domingo, 13 de octubre de 2019

Detrás de un cartel (XIV)

Rafael Osorno

Civilmente llamado Melchor Osorno Cuéllar, nació en la Ciudad de México el 6 de enero de 1919. Era hijo del concertino de la orquesta del Teatro Principal y si bien su destino estaba en el andar por las veredas del arte, no sería en los escenarios de los teatros o en los fosos de las orquestas donde se expresaría, sino que las arenas de los ruedos vendrían a ser el sitio en el cual dejaría la huella de su creación artística.

Se presentó como novillero en El Toreo de la Condesa el 8 de junio de 1941, alternando con Carlos Vera Cañitas y Felipe González en la lidia de novillos queretanos de Xajay. Haría la transición a la Plaza México y actuaría por primera vez en la nueva plaza de toros en la vigesimosegunda novillada dada en su ruedo y de la temporada de 1946 – que constó de 40 festejos – el 11 de septiembre de ese año, alternando con Vicente Vega Gitanillo Chico y Félix Briones en la lidia de novillos de Carlos Cuevas. Esa tarde las cosas no se le dieron bien a Rafael y tuvo que regalar un séptimo novillo, sin resultados reseñables.

El cartel

Para el 29 de junio de 1945 y en celebración de la fiesta de San Pedro y San Pablo, la empresa de la Plaza de Toros de Madrid anunció una novillada en la que se lidiaría un encierro de doña Concepción de la Concha y Sierra por José Ortega Gallito; Rafael Osorno, de México y Cayetano Ordóñez Niño de la Palma, de Sevilla. Los dos últimos, nuevos en esa plaza.

Al final de cuentas se lidiaron solamente cinco de los novillos originalmente anunciados, pues el cuarto fue sustituido por uno de Fonseca. La actuación de Rafael Osorno no fue triunfal. En primer término recurro a la breve relación que de ella hace Manuel Sánchez del Arco Giraldillo, en el ABC de Madrid del día siguiente al de la novillada y señala lo siguiente:
Se lidiaron cinco novillos de Concha y Sierra que tomaron 16 varas por dos caídas, y uno de Fonseca, el lidiado en cuarto lugar, que recibió tres varas. Fue una corrida terciadita. Lo peor de ella, la vista defectuosa de los toros primero, quinto y sexto. 
Presidió el Sr. Plaza, y el sol hizo una ancha brecha en los tendidos castigados por él. No obstante, hubo por allí algunos héroes... 
El mejicano Osorno, que banderilleó con más voluntad que lucimiento, destacó en su faena al toro tercero. Nos parece muy entendido en el manejo de la muleta. Le aplaudieron mucho en el toro mencionado, y en el último, cumplió. Los matadores animaron los quites.
Giraldillo parece conceder a Osorno el beneficio de la duda al reseñar que fue aplaudido en sus intervenciones, aunque sin estruendo triunfal.

Una segunda crónica que encontré es la que está firmada por A en el diario deportivo Gol de la capital española, del día siguiente al del festejo y es de la siguiente guisa:
La novillada tendía en sí un hálito de irresistible simpatía. El hijo del Niño de la Palma – qué larga y enrevesada denominación – venía al ruedo de Madrid a confirmarse como posible continuador de un nombre. De un nombre que no se cayó de la boca ni del pensamiento de los espectadores en tanto discurría la lidia de cinco novillos de la Viuda y uno de Fonseca. Era el nombre famoso que llenará un día el ámbito taurino de popularidad generosa y de pura y emotiva leyenda... 
Debutaba con el Niño de la Palma el novillero mejicano Rafael Osorno. Veterano de los ruedos, buen lidiador, llegaba a Madrid con el marchamo de haber sido un día ídolo de la afición mejicana para caer después en el más franco y desolador olvido. 
De salida por esta definitiva recuperación no tuvo éxito. Se quedó en ese tono opaco que caracteriza todo lo medio, y su fracaso no se hizo esperar. La indiferencia con que le vio el público y, lo que es peor, el silencio respetuoso con que fue despedido, dicen bien a las claras lo poco que queda por esperar de este nuevo valor mejicano. 
Discreto y frío con el capote, vulgar como banderillero y poco decidido a quedarse quieto con la muleta, sólo le salvaba su signo como estoqueador. Y éste que es fundamentalmente negativo. Por eso, el paso de Osorno por Madrid no quedó grabado más que por una deferencia de nuestro público, insatisfecho siempre en cuanto a toda curiosidad se refiere. 
Así como Gallito logró distraer a ramalazos y el Niño de la Palma dejó entrever positivas esperanzas, Osorno anuló todo crédito de espera. Quedó definitivamente juzgado. 
Los cinco novillos de la Viuda de Concha y Sierra y el de Fonseca constituyeron una corrida muy a tono con la terna de novilleros. Corrida para triunfar plenamente...
El juicio de A es lapidario y no le concede nada a Rafael Osorno. Lo considera uno más de los muchos que han pasado por Madrid.

Mañico de Matancillas

¿Pero quién ha sido en realidad Rafael Osorno?

Rafael Osorno no es el fantasma que parecen describir las dos crónicas arriba transcritas. En su historia tiene el haber escrito alguna de las páginas más grandes de la historia del Toreo de la Condesa y quizás también, de la historia moderna del toreo en México.

Ese hecho ocurrió el 30 de agosto de 1942, cuando para lidiar novillos de Matancillas, fue acartelado con Rutilo Morales y Luis Briones. Esa tarde le correspondió en el sorteo el novillo llamado Mañico, al que le realizó la que, durante muchos años, fue considerada la mejor faena realizada por un novillero en las plazas de la capital mexicana. El psiquiatra Enrique Guarner fue testigo de esa faena y en un artículo publicado en el desaparecido diario Novedades de la Ciudad de México el 15 de mayo del año 2000, recuenta lo siguiente:
El domingo 30 de agosto de 1942, se lidiaron en El Toreo de la Condesa, novillos de Matancillas. El cartel estuvo integrado por Luis Briones, Rutilo Morales y Rafael Osorno. El quinto se llamó “Mañico”, siendo negro zaíno y cómodo de pitones. Rafael Osorno le desplegó el capote ligando media docena de verónicas. Vino luego un fantástico quite por chicuelinas, y en el segundo tercio, tres magníficos pares de banderillas que fueron de menos a más. Con la muleta, Rafael, que vestía de azul y plata, realizó un portento de faena, donde se produjeron pases de todas las marcas que transformaron la plaza en un manicomio con los espectadores gritando sin cesar. A pesar de tres pinchazos y entera en lo alto, se le concedieron las orejas y el rabo, dando hasta cinco vueltas al ruedo...
Por su parte, Guillermo Ernesto Padilla, en su Historia de la Plaza El Toreo hace la siguiente remembranza:
Osorno dio la nota de aquella y de muchas temporadas con una maravillosa faena al incomparable “Mañico”, faena reputada como la mejor realizada por un novillero en aquel ruedo. Fue algo portentoso. A los pases por alto escultóricos siguieron las series de pases naturales, prodigio de elegancia y clasicismo, los derechazos de incomparable belleza y el de pecho izquierdista como un monumento. Cuando el astado dobló, después de varios pinchazos y una estocada honda, los ámbitos del coso se estremecieron al grito consagrador de ¡torero! ¡torero! ¡torero! mientras el maravilloso muletero recorría la arena sobre un mar de prendas y con la oreja del imponderable “Mañico”. Después vendría la multitudinaria salida en hombros...
En ambas relaciones hay disparidad en cuanto a los apéndices concedidos por la faena, pero la esencia, el hecho de que la gente que la presenció perdió los papeles ante la magnitud de la obra realizada, es coincidente. Y hasta estos días, cuando se habla de una gran obra de un novillero, se alude a Osorno con Mañico, a Procuna con Barbián, a El Callao con Cuadrillero, a Solórzano con Bellotero, o a José Antonio Ramírez con Pelotero, pero Rafael Osorno siempre está a la cabeza de esa lista.

Y el aire legendario de Rafael con Mañico empezó temprano. En 1945, preparando su temporada española, el 5 de abril, apareció esta inserción sin firma en el ABC de Madrid:

Rafael Osorno o la evocación de “Chicuelo” 
Después de evocar la faena más grande de las realizadas en Méjico por Manuel Jiménez “Chicuelo”, en la plaza de El Toreo, un periódico mejicano saca a colación lo efectuado por Rafael Osorno recientemente en la misma plaza y dice: “Hace apenas unos domingos, la plaza de toros El Toreo se estremeció nuevamente hasta sus cimientos. La arena se cubrió de prendas de vestir, de flores, de sombreros, de todo lo arrojable que los espectadores tenían en sus manos. Estábamos viendo realizarse nuevamente el milagro de la gracia, el clasicismo en el arte del toreo; esta vez, como la anterior, era un torero de pequeña estatura, espigadito, de andar menudito y rostro infantil. Por un momento nos pareció estar soñando; nos pareció volver mentalmente diecisiete años atrás y veíamos a la misma figura girar lentamente; al toro ir y venir, metido materialmente en los vuelos del mágico engaño. El rostro del artista, sin inmutarse. Los pies, sembrados en la ocre arena, moviéndose tenuemente y sólo lo necesario para que la figura quedara asentada en el terreno preciso para continuar aquella serie de muletazos perfectos y ligados, en los que el conjunto del toro y artista formaba imágenes de belleza inconmensurable; imágenes como aquellas que trazaron para la fiesta esos derroteros de belleza estética que ahora tiene. Rafael Osorno, con el toro “Mañico” de Matancillas, escribió un capítulo entero del arte de bien torear, de torear con arte. 
Se habla ya de otorgar la alternativa a este diestro, que en tan solo dos años se ha colocado en la cima más alta del escalafón novilleril contemporáneo. Osorno, de novillero, es el que mejor papel ha hecho, no sólo ante el toro, sino con el mismo público, que ya ha mostrado la marcada preferencia que tiene para este joven artista, al que ya se le han afiliado numerosos partidarios, que forman legión y que constituirán, cuando el muchacho se doctore, un poderoso partido, que llevará a su héroe hasta las cimas elevadas a que la perfección que ha alcanzado dentro de su arte le ha hecho merecedor”. 
A primeros de abril llegará a España Rafael Osorno, y poco hemos de tardar en ver la confirmación de lo que de él dice la Prensa mejicana.
Inserción en el ABC de Madrid 05/04/1945
Rafael Osorno no pudo escalar la cumbre porque se esperó de él lo realizado con Mañico en cada toro que enfrentó. Cambió el oro por la plata e ingresó en la Unión Mexicana de Picadores y Banderilleros en el año de 1948, despidiéndose de los ruedos el 27 de agosto de 1978 en la Plaza México, en una novillada que torearon Alfonso Hernández El Algabeño, Félix Briones hijo y Gerardo Nuño El Calesa alternando en la lidia de novillos de Santoyo.

Rafael Osorno falleció en la Ciudad de México el 13 de octubre de 1984.

domingo, 6 de octubre de 2019

Detrás de un cartel (XIII)

Colección: Modesto Borreguero
En Jerez de la Frontera se celebra desde hace muchísimos años una Feria de Septiembre, pero es a partir de 1948 que hace coincidir con la Fiesta de la Vendimia, que nació como un medio de difundir los productos de la industria vitivinícola y muy principalmente para reanimar el mercado de la exportación del Jerez, que por esas fechas sufría los daños que le causó la Guerra Civil.

Originalmente los festejos relacionados con la vendimia se celebraban en Jerez en las cercanías del día de San Ginés de Arles, que es el 25 de agosto, pero es a partir del calendario mencionado antes, que esos festejos se recorren al mes de septiembre para hacer coincidir la feria tradicional con esos festejos.

En esa nueva versión de la Fiesta de la Vendimia se celebraban Juegos Florales, pisa de la uva, elección de Reina y se ofrecían por supuesto, festejos taurinos. 

Tal es el caso del año de 1962, en el que se ofrecieron a la afición dos corridas de toros y dos novilladas los días 8, 9, 10 y 11 de septiembre.

Abrió el serial la tradicional corrida concurso en la que se disputó el Catavino de Oro entre las ganaderías de José Luis Osborne, Duque de Pinohermoso, Fermín Bohórquez, Rafael Peralta, Ricardo Arellano y Gamero Cívico y Juan de Dios Pareja Obregón; el cartel de toreros lo integraron Julio Aparicio, Antonio Ordóñez y Curro Romero. El toro ganador del Catavino fue Fusilero de José Luis Osborne y la Oreja de Plata que se disputaban los diestros fue para Antonio Ordóñez.

El segundo festejo se anunció con un encierro de toros de don Álvaro Domecq y Díez - actual Torrestrella - y uno para rejones del Marqués de Villamarta para el caballero en plaza Fermín Bohórquez Escribano y a pie Juan García Mondeño, Rafael de Paula y Andrés Vázquez. Al final, Rafael Chacarte sustituyó a Mondeño y tanto Paula como Andrés Vázquez cortaron una oreja, en tanto que Chacarte fue herido por el primero de su lote, al que le cortó las dos orejas.

La primera de las novilladas se dio el lunes 10 de septiembre, con novillos de Julio Aparicio - que llevaban el antiguo hierro de Guadalest - para Mauro Liceaga, Carlos Corbacho y Luis Parra Jerezano. Al día siguiente se dio el cierre del serial con novillos del Marqués de Villamarta para Carlos Corbacho, Manuel Benítez El Cordobés y Luis Parra Jerezano.

Será el primero de esos festejos menores el que me ocupe en esta ocasión, dada la actuación en el mismo de un torero mexicano que es parte de una de las dinastías toreras mas largas que conoce la historia del toreo. Me refiero a Mauro Liceaga.

Mauro Liceaga Guevara

Nació en la Ciudad de México el 30 de noviembre de 1942. Es hijo de Mauro Liceaga Maciel, matador de toros y destacadísimo hombre de plata. Inicia su andadura como novillero en el año de 1958 y es el 27 de agosto de 1961 que se presenta en la Plaza México, alternando con Fernando de la Peña y Joel Téllez El Silverio en la lidia de novillos de Matancillas.

En 1962 y 1963 hace campaña por ruedos españoles, presentándose en la Plaza de Las Ventas el 2 de septiembre de 1962, para lidiar novillos de Felipe Bartolomé en unión de José García Mondeño II y Carlos Corbacho.

Recibe la alternativa en Monterrey el 17 de noviembre de 1963, siendo apadrinado por Juan Silveti y atestiguando la ceremonia Juan García Mondeño. El toro de la ceremonia se llamó Africano y fue de La Punta, como todos los lidiados esa tarde.

Esa alternativa la confirmaría el 14 de febrero de 1965 en la Plaza México, recibiendo los trastos de manos de Rafael Rodríguez El Volcán de Aguascalientes, y fungiendo como testigo Manuel Benítez El Cordobés. El encierro fue de Matancillas y el toro de la confirmación se llamó Rancherito.

Mauro Liceaga tuvo todo para llegar a ser figura del toreo, pero las cornadas le rompieron el paso, primero una sufrida en Monterrey el 23 de febrero de 1964 por un toro de Santa Marta y después otra del 15 de febrero de 1970 en Guadalajara, por un toro de El Rocío le frenaron el paso hacia la cumbre.

Mauro Liceaga falleció en la Ciudad de México el 19 de marzo de 2017.

La novillada

Ha sido poca la información que encontré acerca de este festejo. El semanario El Ruedo solamente se ocupa de los dos festejos mayores y por haberse celebrado en lunes, las Hojas del Lunes tampoco cubren ese festejo, sin embargo la crónica que dejara en las páginas del ABC de Sevilla del día siguiente al del festejo, quien firmó como R. de M., nos da buena cuenta de lo allí sucedido. En dicha crónica se relata así la actuación de Liceaga:
Jerez, 10. – De excelente calidad ha sido esta novillada de hoy de la Fiesta de la Vendimia, donde las palmas han echado humo y bien caliente, porque si la cosa empezó fría, los espadas supieron ponerla al rojo vivo, no porque el ganado fuera superior, que era debilucho, desigual, sosote, frío, recibiendo en total cinco varas nada más, sino porque los tres espadas salieron a torear de verdad y con ganas de agradar. 
El mejicano Lauro (sic) Liceaga, nuevo en esta plaza, cooperó al éxito de la tarde con sus faenas de capa, muy bonitas en sus dos toros, colocando tres pares de banderillas a cada bicho, realmente superior el tercero y de gran espectacularidad los tres últimos. El público, que ya se había deshelado en el primer quite de la tarde a cargo de Liceaga, por chicuelinas, le ovacionó no solo con el capote, sino en toda su actuación con la muleta. Mejor en su segundo toro, por ser de mejores condiciones que el primero, cobrando en los dos sendas y buenas estocadas, que le valieron aplausos y vuelta y una oreja que paseó en triunfo...
La tarde representó pues, un triunfo para Mauro. Habrá que añadir que Carlos Corbacho dio una vuelta al ruedo en cada uno de sus novillos y que Jerezano, le cortó las dos orejas al tercero, para ser paseado en hombros al final del festejo.

Al final de la campaña los novilleros mexicanos tuvieron alguna acción por los ruedos hispanos y así, Guillermo Sandoval actuó en 27 novilladas; Fernando de la Peña en 18; Mauro Liceaga sumó 11; Óscar Realme también 11; Pedro Jiménez Pedrín logró 2, al igual que Roberto Segovia El Sepulturero y Rafael Bejarano cerró el calendario con una actuación, de acuerdo con el escalafón publicado en el semanario El Ruedo.

Retales de la prensa de esos días

Mauro Liceaga
Foto: El Siglo de Torreón
En Córdoba, 9 de septiembre. 5 novillos de Hijos de Juan Valenzuela y 1 de Núñez Moreno de Guerra para Joaquín Miranda, aviso y ovación; Gabriel de la Haba Zurito, dos orejas y oreja; y Manuel Cano El Pireo, ovación y silencio.

En San Roque, 9 de septiembre. Novillos de Juan Gallardo Santos para Armando Soares, oreja y silencio tras aviso; Luis Parra Jerezano, dos orejas y dos vueltas con salida en hombros y Vicente Fernández El Caracol, dos orejas y rabo y dos orejas.

En Barcelona, 9 de septiembre. Toros de Julio Aparicio para Julio Aparicio, ovación y ovación; Alfredo Leal, ovación y silencio y Curro Romero, saludos y vuelta.

En Andújar, 9 de septiembre. Novillos de Ángel Ligero para Fernando de la Peña, palmas y ovación; Manuel Benítez El Cordobés, oreja y ovación y Julio Romero, dos orejas y pitos.

En Madrid, 9 de septiembre. 5 novillos de la Viuda de Alicio Tabernero y 1 de Ángel Rodríguez de Arce (2º) para Mauro Liceaga, silencio, silencio y silencio en el que mató por Espartaco; Antonio Ruiz Espartaco, silencio y herido y Alejandro García Montes, oreja y silencio.

En Haro, 9 de septiembre. Toros de Alberto González Carrasco para Joaquín Bernadó, vuelta, silencio y silencio en el que mató por Osuna; Pepe Osuna, dos orejas y herido y Carlos Chaves Barrón que recibió la alternativa, vuelta y silencio.

En San Martín de Valdeiglesias, 9 de septiembre. Novillos de Mariano Poriné Panadero para Guillermo Sandoval, pitos y palmas; José Luis Barrero, palmas y saludos y Rafael Corbelle, saludos y saludos.

En Alcañiz, 10 de septiembre. Toros de Juan Muriel para Fermín Murillo, ovación, dos orejas y silencio en el que mató por Antonio de Jesús; Jaime Rangel, ovación y dos orejas y Antonio de Jesús, ovación y herido.

Así fue la historia que está detrás del cartel. Una buena tarde de unos tiempos ya idos, porque en estos días que vivimos, ya no hay toros en septiembre en Jerez.

Agradecimiento

Al amigo Modesto Borreguero, que fue quien me puso en suerte este cartel de su colección y me hizo llegar la imagen que ilustra esta entrada.

domingo, 29 de septiembre de 2019

Una fotografía con historia (V)

Monterrey. 16 de diciembre de 1962, triunfos grandes de Jesús Córdoba y Mondeño

La independencia del empresario

Jesús Córdoba, Raúl García y Mondeño
Plaza Monumental Monterrey 16/XII/1962
Colección: Francisco Tijerina
En los años sesenta del siglo pasado – y bastantes más que siguieron –, el empresario taurino era un hombre de negocios unidimensional. Su función era la de arreglarse con ganaderos para comprar toros y con toreros para contratarlos y así organizar festejos taurinos. En ese orden de ideas el sistema funcionaba de manera organizada y cada determinado tiempo los escalafones de toreros se renovaban y en el campo surgían nuevas vacadas que seguían haciendo honor a la renombrada calidad del toro de lidia mexicano. 

Hoy en día, las cosas han cambiado y el empresario lo es todo. Apodera toreros, tiene ganaderías y la propiedad de las plazas y el sistema más que avanzar, parece ir en reversa. ¿Qué es lo que no funciona en esa multidimensionalidad? Explicaciones hay muchas, algunas tienen una buena dosis de sentido, otras, simplemente no resisten el más mínimo análisis. Estos son los tiempos que vivimos hoy en nuestra afición a la fiesta. Y no es que nos quedemos mirando el retrovisor, sino que los resultados del ayer eran más halagüeños que los de hoy.

En 1962 era empresario de la Plaza Monumental Monterrey don César Garza. Uno de esos de una sola dimensión, era empresario nada más. Y en esa actividad, durante ese calendario ofreció a su afición catorce corridas de toros. Llevó a la plaza que regentaba – por estricto orden de aparición – a toreros como Alfredo Leal, Antonio del Olivar, Humberto Moro, Jesús Córdoba, Antonio Velázquez, Luis Procuna, Juan Silveti, Manuel Capetillo, Jorge El Ranchero Aguilar, Jaime Rangel o Raúl García entre los nacionales y a Paco Camino, Fermín Murillo, Luis Segura y Mondeño entre los del otro lado del mar.

Tardes memorables tuvo ese año de 1962, como la del día 14 de enero, con un gran triunfo de Alfredo Leal ante toros de Santacilia; siete días después, los que se llevaron el gato al agua fueron Antonio del Olivar y el madrileño Luis Segura con toros de La Punta; el primero de julio la tarde fue para el linarense Humberto Moro y Joselito Huerta, que enfrentaron un encierro de Las Huertas; luego, el 2 de septiembre, Raúl García, ante sus paisanos triunfó con el ganado de Pedro Castorena y el 2 de diciembre, en el penúltimo festejo del calendario, serían Manuel Capetillo y Mondeño los llamados al éxito con un encierro también de La Punta.

Pero don César no era solo empresario de corridas de toros y entreveradas con los festejos mayores, nunca faltaban las novilladas que en el calendario que me ocupa tuvieron la presencia de toreros jóvenes como Joel Téllez El Silverio, Mauro Liceaga, el de Reynosa Tito Palacios y Gabino Aguilar entre los más destacados punteros de la novillería de esa temporada.

La forma de hacer del empresario independiente daba rédito a la fiesta y la historia es testigo de ello. Por ello mi recuerdo a la manera de hacer de un empresario independiente que supo hacer temporada en su plaza.

La historia de la fotografía

Para el 16 de diciembre de 1962 don César Garza programó una corrida de toros con un encierro de Las Huertas – el segundo que se lidiaba en el año – para Jesús Córdoba, Raúl García y Juan García Mondeño. El primero de los encierros de Luis Javier Barroso que se lidió, más o menos medio año antes, permitió el triunfo de los toreros y con la combinación que ahora presentada, era un buen atractivo para la afición.

La crónica que me sirve para hilar estos recuerdos apareció en el diario El Porvenir, de Monterrey, al día siguiente del festejo. La escribió Antonio Córdova. No hace juicio sobre la entrada al festejo, pero quiero suponer que fue un lleno. El triunfo en apéndices fue para el Maestro Córdoba y Mondeño realizó una faena importante al sexto de la tarde. Raúl García tuvo que lidiar con el hueso del encierro.

Jesús Córdoba y Perlito

El toro que abrió plaza se llamó Perlito. De la labor del Joven Maestro, Antonio Córdova escribió:
¡Las campanas de León sonaron a triunfo! Sí señor, que hasta allí donde la vida no vale nada llegó el estruendo del triunfo clamoroso que obtuvo el joven maestro Jesús Córdoba; que esculpió con la finura de su arte dos faenas primorosas a otros tantos astados de Las Huertas, y no se vaya a pensar que los pupilos del Chacho Barroso que le tocaron en suerte eran dos peritas en dulce, lo que pasa es que dichos astados se encontraron con un TORERO que tiene este año, por el sitio que merece dentro de la afición. 
“Perlito” se llamó el primero de la tarde, y con él, Jesús arrancó los primeros olés de la jornada, al dibujar cinco primorosos lances a la verónica – que todavía hay toreros que la dan ¡qué caray!, y el de León es uno de ellos – que fueron un dechado de perfección: fueron solo cinco lances, pero qué diéramos los aficionados por ver aunque sea esa cantidad en cada tarde. 
Chucho Córdova (sic) es el torero mexicano cuyo arte se funde en el crisol de la plasticidad y la clase y por ello en su turno en quites repitió la dosis de toreo al natural con la capichuela, para bordar nuevamente el lance a la verónica. 
Que Córdova (sic) es un maestro, nadie lo duda: menos aún después de verlo doblar tan toreramente con su enemigo para fijarlo en el engaño y luego correrle la mano derecha en varias tandas, adornándose en todo momento y dejando sobre el ruedo de la Plaza Monterrey el aroma suave, limpio y puro de su toreo clásico y bello. 
Su labor fue completa, por eso intercaló en su trasteo el toreo preciosista y los pases de adorno que contrastaron a veces con la verdad de sus manoletinas y la entrega total en sus pases de costado. 
La faena del leonés derechista, porque por ahí quiso el toro que se le lidiara; pero qué manera de correr la mano de Córdova (sic), sobre todo en los muchos muletazos de vuelta entera que hubo en la faena. Y como colofón digno a su torerísima labor, Chucho Córdova (sic) dejó una estocada perfecta en el hoyo de las agujas, que fue suficiente para que el de Las Huertas rodara patas arriba, y la plaza se nevara de pañuelos blancos pidiendo los trofeos para este purista del toreo que se llama Jesús Córdova (sic); que con las dos orejas de su enemigo dio otras tantas vueltas al ruedo, recibiendo la aclamación del público… 
Era la corrida número 315 de las 372 que toreó en su carrera el Maestro Córdoba y sin abdicar a su concepto, volvió a dejar en la arena regiomontana su rúbrica artística.

Mondeño y su fallo a espadas

Juan García Mondeño venía a refrendar un triunfo que había conquistado dos semanas antes. El aire ascético que imprimía a su toreo impactaba a quienes lo presenciaban y calaba hondo en los tendidos. El sexto de la tarde fue otro de los toros de Las Huertas que facilitaron el toreo que impacta en las masas y el de Puerto Real aprovechó esas condiciones para reiterar sus cualidades. Antonio Córdova lo describe así:
España debe sentirse orgullosa de contar con un torero como “Mondeño”, sobre todo, por la vergüenza y el pundonor que hay en el ruedo cuando el torero de Puerto Real está en él.
Ayer no se lograron los faenones del día de su presentación, pero “Mondeño” volvió a electrizar a la afición regiomontana con la litúrgica belleza de su toreo y nuevamente al grito de ¡Torero, Torero!, debió llegar hasta Monda, el pueblecito donde nació el magistral diestro que se cuenta entre las siete maravillas de España.
Nada logró hacer el de Monda con la capa en su segundo – bueno, aparentemente – porque logró sujetarlo y fijarlo en el engaño, para luego con la muleta enloquecer a la multitud con su toreo señorial y único, más todavía, porque el pundonoroso torero español le pisó sus propios terrenos a la res para obligarla a embestir, estando a punto de recibir una cornada al ser zarandeado peligrosamente por el astado.
Y nuevamente imperó en el ruedo de la Plaza Monterrey el toreo de “Mondeño”, nuevamente surgieron de su maravillosa muleta los derechazos de mística belleza, rematados toreramente con el forzado, para que de todas las gargantas surgiera como una sola voz el grito de ¡Torero!, mientras allá en las alturas la banda de la plaza dirigida por Dn. Bernardo y Armando Garza, perfumaba el ambiente con un pasodoble torero, tan torero como el que estaba en el ruedo.
Con qué liturgia hace el toreo “Mondeño”, cómo honra el terno de luces y cómo respeta al público que llena las plazas este torero; sacerdote pagano que oficia en las plazas de toros convertidas en templos de la tarde.
Ayer volvió a no tener fortuna con la espada, y mire que en el primer viaje se fue en corto y por derecho dejando más de medio estoque, que desgraciadamente no surtió los efectos deseados; cómo nos hubiera gustado verlo con las orejas de su enemigo en sus manos, porque cuando se torea como “Mondeño” lo hizo ayer en su segundo toro, los apéndices son imprescindibles. ¡Lástima de verdad! Pero a la gente no le importó si “Mondeño” no mató a su toro en el primer viaje y lo aclamó de nuevo obligándolo a dar la vuelta al ruedo; qué torero está el tío, no cabe duda…
Las orejas se cortan con la espada, que en esta oportunidad no le fue propicia a Juan García. No obstante la impronta dejada por su hacer ante el toro caló hondo ante la afición congregada en la Monumental Monterrey, que lo acogió como suyo.

Retales de la prensa de ese día

La prensa mexicana de esa fecha consignaba entre otras estos resultados de festejos y noticias:

En Torreón, Alfredo Leal, división y silencio; Antonio del Olivar, 3 orejas y rabo y Enrique Vera, abroncado en ambos. Toros de La Ventilla.

En la Plaza México, Antonio Velázquez, silencio y herido; Humberto Moro, ovación, silencio, pitos en el cuarto que mató por Velázquez y silencio en el sexto que mató por Camino. Paco Camino que confirmó, oreja protestada y herido en el sexto. Toros de José Julián Llaguno.

En Guadalajara, Calesero, vuelta y pitos; Manuel Capetillo, pitos y vuelta; Juan Silveti, silencio y silencio. Toros de San Mateo. Al finalizar el festejo se anunció la novillada del Estoque de Plata para el día de Navidad con Mauro Liceaga, Gabino Aguilar, Ángel Flores y Juan Clemente, con novillos de Santo Domingo.

Rematando

Esta es la historia de la fotografía. No es un reflejo fijo de un momento de una tarde determinada, sino una ventana que nos lleva a ver los sucesos de una tarde de toros. En esta oportunidad se trata de la visión de una tarde triunfal de una época ya ida, cuando las cosas de los toros eran menos convulsas que hoy en día y quizás por ello, sus resultados eran más tangibles.

Con mi gratitud

A mi amigo Francisco Tijerina, que me facilitó la fotografía, así como la crónica de Antonio Córdova que dan pie a que yo meta los míos. Sin esas facilidades, esto no quedaría escrito. ¡Un abrazo Patrón!

domingo, 22 de septiembre de 2019

Una fotografía con historia (IV)

La alternativa de Domingo González Mateos Dominguín

Alternativa de Dominguín
Fotografía: Aurelio Rodero Reca ©
© Carlos González Ximénez - Archivo Ragel
Van a ser ya diez años que publiqué esto por primera vez en otra bitácora que mantenía el amigo Carlos González Ximénez, titulada Toreros Antiguos y que fue víctima de la intolerancia de los que se autonombran antitaurinos. El acervo fotográfico que allí se nos presenta es importante y muy interesante y hay imponderables de la tecnología que permiten que a pesar del intento de silenciarla, aún se pueda consultar en modo móvil, haciendo clic en este enlace.

La fotografía que da motivo a esta entrada, obra de Aurelio Rodero – socio de Manuel Vaquero hasta la muerte de éste –, es una de las clásicas de la iconografía del toreo. José Gómez OrtegaGallito, entregando los trastos y la dignidad de matador de toros a Dominguín

La fotografía de Aurelio Rodero es la que ilustra la crónica del festejo en La Lidia y también, el libro de Pepe Dominguín titulado Mi Gente en el capítulo que hace referencia a la ceremonia.

Domingo González Mateos, Dominguín (Quismondo, 4 de agosto de 1895) quien resulta ser la cabeza de una de las dinastías más celebradas del planeta de los toros se lanza a la aventura de los ruedos en el año de 1916, cuando comienza a recorrer diversas pueblos y plazas en el aprendizaje de la profesión de torero, matando su primer novillo el día de la Asunción en Torrijos ese mismo año.

Al año siguiente logra presentarse en Madrid, primero en Tetuán de las Victorias y después en la Plaza de la Carretera de Aragón, sin convencer a la afición. Regresa a la capital hispana en febrero de 1918 y tiene ocasión de acreditar sus avances, lo que le permite en ese mismo año, recibir la alternativa que le convierte en matador de toros.

Así, para el día 26 de septiembre de ese 1918, se anuncian 6 toros de don Juan Contreras para Gallito, quien apadrinará en una ceremonia doble al sevillano Manuel Varé Varelito y al toledano Dominguín. Al final de cuentas, de los toros de Contreras solo se lidian cuatro, siendo sustituidos el primero y el sexto por dos de Salvador García de la Lama. En esa tarde, los toreros partieron plaza al son del pasodoble Dominguín obra del compositor toledano Jacinto Guerrero, estrenado en honor a nuestro personaje.

El hecho de que en la tarde se concedieran dos alternativas por un mismo padrino, fue motivo de alguna crítica. Paco Media Luna, en el semanario El Toreo, del 30 de septiembre siguiente, dice lo siguiente:
…Hemos llegado a un término de novedades, que ya, efectivamente, no sabemos de dónde sacarlas. Algunos años llevábamos viendo corridas de toros, y habíamos visto perder, por novedad, el privilegio que Madrid tenía de dar alternativas absolutas, con las plazas de Sevilla, Valencia y las del maestrazgo en general; habíamos visto corridas en que se daba la alternativa a un solo lidiador, constituyendo la fiesta en que esto sucedía un verdadero acontecimiento para el público y para el torero quien alcanzaba la distinción; pero esto de que hubiera saldos de alternativas y un solo espada para concederlas en una sola fiesta, eso, la verdad que no lo habíamos visto, ni aún sospechábamos que pudiera ocurrir… Y sin embargo, sucedió; esta suerte o desgracia le tocó a Joselito, y el esperar el turno para tomar la alternativa en una misma tarde, como quien va a tomar la cédula, les correspondió a Varelito y a Dominguín, con seis toros de la ganadería de don Juan Contreras...
A Varelito se le alternativó con Flor de Jara, de García de la Lama y sin mediar espacio, el segundo de la tarde fue el de la cesión a Dominguín, se llamó Agujeto, de Contreras, llevaba el número 20 y fue de pelo negro zaíno. Domingo González, vestido de verde esmeralda y oro, después de brindar a su padrino, lució como un torero poderoso, merecedor de nuevas oportunidades, tal y como lo describe Zig – Zag en el ejemplar de La Lidia del 30 de septiembre:
...El toledano Dominguín tuvo “mala pata”, en los toros que le cupieron en suerte. El de la alternativa se le fogueó por manso, además era un toro que huía de su sombra, y el chico de Quismondo le obligó y le hizo embestirle al capotillo, dedicándole unos bonitos lances, entre los que sobresalieron una verónica y un ceñido recorte con la rodilla en la arena… Muy templado, muy bien y von conocimiento y dominio le toreo con la muleta y con una cantidad enorme de ganas, entró dos veces, en las que pinchó bien, acertando al segundo golpe de descabello... A pesar de todo, Dominguín se presenta como torero más completo y seguro con la muleta...
Por su parte, Ángel Caamaño El Barquero, en la edición nocturna de El Heraldo de Madrid de la fecha de la corrida escribió:
Este chico, que empezó
como empieza otro cualquiera,
y pronto se destacó
entre la gente torera,
una veces imitando
el estilo de un coloso,
y otras veces demostrando
que hay en él algo grandioso;
este chico ya está en la deseada jerarquía
y el “vistobueno” le da
el rey de la torería. 
Veremos si se va al fondo
cuyas negruras espantan,
o en la plaza de Quismondo
una estatua le levantan.
La tarde de su alternativa, fue el arranque de una gran historia dentro del ambiente taurino, que comprendió, aparte de su actividad como torero, el desarrollo de diestros como Domingo Ortega, Cagancho y sus propios hijos, el desarrollo de actividades empresariales en España y América y una importante vinculación con la fiesta en México, pues fue empresario y copropietario del viejo Toreo de la Condesa en la Ciudad de México y apoderado español de toreros de esta tierra como Armillita, Rafael Rodríguez, Silverio Pérez y Luis Castro El Soldado entre los más destacados.

Domingo González, Dominguín falleció en Madrid, el 21 de agosto de 1958.

domingo, 15 de septiembre de 2019

Toreo en la Maestranza cuando me da la gana don José...

Ignacio Sánchez Mejías en su despedida en Ávila
Fotografía: Manuel Vaquero
© Manuel Vaquero - Archivo Ragel - Carlos González Ximénez
10 de octubre de 1922
Esto que hoy les presento aquí, lo había publicado hace ya algo más de ocho años en Tauropedia, una magnífica bitácora que administra Carlos González Ximénez y en la que nos presenta imágenes captadas por las lentes de las cámaras de Aurelio Rodero y Manuel Vaquero

En aquella ocasión, Carlos tuvo a bien presentarme algunas fotografías de Ignacio Sánchez Mejías y me sugirió que escribiera algo acerca del torero sevillano. Dándole vueltas a la situación me vino a la mente aquél hecho no igualado que ocurrió la tarde del 21 de abril de 1925, en la que actuaron ante toros de Santa Coloma, Manuel Jiménez Chicuelo, Martín Agüero, Juan Luis de la Rosa y Litri. Enseguida, lo que sucedió.

Algunos antecedentes de la situación

Ignacio Sánchez Mejías concluyó la temporada de 1922 en Ávila, estoqueando siete toros, tres de Antonio Pérez Tabernero, tres de Argimiro Pérez Tabernero y el sobrero de García de la Resina él solo. Al terminar la corrida, la sensación de que no había manera de satisfacer el interés de la afición con su actuar en el ruedo, le hizo declarar lo siguiente a Eduardo Palacio, cronista del diario madrileño ABC:
Sí, esto se concluyó; cuando me jugaba desesperadamente la vida en el último toro, lo tenía decidido firmemente; el público no me quiere, me exige que me cuelgue de los pitones, lo hago por darle gusto, por escuchar su aplauso enloquecedor, y aún así me lo regatea tacañamente; he sido vencido en lucha tan desigual y lo dicho, amigos míos, esto concluyó...
Se dedicaría a su familia y quizás a escribir, pero en esos momentos, los toros estaban fuera de toda cuestión.

Pese a todo, pudo más su afición y a mediados de la temporada de 1924 volvió a los ruedos y no obstante su tardío inicio, logró sumar 42 fechas. En esa temporada se conformó la Asociación de Empresarios y Propietarios de Plazas de Toros de España, que tenía como cabezas visibles a los señores Linaje (Madrid), Arau (Bilbao), Ucelayeta (Bilbao), Vallejo (Valladolid), Elío (Vitoria), Santiuste (Vitoria) y muy principalmente a José Salgueiro de Sevilla, que era la eminencia gris, aunque Linaje fuera el Presidente.

El funcionamiento de esa Asociación de Empresarios tendría en los hechos el de la agrupación económica conocida como cártel – pese a lo desprestigiado que está el término – toda vez que era un acuerdo celebrado entre dos o más empresas con miras a la dominación de un mercado determinado, para prevenir competencias externas. Las bases de operación de ese cártel, eran el establecer un honorario máximo para los toreros de 7 mil pesetas por corrida – se afirma que algunos toreros, como el mismo Sánchez Mejías percibían al menos el triple – y el sancionar económicamente a los diestros que se contrataran con empresas que no pertenecieran a la Asociación.

En el invierno de 1924 se forma la Sociedad de Matadores de Toros y Novillos y para presidirla se designa a Ignacio Sánchez Mejías, quien comenzará a pugnar por el derecho de los toreros a contratarse libremente y a gestionar con igual libertad el monto de sus percepciones. La respuesta de la Asociación de Empresarios fue el proponer en público una mesa de negociación, en tanto que en lo privado, José Salgueiro proponía a sus agremiados que no contrataran a Sánchez Mejías en ninguna de sus plazas.

Eso motivó que en febrero de 1925, la Sociedad de Matadores contratara al Presidente del Colegio de Abogados de Madrid, don Juan de la Cierva, para que le patrocinara una causa ante los Tribunales, en contra de los empresarios, que con su actitud, pretendían restringirles su derecho al trabajo y a la remuneración de éste. Al final, la resolución judicial fue favorable a los toreros.

El anuncio de la Feria de Abril de 1925

A finales de marzo de 1925, Salgueiro anunció los carteles de la Feria de Abril. El día 18 ante toros del Conde de la Corte, actuarían Chicuelo, Facultades y Antonio Posada; el 19, Chicuelo, Facultades y Litri lidiarían un encierro de Guadalest; el lunes 20, los toros de los hijos de Eduardo Miura serían para Juan Luis de la Rosa, Chicuelo y Martín Agüero y el martes 21 la feria cerraría con 8 toros de Santa Coloma para Juan Luis de la Rosa, Chicuelo, Martín Agüero y Litri. Posada fue herido el día 18 y fue sustituido por Chicuelo el día siguiente y por La Rosa los días 20 y 21.

Anunciados los carteles, Federico M. Alcázar, en el número correspondiente al día 1º de abril de la revista Mundo Gráfico, de Madrid, reflexionaba lo siguiente en un artículo titulado «En “La Perlita” darán razón»:
…Ya está hecho el cartel de la feria de Sevilla. Ya se ha cometido el atropello, o, mejor dicho, el despojo de que han sido víctimas Sánchez Mejías y Marcial Lalanda. Una vez más ha triunfado el capricho y la arbitrariedad de un señor frente a las justas demandas de la afición de todo un pueblo. ¿Es esto lícito? Rotundamente, no. Lo hemos dicho en otra ocasión y lo repetimos cuantas veces sea preciso. Un empresario no tiene derecho, en nombre de ningún interés particular, a privar a un público de ver a un torero cuando éste es una garantía en taquilla. En esto no debe haber vetos ni sociedades, sino la fiesta y el público. Por encima del egoísmo y de los rencores de un empresario está la afición, que paga y la fiesta por cuyo esplendor deben velar unos y otros…
El empresario de la Maestranza había cumplido lo que se propuso, al menos en lo que a él concernía, no contrató a Ignacio y se afirma que dijo: En esta plaza, mientras yo sea empresario, no pisará más su albero ese torero…

Eso último, estaría por verse.

La corrida del 21 de abril

Chicuelo fue abroncado; La Rosa pasó de puntillas; Litri se mostró esforzado y Martín Agüero demostró por qué la Historia del Toreo le recuerda como uno de los grandes artífices de la suerte de matar. Fue en el segundo toro de su lote, en el séptimo de la jornada, en el que Ignacio Sánchez Mejías, pese a la admonición de José Salgueiro, toreó en la Plaza de la Real Maestranza de Caballería de Sevilla y pisó su albero en la Feria de Abril de 1925.

Los hechos sucedieron de la siguiente manera, según las relaciones que de ellos se conserva:

La versión que publican Antonio García – Ramos y Francisco Narbona, es la siguiente:
…tras la pelea con los jacos el clarín anunció el cambio de tercio y el banderillero de turno clavó el primer par, Ignacio, espectador de la corrida en primera fila de barrera, saltó al callejón y sin quitarse el sombrero de ala ancha se presentó en el redondel, requiriendo a Agüero. Solicitaba permiso para participar en el tercio. No puso obstáculo el vasco… conjuntamente, solicitaron la venia de la máxima autoridad en la plaza. Aceptó ésta y entre la renovada ovación del respetable allá se fue Sánchez Mejías, con la americana bien abrochada y el cordobés bien encajado, dejando tres pares de banderillas más. El conde de Colombí, testigo de la hazaña (y a quien debemos este testimonio) los describió así: «El primero fue espectacular, sin terreno casi para salir de la suerte; el segundo, de dentro a fuera, apoyando la espalda en los tableros de la barrera; el tercero, cambiando en la misma cabeza del toro, teniendo, después, que saltar al callejón.» Se escuchó una de las más grandes ovaciones registradas en la Real Maestranza. Luego Agüero brindó la muerte de su enemigo a Ignacio, que volvió, sonriente, a su asiento, como si tal cosa. Tan pronto el torero bilbaíno acabó con el bicho, el público le invitó a dar la vuelta al ruedo «con Sánchez Mejías», en medio de otra gran ovación. Cuando los dos espadas pasaron a la altura del burladero de la empresa, Ignacio se encaró con Salgueiro y muy cortésmente, le dijo: «Lo ve usté… Piso este ruedo y toreo en la Maestranza de Sevilla cuando me da la gana, don José…».
La segunda versión, más inmediata, es la que apareció publicada en la crónica del diario El Guadalete, de Jerez de la Frontera, el día 22 de abril de 1925, titulada Sánchez Mejías capitalista y que en su parte medular dice: 
Séptimo: Negro lombardo… Un voluntario se arroja al ruedo y después de dar varios pases es detenido. Agüero lancea bien. Sánchez Mejías, que se encuentra presenciando la corrida, pide permiso para banderillear, otorgándoselo la presidencia. Al saltar al anillo Ignacio el público le ovaciona y la música deja oír sus acordes. Entra por los terrenos de adentro y deja un buen par. Después intenta sesgar de nuevo y se ve precisado a saltar la barrera. Vuelve a la carga y con extraordinaria valentía, sin tener apenas salida, exponiéndolo todo, coloca un par magnífico, sucediéndose las ovaciones. Martín Agüero brinda a Sánchez Mejías. Está con el reflejo cerca y breve, intercalando dos pases de pecho estupendos. Entra soberbiamente al volapié y deja el estoque en todo lo alto. (Ovación grande, regalo del brindado y petición de oreja). Martín e Ignacio dan la vuelta al ruedo, siendo muy aplaudidos, incluso por los Reyes...
En lo esencial, las dos versiones son coincidentes, salvo por la mención que hace la segunda de la presencia de los Reyes de España en el festejo.

Lo que me impresiona de la información en torno al festejo y al hecho mismo, es la manera en la que se intentó silenciar. Los diarios de Madrid, lo consignan en un par de líneas. Solamente los nocturnos, El Heraldo y La Voz mencionan con algo de desarrollo el suceso; el ABC, simplemente lo omite y en las publicaciones especializadas, podemos ver que La Lidia lo reduce a un par de líneas y en El Toreo ni siquiera se reseña el festejo. Tal era la fuerza de la Asociación de Empresarios, que a toda costa pretendía mantener la victoria pírrica de Salgueiro, pues pese a todo, Ignacio Sánchez Mejías seguía manteniéndose en los primeros sitios del escalafón.

La temporada 1925 la concluyó Ignacio con 61 corridas y aún así se dio tiempo para hacer crónica y crítica taurinas en el diario La Unión de Sevilla. Hoy tenemos la oportunidad de conocer mucha de esa obra periodística en el libro titulado Sobre Tauromaquia, publicado en 2010 en Córdoba.

No obstante, considero que la hora dorada de Ignacio Sánchez Mejías en ese 1925 fue el momento que perpetuara Andrés Martínez de León en su obra que titulara El Lanzamiento y que con estas líneas intento recordarles.

domingo, 8 de septiembre de 2019

En el 45 aniversario de la confirmación madrileña de Arturo Ruiz Loredo

La confirmación de Arturo Ruiz Loredo
Foto: El Ruedo
El caso de Arturo Ruiz Loredo es uno que lleva el signo de la precocidad. Actuó en su infancia como becerrista y Rafael Gómez, en su bitácora Toreros Mexicanos, le anota una presentación también como rejoneador en Ciudad Juárez el 4 de mayo de 1958, juntamente con sus hermanas Graciela y María Eugenia, previo a la actuación de los diestros de alternativa Andrés Blando y Miguel Ángel, con toros de La Noria.

Al avance de los tiempos, decidiría vestir el terno de seda y alamares y su presentación como novillero en la Plaza México se daría el 12 de mayo de 1968, cuando se corrieron novillos de San Miguel de Mimiahuápam en tarde en la que alternó con Diego O’Bolger y Mario Sevilla. En esa temporada en la que destacaron entre otros Curro Rivera, Mario de la Borbolla, Fabián Ruiz, Gonzalo Iturbe, Pepe Bravo, Guillermo Montes Sortibrán, Arturo Magaña, Paco Villalba, Pepe Orozco, Pepe Caro, José Luis Medina, Leonel Álvarez El Diplomático, Daniel Vilchis, Carlos Málaga El Sol, Gilberto Ruiz Torres, Óscar Rosmano o Polo Meléndez; Ruiz Loredo sumó seis tardes en una temporada que tuvo treinta y una novilladas y a decir de Daniel Medina de la Serna, fue el auténtico triunfador de ella.

Recibió la alternativa en Tijuana, el 15 de junio de 1969, le apadrinó el regiomontano Raúl García y atestiguó la ceremonia su compañero de quinta Curro Rivera, el toro de la cesión fue Bullicioso, de San Miguel de Mimiahuápam como todos los lidiados esa tarde. Ese doctorado lo confirmaría en la Plaza México el 21 de febrero 1971, de manos de Leonardo Manzano que le cedió la muerte del toro Pajarito, de don Gustavo Álvarez, en presencia de Mario Sevilla.

La confirmación en Las Ventas

Su confirmación madrileña se arregló para el domingo 8 de septiembre de 1974, en una combinación típica del verano de la capital de España. Le apadrinaría Joaquín Bernadó y sería testigo el cordobés Florencio Casado El Hencho, quienes tendrían que dar cuenta de una corrida de Joaquín Murteira Grave, habitual en esas fechas de la temporada de Las Ventas.

Seleccioné dos relaciones del festejo para esta remembranza. La primera en tiempo es la que escribe quien firmó como Pepe Luis en la Hoja del Lunes de Madrid el día siguiente del festejo y es de la siguiente guisa:
Bonito, pero difícil ganado en Madrid 
Confirmó su alternativa el mejicano Ruiz Loredo; le correspondió el único toro bravo y noble de Murteira Grave 
Portugal, Méjico... y Córdoba 
Todos los domingos, confirmación de alternativa. Ayer le correspondió a un muchacho nacido hace veinticuatro años en la capital mejicana. Se llama Arturo Ruiz Loredo y llegó a Madrid sin otro bagaje noticiable que el haber merecido la atención de un hombre tan despierto y conocedor del mundo taurino de ambos continentes como es Raúl Ochoa Rovira (le apoderó hasta hace muy poco tiempo); que tomó la alternativa en la plaza de toros de Tijuana el 15 de junio de 1971 y que la confirmó en la Monumental Méjico el 8 de febrero del año siguiente. Otros datos de su pequeño historial son que es un buen jinete y que incluso antes de torear a pie quiso probar fortuna como rejoneador. Ayer, para el solemne acontecimiento de refrendar su doctorado en nuestra Monumental, tuvo un precioso toro, enmorrillado y lustroso, largo y hondo, que como los cinco restantes de la tarde pertenecía a la ganadería portuguesa de don Joaquín Manuel Murteira Grave; se llamaba “Sirviente”, estaba marcado con el número 87 y pesaba 520 kilos. Haciendo honor a su nombre, el animal “sirvió” noble y bravamente al lucimiento de Ruiz Loredo – que éste lo lograse o no, es otra cuestión – y al prestigio de su divisa azul y amarilla. El torero ultramarino se mostró bullicioso y variado con el capote, lo que se premió con aplausos y menos divertido con la muleta. Toreó mucho y por todos los registros, pero el gentío estaba más pendiente del comportamiento del bóvido que de lo que el diestro realizaba. Faena larga, que por muchas razones no llegó a calar en la sensibilidad pública. Cuando se convenció de la inutilidad de su porfía, mató de media estocada traserilla que bastó. Se le aplaudió... pero se aplaudió más, y con justicia a “Sirviente” al ser llevado al desolladero. En el sexto, el menos malo de los cinco restantes, el azteca tampoco logró lucirse a pesar de sus esfuerzos por agradar. Mató de dos medias estocadas y un descabello al borde mismo del aviso, después de muchos intentos. Digamos en su honor que salvó a El Chuli de un percance casi seguro, cuando el peón, a merced del toro, iba a ser corneado en el suelo. Y también que con este sexto toro volvió a lucirse como alegre y variado torero de capa... 
Tarde cálida y tres cuartos de plaza, tres cuartos que para la empresa son muchos cuartos.  
¡Enhorabuena!...
Enseguida está la que firma en el ABC madrileño Pérez Mateos, que con un ánimo más conciliador, expresa:
Tarde de capotes caídos 
Serio y duro ganado de Murteira y vuelta al ruedo de «El Hencho» 
También han venido los toros de don Joaquín Manuel Murteira Grave que, por estas calendas septembrinas al margen de San Isidro, suelen hacerle una visita a esta plaza. Los «murteiras» han venido hechos unos auténticos galanes; preciosos de lámina, guapos de trapío. Se les notaba que su dueño, el señor Murteira, hombre aficionado, muy aficionado, los había tratado a cuerpo de rey allá por los pagos de «Galiana» una extensa finca portuguesa con mucho de extremeña en la misma muga hispano – lusa. 
Ya digo que los «murteiras» venían a exhibirse como si el ruedo de las Ventas fuera una pasarela para modelos taurinos. Aquí creo que el jurado, en este caso el público, no ha opuesto ningún reparo a estos guapos galanes. Pero en lo que se refiere a bravura siento de veras que la sangre no les bulliese con el mismo entusiasmo que al ganadero a la hora de criarlos. Solamente me ha gustado el primero, que obedecía por «Serviente» y que de haberlo toreado el mejicano Arturo Ruiz Loredo sin ahogarlo, a más distancia, hubiese brillado mucho. Los demás, serios y duros, acusaron mansedumbre y sentido. 
Y tras este exordio, dedicado a los toros, vámonos, amigo lector, a ver que hicieron los toreros con estos guapos galanes a los que se les recibió con aplausos y admiración cuando aparecieron por los chiqueros. Era lo justo. 
Ahí está Ruiz Loredo que confirma la alternativa. Unas verónicas, unas chicuelinas y unos lances con cierto gusto. Llega el último tercio y el mejicano se encamina hacia «Serviente», que es noble de embestida y, si el torero le cita desde más lejos, ¡ay, qué bien puede ir! Una voz – un apuntador taurino – se lo dice altamente. Se agradece el consejo, debe pensar el manito, pero hace falta mucho corazón para saludar desde lejos a este galán. Debe parecer un ciclón... El mejicano torea cerca por redondos llenos de voluntad, mata con decoro y saluda. «Rabino», que así se denominaba el sexto, nada más salir se dedicó a corretear. Unos lances airosos de Ruiz Loredo. El tercio de banderillas se transforma en un rubicón para los subalternos. Con la muleta algún pase que otro y nada más. «Rabino» tarda en embestir y cuando lo hace actúa distraídamente. El mejicano tarda en matar a «Rabino». Algunos pitos...”
Como podrán ver, Arturo Ruiz Loredo resolvió la papeleta con una absoluta dignidad. El encierro no era para una ocasión de triunfo, pero de lo transcrito se aprecia que lo aprovechó en lo permisible. 

Después de su confirmación de alternativa, Arturo Ruiz Loredo compareció en la Plaza México tres ocasiones más. En la actualidad se dedica a la enseñanza de la monta a la alta escuela.

Retales de la prensa de esa fecha

Navacerrada, 8 de septiembre. Antoñete, alternando con Curro Vázquez y el rejoneador Joaquín Moreno de Silva, sufre probable fractura de un dedo de la mano izquierda.

Barcelona, 8 de septiembre. Rafael Gil Rafaelillo corta dos orejas a su primero, que le provocó una contusión abdominal, no salió a matar a su segundo. Alternó con Julio Vega Marismeño, que corta dos orejas y José Mari Manzanares, que corta una oreja a cada uno de sus toros. Toros de Ignacio Pérez Tabernero.

Utrera, 8 de septiembre. Toros del Conde de la Maza. Curro Girón, 2 orejas; Manolo Aroca, tres orejas, Richard Corey, cuatro orejas y Juan Montiel, una oreja.

Murcia, 8 de septiembre. Toros de Mercedes Pérez Tabernero (2), Juan Mari Pérez Tabernero (3) y Sánchez Fabrés (1). Diego Puerta, palmas en su lote; Paco Camino, palmas en su lote; Niño de la Capea, dos orejas.

domingo, 1 de septiembre de 2019

Incuria empresarial

Raúl Contreras Finito
Axioma de esta fiesta es el que para que el escalafón llamado mayor se renueve, se tienen que dar novilladas. Es también algo incontestable que en términos de pesos y centavos, esos festejos menores en la mayoría de los casos no son rentables. Pero también es algo que no se puede rebatir, que si no se invierte en el futuro de la fiesta, la estamos condenando a la extinción.

Todo esto lo traigo a cuento porque entre la Ley de Espectáculos de la Ciudad de México y su Reglamento de Espectáculos Taurinos, por una razón atávica, se fija como fecha para el inicio de la temporada de corridas de toros el primer domingo de noviembre y antes de esa fecha, la empresa encargada de ofrecer esa serie de festejos, para obtener la autorización administrativa correspondiente, debió ofrecer a la afición un mínimo de 12 novilladas. Los dispositivos legales no señalan si deben ser con o sin picadores y por esa razón, en el último par de años, la empresa encargada de los destinos de la Plaza México ha intercalado festejos de una y otra clase para salir del paso y poder obtener así los permisos correspondientes.

El problema real reside en ese salir del paso. Hace algunos años, quizás muchos ya, las temporadas de novilladas constaban de 25 o 30 festejos y se iniciaban una o dos semanas después de que concluía la de corridas de toros. En esos festejos se programaba a novilleros que en las plazas de la República habían destacado, por lo que salir a torear al coso más grande del mundo era una especie de premio. Y lo hacían ante entradas respetables, de media plaza hacia arriba, y surgían muchachos que despertaban el interés de la afición y en más de alguna temporada surgió algún torero que adquirió al paso del tiempo el carácter de “figura del toreo”. Pero había voluntad de las empresas que gobernaban los destinos de la gran plaza por encontrar quienes les ayudaran a seguir adelante con su negocio.

Hoy las cosas parecen tomar un derrotero distinto. No se muestra otro interés más que el de programar a determinadas figuras que tienen ya más de un cuarto de siglo ocupando posiciones en los carteles de importancia. Las fechas que eran tradicionalmente para festejos postineros, o se dejan sin toros o se reservan para programar carteles sin atractivo alguno. Las plazas de la República en las que tradicionalmente se daban novilladas ya las ven de cuando en cuando y con una serie de carteles cerrados, sin aliciente para los triunfadores que tras de torear su tarde anunciada, saben que pasará un largo tiempo para que se vuelvan a vestir de luces.

Cuando no había escuelas taurinas, era posible dar esas 25 o 30 novilladas en la Plaza México cada año. Hoy, habiéndolas en una buena cantidad de municipios del país, resulta incomprensible que se deje para la última hora y a las carreras la programación de apenas una docena de festejos para cumplir con la ley. Entiendo, como decía al principio, que al corto plazo, quizás las novilladas no satisfagan las expectativas económicas de un consorcio empresarial, pero eso no debe ser visto como un “gasto”, sino como una “inversión” en el futuro, porque de no hacerla el día en que esas “figuras” de hace más de 25 años se vayan de los ruedos, ¿qué quedará por hacer?

Se me podrá acusar de quedarme viendo “para atrás”, pero hace años (temporada 1964 – 1965) surgió un novillero que merece ser recordado y que demuestra que las novilladas pueden generar interés. Me refiero a Raúl Contreras, Finito. En el desaparecido Progreso de Guadalajara, toreó seis tardes seguidas y fueron seis llenos. Aquí un resumen de esas tardes:

11 de octubre de 1964 (Inauguración de temporada). – Novillos de Cerro Viejo. Raúl Contreras, Finito, Manolo Rangel y Ricardo García. Finito una oreja a Tejocote y a Respetuoso, y Manolo Rangel las dos al quinto de nombre Tejedor.

25 de octubre de 1964. – Novillos de Cerro Viejo. Raúl Contreras Finito, Alfonso Ramírez Calesero Chico y Javier Liceaga. Finito le corta las dos orejas al 4º Bordador.

22 de noviembre de 1964. – Novillos de Matancillas. Juan Clemente, Jesús Solórzano y Finito. Raúl Contreras, Finito le corta las dos orejas al 6º, Tepiqueño y sale a hombros de la plaza.

6 de diciembre de 1964. – Novillos de Cerro Viejo. Finito mano a mano con Manolo Rangel. Manolo Rangel corta la oreja del 6º, Carretero y Raúl las dos de uno de regalo y los dos salieron a hombros.

13 de diciembre de 1964. – Novillos de Garfias. Finito, Manolo Rangel y Rafael Muñoz Chito. El novillo Gaitero de don Javier Garfias, le pegó una cornada grave a Finito.

25 de diciembre de 1964. – Novillos de Jesús Cabrera. Jesús Solórzano, Finito, Manolo Rangel y Rafael Muñoz Chito. Novillada del Estoque de Plata. Raúl Contreras Finito, se llevó a su casa el trofeo y las dos orejas de Agujetas, estupendo ejemplar de don Jesús Cabrera.

Las novilladas, programadas con inteligencia e imaginación, atraen a la afición y a los públicos y ofrecidas con frecuencia se vuelven atractivas, pues a más de las aptitudes de los aspirantes a toreros, hay una voluntad extraordinaria de querer ser en los novilleros, al menos en lo particular, me parecen más auténticas.

El descuido de esta arista de la fiesta puede acabar con ella. En las manos de las empresas, de la afición y de los públicos está la solución.

Nota del amanuense: Esta pesimista entrada es la número 500 de esta bitácora. Deberían ser, a esta fecha algunas más, pero la verdad es que la dejé abandonada algún tiempo. A quienes pasan por aquí les agradezco su atención y espero seguir dando la tabarra algún rato más.

domingo, 25 de agosto de 2019

Cayetano Palomino Palomino de Méjico

Cayetano Palomino, Palomino de Méjico
Foto: Búscame en el ciclo de la vida
En el primer tercio del siglo XX, apareció brevemente por las plazas mexicanas y con más frecuencia por las españolas, un torero que de este lado del Atlántico se anunció con su nombre, Cayetano Palomino y de aquél otro lado, fue más conocido como Palomino de Méjico, quizás para diferenciarlo de otro novillero del mismo apellido, Miguel Palomino, originario de Teruel, contemporáneo suyo y que gozó de cierto predicamento por aquellas calendas.

Cossío establece que Cayetano Palomino Benito – ese es su nombre completo – nació en la Ciudad de México el 7 de agosto de 1910. A partir de ese hecho se le considera un torero mexicano, pero existen evidencias que establecen como su lugar de nacimiento la ciudad de Madrid, el 7 de agosto de 1906. De esto me ocuparé un poco más adelante y estableceré mi particular teoría al respecto.

Cayetano Palomino no llegó a ser una figura del toreo. Es un caso interesante, pues su momento de mayor desarrollo coincide con el estallido de la Guerra Civil en España, misma que detuvo la carrera de muchos diestros y terminó con la de otros.

Palomino de Méjico se presentó en el Toreo de la Condesa el sábado 14 de septiembre de 1929, en la víspera de la novillada de la Oreja de Plata. Alternó en la lidia de novillos de Ajuluapan, anunciados como fracción de Tepeyahualco con Jesús Quintero, Paco Hidalgo, Miguel Gutiérrez, Pedro Peña y Juan Prieto y el cronista de El Taurino – semanario continuador de Toros y Deportes – señala que se le vieron buenas maneras y mucha habilidad con las banderillas.

En España

De sus actuaciones en ruedos hispanos pude localizar relaciones de algunas de ellas, de las que por orden cronológico extraigo lo siguiente:

En Tetuán el 7 de mayo de 1933: Novillos de Juan Belmonte (ganadería debutante) para José Vera Niño del Barrio. Manuel Suárez Magritas hijo y Palomino de Méjico. (Magritas herido, no mató ninguno). La crónica publicada en el ABC de Madrid del 9 de mayo relata lo siguiente:
En Cayetano Palomino, el torero mejicano, vimos apuntar más netamente en su actuación el estilo de un buen estoqueador de toros, aparte de otros detalles que le acreditan como poseedor de excelentes condiciones de torero. Con el capote supo parar y mandar con temple; quitando estuvo oportuno y adornadísimo, y como banderillero hizo gala de formidables facultades en el momento de unir los brazos, clavar y salir limpiamente de la reunión. Sus faenas de muleta en los tres bichos fueron de dominio, sobre todo en el quinto, al que muleteó por bajo de forma inmejorable, para entrar tres veces a herir, en corto y despacio, agarrando la última vez una magna estocada… Al sexto no le supo sacar todo el partido que permitían las condiciones del bravo novillo; no obstante logro lucidos muletazos de pecho y repitió su estilo de buen estoqueador. En este muchacho hay masa para moldear una buena figura taurina. – J. Carmona.
En Barcelona, el 3 de marzo de 1935: Novillos del Marqués de Albayda para Edmundo Zepeda El Brujo, Jesús González El Indio y Cayetano Palomino. En la crónica que se publicó en el semanario Fiesta Brava del 8 de marzo siguiente se dice:
Gustó el debutante Palomino y para él fueron las palmas más sinceras de la tarde… Desde el primer momento se apreciaron en el muchacho destellos de torero de buena clase… Está enterado del oficio y da en todo momento la sensación de que hay en él un novillero cuajado... La faena de su segundo tuvo más consistencia. Bravo y con temperamento el novillo, Palomino pudo desarrollar un toreo que produjo legítimo entusiasmo… Llevando siempre toreado a su enemigo, pasó por el de pecho varias veces en unos muletazos largos y ceñidísimos, dibujó unos trincherazos magníficos de aguante y mando y entre ovaciones y música, cada vez más metido en el toro, hizo un faenón al que puso por contera un estoconazo a un tiempo quedando prendido de un pitón… Se le ovacionó, cargaron con él en hombros y entre aplausos dieron con él la vuelta al ruedo y se lo llevaron hasta el coche... Gustó Palomino. Puso vibración en todo lo que hizo y junto a la frialdad de sus compañeros, su trabajo destacó notablemente... Trincherilla  
En Salamanca, el 23 de junio de 1935: Novillos de María Montalvo para Cayetano Palomino, Silverio Pérez y Jaime Coquilla. La crónica publicada en el ABC de Madrid del 25 de junio siguiente cuenta:
Salamanca 24, 12 mañana. – Ayer se celebró la novillada para la presentación profesional del joven ganadero Jaime Coquilla… El ganado, de doña María Montalvo, fue excelente; a dos bichos se les dio la vuelta al ruedo… Palomino de Méjico dio buenos lances al primero y le clavó tres buenos pares de banderillas; muleteó embarullado y movido, sacando algún pase aceptable para estocada ladeada y un descabello al tercer golpe. En el cuarto lanceó vulgarmente y puso tres pares de banderillas formidables. Hizo faenas de muleta buenas y adornadas para media estocada delantera, que le valieron ovación y oreja…
Presentación en Madrid, el 25 de agosto de 1935: 6 de Ramón Ortega y 2 de Lorenzo Rodríguez para Silvino Zafón Niño de la Estrella, Paco Bernal, Cortijero y Cayetano Palomino. La crónica de Eduardo Palacio publicada en el ABC de Madrid el 27 de agosto siguiente cuenta:
Cayetano Palomino es un diestro mejicano que hacía en esa fiesta su presentación dando la impresión en ella de ser un muchacho valiente, si bien manejando el percal ignora casi lo más rudimentario. Se banderilleó fácilmente sus dos enemigos, menester que domina, y se le aplaudió, y con la franela se mostró también un tanto verde. Por la muerte de su primero, realizada de media estocada en lo alto, se le ovacionó, haciéndole salir a los medios, y concluyó con el que cerró plaza, ya encendidos los focos, de tres pinchazos y media estocada... E.P.
En Tetuán, el 22 de septiembre de 1935: Novillos de Clemente Tassara, antes González Nandín para Palomino de Méjico, Manuel Suárez Magritas hijo y Pedro Martín Carmona. La crónica aparecida en el ABC de Madrid del 24 de septiembre siguiente relata:
En ese ambiente de alegría que hemos hablado vimos a Palomino de Méjico manejar con suavidad el capote y tirar con lentitud del toro, con ese estilo moderno que ha borrado el antiguo lance, movido y desajustado, y en los quites torear por chicuelinas y verónicas de rodillas, y después banderillear aguantando fuertes arrancadas con magníficos pares de frente, por ambos lados, y al cambio, verdaderos alardes de arrogancia y de arte. Y si bien estuvo en su primer novillo, al que, después de dominarle en tablas, le hizo rodar de soberbio pinchazo y media estocada en las agujas, logró superarse en la lidia cuidada que le dio a su segundo, al torearle con suavidad a la salida y en los quites, al clavarle cuatro pares de banderillas y al desarrollar con la muleta una teoría de naturales ligados con los de pecho, cambiándose la muleta de mano, molinetes y rodillazos que culminaron en un gran pinchazo, una estocada y un descabello. Palomino de Méjico cortó la oreja, dio la vuelta al ruedo y tuvo una apoteosis triunfal... J. Carmona
De lo que se transcribe hasta aquí podemos deducir que Cayetano Palomino fue un torero que era eficaz con la capa, un muy buen banderillero y también un eficaz estoqueador. Tanto así, que el año de 1935, según Cossío, logró sumar la friolera de 30 fechas, lo que lo dejaba a mi juicio en la antesala de una alternativa para el año de 1936, pero la actividad taurina quedó truncada por el estallido de la Guerra Civil y seguramente por eso no ocurrió.

El mismo Cossío señala que recibió la alternativa en Talavera de la Reina el 12 de octubre de 1937 de manos de Antonio Márquez y llevando a Victoriano de la Serna como testigo siendo los toros que se lidiaron de Galache. Por otra parte he de señalar que Antonio Fernández Casado en su obra Garapullos por Máuseres, fija la fecha un año antes, es decir el 12 de octubre de 1936, a unos cuantos días de la toma de la ciudad por las llamadas tropas nacionales.

El mismo Cossío señala que Palomino de Méjico toreó en Talavera y en Salamanca en el año de 1938 y que es a partir de ese año que se le pierde la pista en los ruedos hispanos.

¿Mexicano o Español?

Publicación aparecida en el ABC de Madrid el
11 de noviembre de 1978
Decía al principio que Cossío establece su lugar de nacimiento como la Ciudad de México. En la búsqueda de información acerca de este torero – he de aclarar que llevo una bitácora de los toreros mexicanos que han recibido la alternativa en plazas españolas y francesas – me encontré con un aviso judicial publicado en el diario ABC de Madrid el 17 de noviembre de 1978 en el que la que supongo ya entonces viuda del torero, promovía su declaración de muerte por ausencia prolongada.

Mi deformación profesional me hizo referirme a la legislación civil sustantiva y procesal vigente en el momento de la publicación para ver los alcances de la información allí contenida, sobre todo la que se refiere al lugar y fecha del nacimiento del diestro, que se señala como ocurrido en Madrid el 7 de agosto de 1906.

La iniciadora del proceso de declaración de muerte de Cayetano Palomino Benito tuvo que acreditar la celebración de su matrimonio con él y para celebrar ese acto del estado civil ambos contrayentes tuvieron que demostrar entre otras cosas su lugar de nacimiento y su filiación, razón por la cual, puedo concluir con algún margen de error que Cayetano Palomino nació efectivamente en Madrid, que su nacionalidad era española y que el único motivo por el cual se le anunciaba como Palomino de Méjico era quizás porque inició su carrera como novillero aquí en México antes que en España.

Existe otro motivo que puede reforzar mi anterior argumento, es que de haber sido efectivamente mexicano, el decreto publicado en la Gaceta de Madrid el 3 de mayo de 1936 y que desencadenó lo que se ha dado en llamar el boicot del miedo le hubiera impedido seguir actuando en España y hubiera tenido que regresar a México a bordo del Cristóbal Colón junto con los otros seis matadores de toros, trece subalternos y dieciocho novilleros que fueron deportados tras la puesta en vigor de la disposición firmada por Enrique Ramos, Subsecretario del Trabajo y Acción Social del Gobierno de la Segunda República Española.

En fin, que esta es una historia que tiene mucho todavía por escribirse, según se ve de todos los datos que están aquí.

En La Fiesta Brava, Barcelona
13 de abril de 1934
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