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domingo, 29 de diciembre de 2019

29 de diciembre de 1940: Alberto Balderas y Cobijero de Piedras Negras

Alberto Balderas con la oreja de Rayao
29 de diciembre de 1940
Alberto Balderas nació en la Ciudad de México el 8 de octubre de 1910. Se presentó como novillero en El Toreo de la Condesa el 27 de marzo de 1927, actuando allí en el escalafón menor también en las temporadas de 1928 y el inicio de la de 1929, calendario en el que marcha a España a hacer campaña. Se presenta en la plaza de toros de Madrid el 15 de agosto de ese 1929, alternando con Joselito Romero y el norteamericano Sidney Franklin, también debutante, en la lidia de novillos de don Andrés Sánchez de Coquilla, asunto del que ya me he ocupado por estas páginas.

Recibe la alternativa el 19 de septiembre de 1930, cuando Manolo Bienvenida, en presencia de Andrés Mérida, le cede al toro Hocicudo del Marqués de Guadalest y la confirma en la capital española el 3 de mayo de 1931, apadrinándole Cayetano Ordóñez Niño de la Palma y con el testimonio de Vicente Barrera. El toro de la ceremonia se llamó Giraldillo y fue de Villamarta.

En México, se presentó como matador de toros en El Toreo de la Condesa el 2 de noviembre de 1930 para lidiar toros de San Diego de los Padres, alternando con Manuel Jiménez Chicuelo y Heriberto García. En esos tiempos no se confirmaban en México las alternativas españolas. La faena de Balderas al toro Provinciano, al que cortó las orejas y el rabo, le va a permitir actuar otras cinco tardes en ese escenario, consolidándole como una de las promesas de la tauromaquia mexicana de esos días.

El 12 de febrero de 1933 gana la Oreja de Oro que disputó con Pepe Ortiz, Cagancho, Armillita, Jesús Solórzano, David Liceaga, Luis Gómez Estudiante y Luciano Contreras, al cortar el rabo al toro de La Laguna que le tocó en suerte.

El 22 de enero de 1939 en El Toreo de la Condesa, obtiene un singular triunfo al cortar seis orejas y tres rabos a los toros Gallareto, Lucerito y Marinero de Piedras Negras. Su alternante fue Fermín Espinosa Armillita y el 26 de marzo de ese mismo realiza su última gran faena en El Toreo de la Condesa al toro Navarro, de La Laguna, al que corta el rabo.

La última tarde

Para el quinto festejo de la temporada 1940 – 41, el doctor Alfonso Gaona anunció un encierro de Piedras Negras para la alternativa de Andrés Blando, que sería concedida por Alberto Balderas ante el testimonio de José González Carnicerito.

Muchas leyendas se han tejido en torno al estado de ánimo de Alberto Balderas esa tarde. En el libro biográfico del torero escrito por don Armando de María y Campos, se relata lo siguiente, narrado por Francisco Balderas, hermano, apoderado y banderillero del diestro:
Nada extraordinario hubo en la vida de Alberto la tarde del 29 de diciembre de 1940 – relató después su hermano, apoderado y banderillero de su cuadrilla, Pancho – que pueda interpretarse como un presentimiento de la tragedia. Mi hermano jamás creyó que podría matarlo un toro. Sabía que arrimándose como se arrimaba, tendría que sufrir cornadas; pero jamás tuvo el pensamiento de que moriría toreando. 
Estaba mi hermano de buen humor – continúa – como de costumbre. Ni mis hermanas ni yo notamos en él nada raro, nada que pudiera decirse fuera una corazonada de que iba a morir ese mismo día. 
Tenía Alberto la costumbre de ir todos los domingos, en las mañanas, a la Villa de Guadalupe, y a rezar a los pies de la Virgen Morena. Así lo hacía siempre, menos el día de su muerte, pues su amigo íntimo, Esteban Erchuk, insistió en llevarlo a visitar a la Virgen del Carmen, y ya no tuvo tiempo de ir a la Villa. Al regresar a la casa, se dedicó a torear de salón, esperando que fuera la hora de vestirse. 
Llegó la hora de la corrida y cuando me presenté a buscarlo en su casa de Copenhague, estaba ya vestido, estrenando un traje canario y plata por el cual tenía una ilusión muy grande. Yo estaba en el coche, tuvo un disgusto que lo contrarió mucho, al informarle yo que no había sido posible conseguir barreras de primera fila para dos amigos que él quería mucho y que se las habían pedido, y quienes se sintieron al recibir barreras de segunda fila. Esa fue la única nota desagradable… Mi hermano estaba, como siempre, animoso, con gran entusiasmo de torear, pues tenía el propósito de triunfar en todas las corridas de la temporada…
Como se puede leer, la serie de noticias que hablaban de premoniciones que tuvo Alberto Balderas en las horas previas a la corrida no son fiables, pues salvo el disgusto de que no se hayan conseguido las barreras de primera fila para sus amigos, nada más afectó su estado de ánimo.

El primero de la tarde se llamó Lucerito y fue el toro con el que Andrés Blando se convirtió en matador de toros. Su actuación no pasó de discreta.

El segundo de la tarde fue para Balderas. La mejor versión de su actuación ante ese, que resultó ser el último toro de su vida la encontré en Vida y Muerte de Alberto Balderas de Armando de María y Campos y es del tenor siguiente:
En su primer toro, en el único que toreó y mató esa tarde, Balderas estuvo muy bien… El cronista español Mayral describe con una espontaneidad que no he encontrado en otros escritores cómo toreó Balderas a su último toro, de Piedras Negras, que se corrió en 2º lugar: “cargando la suerte, mandando en él. Las ovaciones en su honor estallaban impresionantes en los sentidos y las dianas subrayaban agudamente su éxito. Hubo unas gaoneras del más puro estilo, dejándose rozar los alamares en cada lance. Hubo un quite de la mariposa sencillamente magistral. Luego, a petición insistente del público, Alberto tomó los palos para cambiar en terreno dificilísimo, dos pares soberbios y cerró el tercio después de un soberbio “galleo” con un par cuarteando, tan bueno como los anteriores. El triunfo, en oleadas crecientes, nimbaba la figura de Balderas. Tomó los trastos de matar, y aprovechando que el toro estaba boyante, propicio al lucimiento, realizó toda una faena preciosa y clásica. La muerte, que lo acechaba, hizo que el de Piedras Negras lo enganchase por la región epigástrica, y lo voltease de un modo trágico. Pero ¡aún no era llegado el momento fatal…! Y Balderas, indemne, levantose con más coraje que nunca, y volvió a la faena. Más muletazos buenos, y luego un estoconazo, seco, vibrante, que le valió una ovación estruendosa, vueltas al ruedo, la oreja…”. “Rayao” se llamó este toro…
El tercero de la tarde fue Cobijero, era el primero del lote de Carnicerito. Durante los dos primeros tercios de la lidia de ese toro, se hicieron reparaciones al vestido que estrenaba Alberto Balderas. Por esa razón estuvo distraído de lo que ocurría en el ruedo y no se percató de las condiciones del toro. Al dirigirse José González a solicitar permiso a la autoridad para el tercio final de la lidia, Balderas ocupó el sitio que le correspondía en el ruedo y así fue como sobrevino el desenlace fatal. Francisco Balderas refiere lo siguiente:
El toro causante de la tragedia, “aparentemente no tenía nada de peligroso”, continúa relatando el percance un testigo de la calidad de Pancho Balderas. Y agrega: “Alberto no pudo hacer el quite, porque le estaban componiendo la taleguilla, pero cuando “Carnicerito” fue a brindar a la Presidencia, Alberto cogió el capote para ponerle el toro en suerte… Cuando me di cuenta, Alberto ya estaba en los cuernos de “Cobijero”, que no obedeció el engaño, lo atropelló y le dio varias cornadas… Tambaleándose inmensamente pálido, mi hermano se dirigió a las tablas. Los monosabios no sabían que hacer… Entonces yo lo tomé en mis brazos, ayudado por uno de los espectadores, y lo llevé a la enfermería, donde ya lo esperaban los doctores. Con una navaja le rompí el vestido y los doctores Ibarra y Rojo de la Vega le ponían rápidamente una inyección… Cuando me acerqué a Alberto para ver cómo se sentía, me dijo que se le estaban durmiendo las piernas… Se le hizo una transfusión de sangre y Alberto quiso moverse, pero los médicos le indicaron que no lo hiciera. Entonces mi hermano volvió a decirme: Pancho, me siento muy mal, se me están durmiendo las piernas… Fueron sus últimas palabras…
El parte facultativo rendido después del hecho es el siguiente:
Herida de cinco centímetros de extensión en el noveno espacio intercostal del hemitórax derecho, en la intersección con la línea axilar anterior, fracturando octavo, noveno y décimo cartílagos costales, penetrante en la cavidad abdominal, desgarrando el hígado. Intensa hemorragia con cuadro de muerte aparente. Otra cornada situada en el hueco axilar derecho, de tres centímetros de extensión por cuatro de profundidad…
El cadáver del torero fue trasladado a su domicilio de Copenhague 23, donde se instaló la capilla mortuoria y al día siguiente por la tarde el cortejo fúnebre se trasladó al Panteón Moderno de Tacuba para el sepelio de los restos del diestro. La prensa aseguró en su día que los restos de Alberto Balderas fueron acompañados por cuarenta mil personas hasta su última morada:
Se calcula que no menos de cuarenta mil personas estaban en el panteón en el momento de bajar a la tumba el cadáver del infortunado diestro Balderas. 
La presidencia del duelo la componían los familiares de Balderas, entre los cuales estaba su hermano Francisco, miembro de su cuadrilla. También figuraba su compañero e íntimo amigo Chucho Solórzano y el licenciado Retana. 
Antes de bajar el cadáver a la tumba, Chucho Solórzano leyó unas cuartillas como última despedida, haciendo resaltar lo que en vida fue el finado, en los términos siguientes: “Balderas fue un gran amigo de todos. Cuántos compartimos momentos de alegrías y penas con él, no podremos olvidarle nunca. Así lo sabe y ha reconocido el pueblo de México que en el último camino hacia la eternidad le acompañó”. 
También el licenciado Retana leyó unas cuartillas en el mismo sentido. 
Por la enorme aglomeración de público y los carros que acompañaban el entierro, éste duró en su trayecto tres horas, considerándose que ha sido uno de los más impresionantes habido en México…
Alberto Balderas fue el primer torero en morir en las instalaciones de El Toreo de la Condesa.

En esta ubicación pueden apreciar una galería de imágenes de la cornada fatal de Alberto Balderas.

domingo, 22 de diciembre de 2019

15 de diciembre de 1929: alternativa de Jesús Solórzano en el Toreo de la Condesa

Jesús Solórzano
El Rey del Temple
La temporada de novilladas de 1929 en El Toreo de la Condesa generó una interesante cosecha de toreros. De la promoción de 1926 participó Esteban García; de la de 1928 participaron Alberto Balderas y José El Negro Muñoz. Y ya en el concurso del calendario correspondiente surgieron Carmelo Pérez, José González Carnicerito y Jesús Solórzano.

Es curioso ver que en esa temporada de novilladas, marcada por la acendrada rivalidad que mantuvieron Esteban García y Carmelo Pérez, misma que en alguna manera fue el eje y el sostén de ese ciclo novilleril, cuatro de los participantes en ella, tendrían un final trágico delante de los toros. El propio Esteban ese mismo año de 1929 en Morelia; Carmelo moriría en Madrid en 1931 a consecuencia de la cornada recibida en El Toreo unas semanas después de la que mandó a la tumba a su rival; Alberto Balderas sería el primer torero en morir en esa misma plaza el año de 1940 y Carnicerito terminaría sus días trágicamente en Vila Viçosa en Portugal en 1946. Personalmente, no creo que haya habido una generación de toreros con un final más trágico que esta.

En esta temporada de novilladas se disputaron dos galardones. Primeramente se disputó un anillo de oro con un gran brillante entre Esteban García y Carmelo Pérez, mismo que sería adjudicado al que resultara ser el triunfador en tres novilladas mano a mano que se celebrarían los días 18 y 25 de julio y 2 de agosto de 1929. 

Al final las novilladas terminarían celebrándose los días 18 de julio y Carmelo resultaría herido en un quite al primero de la tarde, quedándose Esteban con toda la corrida. La segunda se verificaría el 18 de agosto y Carmelo triunfaría y la tercera se verificaría hasta el 1º de septiembre y de nuevo Carmelo sería herido por el segundo de la tarde, aunque le sería llevado el rabo de su oponente a la enfermería. 

El 15 de septiembre se disputó la Oreja de Plata y ante novillos de Santín actuaron Esteban García, José González Carnicerito, Jesús Solórzano y Carmelo Pérez. El triunfador de la tarde y ganador del argentino trofeo fue el moreliano Solórzano. El premio llevaba añadido además el aliciente de recibir la alternativa en la temporada de festejos mayores inminente. Además, al final de ese festejo, se anunció al ganador del anillo, con valor de tres mil pesos que se disputaron Esteban García y Carmelo Pérez. El jurado designado al efecto decidió que era para Carmelo Pérez, independientemente de que de nueve toros que debió haber matado, solamente mató a cuatro. Cosas del destino.

La alternativa de Solórzano

La novena corrida de la temporada 1929 – 1930 se anunció con el santanderino Félix Rodríguez, Heriberto García y la alternativa de Jesús Solórzano, que, como había señalado líneas arriba, ganó esa oportunidad al obtener la Oreja de Plata el 15 de septiembre anterior. El encierro que se anunció para la ocasión fue uno de Piedras Negras, pero siempre hay contratiempos en esas cuestiones de los toros que se presentan a la plaza. La crónica del festejo, firmada por Edmundo Fernández Mendoza con su pseudónimo de Martín Galas, aparecida en el ejemplar de El Taurino publicado el 16 de diciembre de 1929, refiere lo siguiente:
La empresa de toros invitó al público a que fuera a admirar la hermosa estampa de los bureles de Piedras Negras que iban a lidiarse ayer. Pero, contra lo que era de esperarse, los aficionados hicieron poco caso del reclamo y se abstuvieron de ir a conocer la magnífica corrida (¿) que había encerrada. 
Y una prueba de lo que dejamos dicho, es que, habiendo anunciado que se correrían seis toros de Piedras Negras, hubo necesidad de sustituir dos de ellos, por otros tantos de La Laguna – ¡al fin de la misma camada! – porque los primeros tenían unas pezuñotas enormes, eran bastos, con exagerados pitones y con todas las hechuras de los bueyes que suelen pastar en las dehesas tlaxcaltecas de las que es propietario el bueno de Viliulfo González. 
Quizás en el cambio hayan salido perdiendo los aficionados, porque los dos bureles de La Laguna que pisaron el ruedo la tarde de ayer, se repararon de la vista a las primeras de cambio y dieron mal juego, sin que esto quiera decir que sus primos de Piedras Negras les fueran a la zaga, porque, en realidad, resultaron menos mansos de lo que se esperaba. Uno de los bichos tuvo que ser devuelto a los corrales porque también se reparó de la vista y… porque era manso. ¡Nada, que las ganaderías tlaxcaltecas no aciertan una ni por casualidad!...
Como vemos, ya de entrada se sustituyeron dos de los toros anunciados por otros de una ganadería distinta – si bien del mismo titular y residente en los mismos potreros – y durante la lidia se tuvo que sustituir a otro por resultar defectuoso de la vista, así pues, la mitad de la corrida que se anunció no se lidió.

Uno de los toros sustituidos fue el de la alternativa de Jesús Solórzano. Todas las relaciones históricas consignan que el toro de su alternativa en El Toreo fue de Piedras Negras, sin embargo, la crónica a la que he venido aludiendo relata lo siguiente:
Al toro que abrió plaza, que se llamó “Cubano” y que era negro zaino, bien puesto de defensas y oriundo de La Laguna, el de Morelia lo toreó por verónicas templando, mandando y recogiendo, hasta engranar cuatro lances que se le premiaron con ovación y música. En quites, el nuevo doctor hizo una chicuelina graciosa y ceñida, una verónica y media para rematar, que también se le aplaudieron con entusiasmo. El bicho se reparó de la vista desde el primer puyazo y los alternantes de Chucho no tuvieron lugar a lucirse en los turnos que les correspondían… 
Eran las cuatro y nueve minutos de la tarde, cuando Félix Rodríguez cedió los trastos a Solórzano, sonando las palmas para el nuevo doctor, que, tras de cumplir con la Presidencia, brindó desde el centro del ruedo a todo el público. Erguido, con calma, sabiendo el terreno que debía pisar, Chucho desplegó la muleta; pero, como el animal no acometiera, insistió repetidas veces, hasta que consiguió la arrancada del burel y entonces se produjo superior pase por alto, al que siguió un natural derechista, uno de pecho, que se le premian con palmas abundantes. Después otro alto y un natural con la izquierda; dos altos más, de muy fina factura y cuidando la línea, uno por abajo y otro de pecho. Sobre corto, atacando con fe y decisión, Solórzano cobró una estocada entera desprendida, que hizo que “Cubano” se entregara a los pocos instantes. Y para el nuevo doctor, que con este toro demostró que puede llegar a ser figura del toreo, hubo ovación y dianas, salida a los medios y vuelta al anillo. 
La alternativa de Chucho, como se ve, quedó sancionada por la opinión unánime del concurso…
Es decir, Cubano, el toro de la alternativa mexicana de Jesús Solórzano, fue de La Laguna. Muchos textos de historia tendrán que ser corregidos. Un testigo de excepción y de primera mano deja clara esa circunstancia.

Félix Rodríguez cortó un rabo a Cafetero, ese sí de Piedras Negras esa tarde. La crónica refiere que fue un torillo de escasa presencia con el que el torero de Santander pudo estar a gusto. Esa fue la gran tarde de Félix Rodríguez en México, que ya exhibía los estragos de la enfermedad que acabaría unos años después con su vida.

Colofón

Jesús Solórzano se vería forzado a renunciar a esa alternativa al año siguiente. Se fue a torear a España y realizó una intensa e interesante campaña novilleril, con triunfos en Barcelona, Sevilla y Madrid, para terminar recibiendo la alternativa el 30 de septiembre de 1930 en la Maestranza de manos de Antonio Márquez, con el testimonio de Marcial Lalanda, siéndole cedido el toro Niquelado de Pallarés Hermanos, antes Peñalver.

La historia de quien sería conocido como El Rey del Temple se llenó con nombres como Granatillo, Cuatro Letras, Leonés, Redactor, Tortolito, Brillante, Picoso y por supuesto, el de Revistero, toro de Aleas con el que realizó una de las faenas que entraron entre las más importantes que se realizaron en la historia de la plaza de toros de la Carretera de Aragón en Madrid.

Jesús Solórzano se despidió de los ruedos el 10 de abril de 1949 en la Plaza México, alternando con Luis Procuna y Rafael Rodríguez y el último toro que estoqueó fue Campasolo, de La Punta, propiedad entonces de sus cuñados Francisco y Jose C. Madrazo.

Jesús Solórzano falleció en la ciudad de México el 21 de septiembre de 1978.

Aviso parroquial: Los resaltados en los textos transcritos son imputables exclusivamente a este amanuense, pues no obran así en sus respectivos originales.

domingo, 15 de diciembre de 2019

Armillita y Nacarillo de Piedras Negras

Fermín Espinosa Armillita
La temporada 1946 – 47 en la Plaza México iba a ser la última en algún tiempo que vería el concurso de diestros hispanos y por razones de sobra conocidas, la final en la que actuaría Manolete en la capital mexicana. La tarde que me ocupa en este momento era la sexta que cumplía en el gran coso y le quedaban ya nada más en su historia las del 12 y 19 de enero de 1947 y la del 2 de febrero de ese mismo año, completando así las nueve tardes que en las que en su historia llenó ese escenario.

Ya estaba en vigencia el decreto que, publicado en el Diario Oficial de la Federación del jueves 18 de abril de ese 1946, limitaba por decisión del Presidente Manuel Ávila Camacho, la celebración de festejos taurinos en la Ciudad de México a dos por semana, por, dice la disposición: ...la frecuencia con que se han venido celebrando corridas de toros ha causado perjuicio en la economía de numerosas familias... debe considerarse cualquier contingencia futura, procurando moderación en los gastos, tanto colectivos como en los individuales... procurando que no se agrave la situación actual con gastos excesivos...

Así pues, apenas el miércoles anterior se había celebrado una corrida en la que alternaron el mismo Manolete, Lorenzo Garza y Leopoldo Ramos Ahijado del Matadero, quienes enfrentaron una corrida de Pastejé. Una corrida que pasó a la historia por las faenas de Garza a Amapolo y Buen Mozo y la de Manolete a Manzanito y el gran juego que dieron los toros de don Eduardo N. Iturbide.

La tarde del 15 de diciembre

Para el domingo siguiente se anunció un encierro de Piedras Negras, para Fermín Espinosa Armillita, Manolete y Alfonso Ramírez Calesero. El encierro de Tlaxcala sería el único de ese hierro que el Monstruo lidiaría entre los 38 festejos en los que actuó entre nosotros y al decir de las crónicas que tuve a la vista, esos toros lo trajeron aperreado, tanto, que el primero de su lote Tilichis, le echó mano y se pensó que había sufrido un serio percance, pero no pasó del susto. Las mismas crónicas resaltan el contraste de su actuar este día con el del anterior miércoles.

Calesero lució en sus toros con el capote y en los quites en los que tuvo oportunidad de intervenir, pero no tuvo mayor trascendencia el conjunto de su labor esa tarde.

Armillita y Nacarillo

La cima de la tarde se produjo en el cuarto toro de la tarde. Nombrado Nacarillo por su criador, desde la salida se mostró como un toro propio para la tauromaquia que siempre desplegó Fermín Espinosa. Contaba don Arturo Muñoz La Chicha, quien esa tarde salió en la cuadrilla de Calesero, que al iniciar Armillita la faena con la diestra, desde los tendidos la concurrencia le pedía que toreara como Manolete. Seguía contando don Arturo que en un momento determinado el Maestro se echó la muleta a la zurda y acabó con el cuadro.

Pero antes de la faena había otros intríngulis que desahogar. Don Luis de la Torre El – Hombre – Que – No – Cree – En – Nada, armillista de pro, encuentra algún sentido doble al brindis que de Nacarillo hizo Armillita a don Eduardo N. Iturbide y lo detalla así en la reflexión que hace en el número de La Lidia de México publicado el 27 de diciembre de 1946:
Sin intención premeditada, seguramente, el brindis fue dedicado a don Eduardo Iturbide, quien acababa de mandar a nuestro coso máximo una bravísima corrida, factor importantísimo en el triunfo alcanzado por dos colosos de la mano izquierda, pero tal parece que la proeza dedicada a tan escrupuloso ganadero vino a decirle: “Mire, don Eduardo, toros como los de usted son envidiados para la realización de estas hazañas, pero existe un torero que si bien los quisiera para sus triunfos, no le son indispensables, también de los mansos sabe sacar partido insospechado, y aquí estoy yo para probarlo ante miles de espectadores en cuyas retinas quedará grabada de manera imperecedera…”
Ya respecto de la faena, escribió en su día, en las páginas de El Universal del día siguiente del festejo, don Carlos Septién García El Tío Carlos, lo que sigue:
Estamos ante la faena perfecta. 
Y no nos atrevemos a tocarla. Sería un desacato rozar siquiera el contorno venerable de sus mármoles. Sería una mancha el querer reducir a yerta medida la armonía de su arquitectura serena y triunfal. Y sería un atentado el querer desmontar el ensamble prodigioso de sus partes para someterlas a un estudio prosaico y vulgar… 
Y mirémosla en toda la fuerza de su genuino valer. Veámosla hecha de los más puros y firmes elementos que la tauromaquia ha creado en siglos de lucha, de dolor y de triunfo con los toros bravos; admirémosla como expresión sólida, cabal, perfecta, de la más rancia y limpia doctrina torera: esa que formaran y probaran en mil tardes de sol y de hachazos los Paquiros y los Guerras; esa que sellaran con su sangre los Tatos y los Esparteros; esa que mantuvo en lucha de decenios a los Frascuelos y los Lagartijos. Esa que – en fin – hace hoy Fermín Espinosa, como entonces de aquellos definidores de la tauromaquia, el torero en que se depositan la mayor ciencia y la más ilustre escuela. 
Y gustémosla también en su profunda y exquisita suavidad. Saboreémosla en esa delicadeza, en ese tacto, en esa gentileza con que arropó al endeble torillo de Piedras Negras que – nacido para seis naturales y una estocada –, tomó dócilmente, transformado como una obra de cera calentada a fuego, el milagro eslabonado de esos veintiún naturales inmortales. Gocemos de ese temple cuidadoso y magistral, exigente y esmerado, con que el torero fue educando al toro, mostrándole el camino del pase natural, enseñándolo a embestir y a tomar con afán encendido la roja muleta, a repetir sobre ella el empuje, a graduar su marcha y su arrojo… 
¡Torero, Torero, Torero!... 
Torero, sí. Torero inmortal este Fermín de Saltillo con el que México se incrusta triunfalmente en la historia del toreo universal…
El Tío Carlos hace un análisis en el que, deja claro que el torero se impuso a lo que él consideró que eran unas malas condiciones del toro y como se expone en las relaciones taurinas de hogaño se inventó una faena donde no la había.

Por su parte, Carlos León, en el Novedades, también del 16 de diciembre de 1946, todavía no dado a las estridencias que le dieron fama, en lo medular, razona así:
…Citando desde lejos, con la muleta pendiente de la zurda, el maestro provocó la embestida para el primer natural. Arrancó la res sobre el trapo y Fermín dejó que los pitones se estrellaran contra ella, para ahí prender las astas y conducirlas atadas a su franela en una tanda prodigiosa de naturales, sin permitir que el toro, ya domesticado por el poderío de Fermín, se huyera de la muleta. 
Y la misma milagrosa escena se repitió varias veces. El torero se recreaba en la ejecución del muletazo más bello de la lidia, toreando cada vez más lento, más auténtico. La arena se convirtió en bazar de toda clase de prendas de vestir, mientras de arriba bajaba un torrente de aplausos, formando una de las ovaciones más merecidas que se hayan dado en la plaza de la Ciudad de los Deportes. Después de aquella inacabable teoría de naturales, salpicados aquí y allá por la pinturería del afarolado o el derechazo de respiro, Fermín logró una estocada desprendida, que bastó para que “Nacarillo” rodara a los pies del extraordinario lidiador. 
Veintisiete naturales en varias series habían compuesto la parte básica e inolvidable de la maravillosa faena. Y para ellos fueron la oreja y el rabo, tres vueltas al ruedo, salida a los medios y la admiración incondicional para este legítimo “Monstruo” nuestro, que cada vez que se lo propone viene a borrar fábulas y leyendas cordobesas…
Una tercera apreciación, algo más lejana en el tiempo es la de El – Hombre – Que – No – Cree – En – Nada, aparecida en el ejemplar de La Lidia de México ya mencionado y que es del siguiente tenor:
...Grandes faenas se recuerdan realizadas por el torero de Saltillo, suficientes para criarle el título de “maestro de maestros”. De entre todas ellas, podemos destacar algunas cuyo asiento estuvo en plazas españolas, y para nosotros son inolvidables la de “Tapabocas” de Coquilla, “Hurón” de Pérez Tabernero, “Pichirrichi” de Coaxamalucan, “Chocolate” de Torrecillas, “Clarinero” de Pastejé, “Pituso” de La Punta y otros más que harían interminable la lista, pero para todas ellas contó con el elemento toro, de más o menos bravura, poderío y buenas cualidades, no así en el caso presente en que solo la ciencia, el poder y la maestría lograron hacer de “Nacarillo” de Piedras Negras, corrido en cuarto lugar, la memorable tarde del 15 de diciembre de 1946, en la monumental plaza “México”, un toro para escribir con él la página más saliente, no del historial de un torero, sino de toda una historia taurina. ¿A qué decir más? Muy cerca de cincuenta mil espectadores fueron testigos presenciales del maravilloso hecho, y puede asegurarse que no habrá uno capaz de desmentir la maravilla de tan milagrosa hazaña... 
Decir veintisiete naturales a un toro bravo, es muy sencillo, se dice muy pronto, más tiene sus bemoles. Sacar de un manso semejante proeza, parece impracticable. Pues sin embargo, ha habido un “Armillita”, que haciendo alarde de la más amplia sabiduría, ha realizado el milagro empleando procedimientos considerados como de ínfima especulación, creyéndose que el cite desde lejos no admite ajustamiento. ¡Qué disparate! Así es precisamente como se expone de verdad puesto que el toro empuja fuerte y llega a la reunión precisa para que el lidiador le marque la salida con el simple movimiento de la muñeca, salvando el derrote en el momento de mayor peligro. Pero si esto no bastara, vimos al coloso de Saltillo citar en varias formas ahora muy estimadas, no con el afán de imitación, sino con el propósito de demostrar su capacidad dentro de todos los estilos. Y hay algo más: el citar de largo demostró a los más ciegos suponer para hacer embestir, a esa distancia, a un toro soso y aplomado en demasía, con la magia de su saber, haciéndolo todo, sacando bravura de donde no la había...
Aquí se abre el espacio para una discusión numérica y por ende, bizantina. Carlos León y don Luis de la Torre cifran el número de naturales de Armillita a Nacarillo en veintisiete. Carlos Septién habla solamente de veintiuno. Don Arturo Muñoz, que afirmaba haber visto más cerca que ninguno de esos escribidores la faena – y decía verdad, pues ocupaba su puesto en el callejón con la cuadrilla de Calesero – siempre sostuvo que eran también veintiuno.

Al final de cuentas la cantidad no importa. Lo que ha trascendido es la calidad de esos naturales y el hecho de que se le ligaron a un toro que en principio no parecía apto para ello.

Cierro esto con una reflexión que hace un cronista anónimo en el diario El Siglo de Torreón el 16 de diciembre de 1946, donde establece, creo, la justa medida de lo que hoy intento recordar:
Maravilloso tiene que ser un torero como ‘Armillita’ al borde de la despedida, con el nombre hecho y hondo surco en la historia de la fiesta brava; todavía pelea y se la juega para dar una exhibición de poderío y arte... México hablará muchos años de esa faena izquierdista de ‘Armillita’, porque fue una faena de escándalo...
Y efectivamente, a más de siete décadas de distancia, seguimos hablando de Armillita y Nacarillo

Edito (16/XII/2019): El amigo Octavio Lara Chávez me hace llegar la versión de don Alfonso de Icaza Ojo, aparecida en el semanario El Redondel del día de la corrida. Ojo transmitía por teléfono a su redacción, toro a toro su crónica, para que el periódico estuviera listo al final de la corrida. De allí que tuviera algunos dislates como en el caso que nos ocupa, se tuviera como nombre del toro el de Mascarillo. La relación de mérito es esta:
Cuarto toro. - "Mascarillo", cárdeno también, pequeñito, pero bien armado. 
Armillita lancea sin estrecharse, ante la indiferencia completa del concurso. 
Una buena vara de Carmona y paren ustedes de contar, ni el otro piquero hizo cosa de provecho, ni los matadores trataron siquiera, de sacarnos del terrible aburrimiento que nos invade. 
El bichejo, después de la última vara doble, quedó hecho una piltrafa. 
Zenaido Espinosa clava un par en la arena. 
Fermín Espinosa brinda a don Eduardo Iturbide, que es ovacionado, y dase a muletear a "Mascarillo", mucho mejor de lo que éste merecía. La faena va en crescendo poco a poco, y Fermín Espinosa agigantándose hasta tocar las nubes. 
¡Qué manera de torear, señores! 
Con la derecha corre la mano primorosamente y aguanta con auténtica hombría, con la izquierda... ¡Dos docenas de pases naturales! 
¡Y qué pases! Ni Armillita, ni nadie, había toreado así a un toro que no podía preverse que pudiese torearse así. 
¡Como que Armillita lo hizo! 
Estamos viendo la mejor faena de la temporada. Vuando el maestro de Saltillo, ahora sí maestro, torero grande, atiza una estocada casi entera, algo desprendida, cuarenta mil pañuelos piden para el maestro de maestros, la oreja, el rabo, el toro entero. 
Se conceden los máximos galardones y Armillita da incontables vueltas al ruedo, devolviendo sombreros y prendas de vestir. 
Insistimos lo que Armillita hizo hoy no lo había hecho antes ni él ni nadie. ¡Torerazo!...
Aviso parroquial: Los resaltados en los textos transcritos son imputables exclusivamente a este amanuense, pues no obran así en sus respectivos originales.

domingo, 22 de marzo de 2015

21 de marzo de 1982: Mariano Ramos y Timbalero de Piedras Negras

Si algún día se hace algún recuento de las faenas más importantes que se han realizado en la historia de la Plaza México, sin duda alguna que entre las principales de éstas se contará la que el día de la primavera de 1982 realizó Mariano Ramos al toro Timbalero de Piedras Negras. No fue una faena que vaya a recordar por los momentos de sublimación artística que en ella se generaron, o por la cantidad de suertes que en la misma se realizaron, sino porque en su realización el torero dominó y después toreó al toro imponiéndose a las condiciones de éste.

El cartel de la octava corrida de la temporada 1982 de la Plaza México se formó con toros de Piedras Negras para Mariano Ramos, Christian Montcouquiol Nimeño II y Felipe González hijo, quien recibió la alternativa esa tarde, con la cesión del toro Tercia de Ases

El segundo toro de la tarde fue Timbalero. Daniel Medina de la Serna cuenta lo siguiente acerca del desarrollo de esa memorable tarde:
Mariano Ramos... se sacó la espina con creces cuando se enfrentó (8a) a “Timbalero” de Piedras Negras, al que le hizo la faena de la temporada, y aún de muchas temporadas; fue aquella una lidia (de lid, lucha, pelea) que nos tuvo al borde de los asientos y con el alma en los dientes, pues dicho astado era, más que bravo (en algún momento trató de saltar al callejón, un toro de mala leche que no permitía a su lidiador la menor vacilación; cualquier otro le hubiera largado tres trapazos y se lo hubiera quitado de enfrente a la mayor brevedad posible, pero el de La Viga, profesor numerario de geometría y trigonometría de la Universidad Taurómaca, se enfrentó bizarro al morito y le pudo. La narración que Alberto Bitar envió por teléfono a la redacción de “El Redondel” fue esta: 
“dos muy buenos doblones y una especie de trincherilla que gusta a la asamblea. Con la derecha y por abajo, a un animal de mucha fuerza y muy mal estilo, tres intentos de derechazos y un terrible estilo de Ramos. Procede como de él se espera, de un torero poderoso y le vemos tres formidables doblones, muy bien instrumentados, que le festejan todos, para que luego se diga hoy en día, que eso no se comprende. Se juega la vida, con la zurda y volvemos a ver al diestro poderoso que nos gustara en sus inicios... cuatro derechazos, que no hay tela para más, hacen vibrar a los tendidos... preciosos doblones rodilla en tierra y un abaniqueo de torero poderoso y el teléfono, jugándose la vida, ante un aullido en los tendidos. Casi todo el estoque, en sitio apenas desprendido, cayendo el toro a los pies de Ramos y pidiendo la gente una oreja que concede el juez. A fe nuestra que merecía las dos...”
Otra versión que nos recuerda esta gran faena es la de Guillermo Salas Alonso, que algo más de dos décadas después del suceso, lo recuerda de esta manera:
El artista de La Viga después de dos series de muletazos, al intentar torearle por abajo con la mano diestra, el astado piedrenegrino se le puso por delante. Segundos de incertidumbre, belleza, peligro y resplandor. Todavía no se explican ni aficionados, ni toreros, ni críticos, cómo pudo írsele de distancia, tras recorrer medio ruedo, sin hacerle daño... Todo mundo pensó lo inevitable: que lo “trincaría” y le lesionaría. No. A partir de ese momento el trasteo transcurrió en medio de una emoción que se marcaba con los aficionados al borde de sus asientos. Estremecidos. Oliendo la sangre y el peligro... Tras ello, el diestro se volvió el protagonista de esa escena; procedió dándole una tanda de poderosos doblones para después torearlo, sobre todo, con la mano izquierda, en el pase fundamental del toreo, o sea, el natural. Uno, otro. Y uno más, elaborándolos con ritmo y con cadencia. Siempre de menos a más. Los últimos pases de las dos series, con el toro entregado al mandato del poder humano, ya seguía el engaño dando la impresión de una docilidad que, indudablemente, no era un atributo marcado por el burel que crió Raúl González y González... Tanto fue el poder de Mariano Ramos, que concluyó la labor haciéndole a “Timbalero” el desplante del “teléfono”... Y el público en fervorosa comunión con el arte, el toro, el peligro y el torero... Habría más: la estocada que terminó con la vida del toro tlaxcalteca, mortal por necesidad, no hizo que el estado doblara, sino que cayó rodado como pelota, en fracasado intento de embestir a quien le está proporcionando la muerte. Morir queriendo coger a su matador. ¡Cuánta emoción! Una obra de torero para toreros. Pero... En la opinión del juez en turno, Pedro López Anaya, sólo fue merecedora de una oreja. Una placa recuerda aquella tarde...
En suma, una de las grandes obras cinceladas delante de un toro en la Plaza México. La pueden apreciar en el vídeo (pinchando aquí), comentada por el propio torero, veintitantos años después de haberla realizado, junto con el Licenciado Julio Téllez.

Edito: Después de que apareciera esta publicación, encontré la crónica aparecida el 22 de marzo de 1982 en el desaparecido diario capitalino Novedades, suscrita por el psiquiatra Enrique Guarner. De la misma, extraigo lo que sigue:
...Mariano ha dejado oscilar su cartel; sin embargo, esta temporada ha salido con cualquier encierro que le pongan y por ello merece nuestra admiración. La tarde de ayer Mariano Ramos volvió a ser el diestro que conocimos en sus inicios y logró imponerse a un pésimo astado de Piedras Negras, del que se llevó una justa oreja... El ganado. - La corrida en general dejó bastante que desear... En cuanto a trapío los dos primeros pasaban... Por ello solamente pudo lucir Mariano Ramos con el corrido en segundo lugar. No todos los toreros poseen la capacidad suficiente o el valor necesario para trastear esta clase de bichos... Mariano Ramos... buenas verónicas, pero donde el público le aplaude es en los lances a pies juntos, lo cual me parece decepcionante... En seguida el diestro de La Viga lleva al burel frente a Domingo López quien pica dos veces en lo alto. Los Kingston cubren banderillas haciéndolo adecuadamente Felipe, en tanto que Eduardo deja solo un palo... Ramos brinda a don Jesús Garduño, quien es Oficial Mayor del Departamento del Distrito. Comienza doblándose cerca de toriles y de pie instrumenta excelente pase cambiado. La primera serie de redondos se inicia bien, pero el toro lo busca en el cuarto y entonces Mariano pone rodilla en tierra y produce extraordinarios cambios al estilo de Vicente Pastor... El de La Viga toma la muleta con la izquierda y aguantando tarascadas pega algunos naturales mandones. Viene a continuación con cuatro pases en redondo con la derecha que son buenos en verdad. Claro que hay algún enmiende de repente, pero es que el burel no es de carril ni mucho menos. Termina Mariano Ramos su labor con muletazos de pitón a pitón y un desplante. Se tira a matar y cobra una buena estocada ligeramente delantera... Se pide la oreja que concede el ingeniero Pedro López Anaya, pero el público en forma absurda e intransigente pide otra. Mi opinión es que el Juez de Plaza estuvo en lo justo y que la faena valía ese apéndice. Aguardemos mayores hazañas para otorgar más trofeos. Lo que sí es criticable y debiera haberse multado, fue que el torero arrojara al suelo el premio, despreciando a las autoridades. Mariano a continuación dio dos merecidas vueltas al ruedo...
La apreciación de Guarner no coincide con las anteriores en cuanto a la premiación de la faena y nos deja más datos (la inmediatez respecto de los hechos le otorga ese valor añadido), acerca del desarrollo de la lidia. Creo que es un interesante complemento a lo expuesto originalmente en esta entrada.

Aclaración necesaria: Los resaltados en los textos transcritos son imputables exclusivamente a este amanuense, pues no obran así en sus respectivos originales.


domingo, 2 de febrero de 2014

1º de febrero de 1914: Se instalan por primera vez burladeros en El Toreo de la Condesa

Vicente Pastor
Para la décimo tercera corrida de la temporada 1913 – 1914, don José del Rivero había anunciado un encierro tlaxcalteca de Piedras Negras y como espadas para dar cuenta de él a Vicente Pastor, Rodolfo Gaona y Juan Belmonte

El domingo anterior, en el mismo escenario, El Pasmo sufrió una severa paliza que tuvo a la afición de la capital mexicana en vilo durante toda la semana y a un empresario serio como el nombrado Del Rivero en un constante entredicho por mantener a Belmonte en el cartel y no anunciar su sustitución y permitir a los inconformes con el cambio en el festejo anunciado el devolver las entradas previamente adquiridas.

Lo que muchos ignoraban entonces es que por esos días iniciáticos de sus andares por los ruedos, Juan Belmonte tenía una extraña fascinación por cumplir a como diera lugar sus compromisos, aún en detrimento de su integridad personal. Entonces, si había asegurado a Del Rivero que torearía el domingo primero de febrero, es que estaría a la hora anunciada en la primera plaza de toros de América para cumplir con su compromiso.

También se ignoraba por los más que el redondel de esa plaza – aún nueva, apenas con seis años de funcionar – sufriría unas modificaciones para permitir que un maltrecho Juan Belmonte pudiera cumplir con su compromiso con la empresa que lo contrató y con la afición mexicana, misma que consistiría en la colocación de burladeros que permitirían al torero hispalense buscar refugio en el callejón sin tener que tomar el olivo.

Quien firmó como El Raisuli para el diario El Correo Español de la capital mexicana, comenta lo siguiente acerca de esa corrida:
Con animación extraordinaria, debido a la reaparición del fenómeno Belmonte, se verificó ayer la corrida de toros. Los tendidos aparecían casi repletos… La expectación era grande, pues se aseguraba que el diestro de Triana no podría torear, dado el mal estado de su salud, y atestiguaban tal aserto seis burladeros colocados en el ruedo, para proteger al matador, que estaba imposibilitado de saltar la barrera. Desfilaron las cuadrillas entre nutridos aplausos, y los tres matadores pasearon por la arena para corresponder a las palmas... Resumen… La divisa de Piedras Negras no fue fogueada, por la sencilla razón de que a la presidencia no le pareció oportuno cumplir con el reglamento… Además, bueno es hacer notar que, los substitutos no pertenecieron a la vacada que estaba anunciada en los carteles. Fueron de Zotoluca… ¿Con qué derecho se cambia un cartel sin avisar previamente?... Salvo el primer zotoluqueño que llegó mal a la muerte, los demás estuvieron manejables. Con los de a caballo no quisieron bromas, y con los peones estuvieron quedados y poco bravos… De los matadores sobresalió, sin disputa, Vicente Pastor, que si alargó la faena con el primero, fue debido a que no quiere aprovechar las ventajas, y quiere matar a los toros de frente y en las suertes acostumbradas… Esto debiera agradecérselo el público y se lo agradece sin duda, pues no dio pruebas de impaciencia durante los veintisiete minutos que duró la muerte del primero. En el cuarto, mató cuatro toros en uno solo, después de desgranar una soberbia faena… Gaona pudo lucirse en su primero y se lució de verdad, lo mismo que el trianero en el tercero… Lo demás, ni frío, ni calor. Salvo la pareja de peones de Pastor, que estuvo bregando muy bien toda la tarde…
Juan Belmonte
Aunque en su resumen omite la actuación de Belmonte, en el cuerpo de la crónica le acredita un buen toreo a la verónica y que a pesar de que falló a espadas, dio la vuelta al ruedo tras de pasaportar al primero de su lote. Vicente Pastor no mató ninguno de los toros titulares de la corrida, pues el primero de la tarde fue devuelto a los corrales por chico y manso y el cuarto, por lo segundo. Los sustitutos fueron de Zotoluca. Ante la poca costumbre de otorgar apéndices en esos días, entiendo que la corrida fue una de esas que hoy se consideraría apoteósica.

Otra versión de estos mismos hechos es la de Miguel Necoechea Latiguillo, publicada en el diario “El Imparcial”, también de la Ciudad de México. Ya había presentado a Latiguillo en alguna oportunidad anterior y comentado su cercanía con los que en su tiempo peinaban coleta y demás fuerzas vivas. De su versión de los hechos extraigo lo que sigue:
La promesa que parecía enguilnardecer como una viñeta florida, el programa de la fiesta brava de ayer, se realizó para el regocijo de la afición, que llegaba al coso un tanto desconfiada, pero con el deseo de ver cumplidas sus esperanzas… ¡Pastor, Gaona, Belmonte!... La trinidad que encarna todo lo que de bello, de artístico y de atrayente encierra el toreo. El poder supremo de la fiesta al servicio del estoque; "gallardía que se une al rayo"; ciencia que se une al estoque y de la que es maestro Pastor. El arte sutil, las gallardías y floreos de capa, las actitudes de suma elegancia, las líneas impecables de un bronce sin tacha y todo ello bordado en oro, a un paso de las fieras; tal Gaona. Y la valentía sin límites, el desprecio de la vida, la granada de una sonrisa que abre muy cerca ese par de dagas ensangrentadas que el toro agita cuando vuelve; el abanico de las verónicas abierto en el testuz mismo, así Belmonte, que materialmente parece como si se embarrara en el lustroso y encrespado pelo de los astados… La perspectiva de ver una sola tarde como esos tres maestros habrían de echar arte, valor, sabiduría, arrojo y finura frente a los toros que enviaba Piedras Negras, producía aleteos de esperanza en el ánimo de los aficionados, a quienes no fue posible ver el domingo anterior a esa realidad que ayer, bajo un sol magnífico, hizo agitarse de entusiasmo a quienes llenaban casi por completo la plaza del Toreo… Fue una buena corrida, porque es verdad que mucho dejaron que desear los toros (vieja y monótona cantinela que desgraciadamente parece ya consagrado estribillo), también es cierto que en ocasiones se prestaron al lucimiento de los diestros y que estos no desaprovecharon la oportunidad… No dejó tampoco de influir en el resultado general la delicada salud de Belmonte y que hizo pesar sobre la plaza quién sabe qué extraño ambiente que restó lucimiento a las hazañas... Bien se ve que Belmonte no está repuesto de sus heridas. Ayer hubo que poner burladeros en la plaza para evitar que el colosal trianero tuviera que saltar la barrera...
Al final, Latiguillo reduce el hecho de los burladeros a una cuestión meramente incidental o anécdotica, perdida entre su prolija y ditirámbica crónica, seguramente para resaltar la hombrada de Belmonte y evitar que pudiera parecer un alivio del torero.

No obstante, su estado de aflicción física era evidente, Ambos cronistas concluyen en que tras la muerte del sexto tuvo que ser auxiliado por sus compañeros de cartel y de cuadrilla para poder dejar el ruedo, dado el estado de agotamiento que presentaba. Pero eso no iba a detener a Juan Belmonte en si camino hacia la cumbre, pues para el siguiente domingo se anunció la repetición del cartel, a beneficio del trianero, aunque incluyendo en la combinación tres toros españoles de Peláez.

El anuncio del beneficio de Belmonte, para una semana después con el mismo cartel de toreros
El Toreo de la Condesa vio así por primera vez burladeros en su redondel. Se instalaron para auxiliar a un torero disminuido en sus facultades físicas. No mucho tiempo después dejaron de considerarse un alivio y pasarían a ser parte de la topografía cotidiana de ese y de todos los ruedos del mundo.

domingo, 30 de junio de 2013

Detrás de un cartel (VIII)

Cartel de la corrida del 7
de febrero de 1909
La temporada 1908 – 1909 en el Toreo de la Condesa se sostuvo en toreros como Rafael El Gallo, Manuel Mejías Bienvenida, Antonio Boto Regaterín, el señor Curro Martín Vázquez y Morenito de Algeciras entre los hispanos más destacados y por primera vez en la historia de esa plaza – breve, apenas tenía dos años en funcionamiento – ofrecía en su elenco a dos toreros mexicanos que habían confirmado su alternativa en Madrid: Vicente Segura y Rodolfo Gaona, quienes serían un atractivo adicional para los carteles de la empresa que dirigía José del Rivero.

Aparte, en esa misma temporada se escribirían varios hitos de la historia de ese coso, pues el 24 de enero de 1909 se dio el primer mano a mano en el que los diestros eran mexicanos y días después, el 14 de febrero, se concedería la primera alternativa en su ruedo, la que Rafael Gómez, entonces Gallito, le concedió a su hermano Fernando – el destinatario del pasodoble Gallito – al cederle los trastos para dar muerte al toro Inglés de Piedras Negras, en presencia de Rodolfo Gaona.

La corrida del 7 de febrero se anunció a partir de un encierro compuesto por toros de Tepeyahualco y  Piedras Negras para El Gallo, Vicente Segura y Rodolfo Gaona y a más de un siglo de distancia, tiene muchos matices que vale la pena observar. Para el caso, encontré tres crónicas en los diarios de la Ciudad de México. La más prolija y detallada es la que escribió Miguel Necoechea Latiguillo para El Imparcial; luego, con más brevedad, pero con sustancia, están las de Luis G. Malváez Don Prudencio, para El País y la de K. CH. T. para La Iberia.

Controversia por el ganado

El primer detalle que abordan las tres crónicas revisadas es el análisis del ganado lidiado. La opinión de Don Prudencio es así:
…bueno será que la autoridad competente ponga el remedio, así como que exija al señor Veterinario e Inspector de Diversiones cumplan con su obligación, pues domingo a domingo se sueltan algunos chotos, con lo que se engaña al público, puesto que los carteles rezan que se lidiarán toros, y por consiguiente soltar becerros es engañar al público… Los toros de Tepeyahualco lidiados en tercero y cuarto lugares, aunque no catedrales, sí fueron aceptables en cuanto a presentación y ambos cumplieron sin sobresalir… Los propietarios de Piedras Negras enviaron toros de todas edades, habiendo algunos becerros que ni por asomo llenaban los requisitos que para el ganado exige el mártir reglamento. ¿Qué dice de esto el veterinario?...
Por su parte K.CH.T. deja entrever que no todos los toros tenían las condiciones para ser lidiados en la primera plaza de México y se expresa en este sentido:
Hubo toros muy bravos y muy nobles, con la edad reglamentaria, y dos toreros artistas, que hicieron filigranas con sus capas y en la candente arena del anchuroso circo nos ofrecieron con su valor y con su arte, todas las bellezas del hermoso y viril espectáculo español… Piedras Negras y Tepeyahualco enviaron toros de empuje, de poder y de extrema bravura; los de aquella ganadería hicieron una pelea franca en todos los tercios y sólo los de Tepeyahualco llegaron un tanto inciertos a rendir el pellejo…
Latiguillo por su parte, elogia la presencia de los toros, la que considera inmaculada, dejando su testimonio en estos términos:
El ganadero, o por mejor decir, los ganaderos, pues han conquistado ayer una ovación, medio ruidosa y envidiable, con que las multitudes han premiado ampliamente sus afanes por hacerse criadores de verdaderos toros de lidia… Pelo liso y brillante, astas finísimas y bien colocadas, pezuñas pequeñas y redondas, la cola barriendo la arena, y en cuanto a la edad, paréceme que cada uno traía como pasaporte su fe de bautismo, expedida hace cinco años allá en la dehesa, donde el aire reverbera entre los altos pastos…
Como podemos ver, hay extremos en los relatos, desde el que habla de chotos indignos, hasta el que asegura que el ganado lidiado era cinqueño. A la vuelta de tantos años, es difícil constatar quien era el que expresaba la verdad ocurrida. El cronista de mayor trascendencia histórica de los tres que me sirven de fuente, es sin duda Latiguillo, pero he de decir que su visión optimista del festejo que da pie a que yo meta los míos ahora, me produce alguna desconfianza. No obstante, no hay más cera que la que arde y con estos mimbres habrá que sacar esto adelante.

A propósito de las crónicas revisadas, diré que me llama la atención que todas comienzan por analizar al ganado lidiado en cuanto a su presencia y juego y enseguida pasan a dejarnos saber la manera en la que se condujeron los varilargueros y dejan para el final la narración de los hechos de los matadores. Quién te ha visto y quién te ve…, hoy se deja para un apartado final – la ficha – algún breve juicio sobre el toro, con mucho énfasis en el peso que dio al llegar a la plaza. Sin duda, la narrativa de la fiesta sale perdiendo con esa nefasta costumbre.

También controversia por la actuación de Vicente Segura

Tanto Don Prudencio, como K. CH. T. coinciden en que la actuación del torero de Pachuca fue desastrosa. En una de las cabezas de su crónica, el primero de los nombrados dice: Segura a la altura del barro…; el segundo resume la actuación del pachuqueño así:
El diestro de Pachuca tuvo una mala tarde. Poco lucido estuvo con el capote y el gesto siniestro de la jindama se dibujó en su rostro al muletear a su segundo toro, en el que había tela para dibujar, pintar, calar, etc., pero el millonario equivocó la faena y dejó dormida la muleta, entre tanto, las «nanas» «Pulga» y «Pepín», descompusieron al torito que murió en manos de Vicente de una estocada baja. ¿Con las banderillas? Si el capote y la muleta no lucen manejadas por el pachuqueño, mucho menos lucen los garapullos. Puso un par medianejo, entrando y saliendo regular. En su abono: toreó con dos primeras figuras del toreo, sin llegar él todavía ni a la mitad del camino. Apláudale el público su afán de alternar con buenos toreros…
En cambio, Latiguillo se deshace en elogios para quien sería después General del Ejército Mexicano y afirma:
Vicente Segura adelanta, adelanta a ojos vistos. Su toreo se hace más afiligranado, su conocimiento de las condiciones de los toros es más perfecto, y su manera de arrancarse a matar se hace más verdad cada día, y eso que tirios y troyanos le han reconocido a este diestro una decisión admirable para meterse entre los pitones, buscando el morrillo con el estoque… En quites estuvo, como siempre, muy oportuno, y los remató con holgura y elegancia. La buena voluntad del diestro pachuqueño ha quedado ayer demostrada de una manera patente cuando cogió banderillas. Hasta la fecha, Segura no había banderilleado toros, y ayer, cuando el público se lo pidió, el espada, sin andarse con repulgos, cogió los palos y demostró habilidad…
Vicente Segura es reconocido históricamente como uno de los grandes estoqueadores que México ha dado a la Fiesta, pero su habilidad con los aceros fue cuestionada así por Don Prudencio:
Una vez más el millonario toreador, nos demostró que se ha equivocado redondamente al elegir como profesión el toreo, el cual, por lo visto, no le entra en la cabeza, y que lo de seguro estoqueador, ha sido sólo un mito, una fábula que él con demasiada candidez se ha creído. ¿Estoqueador seguro? Puede ser, pues en la corrida de autos aseguró a sus enemigos sin fastidiarnos, sí señor. ¡Pero cómo los aseguró! Yéndose descaradamente a los bajos y no de otra manera, perfilándose fuera del pitón derecho y abandonando el planeta aún antes de tocar con la espada la piel de los toretes que le cupieron en suerte. ¡Excelente matador!...
Al final y con el balance de la historia, no me queda más que creer que en extremo, esta tarde fue una de las malas para Vicente Segura, quien en ruedos españoles y mexicanos dejó leyenda de torero valiente y de un extraordinario estoqueador.

Los hitos de Gaona

Apenas ocho meses antes, Rodolfo Gaona había confirmado su alternativa en Madrid. Sus habilidades eran ya conocidas aquí por su paso y desarrollo como torero en la Cuadrilla Juvenil Mexicana que formara Saturnino Frutos Ojitos, llevando como espada principal al de León de los Aldamas. Esos antecedentes le aligeraron las cargas que toda presentación genera a un torero. 

En esta tarde cortaría, según la relación de Latiguillo, una oreja al primero de su lote. De su crónica extraigo lo que sigue:
Gaona se ha revelado ayer, y parodiando una «becqueriana» del Bajío diré: «Ayer lo vide entre los toros…». No cabe duda que hay toro y torero de verdad y para rato. Bullicioso, animado, ganoso de palmas y ansioso de pelea, el diestro leonés toreó a su primero con tres verónicas petronianas, un farol y tres de frente por detrás, engendradas y rematadas con muchísima guapeza. De éstas sólo él sabe el secreto. El público, que está pendiente de lo que hace este muchacho, le aplaude con ruidosas ovaciones al rematar cada uno de sus lances, y al final le tocan música, muy merecidamente… El leonés se aprovecha perfectamente de las condiciones del toro y hace una faena de las que ponen de pie. Sus pases ayudados no tienen desperdicio y son magistrales, por lo tranquilos y ceñidos, sus pases de pecho. Realmente mientras Gaona trastea a su adversario, puede apreciarse toda la elegancia innata que imprime a todas las suertes que ejecuta y que viene a ser el sello de personalidad, con que visa cada uno de sus arrestos… Cuadrado el toro, y en la suerte natural, entra Gaona sin vacilaciones, por derecho, vaciando divinamente y colocando el estoque hasta lo rojo en la mitad del morrillo. Una estocada con todas estas condiciones, tiene que ser de rápido efecto, y así sucede, doblando el toro momentos después de herido y cobrando Rodolfo una gran ovación mientras da la vuelta al ruedo… De la ovación que se le tributó al torero mexicano, se puede juzgar, con decir que se le cortó la oreja al bicho y se le concedió al leonés como el galardón supremo y merecidísimo…
¿La presentación en sociedad de la gaonera?

De lo transcrito deseo hacer notar una parte, la que dice: …el diestro leonés toreó a su primero con tres verónicas petronianas, un farol y tres de frente por detrás, engendradas y rematadas con muchísima guapeza…

Generalmente se admite como fecha de estreno de la gaonera por su autor en El Toreo, la del 23 de enero de 1910, festejo en el que ante toros del Marqués del Saltillo actuaron mano a mano Tomás Alarcón Mazzantinito y Rodolfo Gaona. Se afirma que como matador de toros, El Califa la realizó por primera vez allí ante el toro Pinalito, cuarto de la tarde. Así lo sostiene Horacio Reiba Alcalino y afirma la existencia de alguna noticia de que la ejecutó como novillero en Monterrey, en 1906. Por su parte, don Luis Ruiz Quiroz señala que también como novillero integrante de la Cuadrilla Juvenil, la había realizado ya en el coso de La Condesa el 10 de septiembre de 1907, cuando para lidiar novillos de Atenco y Piedras Negras, fue acartelado con Antonio Ortega.

La realidad es que Latiguillo advierte que ejecutó en este día el lance de frente por detrás, nombre histórico de la suerte, igual como lo hizo en su día Dulzuras, al narrar la corrida del 28 de marzo de 1910, en la plaza de la Carretera de Aragón para el ABC madrileño, cuando ejecutó la suerte ante el toro Sardinito tercero de los de Benjumea jugados esa tarde, en la que alternó con Vicente Pastor y Gallito.

Ya sabemos que la definitiva denominación de la suerte la estableció Don Pío, quien independientemente del antecedente histórico de la suerte, consideró que por la manera tan personal en la que Gaona la ejecutó, debía llamarse gaonera y así es como ha llegado hasta nuestros días.

El Gallo

Donde las crónicas coinciden, es en que la actuación del entonces Gallito fue redonda. Sobre ella afirma K. CH. T.:
Actuaron «Gallito», Segura y Gaona. El primero llegó al ruedo ganoso de aplausos y con sus vistosos lances supo arrancarlos en buena ley; con la muleta trasteó con inteligencia y pupila, y las faenas de sus tres toros fueron muy aplaudidas. En quites entró con oportunidad y se mostró muy buen compañero. Al entrar por uvas no se desvió de la recta y estuvo certero con el estoque…
Toritos de regalo

La función que me ocupa fue extensa, pues en ella se lidiaron nueve toros, los seis de lidia ordinaria y otros tres de regalo. A los cronistas invocados eso les produjo también sentimientos encontrados. En El Imparcial, Latiguillo alaba lo que considera la generosidad de la empresa y los toreros:
Y como apenas ha pasado una hora y cuarto de que empezó la corrida, al momento en que es arrastrado el sexto toro, y como la empresa de «El Toreo» es empresa que no se para en gollerías del toro más o menos para dar gusto al público, hete aquí que el público pide un toro más, que la empresa lo regala de buen grado… [Vicente Segura…] A su vez, hace gala de desprendimiento y de deseos, y regala un toro que ocupa el octavo lugar… En su último toro, que fue el «criminal» aquél de la fea lidia y peores instintos, Rodolfo trasteó con precauciones…
Por su parte, Don Prudencio en El País señala.
Por condescendencia del señor concejal que presidió ayer la corrida, se lidiaron nueve toros, o sean tres más de los anunciados, con lo cual se infringe el Reglamento en vigor, que claramente dice que no podrán lidiarse más toros que los anunciados, y sobre este particular bueno será que la autoridad competente ponga el remedio…

La gaonera, por Rodolfo Gaona
Ya podemos ver que la manía de regalar toros no es enfermedad de estos tiempos, sino que ya hace más de un siglo que se convirtió en inveterata consuetudo… ¿Será por eso que los tres cronistas consultados concluyen en que el festejo – 18ª del ciclo – fue el mejor de esa temporada a esa fecha?

Así vemos que cada cartel, aparte de anunciarnos o recordarnos la celebración de un festejo, nos puede revelar también la manera en la que la Fiesta era vivida en esos días. Lo que intenté contarles aquí, es la historia detrás del cartel y del estado de las cosas de los toros en esos días. Espero que pese a su extensión, la encuentren de interés.

Nota primera: Si alguien desea obtener la transcripción íntegra de las crónicas invocadas aquí, puede solicitármelas mediante algún comentario aquí mismo, o por correo electrónico.

Nota segunda: El resaltado en la crónica de Latiguillo no existe en su versión original, es imputable exclusivamente a este amanuense.

domingo, 2 de junio de 2013

11 de febrero de 1945: La epifanía mexicana de Pepe Luis Vázquez

Pepe Luis Vázquez
(Imagen cortesía del Aula Taurina de Granada)
La décima tercera corrida de la llamada Temporada Hispano – Mexicana 44 – 45 representaba la quinta actuación de Pepe Luis Vázquez en el viejo Toreo de la Ciudad de México. Las crónicas reflejan que en las cuatro tardes anteriores había dejado muestras de su buen toreo, pero por algunas causas – principalmente, los toros – no había justificado aún el predicamento que precedió su llegada a esta tierra y que le hacía encabezar el elenco de toreros españoles que volvían a nuestras plazas después de una suspensión de relaciones taurinas que se inició en Madrid, en mayo de 1936.

Cagancho, Antonio Bienvenida, Gitanillo de Triana y Rafael Ortega Gallito ya se habían presentado también ante la afición capitalina y no habían tenido ocasión de poner sobre la arena las virtudes que atesoraban. Por su parte, Pepe Luis Vázquez en sus anteriores comparecencias pudo dejar constancia de su calidad, aunque sin redondear. Eso motivó que se le empezara a comparar con otro ilustre paisano suyo, Chicuelo, afirmando que requería de un tipo de toro bien determinado para poder lucir.

Para el 11 de febrero de 1945, Tono Algara anunció la presentación de la ganadería de Piedras Negras, cuyo encierro sería lidiado por Pepe Luis Vázquez, Rafael Ortega Gallito y Luis Procuna, que era uno de los triunfadores que la temporada había producido y que el domingo anterior le cortara el rabo a Cabrillo de Pastejé y ante el que, haciendo gala de su inventiva, realizara por primera vez el pase por alto que en ese día se llamó procunesa y que pasaría a la posteridad como la sanjuanera.

La corrida que me ocupa hoy estuvo a punto de ser suspendida por causa del viento que sopló toda la tarde. La crónica de Francisco Montes, publicada en el número 115 del semanario La Lidia, aparecido en la capital de México el 16 de febrero de ese año, refiere lo siguiente acerca de esa contingencia:

Minutos antes de que el reloj de la plaza marcara las cuatro de la tarde, la Empresa, por medio de unos cartelitos consultó con los asistentes si se daba la corrida en esas condiciones o si se dejaba para el lunes a las cinco de la tarde (ya que el peor enemigo de las corridas de toros es el mofletudo Eolo que además de poner en inminente peligro la vida de los lidiadores, desluce lógicamente todo lo que se intenta); pero siendo la respuesta afirmativa, la Autoridad ordenó hicieran el paseo las cuadrillas capitaneadas por Pepe Luis Vázquez, que vestía de obispo y oro; Rafael Ortega “Gallito”, de azul rey y oro y Luis Procuna, de verde nilo y plata; el paseo es frío y a tono con la tarde…

Ante los toros de Tlaxcala, fue cuando la afición de la capital mexicana pudo apreciar en toda su extensión la tauromaquia del torero del Barrio de San Bernardo. Fue su faena al cuarto toro, Anillito, número 13, negro bragado, que Pepe Luis Vázquez pudiera expresar su profunda tauromaquia. De la citada crónica de Francisco Montes, transcribo estas ideas:

Su segundo enemigo se llamó “Anillito”, número 13, negro, bragado, listón y capacho; el diestro de San Bernardo, molestado por el vendaval, pero imponiéndose a las circunstancias logró dos magníficas verónicas que remató con media estupenda, siendo muy ovacionado. En los quites “Gallito” derrochó valor y voluntad recibiendo palmas. “Bogotá” y Redondo parean con brevedad… Pepe Luis brindó la muerte de su enemigo al ex – presidente de la República de Cuba, coronel Fulgencio Batista que fue aclamado cariñosamente por toda la plaza. El sevillano, molestado por el vendaval, inicia su faena con un pase por alto, se pone la muleta en la mano izquierda y da el primer natural movidillo, para continuar con otros estupendos, naturales clásicos, siendo el tercero de la serie imponente y superior: un dechado de bien torear. La serie de naturales la liga con el auténtico pase de pecho y la ovación estalla tempestuosa, la música toca en su honor; sigue toreando en la misma forma, toreo serio, hondo, señorial, majestuoso, que hace de la plaza un manicomio; sigue su faena con la mano derecha en plan de escándalo, luchando continuamente con la sosería del burel y molestado por el viento que no ha dejado de soplar un solo instante; una gran faena, una estupenda faena que coronó con una estocada delanterilla que fue suficiente para mandar al destazadero al burel de Piedras Negras, un apéndice; la ovación es apoteósica, las palmas y la música acompañan la vuelta al ruedo del diestro sevillano, quien ha logrado cortar su primera oreja en “El Toreo” de México con una faena en la que tuvo que imponerse a los elementos… Los enemigos gratuitos del diestro de San Bernardo deben estar rabiando, ya que no podrán seguirle llamando “el torero del detalle”, pues su faena fue grandiosa y en circunstancias adversas para el torero; un triunfo meritorio que aunque lo deseen, no podrán negar sus detractores…

La relación que hace Francisco Montes nos refleja el impacto que causó la expresión íntegra de la tauromaquia de Pepe Luis Vázquez, dejando ver en su redacción, la emoción del cronista al poner en blanco y negro la impresión que su actuación le causó.

Una semana después, en el mismo semanario La Lidia, don Luis de la Torre El – Hombre – Que – No – Cree – En – Nada, reflexiona sobre esta actuación y creo que al margen del calor del momento, desentraña la esencia de la actuación del torero de San Bernardo. De su comentario, entresaco lo que sigue:

“Cuatro veces anteriores había dejado solamente el agridulce sabor en detalles fulgurantes de su arte personal, con la esperanza de que al fin destapara el frasco de la esencia pura de su toreo, tal como aconteció hace años con Manuel Jiménez, el torero de la Alameda. Y fue en esta tarde huracanada, cuando el viento en su furia incontenible se empeñó en impedir todo lucimiento, en la que Pepe Luis Vázquez, luchando abiertamente con el desatado elemento, luciera por primera vez en plenitud completa la maravilla del toreo clásico por excelencia. Fueron solamente en cantidad de nueve o diez los muletazos que a media plaza, sin buscar abrigo ninguno libertador del vendaval, los que dieron el triunfo definitivo al pequeño torero sevillano. Pero, ¡qué muletazos! Citando de frente y a distancia al burel para aguantar su acometida, empapándolo en los vuelos de la muletilla y engranar de esa guisa el verdadero toreo en redondo, rematado magistralmente con el auténtico forzado de pecho, ese muletazo de asombro que desde la época de Belmonte no habíamos vuelto a presenciar en toda su magnificencia. ¿Y después? Otra maravillosa serie de muletazos al natural rematados con un molinete doble en la misma cara de la res, esquivando así la acción del viento huracanado. ¡Asombroso! Una faena, más bien dicho, un FAENÓN clásicamente puro, coronado más tarde, ya en medio del entusiasmo general, con media estocada que hiciera a la res clavar las astas en la arena, para morir fulminada a los pocos instantes… La hazaña de Pepe Luis es de las que consagran. ¡Obligados estamos a entonar el “mea culpa” aquellos que supusimos no dejarían mayor recuerdo que sus detalles de oro purísimo en sus pasadas actuaciones! Lástima me causa escuchar en labios de viejos aficionados, conocedores de estos menesteres, frases tendientes a demeritar la que ha sido por todos conceptos la mejor faena de la temporada, por su auténtico clasicismo y belleza incomparable. Belmonte con un toro del Marqués del Saltillo (enero 22 de 1922) y “Chicuelo” con “Dentista” (octubre 25 de 1925), han vuelto a aparecer, gracias a Pepe Luis Vázquez, en el coso de la Condesa…

El anuncio del festejo en La Lidia
De estas reflexiones creo que vale la pena resaltar dos hechos, primero, el que sin buscar abrigo del viento, Pepe Luis Vázquez realizó una faena descansada en el pase natural y después, que con esa entregada actuación, entró en definitiva en el gusto de la afición de la Ciudad de México.

Por el resto del festejo, Luis Procuna cortó el rabo al sexto, Peregrino y Gallito saludó tras la lidia del segundo, Fistolillo. Al descabellar al sexto, Gallito se luxó el hombro derecho, pero pudo concluir su labor y por su pie se trasladó a la enfermería a ser atendido. 

Para Pepe Luis Vázquez, el gran triunfo en México vendría un año y seis días después, cuando en corrida nocturna, alternando con Manolete y de nuevo, Luis Procuna, cortara el rabo al toro Cazador de Coaxamalucan, en lo que resulta ser uno de los festejos míticos de nuestra historia taurina reciente y de la que ya me he ocupado aquí mismo en una entrada anterior.

Con este recuerdo de la tarde en la que manifestó su grandeza a la afición mexicana, expreso mi reconocimiento a la trayectoria de Pepe Luis Vázquez, quien entrara en la inmortalidad hace unos días.

Aclaro: Los resaltados en los textos transcritos no corresponden a sus originales, son responsabilidad exclusiva de este amanuense.

martes, 21 de julio de 2009

21 de julio de 1929: Se lidian toros mexicanos por primera vez en España

Corresponde a la ganadería de Piedras Negras el honor de ser la primera vacada mexicana en cruzar el Atlántico con sus toros y presentar en una plaza española los productos del esfuerzo hecho en el campo bravo de Tlaxcala a partir primero, de una variopinta base genética y ya en la fecha de la presentación, con un par de décadas de trabajo con ganados del Marqués del Saltillo. Pero del origen de Piedras Negras he hablado en otra parte de este mismo espacio, por lo que en todo caso, les invito a que se dirijan allí, para cualquier precisión sobre ese particular.

El ganadero de Piedras Negras en la fecha era don Wiliulfo González, quien prácticamente acababa de obtener la titularidad de esta vacada fundacional, pues su tío Lubín había fallecido apenas en noviembre del año anterior. Así pues, los toros que fueron a España, con mayor precisión a San Sebastián, para ser lidiados en su histórico ruedo de El Chofre.

El diario madrileño El Siglo Futuro, del día 13 de junio de 1929 publica lo siguiente:

LAS CORRIDAS DE SAN SEBASTIÁN

Se ha ultimado la combinación de las corridas de San Sebastián. El señor Pagés ha facilitado la siguiente lista:

21 de julio. Corrida hispanoamericana; cuatro toros de Piedras Negras y cuatro de Clairac para Marcial Lalanda, Gitanillo de Triana, Manolo Bienvenida y Heriberto García.

11 de agosto. Ocho de Graciliano Pérez Tabernero para Chicuelo, Valencia II, Félix Rodríguez y Barrera.

15 de agosto. Ocho de los herederos del duque de Tovar para Márquez, Félix Rodríguez, Niño de la Palma y Barrera.

Día 18. Seis de Concha y Sierra para Manolo Bienvenida y dos diestros no designados.

Día 25. Concurso de ganaderías para Márquez y dos diestros no designados
.


Como podemos ver, no se lidió un encierro completo, lo que me sugiere – a falta de referencias directas sobre el tema - que los toros enviados por Wiliulfo González no soportaron el viaje por barco y los que salieron a la plaza, no tuvieron tampoco el tiempo necesario para reponerse de éste, dadas las crónicas que relatan el juego que dieron, porque de lo que no me cabe duda, es que el ganadero envió a España lo mejor de sus dehesas.

El cartel hispanoamericano anunciado se complementó con dos incentivos más, que la corrida se ofreció en beneficio de la Asociación de la Prensa Donostiarra y que al final del festejo, el novillero estadounidense Sidney Franklin mató un novillo de Flores.

La primera relación concreta que conocí sobre este asunto es la que deriva de la conversación entre la señora Susana González y González - hija de don Wiliulfo - y la bibliófila Gabriela García Padilla, recabada en el libro Piedras Negras. Bravura con abolengo. En la página 53 de la obra se dice lo siguiente:

El 21 de julio de 1929 se lidiaron por primera vez toros mexicanos en un ruedo español; fue en San Sebastián donde cuatro Piedras Negras y cuatro de Clairac fueron estoqueados por Marcial Lalanda, Cagancho, Manolo Mejías Bienvenida y Heriberto García. Los astados de Piedras Negras "se comportaron bien y fueron de excelente presentación", según el conocido comentarista español Tomás Orts, en su anuario Toros y Toreros de 1929.


Más adelante, en un apéndice escrito en el mismo libro por Luis Ramón Carazo (página 107), se habla de que los toros destacaron por su acometividad y trapío sin citar fuente alguna.

Como podemos ver, en principio, la versión de Uno al Sesgo deja pensar que los primeros toros mexicanos que se lidiaron en España pusieron en alto el listón ganadero de este País, pero al revisar la prensa que relató el festejo en el que participaron los toros de Piedras, me encontré con otra realidad.

Aunque con contradicciones de grado, las crónicas reflejan que el resultado del festejo no fue, para el ganadero mexicano, lo que hubiera apetecido. Sus toros no funcionaron como se dice en el lenguaje de uso corriente hoy en día y los de Clairac que completaron la función al parecer, si cumplieron. En lo que coinciden las relaciones, es que los toreros – Marcial Lalanda, Cagancho, Manolo Bienvenida y Heriberto García – se vieron, desganados unos y embarullados otros, cumpliendo apenas.

La reseña contenida en el diario El Siglo Futuro de Madrid, del 23 de julio, es del tenor siguiente:

…Con gran entusiasmo se celebró la corrida a beneficio de la Asociación de la Prensa. La plaza, adornada con tapices de la Real fábrica, ofrecía magnífico aspecto. Ocuparon la presidencia señoritas de la aristocracia y de la colonia americana, asesoradas por el duque de Hornachuelos.

Entre los concurrentes se encontraban el ministro de Economía, el doctor Asuero, comandante Franco y representaciones numerosas de las colonias americanas.

Los toros mejicanos, de Piedras Negras, mansos y burriciegos; los de Clairac, cumplieron, dejándose torear bien…


Por su parte, el diario ABC, en su edición madrileña de la misma fecha refiere lo siguiente:

…Se celebró ayer la anunciada corrida hispanoamericana a beneficio de la Asociación de la Prensa, de San Sebastián.

La plaza, profusamente adornada con banderas de las Repúblicas americanas y de España y numerosos y elegantes tapices de la Real fábrica.

Entrada, casi un lleno.

Presidieron diez bellas y aristocráticas señoritas, asesoradas por el duque de Hornachuelos.

Se lidiaron, cuatro toros mejicanos de Piedras Negras, que, en general, resultaron sosos, y después otros cuatro de Clairac, bravos y muy finos, por los diestros Marcial Lalanda, Cagancho, Heriberto García y Manolo Bienvenida, y, finalmente, uno de Flores por Sidney Franklin...

Como podemos ver, en tanto que la versión de El Siglo Futuro habla de toros mansos y burriciegos, el ABC solo se refiere a la sosería de los piedrenegrinos, aunque en la comparación con los de Clairac el primero de los diarios solamente los tiene por cumplidores en tanto que el ABC los llama finos y bravos, lo que me sugiere que los de Piedras no se habían recuperado del viaje por barco a la fecha de su lidia y en general, estas dos versiones, en nada coinciden con la que publicó al final del año Uno al Sesgo y la que sin mencionar fuente, cita Luis Ramón Carazo.

Con disgusto, porque quisiera recordar una tarde de triunfo de los toros mexicanos en España, pero también en honor a lo que parece ser la verdad, transcribo lo que me parece esencial de la descripción de los toros y su comportamiento en la crónica del festejo publicada por quien firma como Juanito Sincero, en el diario El País Vasco, de San Sebastián, el día 23 de julio de 1929, misma en la que lapidariamente dice lo siguiente:



No teníamos esperanzas de que los toros de Piedras Negras, traídos de Méjico para la corrida de anteayer fuesen buenos. No creemos en los toros de Méjico, como apenas hemos podido creer en los toreros mejicanos, salvo un caso. Además, ¿traer toros de Méjico a la tierra de los toros bravos, a la tierra de dónde los llevan a Méjico?...

…Nadie, entre los siquiera medianos entusiastas de la fiesta taurina, ignora que a estos toros les llaman los toreros “toros de esparto”, es decir, ordinarios, sin codicia, blandos, carentes de temperamento de fiera brava para la lidia… Y, por añadidura, dos de ellos resultaron casi ciegos...

…El público no tuvo tragaderas como para tolerar – ¡este buen público donostiarra que jamás protesta a los toros! – que de los cuatro bichos, tres resultaran blandos y sobre todo, mansos. Y a los tres los silbó furiosamente al ser arrastrados.


Digo que cito esto con pena, porque no obstante todo el esfuerzo que desde 1874 realizaban los señores González de Tlaxcala -y don Wiliulfo especialmente en ese momento- en la crianza del toro de lidia y particularmente en los 20 años anteriores con la base genética de Saltillo, los esfuerzos no se vieron coronados, ni con la posibilidad de lidiar un encierro completo, ni con la fortuna de que los toros jugados, dieran lustre a la divisa que en México, es legendaria por los grandes triunfos que ha permitido tanto a sus criadores, como a los toreros que se han puesto delante de sus toros.

Casi 60 años después, en Madrid, sucedería algo similar, con la presentación de la otra ganadería prócer en México, San Mateo, que tampoco pudo lidiar completo su encierro en la tarde de la confirmación madrileña de la alternativa de David Silveti y tampoco pudo tener una tarde de grandes triunfos en la principal plaza del mundo, aunque meses antes su divisa luciera principalmente por la movilidad de los toros en Huelva.

Así es la historia, aunque no nos guste su sentido, pero el hecho que la hace y la hace interesante, es que hoy se cumplen 80 años de que por primera vez, se lidiaron toros mexicanos en España.
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