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domingo, 4 de agosto de 2013

1 de agosto de 1915: Rodolfo Rodarte triunfa en Tetuán

Rodolfo Rodarte en 1911
Rodolfo Rodarte fue originario de San Buenaventura, Coahuila, donde nació el 5 de febrero de 1887. Hijo de Luciano Rodarte, quien fuera en su día miembro de la cuadrilla de Ponciano Díaz – y se le atribuye el hecho de haber fundado la primera escuela taurina de México –, fue miembro de una dinastía de toreros de oro y de plata en la que destacaron José Julián Pepe, Refugio Cuco y Ramón en las infanterías y en la que fueron matadores de toros quien me hace distraerles en este momento y Julián

Tras de ser miembro de una de las primeras cuadrillas de niños toreros de este país – con la dirección de su padre y del banderillero Enrique Merino El Sordo – y después torear novilladas, es alternativado por Vicente Segura el 17 de enero de 1909 en Monterrey, con toros hidrocálidos de El Pabellón. Confirma esa alternativa en El Toreo de la Condesa el 3 de octubre de ese mismo año, apadrinándole Tomás Alarcón Mazzantinito y sirviendo de testigo Revertito

Rodolfo Rodarte se presenta en España en 1911 y aunque reside en Bilbao, suma un importante número de fechas en toda la geografía española, debutando en mayo de ese mismo año en la plaza de la Carretera de Aragón. Rodolfo va a alternar su presencia las temporadas mexicana y española hasta el año de 1924, cuando regresa a Aguascalientes, ciudad de la que será Presidente Municipal interino durante el año de 1927. En la galería del Salón Presidentes del Palacio Municipal, durante muchos años el retrato que daba fe del paso de Rodolfo Rodarte por la alcaldía, fue uno de él vestido de torero y con la montera puesta. Tras de ese paso por la política, se dedica a la enseñanza del toreo y a diversos negocios taurinos, falleciendo el 14 de diciembre de 1945.

Tetuán también es Madrid

Para el 1 de agosto de 1915, la empresa de la plaza de toros de Tetuán de las Victorias anunció seis novillos de don Antonio Arroyo, antes de don Ángel Cabezudo – hoy corresponde a la ganadería de La Guadamilla – para ser estoqueados por Rodolfo Rodarte, quien actuaba como novillero, pues en esos días las alternativas concedidas fuera de España no eran consideradas válidas. El sobresaliente para la ocasión fue el diestro originario de Gijón, Emilio Mayor Mayorito. Cabe indicar que lo que en ese momento era la ganadería ya de Antonio Arroyo se inicia en 1909 con ganado de Esteban Hernández, de origen Mazpule, Raso de Portillo y Espinosa – Zapata de Jerez de la Frontera y agregados vazqueños de Trespalacios.

La crónica de Don Benito en el semanario La Lidia aparecido el día siguiente del festejo, es en este sentido:
Con buena entrada se verificó la corrida de ayer, en esta plaza, lidiándose seis novillos de don Antonio Arroyo, de El Molar… El primero cumple en varas. Rodarte lo recorta capote al brazo. Con la muleta hace una faena valiente y desde cerca, entrando bien, da una estocada que resulta baja… El segundo toma cuatro varas, por tres caídas y dos caballos para el arrastre. Rodarte torea de muleta valiente, pero sin lucimiento, y termina con el toro de tres pinchazos, media contraria y un descabello… El tercero solo toma dos varas, por una caída y un caballo muerto, por lo que es condenado a fuego. Rodarte lo lancea superiormente. Con la muleta hace una faena valiente, y entrando bien, da un pinchazo hondo cayendo ante la cara del toro; después pincha otra vez y acaba de media buena… El cuarto toma cuatro varas, por tres caídas y cero caballos. Rodolfo hace una superior faena de muleta, y entrando muy bien da un pinchazo en su sitio y después una entera superior que hace polvo al bicho. (Ovación prolongada y la oreja)… El quinto toma cuatro varas por tres caídas y un caballo para el arrastre. Con la muleta hace Rodolfo Rodarte una faena superior y valiente, a pesar de estar el toro huido, hundiendo todo el estoque y oyendo una gran ovación… El sexto toma cuatro varas, por tres caídas y ningún caballo… Entre Rodarte y "Mayorito" se entabla un pugilato por cuál de los dos ha de matar al toro, ordenando la presidencia que lo haga Rodolfo; este da fin del toro y de la corrida de un pinchazo bueno y una entera superior… Resumen: El ganado cumplió, sin excederse. Rodolfo Rodarte superior en dos y bien en los restantes. Lo mejor de la corrida, dos pares de banderillas en el cuarto toro de José Rodarte, El servicio de caballos, detestable… La presidencia, muy acertada.
Como podemos apreciar, la calificación de Don Benito a la actuación del presidente del festejo es de muy acertada y como no pone excepciones, consideraré que incluye tanto el otorgamiento de los trofeos al diestro, como la negativa a que Mayorito matara al sexto toro de la tarde. Sin embargo, existieron otras apreciaciones sobre la actuación de la autoridad  del festejo y así Sansón, cronista de El Liberal, señala lo que sigue:
Hoy las cosas de toros están que arden, lo cual nada tiene de particular dada la temperatura que nos gozamos. Por todos lados surgen fenómenos y más fenómenos, que luego quedan en la estacada; todos se comen los toros crudos, sin duda porque carne poco pasada es más alimenticia... pero nada más que por eso… Siguiendo esta fiebre, ayer el mejicano Rodolfo Rodarte quiso “epatarnos” despachando él solo seis mocitos de Cabezudo, y aunque voluntad no le faltara, poco consiguió. Eso ya es harina de otro costal… En el haber del muchacho debe apuntarse el tanto de que salió a torear algo resentido de una pierna. Desde luego afirmo que Rodolfo estuvo valiente y cerca de los toros, aunque nerviosillo. Hizo algunas cosas buenas con capote y muleta; pero con el estoque no me satisfizo por completo, aunque se le concedieron las orejas de los toros cuarto y quinto… Esto de las orejas es otra de las cosas que se van poniendo muy feas. Antes no se concedían en estas plazas; luego se concedieron a faenas completas, sobresalientes, y ahora se otorga el galardón a un torero en cuanto da una estocada saliendo volteado, aunque ni la faena, ni la lidia en general hayan tenido nada de particular. De este modo llegaremos a ponernos a la altura de Vitigudino o Villaescusa, pongo por plazas… Con esto quiero decir que se vienen regalando orejas con gran profusión, casi injustamente. Y a otra cosa; basta de filosofías...
Por su parte Jusepe, en El Toreo, también del 2 de agosto de 1915, comenta la actuación del presidente en el caso de Mayorito de la siguiente guisa:
Luego, parte del público pidió que matara el sobresaliente, el cual se hincó de rodillas pidiéndolo, y como quiera que el presidente negó la petición, pues era Rodarte el espada anunciado para matar los seis toros, éste salió a despachar al bicho, haciendo la faena en medio de las palmas de unos y las protestas de otros… Dio varios pases buenos, entre ellos un molinete, y empleó para matarlo media estocada ida y una hasta el puño, cayéndose a la salida… Los dos hermanos fueron sacados en hombros de la plaza...
Rodolfo Rodarte
También hay discrepancias en las crónicas respecto de las pintas de los toros, pues en tanto que la mayoría coincide en que el primero fue un cárdeno salpicado; el segundo, colorado, careto y coliblanco; el tercero, simplemente colorado; el cuarto, berrendo en colorado; el quinto, negro, listón y meano y el sexto, también colorado, por su parte, el cronista de El País afirma que el primero fue berrendo en jabonero y que segundo, tercero y cuarto fueron berrendos en colorado. La distancia temporal impide conocer la realidad de la coloratura del encierro de Arroyo lidiado esa tarde, pero el voto de la mayoría en este caso creo que se impone.

Y termino...

La tarde del 1 de agosto de 1915 fue una de triunfo para Rodolfo Rodarte, quien una década después de estos hechos, junto con su padre y sus hermanos – principalmente Ramón – tuvieron funcionando en Aguascalientes una escuela para formar toreros. Primero en la Calle Ancha de nuestro Barrio de Triana y después en los rumbos del de La Estación. Y a fe mía que tuvieron éxito en su empeño, pues matadores de toros como Calesero, Rubén Salazar, Fernando Brand Jesús Delgadillo El Estudiante, aprendieron el oficio a su vera, al igual que Juventino Mora, Alfonso Pedroza La Gripa o don Arturo Muñoz La Chicha destacaron como novilleros o como toreros de plata.

domingo, 17 de enero de 2010

Antonio Montes, a 103 años de su muerte (IV/IV)



El testamento y la fortuna de Montes

Aproximadamente a las seis de la tarde del 17 de enero de 1907, unas horas antes de morir, Antonio Montes pidió la presencia de un escribano. Ante su gravedad y el temor de que no llegara a tiempo de Notario, se levantó un testamento privado, del cual se dio cuenta a la prensa en dos versiones.

La publicada por el diario El Imparcial de Madrid en su ejemplar del 19 de enero de 1907 dice lo siguiente:

En la ciudad de México, á diecisiete de enero de mil novecientos siete, en presencia de los doctores que asisten á Antonio Montes y los testigos que al final se expresan, declara Montes su última voluntad, y es la siguiente:

Su única y exclusiva heredera ha de ser su señora madre doña Emilia Vico; todos sus bienes muebles é inmuebles serán de su absoluta propiedad.

Ordena que se le paguen al picador Salzoso las corridas que le adeuda, á razón de noventa pesos mexicanos por corridas toreadas en la capital, y á razón de ochenta pesos mexicanos las de los Estados.

Al banderillero José María Calderón sesenta pesos mexicanos por cada corrida toreada en la capital, y á razón de cincuenta pesos mexicanos cada una de las toreadas en los Estados.

A la señora Grace, que en la actualidad sostiene relaciones amorosas con ella, le sean entregados tres mil pesos mexicanos; también ordena que á dicha señora le sean entregados el alfiler de corbata y la sortija que tiene para su uso.

Ignora, á causa de haber girado á España; el dinero que tendrá, y manda que se recojan mil quinientos pesos que tiene en la casa de Feliciano Rodríguez.

Nombra de su espontánea voluntad, como persona de su confianza y encargado de dicha distribución, á su banderillero Manuel Blanco (Blanquito), recomendándole como último recuerdo para su madre un cariñoso abrazo y un beso.

Ricardo Torres. – Antonio Fuentes. – Manuel Blanco. – Felipe Salzoso. – José María Calderón y Antonio Fernández. – Doctor Carlos Cuesta. – Doctor Villafuerte. - Doctor Castillo.

La otra versión, aparecida en el semanario La Fiesta Nacional, de Barcelona, del 20 de febrero de 1907 reza así:

En la ciudad de México á 17 de enero de 1907, en presencia de los doctores que asisten á Antonio Montes y los testigos que al final se expresan, declara Montes su última voluntad, y es la siguiente:

Su única y exclusiva heredera ha de ser su señora madre Da. Emilia Vico; todos sus bienes, muebles é inmuebles, serán de su absoluta propiedad.

A su cuadrilla se le pagará lo que se le está adeudando.

A la Sra. Grace le serán entregados tres mil pesos, el alfiler de corbata y la sortija que tiene para su uso.

Ignora, á causa de haber girado á España, el dinero que tendrá, pero insiste en que una vez liquidadas sus deudas, el sobrante sea puesto en el Credit Lyonnais á nombre de su señora madre y entregado el resguardo en propias manos de Da. Emilia Vico.

Nombra de su espontánea voluntad, como persona de su confianza y encargado de dicha distribución á su banderillero Manuel Blanco Blanquito, recomendándole como último recuerdo para su madre, un cariñoso abrazo y un beso.

Siguen las firmas de Montes, Ricardo Torres, Antonio Fuentes, Manuel Blanco, Felipe Salzoso, José Ma. Calderón, Antonio Fernández, doctor Carlos Cuesta, doctor Villafuerte, doctor Enrique Castillo.

Las dos versiones tienen solamente diferencias de grado, consistentes éstas, en la ubicación de los recursos obtenidos por sus actuaciones en la temporada mexicanas 1906 – 1907.

Antonio Montes falleció a las nueve de la noche con cinco minutos de ese jueves 17 de enero de 1907.

Posada y Vanegas difundieron la tragedia

En cuanto a su fortuna personal, su apoderado Juan Manuel Rodríguez, declaró a El Imparcial de Madrid lo siguiente:

Es una tremenda desgracia la ocurrida – nos decía el Sr. Rodríguez – Antonio realizaba su último viaje á América. Montes pensaba retirarse de su arriesgada profesión para consagrarse á su madre y á sus hermanos, á quienes quería entrañablemente. Hace poco tiempo adquirió una importante fábrica de aceite de orujo en Villafranca de los Barros, valuada en 30.000 duros. El verano último compró una finca de campo llamada "El Palomar" entre Utrera y Dos Hermanas, que vale más de 20.000 duros. Además deja en metálico de 25 á 30.000 duros. También era poseedor de riquísimas alhajas, entre ellas algunas de mucho mérito, regalo del infante D. Antonio, uno de los más constantes admiradores del diestro.

Quizás Montes no había logrado un cortijo en los toros, pero sí se había provisto de una industria para los días en los que debiera dejar de jugarse la vida delante de ellos. También llama la atención el hecho de que había anunciado a su familia que ya no viajaría a México donde tan buen cartel tenía – quizás mejor que en España – ¿sería que conocía ya de alguna afección a su salud?

Los funerales de Antonio Montes

El cadáver de Antonio Montes pasó por vicisitudes antes de llegar al sitio de su reposo final. Una vez que fue dispuesto para su traslado a Sevilla, se ingresó al depósito del Panteón Español de la Ciudad de México. Allí, una falta de cuidado grave motivó que el ataúd que lo contenía se incendiara y que el cuerpo también sufriera quemaduras, unas versiones señalan que en su totalidad, otras que solo de manera parcial.

Otra hoja volandera con grabado de Posada

Después, al llegar al Puerto de Veracruz para ser embarcado en el vapor Manuel Calvo, el féretro cayó. De nuevo hay versiones encontradas. Unas señalan que fue al mar y que de allí fue rescatado y otras, que solamente fue sobre los muelles y que allí se abrió, provocando un espectáculo molesto, que motivó que varios viajantes pospusieran su travesía trasatlántica, por temor a un desaguisado por ir en compañía del cadáver del torero.

Una vez llegado a Cádiz, el 18 de febrero de 1907, se trasladó el ataúd al vapor Cristina, que haría el tránsito por el Río Guadalquivir entre Sanlúcar de Barrameda y Sevilla y allí también hubo algún incidente, pues primero la niebla retrasó su salida; después, a su paso por Gelves, en el sitio conocido por Caño del Guadaira, venía en sentido contrario el vapor José María y al desviarse el Cristina para darle paso, quedó varado en el lecho del río, permaneciendo así cuarenta y cinco minutos, en tanto pudo tomar más agua y aumentar la presión para poder forzar la marcha.

Luego, una vez llegado a Sevilla, atracó en la escalinata de San Telmo, pero como lo hizo a las 8 de la noche, las autoridades no permitieron el desembarco del cadáver, por lo que pernoctó allí hasta que al día siguiente las Autoridades Civiles permitieron su desembarco para la celebración de las honras fúnebres y su posterior inhumación en el Panteón de San Fernando.

Presidieron el funeral entre otros los presbíteros Manuel Álvarez Franco, Federico Roldán y el cura regente de la Parroquia de Santa Ana, Guerra Calzadilla; el hermano del torero, Francisco Montes; sus apoderados en Madrid y México, Juan Manuel Rodríguez y Joaquín García Elorz; Emilio Torres Bombita, en representación de la empresa de la plaza de toros, el señor Díaz Martínez, en representación de la empresa de Bilbao, y los señores Soto, Moreno Santamaría y José Anastasio Martín.
Calle Pureza 63. Triana, Sevilla

La misa de córpore insepulto la ofició el presbítero Diego Algorta Lago, ministrado de diácono y subdiácono por dos sacerdotes pertenecientes á la parroquia del Sagrario.

Hoy, el recuerdo de Antonio Montes queda en un azulejo que está colocado en el número 63 de la Calle Pureza, sitio donde estuvo su casa – no creo que la finca actual se la misma que en su día habitó el diestro – y que reza lo siguiente:

En memoria del matador de toros Antonio Montes nacido en esta Calle de Pureza el 20-XII-1876 y muerto por un toro en Méjico a los 30 años de edad, inspirador de romances e inmortal como El Espartero, Joselito o Gitanillo, fue el ídolo de Juan Belmonte y uno de los grandes diestros de su época.

Azulejo en memoria de Antonio Montes
Dejo aquí esta historia, que desde hace muchos años me tiene cautivado. Recuerdo que cuando era un niño, Anita, la madrina de mi hermano Jesús, me hablaba con reiteración y a su modo de su admiración por Carlos Arruza y de la tragedia de Antonio Montes, la que solo conocía en sus versiones oficiales. Hoy, el acceso a muchas y variadas fuentes de información de un lado y otro del Atlántico, me permiten entender la magnitud y un trozo de la realidad de lo que representó la pérdida de este torero – que grande debió ser – y que es considerado nada menos que el precursor de Juan Belmonte, el autor de la última revolución trascendente en el toreo.

Por último, agradezco al gran aficionado y mejor amigo, Armando Moncada el haberme facilitado varias de las imágenes que ilustran esta serie, tomadas seguramente del retablo mayor de su renombrado establecimiento Pulques Finos la Virtud.
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