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sábado, 10 de abril de 2010

Con su permiso, don Joaquín

Los aficionados de la doble militancia de toros y literatura nos pasamos media vida buscando al heredero de Cañabate y resulta que ese heredero se nos ha muerto sin que nos enterásemos.

Antonio Burgos

Hoy se cumplen 8 años de la partida definitiva de quien sin duda es uno de los analistas de la fiesta más importantes de la segunda mitad del cercano siglo XX. En la cercanía del primer año de su óbito y con la venia de su familia, la Asociación El Toro de Madrid convocó a la afición de todo el mundo a unirse a una suscripción que sería presentada a la autoridad taurina de la Comunidad Madrileña con la finalidad de que en el acceso a la localidad que siempre ocupó el Maestro, se colocara un azulejo que recordara que desde ese punto del tendido de la plaza de Las Ventas, Joaquín Vidal Vizcarro ejerció la crónica y la crítica de toros con una excepcional – y en esos días extraña – limpieza.

Afortunadamente los que suscribimos la petición conformamos el número suficiente para que el gobierno matritense la tomara en consideración y la aprobara, fijándose el día 13 de abril del año 2003, concomitante a la inauguración de la temporada venteña como la fecha en la que la memoria del Maestro Vidal quedaría perpetuada en los muros de la plaza de toros en la que, como reza el azulejo, ejerció un efectivo magisterio durante más de tres décadas.

Pero la develación de ese azulejo no constituyó el único homenaje a su recuerdo, porque la Asociación El Toro programó además para la efeméride, la salida a la luz y la presentación de un libro que recopila una excelente muestra de la obra literaria de Joaquín Vidal, misma que sin lugar a dudas refleja la trascendencia de este auténtico notable de la comunicación taurina de nuestros días.

Con su permiso, Don Joaquín es el título de la obra que lleva, a través de un admirable proceso de selección, aún al catecúmeno en estos temas, a un conocimiento cabal de lo que el Maestro Vidal realizó durante su tránsito por esta tierra, dejando bien claro que en la crítica, en la crónica o en la entrevista, don Joaquín siempre tuvo la visión de las cosas bien clara y las percibió desde el punto de vista de aquél que, sin intereses de por medio, pero con un gran interés por la fiesta, los toros le representan una parte importante de su existencia, es decir, la opinión de Vidal no era la de un profesional de esto, sino que con seguridad, sería la que sustentara el aficionado desde el tendido, lugar en el que, insisto, don Joaquín ejerció un efectivo magisterio.

De las notas introductorias vale resaltar la de José Antonio Pascual, Académico de la Lengua, porque desde esa peculiar óptica resalta otro de los atractivos que tiene la prosa de Vidal: el extraordinario manejo de la lengua española, del que hace gala en sus escritos, dominando, como afirma Pascual, diversos matices del idioma, que van desde el estilismo hasta el barroco, sin perder, en caso alguno, la esencia de la verdad a expresar y siempre, cautivando el intelecto de sus lectores, con la aguda visión de las cosas y su interés por la pureza, en este caso, de la fiesta de los toros.

De los textos recopilados, resaltaría las siguientes opiniones expresadas acerca de temas determinados:

Sobre la concesión de trofeos:

La fiesta ha cambiado hasta en la concesión de trofeos. Las orejas que se cortan en un solo día, antiguamente a lo mejor no se cortaban en toda la temporada. El triunfalismo forma parte sustancial del espectáculo. Que haya orejas es lo importante. El toro y el torero ya importan menos.
Sobre el aficionado que sabe ver al toro y al peligro que representa:

Por eso asombra que cuando la corrida sale dura, muy difícil, como ha ocurrido estos dos últimos domingos en Las Ventas, haya quien resuma la tarde con la síntesis de la frivolidad: “Aburrimiento”. Habrá aburrimiento para los inconscientes, para los que no saben ver al toro, para aquellos a quienes les tiene sin cuidado la lidia o – aún peor –, el riesgo cierto que unos hombres corren en la arena. Fue el domingo, precisamente: En un radio de pocos kilómetros se dieron simultáneamente cuatro festejos. Hubo público para todos. Y en los cuatro se produjeron cogidas, cuatro en total, tres de ellas de gravedad. A lo mejor fueron todas por errores técnicos de los toreros. Lo cual les da más mérito aún: He aquí un espectáculo de gran dinamismo y plasticidad, perfectamente estructurado en el que hay un valor añadido de emoción, porque en un solo instante de error, puede llegar la tragedia.
Por último, un apunte sobre su oficio:

Los artículos que se han publicado en esta página durante los días de feria son modelo de literatura taurina, y Rafael Conte ha hecho una aseveración que puede martillear la conciencia de quienes estamos en el oficio: “Para escribir de toros hay que escribir bien”. Al hilo de su ensayo, he de reconocer que lo más ingrato de la crónica taurina es la denuncia del fraude, al tiempo que también lo más fácil: Fluye el verbo; mientras que el relato de los grandes momentos de la fiesta supone una grave responsabilidad; que el texto no desmerezca de lo vivido.
Son como decía, botones de muestra que dejan bien claro el paradójico interés desinteresado con el que Joaquín Vidal vivió siempre la fiesta; que su punto de vista, desde el tendido, es el mismo que puede tener cualquier cristiano o moro que paga por ingresar al tendido de una plaza y que su pretensión, aunque sus muchos, variados y gratuitos detractores lo nieguen, siempre se encaminó a enseñar el deber ser de la fiesta a partir de su realidad fáctica, propiciada por quienes tienen intereses dentro de ella y que, lógicamente, al ser exhibidos en sus componendas, les produzcan escozor tales señalamientos.

Este comentario que viene no tiene que ver propiamente con la obra de don Joaquín, pero sí con sus realizaciones terrenales y es una circunstancia que no apreciamos en su integridad por la falta de costumbre para ello: El mérito de sacar la información taurina de las secciones deportivas de los diarios españoles, indiscutiblemente pertenece a Joaquín Vidal.

Al iniciar su labor en el diario madrileño El País hace ya casi 25 años, su primera preocupación fue la de colocar la información de los toros en el lugar que le corresponde en realidad, es decir, en el mismo sitio en el que se difunde la actividad cultural española, pues a don Joaquín nunca le cupo duda de que la fiesta es una parte importante de la cultura de su pueblo – y por ende de los que son hispánicos –, por lo que la difusión que se hiciera de ella, debería estar en el sitio adecuado, que no es precisamente la sección de deportes. Huelga decir que los demás diarios madrileños y después los de toda España, imitaron la política implantada por El País, a sugerencia de Vidal, en este respecto.

Lo demás que se pueda comentar sobre el libro, es a cargo de quien lo lea, que podrá tener su propia apreciación y obtener de su contenido, las conclusiones que considere apropiadas, pues al fin y al cabo, la mejor visión de una obra de esta naturaleza es la que cada cual se forma tras su lectura, recomendable para todo aquél que tenga afición por estas cuestiones.

Creo que esta es la mejor manera en la que se puede recordar a una persona, por sus hechos, pues como dijera algún día el apóstol José Martí, el mejor autógrafo de un hombre, son sus realizaciones.

Edito: El culpable de que Con su permiso, don Joaquín haya llegado a mis manos, es Martín Ruiz Gárate, con quien estoy infinitamente agradecido, dado que me permitió con ello conocer mejor la vida y la obra del Maestro.
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