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miércoles, 13 de enero de 2010

Antonio Montes, a 103 años de su muerte (I/IV)

Algunos lugares comunes

Antonio Montes
Antonio Montes Vico nació en la Triana de Sevilla el 20 de diciembre de 1876. Afectado por una deficiencia auditiva, se volvió desde una edad temprana en una persona taciturna, ensimismada y, en algún sitio leí, que al contrario de muchos que padecen ese tipo de impedimento físico, hablaba muy quedo, casi musitando, quizás tratando de evitar el denunciar su condición hablando a gritos.

Antonio Montes fue vecino del número 63 de la Calle Pureza y al paso de los años se volvería uno de sus habitantes ilustres como la actriz Antoñita Colomé, como el cantaor Armando Gutiérrez, Juan de Triana, como esa cumbre de la cultura que ha sido Antonio Machado Álvarez Demófilo o más recientemente el diestro Emilio Muñoz y por la cercanía de su domicilio con el Templo Parroquial de Santa Ana, llamada con justeza La Catedral de Triana, fue acólito allí y después, se dice, pasó a ser sacristán de ella, tomando de allí el primer apodo que su grupo de amigos le puso: El Sacristán.



Quizás en esos días pasó por su mente consagrarse al estado eclesiástico, sin embargo, su juventud y la cercanía de la Plaza de Toros de la Real Maestranza de Caballería de Sevilla le mostraron que podría encaminar su existencia por otros derroteros, así que pronto dejó la guarda de los ornamentos y los rudimentos de los latines y la teología para encaminar sus pasos a visitar por las noches la Dehesa de Tablada.

El Templo Parroquial de Santa Ana. Triana, Sevilla
Será en esa dehesa en donde Antonio Montes desarrollaría una particular manera de hacer el toreo, desconocida hasta entonces, pues la forma de lidiar, estaba determinada en mucho por las condiciones de los toros (Alameda dixit). La lidia común en esos días se realizaba a partir de muchas facultades físicas, un amplio juego de brazos y una inteligente reposición de terreno.

En Tablada pastaba lo mismo ganado de casta que morucho, predominando éste. Era el campo abierto donde las querencias de los toros están más marcadas y sin barreras artificiales que los contengan. Al sentir el acoso del torero, el toro tiene más fácil la posibilidad de huir y escabullirse de la molestia que le implica el hostigamiento del torero. Cuando la res es de media casta (morucha), esa condición tiende a ser más acentuada.

La lidia decimonónica hacía fácil la huida del toro en esas condiciones. Entonces, el que pretendía torear las noches de luna en Tablada, tenía que sujetar muy bien al toro o vaca cortado de su piara y obligarle a repetir en un breve espacio de terreno. Montes desarrolló así una manera de hacer el toreo en la que reponía poco terreno, pero con un eficaz juego de brazos y de cintura, llevando, diríamos hoy muy tapadas a las reses con los engaños utilizados. Es decir, se quedaba muy quieto. La mayor crítica que se le hacía es que era codillero, sin reparar que ese codilleo era el recurso técnico para sujetar al toro huidizo y obligarle a repetir en ese corto espacio de terreno, recurso que Belmonte perfeccionaría años después y volvería canon de la moderna tauromaquia.

El aprendizaje en Tablada y el andar por las capeas de los pueblos le permiten, de manera desusada en sus tiempos, presentarse como novillero (sin haber pasado como banderillero en alguna cuadrilla antes) en la Plaza de Sevilla el 3 de mayo de 1896, para lidiar novillos de José Torres Díez de la Cortina, alternando con Costillares y Guerrerito. El corresponsal del semanario madrileño El Toreo, en su edición del día 11 siguiente, refiere de esta actuación:

Montes, que desconoce el manejo de la muleta, pasó de cerca y con arrojo y estuvo afortunado, al salir ileso de tres o cuatro cogidas que sufrió al estoquear el tercer novillo. A este lo despachó de dos pinchazos y una estocada baja, sin conseguir descabellar en dos veces que lo intentó. Al último consiguió darle muerte de otros dos pinchazos y una estocada, que resultó al lado contrario.

Los tres espadas trabajaron con buenos deseos, estuvieron activos en los quites y capearon a sus respectivos bichos con más o menos lucimiento…


No obstante esa actuación, que se puede calificar de desafortunada, se presenta en Madrid el 13 de noviembre de 1898. Recibe la alternativa el Sevilla el 2 de abril de 1899, de manos de Antonio Fuentes y llevando de testigo a Ricardo Torres Bombita y la confirmó en Madrid el 11 de mayo de ese mismo año, llevando de padrino a Antonio Moreno Lagartijillo y de testigo a Emilio Torres Bombita. En esta ocasión los toros fueron, uno del Duque de Veragua, llamado Tesorero (el de la ceremonia) y 5 de Pablo y Diego Benjumea. Mariano del Todo y Herrero, en el número de La Lidia correspondiente al lunes 15 de mayo de ese año refiere lo siguiente:


Le damos la preferencia, ya que las reglas de la cortesía taurina se la dieron también en el circo. El nuevo matador de alternativa, hizo su debut como tal en Madrid, con una faena de muleta breve, en la que sobresalieron los pases naturales, en los que paró bien, rematándolos con elegancia, si bien en los de otro sistema se embarulló algún tanto, dejando que el toro le adelantase en el terreno. Estuvo confiado, sin embargo, y entró á matar con mucha voluntad, dejando una estocada caída y con tendencias, á volapié. La brega del último tuvo dos partes: en la primera, el diestro estuvo algo desconfiado en los pases; en la segunda, los naturales fueron de la buena escuela de antes, y entró bien á matar, señalando en lo alto un pinchazo en hueso, y colocando luego una buena estocada hasta el puño, todo á volapié. Lanceó de capa al primero, con salida larga, pero parando y estirando bien los brazos, y cumplió en lo poco que de sí ofreció el resto de la cosa.


Antonio Fuentes
Antonio Montes, a partir de su alternativa tuvo que competir con Fuentes, Machaquito, y Bombita quienes en esos días formaban la primera fila de la torería de ese tiempo. Los cartabones del toreo de esos días aún no estaban preparados para admitir una revolución en las maneras de ser y de hacer el toreo. De allí que en España, Antonio Montes quedara en las más de las ocasiones relegado a ser un digno y batallador complemento de carteles de tronío, lo que le comenzó a formar una seria idea de que los nombrados Fuentes, Machaquito y Bombita, las cabezas del interregno producido entre los tiempos de Lagartijo y Frascuelo y de Joselito y Belmonte (otra vez Alameda dixit), le cerraban el paso de manera intencionada, entonces, comenzó a buscar otros horizontes en los cuales pudiera exponer y explayar su particular tauromaquia.



Y así, a partir de 1903, Antonio Montes pasa los inviernos en México y es aquí donde pronto se convierte en un torero respetado por su valor y sus maneras en el ruedo, aunque sin dejar atrás sus rivalidades y desavenencias con Fuentes y Bombita sobre todo. Un periodista de aquellos días, Rafael Solana Verduguillo, lo relata así:

…Desde su presentación en la plaza de la calzada de La Piedad conquistó a la afición capitalina, especialmente a la de sol. Los aristócratas ricachos que iban a sombra le regatearon siempre su aplauso; a ellos les llenaba más Fuentes, con su majestuosidad, su gallardía. su señorío en el ruedo y su simpatía como particular. Jugaba con ellos al póker en el Jockey Club y asistía a las reuniones, impecablemente vestido y derrochando gracia en la conversación.

En cambio Montes; luchando siempre con los toros, expuesto a percances y antipático en la calle, no podía despertar grandes simpatías. Su sordera por una parte y su educación casi monacal que había recibido en su pueblo le hacían silencioso, retraído, poco comunicativo. Donde estaba El Sacristán no se podía hablar de nada; él no despegaba los labios y cuando lo hacía, era para decir una especie de sermón, con San Agustín por delante. En cierta ocasión le instaron mucho para que contara algo y se le ocurrió referir que había matado quién sabe dónde cuatro Miuras así de grandes…


Así pues, sus problemas de personalidad, seguramente derivados de su deficiencia auditiva y los naturales que derivan de la rivalidad en los ruedos, fueron creciendo en el ánimo de que en su día fuera Sacristán de Santa Ana, preparando las situaciones para el desenlace de su historia en la temporada de 1907, objeto de esta participación.



1907

Cuenta el Dr. Carlos Cuesta Baquero, que firmaba sus escritos periodísticos como Roque Solares Tacubac lo siguiente acerca del desarrollo de la temporada 1906 – 1907 de la capital mexicana:

El arribo de Antonio Fuentes, y pocos días después el de Bombita, originó que la Empresa dejara sin lugar en las corridas al diestro trianero. Esa maniobra no encerraba malevolencia ni menosprecio. Era únicamente de conveniencia mercantil, pues no era razonable apagar inmediatamente la efervescencia que reinaba entre los aficionados, expectantes de las corridas en las que estuvieran reunidos los tres espadas, distanciados por sus rencillas, las que deberían influenciar en el esforzamiento de los artistas.

Montes, Que era suspicaz – a veces sin causa para ello – atribuyó a intrigas de Pepe del Rivero el que no torease. Creyó que éste se hallaba de acuerdo con Fuentes y Bombita a fin de boicotearlo, igual que en España.

Ricardo Torres Bombita

Por esa razón, se marcha Montes a Puebla y amenaza con no cumplir con las tres fechas que le restaban por cumplir en su contrato, si no es emparejado con Fuentes y Bombita, de manera tal que se pudiera dilucidar de una vez el lugar de cada uno de ellos y pensaba Antonio, que a partir de un triunfo resonante ante quienes eran los principales toreros en España, poder armar allá una campaña importante ya en plan de figura.

Pero Pepe del Rivero, el empresario de la Plaza México de aquellos días (ubicada en la Calzada de la Piedad), para mantener el ritmo y la atención en la temporada, jugaba sus cartas y al decir de Verduguillo, los enfrentaba pared de por medio, en carteles separados, dejando la confrontación para el cierre del serial. La presión de Montes con su amenaza de dar por terminado el contrato, fue lo que vino a precipitar los acontecimientos.

Así, Del Rivero anunció para el domingo 13 de enero de 1907 la corrida de toros esperada por todos. 3 toros españoles del Marqués del Saltillo y tres nacionales de Tepeyahualco para los diestros Antonio Fuentes, Antonio Montes y Ricardo Torres Bombita. El festejo iniciaría a las tres y media de la tarde, para evitar que por ser temporada invernal, se tuviera que suspender el festejo por falta de luz, ya que la plaza carecía de iluminación artificial.

sábado, 26 de septiembre de 2009

22 de septiembre de 1907: Se inaugura El Toreo de la Condesa

La Hacienda de La Condesa



Originalmente se ubicaba a unos diez kilómetros de la Ciudad de México y hacia la primera mitad del siglo XVIII la tercera Condesa de Miravalle, doña María Magdalena Dávalos de Bracamontes y Orozco – conspicua dama de la corte virreinal – era la propietaria de la hacienda de Santa Catarina del Arenal, misma que fue llamada de La Condesa, dado el título nobiliario de su propietaria.

El fraccionamiento y urbanización de la hacienda inicia en la segunda mitad del siglo XIX y cobra impulso iniciado el siglo XX, cuando la testamentaría de Manuel Escandón y la entidad Colonia de la Condesa S.A., representada por Porfirio Díaz hijo y Ramón Alcázar, planean con el ingeniero Roberto Gayol la construcción de un hipódromo, un club hípico y el desarrollo urbano de la zona, que se realizó con las tendencias arquitectónicas afrancesadas de la época.


El Toreo de la Condesa

Al final de la temporada 1905 – 1906 de la Capital de la República, Ramón López, banderillero retirado y empresario de la Plaza de Toros México – ubicada en la Calzada de la Piedad, cerca del almacén de tranvías de Indianilla – decide dejar, al menos en lo personal, el negocio de los toros, pues extendió invitación a distinguidas personalidades a suscribir acciones de una sociedad anónima denominada El Toreo.

Entre otros, acuden a ese llamado los señores José del Rivero, Lucas Alamán, Manuel Fernández del Castillo y Mier, Dr. Carlos Cuesta Baqueiro, Miguel Illanes Blanco, Emilio Rodríguez, Lic. Roberto Esteva Ruiz, José Mondragón y Carlos Quiroz Monosabio. Este último y Cuesta Baqueiro eran periodistas y publicaban sus opiniones y crónicas en la revista El Toreo Ilustrado.

El Toreo S.A., pronto acomete la empresa que le daría su verdadera razón de ser. Adquiere un predio ubicado dentro de los terrenos de la ya ex – hacienda de La Condesa, en las cercanías de la pista del hipódromo, mismos que ya se comenzaban a urbanizar. La finalidad de la adquisición, era la de erigir una plaza de toros, misma que al adquirir aspecto citadino la mencionada ex – hacienda, quedaría ubicada en el poliedro que determinan las actuales calles de Durango, Salamanca, Valladolid, Colima y Oaxaca, en el corazón de la también contemporánea Colonia Condesa.

El proyecto de la nueva plaza de toros se encomendó al arquitecto Alberto Robles Gil y la dirección de la obra quedó a cargo del ingeniero Eduardo Sabathé. El nuevo coso taurino sería construido sobre un terreno de 18,000 metros cuadrados a partir de una estructura metálica y de concreto, razón por la cual se importan mil toneladas de acero estructural de Bélgica, se colocan en el sitio 800,000 tabiques y se aplican 3,500 barricas de cemento. La primera piedra se colocó el día 7 de febrero del mismo 1907 y presidió entre otros el acto, el matador de toros madrileño Vicente Pastor.

La plaza de toros, que acabaría tomando como nombre el de la denominación de su propietaria, es decir, El Toreo, tendría capacidad para 20,000 espectadores, mismos que se colocarían en cuarenta filas de gradería, ochenta y cinco palcos de contra barrera y una amplia zona de lumbreras; el ruedo tendría un diámetro de cuarenta y cinco metros y la barrera que lo delimitaba, una altura de 1.5 metros. Esta barrera tenía la particularidad de que sus tablas estaban colocadas en sentido vertical, quizás por evitar que al rematar en ellas, los toros las sacaran de su lugar, o se dañaran los pitones con ellas. Por último, cabe recordar que sus corrales tenían capacidad para contener holgadamente cinco encierros completos y que las fachadas exteriores de la plaza, jamás fueron concluidas.

La inauguración

Estando ya utilizable el coso, la inauguración al parecer se pensó inicialmente para el día 15 de septiembre de 1907, pero el retraso en la llegada de los toreros españoles a México la difirió una semana, según se puede desprender de esta nota enviada por Julio Bonilla Recortes, corresponsal del semanario madrileño El Toreo, publicada el 14 de octubre de ese año:

Desde México. El estreno de la nueva plaza de toros de México, de la nueva empresa "El Toreo" S.A., anunciado para mañana 15, se ha transferido para el domingo 22, lidiándose en ella toros de la acreditada ganadería de Tepeyahualco, propiedad del Sr. Manuel Fernández del Castillo y Mier, que serán estoqueados por matadores españoles… El 22 del corriente, o antes, llegarán a México los matadores Jerezano, Rerre y Camisero y el banderillero el Barbi…


Entonces, el 22 de septiembre de ese calendario, se ofreció a la afición su corrida inaugural, en la que actuaron por una parte, el español Manuel González Rerre, quien otorgó la alternativa al nacional Agustín Velasco Fuentes Mexicano y por la otra, los novilleros integrantes de la Cuadrilla Juvenil Mexicana, ya dirigida en esos días por Enrique Merino El Sordo, Samuel Solís y Pascual Bueno. Al cuarto novillo lo estoqueó Jesús Tenes por cesión que le hiciera Samuel Solís. Los cuatro toros y los cuatro novillos corridos en la ocasión, fueron de las dehesas tlaxcaltecas de Tepeyahualco.



La corrida inaugural, según la versión de Guillermo Ernesto Padilla, en su Historia de la Plaza El Toreo 1907 – 1968, fue en el sentido de que Fuentes Mexicano dio la vuelta al ruedo y después pasó a la enfermería; Rerre estuvo torero y valiente; Samuel Solís fue ovacionado en el novillo que mató; Pascual Bueno fue ovacionado por voluntarioso y Jesús Tenes se vio inexperto.

La versión transmitida por el ya citado Julio Bonilla Recortes a El Toreo de Madrid y aparecida en ese semanario el día 21 de octubre de ese mismo año, dice lo siguiente:

El acontecimiento taurino en México, ha sido el estreno, el domingo 22 de la gran plaza de hierro, construida a todo costo por la nueva empresa "El Toreo" S.A… Aunque el nuevo circo taurino no está del todo terminado, y el cartel de la corrida económica no era de atractivo, hubo un lleno, quedándose sin poder entrar a la plaza más de mil personas, por haberse agotado las localidades… Rerre, que fue uno de los matadores que tomaron parte en la corrida de estreno, toreó poco o nada; estuvo desgraciado en la muerte de su primer toro y regular en los otros dos…

El final de la plaza de toros

El Toreo funcionó en la Colonia Condesa hasta el año de 1946 y en esos casi cuarenta años, actuaron en su redondel todas las figuras del toreo, mexicanas y españolas, a excepción de Joselito el Gallo. El cartel con el que se cerró la historia y la existencia de esta plaza de toros, se anunció para el 19 de mayo de 1946 y se integró con toros de San Diego de los Padres, para Edmundo Zepeda, Andrés Blando y el colombiano Miguel López, que recibiría la alternativa. Al final de la corrida, el matador de toros retirado, Samuel Solís, participante de la corrida inaugural, daría cuenta de un becerro de la misma procedencia.

Guillermo Ernesto Padilla, acerca de esa última tarde, dice lo siguiente:

No fue aquella una corrida pródiga en momentos brillantes por parte de los lidiadores, siendo las notas más destacadas, el magnífico encierro que envió San Diego de los Padres, un gran quite por gaoneras de Andrés Blando al cuarto toro, varios lances y una torera y valerosa faena de Zepeda al segundo astado, un formidable par de banderillas de Vicente Cárdenas “Maera” y la brega magistral del Güero Merino… El cadáver del último astado, el bravo “Lince”, fue ovacionado durante su arrastre. En aquél momento se hizo un gran silencio en la plaza, silencio que fue roto al aparecer en la arena la figura señera de Rodolfo Gaona, quien, en el centro del anillo, hizo descender de las alturas del coso un gallardete que decía “1907 – EL TOREO – 1946”. En esa forma quedaba oficialmente clausurada la plaza de La Condesa. La multitud en pie acompañó la escena… Muchas cabezas, unas grises, otras blancas, se destocaron para musitar un adiós a la querida plaza que por casi cuatro décadas estuviese tan estrechamente vinculada a la vida capitalina…


En la última etapa de la existencia de la plaza, el accionista mayoritario de El Toreo S.A. era el general Maximino Ávila Camacho, siniestro personaje de la historia nacional, aficionado a los toros y ganadero de reses de lidia. El general Ávila Camacho falleció en circunstancias poco aclaradas el 17 de febrero de 1945 y su familia hizo una sui – generis donación de las acciones de El Toreo a la Beneficencia Pública, que era representada por la Secretaría de Salubridad y Asistencia.

Tras de dimes y diretes, relacionados todos con el destino que la S.S.A., daría a la plaza de toros, el 17 de abril de 1946, se anunció que el inmueble que ocupaba la plaza de El Toreo había sido vendido a la compañía fraccionadora del señor Ángel Urraza, quien desarrolló entre otras, la Colonia del Valle de la Ciudad de México. El interés de Urraza no estaba en los toros, sino en la tierra, así que en menos de un mes liquidó el negocio taurino y gestionó el cierre y demolición de la plaza. Hoy en día ocupa su lugar una tienda departamental.

La estructura metálica de El Toreo fue trasladada al punto conocido como Cuatro Caminos en San Bartolo Naucálpan, en los límites del Estado de México con el Distrito Federal, donde con ella se levantó por el ingeniero Armando Bernal el Toreo de Cuatro Caminos, que estuvo en pie de 1947 hasta 2008. Pero esa es una historia que contaré en otro tiempo y espero que en este mismo lugar.


Crédito de las ilustraciones:


Todas las imágenes que ilustran esta entrada fueron obtenidas del foro digital El México de Ayer.
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