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domingo, 6 de marzo de 2016

Relecturas de invierno (X)

Tauronomics. Economía y activismo taurino

El profesor Juan Medina se nos ha aparecido de nuevo después de lo que yo considero una larga ausencia. Desde el cierre de su blog El Escalafón del Aficionado, poco se dejaba ver por los temarios taurinos, aunque sus escasas intervenciones tuvieran contundencia.

Hace unos días pude enterarme de la salida a la luz de su libro Tauronomics. Economía y activismo taurino, mismo que me apresuré a conseguir, primero, porque conociendo su autoría, de antemano sabía que no tendría desperdicio y en segundo lugar, porque los aficionados a los toros – que no los taurinos – necesitamos ampliar y ordenar nuestros argumentos en contra de los embates cada vez más virulentos de aquellos que sin razón se oponen a la fiesta de los toros.

Y creo que no me equivoqué. Los análisis que sobre los diversos factores humanos y económicos que realiza el profesor Medina están apoyados en el estudio científico de los datos proporcionados por las diversas agencias gubernamentales e instituciones privadas que tienen relación con lo que Díaz Cañabate llamara en su día el planeta de los toros, demostrando con exactitud muchas cuestiones, principalmente la falsedad del manido argumento de que la fiesta de los toros existe porque el Estado la mantiene.

Y esa demostración de la falsedad de los argumentos de los antitaurinos va acompañada además de la exhibición de la pseudociencia en la que se amparan para acometer sus retorcidas conclusiones. Intentan, utilizando parcialmente los números, a conveniencia, fabricar resultados que se adecúen a sus postulados, pero que no resisten una comprobación metodológica fiable.

La aportación de datos duros acerca de lo que la fiesta genera en recursos económicos, del número de personas a las que la fiesta atrae, del hecho de que el toreo y sus vertientes periféricas son prácticamente autónomas e independientes de los presupuestos del Estado Español están debidamente sustentados en Tauronomics, explicando de manera sencilla y hasta gráfica esas cuestiones, de forma tal que puedan ser entendidas por cualquiera.

Desmontar mitos es una tarea que a veces resulta complicada, sobre todo cuando los autores de éstos tienen a su disposición toda la fuerza de los medios de comunicación para difundir y defender sus posturas derivadas de la manipulación dolosa de datos y de informaciones con el objeto de obtener conclusiones adecuadas a una serie de premisas preestablecidas.

En esta oportunidad, el profesor Juan Medina logra su cometido. Deja en claro que las posturas antitaurinas no resisten una comprobación científica y de método que sea fiable por una parte y por la otra, exhibe con claridad la parcialidad que existe hoy en día – a título de una dudosa corrección política – hacia esas corrientes que, en un tono buenista, ponen por encima de los derechos de la humanidad unos supuestos derechos de los animales.

De allí que Tauronomics. Economía y activismo taurino, sea más que un trabajo – el mismo autor afirma que no es ni un tratado, ni un ensayo – de investigación acerca de la realidad económica y humana de la fiesta de los toros en este momento histórico. Es, a mi juicio, un documento de referencia necesario para entender lo que necesita ser reformado y lo que necesita ser aprovechado para evitar los daños que actualmente se están causando, desde dentro y desde fuera a la fiesta.

Y termino con una frase ya manida en estas relecturas. Tauronomics es un libro de esos que no se caen de las manos. Es un libro que debe tenerse, diría yo, de manera obligatoria, en la biblioteca de cualquiera que se diga aficionado a los toros, pues su contenido y sus aportaciones con seguridad marcarán un punto de inflexión en la historia del toreo.

Referencia Bibliográfica: Tauronomics. Economía y activismo taurino. – Juan Medina. – Underground. – 1ª edición, Lexington, Ky., 2016, 129 páginas, con gráficos en blanco y negro. – ISBN: 978 – 152 – 2784 – 59 – 1. 

domingo, 15 de marzo de 2015

Relecturas de invierno (IX)

Fifty Years of La Busca

Ya había presentado a Ustedes por aquí a los Bibliófilos Taurinos de los Estados Unidos (TBA por sus siglas en inglés) y tuve la ocasión de hacer notar que la afición a los toros los límites geográficos y lingüísticos que en un sano ejercicio lógico pudieran corresponder trasciende a quienes tenemos afición a esta fiesta.

Señalaba en alguna de esas colaboraciones que muchos angloparlantes se han visto atraídos por las corridas de toros después de leer a Hemingway o por haber asistido personalmente a algún festejo taurino. Para ellos resultaba un problema el mantener la recién adquirida afición a la tauromaquia ya que no resulta ser parte de la cultura en la que se encuentran inmersos. En 1964, un estadounidense, Bob Archibald, concibió una red de correo de las personas con un interés común por la literatura relacionada con las corridas de toros. 

Así nacieron los Taurine Bibliophiles of America (TBA), una agrupación que no mantiene reuniones ordinarias porque sus miembros están dispersos principalmente en todo el territorio de los Estados Unidos y en  otros países del mundo. TBA centra su actividad principalmente en los libros de tema taurino escritos en lengua inglesa. Varios de sus miembros poseen colecciones de libros reconocidas mundialmente. 

TBA publica un boletín trimestral, La Busca, que contiene reseñas de libros, ensayos y artículos de opinión para compartir experiencias o discutir puntos de vista acerca de toros y toreros. De allí el título de la obra que en este día les presento. Es un libro que contiene una bien lograda antología de textos publicados en ese boletín, durante el último medio siglo. De su introducción traduzco y copio:
“Fifty Years of La Busca” es una colección de materiales obtenidos de 323 números de “La Busca” y “El Clarín de la Busca” publicados entre 1964 y 2014. Un conteo rápido nos indica que en esos cincuenta años, alrededor de 190 personas han contribuido con materiales a las dos publicaciones periódicas, como reseñas de libros y películas, artículos, poemas, fotografías y otras expresiones artísticas. Actualmente se prepara un índice de las publicaciones realizadas y tiene más de 2,000 entradas. Así que, “Fifty Years of La Busca” (un título elegido deliberadamente, mejor qué, por ejemplo, “Lo mejor de La Busca”) es necesariamente una selección. 
La naturaleza de la selección depende del propósito de la obra final. En este caso y previa consulta con la dirección, se realizó con la intención de recopilar material que tuviera interés que trascendiera al tiempo (tanto para su lectura, como para referencia), material que represente la aportación de TBA a la cultura taurina y que permita a este volumen ser un complemento adecuado al anterior “Bullfight Literature in English: An Annotated Bibliography” 
Los artículos incluidos en este volumen se agruparon por tema y como tales, contienen ensayos tópicos y reseñas de libros y películas. Como complemento de la “Bibliography” de TBA, la antología no contiene reseñas específicas de libros en idioma inglés... 
La obra está dividida en quince apartados, dedicados por su orden a la Historia de TBA; Aficionados, libros y vivencias; Autores taurinos y sus libros; Poesía; Música; Arte y fotografía; Cine; Toros, ensayos y revisiones; Historia del Toreo; El Toreo, ensayos y revisiones; Toreros, ensayos y revisiones; Literatura temprana; Documentos taurinos clásicos, traducción y discusión; Apéndices e Ilustraciones especiales de arte y fotografía.

Entre las colaboraciones que forman el volumen se encuentran las que suscriben Bob Archibald, Gil Arruda, Dick Frontain, Jeff Ramsey, Allen Josephs, Hugh Hosch, Arturo Díaz, Gerhard Korda, Jim Verner y last but not least, el editor de la obra, David Tuggle.

El paso por las páginas de Fifty Years no deja una sensación de estar delante de un texto exótico, independientemente de que la mayoría de las colaboraciones en él publicadas estén en una lengua que no es la nativa de la tauromaquia. Y es que, a pesar de la digamos, traducción de la fiesta al idioma inglés, los autores de cada una de ellas han sabido llevar no solo el significado de las palabras al nuevo lenguaje, sino todo el sentido necesario para que esa traducción no resulte ser más que un mero cambio de idioma, pero no un cambio de sentido a lo que se quiere y se debe expresar.

Quiero reconocer aquí la labor de David Tuggle, quien como editor responsable y en importante medida antólogo de la recopilación que hoy puedo comentarles, estructuró un trabajo que presenta con claridad y precisión lo que han sido estos primeros cincuenta años de La Busca: una verdadera contribución a la difusión de la vertiente cultural de la tauromaquia.

Referencia Bibliográfica: Fifty Years of La Busca. – H. D. Tuggle, Editor. – La Busca Vol. LI Nos. 323 – 324. – 1ª edición, E.U.A., 2014, 342 páginas, con ilustraciones en blanco y negro y color. – Introducción I – II. – 2 apéndices, 17 páginas. – Sin ISBN.

domingo, 8 de febrero de 2015

Relecturas de invierno (VIII)

Tierra Brava. Allende Aguascalientes

Aunque la fiesta hoy en día tiende a ser concebida por muchos como un mero festín de trogloditas, la realidad es que se traduce en un ejercicio de conservación. La fiesta de los toros, en efecto, ha sido un medio que a través de la historia ha permitido conservar tradiciones, rituales y muy importantemente, el entorno natural en el cual vivimos.

Es en esa última vertiente en donde la crianza del toro de lidia cobra especial importancia. El toro de lidia es una especie animal única – el único gran logro de la zootecnia hispana, afirma Sanz Egaña –, que de no ser por la fiesta, se hubiera extinguido hace siglos. El hábitat en el que el eje de la tauromaquia es criado se mantiene en un estado de protección absoluta, porque el toro debe llegar a la plaza en un perfecto estado de naturaleza.

La fiesta y el toro pues, no son precisamente ese bárbaro festín que intereses oscuros y difíciles de confesar intentan mostrar a las mayorías. La fiesta y el toro, además de la profunda raigambre que tienen en nuestros pueblos, hacen un gran servicio a favor de la preservación de nuestra cultura, de nuestras tradiciones y de nuestro entorno natural. Sólo por eso, la fiesta merece ser preservada y dada a conocer a las nuevas generaciones como un medio de transmisión de las tradiciones más preciadas de nuestros pueblos, por todas las vías posibles.

César Coll Carabias toma con esta obra, parte de esa responsabilidad de hacer trascender a la fiesta dando a conocer a quienes dedican vida y afanes a la crianza de su protagonista central. Definitivamente, una manera eficaz de transmitir lo que la fiesta es en realidad – que va más allá del producto terminado que es la corrida de toros – es mostrar a propios y extraños las interioridades del quehacer de todos los que participan en ella.

El toro es el eje de la fiesta. Decía Eduardo Solórzano: El toro es primero, el torero es después, aunque lo bajen de una estrella vestido de seda y oro, y sin embargo en la realidad, la crianza del toro de lidia resulta ser una de las actividades menos reconocidas o laureadas en el tránsito de la historia del toreo, olvidando de alguna manera, que sin toro, no hay fiesta posible. De aquí la trascendencia de lo que con esta obra nos propone César Coll. Recorrer el campo bravo de Aguascalientes y su llamada zona de influencia para confirmar el hecho de que la tauromaquia es una de las herencias culturales más preciadas que tenemos, tanto, que la tierra de la gente buena sirve de hogar a quienes por distintas razones tienen sus hatos en territorios que por razones políticas, pertenecen a demarcaciones distintas.

Aunque uno de los primeros festejos taurinos en Aguascalientes está documentado en el siglo XVIII, es en el siglo XVII cuando el toro de lidia llega a nuestras tierras de manera incidental. Se afirma – sin que tenga yo medio demostrativo de ello – que los jesuitas fundadores de la Hacienda de Cieneguilla fueron los primeros en traer ganado bravo para usarlo a modo de centinelas en los linderos más alejados de su propiedad. Esa práctica se extendería en otras fincas, no sólo de esta región, sino de todo México y en un ejercicio de ganadería extensiva, las haciendas tenían piaras de ganado que guardaba cierta aptitud para la lidia. Creo que ese es el caso de la Hacienda de Pabellón en Aguascalientes y la de La Luz en el municipio de Huanusco, en Zacatecas.

Esos ganados tenían determinadas características fenotípicas que los distinguían de los dedicados a la crianza ordinaria para abasto o para leche y así eran fácilmente identificables en el campo y determinables en su función. Esto lo deduzco de un aserto que hace don Paco Madrazo en su libro El Color de la Divisa, cuando refiere que en su casa, la Hacienda de La Punta, antes de dedicarse a la crianza del toro de lidia, se mantenía una piara de reses de pelo colorado hornero, de los que a veces le pedían a su padre para las plazas de toros del rumbo.

Afirma Jesús Gómez Serrano – en Haciendas y Ranchos de Aguascalientes – que es en el último tercio del siglo XIX cuando en la misma Hacienda de Cieneguilla, se inicia la crianza ya organizada del toro de lidia en Aguascalientes por don José María Dosamantes, ganados que después serían trasladados a la Hacienda de San Miguel de Venadero y que conforme a lo que anuncia el cartel de la inauguración de la Plaza de Toros San Marcos (1896), eran de cruza española.

Lo anterior nos deja ver que los criadores de toros de lidia tienden a serlo por generaciones. Veremos en esta obra que en varios casos hay familias que se han dedicado de antiguo a proporcionar a la fiesta su razón de ser. Pero también, cuando por alguna razón esas familias se apartan de la actividad o se extinguen, otros aficionados han tomado el testigo y continúan con esta labor de conservación. A veces también algunos dejan la crianza del toro por diferentes motivos y al paso de algún tiempo “reinciden” aquí mismo o en lugar diferente. La ganadería de lidia sin duda, ejerce alguna especie de hechizo sobre quien se dedica o ha dedicado a ella.

El campo de Aguascalientes y su región aledaña es agreste. No tiene a su favor grandes corrientes de agua, embalses o zonas densamente arboladas. Creo que eso hace más meritoria la labor de quienes dedican vida y afanes a criar al toro de lidia, porque al estar este ganado en un estado muy próximo al de naturaleza, está sujeto en una inmensa medida a los efectos de los elementos y el suplementar los efectos de éstos, diría el pensador y educador hidrocálido, don Aquiles Elorduy, resulta ser una verdadera tarea de romanos.

Por eso es que conocer lo que con esos “mimbres” han realizado las familias Madrazo, Dosamantes, Ibarra, Rangel, Castorena, Muñoz, Cortina o quienes les han seguido en el tiempo entre los que han hecho de la preservación del toro de lidia la razón de su existencia, resulta ser de un gran valor histórico en varias vertientes y hace que el libro de César Coll que estamos a punto de leer adquiera un especial interés, no solo para el aficionado a las cuestiones taurinas, sino también para el interesado en aquellas relacionadas con la evolución del agro en la región, o las que tienen que ver con la economía en ella.

El itinerario histórico de la crianza del toro de lidia en la región que circunda a Aguascalientes tiene una profunda riqueza, construida a partir del trabajo de varias generaciones de hombres y mujeres que en busca de conservar un espacio en el campo de México y una especie que genera a uno de los animales más hermosos sobre la faz de la tierra, dedicaron vidas, haciendas y afanes. Criar toros de lidia va más allá de ser una mera actividad económica; criar toros de lidia representa – o debe representar – la continuación de una de las tradiciones más veneradas de los pueblos hispanos, que, aunque cuestionada por algunos en estos tiempos que corren, no deja de tener hondas raíces y de ser consustancial a nuestra manera de ser.  

Veo pues, en este magnífico recorrido de César Coll Carabias, no solamente un inventario de lo que actualmente contamos y de lo que hemos perdido en materia de ganado de lidia en esta región, sino que observo también el recordatorio de un principio que, por fundamental, nunca debe ser soslayado: sin toro, no hay fiesta posible.

Nota Bibliográfica: Tierra Brava. Allende Aguascalientes. – César L. Coll Carabias. Óskar Ruizesparza (fotogtrafía). – Editorial Méxicomio, Guadalajara, México, 1ª edición, 2014, 170 Págs. (Con ilustraciones en color y blanco y negro). ISBN 970 – 624 – 231 – 7.

domingo, 5 de enero de 2014

Relecturas de invierno (VII)

Los Bibliófilos Taurinos de los Estados Unidos (TBA)

Muchos estadounidenses se han visto atraídos por las corridas de toros después de leer a Hemingway o por haber asistido personalmente a algún festejo taurino. Para ellos resultaba un problema el mantener la recién adquirida afición a la tauromaquia ya que no resulta ser parte de la cultura en la que se encuentran inmersos. En 1964, Bob Archibald concibió una red de correo de las personas con un interés común por la literatura relacionada con las corridas de toros. 

Así nacieron los Bibliófilos Taurinos de los Estados Unidos (Taurine Bibliophiles of America, por sus siglas, TBA), una agrupación que no mantiene reuniones ordinarias porque sus miembros están dispersos principalmente en todo el territorio de los Estados Unidos y en  otros países del mundo. TBA centra su actividad principalmente en los libros de tema taurino escritos en lengua inglesa. Varios de sus miembros poseen colecciones de libros reconocidas mundialmente. 

TBA publica un boletín trimestral, La Busca, que contiene reseñas de libros, ensayos y artículos de opinión para compartir experiencias o discutir puntos de vista acerca de toros y toreros. Las aportaciones de sus miembros se utilizan para integrar las ediciones de La Busca así como la correspondencia relacionada con el tema que se sostiene con los miembros. TBA pertenece a la Asociación Nacional de Clubes Taurinos (NATC por sus siglas en inglés), una agrupación de peñas regionales de gente interesada en reunirse para compartir su interés común en la fiesta de los toros.

A partir del año 2012, TBA inició una nueva serie de publicaciones, iniciada con la traducción al inglés de La Tauromaquia de Pepe – Illo y continuada en 2013, con la de la obra dieciochesca de Emanuel Witz titulada Combat de Taureaux en Espagne, misma que me tiene hoy aquí con Ustedes.

Combat de Taureaux en Espagne

La edición que es objeto de la traducción es una facsimilar del año de 1993, traducida al español y comentada al pie por quien fuera Secretario de la Unión de Bibliofilos Taurinos de España, don Diego Ruiz Morales (1914 – 2006) y que contiene a su vez el manuscrito que en dos partes se ubica en el año de 1760, siendo la primera parte las observaciones de Witz entre 1740 y 1760 y la segunda un juego de dibujos del propio autor que ilustran diversos aspectos de la corrida de toros de aquellos días.

La edición de TBA, traducida al inglés por Farrell Brody contempla las notas de Ruiz Morales, agregando algunas aclaraciones al texto para el lector de habla inglesa, sobre temas que, comprensibles para el lector hispano, requieren de alguna aclaración para quien se desarrolló en un ambiente cultural distinto.

La obra de Witz inicia con la siguiente declaración:
Casi todos los viajeros que han conocido el Reino de España hablan de los famosos “Combat de Taureaux”, pero ninguno ha escrito con precisión y detalle sobre ellos como las personas curiosas demandan. Aparte, uno debe residir en ese país por varios años para ver una variedad de esas luchas y poder así hacer una relación completa de ellas. Yo he permanecido en este reino por más de veinte años y he tenido la ocasión de ver muchas de esas corridas a las que los españoles llaman “Fiestas de Toros” y creo que he podido observar sus principales circunstancias, las cuales, a pedido de personas interesadas, pensé poner sobre el papel y acompañarlas de las ilustraciones necesarias para hacer entendibles estas descripciones…
A partir de esa introducción, Emanuel Witz describe en sus apuntes con alguna prolijidad los distintos hechos que se suceden en una corrida de toros, lo que nos presenta una visión amplia de lo que implican esos festejos y no la referencia a uno de ellos en particular. De la narración de Witz podemos observar que la corrida de hogaño guarda importantes semejanzas con la que él nos expone, pero que en el devenir de tres siglos y medio, algunas diferencias de fondo se ha generado, pero dejan clara la relación de causa a efecto entre el desarrollo del festejo del siglo XVIII y el actual.

La lectura de la obra en sí y la comprensión de sus anotaciones y comentarios, tanto a los textos como a las ilustraciones que la componen le llevan a uno más allá de la mera anécdota de haber leído la traducción de un clásico. En este caso Farrell Brody – principalmente – encontró el sentido adecuado de los textos en idioma inglés para no desnaturalizar su sentido original.

La obra contiene además traducciones de algunos puntos específicos o comentarios de José Aledón Esbrí, Muriel Feiner, Jane Hurwitz, Jock Richardson y Hal Marcovitz. La traducción al inglés de las notas de don Diego Ruiz Morales es obra de Gastón Ramírez Cuevas. La memoria biográfica y bibliografía agregada al final con la obra del citado Ruiz Morales es obra de don Rafael Cabrera Bonet y el trabajo general de edición del libro corresponde a David Tuggle.

Sin duda que Combat de Taureaux… resulta ser una obra de lectura interesante y hasta cierto punto necesaria para el aficionado a la fiesta y a la literatura taurina, porque en algún punto cercano a la obra en comento convergen en su origen ambas actividades.

Referencia Bibliográfica: Combat de Taureaux en Espagne. The bullfight in Spain (Cª 1760). – Emanuel Witz. – Trad. Farrell Brody. – Notas y Comentarios, Diego Ruiz Morales. – Harpado Books. – 1ª edición, Vail, Arizona, E.U.A., 2013, 103 páginas, con ilustraciones en blanco y negro. – Introducción I – XII. – 3 apéndices, 23 páginas. – Sin ISBN.

domingo, 24 de febrero de 2013

Relecturas de invierno (VI)


Joselito. El Verdadero

La Historia del Toreo refleja pocas oportunidades en las cuales un torero deja en letra impresa, expresado en primera persona su transcurso por la vida sin referirse en exclusiva a su paso por los ruedos. Y es que cuesta a los hombres que se visten de luces el hacer público ese espacio de su existencia que se produce en el claroscuro que se genera en el tramo que media entre su vida doméstica y su hacer en las plazas de toros.

Es por eso que cuando un torero toma la pluma y pone sobre el papel sus impresiones sobre esa zona de su existencia o cuando el torero se sienta con quien tiene la habilidad de transcribir las palabras y los sentimientos del diestro para dejarlos en blanco y negro, la obra resultante adquiere singular valor, porque nos presenta el retrato del torero y del hombre que lo encarna, cosa que a veces el fulgor del oro del vestido de torear, la aureola del triunfo o el estruendo del fracaso nos llevan a olvidar.

El torero comenzará por explicar el por qué del nombre artístico que eligió, considerado sacrílego por muchos, pero con razón de ser, según se lee:

En la escuela era Joselito para acá y Joselito para allá, así que cuando iba a torear en público, ya tenía claro como me iba a anunciar… yo nunca quise ofender ni usurpar el apodo de nadie. Ha habido otros Joselito en la historia del toreo, aunque pocos han llegado tan arriba. Y lo que nadie quiso reconocer entonces que fue Joselito el Gallo nunca apareció en los carteles así, sino como Gallito o Gallito Chico. Lo de Joselito fue un apelativo cariñoso de su familia y de los aficionados desde que aquél fenómeno empezó tan joven a torear. Así que, señores, a ver si se enteran de una puta vez: ¡Joselito soy yo! El verdadero... (Pág. 105)

Y creo que lleva razón, tanta, que cuando se presentó en la Ciudad de México, al comentarse el hecho en el noticiero televisivo que conducía por esas fechas el histórico Jacobo Zabludovsky, con sorna preguntó: ¿Joselito?, ¿entonces, cualquier mariachi puede llamarse ya Beethoven?, a ese grado llegó la incomodidad que produjo la elección de su nombre artístico.


Así es como José Miguel Arroyo Joselito, en unión de Paco Aguado nos presentan la vida del primero desde sus primeros pasos por la vida, en una concepción que desde mi punto de vista, da la impresión, según las expresiones del torero, impregnado de ideas de José Ortega y Gasset, pues aunque ni Joselito, ni Paco Aguado hubieran expresamente recorrido al Filósofo para estructurar la obra, el sentido de muchas ideas expresadas en la obra nos llevan en ese sentido.

Un recuento con marcado sabor orteguiano

Dice Ortega citando al pedagogo italiano Enrico Pestalozzi:

La escuela es un solo momento de la educación. La casa y la plaza pública son los verdaderos establecimientos pedagógicos…

En el repaso que Joselito hace de su infancia y adolescencia, refleja claramente esa noción de que una educación profunda se obtiene en la casa y en la calle. Así, relatará su relación ambivalente con su padre biológico Bienvenido Arroyo a quien llama El Bienve y sus correrías por La Guindalera, donde aprendió a sobrevivir y a conducirse en un mundo en el que sin el complemento de la formación escolar, su fin no hubiera sido el de ser una de las más destacadas figuras del toreo del entresiglos del XX y el XXI, sino quizás el terminar en una prisión por haber figurado en el dominio de actividades como el trasiego y tráfico de drogas o el robo de autopartes, en lo que también tuvo posibilidad de instruirse.

Ese temor le siguió durante toda la vida de El Bienve. Hay un pasaje en el libro, cuando relata sus primeras campañas en América, donde dice que hay muchos días entre corrida y corrida y afirma que no quisiera imaginar qué es lo que hubiera pasado con El Bienve por estos pagos, bien avituallado y con tiempo de sobra para la diversión.

Narra su paso por lo que entonces era la incipiente y entonces Escuela Nacional de Tauromaquia – a la que fue llevado por El Bienve –, cuando Enrique Martín Arranz, Manuel Martínez Molinero, Joselito de la Cal, Macareno o Félix Saugar Pirri, llevaban adelante con más corazón que recursos el centro que ya funcionaba en la Casa de Campo. Habla de la admiración que sentía por José Cubero Yiyo y de la manera en la que con dureza, pero con justicia, Martín Arranz les hacía prepararse física, mental y humanamente para enfrentar una vida en la que el camino no sería mullido.

Joselito se distinguió desde el inicio de su paso por la Escuela, por su inteligencia y por la claridad de sus maneras al interpretar el toreo. Sobre la inteligencia y la elegancia, dice Ortega y Gasset lo siguiente:

Los latinos llamaban al hecho de elegir, escoger, seleccionar, “eligere” y al que así lo hacía, “eligens” o “elegans”. El “elegans” o elegante no es más que el que elige y elige bien. Así pues, el hombre tiene de antemano una determinación elegante, tiene que ser elegante… El latino advirtió… que después de un cierto tiempo la palabra “elegans” y el hecho del “elegante” – la “elegantia” – se habían desvaído algo, por ello era necesario agudizar la cuestión y se empezó a decir “intellegans”, “intellegantia”, inteligente… Así pues, el hombre es inteligente, en las cosas que lo es, porque necesita elegir…

En suma, la elegancia es atributo de la persona inteligente y en el caso de Joselito, evidente es que esa claridad de maneras que le distinguió al interpretar el toreo, era fundada en la elegancia.

Pero independientemente de esa actividad relacionada con su formación y paso por los ruedos, José Miguel Arroyo procura mantener el énfasis en el lado humano de toda la cuestión, de señalar en algunos casos lo que él considera el por qué de algunas decisiones que en su día se consideraron polémicas, siempre partiendo de la idea de que se trató siempre de un ejercicio de su libertad, independientemente de que al ser él una figura pública, el ejercicio de ella pudiera considerarse limitado o influenciado por el ambiente que lo rodeaba.

Dice Ortega:

Vivir es sentirse fatalmente forzado a ejercitar la libertad, a decidir lo que vamos a ser en este mundo. Ni un solo instante se deja descansar a nuestra actividad de decisión… Es, pues, falso decir que en la vida “deciden las circunstancias”. Al contrario, las circunstancias son el dilema, siempre nuevo, ante el cual tenemos que decidirnos. Pero el que decide es nuestro carácter.

Y el carácter de los hombres se forja en el diario vivir y al confrontar la adversidad.

Una lectura que considero obligada

Creo que la obra es una de las que son, en estos tiempos que corren, de las que no se pueden dejar de leer para entender en una importante medida el estado actual de las cosas de la Fiesta en estos días. Además, nos expresa de una manera fresca y de primera mano, el camino que sigue un torero en estos tiempos en su formación desde el inicio y hasta llegar a ser una figura del toreo. Un buen corolario se puede deducir de este pasaje:

Aunque los medios quieren hacernos pasar como unos personajes libertinos, catetos, machistas, sangrientos y violentos, los toreros somos gentes normal en la calle y ejemplar cuando ejercemos nuestro oficios. Yo no me he peleado en la vida y odio la violencia, esa que no existe ni en el ruedo ni en los tendidos de una plaza de toros durante de la celebración de un espectáculo cruento pero no cruel… En todas las que he pisado, que han sido cientos, nunca he presenciado las barbaridades que de tarde en tarde se dan en los campos de fútbol. Lo que un niño puede ver y escuchar durante un partido llega a niveles demenciales. Pero lo peor del caso es que es el propio padre quien le incita a imitarle, ayudando a formar a otro salvaje que descargue sus frustraciones en los demás… Estoy convencido de que el toreo, en cambio, es una escuela perfecta. Porque el ruedo puede ser para un niño un reflejo de la propia vida, la pizarra de donde sacar conclusiones para aplicarlas al día a día. Y mi caso es un buen ejemplo…(Pags. 299 - 300)

Es por eso que considero que Joselito El Verdadero al paso de los años, será considerado un clásico, a la altura del Belmonte de Chaves Nogales, por la extensión y la claridad con la que narra el paso por la vida y por los ruedos de su protagonista.

Aún así, de la manera en la que Joselito plantea sus ideas, me queda una duda, ¿habrá leído a Ortega y Gasset?

Referencia Bibliográfica: Joselito. El Verdadero. – José Miguel Arroyo Delgado con Francisco Aguado Montero. – Espasa Libros, S.L.U. – 5ª edición, Madrid, 2012, 303 páginas, con ilustraciones en blanco y negro. – ISBN 978 – 84 – 670 – 0284 – 3.

domingo, 10 de febrero de 2013

Relecturas de invierno (V)


Entre el callejón y la barrera

La literatura taurina en Aguascalientes

Hoy en día, la nuestra es una de las pocas urbes que pueden presumir de tener dos plazas de toros de primera categoría funcionando; que en su zona de influencia económica, se asientan una treintena de ganaderías de toros de lidia; que ha servido de cuna taurina a importantes toreros; que en su suelo, se han afincado toreros, ganaderos y empresarios de gran categoría y que muchos toreros destacados hayan considerado que es un lugar ideal para tratar de hacerse torero. Esos son los signos inequívocos de la taurinidad de Aguascalientes, quien se empeñe en negarlos o en pretender soslayarlos, no es más que un necio.

Como eco de esa taurinidad, en los últimos años han cobrado intensidad una serie de esfuerzos por documentar y hace pública la historia taurina de Aguascalientes. No se trata solamente de la historia regional, sino también de interpretaciones que se hacen de la influencia de esta ciudad en la Universal del Toreo y esos esfuerzos han cristalizado en una serie de libros, de los que destacan entre otros El Enigma de la Fiesta y Los Estilos en el Toreo, de Alejandro Mora Barba, el de Alfredo Morales Shaadi, titulado Me lo contó la Plaza de Toros San Marcos, las obras colectivas de socios del Centro Taurino México España, Plaza de Toros San Marcos, Imágenes de un Siglo y Plaza de Toros Monumental de Aguascalientes. Ecos de 30 AñosLa Ciudad, La Fiesta y sus Plazas, de don Jesús Gómez Medina, el dedicado al Poeta del Toreo, Alfonso Ramírez Calesero y last but not least la que da pie para que yo distraiga su atención en esta ocasión: Entre el callejón y la barrera, del Ingeniero Rafael de los Reyes Estebanéz, quien tiene nombre de califa y apellido de gitano.

La novela y la vida real

El desarrollo de Entre el callejón y la barrera se da precisamente en la muy taurina ciudad de Aguascalientes y consiste básicamente en la exposición que nos hace de los afanes de un personaje llamado lisa y llanamente don Luis, por hacer un torero de un joven clasemediero llamado Miguel, quien afirma haberse metido a eso, por pura afición. En la narración, se mezclan los nombres reales, de hombres de carne y hueso, a los que todos nosotros aquí conocemos, que viven una vida de novela y que al formar parte de una como la que me ocupa, en la realidad pareciera que han salido de la inspiración del autor, como se muestra en este ejemplo:

…en ese momento llegó Alfredo Muñoz, el más español de todos los mexicanos, taurinamente hablando, Alfredo se acercó a Chuy y enseguida arremetió contra Miguel:

- Joder, que papelito habéis hecho en la Plaza México. Como estuviste no te vas a comer la chiche de un bolillo de la fiesta de toros…

Así como nos presenta a Alfredo Muñoz, más adelante nos encontraremos entre las páginas del libro al padre de éste, don Arturo Muñoz, La Chicha, quien a través del autor nos lega su visión sobre la situación real que guarda la fiesta de toros en la actualidad, causada fundamentalmente por lo que en términos de María Mérida podríamos llamar la falta de torería de que hacen gala los toreros y los ganaderos, puntos de vista tantas veces expresados por don Arturo en diversas tertulias y tribunas, e ignorados en la mayor parte de las veces por los taurinos profesionales, no obstante el aire premonitorio que llevaban sus advertencias en cuanto al rumbo que ha llevado la fiesta en México los últimos años. Sé que el hubiera no existe, pero sí se le hubiera escuchado en su día…

Más adelante, en el tránsito de la obra nos encontraremos con el interactuar de don Luis, aficionado y mecenas – que a fe mía no es más que el mismo autor – con Miguel, ese joven de clase media que por pura afición dice que quiere ser torero; con Jorge, el padre del aspirante a torero y con un sinfín de personajes incidentales, la mayoría reales, aunque con nombres imaginarios, sin faltar la inserción de los hombres y de los nombres que hacen que Aguascalientes sea tan taurina como es.

Los valores que más destacan en la obra del Ingeniero de los Reyes son la frescura con la que describe el acontecer de las cosas de los toros en Aguascalientes y la sincera honestidad con que plantea las realidades de los entretelones de la fiesta en esta Ciudad y en el País entero. Hablar en la forma en la que lo hace en  su obra Rafael de los Reyes, es considerado sacrílego por los taurinos. Aquí, quisiera agregar algo: Jaime de Armiñán, en su novela Juncal, refiere una charla entre el torero retirado y su hermano menor, Bernardo, que hace las veces de ayuda de cámara del joven Juncal, mismo que no me resisto a transcribir:

El toreo es cosa de hombres: Joselito el Gallo, a los dieciséis años…

- ¡Deja a Joselito en paz! ¡Menos gestos y más estar en el mundo, que quien se tiene que poner delante del toro es él! ¡Menos literatura barata y más talento, que hay que estar al día y no vivir de nostalgias, ni de cuentos de hadas, ni del Cossío!

Juncal tardó unos segundos en contestar a Bernardo y cuando lo hizo, fue con desprecio, desdeñosamente:
- ¡Tú no eres un torero, tú eres un taurino!

Así pues, para mí, como para Juncal, el taurino es una cosa y el aficionado otra…

También nos deja ver como la tradición y las formas han dejado de tener vigencia, ejemplificando con la forma de vestir de Miguel, quien más que parecer torero, trataba de asemejarse a los cantantes de moda. Eso me hace recordaruna anécdota que se cuenta de un sucedido entre Guerrita y los Dominguín:

Un día Luis Miguel y sus hermanos andaban por Córdoba y acudieron a la casa de Guerrita a saludarle. El Califa recibió a los González Lucas, que iban vestidos con trajes de calle. Al terminar la visita, El Guerra mandó poner un telegrama a Madrid, dirigido a Dominguín, padre de los toreros, más o menos con el siguiente texto: “Domingo, haz el favor de decir a tus chicos, que cuando vengan a verme, lo hagan vestidos de toreros, no de boticarios. Atentamente, Rafael”.

También desnuda con sinceridad a los ganaderos – ¿ganaduros? – que ya no tienen vacas para los principiantes sí no hay un parné de por medio y que ya no son tan rigurosos con la selección de sus ganados, pues todo lo que nace macho, tiene seguro el camino a las plazas. Se requiere valor para ser ganadero – el autor lo fue – y revelar esta verdad, que como otras muchas, tiene a la fiesta metida en los problemas que actualmente presenta. Nos señala pues, lo que Jorge Volpi ha escrito al propósito de la novela:

La novela dispone de una fuerza real de transformación y explicación de nuestro entorno. Los poderosos siempre lo han sabido. De ahí su temor, que en primera instancia parece infundado, frente a los contadores de historias. La imaginación ha sido combatida como instrumento de disolución social, pero más que estar interesada en la caída de determinado régimen, la novela funda sólidas oposiciones a los totalitarismos y a las concentraciones de poder.

Pero no debo continuar, porque la lectura de Entre el callejón y la barrera les revelará más de lo que yo aquí pueda referirles. No me resta pues, más que felicitar al Ingeniero de los Reyes por su obra, e invitar a todos Ustedes a leerla, que mucho de lo vivido lo podrán recordar y mucho de lo imaginado lo vivirán en el transcurso de la agradable lectura que tiene la novela, que les aseguro, es de las que no se caen de las manos.

Concluyo estas líneas con unas palabras de Gilbert K. Chesterton, las que bien describen lo que ahora les comento:

Lo que se necesita es la imaginación verdaderamente divina que hace nuevas a todas las cosas, porque todas las cosas han sido nuevas… Sería un gran don de la imaginación histórica poder ver todo lo que ha sucedido como si estuviera sucediendo o estuviera a punto de suceder. Esto se puede aplicar tanto a la historia literaria como a la política, pues la historia literaria está llena de revoluciones y no las realizamos a menos de que las realicemos como revolucionarios… No podéis tener un ideal, sea político o poético, sin que deseéis establecerlo. Y en el momento en el que lo establecéis alguien os puede obligar a defenderlo. Elogiar, exaltar, establecer y defender. No me excuso por repetir estas palabras, pues son muy necesarias en nuestros tiempos…
Referencia Bibliográfica: Entre el callejón y la barrera. – Rafael de los Reyes. – Plaza y Valdés Editores, Colección Narradores y Ensayistas Mexicanos. – 1ª edición, México, 1994, 147 páginas. – ISBN 968 – 856 – 361 – 7.   

domingo, 18 de marzo de 2012

Relecturas de invierno (IV)


Alas de Mariposa

Portada de Alas de Mariposa
Hace alrededor de cinco años que tuve la fortuna de tener trato personal con un artista mexicano. Oskar Ruizesparza es su nombre y es un extraordinario fotógrafo que ha dedicado su vida a difundir con lo que observa detrás de la cámara y fija, ayer en la película emulsionada y hoy en bytes y mega bytes, la grandeza de este México suyo y nuestro. Una parte importante de esa sustancia de lo mexicano que es materia de su obra artística, es lo taurino y procura cada año, recopilar en un libro o dos, una selección de fotografías captadas en las plazas de toros que de una manera casi religiosa recorre, cámara en ristre, para escribir con imágenes y relatar con textos de amigos invitados – de allí mi inicial relación con él – el suceder de nuestra Fiesta.

El año de 2011 el libro de Oskar se tardó un poco en ver la luz y aparecer en los estantes. Y es que, al recibirlo de su parte por conducto de un amigo mutuo, me enteré de que el proyecto no se trataba tanto de recopilar lo visto y vivido por el fotógrafo al recorrer la legua, sino que dedicó su talento y sus energías a un proyecto de carácter didáctico en el que se alió con el matador de toros tapatío Miguel Ángel Martínez El Zapopan para recopilar en imágenes fijas, en vídeo y con una descripción en texto, setenta (70) suertes de capa, muchas de ellas creación de toreros mexicanos, para conocimiento, disfrute y aprendizaje de los aficionados y de aquellos que pretenden ser toreros.

Las suertes se ejecutan por los matadores de toros de Guadalajara Miguel Ángel Martínez El Zapopan y Guillermo Martínez, tío y sobrino respectivamente y en las ciento cuarenta y cuatro (144) páginas que forman el libro, dividido en cuatro capítulos, encontraremos catorce (14) distintos lances de inicio o recibo; treinta y tres (33) suertes diferentes apropiadas para hacer quites; doce (12) remates y adornos remates y cuatro (4) suertes creadas por El Zapopan. Todas las demás, cuando procede, tienen indicación del torero que las creó. El escenario es el ruedo de la Plaza de Toros Centenario, de Tlaquepaque, Jalisco.

Alas de Mariposa viene acompañado de un DVD en el que se explica la ejecución – de salón – de cada una de esas ciento cuarenta y cuatro suertes capoteras, de manera tal, que quienes practican el toreo o aprenden a hacerlo, pueden entender con facilidad la manera de llevarlas a cabo, practicarlas y en un momento determinado, ejecutarlas delante de los toros.

Uno de los vídeos incluidos en Alas de Mariposa (Cortesía: altoromexico.com)

Oskar Ruizesparza es Director – Editor de la Revista México Mío, dedicada a diversos temas de la cultura nacional. En lo taurino, destacan dos monográficos dedicados a las dinastías Armillita (abril 1988) y Silveti (noviembre 1988). Ganador del Primer Lugar dentro de la Convención Internacional de la Sociedad Mexicana de Fotógrafos Profesionales A.C., categoría Maestros, los años 1983, 1984, 1985, 1986, 1987 y 1988. Ganador por cuatro ocasiones (tres consecutivas), del premio a la mejor fotografía dentro de la Convención Internacional de la Sociedad Mexicana de Fotógrafos Profesionales A.C. Autor entre otros de libros como Feria Aguascalientes 2005. Más que mil palabras; Feria Aguascalientes 2006. Pepe López, un sentimiento en el capote / Arturo Macías conquista La México (libro doble) y Los recortes de Oskar de la Feria Taurina de Aguascalientes 2007 entre otros.

Miguel Ángel Martínez El Zapopan nació en Zapopan, Jalisco, el 13 de enero de 1953, recibió la alternativa el 9 de enero de 1977 en la Plaza de Toros El Progreso de Guadalajara, siendo su padrino Joaquín Bernadó, llevando como testigo a Salvador Villalvazo. El toro de la ceremonia se llamó Caramelo y fue de la ganadería de Matancillas.

Guillermo Martínez nació en Guadalajara, Jalisco el 31 de mayo de 1982, recibió la alternativa el 17 de octubre de 2004, en la Plaza de Toros Nuevo Progreso de su ciudad natal. Su padrino fue Miguel Espinosa Armillita Chico y completó el cartel el rejoneador Pablo Hermoso de Mendoza. El toro que le fue cedido fue nombrado Seda Gris y provino de la ganadería de Fernando de la Mora.

El valor de la obra reside en un hecho que Oskar declaró a Juan Antonio de Labra con motivo de la presentación del libro en la Ciudad de México:

Es verdad que muchos de estos quites ya no se hacen, y otros ni los conocen los toreros; por eso consideramos que era de gran importancia mostrarlos gráficamente en este libro, donde se aprecia, a través de las fotos de secuencia, la forma en que se ejecutan acompañada de una breve explicación. En este sentido, la obra representa una aportación a la tauromaquia y creemos, sin vanidad, que debe ser una especia de libro de texto de las escuelas taurinas que, para bien de la Fiesta, tanto abundan en nuestros días…

Es decir, al final de cuentas, Alas de Mariposa se convierte en un testigo de una torería que en estos días casi es anecdótica, pues los lances, quites y demás suertes que se recopilan, ilustran y explican en el libro, son prácticamente parte del archivo muerto de esta fiesta.

Por eso es que, a mi juicio, este libro resulta de consulta y colección indispensable para aquél que se diga aficionado a los toros, porque por desgracia, llegará el día en el que estas suertes sólo podrá conocerlas en él. Y aunque no acostumbro hacer esto, ni es la misión de esta bitácora, pueden obtener información de cómo adquirirlo, en este sitio

lunes, 23 de enero de 2012

Relecturas de Invierno (III)


Recuerdos de un Torero. Andrés Luque Gago

Uno de los libros publicados el pasado 2011 que despertaron mi interés desde que se anunció su salida a la luz fue el que titulado Recuerdos de un Torero, trajera a la afición las remembranzas de uno de los más destacados toreros de plata de la segunda mitad del Siglo XX, don Andrés Luque Gago.

Más que una autobiografía, Recuerdos de un Torero resulta ser una recolección ordenada de una serie de recuerdos del paso por los ruedos de Andrés Luque Gago, quien en esa serie de apuntes, ordenados y pulidos por su hijo Andrés Luque Teruel, refleja la intensidad con la que puede vivir su paso por los ruedos aquél que tiene vocación por ser torero y que reconoce en el vestir el terno de seda y alamares una especial dignidad, la que de acuerdo con el ser y el parecer de cada quien, le otorgará su sitio dentro y fuera de los redondeles.

De su paso por el escalafón novilleril, Luque Gago recuerda lo siguiente:

…Tenía buenas formas, me faltaba ambición y, por eso, la principal cualidad para ser figura. En aquél momento, tampoco me acompañaba el físico, condición que, sin duda, y aunque entonces no lo supiese, determinaba la anterior carencia. Esa circunstancia limitaba y, en última instancia, impedía la mentalización necesaria para una lucha tan dura…

De allí su decisión de aceptar la invitación que le hiciera Curro Girón para ir con él como banderillero y a partir de ese momento, iniciar una andadura que duraría treinta años largos en el entorno de los principales toreros de su tiempo.

Ya como hombre de plata, Andrés Luque Gago presenta una serie de retratos de los diestros con los que formó cuadrilla. Luis Miguel Dominguín, Carlos Corbacho, José Julio, Manolo Vázquez, Miguelín, Pedrés, Antonio Bienvenida, Antoñete, Antonio Ordóñez, Francisco Ruiz Miguel, Paquirri, Manolo Arruza y Rafael de Paula. En algunos de esos retratos la técnica empleada es más impresionista que en otros, dependiendo del tiempo y la cercanía mantenidos con sus maestros, pero deja claro en todos los casos, el profundo respeto sentido por los jefes de cuadrilla a cuyas órdenes estuvo.

Por ejemplo, de Ordóñez en el ruedo, dice lo siguiente:

…Nosotros estábamos muy pendientes y cuando remataba, le quitábamos el toro rápido, de manera que evitábamos los tiempos muertos o las simples demoras… Con la mirada nos decía dónde debíamos colocarnos y dónde teníamos que situar al toro. Un simple gesto lo decía todo…

Y de su paso por la cuadrilla de Ruiz Miguel, recuerda esto:

…La diferencia de ganado era abismal. Luis Miguel, veterano y ya por encima de los condicionantes de la temporada, intervenía en corridas elegidas, con toros de ganaderías acreditadas y cómodos de juego y presentación; Ruiz Miguel, joven y capacitado, lo hacía ante todo tipo de toros y las ganaderías más duras incluidas las de Miura, Pablo Romero y todas las variantes de Santa Coloma y Atanasio…

También habla de la necesidad del torero de ir al campo, pues lo reconoce como el laboratorio de la técnica y así repasa primero su formación en los tentaderos de Juan Belmonte en Gómez Cardeña, Joaquín Buendía, los de las familias Galache y Cobaleda, los hermanos Cembrano, pero teniendo siempre como cuartel general de invierno la finca de los Rodríguez Pacheco en Ciudad Rodrigo, lugar en el que reconoce que adquirió el oficio para volverse torero de plata.

Luego, ya maduro y en el lugar de los principales dentro de los de su escalafón, persistiría en el paso por los tentaderos, recordando especialmente los compartidos con Luis Miguel Dominguín y Paquirri:

…Como sucedía con Luis Miguel Dominguín, pasábamos parte del invierno en el campo, en su finca de Cantora. En una ocasión, le compró ochenta vacas con más de diez años a Manuel Camacho, procedencia Núñez, que llevamos entre los dos y a pie de finca a finca, con la única ayuda del picador Antonio Torres. Pasábamos los días entrenando, jugando al fútbol y retentando ese ganado…

Por supuesto que guarda recuerdo y respeto también para sus compañeros Alfredo David – de quien reconoce su gran toreo de capa –, Michelín, El Boni, Julio Pérez Vito, Enrique Bernedo Bojilla y Luis González entre los que más nombra, aunque reconoce como sus espejos a Juan de la Palma, Chaves Flores y Tito de San Bernardo:

…Juan de la Palma, hermano y banderillero de Antonio Ordóñez… se convirtió en toda una referencia. Su dominio de los terrenos y la eficacia con la que desplazaba a los toros le daba un toque elegante sin acaparar ningún protagonismo. Lo veía y pensaba que algún día llegaría a tener esa soltura… Chaves Flores era un modelo para buenos aficionados… ofrecía garantías a toreros de corte muy distinto… Tito de San Bernardo, otro lidiador, capotero le decíamos entonces, con un conocimiento de los terrenos, dominio y temple fuera de lo común…

Andrés Luque Gago dejó la vida profesional como banderillero en abril de 1986 y como señala en el capítulo final del libro, sigue como aficionado disfrutando la fiesta a la que tanto dio y la que mucho también le ha dado. 

En lo personal, le recuerdo en su actuación los domingos 27 de enero y 3 de febrero de 1980, a las órdenes de Rafael de Paula en la Plaza México. Las circunstancias no fueron las propicias para el torero jerezano, pero Andrés Luque Gago pudo cautivarnos con su fino capote de brega, tanto así, que se le otorgó el Trofeo Domecq al mejor de su especialidad por esa temporada 1979 – 1980.

Como lo he afirmado en anteriores oportunidades, espero que con lo aquí presentado se despierte su interés por la lectura de este libro, que es de los que le mantienen a uno prendido a la tela hasta que concluye. Es por eso que no abuso ya en intentar describir la obra, o de citar más de su contenido, invitándoles mejor a que la obtengan y la lean en su integridad.

Recuerdos de un Torero
Andrés Luque Gago
La Isla de Siltolá
Colección Levante
Sevilla, 2011
ISBN 978 – 84 – 15039 – 41 – 9

domingo, 14 de febrero de 2010

Relecturas de invierno II: Cornadas al viento

En Cornadas al viento nos vamos a encontrar con una parte sustancial de la historia de la ganadería de La Punta. Pero no anticipemos vísperas. No es esa historia manida que nos habla de los toros y las vacas que El Pasmo de Triana le consiguió a don Francisco y a don José C. Madrazo y García Granados en las ganaderías españolas de Campos Varela y Gamero Cívico y que según su propia confesión, en tanto las embarcaba a tierras mexicanas, el cuidado de esos ganados le fascinó tanto, que acabó por hacerse ganadero él mismo.

La historia que recogió mi amiga Carmelita Madrazo (Aguascalientes 1940 – Guadalajara 2007), es la narración de su madre, doña María Luisa Solórzano Dávalos, esposa del ganadero don Francisco Madrazo y hermana de los toreros Jesús y Eduardo Solórzano, es la que se cuenta en el libro y es más bien la relación de los hechos que son concomitantes a la crianza de los toros y a la forma de vivir la vida en una ganadería mexicana de toros de lidia.

La narración de Cornadas al viento transcurre entre 1932 y 1959 y recoge una buena cantidad de las incidencias del diario vivir en una unidad de producción agropecuaria en la que, si bien la parte pública de su ser era la crianza de toros de lidia, su viabilidad económica se sustentaba en otro tipo de actividades como la crianza de ganado lanar y la siembra de distintos granos, porque a diferencia de otros lugares, en un clima semidesértico como el de la zona en la que La Punta se ubica, requiere diversificar las actividades para hacer viable las explotaciones.

Las vivencias contadas por doña María Luisa Solórzano a su hija y recogidas en  el libro, cubren las relaciones interpersonales y familiares de los ganaderos de La Punta con los habitantes de la Hacienda y contiene una interesante descripción de cómo era la vida en Aguascalientes y su región circundante en una época en la que a diferencia de la actual, toda la actividad económica descansaba en los talleres de los Ferrocarriles Nacionales (hoy extintos) y en la agricultura.

También presenta la visión desde dentro del hogar de la asimilación del éxito. Sobre todo cuando en ese tiempo se tuvo la única ganadería que lidiaba en su totalidad ganado de sangre española pura, mismo que era reclamado por los principales toreros y empresas de ese tiempo y que al paso de los años, sería considerada con una de las casas fundacionales de la ganadería de lidia en México.

Es este uno de los pocos libros, si no es que el único, en el que abandonándose algún criterio de corrección política, se aborda el tema de la influencia de la Reforma Agraria en la crianza del toro de lidia en México y en muchos otros textos se omite simplemente el asunto, ella toma el toro por los cuernos y relata el daño que desde su punto de vista, cree que hizo a La Punta y a la ganadería mexicana en general, dejando un principio de análisis que está aún por hacerse a profundidad y que puede arrojar interesantes respuestas a interrogantes que se plantean desde hace décadas.

Los toreros que pasaron por la casa de La Punta, los visitantes ordinarios, las fiestas, como se vivía la Semana Santa, quienes eran los dueños de las fincas vecinas y a que tipo de labores se dedicaban, recordando siempre que fueron parte del Mayorazgo Rincón Gallardo, que tuvo su sede en la Hacienda de Ciénega de Mata, ubicada a corta distancia de allí.

En el epílogo de la obra doña María Luisa Solórzano Dávalos refiere lo siguiente:

…Paco falleció a la edad de 73 años. Había nacido el 11 de septiembre de 1886, y a las pocas horas del dia 12, cuatro años después, nacía su hermano Pepe. El sepelio de Paco fue el 11 de febrero de 1960, y al comenzar el día 12, nueve años después, moría Pepe.

Mis 30 años de vivir a su lado y en La Punta, van unidos y arrullados con el bramar de los toros, el relincho del caballo, el balar de los borregos y sobre todo, con las lágrimas de mis recuerdos.

Siendo ya viuda, fuimos invitadas a un día de campo en La Punta, las madres Teresianas Petra Ayerra y Aurelia de Moratín, dos españolas simpáticas y sumamente inteligentes que gustaban de los toros. Había tienta, y ellas felices con el terceto de guapos que eran mi sobrino Chucho, Currito Rivera y Paquirri. En esa ocasión yo fui como invitada a la que había sido mi casa.

Estando en la placita de toros, mi hija comentó:

Al estar en la placita de toros, vi los hermosos árboles que daban una sombra refrescante y acogedora. Sus enormes ramas cubrían el callejón y un tercio del redondel.

Ahora también dan sombra esos mismos árboles, pero la sombra que antes se veía esplendorosa, ahora se ve sombría. Antes, en La Punta había señorío. Ahora solo hay soledad.

La historia concluye allí y es una de esas que merecen ser leídas y contadas. Hoy La Punta pertenece a otras personas y las historias que allí se formaron siguen siendo parte de la memoria colectiva. Aquellos toros punteños serán siempre el paradigma del toro bravo y bien presentado, en suma el toro adulto, no adulterado.

Cornadas al viento
C. Madrazo
Editorial Emprendedores Universitarios – Secretaría de Cultura
Gobierno del Estado de Jalisco
Guadalajara, 2005
ISBN 970 – 624 – 405 – 0

domingo, 24 de enero de 2010

Relecturas de invierno I: Sangre de Llaguno

Escribía un ilustre iusromanista, nacido en los Países Bajos, pero mexicano hasta la médula, Guillermo F. Margadant, que la historia no es una serie de vistas fijas, sino que es como una película en la que hay varias tramas paralelas que transcurren al mismo tiempo, pero en lugares diferentes y que al final inciden en el desenlace. En Sangre de Llaguno, así nos presenta Luis Niño de Rivera las de la ganadería de San Mateo y de la Familia Llaguno, enlazando la historia patria con la universal y con la del toreo y en ese enlace, algunos pasajes influyen directamente sobre la trama y otros tendrán utilidad solamente para ubicar en tiempo y espacio eventos trascendentes en el devenir ganadero de Llaguno – San Mateo, lo que no deja in abstracto la presentación que de ellas se nos hace en la obra.

Me parece importante la presentación de la genealogía de los Marqueses del Saltillo, de quienes se habla en el ambiente taurino mexicano como una serie de personajes míticos, de los que la mayoría de los que los mencionan, ni siquiera saben ya no sus nombres, sino siquiera sus apellidos, precisando con puntual atención los pasos de una generación a otra, bien verificada en los archivos parroquiales de Sevilla. Lo único que le faltó a Luis, a mi juicio, fue el abundar, ya entrado en el tema, en la salida de la ganadería de la familia Rueda – Quintanilla – Osborne Böhl de Faber, para pasar a manos de las familias Moreno Ardanuy – Moreno de la Cova – Moreno de Silva, que es la que en la actualidad mantiene lo que de ella permanece en tierras hispanas.

A partir de analizar los libros de la ganadería, entre 1908 y 1953, Luis Niño de Rivera logra presentar algo así como el genoma en macro del toro de lidia mexicano, pues desentraña las principales líneas o familias surgidas de las 16 vacas y dos toros traídos por los hermanos Antonio y Julián Llaguno, de una manera bastante esclarecedora, dejando patente la gran obra ganadera realizada por el genio que fue el primero de los nombrados.

Ya en análisis de los aspectos propiamente familiares, Niño de Rivera nos deja ver que la transición del ganadero Antonio Llaguno González al ganadero José Antonio Llaguno García realmente nunca se produjo. El hijo lo acompañó en su andadura, pero el viejo aparentemente no se preocupó por enseñarlo; así como él entendió los vericuetos de la genética de una manera intuitiva, creyó que su hijo, sangre de su sangre, saldría como muchos de sus toros Superior Superiorísimo en ese aspecto y aprendería – o intuiría – de la misma manera en la que él lo hizo, pero no fue así, por eso la trayectoria de José Antonio Llaguno García como ganadero fue más breve y menos regular, diferente que las de sus primos hermanos, los Llaguno Ibargüengoitia, que abrevaron todo el conocimiento que Don Julián se preocupó por transmitirles.

En cuanto a la presentación material del libro, me parece que es de formato feo – a imagen y semejanza del pocket book americano – y creo que la calidad de la obra merecía uno mejor, con mayor cantidad de ilustraciones, aunque la justificación de los editores reside en el hecho de que al presentarlo así, se consigue una mayor penetración de la obra. Veo que también tiene algunos gazapos ortográficos, pero estos seguramente no son culpa del autor. Aparte, considero que faltaron un índice onomástico y árboles gráficos de la progenie de las vacas españolas, que harían más explícito el trabajo.

Concluyo citando a Don Paco Madrazo, ganadero también de prosapia, quien en su libro, El Color de la Divisa, publicara en 1985 en una carta abierta dirigida a José Antonio Llaguno García estos sentidos razonamientos:

…Hoy la mayor parte de los ganaderos mexicanos se enorgullecen de tener en sus piaras reses procedentes de Saltillo – ellos así lo dicen – y qué lástima me da el que hayan olvidado, a veces, que las vacas y toros que les han dado prestigio a través de los años son de San Mateo…

Yo creo que ellos deben reconocer la gran afición de tu padre y de tu tío para hacer, con muchos sacrificios, una ganadería de bandera, y que ya dejen de decir que tienen sangre de Saltillo, cuando lo que tienen, es sangre de San Mateo…

¿Por qué no les gritas que tu padre, y vamos tomando como fecha la venida de las vacas españolas – 1908 – hasta el 15 de enero de 1953 en que murió, estuvo al frente de una extraordinaria ganadería hecha a base de esfuerzos, de malos ratos y de romperse día a día con la vida del campo y de los toros, para qué hoy tanto ignorante diga y anuncie que tiene sangre de Saltillo?

Ya no somos ganaderos de bravo, ni lo seremos jamás. Nuestra vida entre los toros será hoy dispersa, vaga y al poco tiempo, olvidada…


José Antonio Llaguno García nunca escribió el libro que le pedía su amigo – y compañero de infortunio – Paco Madrazo, pero en el que pone a la consideración de todos nosotros, Luis Niño de Rivera reivindica en buena medida ese justo reclamo de alguien que sí entendió la realidad de la existencia de la Sangre de Llaguno, un libro que vale la pena leer y releer.

Sangre de Llaguno
Luis Niño de Rivera
Editorial Punto de Lectura - UNAM
1ª edición, México, 2004
ISBN: 9707310588



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