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domingo, 26 de abril de 2015

En el centenario de Silverio Pérez (IV)

25 de abril de 1944: Reaparece Silverio en Aguascalientes tras la cornada de Zapatero de La Punta

El 13 de febrero de 1944 Silverio Pérez recibió en El Toreo de la Condesa la que quizás fue la cornada más grave de toda su trayectoria en los ruedos. Se la infirió el toro Zapatero de La Punta, en un festejo en el que alternaba con Luis Castro El Soldado y Carlos Arruza. El parte facultativo rendido por los médicos Javier Ibarra y José Rojo de la Vega fue en el siguiente sentido:
Herida por asta de toro en la región inguino frontal derecha, con exteriorización de testículo, presentando tres trayectorias: Una hacia arriba que llega hasta la fosa iliaca externa interesando la piel, tejido celular subcutáneo, aponeurosis, desgarrando los músculos y el tejido celular subperitoneal. La segunda hacia afuera, que llega a la cara externa del muslo y la tercera, que llega al tercio medio del muslo interesando tejido celular subcutáneo y aponeurosis y fibras musculares con 22 cts. de extensión. De no presentarse complicaciones, tardará en sanar 45 días.
La reaparición del Faraón se preparó para el día de San Marcos de ese 1944. Sería actuando en el coso de nuestra calle de la Democracia, alternando mano a mano con Armillita, en la lidia de seis toros de Torrecilla. La crónica de don Jesús Gómez Medina, en esos días corresponsal del semanario La Lidia de México, relata lo siguiente acerca de ese festejo, crónica que transcribo en su integridad por el valor histórico que representa:
Armillita orejeado en la Feria de San Marcos 
Aguascalientes, 25 de abril. – La lidia completa del estupendo ejemplar de Torrecilla, salido en quinto lugar durante la tradicional corrida de hoy, hecho por el maestro “Armillita”, constituyó la nota más brillante de la Feria de San Marcos. Por su parte, el “Faraón de Texcoco”, Silverio Pérez, ligó al cuarto toro una serie de muletazos como los que le han valido llamarse el torero del drama y de la emoción por excelencia. 
La entrada superó a la del día 23, siendo la primera ovación para el “Meco” Juan Silveti, que con su mechón y su puro llegó al tendido de sol a sentarse entre los “cuates”. 
Los toros de don Julián Llaguno, propietario de la afamada ganadería de Torrecilla, formaron un encierro desigual en su tamaño y en sus condiciones para la lidia. El primero y el sexto fueron muy chicos y débiles de los remos. Por lo contrario, el tercero, el cuarto y el quinto lucieron magnífica estampa, especialmente el cuarto, un cárdeno precioso. En cuanto a bravura, los mejores fueron el mismo cuarto toro, y el magnífico burel, dechado de nobleza y alegría, con el que triunfó “Armillita”.  
Éste, en su primero, tiró únicamente a abreviar, en vista de la pequeñez de su enemigo. El segundo toro nos dio oportunidad de ovacionar un quitazo por ceñidísimas chicuelinas, realizado por Silverio. Después, el toro vino a menos y no hubo la faena que esperábamos. 
El tercero era un bicho con fuerza, que peleó duramente con los caballos y sabía usar de los pitones. “Armillita” lo dominó prono y bien, pero sin mayor relieve. Y fue Silverio el primero en conmover a la multitud cuando muleta en mano llegó al cárdeno que ocupó el cuarto lugar para hacerse de él con esos doblones a los que imprime un sello y un sabor tan especiales, y después estirarse en una serie de formidables derechazos, brutalmente ceñidos y maravillosos de temple y de mando. Se adornó con trincherazos y pase lasernistas; y de nuevo puso el entusiasmo al rojo vivo con otros derechazos de los suyos, de los cuales hubo uno sencillamente increíble por su ajuste. Entre ovaciones y dianas entró a herir, pinchando antes de conseguir una honda que hizo doblar; pero el puntillero levantó al bicho y obligó al texcocano a intentar el descabello repetidas veces, enfriando con esto el alboroto provocado por la faena. Y todo quedó en la vuelta al ruedo y salida a los medios. Decididamente, el “Faraón” vuelve a la lid sin dolerse a la cornada, tan valiente y tan artista como antes del percance con “Zapatero”. 
El salido en lugar de honor, hizo bueno el famoso axioma taurino, pues resultó de una bravura y nobleza estupendas. Casi sin que lo corrieran, Fermín se le enfrentó para dar dos magníficas verónicas a pies juntos; y después, cargando la suerte, toda una serie de lances al natural, haciendo gala de mando, de arte y de valor. Cuando remató con la media, la plaza entera, puesta de pie, lo aclamaba con entusiasmo.  
Y en los quites, de nuevo se ganó las ovaciones delirantes, que no habían de cesar durante toda la lidia de estupendo burel de Torrecilla, al hacer primeramente el lance su invención que le resultó lucidísimo, y después las orticinas. Él mismo se encargó de cubrir el segundo tercio con gran brillantez, siendo mejores el segundo par, por lo que expuso y el tercero en el que desde el estribo, se fue por las afueras para sesgar magníficamente, dejando el morrillo del bicho perfectamente adornado con los seis palos en todo lo alto. Después de brindar al todo el público, inició su faena con suaves doblones para sujetar; y luego a vaciar sobre el coso el repertorio de las grandes ocasiones, aprovechando la nobleza de su adversario. Punto culminante de su trasteo fue la serie de pases naturales rematados con el de pecho, en los que, sin cambiar de sitio, hizo girar a su alrededor al de Torrecilla en un círculo perfecto, mientras vino toda la gama del toreo de adorno: lasernistas, molinetes de pie y de rodillas, cambios de mano, etc., entre ovaciones y dianas incesantes, y cuando el toro dobló a efectos de una estocada hasta el puño, en la que Fermín hizo el viaje muy por derecho, la plaza entera concedió al triunfador la oreja y el rabo de su enemigo, al que se paseó en torno a la barrera como premio a su bravura y nobleza, en tanto que “Armillita” recibía el homenaje del público en una ovación que parecía interminable. 
En el sexto, otro de los chicos, Silverio trató solo de acabar cuanto antes. 
Bregando se distinguieron Juan y Zenaido, así como el “Güero” Guadalupe, “Limberg” y el viejo “Berrinches”.
Así es como el Monarca del Trincherazo retomó su carrera en los ruedos, para continuar construyendo su historia y su leyenda en ellos.

Los resaltados de la crónica transcrita son imputables exclusivamente a este amanuense, pues no obran así en su respectivo original.

domingo, 7 de septiembre de 2014

Barcelona, 6 de septiembre de 1964: la alternativa definitiva de El Estudiante

El Estudiante
(Publicidad de los años sesenta)
Jesús Delgadillo López nació en Aguascalientes, en su castizo Barrio de Triana, por la calle de La Alegría, hoy nombrada en uno de sus tramos en honor a Alfonso Ramírez Calesero, muy cerca del templo en el que se venera a su Cristo Negro, el día 8 de octubre de 1938. Se presentó como novillero en Guadalajara, el 5 de junio de 1955 en una novillada de selección junto con Jesús Gómez, Jesús de Anda, Pedro Jiménez Pedrín, Gabriel Linares y Rodolfo Ramírez El Pirata y en ese festejo Jesús ya utilizó el sobrenombre de El Estudiante, pues al tiempo estudiaba teneduría de libros en la Academia Rodríguez Dávila de esta ciudad Capital. 

En estos años el nombre de El Estudiante como novillero estuvo ligado al de varios toreros más que lograron traspasar los límites del anonimato y así actuaron en las plazas de México su paisano Víctor Mora, el mazatleco José Ramón Tirado, el guanajuatense Héctor Obregón, el tlaxcalteca Fernando de los Reyes El Callao, el regiomontano Américo Garza Romerita y el que en su día fuera apoderado de Arturo Gilio, Marcelo Acosta, entre otros toreros que lograron sacar la cabeza y hacer a la afición de ese tiempo concebir esperanzas de que en ellos habría una figura del toreo en ciernes.

Sus actuaciones en la temporada 1955 – 1956 le permitieron obtener su inclusión en el cartel del Estoque de Plata, celebrado en también en Guadalajara el 28 de octubre de 1956, fecha en la que para despachar una novillada de Matancillas, José Ramón Tirado, Rubén Aviña, Carlos Saldaña y El Estudiante, partieron plaza vestidos de luces en El Progreso. En esa tarde se llevó el gato al agua el venezolano Saldaña, quien tuvo la que quizás sería más importante tarde de su vida torera en México. 

En 1957 logra actuar hasta 18 tardes en las plazas de Ciudad Juárez, Nogales y Tijuana y en el siguiente año, actúa en cuatro novilladas seguidas en El Toreo de Cuatro Caminos, dejando constancia de que estaba ya listo para el cambio de escalafón.

La Feria de San Marcos de 1958 iniciaba su ciclo de tres corridas con una en la que El Príncipe del Toreo, Alfredo Leal, otorgaría a El Estudiante la borla de matador de toros, fungiendo como testigo el poblano Joselito Huerta, con toros de don Lucas González Rubio, un festejo en el que efectivamente los tres alternantes triunfaron. 

Después de actuar en seis tardes el año de su doctorado, el 18 de enero de 1959, Jorge Aguilar El Ranchero, le cedería al toro Coreano de La Laguna, ante el también tlaxcalteca Fernando de los Reyes El Callao, quedando revalidada su alternativa sanmarqueña en el coso de Insurgentes y como causara buena impresión en esa fecha, el 7 de abril de ese mismo año se le incluye en el cartel de triunfadores que se disputaban la Rosa Guadalupana, mismo en el que para estoquear ocho toros de Mimiahuápam, partieron plaza Curro Ortega, El Ranchero Aguilar, Jaime Bravo, Joselito Huerta, Antonio del Olivar, José Ramón Tirado, Fernando de los Reyes El Callao y El Estudiante.

Al final de ese festejo, el huamantleco de la triste mirada y del hondo toreo, El Callao, saldría con el trofeo en disputa dentro de la espuerta. Así, durante 1959, Jesús completaría una docena de actuaciones en plazas mexicanas. Entre 1960 y 1963 suma veinticuatro actuaciones, destacando la que tuvo en Aguascalientes el primero de enero de este último año, en la que con Luis Procuna y Pablo Lozano, dio cuenta de un encierro de Peñuelas, cortando las orejas y el rabo al sexto de la tarde.

El anuncio de la alternativa
Esta tarde resultaría ser un parteaguas en la vida taurina de El Estudiante, pues su compañero de cartel, el castellano Pablo Lozano, quien años después tuviera bajo su responsabilidad los destinos de la Plaza de Las Ventas de Madrid, advirtió que Jesús tenía aptitudes para caminar en la fiesta y le sugiere ir a España a probar suerte como novillero allá, renunciando al doctorado obtenido en el ruedo sanmarqueño casi un lustro antes.
Retomando el rumbo en España

Siguiendo el consejo de Lozano, el 20 de junio de 1963 se presenta de nueva cuenta como novillero en la Plaza Monumental de Barcelona, para despachar novillos del Conde de Ruiseñada en unión de Curro Montenegro y José María Aragón, logrando actuar en tres tardes más en cosos hispanos ese año.

1964 representa un buen año para el torero de Aguascalientes pues logra presentarse en 9 oportunidades dentro del escalafón novilleril, siendo cuatro de esas actuaciones en la plaza de Las Ventas, cortando además, una oreja en su debut, el 19 de julio de 1964, al lado de Eduardo Ordóñez y José Luis González Copano, para lidiar cinco novillos de Luis Frías Piqueras y uno – sexto – de Carlos Sánchez Rico. En su día, Antonio Díaz – Cañabate escribió:
Otro buen novillo fue el tercero, menos bravo, bastante menos que el primero, en el primer tercio, pero más noblote en el último. En el bochorno de la tarde canicular, el novillo, al tomar la muleta de “El Estudiante”, daba la sensación de que se bebía un apetitoso refresco de grosella bien helado, que “El Estudiante” le servía complacido, ya con la mano derecha, ya con la izquierda. Al novillo y al público le gustaron más los refrescos de la mano izquierda. ¡Oh, sí, nos venían muy bien, nos oreaban como una brisa que rompe el ardor! Fueron pocos estos buenos naturales y su corta cantidad acrecentó su valía. Entrando con arrestos cobró una estocada. El presidente concedió una oreja. Los insaciables pidieron otra, negada con buen criterio y “El Estudiante” se hartó de dar vueltas al ruedo...
En su presentación en Palma de Mallorca, es herido de consideración por un novillo de Enriqueta y Serafina Moreno de la Cova, llevándose a la enfermería una oreja y el 15 de agosto de ese año, en Madrid, tiene un encuentro con la otra muerte en el ruedo y le corresponde atestiguar junto al ya nombrado Copano y José Luis Teruel El Pepe, el fallecimiento del banderillero gitano Manuel Leyton Peña El Coli, quien fue herido por el primero de los únicos tres de Ángel Rodríguez de Arce corridos esa infausta tarde pues al conocerse la muerte del subalterno, se suspendió la novillada.

El 6 de septiembre de 1964 vuelve a recibir la alternativa, la definitiva, tras de justificarse en las dos temporadas novilleriles anteriores y así, en la Monumental de Barcelona, el gran estoqueador de Zaragoza, Fermín Murillo, con el testimonio de Curro Romero, le cede a Murciano, el primero de los seis de Torrestrella que se lidiaron esa tarde, dando Jesús la vuelta al ruedo en el sexto. Julio Ichaso, cronista del diario barcelonés La Vanguardia, cuenta así el hecho:
Le otorgó la alternativa con el conocido ceremonial, Fermín Murillo, presenciándola como testigo Curro Romero, con el toro lidiado en primer lugar, número 130, «Murciano», jabonero sucio o burraco, pues el pelo de las reses tiene muchas denominaciones, que el nuevo doctor lanceó con poco lucimiento, debido al viento, que descubría peligrosamente... Previo brindis al público, sus primeros muletazos fueron por bajo. Ya en el centro del ruedo, vinieron unos estupendos pases con la derecha. Llevaba al toro muy obediente a la flámula. (Olés y música). Hubo otra tanda, pero que muy buena de pases, también con la diestra y molinetes de rodillas emotivas y espectaculares. Después de unos naturales agarró, con habilidad, una estocada y el puntillero puso todo lo demás con el cachete para finiquitar al animal. (Petición de oreja, vuelta al ruedo con sostenida ovación y salida al tercio)...
El 12 de octubre de ese mismo año confirma su alternativa barcelonesa en Las Ventas, formándose el cartel con un novillo de Castillejo para el rejoneador Fermín Bohórquez, quien actuó a mitad del festejo y para los de a pie, toros salmantinos de Ricardo Arellano y Gamero Cívico. El padrino de la ceremonia fue Antonio Ortega Orteguita quien esa tarde confirmó a Santiago Castro Luguillano y a El Estudiante. El toro de la confirmación de Jesús se llamó Gladiador. Andrés Travesí relató así su actuación en el ABC madrileño:
Hacía tiempo que no veíamos una corrida de toros tan mala como la de ayer... Los seis bichos fueron mansurrones y difíciles y dos de ellos tuvieron que ser condenados a banderillas negras. Los toros recortaban peligrosamente, y como la lidia no fue buena llegaron al último tercio probones, achuchando a los de a pie. Y poco más puede decirse de este saldo de ganado que nos hizo pasar muy malos ratos... El mejicano Jesús Delgado, que tenía aceptable cartel en Madrid como novillero, no pudo hacer nada en su primera salida como matador. Fue el único de los tres que utilizó el capote en alguna ocasión suelta. Al segundo, mansurrón y distraído, lo pasó por la cara con precauciones y lo despenó de un estoconazo afortunado y un descabello y escuchó muchas palmas. En el sexto no mejoró la labor y mató de media, una entera, y descabelló al cuarto intento...
Uno de los momentos más importantes de su carrera, lo alcanzaría El Estudiante casi un año después de su confirmación y así, el 8 de agosto de 1965, alternando con Antoñete y el albaceteño confirmante Pepe Osuna, cortó una oreja al tercero de los toros murubeños de don Félix Cameno lidiados en la fecha. Esta tarde trascendería también, porque Antonio Chenel, cortó dos orejas al cuarto de la tarde, lo que le llevó a la Feria de San Isidro del siguiente año, en la que realizó la faena inolvidable del toro Atrevido de José Luis Osborne, el toro blanco de la leyenda del 15 de mayo de 1966. El relato de Gómez Figueroa en la Hoja Oficial del Lunes siguiente al festejo es así:
También Jesús Delgado (El Estudiante) supo tocar esa fibra sensible del público que termina por ganarse su admiración y simpatía. Largas cambiadas, un airoso quite con cierto aire de “ballet”, una faena bastante completa e inspirada, un estoconazo eficaz y naturalmente, la oreja para El Estudiante. Como el último de la tarde resultó manso y con dificultades, El Estudiante se desprendió de él no pronto, pero sí con decisión. Pinchó dos veces, clavó media estocada y utilizó dos veces el verduguillo. Fue despedido con una ovación...
La última etapa

Durante 1964 y 1965 Jesús permanece en España y es hasta 1966 que reaparece en su patria, ligando seis tardes, dos de ellas en El Toreo de Cuatro Caminos. En 1967 confirma su alternativa barcelonesa en la Plaza México, misma que ocurrió el 22 de enero de ese año, siendo su padrino Joaquín Bernadó y actuando como testigo Raúl García para lidiar a la usanza española seis toros de Tequisquiapan y uno de Pastejé para el centauro potosino Gastón Santos, cerrando ese año en Guadalajara el 17 de diciembre con el potosino Pepe Luis Vázquez y Alfredo Leal en la lidia de toros de Cerro Viejo.

En 1971 se viste de seda y alamares sólo una vez para doctorar en la propia plaza de San Marcos a su vecino de barrio, el dinástico Armando Mora ante el testimonio de Fernando de la Peña. Esa tarde Jesús realizó una de sus mejores faenas en la plaza de su tierra, al cortar las dos orejas al segundo de la tarde después de una faena completa, de la que merece recordarse el testimonio de don Jesús Gómez Medina:
La estocada de la tarde. Ocurrió en la primera década del siglo, Bombita y Machaquito detentaban el mando del cotarro taurino durante el interregno que medió entre la despedida del Guerra y la aparición de Joselito y Belmonte… Y una tarde, en Madrid, Machaco se fue tras del estoque con férrea determinación y lo clavó todo en el morrillo de un imponente miureño. Del pitón de éste pendían luego los encajes de la camisa del bravo cordobés, en testimonio de cómo se entregó Rafael González en el trance supremo… Don Modesto, pontífice de la crítica taurina de la época, emocionado ante la hazaña del Machaco, urgió al escultor Mariano Benlliure – ¡Apresúrate ilustre alfarero! – decíale en su crónica el célebre revistero. Y Benlliure, tan buen aficionado como artista eximio, atendió el reclamo de don José de la Loma y sus manos prodigiosas produjeron esa estupenda obra de arte que se llama “La Estocada de la Tarde”… Ayer, en la muerte del segundo burel, la sombra de Machaquito pareció aletear sobre el coso. Porque al igual que entonces lo hiciera Rafael González, El Estudiante se perfiló marchosamente, fija la mirada en el morrillo de “Guapo”; el estoque centrado entre ambos pitones y tan cerca de estos, que la punta parecía reposar sobre el testuz. Y al arrancar, lo hizo recta y decididamente, con tal precisión y maestría, que mientras la mano izquierda vaciaba la acometida del corlomeño, la diestra, empuñando el alfanje, concluía su viaje en el morrillo de “Guapo” del que emergía tan solo la bola de la empuñadura… ¡Fue la estocada de la tarde! ¡De esta y muchas más!... Los espectadores al unísono brincaron de sus asientos y tributaron a Delgadillo una cálida, estruendosa ovación. Y tras la ovación, las orejas, ganadas en la mejor forma, con la verdad incuestionable del acero”. (El Sol del Centro, 29 de marzo de 1971)
Alternativado por primera vez en la feria de su tierra, la despedida tenía razón para darse en ese mismo marco y así, el 30 de abril de 1982, tras de varios años de ausencia de los ruedos, hizo su presentación en la Plaza Monumental y al mismo tiempo tuvo su despedida de los ruedos, alternando con Eloy Cavazos y Humberto Moro hijo, en la lidia de seis toros de San Manuel, dando la vuelta en tras la lidia del cuarto de la tarde, el último que mató vestido de luces.

Después de esa señalada fecha, Jesús Delgadillo se mantuvo ligado a la fiesta de los toros y con frecuencia toreaba festivales benéficos. La última actuación pública que ha tenido, fue el 8 de diciembre de 1996, en un festejo organizado en honor del subalterno hidrocálido que muchas tardes le acompañó, don Arturo Muñoz La Chicha, obteniendo las orejas del novillo de Ángel Lascuráin que sorteó esa fecha.

La tauromaquia de Jesús Delgadillo

Las transcripciones que se hacen a lo largo de este texto, nos reflejan que El Estudiante ha sido un torero de los llamados de escuela, de los que ejecutan las suertes con clasicismo y que conocen y realizan una gran cantidad de ellas. Banderillero fácil, clavaba los palos por los dos lados del toro, cuestión que poco se ve, dado que por lo general se tiende a dominar la ejecución del segundo tercio por un solo perfil.

El Estudiante en su última tarde 8/XII/1996
Con la muleta, Jesús Delgadillo gustó de trastear con la mano baja y aprovechando su estatura, daba dimensión a las suertes, pero cargando la suerte, a lo clásico y resultando ser un brillante ejecutor del pase natural. Las crónicas invocadas nos exhiben también que era un formidable estoqueador, que redondeaba sus faenas con el filo de su espada, como escribiera en alguna de ellas don Jesús Gómez Medina y en más de alguna oportunidad, fue su solo alfanje el que le deparó tardes de triunfo.

En suma, un torero conocedor de su oficio, dominador de los toros cuando así se requería y con la facilidad de transmitir a los tendidos la valía de su quehacer en el ruedo, lo que se refleja en las importantes tardes de triunfo que tuvo durante su carrera activa.

Arrastre

El Estudiante es uno de los toreros de Aguascalientes que no tuvieron temor de salir de sus confines para buscar el triunfo en la difícil profesión de ser torero. De los toreros de su tierra, es uno de los que más veces ha actuado en la Plaza de Las Ventas y de los mexicanos que allí lo han hecho, sólo le aventajan en número de actuaciones Carlos Vera Cañitas, Miguel Espinosa Armillita Chico y Eulalio López Zotoluco cabiéndole a Jesús el honor de ser junto con el Volcán Rafael Rodríguez, Joselito Adame y Arturo Saldívar uno de los matadores de toros de Aguascalientes, que vestido de luces, ha cortado oreja en la principal plaza de toros del mundo.
En este día se celebran cincuenta años de su definitiva alternativa como matador de toros y El Estudiante aún conserva la figura que le hiciera parecer torero para poder ser torero. Medio siglo hace y aún se recuerdan sus hazañas, las que son una de las columnas que sostienen la taurinidad de Aguascalientes. ¡Enhorabuena Maestro!

domingo, 17 de agosto de 2014

15 de agosto de 2004: José María Luévano confirma su alternativa en Las Ventas

A principios de la década de los noventa del pasado siglo, cuando Guillermo González Martínez institucionalizó la enseñanza del toreo en la plaza de toros San Marcos, uno de los primeros alumnos que llamó la atención fue un muchachito moreno y de mirar taciturno que al decir de Rubén Salazar, el que fuera el primer instructor de esa escuela, tendía a realizar el toreo a la verónica con una singular hondura, encajando la barbilla en el pecho y bajando mucho las manos. Se llamaba José María Luévano y pronto sus aptitudes trascendieron al conocimiento de la afición de Aguascalientes, que tuvo oportunidad de corroborar lo que se decía de él, viéndole ante los becerros.

José María se presentó como novillero con picadores el 7 de octubre de 1990 en la misma plaza que fue su centro de formación, alternando con Ricardo Márquez, César Alfonso El Calesa, Alejandro de Anda, Juan Carlos Sánchez y Alberto Ortiz y el novillo de Los Arce que le correspondió apenas le dejó mostrar sus aptitudes esa tarde, sin embargo, le valió para ir sumando festejos y adquirir el rodaje necesario para poder avanzar en la carrera que había elegido.

Guillermo González Martínez hizo lo que hoy los economistas llaman una alianza estratégica con Manolo Martínez y una compañía cervecera y organizan un certamen novilleril, por lo que comienzan a programar novilladas en distintas plazas de la República, lo que logra que en nuestra plaza San Marcos, por ejemplo, se dieran hasta treinta novilladas en alguno de sus ciclos, cosa pocas veces vista aquí.

En esos certámenes, surgieron toreros como José María, Fernando Ochoa, los Cuates Espinosa, Arturo Manzur, César Alfonso El Calesa o Alfredo Ríos El Conde, entre los que ahora me vienen a la mente y tuvieron la ocasión de compartir tentaderos y carteles con toreros venidos del otro lado del mar, pues José Tomás, Sergio Aguilar y Sebastián CastellaFinito de Córdoba estuvo en el grupo que participaba en los tentaderos – en algún momento o integraron carteles con ellos o estuvieron en los tentaderos de las ganaderías de Manolo Martínez, El Colmenar o San Martín aprendiendo juntos.

José María Luévano se presentó en la Plaza México el 16 de agosto de 1992, llevando de compañeros de terna a Arturo Manzur y El Conde, siendo el encierro de Manolo Martínez. Fue la primera de una docena de festejos menores en los que actuó en la plaza más grande del mundo, entre los que destacan el del 26 de septiembre de 1993, cuando corta una oreja a uno de los novillos de Teófilo Gómez que le tocaron en suerte, o el del 9 de octubre de 1994, en el que cortó dos orejas a Pintadito de De Santiago. También pagó allí su cuota de sangre, pues el 16 de octubre de 1994, Azteca de Xajay le envió a la enfermería
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Recibió la alternativa en León, Guanajuato el 20 de enero de 1995, apadrinándole Miguel Espinosa Armillita y atestiguando la ceremonia Manolo Mejía. El toro de la cesión se llamó Don Juan y fue de la ganadería de Begoña. Esta alternativa la confirmó en la Plaza México el 14 de enero de 1996, volviendo a fungir de padrino Armillita y siendo testigo Enrique Ponce. El toro de la ceremonia se llamó Payaso y fue de Carranco. Sobre su actuación esa tarde, escribió Enrique Guarner:
Puede afirmarse que ya podemos sustituir a nuestras petrificadas figuras, puesto que existen tres jóvenes que van a llegar lejos. Ellos son: Federico Pizarro, Rafael Ortega y José María Luévano. La actuación de este último ayer fue excelente, tanto de capa como de muleta. Es una lástima que sea tan inexperto en el descabello, pero esto último puede aprenderse… El que abrió plaza se llamaba "Payaso" de Carranco y había nacido en junio del año 2000 A.C. El de Aguascalientes lo recibió con magníficas verónicas y recorte. Con la muleta caminó bien con el novillo y ejecutó varias series en redondo con temple y calidad. Desafortunadamente al final tendió a descargar la suerte, pero su toreo fue limpio y bien instrumentado. Mató de estocada en lo alto, algo trasera que requirió del descabello con el que falló hasta en 13 ocasiones escuchando dos avisos. No obstante, fue aplaudido en el tercio...
La carrera de José María empezó a ascender. Toreaba en las principales ferias y en los mejores carteles de la temporada en la Plaza México. El 26 de enero de 2003 cortó 3 orejas a los toros de Bernaldo de Quirós que lidió esa tarde. Sobre su actuación, Lumbrera Chico escribió:
Dueño de su oficio, pleno de valor, Luévano cortó las dos orejas de Comodín, tercero de la tarde, negro bragado de 488, al que embarcó en largas tandas derechistas retrasando la franela y tragando leña con emotividad, para despacharlo de un estoconazo y hacerlo rodar sin puntilla al cabo de una prolongada agonía… Mucho más interesante fue la faena que logró imponerle a Algodonero, de 485, penúltimo del festejo, también negro bragado y con imponente aunque fea cornamenta, un bicho que salió buscando descaradamente la manera de huir, pero que, luego de recibir siete puyas, de Julio Sánchez, quedó en calidad de piltrafa. Luévano lo metió en la muleta con una serie de doblones suaves y le cuajó cuatro excelentes tandas por la derecha muy bien ligadas tirando del animal con gran solvencia. Para su desdoro, pensando quizá en las dos orejas que ya tenía en la espuerta, José María no quiso verlo por el izquierdo, no obstante que por ese lado el rumiante embestía con mayor claridad y fuerza cuando lo remataba con el pase de pecho… Muy afilado con el estoque, volvió a ejecutar el volapié con brillantez y el juez Balderas le concedió otra orejita, que no borró la sensación de que, si hubiera invertido más riesgo y esfuerzo al intentar el toreo con la zurda, habría obtenido resultados mucho más espectaculares… 
Su actuación en esta tarde le valió para entrar al cartel del 5 de febrero siguiente con Enrique Ponce, Zotoluco y El Juli para lidiar toros de Teófilo Gómez y Reyes Huerta. Su actuación se saldó con el corte de dos orejas y la visión de Leonardo Páez acerca de ella es la siguiente:
En el festejo del 57 aniversario de la monumental Plaza México volvió a prevalecer el triunfalismo pueblerino y la apoteosis emergente que caracterizan a la empresa, brillando en todo su esplendor la principal aportación de aquélla al espectáculo: megacorridas con cuatro toreros, ocho toros de lidia ordinaria, dos más de regalo, la despedida de un picador y cuatro horas 40 minutos de infructuosos intentos por emocionar... sin toros bravos… José María Luévano lanceó muy bien a Suspiro, de Reyes Huerta, y realizó la faena más sentida y honda de la tarde frente a un astado pasador más que bravo. Como se entregara en la estocada, Balderas, quien ya había devaluado la concesión de premios con Ponce, debió soltar las segundas dos orejas que Chema paseó orgulloso por el redondel… Con su segundo, sosote, el de Aguascalientes se plantó seguro y realizó un meritorio trasteo por ambos lados, empañado, raro en él, con la espada…
El 1 de febrero de 2004, volvió a salir de la plaza más grande del mundo con trofeos en la mano, gracias a una actuación riñonuda y no desprovista de clase, según lo cuenta de nuevo Leonardo Páez:
También en su tercera corrida en el serial, el diestro de Aguascalientes se las vio primero con Buen trato, con 481 kilos, negro entrepelado bragado y bizco del pitón derecho, que no obstante su debilidad de manos sufrió un bombeo inmisericorde en la única vara que tomó… A la sosería del astado hubo de añadirse un fuerte viento, por lo que Luévano tragó en dramáticos muletazos por ambos lados, sin lucimiento pero de gran mérito. Como se entregara en el volapié, incluso de efectos más rápidos que el de Caballero, dio una justificada vuelta al ruedo… Como consecuencia de que en el callejón de la México había, además de embarnecidos apoderados, ganaderos, actores, hoteleros y locutores, Luévano, al querer brindarle a uno de los empresarios de Madrid se equivocó de persona… Diácono, con 534 kilogramos, fue sin embargo el más claro y pasador del desafortunado encierro, lo que permitió a José María consentir al mansurrón en tandas de derechazos con sentimiento y hondura, muy bien rematadas. Cuando buscó la igualada prestó oídos a ciertos villamelones e intentó algunos naturales sin lucimiento. En el primer viaje pinchó y fue trompicado, para enseguida dejar tres cuartos de acero que bastaron, llevándose merecida oreja...
Cerró esa campaña 2002 – 2003 en la Plaza México el 22 de febrero, llevándose a casa la Oreja de Oro que disputó con Rodrigo Santos, Armillita, Jorge Gutiérrez, Zotoluco, Rafael Ortega, Ignacio Garibay y Fermín Spínola, en la lidia de toros de varias ganaderías.

Embalado en esa cadena de triunfos, se anunció la confirmación de José María Luévano en Madrid para el 15 de agosto de 2004. Su padrino sería Fernando Cepeda y atestiguaría el acto el albaceteño Sergio Martínez y el encierro anunciado sería de Antonio San Román. Al final, el toro primero de la corrida fue devuelto por inválido y sustituido por Ribereño de El Pizarral, que es el que pasa a la historia y a la estadística como el que sirvió para que José María actuara por primera vez como matador de toros en Madrid y en España. Sobre esta tarde escribió Rosario Pérez:
Confirmaba la alternativa José María Luévano, triunfador de la pasada temporada grande en México. El precioso castaño que abrió plaza fue sustituido por un sobrero de El Pizarral bronco y con cierto sentido. El de Aguascalientes lo intentó; sin embargo, por momentos se vio desbordado por su enemigo, al que había que dejar siempre el trapo bien puesto. Saludó con destacados lances al ensabanado quinto. Arrancó con brillantez sobre la derecha, pero el valeroso trasteo decayó…
Su parecido físico con Fernando de los Reyes El Callao, torero de su misma cuerda, consentido de la afición de la Plaza México, despertó viejos sentimientos dormidos que le permitieron gozar por algún tiempo, del favor de la plaza más grande del mundo, pues tras de su confirmación madrileña entró en un bache del que luchaba por salir cuando el toro de la carretera se interpuso en su empeño.

José María Luévano falleció el 24 de enero de 2011 en un accidente de tráfico en las cercanías de San Juan del Río, Querétaro, donde residía con su familia.

lunes, 11 de agosto de 2014

Calesero, en el centenario de su natalicio (y II)

La Tauromaquia de Calesero

La verónica de Calesero
La noción general sobre la tauromaquia de Calesero es en el sentido que alcazaba niveles de excelsitud con el capote, pero que decaía notablemente en el último tercio de la lidia, en la que quizás fue la última entrevista que concedió, Alfonso Ramírez confió a Marysol Fragoso, de la revista Campo Bravo lo siguiente:
Toreaba muy bien con el capote, es cierto, pero no lo hacía mal con la muleta. Lo que pasaba a veces es que al llegar a ese momento el toro ya había cambiado de lidia. Entonces yo no lograba estar al mismo nivel. Desgraciadamente, en México, el aficionado es torerista y no reconoce los recovecos del toro bravo. El toro puede cambiar de lidia en un segundo y el torero tiene que estar listo para enfrentar esa situación. Eso lo vimos siempre en las faenas de los maestros Domingo Ortega y Fermín Espinosa Armillita, que tenían una cabeza torera privilegiada y un dominio pleno de la técnica, pero, para el resto de los toreros, no es fácil mantener ese nivel cada tarde. Esa situación le pasó a muchos matadores y me pasaba a mí también, por eso llegaron a acusarme de desigual y de que no era capaz de cuajar una faena completa a un toro. No hay que olvidar que el juego de los toros siempre es distinto, pero el torero siempre es el mismo, y aunque con el paso del tiempo, puede mejorar sus capacidades y recursos, siempre será el mismo. Por eso es tan difícil llegar a ser una figura del toreo. ¡Vaya castaña!... (Campo Bravo, año 8, número 30, mayo – agosto de 2001, página 38)
A riesgo de meterme en un berenjenal, voy a tratar de teorizar un poco sobre lo que a mí me parece que motivó la especialísima tauromaquia de Calesero.

Es importante resaltar el momento histórico en el que Alfonso Ramírez abrazó la torería como profesión. Era el principio del siglo XX y quienes le instruyeron en los secretos de la lidia – los hermanos Rodarte – eran toreros que iniciaron sus primeras armas quizás en la década final del siglo XIX, observando una tauromaquia muy cercana a la prescrita por Paquiro en su tratado y que se caracterizaba por tener un amplio ejercicio durante los dos primeros tercios de la lidia, es decir, en las tareas de quitar al toro de los caballos – entonces se picaba sin peto – y en la colocación de las banderillas. El último tercio tenía por finalidad el preparar el toro para la estocada y su brevedad era aplaudida.

Entonces, durante el tercio de varas, se comienza a desplegar una larga serie de intentos por los lidiadores de a pie para encontrar el lucimiento y así nacen suertes como la verónica, la navarra, la suerte de frente por detrás o a la aragonesa, la de la tijerilla, los recortes y los galleos con la capa, o los saltos sobre el testuz, al trascuerno o con la garrocha, que eran practicadas en las coyunturas que procuraban tanto los quites que se hacían a los picadores, como la brega para poner al toro en suerte. Como afirma José Alameda, el hilván y la contextura de la lidia eran otros en esos tiempos.

Con los cambios que por lógica impone el paso del tiempo, es evidente que los Rodarte se hubieran formado en una escuela taurómaca inspirada en los principios de que el lucimiento se obtenía en los quites y con las banderillas y que la faena de muleta se debería limitar a lo estrictamente necesario para encontrarle la muerte al toro. Seguramente esa es la manera de torear que ellos – los Rodarte – transmitieron a sus discípulos y de acuerdo con el grado de dominio que adquirieron sobre ella, fue más o menos larga su trayectoria en los ruedos.

El progreso de la tauromaquia conduce a que el toreo de capa caiga en desuso. Tras de los primeros escarceos de Joselito con aquél toro de Martínez y después con las faenas de Chicuelo a Lapicero y Dentista de San Mateo en México y a Corchaíto de Graciliano Pérez Tabernero en Madrid, la faena de muleta esperada y pedida por los públicos ya no era aquella en la que se debía mostrar nada más que se podía con el toro, se pide el toreo en redondo, exigiéndose que así como El Pasmo ligó cinco verónicas sin enmendar, se hiciera así con los naturales y los ayudados, engarzados en lo que hoy llamamos series, en donde prácticamente no hay una solución de continuidad.

Por otra parte, la idea de la lidia cambia también con el toro y con la suerte de varas. Cuando se introducen los petos para los caballos de picar, se permite al toro romanear, pero también se le infringe más castigo, restándole la fuerza que llegaba a conservar antes de los referidos petos, aparte, los picadores pueden rectificar, recargar y hasta barrenar, porque ya no tienen que cuidar el pellejo propio y el de su cabalgadura. 

¿El resultado? Un toro menos potente, menos agresivo, que no permite una gran cantidad de quites floridos. Aparte, el toro comienza ser genéticamente determinado, para que su comportamiento durante el último tercio de la lidia sea menos bronco, rebrincado, se procura la suavidad que requiere la ligazón de los muletazos, entonces, hay la necesidad de sacrificar alguna etapa de la lidia y de una manera digamos, natural, es el primer tercio el que sufre la reducción, por las circunstancias apuntadas al inicio de este apartado.

Despedida de Calesero
(Aguascalientes, 13 de febrero de 1966)
Entonces, me arriesgo a enmendar la plana al Maestro Calesero y a afirmar que su notoria diferencia de brillantez entre el primero y el último tercio no se debía a una falta de cabeza de su parte, como parece insinuarlo en la transcripción anterior o al hecho de que no fuera un torero completo, pues seguramente que lo fue. Simplemente y esto es mi apreciación, es que Calesero practicó una tauromaquia que para el momento en el que tuvo que competir por encontrarse un sitio entre los principales de la torería de su tiempo, había caído en el desuso. Ya había ocurrido la revolución belmontina y se habían realizado las referidas faenas de Chicuelo a Lapicero, a Dentista y a Corchaíto, mismas que marcan el parteaguas histórico de la manera de lidiar a los toros, adquiriendo desde entonces primacía la faena de muleta, que de ser un trance meramente preparatorio para el final de la lidia, a ser la parte más importante de ésta.

Así pues, Calesero a mi juicio, paseó por los ruedos del mundo, durante una larga parte del siglo XX, quizás durante siete de sus décadas, una impoluta tauromaquia decimonónica, misma que aderezó e hizo propia, con sus propias creaciones y con el ejercicio prístino y personalísimo de las creaciones de otros de sus pares, principalmente toreros mexicanos, como la gaonera del Califa Rodolfo Gaona; la tapatía, el quite de oro, o la orticina del Orfebre Tapatío Pepe Ortiz, la fregolina de Ricardo Romero Freg o la saltillera de Fermín Espinosa Armillita, que sumadas a la caleserina y el farol invertido del trianero, resumen un brillante muestrario de lo que, pudiera considerarse una verdadera escuela mexicana del toreo.

Hoy en día, muchas de esas suertes han caído en el desuso. Los toreros actuales se han refugiado en la chicuelina y la navarra, llamada por estos pagos chicuelina antigua, desperdiciando una extraordinaria y lucida tradición de creación capotera. Más no todo parece estar perdido, El Juli tuvo la lucidez de acercarse a Calesero en su primera incursión mexicana y de aprender las creaciones de éste, que durante algún tiempo ejercitó en los ruedos del mundo, extendiendo la figura y la leyenda de su creador, Alfonso Ramírez Calesero.

Una interesante entrevista al torero se puede ver en el siguiente vídeo, realizada por el periodista de Guadalajara, Nadim Alí Modad:



Calesero falleció el 8 de septiembre de 2002 en la Ciudad de México. Sus restos descansan en la Rotonda de los Hombres Ilustres de la tierra que lo vio nacer.

domingo, 10 de agosto de 2014

Calesero, en el centenario de su natalicio (I)

Y, viéndote torear,
asomada al palomar
una paloma taurina
no cesa de aletear
como queriendo imitar
tu sin par chicuelina,
o aplaudir
tu verónica trianera
- viento poema de abril -
con rumor a Aguascalientes 
y olor a Guadalquivir . . .

Manuel Benítez Carrasco

La casa en la que nació Calesero hace 100 años
José Alfonso Ramírez Alonzo – así, con “z” está en su partida de nacimiento – nació el 9 de agosto de 1914 en la calle de la Cárcel, hoy el número 506 de la calle de Cristóbal Colón, en el Barrio de Triana o Barrio del Señor del Encino. Hijo del farmacéutico Justo Ramírez Sánchez, y su esposa Rosa Alonzo Parga – también con “z” está en la partida de nacimiento – Alfonso fue el cuarto de cinco hijos, de los cuales, estuvieron ligados a la fiesta Jesús, que fuera por casi cuatro décadas el empresario de la plaza de toros San Marcos y Arnulfo, que pretendió ser novillero en su día y que después fuera un destacado aficionado práctico. El otro varón, Ernesto, fue actor y director cinematográfico y de televisión, siendo conocido internacionalmente como Ernesto Alonso.

Casó el 28 de abril de 1942 con la señora Alicia Ibarra Mora, cuya familia también tenía ligas con la fiesta de los toros, pues en el año de 1948, en sociedad con los hermanos Armillita, Juan y Fermín Espinosa, el padre de ella, Antonio Ibarra Pedroza, funda la ganadería de Santa Rosa de Lima, de la que derivan las actuales de Medina Ibarra y San Isidro.

Del matrimonio Ramírez Ibarra nacieron seis hijos, Alfonso, José Antonio, Francisco, María Alicia, Virginia, Alejandra y Victoria. Los tres varones son matadores de toros, recordándose de Alfonso, que se anunciaba como Calesero Chico, la faena que realizara en la Plaza México al novillo Monarca de San Antonio de Triana el 14 de junio de 1964 y la de José Antonio El Capitán a Pelotero de San Martín el 9 de octubre de 1977, en la decimoséptima novillada de esa temporada. Actualmente un nieto de Calesero, César Alfonso Castro Ramírez también es matador de toros, anunciándose como El Calesa, representando con ello, la tercera generación de matadores de alternativa de esta familia.

Surge El Calesero

A espaldas de la casa de la familia Ramírez Alonso se ubica la calle que fuera conocida como calle de la Asamblea o calle Ancha, que recorre todo el costado Poniente del templo parroquial y del Jardín de la Paz, hoy conocida como la calle de Eliseo Trujillo. Relataba don Rubén Ramírez Cervantes, que en esa calle y en el jardín, los hermanos Rodolfo, Ramón y Julián Rodarte, toreros avecindados en Aguascalientes, pero originarios de Monclova, Coahuila, hacían ejercicio y practicaban el toreo de salón, poniendo en práctica las enseñanzas que recibieran de Enrique Merino El Sordo, banderillero sevillano que actuó en México desde finales del siglo XIX y que estuviera en la cuadrilla de Antonio Montes en la temporada de 1907, cuando el toro Matajaca de Tepeyahualco le infiriera la cornada que a la postre terminó con su vida. Pronto se agregan varios niños y jóvenes que atraídos por la actividad que los Rodarte desarrollaban, pronto se integraron a su ejercicio, iniciándose lo que se considera la primera escuela taurina de nuestra Ciudad.

Los hermanos Rodarte forman una cuadrilla juvenil, patrocinada por el gobernador Isaac Díaz de León y que formaban Rodrigo del Valle El Chino y Alfonso Ramírez, apodado en ese entonces El Cabezón, como matadores y Ricardo García Peña, los hermanos Rubén y Leopoldo Ramírez Cervantes, Manolo García y Juan Jiménez Ecijano de Aguascalientes. La cuadrilla se presenta en la plaza de San Marcos el 9 de agosto de 1927, con un gran triunfo, lo que les lleva a realizar una extensa gira por distintas plazas de la república, destacando la parte de la temporada en la que alternan con los hermanos Pepe y Manolo Bienvenida, que por esas calendas actuaban en México bajo la dirección del inolvidable Papa Negro.

Alfonso Ramírez se separa de la cuadrilla y el 23 de abril de 1930 se presenta como novillero en la feria de abril de su tierra, alternando con Fernando López y Miguel Gutiérrez El Temerario para lidiar novillos de Cieneguilla. El 1 de mayo de ese mismo año se presenta en El Toreo de la Colonia Condesa, en una corrida de concurso, cuyo cartel estaba formado por Manuel Jiménez Chicuelín, Carlos Segura, Manuel Cervantes, Ángel Gómez y Arcadio Ramírez, con novillos de Peñuelas y pese al buen astado que le correspondió, solo pudo demostrar que su toreo de capa no era cosa de todos los días. Con la espada estuvo fatal, sonándole los tres avisos desde el palco. Sobre su actuación de esa tarde, el influyente periodista Carlos Quirós Monosabio sentenció lo siguiente: Alfonso Ramírez será torero el día que a las ranas les salgan pelos

Será hasta 1935 cuando vuelva a El Toreo, apoyado por un comerciante catalán llamado Vicente Lleixá, que para presentarlo con Eduardo Margeli y evitar que éste se negara a programarlo nuevamente, le impone el apodo de El Calesero, mote con el que a la postre, Alfonso Ramírez sería conocido en todo el planeta de los toros. La tarde de su reaparición fue exitosa y le permitió desarrollar una intensa campaña que le llevaría a convertirse en matador de toros.

El 24 de diciembre de 1939, Lorenzo Garza, en presencia de David Liceaga, cede simbólicamente la lidia del primer toro de los de San Mateo corridos esa tarde, llamado Perdiguero. Confirmará ese doctorado en Madrid, en la plaza de Las Ventas el 30 de mayo de 1946, cuando lidiando cinco toros de Arturo Sánchez Cobaleda y uno de Julián Escudero, Pepe Luis Vázquez, con el testimonio de Pepín Martín Vázquez, le cede los trastos a Calesero.

Dentro de su dilatada carrera en los ruedos, Calesero encabezará el escalafón mexicano los años de 1958, 1959 y 1960 y se despidió de la Plaza México el 20 de febrero de 1966, tarde en la que alternó con Manuel Capetillo y Raúl García en la lidia de toros de Valparaíso. El último toro que mató vestido de luces en la plaza más grande del mundo fue Mañanero, del que se le otorgó una oreja. 

No obstante esa despedida, actuó en cinco festejos más, destacando el del 24 de julio de 1966, en Ciudad Juárez, mismo en el que dio la alternativa a su hijo Alfonso y el que Luis Ruiz Quiroz registra como celebrado el 2 de febrero de 1968, en Sombrerete, Zacatecas, alternando con Manolo Espinosa y Manolo Urrutia, corta cuatro orejas y un rabo a los toros de Torrecilla que le tocaron en suerte, siendo esta la última vez que vistió el terno de seda y alamares.

El Poeta del Toreo

Calesero siempre se distinguió por la calidad y la variedad de su toreo durante el primer tercio. Ejecutaba la verónica con gran pureza y aparte de sus creaciones, el farol invertido y la caleserina, era pródigo en la ejecución de una extensa variedad de suertes y de remates, como la larga cordobesa, que le valieron diversos calificativos encomiásticos, perdurando el que le impuso José Alameda, llamándole El Poeta del Toreo

Las Horas Doradas

Detalle de la placa colocada al exterior de la finca
Varias son las efemérides que se pueden recordar en la dilatada trayectoria de Calesero, como la del 15 de febrero de 1942, cuando en la plaza El Progreso, de Guadalajara, cortara las orejas y el rabo al toro Danzante de Rancho Seco; la del 19 de enero de 1946, en Orizaba, cuando actuando al lado de Fermín Rivera y Manolete, ante su brillante toreo de capa, el director de la banda de música le tocó el himno nacional, parando con sus huesos en la cárcel por semejante desacato; o la del 20 de abril de 1958, en El Toreo, ya en Cuatro Caminos, fecha en la que alternando con Manuel Capetillo y José Ramón Tirado, corta dos orejas a uno de los toros de Santacilia que le tocaron en suerte; o la del 18 de enero de 1959, cuando de nuevo en Guadalajara, se lleva las orejas y el rabo de Yuca de Tequiquiápan, actuación de la que Ignacio García Aceves, empresario de El Progreso dijera que de estar Calesero así todas las tardes, sería el dueño del Banco de México.

Pero la cota más alta de su andar por los ruedos del mundo la alcanzó Alfonso el de Triana el día 10 de enero de 1954, fecha de la reaparición de Fermín Espinosa Armillita en la Plaza México, completando la terna de esa tarde otro maestro, Jesús Córdoba, para lidiar toros zacatecanos de Jesús Cabrera. Carlos León tituló así su crónica para el diario Novedades: El Calesero saturó de arte la Plaza México; cortó una oreja, pero mereció el Premio Nóbel de la torería. En la manera epistolar que él acostumbraba, dedicada en este caso don Rodolfo Gaona, nos narra lo siguiente:
…¡Tarde completa y milagrosa, desde el quite al primer toro hasta la triunfal salida en hombros! Izado como un héroe sobre las cabezas de una multitud alucinada, se lo han llevado por las avenidas de la urbe, y para que este homenaje estuviera en consonancia con lo que El Calesero realizó, habría que traerlo en hombros durante todo el resto de la semana, hasta volver a depositarlo sobre la arena del circo monumental… ¡Qué alegría siente el aficionado cuando triunfan los auténticos artistas del toreo! Estoy seguro de que usted, si hubiera contemplado lo que en los tres tercios de la lidia realizó el diestro hidrocálido, habría sentido una gran emoción estética y, muy en lo íntimo, la satisfacción de ver resurgir a quien es capaz de seguir su escuela y continuar el dogma artístico que usted dejó como ejemplo de lo que debe ser el arte del toreo. Pues en esta tarde tan maravillosa que nos ha dado Alfonso Ramírez, no creo equivocarme al asegurar que usted hubiera sido el primero en decir: ¡Boca abajo todo el mundo, que ahí está uno de mis herederos!... He de confesarle, maestro, que hacía muchos pero muchos años que yo no sacaba el pañuelo en demanda de la oreja. Y hoy, ¡con qué alborozo me he unido al clamor popular, celebrando el renacimiento de un auténtico torero! La concesión del apéndice parecía poca cosa, pues para estos casos insólitos y ejemplares del bien torear, habría que ir pensando en inventar trofeos igualmente singulares. Pero, en esas dos vueltas al ruedo y en ese saludar desde los medios, se hará justicia a quien ha triunfado al fin en el ruedo de la metrópoli…
La partida de nacimiento de Calesero
Se pueden recordar también sus actuaciones en Maracay de 1956, cuando junto a Luis Miguel Dominguín y César Girón, Calesero corta las dos orejas al primero de los toros mexicanos de El Rocío, para salir a hombros; la que resultara su despedida de Caracas en 1957 con Curro Girón y Antonio Ordóñez, ante toros de Peñuelas; otra tarde en Guadalajara, de nuevo con toros de Tequisquiapan, el primer día de 1961, cuando mano a mano con Pepe Cáceres corta otro apéndice caudal, o su gran faena a Tarasco de San Mateo, también en El Progreso el 16 de diciembre de 1962, o las ocho orejas y un rabo de la despedida en Aguascalientes, el 13 de febrero de 1966. 

Después de que dejó de vestir de luces, Calesero actuó en un gran número de festivales benéficos. Uno de los que trascendieron, fue el organizado por Filiberto Mira y la cadena radiofónica SER organizaron en beneficio de las obras asistenciales de Radio Sevilla. Tuvo lugar el 18 de octubre de 1980 y actuaron en él Álvaro Domecq Romero, para enfrentarse a un novillo de Fermín Bohórquez y a pie, Calesero, Manolo Vázquez, Curro Romero, José María Manzanares, Tomás Campuzano y Manolo Tirado, para lidiar novillos de Juan Pedro Domecq, asunto del que ya me he ocupado en esta bitácora.

El día de mañana, dada su extensión, concluyo con estos apuntes.

domingo, 4 de mayo de 2014

Las alternativas en la plaza de toros Monumental Aguascalientes

La plaza de toros Monumental Aguascalientes cumple 40 años de haber sido inaugurada el 23 de noviembre de este año. Durante los próximos meses recordaré algunos de los fastos ocurridos en su redondel. El primero de ellos consiste en que el toro que se mató en lo que en esos días era la nueva plaza de toros Monumental, fue un toro de alternativa. Pasadas cuatro décadas, dieciocho son los toreros que han sido investidos como matadores de toros en su ruedo y once de ellos vieron la primera luz en esta Ciudad. 

Con esa base, pasemos pues a revisar esta parte de la historia nuestra plaza y recordemos que en su momento, las alternativas aquí reseñadas representaron el momento en el que se culminaron en todo o en parte, los sueños de esos once toreros que las recibieron.

La alternativa

Los aficionados a los toros hemos presenciado en varias oportunidades la ceremonia por la cual, el matador de toros con más antigüedad en el cartel, al iniciar el último tercio de la lidia, entrega a un novillero muleta y estoque, a cambio del capote de brega y tras de dirigirle unas palabras más o menos breves, sella la entrega de esos trastos con un abrazo a quien a partir de ese momento asciende en el escalafón taurino a la categoría de Matador de Toros. Históricamente no es posible precisar la fecha en la que se otorgó la primera alternativa y así lo señala don José María de Cossío:
...no se puede precisar la fecha en que esta ceremonia se hace con tal rito, pero, sin duda, el hecho de alternar se consideró, desde que se organiza el espectáculo, como alternativa, y el acto de ceder al toro es muy propio de la política y cortesía de los diestros, y aunque sin carácter de obligación debió de practicarse desde tiempos muy antiguos...
Esta situación a la que hace referencia Cossío, nos ilustra que previo al formalismo que reviste hoy al otorgamiento de una alternativa, había una serie de normas consuetudinarias, inveteradas, que revestían un cierto carácter gremial. Así, se iniciaba el aprendizaje como banderillero al lado del maestro, que tenía calidad de espada. Una vez que ese maestro estimaba que el aprendiz era apto para dar una lidia completa a los toros, éste le permitía matar alguno en forma ocasional, adquiriendo el aprendiz la categoría de media espada y al paso del tiempo, si sus aptitudes seguían creciendo, se convertiría en espada y así se iniciaría de nuevo el proceso de la enseñanza taurina, pues ese nuevo espada, se suponía que procedería de igual forma con sus banderilleros. 

La cuestión de la alternativa vendrá a cobrar importancia cuando para el año de 1864, El Chiclanero, apoyado en una cláusula de su contrato, pretende ser primer espada en las corridas del abono madrileño. Cúchares por su parte, aducía que por antigüedad le asistía ese derecho. Total que nadie se puso de acuerdo y al tocar a matar al primer toro que se lidió, compartiendo ellos cartel, los dos intentaron hundirle la espada. Cúchares al final fue el que lo logró, pero creo firmemente que es este el momento en el que se hizo necesario el adoptar una tradición que aparte de dar lucimiento al advenimiento de un nuevo matador de toros, permitiera tener una referencia temporal definida que permitiera establecer el orden de la actuación de los toreros.

Así pues, no debemos perder de vista que la alternativa de un torero, en si es un acontecimiento trascendente y como tal, merece un capítulo aparte en la historia de la fiesta y veremos que en la que ahora como grupo taurino organizado tratamos de bosquejar, no pueden quedar sin repaso las de Fermín Espinosa Armillita, Eduardo Liceaga, Jesús Salazar, Ricardo Sánchez, Luis Fernando Sánchez, Pedro Loredo, Roberto Fernández El Quitos, David Bonilla, Héctor de Granada, Jorge Mora, Fernando Ochoa, Javier Gutiérrez El Cachorro, Gerardo Gaya, Fabián Barba, Arturo Macías, Jairo Miguel, Mario Aguilar y Gerardo Adame toreros todos que iniciaron su camino como matadores de toros, en la plaza de toros Monumental Aguascalientes.

Los catecúmenos

Alternativa de Fermín Espinosa Armillita
23 de noviembre de 1974
Fermín Espinosa Armillita: Recibió la alternativa en la corrida inaugural de la plaza, el 23 de noviembre de 1974. Se la otorgó Manolo Martínez en presencia de Eloy Cavazos. El toro de la cesión fue Hidrocálido de Torrecilla. Confirmó su alternativa en la Plaza México el 4 de enero de 1976 de manos de Manuel Capetillo y actuaría como testigo Curro Rivera. El toro de la ceremonia se llamó Don Chón, de las dehesas del ingeniero Mariano Ramírez. Se despidió de los ruedos en la misma plaza de su alternativa el 3 de mayo de 2002 alternando con Eulalio López Zotoluco y Julián López El Juli. El último toro que mató vestido de luces fue Salmantino, de Los Encinos.

Eduardo Liceaga: En corrida nocturna celebrada el jueves 24 de abril de 1975, Mariano Ramos como padrino y Humberto Moro hijo como testigo le hacen matador de toros con toros de Tequisquiapan. Confirmó su sanmarqueña alternativa en la Capital el 25 de enero de 1976, de manos de Manuel Capetillo y llevando como testigo a Curro Rivera. Los trastos le fueron cedidos para que matara al toro Er Canti, de Cerro Viejo.

Jesus Salazar: Mariano Ramos, su compañero en las lides charras, en presencia del diestro colombiano Juan Gómez, le cede los trastos la tarde del 29 de abril de 1978. Ese día se lidió un encierro de Tequisquiapan del que destacó el tercer toro de la tarde, el número 378, nombrado Molinero, a mi juicio uno de los más bravos que se han lidiado en la historia de la plaza.

Jesús Salazar nunca confirmó su alternativa en la Capital de la República, aunque si actuó en la Plaza México como matador de toros el 29 de abril de ese 1990, en una corrida organizada por el Patronato Taurino del Distrito Federal, en la que, con la complicidad de la Asociación de Matadores, a Jesús y a otros ocho toreros, se les negó el derecho a esa confirmación, so pretexto de que tanta ceremonia restaría seriedad a esa plaza. Esa tarde lidio al toro Chorchero de Manuel de Haro.

Ricardo Sánchez: Es el 1º de mayo de 1982 que Manolo Martínez concedería la última alternativa de su primera etapa en los ruedos, llevando como testigo Manolo Arruza. Los toros para la ocasión fueron de la ganadería de Los Martínez. Ricardo confirmó su alternativa en la Plaza México el 17 de junio de 1983, cuando Mariano Ramos le cediera los trastos para despenar a Flamenco de Manuel Labastida, ante el testimonio del hispano Antonio Sánchez Cáceres. Se despidió de los ruedos el 28 de abril de 1996 en la misma plaza Monumental, siendo el último toro de su carrera, Ingeniero de Real de Saltillo, al que cortó las dos orejas.

Luis Fernando Sánchez: Asciende a matador de toros el día de San Marcos de 1983. Le apadrinó Antonio Lomelín, ante el testimonio de Miguel Espinosa Armillita Chico y el toro de la ceremonia fue Veintiuno, número 241, de Begoña. Confirmó su alternativa el 3 de febrero de 1995, cuando en la Plaza México, Curro Rivera le cediera los trastos para finiquitar a Apóstol de Reyes Huerta, ante Pedro Gutiérrez Moya El Niño de la Capea. Se despidió de los ruedos en la plaza de su alternativa el día 3 de mayo de 2003, cortándole las orejas al último toro que mató vestido de luces de la ganadería de De Santiago.

Pedro Loredo: Logró la alternativa en la Monumental el 7 de mayo de 1983, actuando como padrino Curro Rivera y como testigo Ricardo Sánchez, siendo los toros de Torrecilla.

Roberto Fernández El Quitos: El 22 de abril de 1986, José Antonio Campuzano, en presencia de Jorge Gutiérrez le cedió los trastos para dar muerte al toro número 22, con 482 kilos de peso, nombrado como Caramelo del hierro de La Paz. Confirma su alternativa en la Capital el 5 de febrero de 1993, de manos de Alejandro del Olivar y llevando a Germán Garza como testigo, con el preludio ecuestre de José Antonio Hernández Andrés, siendo los toros anunciados para lidiarse de Jorge de Haro. El toro de la confirmación fue Quitamoños.

David Bonilla: Su alternativa fue el día 16 de noviembre de 1983, actuando como padrino Manolo Arruza y como testigo Ricardo Sánchez, correspondiendo a la terna enfrentarse a un encierro de Torrecilla. El toro de la ceremonia se llamó Recuerdo, marcado con el número 54 y con 450 kilos de peso. David Bonilla se despidió de los ruedos en un festival celebrado en la plaza de toros San Marcos el 19 de octubre de 2008.

Héctor De Granada: El 24 de abril de 1988 el reaparecido Manolo Martínez, en presencia de Miguel Espinosa Armillita Chico, le cedería al primero de los de Begoña que se lidiaron esa tarde, llamado Doble A. Cabe señalar, que es la de Héctor de Granada, la primera alternativa televisada en directo desde la Monumental. Confirma en la Plaza México el 11 de marzo de 1990, de manos de Paco Doddoli y llevando como testigos a Pepe Murillo y a Arturo Díaz El Coyo, quien confirmó también en esa fecha. El toro de la ceremonia fue de Valparaíso y se llamó Duende

Exterior de la plaza. Monumento a
Rafael Rodríguez El Volcán de Aguascalientes
Jorge Mora: Su alternativa tuvo lugar el 24 de abril de 1995, siendo otorgada por Eloy Cavazos en presencia de David Silveti. El toro de la ceremonia fue Debutante, de De Santiago, número 29 y con 504 kilos de peso. La confirmó en la Plaza México el 23 de abril del año 2000 con el toro Profeta de San Manuel, siendo su padrino Alfredo Ferriño y llevando como testigo a Víctor Santos. Jorge Mora se despidió de los ruedos el 28 de noviembre de 2013 en el marco de un festival taurino celebrado en la plaza de toros San Marcos.

Fernando Ochoa: Su alternativa se programó inicialmente para el 25 de diciembre de 1995, pero el clima obligó a posponerla para el 7 de enero de 1996, siendo su padrino Miguel Espinosa Armillita Chico y atestiguando Javier Conde. El toro de la cesión fue Asturiano, de la Viuda de Emilio Fernández. Confirmó su alternativa en la capital mexicana el 4 de febrero de 1996, cuando entró a sustituir a Eloy Cavazos en un cartel que completaron Miguel Espinosa Armillita Chico y José Miguel Arroyo Joselito, siendo el toro de la ceremonia Amor Grande. Fue el primer torero alternativado en la Monumental en torear en ruedos europeos y se cortó el simbólico añadido ayer 3 de mayo de 2014 en Juriquilla, Querétaro. El último toro que mató fue Golondrín, número 62, de Fernando de la Mora, de regalo, al que cortó las dos orejas.

Javier Gutiérrez El Cachorro: Recibió la alternativa el 27 de noviembre de 1999, en la corrida con la que se celebraba el XXV Aniversario de la plaza Monumental. Su padrino fue Julián López El Juli, que por primera vez oficiaba como padrino y como testigo actuó Jerónimo. El toro de la ceremonia fue Garambullo de Xajay, número 652 y con 495 kilos de peso. Una inoportuna cornada recibida el 15 de abril de 2001 en Ciudad Juárez, que le causó una seria lesión en la columna vertebral y al parecer, le quitó de torero. 

Gerardo Gaya: Recibe la alternativa el 27 de abril de 2000. Su padrino fue Eulalio López Zotoluco y ofició como testigo El Juli, correspondiendo a la terna un encierro potosino de De Santiago. El primero de la tarde se llamó Idealista, herrado con el número 101 y anunciado como de 480 kilos de peso. Hasta donde tengo conocimiento, después de esta tarde Gerardo Gaya no volvió a vestir el terno de luces como matador de toros.

Fabián Barba: Recibe la alternativa el día 26 de abril de 2003, de manos de José María Luévano, quien en presencia de Ignacio Garibay le cede al toro Aprendiz, cárdeno carbonero, número 374, con 518 kilos de peso, de José María Arturo Huerta, en tarde, en la que actuara también el rejoneador Fermín Bohórquez. Confirma su doctorado en la Plaza México el 30 de noviembre de 2003, apadrinándole Jorge Gutiérrez y atestiguando la ceremonia el albaceteño Manuel Caballero, recibiendo los trastos para finiquitar al toro Lindos Ojos, de 482 kilos de peso, también de José María Arturo Huerta.

Arturo Macías: El 7 de mayo de 2005, José Luis Angelino, en presencia de Israel Téllez y Pedro Gutiérrez Lorenzo El Capea, le hace matador de toros, cediéndole al toro Cortijero número 553, de 481 kilos, de Xajay. Confirma en la México el 21 de mayo de 2006 con el toro Cordobón, de Barralva, de 529 kilos, siendo su padrino Leonardo Benítez y fungiendo como testigo el también confirmante Guillermo Martínez. Es el primer diestro alternativado en la Monumental en confirmar en la plaza de Las Ventas en Madrid, lo que hizo el 11 de mayo de 2010, cuando Miguel Abellán, en presencia de César Jiménez le cedió al toro Juntaollas de Martelilla.

Jairo Miguel: Recibe la alternativa el 3 de mayo de ese 2008 de manos de Eloy Cavazos, con el testimonio de Eulalio López Zotoluco. El toro de la ceremonia se llamó Talismán, número 519, con 479 kilos de peso y como los demás de la tarde, fue de la ganadería queretana de Bernaldo de Quirós. Confirmó su alternativa en Las Ventas el 9 de junio de 2011,  con el toro Aguilucho de Antonio Bañuelos, le apadrinó Víctor Puerto y fungió como testigo Pedro Gutiérrez Lorenzo El Capea.

Monumento a Miguel Espinosa Armillita Chico
Mario Aguilar: Recibe la alternativa el 1º de noviembre de 2009, siendo su padrino Sebastián Castella y fungiendo como testigo Joselito Adame. El toro de la ceremonia se llamó Cafetero de Bernaldo de Quirós. Confirmó en la Plaza México el 31 de enero de 2010 con el toro Tamarindo, también de Bernaldo de Quirós. Le apadrinó Julián López El Juli y fungió como testigo Arturo Macías.

Gerardo Adame: El 29 de abril de 2011 es investido como matador de toros por Miguel Ángel Perera, quien en presencia de Arturo Macías le cede al toro Vuela Alto de Teófilo Gómez.

A manera de conclusión

La historia de nuestra Monumental se seguirá escribiendo. Esperemos que se sigan otorgando en su redondel la alternativa a toreros que ocupen siempre un sitio de privilegio en la fiesta.

domingo, 27 de abril de 2014

Ponerse donde queman los pies…

No es mi costumbre publicar en esta bitácora cuestiones relativas a la actualidad inmediata, pero el pasado jueves tuvimos aquí en Aguascalientes un acontecimiento que creo que no debo dejar perderse en la noche de los tiempos, así que me tomo la libertad de comentarlo aquí de manera excepcional.

Toreros quieren el arte y la fiesta. Con toreros – unos seres especiales que hacen de su oficio liturgia y lo viven con la fe propia de los catecúmenos – la tauromaquia no estaría en cuestión ni los taurinos bajo sospecha.
Joaquín Vidal


Asistir a la presentación de un libro resulta es azaroso. Puede uno encontrarse con que quienes tienen a su cargo la tarea de comunicar a la concurrencia simplemente recurran a la repetición de los textos concentrados en la obra o que saliéndose por peteneras, intenten entretener a la audiencia con el repaso de algún anecdotario relacionado con el autor o alguno de los personajes relacionados con el libro en cuestión, pero asumir las aristas humanas que tiene toda obra impresa destinada a circular es difícil y más aún, el transmitirlas a quienes asisten a esta clase de eventos.

La tarde del pasado miércoles, el primer patio de la antigua Escuela Normal del Estado, hoy Museo de la Ciudad de Aguascalientes, albergó una de las presentaciones en las que las fibras sensibles y las impresiones intelectuales se movieron en un sentido positivo, cuando por supuesto José Tomás y antes, Francisco González, Director del Grupo Milenio y editor de la versión mexicana de Diálogo con Navegante, expusieron, éste último los motivos de publicar el libro en un plazo breve – 45 días – de este lado del Atlántico y por supuesto, el torero, lo que se puede considerar el decálogo de su decurso por los ruedos del mundo…

Ponerse donde queman los pies…

José Tomás condensó en algo más de seis minutos lo que significa para él el ser una figura del toreo y construyó su discurso a partir de un diálogo sostenido la mañana del lunes 28 de febrero de 1994 en la cafetería del Hotel Francia – el tradicional y añorado Café de Andrea, que al final de ese mismo año sucumbió a los embates de lo que hemos dado en llamar el progreso – al día siguiente de su presentación como novillero en la plaza de toros San Marcos. Su interlocutor en esa oportunidad fue Andrés García El Cholula, aficionado a los toros y asiduo del café quien, dijo el torero, le recomendaba: siempre que te vistas de luces y te ates los machos, hazlo con la intención de ponerte en el sitio donde queman los pies.... Y le ponía como ejemplo de aquellos que se ponían allí a sus admirados Lorenzo Garza, Silverio Pérez y Manolo Martínez quienes sin duda, son y han sido gente en esto.

También nos hizo saber José Tomás que le recordaba El Cholula que el riesgo es un elemento esencial de la fiesta de los toros y que como tal, es condicionante para encontrar el arte en ella, tanto así, que el torero que pretenda crear arte, tendrá que moverse en dirección contraria a la que su instinto le sugiere, pero siempre, siempre, respetando al toro, porque cuando al toro se le pierde el respeto, la fiesta pierde su sentido y los resultados pueden ser trágicos. 

Hace veinte años, un muchacho de dieciocho que venía cargado de ideales, quizás no encontró de pronto mucho sentido a lo que Andrés García le intentó explicar esa mañana de lunes cuando José Tomás leía el pie de foto de un diario local que señalaba que había impactado por su quietud. Sin embargo, el tener presentes esas palabras dos décadas después demuestra que tenía bien claro que el escuchar y aprender eran herramientas útiles para alcanzar esos ideales. Al menos a mí hoy, eso me queda bien claro.

Se siempre fiel a tus sentimientos, a tus principios...

Uno de los distintivos de José Tomás durante su carrera ha sido la independencia con la que se ha manejado. No se conduce con metas cuantitativas, sino cualitativas y esa es una cuestión que en estos tiempos que corren causa enormes quebraderos de cabeza a quienes difunden, estudian y promueven las cosas de los toros debido a que hacia las masas, la cantidad prima sobre la calidad. Hoy ya no cuenta tanto en donde se torea, sino cuanto se torea. Y la mayoría cifra su valuación de torero en ese baremo de cantidad. 

José Tomás, siguiendo esa línea de fidelidad a lo que siente, a lo que considera los cimientos de su ser y de su estar en la vida y en el toreo, ha preferido mantener una línea de actuación en donde la calidad sea primero y la cantidad lo que menos tenga que ver. Eso no le ha granjeado amistades precisamente en lo que Antonio Díaz – Cañabate llamara en su día el planeta de los toros, pero precisamente ese no dejarse llevar por los poderes que manejan al mundo del toro – otra recomendación o consejo de El Cholula – es lo que le ha dado ese halo de autenticidad que cautiva y que le hace ser único.

Andrés García El Cholula

Me cuenta el memorioso – y mejor amigo –, don Gustavo de Alba que Andrés García El Cholula, fue un comerciante en chiles secos, granos y semillas – y una especie de enólogo amateur en la trastienda de su bar Las Vegas, ubicado en la segunda calle del 5 de Mayo de esta ciudad, entre Rivero y Gutiérrez y Unión – que formó parte de una tertulia integrada entre otros por Héctor de Granada padre, novillero retirado y al paso del tiempo, gerente de la empresa taurina de Aguascalientes; Melesio González, empresario de boxeo y lucha libre, amigo del que fuera campeón mexicano de peso ligero Bernabé Babe Vázquez, quien también participaba en el grupo en sus visitas a Aguascalientes; Alfonso Pedroza La Gripa y Arturo Muñoz La Chicha, banderilleros retirados; José Luis Ornelas, novillero retirado y hoy en día, corresponsal de un diario capitalino; Francisco Iriarte El Buchacón; Andrés Díaz El Picorete, novillero retirado; el abogado Manuel de Alba; Jesús Chito Ponce; Alejandro Cervantes La Santa, mozo de estoques del matador Rafael Rodríguez, quien ocasionalmente se unía al grupo y Felipe García Felipillo, también ayuda del Volcán de Aguascalientes entre los más notables.

En esa especie de academia cafeinómana es probable que El Cholula haya abrevado los principios que le transmitió a José Tomás esa mañana del 28 de febrero de hace 20 años.

Transparencia ante todo

Hace algo más de cuatro años, escribía a propósito de la presentación de las actividades Fundación José Tomás en Aguascalientes que tras de conversar brevemente con el torero sus intenciones revelaban transparencia y sinceridad en sus propósitos. Hoy, sin cruzar una palabra con él puedo afirmar que nada de mi apreciación ha cambiado. Al contrario, se ha reforzado al escuchar las líneas que rigen su actuación dentro y fuera de los ruedos y al contrastarlas – de memoria – con los hechos de su historia.

La presentación de la versión mexicana de Diálogo con Navegante es una de esas a las que da gusto haber asistido, de las que se lamentaría uno no haber asistido y de las que hablará uno mucho después de haber asistido. Sin duda, uno de los grandes hitos de este muy taurino año 2014.

El vídeo

El vídeo con la alocución completa de José Tomás lo pueden ver en esta ubicación. Dura algo más de seis minutos.
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