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lunes, 21 de octubre de 2019

Re – crónica de un petardo consumado… a 45 años vista (II/II)

Manolo Martínez
Después del fárrago que les receté ayer, retomo lo iniciado con algo de lo que escribió acerca del festejo quien firmó como Don Antonio, para el semanario El Ruedo, en su ejemplar aparecido el 22 de octubre de 1974:
…Tuve ocasión de comprobar que mi decisión de no ir a Marbella había sido acertada. Parece que en estos montajes televisivos vía satélite los organizadores piensan que somos nosotros, los aficionados, quienes estamos en la luna y que todo es lícito para sus fines comerciales. Ya lo pude comprobar en la primera corrida «universal» difundida hace años desde la plaza de Jaén. Esta ha venido a ser la segunda estocada transoceánica dada al buen nombre de la Fiesta. Y no me gusta asistir al espectáculo de ver cómo se dan todas las bazas al enemigo, cómo los aficionados pierden toda razón para seguir siéndolo, cómo se arrastran no siete torillos deficientes y deplorables, sino siete harapos desgarrados de lo que debiera ser el manto regio de la corrida de toros... 
Paco Camino anduvo vacilante, incierto, dubitativo toda la noche. Los planos en que nos mostraban más cercano su rostro siempre eran con la mirada puesta en lo que otros tenían que decidir... Apuntó algún detalle de su clase... pero como los toros no tenían claridad, ni fuerza, ni presencia, la cosa quedó deslucida en sus cuatro... Camino se largó de la plaza abochornado y molesto, mientras por los micrófonos internacionales, vía satélite, gritaba llamándole Pepe Alameda: «¡Paco... Paco... Espera... Paco...!»... 
Manolo Martínez nos recordó – ¡y cómo no! – al de hace pocos años en su primera temporada en España. Tampoco fue favorecido por el ganado, pero sí por el señor presidente que le concedió la oreja del segundo cuando nadie se la pedía. Esto es así hasta el extremo de que las cámaras de TV hurtaron el plano del público y los pañuelos mientras Alameda no pudo dejar de traslucir su sorpresa al decir: «¡Le han dado la oreja a Manolo Martínez...!».
¡Eso sí! Nos enteramos a conciencia de lo que era un «martinete». Y de lo gran torero que Manolo Martínez es... en Méjico...
Al final de cuentas, Paco Camino y Manolo Martínez cortaron una misericordiosa oreja cada uno, aparentemente no pedidas por la concurrencia. Triste saldo para tanto boato previo.

Una versión edulcorada del festejo

Encontré en las páginas del diario mexicano El Siglo de Torreón del 21 de octubre de 1974, la siguiente reseña, remitida por la United Press International (UPI) y que dejo aquí a la letra:
Manolo Martínez cortó oreja y Paco Camino rehusó otra 
Marbella, (España), (UPI). – El éxito artístico de la corrida celebrada anoche en la Plaza “Nueva Andalucía” en la que Paco Camino y el mexicano Manolo Martínez lidiaron toros de los Herederos de Carlos Núñez, no respondió a la expectación que había despertado. 
Los toros, en general bien presentados, fueron difíciles para los diestros, por las escasas fuerzas. Los más manejables fueron el primero, segundo, quinto y el sobrero. El tercero, después de un puyazo y un par de banderillas rodó por la arena y hubo de ser apuntillado.
Camino sacó buena faena al primero con tandas de derechazos y naturales y terminó de estocada desprendida. Petición de oreja y saludos. No pudo hacer nada en el tercero que se tumbó y fue apuntillado. En el quinto sobresalieron tres series de naturales y el de pecho para pinchazo y media desprendida. Oreja que el diestro rehusó. En el sobrero sacó superiores tandas de naturales y derechazos, entre los olés del público. Mató de dos pinchazos y estocada, petición de oreja. 
Martínez, que vestía traje negro y oro, faena reposada y amena en el segundo, en la que sobresalieron naturales, derechazos y martinetes. Citó en la suerte contraria y dejó más de media que fue suficiente. Oreja y vuelta. Comenzó bien con el cuarto, pero se le coló y optó por abreviar dejando cuatro pinchazos y casi media. 
En el sexto faena muy torera que refrendó de estocada caída y delantera, palmas. 
Martínez quiso regalar un toro, pero no se lo permitieron. 
Preguntado sobre qué le había parecido el festejo, dijo que: “me siento muy disgustado. La corrida ha sido fatal, de poca casta”.
En ese tenor se informó a la afición mexicana que no tuvo la oportunidad de ver el festejo.

Alguna cuestión previa a destiempo

En el primer ejemplar de El Ruedo citado, se hace un resumen de lo que implicó el festejo en su organización, haciendo ver que al menos en el costo de los honorarios de los toreros, fue en su día, el más caro de la historia. Me llama la atención que esa publicación haga notar que lo que hipotéticamente cobró Paco Camino importó el doble de lo que se llevó Manolo Martínez. Lo publicado es lo siguiente:
La corrida del día 20 en Marbella
Plaza: Andalucía la Nueva
Localidad: Marbella
Clase del festejo: Corrida de toros.
Hora: Corrida nocturna.
Toreros: Paco Camino, de España y Manolo Martínez, de Méjico, mano a mano.
Toros: De Herederos de Carlos Núñez o Joaquín Buendía.
Honorario de los toreros: Según contrato, a convenir. Según informaciones dignas de crédito, diez millones de pesetas, Paco Camino y cinco millones de pesetas, Manolo Martínez.
Divulgación: Transmitida por T.V. color a España, Méjico y países taurinos de habla española.
Organización: «Televisa» cadena de la televisión mejicana.
Es de destacar que antes del anuncio formal de la corrida, existía la posibilidad de que los toros a lidiar fueran de don Joaquín Buendía, de encaste Santa Coloma, pero al final los organizadores y quizás también, los toreros, se decantaron por el encierro de Núñez.

Comentarios a – posteriori

Quien firmó como Uno del Uno, en la columna titulada Chilindrinas toreras, en el número de El Ruedo aparecido el 22 de octubre de 1974, escribió lo siguiente a propósito de este accidentado festejo:
Martínez a «desagusto» 
En otro lugar de este número damos cuenta de los antecedentes, opiniones y resultados de la «irrespetuosa» – por  llamarla de algún modo fino – corrida de Marbella. De entre la mucha cháchara, para despistar, que escuchamos por los micrófonos, nos llamaron la atención dos pequeñeces. Y las dos, referentes a Manolo Martínez, el torero mejicano. 
La primera: que el diestro dijo que estaba «desagusto» con la corrida. Lo cual, si algún tiempo fue vocablo en uso – lo cual habría que consultar –, hace tiempo arcaico que dejó de serlo. Y lo correcto hubiera sido decir «disgusto». 
Como estábamos a disgusto cuantos sentíamos tantas y tan seguidas faltas de respeto al público internacional, tanto agravio para la Fiesta, tanta falta de amor propio en los toreros, tanta vergüenza ajena al escuchar como Pepe Alameda – el comentarista mejicano – trataba de hacernos ver blanco lo negro (mi receptor no captó otro cromatismo) o confundir los colores para quienes veían la corrida en toda su gama de matices. 
La segunda: Martínez afirmó que la corrida había salido mala (de acuerdo) y falta de casta (en desacuerdo). La corrida salió escasa, floja, inválida y mansa. Pero, ¿sin casta? Martínez tiene confundidos los conceptos. Una cosa es la mansedumbre y otra la casta. Casta es eso que hizo que Manolo Martínez estuviera bailando al son de los toros casi toda la noche y en un momento de verdadero apuro en el cuarto. ¿Comprende «mano»?
Las consecuencias de la catástrofe de Marbella tuvieron brazos largos. En el ABC de Sevilla del 30 de noviembre de 1974, apareció publicada la siguiente información:
Madrid, 29. – La Junta Nacional Sindical Taurina ha hecho saber, respecto a la dimisión de Gregorio Sánchez de sus cargos, motivada por el resultado artístico de la corrida de Marbella, televisada a España e Iberoamérica, que, aun respetando la decisión del diestro, no es cometido de dicho organismo garantizar la calidad artística de aquel festejo. 
El diestro Gregorio Sánchez ha presentado la dimisión de sus cargos de vocal y tesorero de la Junta directiva de la Agrupación de Matadores de Toros y del cargo de vocal que, con dicha representación tenía en la Junta Nacional. – Cifra.

Efectivamente, como dice la nota transcrita, las agrupaciones taurinas no tenían la responsabilidad de garantizar el resultado artístico de la corrida, pero, visto lo relatado hasta aquí, sí tenían la de vigilar que se respetara, dentro de unos mínimos aceptables, el decoro de la fiesta, cosa que definitivamente no se hizo.

Por último

La plaza de toros Nueva Andalucía es una de tercera categoría. Inaugurada en 1968, tenía un público más bien turístico, así que no era dable esperar un espectáculo de gran categoría en un escenario de esa naturaleza, por mucho que se fuera a televisar urbi et orbi.

La idea inicial de don Jaime de Haro, de poner a torear juntos a Paco Camino y Manolo Martínez en México, se cristalizó hasta 1977 y permaneció hasta 1978, año en el que el llamado Niño Sabio de Camas se despidió de los ruedos en México.

Lo que demostró esa corrida, es que con ciertas restricciones, los toros y la televisión pueden convivir, sirviéndose los unos de la otra y viceversa para fomentar la afición y generar recursos que la hagan viable en muchos casos.

Agradezco de nueva cuenta a mi amigo Francisco Tijerina el haberme facilitado la información aparecida el diario regiomontano El Porvenir citada en estas líneas.

domingo, 20 de octubre de 2019

Re – crónica de un petardo consumado… a 45 años vista (I/II)

Paco Camino
El 20 de octubre de 1974 se celebró en la plaza de toros entonces llamada Nueva Andalucía y hoy conocida como Puerto Banús, una corrida que se televisó a todos los países de habla hispana en los que la fiesta de los toros tiene arraigo. En ella alternaron mano a mano Paco Camino y Manolo Martínez ante reses de los Herederos de don Carlos Núñez. Como casi todo espectáculo que es motivo de expectación, su resultado fue decepcionante.

El hecho de que el festejo se televisara tuvo en su día un cierto aire de novedad. Para lograr eso, se tuvo que anunciar su realización a las once de la noche, de modo tal que no perjudicara a los empresarios que en esa misma fecha tenían anunciadas corridas o novilladas en horario diurno y al mismo tiempo, se aprovechó la diferencia horaria con el continente americano para que el mismo pasara por la pequeña pantalla en un momento en el cual fuera atractiva la emisión del evento.

El iter de la transmisión

De acuerdo con la información que pude encontrar en la prensa española, al parecer la idea inicial era que el festejo se celebrara en México. Quien gestó la idea de todo este asunto fue el empresario mexicano don Jaime de Haro Caso, a quien he mencionado en alguna otra ocasión en estas mismas páginas y que tenía experiencia en la organización de eventos televisados a escala mundial. Es Vicente Zabala Portolés, en la edición del ABC de Madrid del 13 de septiembre de 1974, que hace las siguientes precisiones:
La prensa mejicana informa de lo avanzadas que van las conversaciones encaminadas a una posible confrontación artística del azteca Manolo Martínez, ídolo de aquella afición, y el español Paco Camino. 
Las pretensiones son ambiciosas. Primero, tienen que contratar a Paco Camino, que goza en aquel país de enorme cartel, pese a hacer muchos años que no actúa ante los aficionados mejicanos; pero dejó grato recuerdo como consecuencia de memorables actuaciones en la Monumental de Insurgentes. 
El primer paso ya está dado: Jaime de Haro ha entrado en conversaciones con Pepe Chafic, apoderado del diestro regiomontano, quien ha dado su conformidad para la «pelea». 
Todo parece indicar que el señor Haro se encuentra en España de riguroso incógnito. Ahora trata de convencer a Manolo Chopera, exclusivista de Camino, para poder llevar a cabo el proyecto. 
Como ya se dijo en su momento, el problema no se encuentra sólo en la contratación de Camino y Martínez, sino en la posibilidad de retransmitir los festejos por televisión a diversos países. Es ahí, en los derechos televisivos, donde está el negocio y la posibilidad de que ambos diestros acepten el enfrentamiento. 
Por otra parte, no creo que a estas alturas ninguno de los dos espadas tengan nada que dirimir. Ambos son de sobra conocidos de los aficionados. Martínez conserva el liderato en su país, mientras Camino se lo ha dejado ir en las tres últimas temporadas en el nuestro. Los dos tienen largas fortunas y reducida afición. Se les presenta la gran ocasión de aumentar sus respectivos capitales. A estas alturas tienen muy poco que perder. Por unas actuaciones más, con mayor o menor suerte, no van a aportar o disminuir nada a sus historiales, que prácticamente ya están escritos. 
En mi opinión harían bien en llegar a un acuerdo y ofrecer esos «manos a manos» para los países de habla hispana. Conocen bien el oficio y cualquiera que sea el momento que atraviesen ambos toreros me consta que no van a hacer el ridículo...
Al final, los hechos se desarrollarían de una manera distinta, pero el apunte inicial deja muy claro que don Jaime de Haro, que tenía fuertes vínculos con el campo bravo mexicano, fue quien planteó y llevó a cabo las bases sobre las cuales se verificó el hecho que hoy intento recordar.

Toros y tele en México

El intento de don Jaime de Haro viene después de que el 19 de enero de 1969 se expulsó de la Plaza México a las cámaras de televisión. Desde esa fecha, la transmisión de las corridas de toros en señal abierta dejó de ser una cosa habitual en la programación y entre esa fecha y el festejo que me ocupa y que espero que les ocupe un rato a Ustedes, recuerdo entre otras, algunas retransmisiones como la del 31 de diciembre de 1972, fecha de la confirmación de Francisco Ruiz Miguel; la del 28 de enero de 1973, corrida de la despedida de Joselito Huerta o la del 10 de marzo de 1974, que representó la despedida de Luis Procuna.

Es decir, de los toros un espacio infaltable en la televisión abierta dominical, se convirtieron en una cuestión puntual y hoy en día prácticamente extinta.

Vientos de fronda

Una vez anunciado el festejo, surgieron algunas inconformidades del lado mexicano. Y es que al pasar éste por la televisión aquí precisamente a las cuatro de la tarde, los festejos programados por las distintas empresas, seguramente se verían afectadas por la competencia de la televisión. En esa virtud, se acordó suspender todos los festejos anunciados para ese 20 de octubre, según nota de la agencia Prensa Independiente de México S.A. (PIMSA), aparecida en el diario El Porvenir de Monterrey, que es de la siguiente guisa:
Suspenden las corridas hoy 
México, Oct. 19 (PIMSA). - Mañana no habrá corridas ni novilladas en el país.
Las empresas de provincia y DEMSA en esta capital y en sus plazas de provincia, decidieron no arriesgar plata y sus cuatro festejos que habían planeado para mañana se posponen ocho días. 
La razón es sencilla: El mano a mano monumental desde Marbella, España, entre Manolo Martínez y Paco Camino, considerados como los dos mejores muleteros del mundo.
Esa suspensión, quizás acordada días antes motivó la airada protesta de la Unión Mexicana de Picadores y Banderilleros y de la Asociación de Matadores, que intentaron impedir la transmisión por televisión del festejo. En el semanario El Ruedo, del 22 de octubre de 1974, se relata lo siguiente:
Las Asociaciones de Matadores de Toros y de Subalternos de Méjico se opusieron a su transmisión por televisión… 
Antes de la celebración de la corrida de Marbella, la Junta Nacional Taurina del Sindicato del Espectáculo tuvo que reunirse para autorizar y confirmar su celebración. 
La citada reunión, que se celebró el día 16 y fue presidida por el titular del Sindicato, Jaime Campmany, fue convocada al recibirse un telegrama de las Asociaciones Mejicanas de Toreros y Subalternos, en el que pedían apoyo al Sindicato español para la prohibición de la transmisión del mano a mano. 
Basaban dicha petición el presidente de la Asociación de Toreros Mejicanos Jaime Rangel, y el banderillero Juan Escamilla, en representación de la Asociación de Subalternos, en el grave perjuicio económico que sufrirían los espectáculos taurinos anunciados para ese día en Méjico, por cuanto el festejo se celebró a las once menos cuarto de la noche, hora española, que corresponden a las cuatro de la tarde, hora de Méjico. Y se consideró que un cartel en el que figuraban los dos toreros, de España y América, que cuentan con más partidarios en Méjico, ofrecido en directo por televisión, repercutiría negativamente en las recaudaciones taquilleras de las corridas y novilladas anunciadas en todo el país mejicano. 
Por otra parte, en el citado telegrama, las asociaciones mejicanas hacían hincapié en que Manolo Martínez, el picador de su cuadrilla Juan Carlos Contreras y el banderillero Jesús Morales – llegados con el matador a Madrid – no contaban con los permisos que deben ser concedidos por ellas, aunque tanto el matador como los dos subalternos mejicanos aseguraron tener todos los documentos y permisos en regla...
Y las cosas se llevaron todavía a un extremo mayor. Se amenazó con la ruptura del convenio taurino, según se publicó en la Hoja del Lunes de Madrid al día siguiente del festejo en nota firmada por José Luis Dávila:
Independientemente de su resultado artístico, la corrida hispano – mejicana televisada por vía satélite va a traer cola. 
Una de las consecuencias inmediatas será la de la ruptura del convenio taurino entre ambos países. Por una diferencia muy sencilla: la diferencia de horario entre Méjico y España. Aquí las once de la noche no es inconveniente para la retransmisión de una corrida, pero allá “reciben” el festejo a las cuatro de la tarde, cuando se están celebrando otras corridas, coincidencia que ni por aquellos, ni por estos pagos se permite sindicalmente. Si para montar un saneado negocio se ha conseguido el enlace vía satélite y logrado la colaboración de Manuel Martínez – danza de millones –, el que figure el nombre de este diestro azteca en el cartel de Andalucía la Nueva no impide que los diestros y empresarios mejicanos no vayan a plantear crudamente el problema y a denunciar la infracción manifiesta…
Como se ve, las cosas no caminaban bien y aún no salía el primero de la tarde a la arena.

El resultado

Ya lo decía arriba, corrida de expectación, corrida de decepción. Pero si al adagio agregamos los desatinos organizativos, el resultado no puede ser más que la catástrofe. Encontré tres relaciones de lo ocurrido en el festejo de marras. Son, por decir lo menos, cáusticas. Empiezo, por orden temporal, con la de José Luis Dávila, aparecida en la Hoja del Lunes madrileña del día siguiente al del festejo:
…Los países hispanoamericanos y los televidentes de Norteamérica que lo contemplaron en circuito cerrado se habrán hecho una idea muy pobre de lo que es nuestra fiesta y de lo que son nuestras ganaderías de reses bravas, representadas por los seis toretes – gachos, bizcos, terciados... – de los señores herederos de don Carlos Núñez. Todos los vieron y no vamos a insistir, pero es realmente vergonzoso que sólo recibieron una varita y un par de banderillas cada uno o casi todos, para puntualizar más exactamente. 
Más cosas: después de sus declaraciones en Méjico tras su fracaso en España, nos pareció muy “digno” y “diplomático” el brindis de Manolo Martínez: “Brindo por todo Méjico”. Lo único elegante que mostró el azteca fue su traje de luces... Otro día, hay tela (y “tele”) para rato, hablaremos. Por ejemplo, hubo danza de pesos – y pesetas –, pero no se facilitó ni uno solo de los pesos de los toros. Era delicioso ver una furgoneta con un altavoz anunciando que se lidiaría un toro más. Ni en una plaza de carros del último villorrio celtibérico...
Sigue en su orden la que escribió Vicente Zabala Portolés aparecida en el ABC de Madrid el martes 22 de octubre siguiente y es de la siguiente guisa:
«Perros» en la corrida mundial que presenciaron cerca de cien millones de espectadores 
Paco Camino y Manolo Martínez se prestaron a una torpe burla de toda la afición hispana, desaprovechando una ocasión más de promover y popularizar la fiesta de los toros 
…No hay quien pueda con los taurinos. La creencia general de la calle es que el llamado planeta de los toros está habitado por una grey de pícaros, matones y granujas. Están equivocados. Difícilmente se puede encontrar una tan rara colección de ciudadanos ingenuos, infantiloides, de tan alicorto vuelo intelectual como el de estas gentes de la tauromaquia. 
Ni a propósito se puede hacer tan insistentemente un mayor daño a un espectáculo tan añejo y de tan firmes cimientos. Los más recalcitrantes enemigos de las corridas de toros, los más veteranos y laureados socios de la Protectora de Animales, difícilmente podrían disponer las cosas de manera más corrosiva para la fiesta de los toros que estos delirantes taurinos que los aficionados tenemos la desgracia de padecer… 
Para empezar, aún conscientes de que les contemplaban de ochenta a cien millones de espectadores, muchos de los cuales no tenían ni idea de lo que era una corrida de toros, se llevaron seis «raspas», seis «perros» de Carlos Núñez. Seis puñaladas más a la fiesta nacional, que le fueron asestadas con toda clase de agravantes y alevosía, porque si la corrida de toros consiste en maltratar a una chota que es incapaz de sostenerse en pie, si este arte es una sucesión de vulgares trapazos, si la competencia entre dos toreros se apoya en la grosería de uno de ellos, que, resentido por su anterior fracaso profesional en España, brinda «por Méjico» para luego dejar en ridículo al toreo de su país con un estilo de lo más corrientito y anodino, si no se desprende la emoción ni el arte de ninguna de las acciones que se desarrollan en la arena, ¿qué queda de este espectáculo?... 
Daba pena ver a Paco Camino perdiendo terreno con el capote, a merced de las mal encastadas chotas de Núñez. Ni un lance de capa, ni tan siquiera una de sus socorridas chicuelinas, ni un quite, ni dos pases ligados, templados y rematados. Derechazos con el pico de la muleta, perfilero y desconfiado. Ni un solo gesto de enfado, de vergüenza torera. Antes de hacer el paseo ya había tirado las armas aceptando torear – ¿torear? – tan vergonzosa chotada. Nadie pide que se trajera una corrida de Hoyo de la Gitana, pero ¿tan difícil es conseguir seis toros como los que se lidian en Pamplona, San Isidro, Sevilla o Bilbao? Seis toros de digno trapío. No hacía falta el buey de San Marcos. Podía valer cualquier cosa que se pareciera a una auténtica corrida de toros. 
Y no digamos nada de Manolo Martínez, del muy perfilero «Manolo Telones», toreando arqueado, con la muleta atravesada por la espada, atentando contra los ojos de los becerros, pues con esa horrenda forma de montar la muleta lo único que puede conseguir es dejar tuerto al «perro» de turno. 
Si de verdad estas son las dos máximas figuras del toreo hispano – mejicano, ¡cómo está la fiesta, Dios mío! La corrida mundial ha sido un fracaso, un rotundo fracaso de organización. Una corrida de toros sin toros constituye una burla incalificable que a nadie beneficia, y menos que a nadie a esta pobre fiesta que ha tenido la desgracia de caer en manos de gentes que la manejan con tanta torpeza como desprecio para sus propios intereses, aunque ellos crean lo contrario. Es la prisa de apurar el presente con desprecio absoluto del futuro. Los hombres que no hicimos la guerra sabemos algo de esta sucia teoría.
Dejo aquí por hoy esto, mismo que concluiré el día de mañana.

domingo, 23 de noviembre de 2014

Quadragesimo anno

Programa de la inauguración de la plaza Monumental Aguascalientes
La construcción de la plaza de toros Monumental Aguascalientes se inició en marzo de 1974, sobre el lecho del Arroyo del Cedazo, quedando lista pues, – más no totalmente terminada – para su estreno en un período de ocho meses. Los materiales utilizados para su edificación, fueron concreto y acero, y su cupo al ser inaugurada era de nueve mil espectadores, repartidos en ocho filas de barreras, trece filas de tendidos generales y palcos de contrabarrera.

El acto protocolario de inauguración se llevó a cabo a las doce horas del 23 de noviembre de 1974, por parte del entonces Gobernador doctor Francisco Guel Jiménez, quien después de la explicación de las características técnicas del inmueble y de la intervención del ingeniero Jorge El Vago López Yáñez, a nombre de la afición local, declaró inaugurada la plaza de toros Monumental Aguascalientes – que ese es su nombre oficial – develando la placa alusiva al fasto.

Una hora después, pues el protocolo político de la época así lo exigía, Monseñor Salvador Quezada Limón, Obispo de la Diócesis de Aguascalientes bendijo las instalaciones y presidió la celebración eucarística en los bajos del tendido de sombra, pues en ese momento la capilla del coso aún no estaba concluida, como tampoco lo estaban muchas otras de sus dependencias.

Ya en lo taurino, decía don Jesús Gómez Medina en su nota publicada en El Sol del Centro de hace cuarenta años:
La afición espera con expectación la alternativa del nuevo espada, a quien por cierto, para estar a tono con la significación de la fecha, le tocará lidiar a Hidrocálido, el toro de Torrecilla, que será el de su doctorado, y que será lidiado en primer término en honor de la ciudad, de su nueva plaza y de Fermincito…
Alternativa de Fermín Espinosa Armillita
A las cinco de la tarde se abrió la puerta de cuadrillas y partieron plaza Manolo Martínez, Eloy Cavazos y Fermín Espinosa Armillita, quienes darían cuenta de un encierro de Torrecilla. El primer toro que saltó a la arena fue el ya referido Hidrocálido, número 58, negro bragado y el primer capotazo en la brega lo recibió de Alfredo Prado. Los primeros lances a la verónica y la consiguiente ovación fue para el toricantano Fermín Espinosa. A Isabel Prado le correspondió aplicar la primera vara y fue el propio Fermín quien se encargó de colocar el primer par de banderillas.

Huelga decir que el primer torero alternativado en la plaza fue el hijo del Maestro de Saltillo y es a Manolo Martínez a quien correspondió el cortar la primera oreja que se otorgó en la nueva plaza al toro Doctor, primero de su lote.

De la crónica escrita publicada en el diario El Sol del Centro, sin firma, pero atribuible a su cronista titular, don Jesús Gómez Medina, extraigo lo que sigue:
Muleta en mano y en sus dos adversarios, trazó el de Monterrey, reiterada, asiduamente, la parábola señorial del toreo en redondo con una y otra mano. Naturales y derechazos en apretadas series; derechazos y naturales plenos de aguante, de temple y de mando, engranados mediante el leve y precioso giro de la mano y rematadas las series ya con el pase de pecho, según la norma clásica; ya girando en el centro de la suerte como hoy en día es común hacerlo; cuando dejando caer la muleta para cortar el viaje del burel con el latigazo implacable del pase del desdén... Y si con su primero, que traía su ración de guasa, Manolo necesitó primero de imponérsele al de Torrecilla para torearlo luego a placer; con el cuarto, el dócil Arquitecto, el regiomontano, al torear de muleta, apuró prácticamente todas las posibilidades del natural y del derechazo, realizándolos a pies juntos, abierto el compás; en los medios, en el tercio, también en las tablas, cuando Arquitecto, agotado, buscó en ellas amparo... Mediante un pinchazo y una estocada honda liquidó Manolo a “Doctor”; y un picotazo seguido de un cuarto de acero y febril labor de enterramiento de los subalternos bastaron para poner fuera de acción a “Arquitecto”. Y si la faena de “Doctor” valióle a Martínez una oreja, la primera, repetimos, que se cortó en la nueva plaza, con la subsecuente vuelta al ruedo; su actuación con “Arquitecto” tan solo fue premiada con el recorrido en torno a la barrera... Eloy Cavazos es un torero. En ocasiones, como el 25 de abril último, todo un señor torero que, dejándose de firuletes, se lía los bureles a la cintura y les corre la mano y liga las series de muletazos con tanta verdad como brillantez y hondura. Ayer, en cambio, usó más la mano izquierda – la mano torera – para darle coba al público que para torear por naturales. Sus faenas, en suma, estuvieron fincadas preferentemente en lo espectacular, en lo superfluo con demérito de lo auténtico, de lo genuino, de lo de buena ley; aunque esto último no haya estado por completo ausente en la actuación del pequeño diestro... Dos espadazos igualmente espectaculares pusieron fin a la vida de sus dos enemigos, ambos por igual de alegres, prontos en la embestida, si bien “Constructor”, sacó su dosis de genio. Oreja y vuelta en el segundo, “Empresario”; y puesto ya en el camino, autoridad y subalternos no se mostraron remisos para concederle las dos de “Constructor”, a cuyos despojos las mulillas, de regreso de su fugaz movimiento de huelga, motu – proprio dieron la vuelta al ruedo... ¡Aquellos naturales de Fermín Espinosa! Fueron tres tan solo; pero, en verdad, valieron por toda una faena: ¡Así resultaron de quietos, de mandones, de sentidos!... Con ellos, con esos tres muletazos al sexto, “Maestro”, el nuevo doctor demostró cumplidamente que tiene derecho a llamarse Fermín y apellidarse Espinosa, según dijo de otro gran torero, en inolvidable crónica, “El Tío Carlos”... Porque fueron, en verdad, muletazos de torero grande, de torero caro. Pases impregnados de torerismo y de clase, como también dos trincherazos al mismo sexto burel. Idénticas virtudes de conjuntaron en las verónicas con que este novísimo Armillita toreó a “Hidrocálido”, el de su alternativa; un toro de preciosa estampa, hondo, apretado de carnes; pero al que entre un puyazo demasiado fuerte y la menguada casta que traía dentro, convirtieron luego en un inválido que rodó varias veces por la arena, frustrándose lo que se esperaba brillante faena tras de la ceremonia del doctorado... Pero esos naturales a “Maestro”, realizados ya a la luz de los reflectores, parecieron iluminar el crepúsculo con el arrebol de la esperanza. ¡Será este joven delgaducho y patilargo nacido en Aguascalientes, hijo y nieto de toreros, el renovador, el vivificante que requiere ya el toreo mexicano?...
En la segunda corrida de lo que podríamos llamar la feria de la inauguración de la plaza de toros Monumental Aguascalientes, el inolvidable Guillermo Cabezón González confeccionó un cartel de los que después se dio en llamar de banderilleros, en el que actuaron Jesús Solórzano, Antonio Lomelín y Manolo Arruza, para lidiar toros del ingeniero Mariano Ramírez.

El primero de la tarde fue bautizado como Pinocho, en honor del que fuera subalterno y en ese entonces apoderado de toreros, Manuel González, así apodado, que llevaba gran amistad con el ganadero. El encuentro de Solórzano y Pinocho también nos lo recuerda la crónica firmada por don Jesús Gómez Medina, publicada en el diario El Sol del Centro del día 25 de noviembre de aquellas calendas, bajo el título Con el estupendo Pinocho, Solórzano bordó el toreo:
Y en la palestra del nuevo coso se produjo ‘el milagro de la verónica’ como si, al torear de capa, Chucho Solórzano fuese repitiendo el soneto de Xavier Sorondo: ‘Los brazos pordioseros, como péndulo doble, arrastran por la arena la comba del percal...’ Un vibrante escalofrío barrió los tendidos, sacudidos por el flamazo de la emoción más noble que pueda depararnos la fiesta brava: La emoción del arte; mientras Solórzano concluía los lances antológicos con un recorte señorial… ¡Admirable conjunción aquella! El toro, prototipo de bravura y buen estilo y el torero, dechado de calidad y de arte. Y si ‘Pinocho’ aportó nuevos lauros a la triunfadora vacada del Ing. Mariano Ramírez, Chucho por su parte, ilustró con nuevas hazañas los blasones de la afamada dinastía moreliana... A la elegancia, al aplomo y al buen gusto para realizar las suertes añádase la variedad, que no parecía sino que, al torear de muleta, Solórzano tenía por norte el poema de Gerardo Diego ‘Oda a la Diversidad del Toreo’. En esta forma, en lugar de los trasteos a golpe cantado, asistíamos al gozoso espectáculo de un Solórzano que, sin desviarse de la norma clásica, con los naturales cadenciosos, apretados, de genuina estirpe rondeña; y al lado de los derechazos pausados, ceñidos, la mano baja y la pierna contraria al frente, intercalaba los de trinchera, los firmazos, el afarolado y los molinetes, de los que hubo uno, girando lentamente ante la propia cara del burel, que hubiese firmado Belmonte. Filigranas éstas de la mejor calidad y del gusto más exquisito que, lejos de restarle hondura a la faena – ¡A la gran faena! – le infundieron mayor brillantez a la manera que una rica pedrería embellece una joya forjada con oro de la mejor ley… A un tiempo, sepultó Chucho todo el acero ligeramente trasero. Rehusábase ‘Pinocho’ a doblar y para conseguirlo, su matador apeló a un recurso de vieja ejecutoria: Extrajo la espada y, corriéndola hasta el cerviguillo, descabelló al segundo intento, a cambio de verse achuchado y sufrir un varetazo. Ovación estruendosa. Las dos orejas y el rabo de ‘Pinocho’, el nobilísimo ejemplar para cuyos despojos ordenóse, con toda justificación, el arrastre lento… Y con los apéndices y la doble vuelta al ruedo, Chucho Solórzano recibió de nuevo la pleitesía de un público, que una vez más, supo rendirse ante la manifestación de la más noble expresión de la fiesta: La del toreo – arte…
Momento durante la bendición de la nueva plaza
Así pues, con esta actuación del hijo del Rey del Temple, se precisaron dos importantes efemérides de la recién inaugurada plaza Monumental Aguascalientes: las del primer rabo otorgado en su albero y el primer toro premiado con el arrastre lento, el nobilísimo Pinocho del ingeniero Mariano Ramírez.

De esta segunda corrida de inauguración, la crónica de don Jesús nos recuerda también un extraordinario par de banderillas de poder a poder que Antonio Lomelín puso a Romancero, segundo de la tarde y por supuesto, las dos fulminantes estocadas con las que liquidó a los toros que le salieron por la puerta de toriles.

En cuanto a la actuación de Manolo Arruza, destaca también su actuación en el segundo tercio ante el sexto, Platero y el tesón exhibido toda la tarde, a despecho del viento y del frío que dice la relación del festejo en su final: habían ahuyentado a la concurrencia, que apenas bastó para ocupar la mitad de los vastos graderíos

La historia de las plazas de toros se transforma siempre en leyenda a partir de triunfos, fracasos y tragedias. Este fue el primer paso de una andadura que en este día llega ya a su cuarta década.

domingo, 11 de agosto de 2013

14 de agosto de 1969: Manolo Martínez triunfa en San Sebastián

El cartel de la Semana Grandede 1969
Las dos campañas que hizo Manolo Martínez en España tienen, en la memoria colectiva, el signo de que no se distinguieron por los triunfos obtenidos. La causa de ese recuerdo es que no tuvo rotundidad en Madrid – a pesar de cortar una oreja el día de su confirmación de alternativa – y en Sevilla no se presentó sino hasta muchos años después. Pero una revisión exhaustiva de su paso por las plazas españolas y francesas, nos reflejan que triunfó en plazas de importancia, como Málaga, Toledo, Valencia, Bilbao o Mont de Marsan alternando con los principales toreros de allá de esos días.

La Semana Grande de San Sebastián de 1969 fue una feria en la que se lidiaron encierros ganaderías como Moreno Silva, Núñez Hermanos, Baltasar Ibán, Atanasio Fernández, Clemente Tassara, Salustiano Galache, o Fermín Bohórquez y en el aspecto de los toreros actuaron Paquirri, Manolo Cortés, Paco Camino, Antonio Ordóñez, Ángel Teruel, Jaime Ostos o Serranito. En ese entorno, la corrida a celebrarse en El Chofre el día 14 de agosto, tenía como ingredientes a los toros de don Antonio Pérez, de San Fernando, Salamanca y a los toreros Diego Puerta, Paco Camino y Manolo Martínez.

Manolo Martínez llegaba a Donostia con la aureola de haber cortado cuatro orejas y dos rabos en su anterior actuación – Málaga, 5 de agosto – en la que alternó con Antonio Ordóñez y Santiago Martín El Viti en la lidia de toros de doña María Pallarés. Entonces, para la tarde que me tiene aquí con Ustedes hoy, se tenía anunciado un cartel que puede considerarse bien rematado.

Así se anunció en España
Manolo Martínez
Me llama la atención el hecho de que en aquellos días los diarios de la capital española enviaban a sus cronistas titulares como enviados especiales a cubrir distintas ferias, sobre todo aquellas que por su tradición y calidad podían considerarse como verdaderos acontecimientos. Hoy ya son pocos los diarios madrileños que cubren así las grandes ferias y en el caso de San Sebastián y además, resulta triste que hoy, por la cerrazón de unos cuantos políticos, ni siquiera haya feria. Sobre la tarde que me ocupa, encontré dos relaciones en los diarios de Madrid. La primera, en el ABC, escrita por Antonio Díaz – Cañabate y una segunda en el diario Madrid, firmada por Julio de Urrutia.

Cito en primer lugar la crónica de Díaz – Cañabate, en la que, dejando de lado lo que me parece es su poco gusto por nuestros toreros, se expresa en forma laudatoria de la actuación de Manolo Martínez. De su crónica extraigo lo que sigue:
El tercero fue el clásico toro que ha hecho famosa y perdurable la ganadería de Antonio Pérez. La bondad hecha toro. La arrancada alegre y reposada, la cabeza humillada, fija, sin el menor cabeceo en la muleta, dócil al mando del torero y suave su trote o su galope. El mejicano Manuel Martínez tenía que estar ciego para no ver todo esto. Lo vio enseguida y se puso a tono con el toro. Lo más sobresaliente de su buena faena fue que se apartó de lo mecánico, hoy tan prodigado. Había calor, regusto en sus pases, temple en la mano, largura en el brazo, finura y armonía en sus movimientos y también variedad. Se percibía que el toro y el torero estaban contentos de haberse encontrado. Se compenetraron y esto es esencial en el toreo. Tan esencial como que después de una buena faena muera el toro tan dignamente como ha sido toreado y en esto falló lamentablemente Manuel Martínez. Entra mal y señala un pinchazo. Vuelve a entrar mucho peor y la espada cae en los bajos y rueda el toro sin puntilla. Aun los más ignorantes de los espectadores tuvieron que percatarse de la muy fea manera con la que entró a matar, y a pesar de esta evidencia se enfadaron mucho con el presidente, que cumpliendo con su deber solo concedió una oreja. ¡Qué ceguera la del público!...
Otro pasaje interesante de su crónica se refiere al cambio de calidad entre los asistentes a los festejos taurinos, dejando cada vez mayor espacio al público feriante. La reflexión es la siguiente:
Hoy he observado a un matrimonio de esos que está uno seguro de que se llevan muy bien porque los dos son gordos. Confundían a Diego Puerta con Paco Camino. “¡Muy bien Paco!”, decía el marido; y la mujer le corregía: “No es Paco, es Diego”. Discutían un rato amigablemente. Y cuando Paco o Diego estaban toreando, el matrimonio se dedicaba a buscar entre la multitud a una prima de ella llamada Eusebia. Naturalmente, no la encontraban… ¿A qué no saben ustedes lo que más le gustó al matrimonio que se pasó la corrida buscando a su prima Eusebia? ¿La faena de Martínez? ¡Qué va! Los berridos que pegaron el quinto y el sexto, broncos los del quinto, aflautados los del sexto. “Ves tú – le decía el marido a la mujer –, por oír estos berridos merece la pena venir a los toros…
Por su parte, Julio de Urrutia destaca lo siguiente:

Una faena de Manolo Martínez y un toro de A.P., verdaderamente extraordinarios… El tedio abrumador de la tarde quebró durante diez minutos al salir el tercero de don Antonio, que, según dijimos al principio, resultó un toro extraordinario, el mejor de toda la feria hasta ayer y uno de los más pastueños de cuantos se llevan corridos por esas plazas en la presente temporada. Es muy difícil que a Manolo Martínez le vuelva a caer un animal semejante en los lotes que le quedan de su campaña actual. Porque meter la cabeza en el engaño como la metía el “apé”, humillar como humillaba en el centro de las suertes y quedar preparado como quedaba, cual si fuera un “robot” para el lance o pase siguiente, eso es muy difícil que vuelva a repetir un toro en el transcurso de los meses. El mexicano lanceó al toro en el primer tercio con una elegancia fuera también de serie, hizo un quite por navarras que puso a la gente en pie y cuando llegó la hora de la muleta instrumentó una faena a la altura de la bondad del bicho. Anotamos en ella tres naturales Inmensos con su correspondiente de pecho, un molinete, cuatro pases en redondo, varias tandas más de toreo al natural y dos circulares completos, rematados ahora con el pectoral con la derecha. El toro pasaba que era una bendición, pero el diestro no desmerecía en nada al acoplarse con él y obtener de la faena el máximo resultado artístico. Uno hubiera estado así cinco minutos más, contemplando la bella estampa formada en la arena entre los dos antagonistas. Pero lo que sucedía es que todos temíamos el instante preciso del diestro al entrar a matar por el resultado incierto de la espada. En efecto, la estocada – hasta las cintas – fue caída, pero hizo rodar fulminantemente al bicho patas arriba. El presidente tan sólo concedió una oreja a Manolo, porque el defecto del acero era visible a todas luces. Más... el público, que había seguido con singular admiración la perfecta armonía existente durante la lidia entre el toro salmantino y el torero azteca, hizo dar a éste dos vueltas al ruedo entre aclamaciones delirantes y saludar desde el tercio…
Otro apuntamiento de Urrutia va dirigido a la poca  o justa presencia de los toros que se lidiaron:
Al revés de los “apés” de hace veinte años, que cinco salían óptimos para el torero y uno barrabás, los corridos ayer en la plaza del Chofre tuvieron un balance exactamente a la inversa. Todos, por lo demás, estuvieron aceptablemente presentados y acusaron de primero a último la siguiente romana: 534, 501, 493, 500, 531 y 545 kilos. De edad no parecían estar muy sobrados. Esperemos, pues, con paciencia benedictina al año 1973, en que el ganadero venda cada toro con su respectiva partida de nacimiento. Entonces sabremos exactamente la edad natural y no la aparente, y habrá llegado el momento de desechar de toriles esos cartelitos con el pesaje de los cornúpetas, que a veces no hacen sino desorientar a la afición...
Manolo Martínez, en volandas
Los tiempos no parecen haber cambiado, puesto que todavía hoy se insiste mucho en el peso de los toros y se soslaya la edad cronológica que les corresponde, que es la que influye sobre su comportamiento. Y agrego, aunque en su momento el guarismo fue una solución a una problemática que se arrastraba de décadas antes, hoy se tiene que buscar otra alternativa que unida a esa cuestión deje en claro la edad de los toros que se lidian.

Más les distraigo de lo que me trae por aquí ahora. Como podemos ver, Manolo Martínez tuvo muy buenas tardes en los ruedos hispanos, aunque insistiré en que la rotundidad con la que actuaron sus contemporáneos en plazas como Madrid o Sevilla oscurecen su paso por esas plazas, pero la historia y la estadística nos dejan claro que el problema real es más de apreciación que de fondo.

jueves, 2 de mayo de 2013

Tal día como hoy: 1981. Fermín Armillita se impone a toros y viento


La sexta corrida de la Feria de San Marcos de 1981 era promisoria en el papel. Toros de Xajay, una de las ganaderías principales de este país para Manolo Martínez, Antonio Lomelín y Fermín Espinosa Armillita. El seguro azar del toreo proclamado por José Alameda se hizo presente en la Plaza Monumental Aguascalientes y cuando todo estaba dispuesto para que la afición local y nuestros visitantes disfrutaran de una gran tarde de toros, resultaría que esta se volvió inolvidable, más no por las proezas de los hombres vestidos de seda y alamares, sino por todo lo contrario.

Se atribuye a don Antonio Llaguno la expresión aquella de que los toros no tienen palabra de honor, para dejar claro que independientemente de todo el cuidado y empeño que haya puesto el ganadero en su crianza y selección, a la hora de saltar al ruedo, serán los toros quienes determinen su circunstancia y no el proceso anterior a su aparición en el ruedo. En función de ese seguro azar, la corrida enviada por el Arquitecto Juan Sordo Madaleno para la ocasión fue de aquellas que el criador prefiere olvidar y los toreros desean no haber contratado. Y si a todo esto sumamos el ventarrón que se soltó toda la tarde, al final todo estaba dispuesto para el fracaso.

Así nos lo cuenta don Jesús Gómez Medina:

Los toros (¿) de Xajay frustraron la corrida. Tan solo Fermín Espinosa se hizo aplaudir; Manolo, apático. Intempestivamente Eolo abandonó su palacio de broncíneas murallas, donde la existencia, para él, transcurre plácidamente entre banquetes, músicas y diversiones mil, en la dulce compañía de su amada esposa Enareta, madre venturosa de seis hijos y de otras tantas hermosísimas hijas; y alejándose de las islas eolias, su morada desde hace milenios, encaminó sus alados pasos hacia Aguascalientes... ¡Y los paganos de tal ocurrencia, fuimos los aficionados!... Pues en efecto, las constantes y agresivas manifestaciones de la presencia de Eolo se convirtieron en la causa primera del fracaso de la corrida. A ella sumóse luego la inaudita mansedumbre de los bureles de Xajay y la desaprensión de impotencia de los espadas; todo lo cual desembocó en una tarde de toros – ¿de toros? – que será histórica por lo accidentada, por lo absurda, por lo catastrófico de su desarrollo y desenlace... ¿Cómo es concebible que en una plaza considerada como de primera entre las de provincia y en una feria reputada como la número uno entre todas las de México, no se cuente con una pareja de cabestros y se destine a toro de reserva un burel cuyo tipo parecía sacado de las pinturas rupestres de Altamira o de los dibujos de Antonio Carnicero, pero que ni de lejos, aunque lo haya sido, tenía el aspecto de ser toro de casta? Sin contar con que además ese bicho ya tenía largos meses en los corrales... En fin: toda esa serie de causas desembocó y produjo la que ha sido, indudablemente, la peor corrida de feria de muchísimos años a esta parte, dejando en los millares de espectadores que de nueva cuenta atiborraron el graderío, un sabor de frustración y desencanto, sí no, un dejo de profunda irritación...

Como lo señala don Jesús al principio de su recuento, solamente Fermín Armillita logró ser ovacionado por su actuación, retirándose entre sendas broncas tanto Manolo Martínez como Antonio Lomelín.

Al final del festejo, los toreros declararían lo siguiente a Everardo Brand Partida, del mismo diario El Sol del Centro:

Manolo Martínez: “Quisiera que las cosas hubieran rodado de otra manera, ya te había comentado en mi tarde anterior que hoy venía por el triunfo grande. Pero, ¿cómo se puede triunfar con estas reses y este aire? Desgraciadamente los dos toros llegaron parados, con media embestida y desarrollando un sentido bárbaro, que difícilmente podría confiarse en ellos, y el resultado ya lo ves, al traste con la corrida. Puedes señalar en tu columna y en forma directa a este público tan bueno de Aguascalientes, que me siendo endeudado con él... ¡y pronto saldaré esa cuenta!” Antonio Lomelín: “Con una bueyada como ésta nada se puede hacer y extrañamente el público no vio los toros, su sosería y su mansedumbre, nunca reparó en el esfuerzo del torero, que hicimos, y digo yo, a nombre de Manolo y Fermín, todo lo posible por salvar la tarde en la que yo quería reafirmar el triunfo que estuvo conmigo en la primera de la feria. Desgraciadamente tengo que irme rápido, ya que mañana toreo en Chiapas... pero pronto estaremos de nuevo aquí, y ojalá nos vaya mejor”. Fermín Espinosa: “Resulta increíble que don Juan Sordo Madaleno, propietario de Xajay mande reses como éstas a una feria de tanta importancia como es la de San Marcos. Todo desgraciadamente, me ha caminado a la inversa en este año, porque deseos de armarla los tengo especialmente aquí, pero contra tantas circunstancias adversas, no se puede luchar

Creo que no hace falta más explicación.

El festejo de hoy: Reses de Fernando de la Mora para Uriel Moreno El Zapata, Arturo Macías y Joselito Adame.

domingo, 28 de abril de 2013

Tal día como hoy: 1973. Tormentoso prólogo, triunfalista epílogo


El festejo del 28 de abril de 1973 era el estelar de la Feria. En él se reunían por primera vez en la Plaza de San Marcos, en un mismo cartel los nombres de Manolo Martínez, Eloy Cavazos y Curro Rivera. Los toros anunciados para esa tarde fueron de la ganadería de Torrecilla, que por esos días estaba en el mejor de sus momentos y sus toros eran de los que las figuras nacionales y extranjeras exigían para tener una mejor posibilidad de éxito.

Recuerdo que desde la hora del sorteo las cosas no iban bien. El encierro que llegó a los corrales de la plaza carecía del mínimo respeto y de las condiciones para ser lidiado en una corrida de toros, por lo que desde unos días antes se estuvieron trayendo y llevando reses para intentar mejorar lo presentado por el ganadero José Antonio Llaguno Ibargüengoitia. Al final, el Juez de Plaza, don Jesús Gómez Medina indicó que suspendería el festejo por la impropiedad del ganado y por alguna razón urdida en los entretelones de la fiesta y de la administración, la corrida terminó celebrándose, a condición de que el ganadero sería multado y la sanción comunicada a la afición antes de iniciar la corrida.

Don Jesús Gómez Medina, que combinaba el ejercicio de la presidencia de los festejos con la crónica en el diario El Sol del Centro, refleja en su recuento el tenso ambiente previo y el vivido en la corrida. De su relación cito lo que sigue:

Preámbulo tormentoso y epílogo triunfal de la corrida. Gran faena de Curro Rivera al sexto con orejas y rabo y apéndice a Manolo y Eloy... Apología “pro domo sua”. Pues, a partir de 1948, desde que en forma casi ininterrumpida, he venido haciendo las crónicas de toros en este periódico, desafío a toreros, a ganaderos y empresarios a que demuestren que en alguna ocasión, o en cualquier fecha o lugar, quien esto escribe haya demandado de alguno de ellos alguna dádiva, alguna retribución, algún servicio a cambio de un elogio, de un panegírico, del comentario más simple... Y esto, que en el planeta de los toros pudiera sonar como insólito, no lo comprenden quienes viven por y para los toreros; quienes han hecho un oficio de alterar la verdad en provecho de no importa qué intereses... si me equivoqué al sancionar un encierro que no reunía el trapío y el peso requeridos para una corrida de toros – de lo que no tan sólo yo, sino cuatro mil y más espectadores fueron testigos – acepto plenamente mi responsabilidad y la culpa consiguiente... Y si el procurar la defensa de los intereses de los aficionados es razón y motivo para que se me destituya, ¡enhorabuena! Ya en líneas anteriores lo dije explícitamente: no estoy casado con el puesto; lo acepté con todos sus inconvenientes, en atención al amigo, mas estoy dispuesto a dejarlo si ello es necesario... Tan sólo una cosa pediría antes de esto: hacer exigible, a despecho del Reglamento, la instalación de una báscula en el Coso San Marcos, para que no continúen dándonos coba con los pesos de los bureles... Curro Rivera, el triunfador. Pese a la hostilidad pública, Curro, con el tercero, estuvo torero y acertado. Buenos muletazos, sin emoción, por la falta de respeto del adversario, al que pinchó dos veces antes de dejarlo en manos de los mulilleros... Y con el sexto, “Serenito”, bravo y alegre – el único bravo del encierro – Curro triunfó cabalmente, rotundamente. Buenos lances con el percal; y en el último tercio, un trasteo pleno de torerismo, de temple, de quietud y de mando; imprimiendo a los muletazos dimensión y hondura, sacudiendo vivamente la sensibilidad colectiva, pues el público terminó entregado a su arte y a la plasticidad de su bien torear, en el que se aúnan con admirable síntesis el clasicismo con lo moderno. Media estocada en todo lo alto; las orejas y el rabo y doble vuelta al ruedo, en pleno triunfo...

Lo que nos transmite don Jesús es, creo, claro, conciso y suficiente para expresar los sucesos ocurridos en esa fecha. Sin embargo, me parece que no tiene desperdicio lo publicado al margen de la crónica por el periodista Agustín Morales Padilla, en el mismo diario y de lo que extraigo lo que sigue:

Un fraude más… La multa que la autoridad aplicó al propietario de “Torrecilla” fue benigna. Lo correcto hubiera sido impedir que los novillitos fueran lidiados, ya que no tenían la edad, ni el peso, ni el trapío reglamentario. Ahora bien, pudo haber sucedido que era el único encierro disponible y ante los riesgos que habría supuesto la cancelación de la corrida, se decidió darla... ¿Podría establecerse el origen de todo ese estado de cosas que privó en el coliseo taurino? Desde luego que sí. Dicho sin mayor preámbulo, habría que señalar en primer término, la compra, por la empresa de un encierro de mini toros para la corrida estelar de la Feria... Los diestros, particularmente Manolo y Eloy, tampoco son ajenos, pues se sabe que este último, sobre todo, pugnó por el cambio de toros y logró sustituir Valparaíso por Torrecilla... Tan existe culpabilidad de ellos, que, una vez anunciada por el sonido local la multa aplicada al ganadero, ambos se solidarizaron – y cómo no iban a hacerlo – con Antonio Llaguno y se negaban a hacer el paseíllo, desoyendo y burlándose de la reiterada orden para el despeje...

La multa anunciada por la megafonía fue de cinco mil pesos – en esos días equivalentes a unos cuatrocientos dólares – y la corrida, celebrada al fin, pasó a formar parte de la historia de nuestra Feria.

El festejo de hoy: Dos reses de Bernaldo de Quirós para rejones y cuatro de El Junco para Pablo Hermoso de Mendoza, Octavio García El Payo y Sergio Flores.

domingo, 5 de agosto de 2012

1979: Manolo Martínez torea su corrida mil en la Plaza México

Algunos prolegómenos

Programa de mano de la corrida 1000
Hoy se cumplen treinta y tres años de que Manolo Martínez lidiara en solitario seis toros de distintas ganaderías y de esa manera celebrar su llegada a las mil corridas toreadas. Hace unos días conversaba con el amigo y abogado Jesús Zavala Pérez – Moreno, quien por razones familiares tenía cercanía tanto con el torero como con el abogado Luis Ruiz Quiroz, quien durante muchos años llevó un recuento estadístico de lo que sucedía en las plazas de México y en particular, de las actuaciones de los principales diestros mexicanos en todas las plazas en las que actuaban y me contaba que cuando se acercaba el torero de Monterrey a la meta que es objeto de este comentario, en alguna reunión el nombrado don Luis Ruiz Quiroz se lo señaló a don Pepe Chafik, a la sazón apoderado del torero, quien no tenía noción de la marca que Martínez estaba por alcanzar y de que, cuando menos en materia de datos fiables, era el primer torero mexicano en alcanzar esa cifra de corridas toreadas.

Conforme fue avanzando la temporada de ese año 1979 y advertida la administración del torero de la realización por alcanzar, su administración preparó las cosas de tal manera que la fecha del milenario llegara el día 5 de agosto. La víspera, Manolo Martínez mató seis toros – Jesús Cabrera, Tresguerras, Xajay, Begoña, Torrecilla y San Antonio de Triana – en la Plaza Monumental Monterrey y les cortó 5 orejas y dio una vuelta al ruedo y para el día de la gran cita se prepararon en los corrales de la Plaza México toros de San Mateo; Tequisquiapan; San Martín; San Miguel de Mimiahuápam; Reyes Huerta y Los Martínez, vacada que se presentaba en la plaza de toros más grande del mundo.

El festejo y su ambiente

La corrida se dio en un lapso que medió en una temporada de novilladas que había sido interrumpida a causa de una disputa entre la empresa de la Plaza México – dirigida por el Dr. Alfonso Gaona – y la Unión Mexicana de Picadores y Banderilleros, que solicitaban un incremento a sus emolumentos en los festejos novilleriles, pero por otra parte, los novilleros y su Asociación sindical, se oponían a éste. Al final de cuentas, por allá por septiembre, los festejos menores se reanudarían con un arreglo satisfactorio para todos, en apariencia.

La recopilación de Alfonso López
Pude asistir a ese festejo, que fuera de la época climática ordinaria para las corridas de toros, se desarrolló entre lluvia y paraguas. No obstante, la Plaza México se llenó hasta el reloj y el ambiente en la plaza fue magnífico, aunque al final del festejo se agriara, dado que no se produjo el gran triunfo que se espera de una corrida como esa, porque si bien en ella no faltaron los detalles de buen toreo, la única faena que se puede considerar redonda se produjo en el tercero de la tarde y en el resto, los reiterados fallos a espadas emborronaron cualquier lucimiento anterior.

El tercer toro de la tarde se llamó Juan Polainas y la manera en la que Luis Soleares – pseudónimo utilizado inicialmente por Carlos Loret de Mola Mediz y posteriormente su hijo Rafael – vio la faena de Manolo Martínez a ese toro berrendo de San Martín, en crónica de agencia publicada por el diario El Informador de Guadalajara, fue la siguiente:

SAN MARTÍN: Era de esperarse que José Chafik, el apoderado del matador y dueño de San Martín, le mandase lo mejor que tenía. Un bicho con historia genética para semental y precioso: berrendo en negro, botinero, calcetero y bien armado, con cuatrocientos noventa y cuatro kilos de peso, llamado “Juan Polainas”. 
Dos espontáneos, mandados por enemigos de Martínez, son detenidos a tiempo y todavía intenta lanzarse, sin lograrlo, uno más. ¡Qué feo es esto! 
El berrendo embiste más alegre que ninguno otro, y claro y fácil. Martínez le instrumenta unas verónicas muy lentas y bajas, exquisitas, y además cuidando del burel. La media es excelsa y el quite por chicuelinas exquisito, con remate que detiene el reloj. 
Juan Carlos Contreras lo prende en la vara de la tarde – quizá del año – y escucha una ovación que le acompaña cuando sale al ruedo. Una de esas puyas de otra época, echando el caballo hacia adelante y clavando desde lejos en el hoyo de las agujas, para resistir la embestida con la fuerza del brazo, y castigar con rudeza pero donde se debe. Queda el toro, con este único pero suficiente castigo, como seda. Cumple en banderillas. 
Tres ayudados por alto abren la faena. Estatuarios. Inmediatamente liga seis derechazos de primor y martinete en un palmo. Cinco naturales impecables y pase de pecho. Otros tantos derechazos y desdén. Y un pase de pecho. Cada vez con más belleza, trincherazo y serie de derechazos y pase de pecho. Naturales exquisitos y pase de pecho. Naturales exquisitos y desdén. La plaza se viene abajo. Se perfila y coloca su mejor estocada de la tarde, completa, bien ejecutada y en el hoyo de las agujas. En el momento en que el berrendo se desploma espectacularmente en los medios, el aguacero tapa con sombrillas los pañuelos y no estalla el escándalo del triunfo. Hay una oreja. Merecía dos. Vuelta al ruedo y salida a los medios con interminable ovación. El aguacero, respetuoso, se retira…
Manolo Martínez cortaría también la oreja a Milenario, cuarto de la tarde, de San Miguel de Mimiahuápam y la tarde parecía remontar, pero los toros quinto y sexto no le dieron mucho margen para lucirse y para mayor complicación, se eternizó con la espada con el último de la tarde, lo que motivó que ésta terminara casi barruntando una bronca.

Una semana después del festejo, Alfonso López, cronista titular del diario Excélsior de la Ciudad de México, en un suplemento gráfico de ese diario, hacía la siguiente recapitulación de lo sucedido en la corrida:

Todo el arte de Manolo se desdibujó con el estoque; lluvia de cojines 
Para celebrar su corrida número 1,000, Manuel Martínez Ancira, oriundo de Monterrey, Nuevo León, se encerró el domingo 5 de agosto en la Plaza México, con: Pajarito, de San Mateo; Juan y Medio, criado en Tequisquiapan; Juan Polainas, precioso berrendo en negro que llevara la divisa de San Martín; Milenario, de San Miguel de Mimiahuápam; Milagro, herrado por Reyes Huerta y Canta Claro de la ganadería de Los Martínez, todos ellos, toros, toros. 
El regiomontano, recibido con un entradón y obligado a ir hasta los medios para agradecer los aplausos, salió al tercio en su primero, al igual que en el segundo; cortó sendas orejas a tercero y cuarto; tuvo silencio después del quinto, y luego soportó gran cojiniza iniciada antes de doblar el sexto, del cual el juez Pérez y Fuentes le perdonó un aviso y quizás dos. 
Los trofeos no fueron más en los cuatro toros iniciales porque en todos pinchó a la primera vez, pero el recital que diera con capote y muleta, sin olvidar la extraordinaria estocada a Juan Polainas, ahí quedó para la antología de lo verdaderamente artístico en la más bella de las fiestas bellas. 
Desgraciadamente, con quinto y sexto toros, las notas del concierto dejaron de ser tan brillantes como al principio y, por lo fatal que estuvo con la espada en el último, la celebración no terminó como él y sus admiradores hubieran querido. 
De todas maneras, Manolo es el primer torero mexicanos que (según las estadísticas de Luis Ruiz Quiroz) llega a 1,000 “corridas, sí” (como el propio espada lo dijo en el patio de cuadrillas) “porque no todas pueden ser en la Plaza México”. 
Además, como hasta sus enemigos debieron notarlo el domingo pasado, Manolo llegó a esta etapa de su vida torera destilando arte, y del bueno...
El mismo Luis Soleares advierte sus fallos con el acero e intenta explicarlos y justificarlos de la siguiente manera:

…Falló, salvo en dos toros, a la hora de consumar la suerte suprema, sobre la cual ha adquirido un gran dominio en los últimos tiempos, Una peligrosa inhibición le saltó anoche en Monterrey – corrida número novecientos noventa y nueve –, y esta tarde en la milésima, y se tradujo en los indecisos pinchazos que le afearon la brillantez de su triunfo. ¿Mala suerte?, permítaseme no creer en ella. Manolo ha estado mal en su última suerte porque le ha faltado ese instante de decisión plena, ese arrogante encuentro final cuando se ponen a disposición de los cuernos – sin verlos –, los vasos más importantes que corren en la cara externa del muslo izquierdo, tercio superior, y el segundo, bravo, seco y peligrosísimo burel – al que había trazado una lidia imperial, de gran mérito –, le arrojó en el momento de la estocada y estuvo a punto de matarlo. Le pescó en el viaje y le hizo alejarse más de la seguridad precisa a la hora de la verdad. Recuperará Martínez, con su profesionalismo y su carácter el tranquillo seguro a la hora de la verdad. Tal vez gracias a esta frustración dentro del cuadro de su carrera triunfal, se haya quedado en los ruedos. De haber redondeado una tarde de gloria plena hoy, se habría cortado súbitamente la coleta. Algo de esto se temía. Sí, se temía, pues el regiomontano tiene que triunfar en España, plena y largamente, un año tan solo por lo menos, antes de hablar de Las Golondrinas. Está en plenitud…

Mi entrada
La historia nos revela que las cosas no fueron como lo planteara en su día Loret de Mola, sino de un modo bien distinto. Manolo Martínez mantendría hasta el final de su carrera su característica de estoqueador irregular; ya no volvería a España a torear y después de esa corrida, todavía le quedarían otras 344 en el cuerpo.

Esas 344 corridas se dividirían en dos etapas, una primera, que llegaría hasta el día 30 de mayo de 1982 – fecha de su anunciada despedida en la Plaza México – y que constaría de 233 festejos y la última que iría del 28 de marzo de 1987 al 9 de marzo de 1990 – fecha de su última actuación vestido de luces, también en la Plaza México – y que completaría los 111 restantes, pero eso sí, con el mando de la fiesta en México, hasta el último día.

Espero que esta remembranza, no obstante su extensión, haya resultado de su interés.

viernes, 27 de abril de 2012

Tal día como hoy. 1969: Cortando tres orejas, Manolo Martínez se alza como el triunfador de la Feria


Tras de su presentación en nuestro serial abrileño de 1967, en una corrida extraordinaria, Manolo Martínez reaparecía en la Plaza de Toros San Marcos en la corrida que daba término a la Feria, alternando con Joaquín Bernadó y Alfonso Ramírez Calesero Chico, para lidiar un encierro de Suárez del Real. La corrida adquiría cierta significación, aparte de la propia que le correspondía por su lugar en las celebraciones sanmarqueñas, porque el torero de Monterrey estaba a punto de salir a iniciar su primera campaña en ruedos europeos. De hecho, tras de esta actuación, solamente se presentaría el 1º de mayo en Tepic y el 4 en Querétaro para matar en solitario toros de Javier Garfias y de allí partir a España, para presentarse en la Corrida del Corpus en Toledo el día 5 de junio de ese 1969.

El triunfo de Manolo Martínez

En su crónica publicada en el diario El Sol del Centro al día siguiente del festejo, don Jesús Gómez Medina se ocupa exclusivamente de la actuación del que estaba en camino de ser el mandón. No hace una sola referencia a las actuaciones ni de Joaquín Bernadó, ni del hijo mayor de Calesero. Del preámbulo recojo estas impresiones:

No pudo haber sido más torero el adiós de Manolo Martínez; en pleno triunfo, entre aclamaciones, aplausos y música y llevando consigo las dos orejas del último astado que lidió en Aguascalientes... Porque el de la Sultana del Norte se halla a punto de atravesar el charco, en ruta hacia la Madre Patria a donde marcha en pos del espaldarazo consagrador de los públicos hispanos. Pero, antes, busco que su adiós a la plaza que durante estos breves días, se transforma en el aula máxima del toreo, en la academia del arte taurino, revistiése la brillantez y la solemnidad más singulares...

Manolo Martínez enfrentó esa tarde a dos toros de nombrados por su criador como Pepinillo y Ruizeño, ambos de muy diferentes condiciones. Y con ellos realizó dos faenas de gran intensidad de acuerdo con el relato que hace el invocado don Jesús Gomez Medina. El quinto, Ruizeño, fue el del gran triunfo y sobre este, el cronista escribió:

...“Ruizeño”, era por el contrario un adversario difícil, peligroso; con fuerza y sentido. Por ello puso en apuros a un banderillero tan diestro como Rutilo Morales... Y en el ambiente de la plaza brotó la incógnita: “¿Sería capaz Manolo Martínez de hacerle faena a un enemigo con tales características...?” Pues sí; ¡también al enemigo difícil le hizo la faena y, encima, le cortó las dos orejas!... ¿Es o no es todo esto, demostración de torerismo?... Porque triunfar con el toro dócil, pastueño, que más que enemigo resulta colaborador del torero, esto muchos lo hacen. Vencer, en cambio, tras de remontar la corriente; llegar al éxito tras de haber superado obstáculos y luego de poner en riesgo la epidermis, esto es privativo de los menos. De los ases, de las figuras, de los toreros de época, como este Manolo Martínez... Pero digamos ahora someramente cómo fue la faena del gran triunfo del reinero. Dos o tres muletazos de exploración como para medir, para calibrar al astado, y acto seguido, sin más trámites, sin nuevas dilaciones, a pararle y a correr la mano y a enrollarse a “Ruizeño” con la seguridad, con la facilidad y la frescura que se emplearían para torear a un toro de cartón.... A fuerza de aguante, Manolo desengañó al astado. Vamos, se apoderó de él, como se dice en la jerga taurina. Y logrado esto, hizo con el bicho cuanto le vino en gana. Lo toreó por derechazos templados y mandones, rítmicos y señoriales – ¡derechazos de Manolo Martínez! –; se lo pasó por la mismísima camisa en los pases de pecho escultóricos, ajustadísimos. Y además, el péndulo, los molinetes, los de la firma combinados con el trincherazo. ¡Todo cuanto en gana le vino ejecutó!... Y, como epílogo, un espadazo desprendido, que pronto surtió efectos.... Vendría luego la escena que antes aludimos; el triunfo, el apoteosis de Manolo Martínez; la concesión de las dos orejas, la vuelta al ruedo, las aclamaciones... En suma, la entrega de un público plenamente rendido frente a la evidencia de que, con Manolo Martínez, el toreo mexicano está en el camino de adquirir una dimensión y un esplendor que antaño tan solo supieron darle los llamados toreros de época, las figuras cumbres de nuestra torería...

En efecto, la visión de don Jesús no estaba apartada de la realidad que estaba por venir. Sería cuestión de un par de temporadas más para que Manolo Martínez consolidara su posición al frente de la torería mexicana y efectivamente, se convirtiera en una figura de épica y de época, todavía a estas fechas vara de medir en estas cuestiones.

El festejo de hoy. 2ª novillada de feria: 6 novillos de José Julián Llaguno para Ricardo Frausto, Manuel Fernández Mazzantini y Efrén Rosales.

domingo, 15 de abril de 2012

19 de abril de 1978: Manolo Martínez hace su presentación en Sevilla


Manolo Martínez y sus campañas españolas

El anuncio de la presentación de Manolo
Martínez
(ABC de Sevilla 19/04/78)
Tras de una exitosa campaña en ruedos europeos durante el año de 1969 en la que se acercó al medio centenar de corridas, Manolo Martínez retornó a ellos al año siguiente con la intención de confirmar su alternativa en Madrid y de actuar con categoría en las principales plazas de España y Francia. De nuevo apoderado por Manolo Chopera, se le arregló una campaña en la que podría alternar actuaciones en ambos lados del Atlántico, pues su presencia en las ferias de México era también medular. Al final de cuentas esa temporada en los ruedos hispanos y franceses no tuvo la intensidad de la anterior. Los factores a los que se atribuyen esos resultados son muchos y variados, de acuerdo con la óptica que se aplique al análisis que se haga de ellos. La versión que Guillermo H. Cantú, en su obra Manolo Martínez, un demonio de pasión expresa sobre el particular es la siguiente:


Manolo toreó en su primer temporada 48 corridas, cortó 60 orejas y 5 rabos y dio 15 vueltas al ruedo, recibiendo a cambio 3 cornadas graves... pero no “arrasó”. Para arrasar hubiera tenido que quedarse a vivir en España y “tragar”, tragar mucho antes de vencer todos los obstáculos, en especial los de fuera del ruedo. A las casas taurinas españolas no les gustan los mandones ni por asomo, ni siquiera los de casa, que son más difíciles de sacudirse porque son de ahí, no tienen a dónde ir y resulta muy complicado correrlos... Tan pronto se dio cuenta de que su famoso apoderado en España, “Chopera”, lo estaba usando para atender sus diferencias con la empresa de Madrid, los demás “detalles” le colmaron el plato y sin más optó por concluir su campaña, cortando orejas y rabo en Ondara y nada en Bilbao, que fue la última actuación...
Desde esa tarde en Bilbao, que fue la del 18 de agosto de 1970 – con 12 tardes en ruedos hispanos y 2 en Francia –, Manolo Martínez no volvería a torear en un ruedo español sino hasta el 20 de octubre de 1974, a Marbella, a actuar en un mano a mano con Paco Camino, matando toros de Carlos Núñez, una corrida celebrada a la media noche para que pudiera ser vista desde este lado del mar por la televisión por la tarde y que al final de cuentas, resultó en un petardo televisivo de una – literal – proporción mundial.

Manolo Martínez y Sevilla

En los años de 1969 y 1970 Manolo Martínez no actuó en la Maestranza sevillana en ninguna de las dos ferias que allí se ofrecen – abril y San Miguel –, así como tampoco en alguna de las otras fechas señaladas en las que allí se ofrecen corridas de toros dentro o fuera del abono de la temporada de esa histórica plaza de toros.

De nuevo es la versión de Guillermo H. Cantú, pero ahora en su libro Visiones y fantasmas del toreo, la que intenta explicar la presentación de Manolo Martínez en ese ruedo y que coincidentemente resulta en su última actuación en plazas españolas:

...algunos años después, cuando Manolo revisó su carnet de actuaciones y descubrió que jamás había pisado el albero de la maestranza de Sevilla, una increíble laguna en su “curriculum”. De inmediato tomó la determinación de “palomear” el famoso templo, Al menos fue de esta manera como lo tomó la prensa española: “El torero millonario de Monterrey, vino a satisfacer un capricho”, publicaron, como si fuera un sacerdote rebelde que en gesto devoto decide celebrar misa en San Pedro y la Curia Romana se apresura a asignarle hora... Paco Camino asistió como aficionado a esa corrida. Bien sabía Paco qué clase de torero estaba pisando esa arena dorada...
El previo de la corrida (ABC de Sevilla 19/04/78)
Ignoro a esta fecha sí bastaría el capricho de Manolo Martínez para presentarse allí, pero sabiendo el modo de ser de don Diodoro Canorea, tengo la fundada sospecha de que no sería así. Algún interés debió revestir el torero para que le llevara en una de las fechas señaladas de esa Feria de Abril sevillana.

La corrida del 19 de abril de 1978

El festejo que se anunció para esa presentación de Manolo Martínez – sexto de feria y noveno del abono – fue con toros de los Herederos de Carlos Núñez para Manolo Martínez, Francisco Rivera Paquirri y José Mari Manzanares. Los toreros vistieron, según las crónicas, respectivamente de azul pavo y oro, azul celeste y oro y grana y oro.

De la crónica de Joaquín Caro Romero, aparecida en el diario ABC de Sevilla el día 20 de abril de 1978, extraigo lo siguiente, que relata el paso del torero de Monterrey por el albero maestrante:

El encierro de Herederos de Carlos Núñez tuvo boyantía y nobleza sobradas. Cuatro toros, como se suele decir, «sirvieron». De moderado trapío y escasa fuerza. El lote de Paquirri fue extraordinario. Indudablemente, el mejor. Los corridos en cuarto y sexto lugares tomaron dos varas. Los otros, una, y ya tuvieron bastante... El mejicano Martínez era «nuevo en esta plaza». Y pasó prácticamente desapercibido. Lo que no pasó desapercibido fue su muleta grande, que no es lo mismo que decir gran muleta. Cuando andaba liado con el cuarto sonó una voz desde la grada que decía al torero: «¡Métele tijera a esa muleta!» Martínez no aprovechó la suavidad de su primero, que metía divinamente la cabeza en el engaño. No obstante, consiguió un par de tandas de naturales y derechazos limpios e irreprochables. Dejó mucho que desear en sus dos oponentes. Tres pinchazos sin soltar y media muy delantera al que abrió plaza y estocada entera al cuarto...
Los toros que enfrentó Manolo Martínez llevaron por nombre «Afectísimo», número 22, mulato chorreado listón, con 500 kilos de peso y «Vilano», número 109, mulato listón, con 533 kilos y este resultó ser el último toro que mató en España el diestro de Monterrey.

Por su parte, Vicente Zabala Portolés, en la edición madrileña del mismo diario ABC, publicó lo siguiente:

El mejicano Manolo Martínez vino a Sevilla a cumplir un capricho: torear en esta plaza. Era una ilusión que, al parecer, Manolo Chopera le ha concedido como un regalo de Reyes. El ídolo de Méjico muleteó vulgar, sin rematar los pases y sin sentimiento a su primero y no se acopló con el otro. Queda muy  poco de aquél torero que en Bilbao se dejó romper las carnes con un toro de Osborne. Ahora ya es mucho más millonario que entonces. La vida del regiomontano está resuelta. Se ha dado un gustazo a costa de quitar un puesto a un torero español o a un mejicano con más entusiasmo. Hay quien se compra un yate. Martínez ha preferido el lujo de matar dos toros de Carlos Núñez en plena feria de Sevilla. Ya puede poner el cartel en su rancho azteca. Parece que se trataba de eso. Pues adiós, manito, ya nos vemos...
Al final del festejo, Paquirri cortó dos orejas protestadas al quinto de la tarde y Manzanares una al tercero de la tarde. El subalterno de la cuadrilla de Manolo Martínez, Chucho Morales, saludó desde el tercio.

Un último comentario al margen

En la crónica del festejo de dos días después, Joaquín Caro Romero relata lo siguiente:

En la corrida de ayer no se alteró, menos mal, el orden de antigüedad de los matadores como en la del pasado miércoles, donde Francisco Rivera «Paquirri», y no Manolo Martínez, era quien debía encabezar la terna.  Pepe Guerra Montilla, nieto del glorioso Rafael Guerra y bibliotecario del Círculo Taurino de Córdoba, me envía un amabilísimo telegrama, del que informo con mucho gusto a los aficionados. En efecto, al espada de Barbate le correspondía, por diferencia de seis meses de antigüedad en el doctorado (tomó la alternativa en Barcelona el 11 de agosto de 1966), haber lidiado el lote del mejicano (que recibió el grado en la Monumental de Méjico el 12 de febrero de 1967). Siento que Pepe Guerra no me haya avisado antes, pues yo no había caído en la cuenta. Y, al parecer, los confeccionadores de dicho cartel y acaso tampoco los propios diestros involucrados tampoco...
Reportaje gráfico de la corrida
ABC de Sevilla (20/04/78)
Craso error el del nieto de Guerrita y el de Caro Romero, al publicarlo. Manolo Martínez recibió la alternativa en Monterrey el 7 de noviembre de 1965 y esa alternativa era válida para todos los efectos conducentes y la fecha que se menciona en la crónica que cito, es la de la confirmación de su alternativa regiomontana en la monumental mexicana.

En pocas palabras, en verdad parece que en esa ocasión, para Manolo no había manera de quedar bien. No obstante, esta es la historia de su paso por Sevilla y su Feria de Abril, coincidentemente, como apunto, su última actuación en un ruedo de España y de Europa.
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