Mostrando entradas con la etiqueta Pastejé. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Pastejé. Mostrar todas las entradas

domingo, 29 de diciembre de 2013

3 de enero de 1954: Jesús Córdoba y Estanquero de Pastejé


Jesús Córdoba
La temporada 1953 – 54 en la capital mexicana hoy en día puede ser calificada de irrepetible. Entre el 6 de diciembre de 1953 y el 14 de marzo de 1954 se dieron 28 festejos, dos cada domingo en las plazas México y El Toreo de Cuatro Caminos, y por lo que las crónicas de la época reflejan, con lleno en los tendidos en ambas. Aclaro que en la plaza más grande del mundo se totalizaron tres corridas más – el número exacto fueron 17 en La México y 14 en Cuatro Caminos – para sumar treinta y un corridas de toros entre el 22 de noviembre de 1953 y el ya indicado 14 de marzo de 1954.

El elenco de la Plaza México tenía como principales atractivos la reaparición de Armillita después de casi cuatro años de su apoteósica despedida en ese mismo escenario, la presencia de las figuras del momento como lo eran Manuel Capetillo, Jesús Córdoba, El Ranchero Aguilar y Juan Silveti y las confirmaciones de alternativa de toreros como Antoñete, Calerito o Chaves Flores. En Cuatro Caminos las cabezas de cartel eran Fermín Rivera, Jumillano, Manolo Vázquez, Luis Procuna, Antonio Velázquez y Luis Castro El Soldado. Dos toreros participaron en los dos elencos, el madrileño Julio Aparicio y el albaceteño Manuel Jiménez Chicuelo II.

Dos corridas triunfales el mismo día

Las primeras corridas del año 1954 en la capital mexicana fueron de triunfo. Hace un año me ocupé de los sucesos del Toreo de Cuatro Caminos y al final de la entrada apuntaba que al prestarse las circunstancias me ocuparía de lo que sucedió esa misma fecha en la Plaza México, en corrida organizada por la esposa del Presidente de la República a beneficio de la Asociación de la Protección de la Infancia, misma en la que se acartelaron Rafael Rodríguez, Jesús Córdoba, Jorge El Ranchero Aguilar, Manuel Calero Calerito, Pedro Martínez Pedrés y Antonio Chenel Antoñete para lidiar toros de Pastejé, ganadería que recién había sido adquirida por Carlos Arruza, dando lugar al hecho singular de que una persona fuera ganadero en México y en España al mismo tiempo.

En Cuatro Caminos, con un lleno, alternaron Héctor Saucedo, Manolo Vázquez y Emilio Ortuño Jumillano ante tres toros de Coaxamalucan y tres de Rancho Seco. Fue la gran tarde de Manolo Vázquez en la capital mexicana, cortando el rabo a un toro de regalo de Xajay. Lo que sucedió ese día pueden leerlo en esta ubicación

Jesús Córdoba y Estanquero

La corrida de la Plaza México también se celebró con un lleno hasta el reloj. La mejor faena de la tarde corrió a cargo de Jesús Córdoba quien ante el segundo de la tarde, Estanquero, firmó lo que sería su obra más importante de esa temporada y una de las más destacadas de su paso por el ruedo de la Colonia Nochebuena. Encontré dos versiones del suceso. La primera está firmada por Don José – presumiblemente José Octavio Cano – y es de febrero de 1966, contenida en una sección de remembranzas de la Revista Taurina que se publicaba por esos días en la Ciudad de México y es del tenor siguiente:
El segundo toro de la tarde se llamó “Estanquero”, bien presentado y con imponentes defensas. Y ante este respetable burel, vimos muletear a Córdoba con perfección, limpio arte y asentamiento de figura consagrada… Poco logró hacer con el capotillo. No hubo mayor relieve en los quites, pero con la muleta, después de brindar a toda la concurrencia, Chucho se fue agigantando y causando asombro por la pureza de su estilo, por la naturalidad que imprimía al trazo de los pases. Con sabor, con cadencia, dibujó los derechazos amplios, despaciosos, llevando el engaño terso y suave ante la cara del astado, sin una descompostura, sin un tropiezo, conservando la misma exacta distancia siempre, entre los pitones y los vuelos del trapo rojo. Enseguida, con aplomo y ajustamiento, con pasmosa tranquilidad, imperturbablemente sereno, ejecutó en varias tandas los naturales, extraordinarios, largos, templados, completos… Córdoba iba desarrollando una faena de arquitectura admirable y ejemplar, reuniendo el dominio sobre el toro con arte cristalino. Destacaron los de pecho, echando todo el toro por delante y los cambios de mano, precisos, oportunos, con jugueteo de los giros de la muleta entre los puñales de la fiera. Intercaló un pase de rodillas muy lento y dramático, más tarde se adornó con los lasernistas que dieron las últimas pinceladas al trasteo bello y perfecto. Y con un estoconazo hasta la empuñadura, coronó Chucho Córdoba su admirable labor para ser premiado con la oreja que reclamaron multitud de pañuelos y con ovaciones ensordecedoras y prolongadas, que le obligaron a recorrer dos veces el redondel, entre sombreros, ramos de claveles y aclamaciones vibrantes de rendida admiración a su arte depurado, al clasicismo de su toreo y a la verdad nítida que predominó en todos los momentos de aquella magnífica faena…
La otra versión apareció publicada en el diario El Siglo de Torreón el 4 de enero de 1954, al día siguiente del festejo y aunque más breve, relata lo que sigue:
Jesús Córdoba, máximo triunfador en la corrida de ayer en la capital. En la Plaza México se verificó la corrida a beneficio de la Asociación de Protección a la Infancia, bajo el patrocinio de la Primera Dama, lidiándose toros de Pastejé, sobresaliendo por su bravura los lidiados en segundo, quinto y sexto turnos... Córdoba fue el máximo triunfador de esta tarde; veroniqueó con sabor y en el último tercio realizó bellísima e inspirada faena iniciada con dos doblones, dos tandas de buenos derechazos; en dos ocasiones dibujó la vitolina con limpieza y emoción singular, siguiendo con una cátedra de toreo al natural, intercalando un molinete de rodillas, terminando con una estocada hasta las cintas. Se le concedió una oreja y el público abroncó al juez por no darle otro apéndice; dio tres vueltas al ruedo entre interminables ovaciones...
Aunque en esencia esta última versión no difiere de la de Don José, contiene un dato adicional que refleja la magnitud de la obra del Maestro Córdoba, que es la bronca que la concurrencia le echó al Juez de Plaza – Presidente – por no conceder la segunda oreja a la faena realizada, sobre todo si consideramos que de ambas relaciones, la de la fecha de la corrida y la de la remembranza, se desprende que se realizó sobre el eje fundamental del pase natural, algo que a mi juicio agrega valor a cualquier trasteo y cobraría aún mayor valor cuando se otorgara a Pedrés la oreja de Gitanito, 5º de la tarde y a Antoñete la de Giraldillo, el que cerró plaza.

Jesús Córdoba reaparecía esa tarde después de haber sido herido el 29 de noviembre anterior en ese mismo ruedo y al domingo siguiente en la reaparición de Armillita volvería a visitar la enfermería nada más al abrirse de capa, lo que le alejaría del ruedo de Insurgentes hasta el año de 1956.

Esta tarde, el nombre de Estanquero se unió a otros como los de Luminoso y Cortijero en la trayectoria de Jesús Córdoba por el ruedo de la Plaza México, inscribiéndose en las páginas trascendentes de nuestra Historia del Toreo.

viernes, 23 de abril de 2010

Tal día como hoy: 1961. Reaparece Manolo dos Santos en Aguascalientes

Aunque el Lobo Portugués fue un torero que tuvo gran predicamento en México durante el final de la década de los 40 y el principio de la siguiente, porque a más de su calidad indiscutible, en buena medida porque su presencia sirvió para llenar los huecos que dejaron las varias rupturas de las relaciones con la torería española en esa época, su presencia en las plazas de Aguascalientes no se dio con frecuencia en ese tiempo.

Debutó en Aguascalientes en 1951 junto a Carlos Arruza y un recién alternativado Humberto Moro y no le volvimos a ver por aquí, sino diez años después, cuando se le anunció para alternar con Juan Silveti Reynoso y de nuevo un torero de alternativa reciente, Felipe Rosas y como ingrediente añadido, la corrida despertó el interés de la afición, puesto que también traía la presencia de Arruza a Aguascalientes, aunque ahora nada más como ganadero, dado que los toros a lidiarse fueron de Pastejé.

Al final de cuentas el festejo no produjo el resultado que todos esperaban. Los toros de Pastejé no fueron tan bravos como en su día lo fueron Tanguito y Clarinero - la nota previa al festejo pregonaba la historia de la ganadería - y la corrida de expectación terminó en decepción. La médula de la relación de don Jesús Gómez Medina, publicada en El Sol del Centro del día 24 de abril de 1961 sobre el asunto es esta:

Taurinamente, la Feria de San Marcos tuvo, ayer, un deslustrado capítulo inicial. Ocurrió lo anterior, pese a que en el cartel aparecían dos de los diestros que, a la fecha, disfrutan de mejor cotización en el mercado nacional – Dos Santos y Juan Silveti – y, completando la tercia, Felipe Rosas, que, entre los noveles, es el torero con mejor hoja de servicios.

Y, también a despecho de la concurrencia de una vacada cuyos inolvidables éxitos primeros la situaron rápidamente en el grupo de las de mayor categoría; y, finalmente, sin que fuera bastante a evitar el colapso final del festejo, el espléndido marco en que aquél se llevó a cabo; con la plaza atestada de un público cuyo primitivo entusiasmo fue languideciendo hasta extinguirse casi del todo.

Sin embargo, aquella expectación inicial aún resurgió poderosamente cuando, en el último turno compareció – ¡al fin! – un burel con bravura y con fuerza. Fue naturalmente, el segundo de los de Rosas y como el de Pastejé, cuenta aparte de fiereza y poderío, tuviese respeto, el primer tercio de su lidia transcurrió entre ovaciones. Inclusive los buenos aficionados encontraron ocasión de aplaudir las excelencias de la suerte de varas cuando ésta se ejecuta como entonces lo hizo, por partida doble, Pascual Meléndez.

La faena muleteril de Rosas transcurría ya por los cauces del triunfo, pero de súbito, un achuchón provocó el desconcierto del bisoño espada, a partir de entonces, Rosas perdió el ritmo y el plan del trasteo y en última instancia intentó liquidar prematuramente al de Pastejé. Un pinchacillo cuya levedad lo hizo pasar inadvertido por muchos y el burel rueda, descordado…

Como resulta de la crónica del festejo, al final de cuentas lo rescatable corrió a cargo del novel Felipe Rosas, que se llevó el lote menos malo y del varilarguero Pascual Meléndez. Ya tendría oportunidad Manolo dos Santos de restablecer su cartel ante la afición de Aguascalientes en los años por venir, dado que en esta, su reaparición, una década después de haberse presentado en la Plaza de San Marcos, no añadió nuevos lauros a su historial.

El festejo de hoy: Primera corrida de feria. Toros de Fernando de la Mora para Ignacio Garibay, Sebastián Castella y Joselito Adame.

sábado, 7 de febrero de 2009

Manolete en Aguascalientes: Nihil Novum…


En el post relativo al aniversario de la Plaza México, les contaba que el 5 de febrero tiene algunas otras cuestiones para recordar en lo taurino. En el caso de Aguascalientes, se cumplieron 62 años de la única presentación del Monstruo de Córdoba en la hoy centenaria Plaza de Toros San Marcos, en lo que constituyó su penúltima actuación en América, pues cuatro días después toreó en la Mérida mexicana y regresó a España para allí, encontrarse con su destino.

Di algunas vueltas para buscar la forma de comentar este hecho histórico, pero al final de cuentas concluí en que la versión más fiel de los hechos, la podría dar una crónica de la época. Así pues, transcribo íntegra la que escribiera Ramón Morales Padilla para el semanario La Lidia de México, misma que apareció en su número 219, correspondiente al 14 de febrero de 1947. Los resaltados son míos y demuestran que en una importante medida, no hay nada nuevo bajo el sol en estas cuestiones de las relaciones taurinas hispano – mexicanas.

Corrida triunfal en Aguascalientes

Aguascalientes, Ags., a 6 de febrero de 1947. – (Exclusivo para La Lidia de México). – Gran interés despertó en esta ciudad entre los aficionados la corrida efectuada ayer tarde, en la que alternaron El Monstruo de Córdoba, Manuel Rodríguez Manolete, Luis Procuna y Chicuelín, lidiando toros de Peñuelas, que vinieron a sustituir a los de Pastejé, en vista de que no se dio el permiso para que los toros salieran de sus dehesas hasta la plaza, evitando así el contagio de la epizootia.

Quince días antes que fuera anunciada esta corrida, los boletos se comenzaron a vender en gran escala y si la plaza no se llenó completamente como era de esperarse, se debió a que muchos aficionados no habían adquirido su boleto con anterioridad, y dado que también los toros no se pusieron a la vista del público sino hasta el día del festejo, no siendo de la procedencia anunciada.

¿Sabía Usted que la aftosa hizo un bien?

Aquellos que no quedaron conformes con el cambio de los toros, imaginándose que se les iba a engañar, a estas horas estarán contrariados, porque los toros de Peñuelas fueron la base para que viéramos una gran tarde de toros. Don Miguel Dosamantes Rul, propietario de la ganadería envió un lote terciado pero de mucha bravura y nobleza, que permitió el lucimiento de los alternantes. De los seis toros corridos, cuatro hicieron la pelea del verdadero toro de casta, yéndose siempre los toros para arriba, a los cuales Procuna cortó oreja y rabo del segundo y quinto; Chicuelín obtuvo iguales apéndices en el sexto y Manolete hizo una gran faena, pero no tuvo suerte con el pincho y se le fueron las orejas.

El primero llegó aplomado al último tercio pero sin presentar dificultad ninguna y el tercero se aquerenció al último. Pudiéramos asegurar que si se hubieran lidiado las reses de Pastejé, no se habría dado una corrida tan buena tanto para los toreros como para el público. Bendita sea la fiebre aftosa. ¿O no?

Orejas y rabo a Procuna

El berrendito Luis Procuna nos ha dado la impresión de poder más con el toro más valiente y más artista. Con el capote y sobre todo, al torear a la verónica, no se acomoda y lo hace de muy fea manera; en los quites está más variado y se ve adelantado. Pero con la muleta cambia totalmente. Aquel toreo que hacía en épocas pasadas, forzando demasiado el cuerpo, parece haberlo olvidado. ¡El torero se hace toreando!

Desde que el chico partió plaza la gente le hizo saludar desde el tercio al terminar el paseo: (¿Para hacer que Manolete apretara?) y estuvo animándolo para que nos diera una buena tarde como lo hizo.

En el primer toro cuando libró al picador, Procuna hizo un gran quite por chicuelinas, llevándose las primeras palmas.

A su primer toro lo lanceó de fea manera. En los quites se animó tantito, pero con la muleta prodigó algo serio. Después de echar la muleta por abajo en algunas ocasiones, se estiró para dar una serie de muletazos altos girando en la embestida. Vinieron los derechazos, manoletinas, procunesas, pasándose a un milímetro los pitones de la res. Cuando los espectadores aplaudían a rabiar, se fue tras la espada, sepultándola en todo lo alto y que bastó para que el bravo de Peñuelas cayera patas arriba. La oreja y el rabo, dos vueltas al ruedo y ovaciones a Dios dar.

Pero si la faena del primer toro entusiasmó mucho al público, la del quinto toro los volvió locos. Sus mismas deficiencias con el capote, pero después con la muleta, vimos el toreo bueno, sin trampas. ¡Qué bien toreó! El principio de esta faena fue como la del primero. Muy quieto citó Luis de largo para instrumentar unos pases altos, con la particularidad de la casa. Derechazos, naturales, lasernistas, manoletinas, procunesas y pases de adorno, rematando todos ellos. Con el ruedo tapizado de sombreros, Procuna se volcó en el morrillo del bravo animal, volviendo a tirar patas arriba al de Peñuelas. Nuevamente se le concedieron la oreja y el rabo; dio tres vueltas al ruedo, acompañado en una de ellas de Calesero, representante del ganadero.

¡Juventud, valor, clase, personalidad y todo lo que hay que tener para ser figura del toreo lo tiene LUIS PROCUNA!

También en Jalisco hace aire y fresco

Pero en el cartel figuraba además de Procuna y Manolete, otro matador de toros muy bravo y con mucha enjundia. Casta de torero tiene Manuel Jiménez Chicuelín, que si no tiene un lugar de figura entre los primates por el momento, aseguramos que si sigue por esa ruta, muy pronto lo tendrá.

Manolo no había tenido suerte en su primero y hasta se tardó para matarlo. Cuando el toro cayó por fin, el público le premió con algunas palmas. En los toros de sus alternantes había hecho varios quites muy valientes y muy artísticos; pero Procuna había estado enorme y Manolete había toreado estupendamente bien. ¿Qué decisión tomaría Chicuelín para salir adelante? Valor, toreo bueno y otras cosas. A Jiménez se le había puesto la cosa muy dura y pudo salir avante y es cuando se premia más un esfuerzo de esa magnitud.

Al sexto toro lo recibió con una serie de verónicas con los pies juntos, pasándose al toro por los adornos del traje. En los quites Chicuelín hizo el lance creado por su homónimo, volteando la cara a los tendidos. Remató guapamente y las ovaciones, que en esta vez fueron continuas, volvieron a ensordecer el coso.

Inició la última faena de la tarde con tres pases de rodillas. Ya de pie, toreó por derechazos, naturales, un gran pase de pecho. Manoletinas con la vista fija en los tendidos y en fin, desplantes suicidas. Un pinchazo en lo duro y una estocada en la que Manolo salió rebotado de la suerte, dieron fin al festejo. Los pañuelos volvieron a salir rebosantes por enésima vez para pedir las orejas y el rabo para este diestro, que el público sacó en hombros hasta el hotel.

Sí, en San Juan hace aire, pero en Jalisco también lo hay, y muy perfumado.

Manolete, muy buen torero

Hemos dejado al último al torero cordobés cometiendo una arbitrariedad. Pero hay que juzgarlo a la manera que lo vimos.

No cabe duda que el nombre de MANOLETE en el cartel es garantía para la empresa que lo contrata. En Aguascalientes no se había visto nunca que se apartaran boletos con anticipación. Esta vez lo hubo y en qué forma. A Manolete fuimos a ver todos, parece que su nombre tuviera arte de magia; pero si no de magia, sí de arte de torear con mucha grandeza.

La nueva escuela trazada por este señor, trae a la fiesta un alarde más de tragedia, pero para el torero, una forma más sencilla de torear. Así lo creímos.

En su primer toro no pudo redondear una faena de las más grandes pero sí un alarde de torerismo indiscutible; y de no haberse puesto pesado con el estoque, se hubiera ganado una oreja.

Pero también este torero tiene grandeza de no dejarse ganar la pelea, y por ello, le vimos instrumentar unos lances rematados en forma peculiar, para recibir al cuarto.

Con la muleta le vimos estar siempre muy cerca del toro, aguantarlo, consentirlo y sacárselo de abajo. Así tiró varias veces del toro en unos derechazos y naturales. Como sus alternantes, Manolete volteó la cara hacia los tendidos para torear de esa manera. El muletazo de su invención hizo calentar más a la gente y si hubiera tenido suerte con la toledana, se hubiera llevado iguales apéndices que sus compañeros.

Aguascalientes ya vio a MANOLETE, al igual que en otras partes, ha dejado la impresión de lo que es: UN TORERO MUY GRANDE y muy honrado.

El Corresponsal
Ramón Morales Jr.


Como podemos ver, en seis décadas y algo más las cosas no han variado mucho. Se aprecia la grandeza de las figuras, pero también que a veces optan por la comodidad. Creo que la crónica transcrita, así lo revela. Curiosamente, en Aguascalientes no volvieron a darse festejos taurinos, sino hasta octubre de ese 1947, por lo que más adelante les contaré las impresiones de la época sobre un abril sin toros.

sábado, 31 de enero de 2009

A 66 años de Tanguito y Clarinero de Pastejé


Hoy se cumplen 66 años de que la ganadería de Pastejé se presentara ante el público de la Ciudad de México en El Toreo de la Condesa. El cartel que se confeccionó para la ocasión fue la alternativa del valentísimo torero leonés Antonio Velázquez, que sería apadrinado por Fermín Espinosa Armillita, ante el testimonio del Faraón Silverio Pérez.

La fecha tiene su significación porque en su resultado se conjugaron tres grandes triunfadores, Armillita con su faena ante Clarinero, Silverio escribió quizás su obra más grande ante los ojos de su afición con Tanguito y la ganadería que se estrenaba en el máximo escenario taurino de esta República saldría como la triunfadora de la temporada y con el reconocimiento al toro más bravo de la temporada, que fue Andaluz, el de la alternativa de Velázquez, que en esa oportunidad fue claramente superado por la maestría de sus alternantes y que en una muestra de lo que fuera su carácter, años después se alzara como una gran figura del toreo.

La ganadería de Pastejé surge de una asociación entre Antonio Algara – a la sazón, empresario de El Toreo y ganadero de Jalpa – y Lorenzo El Chato Elizaga, que era el propietario de la Ex – Hacienda de la que tomó su nombre la ganadería, en el año de 1936. El pie de simiente de la nueva ganadería se formó con ganado encastado en Saltillo de San Diego de los Padres y una parte muy selecta del hato de Jalpa, que como ya apuntaba en un post anterior, fundamentalmente se constituyó con ganados vazqueños de San Nicolás Peralta, mismos que dejarán su impronta allí, pues al decir de don Paco Madrazo, la frecuencia de toros berrendos en Pastejé – como aquellos que inmortalizara en El Toreo de Cuatro Caminos el camero Paco Camino – era por la presencia de esas vacas nicolaítas, muy vazqueñas.

La asociación entre Elizaga y Algara dura alrededor de un año y El Chato le vende su parte a don Eduardo N. Iturbide, junto con la finca y es en 1938 que entre don Daniel Muñoz de Zacatepec y él importan 9 erales con el hierro de Murube, cinco de los cuales quedarían en Pastejé y fueron Observador; número 28; Perfumado, número 42; Barquillero, número 54; Holgazán, número 74 y Tanganito, número 65.

No resulta difícil deducir que el encierro lidiado el 31 de enero de 1943 resulta ser la primera camada de la cruza entre el ganado existente en Pastejé con los sementales hispanos, entre los que cobraron pronto primacía Tanganito y Holgazán por su ascendencia y por el juego que dieron en la tienta ya en suelo mexicano.

El superior juego de esta corrida colocó a Pastejé en un sitio de privilegio ante la afición y la torería. Su presentación en la Plaza México fue también de éxito. El 11 de noviembre de 1946, – ya siendo propiedad exclusiva de don Eduardo N. Iturbide – se acartelaron Lorenzo Garza, Manolete y Leopoldo Ramos El Ahijado del Matadero, que recibiría la alternativa, para enfrentar a otro encierro de esta ganadería y se recuerdan de esta tarde cuatro grandes faenas, las de Amapolo y Buen Mozo por El Ave de las Tempestades y las de Manzanito y Murciano por el Monstruo.

Don Eduardo N. Iturbide, quien había agregado un semental de Luis Vallejo AlbaCachorro, número 50 – y a Tizonero, número 74 de Antonio Urquijo – que antes había padreado en Rancho Seco – enajenó la ganadería de Pastejé en 1949 a don Guillermo Barroso Corici, quien la cedió a su hijo Luis Javier Barroso Chávez y éste a su vez la vendió a Carlos Arruza en 1953. A partir de esa fecha, cambió de manos con frecuencia y con la disparidad de criterios en su manejo, como por la falta de una línea pura de sangre de Murube, dado que no se importaron vacas, comenzó a decrecer su cartel.

Uno de sus propietarios fue don Francisco Madrazo Solórzano, quien pensó que con los ganados puros originarios de Parladé, Gamero Cívico y Conde de la Corte que poseía en La Punta, podría corregir el rumbo de los acontecimientos en Pastejé, dado que el origen de los punteños era ParladéTamarónMora Figueroa, que se originan en una partición de la ganadería original de la ganadería de la familia Murube.

Al final, don Paco no pudo lograr lo que él siempre llamó su capricho y Pastejé, sin dejar de tener instantes de grandeza, no mantuvo la constancia de lo que mostró en sus primeros años dentro de los ruedos mexicanos. No obstante, su aparición en las plazas, el hecho de que su encaste predominante sea distinto al del común de la ganadería en México y las efemérides a las que viene asociada, me impulsan a hacer estas remembranzas.
Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...

Aldeanos