domingo, 17 de mayo de 2026

18 de mayo de 1971: Curro Rivera confirma su alternativa en Madrid

Cuando Curro Rivera llega a hacer su primera campaña española en 1971, tenía ya toreadas aquí en México 123 corridas y arranca del otro lado del mar el 18 de marzo en Valencia, para seguir después en plazas como Castellón, Murcia, Barcelona, Sevilla, Fuengirola y Palma de Mallorca. 

Para el 18 de mayo de hace 55 años, exactamente dos meses después de su presentación en ruedos hispanos, confirmaría su alternativa en Madrid, en una corrida que tenía un atractivo especial, porque marcaba la vuelta a los ruedos de Antonio Bienvenida, quien se había despedido allí en Las Ventas el 16 de octubre de 1966, matando seis toros en solitario.

El cartel de la confirmación de Curro Rivera llevaba además como testigo al torero de Villalpando Andrés Vázquez, y la terna enfrentaría un encierro de don Samuel Flores. Cabe señalar a este respecto, que el reclamo de la primera plana de los principales diarios madrileños, se centraba en el retorno a los ruedos de Antonio Bienvenida.

La quinta corrida del San Isidro de 1971

En el sumario de la tarde, Julio de Urrutia, cronista del diario Madrid, refiere lo siguiente:

Antonio Bienvenida, de verde y oro (petición con vuelta y palmas); Andrés Vázquez, de azul y oro (dos orejas, vuelta y salida a hombros), y Curro Rivera, mexicano, de verde y oro (oreja y ovación), que confirmaba la alternativa. Tarde húmeda y desapacible, con aguaceros casi continuos de comienzo a fin de la función. Dos tercios de plaza. E| mal estado del ruedo, pese a la ya habitual cobertura de plástico, y la consulta de la autoridad con los diestros actuantes para decidir o no la suspensión del festejo hicieron que éste comenzase a las seis y cuarto de la tarde...

En una relación diversa, la de José Antonio Medrano para el diario Arriba se cuenta que la entrada era la más mala de lo que iba del ciclo, siendo la única explicación de ello el pésimo tiempo entre el que se dio la corrida, agregando:

...no tendremos más remedio que descalificar al público madrileño, del que el reaparecido Antonio Bienvenida fue un ídolo y, casi una debilidad; Andrés Vázquez es como una recreación propia al que el «nuevo en esta plaza», el mejicano Curro Rivera, debió merecerle un interés máximo...

Y sin embargo, la afición prefirió resguardarse de la lluvia y verlos en mejor ocasión.

La confirmación de Curro Rivera

Como es preceptivo, el primer toro de la tarde sería cedido a quien ratificaría su alternativa en Madrid esa lluviosa tarde. El sorteo le deparó al toricantano al toro llamado Beluco, número 75, negro zaino y al que se le anunció un peso de 528 kilogramos. La tarde de Curro fue importante y pudo ser redonda, de no haber fallado con los aceros en su segundo. Escribe Gonzalo Carvajal en su crónica para el diario Pueblo de Madrid:

Del Currito de Méjico que vi en Sevilla – aquella tarde cortó tres orejas –, y que volví a ver en Barcelona – dos orejas –, al que contemplo confirmar su alternativa con «Beluco», negro zaino, con el número 75 en el costillar, y 528 kilos de peso, media un ancho camino de progresos en el acoplamiento de tan tierno diestro azteca al toro español. Señal de crecimiento en méritos de un torero que apoyado en su indudable valor, en sus no menos indudables ansias de estar entre los primeros, y en bien conocer la profesión, saldrá – de seguir así – de la presente temporada hispana con clara proyección de mando dentro de la torería mejicana... Debo consignar que «Beluco» - de poca fuerza, como toda la corrida, y abanto de salida, también como casi toda la corrida –, y «Cartujero», el más encastado y pastueño de los seis Samueles, vinieron a integrar ese lote con que todo torero sueña para consagrarse en Madrid... Currito Rivera no hizo una sola cosa mal hecha – salvo pinchar seis veces a «Cartujero» –, y es que a toros tan bondadosos, sabiendo y queriendo torear, resulta muy difícil hacérselas. Con la verónica, más rabiosa que perfecta; con la variedad de los quites por delantales, chicuelinas y navarras – o chicuelinas antiguas, que así llaman en Méjico a tal lance –; con el buen acuerdo de no coger banderillas – suerte en la que Curro me parece muy vulgar – y con el sentido claro de que torear de muleta a este tipo de toros de «durse» es como un juego de salón, en el cual el engaño movido, arrastrándose por la arena, debe llevar las embestidas al confín de las arrancadas, Rivera se ganó una oreja de su primer toro – la gente pidió con fuerza la segunda; los de la andanada del ocho, tan felices, con razón, por tarde tan rimada con sus gustos y exigencias, aplaudieron la negativa presidencial –, y le pidió las dos al sexto, porque hasta el séptimo envite no agarró la estocada mortal. De sus faenas muleteras – estimadas por mi como de buen ver, aunque me parezca violento y corto su derechazo – poseyeron carácter de excelentes, y más en un torero cuyos cimientos son el valor y el oficio hecho a conciencia, cuantiosos pases naturales, y aquella serie de trincherazos y firmazos que Curro utilizó para sacar a «Cartujero» hasta los medios y sin olvidarse de los pectorales con ambas manos, baza crucial en la tauromaquia del azteca. Buena suerte de Curro en el sorteo. Suerte bien aprovechada, aunque los aceros, en el sexto, descompusieran el «corrido» de la apoteosis que Rivera el Joven estuvo tan cerca de cantar...

La relación de Carvajal es prolija y enlaza bien los sucesos de su triunfo en la reciente Feria de Abril de Sevilla, con esta buena tarde de su confirmación madrileña-

El ya invocado Julio de Urrutia, en el diario Madrid, refiere:

El cariz del cielo y la lluvia intermitente que hizo su aparición en cuanto salió el primer toro no arrugaban el entrecejo de los aficionados. El Samuel, gordo y con buena lámina, fue saludado por el nuevo doctor en tauromaquia con unos preciosos lances a la verónica, sujetando con la rodilla al bicho los primeros para que no saliera huido. Dos puyas y otros tantos quites – uno muy lucido por tapatías del mejicano – dieron lugar al tercio de banderillas, en el que ese buen peón de brega que se llama Solanito clavó dos grandes pares. Y apenas sin sucesión de continuidad apareció en seguida con la muleta en la diestra Curro Rivera para componer una faena justa, aseada, de pases limpios y en la línea del arte, aunque algunos de ellos forzando la figura. Además de artísticos, los muletazos por la derecha y la izquierda del hijo de Fermín tuvieron clase. Y como, por añadidura, no se limitaron a los fundamentales del toreo natural ni a los monótonos redondos en cadena, la faena del azteca resultó variadísima y a gusto del respetable. A toro por completo parado, Curro cobró una gran estocada que le valió la oreja de su enemigo... En realidad, la función de ayer se ciñó a media corrida tan sólo, aunque esa media fuese de tono mayor y de alta tensión artística por lo que vimos en los tres toros primeros. Si acaso, la propina consistió en la lidia que Rivera dio al sexto toro, muy semejante a la del primero, por lo que hubiera cortado otro apéndice. auricular si llega a acertar con el acero. Pinchó siete veces y ©1 éxito repetido se le fue, por tanto, con los múltiples viajes de la espada. Ello no obsta para afirmar que nos encontramos ante un torerillo muy puesto y que cuantos se precian de aficionados deben seguir de cerca a este mozo moreno, hijo de torero mexicano y sobrino de toreros españoles...

Urrutia hace notar que la lluvia fue deteriorando las condiciones del ruedo y que en realidad, los sucesos de los tres primeros toros fueron los que le dieron vida a la tarde, pero también reconoce las indudables virtudes que mostró Curro Rivera y adelanta el porvenir que le esperaba por aquellas tierras.

Por supuesto, no podría faltar la mención a don Antonio Díaz – Cañabate, en su tribuna del ABC madrileño, quien, como los vinos añejos, refinaba su falta de gusto por los toreros que les llegaban de este lado del mar. De la actuación del confirmante, refirió:

Curro Rivera se benefició en el toro de la alternativa de la lluvia de orejas. Se mojó con una. Curro Rivera es un torero fácil, tal vez excesivamente, porque su facilidad degenera en frialdad. Le falta también la naturalidad, porque fuerza la figura, dobla demasiado la cintura, pero torea con pases largos y algunos le resultan muy bien. En Sevilla le vi matar un toro de manera admirable. No ha vuelto a repetir tal hazaña; al contrario, en las otras corridas que le he visto, su manera de matar es deficiente, como lo demostró en el primero con una estocada en el rincón y más ostensiblemente en el sexto, al entrar siete veces...

Bien se dice que nada nuevo hay bajo el sol. La tarde terminó para él con la actuación de Antonio Bienvenida, pero su opinión es de peso para algunos. Ya veremos que le dedica más espacio a lo que a él le parece importante.

El resto de la corrida

El triunfador de la tarde fue el zamorano Andrés Vázquez, quien le cortó las dos orejas a Tragapisto el tercero de la corrida. Escribió Gonzalo Carvajal:

Como me gustó la tarde de Andrés Vázquez, arropado por los gritos de «¡Torero, torero, torero!» al regresar al burladero de matadores tras haber sabido ser el templario de Villalpando y al despedirse Andrés de la «laguna» de Las Ventas, saliendo por la puerta grande...

Por su parte, Antonio Bienvenida fue cariñosamente arropado por la afición de su Madrid. Así lo vio Díaz – Cañabate

Alterna la izquierda con la derecha incansablemente. A Bienvenida las dos manos le sirven para torear con ayudados por bajo y por alto. La gente estaba extrañada. ¿Qué es eso?, se preguntaban algunos. ¡Oye, pues es bonito! Por mi parte estaba pasando, ¡la de años que no veía ligar unos ayudados por bajo y otros por alto! Era como un papirotazo a la monotonía. ¡Qué baldón para los toreros jóvenes, que en los linderos del medio siglo, sea Antonio Bienvenida el que aporte algo diferente a la rutina conquistadora de orejas! Por fortuna la faena diferente de Antonio Bienvenida finaliza asimismo de manera distinta. No hubo oreja, sólo vuelta al ruedo, porque Antonio descabella cuatro veces y esto no lo toleran los rutinarios...

Un San Isidro con signatura mexicana

El 15 de mayo Antonio Lomelín había abierto la Puerta de Madrid con los urcolas de Alonso Moreno, la tarde que apadrinó la confirmación de Curro Vázquez. El 20 de mayo, Eloy Cavazos confirmaría su alternativa y abriría él también esa codiciada puerta. El día 22 siguiente, se lidiaría por primera vez en la historia de la plaza madrileña un encierro mexicano, de Mimiahuápam, y Antonio Lomelín le cortaría la oreja al segundo, Cariñoso y el cuarto Amistoso, sería homenajeado con la vuelta al ruedo de sus despojos. Dentro de la misma feria, el 25 de mayo, Curro Rivera reclamaría otra vez la atención, al cortar una oreja a los toros del Duque de Pinohermoso que le tocaron en el sorteo.

La presencia de México culminaría en la Corrida de la Beneficencia, celebrada el jueves 3 de junio de ese 1971, anunciándose un cartel idéntico al de la corrida de la confirmación de Curro Rivera, pero, al haber sido herido Andrés Vázquez en la corrida isidril del 30 de mayo, terminó dándose un mano a mano entre padrino y ahijado con los toros de Felipe Bartolomé, mismo que representó la salida en hombros para el hijo de Fermín el de San Luis, asunto del que ya me he ocupado por estas páginas virtuales.

domingo, 10 de mayo de 2026

10 de mayo de 1957: José Ramón Tirado confirma su alternativa en Madrid

José Ramón Tirado, Julio Aparicio y Antoñete
Foto: Martín Santos Yubero - Archivo Comunidad de Madrid

José Ramón Tirado llegó a España de la mano de Rafael Sánchez El Pipo hace 70 años. El diestro de Mazatlán y el apoderado nacido en Córdoba eran proclives a realizar acciones que llamaran la atención, por los medios que fueran. Javier Manzano, autor de un interesante libro titulado Antoñete. La tauromaquia de la movida, en su página personal al referirse al encuentro de El Pipo con Tirado, escribe:

Su primera peripecia, añagaza y osadía la perpetró a finales de los 50 con el mexicano José Ramón Tirado a quien para darle a conocer en España le inventó la siguiente historia contada por él mismo: “iba a llegar Franco de un viaje y llamé a Tirado para que sacase un billete de avión para ese mismo día pero que no viajase. En el aeropuerto estaba toda la prensa esperando al Caudillo y yo a través de un fotógrafo amigo hice correr el rumor de que el torero que llegaba ese día no lo haría porque se había tirado del avión. Al momento todos los periodistas estaban a mi alrededor y yo inventando la historia; al día siguiente todo el mundo conocía a Tirado. Pero no me quedé ahí, sino que la seguí alimentando y un par de días después me inventé que un barco había rescatado al torero en alta mar y que aquello era un milagro. Tirado volvió a llenar páginas de periódicos y revistas, y esa temporada todo el mundo quería verle torear...

Ese aparente desacato le valió para que José Ramón toreara esa campaña 42 novilladas, quedando cuarto en ese escalafón, detrás solamente de Chamaco, Jaime Ostos y Curro Girón y le permitió recibir la alternativa el 12 de octubre de ese mismo año en la Mérida extremeña, apadrinándole Litri y llevando el testimonio de Antonio Ordóñez. El toro de la ceremonia se llamó Cuellolargo y fue de don Manuel González.

José Ramón Tirado regresó a torear el invierno a México, y confirmó su alternativa en la capital con el toro Remador de La Laguna, volviendo a ser su padrino Miguel Báez Litri, y fungiendo como testigo el Güero Miguel Ángel García.

El San Isidro de 1957

Rafael Sánchez El Pipo, tenía su manera de resolver las cosas. José Ramón Tirado ya tenía cierto predicamento en Madrid, porque allí se había presentado el 8 de julio del año anterior, y le cortó una oreja al primero de su lote; reapareció cuatro días después y se volvió a llevar una oreja del que cerró plaza y en su tercera oportunidad, el 29 de ese mismo mes de julio le cortó las dos orejas al tercero de la tarde, de Garro y Díaz Guerra.

Esa cadena de triunfos en la Villa y Corte la vendió bien don Rafael y le escrituró tres tardes para ese San Isidro del 57. Creo importante anotar aquí que Joselito Huerta, figura cimentada, apenas logró firmar una en esa feria. La confirmación de la alternativa en la apertura de la feria, con Julio Aparicio y Antoñete; la reaparición al día siguiente, con Aparicio otra vez y Manolo Vázquez y cerraría ese serial el 17 de mayo con Manolo Vázquez y Gregorio Sánchez. Y los toros eran los que exigían las figuras, por su orden, de doña Eusebia Galache, Atanasio Fernández y Barcial. Iba colocado como figura del toreo, aunque tuviera todo que demostrar.

José Ramón Tirado en su confirmación

Al final de cuentas Tirado no logró asegundar los éxitos que como novillero firmó la temporada anterior. Hay una amplia gama de apreciaciones entre los cronistas de aquellos días, pero todos coinciden en el hecho de que, ya no realizó el toreo destinado a conectar con los tendidos que le caracterizó en las presentaciones anteriores. Escribe Juan León en su crónica para el diario madrileño Arriba:

Este mejicano supo conquistarse grandes sectores de opinión con sus actuaciones novilleriles en el coso de las Ventas. Se le recibió, pues, con agrado, y él supo en sus primeras intervenciones con el capote hacerse aplaudir con fuerza, sobre todo, en su primer quite, echándose el capote a la espalda y pasándose muy cerca a su enemigo. Se 1e aplaudió también en la solemnidad de la confirmación, cuando Julio Aparicio le hizo entrega de las armas toricidas... Brindó al público y se fue al toro para citarle con el pase cambiado que tanto le acreditó en esta plaza: adelantar la muleta por delante y sacarla luego por la espalda, cuando el toro llega a jurisdicción. Siguió con dos ayudados por alto y uno de pecho. Citó con la derecha, y al segundo pase en redondo se le llevó el toro la muleta, cuajando seguidamente una buena serie de esta misma clase. Cambió de mano y logró tres naturales y el de pecho. Las embestidas de la res eran tardas y nada alegres, desluciendo los buenos deseos del diestro. Aliñó, para un pinchazo y una estocada desprendida, escuchando palmas y algún pitito...

Por su parte, Antonio Bellón, titular de la crónica taurina en el diario Pueblo, refiere:

A Tirado, un alboroto emocionante de ovaciones, sus ceñidísimas y reposadas gaoneras le dejaron su boyantillo primer toro donde más aire hacía: en la boca de riego. Su vaciarse el toro por la espalda tras angustiosa espera arrancó aclamaciones. Luego, en lucha contra viento y marea, salía airoso en redondeados redondos, y ovacionado, matando pronto, y en el huidizo sexto, acosadísimos los rehileteros, al borde del percance el Portero de Méjico, los focos encendidos, el público frío y enfriado, el espada en su macheteo preventivo no estudiaba la embestida del toro, mató aliviado, y al embotársele el verduguillo, se llevó un recado...

Y por su parte, Manuel Casanova, director del semanario El Ruedo, firmando como Emecé, refiere:

Entre el explicable nerviosismo en la tarde de confirmación de su alternativa, entre el viento que tanta desconfianza pone en los toreros, y entre que los toros que le correspondieron no fueron de los de «faena hecha», lo cierto es que la primera actuación del mejicano José Ramón Tirado como matador de toros en Madrid resultó bastante deslucida... En diestros cuya casi única tecla es la emoción, cuando ésta falta, se desvanece poco menos que en absoluto la posibilidad del éxito. Así le ocurrió en la tarde del viernes a Tirado. Salvo unas verónicas al toro de su alternativa y un ceñido quite por gaoneras, y más tarde en la faena de muleta una serie de redondos con la mano derecha, sus restantes intervenciones carecieron de brillantez. Todo lo sacrificaba en su primera faena a dar ese pase espectacular de adelantar la muleta por delante y sacarla por la espalda, en el que destacó su personalidad como novillero. Lo dio al fin, aunque a destiempo. Lo demás ya fue cuesta abajo. Unos pases discretos, un pinchazo y una estocada desprendida pusieron fin al trance de la confirmación, que la hizo con «Medianejo», número 80, berrendo en negro...

Por lo relatado en las crónicas que se transcriben, tal pareciera que la afición de Madrid esperaba al torero explosivo, que procuraba el hacer pirotécnico, exclusivamente de cara a la galería, para celebrar su hacer en el ruedo. Pero, por otra parte, también se puede apreciar que los elementos jugaron a la contra en el hacer del torero, que se vio afectado por el viento y las naturales incomodidades que éste produce.

El condicionamiento de una campaña

Las dos tardes que le restaban a José Ramón Tirado en Madrid no le resultaron triunfales tampoco, lo que condicionó en mucho el desarrollo de su temporada española del año 57, misma que cerró apenas con 6 tardes, las tres de Madrid, dos en Barcelona y una final en Palma de Mallorca el 9 de julio de ese año, con la que concluyó su paso por los ruedos hispanos.

A mediados de agosto, ya estaba toreando en plazas de México.

Una remembranza de El Pipo

Decía al principio de estas líneas que Rafael Sánchez Ortiz El Pipo, fue el artífice de la sorpresiva irrupción de José Ramón Tirado en ruedos de España, pero ese apoyo no fue gratuito. Observando su desarrollo como apoderado, he adquirido la impresión de que sabía descubrir toreros, llevando de las capeas o de las tapias a diestros como El Cordobés, José Fuentes o Curro Vázquez. Dirigiendo las carreras de otros toreros que dejaron historia como José María Clavel, José María Montilla, Paco Pallarés, o Antonio Ruiz Espartaco padre. Entre los nuestros, aparte de Tirado, también llevó las cosas de Manuel Capetillo.

Normalmente recordamos a El Pipo por las cuestiones que lo vinculan con la picaresca que se infiltra en esta fiesta – como la anécdota que cuenta Manzano –, pero era un aficionado sagaz, que sabía ver las virtudes de los aspirantes a toreros y no paraba en mientes para tratar de que llegaran a ser figuras del toreo.

Ser apoderado de toreros es algo más que ser un administrador. El ejemplo de El Pipo creo que lo deja claro.

domingo, 3 de mayo de 2026

3 de mayo de 1931: Alberto Balderas confirma su alternativa en Madrid

La temporada española de 1930 vio llegar allá a varios novilleros mexicanos que después escribieron páginas importantes en la historia del toreo. Jesús Solórzano, Carnicerito de México y quien ocupará el espacio de este domingo, Alberto Balderas, quien después sería conocido como El Torero de México. De los nombrados, fue el que más festejos toreó esa campaña, presentándose en 28 tardes y haciéndolo en las principales plazas de España y actuando en las plazas de Barcelona, Madrid, Sevilla, Bilbao, Murcia y Alicante, entre las de más renombre.

La conclusión de ese andar entre los novilleros le permitió recibir la alternativa en Morón de la Frontera el 19 de septiembre de ese año.

Le apadrinó Manolo Bienvenida y ofició como testigo el gitano malagueño Andrés Mérida, cediéndosele al toro Hocicudo de Guadalest. La terna completa tuvo un sino trágico. Padrino y testigo murieron muy jóvenes, a causa de enfermedades y El Torero de México, en las astas de los toros. Cuenta don Armando de María y Campos:

Muchos cronistas sevillanos fueron a Morón de la Frontera a cumplir su cometido... conviene usar la que publicó esa misma noche el diario sevillano “La Unión”. Es una reseña breve, espontánea, de simple información y por ello, valiosísima... Se ha celebrado la tercera corrida de feria, que tenía el aliciente de la alternativa del novillero mexicano Alberto Balderas. Como padrino del nuevo doctor figuraba el joven maestro en lides taurómacas Manolo Bienvenida... El lleno es rebosante. Primero. – Balderas ejecuta cuatro verónicas muy templadas y artísticas... Después coge las banderillas y coloca un par de frente muy bueno; otro de poder a poder y el tercero al cambio... Manolo Bienvenida, con el ceremonial de rigor, doctora al mexicano... Balderas inicia su faena de muleta con un pase al natural; otro, rodilla en tierra, los dos de calidad excelente. Sigue muy valiente y artista y en cuanto iguala el toro atiza un espadazo en hueso. Repite con una gran estocada que tumba al toro. (Ovación grande y oreja). También da el diestro la vuelta al ruedo para recoger los aplausos del público...

Después de esa tarde, Balderas torea en Olivenza, Quintanar de la Orden, Oporto, plaza en la que tenía gran cartel y cierra su campaña europea en Lisboa, para regresar a México y prepararse para actuar en la temporada del Toreo de la Condesa.

La confirmación madrileña

Para el año de 1931, Alberto Balderas y Jesús Solórzano volverían a España para tratar de confirmar sus alternativas en Madrid. En esa tesitura, la de Balderas quedó pactada para la cuarta corrida del abono, a celebrarse el domingo 3 de mayo de 1931. Al efecto, se anunció un encierro del Marqués de Villamarta para Cayetano Ordóñez Niño de la Palma, el valenciano Vicente Barrera y Alberto Balderas, quien confirmaría su alternativa.

Los toros que se lidiaron

Al final de cuentas, de la corrida de Villamarta solamente se corrieron cuatro de los toros anunciados. El segundo y el sexto de la función fueron devueltos después de salir al ruedo, por debilidad manifiesta, dicen la mayoría de las crónicas. En primer lugar, cito la de Federico Morena, quien en el diario Heraldo de Madrid, salido al día siguiente de la corrida, reflexionó lo siguiente:

El marqués de Villamarta va también, como el abono madrileño, de mal en peor. Fracasó en Sevilla y ha fracasado ayer, de modo más rotundo, en Madrid. Los toros de esta cuarta y menguada corrida fueron desiguales, y tan chicos algunos que no arrancaron 1a protesta porque encubrieron la pequeñez del cuerpo con el tamaño de la armadura. Por lo demás, hubo toros de fea «construcción» y altos de agujas, y tampoco demostró el ganadero gran escrúpulo en cuanto a la edad de los cornúpetos... ¡Verdad, marqués, que se deslizó en la corrida más de un utrerillo! El toro que abrió plaza, «Giraldillo», fue, sin duda, excelente para el ganadero, pues derribó, y derribó con fuerza, las cuatro veces que arremetió contra los caballos; pero, ciertamente, no tuvo buen estilo para los infantes. No doblaba con franqueza por el lado derecho, se tapó en banderillas y, en fin, llegó al tercio final un poco huido... El segundo, cojo, fue sustituido por un boyancón, admirablemente criado, eso sí, de D. Manuel Aleas... Nos engañó el tercero, de verdad. Lanzóse al salir sobre los peones como un rayo y dobló admirablemente, y con inmejorable estilo, a diestra y siniestra; pero al instante se fue del capote de Barrera varias veces, con marcada tendencia a los chiqueros. Se vencía un poco por el lado derecho. Dolióse al castigo, Y llegó a la muerte aplomadote da puro soso... Del cuarto no se puede decir que honrase al ganadero. Fue un toro poco boyante. Se arrancó bien a los caballos, pero con muy poca codicia, y en la hora suprema mostróse incierto y «esaborío»... El quinto, «Maquinista», fue un toro «imberbe». Se dejó torear mejor que sus hermanitos. ¡La juventud!... E1 sexto, chico también, nos resultó cojo. Y fue una verdadera lástima, porque se comía, materialmente, el capote, y Balderas le toreó a la verónica gracioso y artístico. El sustituto, ¡oh dolor!, fue otro buey de la señora viuda de Soler... Demostrado queda que el marqués de Villamarta fracasó en Madrid... Aquí se demuestra casi todo...

Por su parte, César Jalón Clarito en el número de El Liberal salido el 5 de mayo siguiente, dijo:

¡Villalón, Villagodio, Villamarta, Villarroel! ... De esta pesada retahíla – pesadilla de la fiesta hace diez o doce años – han desaparecido los Villalón y Villagodio. Dos de Villarroel apenas se lidian. Y quedan únicamente en el morcado loe toros de Villamarta. De éstas fueron los de la peor corrida de feria de Sevilla y los de la cuarta corrida del abono, digamos padecida mejor que celebrada, el domingo, en Madrid… Mal de presentación. Cuatro con el tipo exigible; pero dos que ni aun disfrazados con cabezas dé toro podían admitirse, Mal de estado físico – y eso que este año no hay glosopeda –. Hubo que retirar del ruedo el segundo y el sexto porque no se tenían en pie y sustituirlos con uno de Aleas y otro de Soler. Y peor que de todo de bravura. verdad que cumplieron en el tercio de varas y algunos hasta recargaron. Cumplen ya todos los toros- ¡Todos! Hasta ese de Aleas, que no quería nada con nadie. Hasta el de Soler, que salía rebrincando de las varas, con más peligro en las patas que en las astas. Todos cumplen ya. Y cuanto más mansos, antes y mejor, porque se saca rara vez la suerte a su sitio, a la raya del tercio, y casi nunca se hace limpiamente y sin acoso; los mansos, aquerenciados con las tablas, se encuentran en ellas los puyazos, no sólo sin buscarlos, sino cuando creen que van huyendo de ellos...

De acuerdo con lo escrito por los cronistas, el encierro no era de los que podría permitir a los toreros mayores florituras. 

La corrida de la confirmación

Ya hablaba Federico Morena de que la temporada iba con malos rumbos. La entrada fue aceptable, pero la plaza no se llenó y los toros, salvo uno – el quinto – se encargaron de hacer que la tarde fuera casi soporífera. Y el mismo cronista del Heraldo de Madrid dejó dicho que el toro con el que Balderas confirmó su alternativa se llamó Giraldillo y casi toda la prensa madrileña trató al confirmante despiadadamente, en una gama de tonalidades – casi todos en un breve párrafo – que oscilaban entre el considerarlo un indocumentado, hasta aquella que dejó en blanco y negro que su paso por el ruedo madrileño de esa tarde, estuvo dominada por el miedo. Pero también hubo opiniones ecuánimes, más desarrolladas y fundadas. Entre ellas está la de Maximiliano Clavo Corinto y Oro, quien en el diario La Voz, salido al día siguiente de la corrida, escribió:

Mala suerte la del mejicano Balderas en una tarde tan importante para él como la de la confirmación de su alternativa en Madrid. El Balderas aquel de agradables recuerdos por su fino estilo de torero en su etapa novilleril no pudo ayer mantener el prestigio que un día conquistara, se le vio muchos ratos animoso, como se le vio también apuntar lo que otras veces le vimos en momentos determinados. De los ocho lances que dio a su primer toro, en tres cargó la suerte y templó como cumplía a sus buenas maneras. Cogió banderillas (mal hecho, porque el bicho tenía fuerza, pero no alegría) y sólo consiguió demostrar un buen deseo en el único par que clavó. Comenzó bien la faena de muleta, estropeada luego por el viento, que dejaba descubierto al lidiador, y por un gañafón peligroso que le tiró el Villamarta. Con decisión arrancó a matar dos veces, dando un pinchazo hondo en la primera y una corta buena, en un viaje honrado, en la segunda. (Aplausos) … En último lugar se las entendió el mejicano con el bicho de Soler, un sardo descaradote de pitones que embistió muy poco y con muy mal estilo. De la sesión de lances apuntamos a Balderas dos con relativa elegancia. Huido el morlaco, imposibilitó todo lucimiento en quites. Otro destello de buena voluntad, en un par de banderillas, que, como en el otro, tampoco debió coger, porque el enemigo no se prestaba. Balderas comenzó por bajo, cerca y bien la faena de muleta. Nos gustó un pase de pecho y nos agradó su propósito de torear al natural; nada más que el propósito, porque el “género” no estaba para estas exquisiteces. Procuró luego “tirar” del boyancón pisándole su terreno casi entre los pitones, pero no cristalizó el afán del diestro por buscar aplausos entre los pitones y las pezuñas del bicho se quedó enredada tres veces la muleta. Hay días aciagos y los dioses se recrean en que estos días sean los en que el viento debiera soplar más favorablemente. Tres pinchazos y otro desarme; por fin, dos intentos de descabello, clavando en el último un palmo de estoque. Lo dicho: hay días aciagos. Balderas es joven, es fuerte y sabe torear; lo ha demostrado. Otra corrida, dos toros, no dos mulos con los que haya que andar a trastazos, y el Balderas de los buenos recuerdos recientes quizá vuelva a resurgir en su verdadera salsa...

Corinto y Oro deja bien claro que, ni el de Villamarta – ganadería titular –, ni el sobrero de la Viuda de Soler eran toros para conseguir lucimiento, aunque también reconoce que el confirmante, en su intento de agradar a la afición de Madrid, realizó algunas cosas que no venían al caso.

Por su parte Federico Morena en el Heraldo de Madrid, de la misma fecha, relató:

El mejicano Balderas, buen torerito indiscutiblemente, refrendó su alternativa en la fiesta de ayer. No tuvo suerte con su lote. Es decir, si el público hubiese aceptado el sexto toro, quizá hubiera promovido un «escándalo», porque, a juzgar por lo que vimos, era un toro «de carril». Pero llovía sobre mojado y al «respetable» se le habían hinchado las narices, con razón. Lo sensible es que pagó las consecuencias el que menos culpa tenía... De cualquier modo, Balderas está donde estaba. Ni ha perdido ni ha ganado en la estimación del público con la corrida de ayer. Salió del paso decorosamente... y hasta la próxima. Pero a lo largo de la corrida pudimos saborear algunos lances a la verónica plenos de gracia y de enjundia torera, como aquellos que sacó en un quite durante la lidia del primer toro y, con especialidad, los que dio al sexto, impecables, en que apenas el público, entregado a la protesta airada, paró seguramente... Con la muleta no puede decirse que estuvo mal, dada la índole de sus toros. Al contrario, mostróse valeroso, y en algunos momentos estuvo sobre las circunstancias. Tengo anotados en su haber muletazos de positivo mérito, que el público, justiciero siempre, jaleó sin reservas. Pero he de recomendar al neófito que sujete mejor la muleta, para evitar los desarmes tan continuados y que tanto deslucen una faena... Balderas no pudo ayer demostrar sus condiciones de excelentísimo banderillero. En sus dos toros tomó los rehiletes, y en ambos tuvo que contentarse con poner un solo par decorosamente.  El buey de la viuda desarmaba de un modo atroz. No era posible meterle mano, y el incipiente espada respiró fuerte cuando le vio doblar… Esperemos la repetición para juzgar a Balderas, en definitiva. Ayer, repitámoslo, ni ha perdido ni ha ganado en la estimación del público...

La línea de razonamiento de Morena es similar a la del cronista de La Voz, en el sentido de que Alberto Balderas intentó estar por encima de las condiciones de los dos toros que le salieron, sin que ese esfuerzo se recompensara con lucimiento. 

La realidad es que ambos relatores dejan en claro una cuestión, lo realizado en esa tarde era del mérito suficiente para volverle a ver con otro tipo de ganado, que al menos en el papel, pudiera garantizarle la posibilidad de hacer el toreo que mostró en sus presentaciones allí como novillero.

De lo que terminó perdiéndose Madrid

Al final de cuentas, la afición de Madrid y la de España entera, no tuvo la ocasión de ver a Alberto Balderas en plenitud. Él fue un torero que, como Silverio Pérez – toda proporción guardada – nos lo quedamos para nosotros en toda su grandeza. Y eso es algo que nadie nos puede disputar.

domingo, 26 de abril de 2026

26 de abril de 1964: Joaquín Bernadó se lleva el Cristo Negro del Encino en la Plaza de Toros San Marcos

En 1964 se sintió pronto el boom de la presencia de El Cordobés en México, el balance final del año reflejaría casi un diez por ciento de incremento en el número total de festejos celebrados en el país con relación al año anterior. En Aguascalientes, donde Manuel Benítez actuó dos tardes al principio del calendario, también se observó un aumento importante en la cantidad de festejos ofrecidos durante el año, porque se dieron en total cinco corridas de toros, cinco novilladas y un par de festivales benéficos. 

Aparte de la presencia del Huracán de Palma del Río, habrá que señalar que se levantaba el interés por los en ese entonces jóvenes matadores Raúl García y Jaime Rangel y el arranque de las carreras de los hijos de Jesús Solórzano, Fermín Espinosa Armillita y Alfonso Ramírez Calesero, quienes representaban un auténtico atractivo en el escalafón novilleril.

Así, la Feria de San Marcos de ese año del 64 constó de cuatro festejos, tres corridas de toros y una novillada, siendo el cierre del serial, programado para el domingo 26 de abril la corrida en la que, los seis espadas contratados para actuar en los dos festejos anteriores, se disputarían el trofeo que sería una réplica del Cristo Negro del Encino, donado por la radiodifusora XEYZ, propiedad de don Jesús Ramírez Gámez, el muy reconocido Abogao, quien fuera un reconocido taurino y apoderado del linarense Humberto Moro.

El avance del festejo

La nota previa al festejo, aparecida en el diario El Sol del Centro el día de la corrida, cuenta entre otras cosas, lo siguiente:

Y por primera ocasión en la historia del toreo en Aguascalientes, el festejo se convierte en un duelo entre seis matadores, disputando la obtención de un trofeo, de un magnífico trofeo: El Cristo Negro del Encino... Calesero, Manuel Capetillo, Humberto Moro, Joaquín Bernadó, Raúl García y Jaime Rangel son los seis espadas que la tarde de hoy saldrán a la arena a pugnar por el triunfo, que llegará aparejado con la conquista de tan hermoso galardón. Porque se trata, en realidad de una bella presea, que, por su calidad artística y por su simbolismo, animará los anhelos del diestro más ambicioso... no olvidemos que los toros a lidiarse hoy son de la ganadería de Santacilia, cuya divisa se cubrió de gloria, en nuestra plaza, en fecha reciente. Precisamente cuando la segunda actuación de El Cordobés...

La nota precisa una cuestión importante, en la corrida del jueves 19 de febrero anterior, la corrida de Santacilia permitió un resonante triunfo tanto a Raúl García, que cortó dos orejas, como a Antonio Campos El Imposible, quien cortó dos orejas al sexto de la corrida. La ganadería de los Obregón Santacilia sin duda pasaba por un momento importante en esos días.

El triunfo de Joaquín Bernadó

El trofeo en disputa fue para Joaquín Bernadó. Su faena al cuarto de la tarde, fue calificada por don Jesús Gómez Medina, en su relación escrita para El Sol del Centro, como la faena de la feria, en la que, entre otras cosas, nos cuenta:

Todo principió con una larga afarolada, de hinojos. Desde este momento, Bernadó puso de relieve que, en contraste con lo hierático de su porte, bajo la chaquetilla se encubría un corazón ambicioso de palmas, con celo de triunfo… Tras del lance de hinojos, Bernadó lo hace de pie, al natural, con verdadero primor. Los aplausos suben de grado y se transforman en rotunda ovación cuando a continuación, el rubio torero hispano prosigue toreando por preciosas chicuelinas, aprovechando a maravillas la docilidad y alegría del de Santacilia... La faena fue prologada con tres pases altos, seguidos de un firmazo desdeñoso. Y, con el refajo en la diestra, prosigue la exhibición de torerismo y de arte... El de Santacilia, cierto, es muy bravo y su embestida de seda. Pero, ¡cómo tira de él y lo templa y lo hace girar en torno suyo, con el exclusivo, preciso, pausado girar de brazos y muleta, Joaquín Bernadó! … El trasteo prosigue. A la serie inicial de derechazos sumáronse, en apretado racimo, los pases naturales tersos, pulidos, algunos de ellos, de dimensiones extraordinarias... A una tanda de naturales síguese otra de más pases en redondo con la derecha, igualmente soberbios en su calidad, igualmente brillantes por su ejecución. Y entre tanto, el de Santacilia embistiendo con idéntica bravura, apresado en el embrujo de una muleta que lo guiaba con suavidad y también con imperio… ¡Y el público de pie, aclamando al gran torero! Porque ya entonces sonaba el grito consagrador: ¡Torero!... ¡Torero! … La faena logra su culminación en los muletazos circulares, prodigio de temple y de mando, precursores del capítulo de adornos... Y en cuanto el bicho cuadró, allá fue el pupilo de "Rayito", tras del acero, para sepultarlo todo en el propio morrillo... La escena, entonces, fue de auténtica apoteosis. Albearon los tendidos pidiendo para Bernadó los máximos trofeos. Y llevando estos en la mano que acababa de escribir el capítulo más brillante de la feria, el diestro hispano recorrió varias veces el ruedo bajo un alud de prendas y entre aclamaciones sin fin... Los despojos del bravo y nobilísimo astado merecieron los honores del arrastre lento. Y su criador también salió a la arena y recorrió el ruedo en compañía de Bernadó...

La faena relatada por don Jesús refleja el hecho de que Joaquín Bernadó comprendió a cabalidad las extraordinarias condiciones del toro que le tocó en suerte y que le valdría alzarse como el triunfador absoluto del festejo.

La gran tarde de Humberto Moro

Aunque la faena de Bernadó resultó ser superior, en el toro anterior, Humberto Moro también hizo un intento serio para llevarse el trofeo a sus vitrinas. Vuelvo a citar el relato de don Jesús:

La determinación de triunfo mostrada la víspera por Humberto Moro, prosiguió ayer haciendo acto de presencia, impulsándolo a la postre, a la conquista de los dos apéndices auriculares del tercero... Fue éste un toro de suave embestida, aunque un tanto tardo para hacerlo. En el primer tercio, lo mejor fue un quite por chicuelinas ceñidísimas... El trasteo de Humberto está constituido exclusivamente, por el toreo en redondo. Con la diestra y también con la otra, la de la máxima valía en estas lides, Moro se pasa al de Santacilia una y muchas veces haciendo gala de su facilidad para correr la mano, llevando muy abajo el engaño... En ocasiones, la desbordada afición del torero determina que no haya limpieza plena en los muletazos. Pero otros, en cambio, brotan límpidos, cuajados de temple y de hondura, acrecentada su longitud por el mando del lidiador... Fue precisamente en los medios del ruedo, donde se producen los mejores pases: una tanda de derechazos estupendos, que pusieron de pie a los espectadores... Tras de todo ello, la estocada completa. Gran ovación, las dos orejas y otras tantas vueltas al ruedo fueron el premio a la gana y al torerismo de Humberto Moro...

El torero de la Izquierda de Oro estableció la marca a superar en esa tarde, y también ratificó ante la afición de esta su tierra adoptiva que seguía teniendo la onza y que podía cambiarla cuando las condiciones así se prestaran.

El resto de la corrida

La crónica de don Jesús Gómez Medina resalta el tesón de Calesero y de Raúl García ante toros que pronto se agarraron al piso; la mala fortuna de Jaime Rangel, que tuvo un toro que se echó a perder después de un puyazo mal pegado que prácticamente lo inutilizó y deja unas líneas de crítica a la indolencia de Manuel Capetillo, quien salió solamente a pasaportar a su toro, para despacharlo de cualquier forma, aunque afirma el cronista “no constituía un problema mayor”.

El trofeo en disputa

En esta tarde el trofeo se entregó a Bernadó en el ruedo al término de la corrida. Años después, el Cristo Negro del Encino se destinaría para premiar al triunfador de la novillada de feria, que reunía a los más destacados de la temporada previa al serial abrileño, hoy una tradición lamentablemente perdida.

domingo, 19 de abril de 2026

18 de abril de 1954: Alfredo Leal recibe la alternativa en Sevilla

Alfredo Leal había sido uno de los triunfadores de la temporada de novilladas de 1952 y eso le valió recibir la alternativa en la Plaza México en la temporada grande siguiente, el domingo 16 de diciembre de 1952. El cartel era inmejorable, pues le apadrinaría Carlos Arruza, en ese momento la principal figura mexicana y el cordobés José María Martorell, quien venía a darse a conocer a nuestra afición y que caló hondo en ella. 

La tarde no fue exitosa para el toricantano y por su parte, el padrino tuvo ocasión de escribir una de las páginas brillantes de su historia en los ruedos con el cuarto de la tarde, nombrado Bardobián por don Daniel Muñoz

Iniciado ya el año de 1953, Alfredo Leal marcha a España, pero no con la intención de confirmar allá su alternativa, sino de torear novilladas para recibir una nueva, con fuerza y reandar el camino en mejores condiciones. Así, se presenta en aquellos ruedos el 5 de junio en Barcelona y logra torear ocho novilladas, de las cuales tres fueron en la Ciudad Condal y otras tres en Madrid. Esa temporada le dejó las cosas preparadas para volver a ser investido matador de toros el calendario siguiente.

La temporada sevillana de 1954

El abono de Sevilla para 1954 comprendía la corrida del Domingo de Resurrección, que sería el 18 de abril, con la actuación del rejoneador Ángel Peralta, Cayetano Ordóñez Niño de la Palma hijo, Manolo Carmona y Alfredo Leal, quien recibiría la alternativa, con toros de Salvador Guardiola para rejones y Tomás Prieto de la Cal para la lidia ordinaria. La Feria de Abril, con cinco corridas de toros, los días 27, 28, 29 y 30 de abril y 1o de mayo y dos novilladas, los días 25 de abril y 2 de mayo. Alfredo Leal iba anunciado en la última de feria, con Rafael Ortega, Niño de la Palma y Dámaso Gómez, y los toros de Joaquín Buendía.

A propósito del llamado toro de Sevilla

Esta fiesta es de toros, y como tal, está condicionada por los que los ganaderos envían a las plazas. Se habla mucho acerca de que si determinadas plazas tienen o aceptan un determinado tipo de toro. El caso de Sevilla es paradigmático, pues el toro que es el ideal de allí, es una verdadera entelequia, indefinible, imposible de conocer y desde mi personal punto de vista, exageradamente acomodado a según quien lo vaya a enfrentar. 

Pues bien, ese Domingo de Resurrección de 1953, don Tomás Prieto de la Cal envió una corrida a Sevilla que en su día fue criticada y hoy seguramente sería anatemizada. Escribe Fernando López Grosso firmando como El Chico del Baratillo en la Hoja del Lunes sevillana del día siguiente al del festejo:

O toro viejo o toreo moderno. – Esta es la verdad cuando tres espadas de la época presente se enfrentan con una corrida del volumen y la edad de los bichos lidiados en la tarde de ayer. La mayor prueba la da el peso que en canal dieron en la romana y que fue así: Primero, 316.900; segundo, 329.800; tercero, 290.400; cuarto, 355,800; quinto, 369,800, y sexto, 338.000. Pudieron observar los aficionados que el toro de este volumen y edad no es el más apropiado para el toreo moderno, hoy del gusto de los más, y no es porque falte valentía en los muchachos, sino porque raras veces este toro sale adaptable para el toreo de hoy, siendo su sentido el principal obstáculo para que se dejen torear, de no ser ajustándose a la lidia de antaño, en la que predominaba la preparación para la muerte. Un primer toro quedado, soso y poco pronto, que, con el segundo, suave y superior a la muleta, fueron los más propios para torear mejor. Los demás, todos iguales, mansos, con fuerza, de peligro por sus arrancadas dudosas. Fue en conjunto, una corrida, peligrosa y difícil para los toreros, por su feo estilo, en los que se destacaron como peores el lote de Manolo Carmona. Poco satisfecho debe estar el señor Prieto de la Cal, que poco ha sabido sostener o reafirmar la procedencia de Sotomayor y Veragua... Y con una corrida así, cabe toda disculpa por cuanto no es poco despacharla con holgura y buenos deseos...

Se atribuye a Domingo Ortega el aforismo de: torear no es pegar pases. De lo que describe López Grosso, da la impresión de que los toros de Prieto de la Cal, tenían mucho para toreárseles, pero no al uso de aquellos días, por esa razón no hubo un resultado triunfal en la tarde.

La actuación de Alfredo Leal

Según a quien se lea, fue Curro Romero o Manolo Martínez el que afirmó que los apéndices son meros retazos de toro. Hoy se reconoce más una oreja ratonera o de paisanaje, que una valoración positiva de una actuación no galardonada por quienes tienen real o presuntivamente, conocimiento de estas cosas. 

Alfredo Leal tuvo una actuación solvente, adecuada a las condiciones de los toros que sacó en el sorteo y haciéndoles las cosas que era posible de acuerdo a sus condiciones. Escribió Gil Gómez Bajuelo, cronista del ABC de Sevilla, en su edición del martes 20 de abril siguiente:

El mejicano Alfredo Leal, a quien Cayetano Ordóñez dio la alternativa en cordial y emotiva ceremonia, cumplió su cometido muy honorablemente, venciendo no sólo las dificultades de sus enemigos, sino la responsabilidad de su presentación en España, en el mes de abril y en una plaza como la de la Maestranza sevillana, cuyo prestigio pone freno en los ánimos más enteros. Leal nos ofreció destellos de su capote en el primero, y muletazos altos, de sabor artístico, en su segundo, estando siempre sereno y sin perder la cara a sus enemigos, sin que los derrotes le hicieran descomponer la figura. Estuvo breve y bien con el estoque, matando al primero de media estocada y de una al segundo. Dejó una buena impresión y se espera con interés su reaparición, en circunstancias más propicias...

Esa buena actuación le valió a Leal el poder confirmar su alternativa al siguiente domingo en Madrid, llevando como padrino al mismo de su alternativa y como testigo a Jerónimo Pimentel, con toros de María Montalvo, cerrando esa temporada española con ocho corridas toreadas.

El devenir de Alfredo Leal

Durante las tres décadas siguientes Alfredo Leal sería un torero que participaría en las principales temporadas y ferias en ambos lados del Atlántico. La pureza de su trazo y la fidelidad a su manera de hacer el toreo, le mantuvieron en el interés de la afición mucho tiempo. En el caso particular de Sevilla siempre fue visto con gusto, tanto, que formó parte de carteles importantes como el mano a mano que toreó en agosto de 1968 con Curro Romero, en el que triunfó, aunque el palco de la autoridad le negara los apéndices, o en la feria de San Miguel de ese mismo año, fue parte del cartel de la despedida de los ruedos de Manolo Vázquez.

No por cualquier cosa, Alfredo Leal fue conocido al poco tiempo de esta alternativa como El Príncipe del Toreo, y es que fue, sin duda, una figura del toreo.

Aviso parroquial: Los resaltados en los textos transcritos son obra imputable exclusivamente a este amanuense, pues no obran así en sus respectivos originales.

domingo, 12 de abril de 2026

Curro Vázquez: ¿el cierre de un círculo?

ABC, Madrid 11/10/1969
El pasado miércoles se anunció el otorgamiento, en Santander tras la convocatoria realizada por el Senado del Reino de España, la Fundación del Toro de Lidia, y las comunidades autónomas de Madrid, Andalucía, Extremadura, Cantabria, Murcia, Comunidad Valenciana, Aragón, Castilla y León, y Castilla - La Mancha y la ciudad autónoma de Melilla, del Premio Nacional de Tauromaquia al matador de toros linarense Curro Vázquez.

Refiere el acta del jurado que calificó la concesión del galardón, entre otras cuestiones, lo siguiente:

...la figura de Curro Vázquez se define por una vida entera de compromiso con la tauromaquia. Su dedicación constante, tanto en los ruedos como fuera de ellos, ha contribuido de manera decisiva a la preservación, defensa y difusión de este patrimonio cultural. Su legado no se limita a su carrera profesional, sino que se extiende a su papel como referente, formador e inspirador de nuevas generaciones...

Sin duda, su paso de ya cerca de seis décadas por el llamado planeta de los toros, le ha permitido hacerse un sitio y transmitir tanto en el ruedo como fuera de él, los valores artísticos y éticos que envuelve esta fiesta que es particular y tradicional de los pueblos hispanos.

12 de octubre de 1969

Para el entonces llamado Día de la Raza, se programó en la muy madrileña plaza de Vista Alegre de Carabanchel, una corrida de toros a beneficio de la Asociación Española de Lucha contra el Cáncer, que en esos días presidía la marquesa de Villaverde. El camino para llegar al anuncio del cartel definitivo fue tortuoso, según cuenta quien firmó como X.X en la crónica aparecida en el diario madrileño Arriba del 14 de octubre de ese 1969:

Mil vicisitudes pasó la corrida de la Lucha contra el Cáncer. El cartel inicial lo formaban Paco Camino y Diego Puerta, con deseos del de Camas de lidiar miuras, que, por lo visto, no fueron encontrados con la debida presentación zootécnica. Después, el percance que sufrió Paco Camino hizo que la organización fuera abajo y se comenzara de nuevo. Esta vez aparecía Curro Romero, que daría la alternativa a Curro Vázquez, con José Fuentes como testigo y toros de Patricio Cunhal...

Es importante hacer notar que todavía en los diarios del día de la corrida se anunciaba el cartel completo del festejo, que a la postre, se vería modificado, porque la corrida portuguesa de Cunhal sería rechazada en el reconocimiento, otra de Tassara tampoco pasaría ese fielato y al final de cuentas se aprobarían cinco toros salmantinos de Barcial y uno de Manuel Francisco Garzón. Ante tal situación, Curro Romero decidió caerse de la combinación, presentando un parte médico. Declaró lo siguiente a Manuel F. Moles, del diario Pueblo, salido al día siguiente de la corrida:

Yo me ofrecí para torear esa corrida completamente gratis; pero el ganado que me dijeron que se iba a lidiar no era el de Cobaleda. Cuando vi los toros me di cuenta de que no iban a embestir y mucho menos servirían para mi estilo de toreo. Si hubieran puesto tres de Cobaleda y tres de Cunhal o de Tassara, si me habría vestido de luces. Yo estoy retirado y me hace mucha ilusión reaparecer en Madrid, pero lo que no admito es un ganado sin garantías...

Curro Romero había terminado abruptamente su campaña en el mes de junio, después de haber sufrido una serie de traspiés en Sevilla, Ronda, Toledo y señaladamente en Palma de Mallorca, donde en solitario, dejó ir en solitario una buena corrida de Salvador Guardiola. Posteriormente anunció su retirada de los ruedos.

En esas condiciones y aprobados los toros de Arturo CobaledaBarcial – y Garzón, los organizadores decidieron dar el festejo en el que Curro Vázquez recibiría la alternativa de manos de su paisano José Fuentes, ambos apoderados por el inefable Rafael Sánchez El Pipo.

A las 5 de la tarde de ese 12 de octubre de hace 57 años, se abrió la puerta de cuadrillas para dar paso al toricantano Curro Vázquez, vestido de blanco y plata y a su padrino José Fuentes, quien llevaba un vestido obispo y oro. Salió esa tarde como sobresaliente el novillero gaditano Rafael Ruiz Paquiqui.

El primer toro de la tarde y que sería el de la ceremonia se llamó Batanero y así lo describió Juan Antonio Pérez Mateos, en su crónica para el diario ABC de Madrid:

Cuando salió el primero, un castaño salpicado, de bonita lámina, con el pelo rizado del morrillo y el testuz, la gente hizo un gesto de admiración: el toro tenía una bella estampa...

A veces, la envoltura no revela la realidad del contenido. Batanero fue un toro que tuvo muchas complicaciones. Cuenta Julio de Urrutia en su crónica para el diario Madrid, salido al día siguiente de la corrida:

El Cobaleda que rompió plaza acusó desde un principio su mansedumbre congénita. Para nada valió que Vázquez, con muy buenas maneras, tratara de encelarlo en su mágico capote con unos lances pintureros y preciosistas. Nada. El burel, obligado por ese mismo capote, entró seis veces a las cabalgaduras de los dos picadores de turno, saliendo suelto y rebrincando de la suerte. El presidente sacó rápido el pañuelo encamado para condenar al manso a banderillas negras...

Curro Vázquez había toreado 50 novilladas en ese año del 69, fue el segundo en el escalafón y si hemos de considerar la tarde de la alternativa como el examen de grado para obtener la dignidad de matador de toros, el tema que le tocó resolver, fue de los más difíciles. Sigue contando Pérez Mateos:

Llega el instante de la alternativa. Curro Vázquez, vestido de blanco y plata, recibe de manos de Fuentes los trastos de matar. Curro comienza muy bien la faena con cuatro doblones. ¡Esperanza de un torero nuevo! Se va a los medios y torea por derechazos. El toro le avisa por el lado derecho, el toro le avisa por el lado derecho. Curro insiste por ese pitón, y al iniciar el derechazo, resulta aparatosamente cogido. El “barcial” lo zarandea espectacularmente. El toro lo hiere, y las asistencias se llevan al nuevo doctor en tauromaquia a la enfermería...

Por su parte, Manuel F. Molés, en su crónica para el diario Pueblo, refiere:

Curro Vázquez dijo su «aquí estoy yo» con unos muletazos de castigo dados por bajo que acabaron en adornos casi en el centro de la plaza, de una plaza que se hundía de aplausos y se rendía admirada. Los «curristas» de Madrid – que son muchos, pese a que no se acabó de llenar el coso –, los aficionados exigentes, los que gustan de jugar el papel de jueces, los que todo lo miran con lupa, se frotaban las manos. ¡Aquí hay torero! Curro Vázquez respondía más allá de lo previsto. Estaba rojo de coraje y se echó la muleta a la diestra. Diez muletazos. Cuatro avisos de cornada… Curro iba para arriba, ganando laureles, hasta que el toro le cogió con saña, le zarandeó, le tiró al suelo, le busco de nuevo y partió su traje blanco y plata para mancharlo de rojo. la cornada era evidente. La plaza, puesta en pie, despedía con una gran ovación a Curro Vázquez. Adiós justo. Curro tuvo agallas para no volver la cara al riesgo y lo aceptó como bueno. Alternativa y cornada…

Por su parte, Julio de Urrutia en su crónica del diario Madrid, relata:

Cierto que el sevillano, a quien Fuentes acababa de ceder los trastos de la ceremonia, se dobló muy bien con el manso de "Barcial". Cierto que instrumentó seguidamente unos pases en redondo, varios por alto y cuatro naturales de verdadero mérito. Pero como él chaval, a fuerza de valentía, no se diera por aludido tras dos avisos que le envió el cornúpeta en otras tantas peligrosas tarascadas, la cogida llegó como infaliblemente tenía que llegar mediante una cornada grave, según el parte facultativo. Con la caída de Vázquez sobre la arena viniéronse abajo también las ilusiones de los aficionados…

Las versiones coinciden en lo esencial, Curro Vázquez no se arredró ante la manifiesta mansedumbre del toro de su alternativa y puso por delante todos sus recursos para intentar instrumentarle una faena, pero la condición del toro terminó por imponerse, hiriendo a su lidiador.

El parte facultativo rendido por el doctor Gómez Lumbreras, responsable de la enfermería de la Chata de Carabanchel, fue el siguiente:

El matador Curro Vázquez presenta una herida por asta de toro en la región perineal derecha, penetrante en la fosa isquio – rectal, que, despegando el recto en una extensión de veinte centímetros, rompe el músculo elevador del ano y fibras del esfínter anal. “Shock” traumático. Grave. Firmado, doctor Gómez Lumbreras.

Por las lesiones causadas, la cornada requirió un tiempo extenso para su recuperación. La temporada ya estaba para su cierre y eso permitiría al torero tener el reposo necesario para restañar sus heridas y preparar su primera campaña como matador de toros.

12 de octubre de 2025

Exactamente 56 años pasaron después de la tarde de la alternativa de Curro Vázquez, cuando en la plaza de Las Ventas se ofreció, dentro del marco de la Feria de Otoño, un festival taurino en recuerdo de Antoñete. En ese festejo, Curro Vázquez y César Rincón fueron, sin lugar a dudas, los toreros que dejaron en claro por qué tienen un sitio en la historia y mostraron, a quienes no tuvieron la fortuna de verlos en su día en los ruedos, lo que es el toreo que se ha dado en llamar “eterno”.

La tarde de Curro Vázquez fue redonda, y a pesar de sus primeros temores de no estar en las condiciones físicas adecuadas para enfrentar un compromiso de esa naturaleza, demostró que todavía estaba en posibilidad de impartir, lo que quizás era su última lección magistral. Escribió Vicente Zabala de la Serna en su crónica para el diario madrileño El Mundo:

Curro Vázquez abrió, de pronto, el túnel del tiempo. De sus 74 años cayó la solera macerada, el toreo de muñecas, con el novillo de Garcigrande – como todos menos el de Morante de la Puebla – dando su guerrita por dentro a derechas y prestándose al temple por su izquierda, a la belleza del toreo a dos manos, a esa trinchera catedralicia, al sabor de la firma de aquel pase memorable. Qué cosas más hermosas. Aquel natural de dormido pulso, este cambio de mano como escultura y aquella media verónica portentosa que ya quedaba lejos. Bramaba la gente con el ole ronco que sale de dentro. Como le salía a Curro -que tan bien leyó las banderas y los terrenos- las maravillas que fue sumando, como un collar de perlas, hasta hacer un todo para recordar. Le metió el brazo con habilidad y la plaza fue un clamor. Las dos orejas dibujaron una sonrisa en la fina tez del maestro…

Como en sus mejores días, Curro Vázquez fue sacado en volandas por la Puerta de Madrid. Los aficionados de su día y los nuevos, que solamente le conocían por los relatos de su tauromaquia se hacen, revivieron unos y conocieron otros, los motivos por los cuales, se le ha tratado inmemorialmente como una de las grandes figuras del toreo de los tiempos recientes y por qué se recurre a él, para preparar a quienes se considera que pueden aspirar a esa categoría.

Todo parece apuntar, tras de la gran tarde del festival otoñal y de la concesión del Premio Nacional de Tauromaquia, que el paso activo por los ruedos de Curro Vázquez ya ha concluido. No se ha pronunciado expresamente en ese sentido, pero las circunstancias así lo permiten suponer.

domingo, 5 de abril de 2026

6 de abril de 1931: Jesús Solórzano confirma su alternativa en Madrid

El lunes 6 de abril de 1931 fue la fecha fijada para la Corrida de la Beneficencia, dice su cartel anunciador, a favor del Hospital Provincial de esta Corte, con un cartel integrado con ocho toros de don Bernardo Escudero Bueno antes del señor Marqués de Albaserrada, para Nicanor Villalta, Joaquín Rodríguez Cagancho, Francisco Vega Gitanillo de Triana y Jesús Solórzano, quien confirmaría la alternativa que recibió en Sevilla el 28 de septiembre del año anterior.

La situación política en España estaba revuelta, había campañas políticas para las elecciones municipales que se celebrarían el siguiente domingo 12, y en las cuales, la historia nos enseña, en las principales urbes de la Península Ibérica, los candidatos de orientación republicana triunfaron en las urnas, hecho que motivó que un par de días después, el Rey Alfonso XIII pactara la entrega del poder a quienes impulsaban la implantación de un estado republicano y su salida del país, pero sin abdicar a su trono. 

Esta Corrida de Beneficencia tiene un acento singular, porque fue la última que se celebró en una España monárquica hasta el 10 de junio de 1976, cuando en la plaza de Las Ventas, los rejoneadores Joaquín Moreno de Silva y Joao Moura, junto con los toreros de a pie Santiago Martín El Viti, Francisco Ruiz Miguel y Julio Robles enfrentaron toros del Conde de Mayalde, Lisardo Sánchez y de Fermín Bohórquez para rejones. A este último festejo asistió don Juan Carlos I con su esposa doña Sofía, sin que exista en la prensa de 1931, relación en el sentido de que Alfonso XIII haya ocurrido a la Plaza de la Carretera de Aragón.

La confirmación de alternativa de Jesús Solórzano

El primer toro de Bernardo Escudero que salió al ruedo fue nombrado Espartero, de pelo negro, y era el que estaba destinado para que quien pasaría a la posteridad como El Rey del Temple ratificara en la capital española su alternativa sevillana. La crónica madrileña en lo general coincide en que el diestro moreliano resolvió esa tarde halagüeñamente, aunque tampoco falta quien vea las cosas de manera negativa. Escribe Federico Morena para el diario Heraldo de Madrid salido a las calles la noche misma del festejo:

Los espadas, aprovechando las buenas condiciones de la res, se lucen en los quites, y el público, complacido, les aplaudo sin regateos… Jesús toma los palos y clava un buen par al cuarteo. (Palmas.) El bicho da en escarbar en la arena. Pero el de Méjico no encuentra dificultades en esta suerte, y prende otros dos pares, cuadrando en la cara y levantando muy bien los brazos. (Ovación.) … Ceremonia de alternativa, Jesús toma los avíos de matar de manos del aragonés. Brinda largo y sale al tercio en busca del de Albaserrada. Un pase ayudado por alto, magnífico… La muleta a la zurda y un natural, perfectamente ejecutado, que liga con el de pecho… Muy torero; sí, señores... Unos pases de buena factura sobre la derecha, y la alegría de unos molinetes. El público, encantado… Cuadra el bicho y el espada arranca derecho; pero se lleva el estoque, luego de un pinchazo hondo, ladeadito. Media estocada atravesadilla y otro pinchazo... Intenta el descabello y acierta al tercer empujón... Esto ha deslucido un poco la faena; pero el espada oye justas palmas...

Por su parte, Maximiliano Clavo Corinto y Oro, en La Voz, también aparecido la noche misma de la corrida, reflexiona:

Se trata de un toro negro, buen mozo y desarrollado de armas. Solórzano le sale al tercio del 1, y parando, templando y mandando admirablemente le pega cinco verónicas y media de las que acreditan a un torero... En el primer quite vuelve a apretarse el hombre, aunque el bicho se le pone por delante en una verónica, y en el segundo se nos aprieta también Villalta; otro quite del mejicano, admirable, cargando la suerte... Solórzano coge los palos, y comienza dibujando un par de frente de los de lujo. Repite con otro idéntico, de profesor, y cierra el tercio con un tercero con los terrenos cambiados, igualmente admirable... ¡Como la seda va el festejo, mi amigo! … Villalta, con las efusiones de rúbrica, entrega los trastos a don Jesús, que empieza con un ayudado estatuario, al que empalma un natural y otro de pecho, superiores. Continúa sobre ambas manos, muy cerca y muy valiente, un poco embarullado de tanto querer apretarse. El público bate aplausos en honor de la valentía y el estilo, aplausos que también merece el toro. En el primer empujón se le va la mano, y resulta un metisaca, y en el segundo, en línea recta, coloca una estocada corta que no hace el daño suficiente. Todavía hay un pinchazo en lo duro, y remata descabellando a la tercera... Estilo y muchas cosas de torero bueno, pero un poco de precipitación en la faena y al matar... Aplausos al torero y al toro...

De quienes salieron al día siguiente del festejo, que coincidieron con la mayoría, está Rafael Hernández y Ramírez de Alda firmando como Rafael, en su tribuna de La Libertad, quien contó:

Con tipo de torero, con seguridad de buen lidiador y con excelente estilo toreó por verónicas al primer toro y remató con quietud en los pies y temple y soltura en los brazos... El público, con ese certero instinto de las muchedumbres, vio desde aquel momento que en el mejicano hay un torero y un artista grande, y se declaró en su favor. Puede decirse que estaba roto el hielo. Hizo luego tres quites muy artísticos, toreando con mucha finura y parándose mucho con los toros... Cuando tomó los trastos de manos de Villalta ya tenía Solórzano ganado al público. Pero faltaba verle con la muleta, que es la piedra de toque del toreo. Y le vimos en una faena breve, pero torera y emocionante. Empezó con un ayudado, haciendo la estatua; siguió con un natural ceñidísimo, que ligó con el de pecho, aún más ceñido, y, entra olés y ovaciones, siguió toreando con la derecha muy artista y muy valiente. Mató de un pinchazo sin soltar, atacando con fe; media tendenciosa, otro pinchazo y un descabello al cuarto intento. No le acompañó la suerte al matar; pero, no obstante, el público le aplaudió con calor, tanto por la buena faena de muleta como para rubricar con su beneplácito la confirmación de la alternativa...

Por su parte, Gregorio Corrochano, en el ABC madrileño también salido al día siguiente del festejo, opina abiertamente en contra de la opinión general:

Decíamos que el primer toro fue excepcional. Yo no conozco el temperamento de Solórzano y no sé la importancia que dará a las cosas; pero supongo que le dará mucha rabia acordarse de este toro. Y lo supongo, porque a mí me ocurrió algo parecido. Verá usted, Solórzano. En una ocasión tropecé con una billetera. Quiero decir, mujer que vende billetes de Lotería. Ya sabe usted lo que porfía una billetera por vender. Otras veces me había porfiado, yo había adquirido y nunca logré premio alguno. Este día me resistí más. Ella, viendo que se escapaba el parroquiano, llegó a meterme un billete en el bolsillo. Decidido como estaba a no claudicar, saqué el billete y se lo devolví imperativo. Pero en este forcejeo había visto el número, un número insignificante de pocos guarismos, y le conservé en la memoria. A los pocos días, al leer un periódico, vi aquel número que me habían metido en el bolsillo y que yo no quise estaba premiado con el gordo. Cada vez que me acuerdo me da mucha rabia. Rechazar el premio gordo, cuando se ha tenido en el bolsillo es horrible. Por esto supongo la rabia que le dará a usted cuando se acuerde del toro de su alternativa en Madrid. Porque ese toro, para un torero, es meterle en el bolsillo el premio gordo. Y usted también lo rechazó. Lo mío tiene la disculpa del jugador quebrantado. Lo de usted era más claro. Para un torero no era difícil ver que aquel toro en Madrid era la reputación y el éxito. El premio gordo, créame usted. ¡Qué faena se pudo hacer! Y después de haber toreado bien de capa y banderilleado con facilidad y aceptación estaba el aplauso esperándole. La faena fue precipitación, falta de sosiego, sin dominio y atropellada; lo que pudo ser grande quedó en vulgar; lo que pudo ser el premio gordo quedó en un premiecillo de treinta pesetas. Buen toro se desaprovechó. Después de visto esto, lo del octavo era de esperar. A salir del paso, a terminar. Lo que me pasa a mí cuando juego a la Lotería; ya no me interesa. Después de haber rechazado el premio gordo... lo mismo me da jugar que no jugar, como a usted le sucedió en el octavo...

Juzga con dureza don Gregorio, quien un par de meses después, tendría ocasión de rectificar, expresamente, cuando le tocara relatar el encuentro de Solórzano con Revistero de Aleas, asunto que ya he tenido ocasión de contar por estas páginas virtuales.

El triunfo de Nicanor Villalta

Todos los cronistas coinciden en que la corrida de Bernardo Escudero fue buena, pero que de ella destacaron dos toros, el primero y el quinto. Este último fue el segundo del lote del aragonés Nicanor Villalta, con el que, terminó alzándose como el triunfador de la tarde. Escribe el ya citado Federico Morena:

QUINTO. – «Banderillo», cárdeno. Saca muchas libras. Y, sin embargo, corretón... Entra Villalta en acción... En el primer quite se echa el capote a la espalda, y nos alegra un poco la existencia con unos lances novedosos y pintureros. ¡Pero Villalta! … Solórzano cierra, el tercio de quites con cuatro lances muy vistosos, rodilla en tierra, que son premiados con nutrida salva de aplausos... Nicanor brinda a Ortega, el nuevo fenómeno, que ocupa, con Dominguín, una barrera del 2... El viento arrecia... Villalta empieza la faena con un pase ayudado por alto, luego da un natural, que liga con el de pecho, magnífico... El viento corta la faena. Moja la muleta y hace un faenón, así, como suena, con pases al natural y de pecho soberanos. Y luego torea en redondo y se mete materialmente en el toro. El público jalea entusiasmado al pundonoroso espada aragonés... Sigue toreando bravamente sobre ambas manos y mete, en fin, un soberano volapié. El toro cae con las cuatro patas por alto... El público, puesto en pie. aclama al baturro, que recibe un regalo del brindado, y algo que para él vale mucho más: las dos orejas y el rabo de «Banderillo» … El entusiasmo que hay en la plaza es indescriptible... ¡Bravo, Villalta! … ¡Viva Aragón! …

Nicanor Villalta fue sacado en hombros de la plaza al finalizar el festejo entre la algarabía de la concurrencia. El torero de Cretas se consolidaba como uno de los toreros favoritos de la afición madrileña.

Cagancho y Gitanillo de Triana

Los dos toreros gitanos también tuvieron su instante de lucimiento esa señalada tarde. Sin redondear ninguno de ellos una faena para la historia, dejaron su impronta en los quites al tercero de la tarde. Contó a sus lectores Federico M. Alcázar en su tribuna de El Imparcial, aparecido al día siguiente de la corrida:

El tercio de quites de los gitanos. – Gitanillo abre el capote en el tercer toro y hace un quite asombroso, inenarrable. Se pica Cagancho y le sigue otro inmenso. Se desborda el entusiasmo, y otra vez repitan loa gitanos el quite entre las aclamaciones de la muchedumbre. El estilo pasa de un capote a otro, depurándose, refinándose hasta lo inverosímil en Gitanillo, y adquiriendo en Cagancho ese colorido y esa gracia gitana que es la nota más acusada de su personalidad y el tono más encendido de su arte. El público los obliga a saludar al cambiar el tercio... Gitanillo vuelve, en el cuarto, a provocar el entusiasmo con el capote, toreando magníficamente...

Por su parte, César Jalón Clarito, en El Liberal, también al día siguiente del festejo, reflexionó sobre este pasaje de la corrida:

Flojo, desanimado el resto de la corrida, aún tuvo, sin embargo, otro momento destacable: el del portentoso tercio de quites de los dos gitanos al toro segundo. Cagancho y Gitanillo, tan parecidos y tan distintos – acontece con su fisonomía física que con su fisonomía artística –, enlabiaron una pintoresca disputa. A un quite del uno contestaba el otro mejorándolo. Así cantan por martinetes. Los lances de Gitanillo, largos, como sacados de un registro más hondo y estirados hasta el no hay más allá. Los de Cagancho, más ricos en garbo y en «color». Por eso digo que pareciendo iguales, son distintos. Ei público, claro, se entusiasmó en grande y loa ovacionó por igual: a los dos mucho…

Las faenas son un todo, pero a veces, un detalle, un lance o un remate se quedan para la memoria. Así le ocurrió ese Lunes de Pascua a los trianeros de la calle del Evangelista y de la calle de la Verbena con su toreo de capa.

A propósito de la Beneficencia

La Corrida de Beneficencia se ha considerado la fecha cumbre de la temporada española. Siempre. Por esa razón se exige para ella un cartel singular, redondo, En 1931 se ofreció en la segunda fecha de la temporada. Escribe Federico M. Alcázar:

De la corrida de Beneficencia, de esta corrida que fue famosa en otros tiempos cuándo había famosos toreros, tampoco queda más que el nombre y algún bello rostro de mujer perdido entre el público municipal y espeso. Perdió su prestigio tradicional y con su prestigio su abolengo. Hoy es una corrida más, con la única diferencia de que se lidian ocho toros y consiguientemente cuesta más dinero… Hasta las mujeres que esperaban esta corrida con impaciencia para lucir la airosa mantilla de blondas, le han vuelto la espalda con un gesto de desdén… Se va perdiendo lo castizo, lo típico, lo racial. El cosmopolitismo tiende a uniformar los pueblos y con los pueblos las costumbres. Los rasgos diferenciales, las virtudes específicas van desapareciendo para dar paso a una civilización aparatosa y sensual. Hombres y mujeres se clasifican por series como productos industriales. Lo grave es que esta clasificación alcanza también a los espíritus… Pero algo queda, al menos en España. Queda la fiesta de más recia, opulenta y viril hermosura del mundo, y con ella ese arrebato de las multitudes que pone en el alma temblores de emoción y en el corazón latidos de angustia...

Las reflexiones que hizo el cronista madrileño hace 95 años no tienen desperdicio, sobre todo aquellas que se refieren a lo que él llama cosmopolitismo y que hogaño entendemos como globalización, cosa que nos trata de igualar, de estandarizar, de convertir, efectivamente, en una especie de productos industriales.

Hoy como ayer, se sigue cumpliendo aquello de que no hay nada nuevo bajo el sol

domingo, 29 de marzo de 2026

29 de marzo de 1964: Joselito Huerta conquista la Rosa Guadalupana en la Plaza México

La corrida Guadalupana

Tengo la impresión de que este festejo conmemorativo surge como reacción nacionalista al tradicional de Covadonga, que se celebraba para conmemorar la Romería anual que organizaba el Centro Asturiano de la capital mexicana y en el que tomaba participación toda la colonia española allí residente. En el Toreo de la Condesa, se registra por primera vez un festejo en honor de la Patrona de México, el 14 de febrero de 1946, cuando el órgano de prensa de la Basílica de Guadalupe aporta el trofeo anunciado como La Rosa de Guadalupe disputado en esa corrida a beneficio del Sanatorio de Toreros y que fue ganado por Fermín Espinosa Armillita en fuerte competencia con Pepín Martín Vázquez.

Ya en la Plaza México y en la década de los cincuenta, cobra cierta carta de naturalidad este festejo, que tendría en la mayor parte de sus ediciones, el generar recursos para las obras de restauración de la Basílica de Guadalupe. Las versiones de 1953 en la que se despidieron Carlos Arruza y Manolo dos Santos y la de 1954, señalan expresamente que las organizó la revista Mañana, dirigida por José Pagés Llergo. Cabe señalar que en ninguna de esas dos corridas se disputó trofeo alguno.

En 1956 la corrida se transformó en una feria de seis festejos, en la que la corrida alusiva se dio el 12 de diciembre y en la que, el trofeo llamado ya Rosa Guadalupana, puesto en concurso fue declarada desierto, por el mal juego de la corrida de Las Huertas y después de concluido el serial, se decidió entregarlo a Antonio Ordóñez por las redondas actuaciones que tuvo en el mismo. 

El festejo retornó hasta 1959 cuando Fernando de los Reyes El Callao se lleva a casa el trofeo y se hará otro hiato de un lustro para llegar al festejo que hoy me ocupa. Posteriormente la corrida se recuperó, celebrándola el día 12 de diciembre, sin trofeo de por medio y resaltan de estas últimas, desde mi particular punto de vista, la celebrada el año 2017, a beneficio de los damnificados por el sismo de septiembre de ese mismo año y la verificada el año 2021, que implicó el retorno de la fiesta de los toros a la Plaza México, después del cierre forzado de la misma por la pandemia de COVID – 19.

Una temporada a plaza partida

Los toros en la Ciudad de México en el ciclo 1963 – 64 se celebraron a plaza partida. Entre el 1o de diciembre de 1963 y el 29 de marzo de 1964, se ofrecieron a la afición la friolera de 32 corridas de toros. 18 en la Plaza México y 14 en el Toreo de Cuatro Caminos y los días 8, 15, 22 y 29 de diciembre de 1963 y 5 y 12 de enero de 1964, se dieron toros en las dos plazas, y las entradas en ambas eran satisfactorias. El eje de la temporada de la México era Paco Camino y el de El Toreo era El Cordobés. Por eso era atractivo ir a cualquiera de los dos cosos, en los que se escribieron tardes dignas de guardarse en los anales de la historia.

La corrida Guadalupana de 1964

La 18ª corrida y final de la temporada de la Plaza México se celebraría el 29 de marzo de ese calendario. Era Domingo de Ramos y existía cierta preocupación acerca de que la entrada fuera a ser floja, porque el periodo vacacional de la Semana Santa ya había arrancado desde la tarde del viernes anterior. De acuerdo con el anuncio de la corrida, los beneficios que produjera serían destinados a las obras del Seminario Menor de Acoxpa, en Tlalpan, que sería puesto en funcionamiento alrededor de un mes después del festejo. El anuncio se hizo sin cartel, el domingo anterior, pero al mediar la semana se dio a conocer que lo integrarían Alfonso Ramírez Calesero, Joselito Huerta, Joaquín Bernadó, Emilio Rodríguez y Jaime Rangel, quienes enfrentarían un encierro de Tequisquiapan, de don Fernando de la Mora Madaleno, quien traía su tercer encierro a la gran plaza (1ª y 11ª) y cuarto a la capital, porque también había enviado otro a El Toreo el 21 de diciembre anterior.

La crónica de don Alfonso de Icaza Ojo en El Redondel de la misma fecha de la corrida, acerca de los toros, señala lo siguiente:

De los toros de esta ganadería, de poco respeto en general, fue bueno el primero, mejor aún el segundo, mansurrón el tercero, aceptable el cuarto, muy bravo el quinto y cegatón el sexto...

Y es que, creo complicado tener cuatro corridas puestas para la capital en una misma temporada, así que, en algún momento, se tendrá que venir así, bajando el listón.

Acerca de la entrada, el mismo Ojo, reflexiona:

A pesar de la mucha gente que ha salido de la metrópoli, a disfrutar de las vacaciones de Semana Santa, hay quórum en la Plaza México, donde con una entrada aceptable en ambos tendidos se celebra la corrida de la Rosa Guadalupana, que habrán de disputarse los seis espadas anunciados, para despachar otros tantos toros de Tequisquiapan...

La faena del triunfo de Joselito Huerta

Joselito Huerta salió con la Rosa Guadalupana en sus manos. La realizó al segundo toro de la tarde, nombrado Rosalito, y al que se le anunciaron 448 kilos de peso. Relata don Alfonso de Icaza:

Brinda su muerte a todo el público y da comienzo a su trasteo sentado en el estribo, en cuya postura da tres pases muy valientes. Toreando bien se lleva a su adversario hasta el tercio, en medio de ruidosos aplausos que crecen de punto cuando después de que no aguantó en un pase citando de largo, liga varios derechazos de buena ejecución. Sin embargo, no está haciendo la faena que esperábamos; ya veremos si después da la nota aguda... Para ello se interpone el aire que determina que el muletazo no sea del todo limpio, pues en ocasiones el diestro queda al descubierto y tiene forzosamente que mejorar su terreno. Cambia de mano y da algunos naturales excelentes, tras de los cuales se queda la res. Más pases izquierdistas, corriendo la mano estupendamente y rematados con un gran pase de pecho... Por fin estamos viendo al Joselito de la temporada anterior... Más naturales tirando del toro magistralmente; nueva interrupción, a nuestro entender, innecesaria, y después de un pase de trinchera instrumenta nuevos derechazos lentos como ellos solos. Entra a matar con fe, y pincha, en parte por quedarse el burel. Nueva ración de tela sobresaliendo un natural estupendo, y una estocada casi hasta el puño, en lo más alto del morrillo, que con la ayuda de los capotes hace doblar, pero sólo momentáneamente, para entregarse definitivamente, para entregarse definitivamente después de largo rato. Ovación, petición de oreja bastante nutrida, concesión de un apéndice auricular y arrastre lento al bravo y noble toro de don Fernando de la Mora. Joselito, a su vez, recorre el anillo, oreja en mano, con aprobación de las mayorías y protestas de la parte más exigente del público... Ya tenemos candidato para el trofeo en disputa...

Fue la única oreja que Joselito Huerta cortó en esa temporada, pero le valió al final para obtener el trofeo en disputa.

Joaquín Bernadó el más cercano competidor

Joaquín Bernadó cerraba su segunda actuación en la temporada de la Plaza México, donde reaparecía después de haberse presentado el 12 de enero anterior, como testigo de la confirmación de Fernando de la Peña. Fue la suya, al decir de Ojo, una faena de altibajos, por el viento que sopló esa tarde, pero siempre dejando la firma de su toreo clásico y puro, que le permitió ser, por muchos años, el diestro español que más corridas de toros había toreado en nuestras plazas:

Ya tenemos s Bernadó brindando a la plaza entera la muerte de “Milagroso”, toro que acude a donde le llaman y con el que puede el espada catalán torear a gusto. Comienza su faena con pases por abajo y se sale luego al tercio pasándose la muleta por la espalda... Cita de largo, ya acortando los terrenos y vuelve al toreo por delante para llevarse a otro sitio a su adversario. Cita para el natural y sus pases resultan desiguales, ya que en unos para y corre la mano y en otros no hace ni una ni otra cosa. Cambia su muleta por otra más pesada para aminorar los efectos del aire, e instrumenta derechazos mucho mejor rematados, ya que el último tiempo de ellos resulta apuradillo... Vuelve a torear con la zurda sin lograr llegarle a la gente, por más que algunos de sus muletazos lleven auténtico mérito. Un pase cambiado, con iniciación por la espalda y remate de frente; otros varios adornos y un buen pase de pecho... El público se distrae en otras cosas, mientras que el torero sigue muleteando cada vez mejor. Mediante un molinete en la propia cara, logra Joaquín que el público reaccione en su favor y como sigue toreando bien y valerosamente, los aplausos se tornan más ruidosos... Manoletinas citando de frente; muleteo por delante, y más de media estocada, ligeramente tendenciosa que requiere el refrendo de certero descabello. Ovación y vuelta al ruedo...

Fue precisamente ese ir y venir de la intensidad de su hacer ante el toro, lo que le impidió cortar apéndices, pero el reconocimiento de la afición se lo llevó en la vuelta al ruedo que pudo dar.

El resto de la corrida

Calesero lució como siempre su toreo de capa y empezó a hilvanar una faena de muleta que prometía ser interesante, hasta que el viento lo descubrió, el toro lo prendió y enseguida las cosas se torcieron para él, terminando su labor entre música de viento. Antonio del Olivar terminó su labor saludando en el tercio, después de que empezara con un brillante toreo de capa, pero con la muleta, su actuación fue a menos. Emilio Rodríguez tuvo momentos brillantes ante el quinto de la corrida, pero no terminó de descifrar lo que había de hacer para cuajar la gran faena, siendo silenciada su labor. Y Jaime Rangel, ante el que cerró el festejo, reparado de la vista, se mostró tesonero, retirándose entre el silencio de la concurrencia.

Al concluir la lidia, se hizo entrega del trofeo en disputa a Joselito Huerta, y refiere el citado Ojo:

El trofeo en disputa, la "Rosa Guadalupana", es otorgado, con justicia, a Joselito Huerta, que es levantado en hombros por medio centenar de capitalistas y aplaudido por el público en general...

Así es como concluyó esta corrida de concurso, en la que el León de Tetela se afianzó como uno de las figuras consentidas de la afición de la capital mexicana.

Aldeanos