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domingo, 29 de junio de 2014

Relecturas de verano VI: Tauromaquia Mexicana. Imagen y Pensamiento

Cubierta de la primera versión
En estos tiempos en que la fiesta de los toros es uno de los símbolos más notables de lo que es la incorrección política, vale la pena revisitar esta obra coordinada en sus dos ediciones por Heriberto Murrieta y publicada en dos formatos distintos, pero sin variar la sustancia de su contenido.

Ambas ediciones contienen una serie de reflexiones, impresiones y recuerdos sobre la fiesta, sus valores y su raigambre en nuestro medio por personajes del medio del arte y la cultura en México. Raúl Anguiano (pintor), Carlos Prieto (músico), Alí Chumacero (poeta), José Solé (director de teatro), José Luis Cuevas (pintor), Juan José Arreola (escritor), Leonardo Páez (periodista), quienes expresan lo que a través de sus vivencias la tauromaquia en México les ha dejado en su vida o en su quehacer artístico.

Del texto del violoncelista Carlos Prieto extraigo lo que sigue:
Tuve el privilegio de conocer a Stravinsky desde mi niñez… Su último viaje a México fue en 1962 y en esa ocasión no sólo venía el compositor a dirigir dos conciertos… vivimos mi hermano y yo la insólita experiencia de presenciar una novillada en la Plaza México en compañía de Igor y Vera Stravinsky y de su amigo, el director Robert Craft… Pronto pudimos advertir que su afirmación de conocer bien la fiesta brava había sido algo exagerada y que el insigne compositor era, en realidad, un villamelón insigne. Al ver los petos de los caballos durante el paseíllo quiso saber cuál era el propósito de los “matelas” (los “colchones”) y, al aparecer en el ruedo el primer novillo, nos hizo esta sorprendente pregunta acerca del sexo del cornúpeta. “C’est un Monsieur o c’est une dame?” (“¿Es un señor o es una dama?”) y nos confesó que la última vez que había ido a los toros fue en Barcelona en 1904 o 1905…
De la participación de Juan José Arreola destaca:
Perdónenme todos ustedes, pero nunca sentí yo tanto la afinidad de vida o muerte, de pérdida o salvación, como en una plaza de toros, como en una de esas capillas donde los toreros rezan y se encomiendan, de rodillas a la Macarena o a la Guadalupana. Que conste, cuando después de una larguísima agonía murió Francisco Vega de los Reyes “Gitanillo de Triana”, mi hermana Elena y yo rezamos todo un novenario… Creo en lo que vive, no en lo que sobrevive. Creo en los sacerdotes como creí en los toreros valientes. Y en materia de toros y de religión, nadie puede valer más de lo que vale ante el toro de la Verdad, ya sea ante el altar o a la mitad del ruedo, ya sea que el sacerdote y el matador se juegan la vida por nosotros. La vida que nos toca en suerte puede ser noble y pastueña o resentida y derrotera…
Los textos de esta edición fueron escritos ex – profeso para la obra. Heriberto Murrieta aporta el capítulo titulado Antes del Paseíllo, que es una especie de introducción a la temática del libro y Sentido Amplio del Toreo en el cuerpo de la obra.

La segunda versión

Una década después de la aparición de la primera edición – 2004 –, la Universidad Nacional Autónoma de México re – publica la obra, en formato distinto. Ya no lleva la serie de fotografías de Sergio Rivero, pero se ilustra con imágenes de la Tauromaquia de Francisco de Goya y Lucientes.

Cubierta de la segunda versión
En esta segunda edición, de formato más pequeño, el prólogo es del Dr. Juan Ramón de la Fuente, Rector de la institución – personaje digno de encomio, quien en lo público y en lo privado, jamás ha abjurado de su afición a los toros – y se agregan otros textos, publicados en lugares diversos anteriormente por: José Alameda, Tomás Pérez Turrent, Rafael Ramírez Heredia, Luis Rius, Ignacio Solares, Xavier Villaurrutia, y Jacobo Zabludovsky. No obstante, no desentonan con los que formaron inicialmente la obra, sino que la complementan y enriquecen.

Me llama la atención particularmente el texto del poeta y dramaturgo Xavier Villaurrutia. Es una crónica del festejo taurino organizado en homenaje y beneficio de los deudos de Alberto Balderas en la que actuaron Armillita, Jesús Solórzano, Silverio Pérez, Carnicerito de México, Carlos Arruza, Andrés Blando y Conchita Cintrón. Su contenido es interesante ya no tanto por el hecho que narra, sino por la forma en la que lo hace. De ella, extraigo las siguientes líneas:
El toreo tiene, además de sus víctimas, sus mártires. El público que en esta fiesta es, como pocas veces, sinónimo del pueblo, se ha reunido ahora con doble fin: el de la ceremonia taurina por sí misma, “Armillita” no sugiere sino fórmulas precisas, que nunca lo serán tanto como su arte, en que la pasión está ausente… “Tan abierto de brazos como de piernas” toreó Silverio al cuarto de la tarde: toro que, para no ser menos, abrió sin medida los pitones. Silverio lo torea no conforme a las reglas sino conforme a excepciones… Pero ¿y la amazona? Un decidido sabor de intrusión tuvo, después de los seis toros, la suerte de rejonear. La corrida había terminado. Un viejo y sabio proverbio oriental aconsejaba no herir a la mujer ni con la hoja de una rosa, menos aún – añadiremos – con el pétalo de una revista semanal…
Así pues, tenemos aquí otro claro ejemplo de que la fiesta de los toros es cultura y motivo para otras manifestaciones culturales. Solo aquellos que padecen de una ceguera y sordera autoinducida, no lo quieren ver ni oir.

Fichas bibliográficas:

De la primera versión: Tauromaquia Mexicana. Imagen y Pensamiento. – Heriberto Murrieta (coordinador). Sergio Rivero Beneitez (imagen). – Fernández Cueto Editores, México, 1ª edición, 1994, 127 Págs. (Con ilustraciones a color). ISBN 968 – 6510 – 20 – 6. 

De la segunda versión: Tauromaquia Mexicana. – Heriberto Murrieta (coordinador). Francisco de Goya y Lucientes (imagen). – Universidad Nacional Autónoma de México, México, 1ª edición, 2004, 162 Págs. (Con ilustraciones a color). ISBN 970 – 32 – 1220 – 4. 

domingo, 26 de enero de 2014

Guillermo Capetillo y Gallero de Cerro Viejo. 20 años después

Guillermo Capetillo
Guillermo Capetillo sale a los ruedos al final de los años sesenta y el inicio de los setenta del pasado siglo. Lo hace junto con otros hijos de toreros que pretendían continuar la trayectoria de sus padres ante la enseñanza de éstos. Así, Manolo Arruza, David Silveti, Fermín y Miguel Espinosa, José Antonio Ramírez El Capitán, Humberto Moro, Martín Obregón y su hermano Manuel comenzaron a torear festivales por las distintas plazas de nuestro país con la guía de Armillita, CaleseroCarlos Arruza, Manuel Capetillo, Juan Silveti, Humberto Moro y el ganadero Rafael Obregón entre varios de los destacados que se unieron a esta singular cuadrilla que inició casi como de niños toreros y que culminaría con el ingreso al escalafón mayor de varios matadores de toros que ocuparon el sitio de figuras del toreo.

Guillermo Capetillo se presentó como novillero en la Plaza México el año de 1977 – el de la faena de su contemporáneo El Capitán al novillo Pelotero de San Martín – junto con su hermano Manuel y dejó apuntes de un toreo profundo, de gran inclinación artística, pero sin rematar faena alguna. No obstante el 20 de noviembre de ese año recibió la alternativa en San Luis Potosí de manos de Manolo Martínez, llevando como testigo a José Mari Manzanares.

Comienza a combinar su carrera en los ruedos con la actuación en el cine y en series de televisión, lo que le aparta por temporadas extensas de los ruedos y es quizás por ello que confirma el doctorado en la Plaza México hasta seis años después. Esa arista de su actividad profesional – la actuación – le va a ocasionar algunas desavenencias con grandes sectores de la concurrencia a las plazas de toros, aunque cuando se enreda con un toro logra la unanimidad. Sin embargo, esto ocurre con intermitencia.

La tarde de Gallero

Guillermo Capetillo
La tarde del 30 de enero de 1994 parecía estar gafada. Ese domingo pasaba por televisión a nivel mundial la final del fútbol americano profesional – el super bowl – y el cartel integrado por los toros de Valparaíso – la última corrida de su hierro que vio lidiar don Valentín Rivero en la Plaza México –, Guillermo Capetillo, Jesús Janeiro Jesulín de Ubrique y Humberto Flores que confirmaba su alternativa esa tarde no fue capaz de sacar a la gente de sus casas para ir a los toros, así que la asistencia resultó paupérrima en el llamado Coso de Insurgentes.

Los toros de la lidia ordinaria parecieron confirmar la decisión de quienes prefirieron permanecer en sus domicilios a presenciar el espectáculo televisivo. Los seis de Valparaíso dejaron pocas opciones a los diestros actuantes, tanto así, que nada más tomar la muleta Guillermo Capetillo para dar cuenta del cuarto de la tarde, anunció el regalo de un séptimo. Ni siquiera esperó la posibilidad de que el toro hubiera cambiado de lidia o que alguno de esos raros milagros que a veces suceden, se diera momentos después.

El toro de regalo se llamó Gallero, de la ganadería jalisciense de Cerro Viejo. La versión del psiquiatra Enrique Guarner, en esas fechas encargado de la crónica taurina del desaparecido diario Novedades de la Ciudad de México sobre lo realizado por Guillermo Capetillo con él es en este sentido:
Con «Gallero» de Cerro Viejo, Capetillo fue el mero, mero. Lionel Landry escribía en 1927: «Se ha hecho un abuso tal de la noción de ritmo que sería positivo dejar de usarla en estética». Si este término se ha ido convirtiendo en un concepto vago e impreciso es porque se le ha cargado de significaciones de carácter heterogéneo. De cualquier manera el ritmo es un sinónimo de la velocidad plástica y representa a un esquema de duraciones que acompañan a cualquier obra de arte. Para que algo posea ritmo se requiere de una periodicidad entre sus partes y es así como en la naturaleza observamos la sucesión de los días con las noches y en la vida diaria las alternativas entre el trabajo y el reposo… En el toreo el ritmo no resulta más que un esquema de sucesiones temporales y han habido algunos diestros con gran habilidad para construir sus series de pases. Ayer en la Plaza México tuvimos uno de esos casos cuando Guillermo Capetillo – ante un burel de regalo terciado de Cerro Viejo – acompasó sus muletazos guardando proporción entre sus movimientos realizando una magnífica faena. En realidad la base de su toreo fue la muñeca con la cual hacía que el astado girara una y otra vez a su alrededor en pases de gran estética… Con lo anterior se convirtió en el «mero mero» de la torería mexicana y tengo que añadir que la expresión se deriva del latín «merus», adjetivo que indica que el objeto sea puro, simple y no tenga mezcla de otra cosa... Guillermo Capetillo. Hace tres años Guillermo realizó dos buenas faenas, una con un toro de San Martín y la otra con uno de Vistahermosa. Sin embargo, faltaba hilvanar lo suficiente los pases y alcanzar el triunfo rotundo. Ayer puede decirse que lo logró al torear, como dije arriba, a base de muñeca, en lugar de tirar del toro. Ciertamente que los muletazos no resultan tan largos, pero los enmarca la estética y eso es en última instancia lo que cuenta. Tengo que agregar que su actuación con «Gallero» fue completa, puesto que desde que se abrió de capa vimos espléndidas verónicas terminadas en medias, como debe ser; asimismo con la muleta magníficas series rítmicas y todo culminado con gran estocada... Su primero fue el cárdeno «Granizo» con 527 kilos y no vimos gran cosa de capa pero sí un herradero notable durante el segundo tercio. Con la muleta Capetillo ejecutó cuatro estupendos naturales que parecían presagiar los del séptimo. La faena no cuajó y mató de un golletazo desprendido. Nada pudo hacer con «Motivos» con 529 por peso y desde que tomó la muleta anunció que regalaría el sobrero… Este fue «Gallero» de Cerro Viejo con 480 kilos y aquí vimos excelentes verónicas con todas las de la ley y jugando muy bien los brazos. Las mismas se repitieron en el quite extremadamente templado. Con la muleta Capetillo comenzó por alto y en seguida surgieron enormes naturales bien rematados. El toreo en redondo con la derecha también fue magnífico y rítmico. Los adornos, de buen gusto y bien construidos. Mató de entera y el juez Jesús Córdoba otorgó el rabo del animal, premio con el que nunca estaré de acuerdo, pero que en esta ocasión puede justificarse... En resumen, nada satisfizo el encierro de Valparaíso, pero Capetillo estuvo más que certero con «Gallero».
Una segunda opinión es la de Heriberto Murrieta, expresada en las páginas del diario deportivo Ovaciones, también de la capital mexicana. De ella extraigo lo que sigue:
Capeto torea hacia adentro, se pasa cerca a los toros, los lleva templados, «magnetizados» en la muleta para luego despedirlos con el «canillazo» de la casa Capetillo. Atendiendo siempre a la estética, siempre fue a más. Guillermo, que es hombre sobrio y callado, guardaba un mutismo taurino de años, pero ahora, libraba toda esa energía torera que estaba aprisionada. Lo mismo en los derechazos que en los naturales, hubo siempre una gran verdad, un torero auténtico, de las zapatillas a la montera. En las brevísimas pausas entre las tandas, pareció que se imaginaba en su mundo interior al tiempo en que el público hacía crecer el coro de ¡torero, torero! Se estremecía Guillermo como si de pronto penetraran rayos luminosos en su ánimo. El público pedía el indulto del toro, pero Capetillo hizo bien en darle muerte con un estoconazo impecable, ¡Una faena grande debía terminar así! Ha sabido extrovertirse cuando era el momento y le tumbó el rabo al completísimo toro de Cerro Viejo, mérito que no ha de soslayarse, debido a la categoría de la faena y la plaza donde la consumó. Anonadado por el aluvión de voces de aficionados emocionados que habían vibrado con aquella obra maestra, Guillermo el artista sentimental, el hombre que ha sufrido, sollozó, invadido por el éxtasis de haber entregado el alma en todos y cada uno de los muletazos. Casos como el suyo no se encuentran a diario. Toreros como él, ninguno… La faena de Guillermo Capetillo a «Gallero» de Cerro Viejo ha pasado a la historia del toreo en México…
Guillermo Capetillo
Cada uno de los cronistas invocados, con su estilo, dejan bien claro que la obra de Guillermo Capetillo ante Gallero de Cerro Viejo fue de un gran relieve y creo que lo deja bien claro el hecho de que le haya otorgado el rabo del toro el Maestro Jesús Córdoba, el último de los jueces que en la Plaza México, le daban valor y sentido a los trofeos que allí se otorgaban.

La temporada 1993 – 94 fue redonda para Guillermo Capetillo. El 27 de marzo de 1994 ganó en la Plaza México la Oreja de Oro, misma que disputó con Mariano Ramos, Pedro Gutiérrez Moya El Niño de la Capea, David Silveti, Jorge Gutiérrez y Manolo Mejía, cerrando así lo que ha sido para él, hasta ahora, el serial de más triunfos en su paso por los ruedos de México.

Esta es otra faena de culto, que en un hipotético recuento de las mejores que se hayan realizado en el ruedo de la Plaza México, tiene un especial lugar.

Un vídeo de la faena

Lo pueden encontrar en esta ubicación, disfrútenlo.

domingo, 3 de febrero de 2013

Las cifras de la corrida del 5 de febrero en la Plaza México

Plaza México

El día 5 de febrero tiene una significación especial en México, pues tiene méritos políticos, religiosos y taurinos para ser observados. En el primero de los casos, representa el aniversario de la promulgación de nuestra Constitución Política de 1917, considerada por algunos de sus estudiosos como la primera Constitución Social del mundo, dado el contenido de sus artículos 27 y 123, que en su origen representaron la elevación, a la más alta categoría legal, de las conquistas de las clases campesina y obrera tras del conflicto armado que se iniciara en 1910.

Para la religión católica representa la fecha apartada en el calendario religioso para venerar especialmente al primer mexicano elevado a los altares, San Felipe de Jesús, mártir misionero en Oriente, de quien se dice que al morir en olor de santidad, hizo reverdecer una higuera que tenía años de estar seca, según premonición de una empleada doméstica de su hogar paterno.

Y en lo taurino, el 5 de febrero tiene una significación especial también, pues en el que correspondió al año de 1946, se inauguró la Plaza de Toros México, en la Capital de la República, siendo por su capacidad, la más grande del mundo.

Mucho, yo diría que casi todo se ha escrito sobre esa primera corrida de toros en lo que se afirma es también la plaza de toros más cómoda del mundo, tanto desde el plano puramente histórico, como desde el anecdótico, pues es innegable el hecho – más para bien que para mal – de que en este País, es la única plaza de toros que da y quita, ha concentrado la atención de quienes en alguna manera hemos abordado temas relativos a la historia taurina de México en el entresiglos del XX al XXI, dada la trascendencia que tienen los triunfos o fracasos allí verificados.

Son cuando menos dos los motivos que me impulsan a escribir esto. En primer término, cito la afirmación de  mi amigo Heriberto Murrieta en la transmisión televisiva del festejo correspondiente al año 2003, en el sentido de que la tradición de festejar el aniversario de la plaza es reciente y en segundo lugar, la posibilidad de responder a la pregunta que hiciera el entonces novillero Adán Mejía en una sesión del Centro Taurino México España, en el sentido de saber que toreros de Aguascalientes habían actuado en esa fecha, antes de que nuestro paisano José María Luévano lo hiciera en la correspondiente a ese mismo año.

De estos festejos resultan una serie de interesantes datos, recopilados gracias a la labor del Maestro Luis Ruiz Quiroz y de la difusión de ésta por los Bibliófilos Taurinos de México, y a partir de esos trabajos, me he permitido organizar desde diversos puntos de vista la información estadística generada por esas Corridas de Aniversario, recopilada principalmente por don Luis, misma que ahora pongo a su consideración.

Las corridas del 5 de febrero

Aunque parezca extraño, la corrida del 5 de febrero ha cobrado carta de naturalidad apenas a partir de 1995, que es el año a partir del cual se organiza con regularidad anual. Hace apenas dieciocho años pues, que se puede considerar a este festejo como un acontecimiento fijo en la llamada Temporada Grande del coso de Insurgentes y en la temporada taurina de México. Tan es así, que en los sesenta y siete años que está por cumplir la plaza, solo se han dado treinta corridas en la fecha, mismas que son las siguientes:
Las corridas del 5 de febrero

Si se observa, aparte de las corridas sucesivas a partir de 1995, solamente en 1946 y 1947 y entre 1991 y 1993 se ligaron festejos en años seguidos. En cuanto al día de la semana en que estos se celebraron, si mis cálculos no fallan, ocho han sido en domingo (50, 56, 61, 67, 84, 95, 06 y 12); cinco en martes (46, 91, 02, 08 y 13); cuatro en los días lunes (79, 96, 01 y 07) y miércoles (47, 92, 97 y 03) y tres en jueves (98, 04 y 09), viernes (93,  99 y 10) y sábado (00, 05 y 11) confirmándose en parte la idea inicial de Heriberto Murrieta de que se daban toros el 5 de febrero, solo cuando era domingo, costumbre que se abandona hace ya dieciocho años.

Las ganaderías

La materia prima de la fiesta es el toro y de las combinaciones ya relacionadas, obtenemos que resultan veintisiete las vacadas que han enviado los 228 toros lidiados hasta el año de 2012 en la hogaño tan señalada fecha:
Las ganaderías del 5 de febrero

Los toreros

En las veintiuna corridas que reseñamos, han actuado sesenta toreros de a pie, de los que cuarenta y uno son mexicanos; catorce, españoles; dos colombianos (Joselillo de Colombia y César Rincón); un portugués (Paco Mendes), un peruano – argentino (Rovira) y un francés (Sebastián Castella), siendo en detalle el número de sus actuaciones:
Los toreros del 5 de febrero

Los caballeros en plaza también han tomado parte en corridas del 5 de febrero. El primero de ellos fue el jerezano Álvaro Domecq Romero en 1979, le sigue Ramón Serrano, que ha actuado dos tardes, la de 1991 y la de 1996, después viene José Antonio Hernández Andrés, en 1993, Giovanni Aloi en 1998, continúa esta cuenta el estellés Pablo Hermoso de Mendoza con actuaciones en 2000 y 2004 y cierra esta relación Enrique Fraga en 2005. Aloi y Hermoso de Mendoza mataron dos toros en sus actuaciones, mientras que los demás, enfrentaron solo uno.

Los trofeos

Mucho se ha escrito sobre el valor intrínseco de los trofeos. Algunos los califican de retazos de toro que no reflejan el valor real de las hazañas de los hombres vestidos de seda y alamares. A despecho de esas opiniones, las que comparto en cierta medida, las orejas y los rabos que se otorgan a los toreros son hoy en día, un parámetro indispensable para muchos, en la medición del éxito de un festejo taurino. 

La primera oreja que se cortó en un 5 de febrero fue también la primera que se cortó en la México y fue la que Manolete obtuvo por su faena al segundo de la tarde, Fresnillo, de San Mateo, en la corrida inaugural. En total se han cortado 48 orejas y 7 rabos, mismos que se han repartido de la siguiente manera: 
Los trofeos obtenidos en 5 de febrero

Aquí vale hacer notar que destacadas figuras de los ruedos, como El Soldado, Jesús Solórzano, Antoñete, Manolo Martínez, Curro Rivera, Armillita Chico, Roberto Domínguez y Joselito, se han ido con la espuerta vacía en las actuaciones que tuvieron en este tipo de corridas.

Toros de regalo

En los últimos años se ha vuelto casi mandatorio que en la corrida del 5 de febrero se corran toros de regalo en la Plaza México. En el pasado reciente, queda la impresión de que se ha abusado de este recurso, sobre todo si se considera que en los últimos quince años se han corrido una docena de ellos, y de éstos, cinco nada más en dos corridas (96 y 03) aunque en totalidad, son diecisiete los toros lidiados en estas condiciones y el éxito con ellos, reflejado en trofeos, ha sido más bien relativo, pues solo con cuatro de ellos se han obtenido apéndices, según se puede ver enseguida:
Los toros de regalo en 5 de febrero

Otros fastos para recordar

El 5 de febrero ha representado para Luis Francisco Esplá en 1984, Roberto Fernández El Quitos en 1993 e Ignacio Garibay en 2000, el día de la confirmación de su alternativa y para Arturo Gilio, esa fecha del año de 1992, fue en la que fue investido como matador de toros por Roberto Domínguez. En el año de 1979 se indultó el primer toro que ha merecido ese honor hasta la fecha, Simpatías de Reyes Huerta, que le tocó en suerte a Cruz Flores esa tarde, asegundando El Juli en 2005 con el indulto de Trojano de Montecristo y se ha producido también una despedida de los ruedos, la de Pedro Gutiérrez Moya Niño de la Capea, en el año de 1995, en el que realmente se inicia lo que hoy es ya una tradición de nuestra fiesta.

Los de Aguas

Al inicio señalaba que uno de los motivos de este trabajo era el de saber que diestros de Aguascalientes habían actuado en esta fecha hoy señalada. De las relaciones anteriores, se puede deducir que la llamada Sevilla de América ha estado presente con siete toreros en nueve oportunidades. 

Abre plaza Calesero, que actuó en 1950; le siguen El Volcán Rafael Rodríguez, en 1961; Manolo Espinosa Armillita, en 1967; después Ricardo Sánchez en 1984, Miguel Espinosa Armillita Chico, en 1991, 1997 y 1999, Roberto Fernández El Quitos en 1993, José María Luévano en 2003 y un sorprendente Arturo Macías en 2007, que llegó a esta corrida contra todos los pronósticos. De todos ellos, solamente Ricardo Sánchez, José María y Arturo han obtenido apéndices en esta clase de festejos.

A modo de remate

A una importante mayoría de aficionados les disgusta la combinación de toros y números. En lo personal no soy muy afecto a ellos, pero en ocasiones como esta, nos sirven para encontrar nuevos significados a la historia de los acontecimientos, como en esta oportunidad, que nos reflejan desde un punto de vista bien determinado, lo que a través de los resultados ha representado la corrida del 5 de febrero en la plaza más grande del mundo, para la Historia del Toreo en México

Versiones anteriores de este trabajo previamente publicadas en las siguientes ubicaciones:




La razón de seguir publicando esto, es que cada año se le agregan nuevos datos que lo actualizan. Ojalá lo encuentren de interés.

Nota: Para leer mejor los cuadros estadísticos, hagan click sobre los mismos.

domingo, 2 de enero de 2011

3 de enero de 1954: Manolo Vázquez corta el rabo a un toro de Xajay en El Toreo de Cuatro Caminos

Monumento a Manolo Vázquez
Paseo Colón, Sevilla
Obra de Luis Álvarez Duarte
Ya expresaba en algún otro espacio de esta misma Aldea que Manolo Vázquez tuvo sus mejores momentos en México en El Toreo de Cuatro Caminos, plaza en la que se presentó ante la afición mexicana en la temporada 1953 – 54 y en la que fue uno de los ejes de la temporada allí ofrecida pues actuó en 5 tardes de las 14 que se dieron en ella.

Para la quinta corrida de esa temporada de Cuatro Caminos se anunciaron toros de Rancho Seco, y a los diestros Héctor Saucedo, Manolo Vázquez y Jumillano. La corrida al final fue remendada con tres toros de Coaxamalucan y ni los de la ganadería titular, ni los de la suplente dieron el juego esperado. El torero del barrio de San Bernardo, que esperaba refrendar la buena impresión dejada el 20 de diciembre anterior ante Cartero de Tequisquiapan, se vio precisado a recurrir al regalo de un toro. Estaba como sobrero uno de la ganadería de Xajay, del que no se anunció su nombre – en esos días no se acostumbraba hacerlo en la mayoría de las plazas – y la remembranza que hace Don José – presumiblemente José Octavio Cano – en el ejemplar de la Revista Taurina correspondiente al 6 de febrero de 1966 es la siguiente:


...Se anunciaron toros de Coaxamalucan y Rancho Seco, pero ni con “Estudiante”, el segundo toro de la primera ganadería, ni con “Tejedor”, de la segunda, había logrado el sevillano el éxito de la tarde de su presentación.

Fue con uno de Xajay, la ganadería queretana que entonces pertenecía a los señores Edmundo y Jorge Guerrero, que Manolo lució plenamente, aún más que en su primera tarde ante nuestro público. Si en aquella ocasión causó magnífica impresión por sus características, esta vez triunfó rotundamente, manifestando su torerismo, la alegría de su estilo, el arte luminoso que atesoraba y sus peculiaridades diferentes.

Casi todos los toreros podían verse y siguen viéndose hasta la fecha, a través de un mismo corte y bajo la influencia de una misma norma, confundiéndose en sus procedimientos y en la realización muy semejante de las pocas suertes que le han quedado al arte del toreo.

De ahí que Manolo Vázquez, con la gracia propia de los toreros sevillanos, con el celo propio de un lidiador joven e impetuoso, que salía en pos del triunfo siempre en todas las ocasiones y buscándolo en todos los toros y en cada tarde, hizo que el público se le entregara con todo su alboroto, por el sabor, el aroma y el colorido de su toreo, capaz de arrebatar a los públicos, que lo veían distinto y se dejaban embriagar con el son alegre de sus faenas, con la emoción de su verdad y con la diferente forma y variantes que presentaba.

Armó la escandalera al torear de capa al de Xajay, con cinco lances formidables. Y continuó alborotando a toda la plaza al quitar, combinando las verónicas y las chicuelinas, hasta rematar la serie con una ondulante rebolera.

Y más tarde, desarrolló un faenón indescriptible, ejecutando primeramente los pases por alto, estatuarios y engarzando enseguida los derechazos rítmicos, templados y de ligazón ejemplar. Como acostumbraba, citó de frente, a la manera más clásica, con la muleta pendiente de la mano zurda, desde largo, para correr la mano con suavidad maravillosa en varias tandas de naturales, que se sucedieron entre el escándalo del gentío, que los coreaba ensordecedoramente. Añadió adornos variados, el molinete, el afarolado, los medios pases, el remate por bajo, los cambios de mano, en medio de aquél manicomio en que saltaban millares de espectadores desquiciados, mientras el ruedo se alfombraba de sombreros.

¡Daba gloria ver torear así a Manolo Vázquez! Engarzaba los pases para luego rematarlos con gracia luminosa y desbordante y salir andando, paso a paso, acariciado por las aclamaciones y las dianas. Y para coronar su labor, entró decidido, recto, entregándose y metiendo un estoconazo, que hizo rodar al pupilo de los hermanos Guerrero a los pocos momentos, sin puntilla y con las patas por alto.

Entonces se cubrió de pañuelos toda la torera plaza cuatro caminera y se otorgaron las dos orejas y el rabo, pedido con creciente insistencia. Y vinieron las vueltas al ruedo, una, dos, cuatro, hasta cinco, así como otras tantas salidas a los medios, sin que aquella ovación ensordecedora ni aquella apoteósica escena, pareciera tener fin.
Del resto del festejo, cabe relatar que el saltillense Héctor Saucedo no tuvo posibilidad de lucimiento ante toros deslucidos y Jumillano salió con dos puntazos, uno en el pecho, otro en la cadera  y varias contusiones – según lo reportado por la Agencia Efe y con una cornada en el pecho, según Heriberto Lanfranchi – que le dejó Sultán, de Rancho Seco, sexto de la tarde.

¿Pero cuál es el recuerdo del torero acerca de esta faena? Transcribo lo que le contó a mi amigo Heriberto Murrieta en una entrevista realizada para su sección Jueves Taurino del noticiero 24 Horas del Canal 2 de la televisión mexicana, el año de 1985:

...Guardo como uno de los gratos recuerdos de mi vida profesional como torero el haber sido aquí en México, donde he toreado uno de los toros que yo recuerdo con muchísimo cariño, un toro de la ganadería de Xajay, en El Toreo de Cuatro Caminos, que tuve la suerte de acomodarme con él, de ponernos de acuerdo los dos y al final le corté el rabo. Para mí aquello fue muy importante, fue muy bonito y desde entonces, no he dejado de tener a México presente...
De esta manera Manolo Vázquez había entrado en el gusto de la afición mexicana, aún antes de confirmar la alternativa, pues su presentación en la Plaza México no tendría lugar sino hasta casi dos años después, ya que sería hasta el 11 de diciembre de 1955, en la inauguración de la temporada 1955 – 56 cuando Juan Silveti, en presencia de Jaime Bolaños le cedería al toro Bandolero de Tequisquiapan. Actuaría 3 corridas en esa temporada y no le volveríamos a ver en La México sino hasta el 12 de octubre 1985, cuando junto con Antoñete vino a torear un festival a beneficio de los damnificados por los sismos que casi destruyó la Ciudad de México el 19 de septiembre anterior, junto con Alfredo Leal, Joselito Huerta, Jaime Rangel y Eloy Cavazos.

Como podemos ver, la historia de El Toreo de Cuatro Caminos tiene muchos y grandes episodios que merecen ser contados. Este es uno de ellos, cuyo recuerdo me han despertado la propia efeméride y una hermosa viñeta de Enrique Martín, que pueden ver aquí.

Apostilla final

Esa temporada de El Toreo coincidirá con la 53 – 54 de la Plaza México y el mismo domingo 3 de enero de este último año, se ofreció en la plaza más grande del mundo, una corrida a beneficio de la Asociación de la Protección de la Infancia, en la que actuaron Rafael Rodríguez, Jesús Córdoba, El Ranchero Aguilar, Calerito, Pedrés y Antoñete para lidiar toros de Pastejé. Esa tarde Pedrés cortó la oreja de Gitanito, 5º de la tarde; Antoñete la de Giraldillo, el que cerró plaza y Jesús Córdoba escribió una de las páginas más importantes de su historia en los ruedos ante el segundo de la tarde, Estanquero, del que también se llevó la oreja. Lo que también es relevante aquí es que la Plaza México estuvo llena, al igual que El Toreo.

De este asunto del Maestro Córdoba con Estanquero, ofrezco ocuparme en otro tiempo y en otro lugar de esta misma Aldea.

Post - scriptum: El subrayado en la remembranza de Don José, es imputable solamente a este amanuense.

viernes, 5 de febrero de 2010

La corrida del 5 de febrero, una tradición quinceañera.

Hace 64 años...


El día 5 de febrero tiene una significación especial en México, pues tiene méritos políticos, religiosos y taurinos para ser observados. En el primero de los casos, representa el aniversario de la promulgación de la Constitución Política de 1917, considerada por algunos de sus estudiosos como la primera Constitución Social del mundo, dado el contenido de sus artículos 27 y 123, que en su origen representaron la elevación, a la más alta categoría legal, de las conquistas de las clases campesina y obrera tras del conflicto armado que se iniciara en 1910.

Para la religión católica representa la fecha apartada en el calendario religioso para venerar especialmente al primer mexicano elevado a los altares, San Felipe de Jesús, mártir misionero en Oriente, de quien se dice que al morir en olor de santidad, hizo reverdecer una higuera que tenía años de estar seca, según premonición de una empleada doméstica de su hogar paterno.

Y en lo taurino, el 5 de febrero tiene una significación especial también, pues en el que correspondió al año de 1946, se inauguró la Plaza de Toros México, en la Capital de la República, siendo por su capacidad, la más grande del mundo.

Mucho, yo diría que casi todo se ha escrito sobre esa primera corrida de toros en lo que se afirma es también la plaza de toros más cómoda del mundo, tanto desde el plano puramente histórico, como desde el anecdótico, pues es innegable el hecho – más para mal que para bien – de que en este país, es la única plaza de toros que da y quita, ha concentrado la atención de quienes en alguna manera hemos abordado temas relativos a la historia taurina de México en el siglo XX y lo que va del XXI, dada la trascendencia que tienen los triunfos o fracasos allí verificados.

Son cuando menos dos los motivos que me impulsan a escribir esto. En primer término, cito la afirmación de Heriberto Murrieta en la transmisión televisiva del festejo correspondiente al año 2003, en el sentido de que la tradición de festejar el aniversario de la plaza es relativamente reciente y en segundo lugar, la posibilidad de responder a la pregunta que hiciera en esa ocasión el entonces novillero Adán Mejía en una sesión del Centro Taurino México España, en el sentido de saber qué toreros de Aguascalientes habían actuado en esa fecha, antes de que el paisano José María Luévano lo hiciera en la correspondiente a ese mismo año.

Las corridas del 5 de febrero

Aunque parezca extraño, la corrida del 5 de febrero ha cobrado carta de naturalidad a partir de 1995, que es el año a partir del cual se organiza con regularidad anual. Hace apenas quince años entonces, que se puede considerar a este festejo como un acontecimiento fijo en la llamada Temporada Grande del coso de Insurgentes y en la temporada taurina de México.

Tan es así, que en el año de 1964 en lugar de celebrarse el aniversario de la Plaza México, la corrida del 5 de febrero se dio en el hoy extinto Toreo de Cuatro Caminos. En efecto, ese día, que fue miércoles, se acartelaron Antonio Velázquez, César Girón y Pedro Martínez Pedrés para lidiar toros zacatecanos de San Antonio de Triana, que muy encastados, dieron pocas opciones a sus matadores. El valentísimo Pedrés regaló un séptimo de Santo Domingo que le infirió una cornada grave en el vientre y tras de que Corazón de León despachara el regalito, le fue llevada una oreja al albaceteño a la enfermería.

Tan es así, que en los sesenta y cuatro años que hoy cumple la plaza, solo se han dado veintiséis corridas en la fecha, mismas que son las siguientes:



Si se observa, aparte de las corridas sucesivas a partir de 1995, solamente en 1946 y 1947 y entre 1991 y 1993 se ligaron festejos en años seguidos. En cuanto al día de la semana en que estos se celebraron, si mis cálculos no fallan, 7 han sido en domingo (50, 56, 61, 67, 84, 95 y 2006); 4 en los días lunes (79, 96, 01 y 2007), martes (46, 91, 02 y 2008) y miércoles (47, 92, 97 y 2003); 3 en jueves (98, 04 y 2009) y viernes (93, 99 y este 2010) y 2 en sábado (2000 y 2005) confirmándose en buena medida la idea inicial de Heriberto Murrieta de que originalmente solo se daban toros el 5 de febrero cuando era domingo, costumbre que se abandona hace apenas quince años.

Las ganaderías

La materia prima de la fiesta es el toro y de los carteles ya relacionados, obtenemos que son 25 las vacadas que han enviado sus toros para ser lidiados en la hogaño tan señalada fecha:



Los toreros

En las 26 corridas ya celebradas que reseñamos, han actuado 55 toreros de a pie, de los que 35 son mexicanos; 11, españoles; 2 colombianos (Joselillo de Colombia y César Rincón); un portugués (Paco Mendes) y un peruano – argentino (Rovira), destacando por el número de sus actuaciones:



Los caballeros en plaza también han tomado parte en corridas del 5 de febrero. El primero de ellos fue el jerezano Álvaro Domecq Romero en 1979, le sigue Ramón Serrano, que ha actuado 2 tardes, la de 1991 y la de 1996, después viene José Antonio Hernández Andrés, en 1993, Giovanni Aloi en 1998, continúa esta cuenta el estellés Pablo Hermoso de Mendoza con actuaciones en 2000 y 2004 y cierra esta relación Enrique Fraga en 2005. Aloi y Hermoso de Mendoza mataron dos toros en sus actuaciones, mientras que los demás, enfrentaron solo uno.

Los trofeos

Mucho se ha escrito sobre el valor intrínseco de los trofeos. Algunos los califican de retazos de toro que no reflejan el valor real de las hazañas de los hombres vestidos de seda y alamares. A despecho de esas opiniones, las que comparto en cierta medida, las orejas y los rabos que se otorgan a los toreros son hoy en día, un parámetro indispensable para muchos, en la medición del éxito de un festejo taurino.

La primera oreja que se cortó en un 5 de febrero fue también la primera que se cortó en la México y fue la que Manolete obtuvo por su faena al segundo de la tarde, Fresnillo, de San Mateo, en la corrida inaugural. En total se han cortado 68 orejas y 7 rabos, mismos que se han repartido de la siguiente manera:



Aquí vale hacer notar que destacadas figuras de los ruedos, como El Soldado, CaganchoJesús Solórzano, Calesero, Rafael Rodríguez, Antoñete, Manolo Martínez, Curro Rivera, Armillita Chico, Roberto Domínguez, Joselito y José Tomás se han ido con la espuerta vacía en las actuaciones que tuvieron en este tipo de corridas.

Toros de regalo

En los últimos años se ha vuelto casi mandatorio que en la corrida del 5 de febrero se corran toros de regalo en la Plaza México. En el pasado reciente, queda la impresión de que se ha abusado de este recurso, sobre todo si se considera que entre 1992 y 2006 se jugaron una docena de ellos, y de éstos, 5 en dos corridas (96 y 03) aunque en totalidad, son 14 los toros lidiados en estas condiciones y el éxito con ellos, reflejado en trofeos, ha sido más bien relativo, pues solo con 4 de ellos se han obtenido apéndices, según se puede ver enseguida:



La realidad es que satisfecho el prurito de Enrique Ponce por cortar un rabo en la Plaza México, parece ser que se acabó la moda del torito de regalo en la corrida del aniversario.

Otros fastos para recordar

El 5 de febrero ha representado para Luis Francisco Esplá en 1984, Roberto Fernández El Quitos en 1993 e Ignacio Garibay en 2000, el día de la confirmación de su alternativa y para Arturo Gilio, esa fecha del año de 1992, fue en la que fue investido como matador de toros por Roberto Domínguez. En el año de 1979 se indultó el primer toro que ha merecido ese honor hasta la fecha, Simpatías de Reyes Huerta, que le tocó en suerte a Cruz Flores esa tarde, asegundando El Juli en 2005 con el indulto de Trojano de Montecristo y se ha producido también una despedida de los ruedos, la de Pedro Gutiérrez Moya, Niño de la Capea, en el año de 1995, en el que realmente se inicia lo que hoy es ya una quinceañera tradición de nuestra fiesta.

Los de Aguas

Al inicio señalaba que uno de los motivos de este trabajo era el de saber que diestros de Aguascalientes habían actuado en esta fecha hoy señalada. De las relaciones anteriores, se puede deducir que la llamada Sevilla de América ha estado presente con 8 toreros en 10 oportunidades.

Abre plaza el Poeta Calesero, que actuó en 1950; le siguen El Volcán Rafael Rodríguez, en 1961; Manolo Espinosa Armillita, en 1967; después Ricardo Sánchez en 1984, Miguel Espinosa Armillita Chico, en 1991, 1997 y 1999, Roberto Fernández El Quitos en 1993, José María Luévano en 2003 y un sorprendente Arturo Macías en 2007, que llegó a esta corrida contra todos los pronósticos. De todos ellos, solamente Ricardo Sánchez, José María y Arturo han obtenido apéndices en esta clase de festejos.

Remate

A una importante mayoría de aficionados les disgusta la combinación de toros y números. En lo personal no soy muy afecto a ellos, pero en ocasiones como esta, nos sirven para encontrar nuevos significados a la historia de los acontecimientos, como en esta oportunidad, que nos reflejan desde un punto de vista bien determinado, lo que a través de los resultados ha representado la corrida del 5 de febrero en la plaza más grande del mundo, para la Historia del Toreo en México.

viernes, 27 de febrero de 2009

Instantes


Para ser alguien a quien – según confesión propia – la comunicación por medio de la pluma no se le da, Heriberto Murrieta ha logrado labrar un buen sendero en esta arista de su quehacer taurino, si vemos que entre su obra se cuentan El Toreo-Verdad (1992), Tauromaquia Mexicana. Imagen y Pensamiento (1994, con reedición por la UNAM en 2004), Cien Jueves Taurinos (1995),Silverio Pérez (1999), Los Cronistas (1999, aunque no de tema exclusivamente taurino, tiene tres capítulos dedicados al tema en las personas de Alonso Sordo Noriega, Pepe Alameda y Paco Malgesto) y Vertientes del Toreo Mexicano (2008), obra esta última, presentada en Aguascalientes apenas en mayo pasado.

Hoy por la mañana, en el segundo patio de lo que fuera la casa vincular del Mayorazgo Rincón Gallardo y que hoy es la sede del Poder Ejecutivo del Estado, acompañado por el Gobernador del Estado, el Ingeniero Luis Armando Reynoso Femat y el Director Técnico de la Escuela de las Artes y la Tauromaquia, el matador de toros en el retiro César Pastor, Heriberto presentó la obra que realizó conjuntamente con el joven fotógrafo Pablo Esparza titulada Instantes, compuesta de 137 imágenes, en las que se recoge en una secuencia que lleva solución de continuidad, todo el tránsito del toreo, desde el origen del toro en el campo, hasta su arrastre en la plaza de toros.

La vinculación de Heriberto Murrieta con Pablo Esparza viene a partir de que formaran equipo para cubrir los festejos celebrados en la Plaza México para los diversos medios informativos en los que colabora el escritor, de esa manera, han ido formando una colección fotográfica que revela la variedad, el colorido y la riqueza de la fiesta, misma que consideraron válida para ponerla a disposición de quienes tienen afición tanto a los toros, como a la fotografía como expresión artística.

Para el artista de la cámara, la publicación resulta ser un compendio de la búsqueda de la magia que hay en lo taurino, representa un recorrido cronológico desde que el toro está en su hábitat natural, hasta que llega a la plaza y allí comienza su interacción con el hombre, principalmente con el que está vestido de luces en el ruedo y que unidos, transmiten a los que ocupan los tendidos una serie de sensaciones que marcan el rumbo y el destino de los festejos que se celebran.

Las imágenes captadas por la lente de Pablo Esparza, pretenden precisamente, dejar una impronta de esos impactos emocionales, algunos gratos, otros dolorosos, como un gran panóptico de las luces y de las sombras de lo que es la esencia del juego de vida y muerte que es la fiesta de los toros.

El libro precisamente como lo describe el título de la obra, capta en esos 137 instantes, lo que constituye la esencia de la fiesta de los toros y desde mi punto de vista, resulta un interesante medio para difundir los valores de la fiesta y también para defenderlos, sobre todo hoy en día que son objeto de tanto descrédito por aquellos que no los comprenden y que acercándose a obras como esta, podrían captar mejor su sentido.
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