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domingo, 5 de julio de 2015

Relecturas de verano (IX)

Jorge Aguilar “El Ranchero”. Un gran torero. Un gran hombre

Ejercer de biógrafo es una actividad riesgosa. La actividad entraña la dificultad de tener que anteponer la objetividad a la narración de la vida del personaje, a los sentimientos del autor. Y eso siempre cuesta mucho, sobre todo, como en el caso presente, cuando se tienen lazos afectivos y de familia, que pueden impedir el ver las cosas con claridad y hacer juicios que van más allá de los sucesos como realmente ocurrieron.

Pero en esta ocasión, Carlos Hernández González, Pavón para los amigos, superó con creces la difícil prueba que se puso por delante y nos presenta un repaso por la historia y la memoria de uno de los toreros mexicanos que más hondo ha calado en la afición – sobre todo la de la Plaza México – en lo que yo considero que es la Edad de Plata del toreo mexicano. Jorge Aguilar González, El Ranchero Aguilar en las arenas, es un diestro de esos pocos que tienen la facilidad de cautivar con su hacer ante los toros todas las sensibilidades y en Jorge Aguilar “El Ranchero”. Un gran torero. Un gran hombre, Pavón nos enseña la manera en la que ese hombrón nacido en la Hacienda de San Mateo Huiscolotepec, en el Estado de Tlaxcala fue encontrando los diversos matices al ser y al hacer delante de los toros bravos para lograrlo.

El libro inicia narrando los antecedentes familiares de El Ranchero, su emparentamiento con los señores de Piedras Negras, su integración a la vida de la Hacienda y al manejo del toro de lidia en el campo y sus primeros escarceos en las plazas de tienta de las ganaderías que llevan en su familia materna. Nos deja notar de manera clara que uno de los fundamentos básicos que le permitirían andar largo por los ruedos, fue precisamente el conocimiento del toro, adquirido en el campo, donde aprendió a ser también un gran garrochista y derribador.

La segunda parte de la obra está dedicada a analizar la trayectoria de El Ranchero en los ruedos, de cómo logra una primera alternativa en el año de 1949 en Tlaxcala, misma a la que renunció para hacer una reaparición como novillero y ser el máximo triunfador de la temporada novilleril de 1950 en la Plaza México, cortando tres rabos y recibir el doctorado definitivo el 28 de enero de 1951 de manos de Manolo dos Santos, con el testimonio de Jesús Córdoba, siendo el toro de la cesión Cartonero de La Laguna.

En esa segunda parte vamos a advertir que El Ranchero fue un torero de calidad, no de cantidad, pues entre ese 28 de enero de 1951 y el 11 de febrero de 1968 que toreó en la Plaza México la última corrida de su vida, apenas sumó 271 festejos vestido de luces. Pero lo hizo siempre en las mejores condiciones y en las mejores plazas de lo que Díaz Cañabate llamó en su día el planeta de los toros

La parte final de la obra se refiere a las actividades de Jorge Aguilar después de dejar de vestir el terno de luces. Ya fuera toreando festivales benéficos, practicando la charrería – nuestro deporte nacional – o dedicándose a las actividades agropecuarias, El Ranchero mantuvo una posición destacada en Tlaxcala y en México y se distinguió como un gran tentador, gracias al conocimiento que tenía del toro en el campo, aprendido desde su infancia.

La narración que nos hace Pavón de los hechos relacionados con la muerte de El Ranchero es conmovedora. Reúne una serie de testimonios acerca de los hechos ocurridos en el tentadero de Coaxamalucan la mañana del 27 de enero de 1981, cuando delante de una vaca que era tentada, Jorge Aguilar sufrió un infarto masivo de miocardio que terminó con su vida. Diríamos aquí en México: se murió en la raya...

Ya lo decía al principio de estas líneas decía que la tarea del biógrafo es complicada, pero en este caso Pavón ha realizado la faena con limpieza y con lucimiento. Y lo que es más, ha dejado al descubierto que la afición mexicana está en deuda con uno de sus grandes héroes, con un torero al que aclamó en sus días de gloria, pero que ahora que descansa, le tiene en un relativo olvido. Ojalá que este libro sirva para que se rinda un homenaje a su historia y a su memoria, sobre todo en la Plaza México, donde fue y ha sido uno de sus toreros.

La frase es manida, pero Jorge Aguilar “El Ranchero”. Un gran torero. Un gran hombre, es un libro de esos que no se caen de las manos, de esos que vale la pena leer. Si quienes lean esto tienen afición a la fiesta y a su historia, hagan un esfuerzo por conseguirlo, conocerán un jirón de la historia del toreo en México y de uno de los hombres que la han hecho posible.

Ficha bibliográfica: Jorge Aguilar “El Ranchero”. Un gran torero. Un gran hombre. – Carlos Hernández González. – Gobierno del Estado de Tlaxcala – CONACULTA – Instituto Tlaxcalteca de la Cultura. – 1ª Edición, 2015. – 383 Págs. – Sin ISBN.  
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