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domingo, 10 de junio de 2012

Detrás de un cartel (VI)


1912: Resurrección en Sevilla y Beneficencia en Madrid... el mismo día

Anuncio de la Corrida de
Resurrección de 1912
Hace cien años que las corridas de Resurrección en Sevilla y de la Beneficencia en Madrid coincidieron en fecha. Se celebraron el domingo 7 de abril de 1912 y la primera, inveterata consuetudo, marcó el inicio de la temporada hispalense, en tanto que la segunda, en este caso, dado lo temprano de su celebración, marcó excepcionalmente un inicio en gran forma – toros de Murube y Santa Coloma para Fuentes, Pastor, Manolete y Gaona – de la temporada madrileña, dejando claro quizás, lo que estaría por venir en el coso de la Carretera de Aragón.

Mi intención ahora es ocuparme de la corrida celebrada en La Maestranza,  – objeto del cartel que ilustra esta entrada – en la que para lidiar a los toros que un día fueron del canónigo Hidalgo Barquero y Carlos Otaolarruchi y que ahora se anunciaban a nombre de Adolfo Gutiérrez Agüera y a los que harían frente Enrique Vargas Minuto, Rafael El Gallo – anunciado entonces Gallito – y Francisco Martín Vázquez.

La corrida representó una tarde importante para el torero de Alcalá de Guadaira, aunque pareció haber estado torcida desde su inicio. El diario El Liberal de Madrid da cuenta, al día siguiente de la celebración del festejo, de que El Gallo dudó en presentarse a la plaza, invocando una fiebre y una lesión en un dedo. La información aludida es como sigue:

Gallito no torea hoy. Sevilla 7 (8:55 n). – Al llegar a su casa Gallito se metió en cama y llamó al médico. Parece que éste le halló fiebre. Además dice Gallito que se resiente de un dedo que se fracturó en Alicante. Por estas causas no ha tomado el tren para Madrid...

Si a lo anterior se suma que las relaciones en los demás diarios madrileños refieren la incomodidad de los asistentes a la corrida por la falta de trapío de algunos de los toros que compusieron el encierro, veremos que la tarde pudo tener un resultado menos halagüeño que el que la historia nos relata, de no ser por el derroche de valor del Señor Curro Martín Vázquez, quien al final de la tarde resultó ser quien saliera en volandas de la plaza y sin necesidad de corte de orejas, ni de puertas del Príncipe, pues se lo llevaron por la calle Iris, que es por donde siempre se han llevado a los toreros triunfadores, mientras no hubo pruritos principescos

La relación publicada en El País de Madrid refleja lo siguiente:

Regular entrada, pero mucha animación y muchas mujeres guapas. Gallito, que había pasado la noche anterior enfermo, se decidió a torear a media mañana. Toro primero, «Desdeñoso», negro y como los restantes de la ganadería de Agüera. Minuto le lancea oyendo aplausos. Cumple el toro, y no se puede decir lo mismo de los banderilleros. Minuto muy adornado, muy voluntarioso y muy torero, pasa de muleta para un pinchazo, dos medias atravesadas y una entera alta. Dos veces se le coló en la faena y ambas le anduvo con la ropa. 
Negro con bragas es el segundo que se llamó en vida «Granadino».  Con voluntad tomó cinco puyazos y le adornaron el morrillo Posturas y Niño de la Audiencia. Gallito trastea de muleta lucido. Pincha una vez, vuelve a pasar de muleta y cuela una corta para descabellar con el estoque después de intentar hacerlo con la puntilla. 
Vázquez saluda al tercero con dos verónicas al salir de una de las cuales le empitona y le revuelca sin consecuencias.  Más poderoso que voluntarioso, el toro acepta cinco caricias de los caballeros, a los que mata dos caballejos. Vázquez prende un par al cuarteo bueno y completan el tercio los peones. La labor de muleta de Vázquez es larga y desgraciada en la del pincho. 
El cuarto «Sardinero», berrendo en negro, apretadillo de cuernos. Sin excederse dejó buen recuerdo en la pelea de varas. Gallito y Minuto torean al alimón cosechando aplausos. Minuto coge los trastos, se arrodilla y avanza hacia el toro para dar un pase magnífico. (Gran ovación). Luego pincha en hueso, y por último, entrando muy valiente, una buena estocada en los mismos rubios. Vuelta al ruedo. 
Continuaba la ovación a Minuto cuando ya andaba por el anillo «Contador», que era el quinto, berrendo en negro.Gallito lancea a la verónica y el toro manso con toda franqueza se libra del tueste por milagro a fuerza de acosarle. El gitano prende par y medio en un golpe. Bien con la muleta y mal, mal con el estoque. Es una fatalidad este torero que recorre la escala completa, desde lo mejor hasta lo peor. La bronca que le administraron fue tan grande como justa.
El último era pequeñito y de color negro. Minuto le cambia de rodillas. Vázquez brinda a la esposa del presidente del Consejo y trastea de manera valiente. Da de primeras tres buenos pinchazos que se aplauden y para final una contraria. (Ovación y salida en hombros).

Los diarios ABC y El Heraldo, ambos de Madrid, coinciden igualmente en la salida en hombros de Francisco Martín Vázquez y la bronca a El Gallo tras la lidia del quinto, en tanto que El Imparcial no consigna la salida en hombros, dejándola en muchas palmas y reduce la bronca a Rafael al hecho de que el público le silbó ruidosamente

Así fue la historia que está tras de este cartel. Dos inauguraciones de temporada, cada una con sus matices, pero desprendidas ambas de absurdas pretensiones. En Madrid, fueron ovacionados Vicente Pastor en el sexto, Manolete en el tercero y séptimo y Rodolfo Gaona en el octavo. Por su parte, Antonio Fuentes solo pudo cosechar palmas en su lote. 

jueves, 14 de enero de 2010

Antonio Montes, a 103 años de su muerte (II/IV)


Matajaca

Cartel anunciador de la corrida del
13 de enero de 1907
Entre los toros de Tepeyahualco desentonaba el marcado con el número 42, nombrado por don José María González Pavón como Matajaca. Verduguillo afirma que era hijo de un toro de Miura y de una vaca de San Cristóbal la Trampa (cruza de criollo y español); por su parte, Roque Solares Tacubac afirma que era hijo también de un toro de Miura, pero de una vaca española, quizás de Arribas, en tanto que el anónimo informante de Eduardo Muñoz N.N. en El Imparcial de Madrid (seguramente Carlos Quirós Monosabio), afirma que era una cruza de Miura y Veragua.

El toro, desde que llegó a la plaza llamó la atención por su catadura y por la leyenda de la que venía precedido, pues se señalaba que era de la misma procedencia de otro que había causado la muerte en Puebla a Juan Romero Saleri y que el mismo Matajaca, en la ganadería, había matado al caballo de un vaquero y que por ello se le había llamado así.

Independientemente de esos relatos, el toro número 42 causó una impresión negativa entre los toreros que actuarían el 13 de enero. Verduguillo lo cuenta de esta manera:

…no sólo los aficionados hablaban del ya famoso Matajaca, también los toreros, hombres que por estar familiarizados con el peligro tienen frecuentes presentimientos. Picadores y banderilleros de las cuadrillas de Fuentes, de Montes, de Bombita, después de almorzar se dirigían a la plaza y se quedaban horas y horas contemplando aquel animal, como con ganas de envenenarlo. Y la pregunta que se hacían a sí mismos, en silencio, no podía ser otra que la de; ¿a quién le tocará?

Los matadores naturalmente, ya sabían también de la presencia del repugnante bicho en la plaza. Fuentes pensaría: si me toca, me lo quito de delante de cualquier manera. Bombita diría para sus adentros: más feos que ese me han salido por ahí y me los he despachado. El verdaderamente preocupado era Montes, porque su vergüenza torera y el cariño que le tenía el público de México, no le dejarían salir del paso de cualquier manera; habría que exponer con ese lo mismo que con los demás…

Por su parte, el Dr. Carlos Cuesta Baquero, que a la postre resultará un personaje axial en esta historia, reseña al toro de la siguiente forma:

…Entre los toros mexicanos, destacábase por lo cornalón y poderoso, y a la vez por lo socarrón, uno llamado Matajaca. Era de pinta cárdeno entrepelado – con exactitud cárdeno obscuro –, porque dominaba el color negro.

Aquel burel tenía el tipo característico miureño, por la longitud del pescuezo y por lo alto de agujas, por lo zancudo. Ostentaba las características que califican al toro como “de mala construcción”, riesgosa por la facilidad para alargar la gaita y también por la dificultad para dominarles el morrillo para verles los rubios al banderillear o estoquear. Era uno de esos toros nada deseables, que son rehusados.

Montes tenia costumbre de ir a la plaza de toros la víspera de la corrida. Acudía con la finalidad de ver el encierro y formar juicio respecto a la lámina y condiciones de corpulencia que presentaban los bureles. En esta vez quedó desagradado respecto al toro nombrado "Matajaca", de ese que acabo de reseñar…


Es decir, era un toro antipático para los toreros y transcurridos los hechos, resultaría que tuvieron razón en su disgusto por él.

La fiesta se torna en tragedia

Antonio Montes
A las tres y media de la tarde se abrió la puerta de cuadrillas. La llegada de Antonio Montes a la plaza había sido accidentada, pues en el camino a ella desde su hotel, se encontró con un hecho desagradable. El Inspector General de Policía, el General Carbadilla, había perdido la vida en la Calzada de la Piedad tras de impactarse el vehículo en el que viajaba. Eso detuvo el tráfico y retrasó el traslado de la jardinera que llevaba al trianero y su cuadrilla.



Si a ese infausto acontecimiento le sumamos la incomodidad que llevaba ya Antonio por el hecho de que en el sorteo celebrado por la mañana, le había correspondido el lote que llevaba el toro número 42 de Tepeyahualco, el estado de ánimo de Montes, no era precisamente el mejor. Se refiere tanto por Verduguillo, como por Roque Solares Tacubac que los fotógrafos pasaron dificultades para captar algunas gráficas de la terna en el patio de cuadrillas previo al paseíllo.

Antonio Fuentes vistió esa tarde de verde nilo y oro; Bombita, de solferino y oro y Antonio Montes estrenaba un terno azul turquesa y oro. Con el que abrió plaza, Fuentes lució grandemente con el primero de los del Marqués del Saltillo lidiados esa tarde, lucimiento que aumentó el deseo de Montes de salir airoso del compromiso, cuya cuadrilla había decidido echar por delante al toro mexicano, reservando al español, más recogido y de mejor tipo, para jugarse en quinto lugar.

Matajaca tardó en salir al ruedo y cuando lo hizo, levantó en la concurrencia una exclamación que medió entre el pavor y el asombro según las crónicas. Tal fue el contraste que marcó con el primero de la tarde, un toro cortejano, fino, bien cortado, en suma un dije.

Montes le veroniqueó a su manera, manteniendo los pies muy quietos, jugando solamente los brazos, acompañando con la cintura y ligando los lances en un corto espacio de terreno. Al intentar el quinto lance, Matajaca lo prendió por una corva y lo lanzó por los aires, y una vez en el suelo, intentó volver a hacerle daño, pero Calderón estuvo oportuno al quite. Fue a las tablas y allí tanto Blanquito como Calderón le aconsejaron ir a la enfermería, él en cambio, pidió un pañuelo, se amarró con él la destrozada taleguilla y volvió al toro.

Mazzantini y Salzoso por su parte, pasaron penas para picotear a Matajaca, que aún a la defensiva, mató dos caballos, pero acabó apencado en tablas. Blanquito y Calderón también batallaron para parearlo, pues se defendía en su querencia y cuando pasó la lidia al último tercio, las crónicas refieren lo siguiente:

Manuel E. de Icaza P. Pito, corresponsal del semanario La Fiesta Nacional, de Barcelona, en su número del 20 de febrero de 1907 señala:

…Viendo Fuentes y Blanquito que el toro pisaba el terreno al diestro quisieron ayudarle, pero Montes los volvió á retirar con insistencia, quedando otra vez solo y da dos altos, tres de pitón á pitón y uno de latiguillo y de cerca y recto se tira con un gran volapié hasta la bola, pero sin marcar salida por lo que el toro lo y lo levanta dos veces cogiéndole por el vientre y por la nalga derecha. Quiso, sin embargo, ver el efecto de su espléndida faena pero no pudo tenerse en pie y fue metido en brazos de tres banderilleros á la enfermería y al momento de salir del redondel, caía el toro asesino rodando y sin necesidad de puntilla. La consternación del público fue grande y se oyó una exclamación de dolor unánime; todos los espectadores se pusieron de pie y se hacían dolorosos comentarios. ¡Pobre Antonio!...

Antonio Montes estoqueando
a Matajaca

Rafael Solana Verduguillo, por su parte, refiere:

…La faena fue de espanto; en cada muletazo aquellos largos y afilados puñales pasaban a un milímetro de la cara, del pecho, de la barriga del lidiador. Fuentes, Bombita y los demás toreros permanecían cerca por si algo se ofrecía: Matajaca se vencía por el lado derecho, una barbaridad. Y de pronto Matajaca juntó las manos frente a la división de sol y sombra, estaba el toro en los terrenos de adentro. Se produjo en la plaza un silencio imponente, podía oírse el zumbido de un mosquito. Mucho se ha dicho que Fuentes en voz alta, aconsejó a su compañero que arrancara de prisa. "Entra con pataj Antonio", pero hablando yo con Fuentes años después, no logré confirmar tal versión. Lo probable es que Fuentes no haya dicho nada, sabedor de que Montes no le escucharía si acaso hubiera podido oírle. El caso fue que Montes se perfiló un poco largo en el centro, entró muy despacio y derecho y hundió toda la espada en el hoyo de las agujas…

La versión del anónimo informante del cronista de El Imparcial de Madrid, Eduardo Muñoz N.N., publicada el 3 de febrero de 1907, es la siguiente:

…Pasó al toro con valentía, y cuando logró igualarle, aculado á los tableros, Montes no vaciló en prepararse á entrarle á matar, á pesar de tener muy poca salida. ‘¡Éntrale con patas!’, le gritaban sus compañeros; pero Montes, desoyendo estos consejos, entró en corto, por derecho y en viaje natural, dando una gran estocada. El toro, con su resabio, le ganó el poquísimo terreno que tenía el matador; le empaló; volteándole, y le recogió en el aire por la parte posterior y superior del muslo derecho, encarnándolo por el doblez de la nalga y la pierna. Entonces – dice Bombita – observé una cosa en el toro que jamás he visto. Al sentir el daño de la estocada y el peso del infortunado torero en la cabeza, el toro siguió su viaje, apretando, empujando el cuerno en el cuerpo de su víctima, dando lugar á que todo el mundo apreciara cómo se iba introduciendo el asta. Generalmente, los toros tiran el derrote, y la mayor ó menor profundidad de las heridas obedecen á mil circunstancias; pero ninguna de ellas es la de 'empujar' para profundizar, 'como si fuera de intento' el daño. Ya en el suelo el pobre Montes, buscaba el toro con avidez á su víctima, sin reparar en los capotes de los matadores, hasta que pudo Bombita lograr distraerle un momento con el suyo, momento que se aprovechó para retirar al herido, que llegaba á las puertas de la enfermería en brazos de sus banderilleros y asistencias de la plaza en medio de estruendosa ovación, al tiempo que el bicho doblaba á consecuencia de la estocada…

Por su parte, Julio Bonilla Recortes, corresponsal en México del semanario madrileño El Toreo, describe así lo sucedido en el número aparecido el lunes 18 de febrero de 1907:

…El toro estaba muy resabiado cuando Montes, después de brindar, llegó á su terreno y tendió la muleta. Observando el ir y venir del matador, y alargando el pescuezo que era un prodigio, el de Tepeyahualco pareció esperar ocasión propicia para hacerse con el diestro que, jugándoselo todo, se estrechaba con él, y toreaba confiadamente como si tuviera delante uno de los más manejables veragüeños. Su faena consistió en un pase ayudado, seis por alto, tres con la derecha, y estando el toro en tablas, más avisado que un alguacil, Montes se perfiló sobre corto, tanto, que siguiendo un natural impulso nos pusimos en pie desconfiando de que la cosa saliera á satisfacción, teniendo en cuenta las pésimas condiciones del bicho. Montes no vaciló, y sin despegarse del sitio en que había fijado los pies más que para engendrar el viaje, entró superiormente al volapié, atizando una estocada buena de veras, pero saliendo atropellado y derribado. El toro entonces hizo por él, enganchándole por el lado derecho yproduciéndole la horrible y funesta cornada que todos lamentamos, y que nadie, por pronto y decidido que estuviera, habría podido evitar.

Verduguillo y el informante anónimo de N.N., que insisto en que es Monosabio, por las razones que más adelante expresaré, señalan que Fuentes, colocado detrás de Antonio Montes al momento de tirarse a matar, le gritó ¡entra con patas Antonio!, pero el mismo Rafael Solana hace notar que dado el defecto auditivo del trianero, el recelo que guardaba hacia sus alternantes y la algarabía que había en la plaza, difícilmente le hubieran permitido escuchar la recomendación y agrega comentando una entrevista que hizo al diestro de La Coronela 15 años después, cuando volvió a México a despedirse de la afición mexicana y a reunir unos cuartos para remediar su difícil situación económica, que Fuentes le dijo lo siguiente:

…Larga y amena fue la charla, acaparada la conversación casi todo el tiempo por el maestro. Llegó el momento en que don Antonio tocó el punto de la corrida del trece de enero de 1907, en la que fue mortalmente herido Antonio Montes. Yo aproveché la oportunidad para aclarar un detalle de esa corrida, falseado por gran número de aficionados que la presenciaron. Ya en capítulo lejano, cuando hablé de la muerte del valeroso trianero, me referí a la versión que entonces se hizo circular en el sentido de que cuando Matajaca juntó las manos y Montes se perfiló para entrar a matar, le había aconsejado Fuentes: "Aligera. Antonio". Otros oyeron muy claramente que Fuentes dijo. "Entra con pataj". Y no faltó por entonces quien asegurara que Fuentes había gritado: ¡"Rápido, que te coge"!

Como se ve, no se ponían de acuerdo en la forma, aunque sí en el fondo, los que aseguraban haber asistido a la cogida de Montes desde unos cuantos metros de distancia, pues todos ellos ocupaban barrera de primera fila de sol, precisamente al lado de los chiqueros, que fue donde se desarrolló la tragedia.

Al preguntar yo a Fuentes qué era lo que había dicho, me contestó el maestro:

- Yo presentí la cogida; me puse lo más cerca posible para intervenir en el momento preciso... pero no dije ni una palabra. Bombita tampoco dijo nada. Quizás alguno del público hizo la recomendación que se me atribuye.

Con esta declaración terminante echó por tierra don Antonio Fuentes los infundios propalados a raíz del trágico suceso…

Reconstrucción de la cornada a Antonio Montes

Entonces, no hubo tal recomendación o consejo y Antonio Montes trató de despenar a Matajaca de la manera en la que su oficio se lo aconsejó, siendo parte de las leyendas que surgen en torno a esta clase de sucesos, todas las versiones que sobre ese diálogo se han tejido.

miércoles, 13 de enero de 2010

Antonio Montes, a 103 años de su muerte (I/IV)

Algunos lugares comunes

Antonio Montes
Antonio Montes Vico nació en la Triana de Sevilla el 20 de diciembre de 1876. Afectado por una deficiencia auditiva, se volvió desde una edad temprana en una persona taciturna, ensimismada y, en algún sitio leí, que al contrario de muchos que padecen ese tipo de impedimento físico, hablaba muy quedo, casi musitando, quizás tratando de evitar el denunciar su condición hablando a gritos.

Antonio Montes fue vecino del número 63 de la Calle Pureza y al paso de los años se volvería uno de sus habitantes ilustres como la actriz Antoñita Colomé, como el cantaor Armando Gutiérrez, Juan de Triana, como esa cumbre de la cultura que ha sido Antonio Machado Álvarez Demófilo o más recientemente el diestro Emilio Muñoz y por la cercanía de su domicilio con el Templo Parroquial de Santa Ana, llamada con justeza La Catedral de Triana, fue acólito allí y después, se dice, pasó a ser sacristán de ella, tomando de allí el primer apodo que su grupo de amigos le puso: El Sacristán.



Quizás en esos días pasó por su mente consagrarse al estado eclesiástico, sin embargo, su juventud y la cercanía de la Plaza de Toros de la Real Maestranza de Caballería de Sevilla le mostraron que podría encaminar su existencia por otros derroteros, así que pronto dejó la guarda de los ornamentos y los rudimentos de los latines y la teología para encaminar sus pasos a visitar por las noches la Dehesa de Tablada.

El Templo Parroquial de Santa Ana. Triana, Sevilla
Será en esa dehesa en donde Antonio Montes desarrollaría una particular manera de hacer el toreo, desconocida hasta entonces, pues la forma de lidiar, estaba determinada en mucho por las condiciones de los toros (Alameda dixit). La lidia común en esos días se realizaba a partir de muchas facultades físicas, un amplio juego de brazos y una inteligente reposición de terreno.

En Tablada pastaba lo mismo ganado de casta que morucho, predominando éste. Era el campo abierto donde las querencias de los toros están más marcadas y sin barreras artificiales que los contengan. Al sentir el acoso del torero, el toro tiene más fácil la posibilidad de huir y escabullirse de la molestia que le implica el hostigamiento del torero. Cuando la res es de media casta (morucha), esa condición tiende a ser más acentuada.

La lidia decimonónica hacía fácil la huida del toro en esas condiciones. Entonces, el que pretendía torear las noches de luna en Tablada, tenía que sujetar muy bien al toro o vaca cortado de su piara y obligarle a repetir en un breve espacio de terreno. Montes desarrolló así una manera de hacer el toreo en la que reponía poco terreno, pero con un eficaz juego de brazos y de cintura, llevando, diríamos hoy muy tapadas a las reses con los engaños utilizados. Es decir, se quedaba muy quieto. La mayor crítica que se le hacía es que era codillero, sin reparar que ese codilleo era el recurso técnico para sujetar al toro huidizo y obligarle a repetir en ese corto espacio de terreno, recurso que Belmonte perfeccionaría años después y volvería canon de la moderna tauromaquia.

El aprendizaje en Tablada y el andar por las capeas de los pueblos le permiten, de manera desusada en sus tiempos, presentarse como novillero (sin haber pasado como banderillero en alguna cuadrilla antes) en la Plaza de Sevilla el 3 de mayo de 1896, para lidiar novillos de José Torres Díez de la Cortina, alternando con Costillares y Guerrerito. El corresponsal del semanario madrileño El Toreo, en su edición del día 11 siguiente, refiere de esta actuación:

Montes, que desconoce el manejo de la muleta, pasó de cerca y con arrojo y estuvo afortunado, al salir ileso de tres o cuatro cogidas que sufrió al estoquear el tercer novillo. A este lo despachó de dos pinchazos y una estocada baja, sin conseguir descabellar en dos veces que lo intentó. Al último consiguió darle muerte de otros dos pinchazos y una estocada, que resultó al lado contrario.

Los tres espadas trabajaron con buenos deseos, estuvieron activos en los quites y capearon a sus respectivos bichos con más o menos lucimiento…


No obstante esa actuación, que se puede calificar de desafortunada, se presenta en Madrid el 13 de noviembre de 1898. Recibe la alternativa el Sevilla el 2 de abril de 1899, de manos de Antonio Fuentes y llevando de testigo a Ricardo Torres Bombita y la confirmó en Madrid el 11 de mayo de ese mismo año, llevando de padrino a Antonio Moreno Lagartijillo y de testigo a Emilio Torres Bombita. En esta ocasión los toros fueron, uno del Duque de Veragua, llamado Tesorero (el de la ceremonia) y 5 de Pablo y Diego Benjumea. Mariano del Todo y Herrero, en el número de La Lidia correspondiente al lunes 15 de mayo de ese año refiere lo siguiente:


Le damos la preferencia, ya que las reglas de la cortesía taurina se la dieron también en el circo. El nuevo matador de alternativa, hizo su debut como tal en Madrid, con una faena de muleta breve, en la que sobresalieron los pases naturales, en los que paró bien, rematándolos con elegancia, si bien en los de otro sistema se embarulló algún tanto, dejando que el toro le adelantase en el terreno. Estuvo confiado, sin embargo, y entró á matar con mucha voluntad, dejando una estocada caída y con tendencias, á volapié. La brega del último tuvo dos partes: en la primera, el diestro estuvo algo desconfiado en los pases; en la segunda, los naturales fueron de la buena escuela de antes, y entró bien á matar, señalando en lo alto un pinchazo en hueso, y colocando luego una buena estocada hasta el puño, todo á volapié. Lanceó de capa al primero, con salida larga, pero parando y estirando bien los brazos, y cumplió en lo poco que de sí ofreció el resto de la cosa.


Antonio Fuentes
Antonio Montes, a partir de su alternativa tuvo que competir con Fuentes, Machaquito, y Bombita quienes en esos días formaban la primera fila de la torería de ese tiempo. Los cartabones del toreo de esos días aún no estaban preparados para admitir una revolución en las maneras de ser y de hacer el toreo. De allí que en España, Antonio Montes quedara en las más de las ocasiones relegado a ser un digno y batallador complemento de carteles de tronío, lo que le comenzó a formar una seria idea de que los nombrados Fuentes, Machaquito y Bombita, las cabezas del interregno producido entre los tiempos de Lagartijo y Frascuelo y de Joselito y Belmonte (otra vez Alameda dixit), le cerraban el paso de manera intencionada, entonces, comenzó a buscar otros horizontes en los cuales pudiera exponer y explayar su particular tauromaquia.



Y así, a partir de 1903, Antonio Montes pasa los inviernos en México y es aquí donde pronto se convierte en un torero respetado por su valor y sus maneras en el ruedo, aunque sin dejar atrás sus rivalidades y desavenencias con Fuentes y Bombita sobre todo. Un periodista de aquellos días, Rafael Solana Verduguillo, lo relata así:

…Desde su presentación en la plaza de la calzada de La Piedad conquistó a la afición capitalina, especialmente a la de sol. Los aristócratas ricachos que iban a sombra le regatearon siempre su aplauso; a ellos les llenaba más Fuentes, con su majestuosidad, su gallardía. su señorío en el ruedo y su simpatía como particular. Jugaba con ellos al póker en el Jockey Club y asistía a las reuniones, impecablemente vestido y derrochando gracia en la conversación.

En cambio Montes; luchando siempre con los toros, expuesto a percances y antipático en la calle, no podía despertar grandes simpatías. Su sordera por una parte y su educación casi monacal que había recibido en su pueblo le hacían silencioso, retraído, poco comunicativo. Donde estaba El Sacristán no se podía hablar de nada; él no despegaba los labios y cuando lo hacía, era para decir una especie de sermón, con San Agustín por delante. En cierta ocasión le instaron mucho para que contara algo y se le ocurrió referir que había matado quién sabe dónde cuatro Miuras así de grandes…


Así pues, sus problemas de personalidad, seguramente derivados de su deficiencia auditiva y los naturales que derivan de la rivalidad en los ruedos, fueron creciendo en el ánimo de que en su día fuera Sacristán de Santa Ana, preparando las situaciones para el desenlace de su historia en la temporada de 1907, objeto de esta participación.



1907

Cuenta el Dr. Carlos Cuesta Baquero, que firmaba sus escritos periodísticos como Roque Solares Tacubac lo siguiente acerca del desarrollo de la temporada 1906 – 1907 de la capital mexicana:

El arribo de Antonio Fuentes, y pocos días después el de Bombita, originó que la Empresa dejara sin lugar en las corridas al diestro trianero. Esa maniobra no encerraba malevolencia ni menosprecio. Era únicamente de conveniencia mercantil, pues no era razonable apagar inmediatamente la efervescencia que reinaba entre los aficionados, expectantes de las corridas en las que estuvieran reunidos los tres espadas, distanciados por sus rencillas, las que deberían influenciar en el esforzamiento de los artistas.

Montes, Que era suspicaz – a veces sin causa para ello – atribuyó a intrigas de Pepe del Rivero el que no torease. Creyó que éste se hallaba de acuerdo con Fuentes y Bombita a fin de boicotearlo, igual que en España.

Ricardo Torres Bombita

Por esa razón, se marcha Montes a Puebla y amenaza con no cumplir con las tres fechas que le restaban por cumplir en su contrato, si no es emparejado con Fuentes y Bombita, de manera tal que se pudiera dilucidar de una vez el lugar de cada uno de ellos y pensaba Antonio, que a partir de un triunfo resonante ante quienes eran los principales toreros en España, poder armar allá una campaña importante ya en plan de figura.

Pero Pepe del Rivero, el empresario de la Plaza México de aquellos días (ubicada en la Calzada de la Piedad), para mantener el ritmo y la atención en la temporada, jugaba sus cartas y al decir de Verduguillo, los enfrentaba pared de por medio, en carteles separados, dejando la confrontación para el cierre del serial. La presión de Montes con su amenaza de dar por terminado el contrato, fue lo que vino a precipitar los acontecimientos.

Así, Del Rivero anunció para el domingo 13 de enero de 1907 la corrida de toros esperada por todos. 3 toros españoles del Marqués del Saltillo y tres nacionales de Tepeyahualco para los diestros Antonio Fuentes, Antonio Montes y Ricardo Torres Bombita. El festejo iniciaría a las tres y media de la tarde, para evitar que por ser temporada invernal, se tuviera que suspender el festejo por falta de luz, ya que la plaza carecía de iluminación artificial.
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