domingo, 25 de abril de 2021

Enriqueta Marcén. Sastra de toreros

Enriqueta Marcén
La primera vez que escuché nombrar a doña Enriqueta Marcén fue hace unos cincuenta años en casa del Volcán de Aguascalientes, Rafael Rodríguez, cuando contaba las vicisitudes pasadas para confirmar su alternativa en Madrid, fecha que no llevaba contratada inicialmente y que se le ofreció para sustituir a un herido Manolo dos Santos ese 16 de mayo de 1951. Refería que había encargado ropa de torear con la Maestra Marcén, pero estando programado el inicio de su campaña para unas semanas después, esa ropa no estaba lista. Esa cuestión dio paso a un gesto de amistad y solidaridad de Antonio Velázquez que, le cedió un vestido nuevo, blanco y oro, que fue con el que confirmó el torero de esta tierra.

No mucho tiempo después volví a escuchar su nombre en la casa de Armillita quien se enorgullecía de la colección de imágenes bordadas de Vírgenes de la Esperanza y Cristos del Gran Poder que guardaba en su casa de Chichimeco. La gran mayoría de ellas, decía con satisfacción el Maestro, habían sido elaboradas en casa de doña Enriqueta, de la que afirmó, fue la que lo vistió en toda su vida de torero.

Parafraseando – mal por supuesto – a Lorca, diré que esos recuerdos se me quedaron en alguna habitación oscura de la memoria y buscando otras cosas, me hallé con que este mes de abril, sin poder precisar la fecha, se cumplen 55 años del deceso de esta maravillosa artista de la aguja y el hilo, razón por la que hoy, antes de que se arranque esta hoja del calendario, la recuerdo y la presento, porque habrá muchos aficionados que no tengan noticia de quien ha sido esta mujer que vistió a los toreros.

Enriqueta Marcén

Madrileña por los cuatro costados. Nació en el año de 1859 y ya en 1866, con siete años de edad entró de aprendiza al taller del principal sastre de toreros de la capital española: José Uriarte. Hoy eso sería considerado explotación infantil, entonces era una manera de aprender tempranamente un oficio digno. Y vaya que Enriqueta Marcén lo aprendió, llegó a ser oficiala y llegó a ser la mejor.

En 1905 ya se había establecido por su cuenta. En entrevista otorgada a Julio Martorell, publicada en el número de El Ruedo aparecido el 28 de marzo de 1945, cuenta lo siguiente:

- ¿Desde cuándo es usted maestra de este taller?

- Pues ahora ha hecho cuarenta años. Yo me establecí aquí, en este mismo piso, del que no me iré por nada del mundo, en 1905. Antes había sido oficiala con el famoso Uriarte, que es, creo yo, el mejor sastre de toreros que ha habido.

- ¿Y recuerda a qué matador de toros le hizo usted su primer traje?

- Ya lo creo; a Antonio Montes. ¡Y que no estaba majo con él! También le hice muchos a mi marido…

Efectivamente, Enriqueta Marcén se casó con un torero, José Espinosa, que lo intentó como matador y que al final se decantó como hombre de plata. Toreó novilladas en Vista Alegre, pero el grueso de su carrera lo realizó a las órdenes de toreros como Corcito, Antonio Montes, Quinito o Antonio Segura Segurita. En 1911 viene a México y permanece ese año y hasta 1913 y aquí logra figurar en la cuadrilla de Juan Belmonte. Regresa a España en 1914, año en el que fallece. Cossío incluye a José Espinosa en su tratado enciclopédico, dedicándole exactamente 146 palabras, incluyendo el título de la entrada.

Durante su estancia en México, la Maestra Marcén pone su taller de sastrería y es donde se relaciona con la torería mexicana. En la entrevista antecitada, cuenta lo siguiente:

- Naturalmente, hombre. Pero, ¿usted no sabe que mi esposo era el banderillero Jaqueta, que en gloria esté? Con él fui a Méjico y estuve allí tres años. Hice trajes para todos los diestros mejicanos, entre ellos a Gaona, a Luis Freg, a Juan Silveti, a Rodarte y a Vicente Segura, que era un señorito millonario, como usted sabrá, seguramente. Esto fue, si no recuerdo mal, en los años 11, 12 y 13. Después nos vinimos a España y puede decirse que todos los toreros, lo mismo españoles que mejicanos, han desfilado por esta casa, donde tanto se les quiere, a pesar de lo que me hacen sufrir estos chicos…

En su paso por México cultivó una amistad profunda con los hermanos Freg. Tanta, que cuando Miguel fue casi degollado por el novillo Saltador de Contreras en la plaza vieja de Madrid el jueves 12 de julio de 1914, fue ella la que se encargó de sus funerales y mientras la Maestra vivió, nunca faltó un ramo de flores en su tumba del cementerio de la Almudena.

De vuelta en Madrid se instala en Ave María 42, en el Barrio de Lavapiés y allí ejerció doña Enriqueta su noble arte hasta el último día. Tiene el honor de que una pieza suya haya sido exhibida en el Museo Metropolitano de Nueva York. Así lo cuenta la Maestra:

Y ahora que hablamos de capotes, uno que le hice a Juan Silveti está expuesto en el Museo Metropolitano de Nueva York. Se trata de un capote hecho a capricho del diestro, en el que el motivo principal es una moneda azteca en oro, sobre un fondo verde, y todos los detalles que lleva a los lados son mejicanos. Silveti lo regaló o lo vendió al citado Museo Metropolitano de Nueva York, donde obtuvo un premio, y en el que sigue expuesto a la admiración de los visitantes...

El anecdotario de doña Enriqueta

La vida dentro de un taller de sastrería para toreros debe ser el germen de muchas y muy variadas historias. En otra entrevista, realizada esta ocasión por quien firmó como J.S. y publicada en El Ruedo del 22 de febrero de 1966, entre otras cosas, la Maestra cuenta:

¿Vestir? Yo he vestido a todos los grandes del toreo. Gaona, Joselito, Belmonte, Cagancho, Gitanillo... Y a Mazzantini... Y a Guerrita. Guerrita se colocó muchas veces el traje en el propio taller para ir desde aquí a la plaza... ¡Si yo les contara! ...

Quizás de allí viene la expresión de vestir de la aguja, de salir con la ropa de torear desde la propia sastrería, justo cuando se termina de elaborar.

Acerca de las costumbres y manera de vestir de los toreros, contó a Santiago Córdoba, en entrevista publicada en el mismo semanario El Ruedo del 27 de septiembre de 1956, lo siguiente:

- ¿Qué torero le encargó más trajes?

- Luis Freg.

- ¿Cuántos vestidos le encarga una figura para la temporada?

- Yo he llegado a hacer hasta doce.

- ¿A quién?

- A Rodolfo Gaona y Pepe Ortiz. Manolete, los Bienvenidas, Aparicio, Girón, Antoñete y otros muchos también han tenido siempre buen ropero…

La Medalla del Trabajo

Cuando la fiesta de los toros no era considerada políticamente incorrecta, las autoridades y el Estado se preocupaban por fomentarla y por reconocer a sus actores. Así, en el Boletín Oficial del Estado del 20 de enero de 1965, se publicó la orden de fecha 17 de julio de 1964, mediante la cual se concede a doña Enriqueta Marcén Vililla la Medalla del Trabajo en categoría de bronce. Dicha orden entre otras cosas expone:

Resultando que el excelentísimo señor Presidente de la Diputación Provincial de Madrid, así como otras autoridades, jerarquías y personalidades de relieve en la vida social han solicitado de este Ministerio la concesión de la citada recompensa a favor de la señora Marcén Vililla, en atención a la intensa labor desarrollada desde el año 1888, en la que viene dedicándose diariamente con gran celo y eficacia a las actividades de bordadora, habiendo creado con su esfuerzo y trabajo un taller especializado en la confección de trajes de torero, siendo un ejemplo de laboriosidad y dedicación absoluta a su oficio, en el que ha ejercido además una verdadera función de Maestra, enseñando a un gran número de Aprendizas y Oficiales...

Así, se reconocía en ese momento toda una vida dedicada a trabajar a favor de la fiesta de los toros y de los actores de la misma, aunque fuera casi al final de su carrera.

El ocaso de una artista

En la entrevista que firmó J.S. y a la que he aludido antes, las hijas de doña EnriquetaMaría Luisa, Araceli y Pilar, cuentan:

- ¿Cuándo dio su última puntada doña Enriqueta?

- Hasta hace muy poco ha estado en la brecha. Los años se lo prohibieron hace un par de meses...

Sonríe doña Enriqueta, la “maestrita”, como los toreros la llaman, y señala:

- Ellas lo hacen tan bien o mejor que yo.

- También son maestras…

En el número de El Ruedo de el 12 de abril de 1966 se daba cuenta del fallecimiento de doña Enriqueta. No se indica la fecha de su deceso, pero se hace en estos términos:

Ha muerto doña Enriqueta Marcén, La Maestra, por cuyo nombre era conocida en el amplio mundillo de los toros, Contaba noventa años de edad... Hace muy poco tiempo, en su última entrevista periodística que se le hiciera en vida, nos decía para los lectores de El Ruedo:

- Mi vida ha transcurrido puntada tras puntada. Sólo he hecho eso: bordar, bordar un día tras otro, sin pausa, con cariño grande. Yo pongo más atención y cuidado en el bordado que para los toreros realizo que en los trabajos propios, particulares. Y es que siento un gran cariño por los hombres que se juegan la vida frente a los toros, sean o no famosos. Para mí todos son iguales...

Se fue una grande. Una mujer que dejó escuela. Quedaron otros talleres y otros nombres, Ripollés, la Maestra Nati, Fermín, Manfredi… Pero siempre habrá un sitio especial para doña Enriqueta Marcén, la primera que fue llamada La Maestra.

domingo, 18 de abril de 2021

Curro Rivera y la Puerta del Príncipe. Hace 50 años

Curro Rivera, el hijo de Fermín, el de San Luis, irrumpió como un torbellino en los ruedos de México en el año de 1965, con apenas 14 años de edad. Recibió la alternativa en Torreón el 14 de septiembre de 1968 y la confirmó en la Plaza México el febrero siguiente, cortando ese mismo año, su primer rabo en la gran plaza, a partir de un toreo en el que, a más de un bien aprendido oficio, reinaba la frescura y se imponía una electrizante personalidad que le permitía conectar con la afición casi de inmediato.

Para la campaña de 1971, decide junto con su padre, que era el que principalmente se encargaba de sus asuntos, emprender una campaña española. Tenía ya toreados aquí en México 123 festejos cuando hace el viaje a finales del mes de febrero, pues tenía ya apalabradas varias fechas que iniciarían el 18 de marzo en la Feria de Fallas en Valencia, tarde en la que cortó dos orejas y enseguida el 21 en Castellón de la Plana, triunfaría de nuevo llevándose tres apéndices en la espuerta. Se volvería a vestir de luces el 11 de abril en Murcia, con otro triunfo de puerta grande y al día siguiente en Barcelona, donde la suerte le fue esquiva.

Fermín Rivera declaraba con gran seguridad, en entrevista publicada en el número de El Ruedo aparecido el 10 de noviembre de 1970, lo siguiente:

Estará presente en las mejores ferias españolas. No defraudará a nadie midiéndose con figuras auténticas del toreo contemporáneo... El Currito Rivera de este año está dispuesto a las pruebas más exigentes. Viene limpio de asperezas. A demostrar que es un gran torero. Y no lo digo con pasión de padre. Esto me retraería a la hora de confeccionar contratos para plazas de categoría. Demostrará ante las cátedras citadas y otras varias que es un gran torero...

Y los hechos demostraron que al Maestro de San Luis le asistía la razón…

La Feria de Abril de 1971

Una de las ferias de gran categoría a la que se apuntó Curro Rivera fue la de Sevilla. Lo hizo a dos tardes y la primera de ellas fue la del 18 de abril, en la que alternaría con Curro Romero y Victoriano Valencia en la lidia de toros de don Fermín Bohórquez. Era, en realidad, un verdadero examen para el jovencísimo torero mexicano, el presentarse ante la afición hispalense junto con la última gran leyenda que ha habitado los muros de esa plaza. El designio de su padre y representante, de someterlo a las pruebas más exigentes, se estaba llevando a cabo conforme a la ruta trazada.

Y la prueba fue satisfecha con nota sobresaliente. Curro Rivera cortó tres orejas esa tarde de domingo. El que firma como J.M. en la Hoja del Lunes del día siguiente al festejo, entre otras cosas, cuenta esto acerca de la actuación del torero:

Sevilla la ha conquistado pronto Curro Rivera, un joven que sonríe con la alegría de sus pocos años y al que no importan ni los toros bravos ni los mansos, porque para todos tiene una lidia que culmina en éxitos y que lleva el entusiasmo a los graderíos, desde las primeras a las últimas filas. Mucho temple, mucho garbo y, sobre todo, un perfecto conocimiento. Le ha faltado banderillear, porque sabemos que lo hace muy bien, pero quizá no quiso en una plaza y una feria donde la responsabilidad es muy grande para todos, y más aún para quienes vienen de otros países.

Han escrito en fechas anteriores algunos críticos mexicanos que no había aquí propósitos de recibir con entusiasmo a los toreros de su país. Hoy debían haber estado en la Maestranza los que así escribieron, para comprobar que, sin una sola excepción, todos los espectadores, entre los que figuran los de más solera de Andalucía, aplaudieron al Curro de México de forma delirante, y agitando sus pañuelos durante largo rato llegaron a conquistar para el diestro la segunda oreja de su toro primero.

Y es que Curro Rivera ha estado muy bien. Lanceando en el centro del anillo, con verónicas muy templadas, para después colocar al toro en suerte, también de manera magistral. Cuando el picador, su compatriota, se ganó una ovación por lo perfecto que hizo el embroque, Rivera quitó de forma admirable, por chicuelinas y revolera. Al brindar a la plaza los tendidos hervían, y una ovación atronadora fue el refrendo a su gesto. Pases de todas las marcas, entre clamores y música, algún destello personalísimo de toreo propio y otra vez lo clásico, con la derecha y la izquierda, hasta el momento de matar, en que, entrando bien, consiguió una estocada que tumbaría sin puntilla. Júbilo en la vuelta, regalos, flores y algún sombrero charro mexicano para que lo luciera unos momentos…

Más compuesta literariamente, por el tiempo que su autor tuvo para hacerla, es la de Manuel Olmedo Don Fabricio II, aparecida en el ABC hispalense el martes 20 de abril, titulada Curro y Currito, de la que entresaco esto:

La presentación de Currito Rivera en la Maestranza ha sido triunfal y convincente. Lo hemos visto en todo momento muy seguro y suelto. Al tercero de la tarde lo lanceó con tanta decisión con prestancia, lo mismo a la verónica que por chicuelinas, rematadas éstas con galana revolera. Luego, dominador y arrogante, con sereno coraje compuso una faena de muleta superior a las condiciones del toro, bueno, toreable, pero no boyante. Estuvo siempre cerquísima de él, a dos dedos de los pitones, y no se inmutó cuando se le quedó parado varias veces en el centro de la suerte. Excelente fue el trasteo y soberbia la estocada con que Currito tumbó a su adversario. El bravo mexicano se perfiló en corto, atacó derecho, con el acero a la altura que marcan los cánones, cruzó limpiamente y clavó la espada en las mismas agujas. Estocada difícilmente superable por la guapeza, por el buen estilo y por la precisión con que realizara la suerte el joven diestro, premiado justamente con las dos orejas de su adversario.

En el sexto, manso integral, aunque sin peligro alguno, manejó el capote eficazmente. El animal se iba de la muleta. Se negaba a la pelea. Currito lo persiguió denodadamente y le dio muchos pases, deshilvanados, llenos de majeza. El toro, cuando acudía al engaño obligado por Rivera, lo hacía sin el menor celo, sin la menor fijeza. Currito concluyó su esforzada labor con un estoconazo, saliendo trompicado. Hubo eufóricos en número suficiente para que al interesante espada le concedieran una oreja. Halagüeño debut...

Respecto de los toros de Bohórquez lidiados, Carlos Briones, en el número de El Ruedo de Madrid aparecido el 20 de abril siguiente cuenta lo que sigue: 

El encierro enviado por don Fermín Bohórquez ha estado bien presentado en cuanto a peso, edad y trapío se refiere. Todos, magníficos de lámina, han sido desiguales en cuanto a bravura se refiere, llegando aplomados al último tercio de la lidia… El mejor fue el primero. El segundo también se dejó torear de muleta. Los peores, con mucho, el quinto, que le tocó a Victoriano Valencia, y, sobre todo, el sexto, que lidió Currito Rivera… Por orden de aparición, los pesos y nombres de los seis astados fueron como sigue: «Bañador», de 494 kilos; «Cabezón», de 500; «Zalamero», de 466; «Calentito», de 517; «Cancionero», de 549, y «Gavilán», de 544 kilos, respectivamente...

La Puerta del Príncipe

Domingo Delgado de la Cámara cuenta que la fiebre por la salida por la Puerta del Príncipe comienza el 12 de octubre de 1952, cuando se abre por primera vez a unos triunfantes Rafael Ortega, Luis Miguel Dominguín y Antonio Ordóñez, porque antes, se llevaban en hombros a los triunfadores, como dice don Antonio Burgos, por la puerta que da a la calle Iris.

Desde entonces, el torero que triunfa en Sevilla sin cortar más de dos orejas, rechaza la salida en hombros por no poder hacerlo por la Puerta del Príncipe. Pues bien, ese 18 de abril de 1971, Curro Rivera, en el estado de cosas reinante se ganó el derecho a salir en volandas por allí y le abrieron la puerta, pero que un grupo de ilusionados y enardecidos paisanos que se tiraron al ruedo para cargarlo en hombros lo pasearon en dirección a la puerta de la calle Iris y por allí lo sacaron… Cuentan las lenguas de doble filo, que con malaje, algún local les indicó que esa era la ruta de salida y que Curro desde la altura de las volandas, les gritaba que el camino era otro, pero la emoción del momento impidió a los que lo veneraban escuchar y razonar la trascendencia de lo que hacían.

Ese error material impidió a Curro Rivera una salida que se había ganado a pulso delante de los toros, pero como tal debe contar y se debe tener en cuenta que, desde ese 12 de octubre de 1952, es el único torero mexicano para el que la Puerta del Príncipe se ha abierto, la haya cruzado o no.

Curro Rivera ese día sumó apenas su quinto festejo en ruedos hispanos, iría después a Madrid, donde confirmó la alternativa y toreó la Beneficencia, a Valencia otra vez en julio, a Pamplona, San Sebastián, Bilbao, donde fue el primer torero mexicano en abrir la puerta grande en Vista Alegre, sumando en su campaña 58 corridas en las que cortó 92 orejas y 10 rabos.

Como se puede ver, hay allí indicados varios hitos importantes, ya trataré de dar cuenta de ellos conforme se acerquen las correspondientes fechas.

domingo, 11 de abril de 2021

12 de abril de 1936: Ricardo Torres confirma su alternativa en Madrid

Ricardo Torres
Aguascalientes Cª 1937
Colección: Isidoro Cárdenas Carranza
La temporada madrileña de 1935 se cerró con la actuación de dos toreros mexicanos. La última corrida se dio el 20 de octubre y en ella actuaron José Amorós, Jesús Solórzano y Gitanillo de Triana ante toros de Demetrio y Ricardo Ayala y la última novillada se dio una semana después, cuando ante tres novillos de Juan Sánchez de Terrones y tres de los nombrados hermanos Ayala (3º, 4º y 5º), se presentaron Miguel Cirujeda, Jesús González El Indio y Ricardo Gutiérrez Navas. Nuestro paisano El Indio, cortó última oreja del ciclo al segundo de la tarde.

Al año siguiente sería Jesús González quien abriría la temporada de toros en Las Ventas, al actuar en el primer festejo del calendario el 8 de marzo, alternando con Cayetano de la Torre Morateño y José Vera Niño del Barrio en la lidia de novillos de Celso Cruz del Castillo. Después le seguiría Paco Hidalgo, que debutaría allí el Domingo de Ramos, 5 de abril, alternando con Enriqueta Palmeño, Daniel Luca de Tena y Mariano García y el tercer torero mexicano y único matador de toros en actuar en ese calendario en el ruedo venteño, sería precisamente quien me ocupa en estas líneas, el hidalguense Ricardo Torres.

La primera corrida de 1936

Se anunció como primer festejo mayor para ese Domingo de Resurrección de 1936, una corrida de ocho toros de los hermanos Luis y José Pallarés para Victoriano Roger Valencia II, José Amorós, Pepe Gallardo y el mexicano Ricardo Torres que confirmaría su alternativa. La tarde fue lluviosa y el ambiente en las tribunas estaba crispado porque la empresa suprimió el abono y emitió unos carnets de aficionado que no terminaron de convencer a los tenedores y que al día siguiente serían suprimidos, regresando al sistema anterior, según cuenta en su tribuna del ABC madrileño don Gregorio Corrochano:

Este año nos encontramos con una novedad: no se abre abono. La empresa, buscando sin duda una solución o una sustitución a la reserva de localidades, ideó el «carnet», que tiene analogía con lo que en Méjico llaman «derecho de apartado». El ensayo no cayó bien por lo visto en la opinión y se han anulado los «carnets». Pero no se abre abono. Y ahora va a surgir otra dificultad. Si no se abre abono ¿qué fórmula van a dar para la reserva de localidades abonadas?

El encierro cordobés de los hermanos Pallarés, a decir del citado don Gregorio fue serio:

Se lidiaron toros de Pallarés, bien presentados y con sus años completos. Decimos con sus años completos, porque con los toros ocurre lo contrario que suele acontecer con las mujeres: los toros se ponen años; o se los ponen los que quieren hacerles pasar por toros. Pero con sus años y todo, la corrida fue magnífica para los toreros. De los ocho, los seis primeros no hay quien los mejore en nobleza, en buen estilo de embestir. El séptimo tuvo más peligro, porque había que llegarle mucho y cuando arrancaba, lo hacía con fuerza y seguido. El octavo no se le pudo ver porque se lidió tan mal, que el toro no sabía a qué capote acudir...

Ricardo Torres confirmaba la alternativa que había recibido en Barcelona el 16 de septiembre de 1934 y que ya había confirmado en El Toreo el 2 de diciembre de ese mismo año. Lo haría con Esparragueño, que así se llamaba el primero de la corrida que me ocupa en este momento. Tuvo una actuación interesante. Quien hizo la crónica para la Hoja Oficial del Lunes, aparecida al día siguiente de la corrida – no está firmada – entre otras cuestiones relata lo siguiente:

Los cuatro matadores, con afición, con conciencia de su saber, con voluntad decidida, tuvieron gestos que dieron consistencia y calor de corrida grande a esta primera del año... Los inició Ricardo Torres al veroniquear, ceñidísimo, pero suave y lento, a su primero en una serie de lances superiores, al que siguieron otros, en el primer quite, de verdadero torero... Y luego tres pares de banderillas buenos, a cargo del nuevo matador de toros, con alegre preparación y ejecución perfecta, a los que siguió – después de recibir los trastos de manos de Valencia – una faena reposada, tranquila, fina, elegante, con gusto y ciencia. Ricardo Torres corrió la mano una y otra vez por alto y de pecho, parado, erguido, sacando la muleta por la penca del rabo del enemigo, y luego con la izquierda, desafiando, consintiendo, aguantando de verdad, consiguió dos naturales perfectos en los que tuvo que adelantar el engaño y tirar de él para que el toro pasase. Terminó la faena con un pinchazo y media, y el nuevo matador oyó una ovación grande y saludó desde los medios...

Por su parte, el que firma como López Cansinos, en el diario madrileño Ahora, escribe esto:

Empecemos por el recipiendario, que, después de todo, fue el protagonista del primer episodio de la corrida. El diestro mejicano – buen novillero en sus anteriores actuaciones en Madrid y con posibilidades de ser un buen torero en su nueva categoría – toreó con el capote al bicho que rompió plaza con mucho valor y finura y repitió estas muestras de buen estilo en el primer quite. Tomó banderillas y con excelentes maneras clavó dos pares y medio que arrancaron justas ovaciones. Brindó al público después del ceremonial doctorado y empezó con dos pases por alto soberbios, seguidos de un natural, aguantando el viaje lento del animal que estaba muy quedado. Continuó con otros pases altos pasándose todo el toro por delante, pero como el de Pallarés no hacía por el engaño, tuvo que abreviar la brillante faena. Tras un pinchazo en lo alto metió media superior que tiró al enemigo patas arriba. Fue ovacionadísimo el nuevo matador y tuvo que salir a saludar al tercio…

Como podemos ver, Ricardo Torres tuvo una confirmación de alternativa que le podría permitir la obtención de posteriores actuaciones en otras plazas españolas, pero primero, el conflicto generado por la dirigencia de los toreros españoles apenas un mes después y posteriormente la Guerra Civil, interrumpieron el camino que apenas había empezado a andar.

El resto del festejo

Valencia II dio la vuelta al ruedo tras despachar al segundo, fue silenciado en el quinto y volvió a dar la vuelta en el séptimo que mató por Pepe Gallardo; José Amorós: silencio en el tercero y vuelta tras la muerte del sexto; Pepe Gallardo: cortó las 2 orejas al cuarto, Rompelindo y fue gravemente herido por el séptimo que tenía el curioso nombre de Manta al hombro. Por su parte, Ricardo Torres, tras la muerte del que cerró plaza, escuchó palmas al retirarse.

El parte médico rendido acerca del percance sufrido por Pepe Gallardo, sin firma en los diarios, pero que me arriesgo a atribuir al doctor Jacinto Segovia, dice lo siguiente:

Durante la lidia del séptimo toro ha ingresado en esta enfermería el diestro José Gallardo, quien sufre una herida por asta de toro, situada en la cara posterior, tercio medio del muslo izquierdo, de unos veinte centímetros de trayectoria y que lesiona piel, tejido celular subcutáneo, músculos bíceps y semitendinoso, contusionando el nervio ciático mayor, acompañado de abundante hemorragia procedente de las ramas de la femoral profunda. Pronóstico grave.

Dramatis personae

Victoriano Roger Valencia II. Murió asesinado en la carretera de Hortaleza el 18 de diciembre de ese 1936 – fusilado dicen otros – a causa de su afiliación falangista y de su belicoso deseo de hacer ostentación de ella en todo lugar, incluso en las plazas de toros.

José Amorós. Las cornadas y la guerra civil truncaron su carrera. Toreó la Corrida de la Victoria en Las Ventas el 24 de mayo de 1939. Cambió el oro por la plata a partir de 1944 y actuó en cuadrillas de diestros como Gitanillo de Triana, Antonio Bienvenida o Rovira. Cuando dejó los ruedos fue asesor de la presidencia en Las Ventas. Falleció el 15 de julio de 1997.

Pepe Gallardo. Siguió toreando intermitentemente después de la Guerra Civil. En 1942 toreó con Manolete en San Fernando, al año siguiente volvió a Las Ventas y al final del calendario dejó de torear. Se dedicó a ayudar a un muchacho de Barbate llamado Antonio Rivera, quien después sería el padre de Riverita y de Paquirri. Falleció en Cádiz el 1º de abril de 1988.

El devenir de Ricardo Torres

Mañana lunes se cumplen 85 años de que Ricardo Torres resultara ser el último torero mexicano en actuar en la plaza de Madrid, como decía, a causa de un rompimiento de relaciones y entenderes entre las torerías de España y México y de la Guerra Civil Española. Sería hasta el 18 de julio de 1944, cuando volvería a hollar esa arena un torero mexicano y tocaría a Carlos Arruza presentarse allí para, precisamente, confirmar su alternativa. 

Ricardo Torres, heredero de las enseñanzas de Ojitos por la vía de Samuel Solís, continuó su carrera en México y durante la imposibilidad de actuar en España, lo siguió haciendo en Portugal y Francia, haciéndolo en la Plaza México por última ocasión el 6 de marzo de 1949, alternando con Lorenzo Garza y Luis Procuna y en esa ocasión cortó la oreja al toro Africano de Pastejé.

Posteriormente participó en la formación como toreros de sus sobrinos Jaime y Manolo Rangel, ambos matadores de toros. Ricardo Torres falleció el 3 de agosto de 1953 a consecuencia de un accidente automovilístico sufrido 5 días antes en las inmediaciones de Matamoros, Tamaulipas.

Sirvan estos párrafos para recordar a este gran – pero altamente incomprendido por la historia – torero mexicano.

domingo, 4 de abril de 2021

1963: Gabino Aguilar, dos salidas a hombros consecutivas en Sevilla

Gabino Aguilar
Durante la temporada 1962 – 63 estuvieron en México varias de las figuras hispanas que vinieron o a confirmar sus alternativas a la Plaza México, a actuar en El Toreo de Cuatro Caminos o a realizar campañas en nuestros ruedos. Los más destacados – y los cito por su orden en el escalafón – fueron Joaquín Bernadó, apoderado por Cristóbal Becerra; Pablo Lozano, llevado por sus hermanos José Luis y Eduardo; Paco Camino, exclusivo de la casa Chopera; Juan García Mondeño, a quien traía Alberto Alonso Belmonte; Pedro Martínez Pedrés y Antonio Borrero Chamaco que venían con los Camará y Santiago Martín El Viti, representado por Florentino Díaz Flores. También figuraron Fermín Murillo y Antonio Ordóñez, pero no pude identificar a sus representantes.

Pues bien, esos apoderados hispanos no solamente se dedicaron a atender los asuntos de los toreros que llevaban, sino que, en la busca de nuevos valores para la tauromaquia, volvieron sus ojos a los muchachos que comenzaban a andar por los ruedos y al terminar su periplo americano se llevaron a España a varios de nuestros novilleros para la campaña de 1963. Eran novedad dos de ellos Abel Flores El Papelero, que se colocó con Alberto Alonso Belmonte y Gabino Aguilar, quien se acomodó, seguramente con la casa Chopera.

Además, repitieron allá del ciclo anterior Juan Anguiano, Mauro Liceaga, Óscar Realme, Fernando de la Peña y Guillermo Sandoval, recibiendo estos tres últimos la alternativa en plazas de importancia. Habrá que apuntar aquí que, de todos ellos, Gabino Aguilar fue el novillero mexicano que más fechas sumó ese calendario, con 25 y que también hicieron campaña allá los matadores de toros Manuel Capetillo, Guillermo Carvajal, Gabriel España y Antonio Campos El Imposible.

Sevilla, 30 de junio de 1963

La empresa Pagés anunció para ese domingo de abono, una novillada de Manuel Álvarez y hermanos que sería lidiada por la rejoneadora colombiana Amina Asís y los novilleros Ángel Rodríguez, Manuel Álvarez El Bala y Gabino Aguilar, los tres nuevos en esa plaza.

La tarde representó un triunfo para Gabino Aguilar que salió a hombros de la afición por la puerta de la calle Iris, aunque El Bala lo hiciera por la del Príncipe por una cuestión meramente de números.

Esa tarde, Gabino Aguilar le cortó una oreja a cada uno de los novillos de Álvarez a los que enfrentó en una actuación que Manuel Olmedo Sánchez Don Fabricio II, resume de esta manera en el ABC sevillano del 2 de julio siguiente:

El mejicano Gabino Aguilar nos ha causado una grata impresión. Posee un gran sentido de lidiador y relevantes dotes de artista, que brillaron en las verónicas, las chicuelinas y los airosos remates ejecutados en el sexto, y se evidenciaron rotundamente en las dos faenas de muleta, cuyos méritos se encarecen por las dificultades de ambos novillos. Al tercero, cobardón, que se quedaba y derrotaba mucho, lo trasteó con inteligencia, aguante y compostura. Al dominio se unieron en algunos pases estimables detalles estéticos. Murió el animal a efectos de una estocada, y al diestro le fue concedida una oreja. Tiró Aguilar del sexto hacia los medios, y allí, obligando la remisa y corta embestida del animal, cuajó pases muy meritorios. Realizó la suerte suprema con buen estilo y prontitud, y obtuvo el mismo premio que en el otro novillo, con idénticos merecimientos...

La salida de El Bala por la puerta del Príncipe se debió a que cortó tres orejas esa tarde.

Gabino Aguilar iría después a Burgos, dos tardes consecutivas a Madrid, a La Coruña y a San Sebastián antes de volver a la antigua Híspalis.

11 de agosto de 1963, otra salida en hombros

El cartel de esta novillada se integró con Gabino Aguilar, el toledano Miguel Oropesa y el gaditano Manolo Aibar, quienes enfrentarían un encierro de don José María Soto de la Fuente. En esta ocasión Gabino tuvo que matar tres novillos, pues el segundo de la tarde mandó a la enfermería a Oropesa y ya no salió de allí.

El encierro fue una colección de prendas, según lo cuenta quien firma como El Chico del Baratillo en la Hoja del Lunes del día siguiente del festejo:

No resultó la novillada del señor Soto, grata para la afición, pues después de la falta de hechuras y trapío, de fea estampa, a excepción del sexto, bueno en el último tercio, aunque sin fuerza, los demás resultaron al final muy incómodos, por su feo estilo, motivado por su falta de fuerza también, mansedumbre en general que fueron motivos para defenderse en el desarrollo de la lidia. En este menester se destacó el lidiado en cuarto lugar, el peor de todos, porque tenía sentido. Con los jinetes fue superior el primero, mansos tercero y cuarto, cumpliendo los demás...

No obstante, y sin reparar en las condiciones de los toros, Gabino Aguilar se jugó el tipo alegremente. Antonio de los Santos Santiño, haciendo la crónica para el ABC de Sevilla, refleja lo siguiente de su actuación ante el cuarto de la corrida:

Fue en su segundo donde el mejicano dejó bien probadas sus excepcionales aptitudes toreras. El novillo, de tanta presencia como peligro y quizás más acusado éste, había arrollado a un peón con aviesas intenciones. Llegó al último tercio en condiciones totalmente negativas para la lidia más somera, y el diestro azteca luchó con denuedo hasta tirar de él en unos derechazos personales e intransferibles, para luego, en terreno inverosímil, forzar unas series de naturales ligados con el de pecho realmente impresionantes, en los que el valor tenía la misma calidad que la sabiduría torera derrochada por el singular lidiador, subrayada por el confundido murmullo de las aclamaciones y los ecos musicales. La indiscutible proeza hubo de coronarla con una estocada entera, y, tras denegar el presidente la segunda oreja, pedida con rotunda e insistente unanimidad, el majo Gabino hubo de recorrer tres veces el anillo, recogiendo diversidad de prendas…

Nuevamente ante el quinto del festejo Gabino volvió a poner en evidencia su voluntad y su determinación de querer ser, según escribió el ya citado Chico del Baratillo:

Otra vez en el quinto de la tarde – sustituyendo a Oropesa – el mejicano ofreció una brillante estampa como refrendo de su valor y capacidad torera, pues si arte y gracia imprimió su capote, lució más aún con la flámula en otro curso bellísimo de toreo clásico también, que los bordara en muchos momentos de su faena entre música y ovaciones y que para que no faltara lo trágico, fue cogido aparatosamente sin consecuencias y, a pesar de estar visiblemente lastimado, puso epílogo a su labor con un volapié fulminante, volcándose sobre el enemigo. Cortó oreja también, marchándose de la Maestranza con un éxito de clamor, dejando en Sevilla su nombre altamente cotizable...

Y otra vez salió en volandas por la puerta de la calle Iris. Como siempre se había acostumbrado, pues me cuenta Domingo Delgado de la Cámara, que eso de abrir la del Príncipe se empezó a usar hasta el año de 1952 cuando unos triunfos de Luis Miguel Dominguín y Rafael Ortega. Y una vez hecho eso, los toreros ya no querían otra cosa, como lo cuenta don Antonio Burgos:

Por la calle Iris. Como siempre se han sacado a los toreros en Sevilla, antes de la moda del mito del cuento del envergue de tanta Puerta del Príncipe... Pero, hijo, los toreros la desprecian. O por la del Príncipe o ninguna, parecen decir. No quieren salir por la calle Iris, como no sea andando y hacia el cochecuadrillas aparcado en la calle Antonia Díaz. Cuando por la calle Iris, y a hombros hasta el Hotel Cecil Oriente donde se vistió, salió Curro Romero la tarde de su debú y su triunfo con «Radiador» de Benítez Cubero. Por la calle Iris han salido a hombros Manolete y Arruza, y Antonio Ordóñez, y Pepín Martín Vázquez, y Pepe Luis Vázquez, y Chicuelo. Entonces era lo normal… conviene, pues, aclarar que aquí no está prohibido sacar a un torero a hombros por la calle Iris. Aunque parezca lo contrario...

In memoriam

Gabino Aguilar volvería a España la campaña siguiente y se doctoraría en el ruedo de Las Ventas de Madrid el 23 de junio de 1964 de manos de Andrés Hernando y atestiguando Manuel Benítez El Cordobés. Torearía 16 corridas, cortando 23 orejas en esa campaña y a partir de 1965 dedicaría sus afanes a torear en ruedos de México y después del retiro, a criar toros de lidia en El Batán. Pero de este y otros asuntos ya me había ocupado en este lugar de esta misma Aldea.

Gabino Aguilar falleció el día de San José de este 2021. Hoy le recuerdo aquí como lo que siempre ha sido: un triunfador.

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