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domingo, 2 de agosto de 2009

1934 – 1935: Lorenzo Garza y El Soldado, mano a mano, los amos de Madrid (y II)


Para el año de 1935, la fiesta en Madrid se había trasladado a una nueva casa, la Plaza de Toros de Las Ventas. Como todos los escenarios taurinos nuevos, la plaza de toros que todavía hoy es el principal escenario táurico del mundo era objeto de múltiples críticas, tanto por su ubicación, como por la oportunidad de su puesta en funcionamiento, dado que la tradición y la historia registrada en la de la Carretera de Aragón hacían creer que la nueva era hasta cierto punto superflua.

Los personajes de esta historia ya no eran en este momento dos novilleros deseosos de gloria. Lorenzo Garza había recibido la alternativa el 29 de septiembre de 1934 en Aranjuez, de manos de Juan Belmonte – había renunciado a una que el 6 de agosto de 1932 le diera en Santander Pepe Bienvenida –, en tanto que El Soldado se había hecho matador de toros el 24 de marzo de 1935 en Castellón, de manos de Rafael El Gallo y había renunciado a una alternativa que Cagancho le había otorgado en El Toreo de México el 5 de marzo de 1933.

26 de mayo de 1935. 4 toros de Gallardo y dos de Ramón Ortega (5º y 6º) para Manuel Jiménez Chicuelo, Lorenzo Garza y Luis Castro El Soldado.

Solo Garza cortó la oreja del quinto esa tarde, que fue infumable por la combinación de los problemas que causaron los toros y el piso del ruedo. La relación de don Gregorio Corrochano en el ABC de Madrid del 28 de mayo siguiente resalta en lo siguiente:

...He de averiguar a qué término municipal pertenecen los terrenos donde está enclavada la nueva plaza de toros, porque tengo la esperanza de que no sea término de Madrid. Y me refugio en la esperanza, porque si lo que está ocurriendo en esa plaza ocurre fuera de Madrid, aun no siendo muy recomendable, tendría menos trascendencia; ahora si se demuestra que esa plaza es la plaza de Madrid, está la fiesta perdida...

...El hecho es que dede que nos hemos trasladado a las Ventas del Espíritu Santo, o nos hemos salido de Madrid o hemos perdido ya la noción de lo que eran las corridas en Madrid. La plaza vieja - ¡vieja admirable! - nos ve ir y nos ve venir y no se derrumba, como si esperara que una tarde, cansados, volvamos a ella, a ver si encontramos los toros de Madrid...

...El domingo vino una de esas corridas que antes no venían a Madrid, y que vienen ya sabemos por qué, y fue, como era de esperar, una corrida impresentable: toros que no tenían fuerza, ni la precisa para sostenerse en pie... toros que había que lidiarlos con gran cuidado, por delante y con las manos altas, para sostenerles, evitar que se cayeran y no hacerles daño. Es decir, todo lo contrario de lo que debe ser el toreo cuando hay toros, que es castigo y dominio y riesgo. Los toros de Gallardo venían ya castigados desde Algeciras... Dos toros fueron retirados, el quinto, que parecía tener más fuerza que los otros, porque salió correteando abanto y el sexto porque no se podía tener, ahora que los sobreros de Ramón Ortega eran más chicos, sobre todo el último, verdaderamente abecerrado... Nota curiosa. Como el piso de la plaza está en muy malas condiciones, y constantemente tienen que tapar hoyos los areneros, me hicieron observar que con los toros en la plaza, estaban los areneros tranquilamente trabajando. Ni para los areneros había toros. Y sin toros no puede haber ni corrida, ni reseña…

30 de junio de 1935. 5 toros de Clairac y uno de Bernardo Escudero (6º) para Marcial Lalanda, Lorenzo Garza y El Soldado.


Con este festejo se dio por terminada la temporada madrileña de ese año y fue uno de esos que solamente quedan para la bitácora, pues ningún hecho memorable se produjo en el mismo. El juicio que de este festejo hace don Gregorio Corrochano en el diario madrileño ABC del 2 de julio siguiente es agrio, sin acabar de digerir la manera de hacer en el ruedo de Lorenzo y de Luis y cuestionando duramente la actuación de Marcial. De su crónica extraigo lo siguiente:

...Marcial era el único que podía poner en la tarde la nota de torero. No la puso y la corrida fue una calamidad. Para mí estuvo desacertado incluso en hacer señas al presidente para que cambiara el tercio de varas. No porque el toro necesitara más, sino porque nos estamos lamentando siempre que no se pican los toros, y es preferible un error por exceso que por defecto; no vayan a contribuir los propios toreros a lo que luego lamentan...

...Con Marcial falló toda la corrida, pues Garza y El Soldado demostraron una vez más todo lo que desconocen del toreo...




Este fue el epílogo de una historia que dos de los más grandes toreros que ha dado este país iniciaron en Madrid. De allí salieron a labrarse una gran carrera que les puso en un lugar privilegiado en la Historia del Toreo y es por eso que hoy pongo a consideración de Ustedes el recuerdo de estos fastos que sin duda, son parte de la razón de la grandeza de esta fiesta.

viernes, 24 de julio de 2009

Gaona y Armillita. Seis toros en Madrid

Matar seis toros

Anunciarse para matar seis toros en una jornada se ha considerado siempre una gesta. Y es de difícil realización, porque el torero que se decide a enfrentar él solo un encierro, debe tener algo que decir, debe estar en aptitud de decirlo y además tener los medios para comunicarse. Es decir, al menos en teoría, este tipo de corridas son para los toreros llamados largos, de gran repertorio y recursos, que puedan dar variedad a seis lidias distintas y puedan resolver los problemas que les presenten los toros que vayan saliendo al ruedo.

En estos días aún sigue de moda hablar de este tipo de actuaciones, dada la que tuvo en este sentido José Tomás el pasado día 5 en Barcelona y en la cual, como eje de una parte importante de las discusiones que se generan en este ambiente, ha conseguido dividir las opiniones en torno suyo y de su actuación en ese festejo, que pese al ambiente triunfal en el que se envolvió, se mantiene un estado de cuestionamiento de la mayoría en cuanto al resultado final que tuvo. No vi la corrida y los vídeos que están a disposición, no me dejan mucho espacio para formarme una opinión publicable.

Yo he sido testigo aquí en México de varias corridas de esa naturaleza y la verdad es que, aún con la aureola de figura que un torero pueda llevar, si no tiene los recursos y la variedad para convencer al personal, al final del festejo el balance le puede salir con números rojos. En esas corridas, he visto a grandes figuras salir con su crédito a la baja y alguno hubo – Manolo Martínez – que repitió el hecho varias veces, aún cuando no le salían redondas las cuentas. El valor de esto no consiste solamente en salirle a seis toros en una misma tarde, sino que implica necesariamente también, el hacerlo con algo más que decoro.

Dos toreros mexicanos, Rodolfo Gaona en 1912 y Fermín Espinosa Armillita en 1932 enfrentaron solos una corrida en Madrid. En estos casos, tengo la impresión, por lo leído, de que intentaron acreditar ante la afición madrileña su posibilidad ante prácticamente cualquier clase de toro y por otra parte, buscaban también el mantener una posición como figuras principales de su tiempo, razón por la cual, teniendo poco que ganar y mucho para perder, aceptaron el reto que significó comparecer en esas condiciones ante la afición de la principal plaza del mundo.

14 de julio de 1912, Rodolfo Gaona con toros de Trespalacios y Benjumea

En una corrida que de acuerdo con las crónicas, prácticamente se improvisó para poder cumplir con el primer abono de esa temporada – al parecer hay cosas que no cambian – el Califa de León enfrentó en solitario cinco toros de Trespalacios y uno de Benjumea. Las dos vacadas eran de origen vazqueño. La primera, por estar formada con vacas de Veragua y un semental de Murube desde el año de 1883 y la otra, por adquisición que hiciera directamente don José María Benjumea a la Testamentaría de Vicente José Vázquez en 1832.

Monterito, Saltador, Garabito (este de Benjumea), Granizo, Azafranero y Churrero fueron saltando al ruedo en una tarde ventosa, que impedía realmente el lucimiento de los toreros y sí a esto sumamos el hecho de que los seis toros, de acuerdo con X.X. en su crónica publicada en El Imparcial del día siguiente, eran en realidad una parada de cabestros, el resultado para el discípulo de Ojitos no fue halagüeño en lo absoluto, pues el de Benjumea se le fue vivo tras los tres avisos y el sexto le dejó una paliza, que obligó a que por orden de la presidencia del festejo, lo terminara el sobresaliente Carlos Lombardini.

Al final de cuentas, las crónicas reparan en lo imposible del clima y las dificultades de los toros y coinciden esencialmente en el hecho de que esa corrida no le quitó, pero tampoco le hubiera dado al gran Rodolfo. Cito primero la opinión del nombrado X.X. en El Imparcial sobre el particular:

…No debe maldecir Gaona la hora que tuvo la inspiración de matar los seis toros. Los elementos que el azar ha juntado contra él son más que suficientes para que siempre, sobre el éxito poco feliz que ha logrado en su empresa, subsista el mérito de su brioso impulso y quede el prestigio de la buena fama de ese gran torero cuya defensa irrebatible se hace con decir que esta tarde, entre un ciclón y una parada de cabestros —que eran cinco de los seis bichos lidiados— ni una vez siquiera «pudo» tirar a gusto el capotillo de sus inimitables filigranas…


Y enseguida con lo que Don Modesto remató su crónica en El Liberal, también del 15 de julio de 1912:

...A mi juicio, carece de importancia para la historia de este torero el mal paso que dio ayer tarde. Hoy no es más ni menos que era ayer antes de empezar la corrida.

Si hubiese visto sus esfuerzos coronados por la victoria, sería lo mismo...

...Y no pretenda Gaona imitar al coronel del cuento, Que esperaba destruir con un segundo cañonazo lo que no había conseguido alcanzar con el primero.

Hay que aproximar más la batería para meter el objeto en el radio de acción.

Todo lo que no sea esto, será gastar pólvora en salvas, con el peligro de quedarse sordo al ruido de los estampidos.

¡Una y no más, Santo Tomás!


Como se ve, las circunstancias permitieron observar que El Petronio tenía nada que ganar y mucho que perder, pero también, la crítica entendió y dio a conocer las condiciones adversas en la que el festejo se desenvolvió, se consideró que solventó la papeleta con dignidad, que es el último e indeseado recurso de aquél que se pone en una aventura de este calibre.

Hace unos días se cumplieron 97 años de su gesta, recuerdo esta hazaña, que al paso del tiempo resulta ser una de las bases importantes sobre la que se construyó la historia y la leyenda del Indio Grande, Rodolfo Gaona.



24 de julio de 1932, Armillita con seis de Marcial Lalanda

Las condiciones de Armillita en España en esos días eran similares a las de Gaona en 1912. Estaba en su cuarto año de alternativa y tras de una serie de destacadas actuaciones – apenas un mes y medio antes había realizado su gran faena a Centello de AleasDominguín, su apoderado siente la necesidad de demostrar que su torero está para mayores empresas, sobre todo, cuando se empieza a notar que a pesar de la gran tarde madrileña, los contratos no llegan. El torero, pleno de facultades y de confianza en sí mismo, acepta el reto que ello implica.

El encierro elegido para la ocasión, fue uno de la ganadería de Marcial Lalanda, torero en activo y que con esa corrida tomaba antigüedad en Madrid. La vacada del más grande - según su pasodoble - era la que en su día fue de Antonio Flores Tassara y que éste adquiriera de Patricio Medina Garvey, formada inicialmente por el canónigo Hidalgo Barquero principalmente a través del cruce de reses de Vistahermosa (Giráldez) y de la testamentaría de Vicente José Vázquez y que después pasó por manos como las de Adolfo Gutiérrez Agüera y Carlos Otaolarruchi.

Aunque en ese mismo 1932 agrega toros padres del Conde de la Corte y después, en 1935, Marcial Lalanda varió la base genética de su ganadería, al adquirir de los hermanos Martín Alonso la ganadería que en su día fuera de Florentino Sotomayor encastada en Parladé y Miura, los toros que mató Armillita esta tarde necesariamente fueron del primer encaste mencionado, famoso por su suavidad, pero también por su escasa fuerza.

Entonces, aquí el reto fue doble de nueva cuenta, enfrentar toros que tuvieron su buen día, pero que en esa fecha eran una real interrogante, ya que no fueron criados por el ganadero que los presentaba en la ocasión y que por lo mismo, no representaban garantía alguna ni para el torero que los iba a enfrentar, ni para el criador que los iba presentando.

Las relaciones aquí me resultan contradictorias. Varias hablan de un encierro bien comido, con buen trapío y sin decirlo, bajito de casta, pues unos toros gazapearon – dicen – y otros se quedaron. La contradicción reside en que por otra parte, se señala que Armillita se vio apático, toreando con la muleta …por medios pases, machetazos y ayudados, distanciado y movidísimo…, lo que me sugiere que el encierro fue de esos para lidiar y matar, sin posibilidad de lucimiento en ello, tal y como lo describe el cronista del diario La Época, de Madrid, del 25 de julio de 1932:

...Armillita Chico despachó ayer en la plaza de Madrid seis toros de Marcial Lalanda. Esto basta para dar una idea de lo que fue la corrida. El diestro mejicano se limitó a matarlos, lo que hizo con brevedad, que es lo único que se le puede elogiar. Con la muleta, únicamente en el quinto dio unos pocos pases buenos; lo demás, todo fue machetazos y medios pases con movimiento y desde lejos. Empleó para matar dos pinchazos y media estocada; una entera; media atravesada; dos pinchazos y media con travesía; un metisaca y un pinchazo y un bajonazo.

Los toros fueron grandes, pero faltos de bravura, llegando al final acabados...


La versión de don Gregorio Corrochano en el ABC del 26 de julio, resulta más extensa e ilustrativa y de ella extraigo lo siguiente:

...Los toros cumplieron, con esa desigualdad corriente en las ganaderías. El primero tuvo poca casta. El segundo cumplió bien, y como tenía mucha querencia hacia adentro, a muchos les pareció bravísimo, y hasta quisieron darle la vuelta al ruedo. Fue una falsa visión de los que no ven ¡as querencias. El tercero fue alegre en varas, apagándose en las dos últimas, que después de tomarlas se quedaba indiferente, abandonando el caballo, pero sin irse. El cuarto, manso. Los más completos, los mejores, el quinto y sexto, porque, si éste no salió bien, se creció... Sólo se vio que no eran, toros de esos difíciles y peligrosos, como tampoco lucidos, de los que se torean solos... Los toros, un poco aplomados, necesitaban un toreo de acometividad, un torero de genio que pelease con ellos... No era el toro suave, a propósito para el estilismo. Había que obligarles, que pisarles un terreno que no le pisaron, y, naturalmente, no embistieron bien. Había que aguantarlos con la muleta, y no les aguantaron. En resumen, que había que lidiarles y no los lidiaron...

…En esta corrida los toros dudaron mucho y Armillita dudó más, y anduvo como borrado, casi invisible, toda la tarde. Y yo lo sentí mucho. Hubiera deseado una tarde decidida, que fuese una lección a los toreros españoles que no quisieron la corrida de Marcial, incluyendo el propio ganadero. Porque ¿para cuándo se deja la ocasión de ser torero? Al ver don Marcial que no querían sus toros, debió decirle a Marcial: toréalos tú.

Es una pena que por líos de censura y cuestiones de corte político El Imparcial y El Liberal estuvieran fuera de circulación por esas fechas, pues de haberlo estado, nos hubieran dado una visión algo más extensa del asunto. Lo que sí se percibe, es un benevolente trato a Marcial como ganadero, cuando de la relación más extensa de Corrochano, se observa que el encierro fue en definitiva, manso, aunque diríamos en la jerigonza que en esto se usa hoy, sin peligro aparente, lo que le permitió tratar de culpar al espada de no haberse empleado para salvar la tarde, en beneficio de su amigo Marcial, que en realidad, insisto, no fue el que crió los toros que se lidiaron – compró la ganadería un año antes –, motivo por el cual, no tenía mucho de qué avergonzarse.

Total, que el esfuerzo de Fermín el Sabio parece ser que fue subvalorado en beneficio del torero – ganadero que se presentaba en la capital española y que curiosamente, decidió no enfrentar él mismo sus toros, esperando quizás el fracaso del saltillense ante ellos, porque unos años después, sería Lalanda uno de los que encabezarían lo que Belmonte llamó el boicot del miedo, que con El Maestro a la cabeza, terminó con la deportación de todos los toreros mexicanos de España, pero en este caso y para las temporadas siguientes, Armillita fue de los que encabezaron el escalafón de su categoría, demostrando no haber perdido terreno en esta oportunidad.

Aunque en esta víspera de Santiago sea únicamente el aniversario – 77º – de esta corrida en solitario de Armillita, creo que vale recordar al tiempo, a los únicos dos toreros mexicanos que han cumplido esta real hazaña en la Plaza de Madrid.
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