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domingo, 22 de septiembre de 2013

El toreo llamado moderno. Cosa de tres (cuando menos)

Gaona y Gallito
Madrid 15 de mayo de 1918
Últimamente se han alzado voces que se proclaman gallistas, señalando a partir de algunos señalamientos de José Alameda, que José Gómez Gallito o Joselito es el padre del toreo moderno por haber sido el que realizó con mayor frecuencia el toreo de muleta ligado y en redondo. La afirmación de Alameda parte del análisis comparativo del natural de Belmonte, al que atribuye la traza de un muletazo de trinchera – toreo de expulsión, le llama – con una serie de naturales que el diestro de Gelves logró en la plaza vieja de Madrid el 3 de julio de 1914, la tarde de los siete toros de Martínez, reproducida en una película.

Creo que la apreciación que pretende conceder en exclusiva a Joselito la paternidad del toreo llamado moderno tiende a ser reduccionista. No es solamente la ligazón y el giro del toro en torno al eje que forma el torero en torno a su trayectoria lo que distingue a esa tauromaquia que representó el giro copernicano de la manera en la que los toros se lidiaban. Hay otros factores y personajes que aportaron lo suyo para que ello fuera posible y por ello, intentaré, a partir del mismo Alameda y de los personajes de la época en la que se dio ese giro, exponer lo que considero la realidad de su origen.

¡Déjalo que romanee…!

En su “Historia Verdadera de la Evolución del Toreo” – que resulta ser una versión anterior y políticamente incorrecta de El Hilo del Toreo – José Alameda explica lo siguiente:
Capítulo fundamental sobre el toro. Del toro determinante al toro determinado. En el arco que va de fines del siglo XIX a principios del XX acontece algo que tiene la mayor importancia en la evolución de la fiesta. Se precipita la selección del toro. Es algo que el público no ve, solo lo verá después, por sus resultados. En la etapa anterior, el toro determina el toreo; de ahora en adelante el toreo determinará al toro… Ya hemos visto que en el toreo anterior a “Cúchares”, la época del “Paquiro”, el toreo gravitaba sobre el primer tercio. El encuentro del toro y el picador era fugaz y multiplicado… Pero el toreo de muleta, por la propia condición de este instrumento y por el tipo de sus posibilidades, iba a descubrir pronto que requería… otra suerte de varas, nada de la suerte ligera de los tiempos de “Paquiro”, sino exactamente lo contrario; una suerte quieta y lenta… para que cobre la fijeza y el aplomo para el toreo de muleta… se trataba de obtener un toro al que se pudiera pisar otro terreno. Belmonte se lo pisa en 1912…(Historia Verdadera de la Evolución del Toreo, Págs. 67 – 69)
Culmina Alameda esta argumentación con una cita del doctor Gregorio Marañón – sin especificar la fuente – en la que el endocrinólogo madrileño augura que a través de ese proceso de selección se obtendrá un toro que más que pelear, colaborará con el diestro.

Recojo un diálogo imaginario, escrito por Juan Posada en su obra Belmonte. El sueño de Joselito – Premio José Mª de Cossío 1991 –, supuestamente producido a la salida del sexto toro de la corrida del 21 de junio de 1917, la famosa corrida del Montepío de Toreros en la que Rodolfo Gaona, Joselito y Juan Belmonte enfrentaron un encierro de la Viuda de Concha y Sierra:
Suerte Juan. Gracias. Vamos a ver si este quiere… Nada más aparecer la res, le dijo a su peón “Blanquet”: Ya tenemos aquí el toro del escándalo de “ese”. Acuérdate. Pero parece que gazapea un poco, respondió el banderillero. No importa. ¿No te das cuenta de que es un borrico y trota a su aire, sin molestar? Y acertó… (Belmonte. El Sueño de Joselito (1892 – 1962). Pág.78)
No dejo fuera de estos apuntes que Joselito influye notablemente en la busca de ese toro que Alameda llama determinado para la nueva lidia en cuya epifanía tiene parte fundamental. Así, adquirirá la ganadería de Benjumea y la enviará casi completa al matadero y por otro lado, facilitará la adquisición de una parte importante de la ganadería de la familia Murube por los Urquijo y los orientará – por breve tiempo – en los procesos de selección y formación de sus hatos, precisamente en la busca del toro requerido para hacer ese toreo diferente al que le fue inculcado.

El toreo en redondo

Sentado queda pues que Alameda parte de la corrida de los siete toros de Martínez como el punto de inflexión de la historia y del nacimiento de una nueva manera de enfrentar el último tercio de la lidia. Aunque también apunta que en algunos escritos se atribuye o a Cayetano Sanz o a Lagartijo o al mismo Guerrita el haber toreado al natural en redondo alguna vez. Hace una mención más extensa a una referencia que hace el doctor Carlos Cuesta Baquero – quien firmaba sus escritos como Roque Solares Tacubac – de haber visto a Fernando El Gallo, padre de Joselito hacerlo en la vieja plaza Colón de la ciudad de México. Busqué alguna referencia a ese hecho en los escritos del médico Cuesta y encontré lo que sigue:
Los aficionados antiguos, siguiendo las indicaciones de Montes “Paquiro”, admitimos que torear “en redondo” es que el espada practique una serie de pases naturales, perfectamente ligados – enlazados –. Que por esta continuidad, el toro describa un círculo en derredor del diestro, siendo éste el centro… El autor moderno, acepta que hay un pase natural que ha de nombrarse “en redondo”. Que a un solo muletazo puede darse esa calificación, siempre que el espada lleve su mano izquierda hacia atrás al cargar la suerte, haciendo que el trapo de la muleta describa una porción de círculo… En otra época también tuvieron esa equivocación los críticos de nacionalidad mexicana. Frecuentemente escribían: “Fulano dio un pase redondo”. Tal error culminó cuando estuvo toreando en los redondeles capitalinos – “Colón” y “El Paseo”, en el año 1889 – Fernando Gómez “El Gallo”. Era un artista en todo el torear, pero singularizaba su maestría haciendo los trasteos… practicaba pases al natural dando al vuelo de la muleta semejanza con un abanico al abrirse, cuando lo maneja una dama. Esa forma de segmento de círculo que tomaba el vuelo de la muleta fue lo que indujo a que dijeran; “pase redondo”. Igual sucedía cuando “El Gallo” toreaba en el pase ayudado bi – manual, haciéndolo con remate por abajo… Actualmente no admiramos en cada pase al natural esa forma de arco de círculo en el vuelo de la muleta, porque los espadas no dan suficiente rotación en la muñeca, por el afán de que el toro no se aleje… por consiguiente no debe decirse a un solo muletazos “pase en redondo”. Hay que decir PASAR EN REDONDO. (Lo que indica una manera artística, no un solo pase)”. (Los preceptos taurómacos, en La Lidia. Revista Gráfica Taurina. México, D.F., número 60, 14 de enero de 1944, Pág. 14.)
Entonces, de lo anterior resultaría que Cuesta no vio precisamente al señor Fernando torear en redondo y que la aportación de Alamedadescubrimiento si se quiere – resulta medular para entender cómo el toreo ha llegado a ser como es en la actualidad. 

Sin duda que lo que Joselito realizó al toro de Martínez y también lo que revelan unas fotografías de una actuación suya en Lima – probablemente ante un toro mexicano de Piedras Negras – nos dejan en claro que su entendimiento de las condiciones de los toros y su poderío para dominarlos, le permitía torear de esa manera a reses de condiciones aún no muy definidas como las de su tiempo y eso es sin duda otra de las piedras angulares de lo que es lo que se da en llamar el toreo moderno.

El que le quiera ver, que se de prisa…

Se afirma que Juan Belmonte tuvo la inmensa fortuna de haber sido acogido por los intelectuales de su tiempo y de haber sido biografiado por Manuel Chaves Nogales. Yo creo que eso es un intento – injusto – de demeritar lo que por sí solo hizo en su paso por los ruedos y por la vida. Hijo de un quincallero, cuando decidió ser torero, no tuvo más camino que recorrer la legua y torear, a la luz de la luna y a escondidas en el campo. El lugar elegido era la dehesa de Tablada, lugar en el que había alguna cantidad de ganado de media casta que a veces embestía y que permitía a aspirantes a toreros, golfos y tunantes calmar las ansias.

Belmonte desarrolló en Tablada una peculiar técnica para torear, misma que Manuel García Santos describe de la siguiente manera:
Él estaba acostumbrado a torear en Tablada ganado de media sangre… en el campo tenía que torear muy ceñido y muy en corto para que los toros no se le fueran, por eso su toreo comenzó y siguió siendo así, no despedía bien al animal… los aficionados decían que tenía el defecto de ser “codillero”… se llamaba “codilleros” a los diestros que no despegaban bastante los brazos. (Juan Belmonte. Una vida dramática. Págs. 57 – 58)
El codilleo era, creo, un efecto de ese torear ceñido y corto que describe García Santos y que no era más que un recurso para sujetar a los toros, que en la libertad del campo y respondiendo a su nada preclaro origen, intentarían huir de quien los hostigaba. Pero al mismo tiempo ese codilleo facilitaba al torero el atemperar las embestidas, agregando un nuevo ingrediente al hacer de las suertes: el temple.

La idea de Belmonte de hacer el mismo toreo a todos los toros de su tiempo hizo que muchos toros le cogieran en sus inicios. El toro al que Alameda se refiere como determinado salía, como escribía Corrochano, por rarísimo acaso y ese toreo de brazos pegados al cuerpo, ceñido, de corto trazo, por su naturaleza requería de un toro que permitiera que su embestida fuera atemperada por el diestro de manera que pudiera reponer el espacio necesario entre suerte y suerte.

Esa manera de torear generó también una cortedad en el repertorio del torero. El testimonio de Rodolfo Gaona sobre este particular es el siguiente:
Rompió moldes rancios. Hizo lo que nadie podía hacer y lo que todos juzgaban imposible de hacerse. Toreó en todos los terrenos. Y con los toros mansos o difíciles realizó faenas a que ninguno se atrevió, porque sabíamos por tradición que eso sólo podía ejecutarse con los toros bravos y nobles… Ahora, la verdad es que no siempre salía triunfante. Como es natural, algunas veces daba en el clavo y otras muchas en la herradura. Pero, el pase natural, a nadie se lo he visto dar como a Juan. Y esa verónica tan suave, templada, tan espaciosa, ni lo cerca que supo estar de los toros… Porque nadie, entiéndase bien, nadie, ha sabido estar más tranquilo en ese terreno. Todos los demás fuimos llevados a él por la fuerza… Pero supo hacer muy poquitas cosas. Comenzó con un repertorio corto y con ese acabó… Aprendió a torear, a defenderse de los toros… pero no tomó empeño por aumentar el repertorio… Juan no tuvo corte de torero largo... Su prestigio radica en la innovación que trajo al toreo; en que demostró que puede hacerse lo que se creía imposible. Y en lo poquito suyo, fue único… (Mis veinte años de torero, Págs. 288 – 290)
Esa era la reflexión que hacía El Petronio al tiempo de su despedida de los ruedos sobre la aportación de Juan Belmonte a la tauromaquia.

Ajustar los pies al verso de Horacio...

Rodolfo Gaona y Jiménez, natural de León de los Aldamas, México, fue formado como torero por Saturnino Frutos Ojitos, quien en su día fuera banderillero de Frascuelo. Pero más que enseñar Ojitos a su discípulo la tauromaquia que Salvador Sánchez desarrollara en los ruedos, le inculcó los modos de hacer y de comportarse de Lagartijo” y de acuerdo con la narración que hace Gaona en Mis Veinte Años de Torero, muchas reminiscencias hacía el banderillero de los ojos zarcos de otro torero calificado de elegante en el decurso de sus enseñanzas: Cayetano Sanz.

Alameda, en la obra que da pie para que yo meta aquí los míos, atribuye a Rodolfo Gaona una revolución en el toreo. Afirma que es un revolucionario porque lo universaliza. Y hace esa afirmación a partir del hecho de que hasta su irrupción en el ambiente taurino de España, todas las figuras del toreo habían nacido y se habían hecho en la piel de toro, pero que a partir de Gaona se admitió la posibilidad de que un torero de un origen distinto podría llegar a figura, incluso, sin pasar la reválida de la afición española.

Pero ese hecho histórico no es el que pone a Rodolfo Gaona en este espacio. Lo que le incluye aquí es lo que hacía delante de los toros. Como esto ya se pasa de extenso, cito directamente a Alameda que propone lo que sigue:
Llamarle a Gaona “Petronio del toreo” no es lo más, es lo menos que se puede decir de él. La consideración preferente de los valores espaciales, de postura o de plasticidad, es una trampa en la que ha caído la crítica y la historiografía taurina de ciertas épocas. Los valores de tiempo son esenciales en el toreo. Y Gaona los tenía. Ahí está el secreto: Gaona les andaba a los toros, pero no solo en banderillas – en lo que fue insuperable – también con la muleta. No solo para ir al toro para citarlo, sino dentro del desarrollo de la faena, para mantener la reunión entre suerte y suerte, en el enlace de ellas. Andándole, recolocándole sobre la marcha, siempre armónicamente. Por supuesto, en los toros que se acomodaba y en sus momentos felices, como todo artista. Hay pocos testimonios sobre Gaona. Pero en las pocas filmaciones que se conservan, se encuentran algunos momentos en que le anda al toro con un “tempo”, con una cadencia, que no es frecuente hoy día, pero menos lo eran en aquellos días. Esa cualidad de “andarle al toro”, después tan conocida y tan situada, la lleva a su cumbre Domingo Ortega… Pero el primero en la cronología del toreo moderno, es Rodolfo Gaona…” (Historia Verdadera de la Evolución del Toreo. Págs. 64 – 65)
Creo que esta aportación es la tercera piedra angular del edificio de la tauromaquia de la modernidad. El ritmo. O en la jerigonza de los músicos, el tempo.

Intentando terminar

El cambio en la manera de seleccionar al toro para las plazas es quizás el punto de partida de todo esto. Pero es un cambio que se funda en una nueva manera de enfrentarlo. Para ello, los toreros de la punta del escalafón comenzarán a influenciar de una manera directa las decisiones que el ganadero toma y la afición comenzará a aceptar eso como algo normal. Hoy quizás estemos pagando las consecuencias de eso y el toro que sale a las plazas sea, tomando la reflexión del doctor Marañón, demasiado colaborador.

En cuanto al toreo, recuerdo que un profesor de cuestiones de la administración pública nos decía que las instituciones y los sistemas, para progresar requerían avanzar con ritmo, con rumbo y con modo. Creo, mutatis mutandis, que esa misma idea se puede aplicar a la evolución del toreo. Y así, diré que el rumbo lo señaló Joselito, el modo lo indicó Belmonte y el ritmo lo marcó Gaona. Entonces, me es dable concluir que no es dable señalar que uno de ellos en lo individual, con exclusión de los otros dos es el padre o el creador del llamado toreo moderno.

Escribía don Guillermo F. Margadant, jurista e historiador que la historia no se puede entender como una sucesión de vistas fijas, sino como una película en la que todos los personajes de la trama van en evolución continua rumbo al desenlace y que en esa evolución y desenlace, cada uno de ellos, tendrá una influencia mayor o menor de acuerdo con su participación en el guión.

Por último, Gaona, Joselito y Belmonte – citados por orden de alternativa – dejaron las piezas de un rompecabezas – puzzle – que sería armado años después. El mismo Alameda nos expresa que la primera faena moderna fue realizada por Manuel Jiménez Chicuelo en México en enero de 1925 – ante el toro Lapicero de San Mateo – y después en Madrid, el 24 de mayo de 1928, con el toro Corchaíto de Graciliano Pérez Tabernero. En ambas faenas – con la del toro Dentista de San Mateo de intermedio – Chicuelo reúne el toreo en redondo, con el temple y el ritmo, todo al mismo tiempo, dejando tal impronta en la afición, que a partir de entonces, se exige y solo se entiende esa clase de faena.

domingo, 23 de agosto de 2009

Ricardo Torres

Hay toreros cuya memoria parece perderse en la noche de los tiempos. Esa es la impresión que da caso de Ricardo Torres (nacido Ricardo Rangel Torres, 27 de junio de 1914), que en la tercera y cuarta década del pasado siglo, tuvo un sitio de importancia entre la torería mexicana y hoy, en los recuentos de aquél tiempo, pasa casi siempre desapercibido, aún teniendo los méritos para ser recordado y valorado como uno de los destacados de su día.

Es en el año de 1932 que se presenta como novillero en El Toreo, resultando en esa temporada uno de los triunfadores junto con El Soldado y El Ahijado del Matadero. El saldo para el hidalguense es de tres rabos cortados en siete tardes, lo que le asegura ser el eje de la siguiente campaña en la que repetirá la cosecha de apéndices caudales, obteniendo el derecho a recibir la alternativa en la temporada mayor siguiente.

La Corrida de Covadonga, celebrada el 2 de febrero de 1934 fue el marco de la alternativa de Ricardo, misma que le fue otorgada por Alberto Balderas, quien en presencia de Victoriano de la Serna, le cedió el toro Rumboso de San Mateo, del que obtuvo una oreja. Posteriormente viaja a España, renuncia a la alternativa y se presenta como novillero en Madrid el 15 de abril de 1934. En esa oportunidad, Eduardo Palacio, cronista del diario ABC, ve adecuadamente el fondo del torero hidalguense, al que describe así:

...Ricardo Torres es matador de toros en su país y aquí se presentó como novillero. Su actuación produjo, en conjunto, un excelente efecto. Se ve que está enterado, demasiado enterado tal vez. Dígalo si no aquella manera de dejar el capote en los cuernos para evitar el hachazo y poder salir por pies. Como banderillero es fácil, dominador, elegante y por ambos lados clava con soltura. Lanceó muy bien y con temple su primer enemigo, al que adornó con dos pares y medio de rehiletes. Brindó al público, toreó de muleta con sabor y desahogo y tras de un pinchazo, cobró una buena estocada, pero volviendo demasiado su rostro moreno. Se le otorgó la oreja, dio la vuelta al ruedo y salió a los medios. Al bicho que cerró plaza le adornó con tres pares de rehiletes, superior el segundo y previa una faena voluntariosa, dejó una buena estocada. La muerte de este último toro la brindó a Rafael 'El Gallo', a quien el público, con sus aplausos, obligó a destocar y lucir su conocida calva...

Será en Barcelona donde sea investido nuevamente como matador de toros. La fecha será el 16 de septiembre de ese 1934 y en esa oportunidad lo apadrinará Marcial Lalanda y llevará como testigo a Antonio Posada, siendo los toros de Julián Fernández Martínez.

La alternativa barcelonesa la confirmó en El Toreo el 12 de febrero de 1934 y en Madrid, el 12 de abril de 1936, de manos de Valencia II, con José Amorós y Pepe Gallardo de testigos, con toros de Pallarés. Resultó ser esta confirmación la última que se diera antes de la ruptura de las relaciones taurinas entre México y España, conocida coloquialmente como el boicot del miedo.

El regreso a México daría un panorama difícil a muchos toreros como Ricardo, que con los principales haciendo campaña en Europa, tenían la primavera para abrirse camino y ganarse espacios en la temporada invernal, por eso, en 1939 renuncia otra vez a la alternativa y torea una nueva campaña novilleril, en la que resulta triunfador de nuevo, junto a Calesero, Arruza y Andrés Blando.

La definitiva alternativa la obtiene en El Toreo el 10 de diciembre de 1939, de manos de Pepe Ortiz y con el testimonio de Paco Gorráez, tras la cesión del toro Relicario de Lorenzo Garza. A partir de allí, sus actuaciones son menores en número, pero destacadas. A la llegada de Manolete vuelve a cobrar un leve impulso y logra actuar algunas tardes a su lado, incluso con corte de orejas, pero sin que tenga mayor repercusión.

Su actuación final en la Plaza México se produce el 6 de marzo de 1949, fecha en la que actúa junto a Lorenzo Garza y Luis Procuna, obteniendo la oreja del toro Africano de Pastejé, tras de una faena en la que exhibió sus buenas maneras con las telas y por supuesto, refrendó su calidad de artista del segundo tercio, como todos los discípulos de don Samuel Solís, el que en su día, fuera compañero de Gaona en la Cuadrilla Juvenil Mexicana y por supuesto, discípulo de Saturnino Frutos, Ojitos.

Ricardo Torres fue, como lo señalara R. Capdevila, uno de los diestros que formaron aquella generación de portentosos rehileteros mexicanos, pero tampoco sin constituirse en un exclusivista del segundo tercio, porque su toreo de capa era clásico y con la muleta, tendía a hacerlo con largueza y a la ligazón de las suertes, preconizando un modo de hacer el toreo que sería el signo de los de su tierra, hecho quizás que motivó que no fuera comprendido a cabalidad en su tiempo.

Ricardo Torres falleció el 3 de agosto de 1953 a consecuencia de un accidente automovilístico sufrido 5 días antes y le sucedieron en sus afanes taurinos sus sobrinos Jaime y Manolo Rangel, ambos matadores de toros.

domingo, 28 de junio de 2009

28 de junio de 1908. La epifanía de Rodolfo Gaona al matar 4 toros en solitario en la Plaza de Tetuán


El año de 1908 fue el elegido por Saturnino Frutos Ojitos para que el discípulo más adelantado de la Cuadrilla Juvenil que iniciara en México, Rodolfo Gaona, tomara la alternativa en España. El que en su día fuera banderillero en la cuadrilla de Frascuelo, creyó que sus relaciones en Madrid con los taurinos de su época y su buen juicio, le abrirían paso a su torero, pero nada de eso le valió, pues Indalecio Mosquera, el empresario de entonces, le ignoró olímpicamente.

No les sirvió una prueba tampoco en la plaza de la Puerta de Hierro y tuvieron que organizar ellos mismos la alternativa en Tetuán de las Victorias, lugar en el que unos domingos después y ante la persistente actitud de don Indalecio de que Gaona no existía, Saturnino Frutos dio un segundo festejo en la Plaza de Tetuán, en la que su torero mataría cuatro toros de don Basilio Peñalver.


Acerca de este festejo en sus memorias dictadas en 1925 a Carlos Quirós, Monosabio, Gaona dijo lo siguiente:

…Pude torear y estuve bien con el estoque. Y los aficionados salieron haciéndose lenguas. Y aquella noche en los cafés solo se habló de Gaona… Al lunes siguiente, vinieron las proposiciones de la empresa madrileña. Mosquera me ofrecía seis mil reales porque confirmara la alternativa con Saleri y Mazzantinito y toros de don Juan González Nandín. Seis mil reales es algo menos que quinientos pesos. Los aceptó “Ojitos”. Y por supuesto que, si en vez de ofrecer seis mil, ofrece dos reales, toreo también, porque, lo que yo quería era salir en la plaza de Madrid…


Es pues esta corrida, la epifanía de Rodolfo Gaona para la afición de Madrid y para el mundo. La crónica de Camacho, en el diario La Correspondencia de Madrid del 29 de junio de 1908, es la siguiente:

Muchísima gente -y entre ella, distinguidos aficionados- acudió ayer tarde a Tetuán, llenando por completo todas las localidades de la plaza.

El caso no era para menos, puesto que en Madrid había sustitución y encima de ello, el niño de Tomares toreaba a disgusto, el público se decidió por Tetuán y no estuvo desacertado en la elección.

Se lidiaron cuatro toros de D. Basilio Peñalver por el novel espada mejicano Rodolfo Gaona.

Los bichos en general fueron bravos en todos los tercios; pero dos de ellos no pasaban de novillos.

El espada se portó como un maestro toreando de capa y muleta, en lo que oyó muchísimos y justos aplausos. Dio el quiebro de rodillas con limpieza y en los quites se mostró muy adornado y haciéndonos recordar las alegrías y elegancia del Bomba.


En la muerte de los cuatro toros estuvo valiente de verdad, tirándose de cerca y recto, por lo que gustó mucho.

Las estocadas no fueron del todo buenas que él hubiera querido. Se deshizo del primero de media buena, un pinchazo y una entera algo caída. Del segundo, de una poco baja. Del tercero de una hasta la mano, tendenciosa y al último, lo tumbó de estocada algo tendida.

Trabajó mucho bregando y compartió los quites con Gaona el sobresaliente de espada Algeteño.

Jeromo también bregó bien y banderilleó brevemente.

Picando aplaudimos mucho al 'abuelo' Agujetas, a Cerrajas y a Pajero.

Todos los demás, con muy buenos deseos, pero nada más.



La afición de Madrid se había enterado muy pronto de que en el que después sería llamado El Petronio del Toreo o El Califa de León había un gran torero, pues aún toreando Bombita en la Plaza de Madrid, acudieron a llenar la de Tetuán.

Este es mi recuerdo hoy que se cumplen 101 años de esa manifestación pública de un fenómeno que universalizó la fiesta de los toros.
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