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domingo, 14 de septiembre de 2014

70º aniversario de la confirmación de Cañitas y Vizcaíno

Carlos Vera Cañitas
Ricardo Torres fue el último torero mexicano en confirmar su alternativa en Madrid previo al llamado boicot del miedo y a la Guerra Civil Española. Lo hizo el 12 de abril de 1936 y después renunciaría a esa alternativa. Carlos Arruza sería el que reanudaría el intercambio entre nuestras torerías el 18 de julio de 1944, en una histórica Corrida de la Concordia. De estos dos asuntos ya me he ocupado en esta bitácora aquí y aquí.

Reabierto el tráfico trasatlántico, serían dos los toreros mexicanos que siguieran de inmediato los pasos de Arruza. Para ello, el festejo del 10 de septiembre de 1944 se anunció con ocho toros de doña Concepción de la Concha y Sierra para Paquito Casado, Rafael Albaicín, Carlos Vera Cañitas y Arturo Álvarez Vizcaíno, siendo los dos últimos, confirmantes de las alternativas que habían recibido el primero, en Ciudad Juárez, el 26 de octubre de 1941 de manos de Lorenzo Garza y confirmado en El Toreo de la Condesa el 9 de noviembre de ese mismo año de manos de Armillita, en tanto que Vizcaíno confirmaría la que recibió en la capital mexicana el 12 de abril de 1942, de manos de David Liceaga, después de haber renunciado a una obtenida en Puebla en 1936 y a otra de Caracas de 1941.

La corrida fue de ocho toros. A propósito de esa cuestión escribió lo siguiente Manuel Sánchez del Arco, Giraldillo, en una rara edición de lunes del ABC madrileño, aparecida el 11 de septiembre de 1944:
Ocho toros... ¡Nada menos!... Está llena la plaza cuando hacen el paseo las cuadrillas de Paquito Casado, Rafael Albaicín y los mejicanos Carlos Vera "Cañitas" y Arturo Álvarez. Estos se presentan montera en mano, en cortés saludo al público madrileño a cuyo fallo van a someterse… Y comienzan a salir los ocho toros de Concha y Sierra, que estos muchachos han aceptado también en rasgo de cortesía hacia los desdeñados ganaderos andaluces…
El primer toro de la tarde se llamó Atendido y fue el que sirvió para que Paquito Casado confirmara la alternativa de Cañitas. La actuación del valentísimo torero fue así ante este toro:
Primero. “Cañitas”, jugando bien los brazos, lo recibe a la verónica y termina con media muy apretada. (Muchas palmas). Tres varas por dos caídas. “Cañitas” toma las banderillas. Dejando llegar al toro muy guapamente, quiebra y coloca un par desigual. Luego cuartea uno y las banderillas quedan juntas y en lo alto. (Palmas). Otro sesgando que resulta de mucho efecto. (Ovación). Pide permiso y coloca un cuarto par, llegando muy bien. (Otra ovación)… Casado da la alternativa al mejicano, y tenemos ya a D. Carlos Vera, “Cañitas”, doctor en Tauromaquia por la Universidad de Madrid, frente al de Concha y Sierra. Hay saludo a la presidencia y brindis en redondo al concurso madrileño. La cortesía es correspondida con una ovación. “Cañitas”, en el centro del ruedo, cita con la muleta plegada. Parece que va a dar el cambio. Cuando el toro le acude, despliega la muleta y da tres naturales, en los que es de aplaudir el valor. Sigue sobre la izquierda, y luego hay unos derechazos apretados y un farol. (Palmas). Dejándose ver, coloca una estocada que basta. (Ovación y saludos)…
El segundo de la tarde fue nombrado Cotorro y fue el que permitió a Rafael Albaicín confirmar el doctorado de Arturo Álvarez, que se mostró así ante él:
Segundo. Arturo Álvarez lancea. Cuatro varas, un marronazo y una caída. Hay un precioso tercio de quites en el que rivalizan el mejicano y Rafael Albaicín. El de Méjico hace quites valientes y vistosos y el gitano tiende el capote majestuosamente en unos lances que se aclaman. Ambos se estrechan la mano y, descubiertos, saludan al público. Álvarez toma las banderillas y cuartea un par que no prende, y después, uno bueno. (Palmas). Cierra un peón… Albaicín da la alternativa a Arturo Álvarez. Hay saludo a la presidencia y brindis al público madrileño, correspondido con palmas de cortesía. El nuevo matador mejicano recibe el toro con un pase por alto, muy quieto, con la figura bien compuesta. En seguida tenemos una serie de pases por bajo. La faena tiene buena planta torera, caracterizada por la tranquilidad en la ejecución. Tres naturales y un molinete. (El toro está quedado). Entra recto y clava media estocada en las agujas, que mata sin puntilla. (Ovación)...
La actuación de ambos diestros mexicanos ante los toros de su confirmación fue más allá de lo meramente decoroso. Tanto así, que la valoración que en la Hoja del Lunes que hace quien firma como El de Tanda de su presentación en la plaza de toros más importante del mundo, es como sigue:
Algo y aún “algos” hay que estimarles y agradecerles a los toreros mejicanos – aparte y por encima de méritos o deméritos –, que entraña un beneficioso valor para la fiesta en estos tiempos de la “administración” como guía y la “comodidad” como norma de conducta, y es la gran voluntad con la que luchan y porfían por el triunfo. Si la intención bastara en el toreo – que no basta, como para ninguna cosa material –, los mejicanos – por ahora – serían unos perfectos bienaventurados, dignos de todos los bienes en fama y en riqueza que suele otorgar la pública estimación… Bueno éste, regular aquél, mediano el otro, no se les puede negar que la tónica de su actuación en España es la del pundonor profesional y el afán de éxito en el cumplimiento de su cometido. Y ello ha de redundar en favor de la fiesta. Porque aunque no todos esos nombres han de permanecer en los carteles, a los que hoy sirven de nuevo aliciente por la novedad, todos habrán contribuido un poco a despertar el espíritu de emulación que ejerza de reactivo para las ya un tanto adormecidas apetencias de la comodona torería contemporánea. Así ha de ser lógicamente, a nada que persistan en no importarles salir de la plaza con el traje manchado de sangre y de arena… Como salieron ayer Cañitas y Álvarez. Lo cual no es corriente que ocurra cuando los toreros sienten la preocupación de no fatigarse con exceso y de que no se les descomponga ni siquiera el peinado… De Cañitas destaco la valentía; de Álvarez, la experiencia… Cañitas insistió en banderillear – cuatro pares a cada toro, mejores unos que otros –, para predisponer en su favor al público, cuyo beneplácito trató de alcanzar en todo momento y obtuvo de pleno en algunos pases de muleta principalmente, primero en los redondos y después en los de pecho y por alto con que inició, sentado en el estribo, su segunda faena. Sus dos toros, aunque pronto en la arrancada el primero y boyante el sexto, se quedaban en el centro de la suerte y ello le impidió completar un conjunto de mayor solidez; pero en los dos oyó muchas palmas. Y en verdad que no se le debió regatear, en el sexto al menos, la vuelta al ruedo… Álvarez lució más con el capote. Sus quites por chicuelinas y de frente por detrás en el segundo fueron excelentes, en competencia con los no menos excelentes de Albaicín, a la verónica estos. No insistió con las banderillas, que dejó tras un par, al darse cuenta de lo que cortaba el terreno el segundo toro. Y sobresalió en los principios de su primera faena, redondeando bien los pases y cambiándose con gracia de mano la muleta, que manejó con menos soltura en los naturales. Mató bien y se le aplaudió mucho. El séptimo toro provocó las iras del “respetable” por sus extrañas embestidas, que pudieron achacarse a defectos de vista, que en realidad no eran sino síntomas de mansedumbre, y Álvarez se ajustó a las posibilidades del caso; faena de aliño y brevedad con la espada... Los toros de Concha y Sierra cumplieron en varas y no presentaron dificultades; pero se frenaban en el centro de las suertes, sin pasar, y ello no es tampoco una facilidad para el lucimiento de los toreros. El tercero hizo una deficiente pelea, con la cara por el suelo. El séptimo fue mansurrón. El octavo, incierto y avisado, mejoró algo al final. En conjunto, una corrida menos peor de lo que esperábamos de esta que un tiempo fue una ganadería famosa…
Arturo Álvarez Vizcaíno
Cortesía: Blog Toreros Mexicanos
Como podemos ver, el juicio crítico de la actuación de estos dos toreros nuestros no desmereció en manera alguna. De hecho, Cañitas se convirtió en un consentido de la afición madrileña y es, al día de hoy, el torero mexicano que más veces ha toreado vestido de luces y en corridas de toros en la plaza de Las Ventas. Son catorce actuaciones tenidas allí, entre 1944 y 1951 con el corte de tres orejas y la apertura de la puerta grande en una ocasión las que aún no han podido ser superadas.

Arturo Álvarez Vizcaíno, tras de dejar los ruedos se dedicó al apoderamiento de toreros y a actividades relacionadas con la empresa taurina, falleciendo en la Ciudad de México el 5 de diciembre de 1968.

Carlos Vera Cañitas, dejó los ruedos a causa de la cornada de Buen Mozo de Ayala, el 21 de agosto de 1960 en el Toreo de Cuatro Caminos, que motivó que le fuera amputada la pierna derecha. Falleció en la Ciudad de México el 19 de febrero de 1985.

Nota: El sumario con las actuaciones de Cañitas en la plaza de Las Ventas, lo pueden consultar en esta ubicación.

domingo, 23 de agosto de 2009

Ricardo Torres

Hay toreros cuya memoria parece perderse en la noche de los tiempos. Esa es la impresión que da caso de Ricardo Torres (nacido Ricardo Rangel Torres, 27 de junio de 1914), que en la tercera y cuarta década del pasado siglo, tuvo un sitio de importancia entre la torería mexicana y hoy, en los recuentos de aquél tiempo, pasa casi siempre desapercibido, aún teniendo los méritos para ser recordado y valorado como uno de los destacados de su día.

Es en el año de 1932 que se presenta como novillero en El Toreo, resultando en esa temporada uno de los triunfadores junto con El Soldado y El Ahijado del Matadero. El saldo para el hidalguense es de tres rabos cortados en siete tardes, lo que le asegura ser el eje de la siguiente campaña en la que repetirá la cosecha de apéndices caudales, obteniendo el derecho a recibir la alternativa en la temporada mayor siguiente.

La Corrida de Covadonga, celebrada el 2 de febrero de 1934 fue el marco de la alternativa de Ricardo, misma que le fue otorgada por Alberto Balderas, quien en presencia de Victoriano de la Serna, le cedió el toro Rumboso de San Mateo, del que obtuvo una oreja. Posteriormente viaja a España, renuncia a la alternativa y se presenta como novillero en Madrid el 15 de abril de 1934. En esa oportunidad, Eduardo Palacio, cronista del diario ABC, ve adecuadamente el fondo del torero hidalguense, al que describe así:

...Ricardo Torres es matador de toros en su país y aquí se presentó como novillero. Su actuación produjo, en conjunto, un excelente efecto. Se ve que está enterado, demasiado enterado tal vez. Dígalo si no aquella manera de dejar el capote en los cuernos para evitar el hachazo y poder salir por pies. Como banderillero es fácil, dominador, elegante y por ambos lados clava con soltura. Lanceó muy bien y con temple su primer enemigo, al que adornó con dos pares y medio de rehiletes. Brindó al público, toreó de muleta con sabor y desahogo y tras de un pinchazo, cobró una buena estocada, pero volviendo demasiado su rostro moreno. Se le otorgó la oreja, dio la vuelta al ruedo y salió a los medios. Al bicho que cerró plaza le adornó con tres pares de rehiletes, superior el segundo y previa una faena voluntariosa, dejó una buena estocada. La muerte de este último toro la brindó a Rafael 'El Gallo', a quien el público, con sus aplausos, obligó a destocar y lucir su conocida calva...

Será en Barcelona donde sea investido nuevamente como matador de toros. La fecha será el 16 de septiembre de ese 1934 y en esa oportunidad lo apadrinará Marcial Lalanda y llevará como testigo a Antonio Posada, siendo los toros de Julián Fernández Martínez.

La alternativa barcelonesa la confirmó en El Toreo el 12 de febrero de 1934 y en Madrid, el 12 de abril de 1936, de manos de Valencia II, con José Amorós y Pepe Gallardo de testigos, con toros de Pallarés. Resultó ser esta confirmación la última que se diera antes de la ruptura de las relaciones taurinas entre México y España, conocida coloquialmente como el boicot del miedo.

El regreso a México daría un panorama difícil a muchos toreros como Ricardo, que con los principales haciendo campaña en Europa, tenían la primavera para abrirse camino y ganarse espacios en la temporada invernal, por eso, en 1939 renuncia otra vez a la alternativa y torea una nueva campaña novilleril, en la que resulta triunfador de nuevo, junto a Calesero, Arruza y Andrés Blando.

La definitiva alternativa la obtiene en El Toreo el 10 de diciembre de 1939, de manos de Pepe Ortiz y con el testimonio de Paco Gorráez, tras la cesión del toro Relicario de Lorenzo Garza. A partir de allí, sus actuaciones son menores en número, pero destacadas. A la llegada de Manolete vuelve a cobrar un leve impulso y logra actuar algunas tardes a su lado, incluso con corte de orejas, pero sin que tenga mayor repercusión.

Su actuación final en la Plaza México se produce el 6 de marzo de 1949, fecha en la que actúa junto a Lorenzo Garza y Luis Procuna, obteniendo la oreja del toro Africano de Pastejé, tras de una faena en la que exhibió sus buenas maneras con las telas y por supuesto, refrendó su calidad de artista del segundo tercio, como todos los discípulos de don Samuel Solís, el que en su día, fuera compañero de Gaona en la Cuadrilla Juvenil Mexicana y por supuesto, discípulo de Saturnino Frutos, Ojitos.

Ricardo Torres fue, como lo señalara R. Capdevila, uno de los diestros que formaron aquella generación de portentosos rehileteros mexicanos, pero tampoco sin constituirse en un exclusivista del segundo tercio, porque su toreo de capa era clásico y con la muleta, tendía a hacerlo con largueza y a la ligazón de las suertes, preconizando un modo de hacer el toreo que sería el signo de los de su tierra, hecho quizás que motivó que no fuera comprendido a cabalidad en su tiempo.

Ricardo Torres falleció el 3 de agosto de 1953 a consecuencia de un accidente automovilístico sufrido 5 días antes y le sucedieron en sus afanes taurinos sus sobrinos Jaime y Manolo Rangel, ambos matadores de toros.
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