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domingo, 12 de abril de 2020

José C. Madrazo. Esbozo de un retrato

José C. Madrazo a la izquierda de Luis Miguel Dominguín
y Lucía Bosé, Plaza de Las Ventas Cª 1956 
Durante alrededor de cuatro décadas los toros de La Punta se anunciaron en los carteles como propiedad de don Francisco y don José C. Madrazo. La propiedad de la ganadería por ambos hermanos data del año de 1918, cuando inician la crianza de ganado de lidia con vacas de San Nicolás Peralta y dos sementales españoles: uno de Parladé, llamado Pinchasapos, y el otro de Saltillo, de nombre Finezas.

En 1925 los hermanos Madrazo se decantan por el encaste Parladé e importan, en dos lotes, ganados de Gamero Cívico y de Campos Varela. En ese giro, que sería histórico, formarían una ganadería que sería durante muchos años la más larga del mundo, tanto en superficie territorial como en número de vientres, pues en algunos años llegarían a tener mil vacas núbiles, todas con una importante característica, su sangre no había sido mezclada con ganados criollos nacionales; es decir, el encaste original se mantuvo siempre en pureza.

Interesante es que aún cuando los carteles anunciadores contemplaban a don José Madrazo como condueño de La Punta, el grueso de la grey taurina y de los medios de comunicación consideraran a don Francisco como el artífice de la ganadería. Pareciera que se hacía menos a don José. Sin embargo, hurgando un poco en los acontecimientos, se puede advertir que cada uno de los hermanos tenía una función bien definida en el devenir de La Punta – y de Matancillas, después – y que la huella de esta histórica vacada tiene la firma de ambos.

Una gran collera

José Cipriano Madrazo y García Granados nació, como todos los varones de su familia, en la casa de la hacienda de La Punta, el 14 de septiembre de 1889. Fue el cuarto hijo del matrimonio formado por don Ignacio Madrazo y Carral y doña Carlota García Granados. Recibió, seguramente, una educación esmerada y se le formó para dirigir lo que hoy llamaríamos una empresa agropecuaria de gran envergadura. Al fallecimiento de sus padres, por herencia se adjudicaron a él y a su hermano Francisco las fincas de La Punta y Matancillas.

Su segundo nombre – Cipriano – no era de su gusto, según nos cuenta su sobrina Carmelita Madrazo en el libro Mis Muertos:
Era el hermano pequeño de mi padre, quien le llevaba casi cuatro años. Todo el mundo lo conoció por José C., o Pepe Madrazo. El ponerse José C. se debió a que su segundo nombre – Cipriano – no le agradaba mucho, pero tampoco le disgustaba tanto como para no poner el toque «chic» de José C.
El manejo de las cosas del campo lo llevaba don Paco con la ayuda de su esposa, María Luisa Solórzano, hermana del matador Jesús, El Rey del Temple. Eso era su pasión y la razón de su vida. Sin embargo, el funcionamiento de una ganadería de toros de lidia a veces trasciende lo que sucede en los cerrados y en los tentaderos. Y más aún en aquella época en la que México acababa de salir de una Revolución que dejó como una de sus herencias una reforma agraria, que mal entendida, se enfocó en deshacer unidades eficientes de producción con la finalidad de repartir tierras a campesinos inhábiles para hacerlas producir por falta de recursos para ello.

Así lo refiere Carmelita Madrazo, sobrina de don Pepe en Cornadas al Viento:
Mi padre y mi tío Pepe fueron en cierta forma una sola persona. Yo misma nunca supe en dónde comenzaba uno y en dónde terminaba el otro. Es como cuando en un día nublado se mira al horizonte, es muy difícil distinguir en dónde terminan los cerros y en dónde empieza el cielo. No puedo pensar en uno de ellos sin recordar al otro. Siempre estaban juntos, unas veces discutiendo y otras no...
Y es que en esa especie de teoría del alter ego, don Pepe era el diplomático, el negociador, el que hacía las gestiones en la Presidencia de la República, en las Secretarías de Estado, con los Gobernadores o en los despachos de los taurinos. Su carácter y su forma de llevar la mano de hierro envuelta en un guante de seda le permitieron siempre obtener resultados convenientes para sus ganaderías y para sus pares.
Todo ese boato, a su hermano Paco no le atraía demasiado y aprovechaba la habilidad de Pepe para las relaciones públicas y que él tuviera contacto con Presidentes, Ministros, Gobernadores que los ayudaran a solucionar los problemas que en el campo se iban presentando...
Esa habilidad para relacionarse con las personas le permitió sentar a su mesa y dialogar con todo tipo de personas. Tuvo una profunda amistad con el embajador Justo Sierra Casasús – en su día Secretario Particular del Presidente Adolfo López Mateos y aficionado práctico –, quien llegó a pasar temporadas en La Punta. También pudo reunir en torno suyo a personajes como los ganaderos Manuel Buch y Escandón, Agustín Barbabosa y Jerónimo Merchand; los empresarios Antonio Algara, Alfonso Gaona y Jesús Ramírez Alonso, o a los escritores Carlos León y José Alameda.

Con todos esos personajes tuvo amistad y pudo establecer una importante trama de relaciones que le fueron útiles para el desarrollo de sus funciones tanto como ganadero de La Punta, como en las distintas funciones que desarrollaría en los entretelones de la Fiesta en tiempos futuros.

Como aficionado, gustaba de acudir a España todos los años (muchos de ellos en compañía de su sobrino Francisco Madrazo Solórzano) y tenía una estrecha relación con todos los taurinos relevantes de aquellos años, ya fueran empresarios, ganaderos o apoderados, lo que sin duda facilitaba su desempeño en cuanto a relaciones públicas se refiere.

Primer presidente de los ganaderos

Los ganaderos de lidia mexicanos se reunieron en una Unión de Criadores en el año de 1930. Fundadores de ésta fueron, por supuesto, don Francisco y don José C. Madrazo. En el año de 1946, al recibir reconocimiento oficial como Asociación Ganadera, la Unión se transforma en la Asociación Nacional de Criadores de Toros de Lidia. Don Pepe Madrazo fue su primer presidente y estuvo al frente durante cuatro periodos, los que iniciaron los años de 1946, 1949, 1955 y 1957, un caso único en esa agrupación.

Los dos últimos periodos fueron extremadamente sensibles. El campo mexicano pasó por una gran sequía entre los años de 1949 y 1958. Todos los aspectos de la actividad agropecuaria en México se vieron afectados y especialmente diría yo, los dedicados a la ganadería extensiva, que sin pastos naturales para alimentar a sus animales se vieron en la necesidad de recurrir a la adquisición de forrajes y piensos y, en casos extremos, al sacrificio de pies de cría para la subsistencia de sus vacadas.

Sus gestiones en esa posición le permitieron obtener apoyos gubernamentales para la actividad, lo que facilitó la continuidad de la Fiesta en esos tiempos difíciles, con la conservación de puestos de trabajo y la generación de recursos que implica todo ello.

El árbitro de las cosas de los toros

Cossío señala que, en su día, Eduardo Margeli llegó a ser el árbitro de las cosas de los toros en México. Quizás al gaditano le valió ser el que manejaba los destinos de la plaza más importante del país. 

Las informaciones de la prensa de su tiempo reflejan también que don José C. Madrazo fue el fiel de la balanza en muchas cuestiones. Sus dotes para la diplomacia y la conciliación le permitieron resolver distintas situaciones que durante su paso por la vida se fueron presentando en las cosas de los toros.

Quizás el primer hecho notable que tuvo que resolver, junto con su hermano Francisco, fue el enfrentamiento de Ignacio Sánchez Mejías con Rodolfo Gaona en Aguascalientes.

Los dos diestros fueron anunciados para actuar los días 24 y 25 de abril de 1921 en la plaza San Marcos. Gaona no se presentó a la primera, invocando una cláusula de su contrato que establecía que él podía alternar con quien quisiera, por lo que mandó a Zapaterito a sustituirle y el día 25, trajo a Carlos Lombardini para completar el cartel con él. Sánchez Mejías se quedó, como decimos vestido y alborotado, El – Hombre – Que – No – Cree – En – Nada cuenta lo siguiente al respecto de este asunto:
Para el segundo festejo se anunció como estaba prevenido, el mano a mano Gaona-Mejías, sorprendiéndose la afición el día de la corrida con la circulación de nuevos programas conteniendo la novedad de un cambio radical en el cartel: Sánchez Mejías sería sustituido por Carlos Lombardini en atención (esto no lo rezaban los programas) a la famosa cláusula de imposición. Mejías alegó insistentemente su compromiso y absoluto derecho para tomar parte en la lidia de esa tarde; Gaona se impuso y hubo de recurrirse a la intervención de las autoridades, inclusive la del señor don Rafael Arellano, Gobernador del Estado, para hacer desistir a Sánchez Mejías de su decisión de presentarse en la plaza vestido de luces a la hora de la corrida, llegándose por fin a hacer uso de la fuerza armada para que impidiera aquella justa determinación, lo que se logró gracias a la intervención de los señores Madrazo, propietarios de la ganadería de La Punta, quienes se llevaron a Ignacio a su finca poco antes de que empezara el festejo…
Otro asunto relevante en el que don José Madrazo tomó parte, fue en el arreglo del convenio hispano - mexicano de 1944, cuando, en combinación con su amigo Antonio Algara (por entonces gerente de la plaza El Toreo de la Condesa), allanó el camino ante la Asociación de Matadores de España, para que las relaciones taurinas entre ambos países se restablecieran. Y tras el acuerdo alcanzado, se movieron los hilos con el empresario Livinio Stuyck para cerrar la contratación de Carlos Arruza, que confirmó su alternativa en la plaza de Las Ventas de Madrid aquel 18 de julio de 1944. Así fue como quedó zanjada la ruptura de relaciones que se venía arrastrando desde 1936 al suscitarse el llamado Boicot del Miedo.

Más adelante, en los años cincuenta, las cuestiones de los toros estaban revueltas en México. En la capital operaban dos empresas, una en la Plaza México y la otra en El Toreo de Cuatro Caminos. Algunos consideraban que se hacían una competencia desastrosa. En una columna aparecida en El Ruedo de Madrid, el 24 de julio de 1958, Don Dificultades escribió:
Las dos empresas, la de la Plaza México, con su fuerza taquillera, y la del El Toreo, con carteles atractivos, siguen trenzadas en la pelea, pero lo gracioso del caso es que unos ganando poco y los otros perdiendo también poco, no tienen ganas de cejar en la guerra. En El Toreo han interesado Rubén Bandín, que de cuajarse será un magnífico torero, y Gabriel España que es artista, pero endeble. En la México no ha logrado interesar nadie, pero interesa la Plaza, y ella es la preferida… Los «señores de la México» tienen puestas sus miradas en la casa «Camará», y don José Madrazo, el ganadero de La Punta, ha sido requerido, sin mayor resultado, para que intervenga; pero parece que ya están tendidos los cables, y hasta hay por ahí una proposición de don Moisés Cosío entregada al señor Oñós de Plantolit, encargado oficioso en Méjico del Estado español. Los señores de El Toreo, parece que con intervención tapada del señor Algara (¡), andan en pláticas con Domingo González, hijo, y con el mismo Luis Miguel...
Y ya cerca del final de ese 1958, ante la división de los toreros en dos agrupaciones sindicales, su intervención fue de nuevo clave para llevarlos a la unidad, según cuenta de nuevo José Jiménez Latapí, en el número del mismo semanario aparecido el día 13 de noviembre:
Bien. Ya están unificados todos los ganaderos mexicanos, gracias a la mano izquierda de oro de don José Madrazo. Ya no habrá cuentos chinos ni yugoslavos. También con la muñeca áurea de don Pepe Madrazo se han unificado los matadores de toros y novillos en la Unión de Matadores, habiendo desaparecido la Asociación. Tal fusión fue hecha en el local de la Unión de Ganaderos, y firmamos como testigos don José Madrazo y un servidor...
Mano izquierda de oro… Eso dice Don Difi. Yo escribía arriba, mano de hierro envuelta en guante de seda. José C. Madrazo aprendió, quizás desde su niñez, la necesidad del trabajo en equipo, el desarrollo de actividades donde cada uno de los miembros del grupo – breve o extenso – tiene una función específica que desarrollar, y así se convirtió en lo que hoy llamaríamos un magnífico ejecutivo.

También, de su actuación se observa su entendimiento de que el choque frontal debía evitarse a toda costa, pues es más fácil obtener las cosas por las buenas.

El final

Don José C. Madrazo fue un codiciado soltero que no tuvo descendencia. Su relación amorosa más sonada fue con la excéntrica poetisa Pita Amor, y en el ocaso de su vida contrajo matrimonio cuando contaba con 78 años, y lo hizo con una mujer – Manuela Roselló, española – 46 años más joven que él.

Duró menos de seis meses casado, pues falleció el 12 de febrero de 1969 en la Ciudad de México, nueve años más tarde que su querido hermano Francisco, con el que había formado una extraordinaria mancuerna de trabajo.

Ya había dejado de ser ganadero de toros de lidia, pues dos años antes de su muerte, había vendido la ganadería de Matancillas, que fue la que le correspondió en la división de los bienes familiares. 

Sin embargo, creo que este esbozo sobre lo que ha sido y lo que representó para la fiesta de los toros en México es necesario, pues a veces, personajes como él pasan desapercibidos y en realidad su labor resulta ser trascendente para lo que hoy vivimos.

domingo, 15 de diciembre de 2019

Armillita y Nacarillo de Piedras Negras

Fermín Espinosa Armillita
La temporada 1946 – 47 en la Plaza México iba a ser la última en algún tiempo que vería el concurso de diestros hispanos y por razones de sobra conocidas, la final en la que actuaría Manolete en la capital mexicana. La tarde que me ocupa en este momento era la sexta que cumplía en el gran coso y le quedaban ya nada más en su historia las del 12 y 19 de enero de 1947 y la del 2 de febrero de ese mismo año, completando así las nueve tardes que en las que en su historia llenó ese escenario.

Ya estaba en vigencia el decreto que, publicado en el Diario Oficial de la Federación del jueves 18 de abril de ese 1946, limitaba por decisión del Presidente Manuel Ávila Camacho, la celebración de festejos taurinos en la Ciudad de México a dos por semana, por, dice la disposición: ...la frecuencia con que se han venido celebrando corridas de toros ha causado perjuicio en la economía de numerosas familias... debe considerarse cualquier contingencia futura, procurando moderación en los gastos, tanto colectivos como en los individuales... procurando que no se agrave la situación actual con gastos excesivos...

Así pues, apenas el miércoles anterior se había celebrado una corrida en la que alternaron el mismo Manolete, Lorenzo Garza y Leopoldo Ramos Ahijado del Matadero, quienes enfrentaron una corrida de Pastejé. Una corrida que pasó a la historia por las faenas de Garza a Amapolo y Buen Mozo y la de Manolete a Manzanito y el gran juego que dieron los toros de don Eduardo N. Iturbide.

La tarde del 15 de diciembre

Para el domingo siguiente se anunció un encierro de Piedras Negras, para Fermín Espinosa Armillita, Manolete y Alfonso Ramírez Calesero. El encierro de Tlaxcala sería el único de ese hierro que el Monstruo lidiaría entre los 38 festejos en los que actuó entre nosotros y al decir de las crónicas que tuve a la vista, esos toros lo trajeron aperreado, tanto, que el primero de su lote Tilichis, le echó mano y se pensó que había sufrido un serio percance, pero no pasó del susto. Las mismas crónicas resaltan el contraste de su actuar este día con el del anterior miércoles.

Calesero lució en sus toros con el capote y en los quites en los que tuvo oportunidad de intervenir, pero no tuvo mayor trascendencia el conjunto de su labor esa tarde.

Armillita y Nacarillo

La cima de la tarde se produjo en el cuarto toro de la tarde. Nombrado Nacarillo por su criador, desde la salida se mostró como un toro propio para la tauromaquia que siempre desplegó Fermín Espinosa. Contaba don Arturo Muñoz La Chicha, quien esa tarde salió en la cuadrilla de Calesero, que al iniciar Armillita la faena con la diestra, desde los tendidos la concurrencia le pedía que toreara como Manolete. Seguía contando don Arturo que en un momento determinado el Maestro se echó la muleta a la zurda y acabó con el cuadro.

Pero antes de la faena había otros intríngulis que desahogar. Don Luis de la Torre El – Hombre – Que – No – Cree – En – Nada, armillista de pro, encuentra algún sentido doble al brindis que de Nacarillo hizo Armillita a don Eduardo N. Iturbide y lo detalla así en la reflexión que hace en el número de La Lidia de México publicado el 27 de diciembre de 1946:
Sin intención premeditada, seguramente, el brindis fue dedicado a don Eduardo Iturbide, quien acababa de mandar a nuestro coso máximo una bravísima corrida, factor importantísimo en el triunfo alcanzado por dos colosos de la mano izquierda, pero tal parece que la proeza dedicada a tan escrupuloso ganadero vino a decirle: “Mire, don Eduardo, toros como los de usted son envidiados para la realización de estas hazañas, pero existe un torero que si bien los quisiera para sus triunfos, no le son indispensables, también de los mansos sabe sacar partido insospechado, y aquí estoy yo para probarlo ante miles de espectadores en cuyas retinas quedará grabada de manera imperecedera…”
Ya respecto de la faena, escribió en su día, en las páginas de El Universal del día siguiente del festejo, don Carlos Septién García El Tío Carlos, lo que sigue:
Estamos ante la faena perfecta. 
Y no nos atrevemos a tocarla. Sería un desacato rozar siquiera el contorno venerable de sus mármoles. Sería una mancha el querer reducir a yerta medida la armonía de su arquitectura serena y triunfal. Y sería un atentado el querer desmontar el ensamble prodigioso de sus partes para someterlas a un estudio prosaico y vulgar… 
Y mirémosla en toda la fuerza de su genuino valer. Veámosla hecha de los más puros y firmes elementos que la tauromaquia ha creado en siglos de lucha, de dolor y de triunfo con los toros bravos; admirémosla como expresión sólida, cabal, perfecta, de la más rancia y limpia doctrina torera: esa que formaran y probaran en mil tardes de sol y de hachazos los Paquiros y los Guerras; esa que sellaran con su sangre los Tatos y los Esparteros; esa que mantuvo en lucha de decenios a los Frascuelos y los Lagartijos. Esa que – en fin – hace hoy Fermín Espinosa, como entonces de aquellos definidores de la tauromaquia, el torero en que se depositan la mayor ciencia y la más ilustre escuela. 
Y gustémosla también en su profunda y exquisita suavidad. Saboreémosla en esa delicadeza, en ese tacto, en esa gentileza con que arropó al endeble torillo de Piedras Negras que – nacido para seis naturales y una estocada –, tomó dócilmente, transformado como una obra de cera calentada a fuego, el milagro eslabonado de esos veintiún naturales inmortales. Gocemos de ese temple cuidadoso y magistral, exigente y esmerado, con que el torero fue educando al toro, mostrándole el camino del pase natural, enseñándolo a embestir y a tomar con afán encendido la roja muleta, a repetir sobre ella el empuje, a graduar su marcha y su arrojo… 
¡Torero, Torero, Torero!... 
Torero, sí. Torero inmortal este Fermín de Saltillo con el que México se incrusta triunfalmente en la historia del toreo universal…
El Tío Carlos hace un análisis en el que, deja claro que el torero se impuso a lo que él consideró que eran unas malas condiciones del toro y como se expone en las relaciones taurinas de hogaño se inventó una faena donde no la había.

Por su parte, Carlos León, en el Novedades, también del 16 de diciembre de 1946, todavía no dado a las estridencias que le dieron fama, en lo medular, razona así:
…Citando desde lejos, con la muleta pendiente de la zurda, el maestro provocó la embestida para el primer natural. Arrancó la res sobre el trapo y Fermín dejó que los pitones se estrellaran contra ella, para ahí prender las astas y conducirlas atadas a su franela en una tanda prodigiosa de naturales, sin permitir que el toro, ya domesticado por el poderío de Fermín, se huyera de la muleta. 
Y la misma milagrosa escena se repitió varias veces. El torero se recreaba en la ejecución del muletazo más bello de la lidia, toreando cada vez más lento, más auténtico. La arena se convirtió en bazar de toda clase de prendas de vestir, mientras de arriba bajaba un torrente de aplausos, formando una de las ovaciones más merecidas que se hayan dado en la plaza de la Ciudad de los Deportes. Después de aquella inacabable teoría de naturales, salpicados aquí y allá por la pinturería del afarolado o el derechazo de respiro, Fermín logró una estocada desprendida, que bastó para que “Nacarillo” rodara a los pies del extraordinario lidiador. 
Veintisiete naturales en varias series habían compuesto la parte básica e inolvidable de la maravillosa faena. Y para ellos fueron la oreja y el rabo, tres vueltas al ruedo, salida a los medios y la admiración incondicional para este legítimo “Monstruo” nuestro, que cada vez que se lo propone viene a borrar fábulas y leyendas cordobesas…
Una tercera apreciación, algo más lejana en el tiempo es la de El – Hombre – Que – No – Cree – En – Nada, aparecida en el ejemplar de La Lidia de México ya mencionado y que es del siguiente tenor:
...Grandes faenas se recuerdan realizadas por el torero de Saltillo, suficientes para criarle el título de “maestro de maestros”. De entre todas ellas, podemos destacar algunas cuyo asiento estuvo en plazas españolas, y para nosotros son inolvidables la de “Tapabocas” de Coquilla, “Hurón” de Pérez Tabernero, “Pichirrichi” de Coaxamalucan, “Chocolate” de Torrecillas, “Clarinero” de Pastejé, “Pituso” de La Punta y otros más que harían interminable la lista, pero para todas ellas contó con el elemento toro, de más o menos bravura, poderío y buenas cualidades, no así en el caso presente en que solo la ciencia, el poder y la maestría lograron hacer de “Nacarillo” de Piedras Negras, corrido en cuarto lugar, la memorable tarde del 15 de diciembre de 1946, en la monumental plaza “México”, un toro para escribir con él la página más saliente, no del historial de un torero, sino de toda una historia taurina. ¿A qué decir más? Muy cerca de cincuenta mil espectadores fueron testigos presenciales del maravilloso hecho, y puede asegurarse que no habrá uno capaz de desmentir la maravilla de tan milagrosa hazaña... 
Decir veintisiete naturales a un toro bravo, es muy sencillo, se dice muy pronto, más tiene sus bemoles. Sacar de un manso semejante proeza, parece impracticable. Pues sin embargo, ha habido un “Armillita”, que haciendo alarde de la más amplia sabiduría, ha realizado el milagro empleando procedimientos considerados como de ínfima especulación, creyéndose que el cite desde lejos no admite ajustamiento. ¡Qué disparate! Así es precisamente como se expone de verdad puesto que el toro empuja fuerte y llega a la reunión precisa para que el lidiador le marque la salida con el simple movimiento de la muñeca, salvando el derrote en el momento de mayor peligro. Pero si esto no bastara, vimos al coloso de Saltillo citar en varias formas ahora muy estimadas, no con el afán de imitación, sino con el propósito de demostrar su capacidad dentro de todos los estilos. Y hay algo más: el citar de largo demostró a los más ciegos suponer para hacer embestir, a esa distancia, a un toro soso y aplomado en demasía, con la magia de su saber, haciéndolo todo, sacando bravura de donde no la había...
Aquí se abre el espacio para una discusión numérica y por ende, bizantina. Carlos León y don Luis de la Torre cifran el número de naturales de Armillita a Nacarillo en veintisiete. Carlos Septién habla solamente de veintiuno. Don Arturo Muñoz, que afirmaba haber visto más cerca que ninguno de esos escribidores la faena – y decía verdad, pues ocupaba su puesto en el callejón con la cuadrilla de Calesero – siempre sostuvo que eran también veintiuno.

Al final de cuentas la cantidad no importa. Lo que ha trascendido es la calidad de esos naturales y el hecho de que se le ligaron a un toro que en principio no parecía apto para ello.

Cierro esto con una reflexión que hace un cronista anónimo en el diario El Siglo de Torreón el 16 de diciembre de 1946, donde establece, creo, la justa medida de lo que hoy intento recordar:
Maravilloso tiene que ser un torero como ‘Armillita’ al borde de la despedida, con el nombre hecho y hondo surco en la historia de la fiesta brava; todavía pelea y se la juega para dar una exhibición de poderío y arte... México hablará muchos años de esa faena izquierdista de ‘Armillita’, porque fue una faena de escándalo...
Y efectivamente, a más de siete décadas de distancia, seguimos hablando de Armillita y Nacarillo

Edito (16/XII/2019): El amigo Octavio Lara Chávez me hace llegar la versión de don Alfonso de Icaza Ojo, aparecida en el semanario El Redondel del día de la corrida. Ojo transmitía por teléfono a su redacción, toro a toro su crónica, para que el periódico estuviera listo al final de la corrida. De allí que tuviera algunos dislates como en el caso que nos ocupa, se tuviera como nombre del toro el de Mascarillo. La relación de mérito es esta:
Cuarto toro. - "Mascarillo", cárdeno también, pequeñito, pero bien armado. 
Armillita lancea sin estrecharse, ante la indiferencia completa del concurso. 
Una buena vara de Carmona y paren ustedes de contar, ni el otro piquero hizo cosa de provecho, ni los matadores trataron siquiera, de sacarnos del terrible aburrimiento que nos invade. 
El bichejo, después de la última vara doble, quedó hecho una piltrafa. 
Zenaido Espinosa clava un par en la arena. 
Fermín Espinosa brinda a don Eduardo Iturbide, que es ovacionado, y dase a muletear a "Mascarillo", mucho mejor de lo que éste merecía. La faena va en crescendo poco a poco, y Fermín Espinosa agigantándose hasta tocar las nubes. 
¡Qué manera de torear, señores! 
Con la derecha corre la mano primorosamente y aguanta con auténtica hombría, con la izquierda... ¡Dos docenas de pases naturales! 
¡Y qué pases! Ni Armillita, ni nadie, había toreado así a un toro que no podía preverse que pudiese torearse así. 
¡Como que Armillita lo hizo! 
Estamos viendo la mejor faena de la temporada. Vuando el maestro de Saltillo, ahora sí maestro, torero grande, atiza una estocada casi entera, algo desprendida, cuarenta mil pañuelos piden para el maestro de maestros, la oreja, el rabo, el toro entero. 
Se conceden los máximos galardones y Armillita da incontables vueltas al ruedo, devolviendo sombreros y prendas de vestir. 
Insistimos lo que Armillita hizo hoy no lo había hecho antes ni él ni nadie. ¡Torerazo!...
Aviso parroquial: Los resaltados en los textos transcritos son imputables exclusivamente a este amanuense, pues no obran así en sus respectivos originales.

lunes, 18 de noviembre de 2019

Carmelo Pérez y Michín de San Diego de los Padres. 90 años después (II/II)

Anuncio de la reaparición de Carmelo Pérez
para el 24 de noviembre de 1929
Decía ayer que la recuperación de Carmelo fue lenta, como lento debió ser su andar por los ruedos. Las opiniones autorizadas de su tiempo señalan que se le adelantó a la alternativa y que no se le permitió madurar un concepto del toreo que le era propio, distinto a todo lo visto hasta entonces y que quizás, requería un toro distinto al que se lidiaba por esos entonces.

La manera en la que se le llevó a la alternativa fue retorcida, por lo menos. Si lo que escribe Verduguillo lleva algo de verdad, más que facilitarle el camino para ser una figura del toreo, se le envió directamente al cadalso:
Yo hablé con Carmelo con toda claridad. 
- Mira Carmelo, tú todavía no estás preparado para la alternativa: te cogen mucho los novillos, y si no te lastiman seriamente es porque ‘El Conejote’ trae enemigos sin fuerza, sin grano, apropiados para que tú hagas con ellos ese tipo de toreo tan peligroso que tienes metido en la cabeza. Cuando vengan las corridas gordas y graneadas, va a ser diferente el caso, vas a tener que sortear y si te toca un toro fuerte te puede lastimar de VERDAD. 
Pocos fuimos, ciertamente, los que nos atrevimos a hablar con Carmelo Pérez con sinceridad, los demás taurinos, temerosos de que Gaona se disgustara si se le quitaba un elemento de gran arrastre, preferían guardar un medroso silencio… 
Llegó esa tarde Carmelo de la Rosa a hablar con Rodolfo Gaona y entró temblando como tiembla el conejo en la presencia del león. El que lo hubiera visto abrir la puerta de aquel despacho, habría comprendido que todo estaba perdido… 
- Te he llamado, dijo Rodolfo, para que firmes el contrato de Carmelo Pérez. Ya él te habrá hablado del asunto. Son dos corridas a tres mil pesos cada una, lo que siempre se ha pagado por las alternativas. 
Como Carmelo de la Rosa musitara que su torero valía un poco más, Gaona lo atajó: Eso ya se verá con el toro: si como yo creo Carmelo Pérez está bien, ya toreará más corridas a mejor precio. 
En eso entró ‘El Chato’ Padilla que fue quien aceleró la firma del funesto contrato: 
- Si no firmas, le dijo a Carmelo de la Rosa, ya te puedes despedir del zarzo de banderillas. No lo volverás a hacer en todos los días de tu vida… 
Y al ver Carmelo de la Rosa que se le escapaba un ingreso de aproximadamente QUINCE PESOS a la semana, firmó la alternativa de su poderdante Carmelo Pérez… No era el contrato de la alternativa, era la sentencia de muerte…
Y esa relación de Rafael Solana no era la única en ese sentido. Se habló también en El Taurino del 31 de diciembre de ese 1929 del hecho de que su deficiente administración lo había llevado a esa penosa situación en la que se encontraba:
En un periódico de la tarde, que tiene el sólido prestigio de su seriedad, se publicó hace pocos días una información relacionada con el estado que guarda Carmelo Pérez. En esa información, que debemos considerar honrada, porque en ese concepto tenemos a su autor, se pintaban, con los más vivos e impresionantes colores, la desilusión del matador herido, su pesimismo para continuar en la peligrosa profesión a que se ha dedicado, su desencanto por la explotación de que fuera víctima y su amargura por los padecimientos sufridos y por la situación lamentable en que se encontraba. 
Pocos días después, en el mismo periódico de la tarde, aparecía un nuevo reportazgo, que para nosotros tuvo todas las características de una gacetilla de la empresa, en el que pretendió desvirtuar aquella impresionante noticia que tan comentada fuera por el público, haciendo aparecer, en boca del propio Carmelo Pérez, opiniones y conceptos completamente distintos a los que expusiera al periodista que primeramente lo entrevistó… 
Mas, a pesar del cambio radical que se operó en el ánimo de Carmelo, los aficionados sensatos, los que hemos seguido paso a paso el viacrucis de este desafortunado muchacho, los que no comulgamos con ruedas de molino, vimos en su nueva actitud la presión moral de alguien a quien interesa que el público confíe en su pronta reaparición en “El Toreo”, para seguir siendo objeto de la misma incalificable explotación que, desde que vistió por primera vez el traje de luces, se ha venido cometiendo con él… 
¡Qué distinto hubiera sido si Carmelo Pérez cae en manos de un apoderado consciente, de un administrador que, lejos de buscar un rápido enriquecimiento, a costa de la sangre de este esforzado mozo, con inminente peligro de su vida, se hubiera preocupado por enseñarle lo mucho que le faltaba por aprender, antes de llevarlo a que tomara la alternativa, por mil conceptos prematura!... 
Porque los apoderados de Carmelo tenían la seguridad de que este muchacho, al doctorarse, arrastraría a las multitudes hasta proporcionar a la empresa que lo contratara, el único lleno que, como nosotros lo aseguramos al iniciarse la temporada, se registraría en “El Toreo”…
No obstante esos comentarios, surgían voces que intentaban alentar al torero herido y que dejaban patente, que como lo dijo Frascuelo, los toros dan cornadas porque no pueden dar otra cosa. Así parece hacerlo entender don Luis de la Torre El – Hombre – Que – No – Cree – En – Nada en su comentario titulado El Caso Carmelo Pérez, donde expresa:
…El punto de mira de todas las opiniones ya citadas, no es otro que señalar como causa fundamental del accidente la ignorancia del diestro y su temeridad al enfrentarse con enemigos mayores a sus fuerzas, aprovechándose para ello de las circunstancias aparentemente favorables en apoyo a sus tesis… Carmelo Pérez, no hay que dudarlo, está muy lejos de ser un lidiador consumado, está muy lejos de conocer a la perfección todos los secretos de la lidia, que para eso se necesita tiempo; pero de esto a que sea un ignorante y todavía más, a que su ignorancia y falta de recursos haya sido el motivo de su horrenda cogida, media un abismo. ¿Acaso no hemos visto caer al más sabio de los toreros, al golpe certero de un utrero? ¿Vamos a buscar en su sabiduría lo que sólo fue obra de la fatalidad?... No señores, limitémonos a lamentar las continuas caídas de quienes se dedican a tan difícil y peligrosa profesión, sea quienes fueren, un maestro o un principiante; pero no nos asustemos de esos percances, hijos legítimos de la fiesta, y mucho menos nos aprovechemos de las circunstancias para sacar avantes nuestras ideas por sofísticas que sean. 
Carmelo Pérez, ¡ese loco desenfrenado!, algo debe tener para haber electrizado a las multitudes, no una vez, sino durante toda una temporada, siendo él un principiante y toreando al lado de lidiadores reconocidos ya unánimemente como cuajados, y de los cuales, por enorme desgracia, hemos visto caer también a uno…
Concluyo esta intervención con algo de la apreciación que José Alameda hace sobre Carmelo Pérez en su libro Los Heterodoxos del Toreo y que dice así:
Carmelo era un torero roto que traía la muerte en el cuerpo… Sin facultades y con poca luz aparente, toreaba muy cerca de la tierra (otra similitud con «El Espartero»); tanto que sin el arte de «Chicuelo», claro; y sin la grandeza de Ortega, desde luego; era más «moderno» que ellos. Y con más drama, con más misterio… Fue Carmelo Pérez un heterodoxo no tanto por el «qué», pues no hacía suertes distintas a las conocidas, sino por el «cómo», pues las hacía en una forma totalmente suya, no mimética, creada y con un acento marginal fortísimo, con ese sabor a légamo que hay en los que están en el río, pero no en su corriente, sino en su doliente…
Carmelo Pérez falleció en Madrid el 18 de octubre de 1931, a consecuencia las secuelas de las cornadas que le infirió Michín de San Diego de los Padres.

domingo, 17 de noviembre de 2019

Carmelo Pérez y Michín de San Diego de los Padres. 90 años después (I/II)

El tránsito de los años de 1929 a 1930 estuvo marcado por el sino de Carmelo Pérez. El torero texcocano fue el eje de esos calendarios, primero porque en la temporada de novilladas que se dio en el primero de esos calendarios, que constó de 21 festejos, toreó dos terceras partes de ellos, después de renunciar a una fallida alternativa que había recibido en Puebla el 13 de enero de manos de Cagancho y después, porque casi al final del año, recibió una de las cornadas más pavorosas que recuerda la historia del toreo en México.

La temporada grande 1929 – 1930 en El Toreo de la Condesa gravitaba principalmente sobre los nombres de los toreros hispanos que vendrían a sostener el interés de los carteles que en ella se ofrecerían. El toreo mexicano seguía padeciendo la orfandad en que la despedida de Rodolfo Gaona – para esas fechas metido a empresario – lo había dejado y así, los nombres del ya mencionado Joaquín Rodríguez Cagancho, Antonio Márquez, Félix Rodríguez, Mariano Rodríguez Exquisito y Ricardo González vendrían a apuntalar a los emergentes Heriberto García, Jesús Solórzano, Pepe Ortiz, Paco Gorráez y a un Juan Silveti que seguía derrochando valor ante los toros.

El imán mexicano para la temporada era la alternativa de quien revolucionó la temporada de novilladas: Carmelo Pérez. La cosa hubiera resultado redonda si su epígono novilleril, Esteban García no hubiera perecido en una novillada en Morelia, asunto del que me he ocupado ya en este sitio de esta Aldea, porque de esa manera la empresa que regentaban Gaona y El Chato Padilla hubieran podido mantener un enfrentamiento delante de los toros que había nacido en los festejos menores, pero el hombre propone y viene el toro y todo lo descompone…

La quinta corrida de la temporada 29 – 30

Para el domingo 17 de noviembre de 1929 se anunció un encierro de San Diego de los Padres para Antonio Márquez, que se presentaba en la temporada, Pepe Ortiz y Carmelo Pérez, que reaparecía después de una triunfal alternativa recibida en la tercera corrida del ciclo, el 3 de noviembre, de manos de Cagancho, con Heriberto de testigo y toros de Piedras Negras.

Rafael Solana Verduguillo cuenta que se pensó repetir a Carmelo al domingo siguiente de su alternativa, con la corrida de San Diego de los Padres, pero que había en ella un toro que desentonaba con el resto del encierro y que al pedirse a don Antonio Barbabosa que lo cambiara por otro, se negó rotundo. Por ello, se pospuso su reaparición para el domingo 17, en espera de que don Antonio recapacitara y escogiera otro toro para completar la corrida.

Llegada la fecha, El Chato Padilla fue de nuevo a San Diego y lo que cuenta Verduguillo es lo siguiente:
No tengo otro, contesta el ganadero. Si quiere usted esos seis, bien, si no, déjelos.  
El empresario explica a don Antonio: es que va a torear Carmelo Pérez y si ese toro llegara a tocarle, podría lastimarlo. 
¿Y por qué le va a tocar?, dice don Antonio. Son tres los matadores. Puede que le toque a alguno de los otros. 
Con esto se dio por convencido “El Chato” Padilla y vino la corrida de San Diego, integrada como dije, de cinco ejemplares muy a modo y uno que tenía cara de Barrabás…
Por lo visto Michín – el que tenía cara de Barrabás – era el sino de Carmelo Pérez.

La crónica del suceso

En el ejemplar del semanario El Taurino, que viene a ser algo así como la última etapa de El Universal Taurino, aparecido al día siguiente del festejo, viene la crónica de Edmundo Fernández Mendoza, bajo el seudónimo de Martín Galas, de la que rescato lo siguiente:
¿No será posible que lleguemos a ver una buena corrida de toros esta temporada? Porque tardes van, tardes vienen y siempre lo mismo: El eterno desfile de toros mansurrones, difíciles, broncos, reparados de la vista y resentidos de los remos. Toros de encargo para quitar la personalidad a los lidiadores. 
Ayer se encerró una corrida de San Diego de los Padres, desigual en presentación como en bravura; y el público, que está cansado ya de tantos camelos que le vienen dando los señores ganaderos, no pudo contener sus iras y se dio a protestar, primero, a voz en cuello, después, uniendo la acción a las palabras, destruyendo los anuncios de lámina que había en el tendido, arrojando los cojines, maderas y toda clase de proyectiles a la arena, cuando el cuarto toro, un manso perdido que había vuelto la cara vergonzosamente a los caballos, fue impuesto por la autoridad y por el cambiador de suertes, a pesar de la gritería enorme, de la bronca más grande que hemos visto en “El Toreo”. 
La actitud del público es explicable y justificada, puesto que, a pesar de que paga sus boletos al precio que se les fija, no se les cumple lo que los carteles ofrecen. ¿No hay toros de primera clase en las ganaderías? ¿Se acaba el ganado de lidia en México? ¡Vayan ustedes a saber; pero el caso es que, de seguir las cosas como van, la temporada fracasará irremisiblemente!... 
¡La Tragedia! 
Fue en el sexto, un retinto albardado, bien puesto de pitones, que se llamó “Michín”, donde se registró la tragedia que tiene luchando entre la vida y la muerte al bravo torero de Texcoco. Apenas salido el animal y sin esperar a que los peones lo fijaran – tal era su deseo de desquitarse ampliamente – Carmelo le largó un capotazo por abajo y al ejecutar una verónica de las suyas, es decir, ceñidísima y parando lo indecible, fue empitonado por el burel que, al derrotar, se lo pasó de un cuerno al otro, para arrojarlo a la arena, meterle la cabeza varias veces y arrastrarlo, porque, seguramente, el pitón estaba atorado en la ropa. ¡Momentos de intensísima emoción, de inenarrable angustia! Todos intentan hacer el quite, arrebatar su presa al burel que, codicioso, seguía tirando cornadas al cuerpo del lidiador, que fue recogido en grave estado por las asistencias y conducido a la enfermería…
Otra versión del hecho está en el libro Tres Décadas de Toreo en México, de Rafael Solana Verduguillo, también testigo del hecho y versa de la siguiente manera:
No esperó más Carmelo y sin ver un segundo capotazo, saltó a la arena… sin ver el estilo del toro, al ver solamente que era muy bravo, se plantó muy entablerado, casi a la puerta misma del burladero de matadores, para largar un capotazo por el lado izquierdo, sobre el que el toro se revolvió con la velocidad de un relámpago. Carmelo entonces se hizo arco para dejar pasar al bravo sandieguino en un lance por el lado derecho comprometidísimo; nuevamente se revolvió el toro con enorme rapidez, ganando terreno y entonces Carmelo, por más que estiró el brazo izquierdo, no pudo darle salida; ‘Michín’ lo prendió con el pitón izquierdo, por el muslo izquierdo, más arriba de la rodilla. 
Lo que la afición mexicana presenció en los siguientes segundos fue una verdadera pesadilla, un drama espantoso; jamás la fiesta de toros fue más sangrienta, jamás hubo en plaza alguna una cogida más impresionante; lo que ‘Michín’ hizo con Carmelo fue una verdadera carnicería, parecía un perro bravo destrozando una gallina, saltaban trozos de la ropa de Carmelo, de la ropa blanca y de la ropa roja… Los toros de San Diego siempre fueron sanguinarios con los caballos; pero esta era la primera vez que se veía a uno cebarse tan golosamente no en un cuadrúpedo, sino en un hombre. 
Era imposible hacer un quite; por más que los otros matadores y los subalternos luchaban, no conseguían que la atención del codicioso animal se separase por un solo instante de la víctima que estaba destrozando. La cogida duró más de un minuto y medio, y es la más larga que jamás haya habido… ‘Michín’ se pasaba al sangriento muñeco de trapo en que Carmelo se había convertido, de un pitón a otro, aunque siempre se pudo ver que el que usaba para herir era el izquierdo; solo lo alejaba de sí para tomarle nuevamente puntería y volver a herir… la cornada del tórax fue perfectamente visible; y la mayor del muslo se produjo también en una forma en la que todo el público la pudo ver; el toro se puso a Carmelo entre las patas, y bajó el pitón para arar con él sobre la carne viva del infortunado diestro, haciendo brotar un torrente de sangre...
Espeluznante debió ser presenciar la escena. Si la lectura de este par de relaciones es sobrecogedora, quiero suponer que haber presenciado en la plaza el hecho, debió serlo aún más, y es que aunque la Historia del Toreo de este lado del mar nos habla de percances graves, no nos refiere alguno donde el toro se haya encelado con tal fiereza con su víctima.

Los partes facultativos

El parte que quiero suponer previo, está en la crónica de Martín Galas y es de la siguiente guisa:
Durante el primer tercio de la lidia del último toro, ingresó a esta enfermería el diestro Carmelo Pérez, que presenta las lesiones siguientes: 
Herida causada por cuerno de toro en la cara antero – interna de la unión de los dos tercios, medio y superiores del muslo izquierdo, que interesó, tejido celular y músculos. Herida causada por cuerno de toro, en la cara posterior del hemitórax derecho, a la altura del noveno espacio intercostal y sobre la línea axilar posterior, penetrante de tórax. Otras tres heridas causadas por cuerno de toro: Una en el escroto, como de tres centímetros de extensión, que interesó piel y tejido celular; otra en la cabeza de la ceja izquierda, de un centímetro de extensión, que interesó piel y tejido celular; otra en el párpado superior del mismo lado, como de tres centímetros de extensión que interesó los mismos planos que la anterior. 
La herida del muslo tiene una extensión como de veintiocho centímetros. La del tórax, una extensión como de ocho centímetros. Las dos primeras lesiones son de las que ponen en peligro la vida. 
Además presenta contusiones dermoepidérmicas en diferentes partes del cuerpo…
Por su parte, Verduguillo, en su libro citado, expone un parte más elaborado, quizás redactado con posterioridad y sin la prisa que requiere la inmediatez de la crónica y que es del tenor siguiente:
Los médicos cirujanos que suscriben, encargados de la enfermería de la plaza El Toreo, dan parte a la autoridad que preside, de que durante el primer tercio de la lidia del sexto toro, ingresó a esta dependencia el diestro Carmelo Pérez con las siguientes heridas: 
Primera: Herida causada por cuerno de toro, de veinticinco centímetros de longitud, situada en el tercio medio e inferior de la cara interna del muslo izquierdo, interesando las partes blandas, faltando solo la piel para salir por la cara externa; descubrió las venas femorales y desgarró el nervio crural, destruyendo grandes porciones musculares. 
Segunda: Herida causada por cuerno de toro en el hemitórax derecho a la altura del noveno espacio intercostal, de nueve centímetros de extensión. 
Tercera: Herida contusa de tres centímetros en la región axilar, que interesó el tejido celular. 
Cuarta: Herida contusa de dos centímetros de extensión en la cabeza de la ceja izquierda, interesando el tejido celular. 
Quinta: Herida con desgarradura de la porción izquierda del escroto central de tres centímetros de extensión. 
Sexta: Varios varetazos en distintas partes del cuerpo. 
Pronóstico: El conjunto de las lesiones pone en peligro la vida del diestro.  
Curación: Bajo anestesia mixta amplióse la herida del muslo haciéndose una contraabertura en la cara externa; canalizóse con tubo de goma y taponóse con gasa yodoformizada la herida del hemitórax, suturándose las contusiones; inyectáronsele quinientos centímetros cúbicos de suero fisiológico, aceite alcanforado y adrenalina…
La recuperación de Carmelo Pérez fue lenta. Duró más de un año, porque en un principio al parecer se concedió poca importancia a la herida del tórax y fue la que generó mayores complicaciones y la que al final de cuentas vendría a costarle la vida.

Carmelo Pérez reapareció vestido de luces en El Toreo de la Condesa hasta el 4 de enero de 1931.

Pero dada la extensión que va adquiriendo, aquí dejo esto por hoy y espero concluirlo el día de mañana.

domingo, 2 de noviembre de 2014

2 de noviembre de 1929: Esteban García es mortalmente herido en Morelia

Esteban García
El tradicional festejo taurino del Día de los Fieles Difuntos para el año de 1929 en la capital michoacana se presentó con una novillada en la que actuarían dos de los triunfadores de la temporada de novilladas en El Toreo en la capital mexicana, Esteban García y David Liceaga. El encierro seleccionado para la ocasión sería de la ganadería de Queréndaro.

En su camino de la capital de la República hacia Morelia, David Liceaga y las cuadrillas que habrían de auxiliar a los diestros actuantes sufrieron un accidente carretero, lo que les impediría estar a tiempo para actuar en el festejo, por lo que se presentó la disyuntiva a la empresa organizadora de suspender la novillada o de celebrarla únicamente con la actuación de Esteban García. Enterado el diestro de Tacuba de la situación, aceptó lidiar el encierro completo él solo y solamente con el auxilio del banderillero retirado Antonio Conde, quien era su mentor y le auxiliaba en los despachos. Dada la edad de Conde, para aliviar en algo la situación, de cualquier forma se improvisó una cuadrilla con aficionados prácticos morelianos.

Esteban García despachó con presteza a los dos primeros novillos de la noche, aunque las relaciones de los hechos sucedidos reflejan que Antonio Conde tuvo que abandonar sus labores en el ruedo a causa de una hemorragia causada por la tuberculosis que padecía y los auxiliadores que quedaron eran meros aficionados con más buenas intenciones que habilidades. 

El tercero, al que la historia reconoce con el nombre de Aleve, prendió a Esteban García casi al abrirse de capa. Le infirió una cornada penetrante de vientre que de inmediato hizo temer por su vida. La primera información que los medios especializados dieron a conocer se publicó en el semanario El Taurino el día 4 de noviembre de 1929 y es de la siguiente guisa:
Grave cogida de Esteban García en Morelia. Morelia, noviembre 2.  Esta tarde se encerró Esteban García con cuatro animales de Querétaro que resultaron bravos. Esteban toreó con lucimiento a sus dos primeros enemigos a los que mató brevemente y se apretó con el tercer bicho, que le echó mano, infiriéndole una cornada en el vientre. El pitón penetró a la cavidad abdominal y rompió el peritoneo. El estado del diestro es muy grave. El Corresponsal.
La primera atención brindada al diestro fue en las dependencias de la plaza. Muchas versiones hablan de la atención en un cuartucho desaseado y maloliente y de la falta de presencia de un adecuado servicio médico. La realidad es que la enfermería era, como hoy, una enfermería preparada para percances menores. Nunca se esperó, ni se preparó una catástrofe de estas dimensiones. Enrique Arzamendi escribió en El Taurino, del 11 de noviembre de 1929 lo siguiente:
¡Ha muerto un torero! La noticia nos sorprendió grandemente. ¿Cómo es posible que Esteban con ese dominio, con ese conocimiento, con esa vista, fuera preso de un pitón asesino que le deshizo el vientre y le perforó el peritoneo y el epiplón? Al principio dudamos. Pero después, no tuvimos más remedio que rendirnos ante la verdad... Y salió el tercer toro, otro buey ilidiable, otro buey propio para tirar de una carreta y no para enfrentarse con un torero de la talla del desaparecido. Vino allí la tragedia: un capotazo, un derrote seco y el pitón penetra el vientre y destroza, implacable y cruel, los intestinos y las principales vísceras… Después la mesa de operaciones en enfermería de pueblo, enfermería, como en todas las que existen en esos poblados, desprovista de material necesario para el caso. Los doctores luchan denodadamente por salvar la vida. Buscan otro local más apropiado para curar y trasladan a Esteban al Hospital, ahí nuevamente se entabla la lucha entre la ciencia y la “pálida” que, sonriente, extiende sus huesosos brazos para llevarse, para siempre, a un muchacho lleno de vida, con esperanzas risueñas para el porvenir...
La explicación de Arzamendi deja claro que a Esteban García se le dio la atención médica que había a la mano. A ese respecto, en la oración fúnebre pronunciada por el doctor Francisco Ortega, en ese entonces Presidente del Montepío de Toreros de México, se expresó lo siguiente:
...Aleve astado de Queréndaro ha tronchado esta existencia de hombre artista, y nosotros debemos ver tan triste suceso como una de las dolorosas fatalidades de la imperfecta organización nuestra, y aprovecharlo cual una lección en el mejoramiento de nuestra clase; lloramos ahora las débiles atenciones que le fueron prodigadas inmediatamente después del accidente, lamentamos no menos la imprevisión de un traslado inadecuado al grave estado en que se encontraba el lesionado, y por último sentimos nuestras almas hondamente desgarradas al ver el terrible y lamentable desenlace ocurrido a un compañero que merecía vivir y triunfar, porque seguramente así hubiera sido, si contando con los valiosísimos elementos de la ciencia Médico – Quirúrgica de la que desgraciadamente muy pocos toreros se preocupan actualmente en México en su ejercicio profesional, se hubiera luchado activamente para debilitar la infección y acabar con ella salvando como era de esperarse, la vida insustituible de Esteban García...
Petición de minuto de silencio para Esteban García
El Toreo, 10 de noviembre de 1929
Creo que hoy en día, cuando ocurre una tragedia de igual o similar magnitud, los reproches mantienen la misma sintonía, aunque la ciencia médica y la forma de manejar las heridas por asta de toro hayan evolucionado grandemente.

La sorpresa que causó la grave cornada a Esteban García era fundada. Desde su presentación en El Toreo en el año de 1926, se reveló como un torero largo, poderoso, dominador, de los que entienden a todos los toros y que encuentran la lidia que requiere cada uno de ellos. Era un torero del que no se podía suponer que moriría a causa de una cornada. Escribía Enrique Arzamendi:
Esteban García no era uno de tantos que hoy dan una tarde regular y mañana una pésima. Era un lidiador largo, entendido, que, como ya lo han dicho plumas más autorizadas y competentes que la mía, triunfó en la última temporada de novilladas. Después de aquellos triunfos, innegables en nuestro coso máximo, continuó cosechando laureles por los Estados donde dejó un cartel grande e imborrable...
Y remataba El – Hombre – Que – No – Cree – En – Nada:
Esteban García fue siempre un enamorado de su arte, un joven cuyo único anhelo consistió en encontrar un toro para poder torearlo... Y fue esto sin duda la causa de su muerte, porque lo hecho la noche del 2 de noviembre de 1929, en la plaza de Morelia, nadie es capaz de hacerlo; indudablemente fue una temeridad, pero esa temeridad, ese arrojo indecible, fue obra del amor a su profesión, fue obra del valor a toda prueba y del respeto que supo guardar siempre a los públicos, a quienes jamás quiso defraudar...
El único enemigo de Esteban García fue él mismo. Decía hace unas líneas que debutó en El Toreo en 1926 y seguía en el escalafón de novilleros en 1929. Fernando Vinyes escribía que lo que le pesó fue ser de la misma cuerda que Armillita, que encabezó su quinta novilleril y eso le desplazó para otras promociones, siendo la de 1929 en la que encontró a su epígono, Carmelo Pérez, quien terminaría igualmente por los senderos de la fatalidad. Escribió Don Zeta en El Taurino del 11 de noviembre de 1929:
Así como en otros órdenes de la vida hay alegrías para unos y sinsabores para otros, Esteban debió haber sufrido muchos de los últimos, pues sabiendo que sus compañeros toreaban en México continuamente, había sido él postergado por la más grande de las injusticias; y mientras que uno y otro de los de su época se hacían matadores de toros (“Armillita”, “El Tato”, Heriberto, Gorráez) él, con tantos o mayores méritos que ellos, roía el hueso de la desilusión rodando de pueblo en pueblo... en 1926 toreó en México dos corridas y una en 1927, el año de 1928 no le vimos para nada... No fue sino hasta este año de 1929 en que los empresarios se acordaron de él, y ya vimos con qué resultados...”
Esteban García falleció en Morelia el 6 de noviembre de 1929, cuatro días después de la cornada recibida en el festejo del Día de los Fieles Difuntos.

domingo, 19 de enero de 2014

19 de enero de 1947: Manolete y Boticario. Garza en la cárcel Del Carmen

El cartel anunciador del festejo
La 12ª corrida de toros de la temporada 1946 – 47, celebrada en la Plaza México – ese serial fue el primero y único que se verificó conjuntamente con viejo Toreo de la Condesa – tendría a su término varias razones para ser uno que ocupara un lugar importante en la reciente Historia Universal del Toreo. 

En primer lugar, resultaría ser la última tarde en la que Manuel Laureano Rodríguez Sánchez – en los carteles Manolete – actuara en la capital mexicana, una actuación final no decidida o meditada, sino consecuencia de los sucesos de Linares en agosto de ese mismo año. Después, resultaría también una un legítimo triunfo del torero de Córdoba sería opacado por una de las tempestades que Lorenzo Garza sabía generar en el ruedo y transmitir a los tendidos para encenderlos a su favor y en su contra. Bien decía El Ave de las Tempestades que un requisito indispensable para ser figura era el saber dividir

Todavía el martes 14 de enero de 1947 se ignoraba quien cerraría la combinación con los toros de San Mateo, Lorenzo Garza y Manolete. La impresión de la prensa de la época era que se buscaría un torero que no apretara a las dos figuras de modo tal que se les pudiera facilitar en lo posible el triunfo. Al final el tercer hombre fue Arturo Álvarez Vizcaíno y así la corrida fue una de esas de gran expectación.

Paquiro en el número 216 del semanario La Lidia de la Ciudad de México, aparecido el 21 de enero siguiente al festejo, cuenta lo siguiente:
La corrida anunciada para el domingo pasado despertó en la afición un auténtico alboroto. La colas y los tumultos que se formaron para conseguir boletos, fueron increíbles; desde el jueves hasta el domingo la afición batalló y desesperó, con afán y pasión dignos de auténticas revoluciones. Todo aficionado tenía un solo objetivo: conseguir boletos…
La visión de Antonio Ximénez de algunos
sucesos de ese festejo
Un festejo que produce una espera en esas condiciones por lo general se realiza en un ambiente de tensa espera – lo que hoy se dice cargado de energía – y es que poco más de un mes antes – 11 de diciembre de 1946 –, Lorenzo Garza y Manolete habían realizado grandes hazañas en el mismo ruedo ante una magnífica corrida de Pastejé, cortando dos rabos el de Monterrey y uno el Monstruo – Amapolo, Buen Mozo y Manzanito –, cincelando ambos diestros obras que aún hoy, a casi siete décadas de distancia, se tienen por paradigmáticas del éxito en ese escenario.

El encierro de San Mateo prometía en una importante medida la celebración de otro fasto en la gran plaza. Lorenzo Garza era el torero de la casa de don Antonio Llaguno y al propio ganadero le resultaría ampliamente redituable que el principal torero de España cerrara su campaña en la Ciudad de México con un triunfo ante sus toros antes de emprender el viaje de regreso para iniciar su campaña europea.

De la relación de Paquiro, se expresa lo siguiente acerca del encierro a lidiarse:
Toros de San Mateo; esos bureles que han consagrado a tantos y tantos lidiadores, por su bravura y nobleza extraordinarias. Esos toros siempre constituyen garantía de triunfo, ya que se prestan al lucimiento de los toreros porque por su sangre corre la herencia de castas de prestigio indudable. Toros de San Mateo; los toros de don Antonio Llaguno – creador y criador – que no le ha importado su malestar físico causado por larga y penosa enfermedad, con tal de dar una vez más gusto al público que clama por sus ejemplares. Toros de San Mateo, en fin, los que siempre han lucido – arrogantes y orgullosos – los colores de su divisa que es blanca como la nobleza y rosa como lo imperial…
El resultado final de la corrida

Como lo expreso en el encabezado, Manolete le cortó el rabo al quinto toro de la tarde, llamado Boticario y Lorenzo Garza terminó la tarde en la cárcel Del Carmen de la capital de México. La plaza se llenó hasta el reloj – aquí en México las plazas no tienen bandera – y tras de que la corrida y la bronca concluyeron, la nueva plaza requería de muchas y muy serias reparaciones. Sigo citando a Paquiro con lo que sigue:
…la afición se volcó en los tendidos y dejó muchos miles de pesos en las taquillas. Pero – ya hay que decirlo – solo desde el aspecto económico hubo triunfo. Porque lo que se vio en la arena fue un verdadero y despreciable desastre. Al final de la corrida la bronca era endemoniada; fogatas en todos los graderíos, una auténtica lluvia – tempestad – de cojines, insultos por doquier, la policía en acción y muchas cuadrillas de corajudos y enloquecidos espectadores que, transformados en insaciables condenados, se dieron a destruir todo lo destruible en la Monumental Plaza. Aquello era un motín borrascoso imposible de describir…
Manolete y Boticario

El rabo número seis que se otorgaba en la plaza y segundo y último de su cuenta personal, fue el que Manolete le cortó al quinto San Mateo de la tarde, Boticario. Al final, el torero de Córdoba es quien rescató los valores de la Fiesta en esa tarde. La relación ya citada de Paquiro refiere su actuación triunfal de la siguiente manera:
Salió el quinto y “Manolete” lo saludó con una tanda de verónicas tremendas, de las que sobresalieron las del lado izquierdo. Ellas fueron coplas y poemas de sacra liturgia, que quedaron firmadas con una media de abolengo único… Tomó la muleta y se inició el drama. Sin mayores requisitos se echó el engaño a la mano izquierda y buriló dos series de naturales extraordinarios. En cada lance había confusión de los vuelos del engaño escarlata y de los vaivenes macabros de los pitones del toro tempestuoso. Éste hacía un círculo en torno a la cintura del torero que, más que nunca, lució orgullosamente sus sedas y sus oros. “Manolete” semejaba extraño oficiante de sangriento rito de muerte… Todavía insistió para más naturales, pero el burel se le coló, y lo derribó en la arena. Caído, “Manolete” sufrió otras peligrosas tarascadas. Se quedó inmóvil y pálido. Los gritos de angustia se reprodujeron en ecos de imploración… Las asistencias lo cargaron en brazos y se lo llevaron a la enfermería – la cornada se daba por segura – cuando el cordobés sintió el fuego de su afición y se deshizo, corajudo y temerario, de toda ayuda… Despeinado, lleno de arena y con la taleguilla completamente desgarrada se fue al toro. En medio de la admiración general, logró más derechazos y naturales extraordinarios. El público rugía. Y el torero, que se nos antojó un regio monarca que ha sufrido atroz herida pero conserva el palpitar de su corazón indomable y vencedor, se extasiaba en aquellos pases prodigiosos… Terminó con media en buen sitio y el burel se rindió vencido y admirado por tanto valor. Se concedieron a “Manolete” las orejas y el rabo y se abstuvo de recorrer el redondel en innúmeras ocasiones, porque las fuerzas lo abandonaron y, ahora sí, fue llevado a las manos de los médicos…
Al final de cuentas, Manolete resultó solamente con un palotazo en el muslo izquierdo y una conmoción cerebral leve, que fue la que le impidió continuar en la lidia.

La descoumunal bronca

Rodolfo F. Guzmán, en el diario El Siglo de Torreón del día siguiente del festejo refiere que el festejo fue accidentado. Que independientemente de la importante actuación de Manolete ante el quinto del festejo, la gente se metió con él por considerar que no estuvo a la altura del primero de su lote, que además al saltar al callejón había herido de gravedad a un empleado del servicio de plaza. Tan complicadas estuvieron las cosas, que sin esperar el resultado del segundo de su lote, Manuel Rodríguez ofreció regalar el sobrero para intentar apaciguar los ánimos.

Si a eso se suma la desgana con la que actuó Lorenzo Garza toda la tarde, la situación se acomodaba para que se produjera un cataclismo de considerables dimensiones. Dice la crónica de Guzmán:
En el tercero, que correspondió a “El Vizcaíno”, Lorenzo se limitó a bailar en los quites y volvió la gente a picarse y a insultarlo; del tendido de sombra, de la primera fila, donde se sientan los hombres de dinero y llamados cultos, surgió el grito recordándole al de Monterrey a su señora madre desaparecida; el cuello del señor de Monterrey se estiró como el de una jirafa y se enfrentó al tendido, pero no pudo precisar al anónimo grosero. Hubo una llamada de atención y Lorenzo aguantaría todas las críticas del público pero no toleraría más que se acordaran de su madre de tan fea manera... Y salió “Tapatío”, un negro zaino ancho de cuna, cabezón y feo. Lorenzo le bailó peteneras en el primer tercio y los 55,000 espectadores se dieron a silbarle y a gritarle y de nuevo surgió aquél grito destemplado, de borrachín, grito tabernario que aún los mismos ebrios se guardan de lanzar. No pudo Lorenzo localizar al que lo profirió, pero sí perdió los estribos y acabó con el burel entre una lluvia de cojines y de otros proyectiles, de una media con derrame...
Pero faltaba el episodio final. Un hecho que en la historia de la Plaza México no se ha vuelto a repetir y que hasta donde mi entender alcanza rara vez sido visto en alguna otra plaza de toros. De la narración del invocado Rodolfo F. Guzmán extraigo lo que sigue:
El acto final. – Nacho Carmona pica mal a “Monterillo” el toro que cerró plaza y de nuevo vuelan los cojines sobre el varilarguero. Lorenzo fue al quite, sin ganas, sin entusiasmo, sin nada y el público lo abuchea de lo lindo. Se encrespa el de Monterrey y éste localiza al que ha insultado a su señora madre y brinca al callejón, saca violento y exaltado el estoque de la funda que estaba ya en vías de ser acomodado en la maleta de los trastos de torear y brinca al tendido dando mandobles a diestro y siniestro; siguiéndolo van sus banderilleros Emilio Méndez y Valencia y surge la más espantosa de las broncas entre un público llamado civilizado... Cargan los granaderos y empiezan a llover en los tendidos las bombas lacrimógenas, cortan cartucho los gendarmes y las calibre 45 empiezan a relucir... La policía encontró al que había insultado a Lorenzo y lo sacó a culatazos y a golpes. Mientras tanto se pudo sujetar a Lorenzo y junto con su cuadrilla salieron de la plaza, escoltados por policías, granaderos y empleados del servicio secreto... Todavía vestido de torero, Lorenzo Garza fue conducido a la cárcel de la Delegación del Carmen, donde quedó internado en espera del castigo que le espera por su “hazaña”...
Las sanciones aplicadas

Algunas gráficas de la bronca y de
Garza en la cárcel
Al final de cuentas un evento de esta naturaleza resulta en una serie de sanciones para quienes participan en él. Inicialmente se informaba que a Lorenzo Garza se le había aplicado un arresto inconmutable de 15 días. La realidad de los hechos es que para el viernes siguiente al festejo se anunciaba públicamente que había sido multado con diez mil pesos (unos 1,200 dólares al tipo de cambio de la época), misma suma con la que se sancionó a la empresa de la Plaza México, por el sobrecupo (se hablaba de 10,000 espectadores de más esa tarde). Al ganadero Antonio Llaguno se le sancionó con cinco mil pesos – no me explico el motivo – y a los banderilleros de Garza con quinientos pesos a cada uno. Y en la comunicación de las sanciones se supo que el nombre del que insultaba a Garza era Emilio Mauren, a quien se sancionó también con quinientos pesos – unos 60 dólares – y además se anunció el cese del Juez de Plaza y del delegado de la autoridad en el callejón. (NOTA ACLARATORIA: El buen amigo Gastón Ramírez Cuevas me señala que el nombre correcto del personaje que insultaba a Lorenzo Garza era EMILIO MAURER, persona a la que conoció. El dato lo obtuve yo del semanario La Lidia, que lo publicó tal como quedó transcrito inicialmente, ahora, aclarado y corregido queda).

Una reflexión posterior

Don Luis de la Torre El – Hombre – Que – No – Cree – En – Nada, reflexiona lo que sigue acerca de los sucesos en un artículo titulado Tenía que suceder, aparecido en el número 217 del semanario La Lidia del 30 de enero de 1947:
El alto costo de los derechos de apartado, más tarde la decepción sufrida al conocer que el descenso esperado en el valor de los billetes de entrada al pasarse la fiesta al monumental coso “México”, se convirtió en abusivo aumento, así como el falso anuncio de diestros que nunca llegaron a contratarse, amén de las múltiples incomodidades para trasladarse a la Ciudad de los Deportes, fueron apenas el principio del disgusto del público... Vino el anuncio de la duodécima corrida. A bombo y platillo se propagó la novedad de que serían lidiadas reses zacatecanas por el torero en ellas especializado, reforzándose el cartel con la supuesta competencia entablada con la cuña de nuestros toreros. Se tragó el anzuelo, se hizo el taquillazo; pero nadie fue capaz de percatarse de la justificada indignación del público por todos los antecedentes mencionados, ni se pensó tampoco en su cansancio al soportar por varios años la mofa y el insulto del torero más desaprensivo con que cuenta la historia, cuando habían pasado apenas quince días de un hecho bochornoso, culminación de toda su insolencia... El público, abarrotando el graderío de la anchurosa plaza de Insurgentes, no pudo soportar ya una nueva burla en la que tomaron participación todos los elementos constitutivos de la fiesta, y estalló el cohete ante tanta ignominia, desatándose la bronca más furiosa que pueda recordarse, acallada solamente por breves instantes ante la reflexión momentánea y honrada del torero cordobés, único que, si en un principio contribuyó también a la tormenta, supo cumplir con su deber como artista con el público soberano. A fuerza de valor y pundonor supo acreditarse una vez más como torero de vergüenza, ganándose por ello la voluntad de los espectadores, otorgándosele los máximos galardones...
Garza salió de la cárcel a hombros de sus incondicionales. Así critica ese hecho don Luis de la Torre:
Ahí tenemos al HÉROE sacado en hombros de donde no debió haber salido en mucho tiempo, limpio de toda culpa (según él mismo); libre para seguir actuando ante la ingenuidad de los públicos y el aplauso de sus incondicionales, haciéndose gratuita propaganda para llenar más y más sus escarcelas; no mermadas en nada ni con la multa impuesta, pues según cláusula de contrato, ésta deberá ser pagada por la empresa. Más sí eso no fuere, en justicia, ¿qué significa el monto de la multa para el fabuloso sueldo percibido, a decir, por matar toros y nunca hacerles filigranas? No es de dudarse que con gusto vuelva a pagarla, dándose con ello la satisfacción de burlarse nuevamente del público y autoridades, sí, como lo merece, no se le retira definitivamente de los ruedos ya que su ambición no le ha permitido cumplir con su palabra cuando dijo hacerlo voluntariamente. ¡Oh personalidad, divino tesoro!, que dijera cierto cronista de prensa y de radio…
En fin, que este es uno de los interesantes capítulos de la Historia – escrita aplicando la gramática parda – Universal de la Fiesta.

domingo, 18 de agosto de 2013

23 de agosto de 1931: El adiós de Luis Freg

El anuncio de la corrida en Mundo Deportivo
El pasado 7 de junio se discutía sobre lo inusitado que resultaba un cartel en Madrid, en la llamada Feria del Arte y la Cultura en la que dos toreros mexicanos – Joselito Adame y Juan Pablo Sánchez – alternaban con El Cid. En los próximos días se cumplen 82 años de un hecho en el que, cuatro toreros mexicanos – sí, ¡cuatro! – actuaron en Barcelona en la misma tarde.

Fue la del día 23 de agosto de 1931, fecha en la que, habiendo cedido Eduardo Pagés la Plaza Monumental de la capital catalana a Luis Freg para organizarse un beneficio y despedida, logró que participaran en ese esfuerzo junto con él Juan Espinosa Armillita, Pepe Ortiz y Alberto Balderas, quienes lidiarían un encierro compuesto por ocho toros salmantinos de Alipio Pérez Tabernero Sanchón.

Luis Freg había toreado apenas cinco tardes en España el calendario anterior y todas en Barcelona. El toreo había evolucionado y quizás el hecho de ser El Rey del Acero ya no era suficiente para mantenerse en el gusto de una afición que había tenido la oportunidad de apreciar una profunda transformación en la manera en la que los toreros se conducen ante los toros. Por su parte Armillita apenas había actuado un par de tardes el calendario anterior y junto con Freg, tendría esta tarde su única corrida del calendario.

Pepe Ortiz
El Orfebre Tapatío Pepe Ortiz reaparecía en Barcelona después de 5 años y Alberto Balderas iniciaba en los ruedos hispanos un camino que terminaría alrededor de una década después en las astas de Cobijero en el ruedo del Toreo de la Condesa.

La convocatoria a la corrida tenía como aliciente adicional el sorteo entre los asistentes de 380 pesos mexicanos – en monedas de oro – en tres partidas de 150, 120 y 110 pesos cada una. 

Trincherilla, cronista del semanario barcelonés La Fiesta Brava, relata los siguientes prolegómenos del festejo:
¿Despedida de Luis Freg? Así se anunció... Yo no puedo creerlo. No es posible que esta sea la última vez que en Barcelona aplaudamos a este torero, todo hombría, todo dignidad… Las ovaciones cálidas, entusiastas que sonaron en su honor, le fueron otorgadas a impulsos de un sentimentalismo hacia el torero que, cosido a cornadas en veinte años de ostentar orgulloso por los ruedos el glorioso airón de su pundonor profesional, amargado, desilusionado por la injusticia con que le tratan las empresas pone final a sus luchas, sacrificando su afición cada vez con más fuerza sentida. No. Porque más que un torero que se va, pareció un novillero que llega, rabioso por alcanzar su puesto, desbordante de afición y ambicioso de gloria… No quiero creer que Luis Freg no vuelva a pisar más estos ruedos, escenarios de sus mayores triunfos… No se va Luis por propio impulso. A ello le obliga el desdén con que se ve tratado quien es merecedor de las mayores admiraciones. Bien claro lo ha dicho… Y eso no puede ser, no debe ser. El domingo nos demostró que “aún” puede codearse dignamente con los gerifaltes de la torería, quienes tienen mucho que aprender de él. Y no me refiero a su pundonor, que eso es virtud intransferible, sino a sus cualidades de TORERO, así, con mayúsculas…
La afición de Barcelona se entregó sin reservas a Luis Freg en esta última tarde. Terminó cortando una oreja a cada uno de los toros que le cupieron en suerte y al final incluso, se le intentó sacar en hombros de la plaza, sin que el torero así lo permitiera. La relación citada antes lo cuenta así:
Torerísimas fueron las verónicas que Freg ejecutó esta tarde en las que paró, templó y mandó como los grandes estilistas… Erguido, arrogante inició el trasteo en su primero, que pasó todo entero bajo los pliegues del rojo engaño, quieto como un poste Freg, sin enmendar su terreno, jugando los brazos acompasadamente y dejándose acariciar la pechera por el pitón del enemigo… Continuó toreando por naturales y de pecho, altos y cambiándose de mano la muleta, muy ajustado, de impecable ejecución. Una gran faena para justificar a un gran torero… Amagó un pinchazo por desigualarle el toro al emparejar y cobró una gran estocada poniendo en el ataque su proverbial majeza… Estalló la ovación clamorosa, emocionante, se le concedió la oreja y recorrió el ruedo recibiendo las más francas demostraciones de entusiasmo… Un “regalo” fue el quinto toro. Tardeaba, pero cuando fe arrancaba lo hacía descompuesta y con fuerza de ciclón… Brindó en los medios la muerte de este bicho y sin arredrarle el peligro desafió de largo para el ayudado por alto, grandioso, emocionante. Repitió el muletazo y en el tercer viaje sufrió un acosón serio. Intervino Ribera eficazmente para quebrantar al morito que seguía sin abrir la boca y humillando… Jugándoselo todo, aprovechó Luis una igualada para entregarse en un estoconazo formidable, hasta las uñas. Duro en doblar el toro, apeló al descabello el matador acertando al segundo golpe… ¿Quién acierta a reflejar la emoción que produjo este momento? Volvió Luis a cortar la oreja. En tanto el público, en pie, daba rienda suelta a su sentimiento aclamando al torero que se iba en pleno triunfo… Acabada la corrida, el público cogió en volandas a Luis Freg, lo pascó por el ruedo e intentó llevarlo en triunfo hasta el hotel, a lo que se opuso resueltamente el diestro… Empresario de esta corrida era Luis Freg. Buscando un beneficio que le ayudara a vivir un retiro holgado la vida y su dinero… No creemos que el resultado material de esta corrida sea óptimo. Cuando más, habrá asegurado las pérdidas…
Pepe Ortiz tuvo una muy interesante reaparición en Barcelona. Un lustro antes había retomado su alternativa mexicana, causando una muy buena impresión, pero no había vuelto a la Monumental de las cuatro cúpulas. En este regreso causó una muy buena impresión según podemos leer:
Reaparecía Pepe Ortiz, a quien desde su alternativa en esta misma plaza el 20 de junio de 1926 no habíamos vuelto a ver. Por eso más que reaparición suya fue un debut… Había curiosidad por juzgar a este torero de quien tantos y tan entusiastas elogios ha venido haciendo la crítica de su país, y recientemente la madrileña… Torero finísimo con el capote, lanceó suavemente a su primero, sujetando al toro que quería irse. Luego en su quite nos maravilló con la suerte de su invención, esas "orticinas" deslumbrantes de alegría, elegancia y vistosidad, bellísimo lance en el que el genio creador de este gran torero se muestra con toda su imponderable grandeza y del que teníamos una idea remotísima a través de la grotesca interpretación que le diera Bienvenida… Ciertamente es incomprensible este desvío de las empresas, porque en Pepe Ortiz hay un artista magnifico, un torero de personalidad acusadísima. Pronto apreció esto el público, que se entregó al tapatío en los primeros momentos y tuvo para él entusiastas y fervorosos aplausos… José Ortiz, a pesar de que el ganado no se prestó para el lucimiento del artista, obtuvo un éxito muy estimable y dejó al público con el deseo de volverlo a ver pronto... La figura de Ortiz había despertado en Barcelona extraordinario interés, interés que no resultó en ningún momento injustificado, pues desde los primeros capotazos el mejicano se nos reveló como un torero excepcional, en quien concurren un sin fin de cualidades de las que forman un torero… Ortiz practicó durante toda la tarde un toreo preciosista y valiente, admirablemente ligado con los conocimientos taurinos, que le valió constantes ovaciones…
Por su parte, Alberto Balderas logró destacar en el primero de su lote. La relación de su actuación que hace el corresponsal de El Heraldo de Madrid es de la siguiente guisa:
Cuarto. Con muchas arrobas. Balderas entusiasma al respetable con unos lances por bajo llenos de suavidad y temple. En quites compite con Ortiz, a cual más adornado. Los montados abusan del palo, destrozando al bicho. Balderas coge palos y prende un superiorísimo par de frente. Cierran los de turno. El toro llega al último tercio bronco y avisado. Balderas, dominador e inteligente, liga una faena sobria y serena, que corona con media en las agujas. (Ovación, petición de oreja, vuelta y salida.)
El Rey del Acero
Juan Armillita no tuvo suerte en la única tarde que toreó en ese calendario. Era la antepenúltima que torearía en los ruedos hispanos vestido de oro, pues su destino estaba en la grandeza de los hombres que visten de plata, donde fue una primera figura.

Pese a la incredulidad del cronista barcelonés, la tarde que nos ocupa fue la última que toreó Luis Freg en ruedos españoles. Su carrera se prolongaría en México todavía tres años más y terminaría de manera abrupta, con su muerte por ahogamiento en el río Palizar en Campeche el 12 de noviembre de 1934.

En cuanto al sorteo de los pesos mexicanos, el corresponsal de La Voz de Madrid, señala lo siguiente:
Se sortean monedas de oro mejicanas, por valor de 2.500 pesetas, y corresponde el primer premio al número 9.057; el segundo, al 3.163, y el tercero, al 1.653…
Don Luis de la Torre El – Hombre – Que – No – Cree – En – Nada, resume así el paso por los ruedos de Luis Freg:
No fué Luis Freg un lidiador que se distinguiera por un estilo depurado en su toreo de capa, ni tampoco fué un muletero preciosista, pero supo usar el capotillo y de la roja franela, ejecutando todas las más bellas suertes con el clasicismo y la escuela imperantes con anterioridad al revolucionismo traído por Juan Belmonte... lo que los hizo descollar como figura prominente dentro de las modalidades de la época, fué su estoque formidable, unido a un valor rayano en heroísmo. Estas cualidades lo hicieron acreedor a ser calificado en tierras españolas con las significativas designaciones de “El Rey de Acero” y “Don Valor”, con que ampliamente era reconocido en toda España... Excepción hecha de Salvador Sánchez “Frascuelo”, la historia taurina no señala lidiador alguno tan castigado por los toros como lo fuera nuestro compatriota Luis Freg. Calculándose en los veinticinco años de su carrera, no menos de sesenta cornadas recibidas, de las cuales más de treinta fueron graves y no menos de cinco de las que ponen en inminente peligro la vida... Torero sin estrella, ni en su propia Patria pudo lograr la aceptación definitiva de los públicos, muy merecida si en cuenta se toma su preponderancia como estoqueador puro, certero, valeroso, y buscada por él al no escatimar esfuerzo alguno, aún a costa de su sangre, generosamente ofrendada en aras de la fiesta..

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