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domingo, 28 de julio de 2013

La navaja de Ockham

Cortesía del blog Las Cartas de Iblis
Guillermo de Ockham (o de Occam) fue un franciscano inglés que escribió su obra en el siglo XIV. Se distinguió por ser junto con Juan Duns Scot (o Escoto), por sentar las bases filosóficas de la orden religiosa a la que perteneció y que en lo jurídico, se refleja hoy en día en muchos de los postulados de la Filosofía de la Liberación, curiosamente desarrollada por jesuitas sudamericanos. Entre nosotros, su obra es poco conocida por el hecho de que en 1328 fue excomulgado y aunque la Iglesia le rehabilitó en 1359, 17 años después de su muerte, su oposición a la – dominante – aplicación tomista de las ideas de Aristóteles, le dejó en una situación de desventaja ideológica.  

Ockham propuso lo que en lenguaje coloquial es llamado la navaja de Ockham y que en expresión científica es conocida como el principio de parsimonia o el principio de economía

El principio de parsimonia postula que la pluralidad no se debe postular sin necesidad (Pluralitas non est ponenda sine necessitate), lo que se puede traducir a un lenguaje más llano así: en igualdad de condiciones, la explicación más sencilla suele ser la correcta.

Para explicarlo en torno a alguno de los problemas de la Fiesta, quizás podríamos enunciarlo así: muchos toros son mansos, y eso podría ser porque durante ya varias generaciones se ha hecho una selección inadecuada de los que van a las plazas, contra esta otra proposición: muchos toros son mansos, porque en su crianza intervienen una infinidad de factores externos que inciden en su comportamiento en las plazas.

En este ejemplo – burdo, por cierto – resulta sencillo entender cuál es la explicación más sencilla. Guillermo de Ockham hizo evolucionar el pensamiento de su tiempo, al cuestionar también la validez que se le otorgaba a los conceptos universales, postulando que: todo lo que existe es singular. De esa manera, el filósofo abrió para las ciencias un nuevo modelo teórico de posibilidades ilimitadas.

Hoy en día la navaja de Ockham o principio de parsimonia es aplicado para la creación de hipótesis de trabajo en la actividad científica, partiendo de esa idea de que la explicación más sencilla es la más probable, aunque no necesariamente la verdadera y se utiliza en ciencias como la economía, teología, biología o la estadística.

Es un hecho que nos resulta más fácil dar credibilidad a teorías sencillas que otras que revisten mayor grado de complejidad. Albert Einstein lo expresaba así: todo se debe hacer tan simple como sea posible, pero no más simple.

Así pues, otras realidades que afectan el devenir de la Fiesta, como la reducción de festejos o la dominación del monoencaste pueden analizarse a la luz de la navaja. En el caso, diría que aplicar el principio obliga a no pedirle peras al olmo y sí a restarle fuerza a ideas que pretenden hacer complicadamente fortuitas las penurias de la Fiesta de nuestros tiempos, versiones que por cierto, son en la mayor parte de las veces, oficialistas y carentes de sentido común – el menos común de los sentidos, por cierto – que empírica o intuitivamente nos señala como excluir la mentira de la realidad.

Quizás las explicaciones sencillas que nos podamos formular acerca de las penurias por las que pasa el toreo en estos tiempos no sean las más correctas, pero si me resulta cierto que entre más sencilla y digerible sea la explicación de algo, resulta más comprensible y permite separar con más facilidad la paja del grano.
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