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viernes, 6 de febrero de 2009

¿Sumisión o formación?


Una emisora de radio local tiene un programa de toros llamado Tertulia Taurina, que pasa de lunes a viernes de 3 a 4 de la tarde. Camino de regreso del trabajo, escuché ayer 5 de febrero de 2009 la intervención de uno de los conductores de la emisión, el novillero retirado y hoy periodista Pepe Caro acerca de que los toreros mexicanos que van a hacerse a España se someten a los intereses de una organización taurina ajena a la de su Patria. No estoy de acuerdo con esa apreciación, porque creo que parte de una premisa equivocada.

Tengo la impresión, a partir de las afirmaciones sostenidas en el curso de la emisión, de que el amigo Pepe tiene la idea de que la Fiesta de aquí y la de España son dos cosas distintas y allí es donde creo que está su error de concepto, pues no podemos hablar de la Fiesta de México y de la Fiesta de España. La Fiesta de los Toros tiene universalidad, esto último en el sentido de que en los lugares o países en los que se vive y disfruta, comparten una sola tradición cultural en torno a ella. Hablar de que hay dos o tres o cuatro Fiestas distintas, es fragmentar una tradición que tiene un origen único y restarle el valor que como parte de la manera de ver la vida de los pueblos hispánicos necesariamente tiene.

La diferencia entre España y México se da, desde mi punto de vista, en el toro que se lidia. Allá hay una variedad genética que permite tener distintas expresiones del toro de lidia -aún con la cuestión de lo que allá llaman el monoencaste- en tanto que en nuestro País, la expresión del toro de lidia es casi nada más una, la creada por don Antonio y don Julián Llaguno en San Mateo, llamada con razón la ganadería madre del campo bravo mexicano.

Desde mi punto de vista, lo que sucede hoy y aquí, es que no hemos superado el trauma -hago especial énfasis en las cursivas- de que se haya producido un relevo generacional sin sobresaltos. Tengo la impresión de que creímos que así como se dio la transición de la Edad de Oro (Armillita, Garza, Silverio, El Soldado y demás figuras) a la Edad de Plata (Los Tres Mosqueteros, Leal, Moro, Huerta, El Ranchero y demás figuras), las cosas serían siempre de la misma manera, sin detenernos a pensar que los toreros de tronío surgen muy de cuando en cuando y que a veces, como a los llamados toreros de arte o de pellizco, hay que saber esperarlos. Es al fin de cuentas, como todo lo que se hace delante del toro, hay que darle sus tiempos, sus pausas. Dar tiempo al tiempo... dijo don Renato Leduc.

Entonces, afirmar que es nocivo o negativo que un torero vaya a formarse a España o que implique una sumisión a los señores de la Fiesta de ese lado del Atlántico me parece que resulta de una hipótesis errada. Entonces: ¿el buscar conocimientos en una Universidad del extranjero implica sumisión a los intereses académicos o profesionales del lugar en el que dicha Institución de Enseñanza se encuentre?, ¿es algo negativo el buscar la mejora profesional allende nuestras fronteras?

No creo que las cosas sean así. Lo que nos pasa, es que el relevo de lo que yo llamaría la Edad Moderna del Toreo en México, a lo que sería la Edad Actual no se ha terminado de producir. La búsqueda del o de los valores que consumen esa transición o relevo ha llevado a quienes tienen interés en encabezarlo a buscar los medios necesarios para hacerlo, en los lugares en los que creen que los pueden encontrar y hoy, por el tipo de toro que se lidia, creo que no debe cabernos duda de que en España están esos valores.

Por eso es que no puedo coincidir con la opinión de Pepe Caro, a quien sin embargo, le reconozco un profundo amor por esta Fiesta y un enorme deseo de que salga del marasmo en el que está inmersa de este lado del Atlántico.

La imagen la tomo prestada del último post de Javier, en Toro, Torero y Afición.

Edito: Este día (9 de marzo de 2009), recibo un comentario que queda patente abajo. La fotografía que ilustra esta entrada es obra de Jon Roman. Al momento de utilizarla no tuve más referencia que la que se señala arriba, sin embargo, hoy corrijo la omisión y ofrezco una sincera disculpa por ella.
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