Posteriormente, retomaron la idea de Ecijano el diestro Diego Prieto Cuatro Dedos y el banderillero Ramón López, quienes organizaron una sociedad con los señores Ángel Caso y Guillermo Cacho para adquirir un predio en el término de la Hacienda de La Condesa y edificar allí una plaza de toros. El predio se ubica en lo que entonces era Calzada de la Piedad, actual Avenida Cuauhtémoc, aproximadamente en el polígono que forma dicha vía con las calles de Guanajuato, Frontera y la Avenida Álvaro Obregón y se partió del proyecto inicial del ingeniero Pani.
La plaza, construida con madera, se proyectó inicialmente para tener un ruedo de 35 metros de diámetro, pero las autoridades exigieron que fuera de 45, por lo que el proyecto inicial se tuvo que reformar, y así, el coso se terminó con espacio para 12,000 localidades, seis corrales, 10 puertas de acceso, una de las cuales estaba destinada para la llegada de los toros a los seis corrales que tenía y la otra, para las cuadrillas, por lo que cada tendido tenía cuatro amplios accesos para los asistentes a los festejos.
La entonces Plaza México inauguró el 17 de diciembre de 1899, con los matadores Enrique Vargas Minuto y Antonio Fuentes, quienes enfrentaron 3 toros nacionales de Cazadero y 3 españoles de Cámara. Asistió el general Porfirio Díaz, Presidente de la República. Dejó de funcionar en 1910, cuando la empresa de El Toreo la tomó en arrendamiento para evitar una competencia no deseada y en 1913 fue desmantelada.
La temporada 1901 – 1902
El tercer ciclo de corridas de toros que se ofrecía en la nueva Plaza México por la empresa que encabezaba Ramón López constó de 17 corridas de toros y transitó entre el 24 de noviembre de 1901 y el 13 de abril de 1902. La totalidad de los espadas actuantes fueron hispanos y destacaron entre los contratados los nombres de Luis Mazzantini, Antonio Moreno Lagartijillo, Antonio Fuentes y Joaquín Hernández Parrao. El ganado que se lidió provino principalmente de las ganaderías mexicanas de Piedras Negras, Tepeyahualco, Parangueo, Santín, Atenco, San Diego de los Padres y El Cazadero, aunque también se lidiaron toros españoles del Marqués del Saltillo, Pablo Benjumea, Duque de Veragua, Murube, Anastasio Martín y Miura.
Creo que no es vano mencionar que las entradas fueron casi llenos en todas las tardes, de acuerdo con las diversas crónicas que pude consultar.
El beneficio de Antonio Fuentes
En esa época era práctica comúnmente aceptada que, al contratarse a un diestro importante para una temporada, se le reservara una fecha dentro de ella para que pudiera organizar una corrida en su beneficio, es decir, en la que todos los productos económicos del festejo los recaudaría ese torero. La fecha que se apartó para el diestro de La Coronela, Antonio Fuentes y Zurita, fue precisamente el 26 de enero de 1902, misma para la que, adquirió un encierro de Piedras Negras y consiguió la participación de Joaquín Hernández Parrao para enfrentarlo.
El cartel que daba a conocer la corrida tenía algunas singularidades, la primera de ellas era en el sentido de que Fuentes banderillearía a tres toros y José Moyano lo haría con otros tres. Pero también, al pie del anuncio de la ganadería, había un aviso interesante, en el sentido de que, si ninguno de los toros de lidia ordinaria era devuelto al corral, se lidiaría otro más, en obsequio al público. Es decir, se avisaba desde el principio la posibilidad de la aparición de un toro de regalo, hecho inusitado en esos días.
El encierro de Piedras Negras
La corrida que envió don José María González Muñoz para el beneficio de Antonio Fuentes puede ser calificada de notable. Ningún toro fue devuelto a los corrales y sí, en cambio, terminaron lidiándose los ocho que mandó a la plaza. Refiere Julio Bonilla Recortes en la relación que envió al semanario madrileño El Toreo, aparecido el 24 de febrero siguiente:
Los toros de Piedras Negras han acabado de cimentar su cartel con el nuevo triunfo que esa ganadería obtuvo en esta corrida... Los ocho toros que se lidiaron (porque fueron ocho, pues además del que se ofrecía en los carteles por si alguno de los seis anunciados volvía al corral, con el que serían siete, Antonio Fuentes obsequió galantemente al público con otro más, que fue el octavo), todos cumplieron en los dos primeros tercios, y llegaron bien a la muerte, sobre todo el tercero, el quinto, el sexto y el octavo, sobresaliendo éste por su nobleza y valentía... Acudieron con voluntad a los de a caballo, recibiendo los jugados en primero, cuarto y quinto lugar cuatro varas cada uno; el segundo y el tercero, cinco puyazos; el sexto, cinco; y el séptimo y octavo seis varas cada uno. Entre todos mataron catorce caballos...
No hace especial referencia a la presencia de los toros, pero quien firmó como Antolín para El Imparcial, aparecido en la capital mexicana al día siguiente de la corrida y en la relación sin firma publicada en el diario El País también de la misma fecha y lugar, pero sin firma, refieren que tres toros carecieron de la edad reglamentaria y que su juventud era manifiesta. De allí que afirme yo que la corrida fue notable y no extraordinaria.
El triunfo de Antonio Fuentes
No encontraremos en los relatos de su actuación la recolección de trofeos al por mayor, porque por aquellas calendas no había costumbre de otorgarlos. El triunfo de un torero residía en que los concurrentes a un festejo coincidieran en que éste había aprovechado debidamente las condiciones de un toro y así se lo festejaban. Agrego al caso de Fuentes en esta particular tarde, que cuando terminó con su lote ordinario, le exigieron que soltara al séptimo, porque querían seguirlo viendo. Sigue contando Recortes:
Fuentes hizo derroche de elegancia en su toreo toda la tarde... Trabajador hasta el cansancio, hasta decir basta, estuvo complaciente con el público, deseoso de escuchar palmas, contribuyendo poderosamente a levantar la afición y haciendo que el entusiasmo se desbordara a torrentes...
Por su parte, quien firmó P.P. Luis, para el Diario del Hogar del 28 de enero siguiente, refiere:
Inusitado entusiasmo despertó el beneficio de Antonio Fuentes, el diestro que actualmente goza de mayores simpatías ganadas en buena lid, concienzudo trabajo y complacencia y gratitud para el público... Su corrida de gracia difícilmente se olvidará; hizo derroche de valor y destreza, trabajando como siempre, con deseos de quedar bien y haciendo lo que el público pedía… En banderillas estuvo a gran altura; colocó seis pares al quiebro y tres al cuarteo, habiendo un solo toro al que colocó cuatro pares al quiebro... Es su trabajo con la muleta ya no hay más que pedir: todos saben lo que vale la mano izquierda de Fuentes... En quites, espléndido, consumando dos verdaderamente de mérito… Con el acero, despachó a sus cuatro bichos de cuatro volapiés, un pinchazo y un descabello a la primera… En los carteles el beneficiado ofreció un séptimo toro, si los seis anunciados resultaban buenos; pero lidiado el séptimo ofrecido hubo quien pidiera otro, y sin vacilaciones ni disculpas. Fuentes lo mandó echar al ruedo... Toda la tarde fue de ovaciones para el diestro; recibió valiosos regalos y fue al fin sacado en hombros de sus admiradores hasta la carretela...
Así, Antonio Fuentes estuvo entregado esa tarde, pero también la concurrencia se le entregó. Fue un domingo redondo para todos.
La buena tarde de Parrao
Joaquín Hernández había tenido un par de tardes de altibajos en la temporada, pero en esta del beneficio de su coterráneo Antonio Fuentes, pudo revalorizar su posición ante la afición de la Ciudad de México. La cúspide de su tarde se produjo cuando le fue cedida la muerte del octavo toro – segundo regalo – donde pudo demostrar que tenía aptitudes para ocupar espacios en una temporada de la importancia de la que nos entretiene por ahora. Refiere el citado Recortes:
“Parrao”. – Colaboró con buen éxito al lado de Fuentes para que la corrida resultara magnífica, la que ha sido calificada como la mejor de la temporada… Con el capote estuvo trabajador, dando varias verónicas parando y ceñido... Hizo dos quites grandiosos, uno de ellos en el tercer toro, en que, habiendo caído al descubierto Agujetas, metió el capote en la cara del toro, quitándolo del lugar del peligro; pero como la res hiciera nuevamente por el picador, Parrao arrojó el trapo y terminó este quite coleando y adornándose al final... Todo el público se levantó de sus asientos, y tributó al diestro ruidosísima y merecida ovación... En el cuarto turo hizo otro quite magnífico, escuchando nuevos aplausos... Al mismo toro lo toreó con lucimiento capote al brazo... Pero en el octavo toro, en que Fuentes lo dejó dueño de la situación, dando muestras de ser buen compañero, rasgo que le valió a Antonio elogios del público, Parrao estuvo hecho un héroe... En el último toro, que brindó a Fuentes, después de haberle colocado dos magníficos pares de banderillas, como quedó dicho, empleó una faena lucidísima, demostrando conocimientos, valor y arte... Durante la faena de Parrao hasta que dio muerte al último toro, el público aplaudió con entusiasmo...
Al final, Parrao fue llevado en hombros junto con Antonio Fuentes hasta su transporte. Fue también para él una tarde triunfal.
El inicio del cierre de la temporada
La prensa anunciaba ya que, para el siguiente domingo, el 2 de febrero de ese 1902, se daría otro beneficio, en este caso el del empresario Ramón López. Para la ocasión, se anunciaban 2 toros del Duque de Veragua y 6 de Tepeyahualco, para Luis Mazzantini, Lagartijillo, Antonio Fuentes y Parrao.
Y es que, siendo los cuatro toreros que más fechas habían reunido en el ciclo, seguramente eran los que también tenían expectativas de contratarse en las ferias españolas, por lo que preparaban ya su regreso a la península.
Así fue pues, la historia de un festejo triunfal que me parece singular.

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