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domingo, 24 de mayo de 2020

Historias negras de la Plaza México (I)

28 y 29 de abril de 1990. Dos corridas ignominiosas

Interior de la Plaza Mëxico
El martes 26 de abril de 1988 se anunció por la propiedad de la Plaza México que el contrato que tenía celebrado con la empresa Sol y Sombra, dirigida por el doctor Alfonso Gaona, había concluido y que éste no sería renovado. Por su parte, el empresario aseguraba que todavía quedaba un año de vigencia del arrendamiento celebrado. El resultado fue que el gran coso quedó cerrado prácticamente un año, entre litigios, rumores de que sería demolido para construir allí un centro comercial y propuestas de algunos de que se expropiara por ser ya patrimonio cultural de la Ciudad de México.

Discretamente – por no decir en la sombra – un grupo de políticos, aficionados y taurinos, operaron para lograr que la plaza se reabriera. El Jefe del Departamento del Distrito Federal, Manuel Camacho Solís, alentado por él ex – gobernador de Tlaxcala, Tulio Hernández Gómez, ideó la integración de un Patronato que se hiciera cargo de las cosas de la plaza, mismo que fue presidido por Salvador Trueba Rodríguez y en el que participaron personalidades como Javier Jiménez Espriú – sí, es el que Ustedes están imaginando – y en la parte operativa, Eduardo Azcué, Jesús Arroyo y el torero retirado Joselito Huerta.

La primera actividad del Patronato, en unión del Gobierno de la Ciudad de México fue la de tomar posesión de la plaza, juntamente con la afición, lo que se hizo de manera simbólica el 5 de febrero de 1989 y se dio una corrida de toros el 28 de mayo de ese año. Posteriormente se organizó una temporada de novilladas, para enseguida dar la temporada de corridas de toros que da pie a que yo meta los míos.

La temporada 1989 – 1990

Fue la única que organizó el Patronato, constó de veintiuna corridas; en ese ciclo se confirmaron catorce alternativas, once a toreros mexicanos y tres a diestros españoles y se concedieron dos alternativas, la de Enrique Garza y la del rejoneador Rodrigo Santos.

Pero el Patronato en alguna forma pagó el noviciado en materia de organización de festejos. Daniel Medina de la Serna, en el tercer volumen de Plaza México. Historia de una Cincuentona Monumental, refiere lo siguiente:
…el Patronato se había puesto a firmar, a tontas y a locas, contratos con todo matador, de la categoría que fuera, que llegara a solicitárselo, así que tenía un montón de diestros que le exigían el cumplimiento de dichos compromisos por lo que se ideó dar dos corridas, con siete alternantes cada una, ofreciéndoles que el que quisiera podía intervenir en ellas con la condición de no confirmar la alternativa para que fueran menos los candidatos a vestirse de toreros…
Al final de cuentas, diez toreros, Javier Tapia El Cala, Alfredo Gómez El Brillante, Jorge Carreño, Manuel Lima, Roberto Ramírez El Oriental, Mele Barbosa, Jesús Salazar, Gerardo Vela, Ángel Meraz Angelillo y Jorge Carmona, aceptaron la inusitada oferta y decidieron salir a torear sin refrendar la dignidad de su doctorado.

El reglamento vigente en esas fechas en el entonces Distrito Federal establecía:
ARTICULO 86. – Se respetará estrictamente el orden de alternativa y ésta debe ser confirmada en las plazas de primera categoría…
ARTICULO 112. – Las estipulaciones contenidas en los contratos que se celebren con motivo de festejos taurinos o en los acuerdos o convenios que se relacionen con los mismos, no impedirán el cumplimiento de las disposiciones del Reglamento. (DOF 11/septiembre/1987)
Entonces, tanto el Patronato, como las autoridades delegacionales y la Comisión Taurina, presidida esos días por Luis Niño de Rivera, perpetraron una flagrante violación al Reglamento Taurino vigente y definitivamente, ofendieron la dignidad de los toreros a los que negaron el derecho que les asistía, para confirmar sus alternativas, pues se dijo en los medios que tantas ceremonias en un mismo festejo, iban en contra de la categoría de la plaza. Como incentivo a los actuantes, se estableció que el octavo toro del festejo lo mataría el más destacado de los siete alternantes.

El festejo del 28 de abril

Se anunció una corrida de San Mateo para Javier Tapia El Cala, con alternativa del 9 de mayo de 1976 en Durango, Alfredo Gómez El Brillante, alternativado el 3 de marzo de 1979 en Pachuca, Jorge Carreño, doctorado el 16 de marzo de 1980 en Tapachula, José Lorenzo Garza, que recibió los trastos en León el 17 de enero de 1982, Manuel Lima, quien recibió la alternativa en San Luis Potosí el 22 de septiembre de 1984, Roberto Ramírez El Oriental, con alternativa en Torreón el 23 de marzo de 1987 y Mele Barbosa que se doctoró el 09 de febrero de 1988 en Villa de Álvarez.

Al final se lidiaron solamente dos toros de San Mateo (1º y 2º) y seis de San Marcos. De los diestros actuantes, solamente José Lorenzo Garza había confirmado su alternativa. Lo hizo el 11 de septiembre de 1983, entonces, en una mecánica lógica del festejo, debió confirmar a El Cala en el primero de la tarde y a partir de allí, Javier Tapia debió retomar su antigüedad y confirmar a los demás, pero como El Cala fue herido por el toro que mató ingresando a la enfermería, Garza tendría que haber confirmado también a El Brillante, que nuevamente, por antigüedad, sería el encargado de confirmar a los demás, pero eso no ocurrió así. Mele Barbosa mató al octavo de la tarde, no obstante haber sido herido por el que le tocó en el sorteo.

La corrida del 29 de abril

El encierro anunciado para este día fue de don Manuel de Haro y los siete actuantes serían Cruz Flores, doctorado en San Juan del Río el 13 de junio de 1976, Jesús Salazar, con alternativa en Aguascalientes el 29 de abril de 1978, Gerardo Vela, alternativado en Durango el 26 de septiembre de 1978, Gerardo Montejano, con alternativa en León el 12 de diciembre de 1980, Ángel Meraz Angelillo, con cesión de trastos en Motul el 05 de julio de 1981, Jorge Carmona, alternativado en Zacatecas el 16 de septiembre de 1986 y Pablo Curro Cruz, con alternativa en la Plaza México el 26 de abril de 1987.

Los toreros de esta corrida que estaban en la situación de confirmar eran Jesús Salazar, Gerardo Vela, Angelillo y Jorge Carmona y la cuestión del apadrinamiento estaba menos confusa, porque el más antiguo del cartel era Cruz Flores, que tenía su alternativa confirmada desde el 5 de marzo de 1978. Al final se lidiaron 7 toros de don Manuel de Haro y uno de su hijo Jorge (5º), sustituto del titular, devuelto por manso, mismo que se le fue vivo a Angelillo. Jorge Carmona mató el octavo toro en premio a su actuación en el que sacó en el sorteo.

El día después

Javier Tapia El Cala, Jesús Salazar, Gerardo Vela, Alfredo Gómez El Brillante, Jorge Carreño, Ángel Meraz Angelillo y Mele Barbosa no volvieron a pisar el ruedo de la Plaza México vestidos de luces. Jorge Carreño es rejoneador en la actualidad.

Manuel Lima nada más regresó a confirmar su alternativa el 29 de octubre de 1995; Jorge Carmona confirmó el 7 de junio de 1992 y volvió por última vez el 14 de octubre de 1993, para llevarse una grave cornada de Aguamiel de Espíritu Santo, actualmente enseña el toreo en su natal Zacatecas; por su parte, Roberto Ramírez El Oriental volvió para confirmar el 28 de septiembre de 1995, cambió el oro por la plata y actualmente está retirado de los ruedos.

Cruz Flores había toreado diez corridas en la gran plaza antes de la que hoy me ocupa y varias en carteles de gran fuste. Incluso, el 5 de febrero de 1979, indultó al toro Simpatías de Reyes Huerta, pero no sostuvo el paso, todavía volvería una tarde más. Falleció el 9 de diciembre de 2004. Gerardo Montejano ese día tuvo la segunda de sus tres tardes en la México. Para José Lorenzo Garza fue la última de las tres corridas en las que actuó en la gran plaza y Pablo Curro Cruz también terminó ese día su historia en el coso de la colonia Nochebuena.

Finalizando

Hay oportunidades que no lo son. Los dos festejos que aquí intento reseñar le sirvieron al Patronato que hacía empresa únicamente para librarse de una serie de contratos celebrados de manera irresponsable, pero al mismo tiempo le causaron daño a la dignidad de los toreros y a la integridad de la fiesta.

También representaron una flagrante violación a la normatividad que regulaba los festejos taurinos en la fecha en que los hechos se produjeron, con la complicidad de las autoridades y las asociaciones que se suponen que defienden los intereses profesionales de los diestros, que a ciencia y paciencia permitieron que se perpetrara ese atentado contra la entidad de sus agremiados.

Esto que hoy les cuento ya es una triste historia. Espero que se haya aprendido de lo sucedido y que en el futuro, no se vuelva a repetir.

domingo, 1 de septiembre de 2019

Incuria empresarial

Raúl Contreras Finito
Axioma de esta fiesta es el que para que el escalafón llamado mayor se renueve, se tienen que dar novilladas. Es también algo incontestable que en términos de pesos y centavos, esos festejos menores en la mayoría de los casos no son rentables. Pero también es algo que no se puede rebatir, que si no se invierte en el futuro de la fiesta, la estamos condenando a la extinción.

Todo esto lo traigo a cuento porque entre la Ley de Espectáculos de la Ciudad de México y su Reglamento de Espectáculos Taurinos, por una razón atávica, se fija como fecha para el inicio de la temporada de corridas de toros el primer domingo de noviembre y antes de esa fecha, la empresa encargada de ofrecer esa serie de festejos, para obtener la autorización administrativa correspondiente, debió ofrecer a la afición un mínimo de 12 novilladas. Los dispositivos legales no señalan si deben ser con o sin picadores y por esa razón, en el último par de años, la empresa encargada de los destinos de la Plaza México ha intercalado festejos de una y otra clase para salir del paso y poder obtener así los permisos correspondientes.

El problema real reside en ese salir del paso. Hace algunos años, quizás muchos ya, las temporadas de novilladas constaban de 25 o 30 festejos y se iniciaban una o dos semanas después de que concluía la de corridas de toros. En esos festejos se programaba a novilleros que en las plazas de la República habían destacado, por lo que salir a torear al coso más grande del mundo era una especie de premio. Y lo hacían ante entradas respetables, de media plaza hacia arriba, y surgían muchachos que despertaban el interés de la afición y en más de alguna temporada surgió algún torero que adquirió al paso del tiempo el carácter de “figura del toreo”. Pero había voluntad de las empresas que gobernaban los destinos de la gran plaza por encontrar quienes les ayudaran a seguir adelante con su negocio.

Hoy las cosas parecen tomar un derrotero distinto. No se muestra otro interés más que el de programar a determinadas figuras que tienen ya más de un cuarto de siglo ocupando posiciones en los carteles de importancia. Las fechas que eran tradicionalmente para festejos postineros, o se dejan sin toros o se reservan para programar carteles sin atractivo alguno. Las plazas de la República en las que tradicionalmente se daban novilladas ya las ven de cuando en cuando y con una serie de carteles cerrados, sin aliciente para los triunfadores que tras de torear su tarde anunciada, saben que pasará un largo tiempo para que se vuelvan a vestir de luces.

Cuando no había escuelas taurinas, era posible dar esas 25 o 30 novilladas en la Plaza México cada año. Hoy, habiéndolas en una buena cantidad de municipios del país, resulta incomprensible que se deje para la última hora y a las carreras la programación de apenas una docena de festejos para cumplir con la ley. Entiendo, como decía al principio, que al corto plazo, quizás las novilladas no satisfagan las expectativas económicas de un consorcio empresarial, pero eso no debe ser visto como un “gasto”, sino como una “inversión” en el futuro, porque de no hacerla el día en que esas “figuras” de hace más de 25 años se vayan de los ruedos, ¿qué quedará por hacer?

Se me podrá acusar de quedarme viendo “para atrás”, pero hace años (temporada 1964 – 1965) surgió un novillero que merece ser recordado y que demuestra que las novilladas pueden generar interés. Me refiero a Raúl Contreras, Finito. En el desaparecido Progreso de Guadalajara, toreó seis tardes seguidas y fueron seis llenos. Aquí un resumen de esas tardes:

11 de octubre de 1964 (Inauguración de temporada). – Novillos de Cerro Viejo. Raúl Contreras, Finito, Manolo Rangel y Ricardo García. Finito una oreja a Tejocote y a Respetuoso, y Manolo Rangel las dos al quinto de nombre Tejedor.

25 de octubre de 1964. – Novillos de Cerro Viejo. Raúl Contreras Finito, Alfonso Ramírez Calesero Chico y Javier Liceaga. Finito le corta las dos orejas al 4º Bordador.

22 de noviembre de 1964. – Novillos de Matancillas. Juan Clemente, Jesús Solórzano y Finito. Raúl Contreras, Finito le corta las dos orejas al 6º, Tepiqueño y sale a hombros de la plaza.

6 de diciembre de 1964. – Novillos de Cerro Viejo. Finito mano a mano con Manolo Rangel. Manolo Rangel corta la oreja del 6º, Carretero y Raúl las dos de uno de regalo y los dos salieron a hombros.

13 de diciembre de 1964. – Novillos de Garfias. Finito, Manolo Rangel y Rafael Muñoz Chito. El novillo Gaitero de don Javier Garfias, le pegó una cornada grave a Finito.

25 de diciembre de 1964. – Novillos de Jesús Cabrera. Jesús Solórzano, Finito, Manolo Rangel y Rafael Muñoz Chito. Novillada del Estoque de Plata. Raúl Contreras Finito, se llevó a su casa el trofeo y las dos orejas de Agujetas, estupendo ejemplar de don Jesús Cabrera.

Las novilladas, programadas con inteligencia e imaginación, atraen a la afición y a los públicos y ofrecidas con frecuencia se vuelven atractivas, pues a más de las aptitudes de los aspirantes a toreros, hay una voluntad extraordinaria de querer ser en los novilleros, al menos en lo particular, me parecen más auténticas.

El descuido de esta arista de la fiesta puede acabar con ella. En las manos de las empresas, de la afición y de los públicos está la solución.

Nota del amanuense: Esta pesimista entrada es la número 500 de esta bitácora. Deberían ser, a esta fecha algunas más, pero la verdad es que la dejé abandonada algún tiempo. A quienes pasan por aquí les agradezco su atención y espero seguir dando la tabarra algún rato más.

domingo, 1 de junio de 2014

El sobresaliente

Álvaro de la Calle, entre Antonio Ferrera y Javier Castaño
Gijón, agosto de 2013 (Foto: diario La Razón)
En torno del asunto tratado aquí la pasada semana, amigos me hicieron una serie de cuestionamientos acerca la pertinencia de que en los festejos taurinos hubiera permanentemente presente una especie de torero sustituto que pudiera permitir la terminación de esos espectáculos en los que, heridos o impedidos físicamente de continuar en la lidia los espadas anunciados, pudiera terminarlos. Las dudas vinieron del hecho de que en alguna de las efemérides recordadas un torero vestido de paisano salió del callejón para finiquitar al toro que se quedaba en el ruedo o en otra, que otro diestro bajaba del tendido y se ofrecía a terminar con la corrida, sin obtener el permiso de Usía para hacerlo.


Algunos conceptos

Ese torero sustituto sobre el que se me preguntó en la calle y en el trabajo, tiene nombre propio en la jerga y la historia del toreo. Se llama sobresaliente. La primera mención que se hace de él es en la Tauromaquia de Pepe - Illo y es referida a los picadores de reserva. Según los diccionarios que obran en mi poder, su función es la que sigue:
“Diestro anunciado en algunas corridas por si resultan lesionados los espadas; en la actualidad es un novillero, mientras que antes era un banderillero aventajado…” (José Carlos de Torres, Diccionario del Arte de los Toros)

“Diestro, antes por lo general banderillero y hoy novillero, que se anuncia en algunas corridas, para, en caso de inutilizarse los espadas anunciados, sustituirles. Actúa en todas las corridas en las que actúa un solo espada o dos diestros; o bien ayudando al rejoneador…” (Luis Nieto Manjón, Diccionario Ilustrado de Términos Taurinos)
Ambas definiciones hacen referencia primero, al banderillero, que De Torres califica de aventajado y que nos lleva – a mi juicio – a un concepto teórico adicional, que es el de media o medio espada, que según este mismo autor es un torero que no había recibido la alternativa, que por lo regular estoqueaba el último – o los dos últimos – toro de la corrida. Se le anunciaba como tal en los carteles y además llevaba plaza de banderillero en la cuadrilla de su maestro.

Aclaro después, que los dos conceptos transcritos están construidos a partir del Reglamento Nacional español del 15 de marzo de 1962.

Es decir, de antiguo y sin distinción del número de actuantes en una corrida de toros, se podía contar con un espada sustituto en caso de imposibilidad del o los anunciados de continuar en la lidia, aunque hoy en día la presencia de ese sobresaliente es limitada a los casos en los que las regulaciones de la fiesta así lo disponen.

Las reglamentaciones 

El Reglamento de los Espectáculos Taurinos de España (BOE del 2 de  marzo de 1996), previene entre otras cuestiones; que cuando se anuncien festejos en los que actúen uno o dos espadas, habrá un sobresaliente que será un profesional en activo que corresponda a la categoría del espectáculo, es decir, se abandona aquella restricción en el sentido de que sería novillero y en corridas de toros necesariamente será matador de toros y en las de novillos, pertenecerá a esta categoría. (Artículo 28). Aquí cabría preguntarse si el calificativo categoría implica también la taurina y no solamente la escalafonaria.

Ese sobresaliente tendrá el deber de dar muerte a todos los toros que resten si los toreros anunciados se inutilizan durante la lidia. Si el sobresaliente a su vez queda imposibilitado, se dará por terminado el espectáculo. (Artículo 68)

La normativa española no impide la presencia de más sobresalientes en un festejo y en alguna ocasión se ha dado el caso de que un par de ellos han estado disponibles en una actuación en solitario en Madrid.

Los reglamentos mexicanos son variopintos. Coinciden con la normativa hispana en el sentido de que el sobresaliente deberá corresponder – en principio – a la categoría del festejo y así, deberán concurrir matadores de toros con matadores de toros y novilleros con novilleros, aunque hay algunos matices que vale la pena resaltar.

En un reglamento de diciembre de 1907, para el Estado de Querétaro – ya sin vigencia –, se establecía una función más amplia para el sobresaliente pues aparte del deber de sustituir a los espadas que se inutilizaran, se le imponía el de realizar las suertes que el espada o la empresa le indicaran. (Artículo 77)

El reglamento de la municipalidad de Guadalajara señala que el sobresaliente en corridas de toros deberá ser un matador de toros con cartel reconocido en plazas como la México, el Nuevo Progreso de Guadalajara u otras de igual categoría…, lo que me induce a pensar que el sobresaliente en corridas de toros debe tener confirmada su alternativa en la Plaza México. (Artículo 76)

El que se aplica en las plazas de toros del Estado de México, se exigen dos sobresalientes para las corridas de un solo matador y para las corridas de dos matadores enfrentando ocho toros. Aquí se mantiene aquello de que es indispensable ser matador de novillos, con cartel reconocido en plazas de primera categoría… (Artículo 81)

En Aguascalientes, hay distinciones. Si la corrida es de un solo matador habrá dos sobresalientes, uno matador de toros y otro novillero. Si es de dos matadores, bastará con que sea novillero. Agrega el Código Municipal: en todo caso los novilleros que actúen como sobresalientes, deberán haber actuado en una plaza de primera categoría... (Artículo 1486). En la práctica, en las corridas de toros, los sobresalientes que actúan son siempre matadores de toros.

Como podemos ver, la regla general es que habrá posibilidad de sustituir a los espadas anunciados en carteles de uno o dos espadas únicamente y en todos los demás casos, de quedar inutilizada la totalidad de los diestros anunciados, el festejo terminará en el momento en el que el último de ellos quede imposibilitado de continuar en la brega.

Historias de sobresalientes

El torero que ejerce de sobresaliente tiene una posición más que secundaria. Se viste de luces, hace el paseo y de no permitírsele hacer un quite o poner banderillas – si se especializa en ello – quedará relegado a esperar la mala hora de sus compañeros de profesión para entrar en acción y cumplir su cometido. En México se recurre generalmente a toreros del lugar en el que los festejos se celebran, pero en España hace tiempo que varios matadores de toros se han convertido en algo así como especialistas en fungir como sobresaliente de espadas en los carteles de más tronío.

Uno de los sobresalientes que en los últimos tiempos cobró notoriedad es David Saleri quien el 3 de octubre de 2008 concluyó con la corrida en la que Miguel Ángel Perera se enfrentó en solitario con seis toros en Madrid. Las crónicas refieren que ese sexto toro fue fiero y el torero lo despachó con dignidad y recibiendo por retribución el silencio de quienes permanecieron en la plaza tras el ingreso del extremeño en la enfermería.

Torero de guardia, le llama Javier Caballero en un reportaje, en el que hace notar la contradicción del calificativo de la función del torero – sobresaliente – con el hecho de que su actividad pasa por lo general desapercibida. En esa ocasión Saleri afirmó:
En dos ocasiones Saleri se ha topado con esa carambola. La primera vez ocurrió en la feria de Olivenza, en Badajoz, en 2001. Pedrito de Portugal es cogido en el segundo toro. El de Linares tiene por delante cinco astados a los que mandar al desolladero. Templando ganas y nervios, cumplió con la papeleta, mas sin gloria. Tuvo que esperar siete años para acaso atisbar la gloria de nuevo entre dos pitones. Aconteció en Madrid, en el marco de la Feria de Otoño de 2008. Comparecía en solitario el pacense Miguel Ángel Perera, que fue corneado en el quinto morlaco. Frente a 20.000 espectadores, y con la sangre del diestro regando el ruedo, David tuvo que pasaportar al sexto. Escuchó silencio tras un aviso. Las crónicas no relatan nada memorable de su actuación. «El tendido 7 [el más exigente, fundamentalistas taurinos, dicen] comprendió las dificultades de aquel toro. Ni siquiera en aquel momento pude confirmar mi alternativa, sin padrino ni testigos y con un matador en la enfermería. Cuando actúa un sobresaliente, el ambiente se vuelve nefasto y enrarecido. La gente ha ido a ver a una máxima figura y se encuentra con un chico al que apenas conoce. Hay una gran consternación, en el ruedo y en el tendido, porque hay un hombre herido. Superar todo eso es muy complicado. Y encima piden que rayes a gran altura... » Los emolumentos de los mejores espadas pueden superar los 300.000 euros por corrida. Las sobras a las que se refiere el linarense son los 3.200 euros que cobra por estar de guardia. «De ahí tienes que descontar el desplazamiento, la manutención, el alojamiento y pagar a tu mozo de espadas. No tengo ni apoderado. Al final, te quedan unos 2.000 euros limpios. Y si vas a una plaza portátil o de tercera, ganas alrededor de 1.200. Además, como los modestos toreamos poco, hay que matar antes un toro a puerta cerrada para estar entrenado y eso hay que pagarlo... »
El otro caso notable es el de Álvaro de la Calle, que también ha enfocado su carrera en los ruedos a ejercer como sobresaliente a falta de otro tipo de oportunidades para torear. Él se enfrentó a su destino en una fecha más reciente, en Gijón, en agosto de 2013, cuando Antonio Ferrera y Javier Castaño se fueron a la enfermería tras la lidia del tercero de la tarde y él tuvo que matar al cuarto de La Quinta – el primer toro que mataba vestido de luces en una plaza desde 2010 – y le cortó una oreja. 

A ese propósito, el torero castellano manifestó en una entrevista posterior a su triunfo:
«...desde entonces no había toreado prácticamente nada salvo algún que otro festival suelto. Lo que sí que había habido durante este tiempo era una dura  preparación física y mental para que cuando llegara el momento pudiera aprovecharlo... El toro me permitió interpretar el toreo dentro de ese concepto castellano y serio que me caracteriza... me ha dado el aliento necesario para seguir luchando de cara al futuro... Espero que éste de Gijón me sirva para relanzar mi carrera. Y es que no me cabe la menor duda de que si rompiera, por mi concepto no sería de muchas tardes durante la temporada, pero sí de dejar huella honda entre los aficionados...»
La nómina de diestros que en España ejercen esta dura faceta del toreo es larga. Entre los históricos están Antonio Mahíllo, Pedro Santamaría, Abelardo Granada, Antonio Briceño o Pascual Mezquita y entre los que se ven en los carteles hogaño en esa función están Miguel Ángel Sánchez, Alejandro Castro, José García o Enrique Martínez Chapurra. Reitero que en México se recurre a diestros locales, no especializados en la función, que al igual que los antenombrados, coinciden en la falta de contratos para actuar en festejos como cabeza de cartel.

El día de un sobresaliente

En esta ubicación pueden ver un vídeo, producido por Televisión Española en 2008, en el que se describe el día de un sobresaliente. El protagonista es Álvaro de la Calle.

¿De espectáculo a mero trámite?

Creo que a nadie le queda duda de que el atractivo de una corrida de un solo espada o de mano a mano son los anunciados en el cartel. Pero el hecho de que por los avatares de la lidia – recordemos la sentencia de Frascuelo –, se vayan a la enfermería y la terminación de la corrida quede en manos del o los sobresalientes, no implica necesariamente desde mi punto de vista que la actuación de éstos sea un mero trámite.

Los factores de la suerte y del politiqueo en el medio taurino determinan en mucho el progreso y el avance de la carrera de un torero y en muchos de los casos sus aptitudes poco tienen que ver en el sitio que ocupa en su escalafón.

Quizás una solución de justicia estaría en dar una mejor distribución de oportunidades en las ferias y temporadas a diestros con escaso número de actuaciones. Que los auto proclamados figuras permitieran la inclusión de toreros con posibilidades en sus carteles y de esa manera, tener sobresalientes con interés en los casos necesarios.

Porque no olvidemos que lo que parece ser un mero trámite para algunos, puede resultar en un triunfo que les saque del anonimato y les lance a una carrera de triunfos, como sucedió a Manuel Capetillo, y para otros, se puede traducir en verdadera tragedia, tal y como nos lo cuentan magistralmente, de este lado del mar, Carlos Pavón respecto de lo sucedido hace 55 años en El Toreo de Cuatro Caminos a su hermano Paco y allende el Atlántico Pedro Del Cerro, en su blog Dominguillos, acerca del cornalón que se llevó en estas lides Julián de Mata.

Edito: Agradezco a Octavio Lara que me haya recordado también la tragedia del sobresaliente mexicano Paco Pavón en el desaparecido Toreo de Cuatro Caminos, el 26 de abril de hace 55 años. Subsanada queda la involuntaria omisión, causada por la traicionera memoria.
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