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domingo, 9 de septiembre de 2012

Otra vez el mismo bolero...

Ignacio Sánchez Mejías

En noviembre de 2010 la editorial Berenice sacó a la luz la primera edición de la obra Sobre Tauromaquia, en la que el profesor de la Universidad de Sevilla Juan Carlos Gil González realiza un estudio introductorio y una antología de la obra periodística, las conferencias y las entrevistas realizadas a Ignacio Sánchez Mejías. No es mi intención en este momento el comentar la obra – que llegó a mi poder apenas hace un año –, sino únicamente señalar que dentro de la antología de textos en ella presentados, se encuentra un artículo del torero sevillano publicado en la edición de El Heraldo de Madrid correspondiente a la noche del 31 de mayo de 1929, titulado Los nuevos sentimentales".

Ese artículo creo que hoy cobra nueva actualidad a propósito de aquellos – las mismas voces de siempre – que se quejan porque la televisión pública de España – pagada por cierto por todos los españoles – volvió a transmitir festejos taurinos después de seis años de no hacerlo y exigen que los toros sean expulsados de su contenido programático. Por esa razón, me parece interesante poner a su consideración el artículo en su integridad, pues salvo algunas cuestiones mínimas de referencia temporal, las reflexiones que en su día hizo Ignacio Sánchez Mejías, valen hoy como ayer.

Crónicas de Sánchez Mejías 
Los nuevos sentimentales 
La mayoría de las personas que se dedican a todas estas cosas relacionadas con la protección de animales y plantas son al sentimiento lo que los nuevos ricos a las costumbres y gustos aristocráticos. Los nuevos ricos tienen la ventaja sobre los nuevos sentimentales de que en toda hora se pueden vanagloriar del esfuerzo que representa su ahorro, mientras el estado de nuevo sentimental es debido a mala interpretación, a ignorancia de los más elementales conocimientos éticos y estéticos, cuando no a una simple enfermedad nerviosa. En esta pasada feria de Sevilla, una señora, inglesa o norteamericana, no sé, se dedicó a ir comprando todos los burros viejos que le salían al paso en el mercado y producirles la muerte aplicándoles una inyección de no sé qué sustancia. Esta señora, que por ocho o diez duros se permite el gusto de matar un burro, no sabe seguramente lo que hace. En buena teoría sólo Dios debe disponer de la vida de los seres que Él crea. La sociedad humana que no se anda con reparos para ahorcar, fusilar o sentar en la silla eléctrica al ciudadano que le estorba, no se atrevería nunca a ir por los asilos y por las casas asesinando viejos con grandes porciones de morfina, por muy penosas que fueran sus existencias. Una sola hora de reposo al sol, en la vejez de una persona o un burro, merece el más caritativo respeto de todo corazón humano. Allí donde el nuevo sentimental creía evitar una desgracia atropellaba el derecho del burro a vivir su vida. Esa vida llena de filosóficas meditaciones con que un burro debe contemplar alegremente el penoso pasado, en su vejez, sobre un mullido manchón de lirios, cara al firmamento, harto de hierba fresca, en perfectas condiciones de gozar de la felicidad, desde el exquisito bocado de carretón hasta el descubrimiento de una nueva teoría astronómica. 
Nada tendríamos que exponer (aparte de nuestra disconformidad con esos atentados contra la vida de esos animales pacíficos) si estos nuevos sentimentales no se hubieran situado frente a las corridas de toros de una manera injusta e improcedente. Yo no pretendo obligarlos a que tengan el buen gusto de admirar las bellezas contenidas en una buena faena de muleta: pero sí creo indispensable destruir, hasta cierto punto, su ignorancia sobre la materia. El toro (única víctima segura de este espectáculo) es una fiera. Esto no lo sabe nadie de la Sociedad Protectora de Animales y Plantas. 
El toro es una fiera. El toro es una fiera que le puede al león, al tigre, a la pantera y que además no sirve para nada. Es decir, sólo sirve para dar vida a las creaciones artísticas que se verifican en su lidia. La ignorancia sobre esta materia produce toda una historia de sucesos extravagantes donde promiscuan lo insensato y lo ridículo. En uno de mis viajes a Méjico, a mi paso por Nueva York, fui invitado a comer por Blasco Ibáñez. De sobremesa hablamos de estas cosas. Yo le di noticias de una proposición que me habían hecho aquella misma mañana. De ella ya habló Fernández Flórez en «ABC». Era la siguiente: un empresario neoyorkino, acompañado de mi amigo Carlos Folache, se presentó en mi hotel para que torease 15 funciones en no sé que teatro. Como explicación a sus palabras me vino a decir: «El Relicario es hoy día la fiebre de Nueva York; ¿se compromete usted a hacer El Relicario? Al fondo, un decorado de la plaza de toros; en la boca del escenario, una tupida red de acero que impida que el toro salte al público; una calesa, unos toreros, una española con mantilla, un capote a los pies de la española, una barrera, el brindis, el toro, la cogida». Carlos Folache iba traduciendo. Mi gesto debió ser de sorpresa. El empresario (que pertenecía a la Sociedad Protectora de Animales y Plantas) salió al paso de ella. «Dígale que el mejor médico de Nueva York estará listo entre bastidores. Nos conviene que sea el mejor, el más conocido, porque su nombre servirá de propaganda y de garantía del peligro». Blasco Ibáñez se reía mucho. «No le extrañe - me dijo -; son cosas que solo aquí pasan». Una señora, esposa de una personalidad célebre del mundo de los negocios ponía a mi disposición 200.000 dólares para fundar un periódico en España (ojo) y emprender una campaña contra las corridas de toros. Creen, entre otras cosas, que el toro es un animalito pacífico a quien se obliga a embestir, quitándole de las labores agrícolas. Me ha contado el cónsul que, no hace muchos días, al llegar a este puerto un trasatlántico español, que transportaba una corrida para Méjico, los encargados de la sanidad querían que se sacasen los toros de los cajones para vacunarlos contra la glosopeda. El vaquero que venía a su cuidado se llevó las manos a la cabeza y, de no intervenir el capitán del barco, ya estaban dispuestos los empleados sanitarios a sacar los toros por su cuenta. 
Debieron hacerlo, fue una ocasión desaprovechada. 
Aquella corrida, suelta por las calles de Nueva York, hubiese demostrado la fiereza del toro y hasta justificado el toreo y el torero. El toro de lidia que se da en España no se deja uncir al yugo de la carreta o del arado. Esa teoría de utilidad restada a las faenas agrícolas es una tontería que sólo cabe en la cabeza de uno de estos nuevos sentimentales. 
Quizá, dada la ingenuidad extranjera, encuentren un argumento para su teoría en el relato que el marqués de Benavite hace en su libro «Fiestas de Toros» de lo sucedido a Santa Teresa en uno de sus viajes. Parece ser que un toro embistió a la santa en medio de una carretera, y la santa, con esa repajolera gracia torera de que estaba dotada (el proceso de sus fundaciones habla mucho a favor de su mano izquierda), paró la embestida y, como si rematara la suerte, acarició la cabeza del toro (1). Pero esto mismo fortalece mis argumentos y debilita los suyos. Si el toro no fuera una fiera no se hubiese realizado el milagro. A las razones incontrovertibles de orden humano hay que añadir esta otra de orden divino, y si todavía dudase alguien de la fiereza del toro español, que me de su nombre, y yo, con un toro, le convenceré fácilmente de lo que quiero demostrar; es más: la forma de matarlo constituye un arte exclusivo de nuestra raza, que tiene en sí tales valores de orden estético que incluso justificarían su existencia, en el caso en que el toro tuviera unas cualidades pacíficas, de que carece. De esto hablaremos más adelante, y como las dimensiones de este artículo no nos permiten más razones, dejemos para otro la demostración de que la muerte del caballo y del hombre en las corridas de toros son accidentes, sucesos antirreglamentarios, que nada pueden probar en contra de ellas. 
Ignacio Sánchez Mejías 
(1) Asistieron a esta faena realizada en Duruelo, como espectadores, la monja Antonia del Espíritu Santo y el venerable Juan de Ávila. (Página 17. "Bosquejo Histórico". Marqués de San Juan de Piedras Albas.)

Las reflexiones no provienen de un sesudo estudio de gabinete o de un charlista de café. Ignacio Sánchez Mejías fue torero y perdió la vida en las astas de un toro, entonces, sus razones derivan de la experiencia vivida, no de la mera suposición, pero como podemos ver, los argumentos en contra de la fiesta son casi los mismos y casi desde siempre.

Espero que esto les haya resultado interesante.

Aclaración: Los resaltados en el texto transcrito, son imputables exclusivamente a este amanuense.

domingo, 15 de enero de 2012

La forma es también fondo...


Durante el tránsito de la pasada semana, poco se movieron las aguas en torno a las pretensiones – apegadas a la legalidad, por cierto – de los fabulosos hombres G a propósito de la difusión televisiva de sus actuaciones. La única información con cierta sustancia, fue la generada por la reunión sostenida por Simón Casas, empresario de Valencia, con Javier Folqué, quien se manifiesta como Chief Executive Officer (CEO) de All Sports Media (ASM), la empresa gestora de los derechos audiovisuales de los toreros involucrados en este asunto.

La reunión, según la versión de Casas, le proporcionó datos generales y de concepto sobre el asunto y algunas cifras, pero según su propio dicho, tendrá que hacer cuentas para medir la viabilidad de lo que se le pide y por lo mismo, tendrá que retrasar el anuncio de la Feria de Fallas, previsto originalmente para el viernes 20 de enero, dado que el día 18 tendrá una segunda reunión con ASM para presentar la versión definitiva de lo que está en aptitud de ofrecer.

No obstante, habrá que tomar en cuenta algunas informaciones, producidas también en el entorno de la empresa valenciana y que pueden dejar claro el rumbo que va tomando esto. Un día antes de la reunión de Simón Casas con ASM, Santiago López declaró a una emisora de radio que: 

...la cuerda no podía estirarse más de la cuenta… pase lo que pase habrá feria y si no están las figuras habrá otro tipo de atractivos. A lo mejor se trae otra clase de ganaderías, de las llamadas duras, que también tienen mucha aceptación en el público de Valencia.  

Eso me hace pensar que se tiene dispuesto ya un plan de contingencia para el caso de que no haya entendimiento.

Algunas contradicciones más en este asunto


Facsímil de la nota de prensa de la Unión
de Toreros
del 27 de octubre de 2010
Lo que sigue metiendo ruido a todo esto es lo siguiente, desde mi punto de vista. En el mes de octubre pasado trascendió que la Unión de Toreros estaba en negociaciones con una empresa para cederle los derechos de imagen de los toreros afiliados a ella. Por nota de prensa fechada el 27 de ese mes, la referida Unión negó haber cedido esos derechos y señaló que únicamente se recibió a los representantes de una empresa especializada, sin celebrar contrato alguno con ella.

El 10 de enero de este 2012, otra nota de prensa de la misma Unión de Toreros comunica que pone a disposición de sus afiliados los servicios de ASM para que gestione sus derechos de imagen. Y agregan: 





La novedad y la ambición del proyecto no están exentas de riesgos. Más aún cuando la concentración empresarial del sector taurino puede ejercer presiones sobre los propios matadores. Y, en particular, sobre los toreros que se encuentran en posición menos sólida. Es la razón por la que el proyecto arrancará inicialmente con el compromiso adquirido por las principales figuras del escalafón...

Más no explican la manera en la que cubrirán los derechos de los que están en posición menos sólida, tampoco lo hacen respecto de los derechos de los subalternos y mucho menos acerca de los que indudablemente corresponden a los ganaderos. Más bien da la impresión que las diez cabezas más notables de la Unión de Toreros se escudaron tras el membrete de ésta, para lograr sus particulares propósitos, importándoles un soberano cacahuate la suerte y los derechos de los demás.

Opacidad

Por otra parte, los interesados directamente en el asunto no han salido al foro para explicar sus intenciones más allá de la escueta nota de prensa del 10 de enero y de una comunicación de ASM, del día siguiente, con una retórica semejante a la de la nota de prensa de la Unión de Toreros y con el único añadido del anuncio de la primera reunión con Simón Casas

Fuera de lo anterior, ninguno de los involucrados ha salido a la luz pública a expresar qué es lo que espera de todo esto. Ninguna cifra se ha manejado. Entiendo que los números precisos son cuestión propia de cada uno de ellos, pero existen números gruesos o porcentuales que pueden dar una idea de la viabilidad de las peticiones y de lo que lo que podemos esperar como desenlace los que estamos fuera de esto. No obstante, los principales interesados son los que menos se interesan en dar la cara y son quienes, creo, tendrían el deber de hacerlo.

Facsímil de la nota de prensa de la Unión
de Toreros del 10 de enero de 2012
Total, que cada quien maneja sus números, sus cifras, y su probabilística acerca del desenlace de este culebrón, pero quienes realmente tienen los datos duros para exponerlos y dejar en claro la justeza y la viabilidad de sus pretensiones, prefieren adoptar la conducta del avestruz. Quizás les resulta más cómodo y más fácil. Allá ellos.

Y que no me salgan que al aficionado no le asiste derecho de saber de esto. Todo el que tiene un abono para asistir a una plaza de toros, el que saca sus entradas sueltas o incluso, el que se suscribe a un sistema de televisión de paga para poder ver los festejos por ese medio, tiene derecho de saber el destino de sus dineros. Así de fácil y así de claro. Por eso los que están en medio de esta rebatinga debieran dar la cara y exponer lo que es y lo que esperan que sea y dejar de tratar a la afición como el capitis diminutio de todo este asunto.





El brindis al sol

Cuando la opinión general reaccionó en contra de la forma escogida para reclamar lo que legalmente les corresponde, los fabulosos hombres G de inmediato respondieron con un gesto demagógico. Ofrecieron al ente público Televisión Española (TVE) el torear seis corridas televisadas sin problema de dinero

Lo interesante aquí es que pretenden lavar su imagen pública a sabiendas de que su oferta no puede ser ni aceptada por TVE, ni cumplida por ninguna de las dos partes, dada la normatividad interna de la televisora pública hispana, pues como se recordará, el Manual de Estilo que se impuso alli hace más o menos dos años, califica a los toros como cuestión sensible y por ello, con todas sus letras, establece que no emitirá corridas de toros.

La forma es también fondo

Nadie que tenga al menos dos dedos de frente puede negar que los toreros – y cualquier persona –, tiene derecho a percibir la utilidad de la explotación pública de su imagen fija o en movimiento. Pero tampoco nadie que tenga esa misma extensión frontal podrá negar que es una verdad tan grande como una basílica el refrán aquél que reza en la manera de pedir, está el dar.

No obstante desde dentro se comenzaron a deshonrar las maneras de hacer las cosas que existen desde tiempos cuando menos de Joselito El Gallo, que es el que institucionaliza el concepto de apoderado como hoy lo conocemos en la persona de don Manuel Pineda, al que encarga de llevarle sus asuntos en los despachos, para poder dedicarse él en cuerpo y alma a jugarse la vida delante de los toros.

Nota de prensa de ASM, 11 de enero
de 2012
Con la intrusión que los fabulosos hombres G decretaron a favor de ASM, se produce un ninguneo a la figura del apoderado del torero. Hoy, ese apoderado queda nulificado para llevar los asuntos de esos toreros ante determinadas empresas, puesto que – Simón Casas dixit – no saben cómo conducirse cuando hay tele de por medio en este estado de cosas. ¿Hubiera permitido Camará que le pisaran así sus terrenos? La verdad, no lo creo.

Por otra parte, nadie me quita de la cabeza la idea de que la actitud actual de los fabulosos G es cercana al concepto de la extorsión. Me resulta indudable que en octubre, cuando anunciaron que trataban con una empresa gestora de imagen, ya tenían preparado un esquema para reclamar sus derechos en una forma distinta a la acostumbrada.

La pregunta que me hago y que me lleva a la respuesta contenida en el párrafo anterior, es la que deriva del comunicado del 10 de enero pasado. ¿Por qué hasta esa fecha? ¿Por qué no iniciar las gestiones en ese mismo octubre, o antes? Tal parece que su intención era arrinconar al empresario de la primera feria importante del año y sacudirlo con los dineros, para así tener el camino allanado con los siguientes. El primero sería el difícil, así que entre menos tiempo tuviera para negociar, más tendría que ceder. Definitivamente, la táctica tiene tintes extorsivos.

Decía don Jesús Reyes Heroles, un notable político e historiador mexicano, que en la vida pública, la forma es también fondo. Los toreros son hombres públicos y como tales, creo que están obligados a guardar las formas en su quehacer, tanto en los ruedos, como fuera de ellos y más aún, cuando se trata de cuestiones relacionadas a su ejercicio profesional.

El cuidado de esas formas implica, la oportunidad, la transparencia y la lealtad en el actuar. Nada menos y en este asunto, esas virtudes creo que han brillado por su ausencia, dejándoles mal parados a ellos y dañando – una vez más – la imagen de esta fiesta tan propensa al vilipendio.

Corolario: Cuando las formas están mal llevadas, el fondo necesariamente será negativo también.

Y por último, lo que si me queda claro a mí es que ninguno de esos fabulosos hombres G me vuelve a sacar de mi casa. Seguro.

domingo, 8 de enero de 2012

¡Que se vayan!


Esta imagen se la tomé prestada a Antoñito Díaz
de Hasta el Rabo Todo es Toro

Durante cerca de 25 años me dediqué a enseñar temas de Derecho Civil en la Universidad. Uno de los que me gustaron, fue el relativo al patrimonio no pecuniario de las personas, discutido por muchos, porque las teorías clásicas – y aceptadas por los más – postulan que solamente se puede entender por patrimonio aquello que es valorable en dinero.

No obstante, como lo sostiene nuestra Suprema Corte de Justicia de la Nación a propósito del resarcimiento de los daños morales, desde las últimas etapas del Derecho Romano, se admitió la necesidad de resarcirlos, inspirado en un principio de buena fe, y a partir del principio de que junto a los bienes materiales de la vida, objeto de protección jurídica, existen otros inherentes al individuo mismo, que deben también ser tutelados y protegidos, aun cuando no sean bienes materiales.

De ahí parte la idea de que existe un patrimonio no pecuniario de las personas, mismo que se compone de bienes como lo serían la propia imagen; nuestros afectos; nuestras creencias; nuestros sentimientos; nuestra vida privada; nuestra configuración y aspecto físicos; nuestro decoro; nuestro honor; nuestra reputación o la consideración que de nosotros tienen los demás.

Por esa razón muchas de las legislaciones que tutelan la autoría de obras, por ejemplo, establecen entre otras cuestiones, que el retrato de una persona solo puede ser publicado con su consentimiento expreso o con el consentimiento del titular de los derechos correspondientes. En esta última situación, se comprende el caso cuando a cambio de una remuneración se deje retratar. La imagen puede ser publicada sin permiso, cuando la persona sea parte mínima de un grupo o con motivos exclusivamente informativos o periodísticos.

De allí que los llamados por Antoñito Díaz como jédiez – yo les llamo los fabulosos hombres G –, hayan puesto precio especial a su imagen televisiva a partir del 8 de diciembre pasado, con la razón jurídica de su lado, porque al final de cuentas, es su propia imagen la que se transmite por la televisión y se hayan tirado a los brazos de una compañía llamada All Sports Media para, desde su punto de vista, intentar reivindicar lo que es suyo.

El problema aquí es de lo que los mercadólogos y políticos llaman de timing y que en correcto castellano, es de oportunidad. Los fabulosos hombres G, con El Juli a la cabeza, anuncian que negociarán, al margen de sus apoderados y a despecho de costumbres y contratos previos, sus derechos de imagen para la temporada que iniciará en un par de meses y eso, a contra reloj, tiene tintes de una verdadera extorsión.

Hace una docena de años, en una ya casi olvidada rueda de prensa celebrada en lo que fuera el Hotel Victoria de Madrid, Joselito y José Tomás hicieron un anuncio similar, indicando que contaban también con El Juli en sus filas. Al final de cuentas, solo los dos primeros, a los que apoderaba Enrique Martín Arranz se mantuvieron en sus trece, pues el de Velilla de San Antonio, saltó del barco y un mes después, se anunciaba con tele para Sevilla, pretendiendo negar incluso su participación en el intento de asonada de los otros dos. Y hoy retoma el tema, porque quizás cree que hay algo que en el año 2000, no estaba allí para él. 

Me enoja la incongruencia con la que se manejan además de El Juli, José María Manzanares, Miguel Angel Perera, Cayetano, Alejandro Talavante, El Fandi, Manuel Jesús El Cid, Morante de la Puebla y Enrique Ponce en estos días en los que la fiesta es objeto de toda clase de ataques, de dentro y de fuera. En estos momentos no necesita esto. No necesita que quienes se ufanan de ser sus principales, se valgan de esa condición para extorsionar con ella y obtener algo más de lo mucho que la fiesta les ha dado.

¿Por qué no hacer el mismo planteamiento a la mitad de la temporada anterior y dejarlo sobre la mesa para preparar la siguiente? De allí que insista en que su actitud es extorsiva, casi gángsteril, indigna desde mi punto de vista, de alguien que quiera llevar el estandarte de figura del toreo.

Por eso, mi proposición es: ¡Qué se vayan! Que en el llamado circuito paralelo – Enrique Martín dixit –, encuentro nombres suficientes para ofrecer carteles y ferias interesantes para el aficionado, aunque quizás no para el público clavelero y la prensa rosa

El pasado 2011 actuaron en ruedos de España, Francia y Portugal 212 matadores de toros. De entre ellos, extraigo una relación de los que creo que no están metidos en este lamentable asunto y ya me dirán sí no se puede hacer algo de interés: Iván Fandiño, David Mora, Curro Díaz, Serafín Marín, Morenito de Aranda, Javier Castaño, Rubén Pinar, Víctor Puerto, Rafaelillo, Matías Tejela, Uceda Leal, Juan Mora, Miguel Tendero, Leandro, Diego Urdiales, Salvador Vega, Fernando Robleño, Luis Bolívar, Oliva Soto, Sergio Aguilar, Joselillo, Jairo Miguel, Juan Pablo Sánchez, Eugenio de Mora, Arturo Saldívar, El Fundi, Jiménez Fortes, Diego Silveti, Iván García, Joselito Adame, Ambel Posada, Raúl Velasco, Andrés Palacios, José Luis Moreno, Ángel de la Rosa, Alfonso Romero, Frascuelo, Fermín Spínola, Ignacio Garibay, Mari Paz Vega, El CalifaPaulita, Guillermo Albán, El Zapata, Calita, Arturo Macías y El Payo. Con este personal, a lo mejor resulta que entre los emergentes, los recuperables y la legión extranjera, nos encontramos con que hay muchas cosas nuevas bajo el sol. De los toros no hablo, que los perjudicados dicen tenerlos cuando menos apalabrados.

Insisto en que lo que reclaman los jédiez les pertenece, pero no es lo mismo cobrar una deuda vencida ante un tribunal con todas las de la ley, que mandar un par de matones a cobrarla a como dé lugar. Y desde mi punto de vista, con su pésimo timing, la actitud que asumieron se parece más a la última, que a la primera.

Por eso, ¡Que se vayan!, considero que hay opciones para ofrecer ferias más allá de la dignidad sin ellos y con la expectativa de dar un aire nuevo a esto.

lunes, 30 de noviembre de 2009

México: Toros y televisión (y II)

Pero Ángel Vázquez también hizo de la televisión un arma al servicio de sus propósitos. Guillermo H. Cantú lo cuenta así:



…A finales de los sesenta… Leodegario Hernández… había firmado un contrato por 25 corridas con el torero dándole un buen anticipo, pero como no pudo organizarlas le pasó a Vázquez el contrato con varias corridas pendientes de cumplir. En el texto se especificaba que las transmisiones de televisión se mantendrían ‘de acuerdo a la práctica usual’, punto que motivó los problemas. La compañía transmitía las corridas por el canal 4 de la capital del país, que únicamente cubría el Valle de México. Cuando la televisora cambió la transmisión de las corridas al canal 2, con cobertura nacional, la guerra quedó declarada. ‘Eso no es usual’, alegaron los toreros. ‘O nos pagan los derechos de televisión o no toreamos, a menos de que las cámaras salgan de la plaza’.
La primera oportunidad de medir fuerzas se presentó en Querétaro. Primera transmisión televisiva a color de una encerrona de Manolo Martínez, anunciada por la cervecería en todo el país, con plaza llena y expectación enorme. ‘Manolo exigió que salieran las cámaras o no torearía’. Los abogados Pablo y Pedro Suinaga, en representación de la empresa… se mostraron firmes en su posición y llevaron Notario Público al patio de cuadrillas para constatar los hechos y proceder conforme a Derecho. En medio del ambiente electrizado se encontraba Enrique Ortiz Izquierdo, director de publicidad de la cervecería…

Ante la irreductible posición de los contendientes, Ortiz Izquierdo cedió unos cuantos minutos antes de las 4 de la tarde. ‘Está bien’, dijo, ‘la cervecería - Moctezuma - paga’. El matador esbozó una sonrisa equívoca entre el alivio y el triunfo, pero el misterio verdadero tenía cara de toro en ocho versiones inéditas de Mimiahuápam, que nerviosas aguardaban en los chiqueros. El pleito se extendió y la cervecería advirtió a la torería, el lunes siguiente, de sus sólidos propósitos, despidiendo fulminantemente al señor Ortiz Izquierdo… Lo anterior sucedió el 16 de junio de 1968…
(En Manolo Martínez. Un demonio de pasión)


El asunto de Manolo Martínez sucedió en Querétaro, y aunque Cantú incurre en un lapsus histórico, pues los festejos taurinos de la capital mexicana y de otras plazas importantes del país se transmitían por televisión a toda la República desde principios de los años sesenta, pero su aserto refleja esencialmente la realidad de lo que sucedía entonces. Un semestre después de lo de Querétaro, en la Plaza México, ya no hubo manera de enderezar las cosas. Allí sí los toreros se negaron a salir y efectivamente no salieron. La versión de Daniel Medina de la Serna sobre ese particular, es como sigue:



…Esa temporada de 1969 estuvo determinada por varios conflictos; el primero de ellos, la ausencia de Manolo Martínez a pesar de estar contratado; el propio diestro declaró que mientras Ángel Vázquez, que daba ‘preferencia’ a los diestros españoles, estuviera al frente del negocio él no actuaría en ninguna de sus plazas y la más importante de ellas era la México… Los empresarios provincianos – Leodegario Hernández a la cabeza –, por medio de los toreros, tanto matadores como subalternos, lograron echar a la televisión de la Monumental; sin embargo, las dos primeras corridas todavía se transmitieron sin contratiempos, pero en la tercera (19 de enero, con Mauro Liceaga y las confirmaciones de Miguel Márquez y Fabián Ruiz) por estar instaladas las cámaras en la plaza los diestros se negaron a hacer el paseíllo y la corrida se tuvo que suspender. Esa tarde, en medio del desconcierto y en una actitud asaz inexplicable de las masas o de algún sector de ellas que manipuló al resto, hicieron bajar al ruedo al ‘doctor’ Gaona que estaba de espectador y hasta lo sacaron en hombros, quizá como una repulsa al empresario en funciones… La temporada, ya sin televisión, se reanudó dos domingos después… (En Plaza de Toros México. Historia de una cincuentona Monumental, Vol. II)


A partir de esa fecha, se transmitirían festejos taurinos desde las plazas del país, pero solo en ocasiones muy señaladas, como el caso de las despedidas de Luis Procuna, Joselito Huerta o el mismo Manolo Martínez, o aquella corrida de toros organizada a beneficio de la Cruz Roja, en la que actuaron mano a mano el mismo mandón regiomontano y Pedro Gutiérrez Moya, El Niño de la Capea, aprovechándose el fasto para celebrar la reanudación de relaciones diplomáticas con España. Ya la televisión en los toros sería la excepción, no la norma.




Entonces, resulta que no es la maldad de José Tomás la que ha echado las cámaras de televisión de las plazas mexicanas, sino que el autor del injusto, en primera instancia es nada menos que ¡Manolo Martínez!, la figura del toreo más grande que este país ha tenido en las últimas cuatro décadas y sus razones han sido las mismas que hace casi diez años asumieron el torero de Galapagar y José Miguel Arroyo, Joselito, para excluirse de los carteles que son objeto de transmisión televisiva.

…los toreros no tienen nada en contra de ser televisados… lo que no vemos digno es que las empresas, de espaldas a la decisión de los matadores, negocien con las cadenas de televisión… El torero debe decidir si quiere o no ser televisado… Todo esto no es por dinero… Lo decidido es por el bien de la fiesta… es imposible sorprender a la afición y no resultar monótono cuando 30 de tus festejos se pueden ver en la pantalla… La televisión, sí; pero con orden. Aunque, y de momento, este año no se torea en ningún sitio, las ferias más importantes incluidas, si la televisión está de por medio. No queremos que haya agravios comparativos… (El País, Madrid, 9 de marzo de 2000)


Esa fue la respuesta que dio su entonces apoderado Enrique Martín Arranz en una conferencia de prensa celebrada el 8 de marzo del año 2000 en el Hotel Victoria de Madrid, a la actitud adoptada por la empresa de la Plaza de Las Ventas y la plataforma que transmitió los festejos de la Feria de San Isidro de ese año, que en nota aparecida en el diario ABC de Madrid del 29 de febrero de ese mismo año dice:

…la exigencia de los matadores Joselito y José Tomás para que los festejos en los que participen no sean emitidos por televisión ‘es un asunto que no está en manos de los diestros, ya que Vía Digital ha adquirido la totalidad de las corridas de toros que tendrán lugar durante la prestigiosa feria madrileña… Lo que plantean tanto José Tomás como Joselito es un problema entre los empresarios y los propios toreros, un problema en el que Vía Digital no va a entrar porque no es la encargada de resolverlo’…




Así pues, creo que las razones de la historia son claras, no es la falta de sensibilidad de un torero extranjero (o gachupa, según se lea) la que nos impidió ver ayer el festejo de la Plaza México por televisión, desde mi punto de vista, es simplemente una cuestión de dignidad profesional - merecedora de ser imitada, creo yo - y la continuidad de algo, que orgullosamente provocaron los toreros y empresarios mexicanos en defensa de sus intereses profesionales, así que si lo queremos ver, pues a la plaza y por supuesto, pagando nuestra entrada.

domingo, 29 de noviembre de 2009

México: Toros y televisión (I)


Al anuncio de que el festejo dominical de la Plaza México no sería transmitido por la televisión de paga, como ordinariamente se hace en la llamada temporada grande, en virtud de los acuerdos de la empresa del coso con el diestro madrileño José Tomás, a nivel local – y los comentarios que haré serán estrictamente a partir de cuestiones aparecidas en los medios de Aguascalientes, aunque seguramente a nivel nacional surgieron manifestaciones similares – se inició un desgarramiento de vestiduras con comentarios como estos:



...SEGUN SE VEA. – Si la política es un caudaloso río que arrastra, hasta en las épocas de sequía, las aguas del chisme y la intriga, el mundo del toro no le va en ese sentido a la zaga. Hoy en que queda confirmado que el domingo próximo no será televisada al país la corrida de la plaza Monumental México, en el ambiente de capotes y muletas mucho se comenta que el español José Tomás prohibió la entrada de las cámaras para que éstas, afirman los que dicen saber hasta el mínimo detalle, no capten las presuntas pequeñas ventajas a las que acude el ibérico para impresionar en los tendidos. Como quiera, no deja de ser una insolencia que un extranjero, y gachupa para colmo, venga a imponer condiciones de esa magnitud sólo porque atrae público a los cosos, aunque es el que se lleva carretadas de euros. Si el espíritu de Cuauhtémoc anda todavía por ahí, ha de lamentar que se haya dejado quemar los pies hace más de 5 siglos. Y se preguntará, seguramente, ¿para esto?... (Rigor en la columna Cómo, Cuándo, Dónde diario Hidrocálido, 25 de noviembre de 2009)


...'EL POPULAR' JOSÉ TOMÁS.- Pues sí que están que trinan de coraje los aficionados taurinos porque mañana domingo no podrán ver por Unicable, como es costumbre en la temporada grande, el mano a mano del paisano Arturo Macías "El Cejas" y el español José Tomás, avecindado aquí en sus tiempos libres en su casa del fraccionamiento Calicantos, eso sí, barbudo hasta las orejas, con la intención de que no lo reconozcan en sus paseos por la ciudad. Resulta que Tomás, ha prohibido la transmisión televisiva de la corrida desde la Monumental Plaza de Toros México. "¿Y nosotros, dicen los aficionados, qué culpa tenemos? Queremos ver a "El Cejas", y uno, dos, tres... el español"… (Matías Lozano Díaz de León, en la columna Cortando por Lozano, diario El Heraldo de Aguascalientes, 28 de noviembre de 2009)


Es decir, las plañideras se lamentan de no poder ver gratis el festejo en la comodidad de su hogar y le atribuyen indebidamente a José Tomás un hecho que, sí se hubieran tomado la molestia de revisar la historia reciente de estas cuestiones, verían que la autoría no corresponde a un gachupa como dijera uno de los quejosos, sino a un torero que, con la mera pronunciación de su nombre, hará palidecer a más de alguno.

Toros y tele en México
Telesistema Mexicano nace en el año de 1951, cuando el Gobierno Federal le otorga a don Emilio Azcárraga Vidaurreta la concesión para explotar en el Valle de México la frecuencia del canal 4 y a nivel nacional la del canal 2 de televisión, misma con la que ya experimentaba desde años antes, junto con otras personas como Guillermo González Camarena. Entre los experimentos realizados, se encontraba la de la gestión de transmisiones a control remoto que permitiría adquirir la experiencia necesaria para el momento en el que se hiciera público el invento.

Es el 4 de octubre de 1946, dentro de ese proceso experimental, que se transmite por primera vez un festejo taurino desde la Plaza México y se difunde en monitores colocados en escaparates de establecimientos comerciales en distintos puntos de la ciudad. Fue una novillada en la que actuaron Saúl Guaso, Roberto Muñoz Ledo y Joselito Ríos ante novillos de Milpillas. Para la estadística, Muñoz Ledo fue volteado por el segundo de la tarde, ingresando a la enfermería y salió para matar al quinto y cortarle la oreja.

Ya de forma comercial, la transmisión de festejos taurinos inicia la temporada de novilladas de 1950, año en el que toreros como Ramón Ortega, Jaime Bolaños, Humberto Moro, Lalo Vargas, Miguel Ángel García, Fernando Brand, Anselmo Liceaga o Pablo Tapia (aquél que el 2 de junio de 1946 cortara la primera oreja otorgada a un novillero en el nuevo coso capitalino), son quienes dieron paso a una nueva forma de disfrutar de la fiesta; en la tranquilidad del hogar y con la ilustración y el comentario de Pepe Alameda y de Aurelio Pérez, Villamelón.

Pronto los festejos taurinos televisados se hicieron parte de la vida de los habitantes de la Ciudad de México que era el área de cobertura de la incipiente industria, pero algo más de una década después, al empezar a cubrirse el resto del territorio nacional, las transmisiones empezaron a compartirse con el resto de la República, causando en algunos lugares un impacto negativo, pues ante el atractivo del cartel presentado en la llamada pantalla de cristal, la gente se abstenía de asistir a los festejos programados en las plazas de los lugares en los que residía.

¡Fuera cámaras!
El año de 1968 es reconocido como uno que trajo grandes cambios en la forma en la que la humanidad veía la vida y en México, también afectó a la fiesta de los toros. Primero, porque en cuestiones de transmisión de festejos se hicieron los primeros en colores. Unos afirman que fue el del 11 de febrero de 1968, el de la despedida del Ranchero Aguilar en la Plaza México y otros, que fue el 16 de junio de ese mismo año, en Querétaro, con una encerrona de Manolo Martínez. Sea cual fuere, la idea en este caso es que se comenzaba a regularizar la transmisión cromática con la finalidad de cubrir en esa forma los Juegos Olímpicos que iniciarían el 12 de octubre de ese año.

La empresa de la Plaza México en ese entonces estaba a cargo de Diversiones y Espectáculos de México (DEMSA), antecedente de la actual Espectáculos Taurinos de México y había tenido como gerentes al maestro Armillita, al ganadero Manuel Labastida y por esas calendas había puesto en la silla a una persona nacida en Cuba y de ascendientes originarios de Galicia de nombre Ángel Vázquez, que tenía una forma rara de hacer negocios taurinos. Este asunto lo cuenta de esta guisa Rafael Morales, Clarinero:

…Un letrero en su despacho dice: “Se prohíbe hablar de toros”. Una invitación ingeniosa y humorística a ser breve. En el negocio taurino, obviamente, se tiene que hablar de toros. Solía decir al principio Ángel Vázquez: “Yo no sé nada de toros. Sé de negocios. Háblenme de lo que entiendo.” Era una aceptación franca de su limitación en conocimientos taurinos; pero también un reproche a cómo se manejaba la fiesta de toros, en la que siempre se perdía a la larga…

Ángel Vázquez manejaba para DEMSA negocios del espectáculo como Los Pilotos Infernales o el espectáculo de patinadores Holiday on Ice y donde alcanzó cierta notoriedad fue en el beisbol, manejando los destinos del club Diablos Rojos de México.


Su forma de llevar el negocio de los toros fue la adaptación de la exclusiva a las maneras de los otros espectáculos que conocía. Ofrecía a los toreros un sueldo mensual a cambio de un determinado número de fechas al año en las plazas que DEMSA controlaba (Tijuana, Monterrey, Guadalajara, León, etc.) y el diestro se presentaría, previo aviso, en el lugar que se le asignara. Eso motivó que toreros como Jesús Córdoba, Juan Silveti, El Ranchero Aguilar y algunos otros dejaran los ruedos, pues su dignidad de figuras del toreo se veía agredida con esa manera de ser contratados.
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