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jueves, 1 de septiembre de 2011

Al son del corazón


Cuando la afición por nuestra Fiesta se disfruta poniendo el corazón por delante, adquiere un sabor y una significación diferente, que acaba por penetrar el alma del que la vive.

¿Oyes el diapasón del corazón?
Oye en su nota múltiple el estrépito 
de los que fueron y de los que son.

Mis hermanos de todas las centurias
reconocen en mí su pausa igual,
sus mismas quejas y sus propias furias...

Así describe Ramón López Velarde, poeta del Jerez mexicano, la manera en que se marca el ritmo del que guía su existencia por lo cordial, dejando que su corazón sea un diapasón que señala el ritmo de su vivir, de su hacer y de su transmitir a los demás las emociones más íntimas de su ser.

Así es como la pintura y el dibujo de Enrique Martín nos refleja su inacabable afición a los toros, a una Fiesta que a veces parece que se nos va como agua entre las manos, pero que Enrique a cada trazo, a cada pincelada, nos recuerda que allí está, que sigue viva y que podemos quererla y disfrutarla a pesar de los pesares.

La Peña Taurina Valdemoro es la que en esta oportunidad acoge la obra de Enrique Martín del 7 al 11 de septiembre. Ojalá que a través de ella, de los ojos y del corazón del pintor, puedan disfrutar intensamente de esta doble representación cultural.

domingo, 4 de octubre de 2009

Como ante el toro, se vale rectificar...

Don Ignacio Ruiz Quintano mantiene una bitácora titulada Salmonetes Ya No Nos Quedan, en la que trata, según su subtítulo, temas de la vida privada y como ocasionalmente entre estos se cuentan los de esta fiesta, con esa frecuencia lo visito. En la entrada fechada el día de hoy me he encontrado allí con una cita que me obliga, casi, como dijera el inmortal López Velarde, a alzar la voz a la mitad del foro y a señalar una necesaria precisión -lo hago aquí pues en la bitácora no veo la posibilidad de hacer comentarios a las entradas allí puestas- y una anécdota concomitante.

La cita en cuestión es la primera cuarteta del soneto Tiempo, obra de don Renato Leduc y no como erróneamente lo señala el señor Ruiz Quintano, de Rubén Fuentes Leduc. Ese soneto, cuenta la leyenda, se escribió aquí en Aguascalientes, en lo que en su día fue el Hotel Francia y que hoy es una tienda de departamentos.

Allí, en el bar, durante la Feria de San Marcos se reunían personajes como José F. Elizondo alias Pepe Nava, Antonio El Brigadier Arias Bernal, Miguel Álvarez Acosta y otros conspicuos miembros del ámbito cultural de este país y entre los que escribían, se daban pies para después versificar en torno a ellos, en un grupo conocido como La Cofradía del Petate según me ilustra el buen amigo don Gustavo de Alba y que patrocinaba el entonces Gobernador del Estado Edmundo Gámez Orozco desde sus tiempos de Senador.

Afírmase que la palabra tiempo es complicada para ello -algunos dicen que es de rima imposible- y se la lanzaron a Leduc -tío por cierto del matador de toros Rogelio Leduc, ya fallecido- durante esa especie de certámen paralelo a los Juegos Florales correspondientes al mes de abril de 1950 0 51 y en un rato don Renato armó el siguiente soneto:

Sabia virtud de conocer el tiempo;
a tiempo amar y desatarse a tiempo;
como dice el refrán; dar tiempo al tiempo…
que de amor y dolor alivia el tiempo.

Aquel amor a quien amé a destiempo
martirizóme tanto y tanto tiempo
que no sentí jamás correr el tiempo
tan acremente como en ese tiempo.

Amar queriendo como en otro tiempo
—ignoraba yo aún que el tiempo es oro—
cuánto tiempo perdí —¡ay!— cuánto tiempo.

Y hoy que de amores ya no tengo tiempo,
amor de aquellos tiempos, cómo añoro
la dicha inicua de perder el tiempo…

Años después, un gran músico mexicano, Rubén Fuentes, hizo la parte musical de la obra para que voces como las de Pedro Vargas, Marco Antonio Muñiz -que hizo una real creación de ella- y muchos otros, cantaran la obra de don Renato, que es el único autor de la parte literaria de Tiempo.

Como ante el toro señor Ruiz Quintano, se vale y a veces es necesario rectificar...


Edito esta entrada al día suguiente de su publicación, con la docta ilustración del buen amigo don Gustavo de Alba y agrego además, que en los muros del Bar del Hotel Francia, durante muchos años estuvo un bronce que perpetuó la creación de esa obra de Renato Leduc.
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