domingo, 3 de mayo de 2026

3 de mayo de 1931: Alberto Balderas confirma su alternativa en Madrid

La temporada española de 1930 vio llegar allá a varios novilleros mexicanos que después escribieron páginas importantes en la historia del toreo. Jesús Solórzano, Carnicerito de México y quien ocupará el espacio de este domingo, Alberto Balderas, quien después sería conocido como El Torero de México. De los nombrados, fue el que más festejos toreó esa campaña, presentándose en 28 tardes y haciéndolo en las principales plazas de España y actuando en las plazas de Barcelona, Madrid, Sevilla, Bilbao, Murcia y Alicante, entre las de más renombre.

La conclusión de ese andar entre los novilleros le permitió recibir la alternativa en Morón de la Frontera el 19 de septiembre de ese año.

Le apadrinó Manolo Bienvenida y ofició como testigo el gitano malagueño Andrés Mérida, cediéndosele al toro Hocicudo de Guadalest. La terna completa tuvo un sino trágico. Padrino y testigo murieron muy jóvenes, a causa de enfermedades y El Torero de México, en las astas de los toros. Cuenta don Armando de María y Campos:

Muchos cronistas sevillanos fueron a Morón de la Frontera a cumplir su cometido... conviene usar la que publicó esa misma noche el diario sevillano “La Unión”. Es una reseña breve, espontánea, de simple información y por ello, valiosísima... Se ha celebrado la tercera corrida de feria, que tenía el aliciente de la alternativa del novillero mexicano Alberto Balderas. Como padrino del nuevo doctor figuraba el joven maestro en lides taurómacas Manolo Bienvenida... El lleno es rebosante. Primero. – Balderas ejecuta cuatro verónicas muy templadas y artísticas... Después coge las banderillas y coloca un par de frente muy bueno; otro de poder a poder y el tercero al cambio... Manolo Bienvenida, con el ceremonial de rigor, doctora al mexicano... Balderas inicia su faena de muleta con un pase al natural; otro, rodilla en tierra, los dos de calidad excelente. Sigue muy valiente y artista y en cuanto iguala el toro atiza un espadazo en hueso. Repite con una gran estocada que tumba al toro. (Ovación grande y oreja). También da el diestro la vuelta al ruedo para recoger los aplausos del público...

Después de esa tarde, Balderas torea en Olivenza, Quintanar de la Orden, Oporto, plaza en la que tenía gran cartel y cierra su campaña europea en Lisboa, para regresar a México y prepararse para actuar en la temporada del Toreo de la Condesa.

La confirmación madrileña

Para el año de 1931, Alberto Balderas y Jesús Solórzano volverían a España para tratar de confirmar sus alternativas en Madrid. En esa tesitura, la de Balderas quedó pactada para la cuarta corrida del abono, a celebrarse el domingo 3 de mayo de 1931. Al efecto, se anunció un encierro del Marqués de Villamarta para Cayetano Ordóñez Niño de la Palma, el valenciano Vicente Barrera y Alberto Balderas, quien confirmaría su alternativa.

Los toros que se lidiaron

Al final de cuentas, de la corrida de Villamarta solamente se corrieron cuatro de los toros anunciados. El segundo y el sexto de la función fueron devueltos después de salir al ruedo, por debilidad manifiesta, dicen la mayoría de las crónicas. En primer lugar, cito la de Federico Morena, quien en el diario Heraldo de Madrid, salido al día siguiente de la corrida, reflexionó lo siguiente:

El marqués de Villamarta va también, como el abono madrileño, de mal en peor. Fracasó en Sevilla y ha fracasado ayer, de modo más rotundo, en Madrid. Los toros de esta cuarta y menguada corrida fueron desiguales, y tan chicos algunos que no arrancaron 1a protesta porque encubrieron la pequeñez del cuerpo con el tamaño de la armadura. Por lo demás, hubo toros de fea «construcción» y altos de agujas, y tampoco demostró el ganadero gran escrúpulo en cuanto a la edad de los cornúpetos... ¡Verdad, marqués, que se deslizó en la corrida más de un utrerillo! El toro que abrió plaza, «Giraldillo», fue, sin duda, excelente para el ganadero, pues derribó, y derribó con fuerza, las cuatro veces que arremetió contra los caballos; pero, ciertamente, no tuvo buen estilo para los infantes. No doblaba con franqueza por el lado derecho, se tapó en banderillas y, en fin, llegó al tercio final un poco huido... El segundo, cojo, fue sustituido por un boyancón, admirablemente criado, eso sí, de D. Manuel Aleas... Nos engañó el tercero, de verdad. Lanzóse al salir sobre los peones como un rayo y dobló admirablemente, y con inmejorable estilo, a diestra y siniestra; pero al instante se fue del capote de Barrera varias veces, con marcada tendencia a los chiqueros. Se vencía un poco por el lado derecho. Dolióse al castigo, Y llegó a la muerte aplomadote da puro soso... Del cuarto no se puede decir que honrase al ganadero. Fue un toro poco boyante. Se arrancó bien a los caballos, pero con muy poca codicia, y en la hora suprema mostróse incierto y «esaborío»... El quinto, «Maquinista», fue un toro «imberbe». Se dejó torear mejor que sus hermanitos. ¡La juventud!... E1 sexto, chico también, nos resultó cojo. Y fue una verdadera lástima, porque se comía, materialmente, el capote, y Balderas le toreó a la verónica gracioso y artístico. El sustituto, ¡oh dolor!, fue otro buey de la señora viuda de Soler... Demostrado queda que el marqués de Villamarta fracasó en Madrid... Aquí se demuestra casi todo...

Por su parte, César Jalón Clarito en el número de El Liberal salido el 5 de mayo siguiente, dijo:

¡Villalón, Villagodio, Villamarta, Villarroel! ... De esta pesada retahíla – pesadilla de la fiesta hace diez o doce años – han desaparecido los Villalón y Villagodio. Dos de Villarroel apenas se lidian. Y quedan únicamente en el morcado loe toros de Villamarta. De éstas fueron los de la peor corrida de feria de Sevilla y los de la cuarta corrida del abono, digamos padecida mejor que celebrada, el domingo, en Madrid… Mal de presentación. Cuatro con el tipo exigible; pero dos que ni aun disfrazados con cabezas dé toro podían admitirse, Mal de estado físico – y eso que este año no hay glosopeda –. Hubo que retirar del ruedo el segundo y el sexto porque no se tenían en pie y sustituirlos con uno de Aleas y otro de Soler. Y peor que de todo de bravura. verdad que cumplieron en el tercio de varas y algunos hasta recargaron. Cumplen ya todos los toros- ¡Todos! Hasta ese de Aleas, que no quería nada con nadie. Hasta el de Soler, que salía rebrincando de las varas, con más peligro en las patas que en las astas. Todos cumplen ya. Y cuanto más mansos, antes y mejor, porque se saca rara vez la suerte a su sitio, a la raya del tercio, y casi nunca se hace limpiamente y sin acoso; los mansos, aquerenciados con las tablas, se encuentran en ellas los puyazos, no sólo sin buscarlos, sino cuando creen que van huyendo de ellos...

De acuerdo con lo escrito por los cronistas, el encierro no era de los que podría permitir a los toreros mayores florituras. 

La corrida de la confirmación

Ya hablaba Federico Morena de que la temporada iba con malos rumbos. La entrada fue aceptable, pero la plaza no se llenó y los toros, salvo uno – el quinto – se encargaron de hacer que la tarde fuera casi soporífera. Y el mismo cronista del Heraldo de Madrid dejó dicho que el toro con el que Balderas confirmó su alternativa se llamó Giraldillo y casi toda la prensa madrileña trató al confirmante despiadadamente, en una gama de tonalidades – casi todos en un breve párrafo – que oscilaban entre el considerarlo un indocumentado, hasta aquella que dejó en blanco y negro que su paso por el ruedo madrileño de esa tarde, estuvo dominada por el miedo. Pero también hubo opiniones ecuánimes, más desarrolladas y fundadas. Entre ellas está la de Maximiliano Clavo Corinto y Oro, quien en el diario La Voz, salido al día siguiente de la corrida, escribió:

Mala suerte la del mejicano Balderas en una tarde tan importante para él como la de la confirmación de su alternativa en Madrid. El Balderas aquel de agradables recuerdos por su fino estilo de torero en su etapa novilleril no pudo ayer mantener el prestigio que un día conquistara, se le vio muchos ratos animoso, como se le vio también apuntar lo que otras veces le vimos en momentos determinados. De los ocho lances que dio a su primer toro, en tres cargó la suerte y templó como cumplía a sus buenas maneras. Cogió banderillas (mal hecho, porque el bicho tenía fuerza, pero no alegría) y sólo consiguió demostrar un buen deseo en el único par que clavó. Comenzó bien la faena de muleta, estropeada luego por el viento, que dejaba descubierto al lidiador, y por un gañafón peligroso que le tiró el Villamarta. Con decisión arrancó a matar dos veces, dando un pinchazo hondo en la primera y una corta buena, en un viaje honrado, en la segunda. (Aplausos) … En último lugar se las entendió el mejicano con el bicho de Soler, un sardo descaradote de pitones que embistió muy poco y con muy mal estilo. De la sesión de lances apuntamos a Balderas dos con relativa elegancia. Huido el morlaco, imposibilitó todo lucimiento en quites. Otro destello de buena voluntad, en un par de banderillas, que, como en el otro, tampoco debió coger, porque el enemigo no se prestaba. Balderas comenzó por bajo, cerca y bien la faena de muleta. Nos gustó un pase de pecho y nos agradó su propósito de torear al natural; nada más que el propósito, porque el “género” no estaba para estas exquisiteces. Procuró luego “tirar” del boyancón pisándole su terreno casi entre los pitones, pero no cristalizó el afán del diestro por buscar aplausos entre los pitones y las pezuñas del bicho se quedó enredada tres veces la muleta. Hay días aciagos y los dioses se recrean en que estos días sean los en que el viento debiera soplar más favorablemente. Tres pinchazos y otro desarme; por fin, dos intentos de descabello, clavando en el último un palmo de estoque. Lo dicho: hay días aciagos. Balderas es joven, es fuerte y sabe torear; lo ha demostrado. Otra corrida, dos toros, no dos mulos con los que haya que andar a trastazos, y el Balderas de los buenos recuerdos recientes quizá vuelva a resurgir en su verdadera salsa...

Corinto y Oro deja bien claro que, ni el de Villamarta – ganadería titular –, ni el sobrero de la Viuda de Soler eran toros para conseguir lucimiento, aunque también reconoce que el confirmante, en su intento de agradar a la afición de Madrid, realizó algunas cosas que no venían al caso.

Por su parte Federico Morena en el Heraldo de Madrid, de la misma fecha, relató:

El mejicano Balderas, buen torerito indiscutiblemente, refrendó su alternativa en la fiesta de ayer. No tuvo suerte con su lote. Es decir, si el público hubiese aceptado el sexto toro, quizá hubiera promovido un «escándalo», porque, a juzgar por lo que vimos, era un toro «de carril». Pero llovía sobre mojado y al «respetable» se le habían hinchado las narices, con razón. Lo sensible es que pagó las consecuencias el que menos culpa tenía... De cualquier modo, Balderas está donde estaba. Ni ha perdido ni ha ganado en la estimación del público con la corrida de ayer. Salió del paso decorosamente... y hasta la próxima. Pero a lo largo de la corrida pudimos saborear algunos lances a la verónica plenos de gracia y de enjundia torera, como aquellos que sacó en un quite durante la lidia del primer toro y, con especialidad, los que dio al sexto, impecables, en que apenas el público, entregado a la protesta airada, paró seguramente... Con la muleta no puede decirse que estuvo mal, dada la índole de sus toros. Al contrario, mostróse valeroso, y en algunos momentos estuvo sobre las circunstancias. Tengo anotados en su haber muletazos de positivo mérito, que el público, justiciero siempre, jaleó sin reservas. Pero he de recomendar al neófito que sujete mejor la muleta, para evitar los desarmes tan continuados y que tanto deslucen una faena... Balderas no pudo ayer demostrar sus condiciones de excelentísimo banderillero. En sus dos toros tomó los rehiletes, y en ambos tuvo que contentarse con poner un solo par decorosamente.  El buey de la viuda desarmaba de un modo atroz. No era posible meterle mano, y el incipiente espada respiró fuerte cuando le vio doblar… Esperemos la repetición para juzgar a Balderas, en definitiva. Ayer, repitámoslo, ni ha perdido ni ha ganado en la estimación del público...

La línea de razonamiento de Morena es similar a la del cronista de La Voz, en el sentido de que Alberto Balderas intentó estar por encima de las condiciones de los dos toros que le salieron, sin que ese esfuerzo se recompensara con lucimiento. 

La realidad es que ambos relatores dejan en claro una cuestión, lo realizado en esa tarde era del mérito suficiente para volverle a ver con otro tipo de ganado, que al menos en el papel, pudiera garantizarle la posibilidad de hacer el toreo que mostró en sus presentaciones allí como novillero.

De lo que terminó perdiéndose Madrid

Al final de cuentas, la afición de Madrid y la de España entera, no tuvo la ocasión de ver a Alberto Balderas en plenitud. Él fue un torero que, como Silverio Pérez – toda proporción guardada – nos lo quedamos para nosotros en toda su grandeza. Y eso es algo que nadie nos puede disputar.

domingo, 26 de abril de 2026

26 de abril de 1964: Joaquín Bernadó se lleva el Cristo Negro del Encino en la Plaza de Toros San Marcos

En 1964 se sintió pronto el boom de la presencia de El Cordobés en México, el balance final del año reflejaría casi un diez por ciento de incremento en el número total de festejos celebrados en el país con relación al año anterior. En Aguascalientes, donde Manuel Benítez actuó dos tardes al principio del calendario, también se observó un aumento importante en la cantidad de festejos ofrecidos durante el año, porque se dieron en total cinco corridas de toros, cinco novilladas y un par de festivales benéficos. 

Aparte de la presencia del Huracán de Palma del Río, habrá que señalar que se levantaba el interés por los en ese entonces jóvenes matadores Raúl García y Jaime Rangel y el arranque de las carreras de los hijos de Jesús Solórzano, Fermín Espinosa Armillita y Alfonso Ramírez Calesero, quienes representaban un auténtico atractivo en el escalafón novilleril.

Así, la Feria de San Marcos de ese año del 64 constó de cuatro festejos, tres corridas de toros y una novillada, siendo el cierre del serial, programado para el domingo 26 de abril la corrida en la que, los seis espadas contratados para actuar en los dos festejos anteriores, se disputarían el trofeo que sería una réplica del Cristo Negro del Encino, donado por la radiodifusora XEYZ, propiedad de don Jesús Ramírez Gámez, el muy reconocido Abogao, quien fuera un reconocido taurino y apoderado del linarense Humberto Moro.

El avance del festejo

La nota previa al festejo, aparecida en el diario El Sol del Centro el día de la corrida, cuenta entre otras cosas, lo siguiente:

Y por primera ocasión en la historia del toreo en Aguascalientes, el festejo se convierte en un duelo entre seis matadores, disputando la obtención de un trofeo, de un magnífico trofeo: El Cristo Negro del Encino... Calesero, Manuel Capetillo, Humberto Moro, Joaquín Bernadó, Raúl García y Jaime Rangel son los seis espadas que la tarde de hoy saldrán a la arena a pugnar por el triunfo, que llegará aparejado con la conquista de tan hermoso galardón. Porque se trata, en realidad de una bella presea, que, por su calidad artística y por su simbolismo, animará los anhelos del diestro más ambicioso... no olvidemos que los toros a lidiarse hoy son de la ganadería de Santacilia, cuya divisa se cubrió de gloria, en nuestra plaza, en fecha reciente. Precisamente cuando la segunda actuación de El Cordobés...

La nota precisa una cuestión importante, en la corrida del jueves 19 de febrero anterior, la corrida de Santacilia permitió un resonante triunfo tanto a Raúl García, que cortó dos orejas, como a Antonio Campos El Imposible, quien cortó dos orejas al sexto de la corrida. La ganadería de los Obregón Santacilia sin duda pasaba por un momento importante en esos días.

El triunfo de Joaquín Bernadó

El trofeo en disputa fue para Joaquín Bernadó. Su faena al cuarto de la tarde, fue calificada por don Jesús Gómez Medina, en su relación escrita para El Sol del Centro, como la faena de la feria, en la que, entre otras cosas, nos cuenta:

Todo principió con una larga afarolada, de hinojos. Desde este momento, Bernadó puso de relieve que, en contraste con lo hierático de su porte, bajo la chaquetilla se encubría un corazón ambicioso de palmas, con celo de triunfo… Tras del lance de hinojos, Bernadó lo hace de pie, al natural, con verdadero primor. Los aplausos suben de grado y se transforman en rotunda ovación cuando a continuación, el rubio torero hispano prosigue toreando por preciosas chicuelinas, aprovechando a maravillas la docilidad y alegría del de Santacilia... La faena fue prologada con tres pases altos, seguidos de un firmazo desdeñoso. Y, con el refajo en la diestra, prosigue la exhibición de torerismo y de arte... El de Santacilia, cierto, es muy bravo y su embestida de seda. Pero, ¡cómo tira de él y lo templa y lo hace girar en torno suyo, con el exclusivo, preciso, pausado girar de brazos y muleta, Joaquín Bernadó! … El trasteo prosigue. A la serie inicial de derechazos sumáronse, en apretado racimo, los pases naturales tersos, pulidos, algunos de ellos, de dimensiones extraordinarias... A una tanda de naturales síguese otra de más pases en redondo con la derecha, igualmente soberbios en su calidad, igualmente brillantes por su ejecución. Y entre tanto, el de Santacilia embistiendo con idéntica bravura, apresado en el embrujo de una muleta que lo guiaba con suavidad y también con imperio… ¡Y el público de pie, aclamando al gran torero! Porque ya entonces sonaba el grito consagrador: ¡Torero!... ¡Torero! … La faena logra su culminación en los muletazos circulares, prodigio de temple y de mando, precursores del capítulo de adornos... Y en cuanto el bicho cuadró, allá fue el pupilo de "Rayito", tras del acero, para sepultarlo todo en el propio morrillo... La escena, entonces, fue de auténtica apoteosis. Albearon los tendidos pidiendo para Bernadó los máximos trofeos. Y llevando estos en la mano que acababa de escribir el capítulo más brillante de la feria, el diestro hispano recorrió varias veces el ruedo bajo un alud de prendas y entre aclamaciones sin fin... Los despojos del bravo y nobilísimo astado merecieron los honores del arrastre lento. Y su criador también salió a la arena y recorrió el ruedo en compañía de Bernadó...

La faena relatada por don Jesús refleja el hecho de que Joaquín Bernadó comprendió a cabalidad las extraordinarias condiciones del toro que le tocó en suerte y que le valdría alzarse como el triunfador absoluto del festejo.

La gran tarde de Humberto Moro

Aunque la faena de Bernadó resultó ser superior, en el toro anterior, Humberto Moro también hizo un intento serio para llevarse el trofeo a sus vitrinas. Vuelvo a citar el relato de don Jesús:

La determinación de triunfo mostrada la víspera por Humberto Moro, prosiguió ayer haciendo acto de presencia, impulsándolo a la postre, a la conquista de los dos apéndices auriculares del tercero... Fue éste un toro de suave embestida, aunque un tanto tardo para hacerlo. En el primer tercio, lo mejor fue un quite por chicuelinas ceñidísimas... El trasteo de Humberto está constituido exclusivamente, por el toreo en redondo. Con la diestra y también con la otra, la de la máxima valía en estas lides, Moro se pasa al de Santacilia una y muchas veces haciendo gala de su facilidad para correr la mano, llevando muy abajo el engaño... En ocasiones, la desbordada afición del torero determina que no haya limpieza plena en los muletazos. Pero otros, en cambio, brotan límpidos, cuajados de temple y de hondura, acrecentada su longitud por el mando del lidiador... Fue precisamente en los medios del ruedo, donde se producen los mejores pases: una tanda de derechazos estupendos, que pusieron de pie a los espectadores... Tras de todo ello, la estocada completa. Gran ovación, las dos orejas y otras tantas vueltas al ruedo fueron el premio a la gana y al torerismo de Humberto Moro...

El torero de la Izquierda de Oro estableció la marca a superar en esa tarde, y también ratificó ante la afición de esta su tierra adoptiva que seguía teniendo la onza y que podía cambiarla cuando las condiciones así se prestaran.

El resto de la corrida

La crónica de don Jesús Gómez Medina resalta el tesón de Calesero y de Raúl García ante toros que pronto se agarraron al piso; la mala fortuna de Jaime Rangel, que tuvo un toro que se echó a perder después de un puyazo mal pegado que prácticamente lo inutilizó y deja unas líneas de crítica a la indolencia de Manuel Capetillo, quien salió solamente a pasaportar a su toro, para despacharlo de cualquier forma, aunque afirma el cronista “no constituía un problema mayor”.

El trofeo en disputa

En esta tarde el trofeo se entregó a Bernadó en el ruedo al término de la corrida. Años después, el Cristo Negro del Encino se destinaría para premiar al triunfador de la novillada de feria, que reunía a los más destacados de la temporada previa al serial abrileño, hoy una tradición lamentablemente perdida.

domingo, 19 de abril de 2026

18 de abril de 1954: Alfredo Leal recibe la alternativa en Sevilla

Alfredo Leal había sido uno de los triunfadores de la temporada de novilladas de 1952 y eso le valió recibir la alternativa en la Plaza México en la temporada grande siguiente, el domingo 16 de diciembre de 1952. El cartel era inmejorable, pues le apadrinaría Carlos Arruza, en ese momento la principal figura mexicana y el cordobés José María Martorell, quien venía a darse a conocer a nuestra afición y que caló hondo en ella. 

La tarde no fue exitosa para el toricantano y por su parte, el padrino tuvo ocasión de escribir una de las páginas brillantes de su historia en los ruedos con el cuarto de la tarde, nombrado Bardobián por don Daniel Muñoz

Iniciado ya el año de 1953, Alfredo Leal marcha a España, pero no con la intención de confirmar allá su alternativa, sino de torear novilladas para recibir una nueva, con fuerza y reandar el camino en mejores condiciones. Así, se presenta en aquellos ruedos el 5 de junio en Barcelona y logra torear ocho novilladas, de las cuales tres fueron en la Ciudad Condal y otras tres en Madrid. Esa temporada le dejó las cosas preparadas para volver a ser investido matador de toros el calendario siguiente.

La temporada sevillana de 1954

El abono de Sevilla para 1954 comprendía la corrida del Domingo de Resurrección, que sería el 18 de abril, con la actuación del rejoneador Ángel Peralta, Cayetano Ordóñez Niño de la Palma hijo, Manolo Carmona y Alfredo Leal, quien recibiría la alternativa, con toros de Salvador Guardiola para rejones y Tomás Prieto de la Cal para la lidia ordinaria. La Feria de Abril, con cinco corridas de toros, los días 27, 28, 29 y 30 de abril y 1o de mayo y dos novilladas, los días 25 de abril y 2 de mayo. Alfredo Leal iba anunciado en la última de feria, con Rafael Ortega, Niño de la Palma y Dámaso Gómez, y los toros de Joaquín Buendía.

A propósito del llamado toro de Sevilla

Esta fiesta es de toros, y como tal, está condicionada por los que los ganaderos envían a las plazas. Se habla mucho acerca de que si determinadas plazas tienen o aceptan un determinado tipo de toro. El caso de Sevilla es paradigmático, pues el toro que es el ideal de allí, es una verdadera entelequia, indefinible, imposible de conocer y desde mi personal punto de vista, exageradamente acomodado a según quien lo vaya a enfrentar. 

Pues bien, ese Domingo de Resurrección de 1953, don Tomás Prieto de la Cal envió una corrida a Sevilla que en su día fue criticada y hoy seguramente sería anatemizada. Escribe Fernando López Grosso firmando como El Chico del Baratillo en la Hoja del Lunes sevillana del día siguiente al del festejo:

O toro viejo o toreo moderno. – Esta es la verdad cuando tres espadas de la época presente se enfrentan con una corrida del volumen y la edad de los bichos lidiados en la tarde de ayer. La mayor prueba la da el peso que en canal dieron en la romana y que fue así: Primero, 316.900; segundo, 329.800; tercero, 290.400; cuarto, 355,800; quinto, 369,800, y sexto, 338.000. Pudieron observar los aficionados que el toro de este volumen y edad no es el más apropiado para el toreo moderno, hoy del gusto de los más, y no es porque falte valentía en los muchachos, sino porque raras veces este toro sale adaptable para el toreo de hoy, siendo su sentido el principal obstáculo para que se dejen torear, de no ser ajustándose a la lidia de antaño, en la que predominaba la preparación para la muerte. Un primer toro quedado, soso y poco pronto, que, con el segundo, suave y superior a la muleta, fueron los más propios para torear mejor. Los demás, todos iguales, mansos, con fuerza, de peligro por sus arrancadas dudosas. Fue en conjunto, una corrida, peligrosa y difícil para los toreros, por su feo estilo, en los que se destacaron como peores el lote de Manolo Carmona. Poco satisfecho debe estar el señor Prieto de la Cal, que poco ha sabido sostener o reafirmar la procedencia de Sotomayor y Veragua... Y con una corrida así, cabe toda disculpa por cuanto no es poco despacharla con holgura y buenos deseos...

Se atribuye a Domingo Ortega el aforismo de: torear no es pegar pases. De lo que describe López Grosso, da la impresión de que los toros de Prieto de la Cal, tenían mucho para toreárseles, pero no al uso de aquellos días, por esa razón no hubo un resultado triunfal en la tarde.

La actuación de Alfredo Leal

Según a quien se lea, fue Curro Romero o Manolo Martínez el que afirmó que los apéndices son meros retazos de toro. Hoy se reconoce más una oreja ratonera o de paisanaje, que una valoración positiva de una actuación no galardonada por quienes tienen real o presuntivamente, conocimiento de estas cosas. 

Alfredo Leal tuvo una actuación solvente, adecuada a las condiciones de los toros que sacó en el sorteo y haciéndoles las cosas que era posible de acuerdo a sus condiciones. Escribió Gil Gómez Bajuelo, cronista del ABC de Sevilla, en su edición del martes 20 de abril siguiente:

El mejicano Alfredo Leal, a quien Cayetano Ordóñez dio la alternativa en cordial y emotiva ceremonia, cumplió su cometido muy honorablemente, venciendo no sólo las dificultades de sus enemigos, sino la responsabilidad de su presentación en España, en el mes de abril y en una plaza como la de la Maestranza sevillana, cuyo prestigio pone freno en los ánimos más enteros. Leal nos ofreció destellos de su capote en el primero, y muletazos altos, de sabor artístico, en su segundo, estando siempre sereno y sin perder la cara a sus enemigos, sin que los derrotes le hicieran descomponer la figura. Estuvo breve y bien con el estoque, matando al primero de media estocada y de una al segundo. Dejó una buena impresión y se espera con interés su reaparición, en circunstancias más propicias...

Esa buena actuación le valió a Leal el poder confirmar su alternativa al siguiente domingo en Madrid, llevando como padrino al mismo de su alternativa y como testigo a Jerónimo Pimentel, con toros de María Montalvo, cerrando esa temporada española con ocho corridas toreadas.

El devenir de Alfredo Leal

Durante las tres décadas siguientes Alfredo Leal sería un torero que participaría en las principales temporadas y ferias en ambos lados del Atlántico. La pureza de su trazo y la fidelidad a su manera de hacer el toreo, le mantuvieron en el interés de la afición mucho tiempo. En el caso particular de Sevilla siempre fue visto con gusto, tanto, que formó parte de carteles importantes como el mano a mano que toreó en agosto de 1968 con Curro Romero, en el que triunfó, aunque el palco de la autoridad le negara los apéndices, o en la feria de San Miguel de ese mismo año, fue parte del cartel de la despedida de los ruedos de Manolo Vázquez.

No por cualquier cosa, Alfredo Leal fue conocido al poco tiempo de esta alternativa como El Príncipe del Toreo, y es que fue, sin duda, una figura del toreo.

Aviso parroquial: Los resaltados en los textos transcritos son obra imputable exclusivamente a este amanuense, pues no obran así en sus respectivos originales.

domingo, 12 de abril de 2026

Curro Vázquez: ¿el cierre de un círculo?

ABC, Madrid 11/10/1969
El pasado miércoles se anunció el otorgamiento, en Santander tras la convocatoria realizada por el Senado del Reino de España, la Fundación del Toro de Lidia, y las comunidades autónomas de Madrid, Andalucía, Extremadura, Cantabria, Murcia, Comunidad Valenciana, Aragón, Castilla y León, y Castilla - La Mancha y la ciudad autónoma de Melilla, del Premio Nacional de Tauromaquia al matador de toros linarense Curro Vázquez.

Refiere el acta del jurado que calificó la concesión del galardón, entre otras cuestiones, lo siguiente:

...la figura de Curro Vázquez se define por una vida entera de compromiso con la tauromaquia. Su dedicación constante, tanto en los ruedos como fuera de ellos, ha contribuido de manera decisiva a la preservación, defensa y difusión de este patrimonio cultural. Su legado no se limita a su carrera profesional, sino que se extiende a su papel como referente, formador e inspirador de nuevas generaciones...

Sin duda, su paso de ya cerca de seis décadas por el llamado planeta de los toros, le ha permitido hacerse un sitio y transmitir tanto en el ruedo como fuera de él, los valores artísticos y éticos que envuelve esta fiesta que es particular y tradicional de los pueblos hispanos.

12 de octubre de 1969

Para el entonces llamado Día de la Raza, se programó en la muy madrileña plaza de Vista Alegre de Carabanchel, una corrida de toros a beneficio de la Asociación Española de Lucha contra el Cáncer, que en esos días presidía la marquesa de Villaverde. El camino para llegar al anuncio del cartel definitivo fue tortuoso, según cuenta quien firmó como X.X en la crónica aparecida en el diario madrileño Arriba del 14 de octubre de ese 1969:

Mil vicisitudes pasó la corrida de la Lucha contra el Cáncer. El cartel inicial lo formaban Paco Camino y Diego Puerta, con deseos del de Camas de lidiar miuras, que, por lo visto, no fueron encontrados con la debida presentación zootécnica. Después, el percance que sufrió Paco Camino hizo que la organización fuera abajo y se comenzara de nuevo. Esta vez aparecía Curro Romero, que daría la alternativa a Curro Vázquez, con José Fuentes como testigo y toros de Patricio Cunhal...

Es importante hacer notar que todavía en los diarios del día de la corrida se anunciaba el cartel completo del festejo, que a la postre, se vería modificado, porque la corrida portuguesa de Cunhal sería rechazada en el reconocimiento, otra de Tassara tampoco pasaría ese fielato y al final de cuentas se aprobarían cinco toros salmantinos de Barcial y uno de Manuel Francisco Garzón. Ante tal situación, Curro Romero decidió caerse de la combinación, presentando un parte médico. Declaró lo siguiente a Manuel F. Moles, del diario Pueblo, salido al día siguiente de la corrida:

Yo me ofrecí para torear esa corrida completamente gratis; pero el ganado que me dijeron que se iba a lidiar no era el de Cobaleda. Cuando vi los toros me di cuenta de que no iban a embestir y mucho menos servirían para mi estilo de toreo. Si hubieran puesto tres de Cobaleda y tres de Cunhal o de Tassara, si me habría vestido de luces. Yo estoy retirado y me hace mucha ilusión reaparecer en Madrid, pero lo que no admito es un ganado sin garantías...

Curro Romero había terminado abruptamente su campaña en el mes de junio, después de haber sufrido una serie de traspiés en Sevilla, Ronda, Toledo y señaladamente en Palma de Mallorca, donde en solitario, dejó ir en solitario una buena corrida de Salvador Guardiola. Posteriormente anunció su retirada de los ruedos.

En esas condiciones y aprobados los toros de Arturo CobaledaBarcial – y Garzón, los organizadores decidieron dar el festejo en el que Curro Vázquez recibiría la alternativa de manos de su paisano José Fuentes, ambos apoderados por el inefable Rafael Sánchez El Pipo.

A las 5 de la tarde de ese 12 de octubre de hace 57 años, se abrió la puerta de cuadrillas para dar paso al toricantano Curro Vázquez, vestido de blanco y plata y a su padrino José Fuentes, quien llevaba un vestido obispo y oro. Salió esa tarde como sobresaliente el novillero gaditano Rafael Ruiz Paquiqui.

El primer toro de la tarde y que sería el de la ceremonia se llamó Batanero y así lo describió Juan Antonio Pérez Mateos, en su crónica para el diario ABC de Madrid:

Cuando salió el primero, un castaño salpicado, de bonita lámina, con el pelo rizado del morrillo y el testuz, la gente hizo un gesto de admiración: el toro tenía una bella estampa...

A veces, la envoltura no revela la realidad del contenido. Batanero fue un toro que tuvo muchas complicaciones. Cuenta Julio de Urrutia en su crónica para el diario Madrid, salido al día siguiente de la corrida:

El Cobaleda que rompió plaza acusó desde un principio su mansedumbre congénita. Para nada valió que Vázquez, con muy buenas maneras, tratara de encelarlo en su mágico capote con unos lances pintureros y preciosistas. Nada. El burel, obligado por ese mismo capote, entró seis veces a las cabalgaduras de los dos picadores de turno, saliendo suelto y rebrincando de la suerte. El presidente sacó rápido el pañuelo encamado para condenar al manso a banderillas negras...

Curro Vázquez había toreado 50 novilladas en ese año del 69, fue el segundo en el escalafón y si hemos de considerar la tarde de la alternativa como el examen de grado para obtener la dignidad de matador de toros, el tema que le tocó resolver, fue de los más difíciles. Sigue contando Pérez Mateos:

Llega el instante de la alternativa. Curro Vázquez, vestido de blanco y plata, recibe de manos de Fuentes los trastos de matar. Curro comienza muy bien la faena con cuatro doblones. ¡Esperanza de un torero nuevo! Se va a los medios y torea por derechazos. El toro le avisa por el lado derecho, el toro le avisa por el lado derecho. Curro insiste por ese pitón, y al iniciar el derechazo, resulta aparatosamente cogido. El “barcial” lo zarandea espectacularmente. El toro lo hiere, y las asistencias se llevan al nuevo doctor en tauromaquia a la enfermería...

Por su parte, Manuel F. Molés, en su crónica para el diario Pueblo, refiere:

Curro Vázquez dijo su «aquí estoy yo» con unos muletazos de castigo dados por bajo que acabaron en adornos casi en el centro de la plaza, de una plaza que se hundía de aplausos y se rendía admirada. Los «curristas» de Madrid – que son muchos, pese a que no se acabó de llenar el coso –, los aficionados exigentes, los que gustan de jugar el papel de jueces, los que todo lo miran con lupa, se frotaban las manos. ¡Aquí hay torero! Curro Vázquez respondía más allá de lo previsto. Estaba rojo de coraje y se echó la muleta a la diestra. Diez muletazos. Cuatro avisos de cornada… Curro iba para arriba, ganando laureles, hasta que el toro le cogió con saña, le zarandeó, le tiró al suelo, le busco de nuevo y partió su traje blanco y plata para mancharlo de rojo. la cornada era evidente. La plaza, puesta en pie, despedía con una gran ovación a Curro Vázquez. Adiós justo. Curro tuvo agallas para no volver la cara al riesgo y lo aceptó como bueno. Alternativa y cornada…

Por su parte, Julio de Urrutia en su crónica del diario Madrid, relata:

Cierto que el sevillano, a quien Fuentes acababa de ceder los trastos de la ceremonia, se dobló muy bien con el manso de "Barcial". Cierto que instrumentó seguidamente unos pases en redondo, varios por alto y cuatro naturales de verdadero mérito. Pero como él chaval, a fuerza de valentía, no se diera por aludido tras dos avisos que le envió el cornúpeta en otras tantas peligrosas tarascadas, la cogida llegó como infaliblemente tenía que llegar mediante una cornada grave, según el parte facultativo. Con la caída de Vázquez sobre la arena viniéronse abajo también las ilusiones de los aficionados…

Las versiones coinciden en lo esencial, Curro Vázquez no se arredró ante la manifiesta mansedumbre del toro de su alternativa y puso por delante todos sus recursos para intentar instrumentarle una faena, pero la condición del toro terminó por imponerse, hiriendo a su lidiador.

El parte facultativo rendido por el doctor Gómez Lumbreras, responsable de la enfermería de la Chata de Carabanchel, fue el siguiente:

El matador Curro Vázquez presenta una herida por asta de toro en la región perineal derecha, penetrante en la fosa isquio – rectal, que, despegando el recto en una extensión de veinte centímetros, rompe el músculo elevador del ano y fibras del esfínter anal. “Shock” traumático. Grave. Firmado, doctor Gómez Lumbreras.

Por las lesiones causadas, la cornada requirió un tiempo extenso para su recuperación. La temporada ya estaba para su cierre y eso permitiría al torero tener el reposo necesario para restañar sus heridas y preparar su primera campaña como matador de toros.

12 de octubre de 2025

Exactamente 56 años pasaron después de la tarde de la alternativa de Curro Vázquez, cuando en la plaza de Las Ventas se ofreció, dentro del marco de la Feria de Otoño, un festival taurino en recuerdo de Antoñete. En ese festejo, Curro Vázquez y César Rincón fueron, sin lugar a dudas, los toreros que dejaron en claro por qué tienen un sitio en la historia y mostraron, a quienes no tuvieron la fortuna de verlos en su día en los ruedos, lo que es el toreo que se ha dado en llamar “eterno”.

La tarde de Curro Vázquez fue redonda, y a pesar de sus primeros temores de no estar en las condiciones físicas adecuadas para enfrentar un compromiso de esa naturaleza, demostró que todavía estaba en posibilidad de impartir, lo que quizás era su última lección magistral. Escribió Vicente Zabala de la Serna en su crónica para el diario madrileño El Mundo:

Curro Vázquez abrió, de pronto, el túnel del tiempo. De sus 74 años cayó la solera macerada, el toreo de muñecas, con el novillo de Garcigrande – como todos menos el de Morante de la Puebla – dando su guerrita por dentro a derechas y prestándose al temple por su izquierda, a la belleza del toreo a dos manos, a esa trinchera catedralicia, al sabor de la firma de aquel pase memorable. Qué cosas más hermosas. Aquel natural de dormido pulso, este cambio de mano como escultura y aquella media verónica portentosa que ya quedaba lejos. Bramaba la gente con el ole ronco que sale de dentro. Como le salía a Curro -que tan bien leyó las banderas y los terrenos- las maravillas que fue sumando, como un collar de perlas, hasta hacer un todo para recordar. Le metió el brazo con habilidad y la plaza fue un clamor. Las dos orejas dibujaron una sonrisa en la fina tez del maestro…

Como en sus mejores días, Curro Vázquez fue sacado en volandas por la Puerta de Madrid. Los aficionados de su día y los nuevos, que solamente le conocían por los relatos de su tauromaquia se hacen, revivieron unos y conocieron otros, los motivos por los cuales, se le ha tratado inmemorialmente como una de las grandes figuras del toreo de los tiempos recientes y por qué se recurre a él, para preparar a quienes se considera que pueden aspirar a esa categoría.

Todo parece apuntar, tras de la gran tarde del festival otoñal y de la concesión del Premio Nacional de Tauromaquia, que el paso activo por los ruedos de Curro Vázquez ya ha concluido. No se ha pronunciado expresamente en ese sentido, pero las circunstancias así lo permiten suponer.

domingo, 5 de abril de 2026

6 de abril de 1931: Jesús Solórzano confirma su alternativa en Madrid

El lunes 6 de abril de 1931 fue la fecha fijada para la Corrida de la Beneficencia, dice su cartel anunciador, a favor del Hospital Provincial de esta Corte, con un cartel integrado con ocho toros de don Bernardo Escudero Bueno antes del señor Marqués de Albaserrada, para Nicanor Villalta, Joaquín Rodríguez Cagancho, Francisco Vega Gitanillo de Triana y Jesús Solórzano, quien confirmaría la alternativa que recibió en Sevilla el 28 de septiembre del año anterior.

La situación política en España estaba revuelta, había campañas políticas para las elecciones municipales que se celebrarían el siguiente domingo 12, y en las cuales, la historia nos enseña, en las principales urbes de la Península Ibérica, los candidatos de orientación republicana triunfaron en las urnas, hecho que motivó que un par de días después, el Rey Alfonso XIII pactara la entrega del poder a quienes impulsaban la implantación de un estado republicano y su salida del país, pero sin abdicar a su trono. 

Esta Corrida de Beneficencia tiene un acento singular, porque fue la última que se celebró en una España monárquica hasta el 10 de junio de 1976, cuando en la plaza de Las Ventas, los rejoneadores Joaquín Moreno de Silva y Joao Moura, junto con los toreros de a pie Santiago Martín El Viti, Francisco Ruiz Miguel y Julio Robles enfrentaron toros del Conde de Mayalde, Lisardo Sánchez y de Fermín Bohórquez para rejones. A este último festejo asistió don Juan Carlos I con su esposa doña Sofía, sin que exista en la prensa de 1931, relación en el sentido de que Alfonso XIII haya ocurrido a la Plaza de la Carretera de Aragón.

La confirmación de alternativa de Jesús Solórzano

El primer toro de Bernardo Escudero que salió al ruedo fue nombrado Espartero, de pelo negro, y era el que estaba destinado para que quien pasaría a la posteridad como El Rey del Temple ratificara en la capital española su alternativa sevillana. La crónica madrileña en lo general coincide en que el diestro moreliano resolvió esa tarde halagüeñamente, aunque tampoco falta quien vea las cosas de manera negativa. Escribe Federico Morena para el diario Heraldo de Madrid salido a las calles la noche misma del festejo:

Los espadas, aprovechando las buenas condiciones de la res, se lucen en los quites, y el público, complacido, les aplaudo sin regateos… Jesús toma los palos y clava un buen par al cuarteo. (Palmas.) El bicho da en escarbar en la arena. Pero el de Méjico no encuentra dificultades en esta suerte, y prende otros dos pares, cuadrando en la cara y levantando muy bien los brazos. (Ovación.) … Ceremonia de alternativa, Jesús toma los avíos de matar de manos del aragonés. Brinda largo y sale al tercio en busca del de Albaserrada. Un pase ayudado por alto, magnífico… La muleta a la zurda y un natural, perfectamente ejecutado, que liga con el de pecho… Muy torero; sí, señores... Unos pases de buena factura sobre la derecha, y la alegría de unos molinetes. El público, encantado… Cuadra el bicho y el espada arranca derecho; pero se lleva el estoque, luego de un pinchazo hondo, ladeadito. Media estocada atravesadilla y otro pinchazo... Intenta el descabello y acierta al tercer empujón... Esto ha deslucido un poco la faena; pero el espada oye justas palmas...

Por su parte, Maximiliano Clavo Corinto y Oro, en La Voz, también aparecido la noche misma de la corrida, reflexiona:

Se trata de un toro negro, buen mozo y desarrollado de armas. Solórzano le sale al tercio del 1, y parando, templando y mandando admirablemente le pega cinco verónicas y media de las que acreditan a un torero... En el primer quite vuelve a apretarse el hombre, aunque el bicho se le pone por delante en una verónica, y en el segundo se nos aprieta también Villalta; otro quite del mejicano, admirable, cargando la suerte... Solórzano coge los palos, y comienza dibujando un par de frente de los de lujo. Repite con otro idéntico, de profesor, y cierra el tercio con un tercero con los terrenos cambiados, igualmente admirable... ¡Como la seda va el festejo, mi amigo! … Villalta, con las efusiones de rúbrica, entrega los trastos a don Jesús, que empieza con un ayudado estatuario, al que empalma un natural y otro de pecho, superiores. Continúa sobre ambas manos, muy cerca y muy valiente, un poco embarullado de tanto querer apretarse. El público bate aplausos en honor de la valentía y el estilo, aplausos que también merece el toro. En el primer empujón se le va la mano, y resulta un metisaca, y en el segundo, en línea recta, coloca una estocada corta que no hace el daño suficiente. Todavía hay un pinchazo en lo duro, y remata descabellando a la tercera... Estilo y muchas cosas de torero bueno, pero un poco de precipitación en la faena y al matar... Aplausos al torero y al toro...

De quienes salieron al día siguiente del festejo, que coincidieron con la mayoría, está Rafael Hernández y Ramírez de Alda firmando como Rafael, en su tribuna de La Libertad, quien contó:

Con tipo de torero, con seguridad de buen lidiador y con excelente estilo toreó por verónicas al primer toro y remató con quietud en los pies y temple y soltura en los brazos... El público, con ese certero instinto de las muchedumbres, vio desde aquel momento que en el mejicano hay un torero y un artista grande, y se declaró en su favor. Puede decirse que estaba roto el hielo. Hizo luego tres quites muy artísticos, toreando con mucha finura y parándose mucho con los toros... Cuando tomó los trastos de manos de Villalta ya tenía Solórzano ganado al público. Pero faltaba verle con la muleta, que es la piedra de toque del toreo. Y le vimos en una faena breve, pero torera y emocionante. Empezó con un ayudado, haciendo la estatua; siguió con un natural ceñidísimo, que ligó con el de pecho, aún más ceñido, y, entra olés y ovaciones, siguió toreando con la derecha muy artista y muy valiente. Mató de un pinchazo sin soltar, atacando con fe; media tendenciosa, otro pinchazo y un descabello al cuarto intento. No le acompañó la suerte al matar; pero, no obstante, el público le aplaudió con calor, tanto por la buena faena de muleta como para rubricar con su beneplácito la confirmación de la alternativa...

Por su parte, Gregorio Corrochano, en el ABC madrileño también salido al día siguiente del festejo, opina abiertamente en contra de la opinión general:

Decíamos que el primer toro fue excepcional. Yo no conozco el temperamento de Solórzano y no sé la importancia que dará a las cosas; pero supongo que le dará mucha rabia acordarse de este toro. Y lo supongo, porque a mí me ocurrió algo parecido. Verá usted, Solórzano. En una ocasión tropecé con una billetera. Quiero decir, mujer que vende billetes de Lotería. Ya sabe usted lo que porfía una billetera por vender. Otras veces me había porfiado, yo había adquirido y nunca logré premio alguno. Este día me resistí más. Ella, viendo que se escapaba el parroquiano, llegó a meterme un billete en el bolsillo. Decidido como estaba a no claudicar, saqué el billete y se lo devolví imperativo. Pero en este forcejeo había visto el número, un número insignificante de pocos guarismos, y le conservé en la memoria. A los pocos días, al leer un periódico, vi aquel número que me habían metido en el bolsillo y que yo no quise estaba premiado con el gordo. Cada vez que me acuerdo me da mucha rabia. Rechazar el premio gordo, cuando se ha tenido en el bolsillo es horrible. Por esto supongo la rabia que le dará a usted cuando se acuerde del toro de su alternativa en Madrid. Porque ese toro, para un torero, es meterle en el bolsillo el premio gordo. Y usted también lo rechazó. Lo mío tiene la disculpa del jugador quebrantado. Lo de usted era más claro. Para un torero no era difícil ver que aquel toro en Madrid era la reputación y el éxito. El premio gordo, créame usted. ¡Qué faena se pudo hacer! Y después de haber toreado bien de capa y banderilleado con facilidad y aceptación estaba el aplauso esperándole. La faena fue precipitación, falta de sosiego, sin dominio y atropellada; lo que pudo ser grande quedó en vulgar; lo que pudo ser el premio gordo quedó en un premiecillo de treinta pesetas. Buen toro se desaprovechó. Después de visto esto, lo del octavo era de esperar. A salir del paso, a terminar. Lo que me pasa a mí cuando juego a la Lotería; ya no me interesa. Después de haber rechazado el premio gordo... lo mismo me da jugar que no jugar, como a usted le sucedió en el octavo...

Juzga con dureza don Gregorio, quien un par de meses después, tendría ocasión de rectificar, expresamente, cuando le tocara relatar el encuentro de Solórzano con Revistero de Aleas, asunto que ya he tenido ocasión de contar por estas páginas virtuales.

El triunfo de Nicanor Villalta

Todos los cronistas coinciden en que la corrida de Bernardo Escudero fue buena, pero que de ella destacaron dos toros, el primero y el quinto. Este último fue el segundo del lote del aragonés Nicanor Villalta, con el que, terminó alzándose como el triunfador de la tarde. Escribe el ya citado Federico Morena:

QUINTO. – «Banderillo», cárdeno. Saca muchas libras. Y, sin embargo, corretón... Entra Villalta en acción... En el primer quite se echa el capote a la espalda, y nos alegra un poco la existencia con unos lances novedosos y pintureros. ¡Pero Villalta! … Solórzano cierra, el tercio de quites con cuatro lances muy vistosos, rodilla en tierra, que son premiados con nutrida salva de aplausos... Nicanor brinda a Ortega, el nuevo fenómeno, que ocupa, con Dominguín, una barrera del 2... El viento arrecia... Villalta empieza la faena con un pase ayudado por alto, luego da un natural, que liga con el de pecho, magnífico... El viento corta la faena. Moja la muleta y hace un faenón, así, como suena, con pases al natural y de pecho soberanos. Y luego torea en redondo y se mete materialmente en el toro. El público jalea entusiasmado al pundonoroso espada aragonés... Sigue toreando bravamente sobre ambas manos y mete, en fin, un soberano volapié. El toro cae con las cuatro patas por alto... El público, puesto en pie. aclama al baturro, que recibe un regalo del brindado, y algo que para él vale mucho más: las dos orejas y el rabo de «Banderillo» … El entusiasmo que hay en la plaza es indescriptible... ¡Bravo, Villalta! … ¡Viva Aragón! …

Nicanor Villalta fue sacado en hombros de la plaza al finalizar el festejo entre la algarabía de la concurrencia. El torero de Cretas se consolidaba como uno de los toreros favoritos de la afición madrileña.

Cagancho y Gitanillo de Triana

Los dos toreros gitanos también tuvieron su instante de lucimiento esa señalada tarde. Sin redondear ninguno de ellos una faena para la historia, dejaron su impronta en los quites al tercero de la tarde. Contó a sus lectores Federico M. Alcázar en su tribuna de El Imparcial, aparecido al día siguiente de la corrida:

El tercio de quites de los gitanos. – Gitanillo abre el capote en el tercer toro y hace un quite asombroso, inenarrable. Se pica Cagancho y le sigue otro inmenso. Se desborda el entusiasmo, y otra vez repitan loa gitanos el quite entre las aclamaciones de la muchedumbre. El estilo pasa de un capote a otro, depurándose, refinándose hasta lo inverosímil en Gitanillo, y adquiriendo en Cagancho ese colorido y esa gracia gitana que es la nota más acusada de su personalidad y el tono más encendido de su arte. El público los obliga a saludar al cambiar el tercio... Gitanillo vuelve, en el cuarto, a provocar el entusiasmo con el capote, toreando magníficamente...

Por su parte, César Jalón Clarito, en El Liberal, también al día siguiente del festejo, reflexionó sobre este pasaje de la corrida:

Flojo, desanimado el resto de la corrida, aún tuvo, sin embargo, otro momento destacable: el del portentoso tercio de quites de los dos gitanos al toro segundo. Cagancho y Gitanillo, tan parecidos y tan distintos – acontece con su fisonomía física que con su fisonomía artística –, enlabiaron una pintoresca disputa. A un quite del uno contestaba el otro mejorándolo. Así cantan por martinetes. Los lances de Gitanillo, largos, como sacados de un registro más hondo y estirados hasta el no hay más allá. Los de Cagancho, más ricos en garbo y en «color». Por eso digo que pareciendo iguales, son distintos. Ei público, claro, se entusiasmó en grande y loa ovacionó por igual: a los dos mucho…

Las faenas son un todo, pero a veces, un detalle, un lance o un remate se quedan para la memoria. Así le ocurrió ese Lunes de Pascua a los trianeros de la calle del Evangelista y de la calle de la Verbena con su toreo de capa.

A propósito de la Beneficencia

La Corrida de Beneficencia se ha considerado la fecha cumbre de la temporada española. Siempre. Por esa razón se exige para ella un cartel singular, redondo, En 1931 se ofreció en la segunda fecha de la temporada. Escribe Federico M. Alcázar:

De la corrida de Beneficencia, de esta corrida que fue famosa en otros tiempos cuándo había famosos toreros, tampoco queda más que el nombre y algún bello rostro de mujer perdido entre el público municipal y espeso. Perdió su prestigio tradicional y con su prestigio su abolengo. Hoy es una corrida más, con la única diferencia de que se lidian ocho toros y consiguientemente cuesta más dinero… Hasta las mujeres que esperaban esta corrida con impaciencia para lucir la airosa mantilla de blondas, le han vuelto la espalda con un gesto de desdén… Se va perdiendo lo castizo, lo típico, lo racial. El cosmopolitismo tiende a uniformar los pueblos y con los pueblos las costumbres. Los rasgos diferenciales, las virtudes específicas van desapareciendo para dar paso a una civilización aparatosa y sensual. Hombres y mujeres se clasifican por series como productos industriales. Lo grave es que esta clasificación alcanza también a los espíritus… Pero algo queda, al menos en España. Queda la fiesta de más recia, opulenta y viril hermosura del mundo, y con ella ese arrebato de las multitudes que pone en el alma temblores de emoción y en el corazón latidos de angustia...

Las reflexiones que hizo el cronista madrileño hace 95 años no tienen desperdicio, sobre todo aquellas que se refieren a lo que él llama cosmopolitismo y que hogaño entendemos como globalización, cosa que nos trata de igualar, de estandarizar, de convertir, efectivamente, en una especie de productos industriales.

Hoy como ayer, se sigue cumpliendo aquello de que no hay nada nuevo bajo el sol

domingo, 29 de marzo de 2026

29 de marzo de 1964: Joselito Huerta conquista la Rosa Guadalupana en la Plaza México

La corrida Guadalupana

Tengo la impresión de que este festejo conmemorativo surge como reacción nacionalista al tradicional de Covadonga, que se celebraba para conmemorar la Romería anual que organizaba el Centro Asturiano de la capital mexicana y en el que tomaba participación toda la colonia española allí residente. En el Toreo de la Condesa, se registra por primera vez un festejo en honor de la Patrona de México, el 14 de febrero de 1946, cuando el órgano de prensa de la Basílica de Guadalupe aporta el trofeo anunciado como La Rosa de Guadalupe disputado en esa corrida a beneficio del Sanatorio de Toreros y que fue ganado por Fermín Espinosa Armillita en fuerte competencia con Pepín Martín Vázquez.

Ya en la Plaza México y en la década de los cincuenta, cobra cierta carta de naturalidad este festejo, que tendría en la mayor parte de sus ediciones, el generar recursos para las obras de restauración de la Basílica de Guadalupe. Las versiones de 1953 en la que se despidieron Carlos Arruza y Manolo dos Santos y la de 1954, señalan expresamente que las organizó la revista Mañana, dirigida por José Pagés Llergo. Cabe señalar que en ninguna de esas dos corridas se disputó trofeo alguno.

En 1956 la corrida se transformó en una feria de seis festejos, en la que la corrida alusiva se dio el 12 de diciembre y en la que, el trofeo llamado ya Rosa Guadalupana, puesto en concurso fue declarada desierto, por el mal juego de la corrida de Las Huertas y después de concluido el serial, se decidió entregarlo a Antonio Ordóñez por las redondas actuaciones que tuvo en el mismo. 

El festejo retornó hasta 1959 cuando Fernando de los Reyes El Callao se lleva a casa el trofeo y se hará otro hiato de un lustro para llegar al festejo que hoy me ocupa. Posteriormente la corrida se recuperó, celebrándola el día 12 de diciembre, sin trofeo de por medio y resaltan de estas últimas, desde mi particular punto de vista, la celebrada el año 2017, a beneficio de los damnificados por el sismo de septiembre de ese mismo año y la verificada el año 2021, que implicó el retorno de la fiesta de los toros a la Plaza México, después del cierre forzado de la misma por la pandemia de COVID – 19.

Una temporada a plaza partida

Los toros en la Ciudad de México en el ciclo 1963 – 64 se celebraron a plaza partida. Entre el 1o de diciembre de 1963 y el 29 de marzo de 1964, se ofrecieron a la afición la friolera de 32 corridas de toros. 18 en la Plaza México y 14 en el Toreo de Cuatro Caminos y los días 8, 15, 22 y 29 de diciembre de 1963 y 5 y 12 de enero de 1964, se dieron toros en las dos plazas, y las entradas en ambas eran satisfactorias. El eje de la temporada de la México era Paco Camino y el de El Toreo era El Cordobés. Por eso era atractivo ir a cualquiera de los dos cosos, en los que se escribieron tardes dignas de guardarse en los anales de la historia.

La corrida Guadalupana de 1964

La 18ª corrida y final de la temporada de la Plaza México se celebraría el 29 de marzo de ese calendario. Era Domingo de Ramos y existía cierta preocupación acerca de que la entrada fuera a ser floja, porque el periodo vacacional de la Semana Santa ya había arrancado desde la tarde del viernes anterior. De acuerdo con el anuncio de la corrida, los beneficios que produjera serían destinados a las obras del Seminario Menor de Acoxpa, en Tlalpan, que sería puesto en funcionamiento alrededor de un mes después del festejo. El anuncio se hizo sin cartel, el domingo anterior, pero al mediar la semana se dio a conocer que lo integrarían Alfonso Ramírez Calesero, Joselito Huerta, Joaquín Bernadó, Emilio Rodríguez y Jaime Rangel, quienes enfrentarían un encierro de Tequisquiapan, de don Fernando de la Mora Madaleno, quien traía su tercer encierro a la gran plaza (1ª y 11ª) y cuarto a la capital, porque también había enviado otro a El Toreo el 21 de diciembre anterior.

La crónica de don Alfonso de Icaza Ojo en El Redondel de la misma fecha de la corrida, acerca de los toros, señala lo siguiente:

De los toros de esta ganadería, de poco respeto en general, fue bueno el primero, mejor aún el segundo, mansurrón el tercero, aceptable el cuarto, muy bravo el quinto y cegatón el sexto...

Y es que, creo complicado tener cuatro corridas puestas para la capital en una misma temporada, así que, en algún momento, se tendrá que venir así, bajando el listón.

Acerca de la entrada, el mismo Ojo, reflexiona:

A pesar de la mucha gente que ha salido de la metrópoli, a disfrutar de las vacaciones de Semana Santa, hay quórum en la Plaza México, donde con una entrada aceptable en ambos tendidos se celebra la corrida de la Rosa Guadalupana, que habrán de disputarse los seis espadas anunciados, para despachar otros tantos toros de Tequisquiapan...

La faena del triunfo de Joselito Huerta

Joselito Huerta salió con la Rosa Guadalupana en sus manos. La realizó al segundo toro de la tarde, nombrado Rosalito, y al que se le anunciaron 448 kilos de peso. Relata don Alfonso de Icaza:

Brinda su muerte a todo el público y da comienzo a su trasteo sentado en el estribo, en cuya postura da tres pases muy valientes. Toreando bien se lleva a su adversario hasta el tercio, en medio de ruidosos aplausos que crecen de punto cuando después de que no aguantó en un pase citando de largo, liga varios derechazos de buena ejecución. Sin embargo, no está haciendo la faena que esperábamos; ya veremos si después da la nota aguda... Para ello se interpone el aire que determina que el muletazo no sea del todo limpio, pues en ocasiones el diestro queda al descubierto y tiene forzosamente que mejorar su terreno. Cambia de mano y da algunos naturales excelentes, tras de los cuales se queda la res. Más pases izquierdistas, corriendo la mano estupendamente y rematados con un gran pase de pecho... Por fin estamos viendo al Joselito de la temporada anterior... Más naturales tirando del toro magistralmente; nueva interrupción, a nuestro entender, innecesaria, y después de un pase de trinchera instrumenta nuevos derechazos lentos como ellos solos. Entra a matar con fe, y pincha, en parte por quedarse el burel. Nueva ración de tela sobresaliendo un natural estupendo, y una estocada casi hasta el puño, en lo más alto del morrillo, que con la ayuda de los capotes hace doblar, pero sólo momentáneamente, para entregarse definitivamente, para entregarse definitivamente después de largo rato. Ovación, petición de oreja bastante nutrida, concesión de un apéndice auricular y arrastre lento al bravo y noble toro de don Fernando de la Mora. Joselito, a su vez, recorre el anillo, oreja en mano, con aprobación de las mayorías y protestas de la parte más exigente del público... Ya tenemos candidato para el trofeo en disputa...

Fue la única oreja que Joselito Huerta cortó en esa temporada, pero le valió al final para obtener el trofeo en disputa.

Joaquín Bernadó el más cercano competidor

Joaquín Bernadó cerraba su segunda actuación en la temporada de la Plaza México, donde reaparecía después de haberse presentado el 12 de enero anterior, como testigo de la confirmación de Fernando de la Peña. Fue la suya, al decir de Ojo, una faena de altibajos, por el viento que sopló esa tarde, pero siempre dejando la firma de su toreo clásico y puro, que le permitió ser, por muchos años, el diestro español que más corridas de toros había toreado en nuestras plazas:

Ya tenemos s Bernadó brindando a la plaza entera la muerte de “Milagroso”, toro que acude a donde le llaman y con el que puede el espada catalán torear a gusto. Comienza su faena con pases por abajo y se sale luego al tercio pasándose la muleta por la espalda... Cita de largo, ya acortando los terrenos y vuelve al toreo por delante para llevarse a otro sitio a su adversario. Cita para el natural y sus pases resultan desiguales, ya que en unos para y corre la mano y en otros no hace ni una ni otra cosa. Cambia su muleta por otra más pesada para aminorar los efectos del aire, e instrumenta derechazos mucho mejor rematados, ya que el último tiempo de ellos resulta apuradillo... Vuelve a torear con la zurda sin lograr llegarle a la gente, por más que algunos de sus muletazos lleven auténtico mérito. Un pase cambiado, con iniciación por la espalda y remate de frente; otros varios adornos y un buen pase de pecho... El público se distrae en otras cosas, mientras que el torero sigue muleteando cada vez mejor. Mediante un molinete en la propia cara, logra Joaquín que el público reaccione en su favor y como sigue toreando bien y valerosamente, los aplausos se tornan más ruidosos... Manoletinas citando de frente; muleteo por delante, y más de media estocada, ligeramente tendenciosa que requiere el refrendo de certero descabello. Ovación y vuelta al ruedo...

Fue precisamente ese ir y venir de la intensidad de su hacer ante el toro, lo que le impidió cortar apéndices, pero el reconocimiento de la afición se lo llevó en la vuelta al ruedo que pudo dar.

El resto de la corrida

Calesero lució como siempre su toreo de capa y empezó a hilvanar una faena de muleta que prometía ser interesante, hasta que el viento lo descubrió, el toro lo prendió y enseguida las cosas se torcieron para él, terminando su labor entre música de viento. Antonio del Olivar terminó su labor saludando en el tercio, después de que empezara con un brillante toreo de capa, pero con la muleta, su actuación fue a menos. Emilio Rodríguez tuvo momentos brillantes ante el quinto de la corrida, pero no terminó de descifrar lo que había de hacer para cuajar la gran faena, siendo silenciada su labor. Y Jaime Rangel, ante el que cerró el festejo, reparado de la vista, se mostró tesonero, retirándose entre el silencio de la concurrencia.

Al concluir la lidia, se hizo entrega del trofeo en disputa a Joselito Huerta, y refiere el citado Ojo:

El trofeo en disputa, la "Rosa Guadalupana", es otorgado, con justicia, a Joselito Huerta, que es levantado en hombros por medio centenar de capitalistas y aplaudido por el público en general...

Así es como concluyó esta corrida de concurso, en la que el León de Tetela se afianzó como uno de las figuras consentidas de la afición de la capital mexicana.

domingo, 22 de marzo de 2026

22 de marzo de 1942: Silverio Pérez y Peluquero de Carlos Cuevas; Carlos Arruza y Mordelón de La Laguna

Silverio Pérez - Lasernista
Carlos Ruano Llopis
La temporada 1941 – 42 en el Toreo de la Condesa resultó ser triunfal para una serie de toreros que hoy calificaríamos como emergentes, por lo reciente de sus alternativas. Silverio Pérez (06/Nov./38), Calesero (24/Dic./39), y Carlos Arruza (01/Dic./40) fueron quienes más animaron el ciclo en su parte medular, porque quienes fueron anunciados como el eje de la temporada – Armillita, Solórzano, Garza y El Soldado – no fueron muy regulares en sus actuaciones. Por otra parte, toreros que tenían la onza y la manera de cambiarla, fueron relegados a las corridas del cierre del calendario – David Liceaga, Ricardo Torres, Paco Gorráez – y condenados a enfrentar corridas que pudiéramos considerar como duras. En ese estado de cosas, todo se alineó para que El Faraón de Texcoco tuviera lo que quizás fue una de las campañas más regulares de su andar por los ruedos y así, cuajó sin resquicio de duda a Zapotero de Torrecilla (11ª), a Pescador y Mandarín de Piedras Negras (16ª) y al toro que hoy me ocupa.

La 20ª corrida de la temporada 41 – 42

Para la vigésima corrida de la temporada se anunció un encierro de Piedras Negras para que lo despacharan mano a mano Silverio Pérez y Carlos Arruza, quien también llevaba una temporada bastante exitosa en la capital mexicana. En esas condiciones, el festejo anunciado era atractivo y podría permitir a la empresa resarcirse de las malas entradas tenidas en tardes anteriores.

Al final de cuentas, el encierro de Piedras Negras no se lidió completo. Refiere quien firmó como José Cierto en el semanario Arena, fechado el 24 de marzo de 1942:

Los toros de Piedras Negras, terciados casi todos, no fueron sino cuatro, debido a que de los seis del encierro, dos no dieron el peso reglamentario, de ahí que fueran sustituidos por uno de La Laguna, al que Arruza toreó magistralmente, y otro de don Carlos Cuevas, con el que Silverio cuajó su faenón inolvidable. Pero, de cualquier modo, los cuatro bichos de Piedras Negras fueron todos bravos, aunque disparejos de estilo...

Así pues, solamente se corrieron cuatro toros del hierro anunciado, en defensa de los intereses de la afición, sustituyéndose con uno de la misma casa, pero con el hierro de La Laguna y con otro de don Carlos Cuevas, que resultará ser el eje de esto que trato de contarles.

Silverio y Peluquero de Carlos Cuevas

El toro tercero de la tarde fue el sustituto de don Carlos Cuevas. Se le anunció con el nombre de Peluquero. Así lo describe el Dr. Alfonso Gaona, en su comentario a la corrida publicado en el número del semanario Arena, que él dirigía, aparecido el 31 de marzo de ese 1942:

El toro de don Carlos Cuevas, corrido en tercer lugar de la tarde, en sustitución de uno de Piedras Negras, era bravísimo, muy codicioso, fuerte, aunque no muy grande. De ninguna manera debe pensarse que fue un toro “ideal”, de los llamados de carretilla...

Por su parte, el ya citado José Cierto, en la crónica de la corrida aparecida en el mismo semanario, reflexiona lo siguiente acerca del mismo toro:

El toro de Carlos Cuevas corrido en tercer lugar, en sustitución de uno de Piedras Negras que no dio el peso, fue muy inferior al primero de Silverio. Pero este torero, cuando quiere, no se fija en modos de embestir...

Este comentario viene a cuento de que, el primero de la tarde, Brincón de Piedras Negras, materialmente se le fue al Faraón y la gente terminó abroncándolo.

El inicio del actuar de Silverio Pérez estuvo marcado por la intolerancia en los tendidos. No se le perdonaba haber dejado ir al primero de su lote y poco margen se le concedía para tratar de recuperar el terreno perdido con esa actuación, pero el diestro texcocano seguramente había advertido alguna virtud en “Peluquero” y reservó sus energías y habilidades para el tercio final de la lidia. El tercio en el que la muleta es el avío con el que se realizan las faenas.

La crónica, la gran crónica con la que se recuerda esta faena inmortal, es la que escribió para el semanario La Nación, don Carlos Septién García, firmando como El Quinto. Al socaire del estreno de la película Fantasía de Walt Disney, en la que los instrumentos musicales cobran vida y se convierten en los actores de la cinta, quien pasaría a la historia de las letras taurinas como El Tío Carlos, le da vida a la muleta de Silverio y es ella la que cuenta lo que el Faraón de Texcoco realizó ante Peluquero:

En manos de Silverio y Arruza mis pliegues cobraron vida y ánimo, plasticidad y drama. La faena de Silverio me hizo sentirme parte integrante de la persona del torero. Juro que sentí correr por mi cuerpo la sangre mestiza y torera de los Pérez de Texcoco, y que me moví en momentos imborrables al impulso del drama añorante de Carmelo. Hubo instantes en que me supe incapaz de expresar toda la emoción taurina y estética que Silverio estaba derramando en la plaza, junto al toro. Tan incapaz, como debe haberse sentido el pincel del Greco cuando recorriera en afanes la tela al impulso de una inspiración desbordada, incontenible, profunda. Por momentos temí que Silverio me arrojara a un lado y se pusiera a torear con los brazos. Girones de mi tela quedaron en los cuernos tal y como en esos arrebatos de óleo que testimonian la energía creadora de Doménico más allá de la línea y la figura, más allá también de la forma, torturada por el genio... Aquellos pases altos... En mis vuelos, el toro iba prendido desde el sitio a donde el brazo alanzaba. Sobre el testuz y sobre los lomos llameaba yo entonces, como larga lengua de fuego manso. Y al calor que el torero me transmitía a mí por venas y arterias y nervios que se habían prolongado hasta cubrirme toda, el animal volvía una y otra vez, no por hipnosis ni por hechizo, sino sencillamente porque iba toreado, conforme debe torearse por alto... En los pases en redondo y en los naturales; en el forzado de pecho y en los lasernistas; en los doblones y en los de la firma, me sentí impregnada de aquella sensibilidad mestiza, - lucha y arte, drama y belleza -, que me manejaba. Aquello no era alegre, ni variado, ni gracioso, ni perfecto; era profundo, hondo, entrañable, como profundas son también las mezclas misteriosas de la raza. Era una sensibilidad preñada de oscuros atavismos mágicos que se volcaba tumultuosa en las formas del toreo hispánico. Como ocurre en la arquitectura, en la música, en el amor de estas tierras... Faena de la raza era esta de Silverio. Recuerdo bien como terminó: demudado, deprimido, olvidado de todo. Así acaba el mestizo cuando ha dejado volcar en arte la complejidad que lo ahoga...

Faena de la raza... Después quizás, Agustín Lara tomaría este razonamiento de Septién para cantar, en la letra de su pasodoble, que Silverio era azteca y español... El fondo era, ese toreo hondo, sentido, que viene, como escribió un día Lorca, desde las habitaciones más profundas de la sangre, que no se puede aprender y que no se puede preconcebir, que solamente se puede hacer... y sentir.

La crónica de José Cierto es más al uso, pero sin dejar de ser emotiva también. Y es que, por lo que he podido leer sobre el particular, la emoción que produjo el hacer de Silverio Pérez con Peluquero, desbordó cualquier expectativa:

Silverio seguía trayendo al toro hacia la muñeca derecha para plasmar instantes de una emotividad escalofriante, y en las tribunas, la gente enloquecía. Cuando, por fin, se acabó esa continua reunión de toro y torero, vimos al hombre de Texcoco bañado en sangre del animal de tanto pegársele. ¡Qué bárbaro! Y después, con las piernas un poco abiertas, con ese personalísimo estilo que sólo él tiene, con la mano izquierda en la cintura y el cuerpo ligeramente inclinado, Silverio volvió a citar, de cerca, para realizar cuatro milagros, cuatro derechazos que ahí quedan, inmortales, rematados con un cambio de muleta lento y mandón, eterno, sublime. Ya para entonces la gente aullaba y agitaba los pañuelos, pidiendo la oreja del toro que seguía entrando y saliendo de la muleta mágica, extraordinaria, de Silverio. Y ahora, a los medios, a seguir toreando en forma fantástica, con cuatro lasernistas de tal manera ceñidos, tan brutalmente valientes, que tuvo muchas veces que arquear el cuerpo para evitar la cornada. Como una demostración de su entusiasmo, rayano en locura, y a pesar de que el torero estaba actuando en los medios, el público arrojó sombreros, sacos, abrigos, bolsos de mano, puros, bastones y aún zapatos al ruedo, cerca de la zona de tablas... Cuando Silverio salió de esa serie de lasernistas, la plaza era, esta vez sin exageración, un manicomio, se venía abajo con el trepidar de las ovaciones. Pero no había terminado el milagro: Silverio se pasó a la mano izquierda la muleta, esa muleta bruja, y toreó al natural en forma magistral por tres ocasiones, cruzándose con el toro, echando la muleta atrás para citar con la pierna contraria, llevando al toro prisionero de su maravilloso juego de muñeca; tres naturales clásicos, estupendos, que remató, después de una insistencia suicida, con un brutal forzado de pecho. Y sin esperar mucho, se perfila de cerca para entrar por derecho a enterrar todo el estoque un tanto delantero. El toro tarda unos segundos en caer patas arriba, y se inicia entonces la ovación más estruendosa, más larga (16 minutos exactamente) y más merecida de la temporada. Cuando Silverio ha dado tres vueltas al ruedo, se abraza con Carlos Arruza y juntos dan una vuelta más. Ya la autoridad ha concedido la oreja y el rabo, y la gente no se cansa de aplaudir, de gritar. ¡Una verdadera locura! … Y esto ha hecho Silverio no con un toro de carretilla, de esos que parecen amaestrados, sino con un toro que sabía tirar cornadas, que en ocasiones se colaba de fea manera. Se ha consagrado definitivamente el torero de Texcoco, ha tenido su apoteosis. Tiene la afición un nuevo ídolo, auténtico, con todos los merecimientos de un gran señor de los ruedos...

La capacidad de cambiar las lanzas en cañas y de hacer a los presentes perder la razón en unos cuantos minutos es patrimonio de unos cuantos privilegiados. Silverio Pérez fue uno de ellos. Aquí está la prueba escrita.

Carlos Arruza y Mordelón de La Laguna

Aunque Silverio Pérez terminó dominando la escena con su faena al tercero de la corrida, el tono de la tarde se definió cuando Carlos Arruza se enfrentó al primer toro de su lote, otro de los que sustituyeron a los que no fueron aprobados del encierro originalmente anunciado. Escribió José Cierto:

Con la muleta en la zurda, la mano de los toreros según los clásicos, aguantó al toro, para instrumentar tres naturales muy buenos, siendo el segundo el mejor, rematados con un forzado de pecho superior. Y empiezan esos pases en que Carlos dobla al toro tan suavemente, con una rodilla en tierra, dejando que los cuernos le acaricien el muslo, y que la gente le ovaciona cálidamente. Ya erguido, tres buenos derechazos en redondo, finos, mandones, toreros, y un molinete de rodillas con tanta verdad, hecho precisamente entre los cuernos, que por poco es trincado, pero se quita el peligro con dos doblones rodilla en tierra de seda, verdaderamente dibujados, majestuosos. Y cuando la gente estaba loca de entusiasmo, Carlos se perfila para entrar tan derecho, con tanta verdad en la suerte suprema, que es enganchado, no dejando sino media estocada perfectamente colocada, que tarda un poco en surtir efectos. De todos modos, la gente le hace dar cuatro vueltas al ruedo con la oreja y el rabo de su enemigo. ¡Se lo merece este muchacho, verdadero torero, todo pundonor! …

Valor, poderío, suavidad cuando era menester y un extraordinario dominio de la colocación para realizar las suertes fue lo que demostró Arruza. Por su parte, El Quinto refiere:

En manos de Carlos Arruza fui gozo y poder, juventud y frescura. Me moví suave, lentamente, en los inolvidables pases por abajo, para que quince mil gentes aprendieran o repasaran la difícil lección de cómo se hace el toreo. Para que grabaran bien en sus mentes que existen tres tiempos fundamentales en la ejecución de las suertes de este noble arte: parar, templar y mandar, y para que se fijaran en cuales son los terrenos del animal y los del lidiador y en qué situación ha de quedar el toro para que el diestro pueda repetir la suerte... Ni un solo instante me enrollé por causa de precipitaciones, ni me descompuse en mi original arreglo. Y se realizó entonces el milagro de una muleta poderosa, digna, perfecta y alegre, en manos de un chaval de veintiún años... Arruza no me utiliza para sinfonías inconclusas o para acordes aislados, sino para obras cíclicas, completas que quedan allí escritas como esa rítmica serie de naturales naturalísimos; como el engrane dichoso de nueve tapatías que realizara con mi hermano el capote, o como aquella mariposa en que los pitones tuvieron que sujetarse dócilmente al capricho juguetón del muchachuelo...

El toreo dominador de Arruza, se deduce de lo escrito por Carlos Septién, iba revestido de temple y de ritmo, algo que solamente logran conjuntar aquellos llamados a ser figuras del toreo.

En resumen

Ese primer día de la primavera del 42, dos jóvenes toreros que estaban llamados a ser figuras históricas, se abrían paso delante de quienes eran ya figuras consolidadas. Me resulta curioso que Silverio Pérez confesara precisamente a El Tío Carlos, varios años después, que su faena preferida fue la que realizó al toro Cirilo de Matancillas y que otras, fueron las que le dieron el sitio de figura. Cualquiera pensaría que esta de Peluquero la tendría en algún sitio destacado.

Carlos Arruza por su parte, escribiría muchas faenas con nombre propio en las plazas de México y de España, pero esta de Mordelón es quizás la primera en la que cautivó a la afición y consiguió su total entrega.

domingo, 15 de marzo de 2026

14 de marzo de 1965: Manolo Espinosa Armillita se presenta como novillero en Barcelona

Manolo Espinosa, el hijo mayor del maestro Armillita se había presentado como novillero en Lima el 24 de mayo de 1964, alternando con Jesús Solórzano y el peruano Paco Céspedes en la lidia de novillos de Chuquizongo. Recién había terminado sus estudios de arquitectura en la capital mexicana, condición al parecer impuesta, para que pudiera dedicarse al toreo. Después de esa y una segunda presentación en la Plaza de Acho, se presentó en Bogotá y de allí regresó a México para actuar en diversas plazas de nuestra geografía, entre las que se cuentan las de Mérida, San Luis Río Colorado y muy señaladamente la de Aguascalientes, en donde el 16 de agosto de ese calendario, escribió, junto con los hijos de Calesero y de El Rey del Temple, una de las páginas brillantes de la historia de la Plaza de Toros San Marcos, pronta a celebrar su 130 aniversario.

Para el calendario de 1965, Manolo Espinosa marchó a España, donde, apoderado por José Ignacio Sánchez Mejías, realizaría una campaña novilleril que le permitiera recibir la alternativa en ese mismo calendario. Su presencia en aquellas plazas no iba a estar exenta de las remembranzas. En el número de El Ruedo fechado el 23 de febrero de ese 1965, un joven Vicente Zabala Portolés le realizó una extensa entrevista, cuya entrada es la siguiente:

Tiempos gloriosos para la historia del toreo. Transcurren los años finales del veinte, entrando casi en el treinta. Los españoles viven una época brillante de la fiesta de los toros, en que anduvieron en competencia más de una docena de figuras. Allí estaba el poderío de Ortega, la alegría de Manolo Bienvenida, la difícil facilidad de Marcial, el capote de Curro Puya. Y los mejicanos: Garza, El Soldado, Chucho Solórzano, Ortiz, ¡Armillita! Hemos dicho Armillita, «el Joselito mejicano», como le llamaban los de su época. Torero largo, dominador, fácil, completo. Los españoles recuerdan a Fermín Espinosa. Los mejicanos le añoran. Es parecido. Pero no es igual. Los aztecas dirán: «Si hubiera ahora mismo un Armillita...» Y lo van a tener. El hijo de Fermín está en España. Viene a hacer su temporada española. Se trata de un muchacho correcto, con aspecto de hombre todavía en el preuniversitario, aunque ya sea todo un arquitecto...

De ese inicio se advierte una cuestión, que, en la generación torera de Manolo Espinosa, también venían empujando varios hijos de figuras del toreo de las edades de oro y de plata de México y España, lo que prometía, al menos en los nombres, una renovación con nombres de otras épocas. 

El anuncio de su presentación

La temporada en Barcelona había iniciado el domingo 21 de febrero de ese año, y el miércoles 24 siguiente, falleció don Pedro Balañá Espinós, propietario de las plazas de toros de Barcelona y empresario de ellas, en especial de la Monumental. Por sus exequias y el luto que se le guardó, el desarrollo de la temporada se interrumpió y se programó su reanudación para el domingo 14 de marzo siguiente, con una novillada en la que se lidiaría un encierro de don Carlos Urquijo de Federico para el malagueño Andrés Jiménez El Monaguillo, el salmantino Paco Pallarés y el debutante mexicano Manolo Espinosa Armillita, quien era uno de los atractivos del cartel, según se puede deducir de esta gacetilla aparecida en el diario barcelonés El Noticiero Universal de la víspera del festejo:

Grandes atractivos ofrece la novillada que se celebrará mañana en la Monumental y en la que hará su presentación el novillero mejicano, Manuel Espinosa “Armillita”, hijo de que fue famoso matador de toros, Fermín Espinosa... Completan el cartel, otros dos novilleros, sobradamente conocidos del público barcelonés, como son “El Monaguillo” y Paco Pallarés... Se lidiarán reses de la acreditada ganadería de don Carlos Urquijo de Federico y esta extraordinaria novillada comenzará a las cinco menos cuarto en punto de la tarde.

Tanto El Monaguillo, que se presentaba en el ciclo, como Paco Pallarés, que reaparecía después de su éxito en el festejo inaugural, fueron de los que encabezaron el escalafón novilleril el calendario anterior y eran buenos conocidos de la afición de Barcelona, pero la novedad, el atractivo reclamo para llevar a la gente a la plaza, era precisamente el hijo de Armillita, un torero que en su día, escribió allí importantes páginas de su historia personal y también de las de la del coso.

La segunda novillada de 1965 en Barcelona

El festejo tuvo algunos matices singulares, porque se reflejó en su celebración la desaparición de quien por alrededor de cuatro décadas había sido el responsable de organizar las cosas en esa plaza. Escribió Rafael Manzano en su crónica de la Hoja del Lunes de Barcelona, aparecida al día siguiente del festejo:

Ayer, el despejo, al reemprenderse la temporada taurina barcelonesa, tuvo una honda emoción. Salieron las cuadrillas descubiertas y con un lazo negro, en recuerdo del inolvidable empresario don Pedro Balañá Espinós. Cuando, los bien repletos graderíos le consagraban un minuto de silencio, yo pensaba en muchas cosas. Por ejemplo, que don Pedro Balañá había iniciado su carrera de empresario taurino el 13 de febrero de 1927, con reses de la divisa de Murube; su hijo la continuaba el domingo con un encierro de don Carlos Urquijo de Federico, es decir, también de Murube. En el ruedo, espigado y moreno, vestido de verde botella y oro viejo, estaba Manuel Espinosa Acuña, hijo de «Armillita chico», que pisaba por vez primera un ruedo en España. También su padre salió por vez primera a un coso español en la Monumental de Barcelona, el 25 de mayo de 1928. He aquí que, en la familia taurina se suceden «constantes históricas» y eso tan difícil que se llama «continuidad de las generaciones»...

Pareciera que nada nuevo hay bajo el sol, pero la realidad es que todo en esta fiesta se renueva, los hombres, los toros y las aficiones. También la forma de apreciar lo que en los ruedos sucede. Por eso la fiesta ha subsistido, y seguirá subsistiendo.

La labor de Manolo Espinosa

La tarde de Manolo Armillita no resultó en un triunfo resonante. Se mostró, sí, como un torero enterado y con oficio. En primer lugar, cito lo que escribió acerca de su labor Fernando Gudiel Fillat, firmando como FEGUFI en el Diario de Barcelona del 16 de marzo de ese 1965:

Este joven novillero mejicano ha llegado a España no muy cuajado y aunque dejó vislumbrar buenas maneras, como no está acostumbrado a lidiar ganado español, con más casta y temperamento que el de su país, no obtuvo el señalado triunfo que de él esperábamos... No estuvo el muchacho mal, ni muchísimo menos. Torea de capa y muleta con buen temple y cuando se aclimate al genio, bravura y casta de nuestros novillos lucirá más su buen arte... Al sexto lo fijó con unos lances buenos e hizo un magnífico quite por gaoneras. Rafaelillo y Pablo Celis le prendieron dos formidables pares de banderillas, que se ovacionaron en grande y muy merecidamente... Brindó Armillita a su apoderado, don José Ignacio Sánchez Mejías y empezó a torear por naturales de muy buen son, sufriendo una aparatosa cogida de la que salió indemne por milagro. Acabó con el bicho de una estocada atravesada y un descabello al tercer intento... Se le despidió con palmas...

Regreso a la crónica de Rafael Manzano ya citada, quien, en la parte conducente, expresó:

Ayer, Manuel Espinosa, no sólo tuvo que luchar con las reses de Urquijo, encastadas y menos «dulces» que las hispanoamericanas, sino con algo más fuerte: con el recuerdo. Se pensaba en su padre, cuando recibió a su primero con dos valerosos faroles de hinojos. El muchacho ha salido con dignidad de la prueba; es muy duro luchar contra el fantasma de la nostalgia... A su primero, le hizo una faena muleteril con sabor, tirando muy bien de la res, ahondando cada pase, templando la embestida de su enemigo. Se le aplaudió y sonó la charanga. Aun se alegró con pases de costadillo y afarolados. Mató de media, sin cuadrar a su enemigo, con una salida indiscreta y acertó al tercer golpe de verduguillo. Se le aplaudió. Llevando el alias de «Armillita» debería practicar más con las banderillas. Por aquello del recuerdo...

Y concluyo la revista de medios con lo que publicó quien firmó como A.E. en El Noticiero Universal, al día siguiente de la novillada:

Al debutante Manuel Espinosa «Armillita» se le vio poco puesto aún, pero demostró innegable voluntad… Saludó a su primer bicho con dos faroles de rodillas poco logrados. El bicho derribó en la primera vara y llegaría al último tercio con franca, ideal embestida. Y «Armillita», que había prendido dos pares de banderillas vulgares, muleteó en redondo y al natural sólo discretamente, adornándose en unas trincherillas y un pase afarolado. Después de un buen pinchazo recetó una estocada atravesada, para descabellar al tercer golpe. Escuchó palmas. Lo mejor de su actuación fue el quite por gaoneras al sexto de la corrida, en las que el «manito» se apretó lo suyo. El bicho tomó una pica empujando mucho y se cambió el tercio a petición del mejicano. En el segundo sentaron cátedra los banderilleros Pablo de Celis y «Rafaelillo» que tuvieron que corresponder, montera en mano, a la gran ovación del concurso. «Armillita» inició su faena con unos naturales discretos. Poco después fue alcanzado por el novillo, sin más consecuencias que un rasgón en la taleguilla. El resto del trasteo careció de color y se remató de una estocada atravesada y descabello al segundo golpe...

Como pueden ustedes leer, hay opiniones para todos los gustos. En lo particular, me quedo con dos cuestiones: en el hecho de que por la fecha en la que llegó Armillita a Madrid y la de su presentación en Barcelona, poco tiempo tuvo para prepararse en el campo y también, que el tener un apellido ilustre es una exigencia añadida en cualquier profesión.

Para la estadística: el amigo José Luis Cantos Torres, en su exhaustivo estudio sobre la plaza Monumental de Barcelona nos deja saber que los nombres de los novillos que enfrentó Manolo Espinosa en su presentación por su orden fueron Altisol, de 376 kilos de peso y Saltarín, de 382 kilos en la romana.

El resto del festejo

El Monaguillo salió triunfador de la tarde, pues terminó cortándole una oreja al cuarto de la tarde, nombrado Sozaleño, al que se le dio la vuelta al ruedo y Paco Pallarés se vio imposibilitado de refrendar el éxito obtenido en su presentación, por sus reiterados fallos con el estoque.

La campaña de Manolo Armillita

La temporada novilleril de 1965 en España llevaba en sus carteles nombres que después tuvieron el carácter de ilustres: José Fuentes, Palomo Linares o Paquirri eran de los que encabezaban el escalafón, junto con otros toreros que destacaron como Gregorio Tébar El Inclusero o José Manuel Inchausti Tinín. Entre esos nombres, Manolo Espinosa torearía 20 festejos entre España y Francia y sería de los nuestros el que más sumaría, seguido de Finito, Jesús Solórzano, El Silverio, Mario de la Borbolla y Juan de Dios Salazar, que fueron los mexicanos que actuaron por aquellas plazas.

Cerró su temporada en Toulouse, el 3 de octubre de ese 1965, para regresar de inmediato a México, donde recibiría la alternativa el 20 de noviembre siguiente en San Luis Potosí, de manos de Joselito Huerta y con el testimonio de Raúl García.

Se despidió de los ruedos el 23 de febrero de 1992 en la Plaza México

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