo Martínez estuviera bailando al son de los toros casi toda la noche y en un momento de verdadero apuro en el cuarto. ¿Comprende «mano»?
Las consecuencias de la catástrofe de Marbella tuvieron brazos largos. En el ABC de Sevilla del 30 de noviembre de 1974, apareció publicada la siguiente información:
Madrid, 29. – La Junta Nacional Sindical Taurina ha hecho saber, respecto a la dimisión de Gregorio Sánchez de sus cargos, motivada por el resultado artístico de la corrida de Marbella, televisada a España e Iberoamérica, que, aun respetando la decisión del diestro, no es cometido de dicho organismo garantizar la calidad artística de aquel festejo. 
El diestro Gregorio Sánchez ha presentado la dimisión de sus cargos de vocal y tesorero de la Junta directiva de la Agrupación de Matadores de Toros y del cargo de vocal que, con dicha representación tenía en la Junta Nacional. – Cifra.

Efectivamente, como dice la nota transcrita, las agrupaciones taurinas no tenían la responsabilidad de garantizar el resultado artístico de la corrida, pero, visto lo relatado hasta aquí, sí tenían la de vigilar que se respetara, dentro de unos mínimos aceptables, el decoro de la fiesta, cosa que definitivamente no se hizo.

Por último

La plaza de toros Nueva Andalucía es una de tercera categoría. Inaugurada en 1968, tenía un público más bien turístico, así que no era dable esperar un espectáculo de gran categoría en un escenario de esa naturaleza, por mucho que se fuera a televisar urbi et orbi.

La idea inicial de don Jaime de Haro, de poner a torear juntos a Paco Camino y Manolo Martínez en México, se cristalizó hasta 1977 y permaneció hasta 1978, año en el que el llamado Niño Sabio de Camas se despidió de los ruedos en México.

Lo que demostró esa corrida, es que con ciertas restricciones, los toros y la televisión pueden convivir, sirviéndose los unos de la otra y viceversa para fomentar la afición y generar recursos que la hagan viable en muchos casos.

Agradezco de nueva cuenta a mi amigo Francisco Tijerina el haberme facilitado la información aparecida el diario regiomontano El Porvenir citada en estas líneas.

domingo, 29 de septiembre de 2019

Una fotografía con historia (V)

Monterrey. 16 de diciembre de 1962, triunfos grandes de Jesús Córdoba y Mondeño

La independencia del empresario

Jesús Córdoba, Raúl García y Mondeño
Plaza Monumental Monterrey 16/XII/1962
Colección: Francisco Tijerina
En los años sesenta del siglo pasado – y bastantes más que siguieron –, el empresario taurino era un hombre de negocios unidimensional. Su función era la de arreglarse con ganaderos para comprar toros y con toreros para contratarlos y así organizar festejos taurinos. En ese orden de ideas el sistema funcionaba de manera organizada y cada determinado tiempo los escalafones de toreros se renovaban y en el campo surgían nuevas vacadas que seguían haciendo honor a la renombrada calidad del toro de lidia mexicano. 

Hoy en día, las cosas han cambiado y el empresario lo es todo. Apodera toreros, tiene ganaderías y la propiedad de las plazas y el sistema más que avanzar, parece ir en reversa. ¿Qué es lo que no funciona en esa multidimensionalidad? Explicaciones hay muchas, algunas tienen una buena dosis de sentido, otras, simplemente no resisten el más mínimo análisis. Estos son los tiempos que vivimos hoy en nuestra afición a la fiesta. Y no es que nos quedemos mirando el retrovisor, sino que los resultados del ayer eran más halagüeños que los de hoy.

En 1962 era empresario de la Plaza Monumental Monterrey don César Garza. Uno de esos de una sola dimensión, era empresario nada más. Y en esa actividad, durante ese calendario ofreció a su afición catorce corridas de toros. Llevó a la plaza que regentaba – por estricto orden de aparición – a toreros como Alfredo Leal, Antonio del Olivar, Humberto Moro, Jesús Córdoba, Antonio Velázquez, Luis Procuna, Juan Silveti, Manuel Capetillo, Jorge El Ranchero Aguilar, Jaime Rangel o Raúl García entre los nacionales y a Paco Camino, Fermín Murillo, Luis Segura y Mondeño entre los del otro lado del mar.

Tardes memorables tuvo ese año de 1962, como la del día 14 de enero, con un gran triunfo de Alfredo Leal ante toros de Santacilia; siete días después, los que se llevaron el gato al agua fueron Antonio del Olivar y el madrileño Luis Segura con toros de La Punta; el primero de julio la tarde fue para el linarense Humberto Moro y Joselito Huerta, que enfrentaron un encierro de Las Huertas; luego, el 2 de septiembre, Raúl García, ante sus paisanos triunfó con el ganado de Pedro Castorena y el 2 de diciembre, en el penúltimo festejo del calendario, serían Manuel Capetillo y Mondeño los llamados al éxito con un encierro también de La Punta.

Pero don César no era solo empresario de corridas de toros y entreveradas con los festejos mayores, nunca faltaban las novilladas que en el calendario que me ocupa tuvieron la presencia de toreros jóvenes como Joel Téllez El Silverio, Mauro Liceaga, el de Reynosa Tito Palacios y Gabino Aguilar entre los más destacados punteros de la novillería de esa temporada.

La forma de hacer del empresario independiente daba rédito a la fiesta y la historia es testigo de ello. Por ello mi recuerdo a la manera de hacer de un empresario independiente que supo hacer temporada en su plaza.

La historia de la fotografía

Para el 16 de diciembre de 1962 don César Garza programó una corrida de toros con un encierro de Las Huertas – el segundo que se lidiaba en el año – para Jesús Córdoba, Raúl García y Juan García Mondeño. El primero de los encierros de Luis Javier Barroso que se lidió, más o menos medio año antes, permitió el triunfo de los toreros y con la combinación que ahora presentada, era un buen atractivo para la afición.

La crónica que me sirve para hilar estos recuerdos apareció en el diario El Porvenir, de Monterrey, al día siguiente del festejo. La escribió Antonio Córdova. No hace juicio sobre la entrada al festejo, pero quiero suponer que fue un lleno. El triunfo en apéndices fue para el Maestro Córdoba y Mondeño realizó una faena importante al sexto de la tarde. Raúl García tuvo que lidiar con el hueso del encierro.

Jesús Córdoba y Perlito

El toro que abrió plaza se llamó Perlito. De la labor del Joven Maestro, Antonio Córdova escribió:
¡Las campanas de León sonaron a triunfo! Sí señor, que hasta allí donde la vida no vale nada llegó el estruendo del triunfo clamoroso que obtuvo el joven maestro Jesús Córdoba; que esculpió con la finura de su arte dos faenas primorosas a otros tantos astados de Las Huertas, y no se vaya a pensar que los pupilos del Chacho Barroso que le tocaron en suerte eran dos peritas en dulce, lo que pasa es que dichos astados se encontraron con un TORERO que tiene este año, por el sitio que merece dentro de la afición. 
“Perlito” se llamó el primero de la tarde, y con él, Jesús arrancó los primeros olés de la jornada, al dibujar cinco primorosos lances a la verónica – que todavía hay toreros que la dan ¡qué caray!, y el de León es uno de ellos – que fueron un dechado de perfección: fueron solo cinco lances, pero qué diéramos los aficionados por ver aunque sea esa cantidad en cada tarde. 
Chucho Córdova (sic) es el torero mexicano cuyo arte se funde en el crisol de la plasticidad y la clase y por ello en su turno en quites repitió la dosis de toreo al natural con la capichuela, para bordar nuevamente el lance a la verónica. 
Que Córdova (sic) es un maestro, nadie lo duda: menos aún después de verlo doblar tan toreramente con su enemigo para fijarlo en el engaño y luego correrle la mano derecha en varias tandas, adornándose en todo momento y dejando sobre el ruedo de la Plaza Monterrey el aroma suave, limpio y puro de su toreo clásico y bello. 
Su labor fue completa, por eso intercaló en su trasteo el toreo preciosista y los pases de adorno que contrastaron a veces con la verdad de sus manoletinas y la entrega total en sus pases de costado. 
La faena del leonés derechista, porque por ahí quiso el toro que se le lidiara; pero qué manera de correr la mano de Córdova (sic), sobre todo en los muchos muletazos de vuelta entera que hubo en la faena. Y como colofón digno a su torerísima labor, Chucho Córdova (sic) dejó una estocada perfecta en el hoyo de las agujas, que fue suficiente para que el de Las Huertas rodara patas arriba, y la plaza se nevara de pañuelos blancos pidiendo los trofeos para este purista del toreo que se llama Jesús Córdova (sic); que con las dos orejas de su enemigo dio otras tantas vueltas al ruedo, recibiendo la aclamación del público… 
Era la corrida número 315 de las 372 que toreó en su carrera el Maestro Córdoba y sin abdicar a su concepto, volvió a dejar en la arena regiomontana su rúbrica artística.

Mondeño y su fallo a espadas

Juan García Mondeño venía a refrendar un triunfo que había conquistado dos semanas antes. El aire ascético que imprimía a su toreo impactaba a quienes lo presenciaban y calaba hondo en los tendidos. El sexto de la tarde fue otro de los toros de Las Huertas que facilitaron el toreo que impacta en las masas y el de Puerto Real aprovechó esas condiciones para reiterar sus cualidades. Antonio Córdova lo describe así:
España debe sentirse orgullosa de contar con un torero como “Mondeño”, sobre todo, por la vergüenza y el pundonor que hay en el ruedo cuando el torero de Puerto Real está en él.
Ayer no se lograron los faenones del día de su presentación, pero “Mondeño” volvió a electrizar a la afición regiomontana con la litúrgica belleza de su toreo y nuevamente al grito de ¡Torero, Torero!, debió llegar hasta Monda, el pueblecito donde nació el magistral diestro que se cuenta entre las siete maravillas de España.
Nada logró hacer el de Monda con la capa en su segundo – bueno, aparentemente – porque logró sujetarlo y fijarlo en el engaño, para luego con la muleta enloquecer a la multitud con su toreo señorial y único, más todavía, porque el pundonoroso torero español le pisó sus propios terrenos a la res para obligarla a embestir, estando a punto de recibir una cornada al ser zarandeado peligrosamente por el astado.
Y nuevamente imperó en el ruedo de la Plaza Monterrey el toreo de “Mondeño”, nuevamente surgieron de su maravillosa muleta los derechazos de mística belleza, rematados toreramente con el forzado, para que de todas las gargantas surgiera como una sola voz el grito de ¡Torero!, mientras allá en las alturas la banda de la plaza dirigida por Dn. Bernardo y Armando Garza, perfumaba el ambiente con un pasodoble torero, tan torero como el que estaba en el ruedo.
Con qué liturgia hace el toreo “Mondeño”, cómo honra el terno de luces y cómo respeta al público que llena las plazas este torero; sacerdote pagano que oficia en las plazas de toros convertidas en templos de la tarde.
Ayer volvió a no tener fortuna con la espada, y mire que en el primer viaje se fue en corto y por derecho dejando más de medio estoque, que desgraciadamente no surtió los efectos deseados; cómo nos hubiera gustado verlo con las orejas de su enemigo en sus manos, porque cuando se torea como “Mondeño” lo hizo ayer en su segundo toro, los apéndices son imprescindibles. ¡Lástima de verdad! Pero a la gente no le importó si “Mondeño” no mató a su toro en el primer viaje y lo aclamó de nuevo obligándolo a dar la vuelta al ruedo; qué torero está el tío, no cabe duda…
Las orejas se cortan con la espada, que en esta oportunidad no le fue propicia a Juan García. No obstante la impronta dejada por su hacer ante el toro caló hondo ante la afición congregada en la Monumental Monterrey, que lo acogió como suyo.

Retales de la prensa de ese día

La prensa mexicana de esa fecha consignaba entre otras estos resultados de festejos y noticias:

En Torreón, Alfredo Leal, división y silencio; Antonio del Olivar, 3 orejas y rabo y Enrique Vera, abroncado en ambos. Toros de La Ventilla.

En la Plaza México, Antonio Velázquez, silencio y herido; Humberto Moro, ovación, silencio, pitos en el cuarto que mató por Velázquez y silencio en el sexto que mató por Camino. Paco Camino que confirmó, oreja protestada y herido en el sexto. Toros de José Julián Llaguno.

En Guadalajara, Calesero, vuelta y pitos; Manuel Capetillo, pitos y vuelta; Juan Silveti, silencio y silencio. Toros de San Mateo. Al finalizar el festejo se anunció la novillada del Estoque de Plata para el día de Navidad con Mauro Liceaga, Gabino Aguilar, Ángel Flores y Juan Clemente, con novillos de Santo Domingo.

Rematando

Esta es la historia de la fotografía. No es un reflejo fijo de un momento de una tarde determinada, sino una ventana que nos lleva a ver los sucesos de una tarde de toros. En esta oportunidad se trata de la visión de una tarde triunfal de una época ya ida, cuando las cosas de los toros eran menos convulsas que hoy en día y quizás por ello, sus resultados eran más tangibles.

Con mi gratitud

A mi amigo Francisco Tijerina, que me facilitó la fotografía, así como la crónica de Antonio Córdova que dan pie a que yo meta los míos. Sin esas facilidades, esto no quedaría escrito. ¡Un abrazo Patrón!

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