domingo, 17 de enero de 2021

Relecturas de invierno (XI)

Gente del toro

Los géneros literarios y la fiesta

No recuerdo con claridad si es la profesora María Celia Forneas o don Javier Villán quien señala que el género literario de la fiesta por excelencia es el de la crónica, porque es la que recoge la esencia, los sucesos y el análisis de los festejos taurinos y además nos presenta el criterio u opinión del espectador que la escribe. Sin embargo, nos aclara, la literatura de la fiesta no está circunscrita exclusivamente a esa forma de expresión, pues la novela, el ensayo y hasta el teatro se han ocupado de ella con más o menos éxito.

Decía que quienes escriben acerca de la fiesta también se han acercado a otros géneros literarios, y el que me ocupará enseguida, el ensayo, es definido como una obra literaria, escrita en prosa, que trata de un tema que no agota exhaustivamente y cuyo interés es la presentación de nuevas perspectivas para su examen, sea a partir de reflexiones originales o a partir de nuevos datos derivados de una investigación realizada. Es una reflexión desde la perspectiva personal de un autor en el que el fin estético se entrelaza con el proceso reflexivo, pero sin sacrificar el uno al otro.

La obra de José María Requena que quiero poner a su consideración el día de hoy, Gente del Toro, está dedicado precisamente a este último género, y en él, su autor realiza un recorrido por precisamente la gente, los lugares y los diversos utensilios – trebejos los llama mi amigo Pedro Martínez Arteaga – que son necesarios para la lidia de toros bravos.

En Gente del Toro, José María Requena nos va a dar un recorrido en textos, desde el patio de cuadrillas hasta el desolladero y en ese tránsito, pasará por múltiples estaciones, personales y de infraestructura para presentar un panóptico de la fiesta de los toros que vivió al inicio de la década de los setenta del pasado siglo.

Y lo hace de una forma en la que una vez que se comienza a leer, no se puede uno separar de las páginas del libro. Engancha, porque tiene esa facilidad de ponerlo a uno en el sitio o frente a la persona a la que nos está ilustrando y en esa forma, la lectura se torna fluida y hasta rápida, tanto, que cuando concluye, quiere uno más, porque, como escribe Alex Grijelmo:

Las palabras tienen un poder de persuasión y un poder de disuasión. Y tanto la capacidad de persuadir como la de disuadir por medio de las palabras nacen de un argumento inteligente que se dirige a otra inteligencia… La persuasión y la disuasión se basan en frases y en razonamientos, apelan al intelecto y a la deducción personal… la seducción de las palabras… sigue otro camino. La seducción parte de un intelecto, sí, pero no se dirige a la zona racional de quien recibe el enunciado, sino a sus emociones…

Así, al ir avanzando en la lectura de Gente del Toro, al finalizar el cuerpo de uno de los ensayos, ya desea uno penetrar al siguiente.

Acerca del autor

He de confesar – con vergüenza – que hasta hace unas cuantas semanas José María Requena era para mí un total desconocido. Me encontré con él buscando alguna apreciación literaria sobre los espontáneos para otra entrada de estas páginas virtuales y fue como me enteré de su existencia, su obra y de este libro que me atrevo a comentar. 

José María Requena nació en Carmona, Sevilla, el 18 de abril de 1925. Obtuvo el grado de Licenciado en Derecho por la Universidad de Sevilla y posteriormente el de Periodismo por la Escuela Oficial de Periodismo de Madrid. Fue Director del diario sevillano El Correo de Andalucía de 1975 a 1978. Ganador de diversos premios literarios por su obra. Falleció en Sevilla el 13 de Julio de 1998 a los 73 de edad. Cultivó los géneros literarios de la poesía, ensayo, novela, teatro y narrativa breve.

A la fiesta en específico dedicó cuando menos tres obras: las colecciones de ensayos Gente del Toro (1969) y Toro mundo (1990) y la novela El Cuajarón (1972), ganadora del Premio Nadal de Novela de 1971.

Gente del Toro está dividido en siete apartados: 

El PRIMERO, como introito, relacionando el patio de cuadrillas, la capilla, el torero y la cultura, el reloj de la plaza, el sol y el pasodoble y el miedo; 

El SEGUNDO dedicado a las telas taurinas; 

El TERCERO a la liturgia del toreo; 

El CUARTO a la gente de oro y seda, analizando las personalidades de: Antonio Bienvenida; Luis Miguel Dominguín; Antonio Ordóñez; Julio Aparicio y Miguel Báez “Litri”; Antonio Borrero “Chamaco”; Jaime Ostos; Diego Puerta y Paco Camino; Curro Romero; Santiago Martín “El Viti” y Manuel Benítez “El Cordobés”; 

El QUINTO, dedicado a lo que llama la corte de plata y seda; 

El SEXTO, destinado al análisis de la bravura; y, 

El SÉPTIMO cierra con temáticas dedicadas al rejoneo, la capea, el festival, los miuras, el espontáneo y la cornada.

Del texto, extraigo algunas citas que pueden ilustrar el contenido y el por qué me resultó interesante esta obra, misma que recomiendo ampliamente para su lectura:

Patio de cuadrillas

Es un patio de humildad a la tremenda, premeditadamente pobre, desmantelado y frío… Aquí en el patio de cuadrillas, se pone el corazón del torero a compás del susto, tensa y rechinante la cuerda del vivir bajo el oro y la seda… Llegan ellos, los toreros grandes, los millonarios veloces y sufren los escalofríos de este patio, desapacible y serio, pariente no muy lejano del calabozo cuartelero… No importa que sonrían o que levanten las barbillas de la soberbia o entretejan saludos y chirigotas. Son modos de evitar cierta clase de compasión por ellos mismos. No por el miedo a morir, ni tampoco a cuenta del posible fracaso. Hay más, mucho más, en ese amargo juego de saberse parte en una historia que parece increíble. Los vestidos de luces marcan la frontera entre la vida de verdad y esa otra vida de leyenda y mito, donde se respira como en las pesadillas…

Los toreros y la cultura

…suelen tener libros cerca, al alcance de un interés casi filosófico por el humanismo… Inician la lectura de muchas obras, pero casi siempre surgen circunstancias de preocupación o de todo lo contrario, y todo queda en un aplazamiento indefinido. Los acarician con respeto, tomándoles el peso de una importancia que ellos quisieron hacer suya con la misma rapidez que lograron los aplausos y los caudales…

El reloj de la plaza

Para la corrida, un reloj implacable, bien a la visa y bien frío. Para el cante y el baile, relojes que andan con cuerdas de avenate y fiebre… Otra cosa muy distinta es el ritmo de la faena, tan emparentado con la danza por la sangre común de sus compases. También este tiempo de la inspiración taurina se ordena en corazonadas exclusivas de cada intérprete…

El sol y el pasodoble

La música y el sol ofrecen a la faena sus moldes caldeados en ritmos del cantar del pueblo. Movimientos y gritos, colores y desplantes, vida y muerte… Todo se derrite y se funde en la dinámica y cicatera geometría de la faena…

El miedo

Los mejores matadores viven las más temibles angustias al final de su carrera… Porque hasta en el momento final de su gloriosa trayectoria, aguarda al torero un último miedo: el de tener que ir al silencio sin sal de la retirada, que es una forma de medio morir para quien está acostumbrado al saboreo de su vida con el sensible paladar de que la está librando continuamente de la muerte…

Capote y muleta

El torero toma el capote con el entusiasmo que el muchacho derrocha la primavera inicial de su hombría… Cuando toma la muleta ha evolucionado el panorama hacia los perfiles más serenos de lo que se medita…

La montera

…cuando es una mujer quien recibe el brindis, fijaos como las manos de la intuición femenina acarician la montera como si fuere el presentimiento de un luto memorable. Tal y como si el matador la hubiese dejado en buenas manos por si la fatalidad la convierte en imponente reliquia del penúltimo miedo…

La liturgia del toreo

Nunca podrán razonarse del todo las causas ni los objetos de esta fantasiosa tendencia a injertar solemnidad de templo en el escenario redondo de la corrida, y modales de sacerdote pagano a la figura medio ungida, medio embrujada, del matador de toros…

Gente de oro y seda

Doce toreros de los últimos años. Doce estilos de valor. Una galería de retratos sicológicos para conocer y entender mejor a esa humanidad que se afana entre las emociones subidas de la fiesta. Los doce cumplieron la ambición de renombre y ganancias. De especificar la calidad que le sobra o le falta a cada uno de ellos, que se encargue la historia con su infalible crítica. Lo que en esta ocasión nos importa es la variedad que ofrecen estas doce formas de ser y de sentir en la tremenda circunstancia de jugarse la vida bajo el sol.

Antonio Bienvenida

…ha sido una especie de diplomático que se empeñara en mantener las mejores relaciones entre dos épocas sucesivas del toreo… las tardes triunfales de Antonio Bienvenida eran completas en contenido y forma…

Luis Miguel y sus desplantes

A veces he pensado que Luis Miguel quiso ser para el público exclusivamente torero. Un torero químicamente puro, sin mezcla de amabilidad alguna. Toda su categoría despectiva parece responder a un intento de hacerse admirar por el gentío sin que medie la simpatía personal…

Antonio Ordóñez, seriedad de serranía

En Ordóñez se muestra más que en ningún otro esa sicología de altura, de aparente altivez que, sin embargo, consiste en silencio de hombre poco aventajado por los desengaños aleccionadores que le tocaron en herencia, y así despliega su carácter en la ruleta mágica y algo loca de la fiesta brava…

Aparicio y Litri dos estilos de melancolía

Aparicio y Litri no sonríen. Ni con el rostro, ni con sus lances, ni con sus pases de muleta. Cualquiera diría que perfeccionan al máximo sus estilos por ver su algún día llega la apoteosis que les salve de la pena indefinida… Los dos hacen un toreo sosegado como atardecer en el silencio del campo. Hay grandeza de soledades en las fórmulas serenas de sus valentías. Dan la sensación de que torean con la suavidad de quienes, por pasarse de existencia recordando cosas perdidas, ponen en sus quehaceres del presente un desganado mimo de caricia…

Chamaco y el misterio

Eso era el Chamaco novillero: una tragedia meditada, una tremenda intensidad al hacerse cargo de los espantos de la fiesta, el altísimo voltaje de un hombre que acude a una cita de muerte, y con sensaciones de muerte se rellena para conocerla de antemano, para hacerse a ella, para que la muerte no le sorprenda demasiado con su llegada, si es que llega…

Jaime Ostos el clasicismo del arrojo

…nunca ha merecido el calificativo de ‘tremendista’, porque lo suyo no significa una rebelión contra los clásicos decretos de la tauromaquia, sino la exaltación del arrojo cuando a la faena se le pone la cara tontilinda de la monotonía…

Diego y Paco, los perpetuos niños del toreo

Diego Puerta y Paco Camino son aniñados de tamaño estilo. Poseen la gracia que brota porque sí, porque el toreo es un juego que les entusiasma, porque hace la mar de bonito eso de pasarse al toro mientras uno se pone gloriosamente presumido… Diego, el niño que se encorajina y se atreve contra la escuela entera; Paco, el niño que se las sabe todas y se hace el amo de los recreos sin jugarse la integridad de sus narices en reyertas de predominio…

Curro Romero y la inspiración

Curro es uno de los toreros que más nos hacen esperar, de los que provocan hoy la repulsa del ‘yo no veo más a ese tío’ y a la vuelta de una semana motivan un ‘vamos a verlo por si acaso’… No es exacto decir que viva de las rentas del pasado, sino más bien, del futuro en una especie de amenaza artística: ‘Cuidad, porque a lo mejor os perdéis mañana la mejor de mis faenas’…

El Viti, refrán del ruedo

Para El Viti nada sería más contrario a sus principios que eso de prefabricar mentalmente sus facturas esenciales de la lidia… Precisamente porque no es temperamento desordenado y súbito, sino claro predominio de la meditación sobre el arrebato, cuida mucho de que el corazón no le quede a un lado por culpa de premeditaciones exageradas…

El Cordobés, torero silvestre

Llegó a la fama taurina con sello de urgencia y matasellos de penuria. Esta es la genealogía más cierta de su éxito, un oriundo del hambre a quien le comen las prisas… El Cordobés se presentó en los ruedos como un enloquecido… La muerte no era una desconocida para el novillero Manuel Benítez. No necesitaba morirse para sabérsela… A partir de la alternativa fueron sustos más ordenados… El toro dejó de ser escalón de paso hacia arriba para convertirse en amenaza concreta sobre la plataforma dorada de la cima…

La corte de plata y seda

No es la cuadrilla una comparsa. No es adorno, ni coro pasivo en la intensidad dramática del ruedo, sino más bien, como un destello múltiple que brota en torno del matador. Y también corte para su realeza y escolta personal, que tanto se afana en defender al maestro en los atentados del toro a la hora de ahuyentarle la tristeza…

Los miuras

Forman la ganadería del maleficio, la torada mitológica que parece alimentarse con sangre idealizada en cornadas mortales. Cuando un torero dice ‘miura’ se le oscurece la voz. Es la palabra que suena a paletada de entierro, y a grito que se queda ronco en la garganta cuando es demasiado fuerte el susto…

El espontáneo

Es el espontáneo, el anarquista de la fiesta, el que clava la vista en las parejas de los guardias, el de la vida a punto de aliviarse una manía de gloria en ese medio suicidio de echarse al ruedo contra lo ordenado y consabido… Casi huele a pólvora cuando despliega su franela como una llamarada. Hay silencio de terrorismo en el hecho del alocamiento que consuma. Hay también desbarajuste de todos los esquemas decretados para la fiesta. Brota el muchacho con la ropilla triste de los que piensan que si pierden la vida no pierden una gran cosa. Tiene la extraña fuerza de los desesperados, y por eso se escapa de todos. Menos del toro, claro está, porque el toro es también desesperación y torrente que sueña con romper todas las reglas y composturas…

La cornada

La furia del toro acierta en la carne con bastante frecuencia. Es la dura ley del heroísmo: la muerte ha de certificar su cercanía con rúbricas de sangre, la tensión dramática del toreo requiere algo más que la amenaza. Es necesario que se rompan venas para que a la fiesta brava no le falten vibraciones esporádicas de corazón encogido…

Para obtener información sobre el autor y su obra, recomiendo visitar el sitio dedicado a su persona y obra en esta ubicación.

Ficha Bibliográfica

Gente del Toro. – José María Requena. – Editorial PPC, colección Vida Nueva, número 3. – 1ª edición. – 178 páginas y 16 con fotografías en blanco y negro. – Sin ISBN.

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