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domingo, 10 de mayo de 2020

En el centenario de Carlos Arruza (V)

Hace 75 años. Triunfo grande en Barcelona frente a Manolete

Cartelillo anunciador aparecido en La Vanguardia
10 de mayo de 1945
Para Carlos Arruza la temporada española de 1945 fue la de las 108 corridas. Un resumen de sus actuaciones publicado en el semanario madrileño El Ruedo al final de ese calendario, revela que había firmado allá 154 contratos de los cuales, por diversas lesiones sufridas solamente pudo cumplir los que, sin romper la marca impuesta por Juan Belmonte en 1919, representaron durante dos décadas la mayor cantidad de festejos toreados por un diestro en una temporada.

También considero importante hacer notar que durante la presencia de ambos en los ruedos, Arruza toreó 60 corridas con Manolete. De ese total, 47 se verificaron en el ciclo de hace 75 años y en la plaza en la que más actuaron ambos, fue precisamente la de Barcelona, donde lo hicieron 10 veces. No creo descabellado señalar que el cartel estrella de ese 1945 se formaba con Manolete, Arruza y – esto sin implicar un tono despectivo – otro

La corrida de Barcelona del 10 de mayo del 45 representaba el noveno encuentro de estos dos grandes toreros dentro de la temporada, el primero particularmente en la Monumental catalana y reproducía, en cuanto a toreros, el cartel de la segunda corrida de la feria de abril sevillana, celebrada el 19 de abril anterior, pues completaba la terna Pepín Martín Vázquez. Solamente difería el ganado anunciado, que en abril fue de don Carlos Núñez y para esta corrida que aquí recuerdo, don Pedro Balañá anunció un encierro de don Joaquín Buendía, de origen Santa Coloma.

Los prolegómenos del festejo

El anuncio de la corrida despertó gran expectación; tanta, que en la publicidad que se hacía a ella en los diarios de la época, se insertaba una nota al final del siguiente tenor: AVISO: Se suplica al público acuda con tiempo suficiente para acomodarse. Era tal el frenesí en la adquisición de entradas al mismo, que se preveía un lleno de No hay billetes y la nota al pie tenía por objeto el intentar garantizar que toda la concurrencia a la Monumental, pudiera disfrutar cómodamente del festejo.

La prensa barcelonesa se hizo eco también del atractivo despertado por la presencia de Manolete y Arruza juntos en esa capital por primera vez. En su debut allí, el 2 de abril, Arruza acabó con el cuadro, cortando cuatro orejas, dos rabos y una pata, y de Manolete, que se presentaba allí en la temporada, poco más se puede agregar, era una figura universal del toreo. La gente tenía real interés en ver a ambos encontrarse en los ruedos y competir por el triunfo. 

José Martín Villapecellín comenta lo siguiente el día de la corrida en el diario Mundo Deportivo:
...«Manolete» y Arruza se enfrentan en Barcelona. El comentario de la gente crece y crece como en la época gloriosa de Joselito y Belmonte. El perfil de los toreros se agiganta. Espigado y serio uno, como moderno Quijote; el otro alegre, musculoso y juvenil, como protagonista de una novela real. El arte de dos modos distintos de ser... Los manoletistas y los arrucistas llegan a las manos. ¡Viva el esplendor de la fiesta de toros! Fiesta dura y de discusión. Fiesta de hombres... «Manolete puede con Arruza...» «Arruza puede a Manolete...» Y los dos toreros distintos, pero grandiosos, triunfan una y otra tarde por esas plazas de España... El señor Balañá ha querido traerlos juntos a Barcelona para afianzar la calidad taurina de sus carteles. ¡Honor a la fiesta de los toros en jueves esplendoroso del mes de mayo! ... «Manolete» y Arruza, como Joselito y Belmonte, han dado todo lo que tenían que dar de sí para que sus respectivas épocas se escriban con letras de oro...
Puede parecer ditirámbico el parangonar a Manolete y Arruza con Joselito y Belmonte, pero a un cuarto de siglo de la disolución de la pareja que revolucionó el toreo, los dos actuantes captaban todo el interés de la afición y provocaban el interés de que se les viera en las plazas. Quizás lo comparable entre un tiempo y otro, es que se formaron bandos, algo que solamente pueden lograr las grandes figuras del toreo.

El festejo del 10 de mayo del 45

Efectivamente, la Monumental de Barcelona registró un lleno total. La corrida ofrecida por don Pedro Balañá no tenía medio de ser criticada en el papel, pues reunía aparte de los dos toreros más cotizados de la época, a Pepín Martín Vázquez, que habiendo tomado la alternativa al final de la temporada anterior alzándose como la revelación de ella, llevaba un importante paso en este calendario, siendo el triunfador de la feria de abril de Sevilla.

Al final fue Carlos Arruza el que salió con los trofeos en las manos. A Manolete se le juzgó con cierta dureza y Pepín Martín Vázquez sacó en el sorteo el lote menos propicio de una corrida que vio solamente lidiarse cuatro de los toros de la ganadería titular, siendo sustituidos por dos de don Felipe Bartolomé, uno desde el sorteo (4º) y otro por ser defectuoso de la vista el quinto. Quien firma como A. de Castro, en el ya citado diario Mundo Deportivo analiza así el comportamiento del ganado:
...Hace años que una corrida no despertaba el entusiasmo y el interés de la que estamos reseñando y por no faltar a la tradición, se torció el carro al tercer toro y no hubo medio de encarrilarlo. ¿De quién fue la culpa? Única y exclusivamente de los ganaderos que surtieron de reses la corrida. Don Joaquín Buendía se durmió en sus laureles y olvidando la importancia de la Monumental barcelonesa, envió lo peor que debió encontrar en la camada. Ya antes de la corrida hubo necesidad de substituir un toro, por otro de don Felipe Bartolomé y por ser defectuoso de la vista el quinto, fue devuelto al corral, saliendo en su lugar el sobrero también del susodicho don Felipe...
La crónica más extensa del festejo apareció en el diario La Vanguardia. La firma Eduardo Palacio Valdés, cronista de toros desde los inicios del siglo XX en el ABC madrileño y arrastra en ella el estilo implantado por su mentor Dulzuras, de hacer una especie de revista, toro a toro, de lo sucedido en el festejo y en un apartado final, realizar lo que en aquellos años se llamaba el juicio crítico de la corrida, lo que hoy consideramos propiamente como crónica.

Carlos Arruza le cortó el rabo al segundo de la tarde, Homero, número 4, de pelo negro, de don Joaquín Buendía. En la parte cuantitativa de su relación, Palacio Valdés describe lo siguiente:
...Segundo. – Grande y bizco del izquierdo. Arruza capoteó sin estrecharse. En quites hizo uno por chicuelinas, que se ovacionó. Pepín hizo el suyo con dos lances finísimos de temple, suavidad, dominio y lentitud. (Gran ovación.) El bicho sólo aceptó dos varas y Arruza, a petición del público, tomó los garapullos y clavó tres pares magníficos, sobre todo el que le sirvió para cerrar el tercio, de poder a poder. (Ovación continuada). Arruza, brindó al público y después del pase de tanteo ligó cinco naturales, uno de pecho, un natural, otro de pecho, todo ello ya entre ovaciones y música. Prosiguió su labor con un derechazo, uno por alto, y al engendrar otro, fue derribado, quedando bajo las patas del bicho, hasta que acudieron al quite todos sus compañeros... Se levantó el mejicano y, sin mirarse la ropa, volvió al toro, al que dio cuatro pases de rodillas, apoyando después, el brazo en el testuz. Un pinchazo en hueso y un volapié en todo lo alto concluyeron con la vida del astado. (Ovación, dos orejas, rabo, vuelta al ruedo y salida a los medios)...
En la parte crítica de su crónica, titulada Sillas de Ruedo, don Eduardo hace las siguientes reflexiones en torno a las actuaciones de Manolete y Arruza:
...Tornaba «Manolete» al ruedo de sus señeros triunfos, para competir en noble y justa emulación con Arruza, diestro marcado por el público de toros de toda España como posible rival del cordobés... «Manolete», a fuerza de impavidez y de dominadores recursos, logró ligar al compás de la música, como en el otro, una faena meritísima, cuya belleza arrogante no podía llegar, y no llegó, al graderío todo. Los quilates de aquella labor sólo podían valorarlos quienes hubiesen advertido las dificultades del astado. Se le aplaudió, pero mucho menos que en el bicho que rompió plaza, donde la ovación fue larga y unánime, por una gran faena que coronó con un volapié tan magnífico como el que le sirvió para despenar a su otro mentado y peligrosísimo enemigo... «Manolete» sonrió ayer dos o tres veces, y en la última creí entrever algo así como confianza en sí mismo, algo que no era orgullo ni jactancia, pero que me hizo recordar estos versos: 
Fiado en mi valer, que es quien me empuja
desoigo admoniciones que señalas.
El ave canta aunque la rama cruja;
¡como que sabe lo que son sus alas! 
Soberbiamente aprovechó Arruza las excelentísimas condiciones de su primer toro, al que banderilleó con el arte, alegría y poder que le son peculiares. Las ovaciones que escuchó fueron justísimas, como lo fueron las que acompañaron su faena en la que, imitando lo que hiciera antes «Manolete», dio dos tandas de naturales pisando majamente el terreno del toro, y tirando de él con suavidad y mando entre música y aplausos. Al engendrar un pase fue derribado, cayendo entre las patas del bicho que le buscaba afanosamente. Llegaron todos al quite, y el mejicano se levantó con sólo una paliza fuerte que no le impidió proseguir la faena con bravura, poniéndole punto final con un pinchazo y un volapié. Hubo corte de orejas y rabo y paseo triunfal... He de decir que las pasiones en tendidos, gradas y andanadas estuvieron al rojo. Las banderías no cejaron en sus respectivos empeños y todo fue algarabía, gritos, aplausos y un desbordante frenesí que a mí, viejo aficionado, me llenaba de entusiasmo, mientras el señor Balañá, entre barreras, meditaba mordiendo el puro y mirando fijamente a la arena. Sólo entonces temblé, pensando con terror si para el próximo encuentro «Manolete» – Arruza instalará, como en los combates de boxeo, «sillas de ruedo». Porque para mí tengo que también se venderían...
A. de Castro, en Mundo Deportivo recuerda lo siguiente:
...El apasionamiento que se ha adueñado de la afición barcelonesa por Manolete y Arruza, hace presagiar que han de dar ambos en nuestras plazas, tardes memorables de toros. La labor de uno y otro se midió ayer con distintos raseros y fue tanto lo que de bueno prodigaron, aunque no pudieran excederse por la calidad del ganado, que a la salida de la plaza, los encendidos comentarios en pro de los grandes toreros fueron tema obligado no sólo en los corrillos y peñas taurinas, sino que se extendieron a todos los ámbitos de la ciudad...
Manolete y Arruza reaparecerían en Barcelona unas semanas después y dejarían preparado el terreno para una de las más grandes ferias de la Merced que en la Ciudad Condal se recuerdan. En 1945 esa feria se dio con cuatro festejos, los días 23, 24, 25 y 26 de septiembre, actuando el Monstruo de Córdoba y el Ciclón Mexicano en todos ellos, y fueron de esas corridas monstruo tan del gusto de Balañá, de ocho toros, para dar cabida a las demás figuras del momento, y en ellas, también Arruza dejó su signatura de triunfador.

domingo, 26 de abril de 2020

Hoy hace 75 años: Silverio se presenta en España como matador de toros

Silverio y España

Silverio Pérez visto por Carlos Ruano Llopis
Silverio Pérez fue uno de los toreros perjudicados por el llamado Boicot del Miedo y la Guerra Civil española. Habiéndose presentado en Madrid al final de septiembre de 1935 como novillero, todo estaba dispuesto, seguramente, para que recibiera la alternativa al final de la campaña siguiente, sin embargo, las cosas se torcieron para la fiesta en España y al final quien unos años después sería El Faraón de Texcoco tendría que esperar hasta 1938 para recibir la borla e iniciar su camino hacia la inmortalidad.

Ya matador de toros, la conseja popular es que no quiso o no pudo en los ruedos hispanos. Sin embargo, durante la temporada de 1945 tuvo 13 actuaciones en plazas de importancia en aquellas tierras. Después de torear una corrida en Gijón y tras de la modificación del encierro que lidiaría en la corrida de su confirmación en Madrid, decidió dar por terminada su temporada allá. 

Se atribuye eso al miedo silveriano. Sin embargo, mi teoría personal se apoya en dos vertientes. La primera es que Silverio Pérez es quizás uno de los primeros toreros mexicanos que se dio a valer ante el establishment taurino español y que ante los cambios injustificados de condiciones e imposiciones indebidas, simplemente decidió rescindir sus contratos y volver. 

La segunda es de un orden más humano y artístico. En 1947 Armillita le decía al Tío Carlos que a él le acomodaba más la temporada española porque allá se toreaba a diario. Que el torear cada ocho días como se hacía aquí, le quitaba afición y facultades al torero. Para un torero apolíneo como él, esa línea de razonamiento es perfectamente entendible, entre más tiempo se esté delante de la cara del toro, mejor para el desarrollo de su arte. 

Pero un torero dionisiaco como Silverio, que hace residir su tauromaquia fundamentalmente y de un modo intenso, en el sentimiento, necesita de espacios de reflexión, de reposo, que le permitan alimentar el espíritu y de esa manera seguir avanzando por las veredas del arte. Entonces, una campaña como la española, en la que desde el final de la primavera y hasta el principio del otoño, se puede estar toreando casi todos los días, un torero de esta cuerda puede ser materialmente reventado si no se le sabe llevar y eso es lo que a mí me parece que se quiso hacer con Silverio y por eso es que compró su pasaje de regreso. Pero insisto, esta teoría es mía y me responsabilizo de ella.

Barcelona 26 de abril de 1945

Para el jueves 26 de abril de 1946, don Pedro Balañá Espinós anunció la presentación en ruedos hispanos del Faraón de Texcoco. No está de más recordar que Barcelona, tradicionalmente, fue el puerto de entrada de la torería mexicana a las plazas de España. Es mítico ese muro del despacho de don Pedro, en el que tenía colocadas fotografías de casi todos los toreros de México que había puesto a torear en sus plazas y que entre 1909 y 1975, 18 toreros mexicanos recibieron la alternativa allí. A Silverio le acompañarían en el cartel Aurelio Puchol Morenito de Valencia y el madrileño Manolo Escudero, quienes en principio lidiarían un encierro salmantino de Benito Martín, antes Terrones.

¿Qué sucedió esa tarde? La crónica de Eduardo Palacio, aparecida en el diario La Vanguardia de Barcelona del día siguiente del festejo, entre otras cosas nos dice esto:
A no hallarse esta pluma tan convencida como lo está, de su modestia, hubiese sentido algo así como ligero remusgo de engreimiento, al ver que lo que ella predijo va a hacer diez años en «ABC», de Madrid, ha tenido plena confirmación. Porque el mejicano Silverio Pérez, que en tal plaza, sólo toreó una corrida, el 26 de septiembre de 1935, novillada concurso en la que disputóse un toro de oro modelado por Benlliure que ganó la res de Coquilla, mostró entonces una facilidad y un arte manejando la muleta, que tres años más tarde, el 38, le hizo ser la más destacada figura de su país. Y qué su fuerte es la muleta lo afirmó ayer en esta su segunda presentación en Barcelona. Digo segunda, porque como novillero lo había hecho ya en 1935, toreando los días 8 y 23 del aludido septiembre. 
Hizo el paseo montera en mano saludándosele con grandes aplausos que le obligaron a salir a los medios, a los que sacó a sus dos compañeros de terna. Su primer enemigo, de Marzal, pues el Terrones se devolvió a los corrales, era un bicho flacón y mansote cuya muerte brindó al público, haciendo una faena amenizada por la música, muy artística, dominadora y revelando que el «Faraón de Texcoco» como le apoda la «afición» de su país, es mucha, muchísima «gente» con la franela. Un pinchazo y una estocada en las agujas concluyeron con la res, a la que se silbó en el arrastre, mientras su matador daba la vuelta al ruedo y salía, a los medios entre una ovación de bienvenida cariñosa. Su segundo toro, grande y manso, salió suelto de las varas correteando miedoso en todas direcciones. Silverio Pérez brindó a su competidor de novillero Carlos Arruza — a quien la multitud saludó con grandes aplausos —, y enjaretó una faena que careció de ligazón a causa del fuerte viento que reinaba. No obstante, su dominio con ella quedó de nuevo bien patente. Despenó al Terrones de un pinchazo sin soltar el acero y un volapié de través, y los aplausos obligáronle a salir al tercio a saludar...”
Como podemos apreciar, entre los elementos y los toros, la tarde no se prestó para que Silverio pudiera desplegar toda la magia de su toreo, sin embargo pudo demostrar a la afición catalana la calidad de su trazo y la afición que le permitía poder con los toros y definitivamente gustó a la afición barcelonesa, que le recordó, de sus anteriores presentaciones novilleriles, debidamente apuntadas por el cronista. Puede afirmarse que tuvo, una buena tarde, aún sin redondear un triunfo.

La presencia de México

Manolo Escudero cortó la única oreja de la tarde. Reaparecía después de una muy grave cornada que recibió en San Sebastián el 21 de agosto del año anterior, al hacer un quite al torero potosino Gregorio García. De la misma crónica, extraigo lo que sigue:
Y voy a lo grande de la corrida de ayer, que estuvo a cargo del madrileño Manolo Escudero; pero antes, recordaré, unos breves datos: Toreando la pasada temporada la «Semana grande» de San Sebastián, exactamente el 21 de agosto, Escudero sufrió una tremenda cornada que le dejó cuatro meses en lucha con la muerte que, por fortuna, fue derrotada. El percance no tuvo por móvil ni un descuido ni un desplante; fue algo más digno, más hermoso, más caballeresco, más español en suma. Un toro había derribado a un espada mejicano, Gregorio García, y lo tenía en el suelo a su merced. Las astas iban a prender al caído sin defensa, y Escudero se metió con su capote y su cuerpo entre ellas y el inerme, y se llevó majamente al toro a costa de una gravísima cornada. A la enfermería no fue el mejicano; el madrileño empezó en ella una lucha en defensa de la vida, encomendándose a la Virgen de la Paloma, cuya imagen, rutilante de oro y pedrería, campeaba ayer en la espalda de su capote de paseo... 
Ahora permítame usted. Manuel Escudero, que yo le envíe un abrazo de gratitud en nombre del diestro mejicano Gregorio García, como recuerdo en esta su primera salida vestido de luces, de aquella tarde del 21 de agosto pasado, en la «Semana grande», de San Sebastián...
Esa tarde del 21 de agosto de 1944 toreaban en San Sebastián una corrida concurso toros de Domecq, Félix Moreno, Antonio Pérez, Galache, Tassara y Atanasio Fernández, Manuel Álvarez Andaluz, Manolo Escudero y Gregorio García

Manolo Escudero, en entrevista concedida a quien firmó como A.R.A. en el número de El Ruedo, fechado el 6 de septiembre de 1944, describe como ocurrió el percance:
«... ¿Cómo fue la cogida?
- Una cogida tonta. Era el último toro de la tarde y Gregorio García prendía el último par de banderillas, Yo iba andando hacia la barrera para abandonar el ruedo, cuando vi al mejicano que caía y abrí el capote para hacer el quite. El toro se arrancó ciego, le atropelló y se me echó encima. Me enganchó y sentí perfectamente que me pegaba la cornada en el pecho. Me tuvo prendido unos instantes, durante los cuales no sólo sentí un dolor terrible, sino que me di cuenta de cómo se desgarraba la carne. Pensé que me había matado y ya no pude levantarme...»
El parte médico de la cornada fue el siguiente:
«Durante la lidia del sexto toro ha ingresado el diestro Manolo Escudero, que presenta herida penetrante en el pulmón, por la región axilar izquierda, con rotura de costillas y fuerte conmoción. Pronóstico, muy grave. El torero, al ingresar a la enfermería, fue asistido por los doctores Urbina y Garmendia. Sufrió un fuerte colapso, que inquietó a los facultativos, así como la gran pérdida de sangre. La primera impresión era de que el diestro sufría una cogida de las que pueden hacer peligrar su vida. A la media hora de su permanencia en la enfermería reaccionó algo, lo que permitió a los médicos su traslado a la Clínica San Ignacio, donde se le hará nueva intervención.»
Una cornada penetrante de tórax que le supuso una larga recuperación al diestro de Madrid, pero que afortunadamente le permitió continuar su carrera en los ruedos. Pude conversar con el maestro Raúl García, sobrino de Gregorio, acerca de ese incidente. Me comentó que su tío recordaba con desazón esa cornada que era para él y que nadie pudo hacer por evitarla, sin dar más detalles.

Una coda numérica

Decía líneas arriba que los toreros como Silverio Pérez necesitaban administrar sus actuaciones. El Faraón toreó apenas 372 corridas en los 14 años y meses que duró su carrera de matador de toros, lo que promedia unas 26 al año, es decir, una cada dos semanas. Si los guerreros necesitan reposo, los artistas requieren de meditar y para ello se requiere tiempo.

domingo, 24 de agosto de 2014

24 de agosto de 1944: El Talismán Poblano se presenta en España

Las gestiones iniciadas en el verano de 1943 por Luis Briones y culminadas por Antonio Algara para reanudar el intercambio entre las torerías de España y México, aparte de permitir a afición y públicos el volver a ver o conocer a los que encabezaban los escalafones en ambos países, dio oportunidad a muchos toreros mexicanos de cruzar el Atlántico para intentar relanzar sus carreras.

Uno de esos casos es el de Felipe González El Talismán Poblano, quien al decir de Guillermo Salas Alonso en la temporada de novilladas de 1942 en el Toreo de la Condesa había toreado nueve festejos consecutivos y había salido en hombros en siete de ellos, logrando apuntalar una campaña novilleril que le llevó a recibir una alternativa en su natal Puebla de los Ángeles el 16 de enero de 1944, apadrinándole Silverio Pérez, quien le cedió los trastos para matar al toro Peñista de Coaxamalucan, en presencia de Luis Castro El Soldado.

Sin confirmar esa alternativa en la capital mexicana, El Talismán Poblano marchó a España y su presentación en aquellas tierras fue en la ciudad de Barcelona, en la plaza de Las Arenas, un lugar natural de ingreso para nuestros toreros a tierras hispanas. Afirmo que el ingreso natural de nuestros toreros a España era por Barcelona, porque desde la década de los veinte del pasado siglo, fue por la Ciudad Condal donde iniciaban sus campañas. Barcelona era la plaza que iniciaba más temprano su temporada y casi siempre la última en concluirla y es proverbial la preferencia que tuvo don Pedro Balañá por nuestros toreros.

Felipe González actuó como novillero para reiniciar su andar por los ruedos en Barcelona y eso implicó en alguna medida un acto de renuncia y en otro sentido una cuestión de corte jurídico, pues en el convenio negociado en el verano del 43, se pactó que solamente tendrían validez las alternativas recibidas o confirmadas en El Toreo de la Ciudad de México, cuestión no subsanada hasta la revisión de 1951, en la que se declararon válidas todas aquellas que se reconocieran como tales en cada uno de los países parte del traído y llevado convenio.

Así pues, el jueves 24 de agosto de 1944 se anunció un encierro de Hoyo de la Gitana para Pepín Martín Vázquez, que se despedía de la novillería en Barcelona – recibiría la alternativa allí mismo, en la Monumental el 3 de septiembre siguiente –, Manolo Cortés, quien reaparecía después de haber sido herido allí mismo en Las Arenas y el debut en España y en Barcelona, de Felipe González. Eduardo Palacio, cronista titular de La Vanguardia, escribió lo siguiente sobre la actuación del debutante:

«Uso moderadísimo»... Con un lleno completo se celebra en la tarde de hoy, jueves 24 de agosto, una novillada extraordinaria en la que han de lidiar seis reses de Hoyo de la Gitana los diestros Pepín Martín Vázquez, Manolo Cortés y el mejicano Felipe González, que hace su presentación en España. A las siete en punto desfilan las cuadrillas, saludándose la presencia de Manolo Cortés, convaleciente de su cogida en esta misma plaza, con grandes aplausos que el muchacho, modestamente, comparte con sus compañeros de terna, a los que obliga a salir a los medios... El mejicano Felipe González, cuya actuación en esta corrida era la primera que hacía en España, se destapó en el último bicho de la fiesta, al que veroniqueó muy bien, lanceándole de frente por detrás, con mucho garbo y valor y tornando a ser ovacionado en el tercio de quites, que resultó tan completo por parte de los tres diestros, que hubo de acompañarles la charanga y los aplausos de la multitud, que llenaba el coso. Clavó después tres formidables pares de rehiletes, ganando con guapeza la cara de aquel toro que llevaba en todas sus arrancadas la velocidad de un expreso conducido por un maquinista alienado, y tornaron a hacer humo las palmas del concurso. Encendióse en esto la luz artificial y bajo ella, realizó el muchacho una faena valerosa; pero quizá y sin quizá, demasiado dilatada, a la que, al fin, puso punto con una estocada que las sombras de la noche no me permitieron apreciar; pero que fundadamente sospecho no debía haber quedado muy en su sitio, cuando se apresuró el diestro a sacar el acero del cuerpo del novillo, que, seguidamente, se rindió a los pies del cachetero. Esto, no obstante, la multitud despidió con grandes aplausos a Felipe González…

El título de la crónica hace referencia a la supuesta existencia en la enfermería de Las Arenas, del mítico bálsamo de fierabrás, que supone aplicado a un valentísimo Manolo Cortés, quien no acusó los efectos del percance sufrido en su actuación anterior y en cuanto a la actuación de Pepín Martín Vázquez, el cronista se limita a señalar que pasó de puntillas en esa su última actuación como novillero en la capital catalana.

Felipe González se presentaría en Madrid el jueves siguiente – 31 de agosto – alternando con Jaime Marco El Choni y Agustín Parra Parrita en la lidia de novillos de Concha y Sierra y la Viuda de Soler (3º), cortándole una oreja a este último y permanecería en España toda la campaña de 1945, regresando a México para recibir una segunda alternativa el 30 de diciembre de ese año, en Ciudad Juárez, de manos de Carlos Vera Cañitas y fungiendo como testigo Gregorio García, siendo los toros de Presillas.

En 1955 ingresó a la Unión Mexicana de Picadores y Banderilleros y destacó como uno de los principales hombres de plata durante las décadas siguientes. Sus hijos Felipe y Sergio fueron también matadores de toros y después cambiaron el oro por la plata, destacándose también en ese escalafón.

El Talismán Poblano falleció el 3 de febrero de 1994.

domingo, 1 de julio de 2012

Cañitas, Cataluña y Luciano Cobaleda

Hace 65 años... y un mes

El anuncio de la alternativa de Luciano Cobaleda
La Vanguardia (Barcelona 01/06/1947)
Hoy hace un mes que se cumplieron sesenta y cinco años de la alternativa de Luciano Cobaleda en la Plaza Monumental de Barcelona. La recibió de manos de Curro Caro y atestiguó la ceremonia el diestro mexicano Carlos Vera Cañitas. El festejo por sí traspasa la mera efeméride del doctorado del que fuera  Ganadero de Toros de Lidia, miembro del Ejército del Aire de España, Licenciado en Derecho y Matador de Toros – creo que ese es el orden de los hechos – porque como lo comentaba hace un par de semanas, al final de 1946 se comenzaron a deteriorar las relaciones entre las torerías española y mexicana y así, a mediados de mayo de 1947, un grupo de toreros encabezados por Antonio Bienvenida, Luis Miguel Dominguín y Juan Belmonte Campoy – que no hicieron temporada aquí e invocaban falta de reciprocidad – declararon terminado el convenio que permitía que los nuestros actuaran allá y los hispanos aquí.

Manolete y otro grupo de toreros – que si vinieron a torear a México el invierno anterior – intentaron reparar las cosas y un par de semanas después, se declararon restablecidas las relaciones, situación que perduró algo menos de un mes, porque el 28 de junio de ese año se tuvo por definitivamente suspendido el intercambio y ese estado de cosas permaneció hasta 1951. Nuestros toreros que se quedaron parados allá – y acabaron tomando el camino de regreso – fueron entre otros Fermín Rivera, Antonio Velázquez, Carlos Arruza, Ricardo Torres, Manuel Gutiérrez Espartero y Antonio Toscano entre los matadores y los novilleros Pepe Luis Vázquez y José Antonio Chatito Mora. También Cañitas, que logró actuar catorce tardes antes de la ruptura, se quedó en la estacada y es así como pasa a ser personaje de esta historia.

Los toros

El encierro anunciado fue de la ganadería de Hijos de Pablo Romero, de los que al final de cuentas se lidiaron solo cinco, por haberse inutilizado uno en los corrales y fue sustituido por uno, salmantino, de don Vicente Muriel. De este particular encierro, cuenta lo siguiente Eduardo Palacio, cronista del diario La Vanguardia de Barcelona, en su edición del 3 de junio de 1947:

…seis buenos mozos de la vacada sevillana propiedad de los señores hijos de don Felipe de Pablo Romero, cuyas reses, procedentes de Gallardo y Vázquez, fueron cruzadas hace siete años con una parte de lo de don Clemente Tassara, sangre de lo de Gamero Cívico. La divisa es celeste y blanca. Desechóse en el apartado de la corrida uno de los toros sevillanos, substituyéndosele con otro del campo charro, ganadería de don Vicente Muriel, divisa encarnada y caña, bicho que fue el que rompió plaza. Era una res grande, gorda, y bien puesta de cuerna...

En el número de El Mundo Deportivo aparecido en la Ciudad Condal al día siguiente del festejo, el cronista A. de Castro resume así las características y comportamiento de los toros:

...Primero. – «Pajarito», Núm. 4, cárdeno, grandote y descarado de cuerna. Es de Muriel... El reserva, al primer puyazo deja enhebrada la vara y admite después el de Muriel otros tres lancetazos derribando al piquero en el primero... Segundo. – «Pichileto», Núm. 48, berrendo en colorado, capirote, grande y bien puesto de pitones... Empujando y recargando admite el Pablo Romero hasta seis varas... Tercero. – «Trillador», Núm. 30, negro bragado, largo y brocho... También este toro es duro y poderoso, toma seis varas y proporciona en dos sendos coscorrones a los del castoreño... Cuarto. – «Pañero», Núm. 70, negro meano, veleto y de peso como sus hermanos... También saca el bicho genio y poder y arremete codicioso seis veces a los caballos... Quinto. – «Espantoso», Núm. 10, cárdeno, astifino... Seis varas... Sexto. – «Espejuelo», Núm. 50, negro entrepelado, bragado y astifino... El de tanda mete el palo seis veces...

Carlos Vera Cañitas
De lo leído, aprecio varias cosas. Primero me llama la atención la afirmación de Eduardo Palacio acerca de un supuesto cruce hecho en 1940 por los señores Pablo Romero con ganados de origen Gamero Cívico vía Clemente Tassara. Lo malo en este caso, es que no cita la fuente de su información. Después, de la descripción de los toros hecha por De Castro, me resulta interesante la del segundo, berrendo en colorado y capirote, una clara reminiscencia del origen Gallardo – Cabrera de los toros hoy anunciados como Partido de Resina y por último, que entre los cinco que se lidiaron, solamente haya salido al ruedo uno solo de pelo cárdeno, cuando hoy en día, esa pinta es prácticamente la insignia de la ganadería.

Luciano Cobaleda Gajate

Curro Caro, leíamos arriba, le cedió los trastos a Luciano Cobaleda para dar muerte a Pajarito, número 4 de la ganadería de don Vicente Muriel. Ante ese toro, al que las crónicas del festejo consideraron uno de los mejores vistos hasta ese momento en la temporada barcelonesa – las mismas relaciones hablan de que el toro era ya famoso por haber sido sobrero en varios festejos ese mismo tramo de temporada –, el toricantano se mostró solvente y hasta con gusto para realizar las cosas, llegando al tendido y dejando en claro que el ser torero no era solamente un pasatiempo para él. La reflexión que hace José Martín Villapecellín en el citado número de Mundo Deportivo sobre su actuación es así:

…Cuando se toma la alternativa en una plaza de la responsabilidad de la de Barcelona, es preciso salir a torear como ha salido esta tarde Luciano Cobaleda; o para llevarse una oreja de la res vencida, muerta, o para llevarse una cornada grande... Hoy el gentío de pie ovacionaba a Luciano Cobaleda cuando iba con el cuerpo roto, camino de la enfermería, porque quiso hacer un quite lento, tan lento cómo va el agua de ese Tormes en su ensanche. Por exceso de dignidad, de una profesión que para Luciano Cobaleda es el más agradable recreo, no le dio tiempo de devolver los trastos a Curro Caro, pero el nuevo torero de Salamanca ya había triunfado apoteósicamente en el toro de su alternativa, dando la vuelta al ruedo… La faena de Cobaleda ha sido reposada, maciza, señorial. Faena campera, sin campo. Con olor a tomillo y sabor a aire de montañas en noche de media luna. Pases por alto, en lo más alto de la emoción, para una serie de tandas naturales con naturalidad de movimientos, en perfecta acción desganada. Pero lo mejor de este nuevo matador de toros, con ser todo muy bueno, es eso: la forma de matar los toros. En corto y por derecho y acusando una recia personalidad, pincha dos veces para agarrar media estocada de matemática perfección. Luciano Cobaleda ha tomado la alternativa y el bautismo de sangre. Justificados están los deseos que él tenía de torear en nuestra plaza...

Como apunta el relator, ya no saldría Luciano Cobaleda a matar al sexto, pues al salir a quitar en el segundo de la tarde, fue herido y pasó a la enfermería. El parte facultativo es el siguiente:

«El diestro Luciano Cobaleda sufre una cornada que le produce una herida inciso – contusa en la región antero – superior del muslo derecho, que interesa aponeurosis y produce desgarro de los abductores, de unos cinco centímetros de extensión por quince de profundidad. Pronóstico menos grave. Doctor Olivé Gumá.»
Para conocer mejor el paso por esta fiesta de Luciano Cobaleda Gajate, principalmente en su arista ganadera, les remito a una extraordinaria pieza escrita por Martín Ruiz Gárate, publicada en su Taurofilia y visible aquí.

Cataluña

Hoy se invoca la falta de taurinidad de Cataluña y de los catalanes. De la crónica del festejo que me tiene aquí, publicada en La Vanguardia, extraigo lo siguiente:

A la fiesta... acudió mucho público a las localidades de sombra y poco a las de sol. No creo que en esto último influyera el hecho de que en las cuatro capitales catalanas hubiese el domingo gestas taurinas: En Gerona actuaron Pepe Luis Vázquez, «Andaluz» y Llorente; en Lérida, «Cagancho» (padre e hijo), «Pedrucho», «Morenito de Valencia» y «Fuentes», y en Tarragona, Carceller, Bamala y «Frascuelo». ¡Vaya si hay afición en Cataluña!...

Agregaría, que Palacio omite señalar que en Gerona actuó también el rejoneador Balañá y que también en Palma de Mallorca se dieron toros, plaza que si bien no está territorialmente en Cataluña, si era parte de la esfera de influencia de la empresa de don Pedro Balañá Espinós.

Cañitas

Curro Caro
Carlos Vera Muñoz resultó a la postre ser el triunfador de la tarde. Le cortó una oreja a cada uno de sus toros a base de lucir y exponer enormidades en el segundo tercio y de pelearse con los toros en el último, como siempre fue su signo. Y se lo llevaron en hombros por la entonces llamada Avenida de José Antonio. Pero antes del triunfo, su presencia fue bien recibida en la Monumental de Barcelona, según se lee en la crónica de Eduardo Palacio, titulada Yerro enmendado:

…Lo cierto y positivo es que los malos entendidos se han aclarado y que desde el domingo pueden los mejicanos pisar nuestros circos. A ningún «aficionado» de España habrá, pues, sorprendido que fuera el señor Balañá el primero que incluyó en un cartel a un diestro azteca...

Ya delante de los toros, Cañitas hizo valer su repertorio e intentó poner los medios para hacer perdurar un restablecimiento de relaciones que se veía endeble – y que a los pocos días se vería que así era – como lo relata la misma crónica citada:

…El mejicano «Cañitas» salió eufórico a la Monumental, comportándose cordialísima y cortésmente con la «afición» y sus compañeros, como verá el que leyere. En sus dos toros derrochó valor, hecho que sirvióle en diversas ocasiones para salvar su no muy extenso arte; banderilleó guapa y soberbiamente ambos cornúpetas, amenizó la música sus faenas de muleta, pasaportando su primer enemigo de un estoconazo en las agujas y el otro de un volapié en la cruz y hasta la cruz. Cortó orejas en entrambos toros, dio sendas vueltas al ruedo recogiendo cigarros y ramos de flores, salió a los medios, incluso después de banderillear, y vio escoltada, en suma, toda su actuación por grandes ovaciones... Y vamos con la cordialidad y la cortesía del valentísimo diestro azteca. Cuando tocaron a matar en su primer toro, el muchacho, antes de brindar a la multitud, destocóse ante: el palco presidencial y dijo: «Saludo al señor presidente y grito con el alma: ¡Viva España!, y ¡Viva Méjico!» Después, cuando el clarín ordenó comenzar el último tercio en el quinto toro, «Cañitas» fue al encuentro del único espada que había en el ruedo, que era Curro Caro, brindóle su actuación y estrechóle efusivamente en un abrazo que simbolizaba el cariño de los diestros mejicanos a todos sus compañeros españoles...

Al comentar las incidencias de la lidia del sexto, que Curro Caro mató por la cornada sufrida por Luciano Cobaleda, en su crónica, Eduardo Palacio le reprocha el no haber correspondido al brindis de Cañitas, calificándolo de una falta de cortesía. Así lo cuenta:

…debe saber Curro Caro que, entre las varias cosas en que no se puede aventajar a los españoles, es en la cortesía con los extranjeros, y si se está en Barcelona, que, según Cervantes, es el archivo de ella, menos todavía… Por eso, por estar aquí ese archivo, terminar la corrida, echarse el público al ruedo, tomar a «Cañitas» en hombros, pasearlo así en derredor del anillo y sacarlo de tal guisa a la calle, fue todo uno. Yo vi el grupo desembocar en la Avenida de José Antonio, y vi cómo la gente se paraba a aplaudir al diestro, aun no habiendo mucha parte de ella asistido a la corrida, y pensé para mi capote que el glorioso manco, que en todo tenía razón, habría gozado al columbrar, desde la mansión de su gloria literaria, cómo el pueblo remediaba gentilmente la falta de cortesía cometida con un extranjero. En definitiva – habrá pensado – así fue, es y será siempre España…

Curro Caro pasó diríamos, con discreción esa tarde.

Así fueron los sucesos de hace sesenta y cinco años. Tres hechos, a mi juicio, dignos de ser recordados.

domingo, 31 de octubre de 2010

Un plan de choque para Barcelona

Plaza Monumental de Barcelona
Fotografía de chicadelatele
La legislación catalana que impide la celebración de corridas de toros entrará en vigencia plena el día 1º de enero del año 2012, lo que implica que queda un año completo, con su temporada taurina implícita como periodo de transición para esperar, entre otras cosas la resolución del Recurso de Inconstitucionalidad planteado por la fracción parlamentaria del Partido Popular en el Senado de España el día 28 de octubre pasado. Aunque ya algún vocero oficioso de la Administración socialista dejó entrever que la cuestión judicial podría tardarse cuatro o cinco años en resolverse – quizás aplicando aquella fórmula de que las cosas de Palacio caminan despacio… – no se debe dejar la solución de la problemática a la resolución del caso en los tribunales y esperar que mágicamente, la probabilidad de que el traspaso de ciertas potestades al Ministerio de Cultura, resuelvan la compleja problemática que vivirán Cataluña y la Fiesta en 2011.

Se requiere además, creo, el preparar el terreno para resistir la batalla legal que vendrá a partir del 31 de diciembre de 2011, en el caso de que el Tribunal Constitucional no resuelva antes de esa fecha el Recurso planteado por los senadores del PP y otras cuestiones, que si bien no tienen tinte político, sí tienen relación directa e inmediata con la conservación y fomento de la afición en Cataluña y su principal bastión, Barcelona, mismos que puedo resumir en los siguientes puntos:

1. La empresa debe ofrecer a la afición de Barcelona principalmente, sin depender de la confluencia de público y aficionados de otras ciudades, regiones o países, una temporada en la que se presenten los mejores y más imaginativos carteles y con los encierros mejor presentados, dejando de lado todas las prácticas empresariales defectuosas que durante años fueron desterrando a la afición local y foránea de las plazas de la Ciudad Condal.

2. Se debe garantizar a la afición de Barcelona, de España y del mundo, que la Plaza Monumental no será objeto de modificaciones que la inutilicen para los espectáculos taurinos o de demolición, razón por la cual, alguien, supongo que podrían ser los mismos senadores que iniciaron el Recurso de Inconstitucionalidad, los que promuevan algún tipo de acción interdictal para lograr esa protección al inmueble. Incluyo en esta propuesta el evitar que caiga en el abandono y en la incuria, como pasó con Las Arenas, que al paso de unos años, su rehabilitación se volvió incosteable.

3. Los magníficos y algunos más, dentro de su programa de generosidad como el que planean mostrar a la televisión del Estado, deberán plantearse comparecer con más frecuencia de la acostumbrada en Barcelona esta temporada en aras de recuperar la plaza con su presencia y demostrar a la afición, sobre todo a la local, que les interesa mantenerla. Y con esto quiero decir que el peso del mantenimiento de la afición allí, no debe caer exclusivamente sobre las hombreras del terno de José Tomás, los demás líderes del escalafón también tienen responsabilidad – y grave – en esto.

4. La revisión de la historia no estaría de más. Don Pedro Balañá Espinós organizaba con frecuencia carteles monstruo, en los que colocaba a tres, cuatro o hasta a cinco de los más cotizados diestros de un momento determinado. Quizás hablar en estos días de corridas de ocho o diez toros sería poco atractivo, pero aún así, se deben ofrecer varios carteles en el curso de esta temporada que rememoren esos acontecimientos que provocaba el viejo Balañá para hacer valer su plaza.
Como pueden ver, son varias las cuestiones que se quedan pendientes para hacer por la Fiesta en Barcelona y en Cataluña. Aquí las que por ahora se me ocurren, quizás Ustedes puedan tener presentes otras más puntuales. Un amigo, residente en Madrid y del que he aprendido muchas cosas – aunque él se resista a creerlo – me dice que aquello está poco menos que muerto. Yo prefiero ser optimista y creer que con un poco de buena voluntad, espíritu organizativo y vigencia del Derecho, las aguas volverán a su cauce.
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