domingo, 18 de abril de 2021

Curro Rivera y la Puerta del Príncipe. Hace 50 años

Curro Rivera, el hijo de Fermín, el de San Luis, irrumpió como un torbellino en los ruedos de México en el año de 1965, con apenas 14 años de edad. Recibió la alternativa en Torreón el 14 de septiembre de 1968 y la confirmó en la Plaza México el febrero siguiente, cortando ese mismo año, su primer rabo en la gran plaza, a partir de un toreo en el que, a más de un bien aprendido oficio, reinaba la frescura y se imponía una electrizante personalidad que le permitía conectar con la afición casi de inmediato.

Para la campaña de 1971, decide junto con su padre, que era el que principalmente se encargaba de sus asuntos, emprender una campaña española. Tenía ya toreados aquí en México 123 festejos cuando hace el viaje a finales del mes de febrero, pues tenía ya apalabradas varias fechas que iniciarían el 18 de marzo en la Feria de Fallas en Valencia, tarde en la que cortó dos orejas y enseguida el 21 en Castellón de la Plana, triunfaría de nuevo llevándose tres apéndices en la espuerta. Se volvería a vestir de luces el 11 de abril en Murcia, con otro triunfo de puerta grande y al día siguiente en Barcelona, donde la suerte le fue esquiva.

Fermín Rivera declaraba con gran seguridad, en entrevista publicada en el número de El Ruedo aparecido el 10 de noviembre de 1970, lo siguiente:

Estará presente en las mejores ferias españolas. No defraudará a nadie midiéndose con figuras auténticas del toreo contemporáneo... El Currito Rivera de este año está dispuesto a las pruebas más exigentes. Viene limpio de asperezas. A demostrar que es un gran torero. Y no lo digo con pasión de padre. Esto me retraería a la hora de confeccionar contratos para plazas de categoría. Demostrará ante las cátedras citadas y otras varias que es un gran torero...

Y los hechos demostraron que al Maestro de San Luis le asistía la razón…

La Feria de Abril de 1971

Una de las ferias de gran categoría a la que se apuntó Curro Rivera fue la de Sevilla. Lo hizo a dos tardes y la primera de ellas fue la del 18 de abril, en la que alternaría con Curro Romero y Victoriano Valencia en la lidia de toros de don Fermín Bohórquez. Era, en realidad, un verdadero examen para el jovencísimo torero mexicano, el presentarse ante la afición hispalense junto con la última gran leyenda que ha habitado los muros de esa plaza. El designio de su padre y representante, de someterlo a las pruebas más exigentes, se estaba llevando a cabo conforme a la ruta trazada.

Y la prueba fue satisfecha con nota sobresaliente. Curro Rivera cortó tres orejas esa tarde de domingo. El que firma como J.M. en la Hoja del Lunes del día siguiente al festejo, entre otras cosas, cuenta esto acerca de la actuación del torero:

Sevilla la ha conquistado pronto Curro Rivera, un joven que sonríe con la alegría de sus pocos años y al que no importan ni los toros bravos ni los mansos, porque para todos tiene una lidia que culmina en éxitos y que lleva el entusiasmo a los graderíos, desde las primeras a las últimas filas. Mucho temple, mucho garbo y, sobre todo, un perfecto conocimiento. Le ha faltado banderillear, porque sabemos que lo hace muy bien, pero quizá no quiso en una plaza y una feria donde la responsabilidad es muy grande para todos, y más aún para quienes vienen de otros países.

Han escrito en fechas anteriores algunos críticos mexicanos que no había aquí propósitos de recibir con entusiasmo a los toreros de su país. Hoy debían haber estado en la Maestranza los que así escribieron, para comprobar que, sin una sola excepción, todos los espectadores, entre los que figuran los de más solera de Andalucía, aplaudieron al Curro de México de forma delirante, y agitando sus pañuelos durante largo rato llegaron a conquistar para el diestro la segunda oreja de su toro primero.

Y es que Curro Rivera ha estado muy bien. Lanceando en el centro del anillo, con verónicas muy templadas, para después colocar al toro en suerte, también de manera magistral. Cuando el picador, su compatriota, se ganó una ovación por lo perfecto que hizo el embroque, Rivera quitó de forma admirable, por chicuelinas y revolera. Al brindar a la plaza los tendidos hervían, y una ovación atronadora fue el refrendo a su gesto. Pases de todas las marcas, entre clamores y música, algún destello personalísimo de toreo propio y otra vez lo clásico, con la derecha y la izquierda, hasta el momento de matar, en que, entrando bien, consiguió una estocada que tumbaría sin puntilla. Júbilo en la vuelta, regalos, flores y algún sombrero charro mexicano para que lo luciera unos momentos…

Más compuesta literariamente, por el tiempo que su autor tuvo para hacerla, es la de Manuel Olmedo Don Fabricio II, aparecida en el ABC hispalense el martes 20 de abril, titulada Curro y Currito, de la que entresaco esto:

La presentación de Currito Rivera en la Maestranza ha sido triunfal y convincente. Lo hemos visto en todo momento muy seguro y suelto. Al tercero de la tarde lo lanceó con tanta decisión con prestancia, lo mismo a la verónica que por chicuelinas, rematadas éstas con galana revolera. Luego, dominador y arrogante, con sereno coraje compuso una faena de muleta superior a las condiciones del toro, bueno, toreable, pero no boyante. Estuvo siempre cerquísima de él, a dos dedos de los pitones, y no se inmutó cuando se le quedó parado varias veces en el centro de la suerte. Excelente fue el trasteo y soberbia la estocada con que Currito tumbó a su adversario. El bravo mexicano se perfiló en corto, atacó derecho, con el acero a la altura que marcan los cánones, cruzó limpiamente y clavó la espada en las mismas agujas. Estocada difícilmente superable por la guapeza, por el buen estilo y por la precisión con que realizara la suerte el joven diestro, premiado justamente con las dos orejas de su adversario.

En el sexto, manso integral, aunque sin peligro alguno, manejó el capote eficazmente. El animal se iba de la muleta. Se negaba a la pelea. Currito lo persiguió denodadamente y le dio muchos pases, deshilvanados, llenos de majeza. El toro, cuando acudía al engaño obligado por Rivera, lo hacía sin el menor celo, sin la menor fijeza. Currito concluyó su esforzada labor con un estoconazo, saliendo trompicado. Hubo eufóricos en número suficiente para que al interesante espada le concedieran una oreja. Halagüeño debut...

Respecto de los toros de Bohórquez lidiados, Carlos Briones, en el número de El Ruedo de Madrid aparecido el 20 de abril siguiente cuenta lo que sigue: 

El encierro enviado por don Fermín Bohórquez ha estado bien presentado en cuanto a peso, edad y trapío se refiere. Todos, magníficos de lámina, han sido desiguales en cuanto a bravura se refiere, llegando aplomados al último tercio de la lidia… El mejor fue el primero. El segundo también se dejó torear de muleta. Los peores, con mucho, el quinto, que le tocó a Victoriano Valencia, y, sobre todo, el sexto, que lidió Currito Rivera… Por orden de aparición, los pesos y nombres de los seis astados fueron como sigue: «Bañador», de 494 kilos; «Cabezón», de 500; «Zalamero», de 466; «Calentito», de 517; «Cancionero», de 549, y «Gavilán», de 544 kilos, respectivamente...

La Puerta del Príncipe

Domingo Delgado de la Cámara cuenta que la fiebre por la salida por la Puerta del Príncipe comienza el 12 de octubre de 1952, cuando se abre por primera vez a unos triunfantes Rafael Ortega, Luis Miguel Dominguín y Antonio Ordóñez, porque antes, se llevaban en hombros a los triunfadores, como dice don Antonio Burgos, por la puerta que da a la calle Iris.

Desde entonces, el torero que triunfa en Sevilla sin cortar más de dos orejas, rechaza la salida en hombros por no poder hacerlo por la Puerta del Príncipe. Pues bien, ese 18 de abril de 1971, Curro Rivera, en el estado de cosas reinante se ganó el derecho a salir en volandas por allí y le abrieron la puerta, pero que un grupo de ilusionados y enardecidos paisanos que se tiraron al ruedo para cargarlo en hombros lo pasearon en dirección a la puerta de la calle Iris y por allí lo sacaron… Cuentan las lenguas de doble filo, que con malaje, algún local les indicó que esa era la ruta de salida y que Curro desde la altura de las volandas, les gritaba que el camino era otro, pero la emoción del momento impidió a los que lo veneraban escuchar y razonar la trascendencia de lo que hacían.

Ese error material impidió a Curro Rivera una salida que se había ganado a pulso delante de los toros, pero como tal debe contar y se debe tener en cuenta que, desde ese 12 de octubre de 1952, es el único torero mexicano para el que la Puerta del Príncipe se ha abierto, la haya cruzado o no.

Curro Rivera ese día sumó apenas su quinto festejo en ruedos hispanos, iría después a Madrid, donde confirmó la alternativa y toreó la Beneficencia, a Valencia otra vez en julio, a Pamplona, San Sebastián, Bilbao, donde fue el primer torero mexicano en abrir la puerta grande en Vista Alegre, sumando en su campaña 58 corridas en las que cortó 92 orejas y 10 rabos.

Como se puede ver, hay allí indicados varios hitos importantes, ya trataré de dar cuenta de ellos conforme se acerquen las correspondientes fechas.

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