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domingo, 14 de septiembre de 2014

70º aniversario de la confirmación de Cañitas y Vizcaíno

Carlos Vera Cañitas
Ricardo Torres fue el último torero mexicano en confirmar su alternativa en Madrid previo al llamado boicot del miedo y a la Guerra Civil Española. Lo hizo el 12 de abril de 1936 y después renunciaría a esa alternativa. Carlos Arruza sería el que reanudaría el intercambio entre nuestras torerías el 18 de julio de 1944, en una histórica Corrida de la Concordia. De estos dos asuntos ya me he ocupado en esta bitácora aquí y aquí.

Reabierto el tráfico trasatlántico, serían dos los toreros mexicanos que siguieran de inmediato los pasos de Arruza. Para ello, el festejo del 10 de septiembre de 1944 se anunció con ocho toros de doña Concepción de la Concha y Sierra para Paquito Casado, Rafael Albaicín, Carlos Vera Cañitas y Arturo Álvarez Vizcaíno, siendo los dos últimos, confirmantes de las alternativas que habían recibido el primero, en Ciudad Juárez, el 26 de octubre de 1941 de manos de Lorenzo Garza y confirmado en El Toreo de la Condesa el 9 de noviembre de ese mismo año de manos de Armillita, en tanto que Vizcaíno confirmaría la que recibió en la capital mexicana el 12 de abril de 1942, de manos de David Liceaga, después de haber renunciado a una obtenida en Puebla en 1936 y a otra de Caracas de 1941.

La corrida fue de ocho toros. A propósito de esa cuestión escribió lo siguiente Manuel Sánchez del Arco, Giraldillo, en una rara edición de lunes del ABC madrileño, aparecida el 11 de septiembre de 1944:
Ocho toros... ¡Nada menos!... Está llena la plaza cuando hacen el paseo las cuadrillas de Paquito Casado, Rafael Albaicín y los mejicanos Carlos Vera "Cañitas" y Arturo Álvarez. Estos se presentan montera en mano, en cortés saludo al público madrileño a cuyo fallo van a someterse… Y comienzan a salir los ocho toros de Concha y Sierra, que estos muchachos han aceptado también en rasgo de cortesía hacia los desdeñados ganaderos andaluces…
El primer toro de la tarde se llamó Atendido y fue el que sirvió para que Paquito Casado confirmara la alternativa de Cañitas. La actuación del valentísimo torero fue así ante este toro:
Primero. “Cañitas”, jugando bien los brazos, lo recibe a la verónica y termina con media muy apretada. (Muchas palmas). Tres varas por dos caídas. “Cañitas” toma las banderillas. Dejando llegar al toro muy guapamente, quiebra y coloca un par desigual. Luego cuartea uno y las banderillas quedan juntas y en lo alto. (Palmas). Otro sesgando que resulta de mucho efecto. (Ovación). Pide permiso y coloca un cuarto par, llegando muy bien. (Otra ovación)… Casado da la alternativa al mejicano, y tenemos ya a D. Carlos Vera, “Cañitas”, doctor en Tauromaquia por la Universidad de Madrid, frente al de Concha y Sierra. Hay saludo a la presidencia y brindis en redondo al concurso madrileño. La cortesía es correspondida con una ovación. “Cañitas”, en el centro del ruedo, cita con la muleta plegada. Parece que va a dar el cambio. Cuando el toro le acude, despliega la muleta y da tres naturales, en los que es de aplaudir el valor. Sigue sobre la izquierda, y luego hay unos derechazos apretados y un farol. (Palmas). Dejándose ver, coloca una estocada que basta. (Ovación y saludos)…
El segundo de la tarde fue nombrado Cotorro y fue el que permitió a Rafael Albaicín confirmar el doctorado de Arturo Álvarez, que se mostró así ante él:
Segundo. Arturo Álvarez lancea. Cuatro varas, un marronazo y una caída. Hay un precioso tercio de quites en el que rivalizan el mejicano y Rafael Albaicín. El de Méjico hace quites valientes y vistosos y el gitano tiende el capote majestuosamente en unos lances que se aclaman. Ambos se estrechan la mano y, descubiertos, saludan al público. Álvarez toma las banderillas y cuartea un par que no prende, y después, uno bueno. (Palmas). Cierra un peón… Albaicín da la alternativa a Arturo Álvarez. Hay saludo a la presidencia y brindis al público madrileño, correspondido con palmas de cortesía. El nuevo matador mejicano recibe el toro con un pase por alto, muy quieto, con la figura bien compuesta. En seguida tenemos una serie de pases por bajo. La faena tiene buena planta torera, caracterizada por la tranquilidad en la ejecución. Tres naturales y un molinete. (El toro está quedado). Entra recto y clava media estocada en las agujas, que mata sin puntilla. (Ovación)...
La actuación de ambos diestros mexicanos ante los toros de su confirmación fue más allá de lo meramente decoroso. Tanto así, que la valoración que en la Hoja del Lunes que hace quien firma como El de Tanda de su presentación en la plaza de toros más importante del mundo, es como sigue:
Algo y aún “algos” hay que estimarles y agradecerles a los toreros mejicanos – aparte y por encima de méritos o deméritos –, que entraña un beneficioso valor para la fiesta en estos tiempos de la “administración” como guía y la “comodidad” como norma de conducta, y es la gran voluntad con la que luchan y porfían por el triunfo. Si la intención bastara en el toreo – que no basta, como para ninguna cosa material –, los mejicanos – por ahora – serían unos perfectos bienaventurados, dignos de todos los bienes en fama y en riqueza que suele otorgar la pública estimación… Bueno éste, regular aquél, mediano el otro, no se les puede negar que la tónica de su actuación en España es la del pundonor profesional y el afán de éxito en el cumplimiento de su cometido. Y ello ha de redundar en favor de la fiesta. Porque aunque no todos esos nombres han de permanecer en los carteles, a los que hoy sirven de nuevo aliciente por la novedad, todos habrán contribuido un poco a despertar el espíritu de emulación que ejerza de reactivo para las ya un tanto adormecidas apetencias de la comodona torería contemporánea. Así ha de ser lógicamente, a nada que persistan en no importarles salir de la plaza con el traje manchado de sangre y de arena… Como salieron ayer Cañitas y Álvarez. Lo cual no es corriente que ocurra cuando los toreros sienten la preocupación de no fatigarse con exceso y de que no se les descomponga ni siquiera el peinado… De Cañitas destaco la valentía; de Álvarez, la experiencia… Cañitas insistió en banderillear – cuatro pares a cada toro, mejores unos que otros –, para predisponer en su favor al público, cuyo beneplácito trató de alcanzar en todo momento y obtuvo de pleno en algunos pases de muleta principalmente, primero en los redondos y después en los de pecho y por alto con que inició, sentado en el estribo, su segunda faena. Sus dos toros, aunque pronto en la arrancada el primero y boyante el sexto, se quedaban en el centro de la suerte y ello le impidió completar un conjunto de mayor solidez; pero en los dos oyó muchas palmas. Y en verdad que no se le debió regatear, en el sexto al menos, la vuelta al ruedo… Álvarez lució más con el capote. Sus quites por chicuelinas y de frente por detrás en el segundo fueron excelentes, en competencia con los no menos excelentes de Albaicín, a la verónica estos. No insistió con las banderillas, que dejó tras un par, al darse cuenta de lo que cortaba el terreno el segundo toro. Y sobresalió en los principios de su primera faena, redondeando bien los pases y cambiándose con gracia de mano la muleta, que manejó con menos soltura en los naturales. Mató bien y se le aplaudió mucho. El séptimo toro provocó las iras del “respetable” por sus extrañas embestidas, que pudieron achacarse a defectos de vista, que en realidad no eran sino síntomas de mansedumbre, y Álvarez se ajustó a las posibilidades del caso; faena de aliño y brevedad con la espada... Los toros de Concha y Sierra cumplieron en varas y no presentaron dificultades; pero se frenaban en el centro de las suertes, sin pasar, y ello no es tampoco una facilidad para el lucimiento de los toreros. El tercero hizo una deficiente pelea, con la cara por el suelo. El séptimo fue mansurrón. El octavo, incierto y avisado, mejoró algo al final. En conjunto, una corrida menos peor de lo que esperábamos de esta que un tiempo fue una ganadería famosa…
Arturo Álvarez Vizcaíno
Cortesía: Blog Toreros Mexicanos
Como podemos ver, el juicio crítico de la actuación de estos dos toreros nuestros no desmereció en manera alguna. De hecho, Cañitas se convirtió en un consentido de la afición madrileña y es, al día de hoy, el torero mexicano que más veces ha toreado vestido de luces y en corridas de toros en la plaza de Las Ventas. Son catorce actuaciones tenidas allí, entre 1944 y 1951 con el corte de tres orejas y la apertura de la puerta grande en una ocasión las que aún no han podido ser superadas.

Arturo Álvarez Vizcaíno, tras de dejar los ruedos se dedicó al apoderamiento de toreros y a actividades relacionadas con la empresa taurina, falleciendo en la Ciudad de México el 5 de diciembre de 1968.

Carlos Vera Cañitas, dejó los ruedos a causa de la cornada de Buen Mozo de Ayala, el 21 de agosto de 1960 en el Toreo de Cuatro Caminos, que motivó que le fuera amputada la pierna derecha. Falleció en la Ciudad de México el 19 de febrero de 1985.

Nota: El sumario con las actuaciones de Cañitas en la plaza de Las Ventas, lo pueden consultar en esta ubicación.

domingo, 1 de julio de 2012

Cañitas, Cataluña y Luciano Cobaleda

Hace 65 años... y un mes

El anuncio de la alternativa de Luciano Cobaleda
La Vanguardia (Barcelona 01/06/1947)
Hoy hace un mes que se cumplieron sesenta y cinco años de la alternativa de Luciano Cobaleda en la Plaza Monumental de Barcelona. La recibió de manos de Curro Caro y atestiguó la ceremonia el diestro mexicano Carlos Vera Cañitas. El festejo por sí traspasa la mera efeméride del doctorado del que fuera  Ganadero de Toros de Lidia, miembro del Ejército del Aire de España, Licenciado en Derecho y Matador de Toros – creo que ese es el orden de los hechos – porque como lo comentaba hace un par de semanas, al final de 1946 se comenzaron a deteriorar las relaciones entre las torerías española y mexicana y así, a mediados de mayo de 1947, un grupo de toreros encabezados por Antonio Bienvenida, Luis Miguel Dominguín y Juan Belmonte Campoy – que no hicieron temporada aquí e invocaban falta de reciprocidad – declararon terminado el convenio que permitía que los nuestros actuaran allá y los hispanos aquí.

Manolete y otro grupo de toreros – que si vinieron a torear a México el invierno anterior – intentaron reparar las cosas y un par de semanas después, se declararon restablecidas las relaciones, situación que perduró algo menos de un mes, porque el 28 de junio de ese año se tuvo por definitivamente suspendido el intercambio y ese estado de cosas permaneció hasta 1951. Nuestros toreros que se quedaron parados allá – y acabaron tomando el camino de regreso – fueron entre otros Fermín Rivera, Antonio Velázquez, Carlos Arruza, Ricardo Torres, Manuel Gutiérrez Espartero y Antonio Toscano entre los matadores y los novilleros Pepe Luis Vázquez y José Antonio Chatito Mora. También Cañitas, que logró actuar catorce tardes antes de la ruptura, se quedó en la estacada y es así como pasa a ser personaje de esta historia.

Los toros

El encierro anunciado fue de la ganadería de Hijos de Pablo Romero, de los que al final de cuentas se lidiaron solo cinco, por haberse inutilizado uno en los corrales y fue sustituido por uno, salmantino, de don Vicente Muriel. De este particular encierro, cuenta lo siguiente Eduardo Palacio, cronista del diario La Vanguardia de Barcelona, en su edición del 3 de junio de 1947:

…seis buenos mozos de la vacada sevillana propiedad de los señores hijos de don Felipe de Pablo Romero, cuyas reses, procedentes de Gallardo y Vázquez, fueron cruzadas hace siete años con una parte de lo de don Clemente Tassara, sangre de lo de Gamero Cívico. La divisa es celeste y blanca. Desechóse en el apartado de la corrida uno de los toros sevillanos, substituyéndosele con otro del campo charro, ganadería de don Vicente Muriel, divisa encarnada y caña, bicho que fue el que rompió plaza. Era una res grande, gorda, y bien puesta de cuerna...

En el número de El Mundo Deportivo aparecido en la Ciudad Condal al día siguiente del festejo, el cronista A. de Castro resume así las características y comportamiento de los toros:

...Primero. – «Pajarito», Núm. 4, cárdeno, grandote y descarado de cuerna. Es de Muriel... El reserva, al primer puyazo deja enhebrada la vara y admite después el de Muriel otros tres lancetazos derribando al piquero en el primero... Segundo. – «Pichileto», Núm. 48, berrendo en colorado, capirote, grande y bien puesto de pitones... Empujando y recargando admite el Pablo Romero hasta seis varas... Tercero. – «Trillador», Núm. 30, negro bragado, largo y brocho... También este toro es duro y poderoso, toma seis varas y proporciona en dos sendos coscorrones a los del castoreño... Cuarto. – «Pañero», Núm. 70, negro meano, veleto y de peso como sus hermanos... También saca el bicho genio y poder y arremete codicioso seis veces a los caballos... Quinto. – «Espantoso», Núm. 10, cárdeno, astifino... Seis varas... Sexto. – «Espejuelo», Núm. 50, negro entrepelado, bragado y astifino... El de tanda mete el palo seis veces...

Carlos Vera Cañitas
De lo leído, aprecio varias cosas. Primero me llama la atención la afirmación de Eduardo Palacio acerca de un supuesto cruce hecho en 1940 por los señores Pablo Romero con ganados de origen Gamero Cívico vía Clemente Tassara. Lo malo en este caso, es que no cita la fuente de su información. Después, de la descripción de los toros hecha por De Castro, me resulta interesante la del segundo, berrendo en colorado y capirote, una clara reminiscencia del origen Gallardo – Cabrera de los toros hoy anunciados como Partido de Resina y por último, que entre los cinco que se lidiaron, solamente haya salido al ruedo uno solo de pelo cárdeno, cuando hoy en día, esa pinta es prácticamente la insignia de la ganadería.

Luciano Cobaleda Gajate

Curro Caro, leíamos arriba, le cedió los trastos a Luciano Cobaleda para dar muerte a Pajarito, número 4 de la ganadería de don Vicente Muriel. Ante ese toro, al que las crónicas del festejo consideraron uno de los mejores vistos hasta ese momento en la temporada barcelonesa – las mismas relaciones hablan de que el toro era ya famoso por haber sido sobrero en varios festejos ese mismo tramo de temporada –, el toricantano se mostró solvente y hasta con gusto para realizar las cosas, llegando al tendido y dejando en claro que el ser torero no era solamente un pasatiempo para él. La reflexión que hace José Martín Villapecellín en el citado número de Mundo Deportivo sobre su actuación es así:

…Cuando se toma la alternativa en una plaza de la responsabilidad de la de Barcelona, es preciso salir a torear como ha salido esta tarde Luciano Cobaleda; o para llevarse una oreja de la res vencida, muerta, o para llevarse una cornada grande... Hoy el gentío de pie ovacionaba a Luciano Cobaleda cuando iba con el cuerpo roto, camino de la enfermería, porque quiso hacer un quite lento, tan lento cómo va el agua de ese Tormes en su ensanche. Por exceso de dignidad, de una profesión que para Luciano Cobaleda es el más agradable recreo, no le dio tiempo de devolver los trastos a Curro Caro, pero el nuevo torero de Salamanca ya había triunfado apoteósicamente en el toro de su alternativa, dando la vuelta al ruedo… La faena de Cobaleda ha sido reposada, maciza, señorial. Faena campera, sin campo. Con olor a tomillo y sabor a aire de montañas en noche de media luna. Pases por alto, en lo más alto de la emoción, para una serie de tandas naturales con naturalidad de movimientos, en perfecta acción desganada. Pero lo mejor de este nuevo matador de toros, con ser todo muy bueno, es eso: la forma de matar los toros. En corto y por derecho y acusando una recia personalidad, pincha dos veces para agarrar media estocada de matemática perfección. Luciano Cobaleda ha tomado la alternativa y el bautismo de sangre. Justificados están los deseos que él tenía de torear en nuestra plaza...

Como apunta el relator, ya no saldría Luciano Cobaleda a matar al sexto, pues al salir a quitar en el segundo de la tarde, fue herido y pasó a la enfermería. El parte facultativo es el siguiente:

«El diestro Luciano Cobaleda sufre una cornada que le produce una herida inciso – contusa en la región antero – superior del muslo derecho, que interesa aponeurosis y produce desgarro de los abductores, de unos cinco centímetros de extensión por quince de profundidad. Pronóstico menos grave. Doctor Olivé Gumá.»
Para conocer mejor el paso por esta fiesta de Luciano Cobaleda Gajate, principalmente en su arista ganadera, les remito a una extraordinaria pieza escrita por Martín Ruiz Gárate, publicada en su Taurofilia y visible aquí.

Cataluña

Hoy se invoca la falta de taurinidad de Cataluña y de los catalanes. De la crónica del festejo que me tiene aquí, publicada en La Vanguardia, extraigo lo siguiente:

A la fiesta... acudió mucho público a las localidades de sombra y poco a las de sol. No creo que en esto último influyera el hecho de que en las cuatro capitales catalanas hubiese el domingo gestas taurinas: En Gerona actuaron Pepe Luis Vázquez, «Andaluz» y Llorente; en Lérida, «Cagancho» (padre e hijo), «Pedrucho», «Morenito de Valencia» y «Fuentes», y en Tarragona, Carceller, Bamala y «Frascuelo». ¡Vaya si hay afición en Cataluña!...

Agregaría, que Palacio omite señalar que en Gerona actuó también el rejoneador Balañá y que también en Palma de Mallorca se dieron toros, plaza que si bien no está territorialmente en Cataluña, si era parte de la esfera de influencia de la empresa de don Pedro Balañá Espinós.

Cañitas

Curro Caro
Carlos Vera Muñoz resultó a la postre ser el triunfador de la tarde. Le cortó una oreja a cada uno de sus toros a base de lucir y exponer enormidades en el segundo tercio y de pelearse con los toros en el último, como siempre fue su signo. Y se lo llevaron en hombros por la entonces llamada Avenida de José Antonio. Pero antes del triunfo, su presencia fue bien recibida en la Monumental de Barcelona, según se lee en la crónica de Eduardo Palacio, titulada Yerro enmendado:

…Lo cierto y positivo es que los malos entendidos se han aclarado y que desde el domingo pueden los mejicanos pisar nuestros circos. A ningún «aficionado» de España habrá, pues, sorprendido que fuera el señor Balañá el primero que incluyó en un cartel a un diestro azteca...

Ya delante de los toros, Cañitas hizo valer su repertorio e intentó poner los medios para hacer perdurar un restablecimiento de relaciones que se veía endeble – y que a los pocos días se vería que así era – como lo relata la misma crónica citada:

…El mejicano «Cañitas» salió eufórico a la Monumental, comportándose cordialísima y cortésmente con la «afición» y sus compañeros, como verá el que leyere. En sus dos toros derrochó valor, hecho que sirvióle en diversas ocasiones para salvar su no muy extenso arte; banderilleó guapa y soberbiamente ambos cornúpetas, amenizó la música sus faenas de muleta, pasaportando su primer enemigo de un estoconazo en las agujas y el otro de un volapié en la cruz y hasta la cruz. Cortó orejas en entrambos toros, dio sendas vueltas al ruedo recogiendo cigarros y ramos de flores, salió a los medios, incluso después de banderillear, y vio escoltada, en suma, toda su actuación por grandes ovaciones... Y vamos con la cordialidad y la cortesía del valentísimo diestro azteca. Cuando tocaron a matar en su primer toro, el muchacho, antes de brindar a la multitud, destocóse ante: el palco presidencial y dijo: «Saludo al señor presidente y grito con el alma: ¡Viva España!, y ¡Viva Méjico!» Después, cuando el clarín ordenó comenzar el último tercio en el quinto toro, «Cañitas» fue al encuentro del único espada que había en el ruedo, que era Curro Caro, brindóle su actuación y estrechóle efusivamente en un abrazo que simbolizaba el cariño de los diestros mejicanos a todos sus compañeros españoles...

Al comentar las incidencias de la lidia del sexto, que Curro Caro mató por la cornada sufrida por Luciano Cobaleda, en su crónica, Eduardo Palacio le reprocha el no haber correspondido al brindis de Cañitas, calificándolo de una falta de cortesía. Así lo cuenta:

…debe saber Curro Caro que, entre las varias cosas en que no se puede aventajar a los españoles, es en la cortesía con los extranjeros, y si se está en Barcelona, que, según Cervantes, es el archivo de ella, menos todavía… Por eso, por estar aquí ese archivo, terminar la corrida, echarse el público al ruedo, tomar a «Cañitas» en hombros, pasearlo así en derredor del anillo y sacarlo de tal guisa a la calle, fue todo uno. Yo vi el grupo desembocar en la Avenida de José Antonio, y vi cómo la gente se paraba a aplaudir al diestro, aun no habiendo mucha parte de ella asistido a la corrida, y pensé para mi capote que el glorioso manco, que en todo tenía razón, habría gozado al columbrar, desde la mansión de su gloria literaria, cómo el pueblo remediaba gentilmente la falta de cortesía cometida con un extranjero. En definitiva – habrá pensado – así fue, es y será siempre España…

Curro Caro pasó diríamos, con discreción esa tarde.

Así fueron los sucesos de hace sesenta y cinco años. Tres hechos, a mi juicio, dignos de ser recordados.

sábado, 28 de mayo de 2011

Mexicanos en San Isidro (III/III)

Plaza de Toros de Las Ventas, Madrid
El último tramo cronológico del tema que me ha ocupado estas últimas fechas, va a contener un importante número de novedades, pero implicará también, a la manera de la presentación de los grandes maestros de la música, una especie de encore de algunos importantes diestros de generaciones anteriores que, a pesar de haber dejado su impronta en la Monumental de Las Ventas en su tiempo, volvieron a intentar ratificar su categoría en su redondel – y alguno lo consiguió – a pesar de que en España y en México, venían promociones de toreros empujando fuerte y el promedio del aficionado que ocupaba los tendidos de la plaza, ni siquiera tenía idea de quienes eran.

En este misma sección temporal, vuelven a hacerse presentes en el ruedo madrileño los novilleros de nuestro país, que durante las dos décadas anteriores habían estado ausentes de lo que se reconoce como la feria taurina más importante del mundo y durante algunos años, fue su actuación la única que mantuvo presente a la torería mexicana en este serial. Tendremos también en esta última época la feria – la actual, de 2011 – con la mayor cantidad de toreros mexicanos actuando, cinco en total, superando al año de 1963, en el que estuvieron presentes cuatro diestros nacionales – dos matadores de toros y dos novilleros – aunque en aquella oportunidad ocupando seis fechas, al igual que este año.

Los contemporáneos en San Isidro

Decía arriba que los toreros contemporáneos son en la mayor medida los personajes de este último capítulo, aunque nos encontraremos en fechas señaladas con la presencia de nombres destacados de generaciones anteriores que volvieron a Madrid a demostrar que seguían siendo figuras del toreo. Alguno lo consiguió, otros simplemente acusaron los efectos del paso de Cronos. Aquí pues, lo que considero que destaca de las dos últimas décadas en la presencia mexicana en la Feria de San Isidro:

1991: Miguel Armillita, la tarde del 21 de mayo, en que alternó con Curro Vázquez y César Rincón en la lidia de toros de Baltasar Ibán, materialmente atestigua el surgimiento de una figura de época, en la persona del torero colombiano. De su actuación esa tarde, Vicente Zabala Portolés, escribió para el ABC madrileño lo siguiente: Armillita se dejó ir un buen toro. Inicia bien, pero no remata. Me parece que le falla el motor. Dicen en México que se trata de un buen torero, que se ha sacrificado poco. Me parece que no van descaminados. Fea se le pone la campaña española. Y lo siento, porque soy un sincero admirador de las dinastías toreras. Pero no olvide que los blasones hay que mantenerlos relucientes. Mala cosa es dormir sobre los laureles de la historia.


Miguel Espinosa Armillita Chico
El 29 de mayo, reaparecía en Las Ventas Eloy Cavazos. Su última actuación en ese ruedo fue el 18 de mayo de 1975, prácticamente 16 años antes. Con Roberto Domínguez y Joselito enfrentó 3 de Los Guateles (2º, 3º y 4º), 2 de Peñajara (1º y 6º) y uno de Alcurrucén. Tras del festejo, declaraba a Emilio Martínez, de El País, lo siguiente: «Animado por el cariño de este gran público, a mi primer toro le di, con mi estilo alegre y variado, los ocho ó 10 pases que tenía». El mexicano creía que el público también valoró mucho su valentía y entrega a la hora de matar: «No es ningún mérito, es que, como soy tan chaparrito, no me queda otro remedio. Hay que hacer honor a nuestra profesión de matador de toros, ¿no?».
 
El 1º de junio, es nuevamente Eloy Cavazos el que da la nota. Alternó con Fernando Lozano y Enrique Ponce en la lidia de toros de Los Bayones y le cortó una oreja al cuarto. Joaquín Vidal, en su crónica del diario madrileño El País, reflexionó lo siguiente: Eloy Cavazos contribuyó a la diversión toreando con alegría. Dios le bendiga por eso. En época de toreros aburridos, de toreros que confunden la grandeza del arte de torear con darse ínfulas -y acaban siendo bastante horteras, los pobres- era un gozo ver al veterano mexicanito, chiquito pero matón, alegrando la embestida del toro, llamándole de usted – «¡Ándele no más!», decía –, y con la sonrisa en los labios, sin necesidad de poner cara de drama, ni fingir tentativas de suicidio, iba y le enjaretaba redondos, ligándolos sin perder ni un milímetro de terreno, que es como se hace el buen toreo.

Mariano Ramos
1993: El 16 de mayo reaparece Mariano Ramos en Las Ventas. Alterna con José Antonio Campuzano y Vicente Ruiz El Soro, para lidiar una corrida portuguesa de Murteira Grave, cinqueña y que sacó muchísimas complicaciones. Vicente Zabala Portolés tituló así su crónica para el ABC de Madrid: Los Lozano se olvidaron de poner a Bombita, Machaquito y Vicente Pastor. Esta crónica la debería haber firmado Dulzuras, primer crítico de ABC. El torero, tras del festejo, declaró a Luis García, del mismo diario, lo siguiente: He visto lidiar toros de Murteira en varias ocasiones. Los he visto buenos; algunos con problemas; pero como éste, ninguno. Parece como si el más malo de la ganadería me lo hubieran reservado... Es posible que no haya acertado a cogerle la distancia, pero no obstante, he de decir que ha sido un toro más para el público que para el torero... espero poder desquitarme en la otra corrida que me queda.

El 30 de mayo volvió a actuar Mariano Ramos, esta vez alternando con Pepín Jiménez y Mariano Jiménez en la lidia de toros de Celestino Cuadri. De nuevo se vio desconfiado, aún teniendo un toro (4º) que de acuerdo con las crónicas, servía. Al final del festejo, declaró a Luis García lo siguiente: Esta profesión es complicada y tengo que decir que me voy en deuda con Madrid y su afición. Con una espina clavada, que voy a tener presente hasta que goce de una nueva oportunidad para quitármela.
 
1994: El 14 de mayo confirma su alternativa Alejandro Silveti. David Luguillano, en presencia de Miguel Rodríguez, le cede al toro Pastelero de Peñajara. De su actuación, Joaquín Vidal rescata: …Inválido el primero, Alejandro Silveti apenas pudo instrumentarle tres verónicas ceñidas, par de gaoneras, otros tantos derechazos. En el cuarto repitió Silveti las gaoneras, dio dos espeluznantes pedresinas en el centro geométrico del redondel, sorteó las inciertas arrancadas... y tras del festejo, el torero declaró a Luis García lo siguiente: Hubiera querido hacer mis cosas con más claridad... pero ha resultado imposible rematar la tarde. Después de esta actuación se queda uno con ganas de volver...


1995: El 2 de junio, en corrida en la que Miguel Armillita actuaba con Manuel Caballero y Antonio Borrero Chamaco, para lidiar toros de Juan Andrés Garzón (1º, 2º y 6º), Gabriel Hernández García (4º y 5º) y Herederos de Carlos Núñez. El cuarto de la tarde, al tirarle un derrote, le hiere gravemente en el cuello con una banderilla. El parte facultativo, aunque lacónico, no deja lugar a dudas de la gravedad del percance: El diestro Miguel Espinosa Armillita Chico fue herido en la región lateral izquierda del cuello. Trayectoria hacia adentro de 15 centímetros, penetrando en faringe. Contusión de arteria carótida y venas yugulares. Pronóstico muy grave. Pasa a la clínica La Fraternidad, de Madrid. Firmado: Dr. Máximo García Padrós.

2000: El 22 de mayo, fueron acartelados Eulalio López Zotoluco, Enrique Ponce y Manuel Caballero para dar cuenta de toros de El Puerto de San Lorenzo y Peñajara (6º). Zotoluco cortó la oreja al 4º de la tarde y de su actuación, Joaquín Vidal destaca lo siguiente: El torero más interesante de la tarde fue el llamado Zotoluco. Serio y entregado en la lidia, pundonoroso en los trasteos de muleta, empeñado en aplicarles a los toros el toreo puro, desgranó muletazos de alta escuela... La segunda faena, tenaz y valiente, también con algunos pasajes cálidos, alcanzó la cumbre en la suerte suprema: perfilado en corto, atacó no echándose fuera como se acostumbra, ni siquiera pasando al hilo del pitón, sino que se abalanzó sobre la cuna y fue la mano izquierda – la muleta echada bajo los belfos – la que vació, mientras hundía el acero en las agujas y salía limpiamente por el costillar... La estocada, por sí sola, valía una oreja. Y se la dieron. Y menudo iba de contento el moreno aceituno Zotoluco presumiendo de ella en su vuelta al redondel.

Octavio García El Payo
2001: El 16 de mayo se produce la reaparición de la novillería mexicana en la Feria de San Isidro. Corresponde a Leopoldo Casasola quien alternó con Javier Valverde y el portugués Luis Vital Procuna, en la lidia de novillos de La Quinta. Casasola solamente pudo recoger una ovación al retirarse a la enfermería tras de llevarse una paliza en el cuarto. El parte facultativo dice: Leopoldo Casasola sufrió una herida inciso - contusa en la región frontal de ocho centímetros. Ligera conmoción cerebral. Puntazo en el tercio superior del muslo izquierdo. Pronóstico reservado. Firmado: Dr. Máximo García Padrós.

2009: Octavio García El Payo, confirma su alternativa el día 20 de mayo, de manos de Miguel Abellán y llevando como testigo al torero catalán Serafín Marín. Se lidiaron 3 de Peñajara (2º, 4º y 5º), Hermanos Torres Gallego (1º), María Cascón (2º) y Pío Tabernero de Vilvis (6º). El toro de la confirmación fue Arábigo, de Hermanos Torres Gallego. El confirmante dio la vuelta al ruedo en el 6º. De la crónica de Antonio Lorca, de El País, recojo lo siguiente: ...algo se puede salvar del desastre. Primero, el torero mexicano El Payo, que sorprendió a todos con su arrojo, valentía, disposición e inteligencia... El sexto era un soso zambombo con el que estuvo hecho un tío, un torero de los pies a la cabeza, y trazó muletazos hondos por ambas manos, aunque sin la necesaria continuidad... pero su forma de estar en la plaza y su disposición le auguran un futuro prometedor. Que no se olvide el tercio de quites que él y Abellán protagonizaron en el primero. Hasta cinco quites entre ambos: El Payo, por gaoneras, chicuelinas y delantales, y Abellán, por verónicas y delantales. No fue un tercio grandioso, pero sí alegre, emotivo y novedoso en tiempos de tanta uniformidad.

2011: El día de San Isidro, Morante de la Puebla, confirmó la alternativa de Arturo Saldívar, en presencia de Alejandro Talavante. El encierro fue de Núñez del Cuvillo. El toro de la ceremonia fue Aguador. De la actuación del torero de Aguascalientes, que salió dos veces al tercio, Ignacio Álvarez Vara, Barquerito, destaca lo siguiente: Confirmó la alternativa ambiciosamente el mexicano Arturo Saldívar... El de la alternativa se movió con son agresivo, y mal ahormado o díscolo, pegó muchos cabezazos. Saldívar, bien conocido en las Ventas como novillero valeroso, salió arrancado y, de rodillas y en los medios, citó de largo para una aparatosa tanda en redondo: los cabezazos del toro fueron como balas que le pasaron silbando las sienes. Si llega a estar Saldívar en pie, no lo perdona el toro, que no vino metido en el engaño. Sopló viento pero no se arredró ni volvió la cara el torero de Jalisco. Firmeza y ajuste impecables, conmovedores. No ceder ni un paso ni un centímetro. La segunda faena de Saldívar, a toro bastante más apacible que el de la confirmación, volvió a tener el sello de la firmeza y la resolución... Arturo repetiría el 27 de mayo en sustitución del linarense Curro Díaz, herido en la Feria de Abril de Sevilla.

El domingo 22 de mayo, reaparecía en Las Ventas Ignacio Garibay. Sus alternantes fueron Serafín Marín y Sergio Aguilar, quienes lidiaron toros de Partido de Resina (3º a 6º), Nazario Ibáñez (1º) y Los Chospes (2º). Pese a que algún sediciente iluminati – y para más tristeza, de Aguascalientes –, con ínfulas de sabio, ha querido hacer aparecer la actuación de Garibay como un fracaso, la realidad es que fue de una gran dignidad ante una corrida que presentó un gran número de complicaciones. El toro, llamado Morito, cercano a los seis años de edad y con 672 kilos de peso, lo brindó en comandita a Eloy Cavazos, Palomo Linares y César Rincón, más o menos en estos términos: Maestros: Quiero brindarles este toro y decirles que me voy a jugar la vida por ustedes, por lo grandes que han sido.

La visión de Andrés Amorós acerca de su actuación es esta: Ignacio Garibay se muestra toda la tarde digno y con oficio. El primero, de Nazario Ibáñez, es muy flojo. Aunque lo lleva templadito, se derrumba. Consigue algunos derechazos de mano baja, asentado y firme. Prolonga la faena y mata mal. El cuarto pesa 672 kilos, es abierto de pitones: ¡un tío! Lo ovacionan de salida pero mansea claramente, barbea las tablas. Huyendo, recibe seis picotazos. No se amilana Ignacio, lidia con oficio pero el toro va con la cara muy alta; en un arreón, lo voltea y se ceba con él. Hasta acabar con el toro, no pasa por su pie a la enfermería: hemos vivido el lado más áspero de la Fiesta. El parte facultativo es el siguiente: «Herida en el tercio medio del muslo derecho de 25 centímetros, con destrozos en músculos tensor, vasto y recto, con salida en el tercio superior». Pronóstico «grave».

El 23 de mayo se presentó en la Feria el novillero de Tlaxcala Sergio Flores, para alternar con el francés Thomas Duffau y el madrileño López Simón en la lidia de novillos de Montealto. La visión de Patricia Navarro, en el diario madrileño La Razón sobre su actuación es la siguiente: La voluntad del mexicano no tuvo fisuras, tampoco en el remate, buscando ajustarse con el toro, llegar al público, transmitir, y se tiró a matar con todo. Se le pidió la oreja, pero esta vez el presidente sacó la vara de medir con el novillero que olvidó con los matadores en otras tardes. El chaval, como si le hirviera la sangre, no quiso dar la vuelta al ruedo. El quinto fue un toro mucho más serio que muchos de los que han salido por Madrid en los últimos tiempos. Derribó al caballo, manseó después y se dejó en tres o cuatro arrancadas por abajo. Había que marcarle muy bien el camino, mucho toque, llevarle, guiarle. En nada ya no había toro, había sido una alucinación, y dejó Flores una faena de novillero cuajado que quiere, con buen concepto y corazón del bueno.

Joselito Adame
Foto: Juan Pelegrín
El 25 de mayo confirmó su alternativa Joselito Adame. Ofició como padrino Sebastián Castella y atestiguó la ceremonia Miguel Ángel Perera. Los toros fueron de Alcurrucén y el de la ceremonia se llamó Escribano, cuya muerte brindó al Rey Juan Carlos I. Tras de su lidia fue llamado a saludar en el tercio. De su actuación escribe Andrés Amorós: Comienza la tarde con ilusión pero se va despeñando hacia la grisura... Quedan en el recuerdo, en definitiva, la alternativa del mexicano Joselito Adame, y la presencia del Rey, al que brindan los tres toreros... Confirma Joselito Adame con «Escribano», levantado, bien hecho, que huye de salida; luego, resulta manejable. Muestra su disposición en chicuelinas. En la muleta, aguanta algún derrote, a costa de enganches. Va mejor por la derecha y consigue buenos pases, arrastrando la muleta por la arena. Mata con decisión. El último, «Guitarra», que pertenece a la famosa familia de los músicos, huye, casi salta la barrera, es francamente difícil. Brinda a sus padres. El mexicano se muestra dispuestísimo: firme, quieto, muy valiente. Aguanta parones y se saca al toro por la espalda. Se la juega de verdad: merece todo el respeto...


Este 30 de mayo se cierra la participación mexicana programada en esta Feria de San Isidro. Y es un cierre que por sí mismo hará historia. Diego Silveti, con su comparecencia, hará presente a la tercera generación de los Silveti en la Plaza de Toros de Las Ventas del Espíritu Santo. Su abuelo Juan, su padre David – su tío Alejandro también – y ahora él. Y ya que echamos cuentas – como decimos aquí en México –, sería la cuarta generación de toreros Silveti en las plazas de Madrid, porque también Juan, El Meco, su bisabuelo, inició la historia de esta dinastía en Madrid el 8 de abril de 1917 en la Plaza de la Carretera de Aragón, cuando Rafael El Gallo, en presencia de Pacomio Peribáñez y Cocherito de Bilbao, le cedió al toro Zarcillo, de García de la Lama, para confirmarle la alternativa.

El cartel de ese día lo forman el nombrado Diego Silveti, Víctor Barrio y Rafael Cerro, quienes se enfrentarán a una novillada de El Ventorrillo. Insisto, solamente el anuncio del cartel, es motivo para entrar en la historia, pues creo que pocos son los toreros de cuarta generación que han pisado la Plaza de Las Ventas.

Resumen del Periodo


Años de Ausencia: 1990, 1998, 1999, 2003, 2006, 2007.

Festejos toreados:

Miguel Armillita, 9: [1991 (2); 1993 (2); 1995 (2); 1997 (2); 2001 (1)]; Zotoluco, 8: [1997 (1); 2000 (2); 2001 (1); 2002 (1); 2004 (2); 2005 (1)]; Eloy Cavazos, 3: [1991 (2); 2002 (1)]; Alejandro Silveti, 3: [1994 (1); 1995 (1); 1996 (1)]; Jorge Gutiérrez, 2: [1992 (2)]; Mariano Ramos, 2: [1993 (2)]; Manolo Mejía, 2: [1996 (2)]; Arturo Saldívar, 2: [2011 (2)]; El Payo, 1: [2009 (1)]; Arturo Macías, 1: [2010 (1)]; Ignacio Garibay, 1: [2011 (1)]; Joselito Adame, 1: [2011 (1)]; Leopoldo Casasola, 1: [2001 (1) novillada]; El Payo, 1: [2008 (1) novillada]; Mario Aguilar, 1; [2009 (1) novillada]; Arturo Saldívar, 1: [2010 (1) novillada]; Sergio Flores, 1: [2011 (1) novillada].

Carlos Vera Cañitas
Sumando actuaciones fuera de San Isidro, así como en los periodos anteriores objeto de esta serie – en corrida de toros y vestidos de luces – de los diestros que actuaron en el periodo de tiempo que abarca la parte final de esta serie de remembranzas, Miguel Espinosa Armillita y Zotoluco, suman 12 en total, lo que les coloca en el segundo lugar histórico de los toreros mexicanos que más han actuado en la Plaza de Las Ventas, solamente detrás de Carlos Vera Cañitas, que logró en total en su carrera, 14 corridas de toros en ese escenario entre 1944 y 1951. Por su parte, Eloy Cavazos, con las cuatro del periodo anterior, suma 7 en total para su contabilidad histórica; Jorge Gutiérrez así totaliza 6 y Mariano Ramos 4.

Concluyendo

Escribe Javier Villán que hacer una antología es hacer una opción y que hay tantas antologías como antólogos haya. Esta – que en tres partes les he presentado – es la mía. Insisto que cada uno de Ustedes puede tener algún recuerdo más importante para destacar que los que aquí les he presentado y esa diversidad de criterios es lo que hace rica y culta a esta Fiesta. Mi único interés es el recordar el hecho de que nuestros toreros y en algún momento también nuestros toros han sido parte crucial de lo que es reconocido como la feria taurina más importante del mundo. Ojalá que eso motive a nuestros toreros y a nuestros ganaderos a seguir siendo parte activa de ella, para seguir contribuyendo a la grandeza que es consustancial a la fiesta de los toros.

domingo, 13 de marzo de 2011

Pepín Martín Vázquez, un poco de su paso por México (comentario a toro pasado)

Pepín Martín Vázquez visto por Pepe Sala
Creo que no es necesario abundar en la sustanciosa brevedad del paso de Pepín Martín Vázquez por los ruedos. Esa brevedad nos ha dejado pocas imágenes a quienes por un mero accidente demográfico, no tuvimos el privilegio de verle en las plazas y tenemos que arreglárnoslas con lo que los veinticuatro por segundo nos alcanzan a transmitir, con todas las virtudes y los defectos que esa manera de recolectar y reproducir sucesos tiene.

Una de las mejores escenas que se conservan en ese formato – ya digitalizado –, recopilado en su inmortal Currito de la Cruz (Luis de Lucía, 1948), es la de la lidia al toro Caribeño de Xajay, la tarde del Jueves 14 de febrero de 1946 (corrida por la Rosa Guadalupana, a beneficio del Sanatorio de Toreros) en el viejo Toreo de la Ciudad de México donde su padre, el señor Curro se presentó en 1908 y su tío Manolo en 1914.

Pepín Martín Vázquez llegó a nuestro país para la temporada 1945 – 46, la segunda después la reanudación de las relaciones taurinas con España, tras de la ruptura de 1936 junto con Manolete, Pepe Luis Vázquez, Luis Gómez Estudiante, Manolo Escudero, Rafael Vega de los Reyes Gitanillo de Triana, Joaquín Rodríguez Cagancho, Eugenio Fernández Angelete y Rafael Perea Boni para integrar esa temporada con los más importantes de la baraja mexicana.

Menciono como dato adicional, que en esa temporada se inauguró la Plaza México – 5 de febrero de 1946 – y de esos toreros hispanos solamente actuaron en la Plaza México Manolete y El Boni. En años venideros lo harían Cagancho, Gitanillo de Triana y Manolo Escudero. Los demás, pasaron a formar parte de la historia y la leyenda de El Toreo – que sucumbió a la picota ese calendario también –, pero quedaron inéditos en la plaza de toros más grande del mundo.

Después de su confirmación en El Toreo – 16 de diciembre de 1945 –, Pepín Martín Vázquez se presentó en Guadalajara, en cuya plaza El Progreso tuvo tres actuaciones, dos de ellas, de acuerdo con las crónicas, que aún sin corte de apéndices – retazos de toro al fin – pueden considerarse señaladas. La primera fue el día de Año Nuevo de 1946, cuando mano a mano con Luis Procuna, dio cuenta de un encierro de Zacatepec. Pepín Martín Vázquez salió en hombros según la crónica, pese a haber pinchado sus tres toros.

En columna diversa a la crónica del festejo, titulada El Deporte en Si Bemol y publicada en el diario El Informador de Guadalajara, en su edición del 2 de enero de 1946, Don Detalles resume la actuación de Pepín así:


Quizá nadie pueda decir que Pepín Martín Vázquez vino a darle una bañada en Guadalajara a Luis Procuna, pero muy cerca estuvo de ello. El español encendió el entusiasmo en las graderías, como hacía mucho que no lo veíamos, y se reveló como lo que es: el mejor de los españoles que aquí hemos visto… Queremos decir únicamente que el chico nos ha dado la mejor tarde de toros que hemos tenido en mucho tiempo, y que desde ese punto de vista, para nosotros puede ser mejor que el propio Manolete… y que por eso se llevó de Guadalajara una de las más calurosas ovaciones que se hayan dispensado a un torero en la tierra tapatía. Pepín gustó; entusiasmó; dio la sensación de lo que debe ser un torero bueno, y nos dejó el buen sabor de haberle visto una de sus mejores actuaciones... Pepín Martín tiene la madera del torero. Y no solamente la madera; tiene también la pose, la afición, la voluntad y todo lo que constituye un diestro de verdad. Ahora es demasiado joven, pero ya se nota en él lo que será después, y pronto. Tan pronto que quizá sea dentro de una semana. En una palabra: que hemos tenido la mejor corrida del año, y ojalá que no sea la última vez que veamos aquí a Pepín Martín... La temporada parecía que habría de pasar sin mucha pena, y sin mucha gloria también, pero ahora esto se compone, y ojalá, como decimos, que vaya de bueno en mejor.”

La segunda tarde que quiero traer al recuerdo es la del 13 de febrero de 1946, en la que para dar cuenta de un encierro de Lucas González Rubio – puro Parladé vía La Punta y Matancillas – alternó con Fermín Rivera y Carlos Vera Cañitas. La corrida fue accidentada por cuestiones climatológicas, pero el celo de Pepín Martín Vázquez lo sacó a flote – materialmente – y volvió a dejar en alto el pabellón de su torería. De la crónica de Puntillero, publicada en El Informador, extraigo lo siguiente:
…Serán las cabañuelas o la visita extraordinaria de la Virgen de Zapopan, pero llevamos unos días metidos en agua como si estuviéramos en junio, y lo que es peor en granizo o lluvia a punto de congelación, y no se escapó de este tiempo el magnífico cartel de toros que se nos ofrecía para ayer por la tarde... A su segundo y sexto de la tarde, de cuyo nombre no podemos dar razón, pues era de quince letras, como palabra alemana y para cuando se logró hacerlo salir de toriles, el agua estaba en toda su fuerza y nosotros guarnecidos en las alturas de la plaza, allí fue donde el españolito nos demostró toda su sangre y su vergüenza torera… Los triunfos de sus alternantes y las buenas condiciones en que le llegó su enemigo a pesar de su mala salida, de haber habido sol, y menos lodo en el suelo, aún estuviéramos comentando las hazañas del sevillano… En medio del aguacero desencadenado, agarra la muleta, el piso del redondel era peor que de algodón o de barro batido, empieza por alto con la derecha – y antes había tenido lucidas actuaciones con el capote –. Sigue la faena sobria y torerísima entre la que se pudo ver un natural citando como a cinco metros de distancia, aguantando toda la embestida del toro a esa longitud y despidiéndolo de la suerte derecho, muy digno del aplauso. Salidas de suertes como solo Rafael “El Gallo”, “Cagancho” y este Pepín nos las han dado, porque después de pasarse al toro muy torero, librarse de él es gracia aparte… Todo el toreo alegre nos lo dio Pepín, en medio del charco en que toreaba, no se podía pedir más al fijarse dos pinchazos y una pescuecera que acabó con su enemigo. De haber habido sol y público no congelado por la fría lluvia, Pepín obtiene otro clamoroso éxito en nuestra plaza

Como se puede deducir de la lectura de los textos que aquí inserto, esas dos actuaciones en El Progreso fueron de una gran importancia, pues en ellas dejó la impronta de un toreo distinto, heraldo de una nueva manera de enfrentar a los astados, aunque en plena euforia manoletista, complicada de explicar y así, se recurría al lugar común, al falso espejo, a la comparación cuestionable – …salidas de suertes como solo Rafael “El Gallo”, “Cagancho” y este Pepín nos las han dado… – ante el pasmo que produce al narrador una tauromaquia distinta a la que marcaba esos tiempos y que era la esperada y que le impide el describir con lucidez y precisión lo que realmente ve, aunque en el fondo perciba algo diferente y novedoso – …se pudo ver un natural citando como a cinco metros de distancia, aguantando toda la embestida del toro a esa longitud y despidiéndolo de la suerte derecho… – por estar preñado de gusto, de clase y de personalidad.



No obstante, la cortedad de la presencia de Pepín Martín Vázquez en México – 70 días – sería como su paso por los ruedos. El infortunio, encarnado en el certero pitón de un toro de Concha y Sierra en la plaza de Valdepeñas y la intransigencia entre las representaciones sindicales de los toreros de aquí y de allá, impidió que pudiéramos seguir disfrutando de la profunda y singular tauromaquia del diestro de la calle de la Resolana.

Pocos años después, a causa principalmente de ese percance, Pepín Martín Vázquez dejó de vestirse de luces y se retiró del ambiente taurino. Hace unos días entró en la inmortalidad. Yo le recuerdo ahora, quizás a destiempo, pero no quiero que parezca que su paso por México aunque breve, quedó desapercibido.

N.B. Los subrayados en los textos citados, son obra de este amanuense.

jueves, 5 de marzo de 2009

Cañitas


Cañitas (27 de septiembre de 1920), es el torero mexicano que más veces ha actuado en la historia de la plaza de Las Ventas. El interés hacia su figura deviene de que en los algo más de tres cuartos de siglo del ruedo venteño, han hollado su arena las zapatillas de diestros que son atesorados con mayor renombre en la memoria colectiva, pero la historia de Carlos Vera Muñoz es una que merece ser contada.

El caso de Cañitas es el que se genera a partir de la precocidad, pues antes de cumplir nueve años de edad, el 16 de septiembre de 1929, se presentó en El Toreo de la ciudad de México, lidiando un eral de Malpaso. Ese sería el preámbulo de una campaña novilleril que iniciaría una década después, en el mismo ruedo de la colonia Condesa y que estaría marcada por dos hechos notables, el valor que derrochaba ante los toros y la facilidad con la que cubría el segundo tercio.

Carlos Vera recibe la alternativa en Ciudad Juárez el 26 de octubre de 1941 de manos de Lorenzo Garza, con el testimonio de Manuel Gutiérrez Espartero, con toros de El Cortijo, confirmándola en El Toreo el 9 de noviembre siguiente, de manos de Armillita y ante el hidalguense Ricardo Torres, siéndole cedido el toro Robalero de Piedras Negras. El sexto le envió a la enfermería con una cornada grave, lo que marcaría el inicio del sino de este menudito torero.

Las campañas siguientes, junto con David Liceaga se enseñorea de la parte llamada económica de la temporada mayor, obteniendo sonados triunfos en la capital mexicana como los logrados con Serranito de don Carlos Cuevas o el de la despedida del Meco Juan Silveti, culminados ambos con el corte de un rabo.


Al destrabarse uno de los conflictos entre las torerías de España y México, cruza el Atlántico y confirma su alternativa en Madrid el 10 de septiembre de 1944, de manos de Paquito Casado y con el testimonio de Rafael Albaicín y su paisano Arturo Álvarez Vizcaíno con toros de Concha y Sierra, iniciando un idilio con la afición madrileña que terminaría hasta 1951.


Su facilidad con los palos logró que se le emparejara con uno de los principales ases del segundo tercio de su tiempo, Morenito de Talavera, con quien alternó en seis de las catorce tardes que pisó el ruedo de Las Ventas, dos de ellas mano a mano. La hora dorada de su paso por esta plaza la tuvo el 10 de junio de 1945, cuando alternando con Domingo Dominguín y Angelete en la lidia de toros de Juan Pedro Domecq, abrió la puerta grande después de tener que matar tres toros por herida de Dominguín.

El año de 1946, fue el diestro mexicano que más veces se vistió de luces en España con 26 actuaciones y mantuvo un discreto cartel en los años siguientes, hasta el año de 1951, cuando cerró su paso por las plazas españolas.


El 21 de agosto de 1960, actuando en El Toreo, por entonces en su nueva ubicación de Cuatro Caminos y llevando como alternantes a Luis Briones y Juan Estrada, el cuarto de la tarde, Buen Mozo de Ayala, le infiere una grave cornada en la pierna derecha. Cinco días después las infecciones y la gangrena hacen necesaria la amputación poniendo fin a la carrera de un torero que sin duda fue un dechado de valor.


El 16 de septiembre de ese mismo año, sus compañeros organizaron una corrida en su beneficio, llenando la Plaza México, festejo en el que Carlos Arruza se presentó como rejoneador y Calesero, Luis Procuna, Rafael Rodríguez, Jorge El Ranchero Aguilar y Joselillo de Colombia, enfrentaron toros de don Jesús Cabrera, logrando aliviar al menos en lo económico la aflicción del valentísimo Cañitas, quien falleció en la Ciudad de México el 19 de febrero de 1985, a causa de un infarto de miocardio.

Poco se comentó en México después de la muerte de este valentísimo torero, pero en Madrid se le recordó en esa triste oportunidad, pues es sin duda uno de los hacedores de la historia y la leyenda de la Plaza de Las Ventas.

Edito: Una interesante versión del pasodoble dedicado por Segundo Galarza al diestro mexicano, interpretado por el tenor venezolano Alfredo Sadel y la orquesta de Pedro Mesías, la pueden escuchar en esta localización del Cancionero Torero.

Re - Edito: Igualmente el paso de Cañitas por la plaza de Las Ventas, lo pueden consultar en esta localización.
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