Mostrando entradas con la etiqueta Mayor López Hurtado. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Mayor López Hurtado. Mostrar todas las entradas

domingo, 28 de junio de 2026

26 de junio de 1960: Se inaugura la Plaza Monumental de Tijuana

En la inauguración
Foto: Ortega
Cuando en el año de 1956 se derribó en Ciudad Juárez la plaza de toros conocida como la Plaza Pani, quizás en recuerdo de su constructor, el ingeniero Camilo Pani – también autor del proyecto y edificación de la San Marcos de aquí de Aguascalientes – , rápidamente fue sustituida por dos cosos en un plazo breve, porque en el año de 1957, en el mismo predio que ocupaba la plaza antigua, se levantó la actual Alberto Balderas y por su parte, el Mayor Médico Veterinario Salvador López Hurtado construyó lo que fue la Plaza Monumental de aquella ciudad fronteriza. 

Era una época de bonanza de la fiesta de los toros en la frontera norte de México, donde en el verano, se daba alrededor de la tercera parte del total de los festejos taurinos que se celebraban en todo el país. Le contaba el Mayor López Hurtado a Rafael Morales Clarinero, que, entre septiembre de 1957 y octubre 1959, nada más en Ciudad Juárez se dieron 120 corridas de toros entre las dos plazas.

El Mayor atribuía ese éxito a lo siguiente, cuando reflexionaba sobre el bajo número de corridas en el año de 1978:

Ahora sólo se dan seis corridas al año porque se acabó la afluencia turística que había cuando se hacían rápido los trámites para los divorcios. Los norteamericanos, que son prácticos y buscan hacer pronto las cosas, preferían ventilar sus asuntos en Juárez... Eso, como causa principal, pero hay otras varias que han determinado que de treinta corridas y tres novilladas que se daban en una temporada, se haya llegado sólo a la media docena...

En otra parte de esta Aldea ya escribía de la pérdida para la fiesta del territorio fronterizo, dejándose de celebrar festejos los días feriados de uno y otro lado de la línea divisoria, como el cuatro de julio, el labor day, el 5 de mayo, nuestras fiestas patrias y otras que invitaban a nuestros vecinos a acudir a las plazas, pero ante la paulatina deserción de los tendidos, la oferta cesó, lo que causó que los toros sean casi testimoniales ya en aquellas tierras.

La Monumental de Tijuana

En un texto titulado El hombre pasa, la obra queda, el cronista radicado en Tijuana Valeriano Salceda Giraldés, nos cuenta:

Se acercaba el final de 1959 y el Mayor Salvador López Hurtado, propietario y empresario de la plaza de Monumental de Ciudad Juárez se puso en contacto con los señores Alfonso Bres y Enrique Jordá dueños de El Toreo de Tijuana, con la idea de comprar la plaza y se la ofrecieron en dos millones de dólares de los de aquella época, y el Mayor les aseguró que con ese dinero él podía construir una plaza de toros mejor que la de ellos, y le contestaron: Bueno eso dice usted. Decirlo es muy fácil. Vamos a ver si usted es capaz de hacerla...

Después de lo hecho en Ciudad Juárez, no era fácil dudar de la capacidad del Mayor para resolver la afirmación a los señores Bres y Jordá y así, con sagacidad, López Hurtado adquirió una importante superficie de terreno en la zona de Las Playas, al Poniente de la ciudad, localizada frente al Océano Pacífico, a la que los gobiernos estatal y federal pretendían impulsar para su desarrollo. Así, en los límites de la zona federal de la línea fronteriza con los Estados Unidos, decide construir la plaza de toros que había anunciado, teniendo como perito responsable de la obra al ingeniero Raymundo Múzquiz Ayala.

En febrero de 1960, Aurelio Pérez, conocido aquí en México por su seudónimo de Villamelón, en esos días corresponsal del semanario madrileño El Ruedo

, en el número correspondiente al 25 de febrero de ese calendario, escribe:

Se confirma que en Tijuana el hombre de negocios don Salvador López Hurtado, que pretendió, sin resultado, llegar a un acuerdo con el empresario de la plaza de toros, que actualmente organiza corridas, ha decidido construir una nueva plaza de toros en dicha ciudad fronteriza. Plaza que espera inaugurar el próximo primero de junio. Es muy posible que para esa fecha esté terminado el coso taurino, porque el señor López Hurtado ha encargado la construcción del mismo a una empresa norteamericana, y ya se sabe lo que los americanos son en lo relacionado con el cumplimiento de sus obligaciones, y hay que pensar que, si ellos se han comprometido a entregar el inmueble a fines de mayo, cumplirán su promesa. Dice el nuevo empresario que la plaza de toros que está construyendo será la más bonita y la mejor acondicionada del país. Esto puede ser cierto, pero habrá que esperar para comprobarlo. También asegura que ha firmado ya contratos con los matadores de toros Procuna, «Calesero», Capetillo, Silveti, Rafael Rodríguez y Joselito Huerta. El señor López Hurtado concedió una entrevista a los informadores de Prensa, y entre otras cosas dijo: «Traté de entrar en arreglos con la empresa de la plaza de toros de Tijuana, pero se puso fuera de la realidad. Ya en plan de competencia buscaré los mejores elementos para dar la pelea. Dicen que no soy taurino, que me arriesgo demasiado, pero los negocios deben arreglarse con decisión. Ahí está mi obra de Ciudad Juárez. Ahora quiero dejar otra en Tijuana, ciudad que tendrá una plaza como se merece». Lo cierto es que, de ahora en adelante, si el proyecto del señor López Hurtado se lleva a término, como parece. Tijuana tendrá dos plazas de toros, y si bien es verdad que hasta ahora ha sido un gran negocio la explotación dé la plaza existente, por el gran número de aficionados y turistas norteamericanos que se han desplazado a la ciudad mejicana para presenciar espectáculos taurinos, es posible que la concurrencia de aficionados y turistas no sea de ahora en adelante todo lo numerosa que el mantenimiento de dos plazas de toros exige para que en ambas sea negocio la explotación de dicho espectáculo. Pero, en fin, es muy posible que durante la actual temperada tengan en Tijuana corridas de toros en una o en dos Plazas, en tanto que en Méjico nos tengamos que conformar de vez en vez con alguna corrida de novillos...

La versión del dicho del Mayor López Hurtado coincide con lo que expresa Giraldés, en el sentido de que se pidió por El Toreo de Tijuana un precio exorbitante. 

Para el siguiente mes de marzo, Villamelón reiteraba en su tribuna de El Ruedo, que el Mayor López Hurtado estaba muy activo contratando toreros para superar a la competencia que le representaría El Toreo:

UN EMPRESARIO IMPACIENTE. – El constructor y empresario de la futura Plaza de Tijuana, don Salvador López Hurtado, está decidido a contratar a todos aquellos toreros de cartel que estén a su alcance para evitar así que sean comprometidos por los empresarios señores Jordá y Bres. Los señores Jordá y Bres piensan comenzar su temporada en el mes de abril, y el señor López Hurtado confía en poder inaugurar la nueva Plaza allá para el mes de julio. Lo contrario de lo que va á suceder en Tijuana ocurre en Ciudad Juárez, donde las dos empresas que hasta ahora actuaban en competencia han llegado a un acuerdo y comenzarán su temporada conjunta en el próximo mes de abril...

La información de don Aurelio Pérez refleja que, al arrancar las plazas de Ciudad Juárez al mismo tiempo su existencia, fue consecuencia necesaria un acuerdo colaborativo para que pudieran funcionar, pero en la forma en la que se produjeron los hechos previos a la decisión de construir la Monumental, un acuerdo de esa naturaleza en ese momento no era posible.

La tarde de la inauguración

Al final la obra estuvo concluida y lista para ser abierta al público para el domingo 26 de junio de1960. Al nuevo recinto lo apadrinaría don Rodolfo Gaona, quien develaría la escultura de El Encierro que corona el pórtico de acceso al coso, y una escultura suya, rematando un quite, ambas obra del gran escultor mexicano, Humberto Peraza Ojeda. También presidieron la ceremonia inaugural los gobernadores de Baja California Norte y de Chihuahua, Eligio Esquivel Méndez y Teófilo Borunda, respectivamente.

Se anunció un encierro de don José Julián Llaguno para Alfonso Ramírez Calesero, Rafael Rodríguez y Antonio del Olivar. Los toros lidiados fueron Rondeño, que se despitorró y fue sustituido por Mirabrás, que permitió al Volcán de Aguascalientes dar dos vueltas al ruedo; Cordobés, al que Del Olivar le cortó la primera oreja concedida en la nueva plaza; Martinete, con el que tras de su lidia, Calesero dio dos vueltas al ruedo; Petenero, Calé, y Sevillano.

Cabe mencionar que esa misma tarde se llevó a cabo también una corrida de toros en el El Toreo en la que actuaron Curro Ortega, Joselillo de Colombia y el venezolano Carlos Saldaña, quienes lidiaron toros de La Trasquila.

El devenir de la Monumental

El Toreo de Tijuana fue demolido en el año 2007 después de una batalla legal en la que el poder económico se impuso a la razón y al Derecho. Después, diversos ayuntamientos tijuanenses se pronunciaron en contra de la fiesta de los toros y se negaron a autorizar la celebración de festejos taurinos, de esa manera, los sucesores del Mayor Salvador López Hurtado intentaron primero, vender la Plaza Monumental y posteriormente, obtener una licencia para su demolición, pero en una resolución que me resulta hasta cierto punto sorprendente, la Dirección de Administración Urbana (DAU) del Ayuntamiento de Tijuana, en mayo de este 2026, denegó la licencia de demolición, con fines de establecer en el predio que ocupa el coso, desarrollos habitacionales, porque tras consultar con diversas instancias gubernamentales, la DAU determinó que la Plaza Monumental es un monumento que no puede ser alterado ni destruido.

Así pues, la Plaza Monumental de Tijuana es, en mi conocimiento, uno de los pocos casos en los que, un inmueble dedicado primordialmente a la tauromaquia, es declarado monumento por una autoridad competente.

La Sociedad de Historia de Tijuana, el Seminario de Cultura Mexicana y el Patronato Pro Preservación del Patrimonio Histórico de Agua Caliente, son algunas de las instancias que también han sometido a la Secretaría de Cultura del gobierno estatal para preservar la Plaza Monumental de Playas de Tijuana, a partir de la noción de que, por la rápida evolución urbana y poblacional, sería un grave error, muy grave, que se derribara, dejando a la ciudad sin referentes históricos.

A 66 años de su inauguración, la Monumental de Tijuana sigue luchando por permanecer.

domingo, 2 de agosto de 2020

Toros en la frontera. Un patrimonio perdido

Plaza de Toros El Toreo de Tijuana
Aunque el toreo se arraigó en la frontera entre México y Estados Unidos en el último tercio del siglo XIX como consecuencia de la herencia cultural compartida de quienes hacían la vida a uno y otro lado de la línea divisoria y secundariamente, al tráfico de bienes y de personas generado por el tendido de vías férreas que comunicarían a ambos países, es en la segunda mitad del siglo XX cuando la zona se convierte en un importante bastión para la fiesta de los toros en México. 

En el caso particular de Tijuana, durante la época de la prohibición, el hotel y casino de Aguacaliente y la cercanía de esta ciudad con la llamada Meca del Cine, fueron un atractivo para personajes importantes de la farándula, lo que motivó que al atractivo del juego, de la posibilidad de consumir bebidas alcohólicas sin disimulo y sin tener que guardar fingidos recatos que a veces imponía la extrañamente pacata sociedad norteamericana, se adicionara la fiesta de los toros, que en esos días y en muchos por venir, no era considerada políticamente incorrecta de ninguno de los lados de la línea fronteriza. También habrá que tener en cuenta que la base naval de San Diego fue un asiento de muchos nuevos aficionados, que al terminar su servicio allí, la diseminaron por el resto del territorio estadounidense.

Con menos atractivos lúdicos quizás, pero con un mercado potencial del lado estadounidense, estaban Ciudad Juárez, que tenía una fortificación del ejército del país vecino cerca de El Paso y tuvo un efecto y vocación similar al de la base de San Diego; pero además estaban en esa línea divisoria Nogales, San Luis Río Colorado, Ciudad Acuña, Nuevo Laredo, Reynosa y Matamoros y en todas esas localidades que veían transcurrir la existencia entre dos naciones y en ellas la tauromaquia tuvo un lugar destacado entre las diversiones públicas y fue la fuente de una afición seria, informada y conocedora. No era un remedo de fiesta o un mero mexican curios. La fiesta de la frontera Norte era la verdadera fiesta de los toros.

Por razones de tiempo y espacio tomaré como ejemplo la temporada de 1963, misma en la que se dieron en esa franja la friolera de 63 festejos entre mayo y septiembre – con algunos festejos residuales hasta noviembre – y que representan la cuarta parte de todos los que se dieron en la República ese año. A esos festejos acudieron las principales figuras de la época y presentaron sus encierros las mejores ganaderías del momento y por supuesto, las empresas dieron oportunidades a toreros emergentes para que pudieran demostrar que estaban listos para mejores empresas.

La temporada del 63

La parte mayor de ese calendario gravitó en las plazas de Tijuana (26) y Ciudad Juárez (22), que fueron las dos que más festejos dieron en México ese año. Superaron en número a la Plaza México (15), aunque habrá que señalar que ese año la temporada capitalina se repartió con El Toreo de Cuatro Caminos (12) – aunque administrativa y políticamente no sea parte de la capital mexicana –, por lo que sumando los festejos de los dos cosos, se supera en uno la cantidad ofrecida por las dos plazas de Tijuana. También esas dos ciudades de frontera dieron más corridas que Guadalajara (10) y Monterrey (12) y plazas como Nogales (8) o Nuevo Laredo (7) dieron más festejos que Aguascalientes (6), e incluso Acapulco, hoy irremisiblemente perdida para los toros, dio casi un número igual de festejos que la capital del país (14).

La competencia entre dos empresas, la que dirigía el doctor Alfonso Gaona y la que encabezaba el Mayor Salvador López Hurtado hizo posible esa circunstancia. Este último había edificado dos plazas monumentales en Ciudad Juárez (1957 – 2005) y otra en Tijuana (1960) para competir respectivamente con la Alberto Balderas y El Toreo. En la revista Toros de Jim Fergus, publicada del lado americano, ambas empresas hicieron el anuncio de sus elencos para la temporada de esa ciudad bajacaliforniana. El Mayor López Hurtado ofrecía presentar a los mexicanos Alfonso Ramírez Calesero, Andrés Blando, Pepe Luis Vázquez, Jesús Córdoba, Manuel Capetillo, Joselito Huerta, Jorge El Ranchero Aguilar, Humberto Moro, Antonio del Olivar, Eduardo Moreno Morenito y Felipe Rosas; a los españoles Pepe Osuna, Juan Jiménez El Trianero, Victoriano La Serna, Juan Bienvenida, Antonio Ortega Orteguita, Paco Corpas y Curro Montes; a los venezolanos César Girón y Curro Girón. También anunció a Jaime Bolaños, aunque no actuó y como pendientes de contrato a Diego Puerta y Antonio Campos El Imposible.

Por su parte, el doctor Gaona ofreció como bases de su temporada a Luis Procuna, Juan Silveti, Alfredo Leal, Jaime Bravo y José Ramón Tirado; a los españoles Joaquín Bernadó, Juan García Mondeño, Diego Puerta y Paco Camino y al portugués José Julio.

El contingente de diestros que actuaron en alguna de las plazas de la frontera y que no fueron anunciados en elenco alguno fue encabezado por Fermín Rivera, Luis Briones, Antonio Velázquez, Rafael Rodríguez, Félix Briones, Raúl Acha Rovira, Fernando de los Reyes El Callao, Raúl García, Víctor Huerta, Jaime Rangel, Emilio Rodríguez, Jesús Peralta, José Luis Ramírez, Tomás Abaroa, Rodolfo Palafox, Benjamín López Esqueda, José Gómez, Joselito Méndez y Rubén Salazar; el venezolano Rafael Báez; el colombiano Pepe Cáceres; los españoles Enrique Vera, Martín Sánchez Pinto y Juan Gálvez y el portugués Manolo dos Santos

También actuaron los rejoneadores Juan Cañedo, Gastón Santos y Mauricio Locken. Así pues, en las 63 corridas que se celebraron en la frontera de México con los Estados Unidos, estuvo presente casi todo el mundo taurino.

Las ganaderías que lidiaron sus toros en la frontera fueron entre otras Torrecilla, Jesús Cabrera, Santo Domingo, Tequisquiapan, Mimiahuápam, José Julián Llaguno, Valparaíso, Corlomé, Golondrinas, Ernesto Cuevas, Javier Garfias, La Laguna, Las Huertas, Ramiro González, Reyes Huerta, Boquilla del Carmen, La Punta, Matancillas, Santa María, Peñuelas, Viuda de Franco, El Romeral, Santoyo, Juan Aguirre, Hermanos Trouyet, Mariano Ramírez, Atlanga, Rancho Seco y Coaxamalucan

He de hacer notar que de acuerdo a la información recopilada por don Luis Ruiz Quiroz en su Resumen Estadístico 1958 – 1963, resulta complicado precisar, en el caso de de Tijuana y Ciudad Juárez, avanzada ya la temporada, en qué plaza se celebraron los festejos, porque de la composición de los carteles se advierte la presencia de toreros del elenco de una y otra empresa entreverados en los mismos carteles, lo que me deja suponer que no tenían pacto de exclusiva con la empresa que los anunció inicialmente.

La afición del lado americano

Peñas y clubes taurinos existen en los Estados Unidos desde hace más de 70 años, siendo de los vigentes el más antiguo Los Aficionados de Los Ángeles, en El Paso hay una agrupación cercana también a esa antigüedad y desperdigadas por toda la Unión Americana hay agrupaciones de aficionados anglosajones que entienden y sienten lo que es esta fiesta. Desde 1964 además, hay una Unión de Bibliófilos Taurinos (TBA) que a diferencia de las de nuestras tierras, funciona a distancia, por correspondencia diríamos, dada la distancia a la que se encuentran ubicados sus integrantes. 

El caso de los Bibliófilos americanos es curioso en muchos aspectos más. Contaba Bob Archibald – aficionado alumni de la base naval de San Diego – que cuando concibió a los TBA, en 1964 publicó una especie de anuncio clasificado en la revista de Jim Fergus convocando a los interesados en el tema y que el primero que acudió al llamado, fue precisamente Fergus. A la fecha TBA cumple 56 años de fructífera existencia.

Esos aficionados procuran asistir a festejos y ferias no solamente en la frontera, sino que viajan de manera individual u organizada a México, Sudamérica o Europa y disfrutan de festejos, del ambiente y de la cultura de los países que visitan y además se preocupan por difundir y comunicar sus impresiones a la demás afición. De esos grupos de aficionados surgieron fotógrafos como Lyn Sherwood o Don Mengason o escritores como el propio SherwoodTony Brand, Sarita Rosenfield o Luis M. Stumer.

También las estrellas de Hollywood se prodigaban en su asistencia a esos festejos y no era raro ver ocupando barreras a actores de la talla de Gilbert Roland, Rita Hayworth, Marilyn Monroe quien incluso llegó a acudir acompañada por su entonces esposo, el Yankee Clipper Joe Di’Maggio e incluso Walt Disney frecuentaba los tendidos de las plazas de Tijuana, para decepción de aquellos que lo plantean hoy como un tótem del animalismo rampante.

Publicaciones en inglés, otro de los efectos

Hacer una relación de todas las publicaciones que se generaron en la franja fronteriza con motivo de la fiesta debe ser complicado, sin embargo, la afición traída del norte de la línea divisoria pronto encontró la manera de difundir y comunicar lo que sucedía en ese tramo territorial y lo que se producía en otros lugares del llamado planeta de los toros, así, podemos recordar entre otras algunas publicaciones como las siguientes:

Corrida. The American Review of Bullfighting (1956), publicada en mimeógrafo por J.R. Ramadier y Tony Brand; le sigue Toros, nacida inicialmente como Toros y Tauromaquia (1957 – 1966), su editor era Jim Fergus, surge como un boletín mimeografiado y concluye su andadura como una revista de una gran calidad; después está Matador – Life and Culture of the Spanish World, editada por Jim Matthews, de corta vida, fue una revista de gran calidad que solamente publicó dos números en 1964 y un especial sobre El Cordobés en 1968; Clarín, Bullfight Review in English (1965 – 1990), editada por Lyn Sherwood, que comienza con una frecuencia semanal y posteriormente se vuelve mensual, sus últimos años fue de aparición irregular; Bullfight World (1984 – 1990), otra empresa editorial de Lyn Sherwood y last but not least, Cartel: Newsletter of Mexican Toreo (1986 – 1990), editada por David Tuggle.

Como decía antes, estas publicaciones no se restringían a los sucesos de la fiesta en la frontera, sino que cubrían los acontecimientos en otras latitudes y en el caso de Luis M. Stumer, uno de los corresponsales de la revista de Jim Fergus, durante 1968, publicaba en Madrid una reseña en inglés de lo que pasaba en la fiesta de este lado del mar, bajo el título de Bulls.

Aparte de todo ello, estaban los programas de los festejos impresos en la lengua de Shakespeare, algunos en formato de revista, como los titulados Tijuana: Program y Programs: International Bullfight. También es de tenerse en cuenta que el semanario El Redondel llevó durante muchos años una columna en esa lengua, escrita y firmada por la doctora Lee Burnett incansable bibliófila taurina.

Un territorio perdido

Hoy en día la frontera norte de México es una tierra perdida para los toros. En el centro de la República y especialmente en el altiplano, los festejos son escasos durante el verano y durante esa estación del año, durante mucho tiempo ese límite territorial fue el lugar donde tenía lugar la cita de vida y muerte de toros y toreros. Es interesante ver que al menos en Tijuana y Ciudad Juárez, en ese año del 63, había días en los que se daban toros en las dos plazas en una misma fecha, por ejemplo, el 26 de mayo de ese año, entre esas dos ciudades se dieron cuatro corridas de toros y el primero de septiembre, que era la víspera del labor day de los americanos hubo toros en Ensenada, Tijuana, Ciudad Juárez, Nogales, Nuevo Laredo, Reynosa y Matamoros y como un dato adicional, ese día la ganadería de don Javier Garfias lidió dieciséis toros; seis en Tijuana, seis en Juárez y cuatro en Ensenada.

También representó para algunos toreros de nuestra Edad de Oro la oportunidad de seguir en activo, pues ya vimos que Fermín Rivera, Luis Procuna y Luis Briones actuaron en esas plazas fronterizas y fue para otros, quizás la única vez que actuaron en territorio mexicano como el caso de Juan Bienvenida o Victoriano La Serna hijo. 

Por otra parte, en 1963, quizás se inició el camino a la pérdida del territorio fronterizo para la fiesta, pues cuenta Dick Frontain que en ese año, don Pedro González empresario y propietario de la plaza de Nogales, como resultado de una serie de negocios fallidos, tuvo que dar en pago muchos de sus bienes a instituciones de crédito, el coso taurino entre ellos y aunque los toreros y ganaderos se empeñaron en ayudarle a salir del bache, la temporada excepcionalmente larga que se dio en esa ciudad no fue suficiente para rescatar ese reducto taurino.

Hoy los tiempos son otros. La recuperación del espacio de la frontera para la fiesta está en la franja de lo muy difícil a lo imposible, pero nunca hay que olvidar que alguna vez esas tierras, también lo fueron de toros. 

Agradezco a mis amigos Doblón y David Tuggle, editor responsable de La Busca, órgano de difusión de los TBA, la ayuda que me proporcionaron para armar estos pergeños y expreso mi recuerdo a Arturo Díaz, quien dedicó algunos de los últimos años de su vida a investigar sobre este tema, pero el tiempo se le acabó.

Aldeanos