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domingo, 14 de agosto de 2022

14 de agosto de 1931: Muere Gitanillo de Triana en Madrid


Hace algo más de un año intenté contar en estas mismas páginas los sucesos en torno a la gravísima cornada que le infirió el toro Fandanguero de Graciliano Pérez Tabernero a Francisco Vega de los Reyes en la octava corrida del primer abono de la temporada madrileña del año 31. Dejé dicho al final de la larga disertación, que llegado el día, me ocuparía del desenlace de esa trágica tarde, ocurrido 75 días después, en el sanatorio del doctor Crespo. Pues bien, esa fecha se ha llegado. 

Los partes facultativos

El doctor Jacinto Segovia, tras de examinar al torero herido en la enfermería de la plaza de la Carretera de Aragón, emitió el siguiente parte médico, aparecido en los diarios nocturnos de la fecha del festejo (Heraldo de Madrid y La Voz) y los del día siguiente:

«Durante la lidia del tercer toro ingresó en esta enfermería el diestro Francisco Vega (Gitanillo de Triana), con una herida de asta de toro en el tercio medio, del muslo derecho, con rotura de los músculos cuádriceps y aductores; otra en el tercio medio del muslo izquierdo. parte interna, con rotura de los músculos cuádriceps y aductores, y otra en la región sacrocoxígea, penetrante en la cavidad pelviana, con rotura del sacro y sección y arrancamiento del nervio ciático mayor. No puede precisarse la profundidad de la herida por el estado del diestro. Pronóstico muy grave. – Doctor Segovia».

Tres días después de la corrida, en el periódico madrileño El Sol, que en su primera página a diario se ufanaba de no publicar noticias relativas a la fiesta de los toros, se publicó el siguiente parte complementario:

«Como consecuencia del arrancamiento de las raíces del nervio ciático mayor (plexo sacro) ha quedado desgarrado el fondo del saco dural, presentándose una abundante eliminación de líquido cefalorraquídeo por la herida operatoria, existiendo el peligro de presentación de una meningoencefalitis que ensombrecería totalmente el pronóstico. – Doctor Segovia».

Como se puede leer, las lesiones que sufrió Curro Puya eran de una gravedad extrema y dada la técnica con las que eran atendidas en aquella época, se procedió a la ligadura de los vasos rotos y al aseo y taponamiento de las heridas en las zonas musculares, la de la región sacro – coxígea se dejó abierta, esperando que la naturaleza hiciera su trabajo y sanara por sí sola.

La evolución del torero herido

Para el día 6 de junio, los diarios de Madrid informaban que ya se había detectado una meningoencefalitis en el torero, y para el 11 de junio, se le diagnosticaba una neumonía basal derecha. Es decir, la evolución de los primeros días no era nada halagadora. Se le mantenía acostado boca abajo inclinado y sometido a fuertes sedantes para paliar sus dolores.

El 17 de junio se le hizo una transfusión de sangre, donada por su amigo Eleuterio Remondo Cojito, fueron 700 c.c. y después de ese procedimiento, mejoró notablemente. A partir del día 4 de julio, las informaciones de la prensa aseguraban que Gitanillo de Triana se reportaba muy aliviado.

Pero a partir del día 28 de julio, su estado se comenzó a deteriorar. Las heridas de las zonas musculares comenzaron a sangrar abundantemente por deshacerse las ligaduras de los vasos. Dice la edición del Heraldo de Madrid del 30 de julio:

«Es digna de todo elogio la labor del médico ayudante del sanatorio Dr. José Seguí, que supo acudir a tiempo en las hemorragias del pasado domingo y de ayer, por lo que libró al herido de una muerte segura... La herida de la cadera no ha sido operada todavía, pues esperaban los médicos que el herido recobrara fuerzas para poder intervenir... Tanto el doctor Goyanes como el doctor Segovia se muestran, muy pesimistas... Anoche hubo necesidad de aplicarle varias inyecciones para reanimarle, y en la madrugada se le pusieron otras de pantopón, para que pudiera conciliar el sueño...»

El testamento del torero

Dentro de la gravedad que se iba generando, Curro Puya se mantenía lúcido y solicitó a su representante don Francisco Arranz que convocara a un Notario para otorgar testamento. El diario La Libertad de Madrid, relata lo siguiente en su edición del 15 de agosto de 1931:

Personado el notario en el sanatorio, el herido dictó su última voluntad con voz serena. Terminado el testamento, y al querer leerlo el notario, le atajó Curro, diciéndole: No hay que quitar ni poner ni una coma. Tráigalo para firmar. Lo que hizo con pulso firme. Francisco Vega nombró herederos universales a sus padres. Deja una pequeña cantidad en dinero. Con los primeros ahorros que consiguió compró una casa, que regaló a sus tres hermanos casados, que son quienes la habitan; después compró otras tres casas, las tres en Sevilla, y situadas en las calles de Santa Patrona 43; plaza de la Mata, y la que él habitaba en la calle de San Jacinto, 85. También deja una manda para que un sobrino suyo a quien la familia llama «Currito» pueda estudiar una carrera...

Esa fue la fortuna material que dejó uno de los más puros intérpretes del toreo a la verónica que ha conocido la historia del toreo.

El fallecimiento de Curro Puya

A las siete y media de la mañana del 14 de agosto de 1931, el torero de Triana dejó de existir. Aparte de las lesiones de las cornadas de Fandanguero, su estado se fue deteriorando. Escribe el redactor del diario Ahora:

A consecuencia de la lesión nerviosa, sufrió una retención de orina y, a consecuencia de ésta, una fístula uretral a nivel del escroto... A todo esto, hay que añadir que este Job de la tauromaquia tenía que estar acostado boca abajo, lo que le impedía descansar apropiadamente... Aun se le produjo otro derrame por la herida de la nalga. Se taponó la herida, pero volvió a producirse la hemorragia a poco de destaponarla... El estado de fiebre constante, unido a toda esta serie de calamitosas complicaciones, tenían al enfermo en un estado de postración muy grande... Luego le aparece la albúmina y se le complica el riñón y el hígado...

En suma, en la jerigonza de los médicos de hoy, bien podríamos afirmar que la causa de su muerte fue una falla orgánica múltiple derivada de las lesiones traumáticas sufridas en la plaza de Madrid.

El 15 de agosto, se verificó la necropsia al cadáver de Francisco Vega de los Reyes. Esto dijo casi toda la prensa madrileña al respecto:

Ayer mañana, a las ocho, los doctores Crespo y Seguí practicaron la autopsia y embalsamamiento de cadáver. Se han comprobado los enormes destrozos producidos por las astas en el cuerpo del desgraciado torero. La herida de la cadera era profundísima y le atravesaba el peritoneo.

La herida se trató conforme a las técnicas quirúrgicas comúnmente aceptadas en la época y con los medicamentos que se tenían a disposición – no había antibióticos, ni siquiera sulfas – así que el resultado podría calificarse, en retrospectiva, como previsible.

Las reacciones al desenlace

El fallecimiento de Gitanillo de Triana generó toda clase de reacciones de afecto hacia el torero fallecido y su familia. Uno de los hechos notables fue el que los ingresados en el Sanatorio de Toreros que se sintieron en condiciones, pidieron autorización a los médicos para asistir al funeral en Madrid. Dice la nota de El Liberal:

Se ha registrado un caso curioso, que demuestra las extraordinarias simpatías de que gozaba el diestro entre sus compañeros. Los toreros heridos que se hallan hospitalizados en el Sanatorio de Toreros y que se encuentran en estado satisfactorio pidieron permiso a los facultativos para rendir el último homenaje a su amigo Gitanillo, y algunos de ellos estuvieron esta mañana orando ante el cadáver del malogrado artista. Entre éstos se encontraba el banderillero Manuel Prieto (Varé), que resultó herido gravísimo en la misma corrida en que sufrió la cogida que le ha causado la muerte a Gitanillo de Triana.

Por su parte, Federico Morena, en el Heraldo de Madrid, reflexionaba lo siguiente:

¿Por qué usaba el remoquete de Gitanillo de Triana? Es, realmente, inexplicable, puesto que tenía un nombre de una sonoridad eminentemente faraónica: Francisco Vega de los Reyes, y un apodo de sabor netamente taurino: Curro Puya.

Hace poco me decía su representante en Madrid, el bueno de Paco Arranz, que sentía verdadera veneración por su pobre amigo:

- Urge que desaparezca de los carteles el seudónimo Gitanillo de Triana. Tiene «jettature». Yo creo firmemente que todas las cosas malas que le suceden a Curro, es por usarlo...

La corazonada de este hombre, todo corazón, se ha cumplido, Gitanillo de Triana tenía, efectivamente, «jettature».

Antonio Conde

Escribe Antonio Díaz Cañabate:

No creo que ningún magnate del mundo, por muy poderoso que sea, pueda tener nunca a su lado un servidor de las condiciones excepcionales y valiosas de un mozo de espadas. Hablo, claro está, de los verdaderos mozos de espadas, porque ya sé que en planeta de los toros abundan los pícaros que a todos los menesteres taurinos llevan su picardía. Un auténtico mozo de espadas es el hombre de confianza del matador y algo más: sus pies y sus manos. Un torero puede prescindir de mucha gente que le rodea en la plaza y fuera de la plaza, pero jamás de un mozo de espadas.

Antonio Conde era el mozo de espadas de Curro Puya. Y desde que se puso el terno gris perla y plata – llamado miércoles de ceniza por los gitanos – el último día de mayo del 31, hasta la hora en que exhaló el último suspiro, no se desprendió del lado de su torero. Fue la única persona que siempre estuvo junto de él. Escribe Gregorio Corrochano en el ABC madrileño del 15 de agosto de 1931:

Merece destacarse este caso de Antonio Conde. Le acompañó a la enfermería el día 31 de mayo, y a su lado estaba todavía esta mañana del 14 de agosto, cuando la muerte llegó. Tiene las piernas hinchadas de no acostarse. No sabe ya lo que es dormir en un lecho. Y a un hombre así se le llama mozo de estoques. Esto quiere decir que mozo de estoques es algo más de lo que su nombre indica. Es el íntimo, el confidente, el criado amigo y cordial, el que se alegra con los éxitos y sufre con las desgracias, el que le lleva a la enfermería, y le asiste en el hospital, y no se separa, ni se acuesta, no vaya a entrar la muerte mientras él duerme. Y a esto, a un hombre así se le llama mozo de estoques...

El mozo de espadas no concreta su labor meramente a entregar los estoques al torero o a ayudarlo a vestirse en la soledad de la habitación del hotel. La descripción que hace Corrochano es bastante amplia y completaría este apartado con una reflexión de Conchita Cintrón escrita en 1973:

Qué poco se ha dicho del mozo de espadas. Y, sin embargo, sin él no sería igual la fiesta. De los años pasados en el ruedo, lo que más extraño es su presencia amiga y dedicada; su figura ejemplar de fiel servidor. Y es que servir es un arte. Y cuando hemos sido bien servidos, jamás podemos olvidar la deuda contraída con quien nos sirvió…

Es por eso que hago este aparte, para recordar la real abnegación de Antonio Conde por servir a su torero, hasta el momento final.

1931, un año teñido de sangre

El año de 1931 fue un calendario sangriento en las cosas de los toros. Por heridas por asta de toro murieron el 30 de junio Sotito banderillero, en Haro, La Rioja; el novillero Miguel Olza Vaquerín el 1º de agosto en Madrid, donde era tratado de una cornada recibida en Calasparra; otro novillero, Manuel López Regional, el 10 de agosto, también en Madrid, a causa de una herida sufrida en Tetuán; el banderillero Francisco Llopis, el 16 de agosto, en Madrid, fue herido en Parla, Toledo; Isidoro Todó Alcalareño II, el 23 de agosto, en Madrid; Manuel Crespo Crespito banderillero, el 22 de octubre, en Madrid y fue herido en Torrelaguna. A estos funestos resultados, bien podemos sumar la defunción de Carmelo Pérez, el 18 de octubre en Madrid, herido en México el 17 de noviembre de 1929.

Ocho toreros fallecidos a causa de las cornadas de los toros en un año. 

Una aclaración oportuna para quintacolumnistas y también para aficionados

Corre la versión, como verdad sabida - incluso en la afamada enciclopedia de internet - de que el percance de Curro Puya se publicó a todo trance en las primeras planas de los diarios madrileños al día siguiente de ocurrir y de que la nota de su fallecimiento mereció en su momento meras gacetillas. Nada más falso. La información pertinente ocupó los debidos espacios en las páginas dedicadas a la fiesta en los diarios e incluso, en el que se ufanaba de no dedicarle una sola línea - El Sol -, se vio precisado a ocuparse del tema. 

Es sencillo querer desinformar para desprestigiar. Pero afortunadamente allí están los archivos y las hemerotecas que dejan clara la verdad. La prensa madrileña y también la de Sevilla siguieron día a día la evolución de la tragedia de Gitanillo, que en paz descanse.

lunes, 31 de mayo de 2021

31 de mayo de 1931: Gitanillo de Triana y Fandanguero de Graciliano Pérez Tabernero II/II

 Las causas del percance

Azulejo en la casa paterna de Gitanillo
Pagés del Corro 157, anterior 127
Triana, Sevilla
Aunque ya descritas en las relaciones anteriores, es Federico M. Alcázar, en su tribuna de El Imparcial, quien hace una interesantísima reflexión acerca de por qué fue prendido y herido Gitanillo de Triana. Es una cuestión meramente teórica y relacionada con la forma en la que se llevaba – o lleva todavía – la lidia en aquellas calendas:

Los toros mansos, salvo excepciones, empujan siempre para adentro. Es decir, buscan la querencia de las tablas porque encuentran en ellas un medio de defensa. Lo contrario sucede con el bravo, que se va a los medios, porque allí ataca mejor. La pelea natural del manso es casi siempre del tercio para adentro, y la del bravo, a la inversa. Los toreros han tomado la costumbre – ¿no estaríamos más acertados si le llamáramos vicio? – de empezar a torear al manso y al bravo encerrados en tablas. Y, por lo regular, sucede lo inevitable: que el bravo se va en cada lance, buscando su terreno, los tercios afuera y los medios, y el manso se queda y les acosa, cuando no huye también. Desventaja de la ventaja. Deslucimiento. Todavía al torear de capa, cuando los toros andan sueltos y con poca fijeza, ofrecen pequeñas dificultades; pero éstas son mayores al final, por haberse acentuado la querencia, y con la querencia, el peligro. Hay toros que no dejan parar al torero por dentro y le comprometen en cada pase, y en cambio por fuera está relativamente holgado. Pero los toreros, que siempre tiran por el atajo, aunque tengan que saltar la barranquera, buscan el refugio de las tablas, como un medio de defensa, sin advertir lo comprometido que es torear en el terreno del toro. No comprenden que en ese sitio es difícil la salida y comprometida la enmienda. Apuran tanto el terreno, que de un pase a otro apenas queda espacio para torear y desenvolverse en un momento de peligro. Y viene el acosón, y algunas veces la cogida, con todas sus dolorosas consecuencias… Creo que si Gitanillo toma al toro más abierto en el tercio, no le hubiera cogido, y de cogerle no le cornea contra la barrera, que fue donde le dio la cornada más grave, tan grave y brutal que sólo encontrando un punto de apoyo y resistencia puede el pitón atravesar el hueso sacro. Tuvo hasta la desgracia de tropezar con el único toro que se vencía del lado izquierdo, pues los restantes embistieron por ese lado admirablemente. La fatalidad tropezó con el torero y le hizo su víctima…

Es la de Alcázar una disquisición meramente teórica, pero válida, creo, pero que no tiene en cuenta el estado de ánimo del torero, que, acuciado por su deseo de triunfar, considera a veces que puede superar esas condiciones adversas de los toros e imponerse a ellas para, en el terreno por él elegido, realizar la faena que se ha planteado.

Los partes facultativos

El doctor Jacinto Segovia, jefe de los servicios médicos de la plaza de Madrid, esa tarde tuvo mucho trabajo, pues un toro antes, el banderillero Manuel Prieto Varé, había entrado a la enfermería con una cornada que le partió la femoral. No había terminado aún la intervención cuando llegó a ella Curro Puya, de cuyas lesiones refirió lo siguiente:

«Durante la lidia del tercer toro ingresó en esta enfermería el diestro Francisco Vega (Gitanillo de Triana), con una herida de asta de toro en el tercio medio, del muslo derecho, con rotura de los músculos cuádriceps y aductores; otra en el tercio medio del muslo izquierdo. parte interna, con rotura de los músculos cuádriceps y aductores, y otra en la región sacrocoxígea, penetrante en la cavidad pelviana, con rotura del sacro y sección y arrancamiento del nervio ciático mayor. No puede precisarse la profundidad de la herida por el estado del diestro. Pronóstico muy grave. – Doctor Segovia.»

Se dejó para después la curación de los muslos, dada la gravedad y la posición de la herida del coxis. El torero permaneció en la enfermería toda la noche de ese día y fue trasladado al mediodía siguiente al sanatorio de los doctores Crespo, donde se pidió consulta al doctor José Sanchis Banús, destacado especialista en neurología a efecto de establecer el mejor tratamiento para Gitanillo de Triana.

Tras del traslado al sanatorio, periodistas de El Heraldo de Madrid, obtuvieron estas declaraciones del doctor Jacinto Segovia:

- El caso no es desesperado.

- No; pero sí muy grave. Le ha arrancado el nervio ciático de su base. Como se arranca la raíz de una planta. La lesión, fuera de esto, no tiene importancia suma, por cuanto que no ha interesado el intestino ni órgano alguno de importancia.

- ¿Quedará inútil?

- Lo más probable es que así suceda. La pierna derecha perderá juego, y el talón no podrá sentarlo. Anoche pasé un verdadero susto, a las nueve se quedó sin pulso y creí que se me escapaba. Ya veremos lo que dice Sanchis Banús...

Diariamente, la prensa madrileña publicaba al menos una gacetilla informando el estado de Gitanillo de Triana. Incluso, el diario El Sol, que en su primera plana se ufanaba de que allí no se contenía información relacionada con la fiesta, dedicaba espacio al tema, así, el 3 de junio en sus páginas se lee:

Como consecuencia del arrancamiento de las raíces del nervio ciático mayor (plexo sacro) ha quedado desgarrado el fondo del saco dural, presentándose una abundante eliminación de líquido cefalorraquídeo por la herida operatoria, existiendo el peligro de presentación de una meningoencefalitis que ensombrecería totalmente el pronóstico. – Doctor Segovia.

Cosas veredes…

Un diálogo en la enfermería

Es de nuevo El Heraldo de Madrid el que recoge un diálogo en la enfermería de la plaza entre el torero herido y aquellos que le acompañaban. La conversación publicada es de esta guisa:

Gitanillo de Triana recobró el conocimiento poco después de las nueve de la noche, aunque continuó todavía durante mucho tiempo bajo los efectos del cloroformo.

Sus primeras palabras fueron para preguntar:

- ¿Cómo estoy? Díganme la verdad.

Me parece que no siento las piernas.

Y sus brazos, sin fuerza, se deslizaron sobre el cuerpo para cerciorarse de que no se las habían cortado.

Esto le confortó un poco y guardó silencio, resignado.

Poco después rodearon la mesa de operaciones los individuos de la cuadrilla de Gitanillo y algunos amigos particulares.

A uno de éstos buscó Curro ansiosamente con la mirada, y cuando éste se acercó le dijo:

- Hola, Maximino; me ha «estrosao» el toro...

El amigo trató de confortar su espíritu.

A poco Curro le volvió a preguntar:

- ¿Qué hora es?

Vaciló el amigo. No sabía si era prudente contestar. Entonces Curro alargó su brazo y tomó el reloj de su amigo, lo consultó y dijo:

- Las nueve y media.

En efecto, esa hora señalaba el reloj.

Nuevo silencio, recomendado por los facultativos.

- ¿Habéis ustedes avisao a la familia? - preguntó después Gitanillo.

- Sí - le contestaron.

- ¿Han salió ya de Seviya?

- Sí Está tranquilo.

- ¿Vienen por carretera?

- Por carretera, sí. Calla, hombre.

Gitanillo hizo un esfuerzo v agregó:

- ¡Estoy deseando que llegue mi madre! ...

Para terminar

Maximiliano Clavo Corinto y Oro, cronista de La Voz, se caracterizaba por su estilo festivo y mordaz al redactar sus crónicas. La de la corrida del 31 de mayo distó mucho de llevar ese sello. En ella hace una interesante reflexión de la fiesta, su tragedia y su gloria:

Oro, seda, sangre y sol. Juego limpio en lucha titánica con el toro bravo de escultórica belleza, entre la gloria y la muerte. Arte y heroísmo ante una muchedumbre calenturienta y leal, presidida por la mujer española, divino cebo de pintores y admiración de los hombres de todas las razas. Gritería ensordecedora culminante de un apasionamiento que sólo puede concebirse en este espectáculo sin igual en el mundo. Rugidos de dolor, indignación y entusiasmo, todo en unos segundos y en un transporte de impresión tan fuerte, que desata con violencia todo el sistema nervioso y hace perder el equilibrio orgánico del hombre más ecuánime. Esto debe ser la verdadera fiesta de toros. Esto fue la corrida de ayer, la épica, la inolvidable corrida de ayer, que le hizo al toreo la mejor propaganda que puede concebirse… ¡Quién Iba a pensar que al desventurado primer abono, que tantos disgustos nos ha proporcionado a todos, le reservaban los dioses una despedida tan emocionante, una despedida en la que el dolor y el triunfo se confrontaran como ayer! ...

Y por su parte, Rafael Hernández y Ramírez de Alda Rafael, en La Libertad, también medita los alcances que tienen los percances de los toreros en el devenir de la tauromaquia:

¡Ay del caído! El domingo, mientras millares de personas aclamaban a Marcial Lalanda y lo sacaban en hombros por la puerta de Madrid, en el patio de caballos, rodeando la entrada de la enfermería, unos cuantos hombres, con los puños crispados y los ojos enrojecidos, esperaban con ansia noticias de Gitanillo. Eran sus amigos, los que sabían que bajo la seda y el oro de su traje de torero latía un corazón lleno de cordialidad y propicio a todas las bondades; eran los que sabían de sus alegrías, de sus dolores, de sus ilusiones, de todo lo que había de humano en el interior del ídolo, que en otras tardes sintió también sobre sus sienes la caricia de la gloria… Es muy difícil escribir algo que encuadre la totalidad de la corrida. También nosotros fuimos juguete de la emoción; también sufrimos el choque de tan distintas sensaciones que, aun sin querer, habrán de reflejarse en estas cuartillas. De la corrida quedan grabadas las escenas principales, la cogida del infortunado Varé, la más terrible aún de Gitanillo de Triana, y la actuación, más que brillante, casi genial, de Marcial Lalanda. Esos tres momentos son los que harán pasar a la historia esta corrida del 31 de mayo de 1931, como aquella otra del 27 de mayo de 1894. en que cayó el Espartero y fue la consagración de Antonio Fuentes…

Sol y sombra, triunfo y tragedia… Los eternos contrastes de la fiesta de los toros. La evolución de Gitanillo de Triana seguiría siendo noticia durante los 75 días siguientes, pues fallecería el 14 de agosto al no superar las heridas que le infirió Fandanguero, pero del desenlace de la historia, aunque conocido, seguramente me ocuparé aquí, en su día. 

Aviso Parroquial segundo: Los resaltados en los textos de Alcázar, Corinto y Oro y Rafael no constan así en sus respectivos originales. Son obra y atrevimiento de este amanuense.

domingo, 30 de mayo de 2021

31 de mayo de 1931: Gitanillo de Triana y Fandanguero de Graciliano Pérez Tabernero I/II

Francisco Vega de los Reyes
Gitanillo de Triana
Foto: Paco Marín/Kutxateka
La temporada madrileña de 1931 no caminaba precisamente sobre ruedas. Las noticias de la prensa y las crónicas de los festejos dejaban ver que la afición y los informadores no estaban contentos con lo que la empresa estaba presentando. En los dos festejos anteriores a este que me ocupa, los domingos 17 y 24 de mayo, se protestaron respectivamente los toros de Victoriano Angoso y Santiago Sánchez Rico, así como los de Juan Sánchez de Terrones y Tovar por chicos y débiles.

Alguna luz se vio cuando en esa corrida del 24, Armillita cortó una oreja al sexto de Terrones que le tocó en suerte y fue sacado en hombros o cuando el día 30, víspera de los hechos que me tienen aquí, David Liceaga, que renunciando a la alternativa que había recibido en El Toreo el anterior enero, se decidió a hacer campaña en ruedos hispanos y ese día se presentó en la Carretera de Aragón alternando con Chiquito de la Audiencia, Antonio García Maravilla y Manuel Fuentes Bejarano en la lidia de novillos de Alipio Pérez Tabernero – también criticados por flojos –. David le cortó la oreja al octavo, de Clairac, sustituto del titular devuelto por inválido, saliendo a hombros en esa presentación.

Quiero hacer notar que en estos apuntes no tendré información del ABC madrileño, pues fue incautado por las autoridades de la República Española el día 10 de mayo de 1931 y dejó de aparecer entre el 11 de ese mes y hasta el 5 de junio siguiente, pero la demás prensa de la capital de España se ocupó abundantemente del tema, con extraordinarias firmas, pero nunca deja uno de necesitar, en casos como este, la de don Gregorio Corrochano.

La octava corrida del primer abono del 31

Ese era el ambiente previo a la corrida del 31 de mayo del 31. La empresa de Madrid intentó remontar el ambiente negativo que rodeaba la situación y puso en los corrales de la plaza una bien presentada corrida de don Graciliano Pérez Tabernero, de Salamanca, para Manuel Jiménez Chicuelo, que se presentaba en la temporada, Marcial Lalanda, que reaparecía después de una lesión y Gitanillo de Triana que había estado desafortunado en su última actuación que, si mal no recuerdo, fue la confirmación de Jesús Solórzano.

La plaza de Madrid se llenó. El bien presentado encierro y el cartel de toreros no dejaban lugar a las dudas de los aficionados, que al ir ocupando sus localidades no tenían idea de que la fiesta de los toros tiene sus propios mecanismos para resarcir sus pérdidas. Por una parte, Marcial Lalanda tendría una de sus grandes tardes en la plaza vieja de la capital española y por la otra, la fatalidad se encargaría de recordar a todos los que asistieron, a los que no y a los que, en el futuro, nos interesáramos por esto, que la fiesta de los toros es un juego de vida y de muerte y que ese es uno de sus activos.

Fandanguero, número 98, negro, tercero de la tarde

Francisco Vega de los Reyes, natural de la Triana de Sevilla, pues nació allí en la entonces llamada calle de La Verbena – hoy Rodrigo de Triana – se encontraría con su destino al salir ese toro negro, tercero de la tarde. Federico Morena, en El Heraldo de Madrid, al relatar los sucesos ocurridos al día siguiente del festejo, reflexiona lo siguiente acerca de este toro y del encierro lidiado ese día:

¿Está seguro D. Graciliano Pérez Tabernero de que ha logrado extinguir por completo en sus toros la sangre de Miura? … Como es sabido – la tragedia de ayer justifica el recuerdo –, D. Fernando Pérez Tabernero, padre de D. Graciliano, fundó su ganadería en 1884 con vacas de Veragua y un semental de Miura... pero el resultado no satisfizo a D. Graciliano, y en abril de 1920 adquirió 126 vacas de los hermanos conde de Santa Coloma y marqués de Albaserrada y un eral escogido de cada una de estas ganaderías. Al decir de D. Graciliano, en 1924 lidió los restos de la antigua ganadería y estrenó la nueva con gran éxito en Barcelona. Y desde entonces, D. Graciliano cree firmemente que sus toros llevan sangre pura de Vistahermosa… Pero la corrida de ayer parece rectificar al ganadero salmantino. La sensación que recibimos los aficionados es la de que asistíamos a una miurada. ¡Qué cambios más notables se operaban en los toros! Diríase que en cada uno de ellos se manifestaban alternativamente las distintas sangres de las diferentes cruzas; pero predominando siempre la de Miura. Era una corrida como para traer de cabeza al mejor aficionado… Un toro, por ejemplo, tomaba una vara a ley, volvía luego la cara, y, en fin, recargaba de modo sorprendente... Quedaba aplomado en el tercio de varas y cortaba el terreno peligrosamente en banderillas. Era docilísimo en el segundo tercio y se arrancaba bronco y descompuesto al final… Se vencía primero por un lado y después por el otro... En fin, que en ningún momento sabía el aficionado a qué atenerse sobre la calidad de los toros de D. Graciliano. El más igual de los seis fue, sin duda, el quinto, de Marcial, que doblaba idealmente por el lado izquierdo… Por lo demás, dentro del tipo de la casa, la corrida estuvo bien de presentación...

Como podemos ver, salvo el sexto, según lo relata Morena, ese encierro de don Graciliano fue una colección de prendas y hoy se diría en el lenguaje de los profesionales que eran toros a contraestilo tanto para Chicuelo, como para Gitanillo, pero eso era lo que había y nada más.

El percance

Después de lucirse en el primer tercio y solventado el de banderillas, Curro Puya se dispuso a torear de muleta. Lo hizo según la costumbre al uso, al hilo de las tablas e iniciando por alto, seguramente para calibrar la distancia de la embestida del toro. Al realizar una de esas suertes fue prendido. Sigue contando Federico Morena:

Empezó con un pase ayudado por alto, erguido y torero, y al pretender dar el cambiado, también por arriba, se le venció el toro y le cogió de lleno por el muslo derecho. Le suspendió un instante y le despidió luego con fuerza. El pobre Curro quedó caído, boca arriba, entre el toro y la barrera. El bruto acometió furiosamente a su presa y le tiró, con rapidez, varias cornadas. Fueron unos instantes de horror. El público, puesto en pie, prorrumpía en un alarido de espanto. El cuerpo del infeliz torero, como un pelele, rebotaba contra la barrera a cada embestida del bruto. ¡Hasta que llegó el capote providencial de Lalanda! ...

Por su parte, el que firmó como Jerezano, en Ahora, salido en Madrid el 1º de junio de 1931, relata:

“Fandanguero” se muestra incierto, receloso y se defiende por el lado del dolor: el izquierdo, Curro Puya no quiere “ver” el defecto; sólo piensa en “torear” para “enseñar a torear”. Muy cerrado en tablas del 2, desafía el gitano. Un buen ayudado por alto sobre ambas manos, venciéndose el toro y siguiendo su viaje a las tablas. En ellas – en terrenos del 1 – aguanta Paco Vega, en un muletazo por alto con la derecha..., pero por ser sobre el pitón izquierdo – el lado lastimado –, el bicho “defiende” ese sitio, cierne la cabeza y tropieza, hiere, suspende, se cambia de pitón y derriba al clásico torero. Este cae debajo del estribo de la barrera, y allí el de Graciliano le busca, pisa, cornea y engancha varias veces. La escena es horrible y emocionantísima, hasta que Marcial y las cuadrillas consiguen llevarse al cornúpeto. Gitanillo, herido, destrozada la ropa, cubierto de sangre y desvanecido, es transportado a la enfermería entre una grandísima, tristísima y sentimental ovación al purísimo artista. ¡Pobre Gitanillo! ...

El resultado del percance fueron tres cornadas, una en cada muslo y la más grave la que Fandanguero le infirió en la parte baja de la espalda, a la altura del coxis, perforándole el hueso sacro y rompiéndole el saco dural, es decir el tejido de la médula espinal que se inserta en esa parte final de la columna vertebral. Esa herida, al final, sería la que le causaría la muerte al infortunado Gitanillo de Triana.

El día de mañana concluiré con estas notas, dada la extensión que van tomando…

Aviso Parroquial: Los resaltados en los textos de Federico Morena y de Jerezano son imputables exclusivamente a este amanuense, pues no obran así en sus respectivos originales.

Aldeanos