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domingo, 18 de agosto de 2013

23 de agosto de 1931: El adiós de Luis Freg

El anuncio de la corrida en Mundo Deportivo
El pasado 7 de junio se discutía sobre lo inusitado que resultaba un cartel en Madrid, en la llamada Feria del Arte y la Cultura en la que dos toreros mexicanos – Joselito Adame y Juan Pablo Sánchez – alternaban con El Cid. En los próximos días se cumplen 82 años de un hecho en el que, cuatro toreros mexicanos – sí, ¡cuatro! – actuaron en Barcelona en la misma tarde.

Fue la del día 23 de agosto de 1931, fecha en la que, habiendo cedido Eduardo Pagés la Plaza Monumental de la capital catalana a Luis Freg para organizarse un beneficio y despedida, logró que participaran en ese esfuerzo junto con él Juan Espinosa Armillita, Pepe Ortiz y Alberto Balderas, quienes lidiarían un encierro compuesto por ocho toros salmantinos de Alipio Pérez Tabernero Sanchón.

Luis Freg había toreado apenas cinco tardes en España el calendario anterior y todas en Barcelona. El toreo había evolucionado y quizás el hecho de ser El Rey del Acero ya no era suficiente para mantenerse en el gusto de una afición que había tenido la oportunidad de apreciar una profunda transformación en la manera en la que los toreros se conducen ante los toros. Por su parte Armillita apenas había actuado un par de tardes el calendario anterior y junto con Freg, tendría esta tarde su única corrida del calendario.

Pepe Ortiz
El Orfebre Tapatío Pepe Ortiz reaparecía en Barcelona después de 5 años y Alberto Balderas iniciaba en los ruedos hispanos un camino que terminaría alrededor de una década después en las astas de Cobijero en el ruedo del Toreo de la Condesa.

La convocatoria a la corrida tenía como aliciente adicional el sorteo entre los asistentes de 380 pesos mexicanos – en monedas de oro – en tres partidas de 150, 120 y 110 pesos cada una. 

Trincherilla, cronista del semanario barcelonés La Fiesta Brava, relata los siguientes prolegómenos del festejo:
¿Despedida de Luis Freg? Así se anunció... Yo no puedo creerlo. No es posible que esta sea la última vez que en Barcelona aplaudamos a este torero, todo hombría, todo dignidad… Las ovaciones cálidas, entusiastas que sonaron en su honor, le fueron otorgadas a impulsos de un sentimentalismo hacia el torero que, cosido a cornadas en veinte años de ostentar orgulloso por los ruedos el glorioso airón de su pundonor profesional, amargado, desilusionado por la injusticia con que le tratan las empresas pone final a sus luchas, sacrificando su afición cada vez con más fuerza sentida. No. Porque más que un torero que se va, pareció un novillero que llega, rabioso por alcanzar su puesto, desbordante de afición y ambicioso de gloria… No quiero creer que Luis Freg no vuelva a pisar más estos ruedos, escenarios de sus mayores triunfos… No se va Luis por propio impulso. A ello le obliga el desdén con que se ve tratado quien es merecedor de las mayores admiraciones. Bien claro lo ha dicho… Y eso no puede ser, no debe ser. El domingo nos demostró que “aún” puede codearse dignamente con los gerifaltes de la torería, quienes tienen mucho que aprender de él. Y no me refiero a su pundonor, que eso es virtud intransferible, sino a sus cualidades de TORERO, así, con mayúsculas…
La afición de Barcelona se entregó sin reservas a Luis Freg en esta última tarde. Terminó cortando una oreja a cada uno de los toros que le cupieron en suerte y al final incluso, se le intentó sacar en hombros de la plaza, sin que el torero así lo permitiera. La relación citada antes lo cuenta así:
Torerísimas fueron las verónicas que Freg ejecutó esta tarde en las que paró, templó y mandó como los grandes estilistas… Erguido, arrogante inició el trasteo en su primero, que pasó todo entero bajo los pliegues del rojo engaño, quieto como un poste Freg, sin enmendar su terreno, jugando los brazos acompasadamente y dejándose acariciar la pechera por el pitón del enemigo… Continuó toreando por naturales y de pecho, altos y cambiándose de mano la muleta, muy ajustado, de impecable ejecución. Una gran faena para justificar a un gran torero… Amagó un pinchazo por desigualarle el toro al emparejar y cobró una gran estocada poniendo en el ataque su proverbial majeza… Estalló la ovación clamorosa, emocionante, se le concedió la oreja y recorrió el ruedo recibiendo las más francas demostraciones de entusiasmo… Un “regalo” fue el quinto toro. Tardeaba, pero cuando fe arrancaba lo hacía descompuesta y con fuerza de ciclón… Brindó en los medios la muerte de este bicho y sin arredrarle el peligro desafió de largo para el ayudado por alto, grandioso, emocionante. Repitió el muletazo y en el tercer viaje sufrió un acosón serio. Intervino Ribera eficazmente para quebrantar al morito que seguía sin abrir la boca y humillando… Jugándoselo todo, aprovechó Luis una igualada para entregarse en un estoconazo formidable, hasta las uñas. Duro en doblar el toro, apeló al descabello el matador acertando al segundo golpe… ¿Quién acierta a reflejar la emoción que produjo este momento? Volvió Luis a cortar la oreja. En tanto el público, en pie, daba rienda suelta a su sentimiento aclamando al torero que se iba en pleno triunfo… Acabada la corrida, el público cogió en volandas a Luis Freg, lo pascó por el ruedo e intentó llevarlo en triunfo hasta el hotel, a lo que se opuso resueltamente el diestro… Empresario de esta corrida era Luis Freg. Buscando un beneficio que le ayudara a vivir un retiro holgado la vida y su dinero… No creemos que el resultado material de esta corrida sea óptimo. Cuando más, habrá asegurado las pérdidas…
Pepe Ortiz tuvo una muy interesante reaparición en Barcelona. Un lustro antes había retomado su alternativa mexicana, causando una muy buena impresión, pero no había vuelto a la Monumental de las cuatro cúpulas. En este regreso causó una muy buena impresión según podemos leer:
Reaparecía Pepe Ortiz, a quien desde su alternativa en esta misma plaza el 20 de junio de 1926 no habíamos vuelto a ver. Por eso más que reaparición suya fue un debut… Había curiosidad por juzgar a este torero de quien tantos y tan entusiastas elogios ha venido haciendo la crítica de su país, y recientemente la madrileña… Torero finísimo con el capote, lanceó suavemente a su primero, sujetando al toro que quería irse. Luego en su quite nos maravilló con la suerte de su invención, esas "orticinas" deslumbrantes de alegría, elegancia y vistosidad, bellísimo lance en el que el genio creador de este gran torero se muestra con toda su imponderable grandeza y del que teníamos una idea remotísima a través de la grotesca interpretación que le diera Bienvenida… Ciertamente es incomprensible este desvío de las empresas, porque en Pepe Ortiz hay un artista magnifico, un torero de personalidad acusadísima. Pronto apreció esto el público, que se entregó al tapatío en los primeros momentos y tuvo para él entusiastas y fervorosos aplausos… José Ortiz, a pesar de que el ganado no se prestó para el lucimiento del artista, obtuvo un éxito muy estimable y dejó al público con el deseo de volverlo a ver pronto... La figura de Ortiz había despertado en Barcelona extraordinario interés, interés que no resultó en ningún momento injustificado, pues desde los primeros capotazos el mejicano se nos reveló como un torero excepcional, en quien concurren un sin fin de cualidades de las que forman un torero… Ortiz practicó durante toda la tarde un toreo preciosista y valiente, admirablemente ligado con los conocimientos taurinos, que le valió constantes ovaciones…
Por su parte, Alberto Balderas logró destacar en el primero de su lote. La relación de su actuación que hace el corresponsal de El Heraldo de Madrid es de la siguiente guisa:
Cuarto. Con muchas arrobas. Balderas entusiasma al respetable con unos lances por bajo llenos de suavidad y temple. En quites compite con Ortiz, a cual más adornado. Los montados abusan del palo, destrozando al bicho. Balderas coge palos y prende un superiorísimo par de frente. Cierran los de turno. El toro llega al último tercio bronco y avisado. Balderas, dominador e inteligente, liga una faena sobria y serena, que corona con media en las agujas. (Ovación, petición de oreja, vuelta y salida.)
El Rey del Acero
Juan Armillita no tuvo suerte en la única tarde que toreó en ese calendario. Era la antepenúltima que torearía en los ruedos hispanos vestido de oro, pues su destino estaba en la grandeza de los hombres que visten de plata, donde fue una primera figura.

Pese a la incredulidad del cronista barcelonés, la tarde que nos ocupa fue la última que toreó Luis Freg en ruedos españoles. Su carrera se prolongaría en México todavía tres años más y terminaría de manera abrupta, con su muerte por ahogamiento en el río Palizar en Campeche el 12 de noviembre de 1934.

En cuanto al sorteo de los pesos mexicanos, el corresponsal de La Voz de Madrid, señala lo siguiente:
Se sortean monedas de oro mejicanas, por valor de 2.500 pesetas, y corresponde el primer premio al número 9.057; el segundo, al 3.163, y el tercero, al 1.653…
Don Luis de la Torre El – Hombre – Que – No – Cree – En – Nada, resume así el paso por los ruedos de Luis Freg:
No fué Luis Freg un lidiador que se distinguiera por un estilo depurado en su toreo de capa, ni tampoco fué un muletero preciosista, pero supo usar el capotillo y de la roja franela, ejecutando todas las más bellas suertes con el clasicismo y la escuela imperantes con anterioridad al revolucionismo traído por Juan Belmonte... lo que los hizo descollar como figura prominente dentro de las modalidades de la época, fué su estoque formidable, unido a un valor rayano en heroísmo. Estas cualidades lo hicieron acreedor a ser calificado en tierras españolas con las significativas designaciones de “El Rey de Acero” y “Don Valor”, con que ampliamente era reconocido en toda España... Excepción hecha de Salvador Sánchez “Frascuelo”, la historia taurina no señala lidiador alguno tan castigado por los toros como lo fuera nuestro compatriota Luis Freg. Calculándose en los veinticinco años de su carrera, no menos de sesenta cornadas recibidas, de las cuales más de treinta fueron graves y no menos de cinco de las que ponen en inminente peligro la vida... Torero sin estrella, ni en su propia Patria pudo lograr la aceptación definitiva de los públicos, muy merecida si en cuenta se toma su preponderancia como estoqueador puro, certero, valeroso, y buscada por él al no escatimar esfuerzo alguno, aún a costa de su sangre, generosamente ofrendada en aras de la fiesta..

domingo, 15 de julio de 2012

Relecturas de verano IV: La Monumental de Sevilla. Voces y Silencios


Tengo un especial interés por la historia de algunas plazas de toros que han dejado de tener presencia material en lo que fuera llamado el planeta de los toros. Me sucede con El Toreo de Cuatro Caminos en México y también ejercen sobre mí una especial atracción los sucesos que fueron el origen y el final de la Plaza Monumental de Sevilla.

La obtención del conocimiento de los hechos que conforman la historia de esta última tiene ciertas complicaciones, porque a pesar de que su existencia fue azarosa y breve, la información es escasa y se encuentra, pareciera que estratégicamente dispersa en los medios de comunicación de su tiempo, de manera tal que resulta, dijera un preclaro hombre de mi tierra, don Aquiles Elorduy, una verdadera tarea de romanos el encontrarla y ordenarla, para encontrarse después, con que es incompleta e interesada en una gran cantidad de casos.

De allí se desprende el extraordinario valor de la investigación de la profesora de la Universidad Texas  TechLourdes Ramos – Kuethe al desarrollar el contenido del libro titulado La Monumental de Sevilla. Voces y Silencios, publicado a principios de este año por el Instituto de la Cultura y de las Artes de Sevilla, porque pese a los obstáculos documentales que enfrentó para estructurar la obra, logró sacarla a buen puerto y presentar un extraordinario estudio de lo que fue durante alrededor de quince años, la plaza de toros de mayor capacidad de la antigua Híspalis.

La estructura de la obra

La Monumental de Sevilla. Voces y Silencios parte de un estudio de lo que era la sociedad de Sevilla en el último tercio del siglo XIX hacia las dos primeras décadas del siglo XX, de acuerdo con la conformación de sus organizaciones sociales, políticas y económicas, que se desarrollan en una ciudad que prácticamente mantuvo su conformación medieval hasta esos días y que solamente ante la imposición legal de modernizar su infraestructura urbana, inició los intentos de asimilarse a los tiempos que vivía.

Plaza Monumental de Sevilla
(Fotografía de Juan José Serrano, mayo 1930)
La profesora Ramos – Kuethe nos llevará de manera concisa por las vías de cómo esa modernización urbanística generó lo que pudiera llamarse una nueva casta de industriales que a partir de la expansión de la mancha urbana instalaron establecimientos fabriles que generaron riqueza de fuentes distintas a la agricultura y la ganadería tradicionales en la zona y aunque quizás esos capitales de nuevo cuño podían competir en volumen con los que eran de raigambre allí, no pudieron evitar el estigma de ser calificados de advenedizos a la riqueza o como nuevos ricos, lo que les mantuvo apartados de los altos círculos sociales de esos tiempos.

La Plaza de Toros Monumental de San Bernardo – llamada así por localizarse en ese tradicional barrio sevillano – se construyó con fondos aportados mayoritariamente por José Julio Lissén Hidalgo, uno de esos industriales, quien actuó con la asesoría en lo taurino del llamado rey de los toreros José Gómez Ortega Joselito y contrató para el proyecto, diseño estructural y dirección de la obra a los arquitectos Francisco Urcola – realizador de la donostiarra de El Chofre  y José Espiau

Los   ominosos  silencios de Sevilla


Mucho se ha escrito y hablado de los silencios de Sevilla. Silencio de cofradía. Silencio de patio. Silencio de noche de verano. Silencio de claustro de convento. Silencio de tendido de la Maestranza. Silencio de pueblo antiguo. Silencio de equilibrio. Silencio clásico. Silencio humilde. Silencio orgulloso. Silencio profundo...

Como vemos, llamados silencios de Sevilla tienen fama. De hecho, el término, tratándose de toros, se refiere al hecho de la expectante ausencia de ruido que se genera actualmente en la Plaza de la Maestranza cuando se barrunta algo importante. Pero en el caso de la plaza de toros del Barrio de San Bernardo, creo que el silencio que se ha guardado, parcial o total, casi desde su fundación, es un silencio ominoso.

Desde antes de su apertura, se intentó silenciar el efecto benéfico que la plaza podría tener sobre las cosas de la fiesta y solamente se resaltaron los hechos negativos generados en su entorno. De hecho, pareciera que se intentó borrar su existencia de la faz de la tierra y de los anales de la historia, según lo revela la obra que intento comentar:

Con la construcción de La Monumental, la Maestranza se enfrentó a una nueva amenaza que podía quitar de sus manos el privilegio de organizar corridas de toros. Por eso y de manera más o menos subrepticia, se embarcó en un boicot de la nueva plaza tratando de desacreditarla lo más posible… Hoy día sin embargo, los documentos legales indispensables para una detallada historia de La Monumental, son imposibles de localizar en el archivo y la hemeroteca de la ciudad…

Sin embargo, el sol no puede taparse con un dedo y aunque los principales oráculos Corrochano a la cabeza  de la fiesta se sumaron al ejercicio de descrédito y por otra parte, los medios llamados especializados – algunos locales también – deliberadamente omitían informar sobre los festejos ocurridos en su redondel, la memoria colectiva retiene el recuerdo de la plaza de toros que Gallito construyó como un primer ejercicio para hacer más popular la fiesta de los toros.

Los motivos de la autora

Explica la profesora Ramos – Kuethe que su obra resulta del deseo de conocer lo que había detrás de un pedazo de muro que se ubica en la hoy Avenida Eduardo Dato, frente a los Jardines de la Buhaira, en el corazón del sevillano y taurino Barrio de San Bernardo, donde residió al hacer una estancia académica en Sevilla. Una vez que fue informada que ese resto de construcción, con una puerta tapiada que en su día fue la de los toreros de la Plaza de Toros Monumental de Sevilla, se dedicó a recabar la información necesaria para poner a disposición de quienes tenemos interés por la fiesta, por la historia o por ambas, el breve paso temporal de este monumental recinto taurino.

Algunas cifras de La Monumental de San Bernardo

Festejo de la última temporada
de La Monumental
La autora recoge la celebración de cincuenta y cuatro festejos, entre su inauguración en 1918 y su clausura en 1921 (1918: 24; 1919: 28; 1920:12). Un diestro recibió la alternativa en su ruedo, Juan Luis de la Rosa, el 28 de septiembre de 1919, de manos de Joselito y solamente un torero mexicano pisó su ruedo, Luis Freg, quien actuara como primer espada en la Corrida de la Prensa de ese mismo año, alternando con Domingo González Dominguín y José Roger Valencia, para dar cuenta de un encierro de Antonio Flores, antes Braganza. La Monumental pereció al embate de la picota en el año de 1930.

En fin, que considero que este es uno de esos libros que un aficionado a la fiesta no debe dejar de leer, sobre todo, porque tiene la ventaja de haber sido escrito por una persona que lejos de cualquier apasionamiento, acometió su investigación desde un ángulo meramente histórico y cuando el trabajo lo requirió, acudió a las fuentes taurinas para redondear o encontrar el contexto correcto al tema investigado.

Y no entro en más detalles, porque no creo que sea justo ni con la obra, ni con su autora, así que lo que habrá que hacer, es obtener un ejemplar y leerlo, que en el caso se trata de uno de esos libros que no se caen de las manos.

Referencia Bibliográfica: La Monumental de Sevilla. Voces y Silencios. – Lourdes Ramos – Kuethe. – Instituto de la Cultura y las Artes de Sevilla (ICAS), Biblioteca de Temas Sevillanos, Vol. 80. – 1ª edición, Sevilla, 2011, 238 páginas, con ilustraciones en blanco y negro. – ISBN 978 – 84 – 92417 – 48 – 3.

domingo, 20 de junio de 2010

Una estampa del pasado (V)

La portada de Respetable Público. Semanario Ilustrado de Espectáculos aparecido en Madrid el 11 de julio de 1909 presentaba una fotografía de la Cuadrilla Juvenil Mexicana, que en esos días resultaba ser el sucedáneo de la que inicialmente formó Saturnino Frutos Ojitos y que al dedicarse el que en su día fuera banderillero de Frascuelo a atender en exclusiva los asuntos de Rodolfo Gaona, quedó al mando de Enrique Merino El Sordo y después, fue tomada por Manuel Martínez Feria y Eduardo Margeli, quienes son los que la presentaron en plazas europeas esa temporada de 1909.

De los integrantes que la compusieron, de acuerdo al pie de foto, el paso por los ruedos de la mayoría es brevemente el que sigue:

Ramón Frontana, picador. Se integró a la cuadrilla desde 1906 y permaneció como varilarguero al lado de Carlos Lombardini durante su trayectoria en los ruedos.

Cenobio Esparza, picador. Fue un destacado varilarguero. Formó parte de diversas cuadrillas. Murió a consecuencia del derribo que un toro de Carlos Cuevas le infirió en la plaza de Orizaba, Veracruz el 22 de abril de 1945.

Arturo Frontana Portugués Chico. Se inició probando caballos en las plazas de la ciudad de México y aprende el oficio de picar toros del español Martín Fernández Portugués, de quien hereda el apodo. Le corresponde el honor de haber dado el primer puyazo en la inauguración del viejo Toreo de la capital mexicana en 1907 a un toro de San Diego de los Padres. Estuvo integrado a las cuadrillas de Luis Freg, Alberto Balderas, Luis Procuna y Carlos Vera Cañitas entre otros. Se retiró de los ruedos en 1955.

Luis Frontana, banderillero. Tras de su paso por la cuadrilla, permaneció en España, radicándose en Barcelona, lugar en el que siguió ejerciendo su profesión, principalmente en las plazas de Cataluña.

José Ávila, banderillero. Originario de León, Guanajuato. Eficaz con los palos y refinado con el capote, ejerció principalmente en las plazas del centro de la República Mexicana.

Refugio Pérez, banderillero. Originario del Estado de Querétaro. Pasó a la historia con el nombre artístico de Refulgente Álvarez, con el que llegó a matador de toros. Recibió la alternativa en Madrid el 17 de julio de 1927, de manos de Bernardo Muñoz Carnicerito de Málaga, quien le cedió al toro Capotero de López Plata, en presencia de Francisco Peralta Facultades.

El jueves 9 de febrero de 1978 cumplió 90 años de edad y el diario ABC de Madrid daba cuenta de que por haber cumplido esa edad, era el decano cronológico de los matadores de toros del mundo. Retirado de los toros, Refulgente Álvarez concluyó sus días como ujier en las instalaciones de Televisa en la ciudad de México.

Macario Castelán Gallinito, banderillero. Donde este torero alcanzó una gran proyección fue en la faceta de puntillero, pues fue el titular de El Toreo de la Condesa durante toda la vida de ese escenario. Él dio el primer cachetazo en ese ruedo y el último también y estableció la costumbre de que en las plazas mexicanas hay un puntillero titular.

Mariano Rivera, banderillero. Hasta 1907 actuó como novillero en los alrededores de la ciudad de México, integrándose como banderillero en ese 1909 a la cuadrilla juvenil y a partir de 1910 a la de Luis Freg, con el que permanece en España prácticamente hasta el año de 1921, actuando también en esa época bajo las órdenes de Alfonso Cela Celita. En ese último año regresa a México y acompaña a Juan Belmonte a Lima, regresando después a España para actuar bajo las órdenes de Pablo Lalanda y Moreno de Zaragoza.

Entre las efemérides interesantes de su carrera, contaba que Joselito le llevó de tercero un par de tardes el año de su muerte y que en ese mismo 1920, el 4 de julio, Agustín García Malla, le llevaba en su cuadrilla en la plaza francesa de Lunel, cuando un toro de Lescot le hirió mortalmente.

Mariano Rivera fue el primer torero que falleció en el ruedo de la Plaza México al sufrir un infarto agudo de miocardio cuando acompañaba a su matador Emilio Ortuño Jumillano, a dar una vuelta al ruedo el domingo 6 de marzo de 1955 cuando para lidiar toros de Ernesto Cuevas, fue acartelado con el rejoneador Gastón Santos, Luis Briones y Juan Posada.

Crescencio Torres, banderillero. Tras de su paso por la cuadrilla, se coloca con José Ramírez Gaonita en primer término y posteriormente con diversos toreros mexicanos que apreciaron su gran sentido de la colocación y su eficacia y rapidez con los palos.

Carlos Lombardini, matador. Recibió una primera alternativa en Marsella, el 26 de septiembre de 1909, siendo su padrino Ángel Carmona Camisero y llevando de testigos a Manuel Torres Bombita III y a Pedro López, siendo el toro de la ceremonia Lucero de Pablo Benjumea. Al no ser válida esa alternativa francesa, se tuvo que celebrar de nuevo el 10 de octubre siguiente en Barcelona, apadrinando en esta oportunidad Rafael González Machaquito, en presencia de Antonio Moreno Moreno de Alcalá y Pedro López, la cesión del toro Chocleto de Esteban Hernández. Esta última alternativa no fue confirmada en Madrid.

Pedro López, matador. Al igual que Lombardini, recibió una primera alternativa en Marsella, el 26 de septiembre de 1909, siendo su padrino Manuel Torres Bombita III y llevando de testigos a Ángel Carmona Camisero y a Carlos Lombardini, siendo el toro de la ceremonia Buscachicas de Pablo Benjumea. Al no ser válida esa alternativa francesa, se tuvo que celebrar de nuevo el 10 de octubre siguiente en Barcelona, siendo su padrino Antonio Moreno Moreno de Alcalá y fungiendo como testigos Rafael González Machaquito y Carlos Lombardini y el  toro de la ceremonia, Gargantillo de Esteban Hernández. Esta última alternativa tampoco fue confirmada en Madrid.

Eduardo Margeli Furcó, empresario. Se le apodaba El Gaditano. Tuvo durante varios años a su cargo la plaza El Toreo y junto con Antonio Casillas El Berrendo, fue propietario de la ganadería de Malpaso. El 21 de septiembre de 1936 fue herido a tiros por el novillero Antonio Popoca, quien le reclamaba un puesto en una novillada. A causa de las lesiones sufridas, falleció 5 días después.

De Luis Martínez, picador y Manuel Rodríguez, banderillero no encontré mayores datos y sobre Manuel Martínez Feria, solamente el hecho de que dirigíó la cuadrilla después de que lo hizo El Sordo. Para concluir, les dejo esta gacetilla aparecida en la misma publicación (Respetable Público) del 7 de febrero del mismo 1909, en la que se anunciaba ya la presencia de la cuadrilla en España:

¡Gran novedad taurina! ‘Tournée’ por España durante 1909 de la notabilísima cuadrilla juvenil mexicana. Espadas: Carlos Lombardini y Pedro López. Esta superior cuadrilla, organizada en 1906 por los señores M. Martínez y E. Margeli y compuesta de dos matadores, un sobresaliente, cuatro picadores y seis banderilleros, ‘todos mexicanos’, llegará a España en Marzo, pudiendo las empresas que deseen contratarla dirigirse desde luego a su representante Mariano Armengol, Plaza de toros de Barcelona, o a su agente en Madrid, Juan Manuel Rodríguez, Ave María 29.

domingo, 12 de julio de 2009

12 de julio de 1914: Muere Miguel Freg en la Plaza de Madrid

Dados los sucesos del pasado viernes en Pamplona, supongo que el sentido de algunas apreciaciones que expresaré aquí tendrán que cambiar y es qué con frecuencia – no mucha por fortuna – suceden hechos que nos recuerdan que existe otra muerte en el ruedo, esa que no esperamos, que no consideramos, que no queremos que esté allí, pero que es parte del juego de luces y sombras que es la fiesta de los toros.

Hoy como ayer, nihil novum sub sole

Quienes además de no ser partidarios de la fiesta, eran en ese día abiertamente opositores a ella, encontraron una ocasión – como la tienen hoy – para expresarse y tratar de denostarla. Así, veríamos en El País (13-Jul.-1912) en su primera plana, una columna sin firma – imputable en consecuencia a su entonces director Roberto Castrovido – titulada Los Toros Decaen, en la que se califica a los toreros como zafios, ignorantes, brutales y como seres que ordinariamente carecen de valor estético, moral o intelectual. Páginas adentro, junto a la crónica del festejo, publican una nota proveniente de Barcelona, en donde un señor Lerroux, con el apoyo de la sociedad protectora de animales intenta organizar, dentro del Partido Radical, la presentación de una petición al Consistorio, para obtener en la Ciudad Condal, la abolición de las corridas de toros.

Por otra parte en El Siglo Futuro, diario declaradamente conservador, publica contra la toreromanía, esto en alusión a la muerte de un aficionado de nombre Antonio Herencia, en el tendido de la Plaza de la Carretera de Aragón la mañana de ese mismo día, cuando un estoque saltó al fallar Regaterín un intento de descabello durante una becerrada a beneficio del gremio de zapateros.

Hoy seguramente, por la muerte de Daniel Jimeno Romero durante el encierro de Pamplona el pasado viernes, se volverán a alzar voces en contra de las distintas tauromaquias que se ejercitan en este planeta nuestro. Ya vemos que no es novedad, ni que sucedan tragedias, ni que esta fiesta sea objeto de ataques, casi siempre injustificados, de gente sin quehacer. Afortunadamente, su grandeza le ha permitido subsistir y si se ha de acabar, seguramente será por causa de quienes tienen, como dijera Ortega – no el de Bórox, sino el otro – sus entresijos en las manos y eso, creo que también la experiencia nos lo está enseñando.

Al toro…

Miguel Freg Castro fue el tercero de cuatro toreros de su familia. Luis El Rey del Acero o Don Valor, matador de toros; Alfredo, subalterno y fundador de la Unión Mexicana de Picadores y Banderilleros, asociación sindical de la que orgullosamente portó el carnet número uno y Salvador, matador de toros también. En el año de 1914 generó su efímera fama y entró a la inmortalidad por la angosta puerta del sepulcro, pues fue prácticamente en el decurso de cuatro festejos en ese calendario, donde su suerte quedó echada.

El Toreo de la Capital de México le vio salir en hombros de una entusiasmada multitud la mañana del 15 de febrero de ese año, después de torear a la verónica como lo hacía Juan Belmonte en tarde que actuó con Llaverito, Chanito y Samuel Solís para lidiar novillos de San Nicolás Peralta. Eso le motivó a acompañar a su hermanos Luis y Alfredo que harían campaña en España, para tratar de conseguir la alternativa en ruedos peninsulares.

De esa manera actúa el 12 de abril en Bilbao y el 14 de junio en la Barceloneta, para presentarse en Madrid el 5 de julio – Jueves de Corpus –, en un cartel integrado con toros de Graciliano y Argimiro Pérez Tabernero y llevando como alternantes a Saleri II y Valencia. Esa tarde lidió a los toros Moñudo número 9, negro bragado y cornipaso y a Floro, número 35, ensabanado y mogón del izquierdo. La novillada fue muy difícil y solamente permitió a los alternantes exhibir su valor.

La actuación de Miguel Freg fue lo suficientemente convincente para que se le programara para el jueves siguiente. Los novillos serían de don Juan Contreras, de Badajoz y sus alternantes, Francisco Sánchez Hipólito y el propio Valencia.

El primer toro de su lote fue Saltador, negro, terciado según la mayoría de las crónicas, aunque contradictoriamente en el diario madrileño El País se afirma que era un toro que se había quedado de la temporada anterior, por chico y que se usó para completar la novillada debido a que uno de los ejemplares que envió el ganadero, no fue aprobado por ser cornicorto. Este fue el último toro que lidió en su vida Miguel Freg.

La espeluznante y mortal cornada

José de la Loma, Don Modesto, lo contó en El Liberal del día siguiente al de la trunca novillada, de la siguiente manera:

… ¿Impericia? ¿Ignorancia? ¿Torpeza? ¿Exceso de pundonor?

De todo hubo un poco y la cansa primordial de la catástrofe la mala, la pésima lidia que se dio al toro autor de ella…

…El bicho tomó cuatro ó cinco puyazos, en el último un picador, de cuyo nombre no quiero acordarme, le rajó ignominiosamente en un costillar. No lo censuro. En estas novilladas montan a caballo aspirantes a picadores, ayunos en absoluto de las reglas más precisas para el caso. Harto hacen con salir incólumes del compromiso. Cuando se les arranca la fiera tiran el palo y éste cae donde cae. La cuestión es evitar que el batacazo sea muy gordo. ¡Pobrecillos! Son dignos de lástima.

El novillo, con el rajón, se dolió excesivamente y se puso a la defensiva, creyendo que todo bulto que se le acercaba iba a producirle otro mayor daño. Y abrigado en las tablas, escarbando, incierto y avivadillo, le encontró Miguel Freg cuando cambió el segundo tercio.

El valiente muchacho quiso El valiente muchacho quiso hacerse con el bruto y le llegó hasta la misma cara, llevando el engaño en la izquierda. Una brusca acometida, buscando el toro mejor abrigo, hizo comprender al mejicano que la cosa se ponía fea, o mejor dicho, que ya se había puesto muy fea.

Con la derecha el bicho no se arrancaba, retrocedía escarbando, muy dolido del rajón del piquero.

Con la izquierda, acometía atropellando, huyendo. No era posible, no poseyendo grandísimos recursos, el apoderarse del animal. En todos los pases por la izquierda – por el otro lado no acudía el novillo –, vióse apuradillo el espada. Se desconfió. Y el caso no era para menos.

¿Cómo herir a un bicho de estas condiciones?

Para otro espada, curtido en estos lances de grave compromiso, la solución sino fácil, hubiera sido factible. Un sartenazo al revuelo de un capote o a paso de banderillas «tirando la espada».

A maestros de muchas campanillas, a Pastor y a Joselito, hemos aplaudido estocadas estocadas de recurso. Y para estos casos se inventaron.

Freg entró a matar a querencia del bicho ello. Arrancó. El toro se le metió por debajo. Le atropello. Y le prendió del cuello, volteándole. Y arrojándole en la arena, salió de estampía. Como el criminal que, al huir, hiere con la navaja al que le corta el paso.

El infeliz Freg se puso en pie. Quiso recoger la muleta. Pero no pudo. So llevó las dos manos al cuello, y la sangre saltando con violencia por entre los dedos, le resbalaba por la pechera de la camisa…

…El pitón le degolló. Ahí tienen ustedes el parte facultativo. Yo no lo entiendo; pero me parece que dice que a poquito más que hubiera cabeceado el bruto, hubiese quedado sin cabeza el cuerpo del desventurado novillero.





Las relaciones de los demás medios escritos coinciden en las condiciones y circunstancias del hecho y coinciden también en que la cornada se debió a la poca experiencia de Miguel Freg. Felipe Sassone, en La Lidia del día 28 de julio lo expresa así:

…Insistimos en que de Miguel Freg nos es imposible emitir juicio, pero insistimos también en que halló la muerte aquella tarde, porque se equivocó, porque lidió al revés á su enemigo. ¿Cuántas veces ocurre lo mismo— aunque sin consecuencias fatales por suerte—en las novilladas? Siempre. Antiguamente los toreros cumplían un largo aprendizaje; antes de coger la espada y la muleta, iban de banderilleros con un espada inteligente, y así adquirían el conocimiento que da la práctica y que ningún tratado, ninguna experiencia de las llamadas de salón, pueden enseñar. Los toreros de hoy se improvisan, aprenden ante un espejo a estirarse, a ponerse bonitos, a girar sobre los talones y á doblar la muleta; se preocupan del adorno, de lo accesorio, y olvidan lo esencial, ya que el farolillo, la trincherilla y el molinete no son todo el toreo y no castigan, ni mandan, ni corrigen, y sólo pueden hacerse con los toros claros, póstumos, que pasan buenamente, y que —por desdicha— salen de higos á brevas…



El parte facultativo

En los diarios de Madrid existen varias versiones, obtenidas en diversos momentos posteriores a su expiración. El más completo es el que presenta El Liberal y la descripción de la actividad en la enfermería, la de El Imparcial y que son respectivamente como sigue:

El espada Miguel Freg ha ingresado en esta enfermería padeciendo una herida contusa en la región infra hioidea derecha de 12 centímetros de extensión, con rotura del esterno-cleido-mastoideo, llegando hasta las apófisis transversas cervicales, dejando al descubierto el paquete vásculo-nervioso del cuello, lesión que le impide continuar la lidia. Doctor Mateo Milano.

…En la enfermería prestaba el servicio de guardia el doctor D. Mateo Milano a quien inmediatamente de de ocurrir la desgracia, acudieron a ayudar en su tarea profesional sus compañeros del Hospital provincial Sres. Hinojosa, Vigueras y Taboada que estaban presenciando la corrida.

Con esta valiosa cooperación, tan pronta como solícita, procedió el doctor Milano a separar los bordes de la herida de Freg, cuyo cuerpo había sido colocado en el «hule». El diestro, apenas ingresado a la enfermería, fue presa de un síncope. El cuerno había entrado al torero por la parte inferior delantera del cuello y la herida era muy profunda. En su fondo quedaría al descubierto el nervio neumo-gástrico; se veían disecados todos los grandes vasos; ninguno de ellos había sido roto; a pesar del enorme destrozo causado por el asta, la lesión parecía lo que los toreros suelen llamar una cornada «de suerte».

Sólo existía, gravísimo, el peligro de que el infeliz novillero no reaccionase del colapso cardiaco en que había caído por la gran contusión del nervio neumo-gástrico, golpe parecidísimo al que los boxeadores denominan «golpe a la carótida», mortal a veces, porque determina la paralización del corazón.

Los médicos cohibieron la pequeña hemorragia venosa, taponaron la herida y se dedicaron, por todos los medios, a hacerle salir del colapso en que estuvo durante todo el tiempo que duró la cura…

…Las repetidas inyecciones de suero y cafeína, los cuidados verdaderamente admirables de todo el personal facultativo para hacerle reaccionar, fueron inútiles.

A los treinta y cinco minutos de su ingreso en la enfermería falleció Freg, como se temía y se esperaba, a consecuencia de la tremenda contusión recibida y no a consecuencia de la herida misma, que habría cicatrizado pronto, como generalmente cicatrizan las del cuello y de lo que el mexicano estaría tal vez curado dentro de quince o veinte días…



Como se ve, la apreciación inicial de Don Modesto y de los demás cronistas de que el toro prácticamente descabezó al pobre de Miguel Freg, no resulta ditirámbica, se convertía en el sexto torero muerto en ese ruedo tras de el banderillero valenciano Yust, Nicolás Ardura Pollo, Manuel García Espartero, Lagartijilla y Dominguín.

Corolario

Los hechos de hoy y de ayer nos enseñan que nuestra fiesta está construida a partir de ilusiones, pero principalmente de realidades y estas son a veces tristes y dolorosas, como la que intento – sin respeto a la brevedad – relatarles aquí.

Es por eso que seguimos – diría El Volcán de Aguascalientes – siendo compradores de esas ilusiones, pues cada vez que adquirimos una entrada para asistir a la plaza, lo hacemos con eso, con la ilusión de que veremos algo inusitado, de que viviremos lo que soñamos.


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