La presentación de Jaime Bravo en Madrid
Su presentación en Madrid se pacta para el 19 de julio de 1953, tarde de domingo en la que compartirá cartel con Juan Bienvenida y con otro debutante, el sevillano José Rodríguez Coriano, para dar cuenta de un encierro de los sucesores de Graciliano Pérez Tabernero.
Del encierro inicialmente anunciado, solamente se lidiaron cuatro de los novillos reseñados, completándose el lote con dos de Juan Belmonte, corridos en quinto y sexto lugar. La impresión que dejaron los cronistas es en el sentido de que el ganado que se jugó, sobre todo el salmantino, más que una novillada, era una verdadera corrida de toros. Escribió Antonio Bellón, en su tribuna del diario madrileño Pueblo:
A esta actual revalorización del toro, la Empresa de Madrid contribuye en vanguardia. Siempre pisaron la arena madrileña reses con trapío y kilos sobrados, y ahora, en las novilladas caniculares, se lidian verdaderas corridas de toros... Ayer eran las reses, los toros, anunciadas de los hijos de Graciliano, y fue remendada la corrida en los corrales con dos bureles, también toros, de Juan Belmonte, lidiados en quinto y sexto lugar. Los de Belmonte fueron mansurrones, y los de Graciliano, para los debutantes Coriano y Bravo, no boyantes...
El comentario de Bellón arranca del hecho de que apenas un año antes, Antonio Bienvenida, hermano del primer espada del festejo que le tocaba relatar, había denunciado el fraude del afeitado. Por ello hablaba de la revalorización del toro en Madrid.
Pero, para nadie es novedoso o secreto, que, en los festejos veraniegos de Las Ventas, el toro - y el novillo también - crecen en proporciones que a veces escapan a cualquier lógica.
La tarde de Jaime Bravo
El debutante mexicano saldó su tarde en Madrid con una salida al tercio y una vuelta al ruedo. Las distintas crónicas del festejo destacan su valor delante de los toros y su disposición por conectar con los tendidos. Escribió don Luis Uriarte, firmando como El de Tanda, para la Hoja del Lunes madrileña:
El tercer Graciliano fue el mejor de la tarde, y Jaime Bravo, que se había hecho aplaudir en un cambio de rodillas y en las verónicas que a seguido ligó, cogió las banderillas y se las ofreció a Bienvenida. Medio par aquél, uno muy fino Juanito, otro al quiebro el mejicano con un par de las cortas, que se cayeron, y otro bonísimo de poder a poder de su compañero, a quien se aplaudió largamente. La faena de Bravo – con mayúscula – lo fue también de bravo – con minúscula –: ayudados por alto, redondos, una arrucina perfectamente ejecutada, naturales, de pecho, con el aditamento de un par de desplantes de rodillas, justificaron el jaleo aprobatorio de la concurrencia. Con la espada flojeó el mejicano por su defecto de no arquear el brazo al herir. Los tres pinchazos y la estocada corta, sin embargo, no fueron óbice para que se le ovacionara cariñosamente... Y aquí se acabó la paz... con el sexto, de Belmonte, no tan molesto, aunque tampoco cómodo, Bravo derrochó voluntad - y habilidad en los momentos de apuro -, lo despachó de una estocada corta y hasta se permitió el lujo de dar la vuelta al ruedo...
Advierte en su relato la variedad del torero, el valor desplegado, pero también lo que aparenta ser una falta de plan delante de los toros, algo que parece reiterar quien firmó como El Primer Reserva, sustituyendo al titular Giraldillo, para el ABC de Madrid:
Coraje y un poco de todo. – Jaime Bravo, que tiene una buena planta de torero, ha llegado a Madrid cuando todavía no ha aprendido a dar reposo a su toreo. Sabe ya pararse y hacer lentos los giros de su capote, pero el ansia de triunfar le roba la serenidad y hace de sus faenas un embarullado conjunto de todos los lances, todas las escuelas y todos los intentos. A medio viaje del toro, trata de improvisar el lance, en el que no parece haber pensado antes, y sólo su agilidad y su frío valor le libran de la cornada, que el domingo pareció inminente en muchas ocasiones... A su primero, el mejor toro de la tarde, alegre, dócil para el trapo, le dio unas verónicas con mucho sabor y temple. Falló, en cambio, en las banderillas, ya que después de media docena de tanteos sólo consiguió dejar un palo en el morrillo de la res, en tanto que Bienvenida salvaba el tercio, especialmente en un magnífico par de poder a poder. La faena de muleta, mescolanza de ayudados, pases en redondo, una arrucina escalofriante, desplantes y rodillazos, fue aplaudida y no pasó a más, porque Bravo tuvo que ensayar tres veces antes de lograr media estocada suficiente... El que cerraba plaza era de Belmonte y no estaba para demasiadas florituras. El mejicano le dio unos lances de capa lentos y apretados que se aplaudieron, y durante el muleteo, en que lo intentó todo sin cuajar nada, pasó muchos apuros con extraordinaria tranquilidad. Tuvo la suerte de coger una estocada que bastó, y gracias a eso y en premio a su valor y voluntad, dio la vuelta al ruedo, como despidiéndose del gentío que salía apresuradamente...
Sin dejar de reiterar la falta de estructura en su hacer en esa tarde, se deja claro el hecho de su buen hacer con la capa en el primer tercio, y sobre todo, la actitud desplegada buscando el triunfo ante todo, como debiera ser la actitud de cualquier novillero.
Antonio Bellón, citado antes, en su relación para el diario Pueblo, redondea en el sentido siguiente:
El mejicano Jaime Bravo, de cierto aire arrucesco, es torero elegante, fácil, con muchas cualidades que con el tiempo pueden cuajar en un matador de toros si a su labor le pone ligazón. Con el capote lanceó majestuoso y sus quites por gaoneras son impresionantes de quietud y de habilidad para quedarse junto a la oreja del burel... Ofreció los palos en el tercero a Juanito Bienvenida, ovacionado al colgar los zarcillos, y Bravo no tuvo suerte al clavar, más en la preparación y el aguante fue perfecta su labor. Encorajinado, partió un par de banderillas final y con el resto de los garapullos, menos de una cuarta de palitroque, cambió con vista y valor... Una faena con toda clase de pases en su primero le valió ovación y saludo. El vómito de la res quitó entusiasmos, y en el sexto volvió a mostrarse elegante, enterado y habilidoso, para salvar achuchones del toro, abrazándose al animal y quedándose pegado a pala y oreja. Dio la vuelta al ruedo, y en tarde menos tormentosa y sin nervios – naturales ayer, día de su presentación – trabada su sabiduría y facilidad, puede redondear una gran actuación...
Al final de cuentas, Jaime Bravo resolvió su presentación en la principal plaza del mundo, dejando en la crónica y en la afición la intención de volverle a ver por allí.
El resto de la tarde
Juan Bienvenida buscaba resarcirse de las pérdidas de su anterior actuación en el coso madrileño, donde tuvo una mala tarde y una buena cantidad de asistentes tenían la intención de cobrarle la factura en esta presentación. Pudo salir al tercio tras la lidia de sus dos novillos, aunque sin faltar entre las ovaciones, el desagradable condimento de los pitos de aquellos que nunca parecen estar contentos con nada.
Por su parte, el otro debutante, Coriano, a quien Bellón en su crónica describe como ya maduro de edad, se mostró como un torero valiente, y que a pesar de las volteretas que le dio el primero de su lote, también pudo terminar su tarde con una vuelta al ruedo.
El devenir de Jaime Bravo
Jaime Bravo volvería a Madrid una media docena de tardes más y en una de ellas sería protagonista de unos hechos que pasarían a la historia del toreo. El 31 de julio de 1955, en la novillada en la que alternó con Rafael Mariscal y Enrique Orive, tras la lidia del cuarto de la tarde, el picador de su cuadrilla, el michoacano Sixto Vázquez, fue llamado a dar la vuelta al ruedo por la extraordinaria forma en la que picó en esa tarde.
Recibiría la alternativa en Palma de Mallorca el 18 de septiembre de ese mismo año del 55, de manos de Victoriano Posada y llevando de testigo a Pepe Ordóñez, siéndole cedido el toro Amapolo de Fernández Zúmel. Esa alternativa la confirmaría en la Plaza México el 12 de febrero de 1956, con el toro Fandanguero de Torrecilla, de manos de Manuel Capetillo y atestiguando el acto Jorge El Ranchero Aguilar.
Ya como matador de toros, Jaime Bravo tendría un gran cartel en las plazas de la frontera norte de México, donde nuestra temporada, durante muchos años, sostenía el verano taurino. También fue uno de los pioneros en la introducción de los festejos taurinos en los Estados Unidos, siendo uno de los toreros que actuaron en una feria que se ofreció en el Astrodome de Houston en los años sesenta, a la que acudieron figuras de la talla de Paco Camino.
México en España en 1953
La temporada española del 53 contó con la presencia de un amplio número de toreros mexicanos. Por los matadores de toros actuaron Luis Briones, Pepe Luis Vázquez, Rafael Rodríguez, Jorge El Ranchero Aguilar, Juan Silveti, Curro Ortega, Anselmo Liceaga, Nacho Treviño y Fernando de los Reyes El Callao.
De los novilleros, aparte de Jaime Bravo, se presentaron Miguel Ángel, Alfredo Leal, Carlos Barrón, Pepe Luis Méndez, Manuel Márquez, Raúl Iglesias, El Callao, Joaquín Díaz Paquiro, Diego Arenas, Antonio Durán y Carlos González.
La reanudación del Convenio en 1951, propició el intercambio de toreros entre ambos países y sobre todo, nuestros novilleros cruzaban el mar, buscando prepararse para alcanzar con honor el grado de matador de toros. Sin duda, los tiempos han cambiado.








