domingo, 30 de agosto de 2026

28 de agosto de 1927. Gitanillo de Triana recibe la alternativa en el Puerto de Santa María

Nos cuenta Uno al Sesgo que Francisco Vega de los Reyes Gitanillo de Triana, comenzó a andar por los ruedos en el año de 1924, cuando, sin experiencia previa, se probó en los tentaderos de las ganaderías de Narciso Darnaude y de Moreno Santamaría. Era conocido en esos días con el mote familiar de Curro Puya, y sería el 22 de abril de ese año, en la ganadería de Antonio Flores, delante entre otros, de Juan Belmonte, Antonio Cañero y el periodista Fernando Gillis Claridades, que: el competente tribunal quedó realmente edificado y por unanimidad se le otorgó al examinado la nota de sobresaliente, comenzando desde aquel día a extenderse la fama del torerillo de la Cava...

El 18 de mayo siguiente se presentó vestido de luces en la Isla de San Fernando, en festejo sin picadores, alternando en la lidia de novillos de Félix Gómez con Manuel Fernández Cádiz. Se presentó en Sevilla el l5 de agosto de 1925 alternando con Andrés Mérida y su combarriano Cagancho, ante novillos de Curro Molina, antes Urcola, haciendo lo propio en Madrid el 30 de julio de 1926. Curro Puya toreó su última novillada en Sanlúcar de Barrameda el 26 de agosto de 1927.

Entre 1926 y 1927, toreó 77 novilladas, siendo cabeza del escalafón junto con santanderino radicado en Valencia, Félix Rodríguez, y Cagancho, tres toreros que pasaron a la historia, los dos primeros de carrera breve y sino trágico . por distintas razones -, en tanto que Joaquín Rodríguez vivió muchos años y dejó larga historia tanto en España como en México.

Los prolegómenos de una tarde histórica

Bajo el ala de Juan Belmonte, la alternativa de Gitanillo de Triana tenía que ser un acontecimiento. Para ello, su protector se afanó en conseguir las mejores condiciones posibles en el tramo final de una temporada. Escribe Joaquín Albaicín:

Se preparó su alternativa cuidadosa y concienzudamente, con todo el apoyo de Belmonte, que ofició de testigo de la ceremonia y habló personalmente con Rafael “El Gallo” para que aceptara asumir el padrinazgo. Rafael lo hizo encantado, y llegó por fin para Francisco Vega de los Reyes (“Gitanillo de Triana”) el esperado día de su doctorado, que fue el 28 de agosto de aquel año que tan lejano nos parece de 1927, en la plaza de totos de El Puerto de Santa María, con toros de Concha y Sierra. La corrida fue todo un acontecimiento, para asistir al cual se desplazaron muchísimos aficionados de toda Andalucía...

Como bien lo describe Joaquín Albaicín en su libro Gitanos en el Ruedo, Juan Belmonte preparó las cosas como si fuera una cuestión propia, pues los toros de la Viuda de Concha y Sierra eran sus predilectos y la plaza elegida era una de solera, pero no de esas alguacilescas, que podían complicar el trance de una alternativa con exigencias fuera de sitio.

La prensa andaluza, la de Sevilla particularmente, se ocupó también de dar exposición al festejo, como la nota previa aparecida en el diario El Liberal de la víspera de la corrida, que ofrece la reseña de los toros a lidiarse:

En el encerradero de Salteras se han encajonado los seis toros de la ganadería de la señora viuda dé Concha y Sierra que se lidiarán mañana en la plaza del Puerto de Santa María... La corrida es de esmerada presentación y excelente lámina, compuesta de bichos buenos mozos, finos y gordos: una corrida magnífica... La fiesta reviste todos los caracteres de acontecimiento taurino, por tomar parte en ella el popularísimo Rafael el Gallo, el coloso Juan Belmonte (que aún está escuchando ovaciones por sus monumentales faenas en la plaza de San Sebastián el domingo último) y Gitanillo de Triana, que tomará la alternativa... La reseña del ganado es la siguiente: Número 94, «Gallito», negro lucero; número 90, «Lujoso», negro salpicado; número 104, «Tahonero», negro; número 47, «Vigilante», berrendo en negro; número 49, «Horquillero» negro, y número 64, «Buen mozo», cárdeno, careto... Habrá un tren especial, que saldrá de Sevilla a las ocho y cincuenta y dos de la mañana y del Puerto a las nueve y cuarenta y cinco de la noche... Lo dicho: la gran corrida. Mañana, al Puerto...

El reclamo estaba hecho, dos toreros ya legendarios ungirían como matador de toros a un valor nuevo, que en poco tiempo adquiriría su propia calidad de leyenda histórica.

La corrida de la alternativa

La tarde de la corrida no se ajustaba al ideal de una de toros. El cielo estaba entoldado y el viento de Levante era molesto, pero eso no ahuyentó a la afición, ni les impidió a los toreros realizar un esfuerzo importante para lograr que el festejo pasara a la historia por más razones que la mera efeméride. Así entonces, a las cinco de la tarde, hora anunciada, se abrió la puerta de cuadrillas para dar inicio a la festividad.

El primer toro de la tarde, sin que las crónicas lo consignen por su nombre, fue Vigilante, número 49, berrendo en negro. Ese es el toro con el que Rafael Gómez El Gallo, quien alrededor de esas fechas cumplía dos décadas ya como matador de toros, cedería los trastos para dar la alternativa a Gitanillo de Triana. De su actuación, nos relata lo siguiente Antonio Reyes Don Criterio, en su crónica escrita para el diario El Liberal de Sevilla:

Gitanillo de Triana ingresó ayer en el escalafón de los matadores de toros. Tomó la alternativa de manos de Rafael el Gallo – previo cortés y cariñoso discurso – y logró cortar las dos orejas del toro del doctorado… Este toro, berrendo en negro, fue uno de los mejores que ayer se lidiaron por lo noble y por el temple y suavidad con que embestía. El nuevo matador de toros practicó con el bravo astado una vistosa, valiente y lucida faena, que inició con un estatuario pase ayudado por alto. Dio otros también muy buenos, que se aplaudieron y olearon. No fue una faena de destaque, notable, pero sí lucida y tranquila. Entró a matar derecho y dio en tierra con el bruto de una estocada corta, arriba, perdiendo el trapo á la salida. Gitanillo, que brindó la muerte del toro de alternativa al ganadero don Antonio Flores, fue ovacionado, dio la vuelta al anillo y cortó las dos orejas del cornúpeto…

Dentro del terreno de la anécdota, se cuenta que, en el momento de la cesión de trastos, se dio un larguísimo parlamento entre padrino y ahijado. La versión de esos hechos que nos cuenta José Manuel López Mohiño, en su libro Francisco Vega de los Reyes “Curro Puya”. “Gitanillo de Triana”, esencia del toreo trianero, es la siguiente:

Se comentó que, llegado el momento de la ceremonia, establecieron un largo diálogo entre padrino y ahijado; los cronistas de la época afirmaron que al menos duró de 7 a 8 minutos. Extrañados todos, tanto público como periodistas de la alocución de Rafael, y una vez terminada la entrega de los trastos, todo el mundo con curiosidad fue a preguntarle al Gallo, el “Divino Calvo”, de lo que le había comentado al neófito, para asombro de todos, Rafael y Francisco discutían por el precio de unos gallos de pelea que el primero quería adquirir al toricantano y nuevo matador de toros... Esta fue una de las tantas genialidades de Rafael Gómez “El Gallo”. la afición a los gallos de pelea en esta época estaba muy generalizada en mundo del toro…

Por su parte, el ya invocado Joaquín Albaicín, en Gitanos en el Ruedo, cuenta esto:

La ceremonia de entrega de trastos al nuevo matador fue, al parecer, inusualmente larga, en especial para el público, que no alcanzaba a escuchar nada de lo que se estaban diciendo entre sí los dos toreros. Eran ambos muy aficionados a las peleas de gallos, y, como resultaba que tenía Curro dos pollos que antojábansele a Rafael dos luchadores imbatibles, no se le ocurrió otra cosa al “Gallo”, en el momento mismo de la investidura, que proponerle que se los vendiera. Así permanecieron varios minutos, cambiando impresiones sobre la raza de que hacía tal o cual crestudo gala en el palenque, y pujando cada vez más alto Rafael por los de Curro ante el gesto imperturbable de Belmonte y el estupor y la impaciencia de quienes llenaban los graderíos. Finalmente, convencido “El Gallo” de que no iba a dar a torcer su brazo Curro y de que no le vendería los gallos, le dio la alternativa, diciéndole al estrechar su mano: «Suerte, y al toro. Tú llegarás, porque eres gitano...»

Las diferencias entre una versión y la otra son de mero grado. La esencia reside en que en ese preciso momento se le ocurrió al Divino Calvo tratar la compra de unos gallos de pelea. Así eran las cosas de Rafael.

La gran tarde de Belmonte

Juan Belmonte les cortó las orejas y los rabos a los dos toros de su lote. Quizás su faena al toro quinto fue la que más caló en los tendidos. Escribió quien firmó como Gallardo para el diario El Noticiero Gaditano, aparecido al día siguiente del festejo:

Fueron los lances que dio Belmonte al penúltimo toro de la tarde, una verdadera lección de arte, valor y dominio. Ni decirse tiene que las manos se batieron constantemente… Un silencio se hizo en la plaza, cuando Belmonte iba con pasos firmes, provisto de la muleta y la espada a desafiar a la fiera. Había resucitado la figura del ídolo… Belmonte había logrado apoderarse de la muleta de Rafael, y para conquistar el triunfo, sólo tuvo que poner corazón. La «muleta maravillosa» hizo su efecto… Cuando más entusiasmado estaba el público con la faena, cayó rodando el bicho a los pies del torero. Se había consumado totalmente el triunfo… Fueron varias las vueltas que tuvo que dar al ruedo, llevando en sus manos los máximos galardones que pueden concederse a torero alguno…

Por su parte, El Gallo, quien enfrentó a los toros tercero y cuarto, salió con la oreja en la mano de este último, con el beneplácito de la concurrencia, a pesar de que fallara con el acero. Sigue relatando el citado Gallardo:

En el cuarto bicho, que le correspondió en suerte, también se lució con la muleta, no estando así desafortunado con el estoque, sin que esto fuera óbice a que el público de sol se empeñara en que le fuera concedida la oreja a Rafael, petición que mereció la aprobación de la presidencia…

El resumen del conjunto

Esa tarde de toros en El Puerto resultó ser memorable en su conjunto, pues los sucesos a recordar de ella no se reducen exclusivamente a la alternativa que se concedió en ella. Aunque el toricantano saldó su ingreso al escalafón mayor con un triunfo, Juan Belmonte fue a dejar en claro por qué era una figura principal de la fiesta. Refiere Don Criterio en el cierre de su crónica:

Fue la de ayer una gran corrida en su en su conjunto, saliendo él público sumamente satisfecho y agradablemente impresionado del resultado de la brillante fiesta. Aún está saboreando las soberbias y monumentales faenas de Belmonte, el amo y el único. Sí; el amo y el único.

Gitanillo de Triana confirmaría su alternativa en Madrid el 6 de octubre siguiente, en una corrida en la que actuarían el rejoneador portugués Simao da Veiga – lidiando dos toros, – Rafael El Gallo, Juan Belmonte y el confirmante, ante toros de Julián Fernández, antes de Vicente Martínez

domingo, 23 de agosto de 2026

21 de agosto de 1935: La inmortal tarde de Armillita en Bilbao

Hace algunos años, con motivo del centenario del natalicio del maestro Armillita, tuve la ocasión de dedicar algunas líneas a este tema. En alguna ocasión, contaba entonces, tuve el honor de sentarme a la mesa del maestro y uno de los temas obligados en ella, era el recuento, aunque fuera breve, de sus hazañas en los ruedos. En el capítulo de su andar por España, siempre salía a flote su faena al toro Centello de Aleas, en Madrid, el 5 de junio de 1932 y él se encargaba de terciar con recordarnos su faena al toro ensabanao de Juan Pedro Domecq y Núñez de Villavicencio – anunciados todavía como antes Veragua – en Bilbao, verificada el 21 de agosto de 1935.

En esa primera relación, me acogí a lo que escribieron los cronistas de los principales diarios de Madrid, quienes cubrieron esa Semana Grande bilbaína en calidad de enviados especiales, pero al paso del tiempo, la disponibilidad de nuevos medios de consulta, nos deja a la vista la opinión de otros medios, sobre todo locales, que completan, a mi juicio, la visión de lo que fue esta gran tarde de toros. En particular, son dos diarios, La Gaceta del Norte y El Noticiero Bilbaíno, ambos de la capital de Vizcaya, los que nos dan una visión más extensa de la enorme tarde del Maestro de Saltillo.

La visión de la tarde en La Gaceta del Norte

El cronista de la Gaceta del Norte firmaba como Desperdicios y en el introito de su crónica, deja claro que, como a su parecer, ni Domingo Ortega ni Vicente Barrera quisieron o pudieron sumarse a la ocasión de triunfo que la suerte les puso delante, dedicaría todo su espacio a la labor de Armillita. De ese relato extraigo lo siguiente:

Armillita, que vestía de heliotropo y oro, comenzó con el pase del sarcófago helado y al dar un natural pierde el refajo... Lo recupera y obsequia a “Arrempuja” con tres naturales magnos que, liga con el de pecho, y sufre otro desarme. (Ovación)… Sigue valentísimo y artista y hace de “Arrempuja” – tipo perfecto de nobleza – lo que quiere... La plaza arde de entusiasmo. Se aplaude, se aclama, se grita... Toca la música. Se da suelta a esas dos palomas que tiene para los instantes emocionantes la Comisión y “Armillita”, después de un pinchazo en los altos, entra a matar con el máximo decoro y deja una en el sitio de honor, pero un poco atravesada… ¡Se está muriendo “Arrempuja” y todavía quiere embestir el bravo animalito!... Ovación a “Armillita” y bronca al presidente porque no le concede el galardón auricular... Ovación al toro al que hay que dar la vuelta al ruedo como homenaje a su bravura y a su gran estilo... Tiene que salir Armillita a los medios con toalla y todo... Mocito... Ensabanao... Toro magníficamente criado. A pan y manteles y probablemente con su copita de coñac después del café, ya que eso a Domecq le debe de salir por una friolera... ¡Soberbia salida de gran toro! … le banderillea magistralmente “Armillita” que, tras brindar a los niños de la Santa Casa de Misericordia, saluda a “Mocito” como hay que saludar a toros así. Con tres naturales espléndidos, monumentales, a los que sirve de colofón el de pecho que ordena el arte y el buen gusto... Toca la música, pero como si no tocase, porque el clamor popular va subrayando el molinete de rodillas, los pases en redondo, los deliciosos de cabeza a rabo, la gama entera de primorosas locuras con que este torero excepcional va correspondiendo a la bravura inagotable y la nobleza infinita de su gran adversario... Y como remate glorioso de aquel atracón de arte sereno, de dominio emocionante de la res, media estocada en todo lo alto que acaba para siempre con la vida de “Mocito”, el toro que abrió para Domecq la puerta grande de nuestras ferias, humilló nuestra soberbia de aficionados inteligentes, y proporcionó a “Armillita” el más definitivo de sus triunfos... “Mocito” será el tema de las conversaciones este invierno, ¡Qué bien nos va a venir para los días lluviosos que os cuando a la gente le da por hablar de política!...

Entre el relato, Desperdicios deja ver la inconformidad de la afición y la crítica de Bilbao con el anuncio de los toros de Domecq, cuestión que expresará más claramente su colega de El Noticiero Bilbaíno, según lo veremos un poco más adelante.

En El Noticiero Bilbaíno

Por su parte, Alegrías, el cronista de El Noticiero Bilbaíno, coincidió con su colega Desperdicios acerca de la tarde de Ortega y Barrera, pero reprochándoles el que, teniendo la categoría que ostentaban, desperdiciaran una corrida como la de Domecq de manera tan insulsa. De lo que escribió Alegrías, resalto:

A tal señor, tal honor. Y a tales toros, modelos de bravura y nobleza, tal torero modelo de valentía, técnica, voluntad... y, – que no me oigan algunos – arte. “Armillita” tuvo la suerte – en esto la suele tener a menudo – de que le tocaran dos toros tan completos en bravura y nobleza como “Arrempuja” y “Mocito”, pero “Mocito” y “Arrempuja”, también tuvieron la suerte – para lucir más – de caer en manos de torero tan completo y tan noble, que da todo lo que tiene, como Fermín Espinosa “Armillita”... Con los palos estuvo mejor que nunca. A “Arrempuja” le puso tres pares, dos al cuarteo y uno de poder a poder, formidables, pues Fermín ganó la cara guapamente y a fuerza de riñones y facultades por arrancar el veragüeño con gran genio, por no haber sido suficientemente picado. ¡A ver si nos enteramos! Y a “Mocito”, dos al cuarteo y uno por dentro tremebundo... Sin embargo, donde radico el gran éxito fue en el muleteo y con la espada... En el quinto, que brindó a los niños de la Misericordia, aún estuvo mejor “Armillita”. Un alto y uno de pecho, grandiosos, precedieron a tres naturales, el segundo perfectísimo, y el de pecho con la izquierda bravísimo y luego a una faena, en los medios, variadísima, de perfectos perfiles y de un dominio y valentía insuperables mezclando lo clásico con lo cascabelero y con lo emocionante ya que “Mocito”, sin sacar aún la lengua, embestía con fuerza y se revolvía. Entrando a ley cobró el azteca media estocada lagartijera que hizo cisco al modelo de toros bravos que fue el ensabanao de Domecq... Con el entusiasmo del público vino el cortejo de orejas, rabos, salidas al centro de la pista y vueltas al ruedo... “Armillita”, ídolo de este público, ha firmado con pluma de oro la feria próxima. Suponemos que ¡por fin! será cobrando como los demás...

Mas condensada es la relación de Alegrías, pero es coincidente con todas las aquí expuestas, en la grandeza de la obra de Armillita y la cierra con ese deseo de que vuelva al año siguiente y de que se le paguen honorarios de figura del toreo. No sé si Alegrías pudo volverlo a ver, pero ya no al siguiente calendario, sino hasta una década después.

La corrida de Juan Pedro Domecq

El anuncio de la corrida de Domecq no fue bien recibido ni por la afición ni por la crítica bilbaínas y una vez desembarcada, sus recelos parecían confirmarse, según refiere el ya citado Alegrías en El Noticiero Bilbaíno

:

A raíz del desencajonamiento de los toros de nuestra feria, apareció en estas columnas una apreciación acerca de la presentación de las reses en la que no salía muy bien parada la escrupulosidad del ganadero. La censura, que era acre, indudablemente, no era mía. Indispuesto al terminar aquella operación, un compañero, competente en la materia, fue el que escribió la opinión. Pero yo, cuando me enteró telefónicamente de lo escrito, le demostré, con toda franqueza, mi disconformidad con el tono mesurado con que censuraba el pobre y destartalado aspecto del envío de la Casa Domecq. Y aún le insté para que el dictamen se escribiera más acerbamente... Desde luego, las censuras a la presentación siguen, pero, acaso influenciado por el éxito de la sangre brava, ya me parecen algo excesivas en lo que a mis deseos atañe. Pero, desde luego, también que sí a precio tal se nos ha de servir casta y docilidad tan singulares, bien a gusto debemos pagarlo. Que esta corrida de Domecq fue excepcional... “Pescador”, jabonero melocotón, gordo, cortito, bien armado y basto, fue el primero y aguantó cinco puyazos – uno le sobraba – sin mostrar poderío, llegando aplomadote al final. “Lavaíto”, cárdeno, terciado, poca cosa para estos festejos, fue el tercero que, aunque empezó saliendo suelto del castigo al final embistió a los jacos con genio y con genio hizo el último tercio. “Cañamón”, negro, bragao, lucero, con cara de señor maduro y muchas chuletas, cumplió muy bien en cuatro lanzadas fuertes que le atizaron y llegó nobletón al acto final. “Solitario”, un jabonero, muy bizco, muy basto, escurrido de carnes, y muy feo, en una palabra, tomó muy voluntarioso cuatro varas y fue en todo momento un toro seco, durillo, pero noble como él solo… Y hemos dejado aparte, porque así lo merecen, a “Arrempuja”, número 38, negro bragao y a “Mocito”, numero 6, ensabanao…

Variopinto el encierro, acusando la fuerte presencia de la sangre de Veragua todavía, pero también dispareja en tipo, acusó bravura y el juego particularmente de dos toros debidamente aprovechados despejó en buena medida los recelos iniciales de los aficionados de Bilbao, quienes dejaron la plaza de Vista Alegre satisfechos con el juego que dieron.

Armillita capitán general de la tauromaquia

Una de las breves crónicas de los diarios madrileños, en este caso, del diario La Libertad, firmada por Recorte, abre con una reflexión que en ese día pudo parecer un ditirambo más, pero que, en retrospectiva, refleja, creo, el real estado de las cosas en la fiesta de aquellos días:

La temida afición vizcaína ha rubricado esta tarde con gruesos caracteres el título de capitán general de la tauromaquia a favor de Fermín Espinosa (Armillita)… El título no ha sido cosa de otorgamiento, sino consecuencia de un detenido y concienzudo examen, que ha durado varias temporadas y cuyo último ejercicio se ha verificado en la tarde de hoy ante el completo tribunal. Las papeletas han sido de esas que por brillantes son difíciles cuando el opositor no está todo lo empollado que se precisa para desarrollar el tema. En el presidente del tribunal pudo apreciarse de manera muy ostensible marcado antagonismo con el examinando; pero, a su vez, la gran masa de vocales hizo también muy patente su protesta, abucheando a la presidencia cada momento que el artista opositor despejaba una de las muchas incógnitas que tiene la papeleta artístico - taurina... Armillita, hasta ahora general, ha ascendido hoy al tercer entorchado, o bien se ha doctorado con todas las notas sobresalientes...

Como se puede leer, esa tarde de hace noventa y un años, se consideró que Armillita alcanzó la cima de la torería. Una actuación redonda esa tarde en Bilbao, así pareció confirmarlo.

domingo, 16 de agosto de 2026

15 de agosto de 1946: La postrera lección magistral de Armillita en Sevilla

Para la Corrida de la Prensa de 1946 en Sevilla, se escogió la fecha del jueves 15 de agosto, festividad de Nuestra Señora de la Asunción, que en la capital hispalense se celebra como el día de la Virgen de los Reyes. El cartel anunciado para la ocasión tenía su miga, pues se compuso con el joven rejoneador Pepe Anastasio, nieto del ganadero Anastasio Martín y para la lidia ordinaria Fermín Espinosa Armillita, Rafael Vega de los Reyes Gitanillo de Triana y Luis Miguel Dominguín. El encierro a lidiarse sería de Manuel González Martín, antes de Juan Contreras, al igual que el corrido el año anterior.

La presencia de Armillita en el cartel era quizás el mayor atractivo, después del triunfo que consiguió en el mismo festejo a beneficio de la asociación mutualista a beneficio de los redactores periodísticos. También la presencia de Gitanillo de Triana y la presentación como matador de toros del casi recién alternativado Luis Miguel Dominguín enriquecían el atractivo de la combinación. Escribió Fernando López Grosso El Chico del Baratillo en Lunes – la Hoja Oficial sevillana - del 12 de agosto de ese año:

Presiden el cartel las reses de Contreras, prestigioso ganadero, que envía una selección admirable... Pepe Anastasio Martín, verdadera realidad en la lidia a caballo, nos ofrecerá su toreo campero grato, animado y valeroso de rejonear, banderillear y dar muerte con el rejón a un enemigo de pujanza y fuerza... Respecto a Armillita, el primer espada, de la terna, aún recordamos en Sevilla el toro que lidiara después de brindarlo a Juan Belmonte, donde el torero mejicano demostró su extraordinaria competencia y arte, que en la corrida de la Prensa afirmará de seguro... Gitanillo de Triana, con su toreo por “bulerías” y si alguien exige más, fandanguillos gitanos, martinetes, “repajolera gracia”, recuérdese su actuación durante la Feria de San Miguel, también torea en nuestra corrida... Y como nota muy destacada también la reaparición de Dominguín, este Luis Miguel que, en el cuarto de la tarde del mes de julio de 1944, cuando en el ruedo del Baratillo se despedía de novillero con reses del duque de Tovar, dio la vuelta al ruedo, mostrando dos orejas ganadas a pulso por su arte y valor, “luciendo” las taleguillas destrozadas por las astas del enemigo... Cierto es que no es posible formar un cartel más completo ni más atrayente que el de la corrida de la. Asociación de la Prensa de Sevilla para el jueves próximo día 15, festividad de Nuestra Señora de los Reyes, a las ocho de la tarde...

El día de la corrida

Al final de cuentas, no se pudieron lidiar los siete toros de Manuel González Martín como estaba anunciado. El de rejones, fue uno de Salvador Guardiola, y en el apartado, otro se inutilizó y fue sustituido por un toro de doña Julia Cossío, que era la titular del hierro que en su día fue de Guadalest. Este último fue el primero de la lidia ordinaria. 

El atractivo cartel provocó una gran entrada en la plaza de la Maestranza, con la seguridad de que se viviría una tarde memorable como la del año anterior. Y en esta oportunidad, la expectación no condujo a la decepción, según lo veremos en lo que adelante intentaré exponer.

Una nueva lección magistral de Armillita

La crónica más sentida y literariamente compuesta que encontré sobre este festejo, es la que escribió Antonio Olmedo Don Fabricio para el ABC de Sevilla. En ella, refiere el cambio de etapa que se avizoraba en el horizonte de la fiesta y exponía como en esta tarde histórica, se reunían dos etapas de la fiesta:

...ayer pisaron el ruedo de la Maestranza dos toreros que representan la era que se va y otro que es digno representante de la época que llega, y como los tres abundaran en las normas del clasicismo, ramificado al nacer en Hillo y Romero, los tres hubieron de ser aclamados por maestros indiscutibles de la torería. Así se logró, se logra y se logrará el arte del toreo, ayer, hoy v siempre...

Pareciera que Don Fabricio apostaba por la modernidad y el porvenir, pero hay una vertiente del toreo que se sobrepone a cualquier versión evolutiva que pueda tener y que termina por poner de acuerdo a todos, y unas líneas más adelante, lo terminará por aceptar implícitamente cuando nos cuenta lo realizado por el Maestro de Saltillo:

Armillita, el más calificado representante de la época que se va, se mostró ayer tan animoso, como cuando estaba al comienzo de su brillante carrera. Toreó de capa en toda oportunidad con reposo v mando, y realizó en su primero un tercio de banderillas estimabilísimo... A este toro, de Guadalest. como queda dicho, le vio pronto el lado bueno - el izquierdo - y la faena que en él realizara tuvo por base una serie de seis naturales excelentes: segundo y tercero, perfectos, coreados por los entusiastas. En la parte adjetiva de la faena descolló un molinete de rodillas de mucha emoción por lo arriesgado. Mató Armillita de una certera estocada y le fueron concedidas las dos orejas, con los honores inherentes que le fueron rendidos, después de arrastrado el toro, al que le dedicaron palmas los aficiónanos. La faena de Armillita a su segundo fue de viejo lidiador, destroncando a la res con pases por bajo muy ajustados, para estirarse más tarde en redondos, molinetes v cambios de mano muy espectaculares. Muerta la res con arreglo al arte. Armillita dio vuelta al ruedo, exhibiendo la oreja del animal, concedida a petición unánime. Bien por el veterano maestro...

Armillita, vestido de salmón y oro, tuvo dos toros para realizar toda la gama del toreo. Primero, el de arte y lucimiento y después, el de dominio y poder, dejando claro que el aforismo aquel de que todos los toros tienen su lidia es valedero. Las crónicas de esta tarde no reflejan la presencia de un testigo de excepción – Juan Belmonte – como en la corrida del año anterior, pero la afición de Sevilla fue clara en su veredicto.

Esta sería la última actuación de Armillita en la plaza de toros de Sevilla.

Gitanillo y Luis Miguel

La tarde de Rafael Vega es considerada como una de las mejores de su paso por el coso del Baratillo. Relata Don Fabricio:

Dijo Gitanillo ayer el cante grande, al lancear a manos bajas y suerte cargada en ese añejo estilo del que sólo él guarda la solera. Fueron sus faenas diferentes, pero sumamente meritorias ambas. La de su primero, fundamentada en dos series de naturales, ligando al remate el pase de pecho, clásico, en que la muleta acaricia los lomos del animal en toda su extensión. Finalmente, unos adornos, moderno estilo, pero de antigua esencia, y luego la ejecución de la suerte suprema con arrestos y tino. El entusiasmo cundió, y Rafael dio la vuelta al ruedo con las dos orejas del animal en sus manos, durando la ovación largo rato...

Por su parte, Luis Miguel Dominguín salió a pelear un sitio entre las figuras, mismo que esperaba ocupar al precio que fuera:

Toreó Dominguín, en todo momento, de capa como mejor no cabe; banderilleó al tercero de la tarde, sobresaliendo en dos pares al quiebro, modelo de gallardía y perfección el segundo, y realizó una inenarrable faena en su primero, comenzada con cuatro emocionantes pases en el estribo, para desgranar a seguidas el más completo repertorio, a planta, más que quieta, estática, y figura erguida. Ayudados, naturales, molinetes de rodillas: todo, en fin, cuanto es dable hacer en el toreo lo realizó Dominguín con majestuosidad de rito para matar finalmente a la ley. Cortó las dos orejas del animal, dio la vuelta al ruedo y salió varias veces al tercio a saludar, sacando luego a sus compañeros a compartir las ovaciones...

El segundo toro de Luis Miguel fue condenado a banderillas negras y con él también demostró valor y un gran conocimiento de la lidia. Al final del festejo:

Los tres espadas y el rejoneador salen en hombros de la Plaza. Es la mejor corrida desde hace muchos años. La Asociación de la Prensa no recuerda otra igual desde la temporada Valencia II y Maera...

El recuento de las grandes tardes

Cuando se relataba la salida en hombros de los toreros, se hablaba de la brillante redondez de la tarde. El Chico del Baratillo en la hoja oficial Lunes salida el día 19 siguiente al de la corrida, hace las siguientes reflexiones:

Es curioso recordar los buenos espectáculos taurinos que han ofrecido siempre “los chicos de la Prensa” y citamos primero el de la fecha 24 de junio de 1917 cuando el inolvidable Joselito lidió seis toros de doña Carmen de Federico. La comisión organizadora agregó al aliciente de la tarde el regalo de la cabeza disecada del toro que mejor lidiara Gallito aquella tarde y resulto que el Jurado pasó serios apuros para escoger la mejor faena, pues José lidió los seis toros de manera sorprendente, cortando orejas en cinco de ellos. La mejor faena de Joselito fue en el quinto en los tres tercios v dicho Jurado – con el público también – acordó que fuera la cabeza de este toro la disecada, que le correspondió en sorteo a don José Luis Folache… Y a los siete años surge otra combinación organizada por la Asociación de la Prensa el día 10 de junio de 1924 con reses de don Félix Suárez para los diestros Valencia II y Maera, corrida también super extraordinaria, donde el valor v la emoción se derrochó a torrentes… Ahora, a los veintidós años, ha sucedido igual: es decir, eme la afición ha vuelto a remover sus alegrías v sus esperanzas, pues con corrida como la del día 15, donde el arte y el valor se han confundido de tan grandiosa forma, no es posible que se olvide en el transcurso de los años v siempre se diga lo que en las otras dos citadas: ¡Aquella corrida de la Prensa de Sevilla! … Armillita. un torero de sabor v calidad; Gitanillo de Triana, arte y esencia, oro puro del crisol del barrio trianero y Dominguín, el torero largo con el capote, excelente banderillero y muletero de gran clase… Puede estar muy satisfecha la Asociación de la Prensa de Sevilla por este gran triunfo artístico, y ya tiene en su haber tres fechas imborrables; 1917, 1924 y 1946…

Vendrían después otras tardes memorables también, pero para esa fecha, la terna de fechas seleccionadas era considerada la mejor selección de un festejo que se celebraba desde el año 1909.

México y la Corrida de la Prensa de Sevilla

La presencia de toreros mexicanos en la Corrida de la Prensa sevillana no es extraña, es más, en el primer festejo a beneficio de la Asociación de la Prensa de Sevilla, actuó un torero mexicano, Eligio Hernández El Serio, el 11 de julio de 1909. Después, de manera intermitente, participaron diestros como Luis Freg – en dos ocasiones, una en la Maestranza y otra en la Monumental –, Vicente Segura, el ya invocado Armillita – también en dos oportunidades –, Luis Procuna, Humberto Moro, Jesús Córdoba, Juan Silveti, Joselito Huerta, Carlos Arruza – como rejoneador –, Manolo Arruza, y Alejandro Silveti.

De esta relación vale la pena destacar que Luis Freg es el único que ha sido herido en una corrida de esta naturaleza, en la Maestranza, en 1912, y que el mismo Freg es el único torero mexicano que actuó en la extinta plaza Monumental de Sevilla. Por otra parte, Carlos Arruza y Juan Silveti se vieron continuados en ella, cuando años después, sus hijos Manolo y Alejandro también se presentaron en una corrida a favor de la Asociación de la Prensa de Sevilla.

En el año de 1978, además de la actuación de Manolo Arruza, asistió a la corrida el Presidente de México, José López Portillo, que hacía gira por España y en la de 1954, se produjo en una misma tarde, la única actuación de Jesús Córdoba y Juan Silveti en este tipo de festejos.

La Corrida de la Prensa deja mucho material para contar todavía. Ya habrá oportunidad para hacerlo.

domingo, 9 de agosto de 2026

8 de agosto de 1947. Pepín Martín Vázquez… en Valdepeñas

Manolete, Curro Caro, Pepín Martín Vázquez
Valdepeñas 8 de agosto 1947
Foto: Cano
Manolete había anunciado su intención de retirarse de los ruedos al término de la campaña de 1947 y en los hechos estaba llevando a cabo esa pretensión, porque después de concluir abruptamente su campaña americana en el mes de febrero, a causa de una nueva ruptura de las relaciones taurinas hispano – mexicanas, hizo una pausa en su actividad en los ruedos, reapareciendo en plazas europeas hasta finales del mes de junio. Esta última circunstancia y la obligada ausencia de Carlos Arruza en los carteles, removieron la punta del escalafón y así, lo encabezaron Parrita, Luis Miguel Dominguín, Manuel Álvarez Andaluz, Pepe Luis Vázquez, Rovira y también, a la mitad del calendario, estaba enfilado a ocupar el primer puesto un torero sevillano del barrio de La Macarena: Pepín Martín Vázquez.

El hijo del señor Curro Martín Vázquez, a quien vimos aquí en México en 1946, ya se había asentado como un torero que llevaba a los ruedos una propuesta distinta, una tauromaquia que, vista en el vídeo, representa la transición a la forma de hacer las cosas delante de los toros como sería cotidiano medio siglo después. Y eso, cuando se repite constantemente delante de los toros, entusiasma a los tendidos y crea alrededor del diestro un aura de figura.

En la brevísima temporada que Manolete hizo en ese 1947, de apenas 21 tardes, alternó tres veces con Pepín Martín Vázquez: Madrid, en la corrida de Beneficencia, en Santander y en la tarde que hoy me ocupa.

Valdepeñas, Ciudad Real

La Feria de agosto de Valdepeñas tiene sus raíces en las ferias comerciales de la Edad Media y se celebra de manera separada a la que se verifica en septiembre dedicada a la vendimia o al vino. En ese año de 1947, esa feria agosteña se aderezó con una corrida de toros, en la que, para enfrentar un encierro de la Viuda de Concha y Sierra, se acartelaron Curro Caro, Manolete y Pepín Martín Vázquez

La corrida, a pesar de ser la plaza una de tercera categoría, inaugurada en 1872, con cinco mil localidades, de acuerdo con los pesos en canal de los toros dados a la prensa, promedió en vivo alrededor de 462 kilos, lo que significa que tuvo edad. 

La relación de la corrida que contienen los diarios madrileños, proporcionada por la agencia Cifra del festejo, es de la siguiente guisa:

VALDEPEÑAS 8. – Corrida de feria. Seis toros de Concha y Sierra para Curro Caro, Manolete y Pepín Martín Vázquez. – Primero. – Curro Caro y Pepín, aplaudidos en quites. Bien pareado. Curro Caro empieza la faena sentado en el estribo; dos pases de rodillas, naturales y de picho, media delantera y descabello. (Ovación y petición de oreja). – Segundo. – Manolete le da unos lances que remata con media verónica. (Ovación.) El toro es castigado en varas. Manolete realiza una gran faena, iniciada con ayudados por alto, seguidos de naturales, molinetes y manoletinas. (Ovación y música.) Una estocada superior, de la que rueda el astado. (Clamorosa ovación, dos orejas, rabo, que rechaza, el diestro; vuelta al ruedo, con devolución de prendas y salida a los medios). – Tercero. – Pepín es aplaudido con el capote. A consecuencia del castigo sufrido llega el toro muy quedado a la suerte final. Faena breve de Pepín Martín Vázquez, en la que destacan dos molinetes con derroche de valor. Media estocada. (Aplausos clamorosos.) El toro es pitado «n el arrastre. Se renuevan los aplausos al matador. – Cuarto. – Curro Caro hace una faena corta, dado el mal estado del bicho. Un. pinchazo, una delantera hasta el puño, de la que rueda el toro sin puntilla. (Palmas y algunas protestas por la brevedad). -  Quinto. – Manolete es aplaudido con la capa. Ei público abronca a los piqueros por el excesivo castigo que dan al toro. Manolete con la muleta es nuevamente aplaudido al dar dos soberbios ayudados y dos redondos. Coloca una estocada y remata el puntillero. (División de opiniones). – Sexto. – Cojea de la pata izquierda. Pepín lo recoge con la capa y le da tres verónicas que se jalean. Al quitar por chicuelinas recibe una gran ovación. Pepín empieza la faena con dos soberbios estatuarios que ponen al público en pie. Sigue por naturales, y al dar el segundo es volteado, resultando cogido; en brazos de las asistencias pasa a la enfermería, donde, el doctor Izarra procede seguidamente a operarle. Curro Caro despacha al bicho de dos medias estocadas. Pesos de los toros: 267, 260, 280, 275, 279 y 301 kilogramos, respectivamente.

La información, como podemos ver, es escueta, simplemente se limita a relatar con brevedad los sucesos del festejo, sin mayor análisis sobre los sucesos del ruedo, aunque el torero, casi medio siglo después, le relató lo siguiente a Alfonso Carlos Sáiz Valdivielso:

Estaba toreando con la izquierda. En el centro de la suerte el toro se desentendió de la muleta y me metió el pitón por la ingle. Sentí como una llamarada de fuego que me subía hasta el vientre. Cuando me incorporé, me vi inundado de sangre. Al llegar a la enfermería los dolores eran espantosos, tanto que pedí al médico que me anestesiara pronto, porque no quería conservar la sensación de dolor... El dolor, el recuerdo del dolor, es lo que de verdad nos quita el tipo a los toreros…

Los toreros, en activo o en el retiro, pocas veces quieren hablar de las sensaciones que les producen sus percances.

Los partes facultativos y un Buick azul por la carretera

La brevísima relación de agencia, señala que Pepín Martín Vázquez pasó a la enfermería para ser intervenido por el doctor Izarra, quien, al concluir su labor, rindió el siguiente parte:

Durante la lidia del sexto toro ingresó en la enfermería de la plaza el matador de toros Pepín Martin Vázquez, que padece herida producida por asta de toro en el tercio medio del muslo izquierdo cara anteroizquierda con gran dilaceración muscular, contusión intonsa de paquete vascular nervioso en un trayecto de diez centímetros y fuerte hemorragia. Pronóstico muy grave. Firmado: doctor Izarra.

Advertido Manolete de la gravedad de Pepín, dispuso de inmediato que se le trasladara en su automóvil a Madrid para que le atendiera el doctor Jiménez Guinea. Y en el Buick azul se montaron el Monstruo, Camará, el doctor Izarra, el chofer y el torero herido, para hacer el recorrido de alrededor de 250 kilómetros, los que, se pensó en su día, eran la diferencia entre el sobrevivir o no para Pepín Martín Vázquez.

Alrededor de las 11 de la noche fue ingresado en el Sanatorio de Toreros de Madrid y allí fue examinado por Jiménez Guinea, quien determinó intervenirle de nueva cuenta y posteriormente se rindió un nuevo parte médico:

En la noche de hoy ha ingresado este Sanatorio el matador de toros Pepín Martin Vázquez, lesionado en la corrida celebrada en Valdepeñas, sufriendo una herida por asta de toro situada en el tercio medio de la cara anterointerna del muslo izquierdo. Interesa piel, tejido celular y aponeurosis, con una trayectoria dirigida hacia arriba, afuera y hacia atrás, de unos 25 centímetros, que produce grandes destrozos en los músculos abductores, desgarra la vaina de los vasos femorales, contundiendo fuertemente la arteria y la vena en una extensión aproximada de ocho centímetros, terminando al nivel de la línea áspera del fémur. Pronóstico muy grave. Doctor Jiménez Guinea.

La descripción de las lesiones hecha por Jiménez Guinea es más prolija y descriptiva de las zonas anatómicas afectadas por el cuerno del toro de Concha y Sierra, pero también es clara en un punto muy importante, el sangrado estaba debidamente controlado.

La larga recuperación del torero

Pocos días después de su ingreso al Sanatorio de Toreros, Pepín Martín Vázquez fue entrevistado por Pilar Yvars para el semanario El Ruedo, y entre otras cosas comentó lo siguiente:

Lo he pasado muy mal. Pero lo de la cornada parece que ya no ofrece peligro. Ahora me duelen los brazos, por causa de las inyecciones que me han dado para calmarme y que pudiera dormir. Y persiste el dolor en el pie. Más que la herida misma, me ha dolido la parte inferior de la pierna, de la rodilla hasta el pie... Por causa de ella pierdo veintiuna corridas que tenía aún que dar esta temporada. Pero, bueno... Ya surgirán nuevos contratos... En cuanto esté restablecido. Mientras me encuentre en el campo no dejaré de torear. No hay que desentrenarse. Mi mayor deseo es estar pronto bien del todo para seguir, como hasta ahora, enfrentándome con los toros...

Refería a la entrevistadora dolor en la parte inferior de la pierna herida y su hermano Rafael, que le acompañaba allí, comentaba que con esa extremidad cayó cuando lo soltó el toro que lo hirió. Quizás llevaba también alguna lesión ósea o articular no revelada en los partes, porque al final de cuentas, la reaparición de Pepín Martín Vázquez se vino a dar hasta el 9 de mayo de 1948, en Barcelona, es decir, nueve meses después del percance, tiempo en el que, además de prepararse en el campo para la reaparición, participó en la filmación de la película Currito de la Cruz, dirigida por Luis Lucía, cuyo guion se derivaba de la novela de Alejandro Pérez Lugín.

Pero ya los toros no serían lo mismo para Pepín Martín Vázquez. En 1949 otra cornada, ésta sufrida en Peñaranda de Bracamonte y una más, al año siguiente en Lima, le harían saber que era hora de rectificar el camino. Y en 1952 decidió cumplir con los compromisos más próximos y con su temporada americana, teniendo su tarde postrera en Caracas el 23 de febrero de 1953. 

Aunque en el tiempo inmediatamente posterior a lo de Valdepeñas sonaba optimista, me da la impresión de que las secuelas anímicas de esa cornada, nunca terminó de superarlas y por eso dejó inacabada la transformación que prometía para la forma de hacer el toreo. Una vez que dejó los ruedos, también dejó los ambientes cercanos a ellos, retirándose a una vida auténticamente privada y familiar.

El prólogo de una temporada de sangre

Cuando se revisa el 1947 taurino, generalmente se hace referencia a las tragedias ocurridas en Linares, el 28 de agosto; en Vila Viçosa, Portugal, el 15 de septiembre y en la Ciudad de México el 28 de ese mismo mes de septiembre. Y las tres tienen nombre propio: Manolete, Carnicerito de México y Joselillo. Han trascendido porque, como lo ha escrito el Padre Ramón Cue, son la prueba fehaciente de que el toreo es un juego de tres, del toro, del torero y de la muerte. 

Pero esa sucesión de percances a los que don Carlos Septién García escribiera su Martirologio de 1947 tuvo su prólogo escrito también con la sangre de un torero, que por no ser su destino morir en la plaza, pudo sobrevivir y percatarse de la dura realidad que importa el jugarse la vida en los ruedos, y creo que es de justicia, que cuando se hable de las penas causadas por las astas de los toros en ese particular calendario, se debe poner por delante, la de esa tarde del 8 de agosto, en Valdepeñas, porque allí se comenzó a escribir la historia trágica de 1947.

domingo, 2 de agosto de 2026

2 de agosto de 1944: Luis Miguel Dominguín recibe la alternativa en La Coruña


Los hermanos González LucasDomingo, Pepe y Luis Miguel – , de acuerdo con la obra del segundo de ellos titulada Mi Gente, tomaron la decisión en acuerdo con su padre, de dedicarse a torear en el año de 1936 y para ello dejaron España, se radicaron en Lisboa, lugar en el que podrían torear en público y posteriormente se dirigieron a México, en donde estuvieron en el campo en las ganaderías de Piedras Negras y La Laguna, sin poder actuar en las plazas, dada la ruptura de las relaciones taurinas hispano – mexicanas. Eso les hizo apuntar la dirección de sus pasos hacia América del Sur, donde pudieron desarrollarse primero como becerristas y posteriormente, como novilleros.

Así, Luis Miguel Dominguín llegó a tomar una alternativa el 23 de noviembre de 1941, en Bogotá, de manos de Domingo Ortega, con el testimonio de su hermano Domingo, lidiando toros peruanos de La Viña. La crónica  aparecida en el diario El Tiempo de Bogotá, firmada por K – Milo, refiere que Luis Miguel le cortó las orejas y el rabo al toro de su alternativa.

La familia González Lucas regresaría a España en 1942 y habida cuenta que a las alternativas recibidas fuera de allí no se les reconocía validez, Luis Miguel comenzó a torear novilladas, recibiendo su primera cornada el 30 de agosto de 1942 en Málaga. 

Torearía 15 festejos en 1943, presentándose ese año en Las Ventas, alternando el 5 de septiembre con Rafael Perea Boni y Eugenio Fernández Angelete, cortando dos orejas esa tarde, lo que le valdría regresar allí el día 30 siguiente, mano a mano con su hermano Pepe, tarde en la que solamente dio una vuelta al ruedo tras despachar a su primero y en la que tratando de salir triunfante, regaló el sobrero.

La temporada de 1944, la de su alternativa, le representó otras 22 novilladas, en las que compartió cartel con todos los que encabezaban el escalafón, como Pepín Martín Vázquez, Parrita, Paquito Muñoz o Jaime Marco El Choni. Se presentó en Sevilla el 8 de junio y allí mismo, el 30 de julio, se despidió de la novillería, alternando con Rafael Martín Vázquez y Cayetano Ordóñez hijo, cortándole las dos orejas a un novillo del Duque de Tovar y siendo llevado en hombros hasta el Hotel Majestic.

La previa de la corrida

La feria veraniega de La Coruña del año 44 constaría de dos corridas a celebrarse el miércoles 2 y el domingo 6 de agosto. La primera sería la fecha en la que Luis Miguel sería alternativado – de manera definitiva – por Domingo Ortega, en presencia de su hermano Domingo y con la actuación del rejoneador Álvaro Domecq. El encierro a lidiarse sería de Samuel Hermanos y salvo los toros y la actuación del torero a caballo, el cartel de toreros a pie era una repetición del de Bogotá de casi cuatro años antes.

La Hoja del Lunes coruñesa aparecida el 31 de julio anterior, a propósito de la primera corrida de feria, relata:

Van a iniciarse las fiestas veraniegas de La Coruña y, contra todo lo acostumbrado, se inician este año en miércoles con un acontecimiento taurino: la alternativa de Luis Miguel Dominguín que recibirá el título de manos de Domingo Ortega... Grande es el honor que nos otorga el benjamín de una dinastía de toreros, y nuestra plaza habrá de sentirse orgullosa en ese día cobijando entre sus muros tan grande solemnidad, siquiera su alegría se vea empañada por la amenaza de derribo que sobre ella pesa... Esta ceremonia de la alternativa será para muchos espectadores una novedad, pero nuestra plaza ha sido ya testigo de otra solemnidad análoga, registrada hace una treintena de años, poco más o menos. Y fue la Asociación de la Prensa la que organizó y llevó a efecto, por cierto, con éxito sin precedente, aquella corrida en que Manuel Mejías “Bienvenida” otorgó el espaldarazo a Alfonso Cela “Celita”... Pues de tan grata recordación de aquella solemnidad, estamos convencidos de que habrá de ser la que, pasado mañana, miércoles, nos ofrezca Luis Miguel Dominguín. La plaza volverá a verse colmada de gente, porque el nuevo matador de toros llega a ocupar este puesto por sus propios merecimientos cumplidamente demostrados en los circos taurinos de toda España...

El ambiente para esta primera corrida de feria parecía interesado en este cartel de apertura. Interesante resulta la reflexión que se hace también en el sentido de que se planteaba el derribo de la plaza de toros, inaugurada en 1885. La realidad es que resistió en pie hasta 1967, cuando se celebró en ella su último festejo y posteriormente fue demolida.

El triunfo de Luis Miguel

Curiosamente, la crónica de la agencia Cifra, replicada por los diarios ABC, Arriba y Pueblo de Madrid, no refieren la actuación de don Álvaro Domecq al relatar el festejo y el semanario El Ruedo, ni siquiera se ocupa de la corrida en comento. De esa crónica, se deduce que la tarde de la definitiva alternativa de Luis Miguel fue triunfal. 

La plaza estuvo llena, el tiempo fue bueno y presidió el alcalde Luis Vázquez asesorado por Marcial Lalanda. La actuación del toricantano fue del siguiente tono:

Primero. – Luis Miguel lo recibe en la en la barrera, de rodillas, con una larga afarolada. Continúa por verónicas, que se aplauden con entusiasmo. Tres varas. En quites son ovacionados los tres matadores. Un par y dos medios de banderillas. Ortega, en medio de gran ovación, entrega los trastos a Luis Miguel. Este brinda a su padre. (Suena la música.) Luis Miguel comienza la faena con cuatro pases soberbios de rodillas. Sigue con otros muy ceñidos, que arrancan ovaciones. Intercala tres naturales y se adorna con toque de pitón. Pinchazo y media. Descabello. (Ovación, oreja, vuelta al ruedo y salida a los medios)… Sexto. – A la salida, Luis Miguel se arrodilla en el centro de la plaza y recibe con al toro con una larga afarolada. Continúa con verónicas insuperables que se ovacionan. (El público puesto en pie, le tributa una prolongada ovación). Cuatro varas y los tres matadores se hacen aplaudir en quites. Luis Miguel cambia medio par de banderillas y repite con dos pares, que se ovacionan por su ejecución artística. Brinda a Ortega, y comienza una faena muy torera y temeraria, adornada con pases de diversa factura. Termina con media y descabello al tercer intento. (Oreja, ovación, vuelta y salida del redondel a hombros de los espectadores)…

Domingo Ortega cortaría una oreja al segundo de la corrida y por su parte Domingo Dominguín daría una vuelta al ruedo tras la lidia del quinto de la corrida.

El arranque de una leyenda

A los pocos días de haber recibido la alternativa, se anunció que Luis Miguel Dominguín sería apoderado por Marcial Lalanda. Así lo contó a su biógrafo, don Carlos Abella:

Mi padre consideró oportuno que el primer año de matador me apoderara Marcial Lalanda y fue una temporada de preparación pues toreé solo ocho corridas, pero hay una de la que guardo especial memoria, pues fue la celebrada el 25 de agosto en Almería, porque esa tarde salí a por todas porque era la primera vez que toreaba con «Manolete» y sabía que era a quien había que empezar a presionar. Estuve bien y en un momento de la corrida, Domingo Ortega, que actuaba en primer lugar y que ya «comodón» se amoldaba a «Manolete», me reprochó mi celo, como ya había hecho en Bogotá hacía dos años. «Domingo, tú ganas 50,000 pesetas, como “Manolete” y yo solo 15,000 pesetas»... Y volviste a torear con él el 12 de octubre en Alicante... Sí, pero, aunque en Almería no corté orejas, el apoderado de «Manolete», «Camará» consideró incómoda mi presencia en los carteles de «Manolete» y se movió con las empresas para que me dejaran «parado». De hecho, después de Almería, solo toreé tres corridas...

El apoderamiento por Marcial Lalanda se anunció en El Ruedo del 9 de agosto de 1944. En cuanto al enfrentamiento con la administración de Manolete, hay historias que corroboran su veracidad, pero al final de cuentas, la historia nos deja ver la coincidencia de ambos toreros en fechas importantes de sus trayectorias.

domingo, 26 de julio de 2026

25 de julio de 1969: Antonio Lomelín se presenta en ruedos de España

1969 fue el año de la guerrilla, la temporada en la que El Cordobés y Palomo Linares se organizaron una temporada paralela para contrarrestar la presión de empresarios como los Chopera, Canorea, Livinio Stuyck, Emilio Miranda y los Dominguín, quienes pretendían contratarlos con honorarios sujetos a un tope predeterminado y firmándoles las fechas en bloque.

Entonces, los dos diestros, que en las dos temporadas anteriores tuvieron entre ellos sus más y sus menos, unieron sus fuerzas, tomaron en arrendamiento muchas plazas de segunda y tercera categoría y se hicieron de una portátil para recorrer toda la geografía española sacando la vuelta a los empresarios que quisieron poner freno a sus pretensiones económicas – principalmente – y taurinas. 

Para ello, contaron con un amplio despliegue publicitario en los distintos medios, con el diario madrileño Pueblo y su director y jefe de información taurina, Emilio Romero a la cabeza, que fue quien bautizó la insurrección como La Guerrilla.

En ese estado de cosas, hubo muchos toros en España ese año de gracia, 625 corridas de toros se dieron y 375 novilladas con picadores. Así, los toreros hispanos tuvieron muchas fechas por cubrir y eso se reflejó en una escasa presencia de los nuestros por aquellas calendas, porque apenas se presentaron en esos ruedos tres matadores de toros: Manolo Martínez, Alfredo Leal y Antonio Lomelín; un rejoneador, Gastón Santos y un novillero, Luis Procuna hijo.

Antonio Lomelín bajo el signo de Arruza

Antonio Lomelín había recibido la alternativa en Irapuato el 20 de noviembre de 1967 y la confirmó en la Plaza México el 18 de febrero siguiente. Fue avanzando en una carrera en la que comenzaba a sacar la cabeza, apoyado en un valor a toda prueba, su facilidad con los palos en el segundo tercio y su impresionante habilidad como estoqueador. Los medios mexicanos comentaron con brevedad que, en mayo de 1969, asistiría a varios festejos de la Feria de San Isidro en Madrid.

La crónica de quien firmó como Claridades – no confundir con Fernando Gillis – en el Diario de Barcelona del día siguiente al del festejo, parece confirmar la especie:

Antonio Lomelín vino a España para ver 1a feria de San Isidro. Le acompaña un hijo de Silverio Pérez, ingeniero agrónomo, que mata el gusanillo de la afición toreando en festivales. Lomelín tomó la alternativa en la plaza de Irapuato (Estado de Guanajuato), el 20 de noviembre de 1967 de manos de Manuel Capetillo. «Haré lo posible – me dice – por cortar las orejas esta tarde»...

Bien arropado llegaba a tierras hispanas el diestro de Acapulco y también contó con la habilidad de quien le llevaba sus asuntos entonces, Manuel del Pozo Rayito, porque de ser un viaje de mera toma de contacto con el ambiente taurino español, terminó por arreglarle una brevísima campaña por aquellas tierras, que terminó por abrirle puertas para la siguiente temporada, que sería de capital importancia para él.

La fecha escogida, el día de Santiago Apóstol, taurinamente en Barcelona, encerraba una efeméride importante. Sigue contando Claridades:

Día de Santiago. Ha transcurrido un cuarto de siglo de la presentación de Arruza en Barcelona. Corría el 1944. El refuerzo de los turistas no contaba para nada. La entrada fue mezquina. Pero el éxito arrollador de Arruza y el triunfo de Mario Cabré fue como un toque que pone en actitud de alerta a una multitud. Cinco días después para ver a Arruza con Domingo Ortega y «El Andaluz» no se encontraba una entrada ni en reventa. A ningún precio... No se me olvidará jamás. Una afición jubilosa, de febril entusiasmo, aupaba a hombros a Arruza y Cabré por la avenida de José Antonio. Al llegar frente al hotel Ritz, detiene sus trémulos pasos la multitud. Arruza y Mario Cabré se abrazan emocionados. Es un símbolo veraz que hermana la gloria taurina de ambos países. Es la más auténtica propaganda, no la estúpida que manejan con incongruente constancia los toreros actuales... Al cuarto de siglo va a debutar en España un compatriota del inolvidable Arruza. Descansa en una habitación del Ritz. Contemplo la calle por el ventanal de se alojamiento. Le digo al torero mejicano: «Sensible el público a las proezas que habían realizado Arruza y Cabré, los fue aclamando con vítores de frenesí hasta el hotel». Lomelín me escucha inmóvil...

Así pues, un cuarto de siglo después de que Carlos Arruza se presentara en la Monumental de Barcelona, otro torero mexicano hacía lo propio en el mismo ruedo. Cuando Antonio Lomelín confirmó en Madrid, Antonio Abad Ojuel comparaba la sorpresa que el Ciclón Mexicano causó el día de su presentación allí, con la que el diestro acapulqueño produjo en la misma situación.

La corrida de su presentación

Para ese jueves de Santiago se anunciaron toros de Pilar Sánchez Cobaleda (1º y 6º); María Sánchez Cobaleda (2º y 4º) y Manuel Sánchez Cobaleda (3º y 5º), procediendo el de rejones, también de este último hierro, todos del encaste Vega – Villar. El cuarto de la corrida fue devuelto a los corrales por haber aparentado estar reparado de la vista, y fue sustituido por uno de María Antonia Fonseca Herrero. El cartel de toreros se integró por el rejoneador mexicano Gastón Santos, y en la lidia ordinaria el chiclanero Adolfo Ávila El Paquiro, Antonio Lomelín y el diestro de Trigueros Pablo Gómez Terrón.

La tarde de Antonio Lomelín fue bien saldada, pues cortó la oreja al primero de su lote y dio la vuelta tras despachar al segundo. Rafael Manzano, corresponsal del semanario El Ruedo de Madrid, relata:

Antonio Lomelín, mejicano, hacía su presentación en España. Ha dejado buena Impresión por sus excelentes maneras. A su primero lo veroniqueó con desahogo. La media del remate, superior. Le correspondió un bicho receloso y reservón; lo enceló con él cuerpo y tiró muy bien de su enemigo, con pases mandones y valerosos. Entró a herir en corto y señaló una entera, que bastó. Le concedieron una oreja. Un bicho con unas velas impresionantes, cornivuelto, fue el quinto. Lo recibió con una larga cambiada, de hinojos. Cogió los palos y dejó más sembrados en la arena que en el morrillo. Brindó al hijo de Silverio Pérez, que estaba en una barrera. La res tenía demasiadas perchas y e1 mejicano se sintió preocupado por las defensas del bicho, que se ceñía por el derecho, pero que tenía cómodo viaje por el izquierdo. Sin embargo, no se afligió y, sobre todo, entró a matar muy bien, señalando media, que bastó. Dio la vuelta al redondel...

Dejó su tarjeta de presentación con la espada, pero no pudo refrendar sus habilidades con las banderillas. Ya tendría tiempo de hacerlo. Por su parte, el ya nombrado Claridades, refiere:

Frente al torero con cosas de «torero antiguo», como le advirtió su tío, la juventud de Lomelín, mejicano esperanzado en cortarles las orejas a los toros. El segundo toro de la corrida tomó un refilonazo y una vara, saliendo suelto. En el tercio de banderillas prende el mejicano tres pares vulgares. Nada calibro de buen banderillero. Al ponerle el toro en suerte el peón Pepe Cano, cae debajo del estribo donde el toro le echa varias cornadas. Pasa por mi mente el drama del pobre Manuel de la Cruz Fuentes Bejarano. Advierto el terror, pero un capote danza portador del milagro de Santiago Apóstol. Segundo interminable. Lomelín con el toro de embestida corta, tardo y quedado, realiza una faena compuesta. Quizá peca, de adelantarle la muleta cada vez con exageración por el pitón contrario. Mata de pinchazo, estocada entera, volcándose, aún sin exceso de apreturas en la suerte. Oreja y vuelta al ruedo… En el toro quinto, de bella estampa y veleta de cornamenta, pidió el cambio con un solo puyazo, prendiéndole dos medios pares con desacierto. Brindó al hijo de Silverio Pérez, y anduvo breve con el toro de corta. embestida. Mató de pinchazo sin soltar y media estocada bien puesta. Vuelta al ruedo…

No hay mucha diferencia de criterios entre las dos relaciones. Quizás era cosa de tomarle el ritmo al toro español, porque en la prensa que pude revisar, no se hace referencia a que Antonio Lomelín haya visitado el campo por aquellas tierras o que haya toreado a puerta cerrada. Cuestiones que se podrían resolver en el tiempo y delante de los toros.

El resto de la campaña de Lomelín

El año de 1969 le redituó a Antonio 8 corridas en ruedos españoles, en plazas como Barcelona, San Sebastián, Almería o Palma de Mallorca. Alternó con toreros de la talla de Julio Aparicio, en su campaña de despedida, Joaquín Bernadó, Paco Camino, El Cordobés, Paquirri o Ángel Teruel, y dejó preparada la temporada de 1970, en la que confirmaría triunfalmente su alternativa en Madrid.

Retales de la prensa de la época

Al ir siguiendo la noticia de la corrida de la presentación de Antonio Lomelín, me encontré con la información de un festejo nocturno “De la Oportunidad”, – celebrado a las 11 de la noche del sábado 26 de julio – en la plaza de Vista Alegre en Carabanchel, Madrid. Alternaron Blas Romero El Platanito, Pepín Garrido, Jesús Lucas El Cañavate, Roberto Piles y Pedro Gutiérrez Moya El Niño de la Capea, ante novillos salmantinos de Enrique García de la Serna, de origen santacoloma.

Eran los primeros pasos en los ruedos de todos ellos. Terminarían cobrando notoriedad El Platanito, Roberto Piles y El Niño de la Capea por sobre todos, porque se alzaría para ser una figura histórica del toreo. Esa tarde – noche en realidad – es una de esas que tienden a esconderse en la memoria, para dejar el paso a las grandes tardes triunfales. 

domingo, 19 de julio de 2026

19 de julio de 1953: Jaime Bravo se presenta en Madrid

Jaime Bravo era nativo del barrio de Tepito en la capital mexicana y que de conformidad con lo que refiere la enciclopédica obra de Cossío, inició su andar por los ruedos en el año de 1950. Entre los años de 1952 y 1955 desarrolló una destacada carrera como novillero en los ruedos de España, logrando presentarse en sus principales plazas. 

La presentación de Jaime Bravo en Madrid

Su presentación en Madrid se pacta para el 19 de julio de 1953, tarde de domingo en la que compartirá cartel con Juan Bienvenida y con otro debutante, el sevillano José Rodríguez Coriano, para dar cuenta de un encierro de los sucesores de Graciliano Pérez Tabernero.

Del encierro inicialmente anunciado, solamente se lidiaron cuatro de los novillos reseñados, completándose el lote con dos de Juan Belmonte, corridos en quinto y sexto lugar. La impresión que dejaron los cronistas es en el sentido de que el ganado que se jugó, sobre todo el salmantino, más que una novillada, era una verdadera corrida de toros. Escribió Antonio Bellón, en su tribuna del diario madrileño Pueblo:

A esta actual revalorización del toro, la Empresa de Madrid contribuye en vanguardia. Siempre pisaron la arena madrileña reses con trapío y kilos sobrados, y ahora, en las novilladas caniculares, se lidian verdaderas corridas de toros... Ayer eran las reses, los toros, anunciadas de los hijos de Graciliano, y fue remendada la corrida en los corrales con dos bureles, también toros, de Juan Belmonte, lidiados en quinto y sexto lugar. Los de Belmonte fueron mansurrones, y los de Graciliano, para los debutantes Coriano y Bravo, no boyantes...

El comentario de Bellón arranca del hecho de que apenas un año antes, Antonio Bienvenida, hermano del primer espada del festejo que le tocaba relatar, había denunciado el fraude del afeitado. Por ello hablaba de la revalorización del toro en Madrid.

Pero, para nadie es novedoso o secreto, que, en los festejos veraniegos de Las Ventas, el toro - y el novillo también - crecen en proporciones que a veces escapan a cualquier lógica. 

La tarde de Jaime Bravo

El debutante mexicano saldó su tarde en Madrid con una salida al tercio y una vuelta al ruedo. Las distintas crónicas del festejo destacan su valor delante de los toros y su disposición por conectar con los tendidos. Escribió don Luis Uriarte, firmando como El de Tanda, para la Hoja del Lunes madrileña:

El tercer Graciliano fue el mejor de la tarde, y Jaime Bravo, que se había hecho aplaudir en un cambio de rodillas y en las verónicas que a seguido ligó, cogió las banderillas y se las ofreció a Bienvenida. Medio par aquél, uno muy fino Juanito, otro al quiebro el mejicano con un par de las cortas, que se cayeron, y otro bonísimo de poder a poder de su compañero, a quien se aplaudió largamente. La faena de Bravo – con mayúscula – lo fue también de bravo – con minúscula –: ayudados por alto, redondos, una arrucina perfectamente ejecutada, naturales, de pecho, con el aditamento de un par de desplantes de rodillas, justificaron el jaleo aprobatorio de la concurrencia. Con la espada flojeó el mejicano por su defecto de no arquear el brazo al herir. Los tres pinchazos y la estocada corta, sin embargo, no fueron óbice para que se le ovacionara cariñosamente... Y aquí se acabó la paz... con el sexto, de Belmonte, no tan molesto, aunque tampoco cómodo, Bravo derrochó voluntad - y habilidad en los momentos de apuro -, lo despachó de una estocada corta y hasta se permitió el lujo de dar la vuelta al ruedo...

Advierte en su relato la variedad del torero, el valor desplegado, pero también lo que aparenta ser una falta de plan delante de los toros, algo que parece reiterar quien firmó como El Primer Reserva, sustituyendo al titular Giraldillo, para el ABC de Madrid:

Coraje y un poco de todo. – Jaime Bravo, que tiene una buena planta de torero, ha llegado a Madrid cuando todavía no ha aprendido a dar reposo a su toreo. Sabe ya pararse y hacer lentos los giros de su capote, pero el ansia de triunfar le roba la serenidad y hace de sus faenas un embarullado conjunto de todos los lances, todas las escuelas y todos los intentos. A medio viaje del toro, trata de improvisar el lance, en el que no parece haber pensado antes, y sólo su agilidad y su frío valor le libran de la cornada, que el domingo pareció inminente en muchas ocasiones... A su primero, el mejor toro de la tarde, alegre, dócil para el trapo, le dio unas verónicas con mucho sabor y temple. Falló, en cambio, en las banderillas, ya que después de media docena de tanteos sólo consiguió dejar un palo en el morrillo de la res, en tanto que Bienvenida salvaba el tercio, especialmente en un magnífico par de poder a poder. La faena de muleta, mescolanza de ayudados, pases en redondo, una arrucina escalofriante, desplantes y rodillazos, fue aplaudida y no pasó a más, porque Bravo tuvo que ensayar tres veces antes de lograr media estocada suficiente... El que cerraba plaza era de Belmonte y no estaba para demasiadas florituras. El mejicano le dio unos lances de capa lentos y apretados que se aplaudieron, y durante el muleteo, en que lo intentó todo sin cuajar nada, pasó muchos apuros con extraordinaria tranquilidad. Tuvo la suerte de coger una estocada que bastó, y gracias a eso y en premio a su valor y voluntad, dio la vuelta al ruedo, como despidiéndose del gentío que salía apresuradamente...

Sin dejar de reiterar la falta de estructura en su hacer en esa tarde, se deja claro el hecho de su buen hacer con la capa en el primer tercio, y sobre todo, la actitud desplegada buscando el triunfo ante todo, como debiera ser la actitud de cualquier novillero.

Antonio Bellón, citado antes, en su relación para el diario Pueblo, redondea en el sentido siguiente:

El mejicano Jaime Bravo, de cierto aire arrucesco, es torero elegante, fácil, con muchas cualidades que con el tiempo pueden cuajar en un matador de toros si a su labor le pone ligazón. Con el capote lanceó majestuoso y sus quites por gaoneras son impresionantes de quietud y de habilidad para quedarse junto a la oreja del burel... Ofreció los palos en el tercero a Juanito Bienvenida, ovacionado al colgar los zarcillos, y Bravo no tuvo suerte al clavar, más en la preparación y el aguante fue perfecta su labor. Encorajinado, partió un par de banderillas final y con el resto de los garapullos, menos de una cuarta de palitroque, cambió con vista y valor... Una faena con toda clase de pases en su primero le valió ovación y saludo. El vómito de la res quitó entusiasmos, y en el sexto volvió a mostrarse elegante, enterado y habilidoso, para salvar achuchones del toro, abrazándose al animal y quedándose pegado a pala y oreja. Dio la vuelta al ruedo, y en tarde menos tormentosa y sin nervios – naturales ayer, día de su presentación – trabada su sabiduría y facilidad, puede redondear una gran actuación...

Al final de cuentas, Jaime Bravo resolvió su presentación en la principal plaza del mundo, dejando en la crónica y en la afición la intención de volverle a ver por allí. 

El resto de la tarde

Juan Bienvenida buscaba resarcirse de las pérdidas de su anterior actuación en el coso madrileño, donde tuvo una mala tarde y una buena cantidad de asistentes tenían la intención de cobrarle la factura en esta presentación. Pudo salir al tercio tras la lidia de sus dos novillos, aunque sin faltar entre las ovaciones, el desagradable condimento de los pitos de aquellos que nunca parecen estar contentos con nada.

Por su parte, el otro debutante, Coriano, a quien Bellón en su crónica describe como ya maduro de edad, se mostró como un torero valiente, y que a pesar de las volteretas que le dio el primero de su lote, también pudo terminar su tarde con una vuelta al ruedo. 

El devenir de Jaime Bravo

Jaime Bravo volvería a Madrid una media docena de tardes más y en una de ellas sería protagonista de unos hechos que pasarían a la historia del toreo. El 31 de julio de 1955, en la novillada en la que alternó con Rafael Mariscal y Enrique Orive, tras la lidia del cuarto de la tarde, el picador de su cuadrilla, el michoacano Sixto Vázquez, fue llamado a dar la vuelta al ruedo por la extraordinaria forma en la que picó en esa tarde.

Recibiría la alternativa en Palma de Mallorca el 18 de septiembre de ese mismo año del 55, de manos de Victoriano Posada y llevando de testigo a Pepe Ordóñez, siéndole cedido el toro Amapolo de Fernández Zúmel. Esa alternativa la confirmaría en la Plaza México el 12 de febrero de 1956, con el toro Fandanguero de Torrecilla, de manos de Manuel Capetillo y atestiguando el acto Jorge El Ranchero Aguilar.

Ya como matador de toros, Jaime Bravo tendría un gran cartel en las plazas de la frontera norte de México, donde nuestra temporada, durante muchos años, sostenía el verano taurino. También fue uno de los pioneros en la introducción de los festejos taurinos en los Estados Unidos, siendo uno de los toreros que actuaron en una feria que se ofreció en el Astrodome de Houston en los años sesenta, a la que acudieron figuras de la talla de Paco Camino.

México en España en 1953

La temporada española del 53 contó con la presencia de un amplio número de toreros mexicanos. Por los matadores de toros actuaron Luis Briones, Pepe Luis Vázquez, Rafael Rodríguez, Jorge El Ranchero Aguilar, Juan Silveti, Curro Ortega, Anselmo Liceaga, Nacho Treviño y Fernando de los Reyes El Callao.

De los novilleros, aparte de Jaime Bravo, se presentaron Miguel Ángel, Alfredo Leal, Carlos Barrón, Pepe Luis Méndez, Manuel Márquez, Raúl Iglesias, El Callao, Joaquín Díaz Paquiro, Diego Arenas, Antonio Durán y Carlos González.

La reanudación del Convenio en 1951, propició el intercambio de toreros entre ambos países y sobre todo, nuestros novilleros cruzaban el mar, buscando prepararse para alcanzar con honor el grado de matador de toros. Sin duda, los tiempos han cambiado.

domingo, 12 de julio de 2026

10 de julio de 1910: El encuentro de El Papa Negro y Viajero de Trespalacios

El Nuevo Mundo, Madrid, 14 de julio 1910

Escribía don Manuel Serrano García Vao Dulzuras en su anuario Toros y Toreros dedicado a la temporada 1910:

Un ejemplo de voluntad firme, de afición grande, de pundonor exagerado es el que ha dado el joven Manuel Mejías, y ha sido una lástima que, cuando mayor era la velocidad adquirida, haya encontrado un obstáculo que le ha impedido continuar la marcha triunfal con tan grandes resultados emprendida con paso firme y puesta la vista en un punto al que quería llegar y podía llegar, según hemos visto por el esfuerzo realizado... Llevaba cinco años de alternativa, en los que no había perdido terreno, sino al contrario, había ganado todos los años un poco, pero no lo suficiente para ocupar el lugar que desde luego era su ilusión, como es la de todos... Tuvo un rasgo de clarividencia y un arranque de valor, y se presentó al empezar la temporada de 1910 ofreciendo a los públicos todo el gran toreo que tiene dentro, y sacando de lo más hondo de sus reservas un excelente matador de toros, que había estado oculto mucho tiempo... Los ímpetus que traía eran avasalladores; de los que espantan, alegran, entusiasman, producen estupefacción y arrollan todo lo que cogen por delante...

En ese sentir, el joven Bienvenida había contratado para ese calendario más de medio centenar de festejos y para el 10 de julio de 1910, llevaba cumplidos 19 contratos, de los cuales, 16, se verificaron en las plazas de Sevilla, Madrid y Lisboa, tres de primera línea. Para esa tarde del 10 de julio de 1910, refiere Luis de Armiñán, la empresa de Madrid a traves de Manuel Retana, propuso inicialmente un cartel en el que El Papa Negro alternara con Machaquito y con Rafael El Gallo, pero, don Manuel se empeñó en hacerlo en solitario:

Se lo agradezco, don Manuel, pero llevo una temporá magnífica y deseo redondearla aquí, antes de completarla en el norte. Tengo sueños, esperanzas muy grandes. Ruegue a mis compañeros que me cedan la fecha... ¿Qué toros tienen ustedes? … En «La Muñoza» hay dos corridas del conde de Trespalacios... A Manolo le agradaba entonces el ganado de Trespalacios, prócer extremeño... Retana y Bienvenida escogieron los más gordos y entre ellos, uno que les gustó mucho... Era cárdeno, chorreado, alto de cuerna, número 13 en su camada, se llamaba «Viajero». El buen sastre no quería lidiarle... Mira Manolo, que tiene cara de guasa, es descaradillo y alto de agujas...

Bienvenida manifestó su gusto por ese último ejemplar y hasta anunció que lo echaría en tercer lugar.

La corrida del 10 de julio de 1910

Bienvenida vistió ese domingo un terno grana y oro y llevó como sobresaliente de espadas al entonces novillero Alfonso Cela Celita y presidió el festejo don Antonio Rosado.

Ante el primero, llamado Cometa y el segundo Jardinero, Bienvenida lució sobre todo en los primeros tercios. Saludó en los medios tras el arrastre del que abrió plaza y su labor fue silenciada al terminar la lidia del segundo. 

Viajero de Trespalacios

Quien firmó como Don Benigno, encargado de la información taurina del diario El Mundo de Madrid, relata lo siguiente:

El socio que sale ahora se llama Viajero, viste de cárdeno y es algo mayor que los otros... Bienvenida da tres lances, muy bueno el primero, bueno el siguiente y atropellado el otro... Tampoco es bravo este toro, y tardea como los otros para acometer cuatro veces, la cuarta en los toriles, por dos caídas... Vuelve a parear Bienvenida, clavando un par al cambio, un poco pasado, pero dejando llegar... Bienvenida brinda al público de sol y se va solo al toro... Cita de largo, acude el toro, codicioso, derrota al bulto y engancha á Bienvenida por la pierna izquierda, lo tira a lo alto y en el suelo le mete la cabeza, sin acertarle... Acuden los capotes y Bienvenida se lleva la mano á la pierna, sin poderse levantar, y en brazos de los peones es conducido a la enfermería... La impresión en el público es enorme y el sentimiento general. Este era el primer toro que salía propósito para quo se luciese el torero... De la enfermería dicen que es un puntazo lo de Bienvenida. Parecía más...

La realidad se iría develando al paso de las siguientes horas, porque todavía el parte facultativo rendido por el servicio médico de plaza era escueto y daba espacio al optimismo:

«Durante la lidia del tercer toro ha ingresado en esta enfermería e1 diestro Manuel Megías (Bienvenida), con una herida contusa en la región de1 tercio medio del muslo izquierdo y en la cara interna, de cinco centímetros de extensión y unos seis de profundidad, y otra en la cara posterior, de tres centímetros de extensión y que interesa sólo la piel y tejido celular. – Doctor Julián de la Villa.»

La cirugía se realizó en la enfermería de la plaza y se reportó que no había mayores lesiones que las descritas en el parte, por lo que en esa misma tarde se trasladó al torero herido a su domicilio para su recuperación, señalando el doctor de la Villa que estaría recuperado en unos veinte días.

Al día después del percance

En la madrugada posterior a la cornada, Bienvenida comenzó a sentir fiebre y dolor en la región herida, por lo que pidió la intervención del doctor Pindado, para hacer una nueva exploración de sus lesiones. En el ejemplar del diario El Mundo salido el 11 de julio de 1910, se publicó la siguiente información firmada por su cronista Don Benigno:

A las doce le curó el doctor Pindado... Al trasladarle de cama se vieron dos charcos de sangre en el suelo, señal de que Bienvenida había sufrido una hemorragia de consideración durante la noche... El doctor Pindado procedió a reconocer minuciosamente la herida, y se encontró con que la de la parte anterior del muslo, que se creyó puntazo, era un cornalón, según el tecnicismo médico de los toreros, cuya profundidad no pudo determinarse, pero que excede de 12 centímetros... Ni con el dedo ni con unas pinzas, al limpiar con algodones la herida, pudo encontrar el doctor Pindado el fondo de aquella... Sin embargo, como no hay vasos ni tendones interesados, esta no es grave. De ella extrajo el médico un trozo de taleguilla...

Tras de la cura, y ya sintiéndose mejor, el torero habló con los periodistas, explicando el mecanismo de la cornada:

Yo cité al toro de largo, esperándole con los dos pies juntos para darle así un pase natural. Él se vino a mí, se ilusionó con el bulto y yo le quise dejar llegar y le dejé, le dejé, y cuando le metí la muleta, él no hizo caso, se metió por debajo y me pudo... Este es uno de los salarios del oficio... Cuando se los pagan a uno, no hay más remedio que cobrarlos...

Con esa entereza asumió Bienvenida el gravísimo percance que había sufrido.

El duro trance de la recuperación

En cuanto pudo viajar, Bienvenida volvió a su casa en Sevilla, pero se percató que no podía mover la pierna herida. Pidió la opinión del médico Gonzalo Blanco, quien, tras valorarlo, concluyó que tenía seccionado el nervio ciático y de allí inició un peregrinar por diversas clínicas y consultorios donde la respuesta a sus interrogantes caía en el mismo casillero: había quedado inútil para seguir siendo torero. 

Hasta que encontró al doctor Decref quien había atendido a un picador suyo, Monerri, quien había sufrido una seria lesión tras de una caída de un caballo. Decref le diseñó una especie de prótesis que le ayudaba a caminar y le aplicó sesiones de electroterapia, las que se sumaron a una cirugía que logró unir los cabos del nervio seccionado, y que permitieron que, con el tiempo, la pierna recobrara su movilidad.

El devenir del torero

Bienvenida reapareció hasta el mes de abril de 1911, temporada en la que no tuvo muchos éxitos, debido a su disminuida condición física. Para el año de 1912, arrancaba una temporada que sería definitoria en su futuro como torero, pero el 26 de mayo, en Madrid, el pitón de otro toro, éste llamado Ropero de la ganadería de Esteban Hernández, le hirió de gravedad de nueva cuenta en el muslo izquierdo. 

Escribió en su día Verduguillo:

Yo creía que a 'Bienvenida' lo había quitado de torero la cornada que le dio el 10 de julio de 1910 en la plaza de Madrid el toro 'Viajero', cárdeno, número 13, de la ganadería de Trespalacios, al iniciar su faena con el llamado pase de la muerte... El mismo “Bienvenida” me sacó del error:

- No – me dijo una noche – el toro que me cortó la carrera fue “Morito”, negro zaíno, número 45, de la ganadería de don Esteban Hernández, en Madrid, el 14 de mayo de 1912...

El nombre del toro y la fecha no coinciden, pero la corrida a la que me refiero es la misma a la que hizo mención el torero en esa conversación, porque ese 14 de mayo de 1912, no hubo toros en Madrid.

Bienvenida toreó por última vez vestido de luces en España el 9 de septiembre de 1924 en Bélmez, Córdoba, mano a mano con Manolo Belmonte, para lidiar toros de Pérez de la Concha y fue aquí en México, en el Toreo de la Condesa donde lo hizo por última vez en su vida, el 20 de marzo de 1927, en un festejo benéfico, matando él dos toros de San Diego de los Padres y sus hijos Manolo y Pepe, cuatro erales de Xajay.


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